Einen Kaffee

Antes que nada, debo decir que no había planeado nada de esto al salir de casa. Ni siquiera lo habría imaginado pero las cosas fueron como fueron.

Y no me arrepiento de nada.

Tan pronto llegamos al restaurante y nos acomodamos, le vi venir. Y tan pronto le vi venir sentí mi corazón revolucionado, los nervios agolpados en la garganta y una creciente sensación de querer gritar. Era igual que un famoso que me tenía obsesionada. Igual. Era ridículo el parecido. Y no podía comentarlo porque no había nadie de confianza a mi lado.

Nos preguntó qué íbamos a tomar y al momento capte su acento alemán. Por si no tenía suficiente con su aspecto físico. Nos miraba, anotando los pedidos. Cuando me tocó el turno y me miró con una sonrisa, sentí mis bragas recoger mi lascivia. No era lógico sentirme así por una mirada. Menuda locura. A pesar de todo, intenté cenar, observando su rostro y cuerpo cada vez que se paseaba por las mesas. Dos veces me pilló mirándole y dos veces que enrojecí hasta la raíz del pelo. Me pareció que me sonreía pero quizás eran las ganas que tenía de que ocurriera. O quizás no. Me despisté mirándole los músculos de los brazos, me pasé la lengua por los labios, la mano de la rodilla hacia arriba, sintiendo ese latido entre las piernas, presionando con mis muslos y sintiendo mi clítoris sensible al hacerlo. Miré hacia arriba y me encontré con su mirada, suspicaz.

—Voy al servicio —Me disculpé. Necesitaba echarme agua, estaba sofocada y no solo por el calor del verano.

Me miré en el espejo, diciéndome a mí misma que por mucho que soñase despierta debía comportarme. Respiré hondo y salí del baño. Miré hacia el lado al hacerlo, y le vi junto a la cocina. Él también me vio.

—¿Puedes echarme una mano? Es solo un segundo, estamos hasta arriba.

—Sí claro —contesté, histérica perdida.

—Ayúdame a llevar esto al almacén, ten cuidado que puede caerse si sueltas —Se trataba de una carreta con grandes cajas. Me pidió que las aguantase mientras él arrastraba la carreta.

—No las sueltes —Me dijo una vez dentro del almacén. Fue algo muy rápido. Escuché que cerraba la puerta y que respiraba hondo.

—¿Qué vas a…

La pregunta quedó interrumpida por una brusca inhalación nacida de la sorpresa de sentir su cuerpo aplastarme desde atrás contra las cajas. Sus manos apretaban mis caderas, levantando ligeramente la fina tela de mi vestido. Su pelvis empujaba mi trasero, y su boca, al yo girar la cara, rozó mi mejilla, mi mandíbula y mi cuello. Olí su pelo, su aroma, apretando los dientes para no gemir.

—Vengo más cachondo que de costumbre y tú tienes hoy unas ganas que te mueres por tenerme cerca.

—Tengo novio —Lo dije porque sentí que debía dejarlo claro, pero la realidad era que no me veía capaz de soltar el borde de la caja en la que me apoyaba.

—¿Desde cuándo ha sido eso un impedimento? —Su mano izquierda subió por mi cintura hasta mis pechos, apretando uno de ellos con sutileza, cubriéndolo con su palma y dedos. Su mano derecha se coló entre mis muslos desde detrás, acariciándome las ingles, entre ellas, con una suavidad que me hizo apretar los músculos.

—No es el momento ni el lugar… —Un suave gemido anuló toda la validez que esa queja pudiese tener.

—Si te sientes mal o violenta, dímelo y no vuelvo a tocarte en mi vida. Pero —Pasó su mano derecha hacia adelante, hundiendo los dedos y la tela de mis bragas entre mis labios menores—, si estás tan cachonda como tu coño sugiere, lo que voy a hacer es tocarte hasta que te corras. Y después vamos a follar. Porque lo deseo, y tú también.

Apreté los labios, dejándome llevar por lo que sentía, por sus manos, por lo que realmente deseaba desde que me puso los ojos encima. Ya me arrepentiría más tarde si es que lo hacía. Apreté sus manos con las mías, provocando que su contacto fuese más brusco, sintiendo su cálida respiración contra mi mejilla y su erección contra mi culo. Soltó mis pechos para sacársela de los pantalones y meterla entre mis nalgas, rozándose, jadeando en mi oído. No dejaba de masturbarme con, no solo sus dedos, sino su mano entera. Con la palma estimulaba mi clítoris, con los dedos la entrada de mi vagina. No era brusco pero sí apasionado. El ruido de un envoltorio de plástico rasgado me sacó una sonrisa, que se separase de mí un segundo me indicó que, efectivamente, se estaba poniendo un condón. Me pregunté si siempre llevaba uno de emergencia en el bolsillo trasero. Tras eso, se centró en darme caricias desde mis muslos, pasando por mis caderas, cintura, pechos, cuello, girándome la cara y besándome despacio. Le miré a los ojos, me sonreía de medio lado con los labios entreabiertos. Se mordió el labio mirándome el rostro con deseo, sus caricias se convirtieron en algo muy delicado y centradas solo y únicamente en mi clítoris. Tuvo que agarrarme las caderas cuando, tras aguantar la respiración a riesgo de que me explotara el pecho, el orgasmo me agitó entera. Y estaba en el punto más álgido cuando sentí su polla, dura hasta llegar a ser ridículo, presionando desde dentro. Los músculos de mi vagina se contraían en un orgasmo que no hizo más que alargarse al sentirle estimular todos mis puntos sensibles además del externo. El cosquilleo y la presión que sentía de cintura hacia abajo me hacía imposible controlar la situación.

Di gracias a que tuviese una constitución tan fuerte, porque casi no me tenía en pie. Me subió una pierna y, poniendo la mano en mi espalda, me tumbó contra las cajas. Sus caderas golpeaban las mías en un vaivén delicioso, escuchaba sus gemidos ahogados contra sus propios labios, silenciaba los míos mordiéndome el brazo. Me apretaba el muslo justo por debajo del culo. Si seguía embistiendome así íbamos a partir definitivamente lo que fuese aquello en lo que me apoyaba. Desde el otro lado de la puerta escuchaba a mis amigos reír mientras charlaban en la terraza. Miré sobre mi hombro justo cuando se levantaba un poco la camiseta, dejándome ver su ombligo y una línea de vello que bajaba hasta una erección que no veía. Solo movía sus caderas, ni siquiera me daba todo lo fuerte que podía darme, me pregunté cómo sería el sexo duro con él y lo deseé intensamente. Quería pedirlo pero si abría la boca, iba a gritar. Así que lo susurré.

—Más… —Me dejó contrariada al sacarmela, tirando de mi brazo, llevándome hasta una ventana. Temí que pudieran ver nuestras siluetas a través del cristal translúcido pero la idea me puso tan cachonda que no me quejé. Me apoyó en el alféizar, con mi espalda contra el cristal, abriéndome las piernas y colocándose entre ellas—. Dame fuerte —susurré.

—Ojalá tenerte en un sofá, a solas —La guió hacia mi interior sosteniéndola con el índice, el anular y su pulgar, entrando suavemente. Ahora que lo veía todo, lo sentía incluso con más intensidad. Su polla surcada de venas se hundía en mí hasta la base, y era ancha. Muy gruesa—, aquí no puedo hacer todo lo que quisiera.

Me levantó las piernas, agarrándome justo por debajo de las rodillas, presionando contra la ventana. Ya sin contemplaciones, dominaba mi cuerpo con brusquedad, empapando mis bragas apartadas a un lado, haciendo un escándalo cada vez que su pelvis chocaba con la mía. Me resultaba difícil creer que fuera no estuviesen escuchando nada, pero seguían con su feliz parloteo. Me apoyaba con una mano en el borde en el que estaba sentada y con la otra comencé a frotarme el clítoris con fuerza. Los espasmos de ese segundo orgasmo fueron demasiado para él, que tras unos quejidos demasiado altos, se dejó llevar, comenzando a correrse cuando yo acababa, provocándome una nueva oleada de placer. Le agarré del pelo de la nuca y le besé mientras sentía las pulsaciones de su polla en mi interior. No quería dejar de follar. Quería seguir toda la noche.

—Sigo pensando que deberíamos follar en un sofá.

—Quiero más… —Frunció el ceño, inclinándo ligeramente la cabeza.

—¿Te has quedado insatisfecha? —Negué con la cabeza.

—Es solo que quiero más —Sonrió antes de besarme despacio.

—¿Considerarás mi oferta del sofá?

—La considero y la acepto. Cuando quieras.

—Bien…

Me soltó, respirando hondo, quitándose el condón, anudándolo y tirándolo sin vergüenza alguna al recipiente de “solo papel”. Me puse bien las bragas una vez limpia con un buen puñado de servilletas que me dió, centrándome en calmar mi respiración, observándole ponerse bien la ropa de trabajo. Me miró un segundo, aún sonriente, suspirando una vez más y tarareando al tiempo que salía a atender las mesas. Pero antes me dejó escrito en una comanda su teléfono. Al volver a la mesa puse de excusa que me dolía el estómago, dejando mi comida a la mitad. De lo único que tenía hambre era del camarero, que nos trajo la cuenta y nos despidió. Miré sobre mi hombro antes de alejarme, sonriendole, asintiendo al mudo llámame que formó con sus labios. Jamás en mi vida había quedado tan satisfecha con un restaurante, fue una noche de cinco estrellas, y quién sabe si volvería a repetir del plato principal. Tampoco importaba, iba a recordar su sabor.

   

 

Jäger

Pues como ya sabréis, estoy con todo el hype de Attack on Titan o Shingeki no Kyojin o Ataque a los titanes, como queráis llamar a esa obra de arte de Hajime Isayama. Y bueno, hay un personaje que tanto a mí como a una personita que adoro nos tiene locas. Es un alemán de muy buen ver, enorme de grande y brutísimo como él solo. Como que nos llama la atención la potencia del muchacho.

Reiner Braun

A mí esa nariz que tiene esquemencanta

♪ Foto a foooto me enaaamoreee de tiii ♫

Por ello, fan fic al canto.

Nombro a todos estos, pero el que importa, es el rubio cañón de la derecha al fondo

Da igual que no veáis la serie, es muy cortito, es de estas cosas que yo no suelo escribir pero que de vez en cuando se me apetece: al grano y sin mucho trasfondo.

Si de todas maneras, os perdéis o no os enteráis de nada, Reiner tiene un consejo.

Y nada más, espero que os guste leerlo tanto como a mí escribirlo.

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Siempre le parecía poca la comida que les entregaba a los reclutas, al fin y al cabo muchos de ellos se iban a jugar la vida por mantenerlos a todos a salvo. Dobló el paño limpio y lo colgó en el cinto blanco de su delantal. Se recogió la melena pelirroja y comenzó a servirles el almuerzo a todos los que entraban en el amplio comedor de madera. Por norma general, la gente se mostraba agradecida, pero siempre había excepciones, como la persona a continuación. Le entregaba su plato de comida a la primera de los ex miembros de de la tropa de reclutas 104, Annie creía que se llamaba. No hablaba mucho y casi siempre se sentaba sola y en silencio. Le dedicó una mirada cansada, ella le sonrió como a todos. El grupo que venía a continuación era bastante más escandaloso, de la misma tropa. Casi todos los reclutas de menor rango los miraban, y es que muchos se posicionaron entre los primeros pero, en un alarde de valor o locura, entraron a las tropas de reconocimiento. Gozaban de gran fama y, por su parte, contaban con su más absoluto respeto. Entre ellos, se encontraba la chica que absolutamente todos los días armaba jaleo y llegaba corriendo, deseando comer.

—Hola Sasha —Le saludó. La chica plantó con energía la bandeja frente a ella, sonriéndole de oreja a oreja.

—¡Hola Irina! ¡¿Eso son patatas asadas?! ¡Ponme tres!

—Ya sabes que no puedo, las raciones están contadas —Se llevó su bandeja con una risita excitada, seguida del chico bajito y rapado, que sonrió disculpándose por el jaleo que armaba.

Justo después les sirvió a la parejita inseparable de chicas de la tropa. Al alejarse, vio que la más alta le daba su ración del postre a la preciosa y agradable rubia, que la aceptó de buena gana. Los dos chicos que siempre iban juntos las seguían, el pecoso siempre sonreía con amabilidad y le deseaba unas buenas noches, el otro siempre parecía enfadado, excepto con su compañero, al que le debía un trato especial. La causa sólo era conocida por él, aunque ella sospechaba que debía ser algo parecido al motivo que tuvo la chica para sacarle una sonrisa a la otra con su postre.

—Buenas noches —le saludó el rubio del trío proveniente de Shiganshina.

Se cuchicheaba mucho a sus espaldas, se decía que habían visto y experimentado los horrores de la caída del muro María, y sin embargo parecían serenos. Quizás la excepción era el chico de ojos verdes, su energía era contagiosa y en ocasiones molesta. La asiática era la inconfundible estrella, siendo de las últimas de su raza llamaba la atención sin pretenderlo, y eso que se trataba de la más discreta de todas las personas de ese salón. Caminaron hacia las mesas y se sentaron con los demás en una alegre conversación distendida en la que prácticamente todos participaron. Las dos últimas personas entraron, inmersos en una acalorada e intensa conversación en murmurllos. Tan pronto los tuvo cerca, se apresuró a colocarse el pelo en su sitio y a empujar los nervios hacia los pies. El primero que le acercó la bandeja fue el soldado de gesto afable y metro noventa. Justo a su lado, el que ella intentaba no mirar. Cada vez que lo hacía sentía sus mejillas arder y una estúpida sonrisa involuntaria que siempre pasaba desapercibida para él.

—¡Buenas noches! —saludó ella—. Voy a tener que pedir una ración extra para cada uno, hay mucho que alimentar —El chico alto, de nombre Bertolt o eso recordaba ella, se rió, rascándose la mejilla.

—La verdad es que tengo hambre, y mañana va a ser nuestro primer día como soldados —refunfuñó Reiner, a su lado. La camisa negra de botones le quedaba ceñida a la altura del pecho, y se remangó hasta los codos, dejando ver sus fuertes brazos.

—Guerreros, Reiner —le corrigió su amigo.

—Lo que sea… —Le clavó una intensa mirada marrón clara a la cocinera, ella sonrió nerviosa, apartándosela—, ¿nos echas más o no?

—Disculpale, está nervioso y cuando se pone nervioso le sale lo gruñón. En cuanto coma se le pasa —Le dio un codazo a su compañero, que gruñó entre dientes aceptando la bandeja.

Observó su ancha espalda alejarse, pensando que si al día siguiente era su primer día como soldado de la legión de reconocimiento, quizás no volvería. No podía posponer la decisión más tiempo, era una cuestión de ahora o nunca. Se armó de valor, agarró un plato con dos patatas asadas más y salió de detrás de la barra del servicio.

—¡Reiner! Quiero decir… Braun, soldado Braun —Se sintió mareada debido a su acto temerario, al azote de adrenalina que recorrió su cuerpo—. No conviene que nuestros soldados más fuertes se queden con hambre.

—Ah, gracias —Se fijó en sus anchas manos, sosteniendo la bandeja con firmeza. La serie de imágenes creadas por su viva imaginación no le ayudaron en absoluto a formar una frase coherente. Mucho menos cuando alzó la vista y se cruzó con la del enorme rubio. Era una mirada diferente, vio curiosidad en ella. Y algo más.

—Me gustaría… me encantaría… —Le encantarían muchas cosas, pero además de su mirada sentía la de Bertolt clavada en ella y no podía decir en voz alta sus verdaderos pensamientos. Miró hacia abajo y dijo lo primero que se le pasó de la cabeza—, ¿podría ser que me explicaras luego cómo funciona el equipo tridimensional?

—¿Eh? —Se arrepintió de la ridícula petición tan pronto la hizo, más aún cuando vio el empujoncito que el larguirucho le propinó con su brazo. A pesar de no expresarlo con palabras, levantó su fuerte mentón y sonrió ligeramente, asintiendo.

Él se alejó con su cena y ella con una amplia sonrisa. Se apresuró a la parte trasera de las cocinas, abandonando su delantal en la encimera más cercana, soltando su pelo de la malla y peinándose como buenamente pudo frente a un pequeño y oxidado espejo del diminuto servicio. Estiró su camiseta violeta y sacudió los cortos pantalones negros de posibles manchas de comida, deseando haber llevado algo que le hiciese un poco más de justicia. No era un tipo cualquiera, era el segundo dentro de los recién graduados reclutas, ahora soldado. No tenía ni idea de qué hablar con él, sus realidades eran bien diferentes aunque sus edades eran muy cercanas. Se dirigió a la entrada del comedor, con los nervios destrozándole el estómago, sentándose en los escalones de madera y observando la pista de arena, imaginando situaciones, formando conversaciones en su cabeza. Se puso en pie y se pegó a la barandilla cuando los soldados comenzaron a salir, en dirección a sus dormitorios. Les despedía con una sonrisa y un buenas noches, casi todos respondían de igual manera. Bertolt le dedicó una divertida sonrisa y le dio las buenas noches, dejándola a solas con un silencioso Reiner, último en salir.

—No sé tu nombre —admitió, bajando los escalones. Sus piernas también eran fuertes.

—Irina, Irina Moritz —Asintió, de nuevo con idéntica sonrisa a la que se dibujó en sus labios en el comedor.

Al ponerse a su altura, comprobó que le llegaba a los hombros, como mucho. Se tendría que poner en cuclillas para besarle. El mero pensamiento de dar ese paso le provocó ardor en las mejillas. Le acompañó en silencio, intimidada por su compañía, con la vista fija en sus rubios cabellos, levemente iluminados por la luna creciente.

—Espera aquí un segundo —Entró en el barracón que supuso era el suyo, y tras unos instantes salió de su interior cargado con lo que parecía un equipo completo de maniobras. Del interior del dormitorio provenía un gran alboroto. Reiner llevaba una honesta y gigantesca sonrisa al cerrar la puerta.

—Parece que os lleváis muy bien —Asintió, sin más. Tras andar un tramo en silencio, bajo el frescor de la noche, llegaron a los enormes tripodes de madera de los que colgaban dos cuerdas metálicas.

—¿Nos viste entrenar alguna vez?

—Sí, camino a las cocinas siempre veía a alguien aquí montado. Escuché que ese chico, el que siempre va con la asiática, tuvo problemas para conseguir estabilizarse.

—¿Eren? No, en realidad no. Fue su equipo, que estaba defectuoso. Ven, acércate —Tuvo que esconder la sonrisa nerviosa al escuchar esa petición—. Es el equipo de Ymir, tendré que ajustarlo pero creo que te irá bien.

—¿Pretendes que me suba ahí arriba? ¿Yo?

—Claro, es la mejor manera de aprender cómo funciona.

Comenzó abrochándole las correas superiores. Fracasaba constantemente en sus intentos por no mirarle al rostro, a esos fuertes músculos de su cuello, a su marcada mandíbula, su boca, esa mirada concentrada. Cuando la chica fijaba la atención en sus manos, era incluso peor. Ver y sentir cómo las pasaba alrededor de su cuerpo, abrochando las correas sobre sus pechos, bajo su espalda, ajustándolas a sus muslos, fue un dulce martirio. Finalmente la sujetó a los largos enganches de los postes.

—Intenta mantener el equilibrio —La sostenía por la cintura, mirándola de frente. Mirando su boca de frente. Ella, temerosa de darse la vuelta o algo parecido, se agarró a sus hombros. Los miró al notarlos tan duros bajo sus dedos. Miró sus ojos. No podía mirar sus ojos y sin embargo era incapaz de apartar la mirada.—. Quizás tienes potencial para ser una recluta y lo desconoces. —La rodeó, apretando su cintura con esas enormes manos desde su espalda—. ¿Preparada? —susurró a su oído.

—Sí —mumuró ella.

En el momento en que la soltó, se sintió elevada del suelo y luchó por mantener el equilibrio. Para su sorpresa, le resultó más fácil de lo que esperaba. Comenzó a emocionarse, a confiarse, y sintió que el cuerpo se le inclinaba peligrosamente hacia adelante.

—¡Reiner!  —La agarró por la cintura, con una risa suave—. ¡No me sueltes!

—Como quieras —Sus brazos la rodearon, apretando su cuerpo, bajo sus pechos —¿Te agarro más fuerte? —Su aliento le calentó la piel del cuello en una deliciosa caricia.

—Reiner… —No podía soltarse de las negras cuerdas por miedo a caerse. Deseaba soltarse por miedo a que él se alejara. No se atrevía a decirle lo que de verdad ansiaba.

—¿Te gusta que te agarren con suavidad…? —Su boca recorrió el cuello de Irina con dulzura. Volvió a hablar, contra su piel—: ¿…o prefieres que te agarren fuerte? —El mordisco la pilló por sorpresa, arrancándole un gemido que ocultó mordiéndose el labio—. Te da exactamente igual cómo funciona el equipo —le mordió el lóbulo de la oreja, haciéndole cosquillas con su golfa risa—, dime qué es lo que de verdad pretendías. Quiero oirlo.

—Reiner, yo… tú, me… —No podía hablar. Con su boca contra la fina piel de su cuello era incapaz de hablar.

Subió sus manos, apretándole los pechos. Primero uno, después el otro, ahuecándolos en sus enormes manos, acariciándolos en un movimiento ascendente con la palma, pellizcando levemente el pezón después. La chica apretaba los labios, forzando sus cuerdas vocales para no emitir sonido alguno. Bajó su mano derecha hasta su ombligo, continuando el camino hasta su ingle, apretándole el muslo y elevando el pulgar. Acarició su entrepierna de lado a lado con un movimiento horizontal del dedo, pausado.

—¿Quieres esto? —Su mano se desplazó hasta quedar entre muslo y muslo, palpando sobre los pantalones de tela de Irina. Apretó un dedo, hundiendolo entre los labios mayores y menores de la chica, respirando agitadamente junto a su mejilla.

—Sí… —Reiner tragó saliva, acercando las caderas a su trasero. Al estar más elevada de lo normal, sintió que presionaba con el extremo de su erección justo debajo de donde se hundía su índice.

—Voy a follarte, Irina. Vas a correrte. Y yo también.

Sus dedos acariciaron sus labios sobre los pantalones, su glande apretaba la entrada a su cuerpo, aún con las ropas puestas. Se sentía arder en deseo, se notaba húmeda, y cada caricia la acercaba más al inevitable orgasmo prometido. Con cierta dificultad, hundió la mano dentro del pantalón de la chica, buscando su clítoris con las yemas de los dedos. Exclamó de gozo al encontrarlo empapado, duro y expuesto, soltando su pecho, agarrando su barbilla y besándola con intensidad, despacio. Tras situarlos de manera correcta, presionó con sus dedos sobre ese punto repleto de sensaciones, frotando en una caricia constante y lenta. Sus brazos la sujetaban, su miembro la estimulaba con urgencia, sus dedos la estaban destrozando. Las oleadas de placer se sucedían, se intensificaban, a pesar de ser muy grande era un hombre habilidoso. Le imploraba que se corriese entre besos torridos y temblores de voz y músculos. Juntó las piernas cuando el orgasmo casi la rompe en dos, aniquilador, interminable, un delirio de placer que la obligó a gemir con la voz rota. La presión ascendía por su espalda, hacia su pecho, nublando su pensamiento. Reiner jadeaba con más intensidad, ansioso por sentir tanto como ella, frotando ahora su erección con el trasero de la chica. Temblaba aún agarrada de las cuerdas, quejándose ahora que las caricias se volvían insoportables.

—¡Eh! ¿Qué hacéis ahí a estas horas? —Un instructor les llamaba la atención desde lejos. Reiner sacó la mano de sus pantalones, separándose, agarrándola por la cintura— ¡No son horas de entrenar, a dormir!.

—Sí, lo sentimos instructor Shadis —Dio gracias a que supiese esconder tan bien la agitación, ella era absolutamente incapaz de hablar.

La comenzó a bajar del aparato, ayudándola a quitarse las correas. Cuando sus miradas se cruzaron, también lo hicieron sus sonrisas. Y estas se tornaron en risas leves, que acabaron por agitar sus pechos con ahogadas carcajadas.

—Reiner —Le llamó ella tan pronto alcanzaron los barracones. Le era incómodo caminar con las bragas tan mojadas y la entrepierna tan sensible—, ha sido increible.

—No te adelantes —Dejó caer en el suelo del porche el equipo y la empujó entre barracón y barracón con las manos en su cintura. La chica las subió hasta sus hombros, rodeandolos, tirando del corto pelo de su nuca y besándole con pasión. Su olor era intenso, un fuerte aroma a hombre que la embriagó.

Reiner le quitó el botón del pantalón, bajándoselo junto con las bragas, acuclillado frente a ella. Le levantó una pierna y se la colocó sobre un hombro e hizo lo propio con la otra, sentándola sobre él con la espalda apoyada en la pared. Subió las manos, apretándole los pechos mientras lamía su clítoris y los labios mayores, hambriento. Irina hundía los dedos entre su pelo, mordiéndose el dorso de la otra mano. Se encontraban a una pared de distancia de los demás soldados, no podía hacer ruido. Y sin embargo, a él parecía traerle sin cuidado. Gemía contra su piel, gemía febrilmente su nombre. No tuvo paciencia para darle otro orgasmo y se puso en pie, dejando a la chica tambalearse. Tiró de su cinturón, se quitó el botón y se bajó la cremallera, dejando a la vista su erección, su miembro enrojecido, no excesivamente largo pero sí considerablemente grueso, como todo él. Irina le abrió la camisa, quería observar su fuerte pecho desnudo, los músculos de su cuello, de sus hombros y brazos. El vello que bajaba desde su ombligo hasta su miembro. Lo acarició todo bajo su atenta mirada, lamiendose los labios, presa de la lujuria, deseosa de sentirle más y más cerca. Ahora fue ella la arrodillada, fue él quien se cubrió la boca cuando le lamió desde la base hasta el glande. Se escupió en la mano y se la acarició despacio, devorándole, sintiéndo las venas de su miembro palpitante contra su lengua y labios Acariciaba su fina piel, estimulándole, excitándose en sobremanera al verle contraer los músculos del estómago cada vez que ahogaba un gemido contra su mano.

Le tiró del pelo, hacia arriba, pegándola contra la pared y cogiéndola en peso. Sin soltar sus cabellos, sentando a la chica en un solo brazo, le mordió la boca, la invadió con su lengua. Unieron sus gemidos al hundir esa firme erección entre sus labios menores, desde el clítoris hacia abajo. Era tal la humedad y apetito de la chica, que se deslizó en su interior sin apenas esfuerzo. Apretó la cintura de Reiner con sus piernas, forzándole a penetrarla profundamente, moviendo las caderas, necesitada de él, de sentir más, más fuerte, más rápido. Se lo hizo saber en un lamento febril. Ya no medía el volumen de sus gimoteos, ni podía ni le importaba. Se perdía en los brazos de su corpulento amante, se rindió ante el castigo que fueron sus caderas contra las suyas, sus gemidos obscenos, su lengua lamiendo su piel. Le mordió el mentón, clavándole las uñas en la espalda cuando él echó la cabeza hacia atrás, mordiéndose los labios. Se la sacó, dándole la vuelta con presteza, agarrándola de las caderas e inclinándola hacia adelante. Irina apoyó las manos en la pared de madera de los barracones, sorprendiéndose con la facilidad que tenía para hacer con ella lo que quisiese, como si de una muñeca de trapo se tratase. Sintió sus pulgares acariciar sus hinchados labios mayores, separándolos.

—Ojalá pudieses ver cómo me tragas —susurró, entrando despacio en ella, torturándola con cada centímetro que estimulaba de su cuerpo. Pasó una mano hacia adelante y al rozar el clítoris de la chica, le provocó un gemido agudo—. ¡Ssshhh! —Le tapó la boca con la otra mano, embistiendola—, joder, qué apretada estás.

Ella ahogó un escandaloso gemido contra esta. Él dejó salir el aire en un quejido ronco y corto, como los que emitía cuando hacía abdominales en el patio por las mañanas. Ese sonido que Irina siempre encontró excitante y que ahora comprobaba el por qué. Lo repetía en cada embestida, aumentando su intensidad, tanto de movimiento como de volumen. Mientras la presión de su mano y su polla le provocaba un intenso y delirante orgasmo, le dijo que quería más. Perdió la poca compostura que pudiese tener cuando sus caderas dejaron de darle tregua para castigarla en un salvaje vaivén placentero. Le notó grande, le notó enorme en su interior. Reiner se inclinó sobre ella, mordiéndole el hombro, emitiendo un largo y quebrado gemido grave, tensando los fuertes músculos de su cuerpo, explotando. La chica se lamentaba, casi sollozaba al sentirlo palpitar de esa manera en su interior, meciendo sus caderas contra él, que se encontraba inmóvil, incapaz de mover sus tirantes músculos. La chica giró la cara, besando su mejilla, acariciando su quijada. Reiner salió de su interior, dándole la vuelta y besándola, ambos, bañados en sudor.

—Gracias, estaba muy tenso por ser mañana el primer día.

—Encantada de ayudarte, buscame siempre que me necesites —Le encantaba tener su cara entre las manos, besarle, mirarle a los ojos y ser mirada por él de esa manera—. Ojalá fueses de la policía militar y pudieses quedarte.

—¿Puedo buscarte cuando tenga hueco? —Irina asintió, colmada de felicidad—. Lo haré, no te quepa ninguna duda.

—Sí, aún me queda por aprender cómo es el combate cuerpo a cuerpo —Se rió con ella. Adoró el sonido de su risa.

La dejó en el suelo y se agacharon a coger sus ropas. La chica chasqueó la lengua al notar el esperma de Reiner bajarle por la pierna. Este le dejó su camiseta para que se limpiase, al fin y al cabo solo tenía que entrar por la puerta que tenían al lado y coger una nueva.

—Discúlpate con ellos de mi parte, lo siento si les he despertado.

—No te preocupes, si alguno de los dos ha hecho ruido, he sido yo —Al reírse de nuevo, escucharon un carraspeo proveniente del oscuro barracón. La chica se tapó la boca. Le agarró la mano y la apartó, besándola brevemente.

—Buenas noches, recluta —le dijo contra sus labios.

—Hasta que volvamos a vernos, soldado —Se despidió ella.

 

I will see you… in the next video!

¡Hola! Mucho tiempo, lo sé, soy consciente de ello. Hago y tengo muchas cosas por hacer y apenas tiempo libre, ojalá pudiese escribir más, pero bueno, se hace lo que se puede.

Os traigo un fanfic. No es sobre tokio. Es sobre youtubers, no de youtubers de un lugar concreto, todos un poco mezclados. Salen un buen puñado de ellos, ahora os dejo fotos y los enlaces a sus canales, aunque el protagonista indiscutible es Markiplier. Y una muchacha sin nombre. Mucho fangirleo como el de hace tiempo, así que si no os gusta este tipo de relatos “bye byeeee~” como diría el susuodicho. Lo que es sexo, hay sexo, y además bastante porque el fic es laaaaaaaaaaaaargo. Y hacía tiempo que no escribía algo tan largo, pero es que estoy inspirada.

Y he hecho una cosita nueva. El fic está en spanglish. La gran mayoría de conversaciones son en inglés mientras que la narración está en español. No podía imaginarme a los youtubers que siempre veo diciendo frases en español, me sale de manera más fácil todo si lo hago en su idioma. Así que ahí queda la cosa.

En fin, la lista de youtubers(click en los nombres para ir a sus canales) es la que sigue:

Youtubers nombrados por encima

Fernanfloo, Germán, Mangel, Matthias (de izq a der)

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 YOUTUBERS CON IMPORTANCIA++

ElRubiusOMG (Rubén Doblas)

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Tyler

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LOS YOUTUBERS ♥

JackSepticEye (Seán)

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Cutiepie Marzia

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Pewdiepie (Felix)

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MARKIPLIER ♥

079c8965469c2008cfaeab5f498b437c3d816fd55cccdf3cfe874ee57ac7a88cPodría estar poniendo gif de este hombre hasta el día del juicio final pero pongo mis 2 MÁS favoritos y ya x)____ __

Y CHICA ♥ ^-^

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En fin, que os dejo leer. Colocaré links a canciones y vídeos por aquí y por allí, a lo mejor algún gif, no sé, ya veremos, a ver qué hago.

Gracias por leerme y espero que os guste.

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1

Luci meneó la mano ante mi cara, sacándome de mi atontamiento matutino. La miré encogiendo la nariz, fastidiada, apartando sus rizos que se me metían en los ojos. Se sentó frente a mí con su desayuno, haciéndome un gestito con la cara elevando la barbilla.

– ¿Qué te pasa? ¿Sueño?

– Apenas – murmuré enfurruñada – odio madrugar. Odio el turno de mañana.

– Venga, que es temporal y además mañana es viernes. Prontísimo encontrarás trabajo de lo tuyo – le dio un sorbo a su té, mirándome y asintiendo.

– Claro, como tú ya lo tienes es fácil decirlo.

– ¿Tienes uno de tus días malos? – La miré, sabiendo perfectamente a lo que se refería. Me encogí de hombros, casi todos los días eran días malos.

– Te veo por la tarde, no trabajes mucho – tiró de mi mano y me dio un abrazo.

– Ánimo, que verás como mejoran las cosas, con lo buena que tú eres.

    Me despedí con una sonrisa y salí camino al supermercado. No era mi trabajo soñado, no era mi vida soñada, pero al menos estaba en buena compañía y en el extranjero, algo que siempre quise. El camino en autobús lo hice viendo vídeos de youtube, una de las pocas cosas que me sacaba una sonrisa esos días tan grises. Y no grises por el clima precisamente. Lo verdaderamente oscuro era la naturaleza de mis pensamientos, la soledad en la que me veía envuelta cada vez que estaba a solas. Suspiré después del estruendoso “bye, byeee ♪de uno de los videos de Markiplier, guardando el teléfono y los auriculares porque ya iba a llegar. Saludé con la mejor de mis sonrisas a mis compañeros de trabajo. Por lo general eran agradables, en ese aspecto no podía quejarme. Tras reponer las largas estanterías del supermercado me senté en mi caja a atender a los primeros clientes, obligándome a no cruzarme de piernas para evitar el dolor de rodillas de después. Intentaba no mirar la hora, simplemente pasando artículos, diciendo su precio, preguntando “cash or credit?” y poco más. Me quedaban aún casi dos horas y media para acabar cuando a mi espalda escuché una voz ligeramente conocida.

– Did you bring the bag, Felix?

– Nnnope, ask Seán.

–  OK, but where’s he?

– Where are any of them you mean… – ante la profunda curiosidad miré discretamente sobre mi hombro, aguantando la respiración al ver la larga cabellera castaña de Marzia echarse hacia atrás cuando se incorporó. No ubicaba del todo su voz porque era ligeramente menos aguda que la de sus vídeos. A su lado, Pewdiepie, o más bien Felix, mandaba un mensaje con su teléfono a toda velocidad.

– Whatever, I’m getting this one. It’s so cuuuuute – Miré bruscamente hacia adelante al escuchar a la señora llamarme para que le cobrase. Intenté aguantar la sonrisa pero era casi imposible. Y cuando empecé a cobrarle los artículos a los dos y ella me saludó no lo pude evitar.

– Hi Marzia! – respondí contenta como pocas veces en meses. La expresión de ambos cambió, prestándome atención repentinamente con una amplia sonrisa – what are you doing in Canada?

– Hi! It’s a youtube convention. Actually Felix was the one invited and I’m a guest but whatever. I’m famous too – Le reí la gracia quizás con excesiva energía, no controlaba muy bien mis sentimientos en ese preciso momento.

– No, you’re not – Le dijo Felix con una risita despectiva – not even the half of fame that I’ve got.

– Don’t be mean to her – le regañé. Se encogió de hombros, guardando cosas con ella.

– I’m not lying, I’m the best.

– You won’t have any chocolate, mister – murmuró un “whatever” como respuesta.

– There’s a lot of chocolate just for you, you’ll get sick.

– Ohohoho, you don’t know her, she can eat the whole store – miró hacia el fondo de la tienda, levantando los brazos a los lados de su cuerpo – Hey! Finally! Where have you been?

– Provisions, grabbing some provisions for tonight – me llevé la mano a la boca al ver a Seán allí plantado, sacando cajas y cajas de dulces canadienses. Y sacando las ansiadas bolsas.

– Do you even eat anything healthy? – me miró riéndose – oh my god, so green again – se había vuelto a teñir el pelo y esta vez de un verde más oscuro.

– I do! we have food back in the hotel, these are just snacks.

– Snacks? You could do an unboxing of Canadian sweets from this – me miró alzando las cejas.

– Why didn’t I come up with that idea? Hey Mark! Canadian sweets unboxing!!

– No way – murmuré a la mitad de cobrarle una caja de galletas, mirando cómo Markiplier subía a la cinta transportadora una cesta hasta arriba de botes de sirope de arce. Emití un quejido agudo, sintiendo cómo el pulso me temblaba y el corazón martilleándome en el pecho. Cuando me miró a los ojos la sangre se me agolpó violentamente en mis mejillas.

– OH MY GOD! – Felix empezó a reírse al ver la cesta de Mark – what are you going to do!?

– Obviously a challenge – explicó con una risita, mirándome de hito en hito mientras yo hacía lo mismo. Me quedé muda repentinamente, sencillamente no me salían las palabras al tenerle delante.

– You know, I thought she was my subscriber – murmuró Marzia ayudando a Mark a guardar todos los botes – but I think that she’s actually yours, Mark – me miró y asentí.

– Actually I follow all your channels – les ayudé a guardar lo que quedaba, intentando ocultar lo histérica que estaba – but yeah, Mark’s is my favorite.

– Suck it Felix! – se giró señalándole. Me miró y me tendió la mano – nice to meet you – me presenté y cogí su mano, riéndome al sentir su calidez. Su brazo era más ancho de lo que esperaba aún con la chaqueta puesta. Debajo llevaba su camiseta verde de Reptar.

– Where are you from? Spanish? – me preguntó Marzia. Asentí – that’s what I thought… – les cobré las ridículas compras sin parar de sonreír y de mirar a Mark, a sus ojos rasgados, esos mechones de pelo rojo fuego. Pero venían más clientes detrás y tanto Felix como Seán salían ya con las bolsas.

– I’m so, so happy to meet you – le dije a Mark cuando se iba, sacando valor desde donde creía que no había – Thank you for being so kind and for being… you. Your videos are helping me a lot.

– Oh my… you always kill me when you say stuff like that – con un chasquido de lengua soltó las bolsas en el suelo y se metió dentro de mi cubículo, dándome un abrazo – thank you – le apreté a mí todo lo que pude, intentando que las emociones no me sobrepasasen y casi consiguiendolo. Pero cuando se separó de mí y me volvió a dar las gracias agarrándome de las manos no lo pude evitar y se me escaparon unas lágrimas agradecidas de puros nervios – Nooooo! I made it worse! I always make it worse!

– No, no, no, they’re good tears, seriously. I’m just a bit overwhelmed, I didn’t expect Felix or Marzia and when I saw you two, oh my – No podía parar de llorar y de reírme – this is ridiculous.

– Hey, let me your phone for a moment – se lo dí desbloqueado y le eché del cubículo para atender a los clientes que seguían. Me lo devolvió al acabar de cobrarles – here you’ve got the hotel we’re staying, my room, Seán’s and the couple – me miraba a los ojos todo el tiempo, me hablaba suavemente, con esa voz tan grave que me desquiciaba –  And my number. Meet us there, if no one answers from a room it means we must be in other one so keep looking.

– Probably the noise will give away your location – se rió y se despidió con la mano.

    Lo que me quedaba de jornada laboral lo pasé con mucho más optimismo, y en cuanto tuve un hueco le mandé un audio a Luci resumiendo lo que había ocurrido. Como respuesta me envió numerosas exclamaciones y palabras en mayúsculas, ordenándome que fuese a ese hotel y que si podía que me quedase allí con Mark. Como si tuviese la más remota posibilidad. No me consideraba fea, ni mucho menos, pero Mark… era Markiplier. Estaría más que harto de salir con verdaderos bellezones, de tenerlos sin siquiera pedirlos. Para él sería del montón y además, dos años más mayor, que no era una gran diferencia pero ahí estaba. Camino al hotel los nervios me pellizcaban con fuerza la boca del estómago, obligándome a apretar los dientes e incluso los músculos del cuerpo. Me forcé a respirar hondo, estaba comportandome de manera ridícula. Solo eran personas, personas que casi conocía de tanto ver sus vídeos y que me habían invitado a pasar el rato. El hotel era uno de los más caros de la zona, como era de esperar. En la entrada vi a un grupo de chavales armar un poco de jaleo y al escuchar palabras en español miré sobre mi hombro. Sin pensarlo dos veces y mucho menos abrumada que hacía unas horas, le di dos toquecitos en el hombro al que se sentaba de espaldas a mí.

– ¿Mangel? – se giró con el teléfono en la mano y me sonrió.

– Yo mihmo – me reí y le di la mano.

– También estáis aquí por lo de youtube, claro – miré al frente y vi a Germán y a Fernanfloo saludarme. Me miraban con el ceño fruncido – no soy nadie que tengáis que conocer, es que os he visto y os he saludado.

– ¿Vamos a comer? – escuché a mi espalda. Al darme la vuelta pegué una carcajada ante los ojos verdes que me miraban entrecerrados. Luci se moría allí mismo de ser yo.

– Hola, señor Doblas – le saludé,  me miraba todo sonrisas – si vais a comer por ahí no os podéis perder un restaurante que hay calle abajo. Es una hamburguesería y vais a fliparlo.

– ¡Gracias señorita que no conozco de nada! – me contestó entre risas, encogiéndose de hombros.

– Que es fan, hombre, porfavó – Mangel le dió un manotazo en el brazo. La comprensión llegó a los ojos del noruego. Era más alto de lo que esperaba.

– Oooh, lo siento, ¿te vienes? – resoplé.

– No puedo, he quedado con Markiplier – sus caras eran poemas – qué bien suena, joder.

– Espera, espera, espera, ¿por qué? ¿Y yo por qué no voy?

– Me ha invitado a su habitación, no sé si… – abrió los ojos, mirándo al suelo y alzando las manos.

– Empieza por ahí –  murmuró entre dientes, haciéndome reir.

– Noooo, no, no va por ahí la cosa. Ojalá. Jacksepticeye, Pewdiepie y Marzia también están allí.

– Joder, yo quiero – me tiró de la chaqueta – dile que me inviten. Quiero ir con senpai.

– Deja a la chiquilla ya y vamos a comer, que me muero – le dijo Mangel, poniéndose de pie.

– Pero antes de irte, ¿me haces un favor? Tengo una amiga que es super fan tuya, si le puedes mandar un mensaje de audio vas a hacer que sea ultra feliz.

    Aceptó sin problemas. Le dejé el teléfono con el whatsapp de Luci abierto y le casi gritó “¡Hola criaturita del señor! dice aquí tu gran amiga que te salude y eso hase el cabesa. Muchas gracias por ver mis vídeos, un saludo enorme y besazos, guapa. Chao” Al soltarlo me preguntó con la mirada que qué tal, y yo ni una queja. Al ver que Luci ni siquiera se conectaba al whatsapp me despedí de ellos, y un poquitín más tranquila subí en el ascensor. Como bien le dije en el supermercado, los gritos me guiaron hasta la habitación en la que se encontraban, que según lo que escribió en mi teléfono era la de Seán. Respiré hondo y golpeé tres veces. Escuché unos pasitos apresurados pertenecientes a Marzia, que me sonrió tan pronto me vio, invitándome a entrar. Hacía calor allí dentro, tendrían la calefacción a tope. Una cámara estaba colocada en un trípode y los tres youtubers, sentados en con Mark en medio, hablaban mirándola, explicando lo que supuse sería el reto del sirope de arce. Marzia me ofreció asiento, indicándome que dejase la chaqueta en el perchero.

– This is going to be disgusting – dijo Mark entre risitas, sacando un limón y echando sirope por encima – you try this one – se lo ofreció a Seán, que aunque puso cara de asco lo cogió, mordiendolo.

– Are they putting maple syrup on everything? – Le susurré a Marzia, que asintió riéndose.

– There’s KFC, you want some? – lo cogí con gusto, estaba muerta de hambre – so, Mark gave you his number, right?

– Yeah – aparté la mirada de un asqueado Felix que escupía en un cubo un pedazo de pimiento. La chica me miraba suspicaz. Olía a un perfume suave mezclado con cremas probablemente caras. Iba perfecta, como siempre. Pensé en mis pintas de después de trabajar, con el jersey lleno de bolitas y los vaqueros y me sentí un poco incómoda. Quizás debería de haberme pasado por casa primero.

– Aaaand, do you have a boyfriend? – tragué el pedazo de pollo sintiéndolo más grande de lo que era. No me esperaba esa pregunta tan pronto.

– No, I’ve just ended a long relationship – miré a los chicos evitando ver su cara de lástima y antes de que la oscuridad viniese de nuevo a reclamar esa alegría a la que mi mente no acostumbraba. Sonreí ampliamente al ver a Mark darle un gran mordisco a un muslo de pollo recubierto en sirope, dejando las penas a un lado como siempre me pasaba con él.

– Now, this is goooooood!!

– Unfair is whot it is! Gimme some – Se lo pasó a Seán y a Felix, que estuvieron de acuerdo en que eso era un acierto.

– It’s so weird to see you from here and not from my laptop – le dije a Marzia.

– But better I hope – asentí con energía.

– I’ve always wanted to meet you, to see how you are behind the cameras.

– It’s pretty much the same, maybe they scream less and I talk more like a normal person and not a doll but we are what we are.

    Les estuvimos observando terminar el video entre risas escondidas tras las manos, en ocasiones era difícil no hacer ruido. Cuando acabaron se acercaron a nosotras, saludándome y cogiendo los otros tres cubos de pollo que permanecían intactos. Felix me acercó su puño al quedarme mirándole, haciendome feliz con uno de sus “bro fist”. Cuando Seán fue a sentarse a mi lado, Marzia le llamó, pidiéndole las servilletas que estaban en la otra esquina de la habitación. Mark se sentó entonces en ese lugar y yo, intentado esconder la sonrisa estúpida, miré al frente. Marzia movió los labios, muy interesada en un trozo de pollo pero mirándome discretamente: “you’re welcome” es lo que me pareció que decía.

– So, how did you end up living in Canada? – Mark me hablaba directamente y yo no tenía ni idea de cómo contestarle sin sonreír como una idiota. Así que hablé de todos modos.

– It’s where the work is – me encogí de hombros. Seán no parecía entenderlo.

– But you work as a cashier, I mean, you can do it in your homeland – me encantaba cómo pronunciaba, sobre todo palabras como ‘but’, que sonaba ‘bot’.

– Yeah but, I don’t know, I wanted to travel. I didn’t feel attached to anything but some relatives and friends and I’ve always wanted to live abroad, knowing a different culture. And I moved here with a friend. I’ve already been living in Ireland and now I wanted a new country.

– Uh! where? – Ese muchacho era de lo más mono, su cara era ridículamente pequeña y adorable y sus ojillos azules emanaban felicidad.

– In Galway, one of the best years of my life.

– Uuuuuh!, lovely, yes. Probably and almost certainly, you drank a lot.

– Not really, I don’t like to drink but sometimes a pint of the black stuff… you know – se rio al escucharme usar esa expresión – anyway, I’m actually looking for a job related with my studies but they seem to run away from me or something.

– I bet you did something related to languages – Me dijo Felix. Asentí despistándome un poco con sus ojazos y su preciosa sonrisa.

– Yeah, English obviously, I’d like to be interpreter or something like that – tuve que mirar a Mark porque su montaña de huesos de pollo era considerablemente más grande que la de los demás – slow down, no one’s gonna steal it from you.

– Well, I’m not that sure – me contestó con la boca medio llena – Marzia here is dangerous.

– You’re getting yourself a reputation – Felix se reía de ella, que miraba a Mark falsamente ofendida.

– Well, no one here eats like you do – y murmuró – fat ass… – Mark le respondió con una risa atragantada, y tanto Felix como Seán gritaron un largo “ohhhhhh” seguidos de estruendosos “roasteeeeed” y “did it burn Markimoo?”

– This is so cool – dije entre risas. Mark enarcó las cejas, limpiándose la boca con una servilleta.

– Well, I’m glad you’re enjoying these gratuitously bunch of insults towards me – chasqueé la lengua.

– Not that! I mean being here with you, just talking or watching you talk. I told her before, it’s weird but so great.

– It’s not the first time that Mark picks up a fan to spend some time with us – Felix le cedió lo que le quedaba del cubo al pelirrojo – and let me tell you that you’re one of the most calmed fan we’ve ever met.

– Even guys are more excited, that’s right – Mark me señaló con una pieza de pollo medio mordisqueada, mirándome sobre las gafas y más cerca de lo normal.

– Believe me when I say that I’m everything but chill on the inside – murmuré, riéndome nerviosa – but hey, Seán, there’s something I’ve always wanted to ask – puse el gesto serio, intentando no reírme cuando todos me miraron repentinamente – how is it that your voice is never hoarse from shouting that loud? – todos se rieron, especialmente Mark – it’s an honest question!

– That makes it even worse! – dijo Mark con su voz temblorosa por la risa.

– Well it is sometimes, but I don’t usually scream that much as you can notice.

– First time I saw one of your videos I had to low my headphones’ volume to almost minimum – acompañó las carcajadas de Mark con las suyas – and I do exactly the opposite with Mark’s – el aludido me miró sin dejar de sonreír. Tragué saliva al mirarle los labios. Mirando sus videos me resultaban muy atractivos y ahora que lo tenía junto a mí era muy dificil apartar mi atención de ellos.

– Oh, oh, please, what was your first impression about each of us? – Marzia casi daba saltitos al hacerme esa petición. Me sentía abrumada por lo guapa que era en persona. Su pelo era simplemente perfecto – And be honest!

– Uh, ok, but if you don’t like what you hear… – Miré a Seán, ya que había empezado por él, seguiría – besides of the surprisingly high pitched voice, I found you super cute and really honest. Just being you, nothing fake. And also I love your accent – sonrió contento – and funny, obviously! – miré a Felix, que esperaba mirándome incómodo – I though that you were a super handsome but completely insane, weird guy – apretó los ojos, riéndose avergonzado con un suave “tsk“.

– And you weren’t wrong! – dijo Marzia levantando los brazos.

– That’s my image to the world, ladies and gentleman – Felix se reía sin mirarme.

