*sigh*

tumblr_n8zscfe1wd1qlfgf2o10_1280No podía dejar de mirarle. Sus ojos eran pura adicción, la profundidad de ellos mi droga en la que consumirme, desvanecerme, desaparecer. Me derretía, mi cuerpo se estremecía a merced de esta ansia desmedida por tocarle, tenerle. Su pelo, negro como una noche cálida, suave como mis suspiros incontrolados. Sus labios, gruesos, calientes, me llevaban a pensar sobre otra parte de su anatomía de igual definición. Deseo, deseo, deseo. Lascivia. Necesidad. Calor desde mis muslos, sudor leve que desearía compartir contigo. Tu voz. Tu voz es todo, lo eres todo, lo más bello y lo que más deseo. Tan inalcanzable como perfecto. Suspiro. Me llaman. Despego los ojos del poster.
Qué vida más dura esta de fangirl…

Birthday Present

Llevaba dándole vueltas al asunto desde que escribí “New Friends” que es la segunda parte de “New Shades” y al final he tenido que hacerlo. Son solo 9 páginas de word pero es que tenía TAAANNNTAS ganas de escribirlo que me he quedado…ains,  tranquila tranquila. Estos fanfics… son mi desgracia y la ruina de mi ropa interior.

PERO ES QUE NO PUEDO CON ESTE HOMBRE

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Y CON ESTE MENOS TODAVÍA

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Odiaba las navidades. Y no las odiaba por nada en especial, es que en esas fechas la tienda estaba hasta arriba. La gente no dejaba de entrar y salir, más que nada chicas buscando algo para sus novios, quién sabía de si solo para navidad o de siempre, con los que iban a pasear en ese día especial. Nau apagaba luces mientras yo cerraba la caja y cogía de detrás del mostrador su chaqueta y la mía.

– Bueno, pues abrimos mañana 24 y el 25 a descansar por fin – Me dijo tirando de la baraja. Yo me agaché para cerrarla con candado.

– Supongo que harás algo especial con Hitomi – Asintió – Algo que no me vas a contar porque sabes que se lo voy a contar a ella.

– Exacto. Igual que sé los planes de Nagase y no te voy a decir ni media.

– ¿Tiene planes? – Estaba nerviosa, era mi primera navidad a su lado y ni idea de qué tenía preparado – Como me meta en un restaurante pijo…

– No va a hacer eso, sabe que no va contigo. Y oye, tu cumpleaños es dentro de poco, ¿no? – Le acompañé hasta su moto, yo tenía el coche aparcado calle abajo.

– Sí, el 30, pero no creo que celebre nada porque Tomoya tiene el countdown y estará allí toda la noche. No quiero cansarle el día anterior y además, ahora en estas fechas es cuando más especiales y programas hace. Casi no lo veo por casa, viene a dormir y mucho es – Le echaba de menos lo que no estaba escrito. Desde que me mudé con él nunca me había sentido tan sola.

– Bueno, ya se nos ocurrirá algo, si no es Hitomi tu amiga Kurishtina se encarga, seguro.

– Tampoco me importa no celebrarlo. Ya me compraré un capricho de parte de él y listo.

– Sí, ya te lo comprarás – Miró por encima de mi hombro, con una sonrisa divertida.

No me dio tiempo a girarme. Me taparon los ojos y no con las manos como cabría esperar. Me los taparon con una venda. Por más que preguntaba nadie me explicaba pero la risita que escuché no podía ser otra que la de Cristina. Además se me metió por la nariz el perfume de Hitomi, algo raro en una japonesa, por eso me acordaba siempre. Intenté quitarme la venda pero me golpearon las manos.

– ¿Qué estáis haciendo, locas? ¿Dónde me lleváis?

– Aaaaahhhh – La intriga me estaba matando. Me metieron en un coche del que no reconocí el sonido del motor, por lo que no era el de Tomoya. Tampoco olía a sus coches, todos tenían el mismo ambientador asqueroso porque fumaba dentro y no quería que se quedase la peste en la tapicería.

– Espero que merezca la pena porque estoy reventada… – Las escuchaba reírse bajito pero solo una estaba a mi lado por lo que supuse que la otra estaba al volante.

– ¿Por ahí? – Era la voz de Toma seguida de un “shhhh”. Estaba en su coche.

– Como no me llevéis a un sitio que me guste la voy a montar. Estas sorpresas me ponen muy nerviosa, ¿es por mi cumple? ¿Lo ha organizado Tomoya? ¿O Hitomi? Porque sé que Cris no ha sido, ella me habría llevado a tomar cervezas que se habría bebido ella porque a mí no me gustan.

– Kanpai – La escuché susurrar. Me reí nerviosa.

Me hicieron bajar poco después, intenté olisquear el aire y las chicas me agarraron cada una de un brazo. Entramos a un sitio que consideré grande por la de pasos que tuve que dar y me sentaron en una silla. Sentí a gente a mi alrededor, todo eran risitas y murmullos. Un poco después se hizo el silencio. Me quitaron la venda y ante mí, un escenario con mi grupo favorito. El resto de la sala estaba a oscuras, sabía que había sillas, sabía que había gente, pero Nagase me sonreía con la guitarra en las manos y comenzaron a tocar ‘Lyric’. Intenté por todos los medios que mi fangirl histérica no volviese a resurgir, y es que daba igual que viviese con él, que durmiese con él, que hubiésemos tenido sexo hasta quedarnos secos; seguía siendo la misma fan. Cuando pude despegar mis ojos de ese mini conciertito que nos estaban dando, vi a mi alrededor a Hitomi con Nau, a Cristina con Toma, a Baru sentado junto a Maru y Koki, y a la hermana y a algunos amigos de Tomoya al fondo haciendo sus labores de fanboys. No era mucha gente pero es que lo prefería mil veces. Y no se quedaron ahí, tocaron mis favoritas: Mr Sampling Man, Starving Man, Green, Neighbor y Seisyun. Al acabar les di las gracias a todos con un abrazo a distancia porque estaban sudando a chorreones. Cuando se me acercó, Tomoya era un hombre pegado a una botella de agua.

– No deberías haber hecho esto, das un concierto en unos días – Le quería besar, pero al no estar solos tuve que contenerme. Ojalá estuviésemos en España…

– No pasa nada, no voy a estar contigo el día de tu cumpleaños y quería hacer algo especial – Se echó el pelo hacia atrás tras mojárselo, lamiéndose los labios, poniéndome las cosas difíciles.

– ¡Acuérdate de mí en mi cumple también! – Le pidió Cristina.

– ¡Acuérdate del de todos, senpaaaaaai! – Enoshi daba saltitos con Ken, empujándole por el hombro y haciéndole reír.

– ¡No vamos a ir dando conciertos a la carta! – Protestó Mabo, dándole un puñetazo en el hombro a Cris, poniéndola nerviosa ante el contacto.

– ¿Vamos a comer o qué? – Taichi me señaló al fondo de la sala, donde unos camareros iban dejando platos y fuentes con comida.

– Oye, ¿Te ha comprado algo? Seguro que te ha hecho un regalo espectacular – Me preguntó Toma mientras se hinchaba a mini hamburguesas.

– ¿Más que este? No, pero ya tengo suficiente regalo. Más que suficiente.

– Tsk, dando conciertos también me ahorro yo el dinero – Protestó Koki con una cerveza en la mano. Tomoya apretó los labios, mirándole con las cejas arqueadas y lamiéndose el dorso de la mano porque se había manchado con el arroz al curry.

– El regalo lo tiene en casa. Ya lo verá luego, ¡Eh, no te comas todas las gyoza! – Le riñó a Cristina.

– ¿Qué? – Respondió ella con la boca llena – No tienen nombre, ¿no? ¿Y de dónde has sacado tú la cerveza? – Le preguntó a Koki, que se apresuró a cogerle la mano a mi amiga.

– Ven, coge una – Fue con él hacia donde Subaru y Maru bebían entre risas. Un segundo después, tras mirarlos con una ligera preocupación, les acompañó Toma.

– Fantástico, ahora me voy a pasar la cena con ganas de ir a casa para ver qué vas a darme – Me metí una pieza de sushi en la boca quizás un poco demasiado grande. Tomoya se inclinó y me dijo al oído

– Un consejo que te doy: no comas tanto, no quieres sentirte pesada después – Se me curvó la boca en una sonrisa pícara. Sabía que eso significaba solo una cosa, y me encantaba.

– ¿Cuántos cumples, preciosa? – Me preguntó Ken. Sus amigotes se me acercaron, intentaba no mirar mucho a Enoshi porque precisamente ese día no quería problemas ni situaciones incómodas.

– ¡Esa no es pregunta para una señorita! – Protestó Hitomi

– Qué poca vergüenza – Le riñó Rieko.

– Cada vez que abres la boca es para ofenderlas, ¿te has dado cuenta? Menudo don tienes para las mujeres – Enoshi le dio dos palmaditas en la espalda, me miró y me guiñó el ojo. Al notar lo nerviosa que me puse, me fui a la otra punta de la habitación con la excusa de saludar a los eito.

Le hice caso a Tomoya y no comí mucho, lo que de verdad me extrañó es que no se bebió ni una cerveza. Bien era cierto que entre Mabo, Koki, Baru y Cristina se las estaban bebiendo todas. Se emborracharon a base de bien, no teníamos karaoke pero improvisaron uno con el teléfono de Toma y poca vergüenza. Y aunque me lo estaba pasando de muerte, las horas de trabajo que llevaba encima me empezaron a hacer efecto. La gente empezó a irse un rato antes, los primeros los moteros que se iban a dar una vuelta. Poco después, un agotado Nau se despedía, marchándose con Rieko. Sin embargo, Hitomi, Cristina y los demás tenían para rato. Me despedí de todos ellos y les di las gracias por venir.

– Que siga la fiesta sin mí, ¿eh?

– No te preocupes – Me gritó Koki intentando robar a Cristina, que no se quejaba, de los brazos de Toma – Ya me encargo yo.

– Nena – Tomoya se tocaba los bolsillos, mirando a su alrededor – Dime que tienes encima las llaves de casa y las del coche.

– Sí, ¿se te han perdido las tuyas? – Se encogió de hombros.

– Creo que están en casa. En fin, da igual – Se despidió de los demás y tras abrigarnos bien abrigados caminamos hasta el coche.

– No me voy a terminar de acostumbrar a no arrimarme a ti cada vez que me dé la gana – dije una vez dentro y sentada en el asiento del copiloto. No tenía ganas de conducir.

– Cuando vayamos a España te arrimas lo que quieras y más – Encendí la calefacción y tras ponerme el cinturón me arrebujé en la bufanda. Hacía un frío tremendo. No arrancaba el motor, le miré y me estaba observando.

– ¿Qué pasa? – Me cogió la mano y la tenía helada así que se la rodeé con las mías.

– Sabes que quiero quedarme contigo para siempre, ¿verdad? – Cada vez que me decía esas cosas, sentía un apretoncito en el pecho. Sonriéndole como una imbécil le besé los dedos.

– Sí, pero me encanta escucharlo, ¿te pasa algo? Estás raro – Suspiró, mordisqueándose el lateral del labio, lo que me indicaba que o estaba incómodo o nervioso.

– Necesito que me respondas a algo – Cuando alzó la vista de mis manos a mis ojos fui yo la que suspiró. En la vida me iba a acostumbrar a esa mirada tan intensa.

– Me estás asustando, no me irás a pedir matrimonio, ¿no? – Alzó las cejas con un suave ¿eh? y se rio negando con la cabeza.

– No, no es eso, no nos hace falta tampoco. Es solo… ¿eres feliz conmigo?

– Joder, claro que sí. La más feliz,  ¿a qué vienen estas inseguridades? ¿Crisis de año nuevo? ¿Es un rollo japonés o qué?

– Solo quería saber que sientes lo mismo – Lancé una risotada al aire.

– Probablemente sienta más, no seas tonto – Le agarré de la barbilla y le di un breve beso en la mejilla – Te adoro, me encantas, te quiero con locura – Le mordí la nariz, haciéndole reír – No lo dudes ni una sola vez más en lo que te queda de vida. Y gracias por el concierto otra vez.

Fui el camino a casa cogiendo su mano, mirándole conducir en silencio, y extrañada una vez más porque en vez de fumarse su cigarro de siempre en el coche se estaba comiendo un chicle. Además, me besó en los labios en un semáforo, sin estar cachondo o borracho. No era nada común en él. No entendía ese cambio de hábitos repentino, tampoco es que me importase pero entre eso y las preguntas, estaba de lo más raro. Igualmente, al llegar a casa lo único que quería era mi regalo. Abrí la puerta intrigada y me agarró de la mano cuando me quité los zapatos.

– ¿Tienes sed? ¿Necesitas ir al servicio? Porque deberías ir ya.

– Tomoya, ¿qué has planeado? – Me reí ante su resoplido. Pestañeó con fuerza dos veces. Definitivamente estaba nervioso – No me va el sado…

– Voy a taparte de nuevo los ojos – Se quitó de la muñeca uno de esos pañuelos que siempre usaba, privándome de visión por segunda vez en el mismo día. Solo que esa vez estaba considerablemente más nerviosa – Espero no arrepentirme. Mucho.

Puso su mano en mi hombro y me besó los labios. Le acaricié el mentón, rozando su lengua lentamente. Frotó mi nariz con la suya, suspiró y me besó la frente. Por la dirección que tomaron nuestros pies, me llevó hasta el dormitorio. Una vez allí cerró la puerta. Le sentí pasarme las manos por la cintura desde atrás, apartándome el pelo para besarme el cuello. Sonreí, dejándome caer en su pecho y tocando sus manos. Las metió bajo mi camisa, estaban calentitas al fin y me apretó los pechos con fuerza. Jadeó en mi oído, mordiéndome sutilmente el lóbulo y rocé mi culo con su bragueta. Me apretaba las tetas con una fuerza inusual, le sentía demasiado excitado para como estaba hacía un segundo. Me quedé un poco parada cuando me llegó un olor desconocido, muy masculino, pero desconocido. Me sacó la camiseta por la cabeza y le sentí moverse. Al volver a tocarme la cintura, siempre desde atrás, di un saltito porque sus manos estaban heladas. Eché el brazo hacia atrás, tocando su pelo, oliéndole, verificando que ese era Tomoya. Pero alguien me estaba desabrochando el pantalón desde delante.

– ¿Quién eres? ¿Quién es? ¿Qué es esto Tomoya? Necesito ver, joder.

– Adivínalo, no es muy difícil – Lo empecé a sospechar en cuanto ese desconocido se incorporó frente a mí. Era igual de alto que él, si no más. Mabo no podía ser porque estaba en la fiesta. El único que se me venía a la cabeza se había ido antes que nadie. Pero no podía ser, Tomoya se tendría que estar muriendo de celos.

– ¿Este es mi regalo de cumpleaños? – Me empecé a reír nerviosa, descontrolada. Alcé las manos hasta el pelo del que tenía delante, despeinado y abundante. Bajé la mano hasta su oreja izquierda y me encontré con la argolla que esperaba – ¿Cómo coño ha entrado Enoshi en casa?  – Bajé los dedos hasta su perilla y me los mordió con una risita suave.

– Con mis llaves – Susurró Tomoya en mi oído, poniéndome los vellos de punta y quitándome la venda de los ojos.

Nada más ver a ese hombre riéndose de esa manera tan chulesca quise besarle, pero el instinto de no faltarle el respeto a mi novio me paraba los pies. Sin embargo, Tomoya estaba entretenidísimo en mantener mi vello erizado con su boca rozándome el cuello desde la mandíbula a mi hombro y vuelta a empezar. Enoshi se inclinó sobre mí, acariciándome los muslos porque mi cintura estaba rodeada por los brazos del otro hombre. Me besó despacio, parándose a disfrutarlo, haciéndome disfrutarlo. No quería dar de lado a Tomoya pero la novedad de tener a Enoshi delante me tenía un poco despistada. Arrimé mi trasero a la entrepierna del que tenía detrás, que se dedicó a desabrocharme el sujetador mientras le pasaba los brazos por el cuello al que tenía delante. El calor de la boca de Enoshi, su lengua, recordándome aquel beso escondido que me dio en el trabajo. Pasé la mano por su bragueta y gimió en mi boca, haciéndome mojar las bragas. Tuve que soltarle para quitarme del todo la parte de arriba de la ropa interior, momento que él aprovechó para bajarme la parte de abajo, de rodillas en la moqueta. Tomoya me acariciaba desde los hombros hasta las rodillas, despacio, llenándome el cuerpo de besos. Enoshi me mordió el muslo, riéndose y apretándome el culo. Le veía las ganas tremendas que tenía de hacerme de todo en los ojos, en esa mirada de golfo que siempre me dedicaba desde aquel día que me prestó más atención de la cuenta.

– No te olvides de lo que hablamos – Le dijo Tomoya sobre mi hombro, él le miró.

– Lo intentaré – Sentí su aliento en mi entrepierna. No quería ni moverme.

– ¿Lo que hablasteis? ¿Hasta dónde habéis planeado? – Tomoya se rio junto a mi mejilla, volviéndome la cara para besarme profundamente. Los besos de Enoshi eran maravillosos, pero no tenían comparación con lo que él me hacía sentir.

– Son solo un par de condiciones por su parte y unas cuantas por la mía – Aclaró Enoshi, besándome las rodillas y la parte interna de los muslos. Tomoya bajó las manos y pasó dos dedos sobre mi monte de venus, sobre mis labios mayores, tan despacio que me hizo suspirar.

– Vais a matarme, de esta no salgo viva – Bromeé entre jadeos.

Se rieron suavemente los dos. Al sentir la lengua de Enoshi entre mis labios menores, abiertos por los dedos de mi novio, me temblaron las piernas. Tomoya tuvo que sostenerme, Enoshi me sentó en sus hombros, apretando mis caderas con sus manos y pasando su lengua de manera obscena sobre mi carne. Tomoya también se arrodilló a mi espalda y sus largos dedos  acariciaron en círculos mi clítoris, suavemente. Su pecho era mi respaldo, las yemas de los dedos de su mano izquierda subían por mis costillas, hasta mis pechos y de nuevo abajo hacia mi ombligo. Gemía suavemente, nerviosa agarrándolos a ambos del pelo. Tomoya besaba mi boca, Enoshi mis otros labios. Apreté los dientes, cachonda como jamás había estado, clavando las uñas en el brazo de Tomoya y en la nuca del que tenía enfrente. Temí asfixiarle, a punto de llegar al orgasmo, apretándole con las piernas y temblando.

– Oishii – Escuché a Enoshi murmurar contra mi piel, tragando lo que Tomoya provocó con sus dedos y acariciándome la espalda.

– Me corro – Jadeé, gemí, Enoshi me miró a los ojos, metiéndome un dedo con los labios entreabiertos. Los dedos de Tomoya seguían frotando con esa tranquilidad desesperante, los de Enoshi me hicieron temblar desde dentro de mi cuerpo.

Me deshice. Me desconecté de la realidad. Todo era placer, jadeos, gemidos, olor a hombre, besos, mordiscos en el cuello, apretones y pellizcos. Tras un interminable y casi insoportable rato en el que volví a tener un orgasmo, Tomoya me dejó ir. Enoshi bajó mis piernas de sus hombros y le rodeé la cintura con ellas. Me abrazó con fuerza, besándome. Su boca sabía a mí, me mordía y me besaba al mismo tiempo, haciendo sonidos roncos y sexys con la garganta. Sentía a Tomoya moverse por detrás, abrí los ojos sin dejar de besar a Enoshi para ver su jersey y su camiseta caer en la cama a la vez que escuché cómo se quitaba el cinturón. Me volví hacia él al tiempo que Enoshi lamía mis pechos, hundiendo la cara entre ellos, mordiéndolos. Tiré de sus calzoncillos grises hacia mí, mirándole con una sonrisita y besando su erección sobre la tela. Suspiró y me acarició el pelo, sentándose en el borde de la cama.

– Uf, que calor – Enoshi se quiso quitar la ropa sin quitarme de encima, por lo que riéndome me levanté y me puse frente a Tomoya. Cuando hice el intento de sentarme a horcajadas sobre él, me frenó.

– Yo te hacía correrte por primera vez y él es el primero en metértela – Susurró contra mi boca cuando le puse las manos en las mejillas para besarle. Sus dedos acariciaron mi espalda, mi culo, la parte trasera de mis muslos.

– Me encantan vuestras condiciones – Igualmente, puse mis rodillas a cada lado de sus piernas y se la saqué de los calzoncillos, frotándosela con mis empapados labios mayores, haciéndole jadear.

Vi una caja de condones volar hacia la cama y al mirar hacia atrás, vi a Enoshi completamente desnudo con uno en la mano. Tenía el pecho y los brazos llenos de tatuajes, quería tocarlos y lamerlos. Mientras me rozaba con Tomoya, que besaba mi cuello y me acariciaba la cintura, acerqué a mí a Enoshi. Su polla era diferente que la de mi novio, casi igual en tamaño, quizás menos gruesa, pero él carecía de prepucio, por lo que, a la vista parecía más larga. Me lamí la mano y se la acaricié, mirándole a los ojos como él hizo conmigo antes. Tan pronto le toqué, comenzó a gemir.

– Qué ganas tenía de verte así – Me susurró al lamerle de abajo arriba. Me apretó el hombro cuando se la rodee con los labios. Yo también me moría de ganas por comérsela. Se la dejé empapada, dura e hinchada antes de ponerle el condón.

                Tomoya se deslizó hasta sentarse en el suelo, con la espalda apoyada en la cama tirando de mi cuerpo para dejarme de pie en el suelo con la cara entre mis piernas. Su boca besaba, mordisqueaba y lamía, sobre todo lamía. Me era imposible sostenerme, la sensación era demasiado intensa. Enoshi se arrodilló a mi espalda y tras pasarme varios dedos para abrirme los labios menores, me comenzó a penetrar. Gimió con fuerza al notar cómo le apretaba a propósito, yo me quejé entre dientes porque Tomoya, al estirarme la piel sobre mi clítoris, me lo estimulaba directamente con su lengua. Tenía ganas de quitarle de delante y al mismo tiempo de que siguiese con esa tortura. Le pedí a Enoshi, girando la cara y besándole, que me follase hasta el fondo.

– ¿No te va a doler? Te la acabo de meter – Musitó

– Revientame – Al mirarle a los ojos, entre espasmos y quejidos, negó con la cabeza para morderme la barbilla después.

Me embistió con fuerza, haciéndome gemir entre temblores, arañándole la espalda a Tomoya. Enoshi tiró de mis caderas y me separó de su boca, colocándome sobre sus rodillas y rozándome el clítoris con sus manos. Tomoya se puso en pie, quitándose los calzoncillos del todo y metiéndomela en la boca mientras susurraba mi nombre. No podía parar de gemir. No podía parar de correrme. Enoshi me follaba como una bestia, me castigaba el clítoris con sus manos y sus gemidos en mi oído eran constantes. Su polla me hizo correrme. Sus manos me hicieron correrme. Los kimochii de Tomoya, esa voz que me volvía loca y sus gemidos al metérmela en la boca me hicieron correrme. Las gotas furtivas de esperma que se le escaparon, a punto de correrse, me supieron a gloria. El pecho me iba a estallar, el ruido constante del cuerpo de Enoshi contra el mío resaltaba por encima de cualquier otro sonido. Estábamos sudando los tres, estaba sofocada, necesitaba un descanso de tanto placer. Pero no me dieron tregua. Tomoya me apartó y se puso un condón. Me cogieron en volandas, dejando de estimularme unos segundos para tumbarme de lado en la cama.

Comenzaron a turnarse.

Ahora tenía a Enoshi frente a mí y a mi espalda estaba Tomoya. Me apretaron con sus cuerpos, Enoshi agarrándome los pechos y Tomoya levantándome una pierna. Sentí la polla de mi novio abrirme un poco más al penetrarme, definitivamente era más gruesa. Y probablemente por ser él, me parecía que más placentera. Me follaba despacio, sintiéndome apretarle centímetro a centímetro. Mientras tanto, Enoshi se frotaba con mi clítoris. Le clavaba las uñas en el pecho, le mordía los labios y Tomoya me mordía el cuello. Olía a sudor, olía a hombre y olía a mis fluidos. Me embistió hasta el fondo, gruñendo, y me hizo gritar su nombre, girando la cara para besarle. Su lengua no me dejaba respirar y él iba aumentando el ritmo de ese vaivén tan delicioso y profundo de sus caderas. Me la sacó, apretando los dientes, y apenas me dio tiempo a reaccionar que fue Enoshi el que volvió a follarme, rápido y con energía. Me clavó los dedos en la cintura, echando la cabeza hacia atrás con un escandaloso kimochi. Apenas lo había asimilado y con un quejido volvió a sacármela, jadeando en mi boca y dejando que Tomoya volviese a metérmela. Llegué a un punto que desconocía quién me follaba, lo único que sabía es que estaba llegando a mi límite. Y por lo visto a Enoshi le pasó lo mismo.

Se puso de rodillas junto a mi cara, dejándome caer boca arriba en la cama. Tomoya se colocó entre mis piernas, tirando de mis caderas y agrediéndolas de mala manera con las suyas. Le grité que me diese más, y eso fue lo que hizo. No entendía cómo aguantaba tantísimo sin correrse. Enoshi se quitó el condón de un tirón y me la metió en la boca a la fuerza. Sabía al lubricante del preservativo, pero no iba a quejarme, ni se me iba a pasar por la cabeza. Le acaricié los huevos y bajo el ombligo con las uñas y se la comí despacio, usando todo lo que podía mi lengua y mis labios. Se encorvó, se echó hacia adelante con cortos, roncos y ásperos gemidos. Usé mis manos para que se corriese en mi boca, temblando, con sus músculos en tensión y los dientes apretados. Alternaba risas con quejidos porque Tomoya volvió a rozar mi clítoris con sus manos. Me tragué las últimas gotas que tuvo para darme y le sonreí cuando se tumbó a mi lado, besándome la mejilla. Intentó apartar las manos de Tomoya para tocarme él el clítoris pero no le dejó. Mi novio me abrazó por la espalda, dándose la vuelta en la cama y apoyando la espalda en la pared.

– Estás a punto de correrte, ¿eh? – Jadeé agotada. Asintió.

– No puedo aguantarme más

– No lo hagas – Antes de seguir le quité el condón, mordiéndome el labio al vérsela tan enrojecida, brillante y llena de venas – Y córrete dentro.

A pesar de llevar casi media hora follándome a dos hombres, cuando entró en mí, piel con piel, la sensación fue infinitamente más intensa. Tomoya resopló, se quejó apretando su cara a mi cuello dejándome a mí llevar el control. Giré la cara hacia el lado contrario y me encontré con Enoshi, mirándonos de lado en la cama, recuperando el aliento pero aun sonriéndome como un golfo. Se mordió el labio mirándome de arriba abajo, tiré de su mano y le lamí los dedos con una sonrisa. Tomoya me clavó las uñas y levantó la espalda del respaldo al empezar a correrse. Cerré los ojos con fuerza, extasiada al sentir los espasmos de su polla en mi interior. Mis gemidos escandalosos apenas amortiguaban el suyo, largo, ronco, casi como un sollozo.

– Si todos vuestros polvos son así llamadme y dejadme por lo menos mirar – Murmuró Enoshi, haciéndome reír.

– No, nunca son tan salvajes – Resoplé bajándome de Tomoya, tumbándome boca arriba en la cama y mareándome porque me faltaba el aire. Cerré los ojos, exhausta. Los músculos se me contraían en espasmos y sentía la entrepierna irritada.

– Menos mal que… que me… – Tomoya tosió un par de veces, riéndose – Que me he hecho dos pajas hoy  – Su amigo dio una carcajada.

– ¡Yo también! Si no lo hubiese hecho me habría corrido en tu cara nada más metertela en la boca, ¿siempre lo haces con esas ganas o también ha sido algo especial?

– Que va, es una experta – Dijo Tomoya entre risas. Escuché el sonido de su mechero y a Enoshi pidiéndole un cigarro – Más de una vez hemos acabado antes de tiempo por su culpa.

– Y no me extraña – Sentía que los dos me miraban, tumbada como estaba boca arriba con los ojos cerrados. Unos dedos se deslizaron por mi mejilla, por el lado de Enoshi – ¿Estás bien?

– No puedo hablar – Se rieron – No puedo moverme. Ha sido… – Di un suspiro gigantesco – Ha sido espectacular. Me he corrido más que respirado. Mañana no voy a poder moverme – Escuché una palmada – Por favor, decidme que no acabáis de chocar los cinco – Por las risas de los dos, deduje que sí. Abrí los ojos y les miré, despeinados, sudorosos, tan guapos y tan míos en ese momento – No vas a superar este regalo de cumpleaños en la vida, Tomoya.

– Me va a costar, pero ya veremos qué podemos hacer.

– Siempre podemos repetir el año que viene, ¿a que no ha sido para tanto? – Tomoya suspiró, su gesto no era de mucho agrado.

– La próxima vez no se la metas con mi cara tan cerca – Enoshi volvió a reírse, esta vez conmigo. Se levantó de la cama y cogió su ropa.

– En fin, yo os dejo, no vamos a dormir ahí apretados.

– Quédate en el cuarto de invitados, ya te vas mañana – Le dijo Tomoya apagando el cigarro y destapando la casi deshecha cama – Buenas noches.

– Buenas noches, pareja – Me guiñó el ojo y salió cerrando la puerta. Me giré en la cama, mirando a mi novio que me apartó el pelo de la cara para besarme la frente.

– ¿Cómo ha conseguido convencerte para hacer esto?

– Tuvimos una conversación muy larga en la que me enfadé un par de veces pero en la que me dejó claro que no iba con más intenciones que tener sexo contigo.

– Igualmente, yo no quiero más que eso con él – Asintió – Me ha encantado lo que habéis hecho, lo de turnaros… ¿también estaba en vuestros planes?

– No, ha surgido así sin más – resoplé, riéndome y cerrando los ojos al sentirme rodeada por sus brazos.

– Pues me habéis vuelto completamente loca. Estáis demasiado buenos.

– Pero yo más – Las risitas que se me escapaban eran ya adormiladas.

– Claro que tú más, qué pamplina – Suspiramos casi a la vez.

Entre caricias me susurró que me quería siempre a su lado, a lo que le susurré que ahí iba a estar. Le observé descansar con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, maravillada una vez más con lo ridículamente guapo que era. Y con una enorme sonrisa cerré los ojos agotada, contenta, extasiada y aún con el cuerpo agitado por semejante e inigualable regalo de cumpleaños.

New Friends

¡Por fin termino algo! Siento mucho este parón creativo pero ha sido un verano de mucho trabajo, que no me quejo precisamente, pero al llegar a casa no tenía ganas de escribir.

En fin, este fic lo tenía pendiente desde hace mucho y es para una personita de Euskadi. Ha tenido que venir a verme para darme esa inspiración que me faltaba y acabarlo. Cris, espero que te guste, que yo creo que SÍ que te va a encantar xD Es la segunda parte de este fic, os recomiendo leer el epílogo antes de empezar este y os ponéis en situación.

Además de yo misma y Cris, os dejo los personajes que salen (salen muchos, pero los más relevantes) y ya os dejo leer felizmente.

TEAM KURISHTINA

Ikuta Toma

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Shibutani Subaru

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 KavNb

Tanaka Koki

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TEAM TIFA

 Nagase Tomoya

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Takashi Enomoto

buf

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¡Espero que os guste!

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                Iba a vomitar de un momento a otro de lo nerviosa que estaba. Le dolía la barriga y no le quedaban uñas que morder mientras esperaba en la puerta del aeropuerto donde su amiga le dijo, muerta de hambre y de sueño después del viaje en avión más largo de su vida. Bostezó por quinceava vez en un minuto, necesitaba un café con urgencia porque lo del avión fue asqueroso. Vio una pequeña tienda junto a la puerta, así que fue a gastarse los primeros yenes de su vida y a calmar un poco los rugidos de su estómago. Iba a pagar la chocolatina cuando una mano enorme – y calentita – se lo impidió, pagando él en su lugar.

– ¿Kurishtina-san? – El subidón de adrenalina fue bestial. Llenó sus pulmones de aire y le asintió a la conocida sonrisa bajo la gorra y las gafas de sol. Era más alto de lo que había imaginado y exageradamente guapo. Escuchó que también la llamaban a su espalda.

– ¿Cris? – se dio la vuelta y se encontró con esa cara enmarcada por mechones de pelo rosa que había visto tantas veces desde una pantalla.

– ¡Tifa! – Se abrazaron entre risas, provocando una expresión divertida en los que las miraban. La sonrisa de la chica era radiante, probablemente un reflejo de la suya en ese momento – ¡Qué bien te veo! ¿Eh? Y que bien le veo – señaló hacia atrás con la cabeza, al novio de su amiga que cogía sus maletas.

– Qué me vas a contar, ¿Es más guapo en persona o no? – se rieron juntas mientras caminaban fuera del aeropuerto.

– Espera que le vea mejor la cara – Tifa asintió – Hostias, estoy histérica. Bueno, ¿te llamo Tifa o Pili? Yo ya por la costumbre me sale Tifa – cuando llegaron al coche Nagase se entretuvo en cargar sus maletas mientras ellas se sentaban dentro, ella detrás y Tifa de copiloto.

– Como te salga del alma, con lo que estés tú más cómoda. Este me llama Piri, así que ya ves tú el plan ¿Cómo va ese japonés? Porque por más que lo intente al señorito  – dijo señalando a su novio – no se le queda el español.

– Me manejo, sí – no estaba muy segura de si ese curso intensivo de japonés que había hecho antes del viaje iba a dar resultados, aunque esperaba que así fuera. Se había dejado las pestañas noche tras noche para mejorar el dominio del idioma antes de irse de viaje – estoy un pelín histérica y muerta de hambre.

– Uy, no te preocupes, si lo primero que vamos a hacer es ir a comer que yo también estoy “desmayaita”. Y gyozas, que no se me olvida que te encantan – la miró con una sonrisita, la adoró eternamente ante la idea de ponerse gorda a empanaditas japonesas – pero antes tenemos que recoger a alguien, si no te importa. Planes del niño, que hace las cosas sin consultarme y sin pensar si te va a molestar – cuando Nagase se metió en el coche, ella le dio un empujón.

– ¿Qué pasa? – le preguntó quitándose las gafas de sol. Se le escapó la risa floja.

– Que a saber a cuál de los impresentables de tus amigos vas a subir al lado de la mía – Dijo Tifa hablando en japonés. Mientras, ella miraba a Nagase con una sonrisita inevitable, asombrada de lo guapo que era.

– Mis amigos no son impresentables – dijo serio, pero empezó a reírse él solo de esa manera que le hacía pensar “pero que gilipollas más guapo, coño” – solo un poco, vale. Además, a este le conoces, aunque creo que no te lo he presentado.

– Como me manchen el coche nuevo te mato – le dijo ella sin enfadarse realmente.

– ¿Es tuyo? – Preguntó Cristina – ¿Un regalo? – A Tifa se le dibujó una expresión estúpida en la cara mientras se reía con guasa.

– ¿Tú qué crees? He tenido que aprender a conducir y encima al revés, si vuelvo a España voy a matarme en ciudad, lo veo venir – se volvió en el asiento para mirar a su amiga – ¿Tienes ganas de que te presente a niños guapos?

– No, si te parece… – contestó resoplando – ¡Pues claro! lo que no sé es qué voy a hacer cuando les tenga delante. Me va a dar un infarto. Me lo va a dar ahora.

– ¿Estás soltera? – preguntó Nagase mirándola desde el espejo retrovisor. Si él hacía que se pusiese tan nerviosa no se podía imaginar que iba a ser de ella con otros.

– Sí, y sin compromiso – Tifa se rio cuando Nagase soltó un “fu, fu, fu” travieso. Estaba segura de que estaba alcanzando un record en cuanto a nervios se refería.

                Miraba por la ventanilla sonriente, sintiéndose extraña por ver el lado del conductor cambiado. Observaba la ciudad con fascinación, charlando de vez en cuando con su amiga sobre cómo había sido el viaje y las cosas que habían pasado en esas trece horas, admirando como su novio tamborileaba en el volante. No podía parar de pensar en lo exageradamente largos que eran sus dedos. Tifa se lo decía constantemente pero hasta que no los vio en persona no se dio cuenta.

– Ahora mismo vengo – Nagase se bajó del coche poniéndose las gafas de nuevo a pesar de no haber sol. Las dos miraban curiosas por la ventanilla intentando ver quién era su amigo.

– Sí hombre – dijo Tifa echándose sobre el volante para ver mejor – ¿Subaru? Noooo….. no, no, no, tengo que estar viendo mal.

– ¡¡VENGA YA!! – Empezó a reírse histérica. No iba a poder con eso, no, no podía ser verdad – tía que no he comido nada, me voy a desmayar ya, joder…

– Esto de coincidencia tiene poco o nada – Tifa daba saltitos en el asiento – ¡Ay que nervios!

– ¿Nervios tú? ¡¡Imagina como estoy yo!! – Se rieron de manera histérica – ¿Le has dicho a Nagase que me gusta? – preguntó sin saber qué hacer al verles acercarse. Subaru era considerablemente más bajito y al verle sonreír, aún de lejos, se le escapó un quejido lastimero – pero que penita, que delgadísimo que es.

– Puessssss le he comentado que te gustaba kanjani8 y sí, le he dicho que perdías el culo por este y por Toma para ponerte las cosas fáciles – Tifa se reía mirándola, la muy cabrona – se va a sentar a tu lado, Subaru se va a sentar a tu ladito. No te mees encima.

– Te odio y te quiero – dijo llevándose las manos a la cara – Sois una pareja de hijos de puta. Vengo de un vuelo asquerosamente largo, estoy hecha mierda y me lo ponéis al lado – se quedaron calladas cuando se abrió la puerta del coche. Subaru entró y las miró con una sonrisa, saludando con un leve movimiento de cabeza después.  Se moría.

– Shibutani Subaru, encantado – Tifa le dio la mano desde el asiento delantero.

– Pili, encantada – El eito miró a su amiga sin haberse enterado muy bien de su nombre pero le dio la mano. Entonces, la miró los ojos. A ella. Sus ojos de verdad, no desde la pantalla.

– Cristina – murmuró acercándole una mano temblorosa. Cuando se tocaron tuvo que tragar saliva. Nagase se volvió mirándola con una enorme sonrisa. Cuando ella le miró, él le alzó las cejas varias veces. Tifa le dio un empujón haciéndole dar una carcajada mientras ella soltaba la mano de Subaru y se restregaba los ojos resoplando.

– Es la amiga de mi novia, acaba de llegar de España – dijo Nagase mientras conducía. Subaru soltó un ¿Eeeehhh?

– Espera, ¿Cuál es tu novia? ¡No sabía que tenías novia!

– Nadie lo sabe, mi existencia es un secreto – dijo Tifa de manera misteriosa – no hablan de nosotras – le dijo a Cristina – hay veces que este se ha enterado de que un amigo tiene novia porque le invitan a la boda.

– Esta que se me sienta al lado es una fan con muy poca vergüenza – Nagase rozó con los nudillos la mejilla de Tifa, que le miró riéndose atontada. Deseó que no se le pusiese la misma cara con el que tenía al lado o iba a ser muy, muy vergonzoso.

– ¿Poca vergüenza? – Nagase asintió con un suave “unm” cuando Subaru la miraba una vez más por si ella se sabía la historia y se la quería contar. Se dio cuenta de que ni hablar podía. Corría el riesgo de vomitar lo poco que tenía en el estómago. Y no podía parar de sonreír.

– Me hice amiga de una amiga suya que tiene una tienda de gafas. Nos presentaron y aquí estoy – resumió Tifa.

– Bueno, bueno, pasaron muchas cosas en medio – Tifa se rio ante la cara de curiosidad de Subaru y el comentario de Nagase, que se metió un cigarro en la boca – nena, enciéndemelo.

– Sobre todo en los probadores de la tienda de Shinzuke – murmuró ella sacando el encendedor del coche y dándole fuego a Nagase que se rio como un imbécil.

