Mamo-chan

Caminaba a su lado y no me lo terminaba de creer. Su brazo rozaba mi hombro y por suerte para mí las calles estaban tan llenas que me tenía que pegar a él. Al acercarme me miró, tan alto, con esos labios tan voluptuosos, y una ceja levantada. Le sonreí inevitablemente y me derretí cuando me devolvió la sonrisa rascándose el lateral de la nariz. No hablábamos pero tampoco lo necesitaba, solo su presencia me tenía pletórica. No me lo creía. Me pellizqué un brazo pero no me despertaba, y volví a mirarle.

—Lo siento —dije—, pero es que no puedo evitarlo —Sonrió, expulsando aire por la nariz en una breve risita.

—No pasa nada, ¿quieres un helado? —Me señaló un puesto y asentí, sin dejar de mirarle.

—¿Dónde ha ido Tatsuhisa? —Le pregunté mientras le veía pagar mi helado de chocolate.

—Tendría cosas que hacer, ya sabes, el grupo, tu amiga… —Asentí riéndome con timidez. Adoraba escuchar su voz y a Tatsu por dejarme sola con él. Me quedé absorta observando sus labios hasta que noté que me miraba.

—Lo siento —dije otra vez, sintiéndome avergonzada. Se rió suavemente.

—No pasa nada —Volvió a repetir. Pero esta vez vi como sus ojos se desviaban brevemente a mis pechos. Sonreí para mí misma, comiéndome el helado.

Cada cucharada de las suyas era un suplicio, así como verle lamer la cucharilla para después disfrutar de un breve vistazo de su lengua rozando las comisuras de su boca. Me avergoncé al darme cuenta de mi ensimismamiento porque el helado se me había derretido en la tarrina. Lo tiré en un cubo de basura, disimulando antes de que lo viese. Me quejé, dándome cuenta de que me temblaba el pulso y me retrasé retocándome en el espejo retrovisor de un coche, asegurándome de no estar manchada. Al volver mis ojos hacia donde él estaba le vi caminando con las manos en los bolsillos. Sabía que iba detrás, por lo que se paró observando el escaparate de una tienda. Su espalda ancha, su pelo ondulado y su perfil era todo lo que existía para mí. Esa mandíbula marcada, tan sexy y bonita. No paraba de suspirar, a ese paso me iba a dar una bajada de tensión de los nervios que me comían por dentro.

—Oye, ¿vamos a mi casa? —Me miró rascándose la oreja y dejándome petrificada con su propuesta —Tifa me ha pedido no dejarte sola y estoy un poco cansado de andar.

—Sí, claro, por mí no hay problema —Necesitaba gritar pero me contuve, no quería que supiese lo histérica que estaba.

—¿Tienes tatuajes? —Me preguntó de repente.

—Sí, uno, de momento —Le enseñé el del brazo, se sonrió al reconocer las alas de la libertad.

—¿No te dan ganas de hacerte más? —Asentí—, todo el mundo me dice que son adictivos, de todas maneras no puedo por mi trabajo.

—¿Ni en partes no visibles? —Encogió esa naricilla aplastada tan linda.

—Me gustaría más en los brazos, o la espalda. Uno de mis amigos es tatuador y siempre me está tentando de hacer lo que tú dices.

—Así te quitarías el antojo y no tendrían porqué enterarse los jefes —Sonrió, pero negó con la cabeza. Cada vez que sonreía se me paraba el corazón.

—Qué va, siempre se enteran de todo —Habíamos llegado a una zona de la ciudad calmada, no había casi nadie por allí—. Es aquí —Abrió la puerta de un alto edificio y me cedió el paso. Mientras subíamos en el ascensor no supe qué hacer, cada vez que su brazo rozaba el mío mi corazón daba un saltito. Entramos en su casa, olía tan bien como él.

—Qué grande es… —dije asombrada. Le seguí hasta una habitación amplia y que me llevase directa a donde había una cama no ayudó a calmar mi histeria creciente. Dejó la chaqueta en la cama y me miró.

—¿Qué quieres hacer? —Dudé unos instantes porque lo que me salía decirle era de todo menos correcto.

—¿Música? —Le dije señalando el equipo, no es que pudiese articular mucho más.

—Ponte cómoda mientras. ¿Tienes algo tuyo por ahí? Me da curiosidad —Le acerqué mi teléfono después de poner mi spotify—. Genial, a ver qué hay —Lo enchufó al aparato y se tiró literalmente a la cama con un mando en la mano—. Ven, no te quedes ahí parada.