– But later on I discovered that you were really funny. You don’t show yourself completely tho, but I just love those tiny moments when you open up and especially, the way you look at her – miró a Marzia mientras ella decía un suave “ooooohh” enternecido – actually, I met you guys from him. And I met Felix from a Spanish youtuber that I’ve found in the lobby today.

– You had a full youtube day then! – Mark por fin había acabado de comer, pasando un brazo por el respaldo de mi silla. Un brazo ancho y torneado que inevitablemente tuve que mirar antes de seguir hablando. Me mojé los labios y miré a Marzia intentando apartar de mi mente cualquier pensamiento sucio.

– I’m sorry, but at first I thought you were too posh and childish – arrugo la nariz – but once I got to know you I just loved you cause you’re awesome. Crazy and awesome. I also love horror, especially survival horror games which were the ones that led me to know Felix in the first place.

– Well, thanks! Don’t forget to subscribe and thanks for watching ♪! – me reí ante su comentario y sentí una presión en el pecho al mirar a Mark. Tenía mucho que decir y él se limitaba a mirarme con sus amables ojos rasgados.

– First thing I thought when I saw you was that you should be a voice actor for either documentaries or porn – me reí cuando se rieron sin poder evitarlo – then I realized that you were as insane as Felix, which is a good thing, and I became addicted to your horror videos too – pare un segundo antes de seguir hablando porque era muy importante para mí – I think that you’re one of the kindest persons in youtube, you’re always so grateful when we are the ones who really need to thank you. You’re light, you’re hope and happiness and, oh my, you can’t imagine how much I cried with some of your videos.

– Oh no, shut up, please no – se mesó el pelo, moviéndose incómodo.

– But it’s true! If I see you cry I cry, and if you laugh I also laugh, outloud – fui consciente de que me quedaba mirándole con cara de imbécil, por lo que volví mi atención a los demás – same with you too, of course.

– Nah, don’t try to fix it, we know he’s your favorite youtuber already – Felix se cruzó de brazos.

– How can you be mad with the insane number of subscribers you have! – le chilló Seán.

    Se pasaron un rato gritándose los unos a los otros, pero Mark estaba en silencio. Le miré y ya me estaba mirando, con una leve sonrisa en los labios. Apreté los míos y le aparté la mirada, retorciendo el jersey bajo la mesa. Nos llevamos un buen rato charlando sobre todo y nada en general, riéndonos muchísimo, hablando más con Mark de lo que jamás habría pensado que aguantaría sin sacar a la fangirl histérica. Me preguntaba de todo y me prestaba atención de verdad. Incluso cuando los demás armaban jaleo, él me daba conversación. Desde luego se tomaba en serio lo de conocer a sus fans. Y así seguimos hasta que me dijeron que tenían una cena con los demás youtubers y que se tenían que ir preparando.

– But you can come tomorrow to the party if you want – Me dijo Marzia, mirando a los demás – can she?

– As long as she comes with one of us, yeah, why not? – Seán asintió ante la idea – And you can bring your roomie if she wants.

– Oh she will, don’t you doubt that even for a second.

2

Nada más cruzar la puerta de casa, Luci se me tiró encima preguntando por detalles. Nos sentamos en el sofá y le conté todo lo que pude. La muy idiota no había encendido el teléfono después de que se le quedase sin batería a mediodía y no había escuchado el audio. Cuando lo hizo se puso colorada, me pegó, dio saltitos en el sitio y no paraba de sonreír ampliamente.

– Pues mañana por la noche estamos invitadas a la fiesta y probablemente le conozcas.

– No, venga ya, una mierda – se puso de pie, llevándose la mano a la frente – me muero, que no, que me muero, que no puedo conocerle.

– Uh, sí, vas a conocerle y vas a pasar por los mismos nervios que he pasado yo hoy.

    Apenas pudimos tranquilizarnos hasta la noche siguiente, en todo caso, nuestra histeria aumentó. Sabiendo que íbamos a una fiesta nos arreglamos para el momento, intuyendo que donde fuese que estaríamos, tendríamos calefacción. Luci se puso una camiseta que enseñaba el ombligo, con flecos, y unos pantalones vaqueros cortos. Yo me puse un traje rojo en honor al pelo de mi youtuber favorito, corto y ceñido por arriba, sin demasiado escote. Ambas cogimos los chaquetones y nos encaminamos al hotel. Las pocas palabras que intercambiamos por el camino – Luci no podía hablar por los nervios – fueron entre risas y empujones. En el recibidor del hotel encontré a Felix y a Seán, que esperaban a que los otros dos bajasen. Les presenté a Luci, que pareció olvidarse del inglés y con los nervios los saludó en francés. En el tiempo en el que ella se explicó entre risas, los demás llegaron. Marzia iba, como siempre, espectacularmente elegante sin ir demasiado arreglada. Mark llevaba puesta una chaqueta de cuero negra, unos vaqueros y un jersey verde oscuro. Ceñido. Miré a otra parte al ponerme tan nerviosa. Terminé de hacer las presentaciones, esta vez en inglés, y fuimos a por los coches que les esperaban. El camino lo hicimos entre risas, una presentación más oficial de Luci y muchos, muchos nervios. Nada más bajarnos del coche, en la entrada del local donde iba a ser la reunión, los vi.

– Ven conmigo – cogí a Luci de la mano y me acerqué decidida al grupo – ¡Hey! – nos saludaron felizmente. Luci me iba a partir los dedos.

– Que vienes, ¿con ellos? – Mangel señaló a Felix y al resto del grupo. Asentí tan feliz que no cabía en mí.

– Sí, ehm, mi amiga aquí quería darte las gracias – le dije al Rubius. También iba con una chaqueta de cuero negra y unos vaqueros, y negué con la cabeza al ver que se había puesto su camiseta de Pablo Escobar. Otra vez. Miró a Luci y casi la vi pasar a estado líquido cuando le ofreció la mano.

– Sí, gracias por el mensaje – se reía con una mano ante la boca.

– Gracias a ti, mujer, qué tontería – cuando le puso la mano en el hombro no podía tener las mejillas más encendidas. Escuché la voz de Mark llamarme.

– Nos vamos, ahora nos vemos dentro – asintió levantando el pulgar hacia nosotras, que volvimos con el grupo original – ¿Sigues viva?

– Yo que sé, ya no sé si me rio o si lloro. Buf, qué bueno está. Qué alto.

    Entramos acompañando ella a Seán, que le preguntaba que qué le pasaba y ella intentaba explicarse, y yo con Mark. No nos cogíamos de la mano ni nada por el estilo, pero estar a su lado y meterme en una fiesta como su acompañante me hacía una ilusión un poco tonta. Una vez dentro se encontraron con otros youtubers y nosotras pasamos un poco a segundo plano. Era inevitable que hiciesen grupos y entre una cosa y otra, quedamos delegadas a la barra con youtubers que ni me sonaban y Marzia.

No terminaba de estar cómoda. Había demasiada gente que no conocía a mi alrededor. O al menos no los conocía como debería conocerlos para estar a gusto. Sin embargo charlaba con todos, porque ser sociable no tiene nada que ver con ser la introvertida que soy. La música retumbaba en el suelo y en las paredes, apenas podía escuchar lo que me decía mi amiga, que charlaba con Marzia sobre vaya usted a saber qué. Me llegó algo sobre ropa, que no es que no me gustase, pero no tenía ganas de hablar sobre hawls. Prefería hablar de cine de terror y prefería que fuese en un sitio donde realmente se pudiese hablar. A mi derecha habían apartado una mesita de té y entre dos sillones color hueso se colocaron casi todos los youtubers, uno de ellos grabando. Estaba casi segura de que estaban haciendo un reto. Sonreí sin poder evitarlo al ver a Félix de brazos cruzados y un tanto asustado de la que estaban formando, con esa media risita que siempre ponía cuando no entendía bien algo. Hasta allí me llegaban los agudos gritos del histérico de Seán y cómo Mark se echaba a reír con esa risa nerviosa tan suya y tan contagiosa. Suspiré, con el gesto sonriente desvaneciéndose de mis labios y dando paso a esa expresión de ojos tiernos y ensoñadores. Tras un escandaloso “WHAT?” Se echó el pelo rojo hacia atrás, negando con la cabeza y volviéndose a reír. Quería saber qué hacían, acercarme a ellos, pero era un grupo tan unido que no quería inmiscuirme. Menos aún si estaban grabando un video para alguno de los canales.

Intenté apartar la mirada de él, había mucha más gente en ese local gigantesco y gente de todas partes: Rusia, Japón, EEUU, Latino y Centro América, y España. Mi amiga, que no paraba de mirar hacia los youtubers españoles, tenía plantada una expresión similar a la que yo tenía minutos antes, observando cómo Rubius, Mangel y los demás hacían el tonto con una máquina de karaoke acompañados de Fernanfloo y Germán. Di gracias cuando pidieron bajar la música para poder usar el karaoke y en realidad creo que el alivio fue general. Esos cinco empezaron a desgañitarse y a hacer reír a los otros youtubers. No fue sorpresa cuando se les unieron. Marzia nos llamó para que nos acercáramos también y eso hicimos. Dos extrañas entre tanto conocido. Aunque hubiera charlado un poco estos días atrás con Félix, Marzia, Seán y Mark, no tenía la relación que ellos tenían y era inevitable sentirse un poco desplazada. Le di dos empujoncitos en la cintura a Luci para que se acercase al que le gustaba.

– ¿Qué haces? Tiene novia – Murmuró nerviosa mirando hacia mí.

– Yo no la veo por aquí, ¿y tú? – Abrió mucho los ojos, quejándose ligeramente con los labios apretados. Marzia nos observaba.

– What am I missing here? – Susurró – Who likes who? – Soltó una de sus malévolas risitas – I can help…

– It’s one of the Spanish guys – Abrió la boca ante mi comentario – the one in the cap.

– He’s kinda cute – arrugó la nariz entre sonrisas – Do you like him? – Negué con la cabeza e iba a contestar pero Luci se inclinó hacia ella.

– No, she likes Mark – Inspiré con fuerza, chasqueando la lengua y pegándole en el hombro mientras le soltaba un “cállate” entre dientes.

– Oh, but we already knew that – Luci se reía suavemente a mi lado, yo me moví inquieta.

– What do you mean? We who? – Alzó las palmas de las manos como si fuese evidente, señalando al grupo con una de ellas.

– Felix, Seán and Mark, obviously – Mark, obviously. Y yo que creía que apenas se había notado. Me pregunté con qué cara tendría yo que mirarle para que fuese tan obvio a los ojos de todos.

Como si nada, Marzia le pasó el brazo por los hombros a Luci, arrastrándola hacia el karaoke. Me miró pidiendo socorro y lo que hice fue sentarme en un taburete apoyando el codo en una mesa de mármol junto al grupo pero un poco apartada. No podía parar de reirme al verlos y escucharlos, al observar a mi amiga mirar al Rubius de reojo, cada vez más cerca de él debido a los sutiles empujoncitos de Marzia. Busqué, como hice desde que llegué a esa fiesta, a Mark. No lo vi entre ellos y supuse que había ido al servicio. El sonido grave de mi nombre susurrado en mi oído me cortó una carcajada por el atentado que Mangel acababa de hacer contra la música al intentar llegar a los altos de Sia en Chandelier. Fue más una vibración que una palabra, un cosquilleo que me bajó por la espalda provocándome un imperceptible escalofrío. Miré sobre mi hombro, Mark me rodeaba con una sonrisa, dándome un toquecito en el codo e indicandome con dos dedos que me uniese al grupo. No pude evitar la amplia sonrisa, a sabiendas de que lo hacía con el completo conocimiento de lo mucho que perdía el culo por él. Y estaba acojonada por lo que sabía que podría llegar a sentir a su lado, porque era demasiado para mí, y además demasiado pronto. No me sentía preparada.

– ¡Au! Suelta – Al llegar junto a Luci me apretó la muñeca tan fuerte que me hizo daño – déjate de tonterías y canta con él – le casi grité a lo oído por la que estaban formando.

– Gimme that microphone! – Seán se lo quitó a Mangel al acabar de berrear. Este se sentó en un sillón alejado con su novia, agitando los brazos y gritando que no podía más.

Mark, con un sonoro “NO” se lo quitó a su vez. Lo tenía a mi espalda, cerca, debido al agolpamiento de gente. Canturreó antes de que Felix eligiese la siguiente canción su “come out, come out wherever you are, Mark is gonna find you provocándome una risa nerviosa que odiaba. No me gustaba cómo me estaba sintiendo y a la vez me encantaba. Odiaba ese lado de mí tan adolescente y tonto, que se ponía en miles de escenarios posibles que probablemente no ocurrirían, por lo que acabaría desencantada. Sin darme cuenta, hice que mi sonrisa fuese reemplazada por unas cejas fruncidas. Tragando saliva, tuve que obligarme a sonreír de nuevo, intentando ser consciente de dónde estaba y disfrutando el momento porque no tendría más oportunidades como esa. Escuché a Luci reírse a carcajadas, al mirar a mi izquierda alcé las cejas. Se había olvidado de mí por completo, bromeando con el grupo de españoles como si los conociese de toda la vida, suelta pero nerviosa, riéndose a carcajada limpia con cada comentario del rubius. El susodicho, al verla reaccionar de esa manera, pareció crecerse. Le encantaba ser el centro de atención, era increíble. Seán, que había recuperado el micro, empezó a cantar una canción que no conocía pero que entusiasmó a su grupo de amigos. Marzia tiró de mi vestido, sonriéndome y susurrando.

– Looks like your friend is doing ok, now’s your turn.

– Yeah sure… – Me dedicó una expresión que significaba claramente “déjamelo a mí”, cosa que no me tranquilizaba porque Marzia era de todo menos sutil. Y no quería incordiarle mientras estaba de fiesta, no era el momento ni el lugar.

Canté muchísimo aunque no toqué el micrófono, tampoco hacía falta. Me lo estaba pasando de miedo viendo a Felix cantar “Let it go” y a Seán destrozar “somebody that I used to know”. Tras un buen rato de berreos y ocasionales entonaciones correctas y hasta bonitas, me acordé de que no venía sola a la fiesta. Busqué a Luci con la mirada y al no encontrarla me separé del grupo, muerta de curiosidad. Me encontré con Mangel de frente.

– ¿Has visto a mi amiga? – asintió, señalándome la terraza.

– Pero me parece que está ocupada.

Me asomé discretamente entre las vastas cortinas marrones que daban a la terraza. Al principio creí que ahí no había nadie, pero escuché sonidos húmedos a mi izquierda. Luci era estrujada contra la pared, semioculta por un gran macetero. No tenía ni idea de dónde estaba su camiseta pero llevarla, no la llevaba puesta.

– Rubén, que nos van a ver – jadeó mi amiga. Él la calló con un profundo beso, tirándole de los largos rizos.

– Que nos vean – murmuró en sus labios.

Se me abrieron los ojos de par en par al ver que le bajaba el sujetador con la boca y le metía la mano en los pantalones, cosa que ella ya había empezado a hacer, sacando algo de sus vaqueros que me impactó. Desde donde estaba me pareció grande, no quería ni pensar a ella que lo acariciaba entre gemidos ahogados. Con una mano en la boca para que la risa no me delatase, me encaminé en silencio de nuevo hacia el grupo. A pesar de no ser ni de cerca el más alto de todos, Mark destacaba del resto, llamaba mi atención mucho más que los demás. Fruncía el ceño, mirando a su alrededor, apoyándose en el hombro de Seán, que no paraba de beber. Al cruzar su mirada con la mía le sonreí suavemente, levantando la mano. Abrió la boca en un mudo “oh” y me hizo un gesto para que esperase donde estaba, saltando una banqueta negra y casi cayéndose al suelo. Sus amigos le gritaron por ello, él se rio y por lo tanto yo también.

– Sit here for a while – Me apartó todo lo que pudo de los demás, llevándome a unos taburetes apoyados contra una pared, sentándose en una y esperando que yo me sentase en la de enfrente – Are you ok?

– Of course! I’ve just seen a dick tho – abrió mucho los ojos, levantando las palmas de las manos – you don’t need more info. Why did you ask?

– I don’t know, you seemed a bit off at the karaoke for a moment.

– It feels weird, I don’t like being around people too much, that’s all. Don’t make a fuss of it, we’re in a party – pareció lo suficientemente convencido para dejarlo pasar. El jersey le quedaba apretado, la tela se estiraba sobre su pecho.

– You know, I love opportunities to get to know my fans. Actually I’d like to know them all but as you understand it’s impossible – no me podía concentrar al cien por cien en lo que me decía. Su voz y sus ojos me distraían – but tonight I have the chance to know you.

– Don’t get me wrong, I’m delighted by that idea but they’re calling you – señalé a sus amigos. Se giró y les calló con un gesto del brazo. Se miraron entre ellos, riéndose suavemente. Escuché que entre risas ahogadas, uno de ellos comentó algo parecido a “go for it, tiger!”. Mark puso los ojos en blanco, pasándose la mano por la cara después. Suspiró y me miró con la comisura de la boca levemente alzada.

– I like you – No dije nada. Me limité a mirarle a los ojos esperando que me dijese que era broma porque no me lo esperaba en absoluto – And I like you a lot. I’ve been thinking about you the whole morning. That’s why I need to know you better. Probably it’s not the best place to come clean but anyway, I don’t know if we’ll see each other again after these days.

– Why? – Se encogió de hombros ante mi conmoción.

– We’re alike, we enjoy the same stuff and talking to you it’s surprisingly easy. And you’re hot – me señaló con una mano de arriba abajo – from head to toes – subió una ceja intentando y consiguiendo ser sexy. Solo que justo después empezó a reírse.

– Mark – me miré las manos y las relajé al darme cuenta de que no paraba de retorcerlas – I wasn’t expecting that at all. I just… I don’t know how to react.

– Oh my god – puso la mano en mi hombro, apretándolo, inusualmente serio – Seán and Felix told me that you had a crush on me. Don’t tell me you don’t…

– Well, I do, big time – respiró hondo, llevándose una mano al pecho y riéndose – But Mark, my situation is a bit complicated – su sonrisa se apagó, escuchándome atentamente – I don’t know if Marzia told you something about it but I’ve just ended a really long relationship and that didn’t go well – frunció el ceño, con la palma de su mano hacia arriba.

– What makes you think same will happen here? – apoyó el codo en la cornisa que tenía a su lado, dejando caer la cara en su puño. No podía mirar sus profundos ojos marrones, era incapaz. Y me costaba mucho hablar de ese tema porque lo consideraba reciente.

– I know I have to move on, I know I must. It’s been six months already but I guess I’m too scared. I didn’t see it coming and I don’t want to suffer again – tuve que tragar saliva, sintiendo la presión de las lágrimas tras los ojos. Me costaba horrores hablar del tema – I just…. – no podía hablar, me temblaba muchísimo la voz. Resoplé – And I bet you didn’t expect this – quería esconderme y no salir, lo último que él se merecía era creer que me había hecho llorar.

– I’m so, so, so sorry – dijo cada palabra despacio.

– It’s not your fault. You didn’t fall in love with other person right after moving out with me, right? – En el momento que levanté una mano para enjugarme las lágrimas sentí las suyas sostenerme la otra – It was hard, nasty and awful. I thought that living in Canada will make things easier but…

– Do you still love him? – Su voz era como una caricia, sentía su atención puesta en mí pero aún no me veía capaz de mirarle.

– I guess there must be something but It’s not the same feeling as when we were together, it’s just pain. It’s horrible to feel that you’re not enough.

– Of course you are. He just found other things in another person, but you’re special just the way you are. It was a long relationship right? He must have loved you a lot.

– Yeah, he did…

– And just because it didn’t ended as you expected it doesn’t mean that every relationship from now on will end the same way. Are you going to stop living just because of fear?

– I don’t want that – era consciente de que estaba apretando su mano, quizás demasiado, pero no quería que se fuese de mi lado – but it’s not easy.

– Of course not. I know a thing or two about moving on, and I know it’s a slow and painful transition. But hey, you need to take the first step to start walking.

– And you are that first step, I assume – miraba sus manos, que a pesar de no ser grandes, me gustaban. No había una cosa de ese hombre que no me gustase.

– And maybe the goal, who knows! No need to rush, I just wanted you to know how I feel. But to be honest, no, this wasn’t what I had in mind – Se bajó del taburete sin soltarme la mano, situándose frente a mí. Me quedaba unos centímetros más bajo al estar yo elevada – Life is painful sometimes, but that pain makes you grow. It makes you what you are today. Don’t let the pain consume you – subió su mano hasta mi rostro y esperaba su caricia, pero en su lugar me apretó la nariz con un dedo – Boink!

    A pesar de seguir llorando, me hizo reir. Se le contagió el gesto y, ahora sí, me puso su mano en la mejilla, besándome la opuesta y dándome un abrazo. Dejé caer la cabeza en su hombro, cerrando los ojos y suspirando al sentir la opresión de mi cintura por sus brazos. Su amplio pecho haría una cama estupenda.

– Do you know what I’d love? – Hablaba con mi cara casi pegada a su cuello, olía a algo masculino. No sabía si era desodorante, colonia o su olor. Me indicó con un ruidito que siguiese hablando – To lay on your chest while we chat about everything, chilling, knowing each other.

– Sounds good – Se separó de mí, ofreciéndome la mano y señalando con la cabeza en dirección a la salida. Miré hacia atrás pensando en Luci, pero al acordarme de la última escenita y del exceso de carne que presencié, miré al frente y asentí. Sin embargo al pasar junto al grupo de youtubers tiré de su brazo, parándole.

– I didn’t mean now, would you rather be with your friends or leave?

– I’ve been goofying around with these kids the whole day, they won’t miss me – Cogió su abrigo y el mío, saliendo de la fiesta. Ni siquiera se dieron cuenta.

– Of course they will – dije andando de nuevo a su lado – you never notice but people loves your company, I can tell by how they behave.

– Really? – murmuró, entrando en el ascensor conmigo.

– Everyone wants to talk to you, to show you something. They’re constantly calling your name. You’re addictive – sonrió un poco avergonzado.

– No one has ever told me that…

    Nos encogimos de frío al salir, arrebujados en las chaquetas. Del bolsillo saqué mi gorro y mi bufanda, él me miró chasqueando la lengua porque no se los había traído. Paró un taxi y se metió dentro, dejándome espacio a su lado. Una vez sentados me dio la mano.

– Aren’t you cold? – le pregunté.

– Nah, it will go away eventually – Su pulgar se deslizaba por el suave revés de mi mano de tanto en tanto en una caricia cariñosa. Suspiré, dándome cuenta de la de tiempo que hacía que no me sentía de esa manera con un hombre – What’s wrong?

– It’s weird, being like this with you – Levanté la mano que agarraba – it’s been a while… – me di cuenta de que estaba hablando de mi ex otra vez y negué con la cabeza – it’s nothing, don’t worry. You worry too much – no apartaba sus ojos de mi persona, por lo que acabé mirándole.

– Do you have the chance of talking about this with anyone? – suspiré, mirando al frente. No quería hablar de mi ex con él, no lo veía adecuado – am I the first guy to be interested in you since you’re single?

– No, but you’re the first I agreed to be with – Parecía pagado de sí mismo – I need to know something – dije después de unos minutos en silencio – I thought you’ve said you didn’t want a girlfriend right now. Did you change your mind or you just want what you want?

-Well I didn’t lie. I wasn’t looking for a girlfriend but I think of us more as best friends than as a couple.

– That’d be awesome, to be your best friend – me sonrió de una manera tan suave que de nuevo me obligó a poner esa cara tan estúpida – Do you see this? – dije señalando la inevitable sonrisilla – that’s the face I put when I see your videos, right from the “hello everyone” until your “bye bye”. I can’t help smiling when I see your smile and I can’t help laughing when you do. Same happens when you cry, but I’ve already told you that.

– Oh no – Se llevó las manos a la cara riéndose levemente – don’t cry when I do. I’m a stupid. I’m an idiot.

– No you’re not – el taxi paró, Mark pagó antes de que pudiese siquiera sacar el monedero y nos metimos apresurados en su hotel, respirando tranquilos al entrar en calor y subiendo en el ascensor hasta el segundo piso – as I was saying, you’re not an idiot, you’re just honest with your feelings and you let it go. And I love that about you. I think we all do.

– This friendship is gonna be great if you keep saying those nice things about me, I can tell.

    Abrió la puerta de su habitación y cerró después de dejarme paso. Era espaciosa, de paredes y sábanas blancas, con una luz suave que te incitaba a dormir lo más pronto posible. Se quitó la chaqueta y la dejó en una silla junto al mueble de la televisión, por lo que hice lo mismo. Caminó hacia la cama, encendiendo la calefacción, quitándose los zapatos, dejando caer la espalda contra el cabecero y estirándose en ella. Me hizo gestos con ambas manos para que me acercara y yo, con la vergüenza por bandera, caminé hasta quedar a su lado, quitándome las botas de un tirón. Me senté en el borde de la cama pero tiró de mi brazo hasta hacerme tumbarme sobre él. Me mordí el labio, acomodando mi cabeza en el hueco entre su hombro y su barbilla, alzando mi mano para tocar la tela verde de su fino jersey.

– This feels so nice – la vibración de su voz me hizo cerrar los ojos, suspirando y aspirando su aroma, sintiéndome profundamente en paz y nerviosa a partes iguales. Sus dedos recorrieron el camino desde mi hombro hasta mi muñeca y vuelta a empezar – so, speak up, tell me everything that’s tormenting you about your ex.

    Me costó arrancar, pero tras un poco de su insistencia terminé charlando por los codos, siempre sintiendo sus caricias que iban cambiando conforme yo soltaba todo lo que tenía que soltar. No tenía ni idea de lo mucho que necesitaba hablar del tema hasta ese momento, y además, Mark hacía preguntas, se interesaba. En un momento dado pasó él a hablar de su última relación. Le escuchaba con los ojos cerrados, sintiéndome conmovida por sus sentimientos y por su profunda voz, haciéndome vibrar.

– So, basically, we’re fucked up – sus manos apartaron mi melena hacia un lado y acariciaban desde mi nuca hasta la parte baja de mi espalda. Tuve un escalofrío y su pecho se agitó con su risita. Abrí los ojos y me sorprendí al ver una tenue luz azulada entrar por la ventana.

– How many hours have we been talking? – Me incorporé un poco, buscando un reloj en la habitación pero al parecer no había ninguno en las mesillas de noche. Le miré porque le sentí mirarme.

– I have no idea – susurró.

    Subió su mano desde mis lumbares hasta mi nuca, tirando con suavidad y echándose hacia delante para besarme dulcemente en la boca. Solo una vez. Suspiré profundamente, dejando escapar el aire en un tembloroso y sutil quejido. Apreté su jersey con mis dedos cuando volvió a besarme una vez más, acariciando su nariz con la mía después. Al besarme por tercera vez, giró sobre la cama, tumbándome boca arriba sin soltarme la nuca. Le pasé los brazos por el cuello, abrazando sus amplios hombros, dejándome besar de muy buena gana. Rodeó mi cintura con su otro brazo y abrí las piernas, acomodándole y atrapándole entre ellas. Me acariciaba la mejilla con su pulgar cuando su lengua se lanzó a conocer la mía y mi pecho se llenaba con los gemidos que deseaban salir, con la excitación del momento. Le agarré del pelo, encendida por sus profundos besos, por las caricias de su mano en mi muslo.

– I want to feel your skin – Susurré, acalorada, acariciando su pelo – I want you closer.

    Como si le hubiese dado una orden, se puso de rodillas en la cama, quitándose el jersey y las gafas. Hinché los carrillos y resoplé al ver su pecho desnudo, sabía que era ancho y musculado, pero una cosa era intuirlo bajo la ropa y otra muy diferente verlo. Me hormigueaban las manos por las ganas locas de tocarle, así que no me demoré y deleité las yemas de mis dedos con el tacto de su cálida y tersa piel. Mientras lo hacía, me bajaba las medias suavemente, sin levantarme apenas el traje y, casi sin darme cuenta, llevándose las bragas detrás. Volvió a echarse sobre mí y bajé mis dedos por su torso hasta su ombligo, mirándole a los ojos al besarle, cerrando los míos cuando me levantó la espalda de la cama, abriendo el enganche del sujetador mientras su lengua derrotaba a la mía en un tórrido beso acompañado de suaves gemidos tanto suyos como míos. De un tirón le quité la correa de los vaqueros y le abrí los botones del pantalón. Me dejó caer en la cama y se los bajó tirando con los pulgares y después empujando con sus propios pies. A pesar de sentirle excitado, a pesar de que su aliento quemase la piel de mi cuello cuando lo besó, sus caricias eran pausadas, lentas, sin prisas. Su mano se coló entre mis muslos, subiendo, rozando, apenas tanteando entre ellos. Me tiró del pelo con su otra mano al morderme el labio tiernamente, frotando su índice contra mi clítoris sutilmente, enloqueciendome, negándome toda capacidad para razonar o pensar más allá de lo que ocurría en ese instante. Una caricia constante, tenue, humedecida, empapada, extasiada, orgásmica en tan poco tiempo que me pilló por sorpresa. Una caricia ininterrumpida, tan solo distraída de mi mente al sentir la presión de la carne de ese hombre abriéndose paso entre la mía. Susurré su nombre, sintiendo que más arriba en mi cuerpo, sus labios se cerraban en torno a mis pezones. No tenía ni idea de cuando me había bajado el traje pero tuvo que ser en algún punto entre gemido y orgasmo.

    Gemí su nombre al sentirle moverse dentro. No dejaba de acariciarme a pesar de haber llegado al orgasmo. No era brusco, todo era suavidad: su boca en mi piel, el tacto de sus manos, mis uñas contra su pecho, mis labios en su cuello, sus caderas contra las mías, su aliento entre mi pelo, el susurro de un nombre al aire, los jadeos, el placer. Salió de mi cuerpo unos instantes, tirando de sus pantalones abandonados en el suelo, sacando un condón de la cartera. No le dejé ni ponérselo ni colocarse sobre mi cuerpo. En su lugar le tumbé en la cama, quitándole el preservativo, bajando mi boca por su ombligo, sus oblicuos, su ingle, hasta lamer su glande, bajo este, todo su miembro. Resopló, jadeó, me tiró del pelo. Le miré y le encontré con los ojos entrecerrados, mordiéndose el labio, negando con la cabeza y sugiriendo que me estuviera quieta porque no iba a aguantar mucho más si seguía así. Me situé sobre él, de piernas abiertas sobre sus caderas, deslizando el condón despacio por su erección y montándome en ella después tan pausadamente que el gemido me fue subiendo por el pecho como la efervescencia de una pastilla, rompiendo en mis cuerdas vocales, con un imperioso placer que me obligaba a dejarme caer sobre él. Mis caderas parecían tener voluntad más allá de mi ser consciente, me mecía sobre él, haciéndole gemir, haciéndole sudar. Se sentó y presionó la parte baja de mi espalda con su mano, agarrándome del pelo con la otra y besándome profundamente. Mi vaivén se volvía un poco más brusco, más necesitado conforme me sobrevenía el orgasmo, conforme él se desbordaba de placer. Se dejó caer en la cama y me arrastró con él, en un último gemido rasgado y profundo que sentí en mis labios, en mi pecho y en las yemas de mis dedos. Arañé su torso al sentir su orgasmo, los espasmos de su miembro en mi interior, el temblor de sus músculos. Volvía a estar tumbada en su pecho, pero qué diferente era la sensación a la que tenía al principio de la noche. Sentí que salía de mi interior, sentí sus caricias en mi espalda, su beso en la frente, y sentí que me quedaba dormida entre sus anchos brazos, en ese amplio pecho que hizo las veces de cama.

3

Y un escalofrío me despertó. Lo primero que sentí antes de abrir los ojos fue una caricia en la mejilla. Al incluir una respiración, supe que fue con su nariz. Arrimé el culo a sus caderas, encajándome en el hueco de su cuerpo y sintiendo el aire de una risita rozarme la cara.

– Good morning – susurró en mi oído, derritiéndome incluso antes de despertarme del todo.

– Buenos días – le dije en español. Le apreté el brazo a mi pecho – you know, I had a dream…

– Oh, hey, I slept with Martin Luther King Jr! – la risa me salió floja, adormilada, pero la sentí inmensa en  mi pecho.

– Shut up. I dreamt that you saw me out of a residential neighborhood and your expression was like ‘oh hello baby’ – ya le sentía reírse y me costaba hablar porque yo también me reía – so I lead you to a house that apparently was yours. You cornered me in the bathroom and talked into my lips saying how hot I was. You touched me, you almost made me cum and suddenly you said “you know, I’m more a cuddle guy”, and let me there alone.

– What an asshole – llegados a ese punto se reía con ganas. Me giré en la cama para mirarle, el pelo rojo desgreñado y mezclado con el negro, la cara de dormido… me lo quería comer a besos.

– But you actually are. I mean, I felt asleep over you and I didn’t notice when you moved.

– Cause I felt asleep too. When I tried to take off the condom it was so dry it was painful.

– Oh- ahora era yo la que me reía – you should remove it as soon as you finish, idiot.

– I know, but I was so comfy… and I still am, I don’t want to get up – me besó despacio mientras acariciaba sus brazos.

– Then don’t – chasqueó la lengua, lloriqueando y besándome el cuello.

– Impossible, I have to attend a youtube meeting with the rest – se sentó en la cama, mesándose el cabello. Me estiré con una sonrisa observando su cuerpo desnudo. No se molestó en vestirse camino a la ducha – We’ll perform a show later, you can join us if you want to.

If I want? Of course I want – me puse en pie para desenredarme el traje de la cintura, no me lo había ni terminado de quitar la noche anterior.

Encontré mi ropa interior y fui al cuarto de baño, peinándome mientras él se duchaba. Me quedé embobada mirando la mampara translucida cuando empezó a cantar suavemente “love me tender”. Sabía que había dado clases de canto, pero no me esperaba que fuese tan bueno. Me asomé por dentro, observando su espalda, su pelo cubierto de espuma roja debido al tinte, cayéndole hasta las piernas. No dije nada, seguí aseándome y disfrutando de su voz. Acabó de ducharse más rápido que yo de terminar de pintarme los labios, y aún con la piel húmeda y sin toalla que le cubriera, me rodeó con sus brazos.

– I want more of what we had yesterday – susurró. Le miraba a los ojos desde el reflejo – talking, knowing each other and… – mi piel se anticipó a su boca, poniéndose de gallina antes de sentir el beso en el cuello. Tuve un escalofrío seguido de una risa tonta.

– Me too, it was even more perfect than what I used to imagine – alzó una ceja, me mordí el labio.

– Uh, you did fantasize about it – me giré y le pasé los brazos por el cuello.

– A lot – apenas tenía que mirar hacia arriba, Mark no era muy alto pero lo compensaba con lo brutalmente atractivo que me parecía. Apenas empezamos a besarnos, pausada y profundamente, que llamaron a su puerta con insistencia. Se quejó y fue a abrir, ahora sí, con una toalla en la cintura. Yo me quedé en el baño para acabar de pintarme.

Whot are you doing like this? Do you know what time is it? – Seán le reñía cerrando la puerta.

– Sorry, I’ll hurry up – escuché al irlandés reírse tontamente.

– You didn’t sleep alone, did ya’? Uhu! Someone’s surely happy today!

– Shut up, Seán – noté la sonrisa en su voz pero no salí del baño, esperé para escuchar lo que tenía que decir.

– Those moans were hers?! – escuché a Mark mandándole a callar con un brusco “shush” – I thought it was Marzia! Dude, what did you do to that girl?

– Seán, seriously, shut up before you say something you’ll regret – me asomé a la habitación y le saludé sin dejar de reirme.

– Jeeeesus all mighty, sorry! – se llevó una mano al pecho, riéndose avergonzado – you should’ve warned me! – Mark se encogió de hombros con los vaqueros puestos y un jersey azul en las manos. No supe por qué exactamente, pero me pareció más sexy así que completamente desnudo.

    Recogimos lo que nos faltaba, Seán se fue a la entrada del hotel más avergonzado de lo que esperaba que fuese a estar. Le di los buenos días a Felix y a Marzia, que abrió la boca en un gesto de sorpresa al verme con él para luego apretar los labios y subir las cejas. Al acercarse al coche que los llevaría, Mark se quedó mirándome.

– I can’t ask the driver to take you home, sorry – me sentía horrriblemente tentada de tocar su pecho, pero me contuve.

– Don’t worry, I’ve got money for a taxi. Go and have fun, let me know when we can meet tonight.

– Sure I will – me dedicó una sonrisa de lado y el deseo se me reflejó en los ojos.

Quizás tendría que haber interrumpido su ducha. Quizás deberíamos seguir en la cama. Pero como no era así, cogí el autobús hasta mi casa, recreándome en lo que había ocurrido y soñando despierta con lo que podría ocurrir. Crucé la puerta de mi casa atontada, soñadora, inmersa en una felicidad que me resultaba extraña. Me duché y cocinaba aún en esa burbuja cuando las llaves de Luci repiquetearon en la cerradura. Asomé la cabeza por la puerta de la cocina.

– Después de lo mucho que vi deduzco que habéis follado – Lo primero que hizo fue reírse, lo segundo llevarse las manos a la boca. Bajó las manos hasta sus caderas con las palmas hacia arriba, inclinando levemente la cabeza.

– ¿Hola? Vengo a ducharme y me voy, que vamos a almorzar juntos – me dio un abrazo a modo de saludo y se quedó mirándome – ¿y tú qué? porque cuando entramos de nuevo dentro ya no estabas por ninguna parte – sonreí sin pretenderlo pero le hice gestos con la mano para que me acompañase.

– Ahora te cuento, primero habla tú que estoy muerta de hambre.

– Nada, estábamos cantando, haciendo el idiota, y no podía evitar mirarle y como tonto no es, se dio cuenta. Yo me moría cuando empezó a tocarme la cintura, te juro que no era persona. Estaba muerta de nervios pero me pegué a él.

– Y supongo que sería él quien te llevó a la terraza…

– Pues claro, y además es que ni me dijo nada. Me llevó de la manita para afuera y qué te voy a contar si viste el resto.

– Pero no fue ahí donde follasteis – la miré, se estaba riendo – o por lo menos esa parte no la vi.

– Nooo, no, ahí fue el calentamiento hasta que se calentó demasiado y lo soltó todo ahí, en una maceta – pegué una carcajada, ella se reía nerviosa – vamos, yo ya con eso me habría quedado satisfecha pero que va, que después de estar otro rato con los demás y como te habías ido pues me quedé con él y si pasaba algo pues que pasase. Y coño que si pasó…

– ¿Bien en la cama o qué? – resopló y murmuró.

– No veas el niño, todo lo que tiene de alto… – volvió a reírse nerviosa, mirando el teléfono – tia, que me tengo que arreglar, que he sudado mucho – le di un golpetazo en el brazo – ¿y tú qué?

– La verdad es que charlamos más que otra cosa, pero la otra cosa estuvo… – alcé las cejas, suspirando y sonriendo – estoy que no me lo creo. Y luego después de comer quiere que les acompañe al evento que tienen. Supongo que tú también vas – asintió.

– No me creo que esto esté pasando – me encogí de hombros.

– Pues ya somos dos. Menos mal que ha caído en el fin de semana que libro.

– Es que si no hubieras librado te habrías escaqueado, cojones.

    Le di la razón apartándome la comida, almorzando feliz y cargando el teléfono que estaba sin batería. Cuando entré en mi habitación para ver qué me ponía esa noche, Luci se despidió, corriendo hasta la puerta porque ya la estaban esperando. Me puse las mismas botas, unos panties oscuros con ligueros a la ropa interior más bonita que tenía, una falda corta de tablas morada oscura y un jersey ceñido y negro. No me pinté en exceso, ya me había visto recién levantada, no se iba a asustar. Esperé frente al ordenador, viendo el vídeo del reto del sirope de arce que ya había editado y subido, supuse después de comer. Cuando mi teléfono se iluminó con su nombre en la pantalla, el corazón me dio un salto feliz en el pecho.

– Hi there! – dejé de escucharle en mis auriculares para hacerlo por el teléfono.

We are at the hotel, come when you are ready.

– I am, I’ll be there in some minutes.

Great! Marzia needs to talk to you when you arrive. Come quickly and maybe we can talk in my room too – el tono guasón pero seductivo de su voz me hizo dar una carcajada.

– I’m out of my house already, wait right there.

Mientras bajaba en el ascensor iba rebuscando cambio para el taxi, parando el primero que vi y dándole la dirección sin siquiera apoyar la espalda en el asiento. Me senté al borde, agarrada con ambas manos al asiento delantero y deseosa de llegar. Tan pronto crucé las puertas del hotel, escuché a Marzia llamarme. Me acerqué a ella, toda vestida en tonos pastel, opuesta por completo a lo que yo llevaba.

– I need you to sign this if you’re coming with us to the show – sacó de su enorme bolso unos papeles y los extendió frente a mí – they just gave me two copies, one for you and another for me.

– I don’t feel like reading, what does they say? – me ofreció un bolígrafo azul y se apoyó en el mostrador de recepción. Me daba igual lo que estuviese firmando siempre y cuando me dejasen estar cerca de ellos.

– Basically, you’re allowing them to film you, to use your image in their videos and also, to be on stage if someone calls for you – levanté la vista de la hoja con ojos suspicaces – don’t ask me.

– I’m ok with everything – firmé y le di los papeles que volvió a meter en su bolso pulcramente.

– Let’s go back to the room, there’s still an hour or so to leave – nos encaminamos al ascensor y sentí su codo suavemente en mis costillas – so, a night with Mark, huh? – apreté los labios al sentir la sonrisa querer salir. Asentí.

– And, to be honest, I wasn’t expecting that at all – resopló y se rió al mismo tiempo.

– I did – salimos del ascensor, por lo que bajó el tono drásticamente – don’t you see how he looks at you? all the attention he pays to your every move?

– Obviously not – llamó con los nudillos suavemente y Felix nos abrió con una sonrisa y una camisa de cuadros sobre una celeste con su logotipo. Seán grababa rodeado de dulces, vestido de blanco y también con su logo. Mark vestía de la misma forma pero de negro, con una M roja pixelada en el pecho, tirado de cualquier manera en un sofá con la atención puesta en su teléfono. Felix se sentó en la mesa junto a Marzia, editando un video, y yo me acerqué a Mark, levantándole las piernas y sentándome con ellas en el regazo. Le di dos golpecitos en el muslo y observé su sonrisa divertida – hi there.

– Hi – se incorporó agarrándose del respaldo del sofá, bajando sus piernas de mi falda y dejando el teléfono a un lado – aren’t you tired? I’m super sleepy – podía ver lo que me decía en su cara. Sus ojos entrecerrados, el pelo alborotado. Suspiré, poniéndolo en orden con mis dedos.

– I’m anything but tired – bajé un dedo por su mejilla, presionando su nariz como hizo él la noche anterior – boink! – sonrió ampliamente y me rodeó los hombros con los brazos, tumbándome sobre él en el sofá.

    Con una sonrisa constante, observé a Seán hacer el video, riéndome en silencio cuando algo no le gustaba y cogiendo al vuelo las bolsas que nos tiraba al acabar. Poco después de que acabase y se quejase del dolor de estómago que le había entrado, llamaron a la puerta avisando que nos teníamos que poner en camino. Supe que una vez que saliéramos de allí, el contacto con Mark tendría que bajar al mínimo, por lo que me retrasé fingiendo que no encontraba el teléfono. Mark me esperaba en la puerta y hasta que no vi que los demás iban unos pasos más adelante no me encaminé hacia él, mirando sobre su hombro. Soltó el picaporte para darle un suave apretón a mi cintura, a mi trasero y a mis labios con los suyos, adelantándose a mi intención. Pasé brevemente las manos por su pecho y le miré a los ojos entre risitas, apretándole la barbilla con el índice y el pulgar cuando me dio un segundo beso.

– We must sit apart from them – me dijo Marzia una vez subimos al coche – they’ll be up and down the stage and we’re guests.

– Whatever, I’m just happy being here. My friend will be there, I guess we can sit together.

    El edificio en el que entramos parecía una nave industrial remodelada para la ocasión. Nos encontramos con talleres, con diferentes espacios de grabación y algunos photocalls por los que pasaron los más famosos. No vi a Luci hasta que no nos acercamos al escenario grande, y la encontré sentada en un lateral, justo detrás de los youtubers españoles. Me hizo un gesto para que me acercara y me sentase a su lado. Marzia se retrasó un poco porque estaba grabando un vlog, pero le reservé el asiento junto al mío.

– Suerte que tengo que los asientos de las visitas están justo detrás de ellos.

– Suerte tengo yo de tener a Fernan delante y no a tu novio – abrió mucho los ojos, avergonzada. El susodicho se dio la vuelta y me saludó.

– ¿Todo bien? – miró a Luci – ¿Necesitáis algo?

– Hombre, no te lo puedo pedir aquí – murmuró, deshaciéndose en risitas cuando él se mordió el labio, clavándole sus ojos verdes – no puedo con él – me susurró cuando se volvió al frente.

– ¿Duermes en casa hoy?

– Espero que no.

– Yo sé que no, ninguna de las dos – se volvieron más de la mitad de los asistentes al escuchar nuestra risilla diabólica. Por suerte, aún no había comenzado el espectáculo.

    Y no se hizo esperar. Resultó todo más divertido de lo que esperaba aunque no paraba de deslizar la mirada hasta la espalda del pelirrojo de la primera fila. Marzia grababa y comentaba de vez en cuando, sobre todo cuando subían a conocidos a hacer retos en directo o pequeños juegos. Iban llamando a youtubers de diferentes países hasta que llamaron a Mark, Seán y Felix. Me senté más atenta de lo que estuve en toda la tarde, prestando atención a su reto porque les habían plantado allí tres sillas y un monitor. Sin embargo, antes de que empezaran, sentí unos golpes en mi hombro.

– Please, come with me, Miss – un chico de la organización me pedía que le acompañase. Miré a Marzia y a Luci encogiéndome de hombros y pensando qué había hecho mal. Sin decir ni media, me sacaron de la sala de exposición y le dimos la vuelta, donde todos los cables y el control se encontraban. Otras dos chicas esperaban con el mismo aspecto confuso que el mío. El organizador se plantó ante nosotras – ok ladies, when we ask you, please, go that way and sit on the chairs in the exact order that you are placed, understood?

– What do we have to do? – preguntó una chica menuda con mechones verdes mezclados entre sus rubios cabellos.

– That’s all the information you need. It will be harmless, there’s no need to be afraid or suspicious – le llamaron de un lateral del panel de control – ok, now, get in there.

    Al entrar por ese lado del escenario todo parecía diferente. La luz daba de frente y nos cegaba, estaba tan nerviosa que apenas escuchaba lo que decían pero sí escuché a Seán murmurar, “Mark, that’s not fair” al pasar por su lado. Nos sentamos como nos dijeron y entonces empecé a prestar atención a mi alrededor. Felix parecía profundamente incómodo, Seán un poco nervioso, pero Mark tenía una sonrisilla de la que no sabía qué esperar. Nos colocaron a cada una unos aparatos apretándonos el dedo índice. Una vez puestos, miramos guiadas por el presentador a la pantalla de plasma que quedaba a mi derecha. Eran nuestras pulsaciones y sobre ellas, los nombres de los youtubers que nos quedaban a la espalda, cada una con uno asignado. Para saber si estaban bien colocadas nos pincharon con una agujita y al ver el cambio en las pulsaciones verificaron que todo iba correcto. Estuvieron dando conversación hasta que bajaron a un número aceptable y más relajado.

– So, fangirls, the core of your fame – el presentador nos miró – the only rule here is no touching, apart from it, you’re free to act as you wish to win this challenge.

– Ok, Mark, do not take off your shirt, that’s cheating – le dijo Felix. Ya me estaba viendo venir sobre qué iba el reto y solo de pensarlo se me aceleraron un poco las pulsaciones.

– Don’t worry, I won’t even be in her visual field – sentí sus manos en el respaldo. Me estaba poniendo nerviosa sin siquiera empezar.

– But I can take off my shirt, right? – preguntó Seán – I don’t know if that’s a smart move, tho.

– Probably not – rieron los otros dos y el público.

– Ok, ready? Girls, ready as well? – asentimos con energía. Que viniese lo que fuera – And your minute starts, now!

    Me giré y vi que Seán charlaba en cuclillas con la chica de los mechones verdes, que no paraba de reírse nerviosa. Felix se sentó frente a la otra chica, simplemente mirándola, y al ver su cara me dio la impresión de que iba a explotar, sobre todo al empezar a murmurar. No se escuchaba lo que decían ninguno de los dos, pero como la noche anterior en la fiesta, escuché que Mark susurraba mi nombre a mi espalda, esa vibración. Enderecé la espalda y algo se me tuvo que reflejar en la cara porque escuché risitas en el público.

– I loved what we did at my room – no me hacía falta una máquina para saber que su voz rasgada y profunda me había acelerado el pulso desde la primera sílaba – but there were two things I missed – para colmo sentía su respiración moverme el pelo y acariciar mi oreja. Hablaba casi rozándome con sus labios – one of them is the way you taste – se me escapó una risotada nerviosa, me cubrí la boca con ambas manos y cerré los ojos intentando no reírme porque sentí que se apartaba para reírse él. Se aclaró la garganta y volvió de nuevo – the second is the sound of my hips against your ass.

– Oh my God! – di una carcajada, escuchándole reirse. Me giré para mirarle y me guiñó el ojo, levantándose la camiseta ligeramente, por lo que solo vi su ombligo y algo de vello que bajaba hasta el interior de sus pantalones. Más que suficiente para terminar de volverme loca de deseo.

– Time’s up! I wonder what you guys were talking but I won’t ask. Now, please, we need to see your highest heart rate, let’s give the staff some time to work it out. In the meantime, how did you feel? – le acercó el micrófono a la chica que estaba con Felix, que seguía riéndose con una risilla nerviosa.

– Better than ever – dijo como pudo con un fuerte acento inglés, ahora histérica. Felix le puso una mano en el hombro, lo que desencadenó más risas. Se acercó a la siguiente.

– Can I give you a hug? – Seán se inclinó sobre ella y la abrazó con fuerza – he’s the cutest thing – la vi más enternecida que otra cosa. Cuando me acercó el micrófono a mí, miré a Mark.

– I’m… ehm… ridiculously aroused, yes – me apretaba las manos, riéndome con el público. Mark se reía de brazos cruzados y toqué su bíceps con el dedo – wow.

– Ok! so, you have the results in the scree–AND WE HAVE CLEARLY A WINNER HERE! – Mientras que las pulsaciones de las otras chicas se pusieron en 110 y 115 las mías estaban a 150. Me llevé las manos a la boca otra vez, mirándole.

– What did you say to her?! – Le preguntó Felix señalando la pantalla con un dedo.

