Birthday Present

Llevaba dándole vueltas al asunto desde que escribí “New Friends” que es la segunda parte de “New Shades” y al final he tenido que hacerlo. Son solo 9 páginas de word pero es que tenía TAAANNNTAS ganas de escribirlo que me he quedado…ains,  tranquila tranquila. Estos fanfics… son mi desgracia y la ruina de mi ropa interior.

PERO ES QUE NO PUEDO CON ESTE HOMBRE

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Y CON ESTE MENOS TODAVÍA

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Odiaba las navidades. Y no las odiaba por nada en especial, es que en esas fechas la tienda estaba hasta arriba. La gente no dejaba de entrar y salir, más que nada chicas buscando algo para sus novios, quién sabía de si solo para navidad o de siempre, con los que iban a pasear en ese día especial. Nau apagaba luces mientras yo cerraba la caja y cogía de detrás del mostrador su chaqueta y la mía.

– Bueno, pues abrimos mañana 24 y el 25 a descansar por fin – Me dijo tirando de la baraja. Yo me agaché para cerrarla con candado.

– Supongo que harás algo especial con Hitomi – Asintió – Algo que no me vas a contar porque sabes que se lo voy a contar a ella.

– Exacto. Igual que sé los planes de Nagase y no te voy a decir ni media.

– ¿Tiene planes? – Estaba nerviosa, era mi primera navidad a su lado y ni idea de qué tenía preparado – Como me meta en un restaurante pijo…

– No va a hacer eso, sabe que no va contigo. Y oye, tu cumpleaños es dentro de poco, ¿no? – Le acompañé hasta su moto, yo tenía el coche aparcado calle abajo.

– Sí, el 30, pero no creo que celebre nada porque Tomoya tiene el countdown y estará allí toda la noche. No quiero cansarle el día anterior y además, ahora en estas fechas es cuando más especiales y programas hace. Casi no lo veo por casa, viene a dormir y mucho es – Le echaba de menos lo que no estaba escrito. Desde que me mudé con él nunca me había sentido tan sola.

– Bueno, ya se nos ocurrirá algo, si no es Hitomi tu amiga Kurishtina se encarga, seguro.

– Tampoco me importa no celebrarlo. Ya me compraré un capricho de parte de él y listo.

– Sí, ya te lo comprarás – Miró por encima de mi hombro, con una sonrisa divertida.

No me dio tiempo a girarme. Me taparon los ojos y no con las manos como cabría esperar. Me los taparon con una venda. Por más que preguntaba nadie me explicaba pero la risita que escuché no podía ser otra que la de Cristina. Además se me metió por la nariz el perfume de Hitomi, algo raro en una japonesa, por eso me acordaba siempre. Intenté quitarme la venda pero me golpearon las manos.

– ¿Qué estáis haciendo, locas? ¿Dónde me lleváis?

– Aaaaahhhh – La intriga me estaba matando. Me metieron en un coche del que no reconocí el sonido del motor, por lo que no era el de Tomoya. Tampoco olía a sus coches, todos tenían el mismo ambientador asqueroso porque fumaba dentro y no quería que se quedase la peste en la tapicería.

– Espero que merezca la pena porque estoy reventada… – Las escuchaba reírse bajito pero solo una estaba a mi lado por lo que supuse que la otra estaba al volante.

– ¿Por ahí? – Era la voz de Toma seguida de un “shhhh”. Estaba en su coche.

– Como no me llevéis a un sitio que me guste la voy a montar. Estas sorpresas me ponen muy nerviosa, ¿es por mi cumple? ¿Lo ha organizado Tomoya? ¿O Hitomi? Porque sé que Cris no ha sido, ella me habría llevado a tomar cervezas que se habría bebido ella porque a mí no me gustan.

– Kanpai – La escuché susurrar. Me reí nerviosa.