—No sé si te va a gustar lo que tengo —Me senté dejando mi bolso a los pies de la cama. Estaba deseando tirarme encima de él. Se apoyaba en sus codos, boca arriba y atento a las canciones que me sabía de memoria. Quería tumbarme en su pecho, escuchar su voz retumbar y sentir sus latidos cerca. Su calor.

—No conozco ni una —Me reí y al escuchar mi risa me miró. Se me cogió un pellizco en el estómago al instante—,  así no llegamos a ninguna parte, ¿qué te pongo?

—Cachonda —Lo dije incluso antes de pensarlo. Su cara de asombro fue seguida de una carcajada corta y aguda al aire. Me miró y alzó una ceja, pasándose la lengua por los labios con rapidez.

—¿De verdad? —Asentí, muerta de vergüenza, de calor, y de intriga por lo que fuese a pasar a partir de ese momento. Se sentó en la cama, mirándome con la sonrisa traviesa que se iba ampliando conforme me iba analizando de arriba abajo. Cada vez se me asemejaba más a Rin, aumentando mi necesidad de ser devorada.

—Oye, mira, me da igual lo que pase pero quiero darte un abrazo —Sin darme tiempo a explicarme puso sus cálidas manos en mi cintura y le abracé por los hombros, sintiendo su nariz en mi pelo mientras la mía rozaba su cuello. Al aspirar tuve que retener un gemido, olía tan bien que quise morderle. Sus manos acariciaron mi espalda hacia arriba, y las bajó siguiendo la silueta de mi cintura, apretándome las caderas.

—Quiero seguir por debajo de la falda —susurró. Sus labios tocaron mi cuello y sentí un escalofrío tal que solté un suspiro combinado con un débil gemido.

—Hazme lo que quieras —Mis dedos se enredaron en su cabello ondulado y castaño, su lengua se deslizó suavemente hasta mi mentón. Me miró a los ojos y sentí la humedad en mi ropa interior. Le cogí de las manos y las puse sobre mis pechos, deseando sus labios.

Sus dedos se clavaron en mi piel y su lengua invadió mi boca como si no fuese la primera vez que lo hacía. Era cálida, sabía al helado que se estaba comiendo antes. Tener sus labios en los míos era al mismo tiempo la sensación más agradable y la más excitante de mi vida. Los botones de mi traje se iban abriendo sin prisas manipulados por él, que me besaba con los ojos entrecerrados. Yo también le miraba, necesitaba ver que lo que me estaba pasando era cierto. Mis manos volvieron a su pelo, a su cuello. Llamaron a la puerta. Lo ignoró. Susurrando cosas que no llegué a entender me besó los pechos, rozándolos con las yemas de los dedos y mirándolos mientras tragaba saliva con dificultad. Me echó hacia atrás en la cama, levantándome el muslo y la falda, besando la parte interior, acariciándome pierna arriba, tirando de mis bragas hacia abajo con su otra mano. Volvieron a llamar con más insistencia. Chasqueó la lengua y se puso derecho, escuchando cómo también llamaban con los nudillos y su teléfono comenzaba a sonar. Al ver el nombre en la pantalla se bajó de la cama con prisas.

—Escóndete —Me ordenó. Me quedé mirando como se tiraba de la erección intentando disimularla conforme caminaba fuera de la habitación.

Escuché atentamente y al oír la voz de una chica me tiré tras la cama, quedándome pegada al suelo. Si era su novia se iba a buscar un problema. Esperaba que no me dejase tirada. Poco después le escuché entrar en la habitación y vi sus pies pararse en la puerta.

—¿Dónde estás? —Me dijo. Me asomé al borde de la cama y al verme se rió, derritiéndome—, ¿esa es tu manera de esconderte?

—¿Era tu novia? —pregunté sin rodeos, levantándome. El traje me colgaba por la cintura y mi sujetador estaba en el suelo. Asintió mirándome los pechos.

—No me he enterado de nada de lo que me ha dicho —dijo acercándose despacio—, y me ha creído cuando le he dicho que me encontraba mal y es que, como comprenderás —Me puso las manos en la espalda, terminando de bajar el traje—, tengo toda la sangre acumulada en la polla.

—Mamoru, no quiero buscarte un problema.