– I won’t repeat it outloud…

– Well, thank you very much, you can go back to where you were ladies! – al ver que las otras dos chicas se despedían con abrazos de los youtubers, me giré hacia Mark e hice lo mismo. Le sentí olerme el cuello, apretándome la espalda con ambas manos, y al separarme tuve que morderme el labio para no morder el suyo. Me miraba sobre sus gafas con una ceja levantada – please, get a room – nos dijo el presentador.

    Avergonzada volví a mi sitio, en el que tanto Marzia como Luci no pararon de preguntarme qué demonios me había dicho para ponerme como me puso. No respondí, no podía decir eso en voz alta. Escuché a Mangel decir que en vez de a la muchacha con Pewdiepie deberían de haber puesto al Rubius y por suerte, esa broma desvió la atención del tema. Sabía que a Luci se lo iba a contar tarde o temprano, pero me daba una vergüenza tremenda contárselo a Marzia. Nos pasamos el resto de la tarde viendo el espectáculo y observando cómo iban y venían de un espacio a otro, jugando a juegos y haciendo vlogs al mismo tiempo. Nos hicieron saber que volvía a haber fiesta en el mismo local que el día anterior para todo aquel que quisiera y sin pensarlo dos veces, allí nos encaminamos. Había más gente que en la fiesta anterior porque un gran número de fans habían sido invitados por algunos de los youtubers. Mark se trajo a un grupo de chicos y chicas con la intención de pasar tiempo con ellos y conocerlos. Me moría de ganas de estar con él, pero tampoco podía pedir su exclusividad por mucha inquietud que me diese verle hablar con chicas tan bonitas. Sin embargo, cuando fui a la barra a por un refresco se puso a mi lado, pidiendo otro él también.

– You just can’t imagine how happy you’ve made those people – señalé a sus fans con la cabeza, entretenidos por Seán.

– I guess I did! Are you having a good time? – asentí, mirándolo sobre el vaso de coca cola – I have this weird sensation on my fingers everytime I’m near your body – me comentó a media voz, acercándose para que le oyese con claridad – like a tingling or something.

– Are you sure it’s not your spider sense? – me encantaba verle reír pero más me gustaba ser la causante de esa risa. Me dio un leve pellizco en la cintura antes de alejarse. Fue de nuevo a hablar con las chicas, preciosas, y no pudo importarme menos.

4

En ese punto de la noche me di cuenta de que Luci no estaba, y justo cuando iba a llamarla por teléfono, me llamó ella a mí. Con el escándalo no podía hablar, por lo que, entre empujones, fui a la terraza en la que el día anterior estuvo ella pasándolo en grande. Curiosamente no había nadie, ni siquiera detrás de las macetas.

– Niña, ¿dónde andas? – al otro lado del teléfono escuchaba a los cafres esos cantar algo a lo que no le encontraba ritmo.

– Eso te iba a preguntar, que no nos hemos enterado de dónde se ha ido todo el mundo.

– Estamos en el mismo local de ayer, venid antes de que acaben con la comida que ya no queda mucha – me encogí un poco en el sitio, en esa terraza hacía frío.

– Qué va, si hemos ido a cenar al–

– Hello – no escuché nada más de lo que Luci me dijo porque Mark se me acercó por la espalda, abrazándome la cintura. Le miré sobre mi hombro y me besó brevemente los labios, la mejilla y la mandíbula, bajando su boca hacia zonas más sensibles.

– Luci, tengo que colgarte, este hombre me está mordiendo el cuello – mientras escuchaba la risa de mi amiga, me mordió el lóbulo de la oreja – luego te llamo, o te veo, o yo qué sé.

    Solté en la barandilla de la terraza el teléfono y la bebida, girándome para mirarle de frente. Todo el frío que pudiese tener desapareció de golpe y porrazo con el primer beso. Porque no fue un beso normal. Me dobló la espalda, le escuché emitir un grave sonido de placer y me agarré a su pelo, aspirando profundamente. Me apoyó contra la pared, sonriendo de esa manera pícara que tanto sabía que me gustaba, metiendo las manos bajo la falda y pasando los dedos por los ligueros. Me reí suavemente en sus labios.

– I don’t know about your hands but something down there is surely tingling – empezó a reírse tontamente – Mark, the incredible pussy tingler – ante ese comentario comenzó a reírse descontrolado – you are, with no doubt, a giggling bitch.

– I know – dijo como pudo, con voz temblorosa entre risa y risa – oh my god, come here.

    Me besó incluso con más ganas, sonriendo y cogiéndome en peso. Me quejé un poco, pensando que pesaba demasiado para él, pero al ver sus brazos en tensión no tuve más réplicas. Me agarré a ellos, a su pelo, a su cuello, a su espalda, mordiéndome el labio cuando pasó los suyos por mi piel. Intentó meter la mano entre mis muslos pero en esa posición era imposible, por lo que me dejó ponerme en pie, levantándome una pierna y apoyándola en su antebrazo para, con su otra mano, acariciar mis bragas. Lamió mi lengua, hundió sus dedos en mi carne apartando mi ropa interior y yo colé los míos dentro de su bragueta. Al tocar su piel, jadeó roncamente. Se la saqué como pude y comencé a masturbarle despacio, mirándole a los ojos, sintiendo sus dedos ya deslizándose sobre mi húmeda piel.

– Fuck, I let the condoms in the room – jadeó.

– Tell me when you’re close to finish – no le dejé ni contestar, aparté sus manos y forcé su entrada en mi cuerpo, apretando los dientes y observando cómo cerraba los ojos.

    La postura no era ni mucho menos la más cómoda ni para él ni para mí, por lo que optó por volver a sostenerme en peso, aplastándome contra el muro y pasando sus anchas manos por mis muslos. Me embestía bruscamente, llegaba hasta el fondo y nos vimos en serios problemas por tener que contener unos gemidos casi incontenibles. Me follaba rápido y fuerte, mordiéndome la boca, devorándome con sus ojos, clavándome sus dedos. Le escuché susurrar una y otra vez “I’m so close, so close, so, so, oh my… so close” por lo que me bajé de su erección, poniéndome de rodillas y masturbándole con ansias, lamiéndosela. Me agarró del pelo, susurró “oh fuck” alargando la f en quejido tembloroso y se corrio en mi boca con tantas ganas que golpeó contra mi garganta, por lo que no tuve opción a saborearlo hasta que su esperma comenzó a salir más despacio en los últimos estertores. Apenas hacía ruido, pero al mirar hacia arriba le encontré con las cejas juntas y alzadas, la boca entreabierta e inclinado hacia adelante. Me reí cuando resopló, cuando se apartó de mí guardándosela en los pantalones. Me puse en pie y le di un largo sorbo a la bebida.

– Does it have alcohol? – jadeó. Sabía que su cuerpo no lo procesaba, por lo que se la ofrecí tranquilizándole.

– No, have some – bebió y me miró a los ojos, pasándose la mano por el pelo. No decía nada, solo se apoyaba con una mano en la cornisa y me observaba – what?

– I’ve never done something like that in public.

– Well, there’s always a first time for everything – se acercó a mí y me besó, pero le di un empujón – Mark! I’ve just… – me señalé la boca y puso un gesto asqueado – I mean it’s all yours, I wouldn’t care the other way around to be honest.

– You wouldn’t?

– In fact, I’d kinda enjoy it – le sonreí antes de beberme lo que quedaba de refresco – and I should experience that, I didn’t have an orgasm, you owe me one.

– Fuck it, I wanna kiss you, you’re fucking perfect – justo cuando me estrechaba entre sus brazos vi la cortina de la terraza moverse y que una persona se asomaba. Por suerte no eran los fans.

– Wow, ok, I’ll come back later for you – le dijo Matthias – but there’s a song in the karaoke with your name on it.

– Let’s go, we’ll keep going at the hotel – le susurré. Recorrió mi rostro con su mirada de tal manera que me hizo suspirar. Asintió y se volvió hacia los chicos, sacando ese personaje de youtube que tanto me gustaba y reservando al Mark de verdad para después.

    Esa noche me lo pasé mucho mejor que la noche anterior. La canción que tenía su nombre escrito era Barbie Girl y no podía reírme más al verle cantarla con Seán. Lloraba de la risa cuando llegaron Luci y los demás. La cogí de la mano y la aparté un poco de los gritos y el jaleo.

– Mira, no sé qué tiene esa terraza pero la voy a declarar zona oficial de las pajas.

– Sí hombre… – nos reímos cómplices – yo llevo toda la tarde sin tocarle. Supongo que es por los vlogs, porque estámos en público o yo que sé, pero no se me acerca.

– No desesperes, en cuanto tenga un hueco seguro que te toca enterita – se quejó, haciendo pucheros.

– Pero es que es difícil estar a su lado y no poder – abrió y cerró los puños, con gesto rabioso.

– Ya, qué me vas a contar. Pero aunque no te toque va bien, ¿no?

– Sí, sí. Hace bromas, hablamos y todo eso. Si es que todo bien, solo que no se pone la cosa física.

– Cántate algo con él en el karaoke, a ver si con la tontería se arrima – la llevé a empujoncitos hasta donde estaban los demás.

Marzia llevaba toda la noche charlando con otra youtuber sobre maquillaje y moda, por lo que apenas estuve con ella. En un momento en el que nadie parecía cantar nada, cogí yo el micrófono. Cualquier otra cosa en el mundo podría darme vergüenza pero cantar en un karaoke no estaba entre ellas. Echando un vistazo por encima a los temas no tardé en encontrar uno que me convenciera y me lancé a cantar a grito pelado. La gente, obviamente, se unió. Una chica rubia y muy guapa no dejaba de acercarse a Mark, y no me molestaba, solo me daba rabia que ella le tocase y yo no pudiese por si se daban cuenta. Nos íbamos pasando el micrófono cantando todos un poco de cada. Cuando puse let it go, Felix me quitó el micro y la empezó a cantar él de nuevo, hasta actuando esa vez. Canté I kissed a girl con Luci hasta que se nos unió también Marzia, y le puse a Mark Can’t you feel the love tonight haciendo a Matthias reír a carcajadas. Tuve que ir a por otro refresco porque sentía la garganta incluso irritada, y fue en ese momento en el que vi a Mark salir a un pequeño espacio para fumadores con su amigo Tyler. Me acerqué a esa zona con el teléfono en la mano sin realmente mirar nada, y paré cuando sus voces se hicieron claras.

– Why didn’t you tell me? – le preguntó su amigo.

– Cause there’s nothing to tell, I don’t know what Matthias told you but it’s not such a big deal.

– Are you sure? – siguió un silencio breve, roto por un suspiro – I don’t know Mark.

– It’s a two days thing, it can’t be serious – pegué la oreja un poco más, preparada para salir corriendo en caso de escuchar movimiento.

– Yeah, blah blah, what do you really feel about this? – un quejido y un resoplido.

– I don’t know. I’m confused.

– I know she’s smoking hot but that can’t be all – sonreí ante sus risitas – you keep looking and staring at her, why is she special?

– You know better than anyone that’s been awhile since I do anything beyond my bed with a girl, and you know why.

– Yeah, it sucks being a succesful youtuber and having a girlfriend, I know, I’m tired of this shit cause it’s not taking you to a happier place.

– I’m ok with Chica – estaba murmurando algo cuando Tyler le cortó.

– Yeah, you keep saying that, I don’t know who do you think you lie to cause it’s not me.

– So what, should I ask her to move to L.A. cause she’s, as you said, special?

– No, you should do it cause she is making you question yourself about the possibility of just asking.

– You’re a manipulative piece of shit – se rieron – look, for tonight I’m going to take her to my room and I’ll think about it later.

– We leave tomorrow afternoon, think fast – escuché que arrastraban los pies y aunque me moría de ganas por saber cómo seguía la conversación, me escabullí entre la gente.

    Quería ir a su casa de Los Ángeles, quería conocer a Chica y entrar en su vida por algo más que un corto fin de semana. Intenté no pensar mucho en esa conversación y me acerqué al grupo de españoles. Ni uno de ellos estaba sobrio, como casi todo el mundo en la fiesta. Luci apoyaba su brazo en el hombro del noruego, que le pasó el suyo por la cintura entonando una desafinada canción que no conocía. Con la borrachera que llevaba, mucho no iba a poder hacer en la cama. Como me supo a poco, canté unas cuantas canciones más en el karaoke con gente que ni conocía, siempre atenta a la ubicación de Mark. Pero los invitados se empezaba a apagar y me vi prácticamente sola con el micrófono. Aproveché y me puse una balada que no quise poner antes por no aburrir al personal pero que me moría de ganas por cantar, más, teniendo en cuenta todo lo que estaba sintiendo en tan poquísimo tiempo. Intenté no mirarle con las primeras notas del piano de If I ain’t got you de Alicia Keys por lo que cerré los ojos mientras cantaba, pero tras el primer estribillo sentí que se sentaban a mi lado. Le miré sonriente, me miraba con una expresión que no sabía si era feliz o preocupada. No me tocaba y yo no le tocaba a él, pero tenía claro que el mensaje lo captaba. Cuando acabó, se miró las manos.

– Do you want to sing one more before leaving or are you done?

– I could sing one more, but there’s a second mic and you have a pretty voice – le tendí el otro micrófono – I bet you know this one.

    Definitivamente fue una suave sonrisa lo que vi en su rostro tras los primeros acordes de Fire meets gasoline de Sia. Empezó a cantar él y casi como si lo hubiésemos planeado, nos turnabamos las estrofas, uniéndonos en el estribillo. Me reí de una manera un tanto estúpida al ver a Marzia observarnos sentada en los taburetes frente a nosotros, con el codo apoyado en la mesa y la barbilla en la mano, sonriendo enternecida. Tyler nos miraba y le comentaba con una sonrisita algo a Matthias, esperaba que bueno y relacionado con lo que hablaron antes. Desde que le escuché incitar a Mark con tantas ganas de que me invitase a irme con él, se había convertido en mi mejor amigo. Nos aplaudieron al acabar y Felix, que venía del servicio con Seán, ambos borrachos, nos pidió por favor que nos marcharamos de una vez.

– Eh, nos vemos mañana – le dije a Luci agarrándola del brazo – pasatelo bien lo que te queda de noche.

– Lo mismo te digo, que mañana no pueda moverse.

– Hasta la vista, baby – le dijo Mark, pronunciando fatal y haciéndonos reír. Se despedía de sus fans con un abrazo cuando sentí unos toquecitos en el hombro.

– You really like Mark, don’t you? – Tyler susurraba a mi lado, vigilando que su amigo no se diese cuenta de la conversación.

– Of course I do – me miró alzando las cejas.

– I mean, really, really like him.

– You mean, if I love him – me crucé de brazos y miré cómo se despedía de todos, sonriendo de oreja a oreja – I’m afraid I do, and I’ll be grateful if you don’t say that to him. You’re his best friend tho – me encogí de hombros – it is what it is, it’s not that I can do anything about it.

    Me dio una palmada en la espalda, con una sonrisa. Sabía a ciencia cierta que se lo iba a contar, solo que esperaba que fuese después de esa noche. No quería condicionarle y que se comportase de otra manera. Salimos a la fría noche camino a los coches, que nos esperaban en la puerta. Matthias y Taylor fueron en otro vehículo porque se hospedaban en un lugar diferente. El camino al hotel era sorprendentemente corto y lo pasé casi entero temiendo que el irlandés me vomitase en los zapatos. Ni él ni Felix traían buena cara.

– They’ll have a hard time tomorrow in the plane – le dije a Marzia.

– Nah, probably they’ll sleep the whole flight.

– Lucky me I live closer – una vez dentro del hotel, Mark me dio la mano – are you hungry? I am – hice un ruidito dándole a entender que un poco de hambre sí que tenía – Let’s steal some candies from Seán, and guys – les dijo a sus amigos – you should eat before getting into bed or the hungover will be catastrophic.

    Les robamos unas cuantas chuches y nos fuimos a su habitación. Dejé mi chaqueta en la silla junto al televisor y sus manos pasaron por mis hombros, seguidas por su boca, que me recorrió de un lado a otro de la espalda pasando por la nuca. Tuve un escalofrío y subí los brazos al sentir cómo me quitaba el jersey. Me di la vuelta, quitándole la camiseta, besando sus labios de camino a la cama. Me hacía andar de espaldas y me hizo tumbarme al tirar de mi falda hacia abajo. Miró mi cuerpo unos segundos antes de llenarlo de caricias, mordiscos y besos, erizandome la piel y sacándome quejidos juguetones. Me quitó los ligueros, bajándome la ropa interior de rodillas a los pies de la cama. Subió sus manos por mis muslos y hundió su cara entre mis piernas, acariciando con las yemas de los dedos mis ingles y bajo mi ombligo. Su lengua apenas rozaba mi carne, humedeciendome en una caricia constante. Sabía lo que hacía, lo sabía muy bien. Pasó su pulgar entre mis resbaladizos labios mayores, hundiéndolo levemente entre ellos, presionando y matándome de ganas de sentirle en mi interior. Tiré de su pelo hacia mí, su lengua saboreó mi piel más sensible con un único y lento lametón, gruñendo levemente y agarrándome de las caderas al hacerlo. Le pedí que me follase, se lo ordené. Lo que hizo fue agarrarme del pelo, subiendo por mi cuerpo, besándome torridamente y acariciando mi clítoris. Solo pude gemir y clavarle las uñas ante tanta pasión, ante el orgasmo que estiró mis piernas y arqueó mi espalda.

– You’re so sweet and wet – susurró en mi oído.

– Do me, hard – gemí – please – bajé mis manos por su pecho y le abrí los pantalones, enredando un poco mis dedos en su vello púbico antes de llegar a tocar su cálida erección. Sacó un condón de su bolsillo trasero y se lo puso sin demora.

    Me agarré con ambas manos a la almohada al sentirle abrirse paso entre mi apretada carne, al sentirle dar un suspiro tembloroso contra mi cuello. Al contrario que la noche anterior, me hundía en la cama con cada embestida. Me hizo gemir mucho más, me hizo temblar, sentir que mi cuerpo era demasiado pequeño para albergar un placer tan inmenso. Nos tirabamos del pelo y nos mordíamos, nos arañábamos. La sacó de mi cuerpo, húmeda y enrojecida, dándome la vuelta en la cama. Me apoyé con manos y rodillas en el colchón, sintiéndole arremeter contra mis caderas, escuchándole hacerlo cada vez en esa repetición de sonidos húmedos y deliciosos. Tiró de mi pelo con fuerza, gimiendo en mi oído, azotándome el trasero tan fuerte que me hizo gritar y reír al mismo tiempo. Le pedí que me hablase, necesitaba oír su voz, y cuando lo hizo fue una mezcla de gemidos, jadeos y obscenidades que me desquiciaron. No se corría. Tampoco disminuía su erección. Mi piel comenzaba a irritarse y sin embargo lo último que quería era dejar de sentirle dentro. Me pidió que le follase, cansado, y obedecí, sentándome sobre él, meciéndome primero despacio, besándole, acariciando sus mejillas y su pelo, mirándole a los ojos. El abrazo que me dio me cogió por sorpresa, sentándose en la cama y hundiendo la cara en mi cuello. Me apretó la cintura con fuerza, acaricié su nuca con mis uñas. Susurró mi nombre, pasando sus manos por mis mejillas, besándome, expulsando el aire por la nariz cuando comencé a mover mis caderas enérgicamente, susurrando afirmaciones que se colaban entre mis labios. Un orgasmo salido casi de la nada me desconcertó, volviendo mi vaivén en algo errático, y sin embargo, noté como él también se corría, tensandose, apretándome más a su cuerpo y a sus labios. Tras una sonrisa y un largo apretón de sus boca a la mía, me dejé caer a su lado, respirando hondo, tragando saliva y apartándome el pelo de la cara. Le observé quitarse el condón, tirándolo en la papelera del servicio. Antes de dejarse caer en la cama cogió las chucherías y me tiró los paquetes.

– Cover yourself with the blanket, you’ll get sick – hice lo que me decía, cogiendo un puñado de chocolates con forma de hoja de arce y comiéndomelos de poco en poco.

– Mark – le miré con media sonrisa, me miró de igual manera – I’m sorry – le tapé la cabeza con la manta y dejé salir un gas que me molestaba de hacía un rato. Gritó y pataleó, pero me tiré encima suya a carcajada limpia.

– Stop eating that!! – Tiró los chocolates a la otra esquina de la habitación – you’ll regret what you just did, I’ll avenge in the most dreadful way possible.

– I’m not scared – me giré en la cama mirándole comer chucherías entre suspiros relajados. Le pasé los dedos por el pelo rojo y ahora despeinado – it’s softer than I thought. I had it pink and it wasn’t that soft.

– Oh, really? Like that pink I used to have? – asentí – I wanna see that.

– My phone is too far and I won’t move. And if I do it’ll be closer to you – me pasó un brazo bajo el cuello y dejé caer la cabeza en su pecho con una sonrisa.

– Did you have fun today? I hope that the challenge wasn’t too much.

– Nah, that was funny. But I think the best part of the night was those two last songs – no se movió, no dijo nada – I felt even closer to you in that moment than when we were in the balcony.

– Cause it was. Don’t misunderstand me, the balcony thing was awesome, and thanks for that! cause I lasted longer now.

– Cheers – dije riéndome. Acto seguido suspiré, él dejó caer las chucherías por su lado de la cama y me estrujó entre sus brazos.

– I think I’m gonna miss you more than expected – murmuré un shut up ahogado en su pecho, no quería pensar en el momento de separarnos. Un sentimiento me subió desde el ombligo, parando en mi pecho para oprimirlo, en mi garganta para ahogarme. Sin quererlo, chasqueé la lengua – hey – intentó separarme de él pero me apreté más – come on, don’t be silly.

– Te quiero muchísimo, Mark – susurré. Tras un breve silencio y escucharle tragar saliva, me dio un apretoncito.

–  If you’ve said that in Spanish so I couldn’t understand I’m sorry, but you’ve failed.

– Fuck – me meneó entera al reírse – you’re North American, I should’ve guessed that you studied Spanish at some point in your life.

– Please – ahora sí me separó de él, cogiéndome las manos – don’t be sad when I leave. We can meet again someday – fingí una sonrisa y asentí.

– I need to sleep, tomorrow is working day. So sorry if my alarm wakes you up.

– It’s ok – me besó una vez más, deseándome buenas noches y apagando la luz.

    Pero no quería dormir. Era mi última noche a su lado, no quería desperdiciarla durmiendo. Abrí los ojos después de un rato y casi se me sale el corazón por la boca al verle observarme en la penumbra de la habitación.

– It’s everything ok? – le pregunté, soltando su mano y tirando de su barba.

– It will be, eventually – fruncí el ceño – you know it will, turn around – me giré en la cama, juntando mi espalda a su pecho, encajando mis piernas con las suyas y pegando el culo a su entrepierna – I’m going to sleep like a baby.

– Not difficult, you are a baby – entrelacé mis dedos con los suyos, observando su mano – Mark…

– Please don’t fart again.

– Shut up – se rió tontamente, dándome un apretoncito – thank you.

– You’re welcome? Thanks to you too?

– It’s been a while since the last time I smiled all day long and it’s not that you had to do anything special to make me feel like this. Just being around you makes me happy. I guess you made me believe in happiness again. And spending some nights with you is more than what I’ve never expected.

– That was… wow. I don’t know what to say.

– You don’t need to say anything, just hold me until I fall asleep.

    Pero no podía dormir. La calidez de sus brazos y su cama me atrapaban, pero mi mente no me dejaba descansar recordando continuamente que era la última noche a su lado. Que probablemente volvería a su vida y yo a la mía y eso se quedaría en un buen recuerdo casi salido de un sueño. No era un sentimiento agradable y aunque exteriormente mi situación era insuperable, en mi interior sentía que esos pedazos que él había conseguido unir volvían a desmoronarse. Sin embargo, acabé sucumbiendo al cansancio, y me dio la impresión de que acababa de cerrar los ojos cuando escuché la alarma sonar. Me senté en la cama pasándome las manos por los ojos, resoplando y sintiéndome agotada. Mark estaba sentado frente al escritorio con el ordenador por delante, su camiseta verde sin mangas, los calzoncillos y los auriculares puestos, probablemente editando un vídeo. No se enteraba de mi alarma, por lo que me levanté a apagarla, me vestí recogiendo ropa de aquí y de allí y fue al pasar por detrás suya cuando se percató de mi presencia.

– Have you slept at all? – le pregunté entrando en el baño, lavándome la cara y la boca aunque fuese solo con agua.

– Not much, but don’t worry, I’ll sleep a bit on the plane – le escuché resoplar y me asomé mientras me peinaba. Se restregaba los ojos con las palmas de las manos – I think I’m going to make a vlog talking about how tired I am, I don’t feel like editing anymore.

– We’ll watch anything you upload, a vlog is just fine.

– Do you want me to walk with you to your job?

– No, I must go home first, I can’t go to the supermarket with these clothes and I really need a shower – cogí mis cosas, me eché un último vistazo en el espejo y al ir a despedirme le encontré poniéndose los zapatos – what are you doing?

– At least let me pay for your taxi – me encogí de hombros. No quería alargar la despedida y por lo visto iba a ser algo inevitable.

    Antes de bajar, llamó al taxi para que parase en la puerta del hotel. Cogió su chaqueta y bajamos a la recepción. Íbamos en silencio, no nos tocábamos, no nos mirábamos. Me sentía tensa, triste y tremendamente cansada. Iba a ser un día de mierda en el trabajo. Una vez delante del taxi me giré y le sonreí.

– Thank you for this experience. Say goodbye to the rest for me, ok?

– No, thank you for making this experience even more funny than it should have been – me quedé allí plantada, mirando sus ojos castaños sabiendo que no podía hacer nada y temiendo que mis sentimientos me traicionasen.

– Bye bye – me senté en el asiento trasero del vehículo, iba a cerrar la puerta pero Mark la paró con una mano y poniéndome la otra en la mejilla besó mis labios tan suave y pausadamente que me arrancó un suspiro.

– See you around – susurró en mi boca.

    Asentí. Se enderezó y cerró la puerta despacio, despidiéndome con la mano y un suspiro. Me tragué las estúpidas ganas de llorar hasta casa y una vez allí tampoco me permití soltarlas. No tenía derecho. Había vivido algo que muchas personas matarían por vivir, no venía a cuento sentirse triste. Me duché intentando no pensar más que en todos los buenos recuerdos. Me puse el uniforme del trabajo forzandome a ver el lado bueno de las cosas. Pero la jornada laboral la pasé con tedio, con abatimiento, cansada como pocas veces en mi vida física y anímicamente. Los pedazos se desmoronaban a pasos agigantados y me veía incapaz de sostenerlos.

5

    Las semanas se sucedían, iba ahorrando dinero sin realmente saber con qué finalidad y seguía sin encontrar trabajo de lo mío. La navidad estaba cerca, una fecha asquerosa porque echaba muchísimo de menos a la familia. Al menos me consolaba con la idea de tener a Luci a mi lado y con saber que Mark seguiría subiendo vídeos independientemente de la fecha en la que estuviésemos. No sabía mucho de él más que lo que hacía público en sus redes sociales. El día 20 Luci apareció como una exhalación por la puerta de la casa. Salté del sofá al verla correr por el pasillo porque a esa hora debería de estar trabajando.

– ¿Qué ha pasado? ¿Qué haces aquí?

– Me he vuelto loca, eso ha pasado – al ver su sonrisa me relajé, aunque seguía sin entender nada. Sacó su maleta de debajo de la cama y empezó a llenarla con prisas.

– ¿Puedo preguntar dónde vas?

– A Londres – me miró y se rió nerviosa, guardándolo todo de cualquier manera.

– ¿Cuándo? ¿Ya?

– Sí. Me ha sacado el billete porque dice que quiere que le acompañe, que tiene ganas de verme otra vez y la verdad, no me he parado a pensarlo y más vale que no lo haga porque si lo hago no me voy.

– ¿Quién? – Hizo un ruido con la garganta nervioso que no supe si era un quejido, una risa o un grito ahogado.

– ¡¿Quién crees tú?!

– ¿El señor Doblas? – dio una carcajada asintiendo, siempre llamaba al Rubius así – joder, pues pasatelo bien. ¿Te vas la navidad entera?

– Y el año nuevo. Iba a ir a España pero está claro que ya no – se me cogió un pellizco en el estómago.

– Traeme una caja de galletas de mantequilla, por lo que más quieras – fue todo lo que dije.

    La ayudé a empacar lo más necesario, repasando a toda velocidad que no se dejase nada. La despedí con un fuerte abrazo en la puerta y al cerrarla, me vine abajo. Iba a pasar las fiestas sola, pero no pensaba decirle ni media. Quería que viviese esa experiencia, tenía que vivirla porque no se repetiría. Le encantaba Londres y le encantaba la compañía, no iba a ser tan egoísta como para pedirle que se quedase conmigo. Me hice un ovillo en el sofá con el portátil encima, abriendo youtube casi por inercia. Me quedé mirando las miniaturas de los vídeos, sonriendo al verle en la última liado en mantas porque se había resfriado. No parecía que yo hubiese pasado por su vida o que hubiese surtido efecto alguno en él, lo que me hizo preguntarme cuántas como yo hubo, si es que las hubo. Me mordí el labio, mirando el teléfono, que acababa de sonar porque había actualizado su estado de twitter. Estaba al borde de hacer una cosa que me prometí no hacer por no alargar la ilusión. No acababa de terminar de pulsar el botón de enviar mensaje privado que ya me había arrepentido de ese solitario “Hey” que escribí. Me pasé los brazos por detrás de la nuca, dejando caer la frente en las rodillas, sintiendo el teléfono vibrar en mis dedos. Vi que siguió la conversación, por lo que, una vez hecho el daño, me permití soñar un poco.

“Hey there! how are you? I have no excuse, I’m sorry I didn’t talk to you before”

“Don’t worry, I guess you must be busy. Are you taking something for that cold?”

“Of course I am. Anyway, I’ll heal fast, I’m a strong man you know”

“Be careful stong man. Don’t let your nipples get cold and this won’t happen”

“Ah, the source of my weakness uncovered”

“This conversation is classified, don’t worry Mr President”

“How are you? Christmas are coming right? What will you do? Party with Luci?”

    Resoplé dándome con el teléfono en la frente. No le pensaba decir la verdad, no podía decirle la verdad, no quería preocuparle. Pero tampoco podía mentirle descaradamente porque las mentiras se descubren.

“I don’t know, I guess I’ll stay home. I’m not really a party person”

“You’re not? I remember things wrong then”

“It was different. You were in those parties and I was there because of that”

“But you had fun. And maybe you’ll have fun in a party if you give it a try”

“I don’t think so. Gotta go Mark. Talk to you soon”

“Take care. And go to the party, don’t stay at home.”

    Le respondí con una carita sonriente y volví a taparme hasta la cabeza. Pero no me puse sus vídeos, no iba a ser capaz de aguantarlos en ese momento. Días después, en el trabajo, me volví a sentir tentada de comenzar una conversación pero al darme cuenta de que él nunca lo había hecho me lo pensé dos veces y dejé caer el teléfono en el bolsillo. En el descanso para desayunar me comenzó a vibrar con insistencia. El número no era canadiense pero tampoco español. Igualmente respondí apoyada con los brazos en la mesa.

– Hello?

Hey! It’s me, Tyler – me puse derecha, cambiando la expresión, y poniéndome nerviosa – do you remember me?

– Come on, of course I do! How are you?

– Surprised to be honest! You sound cheerful!

– And why would you think otherwise? – sonar alegre y estarlo eran dos cosas muy diferentes, pero no dije nada, obviamente.

– Cause Mark told me you were sad.

– What? Why? Why did he think that?

– First tell me if you’re at work.

-Yeah, but…

-I don’t see you at the cashier.

– What the fuck Tyler, are you here? – salí de la sala de descanso directa a las cajas registradoras y allí le vi, con el teléfono en la oreja y abrigado con todo lo que podía ponerse. Al verme acercarme guardó el teléfono con una sonrisa – what are you doing here?

– You look sleepy – era muy alto, bastante más que Mark desde luego. Miré a mi alrededor – no, he’s not here and he doesn’t know I’m here. When do you go out?

– In like three hours or so. Why are you–

– We’ll have lunch later and we’ll talk about you and about him – no pude evitar sonreír ante su sonrisa, sintiendo a la traidora esperanza surgir en mi pecho.

– Ok, thank you for making my last hours of work even longer than they already are.

Y tanto que se me hizo larga la espera, interminable más bien. Los minutos se volvieron horas, casi no les prestaba atención a los clientes y cuando no había me ocupaba de otras tareas con tal de que el tiempo pasase más rápido. Tan pronto dieron la 13:00h, salí despedida del supermercado, encontrando a Tyler apoyado contra la pared.

– Where do you want to eat?

– I don’t really care, wherever you want – estaba tan nerviosa que ni hambre tenía. Entramos en la primera hamburguesería que vimos y, tras pedir, me miró entrelazando los dedos sobre la mesa.

– How are you? And I want the truth.

– I carry on, I’m here, breathing, what can I say?

– The truth would be ok – me encogí de hombros – why did Mark tell me you were sad?

– If I am completely honest I don’t have a clue of why did he jump into that conclusion.

– So you’re telling me that Mark being back in L.A. and not talking to you is not a problem – me quedé mirando sus oscuros ojos azules sin saber bien qué contestar.

– Why do you wanna know? It’s starting to sound weird how bad you want me to be in love with Mark.

– I do not want it that bad, I just need to know both sides of the story.

– Of what story? And yeah, you want it. I overheard that secret conversation you two had at the party. Sorry, not sorry.

– Then you already know what he feels – resoplé.

– I don’t know squat. I just know that you confused him and that he didn’t call me or text me even once – me di cuenta de lo alterada que estaba cuando el hecho de verle sonreír me irritó.

– So, it actually makes you sad. Or angry. You want to know about him.

– Of course I do – Murmuré bebiendo de la coca cola que me acababa de traer el camarero – who wouldn’t? Tyler, this is ridiculous, you know what I feel cause I’ve already told you. What’s your point?

– I know Mark since we were in 4th grade, I probably know him better than anyone. And he’s just not fine. He seems to be, but he’s sad.

– And what do you want me to do with that information?

– Come with me to L.A. Let’s surprise him – negué con la cabeza.

– No. I can’t show up at his place like that. If he didn’t call me there must be a reason and I won’t force things just because you think it’s better for him.

– He talks about you a lot. He talks about you so much I’d like to slap his face – se metió un buen puñado de patatas en la boca mientras yo procesaba la información.

– So? We had a great time together but obviously he’s not interested in having some more or he’d call me by now.

– I’m not sure about that. He doesn’t know what he wants.

– Oh, and you do. Sure.

– Why are you so mad at me? – me señaló con la mano, aún con esa sonrisa en la cara. Relajé la apretada mandíbula y los puños, intentando no ser borde con la persona que tenía enfrente.

– Cause you don’t know. You don’t really know even though you think you do. And you’re making hope a big issue in my mind and that’s not ok.

– What’s Mark to you? – le miré, no quería llorar y no iba a hacerlo aunque las ganas no me faltaban.

– He fixed in two days what I couldn’t in months but I feel like I’m collapsing again. When I see his videos is like putting on a band-aid but it falls throughout the day. I don’t know Tyler, it’s complicated.

– You need to be by his side and you are refusing my offer – parecía confuso. Incluso desilusionado.

– Yes, because the one who have to ask me is him, not you.

Comimos en silencio durante unos minutos. No quería mirarle a la cara y me daba la impresión de que estaba enfadado conmigo. Antes siquiera de levantar la mirada para comprobar su expresión, le escuché suspirar.

– You’re right. I don’t know what I was thinking doing this without his consent.

– It’s his life, it’s up to him. I won’t put him under the circumstance of facing me when he doesn’t want to.

– Whatever, I tried – se había comido la hamburguesa a una velocidad pasmosa.

Acabe de comer, pagamos y le miré sintiéndome un poco incómoda. Me había sincerado mucho con él, quizás demasiado teniendo en cuenta que se lo contaría.

– If that was all, I’ll head home. I’m tired from work. Sorry if I was rude.

– Nah, you were right. At least you can backstab me with your roommate.

– If there was something to talk about I would but it’s a bit hard since she left some days ago – al ver su ceño fruncido supe que había cometido un error.

– You are alone in here? No friends or something?

– It sounds so dramatic when you put it that way – me reí nerviosa, intentando de nuevo no llorar porque era una realidad que dolía – I’ll be fine. She’s in London and she’ll be back after holidays.

– You’ll be alone at Christmas??

– Wow, don’t freak out. I’m not a party girl and Christmas doesn’t mean anything to me since long. But you’ll do me a favour if you don’t tell this to Mark. I know for sure he’ll be worried.

– Of course he will! He loves you but he just doesn’t know it yet.

– Stop saying that kind of things! It’s not… – apreté los labios y cerré los ojos y la mano con la que le señalaba, respirando hondo – see you around, Tyler.

Tras despedirme me di la vuelta, caminando con una mezcla triste y furiosa en mi pecho que amenazaba con explotar cuando menos lo esperase. Pude vivir en un estado neutral durante unos días gracias a muchas infusiones y cantidades ingentes de chocolate. Y evitando youtube en la medida de lo posible. Evitandolo a él aunque no era tarea fácil. Luci me llamó el día 24, pletórica, contándome mil cosas que estaba viviendo en Londres, contándome que estaban solos la mayor parte del tiempo. Y fue el notar esa alegría en su voz la que, además de ponerme momentáneamente eufórica al escucharla tan feliz, me hizo darme cuenta de lo mucho que yo lo necesitaba. Una vez le colgué, los sentimientos no me dieron tregua. Los llevaba guardando desde que me despedí de él frente al hotel y ahora me encontraba desbordada, como una presa que reventaba y arrasaba con todo. Di gracias por estar sola y que nadie presenciara el espectáculo, suficiente tenía yo con saber que estaba ocurriendo. Y sin embargo, al soltarlo todo, me sentí extrañamente en paz. Agotada y con los ojos y nariz doloridos, pero con un peso menor sobre mis hombros. Me planteaba si ver o no vídeos de youtube cuando mi teléfono comenzó a sonar. Me quedé mirándolo sin responder al ver el nombre de Mark en pantalla. Al descolgar, escuchar mi nombre en la vibración de su voz me produjo una sensación cercana al escalofrío.

– How is it going? – intente sonar alegre y en mi mente lo conseguí.

Fuck. You are not ok. I knew it – pero por lo visto en la realidad no. Eso o mi voz seguía tomada.

– I caught a cold so yeah, I’m not ok – mentí.

I had a conversation with Tyler, he’s just arrived – se me escapó un chasquido de lengua – yes, and he told me you didn’t want me to know.

– Pat his back extra hard for me, would you?

How is it that you’ll be alone for the holidays? – lo que precisamente no quería que le contase y fue lo primero que le dijo.

– It’s not the end of the world. I’ll be fine.

You weren’t fine when we talked, you are not now and you won’t be in the near future. Why are you lying to me?

– Because I don’t want you to think that this is your fault. You overthink too much and besides, you are not interested in me at all. You just feel guilty.

What!? – sonó verdaderamente ofendido. Lo que me faltaba es que se enfadase conmigo.

– If you were, you’d talk to me before I did. And I didn’t get nothing from you in weeks. If I hadn’t texted you that day I would still waiting.

That’s not fair. You don’t know what’s in my head or what’s going on in my life.

– No, I don’t. But sometimes silence speaks louder than words, haven’t you heard that? – ahora fue él quien chasqueó la lengua.

– Don’t be mad at me, please. I just… – pero no supe nada más. No hablaba. No sonaba nada al otro lado por lo que decidí que era yo la que tenía que hablar. La que necesitaba soltarlo todo.

–  I don’t need excuses nor apologies. You told me you thought about me more as a friend than as anything else and you didn’t behave like one. Once you clear up your mind, let me know. In the meantime, please, stop messing with me. It’s not easy and you know why cause I told you and you said you understood even when I said it in Spanish – susurro mi nombre pero no podía dejarle hablar – talk to you later, Mark. Hope you’re ok. Be safe and merry Christmas.

No podía hablar con él si ni él mismo sabía lo que quería. Tyler tenía razón, estaba perdido y no se encontraba bien, pero no iba a dejar que me liase o me llenase la cabeza de ideas que no iban a ocurrir. Había tomado la decisión hacía muchos años de no dejarme liar por las cosas que podrían o no podrían tener en la cabeza otras personas. Yo tenía muy claro lo que quería. Que se aclarase él, ya fuese amistad, algo más o nada. Y era consciente de mi resentimiento hacia él, pero una cosa no quitaba la otra. Sin embargo, llevaba razón, quizás no tenía que pasar las navidades sola. Quizás debería emplear el dinero ahorrado en ir a España con los míos. Me froté la cara con las manos y me dispuse a buscar vuelos baratos, aunque por esas fechas iba a ser imposible. Había anochecido cuando me empezó a entrar hambre entre tanta fútil búsqueda y recordé que se me había olvidado ir a comprar comida, por lo que solo quedaría pasta y arroz. Me vestí, cogí las llaves y me quedé con la mano en el pomo de la puerta cuando sonó el timbre. No esperaba a nadie, no conocía a nadie por allí y Luci no podía estar de vuelta. Era físicamente imposible. Tan imposible como la persona que estaba plantada en el rellano de mi casa.

– What are you doing here? – le dije al abrir la puerta. No me sonreía, me miraba serio con las manos en los bolsillos del chaquetón. Llevaba las gafas puestas y el pelo bajo un gorro de lana negro.

– Can we talk for a second? – Suspiré, ignorando las ganas de abrazarle que tenía.

– You hopped on the first plane you saw or what?

– Kind of. Were you leaving?

– Yes. I need to buy some stuff. Come with me if you want and tell me whatever you need to say in the meantime.

– I was expecting to talk in a more private place – señalé sobre mi hombro.

– You mean my house? – asintió – I don’t know if that’s a good idea – antes de que replicase, me sinceré – I won’t hold myself back if you try something physical and I don’t think that’s the best for me right now.

– Ok then, I’ll be as quick as I can. I came here because there are things you can’t talk over the phone – hablaba con suavidad, su voz siempre me cautivaba pero hice lo imposible porque esa vez no me afectase tanto – My life right now is a bit of a mess. I am a mess. And I don’t want you to get in that mess cause you’ll be affected by it. You or another person. I’m working the whole day, editing and making videos, I don’t have time for myself so I won’t have it for someone else.

– I told you I don’t need excuses. I just need you to clear your mind, to be honest to what you feel, whatever it is. I don’t want to hit the skids, I just want to have a healthy relationship of any kind with you or not have it at all. And this shilly-shally is anything but healthy.

– I can’t give you an answer to that now, but even when I won’t be around much, Chica would – metió la mano dentro de su chaqueta y sacó un sobre blanco de cartulina que me tendió. Al abrirlo vi que era un billete de avión para dentro de unas horas hacia Los Ángeles – just think about it. You can spend some days with her and maybe having you around helps me to clear my mind.

– Did Tyler tell you to do this? – sonrió suavemente, alzando la comisura de su boca y una ceja.

– I told him I needed some fresh air and he must be waiting for me. I guess I’ll ask him to feed Chica tonight. I’ll be back late – suspiró volviéndose a meter las manos en los bolsillos – anyway, it’s up to you. I’ll be at the airport an hour before that. You can come or stay, but I’d rather travel with you. See you around.

    Nos despedimos levantando una mano. Le vi bajar las escaleras sin saber muy bien qué hacer. Terminé metiéndome en mi casa, dejando el sobre en la mesita del salón y observándolo como si fuese a explotar de un momento a otro. Quería irme con él. Quería ir a su casa, conocer a Chica y estar con ella todas las navidades. Pero no podía estar cerca de él, los sentimientos me sobrecogían, eran abrumadores y sin saber si eran correspondidos se me hacía un tanto cuesta arriba. Cogí el teléfono y sabiendo que me iba a gastar un dineral, llamé a Luci.

– ¿Qué pasa, no puedes vivir sin mí?

– No seas imbécil. Mark ha venido a pedirme que pase con él las navidades.

¡¡Venga ya!! – escuché de fondo un “qué pasa” y a ella contarle lo que yo acababa de decirle.

Por dios, vete con él o me voy yo – dijo su acompañante de fondo, haciendo a Luci reír como una imbécil. La puse al tanto de todos los problemas que me rondaban la cabeza.

Estás complicandote la vida – me dijo, pragmática y simplificando – vete con él. Si hace falta te lo tiras y que pase lo que tenga que pasar. Deja de vivir con miedo chiquilla que ni estás viviendo ni nada.

– Tú no has pasado por lo que yo he pasado. No es tan difícil entender por qué quiero tomarme las cosas con calma y la necesidad de mirar por mí primero.

¡Deja el drama!, mira por ti pero de verdad, vete con él. Si es que estás deseando, deja de hacer el tonto. Y cuelga, que te va a salir la factura más cara que el alquiler del piso. Mira yo tía, me he venido sin saber y al final estoy pasando las vacaciones de mi vida – se alejó el teléfono de la boca porque escuché sus risitas un poco lejanas.

– Estoy acojonada – me levanté cogiendo el billete, camino a mi habitación y buscando el pasaporte – estoy loca perdía.

– Eso espero. Ya hablamos cuando estés en su casa por skype.

– Gracias por ser sincera.

– Anda ya idiota. Pásatelo bien.

6

    Me dio el empujón que necesitaba. Cogí la maleta de encima del armario y guardé lo más básico que pude encontrar pensando que en Los Ángeles hacía más calor que en Vancouver casi con seguridad. La llené todo lo que pude y me senté un segundo a pensar que no se me olvidaba nada importante. Me metí el pasaporte en el bolso con las llaves, el teléfono, el billete de avión y la cartera. En el último momento cogí mi portátil también, metiéndolo en su bolsa. Estaba tan nerviosa que sentía los espasmos musculares apretarme todo el cuerpo. Una ligera náusea me hizo el viaje en taxi hasta el aeropuerto un tanto insufrible. Arrastré mi maleta hasta la puerta de embarque, no pesaba tanto como para facturarla. No quise entrar sin él, y al mirar a mi alrededor no le vi. Era cierto que quedaban casi una hora para que saliera el vuelo pero si no estaba allí, no tenía ni idea de dónde podría estar. La gente iba y venía a mi alrededor, me sudaban las manos, asidas a la maleta, por lo que las cambiaba constantemente. Chasqueé la lengua tantas veces que hasta a mí me comenzaba a molestar. Y casi media hora después me planteaba si esa decisión había sido buena idea cuando le vi venir de la zona de restaurantes tirando a una papelera el envoltorio de un chicle. La sonrisa que se le plantó en la cara al verme mereció la pena la espera.

– Here, avoid clogged ears – me ofreció un chicle – Let’s take a plane, shall we? – Me miraba tan contento que se me pegó el sentimiento, que unido a los nervios me trajo recuerdos vívidos de la primera vez que estuve a su lado.

– I’ve never been to L.A. – le dije una vez conseguimos colocar la maleta en el compartimento superior y nos sentamos. Me cedió el asiento junto a la ventanilla y miraba por ella cuando hablé con él – I hope it’s a bit warmer but not too much. I hate hot weather.

– It is warmer. I think you’ll like it – le miré, su cara casi quedaba a mi altura –  I told Tyler to pick me up at the airport. Tonight I need to do some editing, I have an important delay.

– Don’t worry, people will understand. Just say you were tired.

– Well, I am, but that’s no excuse – me miró los labios tras rascarse la barba. Miré los suyos brevemente pero volví a centrarme en sus ojos, suspirando.

– This is going to be rough – se rió entre dientes.

– It doesn’t have to – murmuró con la voz rasgada. No llevaba ni un cuarto de hora a su lado y la atracción ya se había convertido en algo serio – you didn’t have this problem at the hotel. What has changed?

– Everything – aunque mi mente me gritaba que me estuviera quieta, mis manos se movían por sí solas, acercándose a su pelo. Lo pasé entre mis dedos, volviendome a sorprender por su suavidad – I guess the second night was too much to handle.

You are too much to handle – no me dejó reaccionar, me puso la mano en la mejilla y me besó en los labios, respirando profundamente contra mi piel, dejándome con las manos en el aire – I’m sorry, I told myself a hundred times that I won’t do it but you’re here and I’m here and we both want this – no dejaba de sonreír. Me alejé de él, negando con la cabeza.

– Get away from me, I told you I won’t hold myself. You are walking on thin ice here.

    Quisiera o no quisiera tuvo que alejarse de mí porque comenzó el despegue. Pero una vez en el aire volvieron las miradas, las sonrisas en silencio, el dejar caer el brazo junto al mío sin darme la mano pero rozándola. La situación era un poco ridícula y me desesperaba a la par que me gustaba. Probablemente fue el viaje en avión más largo que jamás hice, intentando hablar de cualquier cosa, escuchándole contarme las ideas que tenía para el canal y lo que había hecho. Su entusiasmo por lo que hacía reemplazó un poco al deseo y sin embargo seguía echandome miraditas, lamiéndose los labios observando los míos. Con tal de alejarme de él, puse la excusa de ir al baño. Me encerré allí dentro, respirando hondo, intentando mentalizarme de que hasta que no aclararse las ideas era un error acercarme pero sintiendo al mismo tiempo cómo el pensamiento de “solo una vez” me invadía y conquistaba a la razón. Abrí la puerta y me sentí de nuevo empujada al interior.

– Mark, no.

– Mark, yes – se rió tontamente, acorralandome en el pequeño cubículo cuando le rodeé intentando escapar. Me arrinconó contra la puerta cerrando el pestillo y se acabó la discusión.

    Sentir su lengua en mi boca fue todo lo que necesité para tirar a la razón avión abajo. Todas las teorías, todo por lo que me estaba comiendo la cabeza desapareció de un plumazo cuando sus manos apretaron mi trasero y mi pecho sintió el suyo. Apartó las preocupaciones de la misma manera que apartó mis bragas de su camino una vez me hubo bajado los pantalones entre risas traviesas. Me aferraba a sus hombros de la misma manera que lo hice a mi convicción de no tocarle minutos antes, apretando los dientes cuando su boca recorrió mi cuello. Fue todo tan rápido que apenas pude razonar. Me dejé estrujar contra la puerta, dejé que me mordiera el labio y que su erección, ya fuera de sus pantalones, estimulara mi clítoris con cada roce. Me sorprendí por la facilidad con la que mi cuerpo aceptó al suyo, le clavé las uñas en el cuello, haciendo lo imposible por no gemir. Él apretaba los labios, cerraba los ojos, juntaba las cejas y apoyaba su frente en la mía.