– ¿Entonces tú estás de visita? – Le preguntó de repente Subaru, al que miró intentando retener la sonrisa sin éxito. Los ojos negros de ese pequeñajo con cara de macarra la estaban matando poco a poco – ¿Te gusta Tokyo?

– No sé, acabo de llegar – dijo ella. Él asintió. Se quedaron mirándose un poco incómodos, ella casi embobada y con el único pensamiento de “me lo voy a comer” dándole vueltas por la cabeza una y otra vez.

                No se podía creer lo que le estaba pasando. Cuando Tifa la invitó a su casa imaginó que iba a conocer a algún que otro famoso teniendo en cuenta quien era su novio, pero no se esperaba que fuese a ser tan rápido. Y que encima le diese conversación. Y además este famoso, ni más ni menos.

– Por cierto – dijo Tifa cuando llegaban a una zona lujosa en el centro de Tokyo – te habrás traído un traje arreglado o algo así ¿No?

– No, no me has dicho nada – contestó un poco asustada, bajándose del coche sin perder de vista a Subaru – Y aunque me lo hubieses dicho no tengo ¿Para qué?

– Nada, por si acaso – se encogió de hombros y antes de que pudiese preguntar la empujó dentro de la casa – ¡Hemos llegado! – dijo quitándose los zapatos en la entrada con los demás.

– Que mal vives, cabrona – le susurró a su amiga. Solo la entrada era enorme.

– Tengo una suerte que no me lo creo, sí que es verdad – entraron a un salón más grande todavía. Tifa se volvió a Nagase que la miró dándole las maletas de su amiga – haced lo que tengáis que hacer rapidito y vamos a comer algo, anda – Él asintió y se metió con Subaru por un pasillo de la casa. Ellas les siguieron pero pararon antes en una habitación enorme. Miró como Subaru se alejaba de ella. Quería ir detrás.

– Que cosa más grande, que exagerado todo joder – Se reía al ver la enorme cama que tenía delante.

– Mía no es la casa, por mí sería la mitad – la miró al soltar las cosas en el que sería su cuarto y le sonrió con una ceja levantada – ¿Qué tal? – Ante esa pregunta retuvo un grito nervioso dando saltitos.

– Quiero tocarles todo el rato para saber si son de verdad pero va a ser raro ¿No? – Tifa dio una carcajada – me lo esperaba un poco más alto.

– Normal, porque le has visto al lado de Tomoya – asintió – Si es que… Subaru cabra es lo más – se rio nerviosa. Histérica.

– Tengo ganas de llorar, hostias. Y me pone nerviosa saber que está en la habitación de al lado – dijo mirando hacia la puerta – me va a dar un puto infarto.

– Vete acostumbrando o no duermes – contestó Tifa – y porque es invierno, que si no Nagase ya se habría quedado en calzoncillos – la miró con los ojos como platos – es así, le da igual exhibirse – escucharon ruidos, una puerta cerrarse, y el chorro de una ducha – ¡Sí hombre! – Tifa se levantó quejándose.

– ¿Qué pasa? – le preguntó ella. La vio salir de la habitación y escuchó que entraba en el baño.

– ¡No hace falta que te duches, que tardas una eternidad! – se quedó en la puerta de la habitación, intentando enterarse de lo que hablaban.

– Pues vente y termino antes – quería asomarse y ver lo que estaba pasando, se moría de ganas de cotillear. Y de ver a Nagase en pelotas.

– Si voy no terminas – dijo Tifa con voz sugerente. Escuchó risitas, silencio y un gritito juguetón – shh, no, quita, déjame, que si empiezo luego no paro.

– ¿Y quién te ha dicho que tengas que parar? – más risitas y la puerta cerrándose. Se quedó en el sitio, escuchando sus risas y algún ruidito agudo que otro. “No podían estar… ¿Verdad? No conmigo y con Baru aquí” Pensó ella. Aunque conociendo a Tifa sí que podían, claro que podían. Como para negarse a un novio como ese. Salió de la habitación y se acercó a la puerta del baño discretamente, oyendo las negativas de su amiga.

– No, Tomoya – un jadeo y un quejido – eso no, voy a, Cristina está e—

– Hmmmm! – tragó saliva al escuchar el gemido ronco y largo de Nagase acompañado de uno suave y agudo de su amiga – me encanta ese ruidito que haces cuando te la meto – se apartó de la puerta y caminó todo lo lejos de allí que pudo, sintiéndose tan avergonzada como “acalorada” y reteniendo la risa. Al entrar en el salón, se paró en seco, Subaru la miraba con una camiseta en la mano.

– ¿Qué pasa? – miró al pasillo con curiosidad, tras ella.

– ¡Nada! – su voz alterada le hizo sospechar más, ya que la observó suspicazmente.

– ¿Me ayudas? – asintió aunque no sabía a qué le estaba ayudando. Al mirar a la mesa que le quedaba delante, vio un puñado de camisetas a primera vista simples. No se podía concentrar, tenía el corazón a mil – Nagase se está deshaciendo de ropa y me ha llamado por si quería alguna.

– ¿Por qué no te las llevas todas? – preguntó sin dejar de observarle. Las miraba frunciendo el ceño, con los brazos cruzados. Estaba tan sexy simplemente estando ahí parado que era ridículo.

– Porque luego me encuentro con que tengo demasiadas. ¡Ya tengo demasiadas y me estoy llevando las de este tío! ¿Cuál te gusta más? – la miró a los ojos y no pudo hablar. Ella también quería una escenita del baño como la que estaba teniendo su amiga, aunque quizás era un poco pronto para proponérselo. Pero solo quizás.

– ¿No te van a estar grandes? – preguntó mientras empezaban a sudarle las manos.

– Eso es lo de menos, tampoco está mal si me quedan anchas. Estas dos son las que más me gustan – empezó a darle una explicación de por qué las consideraba mejores, pero ella estaba tan absorta en observarle que apenas escuchó lo que le decía. Hasta que la miró – ¿Tú cuál te quedarías?

– La negra – dijo sin pensar.

– ¿Cuál? – cogió la primera que tenía delante. Subaru dejó escapar un ruidito mientras encogía los hombros – Pues me llevo las tres – cuando le sonrió, le dio la risa tonta, asustándose cuando el teléfono comenzó a sonar. Lo miraron sin saber si cogerlo o no, y mientras dudaban dejó de sonar. A lo lejos escucharon risas y algunos golpes.

– ¿Qué están haciendo esos dos? – Le preguntó a la chica – se están divirtiendo – le dio un codazo, riéndose.

– Estarán cambiando el suelo del baño – respondió ella metiéndose las manos en los bolsillos, volviendo a dar un respingo cuando el teléfono sonó por segunda vez. Una puerta se abrió bruscamente y vieron a Nagase entrar en el salón con la toalla en la cintura, nada más – ¿Quién es? – dijo bruscamente al auricular.

– ¡Pero que te vas a resfriar! – le dijo Tifa secándose el pelo y con la misma ropa que llevaba antes puesta. Subaru se les quedó mirando con media sonrisa en la cara – Ponte algo por encima y deja de provocar a tu invitada – Cristina no sabía dónde poner los ojos. Quería retenerlo todo en la memoria ahora que podía pero Nagase, tras una corta charla, la miró para disculparse y ella tuvo que apartar la vista. Y al hacerlo se cruzó con los ojos de Subaru. Se rio dándose la vuelta.

– ¡¿Cómo puedes vivir así?! – le preguntó a Tifa en español haciendo que ella también se riese.

                Después de que el exhibicionista se pusiese algo por encima y le diese una bolsa a su amigo para que guardase las camisetas, fueron a cenar. Los cuatro se montaron en el coche — los dos famosetes equipados con gorras y gafas de sol — y se desplazaron apenas cinco minutos desde la casa. Caminaron hasta una calle un poco escondida, y llegaron a un restaurante en el que había una cola larga de gente ansiosa por entrar; el Harajuku Gyouza Rou. Nada más acercarse, comenzó a salivar porque el olor era más que suculento. Se le iban a dar la vuelta las tripas del hambre que tenía. Para su alegría no hicieron cola, se acercaron a la puerta directamente y Nagase las hizo pasar a una mesa reservada para los cuatro.

– Te vas a chupar los dedos, desde que vine aquí por primera vez supe que te iba a encantar – le dijo Tifa.

– Por favor, estoy muerta de hambre – pidieron, para empezar, un plato de doce gyouzas para cada uno, además de un bol de arroz y una sopa de miso. Y para bajarlo una cerveza que le supo a gloria. Durante unos minutos Subaru dejó de ser su centro de atención porque la carne de esas pequeñas empanadas le pareció el cielo en la tierra.

– Qué callada estás – le dijo Tifa después de comerse su última Gyouza a la velocidad de la luz.

– No voy a hablar que estas pequeñajas no se comen solas – le dijo ella haciéndole reír.

– ¿Quién quiere más? Voy a pedir otra ronda – dijo Nagase medio hipando.

– Yo me como una a medias – dijo Subaru, escondiendo sin éxito un eructo y riéndose después. Los dos “hombres” se miraron y se rieron exageradamente.

– Por mi madre de mi alma que somos las madres y ellos los niños – le dijo Tifa a Cristina en español. Se volvió hacia Subaru y le dio un golpecito – Pues venga, compartimos entonces, que yo más de seis no puedo comerme ya.

– Kurishtina, ¿Otra ronda? – la aludida tardó unos segundos en notar que a quien Nagase se dirigía era a ella, y cuando lo hizo asintió con ganas.

– A este paso me como hasta las reservas. ¡En mi vida me había comido tantas seguidas! Dime que vamos a comer aquí todos los días – le imploró a Tifa.

– De eso nada, te voy a llevar a todos los sitios que pueda que esto es muy grande y hay muchísima variedad.

– No te flipes que no traigo tanto dinero – protestó ella.

– Si lo voy a pagar yo, ¿Qué más te da? – Le dijo Nagase – además, tienes que comprarte algo para el viernes.

– ¿El viernes? – miró a Tifa, que se rio en susurros.

– ¿También vas? – preguntó Subaru con una sonrisa. Se lo comería como a las gyouzas, pero sin relleno ni aderezos, tal cual, con esa sonrisa y su barba que tanto le gustaba.

– ¿A dónde voy? – Le preguntó. Tifa le dio un golpecito al chico antes de que respondiese.

– Cállate que es un secreto, lo mejor para el final – miró a su amiga y le dijo en español – este tiene que aprender a tener la boca cerrada y a dejar de ser tan porno, pero lo segundo no lo digas muy alto que se me encela el novio – Sus risas se volvieron carcajadas al ver la cara de los dos de no entender nada. Nagase poniendo morritos y Baru mirándolos a todos con media sonrisa confusa.

– Oye, oye, ¿Qué está pasando? – Tifa se encogió de hombros.

– Y yo que sé, come – le metió a su novio una gyouza en la boca y casi le atraganta, haciéndoles reír de nuevo.

                Tras otra cerveza y comerse el último plato – al tiempo que Nagase se metía uno más entre pecho y espalda – caminaron tranquilamente hasta el coche, ahítos y contentos. Subaru y Nagase comenzaron a hablar de guitarras mientras el segundo se fumaba un cigarro, y las dos caminaban atrás escuchándoles, deleitándose con la vista que tenían.

– Oye, ya te vale dejarme sola con Baru – le dijo a Tifa en su idioma – te juro que no sabía dónde meterme.

– Lo siento, es que es verle en pelotas y no respondo – vio cómo se mordía el labio – ¡Si es que mira que culo! – Efectivamente, era un culazo – Me pego todo el día queriendo meterle mano pero siempre hay gente oye. Y a este le gustan poquísimo las muestras de afecto públicas.

– Pero mira que eres cerda, lo de tu libido no tiene límites.

– ¿Y qué hiciste en nuestra ausencia? – resopló mirándola.

– Nada, quedarme atascada porque está visto que no es lo mío esto de ligar.

– Bueeeeeno, ya me contarás el viernes – la miró desesperada.

– ¿¡Qué pasa el viernes?! ¡Cuéntamelo ya joder! – Tifa negó con la cabeza.

– Mañana miércoles a lo mejor, que vamos a quedar con una amiga mía.

– Me tienes de los nervios… te odio un montón – al llegar al coche, Nagase puso la radio, sonando el último single de kanjani8. Sonrió de inmediato, mirando sin mirar a Subaru.

– ¡Súbelo! – Pidió él con una sonrisa enorme – siempre me hace ilusión escucharnos por la radio, sé que es una tontería pero no puedo evitarlo.

– No es ninguna tontería, a mí también me gusta – Nagase tamborileaba con los dedos en el volante otra vez – y ella es fan – dijo mirándola por el espejo retrovisor. Baru la miró contento.

– ¿En serio? No me habías dicho nada – le reprochó.

– No sé por qué no he dicho nada – que le prestase tanta atención y la mirase directamente a los ojos afectaba a su capacidad de pensar – pero sí, me gustas mu—¡Me gustáis! – se rio queriéndose meter en un boquete mientras escuchaba las risitas suaves del conductor y su novia – los siete.

– Gracias, pero oye, ¿Seré yo tu favorito no? – le dijo fingiendo seriedad. Se perdió de nuevo en sus ojos oscuros.

– ¡El mío es Maru! – dijo Tifa alegremente, haciendo que Baru la mirase y ella pudiese respirar de nuevo.

– ¿Cómo que Maru? ¡Tu favorito soy yo! – protestó Nagase poniendo morritos.

– Tú de Tokio, Maru de Kanjani. Que a ver si hacéis más canciones juntos los dos grupos.

– No depende de nosotros – dijo Subaru fastidiado – más quisiera yo.

– Vuestras voces quedan muy bien juntas – dijo ella, con Tifa asintiendo a coro – si no habláis con los jefes dejádmelo a mí que le tengo ganas al viejales.

– Mira que te llevo y le convences con tus argumentos – Subaru la agarró de la muñeca, acelerando sus pulsaciones – si no nos hacen caso a nosotros a ver si escuchan a las fans.

– Siendo de fuera lo dudo – dijo Tifa con asco – no nos quieren ver ni en pintura. Ni giras, ni fanclub, ni nada fuera de Japón. Y lo único que hacen es perder dinero porque lo que es vuestra discografía la tengo enterita descargada sin pagar ni un duro.

                Los dos se quejaron ofendidos mientras ellas se reían, porque le tuvo que dar la razón. Lamentó que le soltara la muñeca pero no se iba a quedar todo el trayecto tocándola. Por desgracia. Por ella que le tocase y no parase. Al llegar a la casa no podía reprimir sus bostezos por más que intentase esconderlos, y uno de ellos se le pegó a Subaru.

– Oe, ¿Te llevo a tu casa o te quedas a dormir? – le preguntó Nagase al invitado.

– No me quedo que luego nos pegamos hasta la madrugada con las guitarras y no dormimos nada – les miró esperanzada.

– Pues a mí no me importaría veros tocar – dijo Tifa sonriéndole a su amiga, que asintió mirándoles.

– Estas quieren un concierto privado – dijo Nagase, pasándose la lengua por los labios y mirándolas como si tuviesen muy poca vergüenza.

– Veengaaa – dijo Tifa tirándole de la camiseta – que Cristina no va a estar aquí para siempre.

– Vale, vale, pero lo hago porque me dedico en cuerpo y alma a mis fans – dijo Subaru entrando en el edificio y susurrando – gracias, gracias – como si hubiese gente a su alrededor.

                Tras reírse de lo tonto que era y de la risa de Nagase, subieron a la casa, poniéndose cómodas en el sofá. Siempre había querido ir a un concierto de alguno de los dos grupos y esto era un regalazo. Agarró un cojín y se sentó con las piernas contra el cuerpo, sintiéndose cada vez más nerviosa cuando les vio entrar con las guitarras acústicas. Tifa se sentó al otro lado del sofá, junto a su novio que cogió una silla para él y otra para Subaru, cerca de Cristina. Nagase se marchó un momento y volvió con tres cervezas heladas y una coca-cola de vainilla.

– Nena, te queda una, recuérdame que compre más – le dijo a Tifa dándole la coca-cola.

                La chica le dio un beso en la mano y él le sonrió acariciándole la mejilla con el pulgar. Se sintió incómoda porque sintió que Baru la estaba mirando. Todo el rato. No sabía ni qué quería ni qué pretendía pero no le apartaba esos ojillos negros de encima. Le miró y se encontró con su sonrisa. Alzó un poco la guitarra hacia ella.

– ¿Qué tocamos? – Le preguntó Subaru, comprobando que la guitarra estuviese afinada.

– No sé – contestó ella, sintiéndose torpe y pensando en qué decirle sin ocurrírsele nada.

– A mí no me preguntéis, ya sabes lo que quiero – le dijo Tifa al otro guitarrista, que negó con la cabeza.

– No voy a tocar Neighbor  otra vez, pesada – su novia puso pucheros.

– ¡Pues Baby Baby! – Exigió. Subaru asintió, sonriente. A Cristina, con tal de que tocasen, todo le valía. Estaría mejor que le tocase a ella pero no se iba a poner exigente.

                Se quedó pasmada con la boca abierta, viéndoles cantar, deleitándose con sus voces en ese pequeño concierto privado. No podía apartar sus ojos de ellos, tan guapos, tan concentrados, tan metidos en lo que hacían. Movía los labios conforme ellos cantaban, escuchaba a Tifa cantar suavemente de fondo, y estaba apretando tanto el cojín que cuando acabó la canción le dolían las manos. Al acabar, Nagase miró a Tifa con una sonrisita asesina y después de aclararse la garganta, tocó los primeros acordes de Neighbor destinados al piano de Taichi, pero con la guitarra. Tras el ataque de fangirlismo que les dio, los músicos improvisaron un poco, hasta que Nagase se emocionó y Subaru no pudo más que mirar tan impresionado como ellas. Al darse cuenta de la hora que era, se puso en pie de golpe con cara de susto.

-¡Que mañana trabajo! – dijo espantado. Nagase se levantó con él.

– Venga, te llevo a casa. Espera que coja la chaqueta.

– Bueno, encantada de conocerte – le dijo Tifa dándole la mano.

– Ah, igualmente. Me alegro de que a Nagase le vaya tan bien – se giró y la miró. No se terminaba de acostumbrar a tenerle delante – te veré el viernes.

– Supongo, eso espero – dijo ella con la risa floja por tocar su mano de nuevo. Se despidieron de Nagase también y se miraron atontadas.

– ¿No tienes sueño? – preguntó Tifa después de un bostezo.

– No, estoy solo cansada pero supongo que en cuanto mi cabeza toque la cama voy a morir después de tanto estrés. Es guapo el cabrón.

– Es guapísimo, y súper simpático.

– Cada vez que me hablaba tenía primero que calmarme y después responder, madre mía, estoy reventada…

– Ha sido una tarde súper guay y lo que te queda. Duerme bien que mañana te vas a “jartá” de andar. Y cámbiate de bragas que fijo que te hace falta.

                Somnolientas y entre risillas tontas, caminaron hacia sus habitaciones, se despidieron hasta el día siguiente y se metieron en la cama. Cristina sonrió arropándose y suspirando. Si había sentido tantísimas cosas en solo una tarde, preveía que lo que le esperaba iba a matarla. Imaginándose mil cosas que pudieran pasar el viernes se quedó dormida, y entre esas mil cosas no estaba, ni por asomo, la respuesta correcta.

2

                Una risa estridente la despertó seguida de un “shhhhh que no estamos solos”. Se levantó de la cama de tan buen humor que sentía ganas de cantar y gritar al mismo tiempo. Sin preocuparse en arreglarse mucho, se asomó al pasillo que encontró desierto. Se acercó al baño tarareando “Oh, baby baby…” y tras asearse, fue a la cocina que era de donde le llegaban susurros y olores apetecibles. Tifa la saludó con la mano y Nagase se dio la vuelta para recibirla con una sonrisa. Primer apretón de nervios del día y apenas había abierto los ojos. Se sentó frente a él, sintiéndose observada.

 – Te he despertado ¿Verdad? – le preguntó Nagase tragando su sopa de Miso mientras Tifa le ponía por delante a ella unas tostadas y un café.

– ¡Gracias! No pasa nada – en realidad no le importaba lo más mínimo. Ojala se pudiese despertar todos los días con la risa del que tenía delante.

– Se estaba riendo de mí, para variar – Nagase la miró intentando retener las sonrisa – me he equivocado al hablar y en vez de decir que la sopa me había salido dulce (amai) – Nagase se cubrió la cara y Tifa empezó a sonreír también – he dicho oppai, ¡Quieres dejar de reírte que no tienes quince años! – Le dio con el trapo en el hombro a Nagase que estaba riéndose tras sus manos, una risita aguda en la que parecía no coger aire nunca.

– Lo siento – dijo intentando tranquilizarse – es que – al ver que Cristina se estaba riendo, volvió a reírse, pero esta vez aplaudiendo y echando la cabeza hacia atrás.

– Habría que verte a ti hablando en Español – dijo Tifa un poco enfurruñada, sentándose a su lado.

– No te enfades – ella le miró, agarrándose las tetas porque Nagase no fue discreto al mirarlas.

– Estas dos sí que están amai – resopló y se tiró sobre la mesa, Cristina se acababa de despertar y ya le dolían las mejillas de reírse – en fin, Cris, qué, ¿Con ganas de andar?

– Con ganas de lo que sea que tengas planeado.

– Pues vete preparando que te voy a cansar un montón. Y tú, ve moviéndote que llegas tarde.

– Que se esperen – dijo su novio desayunando con tranquilidad – ¿Qué tal ayer con Subaru-kun? – le preguntó de repente a ella. Se sobresaltaba cada vez que le hablaba directamente.

– Bien, supongo. No me esperaba verle y no sabía qué decirle. ¡Y quería decirle muchas cosas pero no me salía nada! Muchas gracias por traerle de todas maneras.

– Da igual, pasado mañana le ves. Y probablemente al resto de kanjani – se quedó sin respiración mirando a Nagase que le soltó el bombazo como si nada.

– ¿¡EEEEEEEEEEEEEEHHH?! – Tifa le dio un manotazo en el brazo susurrándole que se callase – ¡¿Pero qué dices?! ¡No te puedes imaginar las ganas que tengo de que llegue el viernes!

– Supongo. Las mismas que tengo yo – dijo dando saltitos en la silla.

                Nagase se levantó suspirando, dejando los cubiertos sucios en el lavavajillas. Tifa se levantó con él, que se despidió de Cristina hasta más tarde. Escuchó a su amiga decirle que fuese con cuidado, seguido de un montón de besitos y la risita suave de su novio. Al cerrarse la puerta, volvió al salón sonriente.

– Termínate eso y vístete. Nos vamos a ver Tokyo.

                Las amenazas de su amiga fueron reales. Le hizo andar toda la mañana, parando solo media hora para comer y seguir visitando lugares y monumentos. No se dejó nada importante pero según ella, había mucho más que ver. Sin embargo, alrededor de las seis de la tarde se sentó en un banco. Los pies de Cristina lo agradecieron y además era un parque muy bonito. Tifa miraba a su alrededor esperando a alguien, y no fue hasta pasados unos minutos que no se levantó.

– Hitomi chaaaaaaaaaaaan – dijo moviendo la mano. Una mujer caminó hacia ellas con una sonrisa.

– ¡Hola! – hicieron las presentaciones pertinentes. Hitomi llevaba un peto vaquero, una camisa de mangas cortas blanca debajo, unas converse azules y un gorro de lo más extraño – ¿A ti es a la que hay que buscarle ropa?

– ¿Cómo, cómo? – preguntó Cristina sin enterarse de nada.

– Sí, a ella es – dijo Tifa – aunque yo creo que más que un traje de falda te gustaría más uno de chaqueta ¿No?

– Las faldas si puedo evitarlas mejor – confesó ella – y los tacones ya mejor no hablamos. En realidad el plan sería más entretenido si nos saltamos lo de comprar ropa.

– ¿Qué tenéis en contra de los tacones? Con lo bonitos que son, en serio… – Hitomi las miraba molesta – venga, en marcha que nos están esperando.

– ¿Has hablado con los dueños de las tiendas? – le preguntó Tifa.

– Pues claro, les he dicho que iba hoy con unas amigas. Con un poquito de suerte nos hacen un descuento.

– Tifa, no tengo dinero para un traje – se quejó Cristina, que realmente no tenía ganas de ir a probarse cosas solo por el antojo de su amiga.

– ¡Yo sí, mira tú por donde! Acepta un regalo cuando te lo dan y ya vale de protestar. Luego me darás las gracias por no presentarte el viernes con una de tus camisetas.

– A mis camisetas no les pasa nada, idiota – murmuró.

                El viernes, el puto viernes de los huevos que la tenía en un sin vivir. Fueron durante el resto de la tarde de una tienda a otra y por más que se probaba, ninguno le convencía. Veía que las otras dos chicas estaban un poco desesperadas con ella pero es que todos eran demasiado femeninos y ella buscaba algo más simple, cosa que en shibuya parecía no existir.

– A lo mejor si me llevas a Shinjuku le puedo pedir un traje a un yakuza – dijo. Tifa se rió, Hitomi la miró entrecerrando los ojos.

– ¿Una cosa así te gustaría? ¿Negro y simple? – Cristina asintió con energía – ya sé dónde vamos a ir – después de andar durante un buen rato en el que la interrogaban con detalles de cómo sería el traje perfecto llegaron a una tienda mucho más sencilla que las anteriores.

– Uy, estamos muy cerquita de mi trabajo – dijo Tifa – ahora nos podemos pasar a saludar a tu novio ¿No?

– Ya lo había pensado – dijo Hitomi – ven Cris-chan, mira estos – hasta el momento era la única que pronunciaba su nombre de manera decente.

– ¡Esto es otra cosa! – descolgó de una percha un traje de chaqueta negro, sin adornos, solo dos bolsillos a la altura de las caderas. Y además no era pegadísimo como los otros, era el traje perfecto.

– Ahora te compras una cadena de oro, unas gafas de sol, te peinas para atrás y te vas a la calle a jugar con maquinitas de pachinko – le dijo Tifa dándole a elegir entre una camisa roja, una blanca y una negra.

– Sí, y te echan de Shinjuku a patadas – rio Hitomi – ¿Negro con negro? ¿En serio? – dijo al ver que Cristina se quedaba con la camisa de ese color.

-A mí me gusta – dijo Tifa con aprobación – ¡Pruébatelo, a ver como te queda todo junto! – se metió en el probador sin muchas ganas mientras escuchaba a Tifa emocionada al encontrar algo que le gustaba y a Hitomi decir “tenéis el sentido de la moda en el culo, que queréis que os diga”.

– Pues no te queda nada mal – dijo la ‘experta en moda’ mirándola con detenimiento – ¿Y en los pies qué? ¿Unos taco—

– No – le cortó.

– Unos pequeños, por mí – Hitomi le ofreció unos tacones muy bajos, negros y sencillos. Chasqueó la lengua y se los probó, asombrada porque parecían ser cómodos.

– De todas maneras llévate las zapatillas en el bolso, por si acaso.

– Tal y como habláis parece que vamos a una boda – dijo riéndose. Se miraron entre ellas – ¿Me llevas a una boda? ¿Lo saben los novios?

– Teniendo en cuenta la de gente que va no creo que le importe uno más o uno menos – dijo Hitomi.

– Tifa, ¿Dónde vas a meterme? No me veo en ese tipo de reuniones de ricachones…

– Yo tampoco, pero seguro que no te quejas mucho cuando lleguemos – iba a seguir preguntando, tenía miles de preguntas que hacer y que debían ser contestadas, pero la dependienta se acercó a preguntarles qué se llevaban.

                Todo lo que llevaba Cristina igualaba en precio al traje que se le antojó a su amiga. Si podía permitirse algo tan caro y etiquetarlo de capricho era porque su novio realmente estaba forrado. No pensaba gastarse un duro mientras estuviese allí, no consideraba que fuese aprovecharse. Nagase probablemente ni se daría cuenta y estaba bastante dispuesto a pagárselo todo. Caminaron unos metros hasta una tienda de ropa enorme, en la que les recibió un hombre de muy buen ver. Era alto, tatuado y con el pelo recogido en una coleta.

– Esta es la culpable de que te hayas quedado solo esta semana – le dijo Tifa presentándole a Nau Shima.

– Sí ¿Eh? al menos te lo estarás pasando bien – asintió.

– Me está haciendo andar mucho – Hitomi le quitó las bolsas.

– Y se ha comprado un traje, mira – se lo enseñó. Silbó al ver la ropa.

– ¡Que elegante! ¿Es para el viernes? – preguntó él.

– ¡Hostias con el puto viernes tía! – le dijo a Tifa en español, haciéndola reír.

– Es en dos días, ten paciencia que la sorpresa merece la pena.

– Me lo vas a decir hoy ¿Eh? Que lo sepas…

– ¿Y viene esta noche? –  Preguntó Nau. Hitomi le miró frunciendo el ceño.

– ¿A dónde te la quieres llevar? – le pasó un brazo por los hombros, sonriéndole.

– Hemos quedado para dar una vuelta con las motos y supuse que no querrías venirte porque nunca quieres.

– Porque no me quiero encontrar con indeseables – dijo ella. Miró a Cristina – con mi ex, vaya.

– Ah, pues no sé. ¿Nagase va? – Tifa se encogió de hombros llamando por teléfono.

– La primera noticia que tengo, un segundo. Tomoya, ¿Sales esta noche con—¿¡Ahora?! – La miró con una sonrisita nerviosa – ah, vale, vamos a casa. Ahora hablamos.

– ¿Va a salir ya? – preguntó Nau extrañado.

– No, no. Pero nos tenemos que ir a casa, supongo que nos veremos luego.

                La arrastró de la mano hasta el taxi más cercano. Por más que le preguntaba, ella no hacía más que reírse nerviosa y susurrarle “verás tú, verás”. No tenía ni idea de qué estaba pasando pero tenía que ser algo gordo porque Tifa estaba visiblemente nerviosa. Quizás estaba Baru de nuevo en casa, quizás era algún miembro de Tokio – cruzó los dedos porque fuese Mabo – quizás… no quería ni pensar en ese último quizás que se le había ocurrido porque solo de imaginarlo se puso preocupantemente nerviosa.

– Tifa, voy a vomitar si la cosa sigue así, dime quién cojones es – le metía prisa para que abriese la puerta de su casa.

– Más te vale no hacerlo. Llora si quieres, pero no vomites – dijo entrando – ¡Tadaimaaaaa!

– ¡Okairi nasaaaai! ¡En el cuarto estamos! – respondió Nagase. Fueron casi corriendo hasta la habitación y se lo encontraron esperando de pie ante los la cama. Les señaló la puerta del baño que había en el dormitorio – ¡Sal, a ver que opina el jurado!

– Que vergüenza – no tuvo que escuchar más, ese quejidillo no podía ser de otra persona.

                Se llevó las manos a la boca, le temblaban lo que jamás en su vida le habían temblado. Le daba la impresión de que se le agitaban hasta las piernas. Salió del baño avergonzado, con esa sonrisa de circunstancias tan suya y tan ridículamente bonita, saludándolas levantando la mano. Llevaba puesto un traje de chaqueta pero el pantalón le quedaba largo. Se quejó al ver como Nagase se reía de él. Cristina bajó las manos y las escondió en los bolsillos. Intentaba respirar y estar de pie al mismo tiempo, no se sentía con la cordura o coordinación suficiente para una tarea como esa.  No podía ser verdad que en persona fuese más guapo incluso, era una locura. Estaba de todo menos peinado, con esos mechones de pelo negro cada uno hacia el lado que se le antojaba. Tenía unas ganas de reírse que se moría pero no quería parecer rara.

– Voy a tener que cogerte el dobladillo del pantalón, Ikuta-san – dijo Tifa riéndose. Ella sí que le iba a tener que coger otra cosa, cualquier cosa, el caso era cogerle algo.

– Sí por favor, me gusta el traje pero la chaqueta también me queda un poco grande – dijo señalándose la línea de los hombros, más baja de lo normal.

– Siempre puedes ponerte un chaleco, o dos – Tifa miró a Cristina y susurró – vesto on vesto – no podía aguantar más las ganas de reírse, iba a explotar.

– ¡Pues quedaría bien! – dijo el chico con una sonrisa inocente. No lo pudo evitar más, dio una carcajada, estaba más que pletórica.

– Ikuta-san, esta es Kurishtina, amiga de Piri-chan – Nagase les presentó de aquella manera pero no se iba a quejar. Que le llamase como quisiese, pero que le llamase. Toma se acercó a ella y le dio la mano. Su mano. Tocándola. Iba a explotar.

– ¿Tú también tienes una moto? – le preguntó Tifa a Toma – Nau-kun nos ha dicho que nos vamos por ahí.

– Ahmm – Nagase parecía incómodo – me lo iba a llevar yo a él, no había pensado que quisierais venir – y ahora Tifa parecía contrariada. Mientras la pareja se miraba en silencio, Toma la miró directamente a los ojos, bajando las comisuras de los labios en una mueca breve que mostraba lo incómodo de la situación.

– Vale, bueno – dijo su amiga desilusionada. Nagase chasqueó la lengua y le cogió la mano.

– No pongas esa cara, ¿No te importa ir tú en coche y nos vemos allí?

– Allí donde – preguntó Tifa haciéndose la dura, la muy idiota. No le iba a durar, Nagase le estaba sonriendo de medio lado. Y Toma los miraba con una sonrisita. Lo tenía delante y no terminaba de asimilarlo. Era raro verle en persona. Era raro verle sin tres kilos de maquillaje y más guapo que nunca a decir verdad.

– En el karaoke, me parece que Nau y Akihiko querían ir.

– ¡Karaoke! – A Toma le brillaron los ojitos de la ilusión, a ella se le cayeron las bragas al verle sonreír ampliamente – me cambio corriendo y nos vamos.

– ¿Te quedas el traje o no? – Los brazos de Nagase rodeaban la cintura de su amiga que, como ella ya sabía, realmente no estaba molesta porque no podía estarlo.

– Sí, sí, sí. No te preocupes Piri-san, ya lo mando a arreglar – dijo desde el baño.

– No se fía de mi – Nagase negó con la cabeza sonriendo, a lo que ella le dio un pellizco en la nariz – pues vamos tirando para allá que tengo que encontrar aparcamiento y vosotros con las motos llegáis enseguida.

– Ok – Nagase miró a Cristina y le subió los pulgares con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¡Shhhh! – dijo ella como si Toma pudiese escuchar el gesto. O los latidos de su corazón que estaban descontrolados.

– Ahora nos vemos – se despidió Tifa riéndose. Nada más salir de la casa y acercarse al coche se agarró del brazo de la conductora.

– ¡¡Era Toma!! – Dijo soltándolo todo por fin – ¡¡Me ha dado la mano!! ¡Y me ha puesto caras! ¡Que idiota es! ¡QUE GUAPO ES!

– ¡Y le vas a ver ahora y lo mismo toda la noche! – Tifa gritaba igual que ella.

– ¡¡ME CAGO EN LA PUTA!! – Le dio con los puños al techo del coche mientras daba saltitos y se le saltaban las lágrimas – Me muero… Tifa, me da algo.

– ¡Verás tú cómo no! – Le contestó sentándose en el vehículo – No te puedes morir ahora que le has conocido, la noche es joven y el alcohol te hace soltarte.

– Me va a hacer falta porque cada vez que estoy con un tío que me gusta me vuelvo patata y no sé ligar. Y quiero hablar y preguntarle de todo pero es que es difícil.

– No te preocupes que ya se encarga Nagase de que toooodo fluya.

– Bueno, bueno, este va a flipar conmigo, ¡Vaya que si va a flipar!

– Le vas a dejar tan seco que se va a quedar en estado vegetal y sin expresión, como en Nou Otoko – dieron una carcajada.

– No me recuerdes esa película ahora que me lo voy a estar imaginando todo el rato sin camiseta.

– Uy, y lo verás… a ver si conseguimos que sea esta noche. Esos pectorales… hummm…

– ¡PFFFFFFFFFFFFFFFF! – resopló.

                Durante todo el camino estuvo poniéndola histérica con comentarios sobre Toma. Incluso buscó las fotos de la revista an-an. A causa de tantas imágenes subidas de tono, sabía que cuando le viese le iba a costar mirarle sin intenciones sucias detrás. El bar no era muy grande, con algunas mesas de madera, la barra y la pantalla para seguir el karaoke. Se sentaron en la mesa del fondo después de que Tifa saludara al barman y le dijese que esperaban a los demás. Y llevaban casi un cuarto de hora a solas cuando Tifa se cansó y buscó una canción en el karaoke sin esperar a sus acompañantes. Le dio un micrófono y ambas empezaron a cantar Seisyun con las mismas ganas que le pondrían de estar en la intimidad del salón de casa. No habían terminado el segundo estribillo que escuchó ruiditos de asombro a su espalda. Al volverse, Toma se quitaba la chaqueta mirándolas con una sonrisa.

– ¡¡Sugoii!! – Les dijo – ¡Entonan más que tú Nagase!

– ¿De qué vas, inútil? – Nagase le dio un empujón con media sonrisa y se sentó junto a Tifa – iba  a pedirte perdón por hacerte esperar pero te veo bien entretenida.

– ¡Pues claro! – su novio fue a decirle algo pero ella le calló porque empezaba de nuevo la canción. A ella le estaba costando entonar al ver que Toma se sentaba a su lado. Cuando acabaron de cantar, sintió su mano junto a la suya y al mirarle le sonrió a su sonrisa.

– Ahora tú – Tifa le dio un golpecito al invitado que hizo aspavientos con las manos.

– Espera que beba algo, me da vergüenza.

– ¡Dame que ya canto yo! – Hitomi acababa de llegar, reclamando los micrófonos. Tifa saludó efusivamente a un tipo con aspecto bonachón y repleto de tatuajes que se acercó a ella.

– ¿Cómo han quedado esas flores? – le dijo señalándole.

– ¡Estupendas! – Se remangó y le enseñó los tatuajes de los hombros – mi amiga Cristina también tiene uno – la saludó con un movimiento de cabeza.

– ¿En serio? – Toma se volvió hacia ella – ¡Déjame verlo!

– Es muy pequeño – le acercó su muñeca y él se la cogió, leyendo en voz baja “Born to run

– ¿Dolió mucho? – Los dedos de Toma pasaban suavemente sobre la tinta, haciéndole cosquillas. Se imaginó esos dedos en otra parte. Tenía que parar de imaginar esas cosas o iba a ser imposible comunicarse con él.

– No – al escuchar ese murmullo por respuesta, el chico alzó la vista hasta sus ojos. Un pellizco se le cogió en el estómago cuando le sonrió solo a ella.

– Me gusta tu estilo – le dijo él – no suelo ver a ninguna vestida como te vistes tú. Seguro que te gusta ir a conciertos.

– Me encanta – respondió ella, gritando interiormente después de haber recibido un cumplido del hombre por el que perdía el culo, la cabeza y la cordura.

– ¿Cerveza? – preguntó Nau, todos asintieron menos Tifa, que negó con los dedos mientras empezaba a cantar con Hitomi.

– ¿Habéis esperado mucho? – le preguntó Toma sobre los gritos de las chicas, porque eso no era cantar. Estaban muertas de risa.

– Un poco, pero no pasa nada. Hemos estado entretenidas – entretenidas mirándole a él sin ropa en poses que decían “comeme entero y no dejes ni la etiqueta de los calzoncillos”.

– ¿Desde cuándo llevas aquí? – se le veía interesado, no podía dejar de sonreírle.

– Desde el martes, ayer,  y me voy el domingo por la tarde.

– Que poco tiempo ¿No? – Asintió, lamentando no quedarse para siempre cerquita de él. No tenía ni idea de a qué olía, pero olía muy bien – bueno, ya vendrás otra vez. ¿Vienes a la boda?

– Por lo visto sí, pero no sé todavía de quién es porque no me lo quiere decir – señaló a Tifa, que los miraba charlar con una sonrisita evidente.

– ¡Dejad de berrear! – Se quejó Nau mirando a las cantantes mientras les daba las cervezas – a este paso voy a salir de aquí con dolor de cabeza.