Me hicieron bajar poco después, intenté olisquear el aire y las chicas me agarraron cada una de un brazo. Entramos a un sitio que consideré grande por la de pasos que tuve que dar y me sentaron en una silla. Sentí a gente a mi alrededor, todo eran risitas y murmullos. Un poco después se hizo el silencio. Me quitaron la venda y ante mí, un escenario con mi grupo favorito. El resto de la sala estaba a oscuras, sabía que había sillas, sabía que había gente, pero Nagase me sonreía con la guitarra en las manos y comenzaron a tocar ‘Lyric’. Intenté por todos los medios que mi fangirl histérica no volviese a resurgir, y es que daba igual que viviese con él, que durmiese con él, que hubiésemos tenido sexo hasta quedarnos secos; seguía siendo la misma fan. Cuando pude despegar mis ojos de ese mini conciertito que nos estaban dando, vi a mi alrededor a Hitomi con Nau, a Cristina con Toma, a Baru sentado junto a Maru y Koki, y a la hermana y a algunos amigos de Tomoya al fondo haciendo sus labores de fanboys. No era mucha gente pero es que lo prefería mil veces. Y no se quedaron ahí, tocaron mis favoritas: Mr Sampling Man, Starving Man, Green, Neighbor y Seisyun. Al acabar les di las gracias a todos con un abrazo a distancia porque estaban sudando a chorreones. Cuando se me acercó, Tomoya era un hombre pegado a una botella de agua.

– No deberías haber hecho esto, das un concierto en unos días – Le quería besar, pero al no estar solos tuve que contenerme. Ojalá estuviésemos en España…

– No pasa nada, no voy a estar contigo el día de tu cumpleaños y quería hacer algo especial – Se echó el pelo hacia atrás tras mojárselo, lamiéndose los labios, poniéndome las cosas difíciles.

– ¡Acuérdate de mí en mi cumple también! – Le pidió Cristina.

– ¡Acuérdate del de todos, senpaaaaaai! – Enoshi daba saltitos con Ken, empujándole por el hombro y haciéndole reír.

– ¡No vamos a ir dando conciertos a la carta! – Protestó Mabo, dándole un puñetazo en el hombro a Cris, poniéndola nerviosa ante el contacto.

– ¿Vamos a comer o qué? – Taichi me señaló al fondo de la sala, donde unos camareros iban dejando platos y fuentes con comida.

– Oye, ¿Te ha comprado algo? Seguro que te ha hecho un regalo espectacular – Me preguntó Toma mientras se hinchaba a mini hamburguesas.

– ¿Más que este? No, pero ya tengo suficiente regalo. Más que suficiente.

– Tsk, dando conciertos también me ahorro yo el dinero – Protestó Koki con una cerveza en la mano. Tomoya apretó los labios, mirándole con las cejas arqueadas y lamiéndose el dorso de la mano porque se había manchado con el arroz al curry.

– El regalo lo tiene en casa. Ya lo verá luego, ¡Eh, no te comas todas las gyoza! – Le riñó a Cristina.

– ¿Qué? – Respondió ella con la boca llena – No tienen nombre, ¿no? ¿Y de dónde has sacado tú la cerveza? – Le preguntó a Koki, que se apresuró a cogerle la mano a mi amiga.

– Ven, coge una – Fue con él hacia donde Subaru y Maru bebían entre risas. Un segundo después, tras mirarlos con una ligera preocupación, les acompañó Toma.

– Fantástico, ahora me voy a pasar la cena con ganas de ir a casa para ver qué vas a darme – Me metí una pieza de sushi en la boca quizás un poco demasiado grande. Tomoya se inclinó y me dijo al oído

– Un consejo que te doy: no comas tanto, no quieres sentirte pesada después – Se me curvó la boca en una sonrisa pícara. Sabía que eso significaba solo una cosa, y me encantaba.

– ¿Cuántos cumples, preciosa? – Me preguntó Ken. Sus amigotes se me acercaron, intentaba no mirar mucho a Enoshi porque precisamente ese día no quería problemas ni situaciones incómodas.

– ¡Esa no es pregunta para una señorita! – Protestó Hitomi

– Qué poca vergüenza – Le riñó Rieko.

– Cada vez que abres la boca es para ofenderlas, ¿te has dado cuenta? Menudo don tienes para las mujeres – Enoshi le dio dos palmaditas en la espalda, me miró y me guiñó el ojo. Al notar lo nerviosa que me puse, me fui a la otra punta de la habitación con la excusa de saludar a los eito.

Le hice caso a Tomoya y no comí mucho, lo que de verdad me extrañó es que no se bebió ni una cerveza. Bien era cierto que entre Mabo, Koki, Baru y Cristina se las estaban bebiendo todas. Se emborracharon a base de bien, no teníamos karaoke pero improvisaron uno con el teléfono de Toma y poca vergüenza. Y aunque me lo estaba pasando de muerte, las horas de trabajo que llevaba encima me empezaron a hacer efecto. La gente empezó a irse un rato antes, los primeros los moteros que se iban a dar una vuelta. Poco después, un agotado Nau se despedía, marchándose con Rieko. Sin embargo, Hitomi, Cristina y los demás tenían para rato. Me despedí de todos ellos y les di las gracias por venir.