– I’ve missed you so much – jadeó. Su voz era tan grave que el susurro más leve retumbaba en las paredes. Le puse las manos en la cara, sonriente, besándole de nuevo.

– Shush, shushh – le mandé a callar de manera temblorosa, sintiendo un orgasmo más intenso de lo habitual – what the fuck – jadeé, sin articular palabra, sintiendo la presión de los gemidos en el pecho con cada embestida. Me llegaba hasta el fondo, mi cuerpo le engullía, le aprisionaba, endureciendo su polla de manera deliciosa.

– I’m so close, I, oh shit – me la sacó y se dio la vuelta, masturbándose sobre el retrete, apoyándose en la pared y quejándose entre dientes – too soon, damn!

– I’m gonna kill you – me subí la ropa como pude, entre jadeos, aún sintiendo leves espasmos y el clítoris extremadamente sensible – I hate you.

– No you don’t! – le dejé enjugándose las manos en el lavabo y volví a mi asiento. Cuando se sentó a mi lado me dio con el codo en el brazo – you don’t, right?

– I don’t, but don’t touch me anymore.

    Susurró un “alright” y me besó la mejilla. Una vez calmadas las aguas pudimos charlar mucho mejor sobre sus planes. Le di ideas y las discutimos amplio y tendido, me inspiraba la pasión que le ponía a lo que hacía. Las ganas y la ilusión por hacer cosas nuevas y de camino hacer feliz a los demás. Cuando Tyler me vio a su lado entrecerró los ojos, cogiendo mi maleta para meterla en el coche.

– You see? I was right.

– No you weren’t. Nothing is as clear as you think it is but I told you that if he asked me I would come.

    Me sugirió sentarme en el asiento delantero para que viese bien la ciudad aunque fuese de noche. En realidad lo que de verdad me interesaba estaba al final del viaje. Fuimos discutiendo lo mismo que en el avión pero ahora con Tyler, que también se mostraba entusiasmado por las ideas y los planes. Casi salgo corriendo a la entrada de su casa cuando llegamos, lo único que me retuvo fue el no tener llaves para entrar. Tan pronto abrió, Chica, su labrador blanco, le saltó alrededor en una muestra de felicidad desmesurada. Y tan pronto me vio ella a mí, comenzó a olerme, a saludarme efusivamente. Me senté en el suelo y ella se me tiró encima, haciéndome reír a carcajadas.

Mark no mentía con lo de estar ocupado. Una vez despedimos a Tyler y tras enseñarme la casa que ya conocía por los videos, solté las cosas en su habitación y me dediqué a mimar a esa perra tan cariñosa y adorable. Se sentó en su set de trabajo y comenzó a editar vídeos casi sin levantar la vista de la pantalla. Cuando la barriga me hizo un ruido de ultratumba se rió y me dijo que podía comer lo que quisiese de la cocina, y fue al empezar a cocinar cuando ya no pude despegarme a Chica de encima. Al acabar, me tumbé en su cama con ella, dándole caricias, disfrutando de la compañía tan agradable que era estar con una mascota. No supe exactamente cuándo me quedé dormida, pero la siguiente vez que abrí los ojos la habitación estaba a oscuras, me dolía un poco la cabeza y Mark dormía profundamente a mi lado. No le veía, pero escuchaba su respiración. Al acercarme a él me di cuenta que estaba de espaldas, y acerqué mi nariz hasta su nuca, volviendo a quedarme dormida envuelta en su olor con una sonrisa.

    A la mañana siguiente desperté con unas risitas ahogadas, esas risitas que tan bien conocía y que me hacían sonreír también con el corazón. Al abrir los ojos el dolor de cabeza me atravesó el cráneo de lado a lado, cogiéndome la parte izquierda de la cara. Me quejé y me reí al ver a Chica apoyada en la almohada, mirándome desde donde tendría que estar Mark. Al reirme suavemente se lanzó a lamerme la cara. Localicé las risas de Mark, estaba a los pies de la cama, de rodillas en el suelo y con la cabeza apoyada en un brazo, riéndose.

-I went to the bathroom and she took my place – me explicó.

– Now, that’s the best good morning ever – le dije más a la perra que a él.

– Ready to get up?

– More like ready for drugs – me senté en la cama, riéndome al ver que abría mucho los ojos. Me llevé un dedo a la sien – headache.

– Oh my God, yes, ok, I have that, wait a sec – sus pisotones retumbaban por la escalera y le escuche vocear – you scared me for a moment! – me trajo una botellita de agua y la pastilla.

– Thanks, I hope it’s not a cold…

– Please don’t, I’m leaving in a few hours and I’d feel terrible if you spend the night alone and sick – tuvo que ver mi leve gesto decepcionado al oír que se marchaba.

– I guess you go to Cincinnati with your mum and brother for Christmas.

– Yeah, we arranged it that way back ago. But will you be ok?

– As long as I can take a long hot bath, yes, I will – me sonrió con una de esas sonrisas que me calentaban por dentro.

Mientras desayunaba le vi dar vueltas guardando esto y aquello. Estaba tan atareado que no quise interrumpirle y además, observarle siempre había sido uno de mis mayores entretenimientos. Cogí ropa limpia y mientras llenaba la bañera fue a darle un paseo a Chica. Me relajé muchísimo, era una bañera grande, cabía entera sin problemas. Y me debatía entre ceder o no al sueño cuando tres golpecitos en la puerta me hicieron dar un respingo.

-Can I come in? – me puse derecha, intentando ser sexy.

– Sure! – tan pronto abrió la puerta y me vio en la bañera, desvió la mirada – Mark, you’ve seen it all already.

– Well, yeah but… – guardó unas cuantas cosas de los cajones – it’s weird, I’m not used to see naked woman around my house!

– Yeah, sure – me reí. Su sonrisilla y su silencio delató su mentira – when will you come back?

– Tomorrow night – me miró, a la cara principalmente, lo que me sorprendió – I’ll bring you some turkey.

– Uh, thanks – asintió, rebuscando en los cajones.

Lo que de verdad quería era que se volviese loco. Que dejase de buscar lo que fuese que estaba buscando y metiese uno de esos brazotes en la bañera, que su mano desapareciese entre mis muslos, que su boca desesperase a la mía en besos lentos y desquiciantes. Aparté la mirada de su perfil, llevándola a mis rodillas desnudas, suspirando acalorada

– Hey, do not faint – volvió su vista hacia mí, creyéndome sofocada por otro motivo que no fuese mi despierta imaginación – are you feeling fine?

– I think I’m going out, just to be safe. Hand me that towel – me dio la toalla doblada sobre la encimera y volvió a apartar la mirada. Sin embargo, cuando me levanté, miró mi cuerpo de reojo – when do you leave?

– In an hour, I must rush if I want to take the plane on time. It’s a four hour flight.

– Too many planes in a short time – me enrollé la toalla alrededor del cuerpo, tiré del tapón y me escurrí el pelo antes de salir a la alfombra de baño.

Aunque quería, no podía evitar mirarle. Sacó una caja del fondo del mueble que parecía ser unas planchas del pelo con una expresión de alivio. Se puso en pie y me miró de frente. De arriba abajo. Crucé los dedos internamente por que me tocase de una vez.

– My mum will kill me if I don’t take this to her. She forgot it last time she came – me senté en el retrete, cogiendo las bragas y subiéndolas por las piernas aún con la toalla puesta alrededor del cuerpo – ok, bye, you’re too sexy and I’m in a rush.

– What? – me hizo un gesto negativo con la mano al salir del baño apresuradamente, entre risitas estúpidas.

    Me vestí y saqué mi portátil, sentándome en el salón con Chica a mi lado. Al poco tiempo, Mark bajó con una mochila, despeinado y acelerado. Miraba a su alrededor, suponía yo que repasando que no se dejase nada.

– Ok, I’ll be back soon. There are lots of food in the fridge but I let some money at the computer desk if you want to order something. Do you feel healthy enough to walk Chica after lunch and tonight? – I nodded – great. I’m expecting a package to arrive, it will need a signature, do it. You can use the consoles, the computer or whatever you want.

– I won’t touch it, it’s your working tool and I’ll die before breaking it. NOPE, thanks, but I have mine.

– Whatever. I gotta go. The keys are on the table beside the door – Se acercó a mí, me abrazó, me hundí un poco en su pecho oliéndole, le besé la mejilla, me miró, le sonreí, me sonrió despacio y cuando creía que iba a besarme, la que se llevó el beso fue Chica.

    Le despedí con la mano y me quede chafada en el sofá. Desde luego había una gran diferencia de vivir las fiestas sola a vivirlas en su casa con la compañía de su perra, pero habría sido mejor con él a mi lado dándome calorcito. Suspiré, acariciando la cabeza de Chica, ahora en mi regazo. Y la verdad es que en su casa hice más o menos lo que haría en la mía con la diferencia de que comí y cené bastante mejor y que tuve que pasear a la perra dos veces. Por la noche, Luci me llamó por skype antes de cenar.

Me alegra verte en una casa que no es la nuestra – fue lo primero que me dijo después de los “me escuchas” obligatorios.

– Y en buena compañía – giré el portátil para enseñarle la que no se despegaba de mi lado.

¿Dónde está Mark? – la vi fruncir el ceño. Intenté que no se notase mi fastidio.

– Cenando con su familia, como es lógico.

¿Te ha dejado sola? – por detrás de ella apareció una cabeza castaña despeinada. No pasé por alto que estaban aún en la cama. Si eran las once de la noche aquí, allí debían ser las siete de la mañana.

¿Por qué te ha dejado sola? – dijo con voz de dormido. Luci sonrió como una idiota, revolviendole el pelo y besándole la mejilla. Tras apartar sus rizos, él apoyó la barbilla en su hombro, rodeándole la cintura con un brazo.

– Porque como casi todo el mundo celebra la navidad con su familia, y eso es en Cincinnati, a cuatro horas de vuelo de aquí – me sone la nariz, me costaba hablar un poco.

Y encima estás mala, killa, no sé, no debería de haberte dejado sola.

– No me iba a ir a cenar con su familia, ni de coña. No pasa nada, estoy bien. Lo que tú tienes que hacer es comprarme un traje así pin-up en Picadilly, un traje rojo de lunares blancos.

¿Cuánto dinero te crees que traigo?

– Luego te lo devuelvo, asquerosa.

Ya te lo compro yo, qué asco de amiga tienes – Luci se volvió con un estruendoso “oyeeeee” haciéndole reír. Daba gusto verlos. No tenía ni idea de si la relación iba a durar o si era algo momentáneo pero se les veía muy bien juntos – ¿Cómo es en la intimidad?

– Un tío normal, aunque no he estado mucho con él porque al llegar se puso a editar vídeos hasta que me quedé dormida y esta mañana ha estado haciendo la maleta.

¿No habéis hecho nada? Venga ya tía… – Luci parecía más fastidiada que yo.

– En su casa no… – mi sonrisita desencadenó una serie de risitas estúpidas.

Bueno, yo me voy a la ducha. Esperemos que vuelva pronto – me despedí del muchacho y tan pronto cerró la puerta del baño Luci me pidió que le relatara qué había pasado.

    Después de un montón de risas, de que ella me contase lo espectacular que fue la noche anterior entre susurros y con las ganas que se cogieron, me despedí de ella. Se iban a grabar vlogs por la ciudad y ella era la encargada de usar la cámara. Aprovechando que Mark tenía netflix contratado me puse a ver series tumbada en el sofá, con un chocolate caliente en las manos y con la perra profundamente dormida a mi lado. Y antes siquiera de darme cuenta me había quedado dormida yo también. Casi me muero del susto cuando, horas después, una figura oscura apagaba la televisión y dejaba algo grande a un lado para volverse hacia mí. Estiré la mano hasta la lamparita y me llevé una mano al pecho al ver a Mark ahí plantado con un aspecto de lo más agotado.

– What the hell are you doing here? – le pregunté refregándome los ojos – what time is it? – los números 4:17 se iluminaban en mi teléfono.

– It just… – se sentó a mi lado, tapándose con la manta – it didn’t feel right. I was back there, all warm and cozy with my family, big dinner and stuff, but I kept thinking about you here, sick and alone. I just needed to come back.

– You’re an idiot – en el fondo estaba más que encantada con lo que me contaba. Me sentí tremendamente agradecida – but you must be so tired.

– Exhausted. I hate airports so much – se tumbó en el amplio sofá. Había tirado de él convirtiéndolo en una cama enorme. Después tiró de mí, tumbándome en su pecho – how are you feeling.

–  I have a runny nose, not much but enough to be annoying. Other than that, I’m perfect. Well, sleepy but perfect.

– Yeah, I’m starting to think you are…

– What? – quería mirarsus ojos pero me gustaba tantísimo tener la cara apretada a su pecho y sentir su voz retumbar que no me moví de como estaba.

– You must be. I feel weird about you.

– I don’t know how to take that – me reí suavemente.

– In a good way! And I swear, I don’t know why Tyler want you that bad to be in my life.

– He said lots of crazy stuff and he’s convinced that he’s right. He’s an impulsive idiot, right? – se rió, me reí. Me mordí el labio al ver su brazo flexionarse cuando lo pasó por mi espalda.

– He is. I guess he has the guts I don’t. What did he tell you when he went to Canada?

– I won’t tell that, I can’t, I’m sorry – chasqueó la lengua – Mark, that was a lot of stupid guessings from his about you. That was all.

– The thing is… Tyler actually knows me better than I know myself. He’s accurate to the point of being scary – se rió de nuevo suavemente. Escondí un suspiro, apretando los ojos y su camiseta entre mis dedos – I wouldn’t stand up my family for no one unless it’s an important person. So I guess you must be.

– I can’t live by guessings, Mark – hablar de ese tema en voz alta me estaba costando más de lo que pensaba – I actually have a huge, no, the biggest crush on you. Probably it’s more than that cause the pain I felt when I said goodbye to you at the hotel was serious shit – sus manos me apretaron a él. Sentí su respiración sobre mi flequillo, su boca en mi frente – I can’t ask you to feel anything, you either do or don’t. I just want you to get it together and when you do, tell me.

– I don’t know what I feel, but I feel something.

– It can be desire, right? Make sure you don’t confuse love with lust.

– No, I know lust, and there’s a lot of that between us. But I feel more. Don’t know what exactly, I don’t want to label a feeling – me giré, mirándole en el sofá.

– Mark, I love you, ok? – me perdí en sus ojos rasgados, se me fue el hilo de lo que iba a decir, simplemente abría la boca, me encogía de hombros, le acariciaba la barba y repetí lo mismo – I love you. That’s not label, it’s a fact. And if you can’t say the same, I don’t know… – le aparté la mirada, sintiendo que quería besarle y llorar al mismo tiempo – this is too much for me. You show up all of the sudden saying cute stuff, being cute, being good to me and then you tell me you don’t know what you feel.

– You’re just so sure of your feelings it’s overwhelming – susurraba. Apenas le escuchaba hablar.

– So it is what I feel. I can’t cope with it. I can’t cope with this uncertainty of yours either. Why are you so scared?

– Cause I can’t be there, and maybe you get tired. Maybe you see that my life is youtube, that I spend most of my time recording, editing, or planning what to do next. Maybe you realize that I don’t have that much time to be around and that I’ll be tired most of the time. Maybe the fact of me being popular among women it’s too much for you. And maybe you go cause you can’t keep with it and it’ll be painful and ugly.

– And maybe you’re an idiot as Tyler is and instead of talking to me about all of this you just live according to what your imagination tells you to be truthLe miré de nuevo a los ojos – maybe I don’t care about that stuff cause I already know and all that I want is to be with you at the end of the day and at first hour in the morning. Maybe I want to be by your side when things get complicated and when you’re so happy you could die. Maybe I want to give you ideas for the channel as the fan that I am, maybe I’d die to live this with you even if you don’t have as much time for us as I’d wanted. But you didn’t ask me, did you?

    Negó con la cabeza y sonrió suavemente. Sus manos subieron por mi espalda, parándose en mis mejillas, besándome como la primera vez que nos besamos pero con un sentimiento bien diferente. Clavé mis dedos en sus hombros, devolviéndole el beso con tantas ganas que sentía el pecho a punto de explotar. Sus manos pronto pasaron a perderse bajo la larga camiseta que hacía las veces de pijama, rozando mi espalda desnuda con las yemas de sus dedos, despertando mi piel, mis sentidos, mi deseo. Hundí las mías bajo la suya, sintiendo el relieve de su cuerpo, su dureza, su pecho y hombros amplios. Nuestras camisetas volaron cuando nos sentamos en el sofá, yo sobre él, rodeando su cintura con mis piernas sin dejar de besarle. Su boca lo era todo en esos instantes, sus labios apretando los míos, su lengua doblegándome, los pellizcos de sus suaves mordiscos. Posó sus manos en mis caderas, las apretó y acarició acompañando el suave recorrido que hacían sobre su entrepierna, despertando a la pasión. Lamenté que su boca se distanciase de la mía, pero me desbaraté al sentir que recorría mi cuello, mis clavículas, la parte superior de mis pechos. Apartó sus manos brevemente de mis caderas para desabrocharme el sujetador, volviendo a su posición inicial una vez me tuvo desnuda de cintura para arriba. Mis manos se distraían con facilidad de sus hombros a su pelo, de su pelo a su espalda, de su espalda a su pecho y de ahí a su mejilla, obligándole a besar mis labios, tumbandole en el sofá y abriendo su cremallera, el botón de su pantalón, bajándo sus calzoncillos, acariciando su erección.

    Sus gemidos graves. Nada me excitaba más que esos gemidos que nunca retenía. Se la acariciaba, frotando su fina piel contra su piel en una caricia delirante, sintiendo mis muslos humedecerse conforme mi cuerpo se preparaba para él. Susurró un sucio y febril “suck it” en mi boca, que bajó por su pecho, hambrienta, devorándole con sosiego, meticulosamente, disfrutando de su placer. Le escuchaba jadear más arriba, susurrar, gemir al pasar mi lengua de manera certera sobre su piel, rodeándole con mis labios, oprimiéndole sutilmente con mis dedos. La observé, tan húmeda y enrojecida que no quise esperar más. Cambié la adherencia de la tela de mis bragas a mis labios menores por el roce de su glande. Me pidió que esperase, algo tenía en mente que no le dejé cumplir. Me abrió de manera deliciosa. Cerró los ojos en un gesto de complaciencia, de gozo desmesurado al sentirle resbalar hacia mi interior.  Me mordí el labio y, tumbándome en su pecho, le pedí que me abrazase. Rodeada por él, por su calor y su olor, mis caderas no le daban tregua, matándole suavemente, muriendo yo misma al rozar mi clítoris con su pelvis. Me agarró del pelo y besó mis gemidos, mordió mis jadeos, uniéndose a mis lamentos, apretándo mi trasero con fuerza cuando comencé a temblar en sus brazos. En lugar de ser su pelvis la que me estimulaba, ahora eran sus dedos, sometiéndome al placer, provocando que me retorciese entre agudas quejas por todo lo que estaba sintiendo. Tomó mi posición dominante, me tomó a mí, me poseyó apoyando mi espalda en el sofá, tirando de mis caderas de rodillas en este, apretándome un pezón y mi clítoris con su pulgar al tiempo que irrumpía en mi interior con violencia, con urgencia, con tantas ansias que apenas mantenía el equilibrio, desplomándose sobre mí, dándose por vencido cuando los espasmos involuntarios de una incesante e intensa cadena de orgasmos le comprimieron en mi interior, provocando y acelerando el suyo. No pensamos, no razonamos, solo sentimos y nos dejamos llevar y ambos sabíamos que era una locura, pero también que lo necesitabamos, que necesitábamos sentirlo al menos una vez piel con piel sin nada de por medio. Él se vaciaba conforme a mí me llenaba, y la sensación de sentirle disolverse en mis brazos, de cómo se derretía intentando besarme, intentando mirarme a los ojos aunque el placer le obligase a cerrarlos, fue algo que jamás había vivido. Algo que deseé con intensidad volver a vivir justo cuando estaba acabando. Me besó. Me besó tantas veces que me sentí mareada. Quizás era el resfriado, quizás que él actuaba como una droga en mi organismo. De repente necesité escuchar su risa. Le miré a los ojos, sonreí, me devolvió el gesto y le acaricié el pelo, empezando a reírme.

– Ho, ho, ho! Merry Christmas to you! – Más que nada en esa noche, sus carcajadas llenaron mi corazón, me iluminaron, me enseñaron el camino. Y fue en su sonrisa donde vi lo que no necesité que dijera con palabras.

EPILOGO

– You should hear Lucy’s voice, it’s gone – le dije a Mark tan pronto le colgué el teléfono a mi amiga. Me subí un poco más la cremallera de la chaqueta – she said that happy new year to you too.

– Are you sure she’s ok about you moving here? – asentí.

– I think she’ll be back to Spain soon. Huge interest to live in Madrid now that things changed for her too.

– I hope you warned your landlord beforehand…

– Yeah, we will – juntó las cejas y murmuró un what negando con la cabeza.

– You are already here and she’s already there! – llamó al timbre de la casa de Tyler.

– No, she’s in London, not in Spain. She has to go back for her stuff and so do I.

    Su amigo nos recibió con alegría. No pasaba día desde navidad sin que me restregase por la cara que llevaba razón desde el principio. Me había integrado sorprendentemente bien y sorprendentemente rápido en su vida. Me incluía en su trabajo, pidiéndome ayuda y que participase cuando salía a grabar al aire libre con más gente. Me prometió ayudarme a buscar trabajo de lo mío, que ya era más donde  lo que tenía en Canadá. Y sobre todo me divertía como nunca en mi vida. Nos perdimos la cuenta atrás de año nuevo por estar diciendo tonterías y pamplinas, muertos de risa. Sin embargo, al darnos cuenta, nos besamos con retraso, aún entre risas. No quería dejar de besar sonrisas y parecía que a su lado, esa era mi tarea principal.

 

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Puntos de Vista

Bueno, pues tras una pausa creativa en la que me he quedado sin portatil, por fin vuelvo a las andadas. En esta historia tenemos a cuatro protagonistas que al principio de la noche no se conocen de nada. Cuatro personas en apariencia diferentes que quizás no lo son tanto. Personas con prejuicios e ideas preconcebidas que van a descubrir qué hay más allá de lo que suponemos sin conocer. Y así los imagino.

1

PRIMERO

2

SEGUNDO

3

TERCERO

4

CUARTO

Espero que os guste 😉

____________________________________________________________________________________________

Primero

– O paras de suspirar o me largo.

                Una mueca cansada se dibujó en mi cara al escuchar el ultimátum de mi amigo. Me miraba con un brazo apoyado en la barra del bar, las cejas levantadas y un meneo de cabeza reprobatorio. Mi actitud no era la mejor esa noche, la verdad.

– Yo que sé tío, estoy cansado.

– Vale que estés cansado, pero para una vez que nos vemos… ¡Que sales a la calle para otra cosa que no sea trabajo! Desconecta, joder.

– No estoy cansado de trabajar, estoy cansado de siempre lo mismo – Le observé fruncir el ceño – de siempre las mismas.

– Coño con el inconformista. Tío, pues cambia la dinámica, no vayas detrás del mismo tipo de mujer que así te luce el pelo – Me encogí de hombros, escuchándole resoplar con exasperación. Le entendía, ni yo me aguantaba ese día.

– Pero es que lo que me gusta es lo que me gusta. No me voy a fijar en otra porque no me llaman la atención.

– No, una mierda. No te has fijado en otra porque no te paras a mirarlas. A ver, hasta ahora en tu lista todas han sido bien delgaditas, con billetes y más tontas que una caída de espaldas. Céntrate en lo contrario, una tía menos “perfecta” – Encogió los dedos índice y anular al mencionar esa palabra, nunca coincidíamos con las mujeres – y más persona normal.

– Dirás más como te gustan a ti.

– Sí, más como me gustan a mí. Más cañeras, con menos tonterías y las cosas claras. Tú lo que necesitas es una tía que te folle y no al revés – Me reí suavemente ante lo seguro que estaba de lo que decía, y es que no era ninguna locura – Mira alrededor, ¿Cuál te llama la atención?

                Me giré en el taburete, observando los grupos de chicas esparcidas aquí y allí. No se me pasó por alto que otros hombres hacían lo mismo, observando, dudando sobre si acercarse o no. Cuando una chica te llama la atención, acercarse a ella es especialmente difícil si va rodeada de un grupo de amigas. Siempre he esperado a que nos presenten, rara vez me he presentado yo. En fin, para eso tenía a mi colega que era el poca vergüenza de los dos. Yo era la cara bonita, o eso decían. Una de las chicas me pareció que destacaba del resto, teñida de rubio, con una sonrisa angelical y una falda que dejaba ver sus largas piernas.

– Esa de allí, la rubia.

– Como siempre, la rubia de porcelana. Aburres una barbaridad muchacho.

– Me has preguntado, te contesto.

– Abre tu mente, intenta buscar la que nunca te llamaría la atención.

– ¡No voy a hablar con una mujer que no me guste!

– Cállate y hazme caso. Yo ya la tengo ubicada.

                Arriesgándome a enfadarle, suspiré una vez más. Volví a mirar a mi alrededor, observando a las chicas que bajo mi punto de vista eran feas. No sentía deseo alguno de hablar con ninguna de ellas, no quería y no iba a hacerlo.

– Esto es una gilipollez…

– Vale – Bajó el tono de voz – Mira a tu derecha. Es que me juego contigo lo que quieras que ni la has visto teniéndola como la tienes justo al lado.

                Una pareja estaba sentada en la esquina de la barra y justo a mi lado, junto a ellos, una chica le daba vueltas a los hielos de su vaso vacío con aspecto apático mientras la pareja charlaba animada intentando incluirla en la conversación. No me había llamado la atención porque era la chica más normal del mundo, no tenía nada destacable. De hecho parecía aburrida de estar allí, tanto o más que yo.

– Ya me dirás qué tiene de especial – Susurré mirando a mi amigo.

– Ahora mismo es tu versión en tía. Con más rizos y más morena, pero tú.

– Sí, y probablemente pese más que yo también.

– ¡Menuda locura hablar con una mujer de más de 47 kilos! – Le llamé la atención con la mirada para que bajase el tono.

– Tiene que rondar los 70…

– No seas hijo de puta, lo que tiene son curvas, algo que desconoces pero que es tremendamente placentero al tacto – El tío no le quitaba la vista de encima, mirándola sobre mi hombro –  Hazme caso que sé lo que digo. Si no fuese porque te veo necesitado ya habría intentado hablar con ella.

                Era tan diferente de lo que me gustaba que me provocaba rechazo. No era fea pero tampoco era guapa. Era una de estas personas corrientes, con una cara corriente de la que no te acuerdas al día siguiente. Su pelo y sus ojos eran castaños, su cara era redonda, como su boca y la punta de su nariz. No había que tener muchas luces para darse cuenta de que tenía un problema de sobrepeso que no llegaba a ser preocupante pero ahí estaba. No llevaba maquillaje, no iba a la moda, no era mi tipo.

Yo que sé, te cambio el sitio si tanto te atrae.

– Mira que eres complicadito. Dale conversación. A ver qué pasa.

                Nada seguro de lo que estaba haciendo, giré la cara hacia ella, consciente de que mi amigo se hacía el loco. Al verla jugar a rebotar frutos secos para ver si podía meterlos en el vaso con los saltitos me reí. Al escucharme me miró, frunciendo el ceño y malinterpretándome.

– ¿Qué quieres? – Preguntó al ver que no abría la boca pero tampoco dejaba de mirarla.

– Pareces más entretenida que yo.

– Ya. Sí. Me lo estoy pasando bomba – Alzó las cejas y se sacudió los dedos de mijitas mirando hacia otro lado. Si además de no atraerme iba a ser así de borde tenía casi la total certeza de que no iba a funcionar. Y sin embargo me levanté, sentándome un taburete más cerca de ella – ¿Qué haces?

– ¿Puedo quitarte cacahuetes? – Tiré del bol y me metí un puñado en la boca. A más le sonreía, más hosca era su expresión. De ser otra tía me habría devuelto el gesto.

– Todos para ti – Le dio unos sorbitos a su coca cola. Le ofrecí la mano.

– Steve, encantado – Me ofreció la suya, dubitativa. Su piel era bastante oscura, probablemente estaba mezclada. O era latina.

– Dalisha – Tuve que esconder la risa porque sonaba a nombre de tipa chunga de Detroit. Miró sobre mi hombro y se le abrieron los labios. Me giré y vi a mi colega llevándose un hielo a la boca y dándole un mordisco.

– Menuda puta grima que me da cuando hace eso – Me reí y ella despegó los ojos de él.

– ¿Es tu amigo? – Asentí – ¿Y qué haces hablando conmigo si vienes con él?

– No sé, ¿por qué no?

– Porque se va a aburrir, está aburrido… – Apretó los labios y miró la barra alzando las cejas y adelantando el mentón – Estaba aburrido.

                Al mirar atrás le vi charlar con mi muñeca de porcelana. Se le había acercado al hijo de la gran puta y yo estaba perdiendo el tiempo con la lacia que tenía al lado. Me tuvo que ver la molestia en la cara porque se rio brevemente, irritada.

– Si me disculpas, voy a que me dé el aire – Se bajó del taburete de un salto, era muy bajita. Hice de tripas corazón y siguiendo el consejo de mi amigo, la seguí en su escapada.

Segundo 

Me quería ir de allí. Mi amiguita ya tenía la noche más que planteada cuando el armario empotrado se le acercó con media sonrisilla. Sabía que iba a pasar eso, sabía que al final me quedaría de lado pero como ese día me había prometido por activa y por pasiva que era una noche para nosotras me lo creí. Y no me enteraba de que no le podía hacer caso. Lo único que quería era irme a mi pisito compartido, meterme en la cama con los gatos y pasar de todo. Estaba absorta en mi mundo, jugando con los frutos secos cuando escuché una risita a mi derecha. Un imbécil de ojos azules, enorme y con aspecto de modelo se estaba riendo de mí. Podría entretenerse con otra cosa y dejarme tranquila.

– ¿Qué quieres? – Se le borró momentáneamente la sonrisa, pero antes de empezar a hablar volvió a ensancharse.

– Pareces más entretenida que yo.

– Ya. Sí. Me lo estoy pasando bomba – Por lo visto tenía ganas de tocar las narices. No supe qué pretendía hablándome, pero si se trataba de una apuesta para hacerme creer que quería algo conmigo no, gracias, ya me lo han hecho antes. Se sentó más cerca de mí – ¿Qué haces?

– ¿Puedo quitarte cacahuetes? – Me quitó el bol, comiéndose los cacahuetes sin dejarme responder y sonriéndome como un estúpido. Me molestaba su presencia.

– Todos para ti – En vez de hacerle un comentario borde, bebí del refresco. Y no desistía, me ofreció la mano.

– Steve, encantado – No entendía ese interés en mi persona. No podía querer hablar conmigo alguien como él. Yo nunca llamaba la atención de hombres como él. Jamás. Por cortesía me presenté yo también.

– Dalisha – Ignoré la gracia que le hizo mi nombre y no por nada, es que tras él vi a otro hombre reclinarse sobre la barra. Llevaba el pelo engominado hacia atrás, los lados rapados y una chaqueta de cuero negra. Le dio un mordisco a un hielo. Parecía aburrido. Me entraron unas ganas horribles de entretenerle aunque estaba tan bueno que era completamente inalcanzable.

– Menuda puta grima que me da cuando hace eso – El rubiales que tenía delante se rio y le mire. No era feo, es que no era nada feo, pero no me atraía tanto como el que tenía justo detrás.

– ¿Es tu amigo? – Asintió – ¿Y qué haces hablando conmigo si vienes con él?

– No sé, ¿por qué no?

– Porque se va a aburrir, está aburrido… – Al volver a mirarle tuve que meterme la lengua en el culo. Una chica de pelo perfecto, ropa perfecta, maquillaje perfecto y peso perfecto le dio dos toquecitos en el hombro. Estaba harta de que las cosas nunca saliesen bien – Estaba aburrido.

                Steve se giró y chasqueó la lengua. Claramente le dio rabia que su amigo se llevase el primer premio de la noche mientras él se tenía que conformar con lo primero a lo que le había hablado. Por si me cabía alguna duda, se volvió con gesto fastidiado. No estaba dispuesta a soportarlo ni un segundo más.

– Si me disculpas, voy a que me dé el aire – Cogí mis cosas y pasando desapercibida para mi amiga, salí a la terraza del pub, situado en el ático de un edificio.

                Y es que para empezar no tendría que haber aceptado la invitación de Shirley de venir a semejante antro de pijos. Chasqueé la lengua una vez estuve apoyada en el alfeizar, casi segura de que me iba a largar de allí y sintiéndome un poco peor conmigo misma que cuando llegué. Miré hacia abajo, hacia mi evidente barriguita marcada bajo mi camiseta. Durante unos instantes la odie. Me odié. Entonces escuché un suspiro a mi lado.

Tercero

– Te están mirando y son muy guapos – Ruth me daba empujones en el hombro. Claro que me miraban, todos me miraban como siempre. Pero la atención de esos dos me gustaba más – ¡Ve a decirles algo!

– ¿Quieres que convenza a uno de ellos para que hable contigo también? – Le pregunté con una sonrisita, viéndola venir. Siempre me usaba para atraer a los tíos, obviamente. Si por ella fuese…

– Estaría bien. Tengo ganas de marchita – Les vi centrar su atención, incomprensiblemente, en una regordeta sentada a su izquierda. Me comía la rabia cuando el rubio se acercó a ella, no daba crédito.

– Ahora mismo vengo…

                Me acerqué con determinación a su amigo, que se entretenía con los hielos de su bebida. Le puse una mano en el hombro y le sonreí. Me miró masticando algo que crujía, alzó las cejas, miró hacia su amigo y a mi cara de nuevo.

– ¿Qué puedo hacer por ti? – No miró mi cuerpo ni una vez. Me sentí ligeramente ofendida, si llevaba ese escotazo era por algo. Le ofrecí mi mano y mi mejor sonrisa, juntando mis pechos al hacerlo.

– Soy Kat – Me dio la mano con una expresión que no me dijo nada. Lo que sí me dijo su cara es que necesitaba un afeitado urgente. O eso o dejarse una barba en condiciones, pero no lo que tenía que no había por dónde cogerlo.

– Hank, lo siento pero mi colega está un pelín ocupado – Señaló la espalda del otro tipo – Otro día, quizás… – Le vi seguir a alguien con la mirada, al volverme vi que la rellenita se marchaba. Se le dibujó una sonrisita.

– Increíble – Murmuré, dispuesta a darme la vuelta para volver con mis amigas. Pero me puso la mano en el hombro.

– ¿Qué te pasa?

– Te aburre mi compañía y no estoy para perder el tiempo – Frunció el ceño y se pasó la lengua por los labios.

– ¿Sabes? – Sacó la cartera y dejó unos billetes en la barra – Creo que estaríamos mejor solos, en mi casa por ejemplo, ¿qué te parece? – Sonreí. Me parecía perfecto.

Cuarto

Ese idiota no paraba de mirar alrededor con el pivón que tenía sentado al lado. Y cuando se lo hago ver me dice que está gorda… ¡Gorda! Gorda se me pone lo que yo me sé solo de mirar esos muslos metidos en los pantaloncitos cortos blancos. Menudo culo tenía que tener, ojalá me lo pusiese en la cara. Se giró para hablar con ella como si fuese un martirio y yo no quería ni mirar pero tenía la oreja puesta. Por el tono de la muchacha, muy receptiva no era. Lo que no me esperaba es que se pusiesen a hablar de mí, me sentí tentadísimo de apartar a Steve para ponerme en su sitio. Al sentir unos toquecitos en el hombro me giré, la muñequita de porcelana me sonreía como si fuera la más inocente criatura.

– ¿Qué puedo hacer por ti? – Angelito, no tenía nada que hacer conmigo por más que se estrujase las tetas. No me atraían nada las chicas como ella. Se presentó, escrudiñando mi rostro con una expresión un poco desencantada ahora que me veía de cerca. El sentimiento de rechazo era mutuo, así que supuse que quería hablar con Steve – Hank, lo siento pero mi colega está un pelín ocupado. Otro día, quizás… – Escuché a la chica de Steve disculparse y miré en su dirección. Caminaba con seguridad hacia la terraza. Alcé las cejas y resoplé al ver el culazo que efectivamente esa morenaza tenía. Su piel era tostadita, contrastaba muchísimo con el claro de su ropa pero sobre todo con la mía. Qué ganas de rozarme con ella… Pero era la cita de Steve, que caminó presto tras ella, aunque no sin mirar atrás un par de veces.

– Increíble – Al verla molesta, le paré. Suspire, pensando que lo que le había dicho a Steve también lo podía poner yo en la práctica. A ver qué pasaba. Saqué el dinero para pagar mis bebidas y las de Steve.

 – ¿Sabes? Creo que estaríamos mejor solos, en mi casa por ejemplo, ¿qué te parece? – Me sonrió, alzando una ceja. No era mi tipo pero tampoco era fea y yo tenía ganas de follar. Y por su disposición, ella también.

                Meneó los deditos en dirección a una muchacha que la miró molesta, haciéndole un corte de manga. Me la llevé hasta el coche, en silencio pero agarrándome del brazo como si fuera su tesoro más preciado.

– No te he preguntado, ¿cuántos años tienes?

– Los suficientes para poder irme contigo y que no sea ilegal – Me guiñó el ojo, decidí creer lo que decía y pasarle una mano por su fina cintura.

Primero

– Lo siento – Fue lo primero que dije porque era lo que tenía que decir – No sé ligar, no sé empezar una conversación, eso es cosa de Hunk.

– Quizás lo que tendrías que hacer es irte con esa rubia a la que miras tanto antes de que se la lleve tu amigo.

– Mira, voy a serte sincero, no eras mi primera opción esta noche – Soltó una risita sarcástica, apartándome la mirada y negando con la cabeza – Hunk me convenció de que te hablase y lo intentase contigo, a ver qué pasaba. Y aquí estamos. Siento mucho si te he ofendido en algún momento, no era mi intención – Permaneció en silencio unos segundos, pensando, hasta que suspiró lamiéndose los labios.

– No te preocupes, estoy acostumbrada – No parecía molesta, más bien lo contrario. O me estaba volviendo loco o se mostraba incluso más receptiva. Se giró hacia mí, tirando del cuello de mi camisa con las cejas levantadas – Y la verdad sea dicha, tú tampoco habrías sido mi primera opción. Eres demasiado… – Puso las palmas de las manos hacia arriba mientras me miraba, encogiendo los hombros – ¿Ario? – Sonreí. Me reí suavemente. Le pegué la risa y terminamos riendo juntos – Oye, deberíamos empezar al revés de cómo se empieza siempre.

– ¿A qué te refieres?

– Lo que a ti te pasa es que quieres un polvo con algo nuevo y lo que a mí me pasa es que nunca he estado con un hombre tan blanquito. Yo digo que deberíamos follar y a ver qué ocurre.

– Oh, joder – Me puso nervioso que fuese tan directa, siempre esperaban a que yo diese el primer paso y no supe cómo reaccionar – No soy tan blanco…

– Por favor, si hasta pecas tienes – Me miraba la cara de cerca. No era tan fea. En realidad sus ojos eran bastante bonitos para ser marrones – A mi casa no podemos ir, duermo con una chica en mi habitación.

– No pasa nada, vamos a la mía. Aunque vamos a tener que coger un taxi – Negó con la cabeza y me guiñó el ojo, rebuscando en su bolso.

– Mejor vamos en mi coche – Hizo un gesto con la cabeza en dirección a la puerta. Pasaron unos segundos antes de que reaccionara, estaba impactado con su iniciativa y ese cambio de actitud. Por lo visto el ser sincero era todo lo que tendría que haber hecho desde el principio.

Tercero

El apartamento era oscuro y pequeño, pero no olía a sucio ni lo parecía al menos. Tiró de mi mano hasta una habitación al principio del pasillo situado a la izquierda del salón. No me dio lugar a fijarme en los detalles y es que tampoco me importaban. Íbamos a lo que íbamos. Senté a Hunk en la cama empujándole por los hombros y me remangué la falda para poner el culo sobre sus piernas. Le besé como mejor sabía y me rocé con su entrepierna sintiendo sus manos bajarme las tirantas del traje. No le dejé desvestirme, le tumbé en la cama y bajé por su cuerpo, curiosa por saber lo que me encontraría dentro de esos pantalones. Se apoyó en los brazos para ver bien lo que le hacía. Al sacársela, no la tenía dura del todo, tampoco muy grande, nada impresionante. A pesar de darme una rabia enorme meterme en la boca una polla medio flácida, comencé a lamérsela entre gemiditos sugerentes con los ojos cerrados. Me llevó más tiempo del que pensaba arrancarle un jadeo, y cuando lo hizo le miré para encontrármelo tumbado con un brazo sobre los ojos, agarrándome del pelo y susurrándome que siguiese. Con un suspiro y un tanto aburrida, seguí lamiéndosela. Al salir esa noche me esperaba algo fogoso, no ese follar por follar como estaba siendo. Escuché pasos y risitas por el pasillo y una puerta que se cerraba. Dejó de jadear, le miré y al hacerlo me agarró de los brazos, tirándome de un puñado a la cama.

Sin decir ni media me bajó las bragas y metió su cara entre mis piernas. No estaba lo suficientemente cachonda, por lo que sus lametones me molestaban más que excitaban. Me clavaba los dedos en los muslos, me rozaba con los dientes el monte de venus, estaba incómoda. De la habitación de al lado me llegó un gemido masculino y una risa femenina, les envidié. Hank siguió lamiendo, yo intentando excitarme, y al llevar casi 10 minutos en tan infructuosa tarea subió por mi cuerpo, e intentó besarme.

– ¿Qué haces? Acabas de comérmelo… – Le pregunté asqueada. Me miró sin comprenderme y me sorprendió encontrar molestia en sus ojos – Ponte un condón y fóllame de una vez.

                Suspiró y sacó de su mesilla de noche un condón de una caja. Al ir a ponérselo se dio y me di cuenta de que no estaba lo suficientemente dura. Sin embargo, se lo colocó como pudo. La mala leche que me entró cuando se tumbó sobre mi cuerpo, intentando meterme esa cosa sin gracia alguna, esfumó las pocas ganas que me quedaban de follármelo. Y sin embargo lo consiguió, me la metió y comenzó a moverse despacio, besándome el cuello. Sus jadeos me molestaban, su peso me asfixiaba, no sentía nada de placer, solo algo entrar y salir. Me empecé a emocionar un poco al sentir cierto cosquilleo pero, como todo desde que me acerqué a él, acabé decepcionada al notar que se corría. Justo cuando con un resoplido se sentó en la cama y tiró del condón, quitándoselo y tirándolo a la basura, escuchamos una puerta abrirse y un murmullo furioso seguido de un portazo y un “¡Lo siento!”.

– Bueno… – Se puso en pie subiéndose los calzoncillos, ni la camiseta se había quitado – Voy un momento al servicio. Haz lo que quieras, puedes quedarte si te apetece.

– Vale… – Me coloqué bien el traje, sonriéndole sin querer decirle realmente lo que pensaba porque no quería hundirle en la miseria. Cuando salió de la habitación, miré a mí alrededor. Me había follado a lo que parecía ser un friki de categoría.

Cuarto

Al salir de la habitación camino al servicio, vi que la puerta de la habitación de Steve estaba abierta. Me asomé con cautela para encontrármelo tumbado bocarriba con una mano en la frente y aspecto abatido.

– Eh – susurré. Me miró con un sobresalto – ¿Qué te pasa? ¿Qué le ha pasado a la tía que te has traído?

– Me he corrido en su cara – Se me escapó un resoplido que casi era una carcajada. Me acerqué a mi mejor amigo, que intentaba no reírse – Es una jodida experta, al final hasta llevabas razón.

– ¿Te has traído a la mulata? – Asintió con pesadumbre.

– La he dejado a la mitad, se ha metido en el baño y no sale, me muero de la vergüenza, ¡no te rías cabronazo! – Me tuve que cubrir la cara con las manos ante el tremendo desastre que había resultado esa noche – ¿Y tú qué? Estabas hablando con el pibón que me gustaba.

– Ah, ya, eso, sí  – Se me curvaron los labios en disgusto – El puto peor polvo de mi vida. Qué cosa más… forzada tío. Muy poco natural. No había chispa, no había pasión, por más ganas que le hemos puesto, ¿Eh? Así que tranqui, ella tampoco se ha corrido y a mí me ha costado la misma vida. Y encima remilgada…

– Si no te ponía cachondo, ¿para qué lo intentas?

– Por predicar con el ejemplo, yo que sé. Pero eh, de los errores se aprende. Si quieres consolarla, por mí no te cortes – El ruido de la cisterna me hizo alejarme de la habitación a saltitos. No quería que la chica nos viese hablar de ellas a escondidas.

                Salió mirando al suelo, apartándose la melena espesa y rizada de la cara. No llevaba pantalones, solo las bragas y la camiseta. Unas finas estrías blancas se marcaban en sus caderas, bajando por sus muslos. Unos muslos que con una mano no los podía coger. Al volver a mirarla a la cara tuve claro que no pude esconder lo mucho que me atraía esa mujer. La saludé meneando los dedos de la mano, con una sonrisa. Los ojos se le abrieron de par en par y tras echarme una nerviosa y rápida mirada de arriba abajo profirió un débil gemidito.

– ¿¡Qué haces tú aquí?! – Se intentó tapar como pudo – ¡No me mires! – aparté mis ojos al techo.

– Lo siento, es mi casa y necesitaba ir al baño – Pasó por mi lado sin decir nada más y antes de cerrar el baño intenté mirarle el culo. Chasqueé la lengua al solo encontrarme con sus ojos curiosos a través de la puerta encajada, cerrándola de golpe cuando le dediqué un guiño.

                Eché una buena meada lamentándome por haber sido tan gilipollas y no haber dejado a Steve hablar con la muchacha que ahora a ciencia cierta le estaría contando a sus amigas por whatsapp que follaba de pena. No quería dejarla a medias, no quería dejarla así, por lo que fui a la habitación dispuesto a reconfortarla.

Segundo

Miré a Steve con el corazón a tope por haberme encontrado tan de sopetón con su amigo. No me había dicho nada de que vivían juntos y creía que estábamos solos. Me acerqué a la cama tranquilizándome, sin saber si estar enfadada o no con él.

– Dalisha, lo siento muchísimo – Le miré a los ojos, suspirando profundamente – Eres muy, muy buena en lo que haces.

– Gracias, aunque ahora mismo no me sirve de mucho – Miré su blanca piel negando con la cabeza – Con lo grandote que eres esperaba otra cosa – Me puso la mano en el hombro, intentando tumbarme – ¿Qué haces?

– Déjame compensarte – Le paré agarrándole de la muñeca.

– Déjalo Steve, no importa – Me tumbé boca arriba en la cama, suspirando una vez más. Se tumbó a mi lado – Deberías de haber ligado con la chica que hablaba con tu amigo. Seguro que con ella te habrían salido las cosas de otra manera.

– Puede ser, probablemente, ¿sabes? A mi colega… a Hunk le gustas mucho – Le miré bruscamente, sonreí sin pretenderlo, me puse nerviosa – Y a ti te gusta él, ¿tan mal lo hemos hecho?

– Eso parece – dije entre risas – La verdad es que está buenísimo. Que no es que tú no lo estés, eres muy atractivo – Su sonrisita me dio a entender que eso ya lo sabía – Pero Hunk parece… no sé, más salvaje.

– Porque lo es. Yo soy la parte tranquila de nuestra amistad, y creo que eres demasiado para mí – Me hizo dar una carcajada, eso estaba claro – Oye, es en serio. Estoy acostumbrado a chicas más… pasivas.

– Yo no sé ser eso en la cama. De todas maneras nunca había hecho nada con un tipo como tú – le señalé con la mano los músculos del torso – Ni como Hunk, ya puestos.

– ¿Por qué fuiste tan borde conmigo al principio de la noche?

– Creía que venías a cachondearte de mí. Ya sabes, la costumbre de cuando iba al instituto. Seguro que tú no tuviste problemas durante esos años, señor quarterback del equipo de rugby.

– Ahm… – Se rascó la nariz y se rio avergonzado – Bueno, no, ningún problema. De hecho evitaba que se los diesen a Hunk. No es que fuese un abusón…

– No, no tienes esa actitud. Pero eras popular, eso está claro.

                Nos pasamos horas charlando sobre nuestros pasados, lo que nos gustaba, sobre cómo nos gustaban las personas y llegamos a la conclusión de que algo entre nosotros jamás funcionaría. Sin embargo sí que conectamos, quizás no a un nivel físico pero en cierta manera nos entendíamos. Hablar con él me salía de manera natural y a él parecía pasarle lo mismo. Y según me contó, era la primera vez que le ocurría con una chica. Y con ese nuevo amigo me quedé dormida casi sin darme cuenta muchas horas después.

Primero

                Me despertó el ruido de la puerta del baño no sabía si minutos u horas después de quedarme frito a media conversación. Miré a mi lado y solo vi las greñas de esa muchacha, que dormía de espaldas a mí con una pierna por fuera de la sábana. No me atraía sexualmente, nada, pero me agradaba mucho su compañía. Tanto como me podía agradar la de Hunk. Toda una sorpresa, a decir verdad. Me levanté despacio de la cama para no despertarla y salí al cuarto de baño, extrañándome al escuchar risitas ahogadas en el salón. Eché la meada mañanera y fui al salón. Hunk se mostraba ceñudo y concentrado, apoyado con los codos en las rodillas y solo con los calzoncillos puestos. Mi muñequita tenía puesta su camiseta, aparentemente solo su camiseta, y parecía tan concentrada como él. Jugaban juntos a videojuegos. Ni se dieron cuenta de que los observaba desde el marco de la puerta.

– ¿Habéis desayunado? – Esa preciosidad me clavó la mirada sobresaltada – Buenos días – Al sonreírle me devolvió el gesto de una manera muy coqueta. Me puso nervioso su preciosa sonrisa.

– No, todavía no – Murmuró Hunk de manera distraída. Le dio una patada en el tobillo a la chica – Kim, que no te distraiga el rubio, que nos matan.

– Sí, ahora échame la culpa a mí, no te digo…

                Sin creerme todavía que a ella le gustasen los videojuegos y que además fuese mejor que Hunk, fui a hacer tortitas. Me llegaban sus risas ahogadas, sus quejas, sus protestas y hasta insultos. Al volver al salón, soltando el desayuno en la mesa de café, entró Dalisha por la puerta. Le echó una fugaz mirada a la espalda de Hunk, sonriendo levemente con la comisura de la boca. Sonrisa que se transformó en gesto incómodo al ver a Kim. Me miró y señaló lo que tenía puesto, que resultaba ser una de mis camisetas.