– ¡Buuuuhhh! ¡Aburrido! – las dos empezaron a abuchearle. Cogió la cerveza que le ofrecía Toma con una sonrisa. Estaba yendo todo mucho mejor de lo que esperaba.

                Nagase fue el siguiente en cantar, desafinando y obligando a Toma a que le hiciese los coros. Se le veía a ratos con vergüenza, a ratos apasionado. Era tonto de remate, y se le caía la baba con él. Más que mantener conversaciones con los demás, se quedaba mirándole en silencio, observando sus gestos y grabándolos en su memoria. De vez en cuando la miraba preguntándole su opinión sobre cualquier tema y ella le respondía como podía. Le gustaría ser más espontánea, más ella misma, pero era difícil estando tan nerviosa y en un idioma que no era el suyo. Cuando llevaban unas pocas cervezas entre pecho y espalda, Toma se animó a cantar una él solo. Cuando se puso en pie y empezó a sonar “My Sharona”, Tifa y ella empezaron a reírse. Su amiga le gritaba “¡Quítate la ropa!” y mientras él cantaba y meneaba las caderas de adelante a atrás con el ritmo de la música se empezó a quitar los botones de la camisa. Sentía los golpetazos de Tifa en el brazo, poniéndola más nerviosa si cabía. Se quedó con el pecho descubierto y al final de la canción, mientras cantaba “uuuuhhhoohh my sharona” bailó señalándolas. No paraba de reírse y de comérselo con los ojos, se sentía mareada y acalorada cuando se sentó a su lado con la camisa abierta y un brazo por detrás de sus hombros apoyado en el respaldo de la silla.

– Creo que me estoy meando – dijo riéndose – estoy más mareado que otra cosa.

– Hahbebido demasssiao – le dijo Nau, buscando una canción más borracho incluso que ellos.

– Vale, voy a mear. Si me caigo por el camino que me recoja Cristina – anduvo de espaldas, guiñándole el ojo y tropezándose con una banqueta. Cuando recuperó el equilibrio le pidió disculpas a los de la mesa de al lado.

– ¡Que gilipollas es, que me gusta por favor! – Tifa la miraba riéndose con un “heee, heee, heee”

– Quiere que te llamemos a ti, ‘pa’ que le rescates. Te ha echado el ojo.

– Yo lo que le echaba es un polvazo cuando él quiera – se terminó de beber la cerveza que tenía delante – a ver si se puede quedar en tu casa ¿No? Si cuela, cuela.

– Ya lo había pensado, ¿Qué te crees? Y Tomoya también.

– Oye, no quiero alarmarte – le dijo Toma volviendo del baño demasiado pronto – pero Nagase está tirado delante de los servicios.

                Tifa se levantó y salio corriendo hacia los baños seguida de cerca por ella. Cuando llegaron, encontraron a Nagase en el suelo con una mano en el pecho. Su amiga se arrodilló a su lado y le cogió la mano.

– ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?

– Yossstaba de pie – dijo Nagase desde el suelo – ahora no – empezó a reírse de manera estúpida, borracho como su amigo.

– Que mal aguantas el alcohol – le dijo ella riéndose aliviada – a ver siéntate, que yo te vea – le hizo caso mientras ella le ayudaba poniéndole una mano en la espalda – ¿Te duele algo?

– Menosssmal que ha sido dentro, llegaser en la calle, t’hacen fotos y t’buscas unproblema – le dijo Nau.

– Estoy bieeennnnn, m’an parado laslosas – Se le pegó la risa de los imbéciles que tenía delante y sobre todo del que tenía al lado.

– Te voy a matar – Nagase miró hacia su novia que le acariciaba el pelo comprobando si tenía algún golpetazo. Le sonrió y le dio un beso breve en los labios – bueno, venga, vamos a levantarte.

– Shh, shh shh… kebonitaeres – la agarró por la nuca y le metió la lengua en la boca. Tifa le pegó en los brazos pero Nagase se la tumbó encima, agarrándola del muslo con la otra mano.

– Woo… – miró a su lado y vio a Toma mirándolos con los ojos como platos. Hitomi se llevó una mano a la boca y los demás también parecían curiosos e incómodos, menos Nau, que aplaudía y animaba – que… – carraspeó sin dejar de mirar como le metía la mano bajo la falda – que apasionados ¿No?

– Si yo te contara – se moría de ganas de contestarle “A ver si se te pega…

– ¡Córtate un poquito! ¡Hay gente por todas partes, idiota! – Tifa se dio prisa en ponerse de pie. Nagase se volvió a tumbar – cuando te cuente esto mañana te vas a morir de la vergüenza.

– Que fressshquito estálsuelono? – en ese momento, Akihiro se le tumbó al lado, igual de borracho que él y cantando una canción tradicional japonesa que hizo a Nagase dar carcajadas.

                No duraron mucho más en el bar. Antes de irse, un motero borracho y de malas pintas se acercó a ellos y le soltó a Nagase si “esas dos gaijin sabían cantar o si solo eran unas zorras”. Él se intentó levantar para encararse con ese tipo pero las chicas, bebida en mano, se levantaron a cantar “Love you only a grito pelado. Terminaron casi todos cantando con los coros de Toma y las carcajadas de Nagase de fondo cuando le dijo “tú como ssiempre alcoro y nuncadlante”. No pudo evitar darle a Nagase un empujón en el hombro al ver la cara de fastidio de Toma. Se sentó a hablar con él. Hablaba por los codos por culpa del alcohol y ella solo podía pensar en lo guapísimo que era y lo monas que eran sus paletas cuando sonreía. Las chicas también estaban empezando a sentir los efectos etílicos y llegaron a la conclusión de que ni podían coger el coche ni Nagase la moto. Pidieron un taxi, Nagase se sentó de copiloto y las dos junto a Toma en el asiento trasero. Iban diciendo estupideces una detrás de otra mientras Toma las observaba entre risas, y sin saber cómo acabaron cantando “Ticket to Love” de Tokio. La reacción de Nagase fue instantánea, empezó a reírse a carcajadas cuando ellas más apasionadas cantaban.

– ¿Qué está pasando? ¿Se puedes saber de dónde has sacado a estas gaijin? – Le dijo Toma a Nagase –  ¿Por qué cantáis con tantas ganas una mierda de canción así? – dijo volviéndose a las chicas.

– Por estas cositas es por la que te digo que te tienes que liar con la pelocorto, idiota – le dijo Tifa. Ella se rió a carcajadas mirando a su amiga porque al otro lado tenía a Toma, que la miraba avergonzado.

– ¡VUENGA YA SHILLEVAS TODALANOCHIE TURÁNDOLE LOTRASTOS! – Le gritó Nagase desde el asiento delantero, haciendo que el conductor diese un respingo y ella un grito – stanochie tekedas en MÍ casa – sentenció.

– Vale, no tengo ganas de irme a la mía – Tifa le empezó a dar codazos compulsivamente a Cristina.

– Ya, ya, ya, YA, YA JODER – después de darle un empujón a Tifa que la aplastó contra la ventanilla, dejó caer la mano junto a su pierna. Sobre la pierna de Toma.

                Al principio no hizo nada, no quería moverla bruscamente para que no se pensase que estaba loca. Y justo cuando la iba a apartar, sin mirar por supuesto – porque si miraba se iba a poner a pensar cosas poco aconsejables teniéndole tan cerca – sintió sus dedos rozando los suyos. Él tampoco la miraba, tarareaba “Ticket to Love” mientras miraba por la ventana. Dejó la mano donde estaba, poniéndose histérica cada vez que el muy imbécil movía el dedo. Llegaron a la casa cuando le pasó la mano sobre los hombros casualmente, como si lo hiciese todos los días. No le dio tiempo a arrimarse mucho porque empezaron a bajarse del coche, pero Toma le dio un pequeño achuchón. Tifa iba tirando de su novio, que se tambaleaba con las llaves en la mano. Se las quitó y abrió ella, quejándose cuando Nagase se le tiró encima, abrazándola por los hombros y dándole un beso en la mejilla.

– ¿Tú sabes lo que pesas? – Protestó ella – venga, cuanto antes subamos, antes te vas a la cama.

– Hmmmm, la cama – dijo al oído de Tifa pero tan fuerte que lo oyeron todos.

– Es tonto este hombre – dijo Toma con la risa floja por el alcohol.

– Mira quién fue a hablar – le dijo ella. Se quedaron mirándose mientras el ascensor subía con idénticas sonrisas en la cara escuchando la risita tonta de Tifa y los susurros de Nagase. Le sentía todo el tiempo muy cerca pero no terminaban de tocarse. Tenía claro que cuando lo hiciesen, iban a saltar hasta chispas.

– ¿Os vais a acostar directamente o vais a tomaros algo para bajar un poco esa borrachera? – preguntó Tifa al entrar. Nagase se fue directo a su habitación.

– Yo prefiero acostarme ya – dijo – estoy molida.

– ¿Dónde vas a dormir? – le preguntó Tifa a Toma.

– ¡¡CON KURISHTINAAAAAAAAAA!! – Gritó Nagase desde la habitación, haciéndoles reír.

– No sé – Toma la miró, ella sentía ganas de tirarle de la mano hasta la cama pero al mismo tiempo no se atrevía.

– Es una cama grande, os apañáis que no tengo ganas de sacar las mantas para el sofá – dijo Tifa caminando hacia su habitación – nos vemos mañana. Ah, Cristina – la miró y le dijo en Español – no gimas muy fuerte que la habitación está al ‘laito’ de la mía y con la borrachera que lleva el niño me voy a quedar con las ganas de movimiento esta noche.

– Vete a tomar por culo – la escuchó reírse y gritarle a Nagase antes de cerrar la puerta “¡No te metas en la cama con eso que has estado en el suelo hombre…!

                No quería mirar a Toma porque si le miraba se iba a empezar a reír como una histérica y quizás quedaba un poco raro. Estaba tan nerviosa que las manos le empezaron a temblar otra vez y la borrachera se le fue de sopetón. Cogió el pijama de su maleta y se excusó un momento mientras se iba al baño a cambiarse. Y a lavarse los dientes a conciencia. Quería pensar que iba a pasar algo. Después de todo lo que habían tonteado esa noche tenía que pasar algo. Pero por lo visto se llevó demasiado tiempo en el servicio mentalizándose y echando los nervios a solas porque cuando llegó a la habitación Toma estaba metido en la cama, tumbado boca arriba y con la boca abierta. Sin hacer mucho ruido se acostó a su lado y le tapó, muy, muy tentada de pasar los dedos por ese pecho desnudo que tenía tan cerca. Aprovechó y le miró con detenimiento. Durmiendo, tan tranquilo, estaba brutalmente guapo. Se estaba poniendo tan cachonda que le costaba respirar y eso que solo le estaba mirando. No iban a saltar chispas, eso iba a ser un incendio que ni el puto Vesubio cuando pegó el reventón. Se rió tapándose la boca con las manos, todo era tan surrealista que le daba la impresión de que le pasaba a otra persona. Se acostó sin dejar de mirarle, de mirar su perfil y esa narizota que tanto le gustaba. En realidad no se podía quejar, estaba durmiendo con él y hacía tres días estaba nerviosa solo por tener que montarse en un avión. Le costó dormirse un buen rato, pero cuando lo consiguió fue con una sonrisa en la cara.

3

                No sabía bien dónde estaba cuando se despertó. Pero en cuanto abrió los ojos lo tuvo claro, además de quitársele todo el sueño en un santiamén. Toma estaba de espaldas a ella, sentado en la cama y estirándose. Observó sus músculos de la espalda en tensión, escuchó el quejidito cuando echó el aire de los pulmones y le vio ponerse bien los calzoncillos. Se le escapó una risa suave al verle rascarse la cabeza con fuerza. Al escucharla se volvió en la cama y cuando le sonrió, con esa cara de dormido y esos pelos de loco, sintió que el corazón se le salía por la boca.

– ¿Has dormido bien? – su voz sonaba un poco ronca. Le encantó.

– Sí. A ti ni te pregunto porque fue poner la cabeza en la almohada y caer en coma.

– Lo siento, pero bueno, cuando me desperté un poco estabas con la boca abierta.

– Yo no abro la boca durmiendo – Toma asintió. A Cristina se le iban los ojos a su pecho desnudo por más que intentase mirarle solo a los ojos. Por otra parte, era un poco complicado mirarle sin sonreír como lo hacía la imbécil de su amiga con su novio.

– Sí que la abres, así – se tumbó en la cama y la imitó – y por aquí te caía la baba – se señaló la comisura de la boca.

– ¡Mentira! – Ella le empujó mientras él se reía malévolamente – no te metas conmigo, es demasiado temprano – dijo cuando en realidad estaba encantada.

– Mejor desayunamos primero ¿No?

– Sí, a ver si Tifa nos tiene algo preparado – Cristina se sentó en la cama buscando su teléfono.

– ¿Por qué le llamas Tifa? ¿No se llama Piri?

– Sí, es que es como la conocí por internet y me parece raro llamarla de otra manera. ¿Qué hora es?

– Pues me da que vamos a almorzar, son las tres y media del mediodía.

– ¡Ala! – dijo en español. Toma frunció el ceño levemente pero no se paró a explicarle –  ¿Cuántas horas hemos dormido?

– No muchas – se puso la camiseta que llevaba el día anterior mientras ella hacía la cama.

                Se dijo a si misma que esa noche iba a pegar la cara a la almohada que él había usado. Se turnaron para ir al baño y salieron al salón. Se encontraron a Tifa tirada en el sofá acariciándole distraídamente el pelo a Nagase, que apoyaba su cabeza en las piernas de esta mientras cambiaba de canal. El dueño de la casa no cabía en el sofá, se le salían los pies por el extremo. Pensó que eran unos pies enormes y no pudo evitar preguntarse si es que iba todo en proporción. Al verles entrar se sentó derecho, sonriéndoles.

– ¡Buenos días! – Dijo Tifa – ¿Habéis dormido a gusto?

– Kurisu-chan me ha babeado la almohada, por lo demás todo bien – cuando le miró fingiendo estar molesta el chico se alejó un poco de ella, riéndose y tapándose el cuerpo con un brazo.

– Espero que por lo menos hayáis dormido calentitos – dijo Nagase, riéndose de la risa nerviosa de Toma.

– Tan calentitos que se durmió nada más meterse en la cama – Toma chasqueó la lengua.

– Deja de restregármelo por la cara…

– Deja tú de restregarme lo de las babas. Que además es mentira.

– Callaos los dos y hacedme el almuerzo – dijo Tifa señalándoles la cocina.

– Iba a preparar algo yo – Le protestó Nagase.

– ¡Noooo! Déjalo, tú quédate en el sofá – Tifa le dio golpecitos en la pierna y miró a su amiga – ¿Qué hacemos de comer?

– Tú nada, quédate ahí que te voy a hacer unos tallarines que lo vais a flipar.

– Que te haga Toma de pinche – sugirió Nagase. El aludido asintió sonriente.

– Pero si este tampoco sabe cocinar – se quejó – me vas a molestar más que otra cosa, pero ven, ven, no sea que te aburras – se apresuró a decir antes de que sugiriese no acompañarla.

– Que bueno esto de que me hagan de comer para variar – escucharon a Tifa decir antes de entrar en la cocina.

– ¿Qué hago? – le preguntó Toma con los brazos en jarras. Se le ocurrieron muchas, muchísimas respuestas.

– Ve cortando verduras, si es que puedes.

– Claro que puedo, no tiene misterio ¿No? – Se rió por lo bajo. Sabía lo malo que era cocinando y no esperaba que hubiese mejorado.

                Buscaba el cuchillo por los cajones y cuando quiso abrir el que tenía ella delante no le dijo nada. Se puso a su espalda y abrió el cajón mirando por encima de su hombro. Ella giró un poco la cara, volviendo a mirar al frente un momento después reteniendo la risa nerviosa al verle más cerca de lo que se esperaba. Cuando se alejó de ella le pasó la mano despistadamente por la cintura. Un momento después le escuchaba cortar y quejarse, pero su mente estaba en otra parte. En qué habría pasado si en vez de mirar al frente con la cara como un tomate hubiese mantenido contacto visual con él. Cuando le miró de reojo vio que las había cortado en trozos enormes e irregulares.

– A ver, aparta – dijo sonriendo – déjame arreglar esto.

– Estorbo más que ayudo, ¿No?

– Un poco – le miró y le vio cruzarse de hombros – si quieres vete al salón – Le observó caminar hacia la puerta, abrir mucho los ojos, observar durante unos segundos, llevarse la mano a la boca y volver mirando al suelo.

– No puedo – susurró.

– Como que no puedes… – Se asomó y vio a Nagase tumbado sobre su amiga. Se besaban con pasión y la mano de Tifa se movía de una manera muy sugerente entre las piernas de su novio, que le clavaba los dedos en los muslos bajo su camisón levantado. Cuando escuchó un gemido (masculino) cerró la puerta – No tienen fin – fue todo lo que pudo decir, sintiendo la vergüenza y el calor subiéndole por el pecho.

                Miró a Toma, que ya tenía sus ojos castaños fijos en ella. Se rió nerviosa al ver lo serio que estaba, encerrada en la cocina con él. Hizo el amago de acercarse a ella pero paró a medio camino cuando ella se echó, por inercia, hacia atrás. No podía dejar de mirarle los labios. Y él hacía lo propio con los de ella. El corazón se le había vuelto loco en el pecho y sus latidos eran lo único que podía escuchar. Toma se volvió a acercar y no parecía saber muy bien qué hacer. Le fue a poner las manos en la cintura pero se arrepintió y se las puso en los hombros riéndose nervioso. “No se puede ser más tonto”, susurró en español entre risitas. Toma inclinó la cabeza y tras dudar unos segundos le dio un beso muy breve en los labios a la chica. Se rió y volvió a darle otro. Ella también se reía, y subió sus manos hasta agarrar su camiseta. Sus labios, cálidos y suaves, le provocaban cosquillas en una zona de su cuerpo mucho más al sur. Cuando giró la cabeza hacia el lado contrario, sus narices chocaron, y fue esa tontería la que hizo que terminase de volverse loca. En ese momento fue consciente realmente de lo que estaba pasando, y al salir de ese estado de shock en el que llevaba sin darse cuenta desde el día anterior, le agarró del pelo rizado y alborotado, pegándole a ella. Sentía su respiración en la mejilla. Toma se apretó a su cuerpo con ambas manos en su espalda. La empujó contra la mesa con la que chocaron sus muslos, pero no dejaron de besarse.  Abrió un poco más los labios. Sus lenguas se rozaron. Desde el salón les llegó la voz de Tifa, gritando molesta “¡Otra vez! ¿No sabes avisar o qué te pasa? ¡¡De verdad, siempre igual!!”. Sonrieron uno en la boca del otro, y al escuchar pasos que se aproximaban a donde ellos estaban, se separaron agitados. Sin embargo, los pasos siguieron su camino, hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Se miraron un poco avergonzados, deseando seguir con lo que estaban haciendo. Se empezaron a acercar de nuevo.

– ¡Que sed tengo! – un sonriente Nagase irrumpió en la cocina, abriendo el frigorífico sin mirarles y cogiendo una cerveza – ¿Queréis?

– Sí, por favor – Decidió que tenía que hacer algo con ese temblor de manos, y qué mejor que sostener una lata de cerveza fresquita.

– ¡Piri-chaaaan! ¿Quieres una coca-cola de vainilla? – no le contestó. La miró asintiendo – sí que la quiere.

– ¿Está enfadada? – Ella sí se sentía un poco molesta. Que oportuno era el muchacho. Toma estaba mudo, cortando (o destrozando) verduras de espaldas a ellos.

– Sí, culpa mía de todas maneras – Tifa entró en la cocina con ropa diferente a la que tenía puesta, cogiendo la coca cola de las manos de Nagase.

– Deja de dar por saco y vente conmigo al salón.

– No te enfades – dijo él con una sonrisita. Entonces Tifa se percató de la mirada asesina que le dedicaba su amiga.

– ¿Qué te pasa?

– Me pasa que no pasa más de lo que estaba pasando por culpa del gilipollas de tu novio – le dijo en español.

– ¿Me lo llevo?

– Ya da igual – le quitó a Toma el cuchillo y siguió ella, fastidiada.

– Que rabia me da que habléis en español – dijo Nagase.

– A mi me dan rabia otras cosas, mira tú por donde… Largaos los dos al salón, ya me quedo con Cristina – Su novio se levantó sin rechistar y Toma, aún mudo, le siguió – ¿Qué ha pasado? – Le susurró a su amiga – con lo que hablaba ayer y ahora no abre la boca.

– Se ha puesto cachondo de veros en el sofá y se me ha tirado encima. Y habría pasado más si tú no te hubieras puesto a gritar y si ese gilipollas no hubiese entrado muerto de sed porque le has dejado seco.

– ¿Besos y tocamientos? ¿En serio? – Tifa dio saltitos nerviosos, haciéndola sonreír – Bueno, no te enfades conmigo, por lo menos te has enrollado con Toma ¿No?

– No estoy enfadada, estoy histérica, joder. Me voy a cortar, a quemar o a explotar – Tifa le dio un empujoncito en la espalda.

– Andaaaa – dijo riéndose tontamente sin parar de empujarla – Anda Criiiis… ¿Quién te da besitos? ¿En? ¿QuieeeEEeen?

– ¡Cállate ya, anormal! – se empezaron a reír juntas de esa guasa, e intentando averiguar si Toma era más sexy que imbécil, terminaron de hacer de comer. Al llevar los platos al salón, Nagase estaba dormido con la boca abierta en el sofá y Toma a punto de caer.

– ¡A comer, señoritos! – les llamó Tifa.

– Venga – Toma zarandeó a Nagase, que le miró sin saber donde estaba, limpiándose la comisura de la boca – está visto que me babean todos – dijo riéndose. Se levantaron y se sentaron a la mesa, Nagase junto a Tifa y Toma junto a ella. Se miraron brevemente y sonrieron. Se le encajó la sonrisa en la cara y por más que lo intentaba no podía cambiar la expresión.

– ¿Esto lo habéis hecho las dos? – Dijo Nagase – ¡¡Umai!!

– Cristina sobre todo – dijo su novia.

– Te ha salido mejor que a muchas de aquí, menos mal que me no te lo he estropeado – le dijo Toma.

– Gracias, ¡Que buenas críticas, así da gusto! ¿Y tú qué? – le preguntó a Tifa.

– Yo qué de qué – dijo esta con la boca llena – asqueroso, no te lo comas, dame – dijo intentando quitarle el plato para comérselo ella. Comieron más que hablaron y al acabar se quedaron un poco atontados y llenos – esto se merece un buen postre. Tomo-chan, ve a comprar pasteles ¿No?

– ¿En serio? ¿Me vas a hacer salir?

– Lleva a Cris a la pastelería, va a flipar con lo grande que es.

– ¿En la que nos conocimos? – Le preguntó Toma, Tifa asintió – te va a encantar – le dijo a Cristina. No sabía los pasteles, pero a él se lo comía de postre – No vas a saber qué escoger – Nagase se levantó, suspirando.

– Si vamos a ir, vamos ya antes de que repose más la comida o no me voy a querer mover. Aunque deberías ser tú la que viniese, eres la que tiene el antojo.

– Yo voy recogiendo esto y le cojo el dobladillo en el pantalón a Ikuta-san, venga, cuanto antes te vayas antes vuelves.

                Aunque chasqueó la lengua con cara de fastidio, le hizo un gesto con la mano para que le acompañase. Se sentía un poco rara estando sola con él, pero como tampoco le desagradaba la idea, no se quejó. Al verle resoplar por tercera vez en el camino del ascensor desde el piso al garaje se dio cuenta de lo exagerado que era.

– No puede estar tan lejos la pastelería, ¿No? Además, te encantan los pasteles.

– No me importa ir a comprarlos, es otra cosa.

– ¿Tiene que ver conmigo? – la miró frunciendo el ceño y a la chica sin querer se le escapó una sonrisa que escondió corriendo. Por muy novio de su amiga que fuese estaba muy bueno.

– Claro que no, tú me caes bien.

                Pasaron a través de un montón de motos diferentes y algunos coches raros. Al principio pensó que era el garaje de todo el edificio pero al verle acercarse a una de las motos para quitarle una manchita se dio cuenta de que no, que todo era de Nagase. Sin embargo se montaron en uno de los coches más normales que había, que estaba junto al coche de Tifa. Cuando después de salir de allí volvió a suspirar, la pilló mirándole con curiosidad.

– No me gusta que Toma esté en mi casa solo con Piri-chan – murmuró entre dientes.

– ¿En serio? No va a pasar nada, no seas mal pensado.

– Lo que sea, tú date prisa en elegir. Y cuando lleguemos a casa te quiero bien cerca de él. Cuanto más lejos de ella mejor.

– No me va a costar hacerte caso, no te preocupes. Si hace falta me voy con él esta noche, hago el sacrificio – sonrió un poco.

– Probablemente se quede en la mía otra vez. Tiene el traje que se va a poner en casa y todo lo que necesita.

– De todas maneras no te preocupes más por que Tifa vaya a engañarte, está loca por ti.

– Toma le cae muy  bien y le gusta mucho, lo sé.

– Toma nos gusta a todas – dijo ella con una sonrisa a la que se estaba acostumbrando – es imposible que no te guste con lo tonto que es.

– Eso no tiene sentido – ella le miró pensando que más tonto que él no había nadie y las tenía a puñados, pero prefirió no decir nada. Por no ofender – ¿Esta noche va a caer?

– ¿Qué clase de pregunta es esa? – se rio.

– Lo digo porque si no cae puedo llamar a Subaru-kun ¿Eehh? – alzó las cejas repetidas veces, haciéndola reír – O que caigan los dos y haces un homerun – con la voz que le puso al hacerle ese último comentario tuvo que dar una carcajada.

                Cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba la pastelería vio el hecho de coger el coche algo innecesario. Y cuando vio la cantidad de pasteles que ofrecían se empachó antes si quiera de probarlos. Las dependientas saludaron a Nagase entre risitas que él ignoró por completo. Empezó a pedir pasteles como si no hubiese almorzado y pretendiese además cenar.

– ¿No es demasiado? – le preguntó.

– No, a Piri le encantan y a Toma-kun no sé qué le gusta – sonrió ampliamente – además lo que sobre me lo como yo. Pide lo que quieras, no te cortes.

– Ahm… no me gustan los pasteles – la miró como si hubiese dicho la barbaridad más grande – con ese bizcocho me conformo.

– Como quieras, tú te lo pierdes. Más para mí – dijo frotándose las manos.

                A pesar de que los envolvieron con cuidado le pidió por el camino que abriese la caja y le diese uno. Al verle comérselo de un bocado e intentar reírse suavemente de manera tonta con la boca llena, le dio la risa. Y al reírse ella se rió él. Y tuvo que parar el coche porque casi se atraganta. Era como un niño pequeño, su amiga tenía razón cuando se lo decía. Subió de un humor mucho mejor del que bajó llevando los pasteles y una sonrisa y comentando las ganas que tenía de tumbarse en el sofá con una manta y una peli. Le pareció el plan perfecto. Acurrucarse a Toma, medio quedarse dormida, meterle mano discretamente o que él se la metiese a ella… la mano, o lo que fuese. Se rió nerviosamente en el ascensor solo de pensarlo. Al entrar en la casa lo primero que escucharon fue la risa de Tifa, pero no venía del salón, venía de la cocina. Fueron hacia allí y se encontraron que estaba con la espalda apoyada en el frigorífico, sonriéndole a un tipo altísimo de espaldas a ellos. Obviamente no era Toma porque le sacaba dos hombros y tenía el pelo largo, negro y liso. Apoyaba una mano en la encimera, y bajo su opinión, estaba peligrosamente cerca de su amiga, que no se mostraba muy abierta a él con los brazos cruzados y mirando continuamente al lado contrario. Nagase se paró en seco.

– ¿Enoshi-kun? – el aludido se dio la vuelta sobresaltado. Estaba super bueno y tenía una cara de golfo que activó todas sus hormonas en cuestión de segundos.

– ¡Ey! ¿Cuándo has llegado? No te he escuchado – se dieron la mano. A Nagase se le había plantado una arruga entre las cejas.

– ¿Qué haces aquí?

– Venía a recogerte para ir al bar pero veo que tienes buena compañía por todos lados – cuando le sonrió no pudo evitar el mismo gesto. Vio que Tifa alzaba las cejas y movía los labios diciendo “putos hombres cabra”. Cuando empezó a reírse Nagase la miró extrañado.

– Sí, no creo que salga. Has venido para nada. Ya nos vemos otro día – le dio los pasteles y poniéndole la mano en el hombro a ese tío le acompaño a la salida.

– ¡Adios Piri-chan! – dijo inclinándose. Su amiga le despidió con la mano brevemente.

– ¿Los amigos de tu novio están todos así de buenos? ¿Por qué ayer este muchacho no estaba?

– Un puñado de ellos sí están así de masticables, y van a matarme cualquier día. Vete al salón con los pasteles que Tomoya se ha enfadado. Ahora vamos cuando tranquilice sus neuras celosas. Además, Toma está solito y creo que dormido.

                Cuando se cruzó con Nagase por el pasillo y vio la cara que llevaba se apresuró a entrar en el salón, cerrando la puerta tras ella. Toma estaba tirado de cualquier manera en el sofá, mirando la televisión con apatía. Al verla acercarse le sonrió, echándose a un lado para dejarle hueco. En cuanto dejó los pasteles en la mesita que tenía delante abrió el paquete, cogiendo uno sin preguntar.

– Que exagerado es…

– Y celoso, yo no sé si aguantaría tanta tontería – Toma la miró sin entenderla por lo que le tuvo que explicar la situación.

– No comprendo como se puede poner celoso de mí. Menuda pamplina. Del amigo vale porque si es como él tiene sentido.

– Oye, no es tanta locura que tú le puedas gustar a Tifa ¿Eh? – la miró pasándose la lengua por la comisura de la boca.

                No pensó. Se dejó llevar por el impulso que le provocó ver su lengua y le besó. Toma dejó caer el pastel en la mesa de cualquier manera y volvió a abrazarla por la espalda. La tumbó en el sofá, besándola con ganas. Eran besos dulces y no por las maneras, sino más bien por el sabor de su lengua. Su lengua sobre la suya, rodeándola, bajo la suya. El carnoso choque de sus labios, sus manos bajando a su trasero. Ella le pasó las manos por su pecho, encontrándolo más duro de lo que imaginaba. Toma metió las manos bajo su camiseta, intentando quitarle el sujetador pero liándose con sus propios dedos. Se rió de él, lo que entorpeció más su trabajo. Toma desistió, levantando el sujetador en lugar de quitarlo para tocarle los pechos. Rozó sus caderas con las de ella, jadeando en su boca. Su intensa mirada se clavaba en la suya, quería desnudarle y estar desnuda ante él. Escuchó pasos por el pasillo y a la escandalosa de su amiga riéndose con su novio. Habían hecho las paces demasiado pronto, se podían ir a follar o algo. Toma la besó despacio y sacó las manos de donde las tenía, poniéndola derecha en el sofá, sonriendo en sus labios.

– Que coñazo que vivan en su casa ¿Eh? – no pudo evitar reírse como una estúpida sintiendo su mano en la cintura, bajo la camiseta. Suspiró y cogió de nuevo el pastel medio aplastado.

– Has pringado la mesa – el chico asintió con una sonrisa.

– Y tú has pringado las bragas – al decirlo con la boca llena le quitó un poco del erotismo que pretendía. Se llevó una mano a los ojos, preguntándose una vez más hasta dónde podría llegar su estupidez.

– Hey, ¿Peli y mantita? – un sonriente Nagase le levantó las piernas a Toma para abrir el sofá convirtiéndolo en cama al tirar de una manilla.

– Planazo – dijo Tifa tirándose junto a ella, que la miró sintiéndose excesivamente nerviosa y cachonda. Nagase abrió un cajón de la mesita de café que tenían delante y sacó dos mantas finas con las que se taparon – ¿Puedo elegir la película?

– Haz lo que quieras – suspiró ella.

                Se levantó y entre risitas malvadas cogió una película que no les dejó ver de la estantería. La puso en el dvd y se tumbó sobre el pecho de Nagase, dándole la espalda a la otra pareja. Cuando le dio al play, quiso irse de allí, era una película de miedo.

– Es suaaave, no da mucho miedo. Lo prometo.

– No me fio de ti un pelo. No voy a dormir.

– Vas a dormir acompañada, ¿Qué más te da? – dijo Nagase mirando hacia atrás con una sonrisa.

– No te hagas el valiente que eres el primero que te cagas vivo – se rio Tifa.

– Si nos asustamos mucho nos tapamos los ojos el uno al otro – propuso Toma, que tampoco se veía muy seguro – pero acércate, tengo que abrazar algo cuando veo una de estas.

– Me voy a llevar más tiempo sin mirar – Se acomodó entre el brazo y el pecho de Toma, que rodeaba sus hombros.

                Como supo, por mucho que le dijese su amiga que era una película suave se llevó más de la mitad del tiempo sin mirar la pantalla. Toma y Nagase daban saltitos mientras se quejaban de manera histérica y Tifa se dedicaba a reírse de ellos. Se concentró en el pecho del que tenía al lado, un pecho que olía tremendamente bien. Dejó caer la mano en él, cerrando los ojos y sonriendo para sí misma. En un momento dado, Nagase empezó a reírse tontamente diciendo “ninja” y cuando Tifa le miró aparentemente asustada, este le tapó la cabeza con la manta.

– ¡PERO QUE PESTAZO! ¡DEJAME SALIR! – Nagase se reía a carcajadas a causa de su pedo silencioso y Toma se tapó la nariz con su manta.

– Espero que no nos llegue – dijo riéndose.

                Con los empujones de Tifa por salir de debajo de la mantita, casi se caen Toma y ella del sofá. Una vez tranquilizada la cosa y después de que a Nagase se le pasara el ataque de risa, Tifa rebobinó la película y todos volvieron a tumbarse. Sin embargo, su mano no se posaba en el mismo sitio. Mientras que la derecha estaba bajo su cuerpo, la izquierda estaba sobre Toma, pero ya no estaba en su pecho. La tenía en su pierna, bien arriba de su pierna y peligrosamente cerca de algo que se moría por tocar. Solo el pensar que con mover sus dedos habría una gran diferencia hizo que sus latidos se desquiciaran. A pesar de tener la manta por encima no podía evitar mirar en la dirección que iba su mano. Porque la estaba moviendo, despacio, un poco hacia arriba. Toma suspiró y puso su mano sobre la de ella. Se quedó paralizada, pensando que se había pasado. Pero no pudo estar más equivocada. Hizo que su mano pasase sin pudor sobre su bragueta y cuanto más se movía, más bulto creaba. Miró hacia arriba, hacia el perfil de Toma, y le vio mordiéndose el labio. Quería mordérselo. Quería subirse a horcajadas sobre él y hacerle de todo, con o sin su amiga presente. Se estaba volviendo loca por tocarle, sentirle más y la película no acababa. Era demasiado temprano pero se quería ir a la cama. Toma la miró de una manera tan sucia que no solo algo saltó en el estómago de la chica, sino que sin siquiera tocarla sintió un cosquilleo entre las piernas. A pesar de las ganas horrorosas que tenía de besarle, volvió a mirar la película. Pero no movió la mano de donde la tenía. Ni loca. Obviamente Toma tampoco quería que parase pero lo que ella no se esperaba es que se abriese la bragueta. Ahora era ella la que se mordía el labio.

                No era lo mismo tocársela sobre los vaqueros que tocársela sobre la tela de los calzoncillos. Estaba durísima. El calor de su erección traspasaba la tela y calentaba sus dedos… y a ella en general. Toma respiraba profundamente, apretaba su brazo con fuerza tragando saliva. Le miró y le vio cerrar los ojos con fuerza, abriendo los labios ligeramente para después apretar los dientes. Se volvió hacia ella y sin apenas abrir los ojos besó sus labios, acercándola a él con la mano en su espalda. Su lengua no la dejaba respirar, la mano de la chica no paraba de moverse y él levantaba levemente las caderas, jadeando en su boca. Nunca, jamás, había estado tan cachonda. Toma besó su mejilla, su mandíbula, su cuello. Ella abrió los ojos justo cuando Nagase miraba sobre su hombro. Intentó esconder la sonrisa al ver a Toma sobre ella pero cuando vio su mano moverse bajo la manta (no le dio tiempo a parar porque el muchacho casi se estaba tumbando sobre ella pidiendo más) abrió la boca sorprendido. Se moría de la vergüenza y del calentón, Nagase no paraba de reírse intentando no hacer ruido. Tifa le preguntó que pasaba y él negaba con la cabeza, mandándola a callar pero riéndose cada vez más. Y Toma no paraba de jadear a pesar de que ella ya no le estaba tocando.

– Toma… – le susurró ella – que se han dado cuenta.

– ¿Y qué? Sigue, me estás matando – dijo más fuerte de lo que debería, el muy imbécil. Nagase dio una carcajada tapándose la cara con las manos.

– Pero ¿Qué pasa? – dijo Tifa volviéndose. Toma se puso derecho disimulando y ella intentó no ponerse demasiado colorada ni mandarlo a la mierda por llamar tanto la atención.

– Ahora vengo – Toma se levantó y se metió en el cuarto de baño a paso ligero. Nagase no paraba de reírse echado hacia adelante en el sofá con la cara entre las manos.

– No puede ser más gilipollas, roza límites insospechados – dijo ella en español tumbándose en el sofá, resoplando por haberse quedado con el calentón.

– ¿Pero qué ha pasado? – de tanto escuchar a su novio reírse hasta Tifa tenía una sonrisita. Nagase le contó la situación en susurros y en cuanto lo supo se volvió hacia su amiga – ¡Metete en el baño con él! – le dijo en español.

– Es que… – miró al baño, quería hacerlo, meterse con él y que pasase todo lo que tuviese que pasar. Sin embargo no se atrevía a moverse – si no me ha dicho de ir con él será por algo ¿No?

– Como no vayas tú voy yo y le hago el favor – la miró abriendo la boca.

– ¿No te conformas con tener al salido buenorro que tienes al lado que también quieres al mío?

– ¡Pues muévete, coño! – Se quitó la manta de encima con intención de ir tras él justo cuando abrió la puerta del baño. Caminó hacia el salón y se sentó junto a ella suspirando, escondiendo una sonrisa al mirarla a los ojos.

                No sabía si estar o no enfadada con él. Tifa rebobinaba por segunda vez la película y a Nagase no había manera de quitarle la sonrisa tonta de la cara. Terminó de “ver” la película con los demás sin realmente mirarla, pensando en lo que podría haber sido y esperando que no fuese su última oportunidad para hacer algo con él. Más que enfadada estaba fastidiada, y Toma tuvo que notarle algo porque le pasó una mano por el brazo susurrando “lo siento, no quería dejarte con las ganas” en su oído, cosa que volvió a excitarla. Le miró y chasqueó la lengua negando con la cabeza.

– He metido la pata ¿No? – susurró. Ella asintió – no te preocupes – la abrazó por la espalda y besó su cuello justo debajo del lóbulo de la oreja – luego te compenso haberte dejado a medias.

– Para ya o monto una escena porno aquí mismo – dijo ella volviendo la cara en el sofá y agarrándole de sus rizos negros para besarle profundamente.

4

                El resto de la peli se la perdió entre beso y beso, y a pesar de escuchar a Nagase dar grititos, decir “kowaii…” y a Tifa reírse de él, no se despegaron. Solo cuando acabó la película y por respeto a la otra pareja se separaron un poco. Con lo tarde que habían almorzado y por haber tardado más de lo normal en ver la película, casi era la hora de cenar. Nagase miraba el teléfono chasqueando la lengua.

– Enoshi-kun no me deja tranquilo, ahora dice que quiere ir a cenar.

– Podríamos ir todos – Nagase miró a Tifa frunciendo el ceño – me siento culpable por no llevarme hoy a Cristina a ninguna parte, para los pocos días que va a estar aquí…

– No será por tiempo desaprovechado – dijo ella, haciendo a su amiga reírse – ¿Si vamos a salir puedo ducharme primero?