—¿Y vas a dejar de follarme por eso? —Acercó sus labios a los míos y me dejé llevar.

Lo único que quería era tocarle y tener su lengua en la boca lamiendo la mía despacio. Me besaba con demasiada tranquilidad, no iba en consonancia con los latidos ni de mi corazón ni del suyo, que notaba acelerado al tocarle el pecho bajo su camiseta negra. Bajé las manos hasta el botón de sus vaqueros, notando cómo enganchaba sus dedos al elástico de mis bragas. Se arrodilló ante mí, mirándome como si tuviera delante el pastel más apetecible del mundo. Acerqué mi pelvis a sus labios, reteniendo un gemido cuando se cerraron en torno a mi clítoris. Pasó la lengua entre mis labios menores, haciéndome resoplar. Hizo lo mismo con mi entrepierna que con mi lengua, sin prisas, con suavidad, acariciándome los muslos. Tuve que tumbarme en la cama porque era incapaz de estar en pie y no por ello dejó de hacerme tocar el cielo con su boca. Se puso de rodillas en la cama, entre mis piernas, y me abrió los labios mayores con sus dedos, presionando con su glande a la par que se mordía el labio. Tenía prisa. Yo también.

—Gime —le pedí—, quiero que me digas lo mucho que te gusta.

—Me encanta —susurró, empujando y abriéndome despacio. Estaba tan húmeda que no opuse resistencia alguna. Retenía el aire en sus pulmones cada vez que la sacaba y lo dejaba salir en cortos y graves gemidos cuando me la metía.

—Métemela entera —Me retorcía en la cama, me moría de placer. Notaba su carne caliente abrirme poco a poco, sus dedos sobre mi clítoris en una caricia tan suave que el orgasmo me acechaba cada vez más cercano. Era mi fantasía erótica hecha realidad.

—Me gusta tanto, tantísimo —Sus manos me apretaron las caderas a las que se pegaban las suyas. Mi coño le tragaba, apretaba esa erección dura y ardiente.

Cuando empecé a sentir su pelvis chocar con la mía sus gemidos se intensificaron. Chorreaba, estaba empapando la cama con mis fluidos. Verle hacerme lo que me estaba haciendo me ponía tan cachonda que me provocaba orgasmos con los que solo podía soñar antes de conocerle. Me hacía arquear la espalda de la cama, las explosiones de placer inundaban mi mente y me reventaban de cintura para abajo. Se mordía los labios, resoplaba, me tocaba, me miraba, me mataba. Y me la sacó parándose a respirar hondo.

—Joder, me corro —Se quejó—, mira —Se la agarró y me mostró una gota de esperma solitaria cayendo por su glande enrojecido. La necesitaba dentro y la necesitaba ya.

—Mamoru, fóllame —Le ordené. Me pasó los dedos entre los labios mayores.

—No puedo, espérate un segundo que—

—No —Tiré de su nuca y le besé tumbándole en la cama, colocándome sobre su cuerpo. No le dejé reaccionar, una vez situada sobre su erección me la metí de golpe y me balanceé despacio. Me agarré los pechos, gimiendo de puro placer ante la presión que ejercía en mi interior, al ver su gesto colmado de gusto por estar dentro. Me lo estoy follando…

—Kimochi, kimochi… tame…

No podía soportar sus gemidos, me excitaba tantísimo escucharle hablar en japonés que me corría cuando menos me lo esperaba en orgasmos explosivos que me tensaban. Y justo después de llegar a uno especialmente intenso le vi enmudecer. Retuvo el aire en sus pulmones y lo dejó ir en un quejido largo entre dientes. Apreté las piernas a sus caderas cuando sentí su esperma ardiente en mi interior y besé sus labios sin dejar de moverme sobre esa brutal erección. Había sido tan intenso para mí que apenas podía respirar a pesar de estar ya quieta. Temblaba de pies a cabeza y no quería alejarme de su cuerpo cálido y de sus brazos fuertes por nada del mundo. Porque sabía que en cuanto lo hiciese se acabaría nuestra historia. Esa fantasía de un día que pude vivir.

—Gracias, Mamo-chan.

—Yorokonde —Le miré y me sonrió, provocándome un gesto idéntico, derretida, a los pies de mi seiyuu favorito.

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Einen Kaffee

Antes que nada, debo decir que no había planeado nada de esto al salir de casa. Ni siquiera lo habría imaginado pero las cosas fueron como fueron.