– Te la he quitado, espero que no te importe pero es que con mi camiseta se me veía todo – Ahora fue mi amigo el que casi se parte el cuello al mirar hacia atrás. La cara de golfo que se le puso al darle los buenos días ruborizó a la chica. Kim les miró de reojo aguantando la risa. Me miró y alzo las cejas para luego centrarse en el videojuego.

– No pasa nada – Me apresuré a sentarme en el sillón que quedaba a la izquierda de Kim, para que Dalisha se sentara en el sofá junto a Hunk. Le guiñé un ojo sobre el vaso de zumo de naranja y la vi apretar los labios.

Cuarto

                Se quedó de pie junto a mí, esperando algo. Al mirarla de nuevo vi que apenas tenía hueco en el sofá, por lo que empujé a Kim para que se echase al lado haciéndola reír suavemente. Sentí el codazo de la rubia en las costillas, así que se lo devolví.

– ¿Habéis dormido o estáis así desde anoche? – Nos preguntó Steve.

– Habría dormido más si alguien no hablase en sueños – Le contestó Kim.

– Yo no hablo en sueños – Me quejé. El olor de las tortitas me empezaba a desconcentrar de la partida. Estaba muerto de hambre.

– Y tanto que sí – Steve se reía con Kim – Se pega unas charlas increíbles, y lo mejor es que te contesta si le preguntas – Pausé la partida para servirme una tortita y abarrotarla de chocolate – Se distingue que está dormido porque las pupilas las tiene dilatadas porque por lo demás se muestra tan impresentable como ahora.

– Vete a la mierda, señor enfermero, de impresentable no tengo nada – Escuché a esa mulata reírse y me giré hacia ella.

– ¿Enfermero? – Se inclinó hacia adelante para preguntarle. Al hacerlo rozó su brazo con el mío y me miró fugazmente.

– ¿Algún problema con mi profesión? – Levantó las manos y agachó la cabeza.

– ¡Ninguno! Solo que me sorprende.

– ¿A qué te dedicas tú?… ehm… – La miré haciendo un gesto con la palma de la mano para que me dijese su nombre. Miró mis dedos, me miró la boca, y se rio nerviosa al mirarme a los ojos.

– Dalisha – Se mordió su grueso labio inferior de manera sutil antes de volver a hablar. Me estaba poniendo histérico – Soy arquitecta – Abrí los ojos sorprendido.

– ¿¡En serio?! – Kim la miró limpiándose la nata de la comisura de la boca con la lengua. Steve se movió nervioso al verla hacer eso – Madre mía, tienes que cobrarlo muy bien.

– No te creas, soy la ayudante de momento. Me explotan mucho para lo que me pagan, ¿y vosotros qué hacéis para ganaros la vida?

– Estoy estudiando restauración de interiores – Dijo Kim. Eso tenía mucho más sentido. Me miraron esperando, pero yo solo miré a Dalisha.

– ¿Qué dirías que soy? – Escuché a Steve murmurar “ya se está haciendo el interesante” y a Kim reírle la gracia. Dalisha entrecerró los ojos y por la expresión que puso, apretando los labios, entendí que se calló algo que se le pasó por la cabeza.

– Yo que sé, ¿mecánico?, ¿modelo?

Segundo

                Actor porno fue lo primero que se me pasó por la cabeza pero decidí guardármelo para mi mente perversa. Se rio suavemente, esa mirada oscura me estaba poniendo de lo más tonta. Ahora que le observaba de cerca, aprecié rasgos asiáticos. No entendía por qué esos dos tenían esos cuerpazos y aunque Hunk no era ni la mitad de ancho que Steve, sí era más alto.

– Gracias por lo de modelo, pero solo soy programador informático.

– Un asiático experto en ordenadores, ¡Qué raro! – murmuró la rubia antes de comerse el último trozo de su tortita.

– Tanto como una rubia dedicada a la moda – Le dijo él.

El empujoncito que le dio esa chica perfecta, (me pareció desesperante que estuviese tan guapa recién levantada), desprendía complicidad entre ellos. Me hizo sentir ridículamente desplazada. Y lo que faltaba era que, ni corta ni perezosa, se levantó la camiseta para anudarla justo debajo de sus firmes pechos con un “qué calor” susurrado. Steve alzó los ojos al cielo ante la visión de las bragas rojas de Kim, en un suspiro-resoplido que escondió en una tos. Yo tiré de mi camiseta sutilmente, escondiendo mi barriga y envidiando la tersa piel de esa chica. Estaba segura de que iba al gimnasio. Miré la tortita que me iba a comer con culpabilidad.

– Si habéis acabado de serviros me llevo las cosas a la cocina – Steve se levantó. Kim hizo lo mismo.

– Te acompaño que me muero por un vaso de agua fresquita.

– Pues no sé si tenemos en la nevera… – Cuando se alejaron hacia la cocina entre miraditas, observé que las piernas de esa chica eran perfectas. Suspiré dejando la tortita en la mesa.

– ¿Te encuentras mal? – Hunk había pasado un brazo por encima de mi cabeza, apoyado en el sofá. Intenté no mirar su cuerpo desnudo pero fue en vano. Tras eso no pude mirarle a la cara – Vas a partir la camiseta de Steve con tantos tirones.

– Estoy bien. Creo que voy a ir a cambiarme, esta camiseta no me cubre lo suficiente.

– Cubre más que tus pantalones blancos – Le miré. Me sorprendió que recordase los pantalones que tenía puestos la noche anterior porque no intercambiamos palabra. Eso significaba que me había mirado… ¿No? – Oye, déjame preguntarte una cosa. Dice Kim que ayer me mirabas mucho mientras hablabas con Steve, ¿es verdad?

– Sí, bueno, no todos los días veo a alguien masticando hielo – Se rio suavemente por la nariz. Estaba muy despeinado, me preguntaba por qué estaba tan despeinado.

– ¿Solo por eso? – El estruendo de algo metálico cayendo al suelo en la cocina me hizo dar un respingo y apartar los ojos de su boca, aunque no por mucho tiempo – Esos dos están ocupados.

                Me cogió la barbilla suavemente con el pulgar y el índice, girando mi cara hacia la suya, inclinándose y besándome. Ni una sola cosa de las que me pudo hacer Steve la noche anterior me excitó tantísimo como ese leve apretón de su boca contra la mía. Puse mis manos en su pecho, perdiendo la vergüenza de golpe, sintiendo su calor y deseando más. Me agarró del muslo y tiró de él, abriéndome las piernas y colocándose entre ellas, sonriéndome. Sus labios gruesos, sus ojos llenos de lujuria, su barba desarreglada; una tentación. Sin pensármelo dos veces, me dejé llevar. Le agarré del pelo metiéndole la lengua en la boca y deslicé mis dedos hasta sus calzoncillos. Me acercó las caderas con un ruidito ronco, dejando salir el aire de golpe por la nariz cuando rocé con mis dedos su miembro caliente por debajo de la tela. Mirándome a los ojos, se puso de rodillas en el sofá ante mí, apartando mis bragas a un lado y lamiéndome sin perder el contacto visual. Temblé. Empecé a sudar. A susurrar. A desearle dentro. Le empujé, apartándolo de mí, tumbándolo boca arriba en el sofá. Le bajé los calzoncillos lo justo para sacársela, tiesa, venosa, sin circuncidar al contrario que Steve. Me la metí en la boca despacio, empapándosela con mi saliva. Latía en mi boca, Hunk se agitaba echando la cabeza hacia atrás. Jadeó de manera ronca, me llamó, tiró de mi pelo y me hizo sentarme sobre sus caderas, poniendo una de sus manos en las mías. Me puso su otra mano en la mejilla, tirando de mí hasta quedar boca con boca. No me besaba, me mordía los labios mientras yo guiaba su miembro ridículamente duro entre mis otros labios. Un suave “ohh” se me escapó al tenerle dentro. Él tragó saliva, consciente de lo que se le venía encima.

Tercero

Era enorme. Steve era tan grande y yo tan poca cosa que podría rodearme con esos brazos enormes sin problemas. Tenía que comprobarlo, por lo que solté unas cuantas cosas en el fregadero de la cocina y le hice mirarme de frente.

– ¿Cuánto mides de hombro a hombro? – Posé mis manos en sus pectorales, separándolas hasta poner cada una en sus hombros – Madre mía estás durísimo.

– Eres una verdadera muñequita – Su sonrisa era perfecta. De anuncio. Me rodeó la cintura con sus manos y me sentó en la encimera de la cocina y al hacerlo tiró al suelo la bandeja metálica del horno, colocada junto a mí. Nos reímos juntos – Se me va a partir la espalda si tengo que agacharme hasta tu boquita.

– No te hagas daño, por favor – Nos besamos levemente entre sonrisas, era tan guapo que tenía mi corazón latiendo a toda velocidad.

Steve representaba lo que venía siendo mi tipo desde que iba al instituto, de hecho me recordaba a mi primer novio, solo que una versión mejorada. Y me dedicaba unas miradas y unas caricias que no dejaban lugar a dudas de lo mucho que me deseaba. Me abrazó con fuerza, arrancándome un gemidito al besarme intensamente. Acariciaba mi piel, mi pelo, mis piernas, no dejaba de besarme de una manera dulce que escondía mucha pasión detrás.

– Vamos a tu habitación – Pasaba mis largas uñas por su piel, mirándole a los ojos con deseo.

– Eres perfecta – Me bajó de la encimera y salimos entre risas hacia su habitación.

                Se me abrió la boca al toparme con el espectáculo propio de película porno que nos encontramos en el salón. Dalisha le agarraba las mejillas a Hunk, mirándose ambos a los ojos mientras ella movía sus caderas despacio sobre él. No se besaban, jadeaban el uno en la boca del otro y de vez en cuando se mordían. El deseo que vi en sus miradas no lo encontré con él la noche anterior pero esperaba sentirlo con Steve pronto. Me gustó observarles, quería seguir haciéndolo. Retuve a Steve agarrándole del brazo mientras me llamaba en susurros para que saliese del salón. Pero al darse cuenta de lo mucho que la pareja me llamaba la atención se acercó a mí. Me besó el cuello, metió una de sus anchas manos en mis bragas y comenzó a masturbarme muy despacio, mirándome mientras mi atención se desviaba a la otra pareja. Dalisha se movía despacio y muy bien, había juzgado mal a esa chica que en apariencia me pareció torpe. Cuando bruscamente se dejó caer sobre el cuerpo del asiático, este gimió con fuerza, azotándole el culo y sacándole una sonrisa. Y al escucharla gemir a ella también, fue cuando me empecé a excitar de verdad.

Cuarto

                El latigazo de placer que me recorrió de tobillos a nuca cuando se la metió hasta el fondo casi me hace correrme. Sus caderas eran perfectas, me faltaban manos para apretar ese culo que pegaba contra mis piernas una y otra vez. Quería hacerle más cosas de la que me era físicamente posible al mismo tiempo pero a la vez quería que ella lo hiciese todo. Sentirme dominado. Me encantaban las mujeres como ella pero esta en concreto me dejaba sin aliento. Porque además de marearme con tanta curva, también era preciosa. Y ardiente, quién lo diría al ver esa actitud tímida que mostraba antes.

– Nos observan – Susurró, divertida.

– Me da igual – Jadeé con su lengua entre mis labios. Lo único que me importaba era lo agradablemente húmeda, suave y apretada que estaba.

– Revientame Hunk – Su ruego tembloroso sacó mi lado más bestia.

                Me la quité de encima y la giré en el sofá, de cara a los otros dos que nos observaban. Nos apoyamos de rodillas con los costados contra el respaldo del sofá, y le levanté una pierna, pasando mi otra mano entre su cuerpo y el sofá para acariciar su clítoris. Tan pronto le rozaron las yemas de mis dedos, pareció deshacerse. Lo tenía endurecido, iba a correrse muy pronto. Estaba completamente depilada, por lo que supuse que tenían una visión perfecta de cómo mi polla separó sus gruesos labios mayores, los menores, de cómo empecé a metérsela despacio. Desde mi perspectiva, solo veía sus grandes pechos, sus pezones endurecidos, su cara, con los ojos apretados, la boca abierta, jadeando de placer. Se agarraba al sofá y a mi pelo, temblando, pidiendo más. Fue difícil acompasar la suave caricia de mis dedos con las fuertes embestidas, más teniendo en cuenta que cada vez que me movía sentía el esperma a punto de escaparse de mi cuerpo. No iba a aguantar mucho más.

Tercero

La erección de Hunk no me parecía tan atractiva ayer, aunque estaba claro que a Dalisha le parecía el cielo en la tierra. Esa chica gemía sin contenerse, más cuando él pareció descontrolarse. Los dedos de Steve se deslizaban empapados entre mi carne, y me tuvo que sostener al centrarse en mi clítoris. No podía moverme con su enorme brazo rodeando los míos, me encantaba esa sensación de dominación. Los escuché murmurar entre lamentos, gemidos y jadeos, solo alcancé a escuchar la palabra ‘pastilla’ de los labios de la chica justo antes de que comenzase a temblar descontrolada. Se estaba corriendo y Hunk gimió con fuerza también, solo una vez, aguantando la respiración después mientras le daba cortas embestidas con los dientes apretados. Observé lo que veía de su polla y la vi latir. Se estaba corriendo. Se estaba corriendo dentro de ella y podía verlo. Me puse tan cachonda que me sobrevino el orgasmo de golpe, perdiendo la estabilidad por completo, sintiendo que Steve me llevaba en volandas a otra habitación, a la suya, y me tiraba en la cama abriéndome de piernas por completo.

Me quitó las bragas de un tirón y ni se bajó la ropa interior, se colocó entre mis piernas y agarrándome los muslos contra la cama, me penetró. Tuve que arquear la espalda porque el placer fue delirante. Mis terminaciones nerviosas se encontraban al tope de sensibilidad por lo que cualquier roce o movimiento me suponía un placer extremo. Alcé la vista hacia su rostro, me devoraba con la mirada. Sus ojos azules recorrían cada centímetro de mi piel para volver a centrarse entre mis piernas. No me follaba muy fuerte, pero se movía muy bien, y la tenía tan ancha como el resto de su cuerpo. Tuvo que dejarse caer sobre mí con un gemido ahogado al metérmela hasta los huevos. Estaba tan mojada por la paja que acababa de hacerme que cada embestida era sonora. Volvió a rodear mi cuerpo con sus brazos, dejándome inmóvil, haciendo que sus caderas chocasen con las mías, clavándome en la cama. No podía hacer nada además de gemir, además de correrme entre sus brazos. Pero me soltó y con velocidad y sofocado se puso un condón, sentándose en la cama, cogiéndome de un puñado y situándome sobre él. No me dejó moverme, me agarró de la cintura y siguió follándome como antes pero con la espalda apoyada en la pared. Le clavé las uñas en ese ancho pecho, besé su boca profundamente, corriéndome, derritiéndome, sintiendo que mi cuerpo no daba para más cuando se corrió gimiendo de manera escandalosa. Me apretaba tan fuerte que incluso me dolía, pero es que me encantaba sentirme así, apresada, casi sin aliento. Tan deseada.

Segundo

Acaricié la espalda de Hunk entre risas, tumbada en el sofá con su cuerpo sobre el mío. Me besaba las mejillas y los labios sin parar, susurrando que había sido increíble. Él también comenzó a reírse al escuchar el escándalo procedente del dormitorio de su amigo, parecía que a Kim la estaban matando. Justo después se le unió Steve, en un gemido larguísimo que bien podría haber sido de dolor.

– Se muere – La voz ronca de ese hombre me volvía loca. Él me volvía loca. Besé su redonda y apetecible boca para después observar su rostro.

– ¿De dónde te vienen esos rasgos? – Pasé mis dedos por su desordenado pelo, atontada con su sonrisa.

– Mi padre es tailandés y mi madre china, pero yo nací aquí.

– Para tener padres orientales tu nombre es muy occidental…

– No me llamo Hunk, me llamo Huang pero como para esta gente hablar otro idioma es casi imposible pues se quedó en eso. ¿Y tú? Porque estás mezclada casi seguro.

– Nada especial, mis padres son negros pero mi abuela materna es tan blanca como Steve. Y seguro que hay más mezcla por ahí. Es la primera vez que no estoy con un chico de piel oscura. Bueno, la segunda, porque la medallita se la lleva tu amigo.

– No fue muy satisfactorio, por lo que tengo entendido – Me reí, negando con la cabeza – Sabía que eras demasiado para él.

– ¿Y para ti no? – Me apretó el culo con fuerza, mordiéndose el labio y hablando en mi boca.

– Para mí también, pero sé controlarte mejor de lo que él jamás podría.

– Deberíamos ducharnos, Huang – me reí con ganas – mi padre se entera de que me he follado a un chino y como poco me mira raro.

– No soy chino, imbécil – Me mordió el muslo cuando me levanté – metete en la ducha, voy a ir quitándole la funda al sofá porque menuda hemos liado…

– Oye – Me miró, apartándose el pelo de la cara – espero que esto no se quede en un calentón.

– Ah, por supuesto – se acercó a mí, apartando mis rizos, apretándome la nariz – caliéntame las veces que quieras, sin preguntar, sin avisar. No seré yo el que le diga adiós a este culo – me reí como una estúpida cuando volvió a abrazarme con sus delgados y largos brazos.

– Da asco lo guapo que eres – sentí que me pasaba alguien por detrás mientras Hunk me besaba con tantas ganas que me dobló la espalda. Eché el brazo hacia atrás y agarré una camiseta.

– ¿Qué haces? – Era Kim, la miré con una sonrisa.

– Me voy a duchar yo, luego entras tú.

– ¡¡Visto lo visto os ducháis juntas!! – gritó Steve desde la habitación. La rubia nos miró un poco avergonzada, llevándose la mano a la boca.

– A mí me da lo mismo, la verdad, haz lo que quieras – entré en la habitación de Steve, cogiendo mi ropa y riéndome al verle tan feliz en la cama medio tapado con la sabana. Kim salía de la habitación de Hunk, con su ropa en las manos. Una vez estuvimos dentro y con la puerta cerrada, nos miramos y nos reímos.

– ¿Te esperabas que fuese a pasar algo así alguna vez en tu vida?

– No, ni de coña. Me esperaba tirarme a un rubio con cuerpo de gimnasio pero nada más. Han salido las cosas muchísimo mejor de lo que esperaba.

– Y tanto, no quiero ofender, pero Hunk no me decía nada. El que me gustó desde el principio de la noche fue Steve.

– A mí me pasó lo contrario, te odié un poco, la verdad.

– Pues ya somos dos – abrí los ojos tras quitarme el jabón del pelo y la vi mirándome – Es que no tenemos absolutamente nada que ver. Somos lo opuesto la una de la otra.

– Probablemente por eso nos llevaremos bien.

– Eso espero, porque no tengo intención de alejarme de Steve y por como miras a Hunk, creo que te pasa lo mismo.

                Terminé de enjuagarme y comencé a vestirme. Me pregunté dónde estaba mi amiga pero me di cuenta de que realmente no me importaba. Me reí en voz alta, contenta al escuchar a Hunk reírse con Steve en su habitación. Miré a Kim y ella me miró a mí, nos sonreímos y comenzamos a conocernos.

Primero

Hunk se tiró en mi cama, resoplando, suspirando y riéndose entre dientes. Me dio un golpetazo en la pierna y yo una patada en el muslo.

– Al final con lo de siempre y no te veo quejarte.

– No es lo de siempre, Kim es diferente – me miró esperando explicación – No tengo un motivo claro, solo sé que esa sensación de haberla metido y querer que se vaya ahora mismo no está ocurriendo.

– Es buena chica, y es divertida. Yo que tú no me alejaba mucho de ella. Además, mola eso de que le guste mirar.

– Y a ti te encanta que te miren, no lo niegues – levantó las palmas de las manos y las cejas con media sonrisa – tío, te pusiste de cara a nosotros, fue un poco violento.

– Te importaban tres pares de cojones verme la polla, lo único que querías era toquetearle su chochito de blanquita adinerada y nada más.

– ¿Te has fijado? Tiene los pelos del coño rubios, nunca me los había encontrado así – dio una carcajada – en serio, no me lo esperaba.

– Prefiero los de Dalisha.

– Pero si no tiene…

– Exacto – volvimos a reírnos a carcajadas – es perfecta, es blandita por todas partes, no hay hueco donde no se pueda dar un pellizco.

– La tienes loca, yo no la excité ni la mitad de lo que t—

– No hablemos de ayer por la noche, por favor. Fue una basura para nosotros y sobre todo para ellas. Hablemos de lo que acaba de pasar y lo jodidamente a gusto que estoy con la idea de volver a ver a esta chica mañana. Y pasado.

– ¿Se nos casa el golfo?

– Fue a hablar el que ha encontrado a la chica especial…

                Dalisha entró en la habitación buscando su bolso con el pelo recogido y húmedo, me miró con una sonrisa y miró a Hunk, que se sentó en la cama para arrimarla a su cuerpo. Kim se asomó por la puerta con la melena empapada mojándole la ropa.

– ¿Os vais? – Le pregunté levantándome de la cama. Asintió sonriendo al ver como esos dos se hacían carantoñas.

– ¿Nos veremos pronto? – Me perdí un poco en sus ojos azules antes de responder.

– Eso espero…

                Nos pasamos los teléfonos. La besé en los labios brevemente. No sabía cómo despedirme ni sabía qué pasaría con nosotros. Ni idea de lo que iba buscando al follar conmigo, pero el hecho de que me diese su número de teléfono me pareció muy positivo. Las miré en el rellano de la casa con el corazón contento, con la esperanza de una nueva cita y la amistad de la que ya consideraba novia de mi mejor amigo. Nunca tenía ni idea de en qué pensaban los demás, era duro para interpretar gestos y me costaba entender diferentes puntos de vista. En eso era bueno Hunk. Las despedimos en calzoncillos, Hunk pidiéndole a Dalisha que por favor quedasen al día siguiente y ella riéndose y asintiendo. Yo no me atrevía a ser tan directo, sin embargo, Kim se despidió con un “hasta mañana” justo antes de meterse en el ascensor. Un hasta mañana que me supo a gloria.

 

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Episode 0

Bueeeno, esta historia iba a pertenecer a la sección Una canción, un microrelato” pero es que empecé a escribir y no paré hasta tener más de 40 páginas de word. La canción que me inspiró es el título del relato y está presente durante tooooda la historia. La voz del cantante me llega, me toca algo por dentro que me hace inspirarme de manera exagerada y no puedo parar de escribir como una loca.

Pasando a hablar de los personajes, tenemos a dos principales y un puñado de secundarios. La chica principal la imagino tal que así, adorablemente adorable pero sin las gafas. O con ellas, como queráis.

tachibana

Y el protagonista no es Tomoya, es su amigo Enoshi, que ha ido subiendo escalones de pornosidad hasta tener su propio fic ♥

Que haya recortado a Tomoya de una foto es algo de lo que estar orgulloso, Enoshi san

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Y ahora unís a este muchacho con esto ↓ y… se hace la magia

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No cuento nada de la trama, ya estaba lo suficiente en la miniatura.

Solo tengo una petición que considero importante al menos para el principio del fic:

Al empezar a leer, reproducid esta canción ↓

Espero que os guste ♥

___________________________________________________________________________________________

1

Acababa de entrar en el bar, cuando empezó la canción. Miré a mi alrededor y en una mesa al fondo vi al grupo de hombres enchaquetados y ruidosos de siempre. Probablemente uno de ellos tenía el micrófono. Suspiré pidiendo mi bebida favorita. Apreté los dientes y el vaso que me acababa de servir Yoshi, preguntándome con la mirada qué hacía allí. Los recuerdos me inundaban, y dolían. Le echaba demasiado de menos para hacer solo una semana desde que decidió que verme era demasiado peligroso. En ningún momento tendría que haberme relacionado con alguien como él, pero era trabajo… Al ir a ese bar sabía que iba a encontrar todo esto, y esa canción, al fin y al cabo, era la que siempre cantábamos en el karaoke compartido. Pero no esperaba que fuese tan pronto. De hecho me esperaba cualquier canción menos esa…

El hilo de mis pensamientos se paró bruscamente al escuchar la voz, su voz, y una presión se hizo dueña de mi pecho. Giré mi cabeza hacia la mesa del fondo y entre un par de hombres le vi. El mismo gesto concentrado de siempre al cantar esa canción solo que esta vez era un poco más triste de lo normal. Le miraba y no sabía si acercarme o no. No sabía si estarme quieta o hacerme notar, aunque teniendo en cuenta nuestra última conversación lo mejor era no moverme. Le echaba mucho de menos. Su tacto, su olor, sus ojos en los míos, su voz retumbándome en la espalda al cantar abrazándome sin importarle quién nos pudiese ver. Él era así, sus muestras de cariño eran públicas. Al verme mover los labios, el camarero, un chico nuevo, me ofreció el segundo micrófono. Al fin y al cabo era una canción para dos y no tenía a nadie cantando con él. Dudando mucho, lo cogí. Todavía no había reparado en mi presencia, hasta que empecé a cantar con él las partes de la canción que antes me correspondían. Entonces, micrófono en mano se levantó y miró a su alrededor. Le caían los mechones de pelo negro junto la mejilla, esos que se habían escapado a su gomina. Los que siempre se le escapaban y a mí tanto me gustaban. Al darme cuenta de que los demás del clan estaban atentos a su reacción, aparté la vista. Yo cantaba muy concentrada en el borde de mi vaso, sin mirarle porque me daba miedo su rechazo. Sabía que me había alejado por mi bien pero… No lo pude evitar y miré de nuevo con el corazón latiéndome a toda velocidad en el pecho.

Entonces me vio.

Y cuando sus ojos se encontraron con los míos sentí nervios, alegría, unas ganas inmensas de llorar y de abrazarle con fuerza. Él intentó disimular. Me volví a girar en la silla, planteándome si salir de allí y dejar de cantar, solo que de hacer eso llamaría el doble la atención. Como siguiese apretando el vaso iba a romperlo. No quería dejar de cantar, quizás era la última vez que cantábamos juntos y aunque fuese una situación dolorosa, no quería dejar escapar la oportunidad. Maldije su elección de vida, me maldije a mí por dejarme seducir aquel día. Le quería a mi lado y me daba igual que supiesen que estábamos juntos y que yo era “el enemigo” por así decirlo. No llevaba mi uniforme de camarera en ese momento y había vuelto a mi color de pelo original pero… quizás me habían reconocido. Me iba a volver loca como siguiese así. Iba a llorar de un momento a otro. Me pasé la mano por los ojos con exasperación, limpiándome las solitarias lágrimas que se me hubiesen podido escapar. Escuché a los yakuza quejándose, sillas arrastrándose y movimiento a mi lado, pero no quise mirar. Suspiré con fuerza e intenté esconder un quejido lastimero.

Sentí a alguien a mi espalda y me di la vuelta despacio. Me miraba con expresión afligida sin saber qué hacer, con los labios apretados. No se movía y yo tampoco. Simplemente nos mirábamos echándonos de menos tantísimo que no hacía falta decirlo. Veía en sus ojos el dolor de los míos, en sus puños cerrados la impotencia. Nunca debería de haber aceptado ese trabajo y al mismo tiempo estaba agradecida de haberlo hecho. Los recuerdos que guardaba de él iban a ser eternos, bellos, intensos. Nunca había sentido nada parecido con nadie y que fuese un criminal no lo hacía menos real o especial, solo que mucho más peligroso. Para ambos. Vi en su expresión que me había alejado no porque quisiera. Y al ver que se mordía el labio tragando saliva, hice lo mismo, reteniendo las lágrimas como podía. Iba a aguantar, este último recuerdo iba a ser bonito fuese como fuese.

 Empecé a cantar la que era mi parte favorita, en la que siempre me abrazaba. La canté mirándole a los ojos, intentando sonreír. Su respiración se aceleró, su ceño se frunció más de lo que acostumbraba a estar. Se pasó la mano por el pelo moviéndose inquieto. No quería mirar a sus compañeros. Después de esa advertencia que me hizo y ahora no estaba siendo muy precavido al acercarse de esa manera. Y en cierta manera lo agradecía porque me estaba matando su ausencia. Tenerle delante otra vez después de creer que el adiós fue para siempre era un verdadero regalo. Quería estirar la mano y tocarle pero si lo hacía, se iba a descontrolar. Decía que el contacto con mi piel le volvía loco, por lo que seguí apretando el puño.

Cerró los ojos con fuerza. Acto seguido y tras un profundo suspiro, echó la vista al cielo y su estrofa, mi favorita, la canto con una mano ante los ojos. Su voz era preciosa, siempre me lo había parecido. Increíblemente bonita teniendo en cuenta la voz grave con la que hablaba casi siempre. Su acento yakuza desaparecía al cantar, casi parecía alguien normal. Alguien que a ambos nos gustaría ser pero no éramos. Precisamente por lo opuesto de nuestras vidas y nuestra personalidad era que había tanta química entre los dos. Me mordí el labio y, sin poder contenerme, ajena a todos los problemas que pudiesen traer mis actos, le cogí la mano, cantando con él. Vi en sus ojos el dolor, vi que estaba aguantando las lágrimas con las mismas ganas que yo, y vi más claro que nunca que me echaba de menos tanto como yo a él mientras cantábamos la que desde el principio había sido nuestra canción. El estar rodeado de su gente no fue impedimento para que se acercarse a mí un poco más, solo para cantar el final. Ignoró o se olvidó de las consecuencias tanto como yo. La necesidad de tenernos el uno al otro era mayor. Sentí su mano en la cintura, solté el micrófono y puse las mías en su pecho, sobre la camisa de botones a medio abrochar. Sus tatuajes asomaban sobre el cuello de esta. Sus ojos recorrían mi rostro y los míos estaban clavados en esa boca que tanto placer me había dado. La quería de nuevo sobre la mía, junto a mi oído susurrándome cosas tan dulces justo antes de dormir que jamás se podría pensar que salían de los labios de alguien como él. Qué tonta fui al tener tantos prejuicios, qué tonta de haber perdido tiempo a su lado por miedo a acercarme más antes… Quien me lo iba a mí a decir al principio de esa misión. Quién me iba a decir que la persona que más iba a preocuparse por mí iba a ser alguien como él. Consiguió tirar a la basura todos mis principios con su forma de ser, con su cariño y sobretodo con su pasión. No podía echarle tantísimo de menos, era enfermizo.

Me bajé del taburete y miré hacia arriba, viendo como sonreía ligeramente al darse cuenta de lo bajita que era una vez más. Siempre se metía conmigo por mi altura. Al acabar todas las estrofas pego su frente a la mía, bailando despacio, más bien meciéndose conmigo. Abracé su espalda y sentí las yemas de sus dedos acariciándome suavemente los brazos, poniéndome los vellos de punta y provocándome escalofríos brutales. Cuando le mire de nuevo a los ojos lo único que dijo, con esa voz rasgada y profunda que tanto movía en mi interior, fue lo que necesitaba.

– Quédate conmigo, Rei-chan.

3 Meses Antes

– ¡Buenos días! – dije al llegar a mi puesto de trabajo. Aunque estaba harta de papeleo tenía que tener una buena actitud. Me negaba a vivir amargada.

– Hola – dijo mi compañero – Ni te imaginas el sueño que tengo…

– Eso te pasa por llevarte toda la noche de fiesta con Ugaki-chan – Le dije con guasa, haciéndole sonreír.

– No seas idiota, no hemos estado toda la noche.

– ¡UuuuuUUUUUuu! Pero sí gran parte de ella, ¿no? – me miró de soslayo, con aspecto avergonzado.

– Cállate ya, ruidosa, se va a enterar y se va a enfadar si sabe que hablo de ella contigo.

– Vale, vale. Ya me pongo a lo mío. Espero que todo haya ido bien – En su sonrisa vi que así fue. Miré los papeles que tenía delante y suspiré, echando de menos estar en el terreno y no en la oficina. Mi reino por un cambio de puesto…

– Tachibana-san – La voz de mi superior me sobresaltó. Alcé la vista y le vi allí plantado con su rostro severo de siempre, señalando con la mano hacia la zona de reuniones y su despacho – Acompáñeme.

Asentí, mirando a mi compañero con miedo una vez se dio la vuelta el jefe. Me susurró un “ánimo” y yo le respondí un “gracias”.  Acompañé al jefe hasta su despacho siguiendo su paso ligero, preguntándome qué demonios estaba pasando. No había hecho nada malo, o por lo menos no era consciente de ello. Con una bola de nervios en el estómago entré no en su despacho como yo creía, sino a una sala de reuniones con los mejores investigadores y detectives del departamento. Les saludé educadamente y me senté allí sin entender nada pero descartando la idea de un despido. En una pizarra magnética que quedaba a mi derecha tenían colgada lo que parecía el árbol de una familia criminal. Arriba del todo rezaba el nombre “Kubo”.

– Tachibana-san, le presento a los que a partir de hoy van a ser sus compañeros en una operación totalmente confidencial – dijo mi jefe sin sentarse, señalándome con la mano uno a uno a mis nuevos compañeros – Shinsui Hideaki, jefe de operaciones – era un señor mayor, con más pelo en las cejas que en la cabeza y ni uno negro – Kakinomoto Inejiro, nuestro mejor hombre en lo que a investigación sobre yakuza se refiere – parecía, de primeras, un hombre amable; pero tenía cierta frialdad en sus ojos que no me agradaba – Kawagishi Sayuri y Naito Zeshin, nuestros mejores detectives – A esa mujer me la había encontrado más de una vez por los pasillos y parecía muy amable aunque siempre ocupada, mientras que su compañero siempre parecía estar cansado. Quizás tenía que ver con su elevado índice de grasa corporal, no estaba segura.

– Tachibana Reika, encantada – Me levanté, inclinándome – Me siento muy honrada al estar aquí con personas tan increíbles como ustedes y precisamente por eso no te entiendo a qué se debe mi presencia…

– Todo a su tiempo, siéntese – ordenó mi jefe sentándose también. Asentí y esperé la explicación. Pero no vino de él, fue el señor mayor, Hideaki, el que empezó a hablar.

– Llevamos unos meses estudiando intervenir en las actividades ilegales del Kubo Gumi aquí en Yokosuka – era lo que me esperaba, yakuza. No me gustaba nada de nada – Seguimos sus movimientos y estamos al tanto de todo lo que manejan en la ciudad, que por supuesto no es nada bueno. Sin embargo, hasta la fecha nos ha sido imposible pillarlos con las manos en la masa, por lo que no hemos podido ejecutar ninguna detención.

– Se esconden muy bien – añadió Zeshin san con la vista fija en las fotos del tablón, seguido de una respiración pesada.

– Como puede ver, conocemos incluso la estructura interna del clan. Lo único que nos falta es información desde dentro, y aquí entra usted.

– ¿Yo? – Me asusté. No podían meterme de infiltrada en un clan yakuza, primero porque no tenía los conocimientos suficientes para lidiar con ellos, segundo porque me aterraban y tercero pero no menos importante, era una mujer.

– Sí. En el departamento no pasa desapercibido tu don de gentes y tu facilidad a la hora de agradar a los demás – Sayuri intervino, el tono de su voz era seguro. Quise sentirme la mitad de confiada que ella – De eso carecemos prácticamente todos los investigadores. A todos se nos ve la palabra policía escrita en la frente pero sin embargo tú podrías pasar por un civil sin problemas.

– No sé cómo tomarme eso – murmuré, por lo que ella rio suavemente.

– Ahora mismo es más un halago que otra cosa. Sé que debes sentirte intimidada ante la idea de mezclarte con yakuza pero no te vamos a pedir imposibles. Simplemente queremos que te acerques a los miembros más rasos del clan y vayas integrándote poco a poco hasta tener contacto con algún miembro importante. Al ser tan bonita probablemente no tengas problemas – Me asusté incluso más tras ese comentario. Me indigné. No tenía ni idea de sus intenciones y no sabía si quería conocerlas.

– La idea principal fue abastecerte con un falso Host Club en el que fueses la benefactora, pero están demasiado bien organizados – dijo Hideaki – Investigarían y se darían cuenta que surgió de la noche a la mañana, y eso traería dudas además de involucrar a civiles que pueden salir mal parados. En su lugar, tenemos ya infiltrado desde hace tiempo al que será tu compañero en el bar que frecuentan algunos miembros del clan. Es el jefe y tú serás su camarera – Sí, años estudiando y presentándome a pruebas para acabar poniendo copas. Quería un cambio pero si iba a ser así la idea de estar segura entre papeles casi que se me hacía más atractiva.

– No tienes de qué preocuparte – intentó tranquilizarme Sayuri – Te daremos instrucciones claras sobre lo que debes hacer en ciertas situaciones pero la mayoría del tiempo lo que debes ser es tú misma. Ganarte la confianza de los miembros del clan. Hacerte su confidente.

– Y llegar hasta donde sea con ellos – miré un tanto espantada a los fríos ojos de Inejiro. No iba a acostarme con nadie si era lo que estaba sugiriendo – La investigación es más importante que cualquiera de nosotros.

– Bueno, bueno, no nos pongamos tan serios. No queremos asustar a nadie – Sayuri le miro un tanto ofendida – Ya veremos cómo van saliendo las cosas.

Seguimos discutiendo durante al menos dos horas los pros y los contras de su plan de meterme de cabeza y desprotegida entre un montón de criminales a los que me tenía que ligar. Las palabras de Sayuri iban destinadas a calmar mis nervios pero cuanto más sabía de la operación, más miedo tenía. Esa organización estaba bajo el control de prostitución y drogas además de estar bajo sospecha de tráfico de armas. Lo tenían todo. Y un alto índice de asesinatos atribuidos a ellos aunque nunca verificados. Por norma general, casi nunca salía herido un civil a menos que se encontrara en medio de un tiroteo, pero eso no quitaba que me muriese de miedo. Mataban a otras personas, aunque fueran criminales de otro clan o desertores. El dato importante es que eran asesinos. No quería hacer el trabajo, estaba aterrorizada pero la suma de dinero que me estaban ofreciendo era para pensárselo. Muchos ceros como para decir que no.

Salí de allí con Sayuri camino a reunirme por primera vez con el dueño del bar. Mi ya ex compañero de trabajo me preguntó con la mirada, a lo que simplemente pude alzar los pulgares. La operación, como me dijeron, era extremadamente confidencial. Caminamos hasta su coche, se la veía una mujer con muchísima autoestima y no era para menos con los logros que acumulaba. No sabía el número de casos resueltos que llevaba el departamento gracias a ella, pero era elevado. Y decían que a pesar de las apariencias, su compañero era una de las personas más inteligentes con las que contaba la policía de la zona.

– Eh, relaja los músculos. Estás muy tensa.

– Sí. Ya. Lo siento. Es un poco difícil lo que me habéis propuesto y aún tengo que mentalizarme.

– No te preocupes, no empezaremos de inmediato. Tienes hasta el fin de semana para prepararte en condiciones.

– ¡Pero si estamos a jueves! – Al parecer mi histeria le pareció hilarante. No sabía qué tenía de gracioso, estaba realmente muerta de miedo.

Me extrañó cuando paramos en un edificio un poco desconchado y descuidado, pero seguí a mi superior sin decir ni media. Subimos unas escaleras de metal comidas por la humedad y llamó a la primera puerta brevemente. Al poco tiempo, un hombre de hombros anchos y aspecto bonachón nos sonrió tras su puerta, dejándonos pasar. Nos sentamos en un sofá esperando a que volviese de la cocina con una tetera y tres vasos.

– ¿Tachibana-san? – Me ofreció su ancha manaza tras ofrecernos el té – Desde este sábado seré tu jefe, Tanuma Yoshitoshi, llámame Yoshi.

– Tachibana Reika, encantada – Si ese hombretón iba a ser mi jefe estaba mucho más tranquila.

– Acuérdate de inventarte un nombre nuevo para cuando trabajemos juntos. Y por cierto, deberías cambiarte el pelo a algo más… atrevido.

– ¿A qué te refieres? – sonrió y me pareció incluso más simpático.

– A que mi bar no es tan modosito como para contratar a una chica con el perfecto peinado castaño. Sin ofender.

– ¿Y qué color estaría bien? – pregunté un poco exasperada – Porque no pienso ponerme rubia…

– No, no, rubia no. Pero quizás pelirroja. O azul – Me atraganté con el té. El pelo azul, a mi edad, yo. Ni hablar – Te dejo la dirección de la peluquería de una persona de confianza, ella te dará ideas para que estés igual de bonita que ahora. Que por cierto, gran elección Sayuri-san, los va a volver locos con el uniforme.

– Uniforme… – dejé la taza de té en la mesa porque no quería ni morir atragantada ni escupirlo. Eran demasiadas cosas en poco tiempo y no me terminaba de gustar ni una. Menos el dinero a cobrar, claro.

– Sí, aquí lo tienes en dos tallas, no sé cuál es la tuya – Lo saqué de la bolsa que me ofrecía y observé que era una camisa de botones blanca de mangas cortas con un pequeño logotipo sobre el pecho derecho junto a una falda corta verde. Muy corta. Similar a la de una colegiala – Cuando la sepas me lo dices y te doy dos más, para que tengas a lo largo de la semana – Se me escapó un quejido.

– Ánimo, Tachibana-san – Sayuri me dio dos golpecitos en la espalda – Confiamos en ti, sabemos que lo vas a hacer de maravilla.

Me pasé la tarde hablando de los tipos con los que me iba a encontrar, escuchando consejos y órdenes. No me terminaba de creer lo que iba a hacer, ni siquiera teniendo el uniforme en la mano. Cuando volvía a casa un tic nervioso se apoderó de mi pierna y me empecé a comer las uñas compulsivamente. Tuvo que repetirme mi jefa que me relajase antes de salir del coche para darme cuenta. Lo primero que hice tras despedirme de ella y entrar en mi casa fue probarme la ropa. El tacto de la tela nueva y limpia era agradable, la camiseta me quedaba como un guante, quizás demasiado. Al tenerla en la mano no me di cuenta del escote tan generoso que tenía si abría los dos primeros botones y la falda… me llegaba por encima de las rodillas. Como dos manos por encima. Un poco más y la podía usar de cinturón. La verdad es que cumplía su cometido. Estaba realmente sexy, tenía que admitirlo, y ese pensamiento me sacó una sonrisita.

Debido a tener asignado un nuevo puesto, el viernes lo tenía libre. Me dieron fichas con información de los altos cargos, lo poco que sabían de ellos. Pero apenas encontré datos precisos. Entre los papeles encontré uno más pequeño, con un nombre de mujer y una dirección. La peluquería. Chasqueé la lengua y me levanté del sofá quejándome, no quería cambiarme el pelo. Sabía que era por mi seguridad pero me gustaba tenerlo castaño, me gustaba que fuese así de aburrido. Entonces me volví a acordar del dinero y se me pasaba el disgusto. Me costó encontrar la peluquería, estaba escondida y además en un segundo piso de una vivienda particular. Nada más entrar supe que estaba fuera de lugar.

– Biennnnnvenida? – El saludo de la dependienta se volvió pregunta al verme plantada con mi ropa, que hasta el momento creía normal – ¿Tengo una inspección? No me han avisado – Se quitó los guantes, mirando a su alrededor alarmada.

– No, no. Vengo de parte de Yoshi-san – frenó en el sitio y tras sonreírme me miró aliviada.

– Vale, vale, ya sé quién eres. Espera un momento que termine con ella y ahora te atiendo.

Todo era de colores chillones, desde los muebles hasta la peluquera. Su pelo estaba recogido en dos trenzas amarillas y verdes neón y su ropa tampoco pasaba desapercibida. La chica a la que estaba rociando con laca tenía una lado de la cabeza rapado y el resto de rosa y azul pastel. Mi pelo y mi ropa eran tonos de marrón y gris, era como un personaje de película de los años 20 infiltrado en una película futurista. Cuando la clienta se fue, la peluquera se me acercó.

– Kieko, encantada, pasa por aquí Rei-san – sabía mi nombre, supuse que Yoshi le habló de mi situación – A ver qué nos hacemos, tienes un pelo precioso.

– Muchas gracias. La verdad es que nunca me he teñido…

– ¿Qué color te gusta? – mostró un catálogo de mechones de pelo en colores tan variados que no supe cual elegir. Literalmente, no tenía ni idea.

– ¿Sabes qué? – cerré el catálogo y se lo di, girando la silla – Hazme lo que te parezca, pero déjame todo lo bonita que puedas.

– ¿Bonita o atractiva? Por lo que tengo entendido tu intención es ser más sexy que otra cosa, ¿no? – fruncí el ceño.

– ¿No se suponía que la misión era secreta? – Se rio mientras mezclaba un líquido blanco con unos polvos. Olía a tóxico, se me metía en la nariz y me escocían los ojos.

– ¿De verdad piensas que soy una peluquera normal y corriente? – sonreí y suspiré, deseando que no me hiciese un estropicio. Y si lo hacía, que al menos fuese sexy.

Me quedé de espaldas al espejo, no quería ver nada porque realmente no quería hacerme nada en el pelo. Charlábamos de cosas triviales, gustos y estupideces como esas mientras se dedicaba a embadurnarme el pelo de potingues con olores nocivos una y otra vez. Cuando ya me estaba secando y recortando, con una sonrisa enorme en la cara, vi entrar a Yoshi-san. Me saludó felizmente.

– ¿Has visto?  Dime que no soy una artista.

– Pareces otra, nadie dirías que eres policía, eso seguro – apreté los labios, lo que le hizo bastante gracia. Yo estaba acojonada – Vengo a traerte cositas – Se sentó frente a mí tras cerrar la puerta de la peluquería – Toma.

– ¿Qué es esto? – Me dio lo que al principio pensé que era algo para comunicarme, pero al darle la vuelta vi que era un ipod.

– El bar es un bar karaoke. Mis clientes casi siempre ponen las mismas canciones, así que ve escuchándolas y aprendiéndotelas porque querrán que cantes con ellos más de una – Le miré con el cacharro en la mano – Tienes que agradarles.

– Espero que no me toquen mucho.

– Aaahm… – Yoshi se echó hacia atrás en el asiento, mirando a la peluquera y después a mí – Tocan mucho. Cuando van a “conquistar” a una chica lo hacen de manera un tanto brusca.

– Un tanto brusca no – replicó Kieko – Si no fuese porque se pueden buscar un problema se tiraban encima de las chicas en el mismo bar. Al menos algunos. A ver – La chica se puso frente por frente – No van a ser sutiles, no van a esperar a que pasen dos semanas para darte la manita. Si les gustas, que les gustarás, van a ser descarados y van a invadir tu espacio personal.

– No me va a salir seguirles el juego de manera natural…

– Mejor, es lo que quieren – dijo Yoshi como si fuese evidente.

– Oe, tú, guapa – Kieko puso una mano sobre mi cabeza en el asiento y acercó su cara a la mía hablando como una criminal y subiendo la ceja. Olía a vainilla – ¿Eres nueva? Estás buenísssssima – Me rozó el hombro y mi reacción fue encogerme mirando a otra parte.

– Encantadora. Los vas a volver locos – Yoshi revolvía papeles en una carpeta con una sonrisa. Kieko volvió a trabajar con mi pelo, riéndose alegremente – Estos de aquí casi siempre están por ahí. Hazte amiga de ellos pero no te conviene llegar a más.

Les eché un vistazo por encima a los hombres que me enseñaba. Ni uno me inspiraba confianza, tenían miradas amenazadoras y sucias. Me iba a llevar la mañana del día siguiente estudiándolos por si me los encontraba. Si tenían algo en común era aspecto peligroso, los típicos hombres que no te quieres encontrar cuando vas a casa sola después de una fiesta.

– Tu objetivo principal y esperemos que alcanzable es este tío, Kimura Matsutaro – Me dio una nueva foto de un hombre que debería rondar los cincuenta. Seguía imponiendo pero parecía más formal que los demás.

– Y tengo que ganarme su confianza ya me dirás cómo. Una cosa es engatusar a un hombre de más o menos mi edad pero alguien como él… – resoplé negando con la cabeza – Alguien como él no va a caer en la trampa ni de broma.

– No serías la primera camarera que se lleva del bar – alzó las cejas – Le gustan jovencitas. Y le gustan risueñas, así que ya sabes.

– No sé muy bien si trabajo para la policía o para un host club, en serio, lo mismo habría dado que me hubieseis colocado el local – Le di los papeles de vuelta, sintiendo una mezcla entre rabia y miedo. Cuanto más se acercaba la hora de mezclarme con ellos, más dudaba de si el dinero merecía la pena.

– Listo – Kieko me miró de frente, sonriente – ¿Preparada?

– No – Igualmente me giré.

La que me devolvió la mirada en el espejo era alguien que se parecía a mí, pero no era yo. De repente mi pelo era de un rojo intenso con mechas naranjas y negras. Lo dejó perfectamente peinado, liso y corto. En mi vida había tenido un flequillo tan poblado y perfecto. Parecía una peluca. Me lo toqué con la boca abierta, no daba crédito. No es que no me gustase, es que no me creía que estuviese en mi cabeza.

– Ven la semana que viene a que te lo retoque y así todo el tiempo que quieras. Los gastos corren de la oficina – Me dijo Yoshi.

– ¿Te gusta? – asentí sin dejar de tocarme el pelo – Toma, te voy a dar una cosita que tengo por aquí – trasteó en una cajita que tenía en un lado y me dio una argolla – Tiene imanes, es para el labio.

– ¿Quieres que me la ponga? – asintió con energía. Me la puse en medio del labio inferior y me sorprendió ver que incluso me quedaba bien. Me empecé a reír, menuda locura estaba haciendo.

– Bueno, pues te veo mañana – Me dijo Yoshi cuando me levanté guardando la argolla en el bolso. Me observó unos segundos, entre risitas – Estás rarísima con ese traje de chaqueta y el pelo de ese color, pero verás como no quedas fuera de lugar con el uniforme.

– Muchas gracias, Kieko-san.

– De nada, de nada. Buena suerte mañana, Mata-Hari – Cuando me guiñó el ojo me reí. Estaba gritando por dentro.

 

 

2

El desayuno y la comida del día siguiente casi que no me entraban por la garganta. Miraba las fotos de esos hombres mientras que escuchaba una y otra vez las canciones del reproductor de música. No tenía idea alguna de qué temas hablar con ellos, cómo comportarme o qué hacer. Mis jefes no pararon de decirme que no necesitaba instrucciones, que fuese yo misma. En caso de torcerse las cosas confiaban en mi preparación física para salir del apuro, pero yo no me fiaba tanto. La mayoría de las canciones eran tristes, épicas, narradas desde el punto de vista de un héroe o algo así. No podía decir que me disgustasen pero me parecían un poco exageradas. Al mirar el reloj y ver que ya era la hora de marcharme hacia el bar se me formó un nudo en el estómago que ya quisiera un marinero. Me puse el uniforme y fui camino a mi nuevo trabajo. Llegué temprano, me tuve que colar por debajo de la persiana de metal a medio abrir.