– Pues claro que sí, nosotros nos duchamos esta mañana. Tú – le dijo a Nagase – Anda, mándale un mensaje y dile que vamos todos a comer yakiniku – no se le veía muy convencido – venga ya, te mueres de ganas – Tifa se levantó del sofá y Nagase la siguió con la mirada poniendo morritos.

– ¡No te arregles mucho! Al final siempre les tengo que decir que no te miren las tetas, siempre igual… – protestando entre dientes se levantó tras ella.

                Ella también se levantó seguida de Toma, que se metió primero en el baño para peinarse un poco y asegurarse de que su ropa no estaba manchada. Cuando ella entró, él le sonrió de manera extraña y le vio dudar antes de decidirse finalmente a salir y cerrar la puerta. Se duchó deseando que Toma entrase y se volviese loco ahí dentro con ella pero se quedó en deseo y nada más. Salió, se secó y se puso unos vaqueros con su camiseta de fútbol. La pensaba pasear un poco por Tokio. Se despeinó frente al espejo más que peinarse y salió del baño justo cuando su amiga llamaba para entrar.

– Buf, que calor – dijo dispersando el vapor al abrir la puerta – ¿Ya estás lista? – dijo mientras se peinaba.

– Sí, oye ¿Quién es Enoshi? Menuda cara ha puesto Nagase cuando le has dicho de salir con él…

– El buenorro que estaba conmigo en la cocina cuando llegasteis – subió las cejas – siempre es agradable recrearse la vista un rato ¿No? Y no sabes la de cosas que se me ocurren cuando los veo juntos.

– Eres una cerda, tía – se rieron juntas cuando ella asintió. Salieron juntas del baño y husmearon el aire hasta el salón.

– Ya se puso la colonia, que barbaridad – Fue directa a su novio, metiéndole la nariz en el cuello y haciéndole reír – y este también se ha echado. Nos vais a matar – le dijo a Toma.

– ¿También te gusta el fútbol? ¿En serio? – Toma miraba su camiseta con la boca abierta, ignorando a Tifa por completo.

– Tengo que pasear la camiseta de mi Athletic por Japón.

– ¿Atureticu? – Intentó repetir tocando la tela de la camiseta. Se rio de él dándole golpecitos en el hombro.

– Me vale, deja de esforzarte no sea que te exploten las neuronas – chasqueó la lengua e hizo un ruido de queja dejando caer los brazos a los lados de su cuerpo.

                En el coche le fueron preguntando cosas sobre su equipo de fútbol a lo que ella respondía alegremente. El más interesado con diferencia era Toma, sentado junto a ella y escuchándola atentamente. Se sentía cómoda a su lado, no era difícil hablar con él. Lo único que le costaba era no mirarle la boca y las manos pensando en las ganas que tenía de pegarse a ambas partes de su cuerpo. A su cuerpo entero. Le importaba una mierda ver Japón, paisajes o historia, lo único en lo que se centraba era en él. Al llegar al restaurante, Nagase le dio la mano al mismo tipo que vieron en la cocina de su casa, que saludó de igual manera a Toma e inclinó la cabeza hacia las dos mujeres. En la puerta, Nagase esperó a Tifa, poniéndole la mano en la parte baja de la espalda e incluso acercándola a ella. Vio cómo su amiga miraba a su novio con una sonrisita pero frunciendo el ceño.

– Ya está celoso – dijo Toma.

– ¿De ese? – susurró ella, acercándose a él de paso. La miró, asintiendo con un suave “haa” en el que le dejo ver las paletas de conejo que tenía. Se lo iba a comer a él en vez de a la carne.

– Yo también me pondría celoso sabiendo que ese tío ha intentado besar a mi novia.

– ¿Cómo, cómo? – Se retrasó un poco – ¿Cuándo ha pasado eso? – Toma anduvo más despacio con las manos en los bolsillos.

– Cuando vino esta mañana le abrí yo y Piri-san le dijo que pasase a esperar a Nagase en el salón. Pero le dijo que tenía sed, yo creo que era una excusa. Antes si quiera de llegar al salón escuché un golpetazo y a ella decirle “¡yamete, Enoshi!” en un tono enfadado. Me volví y la ví empujándole por los hombros. No supe si ir a decirle algo o no, me saca una cabeza…

– Como para pedirte ayuda – le dijo ella riéndose – que raro que no me haya dicho nada.

– No querrá darle vueltas al asunto – miró a su amiga, que no se comportaba de ninguna manera extraña.

                Con el pensamiento de hablar con ella más tarde se sentó a comer. Nadie actuaba raro, todos se comportaban igual que siempre y Enoshi mostraba respeto hacia Tifa. Ningún interés oculto o a ella no se lo pareció. Dejó de darle vueltas a la cosa y se centró en comer y en toda la comida que le daba Toma a cada momento, aconsejándole aquella salsa y la otra. Tuvieron que dejar de pedir cervezas porque no querían irse a casa borrachos otra vez, pero no dejaban de comer. Nagase, especialmente, parecía no tener fin. Estuvieron allí metidos charlando de cine, música, motos, más motos, fútbol y comida hasta la hora del local de cerrar. Y aunque Nagase, Tifa y Enoshi hablaban sobre todo entre ellos, Toma casi únicamente hablaba con ella. Y le encantaba hablar con él porque se le veía atento y adoraba escuchar sus “aaah…eeeh…so, so”. Le costaba creer que esas sonrisitas que le sacaba de vez en cuando fueran solo para ella, estaba en las nubes y no se le apetecía en absoluto bajar. Era un sentimiento cálido que le inundaba el pecho, los nervios en la boca del estómago cada vez que rozaba su piel con la de él. A mitad de la noche, dos chicas se les acercaron pidiéndoles a Toma y a Nagase una foto con ellas que les echó Tifa. Toma se veía completamente avergonzado mientras que Nagase ponía una de sus poses estúpidas, haciendo a las desconocidas reír tontamente.

– Voy al servicio antes de irnos, id saliendo – dijo al acabar las fotos y después de pagar. Toma y ella salieron delante con los otros dos detrás.

– Oye – escuchó susurrar al Enoshi – ¿Le has comentado a Tomoya…? – no quiso ser descarada pero no pudo evitar mirar hacia atrás. Vio a Enoshi mirar a su amiga con las cejas alzadas, formando un tres con sus dedos.

– No – contestó ella cortante, dándole un manotazo – y si te consideras su amigo tampoco vas a hacerlo. Le conoces mejor que yo, sabes su respuesta y su reacción. Vas a buscarme un problema con él y no te lo voy a permitir.

– Tengo que intentarlo – dijo riéndose suavemente, y en voz mucho más baja pero aún audible susurró – es la única manera que tengo de—

– Ya. Basta. Cállate ya la boca, eres… – Tifa pasó como una bala por su lado, caminando hacia el coche sin despedirse de él. Toma la miró a ella y ella a Toma, con la incomodidad y sorpresa en sus ojos.

– Voy a hablar con ella – le susurró a Toma, que asintió. Dio una carrerita hasta el coche y se acercó a su amiga, que se apoyaba en él con los brazos cruzados – ¿Me lo explicas? – le preguntó en español. Tifa se llevó una mano a los ojos, chasqueando la lengua.

– El tío este, le dio por venir a la tienda de seguido y un día que Nau no estaba a la vista me arrinconó contra las camisetas y me comió la boca pero bien – No sabía si reírse o no, veía a Tifa preocupada, abrazándose los brazos con un tic nervioso en la pierna – Me llegó la lengua hasta la campanilla. Y en el momento me quedé quieta porque joder, míralo, está súper bueno, pero tampoco le di pie porque resulta que quiero a Tomoya. Yo que sé, imagina que estás saliendo con Toma, aparece Baru y te da un beso que te deja las bragas colgando.

– No sabría qué hacer, pero supongo yo que haría lo mismo que tú. Joder, menuda movida.

– Y encima desde ese día no para de acercarse y de rondarme de manera… bueno lo viste al llegar con los pasteles ¿No?

– Sí, sí. Y le he escuchado ahora. ¿Se refería a lo que yo creo? – hizo un tres con sus dedos y Tifa apretó los labios.

– Sí hija, sí. Quiere hacer un trío. Y hazme caso que firmaba ya para meterme con esos dos en la cama porque eso tiene que ser… – resopló y se le escapó a las dos una sonrisa, ella también firmaría, ¿quién no? – Pero con lo celoso que es este cualquiera le dice nada. Ya le has visto, pasándome la mano por la cintura cuando en la calle casi nunca me toca a no ser que esté borracho o muy cachondo. Le pillo los celos por ahí siempre.

– Y si te ha pasado eso ¿Cómo es que le has dicho de salir con él?

– Joder, porque está bueno – dijo riéndose – y quería llevarte a algún lado. Yo que sabía que iba a salir ahora con el tema, y habla de otra cosa que vienen para acá.

                Al subirse en el coche Toma se quedó mirándola y ella le hizo un gesto dándole a entender que después hablaban. Tifa miraba por la ventana y Nagase conducía tarareando la música de la radio. Lo mismo era cosa suya, pero notaba el ambiente tenso. Toma sacó su teléfono y empezó a reírse tontamente.

– Ya se ha comprado otro bicho – dijo negando con la cabeza – a este paso tiene un zoo.

– ¿Quién? – preguntó el conductor.

– Koki-kun, ¿Quién si no?

– ¿Le conoces? – Al ver a Toma diciéndole que sí de esa manera puso los ojos en blanco – claro que le conoces, menuda pamplina.

– ¿Sabes si viene mañana a la boda? – le preguntó Nagase

– Ni idea. Pero hace bastante que no le veo. De todas maneras habrá tanta gente mañana en el convite que a saber si los vemos.

                Al acordarse de la boda se puso nerviosa. Estar en el mismo sitio con Toma, Nagase y probablemente los Eighto y el resto de Tokio iba a matarla bien muerta. No sabía cómo sobrevivir sin morir de un ataque de nervios o felicidad, estaba siendo el mejor viaje de su vida. Pero más nerviosa se puso al llegar a casa de su amiga y ver que Toma tenía la intención de quedarse a dormir también ese día.

– Nagase-kun ¿Me puedes dejar algo de ropa? Me gustaría ducharme…

– Sí imbécil, no me lo tienes que decir tan educadamente – contestó él riéndose al entrar.

                Se metió en la habitación a ponerse el pijama mientras Toma se duchaba y escuchó a Nagase preguntarle a Tifa si estaba bien. Ella le respondió un distraído “sí, sí” y acto seguido dio unos golpecitos en su puerta.

– Pasa – le dijo una vez vestida.

– Deja tu traje preparado para mañana ¿Vale? Nosotras no vamos a la ceremonia, iremos después de almorzar pero como esta noche no vas a dormir y te vas a levantar tarde más vale que lo tengas todo a mano – le guiñó el ojo.

– Vete a la mierda gilipollas – Tifa se rio y tras darle las buenas noches se fue a la cama con Nagase. Apenas había cerrado la puerta que Toma entró en la habitación con unos pantalones azules de chándal y la toalla en los hombros. Nada más.

– Cuéntame qué ha pasado – le dijo en susurros, sentándose junto a ella en la cama y dejándola sin habla unos segundos. Estaba escandalosamente bueno. Y cerca. Apoyó una mano tras su espalda pasándose los dedos por los rizos mojados mientras escuchaba atentamente todo lo que Tifa le había dicho.

– ¿Qué te parece el drama que tienen montado?

– Pues eso, un dorama. Si yo fuese Nagase-kun y me enterase no sé cómo reaccionaría.

– ¿Eres celoso?

– No normalmente, pero se supone que un amigo no te hace eso. Y menos con una chica que te guste de verdad – se quitó la toalla de los hombros y la tiró a una silla – ¿Harías un trío?

– Yo que sé, depende, ahora te digo que sí pero tendría que verme en situación. Lo mismo me saturo.

– Tanto hombre tocándote a la vez, ¿Verdad? – dijo mirándole la boca.

– Y yo que con uno me conformo – murmuró ella al verle acercarse.

                Toma le puso la mano en la cara, pasando los dedos sobre el pelo de su nuca y besando sus labios despacio. Respiraba tranquilo mientras ella se estaba desquiciando. La tumbó en la cama con suavidad mientras su lengua se rozaba con la suya y las yemas de sus dedos se colaban bajo su camiseta. Ella le acariciaba el pecho, los hombros, los brazos, clavándole las uñas cuando le mordió el cuello. Abrió las piernas y Toma se colocó entre ellas, jugando con su pezón con una mano y agarrándola de la cintura con la otra. Le mordía la boca al rozarse con ella, y pasaba las manos por su piel desnuda. Ella le agarró del pelo cuando él, sin soltarle los pechos, empezó a rozarse contra su cuerpo con más ganas. Solo al sentir su erección bajo la ropa rozarle el clítoris le estaba dando placer, aunque probablemente se podía achacar a lo cachonda que estaba. Escuchó ruido en el pasillo, pero lo ignoró. Miró entre sus piernas cuando dejó de besarla y tiró del elástico de los pantalones de Toma, sacándosela y viéndola por primera vez. Pero no quería verla, la quería dentro.

– ¿¡Dónde vas ahora?! – Se quedaron de piedra al escuchar a Tifa casi en su puerta – ¿Estás loco o qué?

– ¿Loco? Ya sabía yo que pasaba algo entre ustedes… – se miraron abriendo mucho los ojos. Toma sorbió aire entre dientes con cara de circunstancia.

– Shhh, cállate, están durmiendo. No digas tonter–

– No me mandes a callar, tengo todo el derecho a estar enfadado – desde luego lo sonaba. Se sentaron en la cama, escuchando atentamente y poniéndose bien la ropa – me lo deberías de haber dicho antes, no que has esperado hasta ahora para con—

– ¿Y para qué? ¿Para que hagas esto? ¿Para que te marches cabreado a saber dónde? – La voz le temblaba a su amiga – ¡Yo no tengo la culpa de nada!

– He visto interés en tus ojos al decirme lo que te ha dicho, tú lo quieres igual que él lo que pasa es que estás conmigo y es un impedimento.

– ¿Qué coño estás diciendo? Tomoya ni se te ocurra irte.

– Suéltame, no me… Piri, déjame irme.

– ¡Tomo-chan! – y un portazo. Toma tragó saliva y la miró, aún con la respiración agitada.

– Creo que tendrías que hablar con ella – Asintió y se bajó de la cama, la calentura se le había quitado de golpe al escuchar el drama, no… el culebrón que esos dos tenían montado. Se la encontró sentada en la cocina con los codos apoyados en la mesa mientras se tapaba la cara con las manos. Veía su espalda agitarse pero no la escuchaba llorar.

– ¿Qué ha pasado tía? – se limpió las lágrimas con rapidez y resopló un par de veces antes de empezar a hablar.

– No paraba de preguntarme qué me pasaba, que si estaba bien, que estaba muy callada. Empezó a intentar averiguar que era aunque le estaba diciendo que parase y cuando me preguntó si era por Enoshi me vio en la cara que había acertado. Es que no puedo mentirle, no me sale y no quiero. Y pensaba que si le contaba todo a lo mejor no se enfadaba tanto…

– ¿Qué es todo? ¿Su propuesta o también el beso?

– Todo, todo – chasqueó la lengua.

– Está bien que no le mientas pero joder, no creo que eso se lo tuvieras que contar.

– No quería ocultarle nada – dijo empezando a llorar otra vez, incomodándola hasta el infinito – pero ha sido peor el remedio que la enfermedad. Y no sé ni dónde se ha ido ni cuándo va a volver. Mañana es la boda, no puedo ir sola y si él va solo van a asumir que ya no estamos juntos. ¿Y si me deja? Cris, nunca le había visto así, no quiero que me deje – tuvo que dejar de hablar porque directamente no podía. Ella le pasó la mano por el hombro, intentando dedicarle palabras tranquilizadoras pero no había manera.

                Se la llevó al sofá y se sentó con ella a ver cualquier cosa en la televisión para distraerse, y así, sentadas sin hacer nada pero pensando mucho pasaron varias horas. Cristina no paraba de pensar en Toma, en lo cerca que había estado de por fín conseguir lo que quería. A esas alturas tenía que estar frito. Se estaba medio quedando dormida en el sofá cuando escucharon la puerta de la calle. Miró a su amiga, que empezó a llorar otra vez cuando le vio en la puerta del salón. La saludó con la cabeza, incómodo, muy serio y con algo que ella calificaría de tristeza en sus ojos. Le dio las buenas noches a Tifa, se levantó y se metió en la habitación con la oreja pegada a la puerta. Miró un momento a Toma pero estaba dormido boca arriba ocupando toda la cama. No escuchaba nada, solo a su amiga sollozando y diciendo algo de fondo con esa voz aguda que le salía cuando lloraba. Al poco tiempo escuchó pasos por el pasillo y al ver que no iba a enterarse de nada más fue hacia la cama, apagando la luz pero encendiendo la lámpara de la mesita de noche. Destapó la cama, intentando echar a Toma hacia un lado, que se despertó y la miró sin saber qué estaba pasando.

– Déjame hueco anda – le dijo ella. Él asintió, dormido y tapándose con la sábana.

– ¿Ha vuelto ya? – le dijo con voz de dormido, pasándole la mano por la cintura y abrazándola de espaldas.

– Sí, espero que se reconcilien porque Tifa está fatal.

– Seguro que sí, Nagase no es de los que se quedan enfadados mucho tiempo, no le gustan las peleas – para corroborar que las palabras de Toma eran ciertas, escucharon un gemido femenino breve pero ruidoso – ahí tienes la reconciliación – dijo con voz divertida.

                Cristina se rio y apagó la lamparita, mirando en la pared las sombras que hacía la luz de la calle a través de la ventana. Toma suspiró, apretándola un poco a él. Se le ocurrió la idea de volver a meter los dedos por debajo de su camiseta, acariciando su barriga despacio. Entre eso y su respiración en la nuca, estaba volviendo a ponerse cachonda. De lejos se escuchaban muelles, algunos golpes y algún gemido no solo femenino. Sonrió al escuchar a Toma reírse y abrió los ojos al notar hacia donde iban sus dedos.

– Me muero de ganas de metértela – le susurró al oído mientras metía la mano en sus pantalones, pasando los dedos suavemente sobre sus bragas.

– Toma – exhaló temblorosamente el aire de sus pulmones, echando el brazo y la cara hacia atrás para besarle mientras le tiraba del pelo.

                Sus dedos se hundían entre sus labios mayores, humedeciendo la tela que los cubría. Pasó su otra mano bajo su cuerpo y le acarició los pezones, besándola lujuriosamente. Gimió al sentir las yemas de sus dedos rozar directamente su piel bajo las bragas, sus labios menores, apenas hundiéndose dentro de ella. No se los metía, solo presionaba. Bajó su otra mano de sus pezones a su entrepierna y al mismo tiempo le rozó el clítoris, endurecido a causa de la tremenda excitación que sentía. Estaba mojando como nunca en su vida, estaba sintiendo como llegaba poco a poco un orgasmo que no la dejaba gemir en silencio. Toma dejó de tocarla para quitarse la sabana de encima y darle la vuelta en la cama, poniéndose su pierna sobre el hombro y hundiendo la cara entre sus piernas. Siguió presionando sin meterle los dedos pero lamiéndole el clítoris, besándoselo, gimiendo a la vez que lo hacía. El cuerpo de la chica se tensó, su espalda se curvó y un gemido se le escapó sin poder retenerlo, agarrando los rizos de Toma con fuerza y apretando los dientes. Entonces fue cuando sintió uno de sus dedos entrar en su cuerpo despacio, terminando de matarla, haciendo que además de gemir, se quejase. Toma subió por su cuerpo, besando su piel, quitándole la camiseta.

– No tengo condones…

– Yo tampoco. Da igual – bajó la mano por su cuerpo y se la sacó del pantalón, acariciándola como hizo en el sofá. Al momento resopló, apartándose.

– No, no me la toques. Estoy demasiado cachondo, me voy a correr en cuanto te la meta.

– Vale, pero hazlo o lo hago yo – dijo ella cegada por la lujuria.

                Toma le pasó la mano de abajo a arriba por todo su empapado sexo, provocando que le clavase las uñas. Mirándola a los ojos la rozó con el glande, haciéndole gemir y gimiendo el también. Le abrió las piernas y tras colocarla entre sus labios menores movió sus caderas despacio, entrando en ella poco a poco. Se frenaba, se mecía lentamente, haciendo que no sintiera dolor sino cada vez más excitación. El tomarse tanto tiempo para no correrse hacía que ella dilatase casi sin darse cuenta, aceptando su durísima erección sin dolor alguno. Comenzó a murmurar su nombre entre dientes, penetrándola un poco más profundo y rápido. La miraba a los ojos, hundía su nariz en su pelo Ni si quiera sintió un leve pinchazo, solo las ganas de tenerle dentro por completo. Cuando sus caderas se juntaron, Toma se tumbó sobre ella, besándole el cuello. La abrazó, jadeando en su cuello, gimiendo con intensidad cuando aceleró el ritmo. Le sentía hundirse en ella, caliente, duro, muy placenteramente. Apoyó los pies en la cama y ella también movió sus caderas, provocando que los gemidos de ese hombre fuesen incluso más escandalosos.

– Me corro – le susurró – Kurisu-chan, kimochii

– Espera, espera un momento – le tumbó en la cama y bajó por su cuerpo, metiéndosela en la boca y acariciándola suave pero rápidamente.

– Joder, jod—

                No pudo seguir quejándose porque un gemido cortó sus palabras. Se le tensaron los músculos, la agarró del pelo y se corrió en su boca. Despacio, abundantemente, repitiendo el mismo monosílabo afirmativo una y otra vez. Le soltó el pelo y se dejó caer en la cama, abatido. Ella se tumbó a su lado, limpiándose con la sabana y sofocada. Encendió la lamparita esperando una mancha que no estaba por ninguna parte.

– Vaya, que raro…

– ¿El qué? – le preguntó entre jadeos.

– No he sangrado – le miró al escuchar su exclamación.

– ¿Eras virgen? – Ella asintió – no me he dado ni cuenta. ¿Te ha dolido?

– No. Estaba demasiado cachonda, creo – se rieron juntos. Toma tiró de su brazo y ella se tumbó en su pecho.

– Me lo tendrías que haber dicho.

– ¿Para qué? Me ha gustado igual ¿No?

– Habría tenido más cuidado – parecía realmente preocupado, así que le miró.

– Que no me ha dolido nada, idiota. Me ha encantado – sonrió pagado de sí mismo.

– Y tú me has matado, buenas noches, Kurisu chan.

– Buenas noches – le contestó tras recibir un beso en la frente, durmiéndose con sus caricias y una sonrisa.

5

                A la mañana siguiente se despertó la primera olisqueando el aire por el que llegaba un aroma delicioso. Se vistió mirando a Toma roncar suavemente, con unas ganas horrorosas de besarle pero conteniéndose por no despertarle. Salió de la habitación con cuidado, fue al servicio y después a la cocina. Al acercarse a la puerta vio a Nagase cerrar el frigorífico y acercarse a su amiga, que cocinaba de espaldas a él. Le susurró algo que no escuchó pero que hizo a Tifa reírse como una quinceañera.

– Cállate ya, tonto – dijo ella de manera tremendamente estúpida – se van a levantar de un momento a otro.

– Pues mientras no – las manos del hombretón subieron hasta las tetas de su amiga y dedujo que le mordió el cuello tanto por el ángulo de su cara como por el gemido ahogado de Tifa. Al ver a Nagase mover las caderas contra el culo de la cocinera se fue al salón y fingió una tos.

– ¡Te lo he dicho! – gritó Tifa en susurros. Nagase salió de la cocina cubriéndose el cuerpo con el brazo y riéndose tontamente porque le estaba dando con el paño de cocina.

– Buenos días – le dijo ella. Él la saludo con una sonrisa amplia.

– ¿Todo bien? – puso los brazos en jarras y la miró inclinando un poco la cabeza. Al asentir le dedicó una de sus sonrisas escalofriantes de enfermo mental.

– ¿Qué son esas carcajadas? – dijo Tifa desde la cocina al escucharla reírse con ganas. Se acercaron hasta donde estaba ella.

– Kurishtina ha pasado una buena noche ¿Ne? – le dio un codazo, ella no podía dejar de reírse.

– ¡¡Noooo!! – Soltó los utensilios de cocina y apagó el fuego, echando a Nagase de allí y cerrando la puerta – ¡Ya me lo estás contando todo! – le dijo en Español, sentándola en la mesa.

– Hostias tú, detalles no te voy a dar…

– Joé, pero bien, mal, regular…

– Demasiado bien para ser una primera vez – Tifa la zarandeó un poco – ni he sangrado.

– Anda, yo tampoco sangré mi primera vez, es una leyenda urbana que se dice para acojonarte. ¿Qué tal con las manitas?

– Bien, bien todo, no preguntes más que me muero aquí mismo como me acuerde.

– Combustión espontánea ¿Y de tamaño?

– ¡Mira, ya, ya basta, suficiente! – Tifa le acercó una zanahoria.

– ¿Más o menos? – preguntó entre risas.

– Ya vale hablar de mí, ¿Qué pasó ayer al final?

– Ah, nada – se dio la vuelta a cortar las verduras – se plantó en casa de Enoshi para hablar con él y le dijo que yo no tenía culpa de nada y que no paraba de darle largas. Así que ahora está enfadado con él. Dice que estuvo a punto de partirle la cara.

– ¿Se arreglarán? – Tifa asintió con una expresión segura.

– No es de guardar rencor…

– Por cierto, a ver si bajamos los decibelios en las reconciliaciones – Después de reírse de manera golfa la miró guiñándole el ojo – A mí no se me escuchó, ¿Verdad?

– Te hizo gritar ¿No?  Aaaanda que bien el niño…

– Cago en tu padre, déjame ya – se levantó para salir de la cocina entre risas y al abrir la puerta casi tira a Toma por tener la mano en el pomo.

– Buenos días – no tenía ni un pelo en su sitio, estaba incluso más guapo que el día anterior. Y le estaba dedicando una sonrisa tan grande que hizo que la de ella se ensanchara.

– Vete a la mierda, en serio, tonto, que eres tonto – le empujó muerta de vergüenza y se fue al salón sin mirar a Nagase, que se reía a carcajadas de ella.

                La mañana pasó tranquila, viendo la televisión con los dos imbéciles y riéndose mucho con ellos. Toma se sentó a su lado y le hacía caricias distraídas en el brazo, sonriéndole muchísimo. Tifa tarareaba mientras cocinaba y seguía tarareando cuando llevó la comida a la mesa. Se llevó todo el almuerzo mostrándole objetos largos y preguntándole si más o si menos y a cada mirada asesina daba una carcajada. Nagase empezó a enterarse a la tercera vez pero Toma seguía en la inopia, engullendo el pollo, el arroz y la sopa de miso. Nagase miró el reloj nada más acabar y se levantó con prisas.

– Como no nos metamos prisa se nos echa el tiempo encima, menos mal que nos hemos duchado esta mañana.

– Yo me tengo que duchar – dijeron Toma y ella al mismo tiempo.

– Lo normal si te manchas ¿No? – dijo Tifa levantándose de la mesa y provocando que Toma se riese avergonzado.

– Duchaos juntos y ahorráis agüita – les sugirió Nagase poniéndoles las manos en los hombros.

– ¿La guasa va a durar mucho tiempo? – preguntó ella.

– Me da a mí que todo lo que queda de día por lo menos…

                Se levantaron de la mesa para empezar a arreglarse y cuando estaba cogiendo ropa interior limpia de la maleta sintió sus cálidas manos en la cintura. Apenas se dio la vuelta que ya tenía sus labios pegados a los suyos. Le pasó los brazos por los hombros, igual de nerviosa que en el primer beso pero sintiendo las ganas de estar junto a él aumentar. No era lo mismo lo que sentía ahora, era mucho más intenso. Se asustó. Pero no por eso dejó que se alejase de ella, ni por asomo. No sabía que era mejor, sentir sus gruesos labios o su cálida mirada en la suya. Le encantaba rozar su nariz con la de él, y al hacerlo siempre sonreía un poco.

– Oe, ¿Quieres otros calz—ah, perdón.

– Sí, sí, dame – Nagase otra vez interrumpiendo, le dio los calzoncillos sin mirarles – metete tú primera y ya cuando acabes entro yo.

                Se metió en la ducha y se dio prisa porque no sabía cuánto tiempo tenía. Con la toalla alrededor del cuerpo fue a la habitación, cruzándose con Toma que se la levantó por debajo haciendo como el que echaba un vistazo. Con una sonrisita que pretendía (y conseguía) ser sexy y guiñando el ojo salió de la habitación; chocándose de frente con Tifa y tirándole la plancha al suelo.

– Pero mira que eres tonto – le dijo una.

– ¿Qué estabas haciendo andando de espaldas? – le dijo la otra.

– Ay, lo siento, lo siento – dijo él agachándose a cogerlo todo.

                Tras ver cómo una vez más su torpeza vencía a su atractivo, cerró la puerta, vistiéndose y sintiendo no mariposas, sino una jauría de galgos en el estómago. No quería pensar en tener que volver a España pero no le quedaba más remedio, era al día siguiente por la noche. Le iba a echar tanto de menos y le iba a joder tanto… de la nada le entraron ganas de llorar. Lo achacó a los nervios y a todas las emociones fuertes, así que dejo el sentimiento de lado y siguió arreglándose. Al volver al pasillo era todo una mezcla de perfumes: el intenso olor a hombre de Nagase; los olores del jabón de ducha que venían del baño y el dulce perfume de Tifa, que se acercaba a ella con una sonrisa diciéndole que dos gotas en cuello y muñecas.

– ¿Cómo te has hecho eso en el pelo? – le señaló el recogido que llevaba con alguna que otra mariposa de plata.

– Me enseñó Hitomi, que hablando de enseñar, ¿No enseño mucho? – dijo señalándose el escote.

– Hmmm – Nagase se asomó sobre su hombro con una sonrisita de lado. Ella le dio con la mano en la mejilla alejándole pero escondiendo la sonrisa tonta de turno. Al salir Toma de la ducha, ya con los pantalones y la camisa puestos, lo primero que hizo fue mirar al escote de Tifa.

– Wow, lo siento – se tapó los ojos riéndose.

– Sí, está claro que es mucho… bueno, ya no hay nada que hacer, me llevaré un pañuelo o algo – Toma asentía hasta que se fijó en su traje de chaqueta. Ella abrió los brazos.

– ¿Qué te parece? – Puso morritos y alzó una ceja.

– Te queda muy bien, estás muy interesante – se mordió el labio acariciando la barbilla de la chica con el pulgar y el índice.

– Tú también estás interesante, buena cosa esa de que no seas amigo del peine– enredó un dedo en uno de sus húmedos rizos, rozando su mejilla de paso. Se lo iba a comer allí mismo.

– ¿Lo lleváis todo? Nos vamos ya – Tifa fue metiéndoles prisa hasta el garaje, en el que Nagase cogió el coche más elegante y grande de los que tenía – me siento la mujer de un yakuza cada vez que me meto en este bicho monstruoso.

– Exagerada – dijo Nagase quitándole importancia. Ella le miró encogiendo la nariz.

– Exagerado tú, con los dos botes de gomina que te pones cada vez que hay algo importante. Por lo menos no te has quitado toda la barba.

– Meh, estoy guapísimo – le guiñó el ojo a su novia y hasta a ella se le escapó la sonrisa. La verdad es que lo estaba. Pero el que tenía al lado… verle en traje de chaqueta (aunque le quedase grande) fue un poco aniquilador para sus neuronas.

– Oye – le dijo Toma a Tifa – ¿No te irán a decir nada por los tatuajes?

– No creo – le respondió Nagase – aunque probablemente te miren mal. De todas maneras a Taichi no le va a importar así que…

– ¿Viene Taichi? – dijo ella ilusionada.

– ¿Cómo no va a venir? – Toma le dio con los dedos en la frente – ¿Pretendes que falte a su boda o qué?

– ¿EEEEEEHHHHH? – Se llevó una mano a la boca y de los nervios le dio golpetazos a Toma.

– Tienes la boca como un buzón, hijo mío – le dijo Tifa en español dándose la vuelta e intentando pegarle.

– ¡Iba a ser sorpresa, baka! – le dijo Nagase riéndose.

– ¡Y yo que sé! Se me ha escapado, pero mira que contenta está.

– ¡Y tanto! ¡Como para no! Ay, ahora me muero de ganas de llegar. Van a estar los demás del grupo ¿No? – Nagase asintió – ¡Voy a ver a Mabo!

– ¡Sí! ¿Nerviosa?

– ¡Pues claro no te jode!

– Es muy simpático – le dijo Toma – seguro que te cae bien. Probablemente intente ligar contigo.

– No me digas eso… – se tapó la cara con las manos riéndose – no salgo viva hoy.

                A pesar de no estar muy lejos, el viaje se le hizo interminable. Al llegar lo único que veía era gente arreglada que entraba en un edificio enorme pero por más que miraba no veía a nadie conocido. En la entrada miró la mesa en la que se iban a sentar, en la que constaban las siguientes personas: Nagase Tomoya, Ikuta Toma, Yoshima Shigeru, Yamaguchi Tatsuya, Matsuoka Masahiro, Tanaka Koki. Todos con sus+1.

– Que de gente en la misma mesa, deben ser enormes – Dijo Toma.

– Bueno, creo que los únicos que llevamos pareja somos nosotros dos y Gussan.

– No me jodas – dijo ella – No puedo con esta mesa. No voy a salir viva de aquí.

– Pues cuando mires a la de al lado… – Tifa le señaló una mesa en la que estaban los nombres de todos los miembros de Kanjani8.

– No sé si voy a llorar o a desmayarme – dijo riéndose como una histérica. Escuchó a Tifa soltar un “mmmmmmmmmmmhhhhiiii” agudo entre dientes y cuando miró a la puerta vio llegar a Horikita Maki.

– ¡Hola! – Le dijo Toma, ella reaccionó sorprendida y sonriente – No esperaba que vinieses, que de tiempo.

– ¿Qué tal? – le dijo Nagase a lo que la chica le sonrió inclinando la cabeza. Tifa los miraba mordiéndose el labio, la miró y le susurro de manera histérica “¡otp, OTP!”

– Bien, gracias ¿En qué mesa voy? – mientras miraba el tablón, ellos fueron entrando, Tifa mirando hacia atrás.

– ¿No te parece guapísima? – le preguntaba a Nagase – ¿A que es preciosa?

– Sí, es guapa, ¿Qué te pasa? – le preguntó riéndose.

– Mejor que no te lo cuente – le dijo ella. Nagase la miró confuso – hazme caso, no quieres saberlo.

– Ahí está la mesa, pero creo que primero nos van a servir algo ¿No? – dijo Toma señalando donde estaba casi todo el mundo, de pie y bebiendo tranquilamente – ¡Mira quién está ahí! Ven que te lo presento.

                Toma caminó hacia un grupo de gente y le puso la mano en el hombro a un hombre moreno y más alto que él. Cuando se dio la vuelta escuchó a Tifa hacer un ruidito; era Oguri Shun. Ahí estaba, sonriente y vestido con un traje de chaqueta que le quedaba de muerte.

– ¿Taichi ha invitado a todo el mundo o qué? – dijo él al darse la vuelta. Las saludó con una leve inclinación y se presentó tanto él como a su mujer.

– No puedo veros juntos – dijo Tifa riéndose – Ouroboros me ha destrozado la vida – Shun chasqueó la lengua.

– ¿Por qué todo el mundo me dice eso? – Toma se rio. Le encantaba ver como se reía. Parecía más adorablemente gilipollas que de costumbre.

– Porque tiene un final demasiado triste, ¿Por qué va a ser?

– ¿Qué es esto? ¿Qué hacéis juntos? – Se volvió despacio a la voz que escuchó a su espalda, sintiendo los golpes de Tifa en el brazo.

– ¡Eh, Matsu-nii! – Mabo le dio dos golpetazos en el brazo a Toma, que le miraba con cierta admiración. Con ese gesto tan suyo giró la cara hacia Nagase, adelantando el mentón – ¿Lleváis mucho aquí?

– Que va, acabamos de llegar. ¿Has visto a los demás? – negó con la cabeza. Acto seguido saludó a Tifa con una sonrisa, que le saludó moviendo la mano de manera histérica. Cuando la miró a ella la saludó igual, pero directamente no pudo reaccionar.

– Estoy bloqueada – le susurró a Tifa en español – creo que se me han roto las emociones por sobrecarga.

– Y yo creo que me he meado en las bragas de los nervios, me siento como un chihuahua cuando tiran petardos, coño – de los mismos nervios, empezaron a reírse a carcajadas. Al darse cuenta de que todos las miraban (unos más divertidos que otros) intentaron esconderlas.

                Antes de que pudiesen seguir charlando se las llevaron a las mesas, se acabaron los entremeses. Una vez sentada pudo admirar lo guapísimo que estaba Mabo, sin corbata, con los botones de la camisa más abiertos de lo que debería. Como siempre, escuchaba a Nagase charlar con toda su atención y no paraba de chinchar a Toma. Joshima se sentó junto a él, sonriendo y perdiéndose en sus pensamientos como de costumbre. Gussan vino un poco después, quejándose de que había demasiada gente y que era difícil no encontrar las mesas. Por desgracia no llevaba los brazos al aire, comprensible tratándose de una boda. Koki no hacía acto de presencia.

– ¡Hey! – escuchó a su espalda. Al girarse vio los alegres ojillos negros de Baru saludándola. Estaba sentado justo detrás de ella.

– Hola – dijo ella torpemente levantando la mano – ¿Qué ta… – se quedó a media pregunta. Todos los de kanjani estaban allí sentados.

– Estamos al completo – Baru hizo un gesto con la cabeza señalando su mesa. Ella se agarraba al respaldo de la silla como si se le fuese la vida en ello.

– Buuf – murmuró Tifa – lo que a mí me faltaba es ver a Nishiki en traje de chaqueta – susurró en español.

– Cuando acabemos la comida os presento ¿Vale? – las dos asintieron con energía. Baru miró por encima del hombro de ambas y se rio.

– Lo siento, lo siento, lo siento – Koki acababa de llegar con la corbata a medio poner y casi tirándose en la silla junto a Nagase. No estaba para nada peinado. Escuchó la risa nerviosa de su amiga sintiendo la suya amenazando con salir – hola tío, hola a los demás.

– Tranquilo – le dijo Nagase riéndose suavemente – la cosa es que has llegado ¿No?

– Por los pelos, me he cruzado con Taichi y la novia en la puerta.

– Que raro que no traigas a nadie – le dijo Mabo.

– Raro es que no haya traído ningún bicho – Se rieron del comentario de Nagase pero Leader les mandó a callar.

                Taichi y su mujer estaban entrando en el salón. Estaban los dos guapísimos y parecían muy felices, como los chicos sentados a la mesa. Se sentaron en su sitio, a la cabecera del salón que estaba repleto de invitados y dijeron unas palabras emotivas. Tras eso, los camareros empezaron a traer comida: platos occidentales mezclados con platos japoneses, carnes, pescados, de todo. Su mesa y la de al lado, a la que no paraba de mirar de reojo, era un coro de “umai” y “oishi” sin descanso. Los chicos hablaban entre ellos y tanto ella como Tifa, no hacían más que escuchar, sonreír y reírse como unas idiotas. Cuando esperaban el postre, Koki las miró.

– Llevo un rato preguntándome por qué hay dos occidentales en la mesa – el muy imbécil estaba intentando y consiguiendo ser atractivo mientras las miraba. Nagase se aclaró la garganta en cuanto las dos se rieron tontamente una vez más.

– Esta es mi novia, Piri-chan – hizo hincapié en la palabra novia mientras le ponía a Tifa una mano en la espalda.

– Ah, ya veo, ya, y ¿Tú eres la novia de alguien? – la miró a ella y después a Toma. Ella miraba de uno en otro, sintiendo ganas de volverse en la silla al escuchar a Baru riéndose y a Hina protestando.

– Nnnoo… – dudó al decirlo porque sintió la discreta mano de Toma en la pierna.

– No tiene, pero viene conmigo – dijo él.