– Que siga la fiesta sin mí, ¿eh?

– No te preocupes – Me gritó Koki intentando robar a Cristina, que no se quejaba, de los brazos de Toma – Ya me encargo yo.

– Nena – Tomoya se tocaba los bolsillos, mirando a su alrededor – Dime que tienes encima las llaves de casa y las del coche.

– Sí, ¿se te han perdido las tuyas? – Se encogió de hombros.

– Creo que están en casa. En fin, da igual – Se despidió de los demás y tras abrigarnos bien abrigados caminamos hasta el coche.

– No me voy a terminar de acostumbrar a no arrimarme a ti cada vez que me dé la gana – dije una vez dentro y sentada en el asiento del copiloto. No tenía ganas de conducir.

– Cuando vayamos a España te arrimas lo que quieras y más – Encendí la calefacción y tras ponerme el cinturón me arrebujé en la bufanda. Hacía un frío tremendo. No arrancaba el motor, le miré y me estaba observando.

– ¿Qué pasa? – Me cogió la mano y la tenía helada así que se la rodeé con las mías.

– Sabes que quiero quedarme contigo para siempre, ¿verdad? – Cada vez que me decía esas cosas, sentía un apretoncito en el pecho. Sonriéndole como una imbécil le besé los dedos.

– Sí, pero me encanta escucharlo, ¿te pasa algo? Estás raro – Suspiró, mordisqueándose el lateral del labio, lo que me indicaba que o estaba incómodo o nervioso.

– Necesito que me respondas a algo – Cuando alzó la vista de mis manos a mis ojos fui yo la que suspiró. En la vida me iba a acostumbrar a esa mirada tan intensa.

– Me estás asustando, no me irás a pedir matrimonio, ¿no? – Alzó las cejas con un suave ¿eh? y se rio negando con la cabeza.

– No, no es eso, no nos hace falta tampoco. Es solo… ¿eres feliz conmigo?

– Joder, claro que sí. La más feliz,  ¿a qué vienen estas inseguridades? ¿Crisis de año nuevo? ¿Es un rollo japonés o qué?

– Solo quería saber que sientes lo mismo – Lancé una risotada al aire.

– Probablemente sienta más, no seas tonto – Le agarré de la barbilla y le di un breve beso en la mejilla – Te adoro, me encantas, te quiero con locura – Le mordí la nariz, haciéndole reír – No lo dudes ni una sola vez más en lo que te queda de vida. Y gracias por el concierto otra vez.

Fui el camino a casa cogiendo su mano, mirándole conducir en silencio, y extrañada una vez más porque en vez de fumarse su cigarro de siempre en el coche se estaba comiendo un chicle. Además, me besó en los labios en un semáforo, sin estar cachondo o borracho. No era nada común en él. No entendía ese cambio de hábitos repentino, tampoco es que me importase pero entre eso y las preguntas, estaba de lo más raro. Igualmente, al llegar a casa lo único que quería era mi regalo. Abrí la puerta intrigada y me agarró de la mano cuando me quité los zapatos.

– ¿Tienes sed? ¿Necesitas ir al servicio? Porque deberías ir ya.

– Tomoya, ¿qué has planeado? – Me reí ante su resoplido. Pestañeó con fuerza dos veces. Definitivamente estaba nervioso – No me va el sado…

– Voy a taparte de nuevo los ojos – Se quitó de la muñeca uno de esos pañuelos que siempre usaba, privándome de visión por segunda vez en el mismo día. Solo que esa vez estaba considerablemente más nerviosa – Espero no arrepentirme. Mucho.

Puso su mano en mi hombro y me besó los labios. Le acaricié el mentón, rozando su lengua lentamente. Frotó mi nariz con la suya, suspiró y me besó la frente. Por la dirección que tomaron nuestros pies, me llevó hasta el dormitorio. Una vez allí cerró la puerta. Le sentí pasarme las manos por la cintura desde atrás, apartándome el pelo para besarme el cuello. Sonreí, dejándome caer en su pecho y tocando sus manos. Las metió bajo mi camisa, estaban calentitas al fin y me apretó los pechos con fuerza. Jadeó en mi oído, mordiéndome sutilmente el lóbulo y rocé mi culo con su bragueta. Me apretaba las tetas con una fuerza inusual, le sentía demasiado excitado para como estaba hacía un segundo. Me quedé un poco parada cuando me llegó un olor desconocido, muy masculino, pero desconocido. Me sacó la camiseta por la cabeza y le sentí moverse. Al volver a tocarme la cintura, siempre desde atrás, di un saltito porque sus manos estaban heladas. Eché el brazo hacia atrás, tocando su pelo, oliéndole, verificando que ese era Tomoya. Pero alguien me estaba desabrochando el pantalón desde delante.