– Con permiso – Escuché un “¡aah!” al fondo y vi a Yoshi asomarse sonriente.

– Llegas temprano, bien, bien. Ven conmigo que te voy a enseñar cómo funciona esto.

Me dijo dónde estaban las bebidas, me tuvo todo el tiempo con una bandeja, (que me tuvo que enseñar a sostener), en la mano llena de botellas vacías y limones conforme me explicaba, caminando de aquí a allí mientras me peleaba por no tirar nada. Me enseñó cómo recibir una orden, cómo hacer las cosas de manera más rápida y me presentó a mis dos compañeras de trabajo. Una de ellas era una chica nada guapa con el pelo azul eléctrico recogido en una coleta alta. A la otra ya la conocía.

– ¡Hola otra vez! – Me sentí un poco más relajada al ver ahí a Kieko, la peluquera – Miiira qué guapa estás. Madre mía, el uniforme te queda que es una barbaridad…

– Sí, bueno, apretado.

– Eh, relájate, estás tensa. Va a ir todo bien, no estás sola – miré a la otra chica preguntándome si ella también estaría involucrada. Me quedó claro que no con la siguiente orden del jefe.

– Sobre las nueve o diez de la noche empezarán a llegar unos clientes habituales que se sentarán en esa mesa del fondo – nos indicó – A la única de vosotras que quiero ahí es a ti – Me dijo señalándome – Si alguna de vosotras dos se acerca o recoge una comanda de esa mesa, puede perder el puesto de trabajo – La otra chica asintió un poco asustada, era tan nueva como yo.

Las primeras horas del negocio pasaron tranquilas. Conecté la máquina de karaoke, limpié mesas e intenté no dejar que los nervios me dominasen. Me tuve que quitar la argolla de mentira y dársela a la dueña, me molestaba horrores. Estaba de espaldas a la puerta de la calle cuando escuché que saludaban a Yoshi voces graves y fuertes. Miré discretamente sobre mi hombro y reconocí alguna de esas caras, caminé a la barra y tras sonreírle al único hombre que me fiaba en ese bar, fui a atender a mis primeros clientes. El pensamiento de “sé tú misma” era el que sobresalía sobre los demás.

– Buenas noches, bienvenidos – Les deseé con mi mejor sonrisa – ¿Qué les pongo?

– Calientes, cariño – dieron una carcajada sonora, comiéndome con los ojos. Sonreí poniendo los brazos en jarras. Quería saltar por encima de la barra y esconderme en un mueble.

– ¿Y además de eso? – respondí con descaro. Intenté que no me temblase la voz.

– Dos sakes y un whiskey. De momento – Un hombre rapado me guiñó el ojo. Una cicatriz le cruzaba la ceja de arriba abajo, partiéndosela.

– ¡Marchando! – Mi sonrisa era la sonrisa más tensa del mundo en esos instantes. Le pedí la orden a Yoshi, que me sonrió. Supuse que lo estaba haciendo bien.

No paraban de jalear, de reírse y de pedir una bebida tras otra acompañadas siempre de piropos subidos de tono. Y no me terminaba de acostumbrar. Poco antes de la hora de cerrar estaban borrachos como cubas, discutiendo sobre temas que no entendía entre su dificultad para hablar y ese acento suyo. A la hora de cerrar, acompañamos a esos hombres a la salida entre Yoshi y yo, él sosteniéndolos y yo soportando que sus manos tocasen debajo de la espalda sin quejarme más que con sonrisas. Cuando cerramos estaba más agotada mental, que físicamente. Despedimos a la chica hasta el día siguiente y al quedarnos los tres solos me dieron una palmadita en la espalda.

– Parecía que llevabas aquí trabajando toda la vida, qué alegría – Me felicitó Yoshi.

– Y no sé dónde estaba esa vergüenza que te iba a dar escuchar sus piropos. Te has defendido de maravilla.

– Sigue así, Rei chan. En unas semanas los tienes conquistados.

Conquistados o no, en el transcurso de esa semana intentaron ligar conmigo de muchísimas maneras: me guiñaban el ojo, me lanzaban besos, me decían piropos, uno de ellos incluso me besó la mano – cosa que me mató del asco pero que oculté con un falso rubor y un “tonto” – Me hicieron sentarme con ellos a canturrear más de una vez y aunque aún no me sabía las canciones del todo, quedaron satisfechos con mi actuación. Cuando me acaparaban demasiado, Yoshi les “reñía” diciéndoles que estaba en horas de trabajo y me dejaban ir. Un ratito. Mis noches se volvieron hacerles felices, seguirles el juego y entretenerles, pero no hacía adelantos. El hombre que tenía que aparecer no venía y yo empezaba a desesperarme. Recibí una llamada de mi superior, Sayuri, cuando pasaba de la semana en mi nuevo trabajo, justo antes de abrir.

– Siento no tener resultados, pero apenas hablan del clan.

– No importa, Tanuma-san nos dice que ya tienes su confianza ganada. El día que nuestro objetivo aparezca ya tienes gran parte del terreno allanado.

– ¿Sigo como hasta ahora entonces? Me resulta raro no tener reuniones.

– Cuanto menos aparezcas por la comisaría mejor. No queremos que te vean entrar y aten cabos. Mucha suerte Tachibana-san, siga con el buen trabajo.

– Muchas gracias.

– ¿La jefa? – preguntó Kieko mientras Yoshi subía la baraja del bar – ¿Te ha metido prisa?

– No, que va, dice que siga como voy. A ver cuánto se va a alargar esto…

– Ganarte la confianza de una persona no es algo que se haga de la noche a la mañana, es normal que todavía no hayas conseguido nada – Me susurró Yoshi – Venga, a trabajar. Se acabó la charla.

                Apenas llevaba tiempo llevando copas de un lado a otro y limpiando el suelo que vi a Yoshi mirar sobre mi hombro y cómo le cambiaba la expresión. Me encontré muerta de miedo al pensar que ahí podía estar el hombre que buscaba pero al girarme suspiré aliviada al ver que no tenía nada que ver. Volví a darme la vuelta para encontrarme que Yoshi me pedía acercarme con sus dedos.

– Ese tío de ahí – susurró mientras secaba un vaso – Acércate a él todo lo que puedas. Siempre va pegado a su aniki, que es el que nos interesa. Gánate a uno y tendrás al otro.

– ¿Cómo pretendes que haga eso? ¿Quieres que me acueste con él o qué?

– No, no. Eso ni se te ocurra. Si te vas con este, el hombre que nos importa no va a querer saber nada de ti. Ya sabes cómo son estos tíos…

– En fin, lo intentaré, pero no prometo na—

Dejé de hablar porque sentí unas manos en mi cintura. Intenté no volverme muy bruscamente y hacerlo de manera más casual. Una mirada muy sucia se encontró con la mía, le sonreí fingiendo timidez. Quería quitármelo de encima pero no podía. De este no había manera de escaparme si quería ganármelo.

– Camareras nuevas, ¿eh Yoshi-san? – Le dijo a mi jefe.

– Sí, además de buena trabajadora es una alegría a la vista.

– Que buen gusto tienes, cabrón. Y dime – subió su mano y me puso los dedos en la mejilla para que le mirase. Le tenía pegado a la espalda. Muy pegado a la espalda. Me vi obligada a mirar hacia arriba para hablar con él – ¿Cómo se llama la pequeña chica nueva con el culito respingón?

– Rei – solté mi nombre de verdad antes si quiera de pensarlo, pero es que era la primera vez que uno de esos tíos me preguntaba por mi nombre. Casi todos me llamaban muñeca, cariño, tesoro y cosas así – Sato Rei, encantada – Al menos me inventé el apellido.

– Hola Rei chan, Kozu Takuya. Pero tú y solo tú puedes llamarme Taku – Me guiñó el ojo y miró al camarero, riéndose de manera confidente con él. Me costaba respirar. La única vez que un hombre me tocó tanto fue mi exnovio – Voy a sentarme por ahí.

– Ahora va Rei a tomaros nota, ya sabes, como en casa – Cuando se alejó me agarré a la barra y respiré hondo un par de veces.

– Tiene las manos muy largas – murmuré – Toca demasiado para ser la primera vez que me ve.

– Le has gustado, eso es bueno. Déjale que toque pero que no se pase.

– ¿Y cómo quieres que haga eso? – Le susurré histérica – Si me lo quito de encima se va a molestar, ¿no?

– Sé lista – Me susurró Kieko pasando por mi lado – Si se pone muy pesado pon la excusa del trabajo, levántate a traerle algo, aléjate.

– ¿¡Qué hace esa imbécil?! – Al mirar a la mesa vi a la otra chica atender a los criminales. La vi volverse escandalizada – Tú, ven aquí un momento – La chica asintió y se metió en la despensa con Yoshi. Estaba despedida casi con toda seguridad.

– ¡Rei-chan! – Miré a la mesa – ¡Tengo sed, preciosa! – Ese tío me iba a dar problemas, lo estaba viendo venir. Me acerqué a ellos sonriente, saludando a Kai, uno de esos hombres que venía todos los días – La inútil de tu compañera nos ha dejado esperando.

– Es nueva y no es que tenga dos dedos de frente – Le dije apoyándome en el respaldo del asiento con una mano y siguiéndoles el juego – ¿Qué va a ser, muchachotes? ¿Lo de siempre? – señalé a los demás, que asintieron con ruidos de borracho.

– Y trae los micrófonos, Takuya canta de puta madre – dijo Hotaru, otro de esos tipos, agarrándole de los hombros – Vas a mojar las bragas.

– No me hace falta cantar para que las moje – Me volvió a guiñar el ojo con un coro de risas y “uuuhhhh” de acompañamiento. Estaba sentado con las piernas abiertas, liándose un cigarro. La mirada que me echó al lamer el papel de fumar me sacó los colores.

– Bueno, fanfarrón, tanto llamarme y ahora no me pides nada de beber – disimulé.

– Sake, y no me traigas basura, tráeme algo bueno – asentí con un gesto que daba a entender que por supuesto, que para él solo lo mejor. Como Yoshi no estaba, tuve que echar yo las bebidas, ponerlas en la bandeja y llevarlas junto a los micros y el mando del karaoke.

– Joder, cuánto has tardado – Me dijo Kai, levantándose y cogiendo la bebida sin esperar. Al hacerlo me desequilibró la bandeja y casi se me cae todo al suelo de no ser porque Taku se levantó y la sostuvo. Aun así, se derramó un poco.

– ¡Pedazo de gilipollas! – Le gritó una vez tuve las bebidas estables en la mano – ¡Me llega a caer todo encima y te meto el puto vaso por el culo!

– No me grites, joder, me pones de mala leche y no quieres verme encabronado – Le respondió el otro poniéndose bien la chaqueta. Era la primera bronca que veía y estaba cada vez más tensa.

– ¿Me estás amenazando? – preguntó Taku en voz baja. Los demás se movieron inquietos, yo dejé la última copa en la mesa y me volví hacia él, poniéndole la mano en el hombro.

– Taku-san – Le dije con voz dulce, no me miraba, sus ojos estaban clavados en ese tipo que no levantaba la vista de la mesa poniéndose bien la chaqueta con soberbia – Quiero escucharte cantar, a todos estos los tengo ya muy vistos, ¿qué te parece? – Despacio, apartó la mirada de ese tipo para mirarme a mí. Suspiró y asintió, lamiéndose los labios con gesto enfadado.

– Oe, oe, nena, no digas eso – Hotaru puso cara de fastidio – Creía que te gustaba cantar conmigo.

– Y me gusta, pero ya sabes, la novedad – dije encogiéndome de hombros – Además, a ver si es verdad que canta tan bien.

Puso una de las canciones que más me gustaban de la lista y carraspeó, sentándose derecho. Fue a coger uno de sus colegas el otro micrófono pero se lo quitó y me lo dio a mí, sentándome en sus piernas. Me llevé la mano a la boca, fingiendo una risa tonta en vez de salir corriendo de allí después de darle un bofetón. Desde luego, era para darme una medalla al valor. Cuando empezó a cantar no pude evitar mirarle con la boca abierta. Su voz era dulce, preciosa, siguiendo la melodía a la perfección. Tenía su mano en mi cintura y me miraba mientras cantaba. Me quedé absorta mirando sus ojos negros, analizándole por primera vez desde que entró en el bar como hombre y no como al criminal que era. Tenía una argolla en su oreja izquierda y su perilla solo cubría su barbilla aunque veía la raíz del pelo alrededor de toda su mandíbula. Esa mañana no se había afeitado. Olía muy bien y su pelo estaba recogido, por lo que no veía cómo de largo lo tenía realmente.

Al tocarme hacerle los coros tuvieron que zarandearme porque me quedé embobada mirándole. Me reí avergonzada de verdad, llevándome una mano a la mejilla y sintiendo cómo me ponía colorada. Empecé a preocuparme. No podía sentirme atraída a un tipo como ese, era trabajo, eran criminales, sabía lo que hacían. Así que me centré en la pantalla, leyendo la letra de la canción y sintiendo los dedos de ese tipo colarse por debajo del borde de mi camiseta, acariciándome la cintura. Estaba muy nerviosa, estaba incluso excitada. Volvió a pegar su pecho a mi espalda, cantándome casi al oído. Me puso los vellos de punta y tuve que dejar de cantar porque me dio la risa floja. Al ver que su mano tomaba la dirección de mis muslos me levanté, quizás demasiado bruscamente. Le dejé el micro a Hotaru y me encogí de hombros ante la mirada de fastidio de Taku.

– Lo siento, tengo que trabajar – Le dije poniendo morritos. Suspiró pero siguió cantando. Al dar dos pasos se me escapó la sonrisa porque tenía las bragas un poco húmedas.

– ¿Qué ha pasado ahí? – Me susurró Kieko dándome un codazo – Eso no ha sido fingido.

– Cállate la boca, no ha pasado nada – Me reí intentando quitarle hierro al asunto, pero ella me miró con suspicacia.

– Lo que tú digas… buen trabajo, Mata Hari.

Chasqueé la lengua y me pasé al menos diez minutos fregando la barra, el suelo, los platos y todo lo que pillaba. Y mientras tanto me iba dando argumentos a mí misma de por qué tenía que dejar de mirar a ese hombre como hombre y volver a verlo como trabajo. No solo era peligroso y una locura, es que era lo más alejado a una decisión recomendable eso de sentirme atraída por él. Cogí el trapo y una bandeja vacía y me acerqué a la mesa para reponerles las bebidas y limpiar un poco. Taku no estaba allí sentado. Me incliné sobre la mesita y escuché un click. Al levantar la vista vi a Hotaru sosteniendo el móvil en dirección a mi escote.

– ¡Pero bueno! – Me apoyé con ambas manos en la mesa, hinchando los carrillos.

– El otro día me dijiste que dejase de mirarte con esta cara y que una foto me duraba más. ¡Pues eso he hecho!

– Qué poca vergüenza que tenéis… – Me dieron ganas de quitarle el teléfono pero, como siempre, le seguí el juego.

– Si es que lo vas buscando – sentí dos manos en mi espalda y que se rozaban con mi culo levantándome un poco la falda. Me intenté poner derecha pero no me dejó. Al mirar hacia atrás vi a Kai y su cara roja de borracho mordiéndose el labio. Fui a quejarme cuando lo hicieron por mí.

– ¡Eh! ¡Un respeto por mis camareras! – dijo Yoshi con una sonrisa, pero ese tío no me dejaba.

– Kai, no seas capullo, suéltala – Le dijo Hotaru, levantándose para empujarle.

– Quita de encima – Pero fue el borracho quien le empujó haciéndole tropezar y chocándose con la mesita en la que estaba apoyada.

Las manos se me resbalaron y caí de bruces con la mala suerte de darme con la nariz en plena mesa. Para colmo de males, Kai se me cayó encima. Me quejé, la nariz me dolía una barbaridad y sentí la sangre mancharme el labio. El impresentable se estaba riendo y a mí me estaban entrando ganas de matarle. Cuando me lo iba a quitar de encima de manera brusca me liberaron del peso de su cuerpo y de su tufo a alcohol. Al darme la vuelta con la mano ante la nariz para no mancharlo todo de sangre, vi a Taku llevárselo fuera del bar agarrándolo de la nuca. Y menos mal que lo sacaba porque me faltó poco para quitarle la borrachera a base de guantazos.

– Qué puta vergüenza, ¿desde cuándo nos hemos comportado así con la gente? Se han perdido los putos valores, joder – iba diciendo conforme le sacaba del bar.

– ¿Estás bien? – Kieko se acercó a mí corriendo con una servilleta en la mano – Dime que no está rota, con lo monísima que tienes la nariz.

– No, no – Me reí. Las prioridades de esa chica eran completamente diferentes de las mías. Mi preocupación era haber jodido la relación con esos hombres y ella mirándome la nariz. Me la tocó y me quejé.

– ¿Seguro que no está rota? – Yoshi también se me acercó.

– Tranquilos, ha sido solo el golpe, un accidente de nada.

– Siéntate ahí un rato anda, ya lo limpio yo. Tú procura no mancharte la ropa – Me dijo mi jefe.

– No te preocupes – Hotaru se acercó a mí, mirándome la nariz también – Ese se va a llevar su merecido – Le iba a preguntar a qué se refería pero preferí mirar hacia la puerta del bar y ser feliz en mi ignorancia. No parecía que estuviese pasando nada y Taku tampoco volvió a entrar.

Cuando dejó de sangrarme la nariz, volví al trabajo. El ambiente estaba mucho más tranquilo, la borrachera que pillaron esa noche no fue de las escandalosas. Supuse yo que se mostraban precavidos después de que se llevasen a Kai de esa manera. Nada como un escarmiento de un superior para calmar los ánimos. Estaba guardando las cosas en el bolso, mirando mi teléfono y saliendo del bar ya para ir a casa cuando escuché a Kieko hacer un ruidito sorprendido.

– Ah, lo siento, hemos cerrado ya. Pero vuelve mañana, por favor.

– Lo sé, no te preocupes – miré al frente al reconocer la voz. Taku me miraba fijamente. Se me cogió un nudo en el estómago y me quedé de piedra en el sitio. De repente se inclinó ante mí – Siento mucho lo que ha pasado.

– ¿Eh? – Me sorprendió, no me lo esperaba – No ha pasado nada, de verdad.

– Por favor, acepta mis disculpas. Ese… esa persona no volverá a molestarte – Como no se erguía le puse las manos en los hombros, poniéndole derecho.

– De verdad que no me importa Taku san, no hace falta que te cortes un dedo – bromeé. Al ver su expresión seria creí haber metido la pata. Tragué saliva. Pero sonrió. Muy débilmente, pero ahí estaban sus comisuras curvadas hacia arriba.

– Déjame llevarte a tu casa, como compensación por la nariz colorada.

– ¡Ni hablar! – El pensamiento de meterme con ese hombre sola en un coche no me gustaba un pelo, de ahí mi respuesta alterada. Pero sonreí y disimulé – ¿Sigue colorada? La verdad es que todavía me molesta – Kieko se rio.

– Como un tomate – dijo Yoshi cerrando la baraja – Y no me extraña, apoyaste el peso de tu cuerpo en ese pegote que tienes por nariz.

– ¡No te metas con mi nariz, gorila! – dio una carcajada. Mire a Taku y le vi con una sonrisa un poco más marcada y las manos en los bolsillos. Pensé en lo guapo que era y automáticamente un “PERO QUÉ DICES” interrumpió mis pensamientos.

– No admito discusiones, sube – Me abrió la puerta de un coche negro y mal aparcado en la entrada del bar – O te meto yo.

– Estáis de testigos que me voy con él – señalé a Yoshi y a Kieko, medio en broma medio en serio. El miedo que sentía era real, desde luego.

– No te preocupes, si no apareces le denunciamos a la policía – Mi jefe se despidió y se alejó dándole a mano de Kieko, que miraba hacia atrás cada dos por tres susurrándole cosas. Claramente se fiaba de Taku tan poco como yo.

– ¿Dónde vives? – decirle mi dirección a un yakuza no me gustaba en absoluto, pero no me quedaba otra si quería caerle en gracia. Así que se la dije – Buen barrio para ser camarera…

– Sí, mis padres me dejaron el piso. Si no fuese por eso no me lo podría permitir – asintió con un ruidito. Intentaba no mirarle y centrarme en el paisaje, así era más fácil mentir – De todas maneras es una casita pequeña – Se quedó en silencio. Estaba incómoda – ¿Por qué asumes la responsabilidad de lo que ha hecho Kai?

– Porque ahora mismo él no está en condiciones de asumirla – Le miré, se mostraba tranquilo. A saber qué le había hecho – Y no puedo permitir que los demás crean que pueden joder a civiles solo porque se vean capaces. Son escoria, vivimos para serviros, no para haceros daño pero es algo que no les entra en la puta cabeza.

– Ahh – dije cohibida. Su forma de hablar era muy agresiva, nada que ver con su forma de cantar. Lo tuvo que notar porque me miró brevemente. Tenía la cara llena de lunares, solo en su perfil izquierdo veía tres: dos en la mejilla y otro justo bajo el labio. Volví a mirar por la ventana con el corazón acelerado.

– En fin, ya veré tu culito por el bar, enana – aparcó a un lado suspirando – Me parece que me voy a pasar más a menudo para cantar contigo – recorrió mi cuerpo con su mirada. Vi brevemente la punta de su lengua entre sus labios, humedeciéndoselos ligeramente. Cuando sus ojos se clavaron en los míos me di la vuelta, bajándome del coche.

– Muchas gracias, buenas noches Taku san – dije inclinándome y corriendo hacia mi casa. Estaba cachonda como una perra en celo, ese hombre desprendía lujuria por los poros. Me di una larga ducha y me metí en la cama intentando aclarar mis ideas.

No era para tanto, no estaba tan bueno como me hacían creer mis hormonas. Eran sus maneras salvajes las que me atraían y no entendía por qué. Mis novios anteriores casi pasaban desapercibidos, eran hombres normales. Este era un peligro andante y sin embargo… Me incliné por el borde de la cama y saqué la carpeta que me dio Yoshi. Rebusqué en los papeles y ahí estaba él. Kozu Takuya, 38 años y 1,89 de estatura. La foto grapada en su expediente mostraba a un hombre de rostro hosco y mirada fría. Me gustaban sus cejas, me gustaba su pelo negro, largo y ondulado. Me gustaba un criminal que traficaba con material ilegal y a saber si había quitado vidas. Tiré el expediente al suelo y me tapé la cabeza con la almohada. Tenía que cortar con esa atracción de raíz o la misión iba a ser un fracaso. Y sin embargo me dormí con el gesto lascivo de ese hombre grabado en la mente y una sonrisilla escondida bajo las sábanas.

Tras ese incidente desafortunado ocurrió lo que me temía. Días después, los miembros del clan seguían diciéndome piropos e insinuándose, solo que de una manera mucho más suave que antes. Ya no me sentaban a su lado y eso era malo. No me venía bien que me alejaran de ellos. Me senté en la barra, comiéndome con desgana un cacahuete de los que les poníamos a los clientes. Mi vida en esos momentos daba asco, por mucho dinero que estuviese cobrando no veía ningún avance en la que era mi misión. Y en el bar apenas entraba gente además de esos tipos tan escandalosos. Las demás mesas las atendía Kieko porque apenas daban trabajo y yo me pasaba las horas aburrida.

– Rei – escuché que Yoshi me llamaba entre dientes, disimuladamente y mirando a la puerta del bar. Me bajé del asiento y fui directa a la entrada, a recibir al fin a ese hombre que hasta el momento no se había dignado a aparecer. Ya era hora. Incluso de lejos noté que el traje de chaqueta que vestía era evidentemente de más calidad que los que acostumbraban a llevar mis clientes habituales.

– Bienvenido – Le dije con la mejor de mis sonrisas. Además de unos cuantos desconocidos, Taku estaba a su lado y le susurró algo discretamente. No me miró y yo no le miré directamente. No era mi prioridad esta noche y no podía dejar que lo fuese.

– Buenas noches – Me devolvió una sonrisa cálida. Parecía hasta buena persona. Les acompañé a la mesa que acostumbraban a usar, libre porque los pocos que había por allí se levantaron al verle llegar – Ponme lo mismo de siempre, él sabe lo que me gusta – dijo señalando al jefe.

– Muy bien, ¿y para vosotros? – Le pregunté a Taku y a los demás. Casi todos pidieron sake y comenzaron a gastarse bromas apenas pusieron el culo en el asiento. Me sorprendió que ninguno me piropease, aunque en realidad y de manera objetiva era lo mejor. Por iniciativa propia cogí los micrófonos y se los llevé, pensando que cuanto más entretenidos estuviesen, más tiempo se quedarían y más oportunidades tendría yo – Ya que tenemos aquí al profesional – señalé a Taku con la cabeza – Pensé que quizás se os antojaba animar la fiesta – Les dejé los micrófonos y le dediqué una sonrisa traviesa a Matsutaro.

– Solo si nos haces compañía – Me dijo este. Taku hizo hueco ente él y su jefe, ofreciéndome el asiento con un gesto de la mano. Ni un atisbo de las segundas intenciones que llevaba la primera vez que nos vimos.

– ¡Por supuesto! Pero entonces elijo yo la canción – Me senté entre los dos toda coqueta, eligiendo la primera que vi en la lista. Cogí un micrófono y le ofrecí el otro a Matsutaro pero lo rechazó y en su lugar, señaló a Taku con la mano.

– Él es el cantante. A mí me gusta más… mirar, o hacer las cosas a mi manera – Me pareció ver algo sucio en los ojos castaños de ese hombre. Bien. Estaba bien que esa suciedad fuese dirigida a mí. Estaba bien que se interesase.

                Volví a sonreírle tontamente. No sabía hasta dónde iba a poder llevar la farsa de la chica a la que le atraía el poder pero empezaba a estar quemada. Rodearme del tipo de gente que más aborrecía me tenía de los nervios constantemente. Y más cuando el jefazo no paraba de mirarme de arriba abajo. Me repetí una vez más que era bueno, que si eso pasa era porque iba bien. La canción la estaba cantando yo prácticamente sola, Taku se mostraba recatado y aunque cantaba algunas estrofas no se comportaba para nada como el otro día. Y yo que me moría de ganas de escuchar su voz y se iba a quedar en eso, en las ganas. Tan pronto acabé, me dedicaron un aplauso al que reaccione riéndome tras mi mano.

-Canta otra – Me pidió Matsutaro. Al ver que tenía su copa vacía me apresuré a llenársela. Me sentía como una geisha moderna – Me gusta tu voz.

– Ay, pero canta conmigo – Le pedí poniéndole morritos, juntando mis brazos para juntar mis pechos y que viese bien lo poco que había que ver.

– Después canto una solo. Pero lo primero es lo primero, pon la que más te guste y déjame escucharte.

Puse la misma que canté con Taku porque me encantaba y porque quizás se animaba a cantar conmigo. Y le escuché cantar a mi espalda, pero muy suavemente y muy poco. Los pensamientos me sorprendían al llegar repentinamente a mi cabeza sin avisar: le quise cerca, quise su calor, sentarme en sus piernas como la noche anterior. A media canción me di cuenta de lo mucho que deseaba el contacto con él y me avergoncé de mí misma. Tuve que repetirme mentalmente una vez más que estaba rodeada de criminales. Se me tuvo que ver algo de la angustia en la cara porque Matsutaro, casi al final de la canción, me miró con curiosidad y aspecto preocupado. Le dediqué una risa forzada. Necesitaba levantarme de allí pero hasta no acabar la canción no quería moverme. Para colmo de males, Taku decidió cantar con más ganas. Su voz me movió algo por dentro, era realmente bonita, cálida, llena de sentimiento. Le miré de soslayo y le pillé con sus ojos clavados en mi cintura, subiendo por mi espalda y llegando hasta los míos. Nada más acabar la canción me disculpé y me fui al baño prometiendo que volvía enseguida. Al caminar junto a la barra no se me pasó la mirada extrañada que me echó Yoshi, estaba segura de que se me notaba lo incómoda que me ponía la situación. Nada más cerrar la puerta a mi espalda resoplé, dejando escapar un quejido.

– ¿Estás bien? – Kieko llamó suavemente unos segundos después – ¿Qué te ha pasado? Estabas cantando con ganas y de repente se te ha desinflado la voz.

– Estar en mi posición es un poco difícil, tú no tienes que llevarte a la cama a alguien que no quieres llevarte – puse como excusa.

– Lo entiendo… pero no te vengas abajo, en caso de violencia sabes defenderte perfectamente. Estás entrenada.

– Sí, supongo – Si ella supiese el verdadero origen de mi angustia…

Lo que le acababa de decir también era algo que me desvelaba por las noches pero esa ansia que tenía por la cercanía Taku estaba empezando a ser preocupante. No era solo que desear a un criminal estuviese mal, fatal, y más siendo yo policía; Es que para la misión no convenía en absoluto. No me podía permitir el lujo de antojarme por nadie y menos por esa persona. Tenía que ligarme a su jefe, no a él, y si me tenía que ligar a su jefe él siempre estaría cerca. No entendía cómo se podía haber complicado todo tantísimo. Pero lo que sentí al cruzar su mirada con la mía… chasqueé la lengua, sentada en el retrete y meneando la pierna de manera nerviosa.

– Bueno, vuelvo a trabajo. Ánimo, Mata Hari – No podía evitar sonreír cada vez que me llamaba así.

– Gracias, Kieko-chan – suspiré. La escuché salir y llena de angustia me dije que no podía perder más el tiempo o Matsutaro se iba a largar. Así que salí del cubículo y me acerqué al espejo a comprobar que seguía igual de mona que antes.

La puerta se abrió a mi espalda pero no le eché cuenta. Estaba mirando dentro del neceser que tenía guardado en el botiquín para retocarme la barra de labios cuando sentí unas manos conocidas en la cintura. Miré hacia el reflejo del espejo y vi a Taku acercarse, pegándose a mi espalda y mirando el perfil de mi rostro sobre mi hombro. Si giraba la cara le iba a tener muy cerca.

– ¡Taku-san! ¡Es el baño de mujeres! – La voz me tembló un poco al hablar aunque fingí estar escandalizada con una sonrisa. Estaba muy nerviosa. Era increíble lo bien que olía ese hombre sin llevar colonia, tenía a mis hormonas y a todo mi ser revolucionado.

– ¿Por qué no te puedo sacar de mi cabeza? – Fue como si hubiese hablado por mí. Le miré. En sus ojos había verdadera curiosidad – No eres para tanto.

– ¡Oye, no le puedes decir eso a una chica! – seguía con el rollo de seguirle el juego cuando no tenía que hacerlo. Pero tampoco quería cortarle porque no quería disgustarle.

– Tienes unos labios preciosos – Su atención se centró en mi boca – Seguro que saben a—

– Ahora mismo a alcohol – sonreí – Vamos de vuelta con los demás, tu jefe se va a impacientar.

– Que se espere – susurró.

Me agarró la cara con la mano derecha y, haciéndome mirar hacia atrás, me besó en los labios. Aspiré fuertemente por la nariz, me agarré al lavabo con ambas manos y me quedé tiesa como una tabla. Su boca no dejaba de apretar la mía suavemente, una vez y otra. Sus cálidos labios contra los míos. Intentaba no moverme porque de hacerlo, no sabría cuando parar. Por mucho que lo negase, deseaba a ese hombre. Apretaba el frio metal en lugar de apretar su pelo, que era lo que de verdad quería. Pasó sus dedos hacia mi nuca, enredándolos con mis cabellos y abrazándome la cintura fuertemente con su brazo izquierdo. Su lengua se coló en mi boca. Se me escapó un gemido suave, muy pocas veces me habían besado así. Me dejé llevar por la lujuria que sentía y le devolví el beso con ganas, con los ojos cerrados, sintiendo cómo el corazón se me salía del pecho y cómo mi ropa interior se empapaba. Me puso de frente y me pegó contra la pared sin dejar de tirarme del pelo. Me agarré a su chaqueta, pasé las manos por su cuello, respirando con dificultad y queriéndole más cerca. Al dejar de besarme me mordió el labio inferior. Quería sentir su boca un poco más, pero me miró a los ojos resoplando.

– La de cosas que te haría…  – Se llevó la mano a la entrepierna, quejándose o gimiendo al apretarse la erección que marcaban sus apretados pantalones negros – Lástima que al jefe le hayas gustado. De no ser así ahora mismo no tendrías ropa interior puesta – Me dejó sin habla. Estaba demasiado cachonda para razonar, sentía mi sexo hinchado, necesitaba aliviarme – Te dejo tranquila. Siento mucho este impulso pero lo necesitaba – Me besó suavemente la mejilla, me olió el pelo y me dedicó una sonrisita que terminó de matarme.

Quise tirar de su mano, sentarle en el retrete y follármelo allí mismo, pero dejé que se marchase. Me miré en el espejo, un rubor cubría mis mejillas. Me las frote, tranquilizando mi respiración, diciéndome que tenía que centrarme. Estaba trabajando, no debería haberle dejado acercarse, es más, no podía volver a repetirse la escena. Pero es que era muy atractivo. Mi cuerpo no respondía a lo que mi mente le ordenaba y si seguía así no iba a conseguir mi objetivo. Además, ¿qué hacía yo involucrada de esta manera con un yakuza como él? Menos mal que no me retoqué los labios porque de haberlo hecho seríamos dos con carmín en vez de uno. Respiré hondo y salí del baño sonriente, como si no hubiese pasado nada aunque me rondaran miles de pensamientos diferentes por la cabeza. Matsutaro me recibió con una sonrisa.

– Te estaba esperando para cantar, Sato san.

– Llámame Rei – di una carrerita y me senté a su lado. Taku no estaba – Sato san suena muy serio y quiero escuchar cómo me llamas por mi nombre.

– ¿Está bien? – asentí con aspecto ilusionado – De acuerdo, Rei chan – Me sonrió y fingí vergüenza.

Me pasé casi lo que quedaba de noche alabando lo bien que cantaba e ignorando a Taku, que llegó un rato después del servicio y me ignoró de igual manera. Conforme más borracho estaba Matsutaro, más se me acercaba y más me hablaba, pero por alguna extraña razón no me tocaba. Y no soltaba prenda sobre los planes del clan como era de esperar, solo sus hazañas y todas las riquezas que tenía. Supuse yo que eso de dejar claro que estaba forrado funcionaba con otras pero conmigo no. Conmigo funcionaba la chulería, la poca vergüenza y los besos robados… por lo visto. En esos momentos daba gracias a la práctica que había tenido esas semanas con los demás hombres porque de haberme encontrado con Matsutaro de primeras, no estaría tan suelta. Minutos después, Taku se disculpó, caminando hacia la salida con el teléfono en la mano. Le seguí con la mirada discretamente, observando cómo se le marcaba el culo al andar. Me puse como un tomate y le tuve que dar un buen trago a la bebida que tenía delante. Volvió un poco después, colgando y susurrándole algo en el oído a su jefe que no llegué a oír. Este asintió y me miró.

– Siento tener que dejarte y de veras créeme cuando te lo digo.

– ¿Te vas? ¡Pero quedan unas horas para cerrar! – Me quejé.

– Lo siento, seguiremos por donde lo hemos dejado la próxima noche.

– Vale – Me crucé de brazos – Pero esto no va a estar tan animado sin ti.

– Toda la diversión que te falte te la daré el próximo día, y quizás podamos seguir después, cuando cierres – fue una promesa tan sucia que no pude hacer más que sonreír.

Y sonreír de verdad porque si me conseguía ir con él, mi trabajo sería mucho más fácil de realizar. Me levanté y me incliné, despidiéndome. Seguí trabajando hasta la hora de cerrar y cuando todo estuvo limpio, Kieko se ofreció a llevarme a casa.

– ¿Y Yoshi? ¿Se va solo?

– Se va con unos amigos, ven que quiero hablar contigo – caminamos hasta su coche y una vez dentro se quedó en silencio.

– ¿Qué pasa? – No supe identificar la mirada de mi peluquera.

– ¿Te gusta ese tipo?

– ¿Matsutaro? Claro que no. No digo que no tenga cierto atractivo pero casi podría ser mi padre…

– No, no ese tipo, el otro, el que canta contigo – desvié la mirada sin siquiera pretenderlo pero volví a mirarla a los ojos con rapidez.

– No – Ni yo me lo creí.

– Es un problema, lo sabrás mejor que yo. No dejes que tus sentimientos te dominen o vas a acabar mal. Un yakuza no es un hombre cualquiera.

– ¿No me digas? – respondí irritada – ¿Crees que no lo sé? ¡Hola! ¡Soy policía!

– Solo era un consejo – Me apartó la mirada y arrancó. Me sentí mal por haberle hablado de esa manera y peor por la causa de mi enfado.

– Es solo… ha sido como si me estuviese metiendo en el mar con ropa y no me diese cuenta de lo mucho que moja el agua hasta que no me ha llegado por el cuello. No lo he evitado, y ahora, en fin…

– Sientes cosas – dijo ella asintiendo – No dejes que se te acerque de nuevo.

– Es fácil decirlo.

– ¡Es tu trabajo, Rei! – La miré sorprendida – ¡Si se dan cuenta de lo que estás haciendo…! ¡Párate a pensar!

– Es muy difícil pararse a pensar cuando tengo que estar todas las noches, tenga el ánimo que tenga, engatusando a cuatro borrachos. No es mi trabajo, yo no sirvo para esto pero por alguna extraña razón han pensado que sí.

– Claro que sirves, los tienes a todos locos por tus huesos solo que a unos más que a otros. La gran perjudicada eres tú y a tus jefes les importa una mierda todo – hablaba con rabia, apretando el volante con fuerza.

– ¿No te lo estás tomando un poco personal? – aparcó junto al portal de mi casa y me miró suspirando.

– Yoshi me salvó la vida de un tipo como los que se sientan todas las noches en las mesas. Hice un trabajo muy parecido al tuyo y me pasó casi lo mismo. Me pillaron y de no ser porque Yoshi se lo olía y rondaba cerca yo no estaría aquí ahora – bajé la mirada, sintiéndome mal por haberle hablado tan rudamente – Lo único que quiero es que no te pase a ti.

– No te preocupes, estaré bien.

Puse una de mis falsas sonrisas, me despedí y entré en mi casa. Últimamente mis palabras reflejaban casi lo contrario de lo que sentía. No sabía cómo iban a ir las cosas pero mucho dudaba que fuese a estar tan bien como acababa de prometer.

 

 

3

Desde que trabajaba en el bar mi horario de sueño había cambiado por completo.  Llevaba toda la vida siguiendo una rutina más o menos regular interrumpida solo por las fiestas ocasionales, pero ahora al trabajar hasta tan tarde me había acostumbrado a no levantarme antes de las once. Así que, cuando sonó mi teléfono a las ocho y media de la mañana, lo miré con odio. Lo cogí dejando escapar un quejido molesto y sin levantar la cabeza de la almohada contesté.

– Mossshi mosssshhh – arrastré las palabras, hasta hablar me costaba del sueño que tenía.

– Buenos días, Tachibana san – Me senté en la cama al escuchar la voz de mi jefa. Mi jefa de verdad – Intenté contactar contigo ayer pero no hubo manera. Espero que pueda presentarse en una hora en la sala de juntas – No había siquiera contestado y ya me había levantado de la cama – No vengas con la ropa de siempre, ve con la ropa que llevaría la chica del bar e intenta tapar tu pelo y tus ojos de alguna manera. No quieres que te vean entrando en el edificio – Cogí lo más simple que encontré en mi armario – ¿Tachibana san?

– Sí, sí, me estoy vistiendo. En una hora estaré allí.

– Muchas gracias.

Le colgué con prisas, no vivía precisamente al lado del trabajo y el trayecto de metro no me lo quitaba nadie. Cogí unos vaqueros y una camiseta simple blanca, peinando mis greñas y lavándome la cara a toda velocidad. Me lavé los dientes, metí todos los archivos del caso en el bolso, las llaves, dinero, y salí pitando de casa hacia la parada de metro más próxima con las gafas de sol puestas. Me caía de sueño, el aire producía un dolor punzante en la garganta a cada bocanada. Aun estando de pie, el vaivén del transporte me estaba adormeciendo más de lo aconsejado. Esperaba no bostezar delante de mis jefes. Entré más volando que corriendo en el edificio, dándome cuenta justo al llegar a la puerta del despacho de que iba con cinco minutos de antelación. Suspiré, me obligué a desacelerarme, guardé las gafas de sol en mi caótico bolso preguntándome que desde cuando era yo tan desordenada y entré.

– Vaya… – La expresión de sorpresa de mi jefe era compartida por todos los que estaban sentados a la mesa.

– Menudo cambio – El jefe de operaciones intentaba esconder una sonrisa al tiempo que me sentaba donde Sayuri me indicaba amablemente con un gesto de su mano.

Me quedé en silencio, esperando pacientemente que se decidieran a empezar con la reunión. Intenté prepararme mentalmente, probablemente pidiesen resultados y no los tenía, por lo que bajo ningún contexto debía mostrarme a la defensiva. No era mi culpa, no se había presentado la ocasión, tenían que entenderlo. El carraspeo de mi jefe me sacó de esa maraña de pensamientos acelerados que me hicieron apretar los puños bajo la mesa.

– Hemos querido que se una a nuestra reunión porque nos inquieta el hecho de no ver resultados – Ahí estaban mis temores, reales. Asentí mirando las líneas del dibujo de la mesa.

– Más que verlos, oírlos – Murmuró Inejiro fríamente sin siquiera mirarme. Con la cara girada hacia su compañero añadió – Ya dije yo que no iba a ser capaz, es una pérdida de tiempo.

– No subestimes a Tachibana san – Sayuri intercedió por mí – No debe ser nada fácil estar en su lugar.

– No, no debe serlo – admitió Shinsui Hideaki, ese señor mayor y respetable que tantos años llevaba en el cuerpo de policía – Y sentimos que tengas que soportar ciertas actitudes que sin duda te has encontrado. Después de tanto tiempo lidiando con criminales como esos, sé lo impertinentes que pueden llegar a ser.

– Muchas gracias por su amabilidad – susurré inclinándome levemente. No pude evitar sentir afecto hacia él.

– ¿Qué nos puedes contar hasta el momento? – miré a Sayuri y suspiré.

– No mucho, la verdad. Acercarme a Masutaro san está siendo más difícil de lo que pensaba en un principio – ignoré el suspiro exasperado de Inejiro – Pero le hice compañía la pasada noche y diría que está interesado en mí – Casi todos me sonrieron, asintiendo – Estoy segura que en la próxima reunión podré daros algunos resultados al fin.

– Bueno, no voy a decirle lo que tiene que hacer, está claro que lo sabe muy bien – dijo mi jefe – Solo, guárdese bien las espaldas.

La sonrisa de Taku fue el pensamiento que trajo ese consejo, recordando las palabras de Kieko con amargura, porque llevaba razón. No podía dejarme llevar por los sentimientos, la pasión o lo que fuese que me provocaba aquel hombre. Estaba trabajando, no eran personas normales, eran peligrosos. Pero por más que me lo repetía, no conseguía verle como una amenaza real. Sin embargo, a Masutaro sí, ese hombre era harina de otro costal… Me tuvieron allí hora y media más, comentando los avances que ellos sí habían llevado a cabo con sus investigaciones y dándome consejos. Me despidieron hasta la próxima reunión deseándome suerte y pidiéndome que tuviese cuidado. Tenía tantas ganas de llegar a casa para relajarme antes del trabajo que salí sin pensar que debía ocultarme. Escuché a alguien hacer un ruidito de sorpresa al pie de la escalera de entrada. Al levantar la vista me encontré con esa sonrisa que pensé unas horas antes. Esa sonrisa que debería hacerme dar la vuelta y buscar ayuda pero que en su lugar, me atraía como la luz a una polilla. Una luz tan atractiva que sentía la urgencia de tocar, de probar, de quemarme en ella.

– ¿Te han arrestado, Rei chan? – tenía un cigarro sin encender entre los dientes, las manos en los bolsillos de su traje de chaqueta y el pelo recogido en una coleta, como siempre – ¿Has sido mala, pequeña?

– ¿Eeeeh? ¡Claro que no Takuya san! He perdido la cartera y venía a denunciarlo – Me puse bien el bolso sobre el hombro, notando el peso de los archivos en los que aparecía su cara y la de sus compañeros – ¿Y qué haces tú aquí? ¿También te han robado?

– Algo así. Vengo a pagar una multa de tráfico, siempre voy más rápido de lo aconsejado – Me guiñó el ojo y no tuve que fingir la sonrisa tonta, aunque sí el empujoncito juguetón.

– Qué tonto eres. Bueno, te dejo fumar tranquilo que quiero descansar antes del trabajo – Me incliné sin dejar de sonreírle a esa boca tan sexy de la que se sacó el cigarro.

– No nos vemos nunca fuera y creo que deberíamos – Me pasó la mano por la cintura, acercándome a él. Dos señoras que pasaron por nuestro lado se nos quedaron mirando cuando se inclinó sobre mí, susurrándome al oído – Esos pantalones vaqueros me están poniendo nervioso – Me moría de la vergüenza por estar haciendo eso en la calle, por estar sintiendo lo que sentía en público. Le puse las manos en los hombros, riéndome nerviosa de verdad.

– Takuya san, por favor, nos están mirando – Se guardó el cigarro en el bolsillo superior de la chaqueta, pasándome los dedos por la nuca después.

– Pues que miren – Le vi acercar su boca y sencillamente no hice nada por evitarlo.

Sus labios capturaron los míos sin prisas, haciéndolos suyos. Sus brazos me apretaban a su cuerpo, su lengua saboreó la mía, tan despacio y profundamente que me arrancó un suspiro. Mi cuerpo reaccionaba al suyo preparándose, humedeciéndose, con los vellos de los brazos celebrando su contacto y ese calor ya conocido ascendiendo desde mi entrepierna. Me tiraba del pelo, le tiraba de las solapas de la chaqueta. Se aferró a mi trasero con ambas manos justo cuando escuché voces a mi espalda y le arañaba la nuca suavemente. Abrí los ojos y le vi mirando sobre mi hombro, dejando de besarme, enderezándose con el desafío pintado en la cara.

– ¿Está bien señorita? – Me volví atontada hacia la voz de Shinsui, mi jefe.

– Sí, sí. Todo bien. Todo…sí – Miré a Taku, que no le quitaba la vista de encima a ese anciano – Me voy, nos vemos por el bar.

Al darme la vuelta le escuché chasquear la lengua. Estaba aceleradísima, quería reírme, correr y gritar al mismo tiempo pero me limité a intentar caminar con normalidad. Sabía lo que debía y lo que no debía hacer, pero es que no me daba la gana de cumplirlo. Era consciente de que me jugaba mi carrera dejando que ese hombre me obsesionase hasta el punto de plantearme verle a solas, pero seguía sin ser impedimento. Y por supuesto no pasaba por alto que él mismo quisiera hacerme daño de descubrir cuál era mi oficio. Pero era sentir su piel en la mía, la calidez de sus labios, la pasión de su mirada o lo dulce de su voz cuando me cantaba y olvidárseme el mundo. A partir de ese día iba al bar con otra mentalidad, sentándome de cara a la puerta para verle llegar la primera. Se me olvidó Masutaro, se me olvidó que era una policía infiltrada. Solo quería tenerle cerca. Sin embargo, debía estar muy ocupado porque no hizo acto de presencia en una semana, por lo que dejé de esperarle y me limité a conversar con esos borrachos de manos largas que no soltaban prenda.

– Dame otro bol de frutos secos anda – Le dije a Yoshi apáticamente dos lunes después – Son solo tres pero comen por veinte.

– Te diría que se están ahorrando el dinero de la cena a costa mía – dijo riéndose y dándome el paquete directamente – Que se vayan sirviendo.

– Y dame los micrófonos, a ver si los animo.

– Acaba de llegar tu novio – Kieko señaló la puerta con la cabeza un poco disgustada. No quise parecer desesperada al volverme, pero las piernas me hormigueaban por las ansias de correr hacia él. Venía hablando por teléfono, asintiendo y mirándome con seriedad. Les dejé los frutos secos a los demás y antes de preguntarle qué iba a querer, sentí un beso en la mejilla.

– Tadaima cariño, ya estoy en casa – susurró en mi oído desde atrás, azotándome el culo.

– ¡¡Taku san!! – sentía mis mejillas arder, estaba colorada porque un yakuza me había dado un azote en público, excitándome. Si llamase a mi madre por teléfono y se lo dijese, la mataba del disgusto. Le observaba reírse a carcajadas mientras echaba a los otros tres a otra mesa – Voy a tener que cortarte las manos, te gusta mucho tocar.

– Y a ti que te toque, no me engañas. Ponme lo de siempre y ve a retocarte la barra de labios, el jefe está de camino – asentí, nerviosa por verle y por saber que mi objetivo principal se acercaba. Probablemente esa noche no durmiese en casa.

– Toma – dije ofreciéndole la bebida un minuto después – Si quieres comer algo más vale que se lo digas a ese grupo de ahí, se han llevado la bolsa.

– Ya sabes lo que me comería – Me llevé la mano a la boca, riéndome escandalizada de que hablase de esas cosas en voz alta y sin siquiera avergonzase un poco – Ven aquí y canta conmigo antes de que llegue el viejo.

Me senté a su lado y como ya venía siendo costumbre, puso esa canción que me gustaba tanto. No tenía una letra alegre, no era una canción de amor. Era la historia de un guerrero insensibilizado por el mundo, triste, solo y perdido, que recordaba su antiguo hogar, lo único que hacía que sus sentimientos saliesen a la superficie. No sabía si él se sentía identificado, en fin, muchos yakuzas creen llevar a un héroe en su interior que vela por la seguridad de su país pero no era un papel que fuese mucho con Taku. Al situarme tan cerca de él, pude pararme a admirar los lunares en su rostro, lo suaves que parecían sus labios. Me llegó su fuerte olor, sin llegar a ser molesto o desagradable. Debía estar sudando debajo de ese traje de chaqueta. Me pregunté por primera vez cómo serían sus tatuajes. Sentí por primera vez la necesidad de darle placer, de verle disfrutar. Cuando me pasó la mano dulcemente por la cintura, dejé caer la mía en su pierna, acariciando con mis uñas la parte interior de su muslo. Nos centramos cada uno en los labios del otro, sabiendo que pensábamos lo mismo y sabiendo que tarde o temprano iba a pasar algo. Tanta tensión sexual no podía darse sin resolución, era físicamente imposible. Dejé el micrófono a media canción y me puse en pie, caminando hacia el baño con un suave contoneo de caderas. Miré sobre mi hombro con ojos lascivos, dejando ver mi lengua al lamerme los labios. Cesó el sonido de su dulce voz al llegar a los servicios, dando paso a la voz de algún otro hombre que no lo hacía mal, pero que claramente no era él. Apenas había cruzado la puerta y le sentí a mi espalda.