– Aha, ya…

– Voy al servicio un momento, disculpad – Tifa se levantó, dejando un hueco a su lado. Koki no perdió el tiempo y se sentó junto a su silla ignorando las quejas de Nagase.

– ¿Te gusta Japón? – también ignoró por completo las suaves protestas de Toma.

– Sí, sí, me gusta mucho – miró a Nagase en busca de ayuda pero solo sonreía mirando la situación. No sabía ni qué decir ni qué hacer – llevaba mucho tiempo queriendo venir y hasta boda me he encontrado.

– ¿Conocías a Taichi? – se terminó de quitar la corbata, dejándola en la mesa.

– Su música y tal… conocía tokio y algunos grupos sí.

– ¿Te gustan los Johnny’s entonces? – se quitó la chaqueta del traje y se remangó. Al ver algunos tatuajes se puso más nerviosa. Lo estaba haciendo a posta y ella lo sabía.

– Algunos, no todos – al verle mirar hacia el lado, decepcionado se dio cuenta de como sonó lo que dijo – arashi por ejemplo no me gusta.

– Pero kanjani sí – se dio la vuelta y se encontró con la enorme sonrisa de Baru, que giraba la silla para hablar mejor con ella, también sin chaqueta – ¿Qué tal estos días? ¿Te lo has pasado bien?

– Sí, sí. Tifa me ha enseñado muchas cosas y he comido muchísimo.

– Sobre todo pasteles – miró a su lado, a Toma, que en una especie de competencia también se quitó la chaqueta. No entendía qué estaba pasando pero a esas alturas estaba muy nerviosa. Vio a Tifa llegar del baño alzando las cejas al ver que su sitio estaba ocupado, sentándose entre Nagase y Gussan, que empezó a darle tema de conversación. Pero ella no paraba de mirarle de reojo, intentando enterarse de lo que hablaban.

– ¿Y cuál es tu Johnny favorito? O ex Johnny, claro – la poca vergüenza de Koki era para partirse. Pero es que encima le hacía sonreír como una tonta.

– Yo sé cuál es – dijo Nagase distraídamente, poniéndose bien la chaqueta. Tifa le miró y él la miró a ella, pasándose la lengua por los labios y sonriendo – es Mabo, ¿Verdad?

– ¿Yo? – Miró al aludido, sorprendido por estar de repente en la conversación – ¿De todos los Johnnys yo?

– No. Bueno, sí, sí entre otros. Es que sois muchos – cuando le vio sonreír avergonzado se le escapó la risa. Estaba demasiado nerviosa, no podía unir un pensamiento con otro – un segundo. Tifa, enséñame dónde está el servicio – al alejarse de las mesas vio a Nagase aguantar la risa.

– Tía no explotes – dijo Tifa alcanzándola, iba casi corriendo – para, que me mato con los tacones.

– Necesito respirar, no puedo con tanto… imbécil a mi alrededor, ¿Y qué cojones le pasa a Koki de repente?

– Le habrás gustado, aprovecha – al abrir las puertas del servicio, Tifa se chocó con Nishiki, que se disculpó y les dejó pasó – que pecho más duro tiene, le dejaba duro entero, te lo juro.

– Joder, pero que burra – empezó a reírse a carcajadas, echando fuera los nervios. Se rio tanto que terminó llorando, doblada sobre el lavabo – no puedo volver a la mesa y al mismo tiempo me estoy muriendo de ganas.

– Pues están trayendo el postre, así que recomponte rápido que se come Tomoya el mío.

                Respiró hondo varias veces y tras un largo “aaaaaaaaay” al cielo fueron de vuelta a la mesa. Koki no se había movido de donde estaba, charlando con Nagase animadamente. Toma escuchaba como Mabo le contaba algo y ella se sentó ente los dos, contenta de poder mirarles y que no la acosaran a preguntas. Pero por otra parte estaba deseando volver a ser su centro de atención. Sintió unos golpes en la espalda.

– ¿Estás bien? Ryo me ha dicho que sonabas agobiada – le preguntó Baru.

– Sí, sí. Estoy bien, gracias por preguntar.

– Si necesitas que te acompañe la próxima vez me avisas. Bueno, que aproveche la tarta – le guiñó el ojo mientras le miraba la boca.

Sintió ganas de levantarse de nuevo pero mejor se centró en el pastel que tenía delante. Aunque no le gustaba. Le gustaba lo que tenía a los lados y a atrás, a esos sí que se los comía. Y lo que no entendía era por qué les llamaba tanto la atención. Por ella obviamente perfecto pero estaba un poco saturada. Pasó de pensar que había una lejana posibilidad de conocerles a tenerles delante, preguntando, insinuándose o directamente follando con ella. Miró a Toma. Ya la estaba mirando.

– Son un poco pesados ¿No? – le susurró. Ella asintió. No le podía decir que estaba encantada – oye ¿Puedo hacerte una pregunta? – le susurró, acercándose a ella.

– Dime – no pudo evitar mirar esa boca que tan bien besaba.

– ¿Soy yo tu favorito? – sonrió con unas ganas de besarle que se moría. Parecía preocupado de verdad.

– Pues claro que sí, inútil – apretó los labios y le sonrió con esos dientes de conejo que tenía. Menuda cara más tonta, pero que guapo con esos rizos desordenados. Sin darse cuenta buscó su mano, y él enredó un dedo con el de ella.

                La sala se oscureció y en un proyector pusieron un enternecedor video compuesto por momentos emotivos compartidos por los novios. Desde donde estaba sentada parecían emocionados, pero la sorpresa fue cuando Mabo y Leader eran los que más lloraban. Nagase se rio de ellos, pero también le brillaban los ojillos, mirando a Tifa y dándole con los nudillos en la mejilla como ya le vio hacerle varias veces antes. Y como siempre ella casi que se deshizo en la silla. Momentos después, tanto la novia como el novio se pasaron por las mesas, saludando, agradeciendo su presencia allí y dando regalos a unos y a otros. Justo cuando les avisaron de que pasasen a la sala con la barra libre y la pista de baile le entraron ganas de ir al baño de verdad. Se lo dijo a su amiga y dio una carrerita al baño fijándose de hacia donde se dirigían para no perderse después. No tardó mucho y fue con prisas hacia fuera.

– ¡Eh! ¿Estás bien? – Baru le puso la mano en el hombro – Es la segunda vez que vienes.

– Tendré poca capacidad, supongo – se puso muy nerviosa al contacto con él. Baru miró por encima de su hombro y del de la chica, sin soltarla. Era desesperante lo bien que le quedaba esa barba ridícula.

– Oye, te gusto ¿Verdad?

– Ahhm… – empezó a reírse, no podía mirarle a los ojos, joder si le gustaba…

– Porque a mí me gustas, me encantas – no le podía estar diciendo eso. Acababa de mear y creía que se meaba encima como le dijo Tifa antes – y veo que hay mucho listo suelto, por eso quería decírtelo.

– Vale – fue todo lo que le salió. Los ojos de Baru no se apartaban de los de ella, no podía moverse, no sabía qué hacer.

6

                Se alejo de ella, asomándose al salón. Y tras echar un vistazo volvió sobre sus pasos, directo hacia la chica, agarrándola por los brazos y besándola con ganas en los labios. Despacio. Intensamente. Quería devolverle el beso, pero solo pensaba en Toma. Baru estaba besándola y ella pensando en el narizotas de siempre. Baru pasándole las manos por la cintura y ella recreando ese momento en el que sus narices chocaron en la cocina. La lengua de Baru en su boca y ella solo pensaba en la de otro, en lugar de disfrutarlo en condiciones. Estaba, aterrorizada ante la idea de que los viesen y Toma se enterase. Baru le gustaba mucho, pero… Antes de que ella hiciese nada, él la soltó sobresaltado al escuchar una exclamación sorprendida a su espalda.  Al mirar hacia el salón de baile vio a Tifa, sola.

– Perdón – dijo con una sonrisita, corriendo de vuelta.

– Deberíamos… – dijo ella.

– Sí, sí – le dijo él, nervioso.

                Se apresuró a seguir a su amiga, llamándola de lejos. Se dio la vuelta y la interrogó con la mirada porque Baru venía detrás. Ella solo emitió un ruido que no se podía considerar como humano. Lo único que Tifa le dijo fue “no te preocupes, si es que te entiendo muchacha” Al llegar al salón, Taichi bailaba con la novia el primer baile lento pero ella no podía centrarse. Toma la saludó con una sonrisa y ella se puso a su lado sintiéndose culpable. Baru besaba muy bien. Muy muy bien. Estaba incómoda de lo mojada que tenía la ropa interior.

– ¿Te gusta bailar? – le susurró Toma

– Me gusta beber – dijo ella buscando la barra libre.

– ¿Estás bien? – le preguntó con una sonrisa.

– Creo que mejor que nunca…

La gente empezó a salir a bailar con los novios, en parejas, la misma canción lenta. Nagase le ofreció la mano a Tifa y aunque se negó al principio por vergüenza, cuando su novio le guiñó el ojo accedió. Ella no pensaba salir, tenía primero que ordenar su cabeza con lo que quería y lo que no. Quería besar a Baru, quería incluso follárselo si podía, pero no quería perder a Toma, fuese lo que fuese que tenía con él. Cuando estaba empezando a pensar que le iba a explotar la cabeza, Mabo, sin preguntar, la arrastró a la pista de baile. Le puso una mano en la cintura y con la otra sostuvo la suya.

– Tú sígueme ¿Vale?

– No me gusta bailar. No sé – dijo ella, nerviosa por tenerle tan cerca. Que alto era. Que atractivo.

– Estás muy tensa, relaja el cuerpo.

– ¡No puedo si estoy bailando contigo! – se rio brevemente.

– Llevas tensa desde que estábamos en la mesa. No sé si es porque los chicos no te dejan en paz o porque te pasa algo, pero relájate y disfruta de la fiesta.

– Creo que necesito beber algo

– Ahora vamos juntos, yo también tengo ganas – era increíble lo poco que le costaba charlar con él – tienes unos ojos enormes.

– Gracias, supongo.

– Y creo que a esos tres le gustas porque eres diferente. Están hartos de que las princesas les ronden y claro, en cuanto ven algo diferente… me encanta tu traje de chaqueta, muy elegante.

– Me ha ayudado Tifa a comprarlo, bueno, me lo ha comprado ella. Nagase en realidad. Tú también estás muy elegante. En realidad es que eres elegante.

– ¿Yo? – se rio otra vez – como no pares vas a tener un cuarto pretendiente.

– Me vais a matar entre todos… – al acabar la canción, Tifa tiró de su mano, llevándosela a la barra libre. Tras pedir bebidas se la llevó aparte, hablándole en español.

– ¿Qué coño ha pasado, rompe corazones?

– Pues que me ha comido la boca, ¿No lo has visto o qué?

– Eso ya, hija, digo antes…

– Solo me ha dicho que le gus—

– ¡Hay karaoke Piri-chan! – Dijo Nagase alegre, interrumpiéndola sin darse cuenta – en esa sala de al lado.

– Da igual – dijo ella cuando Tifa la miró esperando a que siguiese contando, después de sonreírle al novio – vamos al karaoke y ya hablamos en casa.

                Cuando llegaron, Koki era el dueño de los micrófonos y buscaba con ganas una canción en concreto. Cuando empezó se dieron cuenta de que era el opening de One Piece y Tifa se acercó corriendo a coger el otro micrófono. Cuando ella se sentó a observar el espectáculo buscó a Toma pero no lo encontró. Sin embargo, Baru estaba bien cerca y hacía tonterías con Maru, riéndose a carajadas. Estaba tan contenta de poder ver a los tontos de Osaka en estado natural que no podía parar de sonreír. Cuando Tifa se sentó a su lado, sonriente, Toma apareció y se acercó a ellas  acompañado de Matsujun. Ambas intercambiaron miradas y un discreto gesto de asco. Toma, con toda su buena intención, se lo presentó y las dos, por cortesía, le saludaron con la cabeza ligeramente. Antes de que le diese tiempo a abrir la boca, Baru también se acercó a presentarle a alguien. A seis personas más concretamente. Tifa sonreía de oreja a oreja y ella sentía que iba a explotar de la felicidad. Pasó la noche rodeada de ellos, viéndolos cantar, bebiendo copa tras otra y sintiéndose cada vez más achispada. Tifa, que no aguantaba el alcohol nada, ya estaba borracha. En un punto de la noche, Maru empezó a cantar Sorafune (muy borracho y muy mal) y tanto ella como su amiga hicieron un “¿¡Eeeehhh?!” a coro. No llevaba ni la primera estrofa que Nagase apareció en la sala de karaoke con cara de terror.

– ¿¡Quiénssstá destrozando mi canción!? – dijo más achispado que de costumbre.

– ¡¡HARA-CHAN!! – Le dijo Maru, también bastante perjudicado por las bebidas, corriendo hacia él y saltándole a los brazos. Nagase se reía sin parar y Baru fue al rescate de la canción. Una vez se quitó a Maru de encima se acercó a las chicas.

– ¿Os lo estáis pasando bien? Kurishtina, ¿te lo pasas bien?

– Sí, sí, nos lo pasamos bien las dos. Muchas gracias por traerme, está siendo un viaje perfecto.

– Muchsde nada. Pues mens mal, a mí hay una tía que no para de seguirme y sonreírme y me stácnsando ya.

– Que vnga si tiene valor – Tifa soltó el vaso y tiró de una silla poniéndola a su lado – ¿Queseso de que no telo puedaspsar bien en la boda de Taichi? – Hasta que no la escuchó hablar no supo lo borracha que estaba de verdad – siéntate.

– Voy a por algo de beber y—

– ¡Shh! – tiró de su mano – quiro estarcntigo.

– No bebas más – le dijo ella riéndose – trae que ya me bebo yo lo tuyo.

– ¡Kurishtina! – Koki cogió una silla y la plantó delante de ella, sentándose frente por frente – Baru no me cree cuando le digo que soy tu favorito. ¿A que lo soy?

– ¿Qué más da eso? No os peleéis, sois todos… guays a vuestra manera. Me gustáis todos. No hay un ranking, ni una lista, ni nada.

– Ah, pero yo he hecho una cosa que vosotros no – dijo Baru. Toma estaba detrás y se giró al oírle decir eso. Ella le miró con cara de asesina mientras Tifa decía “uuuuhh seva a liá” en español y Nagase preguntaba qué pasaba.

– ¿El qué has hecho tú, listo?

– Eso solo lo sabemos los dos, y los servicios – Toma se dio la vuelta completamente con el ceño fruncido. Era el único que no se había peleado por su atención y en cierta manera le molestaba.

– ¿Qué te ha hecho? – Le preguntó Koki – ¿Qué habéis hecho? Eso es jugar con ventaja.

– Sé más rápido la próxima – dijo Baru con chulería.

– Bueno, bueno, tampoco temociones que solo ha sidun beso ¿Eh? – le soltó Tifa. La mataba. Koki se quedó con los ojos como platos, Baru se reía y a Toma… no quería ni mirarlo.

– ¡Yo también quiero un beso! ¡Eso no es justo! No va a saber si le gusto más que tú si juegas con ventaja.

– Bueno – Toma cogió una silla y se sentó a su lado, pasándole el brazo por los hombros. También se había metido entre pecho y espalda unas cuantas copas de más – entones yo ya juego en otra liga – le dio un beso en la mejilla y se quedó mirándola. Esos ojos marrones que tenía… la mataba cada vez que la miraba sonriente. O cada vez que la miraba. Punto – ¿Eh, Kurishtina-chan? – su respuesta fue una risa tonta.

– Ea, ahí tienes al favorito. ¡A tomar por culo! – Koki se tiró al suelo, haciéndoles reír.

– ¡Lo siento! – Les dijo ella – es que las narices grandes son mi debilidad – le pegó un tirón de ella al tonto que la abrazaba, que se quejó con los ojos cerrados. Después de refregársela con cara de dolor, le sonrió – ¿No te molesta que Baru me haya besado?

– No, no tiene nada que hacer contra mí y mi narizota ¿No? – ella negó con la cabeza. Toma le susurró – No quiero que te vayas a España – ella chasqueó la lengua, menudas cosas le pedía – es que te voy a echar mucho de menos.

– Ni yo quiero irme.

– Pues quédate. Me encanta tu compañía – no se había enamorado nunca, pero como la cosa siguiese así no le iba a costar enamorarse de él.

– Claro, con el dinero que sale de los árboles.

– Con mi dinero – ella negó con la cabeza – ¿No quieres?

– ¡Pero si no me conoces! ¡Estás loco!

– Ya te conoceré, tenemos tiempo ¿No? Y nadie tiene por qué enterarse fuera de aquí.

Se quedó mirándole deseando decirle que sí, que por supuesto, que lo que quisiese, pero su cabeza le decía que era una locura. Podían llevarse bien ahora, pero, ¿Quién le aseguraba que al ver lo malo de ella no le gustase? ¿Y si se quedaba sola en Japón? Bueno, nunca se quedaría sola, Tifa estaría para ayudarla en caso de necesitar volverse. Pero seguía siendo una locura. Miró a la entrada de la sala de karaoke y vio a una chica con la vista fija en Nagase, así que le dio golpecitos a su amiga con el codo.

– Ahí está la stalker – Tifa miró donde le señalaba y acto seguido se levantó de la silla. Al principio temió que fuese a pegarle pero lo que hizo fue apartar a Hina y a Sakurai Sho de malas maneras del karaoke y poner ella una canción.

– Te vasssa cagar – le dijo a Nagase – toma, canta cnmmigo.

– ¿Qué vashacer? – ella le mandó a callar. Empezó a sonar “Kimagure one way boy” pero la versión de Tokio.

                Tifa empezó a bailarle a Nagase, al principio sutilmente, después un poco más cerca. Hasta que acabó de espaldas a él meneando el culo, bajándose la tiranta del traje y subiéndose un poco la parte de atrás, pegada a él. La stalker los miraba espantada, y más se espantó cuando Nagase, que en lo que llevaba ahí sentado se había bebido unas cuantas copas más, cogió a su novia por la cintura y se la sentó encima. Tifa no dejaba de mover las caderas, Nagase no dejaba de mirarla lamiéndose los labios, y ella tuvo que mirar a otra parte porque le estaba dando hasta vergüenza lo que pensó al verle con esa cara de salido. Eso sí, ni Toma ni Nishiki perdieron detalle. Supo que le había dado un beso (y probablemente no un besito breve) cuando escuchó exclamaciones. La stalker había desaparecido. Al acabar la canción repartieron los micrófonos y Nagase se llevó un buen rato diciéndole cosas a Tifa al oído, que se reía y se mordía el labio. Más adelante en la noche, Toma, Koki, Baru, Yoko y Okura cantaron una de arashi hasta imitando el baile y las caras serias. Fue una carcajada continua, porque además Toma imitaba a su amigo Matsujun y era demasiado. Cantaron mucho más, los eighto cantaron solos, a duo, con ella y sin ella y a pesar de la borrachera estaba siendo la noche de su vida. Ryo hizo un pulso con Mabo en el que perdió Mabo, lo hizo con Baru y obvimente perdió Baru. También le ganó a Toma y a ella, que para ese momento iba tan borracha que no sabía si le daba la mano o el pie. Nagase fue el único que le ganó, pero Tifa salió corriendo, trayendo a Gussan con ella. Y a Gussan no hubo quien le venciese. Terminaron casi todos con las corbatas en la frente, muchas camisas abiertas y algunos (como Leader) en los servicios vomitando. Mabo se quedó dormido en una silla con la boca abierta, Maru y Tifa no paraban de comer unos pastelitos que les sirvieron mientras charlaban animadamente y Taichi se moría de risa al ver a Nagase desafinando como un descosido colgado del cuello de Koki e intentando cantar “Born to be Wild”, inventándose la letra. Lo último que recordaba de la noche era Toma sonriéndole mientras le traía una copa más y a Nagase quejándose porque todo estaba en inglés.

                Se despertó a la mañana siguiente con el traje de chaqueta puesto (sin la chaqueta) y la almohada babeada. No era la almohada, era una camisa abierta. Y dentro de la camisa estaba Toma sin pantalones. No dormía, miraba al cielo a través de la ventana y la luz del sol hacía que sus ojos marrones se vieran más claros. Una presión brutal se hizo dueña de su pecho, un sentimiento tan fuerte que le sorprendió cuando le costaba hasta tragar saliva. Le encantaba sentirse así, era algo nuevo y maravilloso. Odiaba sentirse así porque significaba que cuando se fuese, todo ese buen sentimiento se iba a convertir en algo malo. Pero estaba donde estaba, sobre su pecho, con la nariz saturada de su olor y sintiendo como su respiración se acompasaba a la suya. Le observó pensar en sus cosas durante un buen rato. Tenía una mano sobre su cabeza y se estiraba distraídamente un rizo. Le odiaba por ser tan perfecto.

– Pero que gilipollas eres – le susurró en español. Él la miró y le sonrió, acariciándole el pelo.

– Ohayo, Kurishtina-san – quería escuchar eso todos los días. Quería despertarse así siempre – me has vuelto a babear – se rio apoyando la cabeza en su pecho porque era verdad – ¿Sabes? Llevo tres noches seguidas durmiendo contigo y no me canso, al revés, quiero más.

– Cállate – dijo ella agarrándole la cara – cállate ya y deja de ser… de decir…

                Toma se echó hacia el lado, tumbándose sobre ella, sonriendo y besando sus labios, su mejilla y su nariz repetidas veces. No podía evitar reírse, no podía evitar derretirse con las sonrisas que le dedicaba y los vellos se le pusieron de punta cuando le rozó el cuello con la narizota.

– Voy a hacerte el amor – le susurró al oído – voy a hacer que te corras con mi boca, con mis dedos y con esto – hizo que le tocase sobre los calzoncillos, soltándo un débil pero grave “hmm” – Voy a volverte tan loca como me vuelves tú a mí, Kurisu-chan.

                No pudo decir nada, le observó abrirle los botones de la camisa jadeante, cachonda con solo lo que le había susurrado y con la lujuria de sus ojos. Absorbió aire entre dientes al sentir su lengua por su cuello, por sus clavículas y sobre sus pezones. Subió las caderas al sentir sus labios en ellas y su nariz acariciarle el ombligo al tiempo que la lengua de Toma se colaba entre su carne ya húmeda. Iba despacio, desesperantemente despacio, y separándole los labios menores lamió todo su sexo. Se mordía los labios, sintiendo como el placer se convertía en gemidos que terminaban saliendo en suaves quejidos. Volvió a hacer lo mismo, rozándola con sus dedos sin penetrarla, pero esta vez siempre despacio. El orgasmo no fue una explosión, fue gradual, de menos a más. A tanto que separó la espalda por completo de la cama, tirándole del pelo y arañándole la nuca. No pudo evitar gemir, no pudo evitar que su cuerpo se revolucionase. No podía más pero Toma no la soltaba, besando sus muslos y metiéndole los dedos lentamente. Se quejaba, le pedía que parase pero no quería que lo hiciese al mismo tiempo. Volvió a tener un orgasmo con sus dedos, observando su expresión excitada y cómo cambiaba de mano sacándosela de los calzoncillos, rozándosela con los dedos mojados de sus fluidos.

– Sigo sin tener condón – se sentó en la cama y le empujó por los hombros, sentándose sobre él.

– Te he dicho que me da igual, joder – estaba tan sensible que al hacerle entrar en su cuerpo se tuvo que tumbar un momento en su pecho.

                Toma le acariciaba la espalda, besando sus labios mientras ella se balanceaba despacio sobre él. Sentirle dentro era lo mejor que le había pasado en la vida, tenerle piel con piel, mirándola a los ojos y comiéndosela a besos era un sueño hecho realidad. Quería decírselo, pero no podía hablar, le era imposible hacer otra cosa que no fuese gemir. Cada centímetro de su erección hacía presión en su interior y el clítoris le rozaba con su pelvis. Quería moverse más rápido pero le temblaban las piernas de puro placer. Toma la agarró del trasero, poniendo los pies en la cama y tras dejar la lentitud y suavidad a un lado la penetró con energía. Al ver que iba a gemir le mordió el hombro, lo que hizo que Toma se quejase más fuerte de lo que debería. O jadease. O gimiese. Eso era lo de menos, lo que de verdad importaba era que ya no sabía cuándo empezaba o terminaba un orgasmo porque cada vez que entraba en ella hasta el fondo le daba un placer indescriptible. Le dijo que no parase, que quería más, y sin darse cuenta se lo dijo en español. Toma gruñó algo que no entendió en japonés y la puso de espaldas a él. Cuando la embistió en esa postura, tuvo que morder la almohada porque todo lo que salía de entre sus labios eran gemidos escandalosos. No podía más, no podía correrse más, estaba empezando a estar agotada y le dolía la garganta de gemir. Además, estaba empapada en sudor, cosa que a él no le importó al tumbarse en su espalda, expulsando el aire de sus pulmones de una vez, sacándosela y rozándose con su culo. Se quejaba en su oído, su voz se rasgaba en un gemido largo terminando en jadeos que se unieron a los de ella.

– Toma – dijo como pudo – no puedo respirar, quítate de encima – se rio, aun gimiendo un poco, y se quitó de encima, tosiendo.

– Ay, joder, me muero.

– Shh, cállate, tú te has corrido solo una vez. Creo que acabo de perder dos kilos.

– No sé si dos kilos pero dos litros seguro, no he tragado tanto comiéndome un coño como contigo – dio una carcajada llevándose las manos a la cara.

– ¡SERÁS BRUTO!

– Tienes un problema de fuga de líquidos entre eso y lo babosa que eres al dormir…

– Cállate ya, imbécil, yo al menos no tengo cara de gilipollas.

– Bien que te gusta – le llevó las manos a las costillas y empezó a hacerle cosquillas por más que ella le imploraba que parase. No sabía qué hora era pero no podía evitar reírse a pleno pulmón y él al escucharla hacía más de lo mismo. Acabó con Toma sobre ella, besándola tiernamente.

– ¿Se puede? – Nagase llamó a la puerta y abrió al mismo tiempo.

– ¿¡Serás imbécil?! – le dijo ella tirando de la sábana en vano porque estaban al revés en la cama y era imposible taparse.

– ¡Lo siento! – dijo cerrándo y riéndose.

– ¡Espera a que la gente conteste antes de entrar! – le dijo Toma – de verdad, me sorprende lo tonto que es.

– Mira quién fue a hablar – le dio un empujón que casi lo tira de la cama, agarrándose al borde con cara de terror. Le volvió a dar un ataque de risa. Toma se le quedó mirando con una expresión alegre pero extraña y esperó a que se le pasase para darle un beso.

– Te quiero Kurishtina.

– Y yo – le contestó sin si quiera pensar, poniéndose como un tomate nada más soltarlo.

– Pues quédate.

– No me pidas eso, no puedo.

– ¿Tienes pareja allí?

– No pero—

– No te preocupes por el trabajo, tengo dinero de sobra.

– No me conoces.

– ¡Cris son las seis y media de la tarde, como no salgas vas a perder el avión! – le dijo Tifa.

– ¡Ya voy! – no se quería levantar de la cama pero llevaba razón, tenía que moverse. Pero estaba demasiado bien con Toma y no quería irse. Después de todo lo que había vivido con él lo que más quería era quedarse para siempre.

– Me encanta lo que conozco de ti. Por favor, no te vayas – le imploró.

– ¿Pero por qué dices que me quieres? No lo entiendo ¿Qué te gusta tanto de mí?

– ¡Y yo que sé, te podría preguntar lo mismo! No puedo explicarlo, es todo y nada en concreto. Es tu manera de ser tan única, lo simpática que eres y al verte con Tifa, apoyándola cuando estaba mal, veo que eres buena persona. Y cocinas con curry de lujo, eso te da muchos puntos.

– ¡Venga ya! – se rio con él pero cambió la expresión a una seria – si de verdad quieres que me quede contigo tengo que volver para hablar con mi gente. Ponerlo todo en orden.

– Vale, como quieras, te pago el billete de vuelta. Dime fechas y lo arreglamos.

– Estás loco. Estoy loca. Como una puta cabra, te lo digo.

– Eso ya lo sé yo. Es parte de tu encanto, babosa.

– ¿Me acompañas al aeropuerto?

– Te acompaño a donde quieras, Kurisu-chan.

                Se levantaron de la cama y se vistieron, recogiendo la habitación y todas sus cosas, guardándolas en la maleta y con cuidado de no dejarse nada. Al salir a la cocina, les recibió un sonriente Nagase y Tifa con cara de querer morirse. Tenía una resaca brutal.

– Si no bebo nunca es por algo – les dijo en el coche – me estoy muriendo…

– Menos mal que es sábado y mañana descansas – le dijo Nagase – otros trabajamos.

– No me lo recuerdes – le dijo Toma – no quiero.

– Si yo ganase lo que ganáis vosotros no me quejaba, así que calladitos – les regañó ella. Nagase la miró desde el espejo retrovisor haciendo el saludo militar.

– ¡Sí, señora!

– Te iba a preguntar si te lo has pasado bien – le dijo Tifa una vez que llegaron, delante de la puerta de embarque – pero me parece ridículo, es obvio que sí.

– Muchísimas gracias por todo – le dio un abrazo enorme – A los dos, muchísimas gracias de verdad. Me habéis cambiado la vida.

– Tanto como eso… – dijo Nagase apretándole el hombro. Menuda manaza tenía el hombretón – pero de nada.

– Bueno – le dijo Toma con un suspiro – espero tu mensaje. Cuando lo organices todo, me avisas – vio la cara de curiosidad de Tifa – ya os lo contaré.

– Cuando esté hecho, los planes no se cuentan que no salen – dijo Nagase, Tifa puso los ojos en blanco.

– Que supersticiosos sois los japoneses. Ven pronto otra vez ¿Vale?

– Sí, sí – Toma le apretó discretamente la mano, sabía que no iba a despedirse con un beso, al fin y al cabo era japonés – no te preocupes por eso que voy a volver…

EPÍLOGO

                No paraba de beber agua, pero es que hacía tanto calor al borde de la carretera que le iba a dar algo. Su amiga se sentó a su lado, en la moto que les prestó Nagase. Le quitó la botella de agua y escondió un eructo.

– No hay una vez que salgamos que no nos perdamos por su culpa – dijo señalando a los dos hombres que miraban el gps sudando a chorreones.

– No me voy a quejar, me encantan estas salidas.

– Joder, y a mí.

– Vamos a parar – le dijo Toma con los rizos pegados a la frente – hay una playa aquí al lado y necesito bañarme.

– ¿Pero tienes bañador? – le dijo ella apartándole el pelo de la cara.

– ¿Quién quiere bañador teniendo calzoncillos? – Nagase le enseñó el borde de los suyos, azules chillones.

– En serio, esperemos que no haya gente porque como tengáis fans cerca van a andar incordiando – dijo Tifa.

– Por esa regla de tres no te quites la camiseta, tetona – le contestó el novio pinchándole el pecho con los dedos.

– Te has traído el bikini ¿No?

– Sí, hombre, si la idea principal era ir a la playa antes del festival de música, aunque no sea a esta a la que íbamos.

– Una playa es una playa, ¿Te vas a poner quejica? – Toma miró sobre su hombro y vio a Tifa en los brazos de Nagase, riéndose como una chiquilla – vamos a descansar que nos queda mucho que preparar en casa.

– En casa suena tan bien – le cogió la mano aunque se mostraba reticente – no hay nadie alrededor.

– Kurisu, en la calle no…

– Cállate, estamos a tomar por culo de todo – a pesar de que a él le daba una vergüenza tremenda las muestras de cariño en público, tiró de su camiseta y le dio un breve beso en los labios.

– ¿Me quieres? – le preguntó en susurros Toma mirándola a los ojos.

– No, lo he dejado todo en España para estar contigo pero es por aburrimiento – Para su sorpresa, Toma la abrazó con fuerza, riéndose.

– Gracias por aparecer en mi vida – Ella sonrió. Desde que estaba con él eran todo sonrisas. Echaba de menos a su familia, echaba de menos a su tierra, pero solo el pensamiento de alejarse de su lado era como pensar en arrancarse un miembro de su cuerpo. No quería admitirlo (y nunca lo haría en voz alta) pero estaba enamorada, por primera vez y esperaba que por última.

– Cuando queráis nos vamos ¿Eh? – les dijo Tifa ya subida tras Nagase.

                Toma se rio avergonzado, pidiendo perdón. Se pusieron los cascos y se subió tras ella, que arrancó la moto y siguió a Nagase. Escuchando las instrucciones de Toma bajaron hasta la playa, fueron al hotel, fueron al festival y de vuelta a casa. No le importaba si en su vida iba a ser guiada por un gilipollas. Es más, mientras fuera a su lado y estuviese feliz, no le importaba nada convertirse en una a su lado.

Room Service

Tenía este relato pendiente desde hace mucho pero aquí está al fin.Esta vez la inspiración viene de más personas de las acostumbradas y es que no es para menos. Los protagonistas son dos matrimonios y la narración es desde el punto de vista de ellas (que son la noche y el día) porque me es más fácil básicamente.

Los Holloway

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Ella es Claire Sinclair, buenorra, todo curvas, está como una cabra, es conejita playboy desde los 18 y ahora trabaja en las vegas de stripper. Pero en el relato es algo más.

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Josh

Su encantador marido que te mira y te deja embarazada es Josh Holloway, actor y un golfo ♥

Los Nagase

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Ella, aunque ya lo sabéis, es mi amada Horikita Maki. Actriz, modelo y la perfecta japonesa educada y correcta.

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BURF ♥

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No necesita ser presentado si me leeis aunque sea un poco xD Él es Nagase Tomoya, cantante, compositor, actor, guitarrista y motero. Born to be wild

Y ya os imaginaréis a dónde puede llegar la cosa. Un adelanto. Sneak Peek.

  comerabo

El cómo es la pregunta 😉

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1

La recepción del hotel era enorme. Un botones muy amable se llevaba mis maletas a la habitación, y se me quedó mirando extrañado al ver que no me movía de allí. Le expliqué en pocas palabras que estaba esperando a mi marido, y es que no quería entrar en la habitación de nuestra luna de miel sin él. Era un cabezota, por más que le insistieron se empecinó en aparcar él mismo su coche. Había ocasiones que no estaba segura de que me quisiese más que a sus cacharros con ruedas (sobre todo los de dos), pero no podía decirle nada cuando veía su cara de felicidad al contarme que le había cambiado una pieza a tal moto o que había conseguido un nuevo coche vintage. Desde luego por dinero no nos podíamos quejar… Miraba a la salida del hotel con las manos frente a mi cuerpo, agarrando las asas de mi bolso y esperando un poco impaciente. Seguramente se había quedado a hablar de coches con esos chicos, como si lo viese.

– ¿No hay nadie aquí o qué? – miré a mi derecha al escuchar el timbre de la recepción. Lo primero que vi fueron unos enormes pechos oprimidos bajo un fino traje negro, muy apretado por arriba y suelto de cintura hacia abajo. Aunque no es que hubiera mucha tela entre esa cinturita y las rodillas… Me pilló mirándola de lleno.

– Lo siento – me apresuré a decir inclinándome levemente. Esa chica hizo un gesto con la mano quitándole importancia al asunto, arrugando una naricilla preciosa, para ser occidental.

– ¿Sabes si hay alguien por aquí que pueda atenderme? – negué con la cabeza y miré dentro del mostrador con ella. Por su forma de hablar deduje que era americana.

– Quizás están almorzando – dije empezando a practicar mi inglés, temerosa de que no me entendiese por mi fuerte acento japonés.

– Claro, es que ese es el problema, que yo también quiero almorzar y el teléfono del servicio de habitaciones no parece funcionar.

– Pero el restaurante está abierto, puedes ir cuando quieras – Me miró con una sonrisita.

– Mi marido no tiene ganas de salir de la bañera – Cuando alzó las cejas varias veces se me escapó una risita estúpida y me puse tan colorada que no supe donde mirar – ¡Ah! Por fin… – le explicó al recepcionista su problema y cuando dijo su número de habitación miré mi tarjeta llave para comprobar que estaba a una puerta de la mía – bueno, nos veremos por aquí – me dijo antes de marcharse – encantada…ehm… – me miró esperando que le dijese mi nombre, pero tardé en darme cuenta porque estaba pasmada admirando lo bonita que era.

– Ah, perdón, Maki.

– Encantada Maki – dijo ella sonriente – soy Claire – vi que alzaba una ceja mirando por encima de mi hombro – Que bombonazo acaba de entrar por ahí – me di la vuelta para admirar lo que ella admiraba y vi venir a mi marido, sonriente y con la chaqueta en la mano.

– ¿Vamos? – me dijo en japonés. Claire se rió por lo bajo y él se percató de su presencia. Después de fruncir el ceño levemente y de mirarla con curiosidad, me miró a mí.

– Es Claire, está a una habitación de nosotros con su marido – me preocupé de dejar bien claro que estaba acompañada – este es Tomoya – le dije a ella.

– Oh, encantado – dijo moviendo la cabeza ligeramente, a ella le dio la risa floja.

– Igualmente – se dio la vuelta y la seguimos hasta los ascensores.

Estaba un poco mosqueada con la situación. Sabía que él la había mirado y que seguía mirándola, solo que por no ofenderme disimulaba. Aunque tampoco me extrañaba, la chica era impresionante. Cuando llegamos al piso de arriba se despidió con una sonrisa y me apresuré a entrar en la habitación.

– ¿Qué te pasa? – Tomoya siempre me decía que mi cara era como leer un libro, no podía ocultar ningún sentimiento, era incapaz.

– Es muy guapa – dije arrastrando las maletas hacia los armarios – te mira mucho.

– Tú eres más guapa – tiró de mi mano y me abrazó. Me miró a los ojos acariciando mi mejilla, arrancándome un suspiro – no me voy a cansar de repetírtelo nunca porque cada día que pasa, lo eres más – y me dio un beso en los labios tan dulce como sus palabras.

**********************************************************************

– Se te va a arrugar – le dije a Josh señalándole lo que le colgaba flácido entre las piernas cuando entré en el cuarto de baño. Abrió un ojo y me miró desde donde estaba, con los brazos apoyados en el borde de la bañera – tiene pinta de estar muy caliente.

– No más que tú – me dijo sentándose y admirando como me desnudaba.

– Eso es evidente – me metí con él en la bañera, apoyada en el lado opuesto en la misma posición que él – el vecino de ahí al lado está tremendamente bueno.

– Ah, que bien – sentí sus pies acariciándome los muslos.

– Son asiáticos y creo que ella te va a poner muy cachondo – dio una carcajada de las suyas, de las que me enamoraron.

– ¿Y eso por qué? – tiró de mi mano y me hizo apoyar mi espalda en su pecho, abrazándome por la cintura mientras me olía el pelo.

– Porque tiene pinta de inocente y tú eres un cerdo.

– La primera queja que tengo por tu parte – le miré a los ojos.

– No era una queja – me besó despacio, pretendiendo ser un beso normal pero con esa lujuria escondida que siempre tenían sus besos.

– He perdido la cuenta de las veces que te he visto desnudarte, pero siempre me pones igual de nervioso.

– Sí, es una capacidad que tengo – moví el culo contra su entrepierna, poniéndosela dura – poner nerviosos a los hombres. Resulta que es mi trabajo, mira tú por donde.

Se rió mientras me besaba de nuevo sin esconder su lujuria y rozándome despacio los pechos. Eso era algo que apreciaba muchísimo de él, que nunca era brusco cuando empezábamos a hacer el amor. Era lo que me ponía más cachonda, cuando me tocaba haciéndome sentir tantas cosas, sabiendo de antemano que me iba a volver loca. Cuando las caricias de sus manos bajaron por mi cuerpo, llamaron a la puerta del baño.

– ¿Señora? – dijo tímidamente el chico que subió a reparar el teléfono sin entrar.

– Antes al abrirle la puerta no paraba de mirarme las tetas a través del traje – le susurré a Josh.

– Pues que mire bien – me dijo él haciéndome reír – ¡Pasa chico! – cuando abrió la puerta también se le abrió la boca, y miró rápidamente a sus pies.

– Ya tiene el teléfono arreglado, si necesita cualquier cosa no dude en avisarme.