Y no me arrepiento de nada.

Tan pronto llegamos al restaurante y nos acomodamos, le vi venir. Y tan pronto le vi venir sentí mi corazón revolucionado, los nervios agolpados en la garganta y una creciente sensación de querer gritar. Era igual que un famoso que me tenía obsesionada. Igual. Era ridículo el parecido. Y no podía comentarlo porque no había nadie de confianza a mi lado.

Nos preguntó qué íbamos a tomar y al momento capte su acento alemán. Por si no tenía suficiente con su aspecto físico. Nos miraba, anotando los pedidos. Cuando me tocó el turno y me miró con una sonrisa, sentí mis bragas recoger mi lascivia. No era lógico sentirme así por una mirada. Menuda locura. A pesar de todo, intenté cenar, observando su rostro y cuerpo cada vez que se paseaba por las mesas. Dos veces me pilló mirándole y dos veces que enrojecí hasta la raíz del pelo. Me pareció que me sonreía pero quizás eran las ganas que tenía de que ocurriera. O quizás no. Me despisté mirándole los músculos de los brazos, me pasé la lengua por los labios, la mano de la rodilla hacia arriba, sintiendo ese latido entre las piernas, presionando con mis muslos y sintiendo mi clítoris sensible al hacerlo. Miré hacia arriba y me encontré con su mirada, suspicaz.

—Voy al servicio —Me disculpé. Necesitaba echarme agua, estaba sofocada y no solo por el calor del verano.

Me miré en el espejo, diciéndome a mí misma que por mucho que soñase despierta debía comportarme. Respiré hondo y salí del baño. Miré hacia el lado al hacerlo, y le vi junto a la cocina. Él también me vio.

—¿Puedes echarme una mano? Es solo un segundo, estamos hasta arriba.

—Sí claro —contesté, histérica perdida.

—Ayúdame a llevar esto al almacén, ten cuidado que puede caerse si sueltas —Se trataba de una carreta con grandes cajas. Me pidió que las aguantase mientras él arrastraba la carreta.

—No las sueltes —Me dijo una vez dentro del almacén. Fue algo muy rápido. Escuché que cerraba la puerta y que respiraba hondo.

—¿Qué vas a…

La pregunta quedó interrumpida por una brusca inhalación nacida de la sorpresa de sentir su cuerpo aplastarme desde atrás contra las cajas. Sus manos apretaban mis caderas, levantando ligeramente la fina tela de mi vestido. Su pelvis empujaba mi trasero, y su boca, al yo girar la cara, rozó mi mejilla, mi mandíbula y mi cuello. Olí su pelo, su aroma, apretando los dientes para no gemir.

—Vengo más cachondo que de costumbre y tú tienes hoy unas ganas que te mueres por tenerme cerca.

—Tengo novio —Lo dije porque sentí que debía dejarlo claro, pero la realidad era que no me veía capaz de soltar el borde de la caja en la que me apoyaba.

—¿Desde cuándo ha sido eso un impedimento? —Su mano izquierda subió por mi cintura hasta mis pechos, apretando uno de ellos con sutileza, cubriéndolo con su palma y dedos. Su mano derecha se coló entre mis muslos desde detrás, acariciándome las ingles, entre ellas, con una suavidad que me hizo apretar los músculos.

—No es el momento ni el lugar… —Un suave gemido anuló toda la validez que esa queja pudiese tener.

—Si te sientes mal o violenta, dímelo y no vuelvo a tocarte en mi vida. Pero —Pasó su mano derecha hacia adelante, hundiendo los dedos y la tela de mis bragas entre mis labios menores—, si estás tan cachonda como tu coño sugiere, lo que voy a hacer es tocarte hasta que te corras. Y después vamos a follar. Porque lo deseo, y tú también.