– Me vas a buscar un problema con el jefe – susurró en mi oído, pasando las manos por mis muslos.

– Me lo voy a buscar a mí misma – susurré al aire, agarrándole del pelo al contacto de su lengua contra mi cuello. Me di la vuelta y le empujé contra la puerta, arañándole la nuca, sintiendo la fiereza de sus profundos besos – Me vas a partir el uniforme – Le mordí el labio entre risas porque sus manos apretaban tan fuerte mi trasero que escuché el crujido de la tela. Bajé la mano por su pecho y pasé las yemas de los dedos sobre su palpitante entrepierna.

– Me voy a correr en los pantalones, zorra – Me abrió los botones de la camiseta, metiéndose uno de mis pechos en la boca tras apartar el sujetador. Acariciaba esa erección tan dura como lo estaban mis pezones entre sus dientes, bajo su lengua, atrapados por sus labios.

Le tiré del pelo para que me mirase a los ojos mientras quitaba el botón y bajaba la cremallera de sus pantalones. No aparté la atención de su rostro al tocar la ardiente y fina piel que cubría su miembro. Lo rodeé con mis dedos, suavemente, deslizándolos junto con su piel, provocando ese roce que le hizo separar los labios y entrecerrar los ojos. Deseaba escucharle gemir. Su teléfono comenzó a vibrarle en el bolsillo y sin soltarme el trasero ni pedirme que parase, contestó.

– Sí, jefe – era Matsutaro. Me puse de rodillas frente a Taku, apartando la piel que cubría el glande y lamiendo sutilmente justo bajo esa zona – Sí, enseguida – apretó los dientes, apartándose el teléfono de la boca para expulsar el aire en un jadeo – Sí, está en el bar – hablaba con prisas, apretando los labios cada vez que guardaba silencio.

– ¿Paro? – susurré mordiéndole de manera juguetona sin dejar de masturbarle. La tenía exageradamente dura – Quiero que te corras.

– Por supuesto que está libre esta noche – Me agarró del pelo, metiéndomela en la boca. Lamía, acariciaba, succionaba –Y si no, encontrará un momento – apartó el teléfono cuando un quejido ronco salía de su garganta y su esperma despedido contra la mía.

Tosí al no esperármelo, sin dejar de masturbarle, oyéndole contestar a su jefe a duras penas mientras ponía la excusa de encontrarse un poco indispuesto. Puso el suelo perdido al yo apartarme para no mancharme la ropa, me observaba jadeante, sonriente, acariciándome la mejilla. Me puse en pie, mirándome en el espejo y retocándome para no ir con manchas de semen a servirle a su jefe. Se la metió en los pantalones sin dejar de hablar, dedicándome una sonrisa arrebatadora antes de dejarme salir primera del baño. Los dos yakuza que cantaban en el karaoke me pidieron bebidas nada más verme. Al pedirlas en la barra, la mirada de Kieko no era otra que de profunda decepción. Tuve que evitarla pero no porque me sintiese culpable, era más por no ser juzgada por algo que yo era la primera en saber que no estaba bien. Sentí la necesidad de hacerlo y lo hice, sin pensarlo una segunda vez. Me senté con esos tipos a cantar y a hacerles felices, sonriéndole a Taku al verle salir del bar con un cigarro entre los labios. Se paró junto a mí, se lo sacó de la boca y me lo dio.

– No fumo, Taku san.

– De todas maneras, guárdalo – Lo miré. Tenía escrito un número de teléfono, supuse que el suyo – Luego me lo das.

No fue hasta casi media hora después que Matsutaro apareció. Me dispuse a darle la bienvenida con excitación y extrema alegría, como si fuese lo mejor que me había pasado en todo el día. Laboralmente, lo era. Estuve entreteniéndole el resto de la noche, cantando para él, dando respuestas ágiles y mordaces a sus coqueteos, haciéndole reír. Poco antes de la hora de cerrar, ese hombre de ojos amablemente fríos se levantó y se dirigió a la barra.

– Me marcho – Le comentó a Yoshi – ¿Le importa que le deje sin una camarera?

– ¡En absoluto! Cuídemela bien, trabaja estupendamente.

– Si voy con él voy a estar bien – comenté, radiante de “alegría” – Voy a cambiarme y enseguida estoy con ustedes.

Me metí en la habitación de empleados, cambiando el uniforme de trabajo por mi ropa normal y guardando el número de Taku en mi teléfono. Tiré el cigarrillo a la basura, suspiré intentando prepararme mentalmente para pasar una noche con un hombre al que no deseaba y me choqué con Kieko de frente.

– Ten mucho cuidado, estaremos atentos – Al ver la preocupación en su mirada me puse nerviosa.

– No va a pasar nada que no esté previsto, lo tengo todo controlado.

– Ánimo, espero que sea de gatillo fácil – asentí intentando que mi sonrisa no resultara muy histérica. Taku me esperaba junto a la barra, todo formal y sin mirarme dos veces seguidas. Cómo deseaba a ese hombre…

– Te espera en el coche – Me indicó el camino hacia el exterior y me agarró del codo al escucharme suspirar – No te preocupes, va a ser más fácil de lo que piensas – Le miré alterada.

– ¿A qué te refieres?

No me prestaba atención, abrió la puerta trasera del coche y esperó a que subiese. La mezcla de los olores del ambientador y la tapicería era un tanto insoportable. Matsutaro me sonrió con las manos apoyadas en sus piernas cruzadas. No conocía al conductor, pero Taku iba de copiloto. Verle ahí me causaba cierta tranquilidad; más valía malo conocido.

– ¿Has cenado? – preguntó mi acompañante.

– Sí, algo he comido en el bar – Se me fueron los ojos hacia el perfil de Taku. Le vi sonreír levemente.

– Si tienes hambre no dudes en pedir cualquier cosa, lo que más te guste. Cuando lleguemos tendrás preparado el jacuzzi, quiero que te sientas lo más relajada posible.

– ¡Muchas gracias! Nunca he entrado en uno.

– Siempre hay una primera vez para todo.

Me quería limpia y yo que lo entendía. Le miré a los ojos e intenté imaginarme una escena erótica a su lado, pero no daba resultado; no me excitaba lo más mínimo. Diferente era con el que se sentaba de copiloto, solo de pensar en su voz me entraban ganas de reirme como si tuviese catorce años.  Conversamos sobre trivialidades hasta llegar a su enorme casa. Todo eran lujos, seguridad y cosas bonitas e inútiles. La decoración era sofisticada y recargada y la limpieza extrema. Pensé que de ver el estado de mi vivienda me echaba de la suya por pobretona. Intenté memorizar las salidas, en caso de emergencia me haría falta saber hacia dónde correr. La ansiedad amenazó con dominar mis nervios, pero me obligué a mí misma a tranquilizarme acercándome un poco al silencioso Taku. Matsutaro me llevó hasta una habitación en la que destacaba una enorme cama con sábanas color salmón. Justo frente a ella, un gran cuarto de baño separado por una puerta translúcida. Antes de meterme ahí sola, miré hacia la puerta del dormitorio y vi a Taku allí de pie montando guardia. Siempre que rondara por ahí cerca, me sentía más tranquila.

Probablemente lo peor fue dejarme a sola en ese jacuzzi con mis pensamientos. Me dio tiempo a imaginar mil y una situaciones que fuesen mal: desde no excitarle y echarme de allí a patadas hasta que me violase de manera brutal con más hombres. Cualquier escenario era posible y no sabía qué esperar, por ello, mis músculos estaban tensos y mis sentidos completamente alerta. Al salir del agua un poco después, encontré un albornoz blanco y unas bragas de algodón forradas de seda color burdeos. Me lo puse suponiendo que era para mí y sin más ropa que esa pequeña prenda y la bata salí a la habitación. Al ver a Matsutaro sentado en un butacón junto a la cama con una copa de alcohol en la mano, le sonreí tímidamente, escondiéndome un mechón de pelo mojado tras las orejas. Quería salir corriendo de allí, pero me acerqué a él.

– Túmbate en la cama – ordenó sin moverse de donde estaba. Le hice caso y me tumbé de lado mirándole, dejando una pierna al aire para parecer más sexy – ¿Estás cómoda?

– Claro que sí, ¿por qué no vienes?

– Quítate la bata – accedí a sus peticiones siempre con una sonrisa, muriéndome de vergüenza y un poco asustada ante su expresión adusta – Tienes un cuerpo precioso.

– Gracias – estaba sonrojándome de verdad. No podría decir que estaba pasándolo muy mal pero no era de mis mejores momentos tampoco.

– Estoy seguro de que hueles de maravilla. Verás – Se echó hacia adelante en el sillón, apoyando sus codos en las rodillas – No disfruto del sexo como se espera. No es de mi especial interés el sexo en compañía, o al menos con contacto. Pero hay cierto ritual que para mí es necesario a la hora de estimularme. El principio, es ver a una mujer tan bella como tú disfrutar. El segundo es oler el resultado.

– Sí que eres un hombre interesante – Me mordí el labio por no tirarme por la ventana. Aunque al menos eso significaba que no iba a tocarme.

– Mastúrbate para mí pero no te quites las braguitas. Deja que te vea.

Me tumbé en la cama e intenté darme placer mirándole. Era igual que mirar a una pared, no estaba excitada en absoluto, me encontraba demasiado tensa. Probé a cerrar los ojos e imaginar que en lugar de tocarme a mí misma, Taku era el responsable de mis caricias. Y aunque logré comenzar a sentir algo, no era suficiente. Escuchaba a Matsutaro respirar a mi lado, el hielo de su copa crujir y me era imposible alcanzar un estado mental adecuado.

– Parece que necesitas algo de ayuda – abrí los ojos al escucharle hablar, tragando saliva cuando se levantó del sillón.

– Sí, lo siento – Sin embargo no caminó hacia mí, se fue hacia la puerta de la habitación, entrando casi de inmediato.

– Kozu san va a ayudarnos, espero que no te moleste – Taku se quitaba la chaqueta dejándola a los pies de la cama, mirando mi cuerpo desnudo sin pudor – Es un hombre de extrema confianza y ya le conoces.

– Está bien – murmuré, poniéndome muy nerviosa al ver ese primer vistazo de sus tatuajes cuando se remangó las mangas de la camisa. Esto cambiaba muchísimo la situación.

– Ponla a cuatro patas, quiero verlo todo bien – susurró su jefe.

 Sin mirarle, me di la vuelta, sintiendo sus manos alzarme las caderas. Solo con ese contacto me sentí agitada. Que Matsutaro mirase me tenía tensa, pero mi cuerpo se excitaba sin mi consentimiento al acercarme a Taku. Agarré una almohada y me apoyé en ella, esperando muerta de nervios. Pasó suavemente sus dedos sobre las bragas, entre la hendidura de mis apenas húmedos labios mayores, desde la vagina al clítoris. Se me escapó un gemido débil, agarrando con fuerza el forro de las sábanas. Repetía el movimiento despacio, con el suave sonido de mis jadeos como banda sonora. Cada vez que rozaba mi clítoris, gemía. La cuarta vez que recorrió ese mismo camino con sus dedos, presionó ligeramente al llegar a ese punto tan placentero.

– Dale ahí, le gusta.

Le sentí moverse por la cama y noté la calidez de su otra mano en la parte baja de mi espalda, apoyada justo encima del borde de las bragas. Giré mi cara en la almohada hacia él, y al abrir los ojos vi claramente su miembro erecto tensando la tela de sus pantalones. Le desee más que nunca. Un gemido largo y tembloroso se deslizó entre mis labios al tiempo que lo hacían sus dedos sobre mi zona más sensible. Lo notaba endurecido, sobreexcitado y tremendamente ávido por sentir más de ese roce tan glorioso. Cuando comencé a temblar, entendí el porqué de su mano en mi espalda; me intentaba mantener quieta. Sentía mi sexo ardiente, palpitante, empapado. Si quería que mojase las bragas, ahí lo tenía. Sus caricias eran constantes, así como la intensidad del placer que aumentaba cada vez más. El orgasmo me obligó a cerrar las piernas, atrapando su brazo en medio, mojándole la mano entera al rozarme con él. Además de mis escandalosos gemidos, le escuché jadear y susurrar algo que no llegué a entender. Fue un orgasmo largo, me subió cadera arriba y bajó hasta mis tobillos, poniéndome el vello de punta y la piel de gallina. Mordí la almohada, me deshice, quería más. Llamaron a la puerta.

– ¿¡Se puede saber qué cojones queréis!? – espetó Matsutaro enfurecido. Se me había olvidado que estaba ahí.

– Jefe, tiene a Kubo sama al teléfono – Taku dejó de tocarme, me soltó, esperando órdenes. Me puse bocarriba en la cama, jadeando y apartándome el pelo de la cara.

– Ya sabes lo que tienes y lo que no tienes que hacer – indicó Matsutaro a Taku, que asintió mirando hacia atrás – Intentaré no tardar – La puerta se cerró y él me miró a los ojos. Y también a mi cuerpo, de arriba abajo, con detenimiento.

– ¿Qué más vas a hacer conmigo? – pregunté jadeante – ¿Qué significan esas instrucciones?

– Va a estar entretenido un rato – susurró mirándome los pechos – Es al jefazo al que tiene al teléfono – apreté los labios, sabiendo que tendría que estar intentando por todos los medios escuchar lo que hablaba pero deseando que Taku siguiese con lo que fuese que tenía que hacer.

– No creo que pueda mojar más las bragas – sus ojos se clavaron en los míos, se lamió los labios y sonrió muy levemente.

– ¿Que no? Pues eso es precisamente lo que quiere el jefe.

Me agarró por los tobillos con una sola mano; o eran muy pequeños o sus manos excesivamente grandes. Subió mis piernas, juntas, apoyando mis rodillas en mi pecho. Se situó frente a mí, mirando entre mis piernas. Sentí como despegaba las bragas adheridas a mi piel con los dedos de la mano que tenía libre. Un quejido salió entre mis dientes apretados al sentir las yemas de sus dedos hundirse entre mi carne, solo una vez. No veía lo que hacía pero de igual manera esa caricia me hizo cerrar los ojos.

– Y esto es precisamente lo que no quiere – Lo que sentí rozarse ente mis labios menores no era un dedo. Era demasiado grande y estaba demasiado caliente. Abrí los ojos sobresaltada, intentando ver lo que me hacía aunque no me hiciese falta para averiguarlo.

– Taku, no, para, si te ve hac—

– ¿No quieres que siga? – Murmuró con su mirada fija entre mis piernas, donde su erección se empapaba con mis fluidos – Si no quieres, me la meto en los pantalones. Aunque prefiero metértela a ti, estás tan mojada…

– Pero, Taku kun – sentí su glande entrar despacio, le vi abrir los labios, dejando salir el aire temblorosamente. Me tapé la boca con la mano, escondiendo mis ganas de gritar su nombre, quedándose en quejido.

– Eres muy estrecha – escuché que suspiraba conforme se deslizaba en mi interior. Su grueso miembro se rozaba con mi piel al entrar y salir, volviéndome loca de placer – Joder Rei chan, voy a correrme ya, ¿te duele?

– No – apreté la almohada con ambas manos, cerrando los ojos al sentir sus caderas contra las mías. Retuvo un gemido a duras penas tanto en esa como en las demás embestidas.

El sonido húmedo y constante de su cuerpo chocando con el mío inundaba mis oídos. Me agarré a los músculos de sus brazos en tensión, quería tocarle. Me apretó el muslo con su mano y me clavó los dedos en los tobillos, casi tumbado sobre mi cuerpo. Susurraba “kimochi” sin parar, lamiéndome las corvas, mordiéndome los gemelos. Escuchamos la voz de Matsutaro en la puerta, chasqueó la lengua y me la sacó bruscamente, guardándosela en los pantalones y metiéndome tres dedos en su lugar.

– Gime – ordenó, recuperando el aliento – Que te escuche pasarlo bien – No tuvo que pedirlo, los gemidos se me escapaban aunque no quisiese.

Miré entre sus piernas, observando que la erección se le marcaba más que antes y que se había manchado los pantalones con mis fluidos. Antes de que Masutaro entrase, me senté en la cama, tirándole del pelo y besándole sin cerrar los ojos. Al escuchar el pomo me dejé caer, gimiendo más fuerte de lo normal cuando me sacó los dedos y capturó mi clítoris con el índice y el pulgar.

– Lárgate – Masutaro golpeó el hombro de Taku, que dejó de tocarme al instante y se puso en pie, escondiendo su agitación – Llama a Katsuraji san, que vaya con vosotros a casa. No me fio de tus impulsos después de haber estado tocándola. Y vuelve que tengo que hablar contigo sobre mercancía que van a traer al puerto mañana – asintió y se alejó con rapidez. Me miró visiblemente molesto – Dame las bragas. Siento que nos hayan interrumpido.

– No pasa nada, he disfrutado mucho, Kimura san – estaba cubierta en sudor. Me quité las bragas y se las di. Al instante se las llevó a la nariz, aspirando profundamente. Sonrió.

– Hueles especialmente bien, Taku ha hecho un buen trabajo. Casi nunca acaban tan mojadas.

– Tiene buenas manos ese chico – dije riéndome. Me miró suspicaz.

– Ve a cambiarte, ahora mismo te llevan a casa.

Me crucé con el desconocido que me iba a acompañar a casa y con Taku al ir al baño completamente desnuda. Ambos miraron mi piel, pero el deseo que vi en los ojos de mi yakuza no lo encontré en el otro. Me limpié un poco antes de vestirme, intentando escuchar lo que hablaban, pero solo me llegaban trozos de la conversación.

– Es mucho material, manda a seis personas de confianza y que lo recojan con rapidez. Hay que dejarlo en el almacén de siempre.

– ¿No cree que es demasiado temprano, aniki?

– Sí, pero han tenido problemas y no pueden dejarlo más tarde. No es noche cerrada, que tengan más cuidado que de costumbre – apunté mentalmente todo lo que estaba escuchando, a la mañana siguiente tendría que llamar a la oficina para que vigilasen la zona del puerto. Al fin resultados. Esperé un poco y salí del baño con mi ropa, sonriéndoles.

–   Lista – Tanto Taku como el hombretón calvo y serio que tenía al lado me indicaron la salida – Hasta pronto, Kimura san.

– Llámame Masutaro, por favor. Muchas gracias Rei, has estado maravillosa – Me incliné y salí al fin de allí flanqueada por esos dos hombres de aspecto amenazador. Desde luego nadie se iba a atrever a soplarme con semejante compañía. El desconocido se sentó al volante, Taku se sentó atrás, a mi lado.

– Qué sueño – dije tras bostezar una vez nos pusimos en marcha. Me acordé de que tenía su número de teléfono y le mandé un mensaje para que tuviese el mío “por muy cansada que esté, sigo queriendo ir por donde nos quedamos

– Tienes que estar cansada – dijo el conductor entre risitas – Se escuchaban los gemidos a dos habitaciones de distancia – Miré a Taku, que me sonreía pagado de sí mismo con el teléfono en la mano, oculto de la vista de ese otro hombre tras el asiento del conductor. Me dio la risa floja.

– Sí que lo estoy, necesito dormir más de ocho horas para reponerme.

– Nunca había escuchado a ninguna mujer ser tan escandalosa con el jefe como tú, ¿Verdad Kozu kun?

– Suelen pasar por su habitación sin abrir apenas la boca, sí que es verdad – Se tocó la entrepierna mirándome el escote, las piernas, los labios – El jefe debe estar contento contigo – Miré fuera de la ventana y me di cuenta que casi estábamos en mi casa.

– Puedes dejarme en este semáforo, vivo cruzando la carretera.

– No voy a dejarte tan lejos. Kozu, acompáñala hasta la puerta y asegúrate que entra.

– Sí, muévete – Me dijo al abrir la puerta.

Me acompañó hasta mi edificio en silencio, con prisas, gritándole improperios a un coche que casi nos atropella por cruzar sin mirar. Subimos las escaleras de metal, metiéndonos hacia la parte interior de las viviendas y caminando hasta la puerta de mi casa. Abrí y me quedé mirándole.

– Qué ganas tengo de entrar ahí contigo – Me susurró, devorándome con la mirada.

– Taku – Le puse una mano en el pecho, con la otra le acaricié desde los testículos hacia arriba y susurré en sus labios – Daría lo que fuera porque me follases toda la noche.

– La paja que me voy a hacer en cuanto llegue a mi casa pensando en ti… – Me puso las manos en la espalda y en la mejilla – En cómo me traga tu coño – Tiré de su chaqueta, metiéndolo en mi casa, sentándole en el escalón de la entrada destinado a cambiarme de zapatos.

Le abrí la bragueta, eché mis bragas hacia un lado y me senté sobre él con las rodillas apoyadas en el suelo. Me pasaba ambos brazos por la espalda, hundiendo la cara en mi cuello. Jamás en mi vida había tenido tanta ansiedad por follarme a alguien como en ese momento. Mi cuerpo pedía a gritos el contacto con el suyo y me deshice en gemidos suaves tan pronto le sentí oprimirme desde dentro. Tenía razón, mi cuerpo le tragaba con ansias, el roce era demasiado para cualquiera de los dos. Me susurraba que se corría pero mis caderas no le daban tregua, quería sentir cómo lo hacía y quería sentirlo dentro. Era una locura, me la estaba jugando, pero en ese momento lo único que me importaba era el orgasmo que me agitaba de pies a cabeza. Se corrió intensamente, gimiendo de manera escandalosa contra mi piel, clavándome las uñas en la nuca y la cintura.

– Eres peor que una droga – Sus dedos estaban enredados en mi pelo, su nariz acariciaba la mía – No puedo evitar dejarme llevar por mis impulsos cuando te toco. Nunca había desobedecido de una manera tan directa.

– Vete ya – Le besé con cariño al sentirme llena de él – No te busques un problema.

– Me parece que ya lo tengo, pero no quiero resolverlo – Me acarició el pelo, echándolo hacia atrás para ver bien mi cara – Espero verte pronto.

– Sabes dónde encontrarme – pasó un minuto entero simplemente mirándome y acariciándome hasta que decidió levantarse. Me quedé sentada en el escalón, pensando que tenía que limpiarlo todo incluida a mí misma. Se despidió de mí con un gesto de la cabeza, yo lo hice con una sonrisa.

 

 

4

Al abrir los ojos la mañana siguiente, seguía sonriendo. Me di una buena ducha donde descubrí una marca que había dejado su boca tras mi rodilla izquierda. Mi piel seguía sensible al recordar cómo fue estimulada el día anterior. No podía dejar de pensar en sus besos, sus gemidos, lo ardiente de su polla en mi interior. Quería verle otra vez, estaba obsesionada con su cuerpo, con el placer que ahora sabía me podía y quería dar. Pero en su lugar cogí el teléfono y llamé a la oficina diciendo que tenía información importante. Sayuri se presentó en mi domicilio poco después, dándome tiempo solo a limpiar la entrada de cualquier rastro masculino. Le ofrecí té nada más recibirla y nos sentamos en el salón de mi casa para comunicarle lo que oí tras la puerta del baño la noche anterior.

– Espero que no haya sido muy difícil.

– No, no lo fue. No le gusta tocar a las mujeres, tuve suerte – La mirada de esa mujer ocultaba curiosidad – Si quieres preguntar, hazlo.

– Es solo… Shinsui san dijo que te vio besarte con uno de esos hombres a la salida de la comisaría – El corazón me dio un salto tal que durante unos segundos perdí la concentración.

– Ah, es un hombre del bar que tiene fijación conmigo. No era la primera vez que pasaba – No estaba mintiendo. De momento.

– Me dijo que tú también le besabas a él.

– Bueno, sí – alzó levemente las cejas, no se esperaba esa contestación en absoluto – No puedo rechazarles tal cual, tengo que darles pie para que se confíen y pueda daros información como la que tenía hoy.

– Ah, ya veo. Muchísimas gracias, van a alegrarse mucho en la oficina. Pondremos a un grupo de hombres vestidos de paisanos de guardia. Un excelente trabajo, Tachibana san.

– Muchas gracias – Nos inclinamos ambas.

– Me sorprende tu fuerza. Yo no podría hacer lo que está haciendo – Se miró las manos en silencio y suspiró – En fin. Ve al bar como si fuese un día cualquiera, espero que pronto no tengas que ir más.

Asentí sonriente y la despedí. Últimamente lo único que hacía en mi vida era fingir y aceptar órdenes una detrás de otra. Los únicos momentos en los que podía ser yo misma era en mi casa a solas y cuando estaba con Taku. Y aun así, con Taku también tenía secretos. Ya no sabía qué había de real y de mentira en mi día a día, lo único que sabía es que me moría de ganas de verle. Sin embargo esa noche no se presentó por el bar más que unos segundos. Le vi en la puerta, haciéndome gestitos para que me acercase. Con una sonrisa radiante y real me acerqué a su lado. No tenía el pelo recogido, se lo había peinado hacia atrás.

– Qué aspecto de malote tienes con esas pintas, Taku san – Se rio brevemente entre dientes.

– Vengo buscando suerte – tiró de mi barbilla con suavidad y me besó de igual manera mis labios – ¿Me la deseas?

– Claro que sí – respondí idiotizada – ¿Vas a jugar a pachinko? – Se rio

– No, voy a recoger unas cosas y puede llegar a ser peligroso. Son chinos, nunca sabes qué esperarte de los chinos – Un pellizco se me cogió en el estómago. Si él iba a por las mercancías del muelle iban a arrestarle. O peor, se veía entre fuego cruzado y… Se daba la vuelta para alejarse.

– ¡No vayas! – Se giró y me miró con el ceño fruncido pero sin perder la sonrisa.

– No me va a pasar nada, tranquila. No tienes que preocuparte tanto por alguien como yo.

– Ten mucho cuidado – miré al suelo, le miré a los ojos y me di la vuelta para seguir trabajando con un nudo en el estómago.

Si le ocurría algo esa noche, iba a ser por mi culpa. Iba a quedar en mi conciencia para siempre. Quería llamarle y contarle toda la verdad, que les iban a pillar, que yo había avisado a la policía pero, ¿suál sería su reacción al descubrir mi verdadera identidad? Estaba contra la espada y la pared. Aunque tenía que distraer a esos hombres que no paraban de llamarme a gritos, no me concentraba. A la hora de cerrar de una noche que se me antojó eterna, Kieko me agarró del brazo.

– ¿Qué te hicieron ayer? Estás con la cabeza en otra parte.

– Nada. Ese tío no me tocó, tiene una fijación extraña por los olores y es un mirón – suspiró más aliviada que yo la noche anterior.

– Menos mal, estaba muerta de miedo – No podía contarle todo lo que pasó, tendría que aguantar su mirada acusadora y no estaba dispuesta a ello.

– Me voy a casa, me encuentro un poco mal – Me incliné y caminé hacia la salida.

– ¿Seguro que no te hicieron nada? – asentí, sonriendo sin ganas una vez más.

– ¿Quieres que te lleve?

– No, no, no hace falta – Si me llevaba tendría que ir hablando con ella y no me apetecía en absoluto.

Pedí un taxi, a esas horas de la madrugada no me gustaba coger el transporte público sola. Los nervios me comían por dentro, le mandé un mensaje pidiéndole que me avisase cuando estuviese en su casa sano y salvo y riñéndole por preocuparme de esa manera. Al ver que no me contestaba me inquieté aún más. Con el corazón en un puño entré en mi casa, metiéndome directamente a la cama porque no me iba a entrar nada de comida debido a la angustia. Pero no podía dormir, no paraba de pensar y mirar el teléfono. Las paredes de la habitación me resultaban opresivas, tanto como el silencio de la noche. Miré por la ventana, a las pocas estrellas que llegaba a ver preguntándome si él también las estaría mirando, o si podría mirarlas. Si podría mirar algo. Me quejé dándome la vuelta y poniéndome la almohada sobre la cabeza. A las cuatro y cuarto de la madrugada escuché tres golpetazos en la puerta. Encendí la luz escuchando al perro del vecino ladrar como loco y caminé hacia allí asustada, más cuando al asomarme a la mirilla no vi a nadie. Abrí con cautela, sin quitar la cadena, y descubrí que alguien estaba sentado contra mi puerta. Alguien que resoplaba, vestido de negro y con el pelo por debajo de los hombros oscuro y revuelto.

– ¿Taku? – Un quejido familiar por respuesta. Abrí de par en par y tuve que arrodillarme para evitar que ese hombre cayese de espaldas al suelo – ¡¿Qué te ha pas—

– Shh, cállate la boca, ayúdame a entrar – Se apoyó en mi hombro y cerré la puerta con pestillo de nuevo. Una mancha de sangre se extendía desde uno de sus costados por la camisa blanca – Me he doblado un tobillo, parece que estoy peor de lo que estoy.

– Ven, apóyate en mí – Le llevé hasta mi cama sin dejar de mirar sus gestos de incomodidad y dolor, tumbándole y apartándole los sudorosos mechones de pelo de la cara – ¿Te han disparado? ¿Qué necesitas?

– Solo me ha rozado el costado, pero hijo de la gran puta, duele, ten cuidado – Me pidió al notar que le quitaba los botones de la camisa – Siento venir aquí pero no podía ir a mi casa, no sé qué saben y qué no saben – Me mordí el labio, tragándome la culpabilidad al ver la quemadura y la herida que tenía en el lado izquierdo del cuerpo.

– ¿Qué tobillo es el que te duele? Túmbate – Esa no era la manera que tenía pensada para ver sus tatuajes por primera vez, no era en esas circunstancias.

– El derecho, se me va a hinchar – Le quité los zapatos con mucho cuidado, sabía lo que dolía una torcedura – Panda de cabrones, hijos de la grandísima puta…

– Tendrías que ir al médico – eliminó esa posibilidad negando con la cabeza – Voy a por cosas para curarte, algo tengo en el baño, espera – Le escuché resoplar y chasquear la lengua desde el servicio.

Cuando cogí los materiales y cerré la puerta del botiquín me quedé mirando mi reflejo. No sabía qué estaba haciendo con mi vida, ya no sabía quién era el malo y quién el bueno. No dudé al dejarle entrar en casa, no me paré a pensar qué era eso con lo que traficaba en el puerto. ¿Drogas? ¿Armas? ¿Personas? No quería saberlo. Lo único que quería era que ese hombre en concreto se recuperase, que no le pasase nada. Al resto de su clan, al resto de policías que se enfrentaron a ellos… el resto de personas no me importaban lo más mínimo.

– Rei chan – Su voz lastimera me hizo decantarme definitivamente por una de esas dos posiciones morales en ese momento.

– Voy – Me apresuré a sentarme en el borde de la cama, girándole su torso ligeramente para limpiarle bien la herida – ¿Quién os ha atacado? – Era más fácil preguntarle si le tenía de espaldas.

– Al principio creí que era la policía pero resultó ser otro clan – apretó los ojos y los dientes, intentando no quejarse al darle alrededor de la abrasión con el algodón empapado en alcohol – Después me pareció ver policías, pero no estoy seguro. No entiendo muy bien qué cojones ha pasado pero tengo que llamar al jefe. No sé si la mercancía la han robado o si la han confiscado.

– ¿Vas a buscarte un problema por esto? – negó con la cabeza, apretando los músculos del estómago cuando le limpié la herida directamente

– Me lo buscaría de haber huido con el rabo entre las piernas, como han hecho algunos gilipollas. Si se hubiesen quedado… ¿Te queda mucho? – Le vi apretar las sábanas.

– No, ya te pongo las gasas. Igualmente creo que debería verte un profesional.

– Si conoces a alguien que no me vaya a denunciar a la policía dile que venga – No, no conocía a nadie – ¿Sabes vendarme el tobillo? ¿Crees que tienes fuerza? Podrías llamar a tu jefe, parece buena gente.

– No lo sé, no lo creo – estaba muy nerviosa. Si Yoshi se enteraba de que le tenía en mi casa se lo diría sin duda alguna a mis superiores. No podía saberlo nadie. Miré tras la mesilla de noche, donde tenía los archivos del clan apilados. Tenía que esconderlos pero con Taku allí iba a ser imposible – Deja que lo intente yo.

Vendarle ese tobillo inflamado fue mucho más difícil que limpiarle la herida del costado. No paraba de quejarse, de insultarme y revolverse. Me debatía entre terminar de vendarle y mandarle a tomar por culo, pero al mirarle y encontrarme con que tenía las lágrimas saltadas no pude evitar sentir lástima. Acabé agotada, aunque no más que él.

– ¿Necesitas algo más? ¿Quieres agua? – respiró hondo con los ojos cerrados en la cama.

– Te quiero a ti – tiró de mi brazo y me tumbó a su lado derecho – Has sido lo primero que se me ha venido a la cabeza cuando he pensado en esconderme.

– No es que pueda ofrecerte mucha seguridad – buscó los dedos de mi mano izquierda con su mano derecha, girando la cabeza para mirarme.

– No pensé en ti por eso – Le aparté el pelo de la cara, quería verle bien. Al sentir la caricia en su mejilla, cerró los ojos – Simplemente quería estar contigo – Me incliné sobre él, con cuidado de no aplastarle, besando sus labios despacio.

– No te enamores de mí, ¿eh?– susurré interrumpiendo los besos. Me acarició el pelo de la nuca con su mano izquierda, deslizando sus labios sobre los míos.

– ¿De una camarera? Jamás – sentí que las comisuras de su boca subían al escuchar mi suave risa.

– ¿Y qué digo yo ante eso? – Le miré a los ojos apoyando la mano junto a su cabeza. Sus dedos bajaron hasta mi hombro, acariciándolo por debajo de la manga de la camiseta – ¿Y por qué es buena idea estar con alguien como tú, eh?

– No lo es, Rei chan – rio – Es la peor idea del mundo, pero parece que te encanta mi compañía. Desde aquella primera noche en el bar no te has negado a que te toque ni una sola vez – Se pasó la lengua por los labios, acariciando mi brazo sutilmente – Es más, siempre me andas buscando.

– ¡Yo no hago eso! – asintió alzando una ceja.

– Siempre que estamos en la misma habitación y ocupados con diferentes mierdas, me buscas con la mirada. Y siempre que me encuentras sonríes y miras a otra parte – apreté los labios un poco avergonzada, no era consciente de hacerlo. Con razón Kieko se dio cuenta – Y no lo entiendo – La calidez de su mano en mi mejilla me hizo suspirar, dándome cuenta de que la atracción tan desmedida que sentía hacia él se estaba convirtiendo en algo más.

– Yo tampoco, solo… – Me tumbé con cuidado en su pecho, cerrando los ojos al sentir sus dedos sobre mi pelo – Solo quiero estar contigo. Es en lo único que pienso durante todo el día. Ni siquiera puedo trabajar en condiciones – Desde luego que no. Si mis jefes me viesen podía considerarme despedida. Acabada como policía.

– Esto no va a traer nada bueno para ninguno de los dos – murmuró en un tono completamente diferente. Abrí los ojos y pasé las yemas de los dedos por los tatuajes de su pecho.

– A la larga, no. Ahora mismo no quiero otra cosa.

No hablamos más. No hacía falta. Sabía que estaba despierto y él sabía que yo estaba despierta, sin embargo no dijimos nada más. No era una situación normal, no iba a salir bien porque él era lo que era y de saber mi verdadera identidad… no podía imaginar cuál sería su reacción. No quería saberla. Me gustaba más la idea de la camarera que se mataba a trabajar por las noches pero que tenía a su chico malo en casa que la de la policía encubierta que se acostaba con altos cargos de la mafia para sacar información. La realidad era horrible, insultante y excesivamente peligrosa. E irónicamente, en los brazos de ese hombre malherido y de moral cuestionable, me sentía completamente a salvo. En paz.

                Me desperté al escuchar un quejido y algo que caía en el suelo. Taku estaba en pie, agarrándose el costado y camino al servicio. Me bajé de la cama para acompañarle y servirle de apoyo por el camino, por lo que recibí una sonrisa entre tanto gesto de molestia.

– Duele más que ayer, no puedo poner el puto pie en el suelo – Se dejaba caer en las paredes y en mi hombro, apoyado únicamente en un pie y avanzando a saltos.

– Claro, está inflamado. Menos mal que mi casa es pequeña y queda todo cerca – Le abrí la puerta del baño.

– Desde aquí puedo yo solo – asentí, cerrando tras de mí. Volví a la habitación y cogí el despertador del suelo, viendo que eran las 10 de la mañana. Al agacharme me topé con los archivos.

Con la angustia y el miedo revolviendo mis tripas, abrí el armario y escondí todos los papeles bajo las cajas de zapatos, con prisas, arrugándolos y poniéndome nerviosa por ello. Escuché el ruido de la cisterna justo cuando cerraba las puertas, y a Taku quejarse cuando salía de la habitación.

– Vuelve a la cama – Le pasé el brazo por la espalda, sintiendo de nuevo el peso de su cuerpo sobre el mío – es muy temprano.

– Debería largarme de aquí – Mostré mi desacuerdo en dos simples ruiditos.

– De eso nada. Hasta que no puedas andar solo de aquí no te mueves. No te preocupes que te voy a buscar unas muletas, tengo que tenerlas de cuando me lo torcí en las prácticas.

– ¿Tan arriesgado es ser camarera? – Los nervios me recorrieron el cuerpo como una descarga eléctrica. Tenía la boca como un buzón, ese desliz había ocurrido estar tan tremendamente cómoda a su lado.

– ¿Has visto el escalón que hay en la entrada del bar? – asintió – Pues yo no lo vi – Mi mentira le pareció muy graciosa.  Me pregunté cuántas veces más iba a tener que inventarme algo así. Al llegar a la habitación, su teléfono vibraba sobre la mesilla de noche. Se lo puse en la mano una vez se tumbó.

– Te tengo dicho que bicho malo nunca muere – fue lo que contestó seguido de una risa guasona – Nah, estoy bien dentro de lo que cabe. Tengo enfermera… ¡Claro que no estoy en el hospital, gilipollas!… ni de puta coña te digo dónde estoy, no es mi casa… que sí joder, cuando pueda andar voy… ¿El único? ¿¡Te estás quedando conmigo?! – Al tensarse se volvió a llevar la mano al costado, le susurré un cálmate, poniéndole las manos en los hombros evitando que se incorporase – Hijos de puta, lo que no sé es cómo cojones se han enterado. Tenemos alguien con la boca muy grande… no, si lo encuentras déjame a mí un rato con él, si a mí me duele el puto tobillo no te digo lo que le va a terminar doliendo a él. Vale, sin problemas.

Me levanté de la cama antes de que acabase su conversación y fui a la cocina, respirando hondo. Yo era esa persona con la boca grande, si me pillaba… si me pillaba no lo contaba. No supe qué hacer, se tenía que ir de mi casa, si se quedaba iba a descubrir mi verdadera identidad tarde o temprano. No podía dejarme llevar por un sentimiento estúpido, por un calentón. De momento preparé el desayuno y busqué las muletas, intentando pensar en una solución rápida a mi problema. Al volver a la habitación con una bandeja pensé que estaba dormido, pero nada más entrar abrió los ojos.

– ¿Me traes el desayuno a la cama, vida mía? – Intentó incorporarse de nuevo él solo, quejándose entre dientes.

– Deja de hacer esos movimientos bruscos, así no se te va a curar en la vida – Le puse varios cojines en la espalda, sintiendo sus atención puesta en mí.

– Cuanta seriedad… – Le miré a los ojos, alzó la mano y capturó un mechón de mi pelo entre sus dedos – No voy a durar mucho más aquí. No estás segura conmigo cerca y mucho menos ahora. Si me descubren, vas a la cárcel.

– Ya, bueno, de momento come algo. Voy a ducharme.

Era consciente de que cuanto más lejos, mejor. Pero también era cierto que le quería a mi lado, quería cuidar de él y asegurarme de que no le pasase nada. Me puse el uniforme nada más salir de la ducha, peinándome y arreglándome para ir al trabajo. Cuando entré en mi habitación le vi con mi teléfono en la mano.

– No para de llamarte una tal Sayuri – intenté esconder mi pánico caminando despacio hacia él.

– Ah, es una amiga, voy a llamarla a ver qué quiere. Tú descansa – cogí el teléfono pero me agarró de la muñeca. Me asusté, di un respingo. Me miró entrecerrando los ojos.

– Estás rara… ¿qué pasa?

– No me esperaba que me agarrases tan fuerte – murmuré, con el corazón desbocado.

– ¿Te has acojonado por lo que he estado hablando con ese tío? Porque si es eso no te preocupes, no va a pasarte nada y no va a venir nadie. Siento haberte asustado – tiró un poco de mi muñeca, acercándome a él.

Me coloqué a su lado siempre con cuidado para no rozarle la herida del costado, dejándome abrazar por la cintura. Apoyó la cabeza justo bajo mis pechos e intenté peinar sus greñas con los dedos. Me daba igual el peligro. Me daba igual el trabajo. No quería alejarme de él. Subió un poco mi camisa y besó la piel junto a mi ombligo, sonreí y me aparté.

– Tengo que llamar a esta chica y tengo que ir a trabajar. Tú desayuna y coge fuerzas –Por la manera en la que me miró pensé que iba a decirme algo más.

Solo me soltó, pellizcándome antes el trasero. Pensé que iba yo a decirle algo más pero me marché de la habitación. Fui a la cocina, llamando a mi jefa y suspirando, dejándome llevar por los sentimientos pero no por las ganas de volver a la cama con él.

– Tachibana san, buenos días. Llamaba hace un momento para informarle de que la información que nos dio ayer era correcta. Arrestamos a uno de los miembros del clan y a algunos de otra familia. Muchas gracias por su gran trabajo.

– Ah, de nada, ¿todo bien? – No podía decir directamente “alguna baja” porque si Taku estaba escuchando se iba a extrañar.

– Algunos heridos pero nada grave. Estamos muy satisfechos, por favor, siga con su excelente trabajo y pronto volverá a su puesto de siempre.

Nos despedimos y eso fue todo. Gran trabajo haciéndole daño al hombre que tanto te gusta, Rei chan. Me acerqué a la habitación para coger mi bolso y marcharme al trabajo. Taku contenía un eructo enorme al verme volver, dejando la bandejita en la mesa de noche. Le miré desde los pies de la cama.

– Me voy al trabajo. No hagas esfuerzos grandes, ¿vale? Si quieres comer más dejo dinero en la cocina, pídete comida o cógela del frigorífico. No te levantes mucho tiempo que tienes el pie como una berenjena. Por cierto, alguien que sepa debería vendártelo en condiciones.

– Ve con cuidado, cielo – Me hizo gestos con la mano para que me acercase mientras me ponía morritos. Me reí, acercándome. Me pasó la mano por la cintura cuando me agaché a besarle. Olía y sabía a naranjas. Suspiré acariciando sus patillas y me marché a trabajar.

Mientras servía copas, cantaba en el karaoke y tonteaba con extraños no hacía más que pensar en él y en cómo estaría. Por primera vez estaba deseando ir a casa, supuse que eso era lo que se sentía cuando tenías a alguien esperándote. Y al volver ya no estaba. Ni una nota ni rastro de que había pasado por allí más que la bandeja y la cama desecha. Me senté donde él estuvo tumbado, agarrando la almohada y oliéndola. Solo apestaba a tabaco, ni rastro de su olor. Y me quedé solo con el recuerdo durante casi dos semanas. No quería llamarle ni nada por el estilo porque ni era su novia ni lo veía correcto. Más me valía evitar todo lo que me pudiese delatar por haberle tenido en casa o por tener una relación más allá de lo laboral con él. Ni amistad. Lo único tolerable era flirteo o sexo por información, sin sentimientos de por medio. Sexo como herramienta de trabajo, usar mi cuerpo como reclamo. Noche tras noche engatusaba a hombres que de no estar en esa situación ni me habría acercado a preguntarles la hora. Había días que me asqueaban y días que me daban exactamente igual. Creo que la indiferencia era lo peor, el asco al menos era un sentimiento que transformar en otra cosa.

– Estás de un mustio insoportable – Me dijo Kieko una noche que se me hacía especialmente larga y tediosa – Desde que no aparece ese tío por aquí estás apagada.

– Qué te puedo decir, le daba alegría a la noche tenerle cerca – negó con la cabeza, exasperada. No tenía ni idea de lo mucho que me alegraba su presencia. Kieko miró sobre mi hombro y chasqueó la lengua dándose la vuelta para atender una mesa, mascullando.

– Tsk, hablando del rey de Roma… Antes lo digo, antes aparece. Lo llego a saber y me callo.

Le sentí antes de verle. Sus grandes manos en mi cintura. Mis pequeñas manos apretando la bandeja. Le acerqué el trasero casi por instinto cuando se inclinó sobre mí para besarme la mejilla. Al hacerlo, algo parecido a un ronroneo salió de su garganta y sus manos me apretaron las caderas con fuerza, pegándose a mí en un refregón de lo más obsceno. No sabía si era por estar constantemente rodeada de gente que hablaba sobre sexo sin tapujos pero lo cierto es que cada vez me avergonzaba menos ese comportamiento suyo hacia mí.

– ¿Me has echado mucho de menos? – Sopló junto a mi oído, poniéndome los vellos de punta.

– Lo justo, estos chicos piden toda mi atención.

Me agarró de la barbilla, girándome la cara y mirándome a los ojos. Esa perilla que se dejaba me encantaba, esa argolla en su oreja izquierda también, sus cejas serias a pesar de sonreírme con esos dientes torcidos y perfectos a su manera, su pelo largo recogido hacia atrás y los que se le escapaban junto a la mejilla, sus lunares, esa boca a medio abrir e inexplicablemente tan lejos de la mía, los músculos de su cuello, las venas de sus brazos, sus dedos largos, sus tatuajes, su chulería, sus momentos dulces y escasos, esa fogosidad, ese no poder controlarse a mi lado que nos iba a buscar un problema porque yo también me descontrolaba. Ese todo.

– Pues yo sí te he echado mucho de menos, sobre todo ese coño tan suave que tienes – Ah, y sus palabras sucias, claro.

– ¡Taaaaku-san! – Le pegué con la bandeja en el hombro, se rio – ¡Ve a sentarte antes de que te eche de aquí! – Caminó hacia la mesa entre risas mientras yo buscaba en la barra lo que ya sabía que iba a beber. Sentí unos ojos clavándose en mí.

– Ten cuidado – La advertencia en la mirada de Yoshi era la misma que veía siempre en la de Kieko – Hay una línea que no deberías cruzar y me da la impresión de que la estás saltando con ambos pies.

– Sé lo que me hago.

– No, no lo sabes – Me sentí insultada al ver la decepción en sus ojos.

– Si esa misma conversación hubiese sido con su jefe no tendrías ningún problema. Sé lo que me hago – Iba a contestarme, pero me alejé de él, sirviéndole su copa a Taku.

– Me manda el jefe para que te recoja – Pasó un dedo por detrás de mis pantorrillas, haciendo que me fallase la pierna al acariciarme las corvas – Cuidado, lo tiras todo.

– ¡Ay! ¡No sé de quién será la culpa! – Apretó mi muslo por debajo de la falda, mordiéndose el labio.

– Tráeme el micro, echo de menos cantar.

  Mientras le servía a sus compañeros le escuchaba cantar una canción tras otra. Yoshi no paraba de llamarme asignándome tareas que normalmente no me asignaría, alejándome de Taku el mayor tiempo posible. Lo que él no sabía era que esa noche probablemente terminaría haciéndome mojar unas bragas que luego se quedaría otro pervertido, pero eso estaba justificado, eso era trabajo, de enterarse seguro que no tenía nada en contra. Cuando Taku tiró de mi mano, poniendo nuestra canción, mi cabeza estaba inundada de pensamientos negativos y furiosos. Me senté entre sus piernas, dejándome abrazar por él, apoyando la cabeza en su pecho y sintiendo la vibración de su voz en la espalda. No se comportaba como el pervertido que era, en su lugar me besaba y acariciaba la mejilla con su nariz con dulzura cuando no le tocaba cantar. Pero no estaba disfrutando del momento, estaba demasiado enfadada. Apenas acabó la canción me levanté del asiento resoplando.

– Vámonos ya. No quiero trabajar más.

– ¿Te rebelas contra el sistema? – Cogió su chaqueta y tuvo que acelerar el paso para alcanzarme camino a la salida. Distinguí su coche de lejos, era ridículamente grande. Esperé a que lo abriese y me senté en el asiento del copiloto – ¿Qué coño te pasa?

– Que estoy harta de estar rodeada de hipócritas.

– Bueno, vida mía, son el 90% de la población. Casi nadie hace lo que verdaderamente quiere.

– Ni siquiera nosotros – Rio brevemente.

– Nosotros los que menos, somos los últimos monos.

– ¿Y si lo mandamos todo a tomar por culo aunque sea por un día? – Se me quedó mirando con las llaves en el contacto, sopesando mi propuesta – Ven a mi casa, ya se nos ocurrirá una excusa.

– No debo ir a tu casa. No es seguro para ti.

– ¡Estar sentada en tu puto coche no es seguro para mí! – Le agarré del cuello de la camisa blanca que llevaba bajo la chaqueta y le besé con ansias, mareando su lengua y mareándome yo – Desearte de esta manera tampoco, pero hay cosas que no me da la gana evitar. Y hoy lo que quiero es que me folles fuerte, que sea duro y que sea sucio. Tan sucio que me de vergüenza al día siguiente.

No tuve que darle más excusas, obviamente. Condujo hasta mi casa a tanta velocidad que fue sorprendente llegar vivos y sin que la policía nos parase. Aparcó de cualquier manera, tiré de su mano hasta mi casa y una vez dentro fue la última vez esa noche en la que tomé el control de la situación. Me agarró con fuerza del pelo y de la cintura, haciéndome caminar de espaldas hasta mi habitación y besándome profundamente. Me arrojó al suelo, no llegamos a la cama. Me puso boca arriba y sacó de dentro de su chaqueta un arma blanca con la que rajó la camiseta de mi uniforme y mi sujetador. Se quitó la chaqueta y la camisa, clavó el arma en la tarima, en el suelo de mi casa, junto a mi cabeza, y tiró de mis caderas acercándome a él. Me lamió entera, desde mi ombligo hasta el cuello pasando por los pezones, donde se paró a chupar y a tirar. Me agarró la cara, sacándosela repentinamente de los pantalones y metiéndomela en la boca. Tiraba del pelo de mi nuca apretando los dientes mientras me ahogaba con su carne dura y ardiente. Pasé las manos por los tensos músculos de su vientre, subiendo por su pecho tatuado, bajándolas por sus costados y apretándole del trasero para tragármela mejor. Arrancó el arma del suelo y acercó ese mango tan largo a mis bragas, rozándome, provocándome esa urgencia por sentir más. Dejé de chupársela para mirar lo que hacía y me agarró de la mandíbula, metiéndomela en la boca y riñéndome “No seas mala Rei chan”. Tiró de mi ropa interior de manera brusca, cargándose las bragas. No me quitó la falda. Me la metió hasta la garganta, a la fuerza, haciéndome dar una arcada.