– Muchas gracias cielo, coge de la cartera lo que quieras y cómprate algo por mí, ¿Vale? – levantó la vista e intentó mirarme a la cara sin conseguirlo, obviamente.

– Nunca he visto correr tanto a alguien del servicio de habitaciones – me dijo Josh cuando se hubo ido de la habitación.

– Irá a hacerse una paja – le dije yo sonriendo.

– Eres una cerda provocadora, te encanta – me dijo agarrándome la cara y besándome bruscamente. Me tumbé en su pecho y le besé durante un buen rato, pero me sonaron las tripas.

– Luego seguimos, tengo que darle de comer al dragón – me miró salir de la bañera y enrollarme en una toalla casi ofendido .

– Más te vale pedirme algo rico. Invitas tú.

– Vale, pero sal de ahí y vente aquí conmigo.

Descolgué y sonreí al escuchar el pitido que indicaba que el teléfono tenía señal. Cuando me contestaron pedí pollo para mí, ternera para él y el postre con más chocolate que tuviesen. Estaba preguntando por las sugerencias del hotel cuando sentí que me arrancaba la toalla. Miré a Josh poniéndome un dedo ante los labios, pero no me hizo ni caso. Deslizó los dedos entre mis labios menores y me tapé la boca, riéndome y gimiendo al mismo tiempo.

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– Vamos a almorzar y a curiosear el hotel, luego lo guardamos todo. Tenemos cuatro días por delante cariño.

Asentí siguiendo a mi marido fuera de la habitación. Me puse un poco nerviosa cuando me besó en la mejilla delante de todo el mundo mientras bajábamos en el ascensor. No era normal que él actuase así pero teniendo en cuenta que estábamos en un país extranjero tampoco era tan raro que actuase más como él mismo. Vimos que junto al comedor había una sala de baile con un escenario, con su tablón anunciando las actuaciones de la semana. Nos encontramos con una sala llena de ordenadores que ni nos molestamos en mirar, y en la terraza (que era realmente grande) había una piscina enorme rodeada de tumbonas de plástico blancas bajo sombrillas de paja. No estaba tan llena de gente como pensaba, a pesar de que hacía bastante calor. Bajamos las escaleras y nos encontramos con un gimnasio totalmente equipado, incluso había una sauna y una zona de piscinas termales. Desde luego el hotel era más de lo que me imaginaba. Finalmente fuimos al restaurante, y mientras yo cogía del buffet libre comida que no había probado nunca, él se limitaba a llenarse el plato de carne. Cuanto más grasienta, mejor. Le miré sonriendo y negando con la cabeza.

– Algún día te va a dar algo malo – le dije cuando íbamos con los platos a la mesa.

– Esto lo quemo todo luego en el gimnasio – me dijo guiñándome el ojo.

– No te vas a morir por comer verduras…

– Suficientes como en casa, que no me malinterpretes, las haces riquísimas. Pero soy más de carne, ya lo sabes.

– Tú sabrás, cuando tengas un barrigón a ver si puedes llevar la moto con la misma facilidad.

– ¡Claro que sí! No digas tonterías, voy a estar bien.

– Como quieras, gordito – me sonrió, metiéndose un trozo de carne más grande de lo normal en la boca mientras le chorreaba la grasa por la barbilla.

Siempre estaba haciendo el tonto y probablemente eso era lo que más me gustaba de él. Cuando terminamos de almorzar fuimos a los postres, y para no variar cogió el postre con más fresas y nata de todos los que había, echándome en cara que él comía fruta mientras yo me comía un flan y que quién era la gorda ahora. Ahítos y sonrientes volvimos a la habitación del hotel. Justo antes de entrar vimos a Claire salir con su vestidito, unas gafas de sol y un bolso enorme. Nos sonrió ampliamente al vernos.

– ¡Hola! ¿Ya habéis almorzado? – Asentimos – voy a la piscina un rato, ¿os unís luego? Mi marido está reposando la comida pero luego bajará – miré a Tomoya y ya me estaba mirando.

– Lo que tú quieras – me dijo. Miré a Claire y asentí.

– Vale, luego nos vemos – Cuando entramos en la habitación y nos sentamos en la terraza a reposar la comida, estaba pensativo – ¿En qué piensas?

– En que conozco a esa chica de algo… pero ahora mismo no sé de qué.

– ¿A ella? Puede ser modelo, desde luego – me miró encogiéndose de hombros – me da curiosidad su marido. Debe ser muy atractivo.

– No tiene por qué. Mírate a ti, estás conmigo – resoplé.

– Sí venga ya, si todas te miran con deseo… y lo sabes.

– Nunca como te miro yo – dijo alzando una ceja, poniéndome muy nerviosa.

– ¡Calla, idiota! Voy a ponerme el bañador – cuando salía de la terraza me dio un leve pellizco en el culo, haciéndome dar un gritito.

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No es que el sol picase, es que me iba a quedar del color de las gambas si seguía tumbada como los lagartos. Así que moví la sombrilla de forma y manera que me diera sombra al cuerpo completo. Cogí el refresco de frutas que tenía en la mesita mientras pasaba la hoja de la revista. Me encantaba ver los modelitos que se ponía esta y aquella, y sobre todo ver como las criticaban sin parar y les sacaban defectos. Por suerte yo nunca salía en ese tipo de revistas, aunque no tendrían mucho que criticar. Sentí que me miraban así que alcé la vista.

– ¡Ah! Maki, ¿Qué tal? – llevaba un vestidito celeste realmente lindo, demasiado para mi gusto. Se sentó recatadamente en la tumbona que me quedaba a mi izquierda, con la mesa de por medio.

– Bien, hemos comido mucho, estaba todo riquísimo.

– Sí que es verdad, no tengo quejas del hotel. Al menos de momento – sonrió un poco incómoda, mirando a su alrededor – ¿No tienes calor? Yo me estoy asando.

– Un poco, sí…

– Pues ponte en bikini, mujer – me recogí el pelo de cualquier manera, tumbándome de lado en la tumbona para charlar con ella. Se quitó el trajecito y lo dobló con cuidado metiéndolo en su bolso. Se tumbó y se sobresaltó cuando el camarero se acercó.

– Tráele lo mismo que tengo yo – le dije a éste, ella me miró – está buenísimo – asintió sonriente. Se le veía un poco incómoda – ¿Y tu marido?

– Está arriba, fumando. No me gusta que fume delante de mí así que siempre se escapa unos minutos.

– A mí tampoco me gusta el tabaco la verdad aunque a mi marido también parece encantarle. Solo he visto al tuyo una vez, pero me da la impresión de que se van a llevar bien.

– No sé, él tiene muchos amigos americanos. Es posible que… – vi como a la chica se le abrían los labios mirando justo detrás de mí, y no me dio tiempo a girarme. Josh me dio un beso en la mejilla, acariciando mi cintura con sus manos.

– Ohhh, que fresquitas, tócame un poco la espalda que me muero de calor – le dije al sentir sus dedos helados.

– Nena, ¿Te has puesto crema? Vas a quemarte.

– Estoy a la sombra, no pasa nada. Josh, esta es Maki, nuestra vecina – Josh la miró, ella miró al suelo inclinándose un poco y tragando saliva. Josh tenía ese efecto en las mujeres, siempre pasaba lo mismo; en el momento que las miraba a los ojos se ponían tontas. Y yo la primera.

– Encantado, preciosa – le dijo él, sonriendo de esa manera que sabía que nos mataba. Me miró – voy a meterme en el agua, ahora mismo no hay nadie y tengo la piscina para mí.

– Venga anda… – cuando se puso de pie, le di una buena cachetada en el culo. Se giró aspirando y frunciendo el ceño, pero después se rió, que era lo que yo iba buscando – No le hagas mucho caso, siempre se comporta así con las mujeres que conoce.

– ¿Y no te molesta? – tenía los ojos clavados en él, mirándole nadar.

– No, es solo tonteo – me miró alzando las cejas – por las noches con quien duerme es conmigo ¿No?

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Si yo tuviese esa cara y ese cuerpo tampoco tendría miedo de que me quitasen a mi marido. Mirar sus tetas me hacía sentir vergüenza por las mías, diminutas en comparación. Y ella tenía curvas, mientras que yo era prácticamente recta. Volví a mirar a Josh, estaba sorprendentemente bueno, y no pude mirarle a los ojos demasiado tiempo pero me impresionó lo verdes que eran. Y tenía una espalda tan ancha… estaba más fuerte que Tomoya, aunque la mirada de mi marido no tenía nada que envidiarle a la de él. Me llevé un susto al sentir que se sentaban a mi lado, me giré y Tomoya me acarició el pelo.

– ¿Dónde mirabas? – me preguntó, haciéndome enrojecer y sentirme culpable.

– A mi marido, Josh – Tomoya miró a Claire susurrando “¿Eeeeh?” – no es tan raro. Déjala, es humana, tiene ojos en la cara.

– Sí ¿No? – estaba ofendido, se había ofendido de verdad. Lo cual me cabreó un poco porque acababa de mirar a esa chica de arriba abajo.

– No me mires así, tú también lo haces – nos quedamos mirando un poco serios, hasta que los gritos de Claire nos sacaron de esa situación tan fea.

– ¡¡Me cago en—!! ¡¡Josh!! – se había tirado sobre ella, mojándola entera y riéndose sin parar.

– Está fresquita, vente – cuando le dio un beso en los labios y ella le pasó los brazos por el cuello miré a otra parte, sintiéndome enrojecer.

Se la llevó en volandas mientras ella gritaba y se llevaron un buen rato en la piscina. Se les veía tan bien que me dieron envidia. Y es que allí estaba yo, con mi marido enfadado a mi lado y yo un poco enfadada también. No hablamos todo el rato que estuvieron en la piscina y me dio un poco de rabia verles reírse tanto y pasárselo tan bien. Había sido mala idea juntarnos con ellos.

– Hola, soy Josh – dijo este al salir de la piscina, tendiéndole la mano a mi marido, que se la dio de mala gana.

– Tomoya, encantado – dijo lo más fríamente que pudo.

– ¿Puedo llamarte Tom? No me voy a acordar de tu nombre de otra manera – la sonrisa de Josh era perfecta, por más que quería no podía dejar de mirarle.

– Sí, claro… – no le veía muy convencido. Josh se levantó y chasqueó la lengua.

– ¿Dónde están los camareros? Voy a ir al bar, ¿Queréis algo? – todos negamos con la cabeza.

– Ahora sí que voy a quemarme… – dijo Claire sacando la crema solar. Se la empezó a poner y yo no quería ni mirarla. Cada movimiento que hacía era atractivo, y me daba tanta rabia que estaba a punto de pegar a mi marido – a ver si este llega pronto que me la quiero poner en la espalda.

– No te preocupes – Tomoya se levantó y se sentó junto a ella – ya te la pongo yo.

– ¡Gracias! – se le iluminó la cara, a esa guarra se le iluminó la cara. Y encima tuvo la poca vergüenza de morderse el labio mirándome cuando él empezó a tocarla – que manos más grandes…

Me levanté furiosa, ni siquiera cogí el bolso. Me quería meter en la habitación y Tomoya se podía quedar si quería. Pero me choqué con algo muy duro por el camino y casi me caigo de no ser porque me cogieron al vuelo. Cuando me quise dar cuenta estaba fuertemente agarrada a los brazos de Josh, con su cuerpo peligrosamente cerca del mío.

– ¿Estás bien? – Asentí un poco atontada, estaba demasiado cerca de él – ¿Dónde ibas tan rápido?

– A… a por otra sombrilla porque a Tomoya le da el sol – mentí.

– Y está demasiado caliente ¿No? – Dijo mirando a la pareja por encima de mi hombro – ya, ya lo veo – para mi sorpresa, sonrió – si necesitas crema puedo hacer que se ponga muy, muy celoso – me dijo en susurros.

– No, no, no hace falta – me empecé a reír como una estúpida – estoy bien.

– Toma, que vaya él a por la sombrilla – me dio su cerveza y una revista que había traído de recepción. Cuando me senté y la miré, se me abrió la boca de par en par.

– Oye campeón, ya sigo yo – le dijo a Tomoya haciendo un gesto con la cabeza.

– ¿Eres tú? – le dije a Claire enseñándole la portada de la revista.

– ¡Ya ha salido! – se sentó, dándole un empujón a mi marido y quitándome la revista de las manos. Tomoya se sentó a mi lado de nuevo y totalmente rencorosa, me alejé de él.

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– ¡Que ganas tenía de ver la sesión de fotos! – Dije mirando las páginas principales – ay… me encantan – dije dando saltitos y mordiéndome el labio.

– Te hacen demasiados retoques, estás más guapa al natural – me dijo Josh.

– Oye, no está mal que me borren las estrías.

– Sí, pero no que te quiten quilos y que te hagan parecer como si fueras de plástico. ¡Ni siquiera tienes los pezones de ese color! – escuché que alguien se atragantaba y vi a Maki tosiendo como loca con el refresco en la mano. Tomoya le dio unas palmaditas en la espalda.

– ¿Estás bien? – dijo él y ella se apartó sutilmente. Sí que era celosa… cosa bastante hipócrita cuando se comía a Josh con los ojos, y porque con la boca directamente quedaría un poco feo.

– ¿Quieres verlas? – le pregunté a la chica. Cogió la revista con curiosidad, y tanto a ella como a él se les abrían los ojos de par en par. Maki cerró la revista bruscamente y me la devolvió.

– ¿Eso era una Harley de los 60? – preguntó él.

– ¿En serio? – Dijo Josh riéndose – ¿Estabas mirando la moto?

– No me ha dado tiempo a ver nada – dijo con una sonrisita. Entonces me sentí mal, me sentí realmente mal por esa chica porque se le veía en la cara que no lo estaba pasando bien. Me levanté y me puse el traje.

– Maki, vamos a por unos helados – cuando me miró no supe si estaba enfadada o dolida – venga, invito yo – Se levantó y se puso el traje, caminando a mi lado en silencio. Cuando ya íbamos a volver con los helados en las manos, la senté dentro de la recepción – Mira, creo que hemos empezado mal – apretaba los labios y no me miraba a los ojos – siento mucho si te he hecho sentir incómoda.

– ¿Cuánto tiempo llevas casada? – me preguntó.

– Unos cuantos años… ¿Por qué?

– Este es mi viaje de novios. Y si en mi viaje de novios mi marido se ofrece a darle crema en la espalda a una chica como tú no sé si—

– Oye, oye – tenía los ojos brillantes, estaba al borde de las lágrimas – lo único que le pasaba es que estaba celoso. ¡Y lo entiendo! Estabas mirando a Josh con la boca abierta, literalmente – negó con la cabeza sin mirarme.

– ¡Pero tú eres perfecta! – Dijo mirándome enfadada – ¡Y me haces sentir incómoda! – suspiré.

– Ven conmigo un momento – dejó el helado en la mesita y me acompañó frente al espejo – mírate. ¿De verdad me vas a decir que eres fea?

– No pero…

– ¿No eres atractiva? – se giró y me miró a los ojos.

– No tanto como tú. Tú tienes curvas – sonreí.

– Sí, tengo curvas, y sí, puedo ser una guarra cuando me lo propongo porque además me encanta. Pero tu atractivo está en lo contrario. Eres preciosa y adorable, estoy segura de que Josh se moriría por llevarte a la cama – se puso como un tomate – he visto como te mira. Así que déjate de tonterías y disfruta de tu marido. Los celos no traen más que dolor y problemas.

– ¿Podrías no insinuarte a Tomoya? – me dijo con una sonrisita.

– Lo voy a intentar pero con lo bueno que está es complicado… además, eso no es justo – dije camino de las tumbonas – tú atraes a Josh sin hacer nada.

– ¡Te conoce! – Me dijo mi marido al llegar – ha visto tus películas.

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De repente Tomoya no la miraba a la cara. Estaba sentado junto a Josh, con otra cerveza en la mano y riéndose avergonzado. Se rascó la nariz, lo que me indicó que realmente se estaba muriendo de la vergüenza. Miré a Claire, que se sentó dándole una patadita a Tomoya en la pierna.

– Eres un guarrete ¿Eh? – le dijo. La miré con las cejas totalmente arqueadas – sip, soy actriz porno – no pude contestar. Eso era la gota que colmaba el vaso.

– De todas maneras se ha seguido interesando más por la moto que por ti – dijo Josh a la chica, que se tumbaba de nuevo después de ponerse la sombrilla a su gusto – supongo que vas bien servido.

Y allí estaba yo, de pie, mirando al pajillero de mi novio más rojo que un tomate y preguntándome en qué maldita hora se me había ocurrido a mí acercarme a ellos. Dejé el helado en la mesita y me di la vuelta mientras escuchaba a Claire quejarse. Estaba tan escandalizada e incómoda que me quería ir de la piscina, del hotel y del país. Me agarraron del brazo y me solté con rabia, sabiendo que era Tomoya. Y aunque aceleré el ritmo, me siguió hasta casi el ascensor. Me dio la vuelta y le miré enfadada, solo que no era él.

– No te enfades con él, es un hombre y por lo que veo diría es sexualmente activo – me dijo Josh con esa sonrisa perfecta – vuelve a la piscina, te prometo que Claire se va a portar bien.

– Sois demasiado para mí – dije en susurros, apartando la mirada de esos ojos traviesos.

– Maki-chan – ahora sí era Tomoya – no te enfades, lo siento.

– No, no lo sientas. Es igual – dije nerviosa. No podía tenerles a los dos delante al mismo tiempo y mirándome, me sentía descontrolada – deja que me vaya a la habitación.

– Mira, id juntos y arreglad lo que sea que haya pasado. Esta noche os invito a cenar en compensación – dijo Josh. Tomoya le miró aún un poco molesto – nos vamos a llevar bien. Estoy segurísimo.

2

Apenas nos dirigimos la palabra en lo que quedaba de tarde. Deshice las maletas mientras él intentaba hablar conmigo, sin querer responderle porque estaba muy enfadada y no quería decir nada de lo que luego me arrepintiese. Al darse cuenta, fue a darse un baño largo, y salió cuando empezaba a ponerse el sol. Estaba sentada en la terraza, pensando en esa chica y en la intensidad con la que me gustaría estar en su piel. A pesar de las palabras amables que me dijo no podía terminar de confiar en ella. Quería mucho a mi marido, no quería perderle por nada en el mundo. Al sentir su mano acariciando mi espalda cerré los ojos, mordiéndome el labio. No tuvo que decir nada, me di la vuelta en la silla y abracé su cintura.

– Sabes que te quiero más que a nada ¿Verdad? – Asentí sin hablar y sin mirarle a la cara, aún abrazándole – esa mujer es solo un cuerpo, no es nada más.

– Ya lo sé, ya sé que me quieres. Pero no puedo evitar sentirme poca cosa – se puso en cuclillas y me sonrió.

– ¿Cómo vas a ser poca cosa si eres mi mundo entero?

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– Joooooooooooooosh – dije dándole un revistazo en la cara. Me miró chasqueando la lengua – me aburro.

– ¿Crees que esos dos se habrán reconciliado? – asentí, girándome en la cama.

– Y espero que hayan follado o algo porque con tanto deseo reprimido vamos a acabar mal.

– ¿Nos vestimos y vamos a cenar con ellos? – asentí un poco más feliz. Me levanté de la cama y me puse el primer traje que saqué de la maleta – no tenemos por qué acabar mal precisamente…

– ¿Qué insinúas? – se sentó en la cama, abrochándose la camisa de botones.

– No lo insinúo, lo digo. Siempre me ha dado morbo follarme a una japonesa, dicen que son estrechas – me reí.

– He visto a más de una follarse a tíos con un rabo dos veces más grandes que el tuyo, pero sí, supongo que por norma general así es.

– Y a ti ese tío te pone cachonda – me mordí el labio soltándome el pelo del recogido.

– Tiene una boca y unas manos interesantes, sí. Pero no sé cómo vamos a hacer lo que piensas sin escandalizarlos hasta el infinito.

– Tú déjame a mí, ¿Vale? – Se acercó a mí, poniéndome derechas las tirantas del sujetador – La más difícil de convencer va a ser ella, él no va a poner pegas.

– Claro que no, está deseando meter la cara entre mis tetas – se rió ante mi comentario, cogiéndomelas con fuerza desde atrás.

– Que suerte tenerlas cada vez que quiera.

– Te quiero mucho – le dije, enredando mis dedos en su pelo. Me puso la mano en la cara y me besó de espaldas – que rápido me pones caliente…

– Resérvate para el machote, que por cierto, esperemos que no tenga medida japonesa estándar.

– ¡Shhh! No lo gafes, calla – Fuimos directos a la habitación de la pareja, pero dejé a Josh delante esta vez.

– ¡Hola preciosa! ¿Nos vamos todos a cenar? – Maki se quedó petrificada con la mano en el pomo.

– Sí claro, ahora mismo bajamos – dijo Tomoya de muy buen humor y asomándose sobre el hombro de su mujer – esperad un momento.

– ¡Sin prisas! – dije guiñándole el ojo. Escondió la sonrisita torpemente y se dio la vuelta antes de que su mujer le pillase.

– No le provoques – me susurró Josh con voz divertida mientras esperábamos, obligándome a esconder las carcajadas entre mis manos.

La gente que pasaba por el pasillo se nos quedaba mirando, como siempre. Éramos una pareja que llamaba la atención y no voy a decir que me desagradaba, al contrario. Le miraba y veía lo que las dejaba estupefactas, era brutalmente atractivo.

– ¿Estás seguro que quieres hacer esto? – le pregunté enganchando mi dedo al suyo.

– ¿Estás tú segura? – Asentí – entonces yo también. Por muy bueno que esté el japo, sé que no tiene nada que hacer contra mí. Igual que ella contigo.

– Es curiosidad por ver cuanto de lo tuyo le cabe ¿No?

– ¡¡SHHH!! – Cuando salieron todavía nos estábamos riendo. Los muy inocentes nos sonrieron sin enterarse de nada.

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Estaban de un humor excelente y viendo que Claire no se sobrepasaba con Tomoya en ningún momento, yo también empecé a disfrutar de su compañía. Eran muy alegres y divertidos, quizás un poco ruidosos pero que iba a decir yo si las carcajadas de mi marido eran las más ruidosas. Josh y él se llevaban de escándalo, eran iguales en cierto modo. Y aunque Claire y yo éramos la noche y el día, también tuvimos una cena muy agradable.

– Actriz ¿Eh? Serás súper famosa en Japón – sonreí.

– Sí, bueno, él también. Probablemente más que yo – le miró con curiosidad.

– ¿Es modelo? – me reí. Era fácil pensar eso.

– Es músico. Y actor. Y compositor también.

– ¡Un chico para todo! Josh también es actor y yo… bueno, yo soy más modelo que otra cosa. Alguna película hay por ahí perdida pero ya sabes, no creo que te entusiasmen.

– Ya – no me sentía cómoda hablando de estos temas y siguió un silencio un poco incómodo – voy un momentito al baño.

No necesitaba hacer nada pero tenía que despejar las ideas. Me sentía otra vez insegura y sabía que el problema solo lo tenía yo, ella no estaba haciendo nada más que ser como era. Me miré en el espejo, convenciéndome de que yo también era muy bonita. Tras unos minutos salí de allí respirando hondo, pero no me dejaron dar muchos pasos. Tiraron de mi brazo y me metieron bruscamente en una habitación pequeña y alargada llena de estanterías metálicas. Josh cerró la puerta y me pegó contra la pared, poniéndome las manos en las caderas y acercándome sus labios demasiado.

– ¿Qué haces? – subí las manos y las puse en su pecho. No podía dejar de mirarle la boca.

– Eres tan pequeña… – sus labios apretaron los míos y un grito luchaba por salir pero solo fue un quejido histérico – y tan adorable – me sonrió a centímetros de mi boca, acariciándome la mejilla.

– Josh-san, yo no…

– Claro que sí – sus dedos se metieron bajo mi falda, acariciándome los muslos mientras me mordía los labios.

No sé porqué no me movía, no sé porqué no le apartaba y le daba la hostia que se merecía. Temblé al sentir su lengua rozando la mía, porque ni si quiera Tomoya solía darme esos besos a no ser que quisiera algo muy concreto. Me apretó el culo y me pegó a su cuerpo, acercándome sus caderas sin dejar de besarme de manera salvaje. No era muy diferente de besar a Tomoya y sin embargo no tenía nada que ver. Tenía menos prisa, me besaba con tanta tranquilidad y seguridad que no sabía qué hacer conmigo misma. Subí las manos por ese pecho tan grande y amplio para tirarle del pelo. Quería alejarle, pero me acerqué más. Me estaba volviendo loca.

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– Maki tarda mucho – miró hacia los cuartos de baño un poco inquieto. No habíamos cruzado más que sonrisas desde que Josh se levantó de la silla.

– No te preocupes – dije quitándome los zapatos discretamente con mis propios pies – no van a tardar mucho en llegar. ¿Tan protector eres?

– No es normal que tarde tan—

Se miró entre las piernas al sentir mi pie descalzo subirle por el muslo. Me miró con los ojos como platos. Apoyé la barbilla en mi mano, observándole como si no pasara nada. Abrió la boca, se agarró al mantel y tragó saliva cuando rocé su bragueta.

– Se habrá entretenido o estará poniéndose más guapa para ti. Es demasiado insegura – se veía que le costaba centrarse en lo que le decía – y no debería porque es preciosa.

– Sí, sí que lo es – murmuró mirándome el escote.

– ¿Y tú? Pareces un tipo duro – alcé una ceja al sentir que lo que el señorito guardaba en los pantalones me saludaba. A la mierda la medida estándar japonesa – pero estoy segura que con conocerte solo un poquito eres un pedacito de pan.

Movió su mano bajo la mesa y me agarró el tobillo, clavándome sus ojos negros. Algo me saltó en el estómago, me puso nerviosa y no pude evitar reírme suavemente. Estaba deseando que me reventase allí mismo y tuvo que notarlo en lo que Josh llamaba mi cara de “profesional” porque las yemas de sus dedos subían por mi pierna. Me metí el dedo meñique en la boca sin dejar de apoyarme en mi mano, pasándolo despacio entre mis labios. No despegaba sus ojos de los míos, estaba tan cachonda que iba a hacer una locura como esos dos no apareciesen de una vez. Con el rabillo del ojo vi salir a Maki de la zona de los servicios. Caminaba deprisa y mirando al suelo, así que quité despacio mi pie de donde estaba y la miré con una sonrisa.

– Me voy a la habitación, me encuentro un poco mal – dijo a media voz sin mirarnos.

– ¿Eh? – dijo un atontado Tomoya poniéndose las manos discretamente entre las piernas.

– ¿Y eso? – Dije preocupada – ¿Estás bien? – asintió y caminó hacia los ascensores.

Me levanté tras ella dando una carrerita, escuchando como Josh preguntaba qué estaba pasando. La agarré de la muñeca y se dio la vuelta sobresaltada. Me apartó la vista de inmediato.

– ¿Qué te pasa de repente? ¿Te puedo ayudar? ¿Es un tema femenino?

– No, no. No es nada. Solo necesito irme a dormir.

– ¿Segura? – asintió. Diría que estaba descompuesta pero estaba claramente ruborizada. Entonces até cabos – hasta mañana entonces – Me di la vuelta y caminé a la mesa, encontrándome de frente con Tomoya – se la ve un poco agitada, a ver que puedes hacer por ella – le pasé la mano por el brazo y me miró los labios lamiéndose los suyos con rapidez.

– Mañana nos vemos, buenas noches. – Cuando se fueron me acerqué a Josh y le di un golpe en el brazo.

– ¿Qué le has hecho a la pobre que temblaba como un flan?

– ¿Qué le has hecho tú a él que de repente no sabía unir una palabra con otra? – nos sonreímos y terminamos riéndonos a carcajadas, comiéndonos el postre mientras celebrábamos ser tan jodidamente atractivos.

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No dejé que Tomoya me tocase en toda la noche porque no paraba de pensar en Josh. Era una mala esposa. No supe si se podía considerar cuernos. Aunque teniendo en cuenta todo lo que tardé en quitármelo de encima yo diría que sí. Y me morí de miedo al pensar que mi marido pudiese sospechar algo, estaba de lo más silencioso desde la cena. No podía contárselo pero tampoco podía ocultarlo. A la mañana siguiente disimulé mi estado de ánimo histérico y le traté como si no hubiese pasado nada. Él parecía estar mucho menos taciturno también. Salimos de la habitación y fuimos a cotillear los lujos del hotel. Yo quería ir a la piscina y Tomoya al gimnasio, así que nos despedimos hasta un poco después. Justo cuando caminaba hacia mi destino me encontré unas saunas y fui a preguntar donde estaban las toallas.

– ¡Maki! – me paré en seco al escuchar la voz de Claire. También me sentía culpable por ella.

– Hola, buenos días – su sonrisa tan radiante como de costumbre. Me sentí peor.

– A la sauna ¿Eh? – sonreía tanto que no estaba segura de si se reía o no – ¿Y tu amorcito?

– Está en el gimnasio. Yo no tenía ganas de tanto esfuerzo tan temprano.

– Aaaah, yo iba a los ordenadores, nostalgia por la teconología supongo.

– Lo siento por lo de ayer, no quería irme de esa manera pero—

– No te preocupes mujer, no pasa nada. Nos comimos vuestro postre, así que salimos ganando ¡Que sudes mucho! – me guiñó el ojo antes de irse, riéndose alegremente.

Cogí lo que necesitaba y me metí en el vestidor a cambiarme. Una vez en bikini – eran baños mixtos y con los extranjeros nunca se sabía – entré en una gran sauna que además estaba desierta. Posiblemente estaba todo el mundo en la piscina, con la calor que hacía no me extrañaba. Pero yo necesitaba un rato para mi misma. Me senté y cerré los ojos, intentando relajarme y aclarar mis pensamientos. Lo que hice el día anterior no tenía perdón. Y mi manera de comportarme con Tomoya no estaba bien, menos aún estando de luna de miel. Tenía que hablar con él, tenía que contárselo. Abrí los ojos y me levanté con resolución, solo para encontrarme con la maravillosa sonrisa de Josh a pocos centímetros de mi cara.

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Me metí en el gimnasio intentando no buscarle descaradamente. Eso sí, en cuanto le localicé procuré pasar por su lado como la que no quería la cosa, poniéndome en un aparato justo frente a él. No podía evitar pensar en la frase que me acababa de decir Josh entre risas: “Vamos a preparar el terreno que de esta noche no pasa sin que nos los llevemos a la cama.” Al que tenía delante no le tenía que convencer mucho, eso lo tenía claro.

– ¡Hola! – miré hacia adelante y le vi sonriéndome con felicidad.

– Menuda paliza te estás pegando, ¡Mira como te cae el sudor! – sus brazos, delgados y torneados, brillaban. Su pecho se movía rápidamente mientras jadeaba por el esfuerzo. Verle así me hizo pensar muchas cosas y muy, muy sucias.

– Hay que mantenerse en forma aunque estemos de vacaciones.

– Y tanto. No me quiero ni imaginar la que me puede liar mi manager si aparezco con kilos de más – Me senté en la máquina con las piernas bien abiertas – o con celulitis – las cerraba y las abría tirando del mecanismo, dejándole que viese con claridad lo que tanto quería – se acaba mi carrera.

– Imagínate… – se quedó mirándome con esos ojos salvajes. Le sonreí y se levantó. Durante unos segundos el corazón se me aceleró al pensar que iba a abalanzarse sobre mí pero se paró a medio camino.

– Voy a ducharme, a Maki no le debe quedar mucho en la sauna.

– Supongo que no.

Se dio prisa por irse del gimnasio hacia las duchas, y yo me di prisa por seguirle. Ignoré las señales que indicaban que las duchas eran solo para hombres y le perseguí pero una vez dentro le perdí la pista. Le pregunté a un señor – que me escaneó de arriba abajo – si había visto a un hombre asiático entrar y me indicó donde estaba metido el señorito. Me quité la ropa ignorando las exclamaciones de los hombres que salían y entraban y la dejé junto a la suya. Sin preguntar ni esperar, abrí la puerta.

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– ¿Qué estabas pensando tan concentrada?

– Tengo que irme – no tenía camiseta. Y no sabía qué tenía de cintura para abajo porque lo único que veía era una toalla.

– ¿No me haces compañía? – preguntó suavemente al pasar a su lado. Me paré y le miré.

– ¿Qué pretendes haciendo todo esto? Tú también estas casado.

– Sí, felizmente casado ya que preguntas.

– ¿Qué diría Claire sobre lo que estás haciendo?

– ¿Qué diría Tom sobre lo que tú te dejas hacer? – se sentó donde yo estaba y pasó con suavidad sus manos por mi cintura.

No opuse resistencia cuando me colocó rápidamente de espaldas a él porque al sentir sus labios en el cuello me desconectó de la realidad. Sus manos calientes se deslizaban por mi cuerpo, palpándolo con delicadeza. Me hizo sentarme entre sus piernas abiertas, acariciando las mías sin dejar de mordisquearme el cuello. Me dí cuenta de que le agarraba de las muñecas con fuerza, pero sin apartarle de mí.

– Que tontorrona te pones con las caricias, ¿Te gusta gemir o eres de las silenciosas? – me agarró un pecho y me hizo mirarle, metiéndome la lengua en la boca para impedir que gritase de la sorpresa.

Tras dejarme los pezones duros bajó su mano hasta las bragas de mi bikini, parándose en mi clítoris. Sentí que sonreía cuando gemí, sentí su erección – tan dura que era ridículo – contra mi trasero. Susurró lo mucho que le gustaba lo mojadas que tenía las bragas empapándolas aún más con esas caricias suaves. Estaba tan cachonda que me olvidé de donde estaba y le pedí más. Se le resbalaban los dedos porque no paraba de lubricar, mi cuerpo pedía a gritos acercarse al suyo.

– Josh – susurré – no, para – iba a correrme, me retorcía intentando evitarlo porque me sentía culpable.

– No puedo parar, no me dejas despegar mi mano de donde la tengo.

– No, no – el placer le ganó a la culpabilidad por goleada. Me deshice en sus brazos, besándole, gimiendo, corriéndome.

– Uf, cariño, me lo pones difícil – dijo cuando rocé mi culo contra su durísima polla. Me estaban volviendo loca las ganas de follar – pero me parece que lo vamos a dejar aquí porque tu marido te debe estar buscando. Y no quieres que te encuentre conmigo, ¿O sí?

– No – me intenté poner de pie pero me temblaban las piernas – no le digas nada. Por favor.

– Claro que no preciosa. Vete a ducharte, no sea que huelas a mi sudor.

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Se masturbaba con la mano apoyada en los azulejos, despacio, respirando profundamente. Me puso tan cachonda que me llevé la mano a la entrepierna.

– Dime que estás pensando en mí – el salto que dio fue mayúsculo. Su primera intención fue tapársela a pesar de que era imposible. Esa erección no la cubrían ni esos dedos tan largos que tenía.

– ¿Qué haces aquí dentro? – fue lo último que dijo antes de volverse loco.

Al verme desnuda y tocándome se mordió el labio con fuerza. Tardó unos segundos, pero me estampó contra la pared de la ducha. No dudó a la hora de meterme la lengua en la boca ni de morderme los pezones. Y cuando intentó metérmela – casi le dejo –  le di un empujón. Me miró contrariado, cegado por la lujuria, y sonrió al ver que me arrodillaba frente a él. Tenía muchísimas ganas de que me reventase con eso que estaba lamiendo pero iba a dejarlo para más tarde. Me agarró del pelo sintiendo mi lengua recorrerle todo el miembro. Se la comí despacio, apretándola con mis labios, dándole caricias con mi boca de manera experta. Me di cuenta de que lo que a Josh le gustaba tanto a él también parecía gustarle.

– Quiero follarte – me susurró entre jadeos, sofocado.

– Córrete en mi cara – me la metí entre las tetas, masturbándole con ellas. Gimió más fuerte que antes, susurrándome cosas en japonés.

Me puso perdida. Empecé a reírme suavemente cuando eyaculó con fuerza contra mi cara porque fue casi automático: tocársela con las tetas y correrse. Acababa de descubrir su fetiche y estaba encantada, Maki no se lo podía hacer pero yo sí. Me pregunté qué tendría Maki que yo no tuviese y que volviese loco a mi marido.

– No le digas nada a Maki – me dijo entre jadeos – por favor.

– Ya se lo dices tú ¿No? – vi la culpabilidad en sus ojos – oh, venga, no te preocupes. Ha sido culpa mía que te he ido detrás. Ningún tío se aguantaría a este acoso.

– Y si lo hay es el hombre con más autocontrol del mundo – se rio dejándome espacio para que me enjuagase – en las películas estás buena pero de cerca lo estás más.

– Gracias, tú también estas tremendo.

– Voy a salirme, no quiero que nos vean juntos…

– Ok, ya nos veremos por aquí – me sonrió y se fue con la consciencia un poco más tranquila. Sentí una necesidad imperiosa de buscar a Josh, tenía que hablar con él.

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Me metí en la ducha sintiéndome la peor persona del universo. ¿Con qué cara iba a mirar a Tomoya? No había mostrado ni la más ligera resistencia al contacto con ese hombre porque en realidad lo estaba deseando. Seguía deseándolo. Me quedé con ganas de más y no entendía porqué me había dejado a medias. Bueno, realmente a medias no, el orgasmo lo tuve. Y me avergonzaba decir que uno de los mejores de mi vida. Mi marido era bueno en la cama pero esto era… nuevo. Y Josh me tocaba con tanta delicadeza y tanta atención que me volvía literalmente loca. Ahogué un grito contra mis manos, tendría que hablar con Tomoya tarde o temprano. Al salir con la toalla alrededor del cuerpo vi que llegaba del gimnasio. Se quedó mirándome sin decir nada y yo hice más de lo mismo. Justo cuando iba a empezar a soltarlo todo se acercó a mí y me abrazó con fuerza.

– Eres lo que más quiero en este mundo, lo sabes ¿Verdad?

– Tomoya…

– No te cambiaría jamás, eres lo mejor que me ha pasado Maki-chan – le temblaba la voz, me estaba asustando.

– ¿Estás bien? – se separó de mí y me besó en los labios con ternura, dejando su frente apoyada en la mía.

– No me dejes nunca – me estaba empezando a sentir fatal. No entendía su angustia, quizás nos había visto o Josh se lo había contado. Claramente algo estaba pasando.

– Claro que no, ¿Cómo puedes pensar eso? – Le abracé con fuerza y dejé que me apretase un buen rato, tranquilizándome al escuchar su corazón – te quiero más que a mi vida.

– No te merezco – me separé y le miré con el ceño fruncido.

– ¿Por qué dices eso? No digas eso, no es verdad.

– Sí lo es, no soy todo lo bueno que tú te piensas.

– Yo tampoco – la seguridad de mis palabras parecieron calmarle – ya hablaremos cuando acaben las vacaciones pero de momento llévame a almorzar.

3

– De esta noche no pasa – dije nada más entrar en la habitación.

– ¿Has conseguido aguantarte? Porque no sabes lo que me ha costado a mí – me dijo mi marido riéndose.

– ¡Por los pelos! Es muy apasionado el hombretón…

– Pues me ha dado la impresión de que esta chica está insatisfecha con él – me senté a su lado en la cama, alzando las cejas.

– A ver, ¿Y eso por qué?

– No es normal lo muchísimo que temblaba, ¡Y que mojaba!

– Por esa regla de tres, este tío está muy necesitado también. Ha sido metérmela entre las tetas y PAM, corrida en la cara – Josh dio una carcajada dejándose caer en la cama con la cara entre las manos.

– A ver si dura algo luego ¿No? Espero que no te lleves una decepción…

– Sí, ya. A lo mejor el decepcionado eres tú porque a esta no le entra ni la mitad de lo que tienes para darle – me quedé callada, pensando en Tomoya – aunque teniendo en cuenta que el marido va bien servido…

– Que sí, ¿Eh? – Asentí totalmente sonriente – ¿Más que yo?

– No tiene nada que envidiarte.

– Oye, no hagas que me arrepienta de hacer todo esto.