Apreté los labios, dejándome llevar por lo que sentía, por sus manos, por lo que realmente deseaba desde que me puso los ojos encima. Ya me arrepentiría más tarde si es que lo hacía. Apreté sus manos con las mías, provocando que su contacto fuese más brusco, sintiendo su cálida respiración contra mi mejilla y su erección contra mi culo. Soltó mis pechos para sacársela de los pantalones y meterla entre mis nalgas, rozándose, jadeando en mi oído. No dejaba de masturbarme con, no solo sus dedos, sino su mano entera. Con la palma estimulaba mi clítoris, con los dedos la entrada de mi vagina. No era brusco pero sí apasionado. El ruido de un envoltorio de plástico rasgado me sacó una sonrisa, que se separase de mí un segundo me indicó que, efectivamente, se estaba poniendo un condón. Me pregunté si siempre llevaba uno de emergencia en el bolsillo trasero. Tras eso, se centró en darme caricias desde mis muslos, pasando por mis caderas, cintura, pechos, cuello, girándome la cara y besándome despacio. Le miré a los ojos, me sonreía de medio lado con los labios entreabiertos. Se mordió el labio mirándome el rostro con deseo, sus caricias se convirtieron en algo muy delicado y centradas solo y únicamente en mi clítoris. Tuvo que agarrarme las caderas cuando, tras aguantar la respiración a riesgo de que me explotara el pecho, el orgasmo me agitó entera. Y estaba en el punto más álgido cuando sentí su polla, dura hasta llegar a ser ridículo, presionando desde dentro. Los músculos de mi vagina se contraían en un orgasmo que no hizo más que alargarse al sentirle estimular todos mis puntos sensibles además del externo. El cosquilleo y la presión que sentía de cintura hacia abajo me hacía imposible controlar la situación.

Di gracias a que tuviese una constitución tan fuerte, porque casi no me tenía en pie. Me subió una pierna y, poniendo la mano en mi espalda, me tumbó contra las cajas. Sus caderas golpeaban las mías en un vaivén delicioso, escuchaba sus gemidos ahogados contra sus propios labios, silenciaba los míos mordiéndome el brazo. Me apretaba el muslo justo por debajo del culo. Si seguía embistiendome así íbamos a partir definitivamente lo que fuese aquello en lo que me apoyaba. Desde el otro lado de la puerta escuchaba a mis amigos reír mientras charlaban en la terraza. Miré sobre mi hombro justo cuando se levantaba un poco la camiseta, dejándome ver su ombligo y una línea de vello que bajaba hasta una erección que no veía. Solo movía sus caderas, ni siquiera me daba todo lo fuerte que podía darme, me pregunté cómo sería el sexo duro con él y lo deseé intensamente. Quería pedirlo pero si abría la boca, iba a gritar. Así que lo susurré.

—Más… —Me dejó contrariada al sacarmela, tirando de mi brazo, llevándome hasta una ventana. Temí que pudieran ver nuestras siluetas a través del cristal translúcido pero la idea me puso tan cachonda que no me quejé. Me apoyó en el alféizar, con mi espalda contra el cristal, abriéndome las piernas y colocándose entre ellas—. Dame fuerte —susurré.

—Ojalá tenerte en un sofá, a solas —La guió hacia mi interior sosteniéndola con el índice, el anular y su pulgar, entrando suavemente. Ahora que lo veía todo, lo sentía incluso con más intensidad. Su polla surcada de venas se hundía en mí hasta la base, y era ancha. Muy gruesa—, aquí no puedo hacer todo lo que quisiera.

Me levantó las piernas, agarrándome justo por debajo de las rodillas, presionando contra la ventana. Ya sin contemplaciones, dominaba mi cuerpo con brusquedad, empapando mis bragas apartadas a un lado, haciendo un escándalo cada vez que su pelvis chocaba con la mía. Me resultaba difícil creer que fuera no estuviesen escuchando nada, pero seguían con su feliz parloteo. Me apoyaba con una mano en el borde en el que estaba sentada y con la otra comencé a frotarme el clítoris con fuerza. Los espasmos de ese segundo orgasmo fueron demasiado para él, que tras unos quejidos demasiado altos, se dejó llevar, comenzando a correrse cuando yo acababa, provocándome una nueva oleada de placer. Le agarré del pelo de la nuca y le besé mientras sentía las pulsaciones de su polla en mi interior. No quería dejar de follar. Quería seguir toda la noche.

—Sigo pensando que deberíamos follar en un sofá.

—Quiero más… —Frunció el ceño, inclinándo ligeramente la cabeza.

—¿Te has quedado insatisfecha? —Negué con la cabeza.

—Es solo que quiero más —Sonrió antes de besarme despacio.

—¿Considerarás mi oferta del sofá?

—La considero y la acepto. Cuando quieras.