Me puso de rodillas en el suelo, de espaldas a él con los brazos apoyados en la cama. Me abrió las piernas, se arrodilló a mi espalda y deslizó esa mojada y venosa erección entre mis labios mayores y menores. Me empujó contra la cama, aplastándome, metiendo su glande en mi poco estimulado sexo. Me apretó el culo, lo azotó, escondía los gemidos que a mí no me daba la gana retener. Le pedí que me tocase y me azotó más fuerte, metiéndomela un poco más y mandándome a callar. Le volvía a pedir lo mismo y tuvo la misma reacción. Lo pedí tantas veces que terminé con el culo colorado y su polla entera dentro. Se tumbó sobre mi espalda, presionando sus caderas con las mías sin moverse. Me llenaba. Apreté los músculos de la vagina y me mordió el hombro dolorosamente gimiendo un hija de puta, me la partes que me encantó, así que volví a hacerlo. Me hizo pagar esa chulería.

La sacó bruscamente, me quitó la falda, me puso boca arriba en la cama y pude vérsela un segundo tan tiesa, enrojecida y empapada. La quería en mi boca, en mi coño, dentro. Me juntó las piernas y me las subió. Con los guiñapos que ahora era mi camiseta de trabajo me ató las manos y tobillos hacia adelante. Mis rodillas estaban dobladas contra mi pecho, mis brazos abrazando mis piernas. Intentaba ver a Taku pero apenas podía. Me volvió a poner de espaldas a él, de cara a la cama. Pasó su mano entre mis labios mayores, entre los menores, frotando en círculos. No me tocaba el clítoris, solo los labios, colando su lengua en mi interior. Sus dedos presionaban alrededor del punto al que nunca llegaba, poniéndome nerviosa, desquiciándome. Volví a pedirle que me tocase, me dio un manotazo. Se lo rogué, me mordió el culo con fuerza. Ni una orden más, lo único que quiero escuchar son tus gritos. Y sin embargo me complació al fin. Sus dedos resbalaron entre mis labios hacia mi ombligo, solo dos de ellos, apretando suavemente. Temblé entera. Los movía en círculos, se masturbaba metiéndome solo el glande, estimulándome también de esa manera. Apretaba las manos y curvaba los dedos de los pies, mordiendo la sábana, quejándome conforme el placer no hacía más que aumentar. Y cuanto más me agitaba más brusco era su roce, cuanto más duro tenía el clítoris más duro me frotaba. Resoplidos, gruñidos y gemidos salieron de mi garganta al correrme, se inclinó a mi espalda y succionó con fuerza sin dejar de restregar su mano por donde antes ni tocaba. Entre mis gemidos le escuché decir que estaba deliciosa, que le llenaba la boca, que quería más. El roce se estaba empezando a volver insoportable, quería que parase y no lo hacía pero no podía pararle tampoco porque sus ataduras me lo impedían. Me quejaba y gemía al mismo tiempo. Me metió un dedo sin parar de rozarme. Me metió dos. Tres. Me daba tan bruscamente que ya no sabía si gemía o gritaba.

– ¿No querías que te tocase? ¿Ya no quieres?

– No puedo, no… no p… Taku…por favor…

– Claro que puedes.

 Me sacó los dedos del coño y me metió esa erección tan maravillosa con brusquedad. Hasta la base. Me metió a la vez los dedos empapados y dulces en la boca, susurrándome que tenía la cara llena de mí. Seguía frotándome. Era insoportable. No paraba de correrme. Me dolían las piernas y los brazos, no podía pensar más que en que me iba a atravesar con esa polla tan dura. Los ojos se me pusieron en blanco, me agarró del pelo, preguntándome si era lo suficientemente fuerte o si quería que fuese más sucio porque podía serlo. Y no lo dudaba un instante. No podía ni respirar. Mis relaciones sexuales anteriores se limitaban o a tumbarme con un hombre encima o a mover mis caderas sobre él suavemente. Lo que Taku me hacía era nuevo, ese juego de dominación, ese dolor mezclado con el placer insoportable. Ese pensar que no podía más cuando sí, claro que podía como él decía. Que nunca lo hubiese experimentado no significaba que no pudiese. Me liberó de mis ataduras no sin dificultad porque no quería dejar de tocarme ni de moverse en mi interior. Me puso boca arriba, me agarró del cuello y se tumbó sobre mí, pasando el pulgar por mi clítoris y follándome sin descanso. Le agarré del brazo apretando los dientes, mirándole a los ojos, mirando cómo apretaba los labios entre su pelo suelto y alborotado. Me agarró de la nuca con brusquedad, subió por la cama y tras un gemido escandalosamente obsceno y masculino se corrió en mi cara y en mi pecho. Me puso perdida. Me obligó a tragarme las últimas gotas. Al hacerlo me acarició el pelo, susurrándome que era una chica buena entre risas. Estaba encantada, extasiada, era exactamente lo que quería. Nada correcto, nada romántico; solo sexo en estado puro y sin pensar más allá que en lo que sentía en el momento. Cuando me intenté levantar me reí a carcajadas entre jadeos. No podía andar, las piernas me temblaban demasiado. Tras unos segundos en los que intenté calmarme, caminé entre tambaleos al baño, limpiándome, volviendo a la cama y a los brazos de ese hombre que fumaba completamente desnudo. Estaba agotada.

– Si mañana hablo de esto con alguien, ¿te da vergüenza? – Echó el humo al techo y su pelo hacia atrás, levantando el brazo para que me tumbase en su pecho.

– Ni se te ocurra, Taku – Suspiré, abrazándole por la cintura – Buenas noches – Lo último que escuché antes de caer en un sueño parecido al coma fue su risilla traviesa y un susurro acompañado de un beso en el pelo.

– Si las cosas fuesen de otra manera, qué feliz te haría, Rei chan…

5

Me desperté con su brazo alrededor de mi cintura. Me acurruqué junto a él, pensando que era la mejor manera de despertarse posible. Miré su rostro apacible, le aparté el pelo de la cara, no movía un músculo. Taku era de los que tenían el sueño pesado, por lo visto. Me acordé de que no tenía nada para desayunar así que me levanté para acercarme al combini y comprar algo. Fui recogiendo los trozos de ropa rotos, su arma, su ropa, la manta que quedó olvidada en el suelo porque nos sobraba. Le sonreí a todo el que me encontraba por la calle, estaba de un humor excelente. Ojalá todas mis noches fuesen como esa. Un solo orgasmo como los del día anterior y sería feliz el resto de mi vida. Me entretuve camino a casa en una librería, quizás demasiado, porque las tripas comenzaron a sonarme. Al llegar le encontré sentado en el salón. Le sonreí pero no me devolvió la expresión. Estaba vestido y de brazos cruzados, serio, clavándome sus ojos oscuros en lo que me pareció un cabreo monumental.

– Eh, ¿estás bien? ¿Qué pasa?

– Dímelo tú, Tachibana san – Al principio sonreí al escucharle llamarme por mi apellido de manera tan formal. No entendía nada. Entonces, una vez mis neuronas hubieron despertado uní cabos de lo que realmente tenía delante. En su regazo tenía una carpetita. Una que conocía muy bien con sus datos y toda su carrera delictiva. Y sabía mi apellido real. Se me vino el mundo encima.

– Taku, deja qu—

Se abalanzó sobre mí. Me agarró del cuello con furia, golpeándome la cabeza contra la pared. Tiré de su pulgar y le doblé la muñeca como me enseñaron en la academia. Por más que supiese defenderme era más fuerte. Me iba zafando de sus intentos de agarrarme, enfadándole cada vez más. Entonces sacó el arma y me quedé petrificada. Me pincho el cuello, respiraba agitado muy cerca de mi cara. Sentí un hilillo de sangre caer hasta mi camiseta. Me apretaba el pecho con el brazo, pegándome a la pared.

– ¿Fuiste tú?

– ¿De qué hablas? Taku…

– ¡¡No te quieras quedar conmigo, no me mientas más, puta!! – Tras unos segundos, asentí.

– No puedo pedirte perdón porque no lo tengo y no vas a querer dármelo – La voz me temblaba, no por miedo, sino por perder lo que teníamos.

– A estas alturas y de ser otra estarías muerta.

– ¿Y por qué no lo estoy? – Al ver que apretaba los labios y que se le humedecían los ojos se humedecieron los míos.

– Dame un motivo para no rajarte ahora mismo – A él también le temblaba la voz. No tenía. No encontraba un motivo para ser perdonada. Entonces me aferré a eso tan prohibido, a eso que era impensable pero que había pasado.

– Porque me he enamorado de ti. Te quiero.

Me apartó la mirada tragando saliva, miró al suelo y apretó los dientes. Dio un golpetazo junto a mi cabeza, dio varias vueltas nerviosas y sin mirarme salió de mi casa hecho una fiera. La alegría de esa mañana era en esos instantes tan ajena a mí que me sorprendía incluso haberla sentido. Dejé el melón-pan en el salón y me metí en la cama, abatida, triste, aún con agujetas de la noche anterior. Ojalá esa mañana no hubiese salido. Ojalá me hubiese quedado a su lado. Ojalá siguiese viviendo mi mentira feliz. Tiempo indefinido después mi teléfono comenzó a sonar. Lo cogí con apatía, con los ojos hinchados y el miedo metido en el cuerpo por recibir una amenaza o algo así. Era Kieko.

– ¿Dónde coño estás? Tendrías que estar en el bar desde hace una hora.

– No voy a ir. No voy a volver a ir Kieko.

– ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?

– No y no. Mañana iré a comisaría entregando mi dimisión. Yo… no he hecho las cosas bien. Llevabas razón. Creo.

– Voy a tu casa, no te muevas de ahí, ¿aviso a Yoshi?

– No, no hace falta. De verdad. Gracias, pero no digas nada. Deja que sea yo la que lo cuente – Igualmente, minutos después la tenía llamando a mi puerta.

No contó nada como le pedí, pero a cambio quiso saber todo lo que había pasado. Y me escuchó en silencio, sin dar opinión y por primera vez sin juzgar. Chasqueó la lengua, en realidad era la que mejor podía ponerse en mi lugar, al fin y al cabo le pasó lo mismo. Fuimos al salón donde comenzó a hacerme algo de comer cuando aporrearon la puerta. La chica se puso tensa al instante, mirándome con cautela y cogiendo su teléfono. Cogí mi pistola del armario y me la guardé en el bolsillo trasero del pantalón, abriendo después. El corazón se me encogió al ver a Taku de brazos cruzados, con las gafas de sol puestas, sin mirar en mi dirección.

– Solo vengo a asegurarte que nadie va a hacer nada. Nadie lo sabe ni va a saberlo. Pero ni se te ocurra poner un pie en el bar, le he dicho al jefe que te has ido a otra ciudad y si te ve…

– …Te busco un problema.

– Otro más, sí – Miró en mi dirección. Asentí cruzándome de brazos. Al intentar hablar no me salía la voz pero sí las lágrimas. Me dolían los ojos de llorar.

– Gracias – relajó los hombros, pareció desinflarse y negó con la cabeza. Di dos pasos atrás al verle acercarse a mí tan repentinamente pero todo lo que hizo fue abrazarme. Me aferré a él, me fallaron las piernas y tuvo que sostenerme – Lo siento, lo siento mucho. No tendría que haberme acercado a ti, tendría que haberte parado los pies pero…

– Rei, yo también – Entendí que esa frase no tenía relación con lo que le estaba diciendo sino con lo que le dije esa mañana – Pero es demasiado peligroso para ti y para mí. No podemos seguir así.

– Lo sé. Mírame, por favor – Le quité las gafas de sol, sus ojos se veían cansados y tristes. Aun así, su mirada seguía golpeándome con la misma intensidad – Me importa todo una mierda, no pienso olvidarte y no me arrepiento de nada. Lo haría mil veces más. Lo haría toda la vida.

– Quizás en otra – Me acarició la cara – O puede que volvamos a encontrarnos – Me puse de puntillas y le besé con ternura – Mantente a salvo, no hagas ninguna tontería.

– Ese consejo tendría que ir más para ti que para mí, tipo duro – Intenté sonreír, en su lugar salió un quejido.

Volvió a besarme. Puso su frente contra la mía. No se despidió, se puso las gafas de sol y salió de mi casa y de mi vida. Al volver a la cocina Kieko se sonaba la nariz con un pañuelo y me daba otro. Lloraba más que yo.

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– Quédate conmigo – Volvió a repetir. Asentí. Por supuesto que me quedaba – Vamos, tenemos que hablar sobre una cosa que se me ha ocurrido – Caminamos en silencio hasta su coche pero cerca el uno del otro. Me pasó un brazo por los hombros.

– ¿Cómo estás? – Me observó tranquilo. Se paró a medio camino y me besó despacio. Su boca al fin. Un solo beso pero lento e intenso.

– Ahora bien. Escucha, ¿sigues con tu trabajo o te echaron por enamorarte de mí?

– Sigo – sonreí un poco, empujándole con el hombro – Una compañera me convenció de dar la excusa de no poder con la presión y ahora estoy bajo prueba.

– ¿Y tienes mucho interés en continuar con tu trabajo?

– No, estoy harta. Antes me encantaba pero ahora… – Asintió y esperó a estar subido en el coche, mirando primero a su alrededor.

– Voy a confesar todo lo que he hecho y voy a destapar todo lo que sé – Mi primera reacción fue reírme, negándome en redondo – Rei, escucha. Algunos soplones están bajo protección de testigos y te juro que no hay quien cojones los encuentre por más que los buscamos. Pienso hacer lo mismo y lo pienso hacer a tu lado.

– ¿Estás seguro de que no van a encerrarte si admites ser del clan?

– Sí, con todo lo que voy a largar me van a proteger como a un puto tesorito. Llevaba un tiempo pensándolo, el verte en el bar solo ha sido lo que necesitaba para lanzarme. En fin, vamos.

– ¿Ahora? ¡Ahora es muy tarde! Vamos a dejarlo para mañana.

– No. El jefe sospecha que le miento, creo que no se fía de mí desde el día que me llamó para ayudarte a mojar las bragas.

– Las mojé solo al verte entrar por la puerta – Se rio. Había echado tanto de menos su risa golfa y desenfadada…

– Eso por supuesto, cielo – Se inclinó y me besó de esa manera sucia y provocativa de siempre el tiempo que duró el semáforo.

Entré con él en la comisaría, dándole la mano, desafiando todo y a todos los que tuviese que desafiar. Cuando explicó el motivo de su presencia allí, el chico de recepción se quedó boquiabierto. Le sugerí llamar a mis superiores y asintió con energía. Acudieron tan rápido que no me extrañaría que estuviesen esperando la llamada. Taku habló y yo permanecí a su lado. Habló durante horas sobre quién hacía qué en el clan, sobre todo lo que sabía, sobre planes y rivalidades. Incluso habló sobre lo que sabía de otras familias. Me sorprendió al hablar sobre mí, sobre que sus jefes sospechaban que yo era un topo, excusándome de cualquier culpa. Al acabar salieron de la habitación y me llamaron para hablar con ellos, pero me negué. Me quedé de la mano de ese hombre, tranquilizándole, diciéndole que lo había hecho muy bien y que iba a ir todo de perlas. Le vi tan nervioso que me giré en la silla, abrazándole por los hombros y sintiéndole suspirar en mi cuello. Hideaki, el jefe de la operación se sentó frente a nosotros justo en ese momento.

– Entendemos que quiere ser sometido al programa de protección de testigos y entendemos que ese acuerdo incluye a Tachibana san – asintió – Y entendemos que mantienen… una relación sentimental – Me miró, asentí – De ser así, me temo que no podrá seguir ejerciendo.

– No es un problema, al contrario, me alivia saber que no voy a tener que volver a pasar por algo como lo que viví con mi último trabajo – Hideaki bajó la mirada, asintiendo.

– Mientras tanto, debe quedarse aquí. Estará más a salvo en una de las celdas que en cualquier otro lugar – A pesar de verle asentir tuve que apretar los puños.

– ¿No sería posible que se quedase en mi ca—

– No te voy a poner en peligro – descartó él, mirándome completamente serio.

– Efectivamente, sería un peligro para usted. Será solo momentáneo, le garantizamos que en dos días a lo sumo tendremos su destino preparado.

– No va a quedarse como un preso más – desafié a mi antiguo jefe.

– Por supuesto que no. Ha prestado un servicio muy grande esta noche como para que eso ocurra. No se preocupen, tendrá lo que necesite.

Tras eso le hicieron escribir un informe firmado sobre sus confesiones. A mí me abrieron un expediente y además me pidieron la placa y el arma reglamentaria. En unos días pasaría a cobrar la pensión por desempleo. No me preocupaba. Me preocupaba más dejarle ahí solo dos días aunque, y cito sus palabras, había pasado por movidas mucho más chungas. Le despedí con un abrazo largo, eterno, entre caricias y promesas de vernos pronto. Nos besamos delante de todos y noté sus movimientos inquietos, ignorando sus carraspeos. Una vez en casa dediqué mi tiempo a guardar en dos maletas mis pertenencias, no eran muchas y tampoco me importaba dejar ciertos recuerdos atrás.

Cuando al fin me llamaron para llevarme con él a lo que sería nuestro nuevo hogar, estaba nerviosa. Me presenté en comisaría con las maletas y cuál fue mi sorpresa cuando nos llevaron en transportes separados. Ambos, por lo que me contaron, con cristales tintados. Ni siquiera nosotros podíamos saber cuál iba a ser nuestro destino exacto. No me quejé en voz alta pero mi actitud dejó bastante claro lo disgustada que me encontraba. Horas de viaje después, me indicaron que habíamos llegado. Me bajé del coche buscándole con la mirada y vi que le metían prisa para meterle en nuestro nuevo hogar, que era básicamente una casa de campo. Sospechaba que estábamos en mi pueblo natal, todo era demasiado familiar como para no serlo. Un chico le acompañaba, hablándole sin parar mientras él me buscaba con la mirada. Al acercarme escuché que le estaba dando instrucciones de cómo comprar o pedir lo que necesitábamos a partir de ese momento, pero no le prestaba atención. Tan pronto tiré de la manga de su chaqueta se giró para mirarme, sonreírme y darme un beso que me dobló la espalda hacia atrás, abrazándome por la cintura. La voz del chico se fue apagando conforme se daba cuenta de la situación, le puse las manos en la cara a mi criminal favorito y me disculpé ante el chico. Después me alejé de Taku arrugando la nariz, olía muchísimo a sudor.

– Lo primero que vas a hacer es darte una ducha.

– ¿No te gusta mi olor? Es masculino – Se puso bien el cuello de la camisa, guiñándome el ojo y haciéndome reír tontamente como lo hacía los primeros días en el bar – Sigue explicándoselo a ella, aunque nos cuesta un poco seguir instrucciones, ¿verdad, cariño? – Me azotó el culo con fuerza.

– ¡Taaaaku san! – Se mordió el labio antes de meterse en el baño.

Yo sí presté atención a lo que me decía, era algo importante de saber. Pero la verdad era que mi mente estaba más en el sonido del agua contra su piel que en la persona que tenía delante. Su piel desnuda. Taku desnudo. Taku desnudo a una puerta de distancia. Taku desnudo y cantando con esa voz tan preciosa a una puta puerta de distancia. Me disculpé con toda la amabilidad que pude, le pedí que me lo dejase por escrito y entré en el baño.

– Has tardado – Tan pronto me vio me quitó el traje por la cabeza. Yo me desabroché el sujetador y él me bajó las bragas.

– Lo siento, no se callaba.

Quise secar su piel mojada con la lengua. Lo quise y lo intenté. Besé su pecho, sus hombros, su cara, sus labios. Besé sobre su ombligo, junto a él y bajo él. Besé sus oblicuos, besé sus ingles. Besé sus testículos y besé esa erección que creció conforme lo hacía la cercanía de mi boca. No me dejó comérsela. En su lugar me cogió en brazos y me aplastó contra la pared de la ducha. Me dio todos los besos perdidos en ese tiempo que estuvimos alejados, me hizo el amor despacio, de una manera totalmente opuesta a la de nuestro último encuentro. Jadeaba contra mi piel, me acariciaba lentamente, me enamoraba con cada mirada. Susurraba mi nombre mientras yo gemía el suyo. Resopló antes de hacerme llegar al orgasmo, gimió conmigo durante y se corrió él después. Al sacármela, manchándome el pecho con el primer chorreón de esperma se la agarré volviendo a metérmela. Un tembloroso y nada convincente “nnnno” salió de entre sus dientes apretados, pero quería que se corriese con tanta intensidad como yo.  Me besó con pasión, me mordió la boca, se rio cada vez con más ganas conforme iba vaciándose dentro de mí. Me enjuagó, me besó y me dejó salir de la ducha.

– Eh – Asomó la cabeza por fuera de la puerta cuando la cerré – Camarera, hazme un sándwich.

– Cállate ya y vete a jugar a pachinko, apestoso – Le metí la cabeza en el baño empujándole por la frente. Sonreí al escuchar su carcajada. Esperaba que diese muchas y muy fuertes y esperaba yo darlas también.

 

 

Epílogo

Escuché que un coche pitaba en la entrada de la casa. Extrañada y secándome el sudor, fui a ver quién era. Nadie sabía de esta localización y no creía que ninguno de mis antiguos jefes quisiese hacerme una visita. Maldije el calor de ese verano despegándome la camiseta de la espalda. Al salir a la entrada vi a mi madre saludándome. Llevaba meses, casi un año sin verla. Aunque la echaba de menos ella casi nunca tenía tiempo para más que una conversación esporádica por teléfono. Me abrazó, observándome bien.

– Mi niña, ¿qué ha pasado? ¿Por qué tienes que esconderte como una criminal? En cuanto me han dejado he venido a verte.

– No me escondo por serlo, me escondo de ellos, mamá – dejé que se apoyase en mi brazo, estaba más encogida de como la recordaba – ¿Cómo estás?

– Bien, ya sabes, me hago vieja, es lo que toca.

– Entra anda, voy a darte algo fresquito de beber – vi que entrecerraba los ojos mirando al jardín trasero.

– ¿Tienes jardinero? – Me reí ante su poca fé de que yo viviese con un hombre.

– No mamá, es mi novio – No escondió el asombro, tampoco la alegría. Miré hacia esa espalda desnuda sudorosa y grité.

– ¡Taku, entra, ven a conocer a mi madre! – Soltó la azada de inmediato y se acercó con una sonrisa. Antes de entrar bebió de una botella de agua que tenía en el porche trasero. Entonces mi madre empezó a verle bien y al hacerlo me miró horrorizada. Comprendí que esa mezcla de melena despeinada y mal recogida, barba de tres días y tatuajes tradicionales provocase esa reacción en ella. Era lo contrario a lo que siempre había querido para mí, lo opuesto a mis ex novios.

– Kozu Takuya, encantado – Se inclinó ante ella como lo haría con un jefe. Me dio la risa floja. Le acerqué una toalla para que se secase el sudor.

Al ver la impresión de mi madre se disculpó y se marchó a seguir plantando lo que fuese que estaba plantando. Tras dejar la vida criminal le dio por la jardinería. Una vez se hubo marchado, mi madre me susurró que no se fiaba de él. Le comenté que no tenía motivos y que me hacía feliz estar con ese hombre, que le diese una oportunidad. Me señaló la presencia de tatuajes, así que le conté su historia. No supe si hacía más mal que bien que lo supiese, no sabía si alguna vez iría a aceptarle. A veces ni siquiera sabía qué hacía tan lejos de todo, me despertaba en ocasiones preguntándome si me había vuelto loca por irme con alguien así al culo del mundo. Miré al exterior, le vi enjuagarse las manos con la manguera. Se acercó a nosotras y me dio una flor y un beso en la mejilla, una costumbre que adquirió casi al mismo tiempo que empezó a plantar de todo en el jardín. Mi madre me sonrió al verme sonreír, quizás eso era todo lo que necesitaba. Que me sacasen las sonrisas, sentirme querida. Luego le vi fumarse un cigarro de cuclillas en la entrada, con los brazos apoyados en las piernas abiertas. Una postura de criminal chungo en toda regla. Mi madre volvió a fruncir el ceño e iba a quejarse, pero Taku comenzó a cantar. Se quedó embelesada. Me quedé embelesada. No, no eran sonrisas lo que necesitaba. O al menos no sonrisas cálidas. Era sentirme viva, sentirme excitada por las cosas más simples y aunque ese hombre no me daría lo que se suponía debía darte una pareja, el sexo salvaje tenía claro que no me faltaba. Además, las cosas que eran “como tenían que ser” no funcionaban para ninguno de los dos. Me dedicó una sonrisa de medio lado. Alcé una ceja, señalándome una muñeca por debajo de la mesa mientras escuchaba a mi madre hablarme de fondo. Se puso en pie y descolgó de la parte exterior de la puerta una cuerda, carraspeando y pasando por mi lado en dirección a mi habitación. Me disculpé con mi madre y la mandé al pueblo, a por arroz. Tenía una despensa llena pero Taku se estaba quitando los pantalones en la habitación y a mí me empezaban a sobrar las bragas. La nuestra era una historia de amor. Amor atípico, sí.

Pero sobre todo, lo nuestro era una historia sobre sexo.

Captain’s Helm

Ok, this fic is just about sex. Sex, sex, and sex, no background.Nothing but sex, that’s it.

Maybe it has a story behind but it can be resumed in: 2 friends looking for sex.

It’s just… I was so horny I needed to express my feelings somewhere.

Why you ask? Well, let me introduce you to Mr. Enoshi-san, cool dude, hot dude

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↓ ↓ ↓ ↓ And let me die with this pic ↓ ↓ ↓ ↓

GOODBYE-OVARIES

Now you understand, right?

My only warning… IT’S DIRTY AS FUCK and by the way, Captain’s Helm is where the action takes place.

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Two girls are at Captain’s Helm terrace, looking for any of those hot men who usually appear in their wet dreams. They know it would be a huge coincidence to meet both of them, but they had to try anyway. Tifa is wearing a short summer dress, Moni wears a t-shirt and plain trousers. They tried to look pretty but casual, nothing extreme. They’re both foreign people, they are not Japanese. But those men… they surely are. Suddenly, Tifa hears her friend Moni whispering her name fast and nervously over and over again. She looks inside the store and she sees one of the big guys, talking while smiling with some friends of his. Their giggles start, louder than ever. They can’t take their eyes away from his leather jacket, his jeans, his long hair tied back, his smiles. When he looks at them, especially at Moni, they try to look away in a casual way. But their smiles are betraying them.

– He’s looking at you – Moni whispers, fidgeting on her chair and grabbing her strawberry milkshake with both hands.

– No, he’s not – Tifa answers, looking sideways at him. He’s talking to the bartender but staring at them with a smirk – he’s definetly looking at you.

– He’s looking at both. He noticed, he knows we are stalkers, help – their giggles start again and they won’t stop, as always – he’s standing, he’s leaving. Oh my he’s so tall

– No, he’s approaching, fuck, fuck, fuck – Tifa says, trying to look calm without succes.

– Tifa…

– Just drink and look somewhere else – their hands are trembling a bit and after some seconds the girls hear him clearing his throat.

– Ahm… hello. Welcome to my pub – he says – Are you enjoying your drinks? – They nod. He smiles wide – Maybe it’s just me but, do we know each other? – They shake their heads – I don’t know, you’re staring at me non-stop so…

– Sorry – Moni says hurriedly – we didn’t mean to.

– Actually yes, we did mean to. I’m Tifa – she says offering him her hand. Moni puffs and chuckles.

– Enoshi, nice to meet you – he looks at Moni with a wider smirk – and this pretty face belongs to…?

– Moni – she says giggling. He raises his eyebrows.

– And are you enjoying Japan? – she nods happily – how did you end here?

– We knew about the place and we wanted to just… visit it – they are looking at each other so much that Tifa starts to feel like the third wheel.

– Do you like me or am I delusional? – she giggles harder.

– She likes you, yeah – Tifa says so he looks at her laughing. Moni is about to explode.

– Would you like to go to somewhere a bit more private? – he asks her, poking her nose.

– With you? – Moni asks in a soft voice, looking at her friend, looking for help.

– Yes, she does – Tifa says, feeling as nervous as her friend.

– Oh, I was including you too – She whispers a surprised “oh” – let’s go.

            He stands and they follow him giggling, squeezing their arms, puffing and smiling like insane. The three of them walk towards a back door that leads to another room. Once in there, Enoshi takes off his jacket; that place is warmer than the bar.

– We don’t know this guy – Moni whispers at Tifa, pointing Enoshi – why did we get in here without knowing him?

– Come on, if he tries something it won’t be abuse, right? – she laughs, agreeing with Tifa.

– Come here – Enoshi grabs Moni’s hand, sitting down on a brown sofa. There is a couch in front of it in the same color and a dark red carpet between them – you’re so cute. I wonder if you could handle me – she looks at his lips, at his eyes and back at his lips again. Tifa chuckles behind her hand – you – he says looking at Tifa – take off your dress.

– What – It’s not a question. She’s just surprised. He makes Moni sit on his lap, kissing her cheek from behind. Moni has some troubles to breathe like a normal person.

– You heard me, I wanna watch you while feeling this cutie – his hands are hiding now under Moni’s shirt. She breathes deeply from her nose and a whimper comes out her lips. She can’t move.

– Ok, but what do I get in return? – Tifa’s alredy pulling down the strips of her dress while licking her lips, starting to feel really excited.

– Well, there’s a friend willing to give you what you want.

– Oh my… – Moni’s eyes are wide open, looking above Tifa’s shoulder.

            The exact moment in which Enoshi grabs Moni’s face, kissing her lips softly, Tifa feels two manly, huge hands over her boobs. While her eyes are glued to Enoshi’s hand moving up to Moni’s breasts she hears the first deep moan in her ear. Tifa tries to look at that person but he doesn’t let her. He forces Tifa to look at the couple in the sofa. She can see that under Moni’s t-shirt, Enoshi is pinching her nipples, and she can see how her friend is starting to moan in his mouth. Tifa’s dress slides over her body, falling to the floor.

– So big – his voice in her ear… Tifa knows that voice.

            Moni looks at them when Enoshi stops kissing her to look at Tifa’s underwear. What she sees is her naked friend, panting, grabbing Tomoya’s hands against her boobs. What she feels is Enoshi’s hands in hers. But what really excites her is Tomoya’s eyes staring into hers while he’s whispering in Tifa’s ear. He bites Tifa’s earlob and the girl let go a whimper.

– I wanna lick your friend’s body – Enoshi says outloud, kissing her neck – but I want to fuck you, cause girl, you are so small and you must be so tight – She’s holding her moans, hard task having him squeezing her nipples between his fingers.

– I thought this one is for me – Tomoya says, finally grabbing Tifa’s face with his hand, smirking at her when they look into each other’s eyes.

– And you will, but let me taste her.

– Taste her like… with your mouth? – Tomoya is talking over Tifa’s lips. Moni feels Enoshi’s erection against her ass. She’s hornier than ever in her whole life.

– Exactly. It’s so hot in here, right? – Enoshi pulls Moni’s t-shirt up, taking it off, looking at her face.

            He turns the girl to face her, so her back rests on his arm. His mouth runs slowly over her skin, giving her goosebumps, forcing her to touch his wide shoulders. She hears her friend moaning. Enoshi looks first and he laughs softly. When she looks at the couple, she feels even more aroused. Tifa grabs Tomoya’s face with both hands, he grabs her ass tightly, squeezing it hard. She bites his lips, looking into his eyes with so much desire that makes Moni blush even more than she already is. Tifa wants to feel his dick so bad she kneels in front of him. When she unzips his trousers he grabs her hair, smirking. Tifa let his warm, hard erection out of his grey underwear. She licks it slowly, making Tomoya gulp down.

– ¿Do you want to do that to him? – Enoshi whispers on Moni’s ear, grabbing her hips and rubbing himself with her.

– Y-yes – his fingers unbutton her trousers, slipping inside her panties.

– Go then, if you can – Moni’s hands grabs his shoulders, trembling while looking at Tifa with Tomoya’s dick between her lips.

– If you don’t stop, I, I can’t – She says.

– Fuck, you’re so good – Tomoya’s moans, Tomoya’s real moans fill her ears. Enoshi removes his hand from her panties, making her stand, slapping her ass.

– Eat him alive until he’s shaking. I’ll make you scream in while.

            She walks with trembling legs to where her friend is. Enoshi lifts Tifa from where she is, holding her waist, making her laugh. And Tifa kisses him eagerly too. Enoshi is really sexy, really big, and his eyes hide so much perversion as hers. Tomoya comes closer to Moni and also closer to the other couple. He removes his shirt but he leaves his jeans on… with his cock out of them. Tifa undresses Enoshi chuckling with him, surrounding his hips with her legs and kissing him deeply.

– Touch me – Tomoya grabs Moni’s hand. She surrounds his burning flesh with her fingers, moving it slowly over his wet skin – yeah, touch me like that.

– Oishii – Moni hears from the sofa. She looks briefly to see Enoshi gulping down her friend, his head buried between her legs.

– Your fingers too, Enoshi-kun – Tifa begs. When she feels his tongue over her clit and his fingers inside her, she moans for the first time. Seconds after that, she hears Moni’s moans as well. She’s naked and Tomoya is touching her softly while she touches him in the same way.

– You like it hard, don’t you? – Enoshi asks her. Tifa grabs his hair, forcing him to continue.

– Shut up and make me cum – he laughs.

– I wanna fuck both of you now – he sais touching her clit, removing his fingers from inside her to press with his cock.

– You greedy bastard – Tomoya pants, rubbing his cock against Moni’s clit. The girl screams, scratching his wide shoulders – you want it all, fuck you.

– She cumming – Tifa says. Moni is trembling surrounded by Tomoya’s arms. She’s having a brutal orgasm feeling Tomoya’s glans against her sensitive skin and his tongue inside her mouth – I wanna cum too – she complains. Enoshi grabs her thigh, penetrating her slowly. She looks at him, bitting her lip and grabbing his ass – yeah I like it hard.

            He fucks her slowly but deeply, moaning and making her cum as well by touching her clit. She makes him lay on the sofa, sitting on his cock, giving him her back. Tomoya is slightly penetrating Moni with his glans, the girl screams, looking at his intense pleasure gestures. He tries harder, she feels it intensly sliding inside her, not much, just enough to make her shake. And he repeats it twice, a third time, moaning behind clenched teeth. But Enoshi grabs the girl’s hand, pulling her to where he lays. Tifa moves her hips over his, grabbing her boobs while riding him wildly. Enoshi makes Moni sit on his face, and he licks her whole pussy eagerly. Moni dig her nails on Tifa’s back, who laughs at her moans. She sees how Tomoya comes closer to Tifa, forcing her to swallow his cock. He’s so horny he almost has his eyes closed. Tifa licks him gladly while he plays with her boobs. When Moni is about to cum a second time, feeling it even more intensly than the first, Tomoya makes her lick his thumb. Enoshi pushes Tifa away hurriedly, and she stands panting and looking at him puzzled.

– I almost cum, stop moving like that – she laughs playfully – Tomoya, she will destroy you.

– I wonder if she could – he sits on the little couch, with her on his lap – let’s watch how my friend fucks your friend – he whispers on Tifa’s ear.

– But touch me. And talk to me. Your voice turns me on so much… – Tifa demands, looking over her shoulder, placing her hand over Tomoya’s cheek and kissing him lustfully.

– The question is – Enoshi says, sitting straight on the sofa, rubbing Moni’s cunt with his cock – am I going to destroy you?

– I don’t know – she pants, so aroused that the words just comes out from her lips – just fuck me.

            Tifa looks at her friend. She looks away a bit embarrassed. Enoshi places his warm hands on Moni’s thighs, making his way into the girl slowly. She’s so wet, she dreamed so much about that moment that it is surprisingly easy for him. He penetrates her with half of his dick but when he tries to go deeper, the girl complains.

– Does it hurt? – he pants, she nods – you’re seriously tight.

– Keep moving inside her – Tifa asks, guiding Tomoya’s fingers over her clit.

– Your friend is so pervert – Enoshi quavers in Moni’s ear – oh Moni-chan, you’re so tight… – He grabs her legs, pressing them against the girl’s chest. He moves his hips slowly, looking at Moni’s red face.

– Touch her – Tomoya whispers in Tifa’s ear, bitting it softly – I wanna see it while I fuck your pussy slowly.

– This is so dirty – Tifa smiles – but she won’t like it, you pervert.

– Look at her – Moni’s lips
are half open, moaning non-stop – she doesn’t care.

– I don’t know, she has what she needs – Tifa teases him – your friend fucks really well, his cock is so good. Look at them.

            Enoshi holds Moni from her waist, making her lay on the sofa facing him. He moves his hips fast but not deeply, moaning hard with her nipples between his teeth. Moni grabs his hair, feeling like dying, cumming over and over again. Before that moment, she thought it was impossible but his thick cock is filling her up. His big hands are everywhere all over her skin. She looks at the other couple. Tifa is looking at her or at least trying because Tomoya is grabbing her neck, bitting it and rubbing her pussy fast with his fingers. The girl can’t keep her eyes open, moaning while bitting her lip. Tomoya slips his cock between her wet labia, puffing.

– I can’t, I can’t anymore – Enoshi’s strong arms hold her tight, and he moves fast inside her – Tifa, come here.

            Moni screams with her eyes closed. It hurts. It’s delicious. She wants more. She wants him to stop. She’s cumming again. She’s exhausted. He takes it from her body to fuck Tifa’s pussy. He trembles and whines as soon as his cock is out of sight inside her. She’s on her four right beside the sofa, sucking Tomoya’s cock. And Tomoya licks Moni’s pussy while he’s being sucked by her friend. Moni has a final orgasm that completely destroys her grabbing Tomoya’s hair. Her body twists and sweats. Her fingers tangled in his hair. Her pussy is completely soaking wet, palpitating, irritated. Enoshi fucks Tifa fast and deep, in the way he’d like to fuck Moni. He cums over her back, moaning deeply while masturbating. When he finishes, he smiles at Moni, knowing that she’s unable to keep with it, looking at her face and kissing her cheeks. She feels him moving away but she’s so tired she closes her eyes for a bit. What’s more, Enoshi covers her naked body with his huge jacket. She almost falls asleep, she is close. But then she opens her eyes to some noises. The scene makes her sit straight on the sofa.

            They are still on the floor. Tomoya has kneeled between her friend’s legs. Her back is against Enoshi’s chest. Enoshi’s fingers are rubbing her clit and nipples. She’s starting to scream. Tomoya is sinking between Tifa’s labia slowly and as soon as he moans, Tifa does too. He doesn’t fuck her deeply, he just moves slowly inside her. But she’s demanding and she grabs his ass. When he reaches her bottom Tifa smiles at Tomoya’s loud kimochi.

– Do me hard – Tifa says between gritted teeth – break me.

– Oh my… – Says Enoshi. He grabs Tifa’s boobs because Tomoya pulls away his hand.

– Please, stop moving your hips like that – Tomoya begs – oh please this is so… I just…

            He’s fucking her so hard, deep and fast it’s amazing she doesn’t scream in pain. She seems to endure his huge cock and she seems to be asking for more but Moni won’t know. Tomoya’s tongue won’t let her talk. His hips moves so fast she can’t see his cock anymore. Enoshi is bitting his own lip, pinching her nipples hard. Tomoya is so excited that a huge vein appears on his forehead and his neck, holding his moans. As soon as he stops kissing her, Tifa moans loud with a broken voice, digging her nails on his chest. Tomoya grunts, scratching her thighs, pressing his hips against her almost without moving. His eyes are strongly closed, frowning, clenching his teeth. Tifa opens her mouth, frowning too, panting deeply and moving her hips slowly. Tomoya let go all the air from his lungs in a long puff on Tifa’s neck, laying over her body. Enoshi laughs, grabbing her by the chin and kissing her lips.

– That was completely awesome…

– I’m horny again – Moni whispers, making everyone laugh.

– Lucky we have all night – Enoshi gets up, throwing himself over Moni, making her laugh because he squashes her. He kisses her, stroking her cheek.

– I can’t breathe – Tifa pants laying on the floor. Tomoya laughs like an idiot with his face buried between her breasts. Moni just see his back trembling and hears a suffocated “he he he he” what makes her laughs even louder – can we sleep and we keep going later?

– Whatever – Enoshi lays behind Moni, yawning and holding her waist – I think I can’t move anymore.

– Really? – Moni says upset.

– I can keep with it, but let me recover my breath – Tifa looks tired, looking at them after moving aside her messy hair.

– Seriously, where did you find these depraved, nasty girls – Tomoya asks smiling wide. Tifa kisses his cheek.

– He didn’t find us – Moni says – we’ve found you.

– And you won’t scape alive from here – Tifa adds.

            The girls look into each other’s eyes and burst into laughters. Probably they will say goodbye next morning. Probably it’s a once in a life time experience. And just because of that reason they won’t let them sleep. After all, reaching that moment was their main aim since the beggining. They share a weird friendship that just both of them would understand. And maybe those two poor guys who will feel next morning, almost certainly, drained, exhausted, and surprised by two nasty and depraved gaijin.

Just Him

            Una noche más esa pesada carga sobre mis hombros. Una noche más esa incapacidad para conciliar el sueño y esa ansiedad que me oprime hasta impedirme respirar. Una vez más el miedo a lo que me rodea, a lo que pasará, a lo que está por venir. Y una vez más me hundo en mi sitio seguro, en mi paraíso privado donde solo está él. Cierro los ojos y poco a poco me dejo llevar por esa otra realidad a la que me escapo para poder ser feliz a mi manera. Y lo siento como si lo tuviese delante. Lo siento cerca, siento su aliento, incluso escucho sus cambios de respiración al encaramarse a mi cama. Le noto a mi lado como si le tuviese detrás, me pierdo en esa fantasía, me alejo del dolor.
Solo está él.


 Sus ojos oscuros mirándome con cariño, esos ojos rasgados que me aceleran el pulso y provocan tanto en mí. Son sus cejas oscuras las que enmarcan esa mirada profunda con tintes salvajes. Son las pequeñas arrugas junto a estos cuando sonríe, sus hoyuelos, y el lunar junto a su ojo izquierdo que apenas rozo con mis dedos, temerosa de que desaparezca ante mis ojos. Pero su sonrisa se hace más amplia, mis latidos ensordecedores, y mis dedos le acarician ya sin miedo. Él yace a mi lado, sin tocarme, mirándome y dejando que me recree en su perfecta imperfección. Deslizo mis dedos por su pelo, llegando a su mentón, tocando su barba, parándome en sus labios. Los abre ligeramente, gruesos, cálidos, apetecibles. En algunas partes aprecio que tiene heridas – esa dichosa manía de mordisquearlos – y le miro a los ojos de nuevo cuando se pasa rápidamente la lengua entre ellos. Hago lo mismo, observando como su mirada cambia, como pasa de cariñosa a juguetona porque ha notado mi rubor. Es algo poco común en mi pero que con él no puedo evitar, sobre todo cuando su mano se posa en mi cintura. El calor se me agolpa en las mejillas y no puedo respirar de la emoción cuando se inclina sobre mí susurrando mi nombre, saludándome con su voz ronca y traviesa.
           


           
 De mis labios sale un “te he echado de menos” a lo que él responde con un breve beso que provoca toda suerte de reacciones químicas en mi cuerpo y mente, lo que se traduce por escalofríos, calor, y excitación; muchísima excitación. Roza su nariz con la mía, una nariz que me encanta, y no para de sonreírme a riesgo de matarme de un infarto. Mis labios tocan de nuevo los suyos, se pierden entre ellos, sin prisa, infinidad de veces, sintiéndolos como la primera vez en cada beso. Le abrazo y me abraza, escucho su respiración tranquila en mi oído, siento su aliento en mi cuello y puedo oler su aroma, mezcla de colonia, tabaco y el garaje en el que se ha pasado el día. Bajo mis manos de su cuello hacia su camiseta, y cuando tiro hacia arriba le escucho reírse por lo bajo. Yo también sonrío, mordiéndome el labio. Se sienta sobre mis piernas con el torso descubierto, y paso mis manos palpando sus tersos músculos, sus amplios hombros, y su pecho hasta el ombligo. Acaricio con las yemas de los dedos el vello bajo este y apenas rozo la piel justo por encima de sus pantalones de tela.

            Deja de sólo mirar y acerca su mano a mi cuerpo, subiéndola desde mis caderas, levantando mi camiseta y dejándome los pechos fuera. Al principio me aterroriza no gustarle, pero mi cuerpo le provoca interés. Las venas de sus brazos se marcan cuando me los aprieta, y presiono con mis manos las suyas, mirándole llena de deseo. Sus dedos largos, extremadamente largos, rozan mi boca. Me la abre, introduciendo dos de ellos. Los lamo con mi lengua, los rodeo con mis labios, y veo la lascivia que provoca esa imagen en su mirada. Sé en lo que está pensando. Él sabe que me muero por hacérselo, que verle gozar es mi mayor placer. Pero lo que hace es quitarme las bragas, riéndose. Miro hacia abajo y veo su erección bajo la tela gris de sus pantalones, amenazando con salirse. En ese momento me obsesiona vérsela,olerla,tocarla,sentirla,pero es él quien durante unos segundos toma el control de la situación mientras yo me descontrolo.

 

            Su lengua inunda mi boca inesperadamente, y me aferro a su espalda mientras le saboreo intensamente. Deja de besarme igual que comenzó, y me mira mientras se lame los labios, saboreándome a mi también. Se mueve un poco hacia atrás en la cama, hasta dejar su boca a la altura del calor de mi entrepierna. Lo observa, me impaciento; su lengua roza mi piel, me muero. Y no deja de sonreír. Besa mi clítoris y mis labios menores con sus voluminosos labios, apretando mi piel entre ellos, succionando con delicadeza. No sé si dejar las piernas estiradas o si doblarlas, pero a él le parece mejor la primera opción, apretándome los muslos contra la cama. Su lengua se mueve despacio, me hace flotar, me da tanto placer que comienzo a gemir. Y al escucharme me susurra “lléname la boca de ti, quiero tragarte” y mi cuerpo obedece. Lubrico de manera exagerada por lo que siento, veo y oigo. Estimula mis cinco sentidos. Mi espalda se levanta de la cama cuando llego al orgasmo, agarrándole del pelo y doblándome mientras le aprieto a mí. En esos segundos estoy a su merced y lo único que quiero es que esos espasmos placenteros no paren jamás. Tengo el coño empapado, sensible y ardiendo, y en un arrebato se la saca de los pantalones, metiéndomela despacio.

          


 Jadea con los labios entreabiertos, corta sus gemidos roncos, casi como gruñidos. Aprieta los dientes y cierra los ojos brevemente mientras echa la cabeza hacia atrás y escupe un “kimochi” al aire. Mueve sus caderas, sólo sus caderas contras las mías, llenándome con su cuerpo, estimulándome tanto que me tengo que agarrar a las almohadas porque me provoca otro orgasmo. Y es un orgasmo lento, que me recorre como olas desde las caderas al resto del cuerpo, sin dejarme respirar. Cuando más intenso lo siento sale de mi interior, y abro los ojos mirándole apretar los labios mientras se la agarra. Niega con la cabeza. Me siento en la cama y veo que una gota de esperma brilla en su glande. No quiere correrse, quiere seguir follándome, pero no puede evitar el placer que mi coño le provoca.


Le empujo por los hombros y le hago tumbarse de espaldas en la cama. Beso sus oblicuos, beso de nuevo el vello bajo su ombligo pero no me detengo ahí. Por supuesto que no. Apenas he llegado y ya huelo su polla, poniéndome más cachonda si cabe. Su olor corporal me excita, el sabor de esa solitaria gota de esperma me provoca un escalofrío por lo amarga que está. Pero le digo que es “oishii”, algo que le deleita. Me susurra que vaya despacio aunque era lo que pretendía. Ahora soy yo la que le controla. Saco la lengua y lamo sus testículos, su erección, su glande. Hincha los carrillos y deja salir el aire susurrando que va a morirse ahí mismo cuando se la acaricio con mi mano. Le sonrío. Me agarra del pelo y lo siguiente que sé es que su polla me ha llegado hasta la garganta. Es muy impaciente. Le miró fingiendo estar enfadada y succiono con fuerza cuando me la saco de la boca, haciéndole gemir y tirarme del pelo para que pare. Me río de él. Se molesta. Y me encanta cuando se molesta porque me castiga.

            Me pone boca abajo con brusquedad en la cama, tira de mis caderas y me folla sin miramientos. Me dice que soy una guarra, que soy su puta, y yo le digo que es un cerdo y le deseo que se vaya a tomar por culo. Me tira del pelo, sonrío. Me azota el trasero y gimo. Me da tan fuerte que separamos la cama de la pared. Siento pinchazos justo debajo del ombligo, hasta ahí entra en cada embestida. Pero el placer lo inunda todo, incluso esa parte del cerebro destinada al dolor, Tengo la boca abierta, los ojos en blanco, y la garganta dolorida de tanto jadear. El orgasmo es tan violento que no puedo parar de apretar los dientes mientras me gime en el oído de manera aguda, cada vez más fuerte, aumentando como sus embestidas. Me da la vuelta y se queja porque no quiere correrse. Se la agarro, empapada de mi coño y le obligo a metérmela de nuevo, moviendo las caderas. Se deja llevar en mis brazos, se mueve al mismo ritmo que yo, y me he corrido tantas veces que estoy agotada. Entonces cierra los ojos, deja de respirar y tensa los músculos. Pego mis caderas a las suyas, moviéndome muy despacio al notar los espasmos de su polla cuando eyacula en mi interior. El gemido que sale de entre sus labios, tembloroso, largo y gutural me hace gemir. 

Se tumba sobre mi cuerpo. Acaricio su mejilla. Se duerme sobre mis pechos. Me duermo abrazándole.
Vuelvo a la realidad. Estoy sonriendo.
Porque solo está él.