– Por Dios, Josh, has visto las pollas que me meten en las películas, una más no va a suponer un cambio.

– No, pero tienes especial interés en el dueño.

– El mismo que tienes tú con la chiquitilla – me encaramé a su pecho y le besé la mejilla – y no me verás quejarme – intentó besarme en los labios pero le puse la mano en la cara – me acabo de comer la polla de otro, no quieres besarme.

– Uhg, no, gracias por el aviso – se rió dándome un empujón que casi me tira de la cama – de momento no me va ese rollo.

De momento, interesante… – dio una carcajada – pide algo de comer, ¡Estoy que me muero de hambre con tanto gimnasio!

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Almorzamos casi en silencio. La situación era rara y no paraba de pensar que Tomoya debía saber algo. Quería hablar con él pero me aterraba la idea de que se enfadase y me rechazase. No podría con ello en nuestra luna de miel. Vaya manera de meter la pata… Sin embargo, después de intentar comer (porque no me pasaba nada por la garganta) y una vez en la habitación, Tomoya me abrazó tan fuerte que me hizo daño. Me llevó hasta la cama y dejó caer su cabeza en mi pecho. No hablamos, no dijimos nada, solo nos abrazamos. Cuando empezó a anochecer el ruido de mis tripas nos sobresaltó, y al mirarnos comenzamos a sonreír, al fin. Bajamos a cenar de la mano, haciéndonos carantoñas, intentando ignorar la culpabilidad.

Me acababa de sentar en la mesa cuando los vi venir y me quise ir corriendo. Me puse tan nerviosa que lo único que pude hacer fue mirar mi plato de comida con los cubiertos fuertemente agarrados. Sentí que Tomoya se sentaba a mi lado, no podía mirarle, no podía mirar a nadie.

– ¡Hola! – Saludó Claire alegremente – ¿Qué tal la sauna?

– Bien – murmuré sin levantar la vista del plato.

– Mucho calor supongo, esos sitios son sofocantes, ¿Eh? – Comentó Josh sentándose a mi lado – me tengo que pasar por el gimnasio luego, llevo unos días sin hacer deporte.

– Ah, mira, me ha dicho Maki que Tom ha ido antes ¿No es así?

– Sí – murmuró él.

– ¿Qué tal las máquinas? ¿Hay variedad o eres de darle solo a una en concreto? – le escuché carraspear.

– Hay variedad. Pero había mucha gente.

– Tíos sobre todo, me apuesto a lo que quieras. No puede ir una tranquila a esos sitios sin que se la coman con los ojos. Al menos en la sauna habrá más tranquilidad ¿No? – al  ver que se quedaban en silencio alcé la vista. Me miraban, me estaba hablando a mí.

– Estuve yo sola casi todo el tiempo.

– Mañana me paso, decidido. Tanto cloro tiene que ser malo para el pelo – asentí y miré de reojo a Josh. Al encontrarme con su sonrisa me sentí muy nerviosa.

– Disculpadme – me levanté y fui apresuradamente al servicio. A respirar.

Estaba segura de que me iban a pillar, no era buena mintiendo y mucho menos escondiendo mentiras. Me miré en el espejo del servicio, apartándome un mechón de pelo y repitiéndome a mi misma que todo estaba bien, que no pasaba nada. Respiré hondo unas cuantas veces y volví a salir. Pero antes si quiera de dar dos pasos una mano firme tiró de mi brazo hacia mi izquierda. Otra vez. 

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Cuando vi al poco sutil de mi marido levantarse para ir al servicio tuve que aguantar la risa. Tomoya no se dio ni cuenta porque estaba demasiado ocupado en sentirse culpable. Viéndole agachar la mirada de esa manera me daba hasta pena, pero luego me acordaba de su cara de salido en la ducha y me daba otra cosa. Le di golpecitos en su pie con el mío y levantó ligeramente esos ojos negros y rasgados del plato.

– ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

– Tú me has pasado. No deberíamos de hab—

– No digas eso – dije riéndome – te encantó. Ahora no te sientas culpable.

– Maki no se merece que le ponga los cuernos.

– Bueno, no creo que ella sea ninguna santa – dejé caer información, quitándole una patata del plato. Se quedó en silencio, mirándome a los ojos. Su mirada era tan intensa que me ponía nerviosa, me hacía sonreír.

– ¿A qué te refieres con eso? – me encogí de hombros.

– A que no tendrías que angustiarte por algo que te gustó tantísimo – le dí dos golpecitos cariñosos en la pierna y dejé ahí la mano. Me miraba con el ceño fruncido. Miró levemente a su alrededor.

– ¿Dónde está tu marido? – subí la mano por su pierna.

– En el servicio, creo – desvió un segundo sus ojos hacia mi mano, mi escote, mi cara de nuevo, lamiéndose los labios – o eso ha dicho.

– Está tardando mucho

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Josh cerró la puerta a mi espalda y me arrinconó contra ella. Me puso las manos en la cintura y me sonreía con altivez, subiendo una ceja. Todo él gritaba “prohibido” a los cuatro vientos. Todo él era la pura imagen del chico malo que a todas nos encanta. Y el estar casada con uno por lo visto no era suficiente. Estábamos rodeados por productos de limpieza y a pesar de ser el entorno menos adecuado estaba excitándome con cada centímetro que se me acercaba, con su mirada, con esas ganas de sentir un cuerpo desconocido.

– Estás tensa – susurró, apartando un escoba de mi lado – relájate.

– ¿Qué haces? – Levanté mis manos hasta la altura de mi pecho no para apartarle, sino para mantenerle a distancia – Claire está ahí. Tomoya está ahí al lado.

– No tienes ni idea de las ganas que tengo de follarte – sus labios casi rozaban los míos al decirme esa frase, inclinado sobre mi cuerpo, acariciando mi cintura.

– Josh…

– Te voy a llevar a mi habitación y te prometo que vas a mojar como nunca en tu vida – no soportaba mirar fijamente a esos ojos verdes, se me iba a ir la cabeza si seguía tan cerca – Maki…

Me besó tan despacio y suavemente que me arrancó un suspiro. Agarré su camiseta con fuerza y me puse de puntillas, devolviéndole el beso. No podía pensar nada más que en tocarle y en que me tocase.

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– Claire, en público no – me reí entre dientes cuando me apartó la mano. A estas alturas la tenía dura seguro.

– ¿Y en privado sí? – negó con la cabeza y se levantó de su silla. Me levanté con él – ¿Dónde vas? Ven conmigo.

– ¿Qué haces? ¿Dónde me—

– Vamos a buscar a tu esposa.

En lugar de ir hacia el servicio fui hacia las habitaciones. No sabía si se estaba dando cuenta de lo que estaba haciendo realmente, el caso es que no se quejaba. Subiendo el ascensor se le veía nervioso, apenas me miraba a pesar de morirse de las ganas. Abrí la puerta de mi habitación y la cerré tras él. Me miró confuso, alterado, cruzando y descruzando los brazos. Y se le abrieron los labios de la sorpresa cuando dejé caer mi vestido al suelo, quedándome en ropa interior. Cogí su mano de largos dedos, mucho más largos que los de Josh, e hice que rozase la tela de mis bragas por donde más me gustaba. Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro que algo tuvo de gemido.

– Tócame, mójame las bragas.

No tuve que decir más. Se abalanzó sobre mí, dejándose llevar por el deseo, acariciando mis labios mayores y mis tetas. Sus besos eran fuego, ese hombre escondía una pasión que me tenía sorprendida. Me hizo tumbarme en la cama y me desnudó lentamente, besando cada centímetro de mi piel. Quiso metérmela y tuve que pararle los pies.

– Oye, oye. Qué menos que me devuelvas lo de la ducha. No tengas tanta prisa – Presionó mi clítoris y uno de mis pezones con sus dedos mientras estimulaba el otro con su lengua. Me hizo gemir y sonreír – si haces que me corra ahora, cuando me la metas me vas a volver loca.

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Ahogaba los gemidos contra mi mano, tirando de su cuello y apretando su cara entre mis piernas. Lo que me estaba haciendo… Tomoya no era tan suave, no se tomaba tanto tiempo. Temblaba entera, me estaba descontrolando, nos iban a pillar.

– Josh, Josh, vámonos de aquí – dije separándole de mí. Se lamió los labios mirándome a los ojos – voy a gritar si sigues.

– Vamos a un lugar más privado – al salir de ese cuartucho me daba la impresión de que todo el mundo podía oler lo mojada y cachonda que estaba. Dimos un rodeo al comedor pero no pude evitar mirar sobre mi hombro.

– Date prisa – se rio escandalosamente, casi como Tomoya se reía. La gente nos miraba – no llames la atención.

– Tranquila – dijo dentro del ascensor – no conocemos a nadie – un desconocido se subió, quedándose de espaldas a nosotros – voy a lamerte hasta que te corras en mi boca, estás deliciosa – me susurró al oído, metiendo la mano por debajo de mi falda. Estaba tan cachonda que cerré los ojos.

Salimos nosotros antes y me llevó hasta su habitación, cogiéndome en peso y besándome con ferocidad al cerrar la puerta. Escuché un ruido de asombro y al abrir los ojos, vi a Claire desnuda en la cama. Y a mi marido sin la camiseta. Sobre ella. Mirándome con los ojos tan abiertos como los míos.

– Se nos han adelantado – me dijo Josh sonriente. No sabía cómo sentirme. Claire se rio suavemente, cogiéndole la cara y la entrepierna a Tomoya.

– ¿Ves como no era ninguna santa? – pude ver que él tampoco sabía qué hacer. Claire se le sentó encima, abriéndole la bragueta – ¿Vas a correrte en mis tetas mirando como mi marido se folla a Maki?

– Yo… yo no – me miró buscando la disculpa. A la misma vez que sentí los dedos de Josh en mi interior vi que esa mujer hacía que Tomoya entrase en su cuerpo.

Miré a Josh. Junto a la cama de matrimonio había una más pequeña, donde me tumbó volviendo a hundir su cara entre mis piernas. Cuando miré de nuevo a Tomoya, ya no me estaba mirando. Miraba entre las piernas de Claire. Me dio exactamente igual.

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Maki empezó a gemir entrecortadamente, con vergüenza, como la buena japonesa que era. Mis gemidos eran un poco más escandalosos. No era la polla más grande que me había metido pero tenía tantas ganas de follármelo que me estaba encantando. Tomoya me devoraba con los ojos, olvidándose o ignorando que su mujer se estaba corriendo en la cama de al lado. Entonces él empezó a gemir y a murmurar cosas en japonés. Era más escandaloso que yo, me excitaba verle de esa manera. El vaivén de mis caderas le estaba matando pero yo necesitaba más. Me bajé de sus piernas y me puse a cuatro patas en la cama, de espaldas a él y sonriéndole. Maki seguía gimiendo, si no se estaba corriendo estaba cerca. Tomoya la miró mientras me la metía y eso pareció ponerle más cachondo porque me agarró de las caderas con tanta fuerza que me hizo daño.

– Fóllame hasta el fondo – le dije al ver que no era lo brusco que yo deseaba. Se mordió el labio y se le agitó el pelo al metérmela con fuerza. Resopló. Gemí. Eso era lo que quería.

Me agarré a las sabanas sintiendo esa deliciosa presión que solo daba follar con ganas. Me agarró del pelo y me puso mirando hacia la otra pareja porque el muy cerdo quería verlos mientras me follaba. Maki le rozaba a Josh la polla de una manera con los dedos que claramente le estaba matando. Cuando él abrió los labios mayores de la chica pude ver que estaba incluso más mojada que yo. Josh le abrió las piernas, y guiando su erección con la mano, empezó a penetrarla muy despacio.

– Ten cuidado – jadeó Tomoya, pasándome las manos por la espalda y matándome del escalofrío – Maki es mucho más estrecha que Claire.

– Me estoy dando cuenta – Al ver a Josh con los ojos cerrados supe que se estaba muriendo de placer. Era la misma cara que ponía cuando me follaba por el culo. Solo que se movía muy despacio dentro de esa chica. No podía apartar la mirada de cómo su polla se perdía entre la carne de esa pequeña, y al verla morderse el labio y cerrar los ojos me excité muchísimo.

– Tomoya, más fuerte – le pedí – vuélvete loco, cariño.

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Mi marido tiraba del pelo de Claire, besándola lujuriosamente mientras se la follaba de una manera que a mí me habría dolido. Gemí con un espasmo al sentir los dedos de Josh sobre mi clítoris extremadamente sensible. Movía sus caderas despacio, mirando como su miembro se hundía cada vez más en mi interior. Me estimulaba tanto que no podía contener los gemidos, los jadeos, los quejidos. Era tan grande como mi marido o más, y cuanto más se adaptaba mi cuerpo a él, más me gustaba. Era diferente a hacerlo con Tomoya, que era muchísimo más impaciente.

– Joder que apretada estás – me dijo Josh entre dientes, moviéndose un poco más rápido y profundo – ¿Duele?

– No – murmuré. Claire gemía de manera escandalosa, mordiendo las sabanas. Mi marido también, azotándole el trasero. El ruido de las caderas de Tomoya contra su culo resonaba en la habitación.

– ¿Te gusta? – movía las caderas un poco más rápido, sin penetrarme del todo pero presionando un punto en mi interior que me hizo revolverme.

– Sí, sí, mmmucho – cerré los ojos. Era demasiado – Josh…

– Dime que te corres – tiró de mis pezones, yo agarraba la almohada.

– Me… me… – miré a Tomoya, me encontré con sus ojos cuando un gemido agudo y largo salía involuntariamente de mi garganta – ¡Iku!

Me retorcía bajo el cuerpo de Josh, sintiendo un orgasmo tan intenso que me sorprendió. Y largo, larguísimo. Sentí que me tiraban del pelo y al abrir los ojos vi la polla mojada de mi marido junto a mi cara. No pensé, simplemente me la metí en la boca escuchándole gemir. Se volvía loco cuando se la comía, le encantaba como se lo hacía, siempre me lo decía para sacarme los colores.

– ¿Está dulce, Maki? – Claire se puso sobre mi cuerpo, sonriéndome. Josh le rozó la entrepierna con los dedos, besándole el cuello sin dejar de follarme.

– Sí – se la lamí mirando a Tomoya a los ojos – oishii.

– Maki-chan – me susurró. Estaba a punto de correrse, lo notaba en lo dura que la tenía.

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Para mi sorpresa, Maki era increíble comiéndosela a su marido. Y lo hacía con muchas ganas. Rocé mi clítoris con el de ella, tocando sus pechos suavemente. La chica me miró escandalizada, pero no se quejó cuando empecé a moverme. Nuestros clitoris estaban tan sensibles que nos corrimos juntas una vez más. Tomoya no paraba de mirarnos, Josh me gemía en el cuello. Estábamos los cuatro sudando, era todo tan sucio que estaba encantada. De repente sentí que se la sacaba a Maki y me la metía a mí, haciéndome sonreír. Me dio mucho más fuerte que a ella y con más ganas de las que me follaba el marido de la chica. Me susurró un te quiero en el oído mientras me hacía correrme. Tomoya apretaba los dientes mientras Maki se la meneaba, mirándonos follar con la boca abierta delante de la polla de su marido. Josh me la sacó, y al volver a metérsela a la chica fue demasiado brusco, aunque ella lo que hizo fue morderse el labio y agarrarse de las sábanas. Me bajé de la chica, metiéndome la polla de su marido entre las tetas, escuchando como Josh se corría dentro de ella, que gritaba. Abrí la boca y como en las duchas, su esperma salpicó mi boca, mi cara y mis tetas. Tomoya era el que más gemía con diferencia. Se apoyó en la cama y en mi hombro, completamente doblado, como mi marido sobre Maki, que le apretaba a ella agarrándole del culo. Cuando acabó de eyacular, mordí suavemente el glande que tenía en la boca, haciéndole sonreír.

– Jooooooooooder… – Josh se echó el pelo hacia atrás, levantándose hasta la neverita, cogiendo agua fría y el paquete de tabaco – que barbaridad.

– Nos van a echar del hotel de la que hemos liado – dije quitándole una botellita y tirándome en la cama tras limpiarme la cara con las toallas del baño. Les di otras dos a la parejita.

– Tomoya, eres un escandaloso – le dijo Maki riéndose, tapándose ahora que todo había acabado. El aludido dio una carcajada, cogiendo el cigarro encendido que le ofrecía mi marido, tumbándose con ella, abrazándola y besándola con ternura.

– Sois adorables, en serio – les dije, sintiendo el brazo de Josh sobre mis hombros. No dejaban de mirarse a los ojos y de acariciarse – hasta el punto de ser empalagosos – susurré y miré a Josh, que alzó las cejas poniendo los ojos en blanco.

– Feliz luna de miel – dijo bostezando, quedándonos los cuatro en silencio mientras los dos machotes fumaban y nosotras intentábamos respirar. Cuando acabaron de fumar, Josh se estiró a mi lado – tengo que dormir. Haced lo que queráis.

– ¿Nos vamos a nuestra habitación? – le preguntó Tomoya. Ella asintió. Les observe vestirse y para mi asombro, despedirse avergonzados.

– Que raros son los japoneses – me acurruqué en el pecho de Josh, suspirando.

– Hacía tiempo que no me corría con tantas ganas.

– Y yo hacía tiempo que no tenía nada lésbico. Creo que esa chica ha descubierto hoy el sexo. Mr. Rapidez le va a saber a poco ahora.

– ¿Mr.Rapidez?

– Oh sí, tiene muuucha impaciencia por mojarla y poca para que nosotras mojemos.

– Esperemos que cambie a raíz de esto, ahora cállate – me puso la mano en la boca, le olía a coño – quiero dormir.

********************************************************************************************

Dormimos más abrazados que nunca. Tomoya no paraba de sonreírme, de darme besos y hacerme cariños. Se le veía completamente feliz y lo mejor de todo es que yo también lo estaba. Muchísimo. Entendí que no se trataba de que a él le gustase algo que no pudiese darle, simplemente era lo diferente. Igual que me gustaba a mi Josh, a él le gustaba Claire. A la mañana siguiente se levantó lleno de energía, planteándome el salir del hotel y ver la ciudad que lo rodeaba aunque no fuese lo que estaba en nuestros planes. Bajamos a desayunar y al ver a la otra pareja haciendo lo mismo con su equipaje a su lado nos acercamos. Al mirarle pude ver que él también se sentía un poco avergonzado.

– Buenos días – nos dijo Claire sonriente – apuesto a que habéis dormido como cuando erais pequeños.

– Nada más poner la cabeza en la almohada – dije riéndome.

– Josh cayó en coma – Tomoya se sentó junto a Josh, que le enseñaba una revista con coches, motos o algo con ruedas – cuando probamos con alguien nuevo siempre le pasa.

– ¿Hacéis esto a menudo? – asintió.

– Y tú deberías hacer lo mismo. Ayer te lo pasaste de muerte ¿Eh? – miré a Josh y tuve que mirar a otra parte al verle reírse tontamente con mi marido. Esos dos no estaban hablando de motos.

– Todavía no me creo lo que pasó, y Tomoya creo que menos. ¿Sabías que eras su fantasía sexual? – Claire soltó la taza de café pasándose la lengua por los labios. Habría que estar ciego para no ver lo exageradamente atractiva que era.

– No quiero sonar a estúpida, pero ya me ha pasado antes. Josh no para de alabar lo pequeña que eres, así que estamos iguales – se me quedó mirando – tienes un cuerpo muy bonito. Pero con lo estrecha que eres no durarías en el porno.

– ¡No tengo intención! – Dije riéndome – aunque ayer me lo planteó el muy idiota.

– Claire, tendríamos que irnos ya – dijo Josh poniéndose de pie y mirando el reloj – o perdemos el avión.

– No quiero irme – dijo ella poniendo morritos. Josh se despedía de Tomoya dándole la mano con energía. Claire me dio un abrazo, lo que me puso tensa porque no estaba acostumbrada – oh, relájate, chica que tensa estás siempre.

– Ayer no lo estaba – Josh me guiñó el ojo y me besó la mano mientras Claire abrazaba a Tomoya, que se reía a carcajadas cuando la chica le refregó las tetas por el pecho.

– Oye, toma – metió la mano en su cartera y me dio una tarjeta – por si alguna vez tenéis tiempo libre y nosotros también.

– Vale, lo guardaré – Nos sentamos juntos y los vimos alejarse hacia la puerta, riéndose a carcajadas y de la mano.

– Desde luego… han sido unas vacaciones bien aprovechadas – le miré el culo a Josh, miré los ojos de mi marido y me dio la risa floja.

– Desde luego.

Captain’s Helm

Ok, this fic is just about sex. Sex, sex, and sex, no background.Nothing but sex, that’s it.

Maybe it has a story behind but it can be resumed in: 2 friends looking for sex.

It’s just… I was so horny I needed to express my feelings somewhere.

Why you ask? Well, let me introduce you to Mr. Enoshi-san, cool dude, hot dude

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↓ ↓ ↓ ↓ And let me die with this pic ↓ ↓ ↓ ↓

GOODBYE-OVARIES

Now you understand, right?

My only warning… IT’S DIRTY AS FUCK and by the way, Captain’s Helm is where the action takes place.

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Two girls are at Captain’s Helm terrace, looking for any of those hot men who usually appear in their wet dreams. They know it would be a huge coincidence to meet both of them, but they had to try anyway. Tifa is wearing a short summer dress, Moni wears a t-shirt and plain trousers. They tried to look pretty but casual, nothing extreme. They’re both foreign people, they are not Japanese. But those men… they surely are. Suddenly, Tifa hears her friend Moni whispering her name fast and nervously over and over again. She looks inside the store and she sees one of the big guys, talking while smiling with some friends of his. Their giggles start, louder than ever. They can’t take their eyes away from his leather jacket, his jeans, his long hair tied back, his smiles. When he looks at them, especially at Moni, they try to look away in a casual way. But their smiles are betraying them.

– He’s looking at you – Moni whispers, fidgeting on her chair and grabbing her strawberry milkshake with both hands.

– No, he’s not – Tifa answers, looking sideways at him. He’s talking to the bartender but staring at them with a smirk – he’s definetly looking at you.

– He’s looking at both. He noticed, he knows we are stalkers, help – their giggles start again and they won’t stop, as always – he’s standing, he’s leaving. Oh my he’s so tall

– No, he’s approaching, fuck, fuck, fuck – Tifa says, trying to look calm without succes.

– Tifa…

– Just drink and look somewhere else – their hands are trembling a bit and after some seconds the girls hear him clearing his throat.

– Ahm… hello. Welcome to my pub – he says – Are you enjoying your drinks? – They nod. He smiles wide – Maybe it’s just me but, do we know each other? – They shake their heads – I don’t know, you’re staring at me non-stop so…

– Sorry – Moni says hurriedly – we didn’t mean to.

– Actually yes, we did mean to. I’m Tifa – she says offering him her hand. Moni puffs and chuckles.

– Enoshi, nice to meet you – he looks at Moni with a wider smirk – and this pretty face belongs to…?

– Moni – she says giggling. He raises his eyebrows.

– And are you enjoying Japan? – she nods happily – how did you end here?

– We knew about the place and we wanted to just… visit it – they are looking at each other so much that Tifa starts to feel like the third wheel.

– Do you like me or am I delusional? – she giggles harder.

– She likes you, yeah – Tifa says so he looks at her laughing. Moni is about to explode.

– Would you like to go to somewhere a bit more private? – he asks her, poking her nose.

– With you? – Moni asks in a soft voice, looking at her friend, looking for help.

– Yes, she does – Tifa says, feeling as nervous as her friend.

– Oh, I was including you too – She whispers a surprised “oh” – let’s go.

            He stands and they follow him giggling, squeezing their arms, puffing and smiling like insane. The three of them walk towards a back door that leads to another room. Once in there, Enoshi takes off his jacket; that place is warmer than the bar.

– We don’t know this guy – Moni whispers at Tifa, pointing Enoshi – why did we get in here without knowing him?

– Come on, if he tries something it won’t be abuse, right? – she laughs, agreeing with Tifa.

– Come here – Enoshi grabs Moni’s hand, sitting down on a brown sofa. There is a couch in front of it in the same color and a dark red carpet between them – you’re so cute. I wonder if you could handle me – she looks at his lips, at his eyes and back at his lips again. Tifa chuckles behind her hand – you – he says looking at Tifa – take off your dress.

– What – It’s not a question. She’s just surprised. He makes Moni sit on his lap, kissing her cheek from behind. Moni has some troubles to breathe like a normal person.

– You heard me, I wanna watch you while feeling this cutie – his hands are hiding now under Moni’s shirt. She breathes deeply from her nose and a whimper comes out her lips. She can’t move.

– Ok, but what do I get in return? – Tifa’s alredy pulling down the strips of her dress while licking her lips, starting to feel really excited.

– Well, there’s a friend willing to give you what you want.

– Oh my… – Moni’s eyes are wide open, looking above Tifa’s shoulder.

            The exact moment in which Enoshi grabs Moni’s face, kissing her lips softly, Tifa feels two manly, huge hands over her boobs. While her eyes are glued to Enoshi’s hand moving up to Moni’s breasts she hears the first deep moan in her ear. Tifa tries to look at that person but he doesn’t let her. He forces Tifa to look at the couple in the sofa. She can see that under Moni’s t-shirt, Enoshi is pinching her nipples, and she can see how her friend is starting to moan in his mouth. Tifa’s dress slides over her body, falling to the floor.

– So big – his voice in her ear… Tifa knows that voice.

            Moni looks at them when Enoshi stops kissing her to look at Tifa’s underwear. What she sees is her naked friend, panting, grabbing Tomoya’s hands against her boobs. What she feels is Enoshi’s hands in hers. But what really excites her is Tomoya’s eyes staring into hers while he’s whispering in Tifa’s ear. He bites Tifa’s earlob and the girl let go a whimper.

– I wanna lick your friend’s body – Enoshi says outloud, kissing her neck – but I want to fuck you, cause girl, you are so small and you must be so tight – She’s holding her moans, hard task having him squeezing her nipples between his fingers.

– I thought this one is for me – Tomoya says, finally grabbing Tifa’s face with his hand, smirking at her when they look into each other’s eyes.

– And you will, but let me taste her.

– Taste her like… with your mouth? – Tomoya is talking over Tifa’s lips. Moni feels Enoshi’s erection against her ass. She’s hornier than ever in her whole life.

– Exactly. It’s so hot in here, right? – Enoshi pulls Moni’s t-shirt up, taking it off, looking at her face.

            He turns the girl to face her, so her back rests on his arm. His mouth runs slowly over her skin, giving her goosebumps, forcing her to touch his wide shoulders. She hears her friend moaning. Enoshi looks first and he laughs softly. When she looks at the couple, she feels even more aroused. Tifa grabs Tomoya’s face with both hands, he grabs her ass tightly, squeezing it hard. She bites his lips, looking into his eyes with so much desire that makes Moni blush even more than she already is. Tifa wants to feel his dick so bad she kneels in front of him. When she unzips his trousers he grabs her hair, smirking. Tifa let his warm, hard erection out of his grey underwear. She licks it slowly, making Tomoya gulp down.

– ¿Do you want to do that to him? – Enoshi whispers on Moni’s ear, grabbing her hips and rubbing himself with her.

– Y-yes – his fingers unbutton her trousers, slipping inside her panties.

– Go then, if you can – Moni’s hands grabs his shoulders, trembling while looking at Tifa with Tomoya’s dick between her lips.

– If you don’t stop, I, I can’t – She says.

– Fuck, you’re so good – Tomoya’s moans, Tomoya’s real moans fill her ears. Enoshi removes his hand from her panties, making her stand, slapping her ass.

– Eat him alive until he’s shaking. I’ll make you scream in while.

            She walks with trembling legs to where her friend is. Enoshi lifts Tifa from where she is, holding her waist, making her laugh. And Tifa kisses him eagerly too. Enoshi is really sexy, really big, and his eyes hide so much perversion as hers. Tomoya comes closer to Moni and also closer to the other couple. He removes his shirt but he leaves his jeans on… with his cock out of them. Tifa undresses Enoshi chuckling with him, surrounding his hips with her legs and kissing him deeply.

– Touch me – Tomoya grabs Moni’s hand. She surrounds his burning flesh with her fingers, moving it slowly over his wet skin – yeah, touch me like that.

– Oishii – Moni hears from the sofa. She looks briefly to see Enoshi gulping down her friend, his head buried between her legs.

– Your fingers too, Enoshi-kun – Tifa begs. When she feels his tongue over her clit and his fingers inside her, she moans for the first time. Seconds after that, she hears Moni’s moans as well. She’s naked and Tomoya is touching her softly while she touches him in the same way.

– You like it hard, don’t you? – Enoshi asks her. Tifa grabs his hair, forcing him to continue.

– Shut up and make me cum – he laughs.

– I wanna fuck both of you now – he sais touching her clit, removing his fingers from inside her to press with his cock.

– You greedy bastard – Tomoya pants, rubbing his cock against Moni’s clit. The girl screams, scratching his wide shoulders – you want it all, fuck you.

– She cumming – Tifa says. Moni is trembling surrounded by Tomoya’s arms. She’s having a brutal orgasm feeling Tomoya’s glans against her sensitive skin and his tongue inside her mouth – I wanna cum too – she complains. Enoshi grabs her thigh, penetrating her slowly. She looks at him, bitting her lip and grabbing his ass – yeah I like it hard.

            He fucks her slowly but deeply, moaning and making her cum as well by touching her clit. She makes him lay on the sofa, sitting on his cock, giving him her back. Tomoya is slightly penetrating Moni with his glans, the girl screams, looking at his intense pleasure gestures. He tries harder, she feels it intensly sliding inside her, not much, just enough to make her shake. And he repeats it twice, a third time, moaning behind clenched teeth. But Enoshi grabs the girl’s hand, pulling her to where he lays. Tifa moves her hips over his, grabbing her boobs while riding him wildly. Enoshi makes Moni sit on his face, and he licks her whole pussy eagerly. Moni dig her nails on Tifa’s back, who laughs at her moans. She sees how Tomoya comes closer to Tifa, forcing her to swallow his cock. He’s so horny he almost has his eyes closed. Tifa licks him gladly while he plays with her boobs. When Moni is about to cum a second time, feeling it even more intensly than the first, Tomoya makes her lick his thumb. Enoshi pushes Tifa away hurriedly, and she stands panting and looking at him puzzled.

– I almost cum, stop moving like that – she laughs playfully – Tomoya, she will destroy you.

– I wonder if she could – he sits on the little couch, with her on his lap – let’s watch how my friend fucks your friend – he whispers on Tifa’s ear.

– But touch me. And talk to me. Your voice turns me on so much… – Tifa demands, looking over her shoulder, placing her hand over Tomoya’s cheek and kissing him lustfully.

– The question is – Enoshi says, sitting straight on the sofa, rubbing Moni’s cunt with his cock – am I going to destroy you?

– I don’t know – she pants, so aroused that the words just comes out from her lips – just fuck me.

            Tifa looks at her friend. She looks away a bit embarrassed. Enoshi places his warm hands on Moni’s thighs, making his way into the girl slowly. She’s so wet, she dreamed so much about that moment that it is surprisingly easy for him. He penetrates her with half of his dick but when he tries to go deeper, the girl complains.

– Does it hurt? – he pants, she nods – you’re seriously tight.

– Keep moving inside her – Tifa asks, guiding Tomoya’s fingers over her clit.

– Your friend is so pervert – Enoshi quavers in Moni’s ear – oh Moni-chan, you’re so tight… – He grabs her legs, pressing them against the girl’s chest. He moves his hips slowly, looking at Moni’s red face.

– Touch her – Tomoya whispers in Tifa’s ear, bitting it softly – I wanna see it while I fuck your pussy slowly.

– This is so dirty – Tifa smiles – but she won’t like it, you pervert.

– Look at her – Moni’s lips
are half open, moaning non-stop – she doesn’t care.

– I don’t know, she has what she needs – Tifa teases him – your friend fucks really well, his cock is so good. Look at them.

            Enoshi holds Moni from her waist, making her lay on the sofa facing him. He moves his hips fast but not deeply, moaning hard with her nipples between his teeth. Moni grabs his hair, feeling like dying, cumming over and over again. Before that moment, she thought it was impossible but his thick cock is filling her up. His big hands are everywhere all over her skin. She looks at the other couple. Tifa is looking at her or at least trying because Tomoya is grabbing her neck, bitting it and rubbing her pussy fast with his fingers. The girl can’t keep her eyes open, moaning while bitting her lip. Tomoya slips his cock between her wet labia, puffing.

– I can’t, I can’t anymore – Enoshi’s strong arms hold her tight, and he moves fast inside her – Tifa, come here.

            Moni screams with her eyes closed. It hurts. It’s delicious. She wants more. She wants him to stop. She’s cumming again. She’s exhausted. He takes it from her body to fuck Tifa’s pussy. He trembles and whines as soon as his cock is out of sight inside her. She’s on her four right beside the sofa, sucking Tomoya’s cock. And Tomoya licks Moni’s pussy while he’s being sucked by her friend. Moni has a final orgasm that completely destroys her grabbing Tomoya’s hair. Her body twists and sweats. Her fingers tangled in his hair. Her pussy is completely soaking wet, palpitating, irritated. Enoshi fucks Tifa fast and deep, in the way he’d like to fuck Moni. He cums over her back, moaning deeply while masturbating. When he finishes, he smiles at Moni, knowing that she’s unable to keep with it, looking at her face and kissing her cheeks. She feels him moving away but she’s so tired she closes her eyes for a bit. What’s more, Enoshi covers her naked body with his huge jacket. She almost falls asleep, she is close. But then she opens her eyes to some noises. The scene makes her sit straight on the sofa.

            They are still on the floor. Tomoya has kneeled between her friend’s legs. Her back is against Enoshi’s chest. Enoshi’s fingers are rubbing her clit and nipples. She’s starting to scream. Tomoya is sinking between Tifa’s labia slowly and as soon as he moans, Tifa does too. He doesn’t fuck her deeply, he just moves slowly inside her. But she’s demanding and she grabs his ass. When he reaches her bottom Tifa smiles at Tomoya’s loud kimochi.

– Do me hard – Tifa says between gritted teeth – break me.

– Oh my… – Says Enoshi. He grabs Tifa’s boobs because Tomoya pulls away his hand.

– Please, stop moving your hips like that – Tomoya begs – oh please this is so… I just…

            He’s fucking her so hard, deep and fast it’s amazing she doesn’t scream in pain. She seems to endure his huge cock and she seems to be asking for more but Moni won’t know. Tomoya’s tongue won’t let her talk. His hips moves so fast she can’t see his cock anymore. Enoshi is bitting his own lip, pinching her nipples hard. Tomoya is so excited that a huge vein appears on his forehead and his neck, holding his moans. As soon as he stops kissing her, Tifa moans loud with a broken voice, digging her nails on his chest. Tomoya grunts, scratching her thighs, pressing his hips against her almost without moving. His eyes are strongly closed, frowning, clenching his teeth. Tifa opens her mouth, frowning too, panting deeply and moving her hips slowly. Tomoya let go all the air from his lungs in a long puff on Tifa’s neck, laying over her body. Enoshi laughs, grabbing her by the chin and kissing her lips.

– That was completely awesome…

– I’m horny again – Moni whispers, making everyone laugh.

– Lucky we have all night – Enoshi gets up, throwing himself over Moni, making her laugh because he squashes her. He kisses her, stroking her cheek.

– I can’t breathe – Tifa pants laying on the floor. Tomoya laughs like an idiot with his face buried between her breasts. Moni just see his back trembling and hears a suffocated “he he he he” what makes her laughs even louder – can we sleep and we keep going later?

– Whatever – Enoshi lays behind Moni, yawning and holding her waist – I think I can’t move anymore.

– Really? – Moni says upset.

– I can keep with it, but let me recover my breath – Tifa looks tired, looking at them after moving aside her messy hair.

– Seriously, where did you find these depraved, nasty girls – Tomoya asks smiling wide. Tifa kisses his cheek.

– He didn’t find us – Moni says – we’ve found you.

– And you won’t scape alive from here – Tifa adds.

            The girls look into each other’s eyes and burst into laughters. Probably they will say goodbye next morning. Probably it’s a once in a life time experience. And just because of that reason they won’t let them sleep. After all, reaching that moment was their main aim since the beggining. They share a weird friendship that just both of them would understand. And maybe those two poor guys who will feel next morning, almost certainly, drained, exhausted, and surprised by two nasty and depraved gaijin.

The Movie

I’ve got a friend with terrific ideas. She explains them to me and soon after I write the result because her perverseness is almost the same as mine. In this short story, the main characters are a busty gaijin (guess who xD) and three horny yakuza. They are brothers and they look like this:

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From first to last: The younger one, Toraji; the brother in the middle, Tomo; the big brother, the boss, Tom.

And if you’re still alive after these pics, you’re welcome to read this… this lustfull insanity I’ve just wrote xDD

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– It’s official, this is the biggest mall in which I’ve ever been – my friend tells me, looking around.

– Look at this dress!! I need it… I love Japanese fashion!

– I go first – she raises her arm full of clothes, pointing the fitting room.

– Let me check this rack and I’ll be with you – she nods, walking happily.

I hear her apologizing in a worried tone so I look up. A man with spiky hair, wearing a black suit is looking at her back. A second man pats his shoulder, whispering something into his ear. His hair is curly and messy, and I feel uneasy for my friend. I run hurriedly into the fitting room, walking by those men without even looking at them.

– You ok? – I ask her.

– Yes, but stay, please.

– I’m here, don’t worry – and I whisper – I’ll kick their ass if I have to.

– Don’t!! They look dangerous.

I look at them. I don’t know if they are dangerous but surely what they are is hot. Really attractive. And they look alike so I guess they must be family or something. That lack of ties while wearing a suit and those horrible and flashy shirts make me think about them as something really dangerous. When I’m about to look away, the curly dude notices me. His sided smile is dangerous, full of lust when his eyes reach my chest. I can’t help smiling back to him. From that moment on, I try not to look at them, but it’s a useless attempt. I’m more curious than scared. The one with spiky hair walks away but the other seems to be really interested in some girly shirts. His eyes are glued to me and his smile is attached to his face. And I’m smiling back.

– Let’s get out of here – my friend says, rushing towards the cashier.

– Don’t run – I ask her. When I walk by that curly, hot stranger he grabs softly my arm.

– See you at 00:00 in Shinjuku – he releases my arm, stroking my butt softly – next to a green food stand in the main street – I look into his dark, playful and menacing eyes – I really hope you can meet us there.

I can’t reply because he leaves right after making a gesture to the other guy with two fingers. The spiky haired one smiles at me too, winking. I’m aroused. I’m not scared when I should be terrified. I’m going to have problems and I don’t care. I don’t say a word and I barely eat anything for dinner. My friend doesn’t notice how nervous I am. When we go to the hotel room I wait for her to fall asleep and then I sneak out of the room. I have to take the underground and I’m bitting my nails non-stop. I’m about to turn around more than once, but I don’t want to live with that “what if…” my whole life. The lights of Shinjuku guide me through the street. The sound of pachinko machines, local owners attracting people in and some girls from the host clubs surround me. I stop in front of the green food stand all hysterical, and I freak out when I hear some loud laughs. People move away, hurrying to not interfere with three men who walk as if they owned the place. I can recognize two of them. They are really tall for a Japanese guy, and I don’t need to see any tattoo to know they are yakuza. My eyes meet with the guy in the middle, the older one, the one I don’t know, and he’s so intimidating I look away. I try to focus on the food in front of me but all I can hear is their footsteps moving closer. I wish they walk away, I’m regretting this, my heart is racing cause I’m scared and excited as fuck. I turn my head a bit giving them a sided look. His eyes again, he’s staring at me. But now he’s smirking and though is a bit creepy I kinda like it. The footsteps stop right behin me.

– Oe – I hear in a deep voice – busty gaijin, here, look here – I feel a hand on my shoulder and I turn abruptly.

– Me? – the youngest of them, the spiky haired, thinner guy, laugh outloud.

– Of course you! How many busty gaijin are around here?

– We’ve got a work for you sweety – I realize that their voices sound really alike, also their eyes are almost the same. But this time is the touchy guy with his mane of curly, messy hair and longer beard than the others.