—Bien…

Me soltó, respirando hondo, quitándose el condón, anudándolo y tirándolo sin vergüenza alguna al recipiente de “solo papel”. Me puse bien las bragas una vez limpia con un buen puñado de servilletas que me dió, centrándome en calmar mi respiración, observándole ponerse bien la ropa de trabajo. Me miró un segundo, aún sonriente, suspirando una vez más y tarareando al tiempo que salía a atender las mesas. Pero antes me dejó escrito en una comanda su teléfono. Al volver a la mesa puse de excusa que me dolía el estómago, dejando mi comida a la mitad. De lo único que tenía hambre era del camarero, que nos trajo la cuenta y nos despidió. Miré sobre mi hombro antes de alejarme, sonriendole, asintiendo al mudo llámame que formó con sus labios. Jamás en mi vida había quedado tan satisfecha con un restaurante, fue una noche de cinco estrellas, y quién sabe si volvería a repetir del plato principal. Tampoco importaba, iba a recordar su sabor.

   

 

*sigh*

tumblr_n8zscfe1wd1qlfgf2o10_1280No podía dejar de mirarle. Sus ojos eran pura adicción, la profundidad de ellos mi droga en la que consumirme, desvanecerme, desaparecer. Me derretía, mi cuerpo se estremecía a merced de esta ansia desmedida por tocarle, tenerle. Su pelo, negro como una noche cálida, suave como mis suspiros incontrolados. Sus labios, gruesos, calientes, me llevaban a pensar sobre otra parte de su anatomía de igual definición. Deseo, deseo, deseo. Lascivia. Necesidad. Calor desde mis muslos, sudor leve que desearía compartir contigo. Tu voz. Tu voz es todo, lo eres todo, lo más bello y lo que más deseo. Tan inalcanzable como perfecto. Suspiro. Me llaman. Despego los ojos del poster.
Qué vida más dura esta de fangirl…

He is under my body

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I take a second to think about what’s going on. The room is warm. He is warm. And he’s under my body.
He is under my body.
His shirt is gone. His pants are gone. His underwear is as gone as mine. But I still have my dress on. My hair tickles my shoulders, my naked ass heats up his legs. His strong legs. Mine are spread at the sides of his smooth body, kneeled on his bed, almost beseeching, eager to kiss him. But I take a second to think about what’s going on.
He is under my body.
I can smell him in me, in the air of his room. I can smell sweat. I can smell sex. The dim lights of dawn allow my eyes to enjoy themselves with the man subdued to me. Subdued to my desires. My mind works at full speed while time seems to be frozen. I’m holding my breath. My muscles are tighten and when doing so I feel him, hard, wet, burning me from inside out. His pubic hair is tangled with mine.
He is under my body.
I can see the veins on his arms when his hands press mi hips to his body. They are all over my skin, squeezing it. And they are everywhere: on my hips, my chest, my neck, my back, my thighs. My hands run slowly over his wide chest, teasing, caressing, feeling his warm skin under the tips of my fingers. His muscles are tight, hard, perfect. I wanna lick him from head to toes. I know I will. But later on. He sighs when I move my hips over him, feeling that delicious pressure deep inside of me. I look at his face, at his little frown, his half open lips. His almond-shaped eyes stare at mines.
He murmurs “I want you”.
I moan “I want you too”.

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Sorry

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The doorbell rings and my tears won’t stop flowing. I get up from the sofa, throwing the used tissue away and peeking out the door. He’s there standing in silence, drenched and wearing his trench coat. It must be cold outside, as cold as I feel without him by my side. My first reaction is closing the door but he pushes it with his huge hand.

– Please – he murmurs, I can hear the pain in his voice – forgive me.

I look into his sad dark eyes and I get lost in them. I love him. I just love him so much that I’m unable to let him go that devastated. I need him and I’d like to think that he needs me as well. A whimper comes out from my lips when I hug his waist, leaning my head on his wet chest. He sucks his teeth, whispering my name, holding my back.

– I’m an idiot, ne? – he asks when I look at his face.

That beautiful stupid face of his. I nod, he smiles slightly. I stand on my tiptoes, touching his face to kiss him. He squeezes my body with his long and strong arms, breathing deeply in my mouth. I whisper how much I love him, he answers those two words I want to hear staring into my eyes. We walk slowly, holding each other towards the bedroom. He takes off his clothes and I wait inside our bed. His skin is cold and his hair is kind of wet. He places his head on my chest, holding my body and trembling a bit. I hold him tight, caressing his cheek. His breathe becomes slower, deeper. I look at his face. He fell asleep. I smile and feeling the beating of his heart, I sleep as well.

Sweater

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She got into the room blinking her sleepy eyes. He was humming in the shower and his clothes were all over the place. She smiled at the mess, grabbing his sweater, taking off her pants and bra. She put his big jumper on, it felt warm, as if he was hugging her. She smelt it deeply, smiling wider. Then, she came back to the sofa where she slept, waiting for him to get out from the bathroom. The sweater almost covered her body, he was huge.

– You are awake! – he said a little after that, from the living-room door, drying his hair with a towel.
– I heard a strange noise coming from the bathroom – they were both smiling wider and wider as he got closer – it was you singing.
– Hmmm… Isn’t it mine? – he said pointing at his clothes
– Me or the jumper? – she raised her arms, waiting for him to hold her.
– Both – his voice sounded amused, smiling with both his mouth and eyes.
– Not anymore… Get them back – their lips met softly at first, and so did their tongues.

He giggled on her mouth when his hands touched her naked thighs. She surrounded his waist with her legs, making it easier for him to lay over her body. Their kisses became naughty ones, her hands went down his chest. Her thumbs lowered his pyjama trousers and his underwear but he moved down his body. “Tsk tsk tsk” he said smiling lustfully. He kissed her panties, she sighed. He moved the cloth to a side, tasting her in the most delicated way possible. She grabbed his wet hair, moaning softly. He gulped her down, stroking her nipples. Her back lifted from the sofa. As soon as she felt horny as hell and wet, really wet, he climbed up her body,  looking for her mouth. They were kissing deeply when he slized between her labia; inside her body. He grabbed her ass tightly, she dug her nails on his shoulders. He gasped and moaned on her ear a soft “I’ve missed you” She whispered his name. His swings became thrusts and her moans almost screams. She reached the orgasm when he touched her clit, licking her neck. Her skin was covered with goosebumps. He cummed shortly after, moaning loud, holding her firmly and feeling her kisses all over his face. They looked into each other’s eyes and she whispered into his smiling lips:

– Welcome home

Locked out from heaven

Sin-título-2

I’m lying on the bed and he’s staring at me. I can’t move, my wrists and ankles are tied. His deep wild stare goes up and down all over my naked body and I blush. I blush so much I feel the heat on my cheeks. He bends over my body, leaning his hands on my hips. His gaze is intense and dirty. He licks his lips and sharp fangs.

– I’m gonna eat you alive – he whispers on my lips with a husky voice. I nod, moaning softly – I’m gonna make you scream and the only thing that will come out from your lips… – he stops talking, licking my mouth. His tongue and his breath burns – …will be my name.

I feel his hands going up my body, tenderly caressing me with his long nails. His tongue demands mine, so I give him what he wants. His kisses are nasty, his passion feels like fire. My body shakes when his long fingers slips between my labia and I moan in his mouth when he presses my clit.

– You want it, right? You want it baaaadly…

– I… Don’t hurt me – is all that I can say.

– Oh baby I won’t.

His mouth goes down my body and his hands grab my breasts. His tongue licks me eagerly, I dig my nails on my hands and my teeth on my lip. His hands won’t stop caressing me and I see his arms and back muscles in tension when he squeeze my boobs again. The orgasm makes my body twist and I can’t stop moaning loud. He climbs over my body and grabs my hair, still touching my wet flesh. He makes me suck his thick cock, getting it into my mouth. I barely can move my tongue over his burning skin. He tastes so good. He smells even better. He pants, he moans loudly “kimochi…kimochi o” and I lick him slowly but intensely. After a really loud moan he moves again down my body. He opens my labia with his fingers and I feel him slipping inside of me. He burns, he’s huge. He moans more than me. He’s losing it. I look between my legs and all I can see is his big thick cock buried inside of me. His red skin pressed with mine, his body filling me up. His thrusts are wild, intense, noisy with his moans and wet sounds. He’s starting to sweat. He pulls from the chains that tie me up and brakes them, holding me tight. His movement inside me is insane, rough, too much. I grab his hair, I lick his tongue, and I scream when I feel his sperm inside me. His moans are growls, mines are broken. He kisses my lips moaning my name and I kiss his. He smiles, looking at me with his demon eyes.

– And I thought heaven was forbidden for me…