– Aniki here told us you were looking at him – says the thinner guy pointing at the older one. He’s staring at me in silence with a cigarrete between his lips, thick and slightly curved on a tiny smile.

– I’m sorry, I didn’t mean to—

– But you did – the curly one says – what were you looking? What did you expect we would do if you act like that? I dated you here, not him.

– You know you shouldn’t look at him but you did – said the other.

– And let me tell you that we would came to you even if you weren’t staring at him as you did.

– ‘Cause, girl, look at you…

– How not to came closer? – actually, they are much closer.

– Ok, ok. Stop it – the older one, the boss, grabs their shoulders when my back hits the wall behind me. They are so intimidating but yet so handsome… I don’t know what to do – we should talk in somewhere more private. Don’t scare her, you idiots.

– It wasn’t our intention, aniki.

– And at least you could introduce yourself – the older one looks at me. His black eyes pierce my soul – sorry for their behaviour. It’s unacceptable – I don’t understand why a yakuza is talking to me in such polite way – I’m Tom, nice to meet you – he bows slightly.

– Mary – is all I can say, looking at him with my hands against my chest.

– Hello Mari chan, Toraji here – says the younger one, spelling my name in a different way.

– Tomo – the one with curly hair winks and I feel so ridiculously attracted to him I want to run away. This is not ok. Not at all.

– Would you give me the pleasure of coming with me? – Tom offers me his arm but I don’t move. He doesn’t look dangerous at all, but maybe that’s what he wants me to believe. I can’t trust a yakuza!

And yet, I’m walking alongside them. I feel a bit overwhelmed by the situation but I don’t want to think about it much. It’s exciting, it’s new, and they are brutally handsome. I’ve never acted out of the box and it seems that today is my first time losing control. They take me to a huge, expensive hotel and while hearing them talking about trivialities we stop at the highest floor. I feel their eyes on me, their attention put mainly in my body but also in my face. They look really happy and I feel like fainting. The first thing I see in the room is a big bed. Tom sits in a couch in front of it, removing his jacket.

– Get comfortable sweetie. Do you need something to drink? Would you like to have a bath? – Tomo asks.

– What are we going to do exactly? – I ask even when I know the answer.

– A porn movie, what else? – Toraji says removing his shirt – and you are the main star.

His body is covered by black tattoos, leaving a space in the middle of his chest in blank. Tomo’s body is decorated in almost the same way, but he’s bigger than his brother and some of his tattoos has color. Again, I know I must be scared, but I’m not. I’m excited and aroused as I’ve never been. Toraji is the first approaching me, holding a camera. Both are only wearing their trousers but Tom is still completely dressed. However, he looks at us thoroughly. I feel Tomo’s hands from behind, on my breasts. He strokes them sweetly, kissing my neck too. I let go a soft sigh, letting him unbutton the front of my dress. I want to laugh but I smile instead.

– Huge – he whispers in my ear when my bra is on the floor – I can’t grab them with my hands – and his hands are really big. He pulls my dress down, and as soon as I can think about it, his fingers are between my labia, over my underwear. I moan – do you like it?

– Yes – I whisper, blushing, pressing his hand with mine – touch me.

Soon after, my underwear is stained, soaking wet. Tomo’s fingers moves exactly as I want them to. Toraji holds the camera near my inner thight, licking his lips and touching his crotch. Tomo kneels in front of me, lowering my underwear, licking softly my labia, between them, my clit. I moan louder, grabbing his curls while he gulps me down. Toraji makes a gesture and he moves aside letting him film my wet flesh and his tongue over it. My body shooks when his thick, warm lips close around my clit and his tongue touches it slowly, in circles. I cum in his mouth, whimpering, feeling my legs trembling. He moans against my skin too. Tom asks for the camera, Toraji obeys. Tomo makes me lay on a bed sideways but facing him. Toraji lays behind my back. The younger one lifts my leg and I feel his warm dick rubbing against my skin. I moan in Tomo’s mouth, and suddenly, in his cock. I can’t focus in just one thing at the time. I hear Toraji’s moan and I feel how his dick penetrates me. It doesn’t hurt at all, it’s not big enough to harm me. I feel him getting slowly inside me and his pants on my neck. I touch his hair, turning my face around to kiss him, but his brother demands my attention. Tomo’s cock is bigger, but it fits in my mouth. He moans louder than his brother when I lick his warm flesh. It has foreskin since he’s not circumcised. His dick is thick. I love it, I love what I’m feeling so I moan my thoughs outloud.

– Do you like this? – I ask Tomo, moaning cause Toraji is moving faster inside me. I move my ass and the boy seems to die in moans and pants.

– Lick me here – he points right under his glans. I pull down softly his foreskin, licking where he wants me to – oh yes, I love it, ki-kimochi – he whispers between gritted teeth – I wanna fuck your pussy so bad.

– I’m gonna cum, stop moving like that, bitch –Toraji complains against my back skin when I just have an orgasm – oh please I’m so close… your cunt is so fucking perfect.

– Don’t cum inside – Tom warns them.

– Move – Tomo orders Toraji, pulling his cock away from my mouth and laying beside me.

I feel Toraji coming out and Tomo getting in. He’s just a bit thicker but my pussy feels the difference intensly. I grab his shoulders, demanding for more, sitting on him. Toraji pulls my hair, making me look up and masturbating in front of my face. He moans loud when I swallow his full erection, looking into his eyes, feeling Tomo making his way into my body and whispering he’s cumming too. He’s banging me, grabbing my ass with one of my breasts in his mouth. My moans are long, almost like whimpers, suffocated by Toraji’s dick. I caress his balls with my fingers and the boy shivers bitting his lip.

– Do not cum inside – Tom orders them once more.

– Hai, aniki – Tomo moans once again and I feel his sperm staining my chest, I see his intense pleasure gesture and I masturbate both brothers at the same time, feeling their cum on my body and face. I’m smiling like insane.

– This is perfect – I hear Tom whispering – girl, you were born for this.

When they walk away I think it’s over, but I couldn’t be more wrong. Tom gives Toraji the camera, taking off his shirt, showing bright colored tattoos. He takes an enormous dick from his trousers. It’s so thick I’m scared it won’t fit in my body. He cleans my skin with a pillow case, kneeling in front of my extremely wet pussy. Tomo is smiling while smoking, sitting on the chair where his big brother was before. Tom makes me spread my legs wide open, caressing my thigs while looking at me. I touch his wide shoulders, his well shaved beard, astonished with his perfect body and face. He covers his hands with my fluids, passing it over my wet pussy and making me moan. His mouth opens when his wet cock touches my labia. My back curves on bed as soon as he starts to penetrate me. He’s filling me up, I can’t barely move. It’s so intense the only thing I can do is moan. He moves slowly, whispering how tight I am. He’s careful, he fucks me with the half of his dick, moving his hips slowly. But I’m really wet, I’ve been fucked by two guys just a minute before and it doesn’t take much time to have his cock completely inside my body.

– Oh God, oh my God – I moan grabbing the sheets of the bed, smiling – oh please, give me more…

– Your pussy is swallowing it all, fffuck this feels so good.

– Yes, harder, please Tom…

His strong hands grab my hips, punishing them with his. He’s moaning deeply, intensly, and I’m having the most brutal orgasm I’ve ever had. He leans over me, grabbing my boobs and licking my tongue. His body crushes mine, his sweat mixes with mine. I move my hips closer to him when he moves faster and harder. I love the rough sex he’s giving me and I can’t stop cumming. I scream it. I hear the other two laughing when I grab his ass to feel him even deeper. Tom’s grunts and moans are loud and he kneels again on bed, digging his fingers in my thighs, moving slower. I scream when I feel his sperm inside me, his cock harder than ever. We’re both paralysed by pleasure. When he takes it out, I see Toraji filming how his cum is coming out from my cunt. I can’t breathe properly. He films me for a whole minute, my exhausted blushed face, my trembling body.

– And cut – Toraji says moving the camera aside – You DID have a great time didn’t you? – Tomo throws my clothes to me.

– Yes… I… I did – I answer, panting.

– I’m very pleased with this. It’s going to sell like hotcakes – Tom says, puffing – can we call you for another shoot?

– Oh please, please! – I say sitting on bed – Call me anytime you want!! But I have one condition – the brothers stare at me – I want a free copy of it without any kind of censorship and next time, it has to be the three of you again. I demand it – Tomo kneels on the bed, grabbing my chin and kissing my lips.

– Deal – I smile with them.

I realize I have become the slut of the most pervert yakuza. But I also know for sure that I couldn’t be happier.

Long

This fic is half my imagination (part one) and this picture (part 2):
Yep, it’s a silly Tomoya picture.
But my imagination is always working and tomoni-chan is always willing to help xD
I had to search a gravure idol who could more or less adjust to what I had in mind.
So here she is: Ai Shinozaki ♥
Those pictures represents part one and two of the fic.
You’ll see, just read below…
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The ability of not blinking because of the camera flashes is something you accomplish through time, as the skill of not dying from cold in that half empty set. The photographer’s voice guides me through the session; not that I need it tho. I’ve made so many I know how and where I have to look so the result would be this mixture of sexy and innocent that Japanese men seem to love. In fact, the photographer keeps repeating, “Yeah, yeah, like that Shinozaki san!” and my manager is just sitting there playing with his phone. I hear voices approaching the set, but I don’t move my eyes away from the camera. I’m looking at the floor, letting the little, white, silk, thin clothes slide over my shoulders. I hear a soft gasp. I hear my manager whispering “areee?” and someone gets between me and the lights. 
–   Nagase Tomoya, nice to meet you – I look up to see this big boy bowing in front of me and looking into my eyes with a sided smile.
         Oh my… – It’s all I can say, covering my mouth with my hand – Shinozaki Ai.
        I know who you are – he is wearing a suit and has some hair gel on. His beard is visible but not too long, enough to make my hormones have a party.
      Me too – I giggle, he smiles wider.
     Well, straight to the point – he says clapping his hands – I wanna do it with you.
  WHAT?! – My heart skips a beat. He gives me one of his loud and high pitched laughs.
  The photo session, baka!! – I puff in relief, I hear my manager doing the same.
  Bikkurishita! – He joins his hands in front of his face, apologizing but still laughing.
         They just told me that the girl selected to do the session with me can’t make it to the studio because she’s sick. And then I saw you.
         I was working here but…
  It’s ok, go – my manager looks even more excited than I am. The photographer is confused. I am confused, and dizzy, and excited, and my heart is having the party with the hormones. I need to scream – which magazine is organizing it?
    An-an – he says. I have to hide a whimper. An-an and Johnny’s in the same sentence usually means few clothes.
         Ok then, come over here please – says his manager.
         Arigato Shinozaki-san, a pleasure to be working with you – he says. I can’t stand his smile, so I smile back wider. My cheeks are burning.
         It’s the first time I make a session with a man – I say – I don’t know if my fans are going to like it…
         Ai-chan, if it wasn’t Nagase-san you wouldn’t do this – my manager says – but a lot of his supporters are men, so I think it would be ok.
     And middle aged women, don’t forget them – he looks proud of it – best fans ever.
     Nagase-san, should we start? –He nods – You came from work and you are tired.
         That’s easy to imagine – he whispers to me.
         Move here please – There is a bed on the set and I feel like screaming. They fix the lights and some girls retouch his make-up. They make him look anywhere but the camera, with that serious sexy face. He stands, untying his tie and removing his jacket – Shinozaki-san – the camera man’s voice startled me and I notice that I was looking at Nagase spellbound – lie on that bed, please.
         Should I change my clothes? – I ask while I see Nagase drinking water from a bottle with the corner of the eye.
         No, you’re perfect just as you are – I’m wearing white lingerie and a dressing gown in the same color – Cover only your hips with the sheet. Let us see the waist and your back – I’m staring at the fake furniture that works as background feeling the nerves on edge. It has never happened to me before while working – move your arm away from your hips, let us see your gorgeous outline sweetie – I smile when I hear his manager talking to me like that. It is nice working under the instructions of a lady for a change.
         She’s always so sexy… – Nagase whispers, making me blush.
         Go and sit next to the sexy girl then – they order him. I feel the bed caving when he sits – unbutton your t-shirt – I gulp down. After some clicks from the camera I hear my name, so I look over my shoulder. Nagase does the same, raising his eyebrows. Always smiling.
         I know you are not used to work with a man – his manager says to me – so if you feel uncomfortable just mention it and we stop – I nod because my nerves are strangling my vocal chords – I want you to kneel in bed right behind him – I do it – and now lower his shirt slowly – I nod again, taking a deep breath – don’t be shy and get closer to him. Imagine he’s your boyfriend since long – Nagase clears his throat and I look at his face just for a second, staring at his lips.
 
I do as I am told and I lower his shirt slowly, focusing on his naked shoulders. I try to think about what that woman told me and I fantasize of him being my boyfriend. A warm smile comes to my lips as my knuckles touch his arms.
 
         Nagase-san, move your face and look at her mouth – the camera man requests. When he does, our faces are so close I can feel his breath – Shinozaki-san, move your body closer to him – my boobs press his back and a tiny sided smile appears on his lips.
         This is going to look awesome – his manager whispers excited – ok, Shinozaki-san, lay in bed – we move away from each other and I have to focus because I almost forget where I am.
         Wait, wait, I’m thinking about something – the camera man says – what if they change positions with Nagase staring at the camera? He could even kiss her shoulder.
         He already has a picture like that – I say. Everyone is looking at me – in the Sakuraba Yuichiro photobook there’s a picture of him behind the neck of a girl.
         How can you remember that? – He asks me amazed. I don’t know how to answer without being creepy.
         Every girl from my class loved it, I just…
         It would be interesting to do it again now that almost 20 years has passed – his manager suggests.
         Thank you for making me feel old – he complains without losing the smile.
 
He gets up and I sit on the edge of the bed. After some retouches I feel him right behind my back. I look to my right, showing him my neck. I shiver when he moves away carefully a lock of hair with the tip of his fingers. He laughs softly and I feel the same long fingers lowering my silk robe. I have to release the air from my lungs slowly – I would moan otherwise – feeling his thick lips pressing slowly against my neck, over and over again. I know I’m blushing, but I don’t care. I don’t care about anything at all. I’m biting my lips and his hands are on my shoulder and my waist.
 
         Nagase-san, remove your shirt and Shinozaki-san, do the same with your dressing gown – he is really quiet, so am I. I don’t know if he’s embarrassed or not, I don’t know what he is thinking – please, Shinozaki-san, lie on the bed. Nagase, unbutton your trousers.
         I would love to hear something like that more often – he says to me. I smile, really nervous – are you ok?
         Yes, sorry. I’m not used to this.
         Neither do I! – He laughs a bit hysterical, so he’s nervous too, which makes me feel better.
         What do you think is better? He or she on the top? – His manager whispers, which makes me feel as nervous as before.
         Shinozaki-san, rest your hands behind your body – I do it and the camera man laughs – huge – he whispers, and I know he is talking about my boobs – Nagase, kneel between her legs – I blush to the max when I spread my legs in front of him. He’s looking at my body, gulping and licking his lips. The camera man is already taking photos – touch softly her waist, as if she was your girlfriend. And try to look at her face.
         I’m sorry – he apologizes to me, realizing he was staring at my boobs the whole time.
         Don’t worry, I’m used to it. It’s like part of my job – I smile back, trying to focus on the idea of this as just work. But then his expression becomes serious and sexier. His lips are half opened and his hands keep caressing my skin so softly… my body is covered with goose bumps. I look at him as I would do if he was my boyfriend, as if all of this was real. I can’t focus on my job having him over my body, touching me, devouring me with his eyes.
          – Should they kiss? – the photographer asks.
          – I don’t know… – my manager answers.
          – We should – Nagase whispers in a way that only I could hear.
          – Maybe it’s better if they fake one – his manager suggests.
          – Kiss me – I beg, losing myself in his deep dark eyes.
 
We are moving before our managers can get to an agreement. He strokes my mouth with his. My eyes are closing and my hand is touching his beard. His tongue slides between my lips and my fingers over his chest. I hear the camera click as fast as my heart beats. Our managers are gasping, his hand is now squeezing my thigh and my teeth are bitting his lip. It’s been a while since I don’t feel like this, so aroused and embarrassed at the same time.
 
         Grab his underwear Shinozaki – I hear. I pull it towards my body and he moves his hips too. He’s almost rubbing himself against me and I’m about to moan.
         Ok, ok, that’s enough – I notice that my manager is a bit annoyed. I don’t give a damn. Nagase sits on the bed, taking a deep breath. My hands are shaking.
         Really?! – the photographer is now angry – they have so much chemistry!! We should keep going with this!!
         I don’t know – Nagase mumbles. I look at him. He’s ogling me. I’m ogling him. He burst into laughter covering his face, then he grabs a pillow to cover his crotch – this is too much!! I’m – he looks at me – I’m your fan, I can’t help it – he points between his legs.
         Seriously?! – Now it’s me who’s laughing loud. After that temporary, lustful insanity we look at each other all embarrassed – I can go on if you can, I mean, when you can.
         Cover yourself or something – he says still laughing and I hide my body behind the sheets.
         Anyway – says my manager – I don’t know what else do you want to photograph, after this the only thing left is taking off the rest of their clothes.
   That was what I had in mind – the photographer says, cutting abruptly our managers laughs.
         No – my manager says.
         I would do it, it’s not a problem for me. I’ve been almost naked in front of a camera before – I say, looking at Nagase’s astonished face.
         Not with a man! – my manager refusal is annoying, I want to do the session. I want to feel his naked body near mine.
         This will sell like hotcackes – Nagase’s manager convinces him – she’s really lucky to be in this photo shoot now that finally they let him show his tattoos. It’s been almost 15 years people don’t see Nagase-san naked.
         They’ve never seen me fully naked – he says to me – not because I didn’t want to.
         I guessed that – I say laughing. I’m surprised because being with him is really easy. And incredibly exciting – same happens to me. Since I’m a gravure idol I have some restrictions to avoid the thin line between what I do and porn. 
–    Can I ask something personal? – I nod – Have you ever thought about doing porn? – Judging by his curiosity I know what he wants me to say.
         Sometimes. It’s just… I don’t want to have sex with an old, fat man.
         Just pretty boys huh? – I laugh, nodding – smart girl.
         A shower?!?! – my manager shouts, startling us – naked and wet?!
         Exactly! – the photographer says – don’t you see your reaction? Imagine what the public is going to say!
         She will lose public! – he points at me.
         I will gain the double – I say – I’m always making sessions inside baths, showers, pools… – Nagase nods saying “hmm, hmm” making me laugh.
         And her body will never show completely, it’ll be just insinuation.
         Let’s try and if anyone is uncomfortable, we stop – I suggest.
 
Everyone seems to be ok with the idea and Nagase finally can move, so we walk to a different set. People from the stuff give us warm white robes and they retouches us once more. I know that shoots involving water implies cold water, if not, cameras will mist up. Nagase doesn’t seem to know, and he screams after the cold water touches his fingertips. Talking was one thing, but doing it on the other hand… that was completely different. I watch Nagase taking off his robe and the rest of his clothes as if it was the most normal thing in the world, but I can’t move. I freeze right on the spot, trying not to look at his dick, but failing miserably. It’s long. For a Japanese man, it’s long. I don’t know about the rest of the world but it’s the longest I’ve ever seen. All I can think of is that it’s long and thick. And it’s flaccid, so erected must be…
 
         Are you ok? – my manager asks me – I knew you shouldn’t do this.
         I’m ok – I open my robe without giving it a second thought and I try to remove my bra but my pulse is trembling and I can’t manage to open it.
         Here, let me.
 
Nagase comes closer and I feel his fingertips lowering the stripe of it delicately. It’s long, I think again. I give it to my manager, who looks at my face shaking his head. I bend to take off my panties, forgetting that I have Tomoya at my back. I hear him puffing and chuckling, and I feel my cheeks burning once more, laughing with him.
 
         Fuck, not again – he whispers and goes away running. Then I hear him yelping. I turn back to see him under the cold shower – everything under control!! – he says laughing.
         Sorry – I have to make a huge effort to not cover my body in front of all those people. I’m used to be the center of attention, but I’ve never been surrounded by people being that naked before.
         Ok, let’s do it. Shinozaki-san, get into the shower with him. Nagase, close the tap, you’ll be ok – his manager says smiling – Ai-san, put your hands on his chest, move a bit, so we can see you from your side.
         Where do I have to put my hands – he asks without looking at me. I can’t look elsewhere but his face, he’s ridiculously handsome. And it’s long.
         Where you would if she was your girlfriend – the photographer says. He closes his eyes, laughing. I want him to touch me as he wants.
         I won’t do that, no. You tell me Shinozaki-san – I giggle, grabbing his hands and putting the one facing the camera on my shoulder and the other on my hip.
   Relax, you’re making me nervous – his eyes meet with mine just a second because he falls into the inevitable magnetism of my breasts.
         Oh, sorry. I’m so sorry – he is smiling, closing his eyes – they’re too big ok?!
         I know! It’s ok if you look at them! Everyone does – I touch his face, he opens his eyes – it’s ok – a drop of water falls from his nose to my boobs. He snorts at the sight of it. It’s long.
         Ok, open the tap Shinozaki-san and I want you to squeeze your chest with his – I move my hand to the tap, pressing myself against him. The water falls directly on his nape, flowing between our chests.
   Is it too cold? – my manager asks. The photographer is taking pictures like insane.
         A bit – I murmur, feeling my nipples getting harder. Nagase’s fingers hold my shoulder with strenght. He’s breathing fast, chuckling and looking away. I’m too horny to feel the cold.
    Nagase-san, kiss her like before. Not full kisses, just superficial – His manager requests. He is looking into my eyes so intensly I’m afraid of losing control. His hair is disheveled and it’s long too.
    Move your hips closer, I can see too much of you two from here – the photographer moves everywhere around us. I move my hips a bit closer and so does he, kissing me softly.
         Don’t worry about that, we’ll delete what’s necessary afterwards – the voice of his manager sounds amused – this is outsanding, people will freak out.
         I’m freaking out! – the photographer says. A soft, shy moan slips from my lips when he bits them. It’s long. It’s long. It’s long.
         Fuck… – he whispers against my mouth. I’m digging my nails on his chest, feeling that water is not the only thing that is wet between my legs.
         Shinozaki, look at me, give your back to him – I turn, panting – Nagase put your hand on her neck and make her look at you – the photographer has taken the leadership, our managers are dumb – cover her boobs with your other arm, hold her.
         Oh – I whisper at the same time he bites my chin. But not because of the bite… his cock is hard as a stone, longer and against my ass.
         This is starting to be hard – he whispers in my ear. I know the rest didn’t hear it because of their confused faces – I don’t know how I’m fighting back what I’m eager to do – I’m as still as a statue, grabbing the arm he’s using to hold me – we should dismiss all of them just to be all alone – I lick his fingers because he’s touching my lips. I feel the need of bending down to let him do whatever he wants with my pussy.
         Ok, we’re done – my manager says, breaking in a half the sexual tension – I think it’s enough for today  Nagase doesn’t release me, he looks at his manager.
         Can you give me a towel first? – he asks. I’m laughing and panting at the same time. I get mine and his, covering us both, glad that my arousal can’t show that clearly.
         I’m going to prepare your stuff, thank you for your hard work – my manager is walking away greeting everyone, and I’m suposed to follow him but I don’t want to leave. I’m still horny.
         Your cheeks are burning red – Nagase says to me, pinching them.
   I wonder why – and there we are, laughing exactly as we did before, embarrassed and horny – Thank you very much for this opportunity, I’m looking forward to see the pictures!
         Don’t show them to your parents – the photographer says laughing – it was so hot! I hope we can work again together soon! – I say goodbye to him thinking “me too”
         Now I’m starting to feel cold – I complain because my muscles are asking for Nagase’s heat. But I must go, even when is the last thing I want to do – see you around Nagase-san.
         Thank you very much, it was a pleasure to work with you – we bow, looking at each other with a smile. A pleasure. I wanted to ask him his phone number, but maybe it wasn’t propper after what happened.
         I’ll send you my next photobook signed – I say instead. He laughs once more.
         I’ll check my mailbox everyday then. See you Shinozaki-san.
         Call me Ai – his smile is now playful.
         Then I guess you can call me Tomoya if you like.
 
My job prepares you to almost every weird situation – as, for example, covering yourself with custard cream – but I wouldn’t believe if anyone told me this could happen to me. I hurry to the bathroom, locking the latch. I bite my lip trying not to scream, touching myself under the robe. I sit on the toilet while rubbing eagerly my clit. My legs are not holding me and I still have the sensation of his lips on mine. I have to make an effort when I reach the orgasm seconds later, staining my fingers, making myself shiver from head to toes. I was recovering when I hear someone entering the bathroom next to mine. I hope my fast breath is not too loud, but I cover my mouth anyway. I can’t go out yet, I’m still suffocated and I don’t want to answer awkward questions. A weird noise is coming from the other bathroom; a fast wet noise. In case I had any doubt, I hear deep moans followed by pants and whines. And then a known voice whispering “Fuck my life, Ai-chan…” I slip away from there. I can’t face Nagase without dying of embarrassement after hearing him masturbating while whispering my name. 

2

I run towards my friend’s house, covering my mouth with my scarf and my ears with my hat. I’m starting to think that my outfit is maybe too scarce but I wanted to be as sexy as possible considering it’s winter. Cold is not my problem anyway… I’m going to be hot the whole night. And not because of the heating my friend has for sure in her big house. I ring the entry phone and I ask Makiko to open the door. I can hear a lot of noise, so I guess I’m one of the last to arrive at her big new year’s private party. I start to take off layers of clothes: hat, gloves, scarf, jacket. Just in the building hall is warmer than in my own house.
 
    Finally! – Makiko takes all the clothes from my hands – girl, you’re frozen! Come in, come in!
         It’s almost snowing out there.
 
 I always forget that in her house I don’t have to change my shoes. It’s a bit uncomfortable and I regret wearing the heels. I say hi to so many people my mouth gets dry soon. Some of them stop to talk to me, asking questions and making small talk. I reach the drinks at the same time Makiko comes closer to me.
 
   Sorry, it’s exhausting to be the host. Everyone is here, have you brought your secret santa gift? – I nod, showing her the bag I’m holding.
         Secret as virgin I am but whatever – she laughs softly.
    Shush, they can’t find out I let you cheat… Give me that, I’ll put it with the others.
      Where’s he? – I’ve been looking for Nagase since I crossed the door but he seems to be nowhere.
         At your left, look inside the kitchen. He’s been there with Shinsuke since he arrived – I look over there trying not to look desperated. I spot him wearing a leather hat and dark clothes. He raises his gaze, looking straight in my direction. He greets me with one of his sided smiles
         He’s so hot I’m gonna die – I say to my friend smiling as if I wasn’t hysterical – it’s been almost a month since the photo shoot.
         Can you call my husband? Someone wants to talk to him about business.
         Is that truth or…? – she shrugs smirking and I walk slowly with my eyes glued to Nagase’s butt and a bright smile on my face.
         Helloooo super model! – says Shinsuke – you are late!
         I know, sorry! It’s so hard walking with heels, you know?
      He knows, he’s an expert – Nagase is ogling me as he did when I was in my underwear.
         Shinsuke-san, Makiko is calling you. Something about work – he sucks his teeth – I can continue with the sushi, don’t worry.
         Would I ever be on holiday? even in new year!! My god… – he walks away angrily – hey, don’t mess up my fish. Take an eye on her, Tomoya.
         Both – I look at his smirk and my giggles start coming out non-stop.
 
He’s silent, I am silent. But smiling, giggling and looking at each other while preparing the food. I don’t know how to behave, how to come closer to him. Maybe he doesn’t want me to. Maybe he has a girlfriend and she’s in the living room. He clears his throat before speaking.
 
         You’re really pretty today – I’m smiling like an idiot, I can’t talk, I’m embarrased.
         Thank you. That cardigan looks warm – I say pointing at his dark blue clothes.
         I’m sweating a bit, yeah. Sorry if I smell.
         Oh you don’t, and even if you do, you don’t smell bad – he laughs softly through his nose – I loved your last performance – he looks at me raising his eyebrows – I’m a Tokio fan since I can remember.
         Oh, thank you! I didn’t expect that – he looks at my body, smiling and giggling – You look like a secretary – he says suddenly, making me laugh.
         Really? – I look at my grey skirt and my white, tight shirt – what are you thinking about, you pervert?
         I would hire you – he licks his lips. I remember how they feel. I lick mine. It’s long. He washes his hands in the sink and walks towards the door, closing it – Well, straight to the point – he says clapping his hands as he did first time we met – I wanna do it with you.
         What are you talking about, baka? – I take it as a joke, but he’s not joking.
The seaweed is squeezed by my hands the very moment I feel his squeezing my breasts. I look down to see his long fingers digging into my boobs. His hands barely covers them and I feel the warmth from his body on my back. He’s mumbling something I can’t understand, I’m cleaning my hands with the cloth, hurrying as I’m getting hornier and hornier. The second I turn around I have his tongue in my mouth. His kisses are demanding, his mouth is warm and delightful, and his beard is scratchy but I don’t care. What’s more, I love it. I’ve never recieved or given a kiss like that. And I’ve never been this horny before, except for that time at the photo shoot shower.  His hands are on my butt, mines under his shirt. When I touch his warm body he makes a high pitched sound, smiling on my lips.

         So cold – he whispers in a husky voice.
         Then warm me up – I’m giving him the look I would give to a camera when my bikini is about to fall. But he doesnt fall, he goes up. And it’s long.
         Ai-chan, I’ve been dreaming about this since the photo session – his mouth touches my neck, I throw his hat at the floor so I can grab his hair. I’m shaking.
         Touching yourself? – he bites me, a moan stucks on my throat – as you did after the photos that day? – he laughs softly, bitting my chin too and looking into my eyes – I was next door with my fingers stained with my own fluids when you were cumming.
         If I’d known you were there I would have fucked you so hard on the fucking floor. Ai-chan – his hands opens the first buttons of my shirt – You turn me on so much just with your pictures, imagine – I lick his lips, he stops talking, squeezing now my boobs without clothes on. My hands are slowly opening the zip of his jeans, opening the button – imagine what I felt when I had you naked in front of me. I can’t stand this, I need to cum over yo—
         Is the sushi ready or not? Oh! – I give a little scream when I hear Makiko’s voice at the door. And she opens it before I can fully button my shirt. Nagase is picking up his hat from the floor, turning his back to our friend.
         Yes, yes, you can take this to the living room – my hands are shaking when I give her the tray. I notice she’s holding a smile.
         Ok, don’t take a long time on coming back, everyone’s waiting! – she walks out and I look at Nagase.
         You go first, I need to calm down – I want to kiss him again, but if I do I know we will never calm down.
         Me too, but ok. We’ll pick up the conversation were we left it, right? – he laughs and I walk out of the room smiling, hearing him puffing.
         Nice butt! – he shouts when I’m near the living room. I laugh before I reach the rest of the guests.
Nagase sits between me and his friend Shinsuke at dinner. Thought at first I feel nervous having him by my side, I eventually start to feel relaxed. He includes me in his conversations, making it easier than I remember to be so close to him. As the fan I am, I’m making questions about his personal life before I can think if it’s rude or not. But he’s answering everything, telling us funny stories about himself and the rest of the band. Everyone laughs with him, everyone loves his presence. I’m completely captivated by this man.
     Secret Santa’s time!! – Shinzuke is carrying a big bag full of gifts – I hope every package has the name on it.
         I’m nervous! Aren’t you? – Nagase is smiling at me like a little kid. He’s so cute. I’m drooling over him. Makiko is giving everyone their gifts, waiting for their reaction.
         Uhm, Nagase-kun! – she gives him my present. I try not to laugh until he opens it.
      What’s this – he’s trying to guess before opening and everyone’s rushing him. He breaks the paper in two – Woah! Ai-chan!! – he looks at me with a shy smile, but he doesn’t hesitate of looking at my photo book in front of everyone.
         Don’t look at it in here! – I say trying to close it – it’s so embarrassing.
         That’s the underwear you were wearing on our photo shoot!! So pretty and soft.
        How do you know it was soft? – Shinsuke asks. Nagase just laughs outloud and I want to dissapear. I cross my arms, bitting the nails of my thumb.
         I was taking those pics just before you arrived – I say in low voice. He nods.
        I remember, yeah – I look at him, he’s looking at me and smiling with that sided smile that drives me crazy – thank you.
People keep opening gifs and Nagase is looking at my pictures with the book on his lap. I try not to pay attention to him, but he’s whispering at almost every photo he sees. Suddenly, I feel his hand on my leg. I look at him, he left the book on the table and he’s looking how Makiko is opening her gift. I grab his wrist and I make him touch my inner thighs. I don’t look at him, he doesn’t look at me. But we both know how turned on we are. If he decides to fuck me on the table I won’t stop him. I don’t care about people, I don’t care about anything, I just want his cock inside me. It’s long.
         Ai-chan! Your turn! – I smile while opening my thin gift. I cover it with the wrapping paper as soon as I read “ANAN”.
         Tomoya-kun, I hate you – I whisper in a soft voice. He laughs even louder, squeezing my thigh.
         What is it? – Shinsuke asks.
         A magazine – I say.
         Your photo session? Woah! Finally! Let me see! – Makiko asks sitting beside me.
         No!! I… it’s embarrassing…
         Come on, Ai chan, we’ve seen you in bikini before! – Nagase says.
         Yeah, especially you – Shinsuke is laughing with him and I don’t know what to do. I want to see it, I was waiting for it since we made them, but not in front of everyone. Not after what I felt making them…
         Come on, they are beautiful – he says. He looks at my lips and before I can react Makiko has opened it. In the cover there’s the picture of him sitting on the bed, unbottoning his shirt. My silhouette as background.
People crowds together at my back, looking at the pictures and making comments. Nagase is breathtaking on the first pictures, I can’t move, I can just watch his perfect face. I appear in the next pages, removing his shirt slowly. We are both smiling, we look shy. I know that was the moment when my boobs pressed his back. Next two pages are full by just a single picture. Nagase is laying over my body, grabbing my thigh. My nails are digging on his shoulder and his tongue is between my lips. I’m blushing in the picture and in real life. People are screaming around me, everyone is excited. Makiko is saying “ARE, AREEEE?!” non stop, Nagase is as silent as a tomb. I look at him, he’s looking at my face with a playfull smile. He raise an eyebrow and he doesn’t look away when he turn the page. When I hear everyone’s gasps, I know that they are watching us naked in the shower.
                Those final pics are just hot. Passionated. I’m on fire. The way I’m looking at him in the pictures, the way I’m bitting his lips, our naked bodies so close of each other, the water slidding over us… too much to take. I’m blushing so much I’m starting to sweat. My heart is racing, I’m reliving that moment and I can’t forget how long it was. The last picture is when he was whispering things to me. I can see the lust in his eyes, looking at my mouth. I can see the lust in how I was bitting my lip. I need to have him. I need everyone to go away. But they’re cheering, congratulating us. Everyone is telling us how good it is, how excited they are and how brave we were for doing it. But I’m not there, I’m under the tablecloth, between my thighs were Nagase is moving his fingers. He’s not touching my pussy, but he’s dangerously close. He gets up, excusing himself and walking outside the living room. He looks back before he dissapears around the corner, making me a gesture with his head. I wait almost for a minute and then I follow him.
         Where are you going? It’s almost midnight, you must be here for the countdown – Makiko stops me.
         It won’t take long, bathroom – I lie.
I’m walking hurriedly towards the bathroom when his hand grabs my arm, making me enter in a sitting room. He closes the door and pushes me on a black couch, sitting in front of me.
         Undress – he orders – let me watch you.
         Are you going to fuck me? – he nods slowly, removing his cardigan and opening his trousers. I’m unbuttoning my shirt.
         And I won’t stop if anyone gets in, I can’t wait anymore – I don’t open the buttons below my boobs so he can see them but not completely. I rest my weight on my hand, leaning forward, looking at him and opening my shirt slowly with my fingers.
         I wanna squeeze your cock with them – I whisper. He took it out of his jeans, moistening his lips – can I? – I try to look innocent. A pervert like him sure loves it.
He grabs my neck, making me go down on him. I put my hands on his legs and his dick in my mouth. It’s palpitating against my playful tongue. The glans is pink as his lips, soft, warm. The rest is big, thick, and I lick its veins. He’s moaning softly and his shirt is gone. My underwear is soaking wet. It gets to the bottom of my throat and I take it out from my mouth.
         Oishii – I smile at him. He’s puffing when I place his erection between my breasts – don’t cum yet, ok? – he moves his hips, whispering how much he loves it – feels good?
         So good. Too good. Come here – I can’t masturbate him longer, he doesn’t let me.
He unzips my skirt kissing my lips and making me lay down on the sofa. He lowers my stocking and panties licking my tongue. He opens my legs, grabs my boobs and lick my pussy slowly. I’m moaning softly. I can’t help it, the feeling of his tongue over my burning flesh is too much. He opens my pussy with his fingers, his tongue slides through my labia, inside me. I’m screaming, pulling his hair, cumming when he touches my clit with his thumb. My body is shaking, he’s swallowing me and in the living room I hear people cheering. He doesn’t move his finger from there when he kneels in front of me, grabbing his dick and pushing with it. I feel him making his way into me slowly. I look at his half closed eyes, his clenched teeth and his long erection between my legs. I grab his ass and I force him to hammer me on that couch. It hurts but it doesn’t. I’m feeling it so intensly I can’t breath. He’s grasping the sofa, right over my head, moving his hips fast, bursting me. I can hear how wet I am in every thrust, I can feel how every inch of his swelled cock is being squashed by my pussy. His kisses are interrupted by moans and pants. We bite each other. We scratch each other. We look into each other eyes.
         Iku, Tomoya – I feel the most intense orgasm shaking my body.
         You’re so fucking tight – he groans while my body twists as if I was possesed. I don’t let go his ass, I want more. I need more. But he just can’t hold it, he doesn’t have to say. He’s trembling in my arms, melting, moaning, making me smile and cumming – fuck my life – he pants in a high voice – that’s been…woo!! – he shouts at the same time we hear the voices anouncing the new year countdown – Happy New Year Ai chan!! – I crack up watching his sweating, happy smile.
         Happy New year, Tomoya – he kisses me, deeply, slower than ever.
We get up, hurrying to get dress before people could catch us naked. We laugh like children who had made a mischieve watching the sperm stain in our friend’s sofa. He tries to clean it with his handkerchief but there are rests all over the place.
         What can I say, I was full of love – he says laughing – I feel my balls empty.
         Buy him a new sofa and problem solved. Wait,come here – his shirt was also stained – what did you do? – I say laughing again.
         I don’t know! I thought I cum inside you! – we have such a fit of laughter we have to sit, staining our clothes again.
         Shut up!! My cheeks hurt! – The door opens and Makiko looks at us smiling.
         What’s so funny? – she asks – where have you been? I told you the countdown was close!
         Important issues has been discussed here, don’t ask, you don’t need to know – Nagase says in a creepy voice.
         Stop having sex in my house without permission and get back to the party – Shinsuke says over his wife’s shoulder – now.
         I messed up your sofa, sorry – Nagase bows in front of him. Makiko whispers “are?”
         You didn’t need to say it!! – I tell him off, he answers laughing like an idiot – you’re so baka, seriously.
After releasing all the sexual tension, the rest of the night comes smoothly. My attention is not that focused on him, but his interest about me seems to increase. He’s pinching me, laughing with me all the time. By the end of the party I’m sitting by his side, feeling his caress on my hand with his fingertips. When I anounce I must leave he looks really dissapointed.
         Give me your number – he asks when I’ve said goodbye to everyone – just in case.
         Just in case, huh? – I give it to him and he gives me his – see you around.
         See you Ai-chan.
I am sitting on the taxi when my phone sounds. It’s him “I need to fuck you again, sometime. Anytime. Just call me and I’ll be there” My laughs make the taxi driver smile. I don’t know how or when, but I’m sure that I will call him. Someday. Soon. Really soon. Maybe tomorrow night. After all, life is not as long as he is. 
 
 

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