– ¿Quién eres? ¿Quién es? ¿Qué es esto Tomoya? Necesito ver, joder.

– Adivínalo, no es muy difícil – Lo empecé a sospechar en cuanto ese desconocido se incorporó frente a mí. Era igual de alto que él, si no más. Mabo no podía ser porque estaba en la fiesta. El único que se me venía a la cabeza se había ido antes que nadie. Pero no podía ser, Tomoya se tendría que estar muriendo de celos.

– ¿Este es mi regalo de cumpleaños? – Me empecé a reír nerviosa, descontrolada. Alcé las manos hasta el pelo del que tenía delante, despeinado y abundante. Bajé la mano hasta su oreja izquierda y me encontré con la argolla que esperaba – ¿Cómo coño ha entrado Enoshi en casa?  – Bajé los dedos hasta su perilla y me los mordió con una risita suave.

– Con mis llaves – Susurró Tomoya en mi oído, poniéndome los vellos de punta y quitándome la venda de los ojos.

Nada más ver a ese hombre riéndose de esa manera tan chulesca quise besarle, pero el instinto de no faltarle el respeto a mi novio me paraba los pies. Sin embargo, Tomoya estaba entretenidísimo en mantener mi vello erizado con su boca rozándome el cuello desde la mandíbula a mi hombro y vuelta a empezar. Enoshi se inclinó sobre mí, acariciándome los muslos porque mi cintura estaba rodeada por los brazos del otro hombre. Me besó despacio, parándose a disfrutarlo, haciéndome disfrutarlo. No quería dar de lado a Tomoya pero la novedad de tener a Enoshi delante me tenía un poco despistada. Arrimé mi trasero a la entrepierna del que tenía detrás, que se dedicó a desabrocharme el sujetador mientras le pasaba los brazos por el cuello al que tenía delante. El calor de la boca de Enoshi, su lengua, recordándome aquel beso escondido que me dio en el trabajo. Pasé la mano por su bragueta y gimió en mi boca, haciéndome mojar las bragas. Tuve que soltarle para quitarme del todo la parte de arriba de la ropa interior, momento que él aprovechó para bajarme la parte de abajo, de rodillas en la moqueta. Tomoya me acariciaba desde los hombros hasta las rodillas, despacio, llenándome el cuerpo de besos. Enoshi me mordió el muslo, riéndose y apretándome el culo. Le veía las ganas tremendas que tenía de hacerme de todo en los ojos, en esa mirada de golfo que siempre me dedicaba desde aquel día que me prestó más atención de la cuenta.

– No te olvides de lo que hablamos – Le dijo Tomoya sobre mi hombro, él le miró.

– Lo intentaré – Sentí su aliento en mi entrepierna. No quería ni moverme.

– ¿Lo que hablasteis? ¿Hasta dónde habéis planeado? – Tomoya se rio junto a mi mejilla, volviéndome la cara para besarme profundamente. Los besos de Enoshi eran maravillosos, pero no tenían comparación con lo que él me hacía sentir.

– Son solo un par de condiciones por su parte y unas cuantas por la mía – Aclaró Enoshi, besándome las rodillas y la parte interna de los muslos. Tomoya bajó las manos y pasó dos dedos sobre mi monte de venus, sobre mis labios mayores, tan despacio que me hizo suspirar.

– Vais a matarme, de esta no salgo viva – Bromeé entre jadeos.

Se rieron suavemente los dos. Al sentir la lengua de Enoshi entre mis labios menores, abiertos por los dedos de mi novio, me temblaron las piernas. Tomoya tuvo que sostenerme, Enoshi me sentó en sus hombros, apretando mis caderas con sus manos y pasando su lengua de manera obscena sobre mi carne. Tomoya también se arrodilló a mi espalda y sus largos dedos  acariciaron en círculos mi clítoris, suavemente. Su pecho era mi respaldo, las yemas de los dedos de su mano izquierda subían por mis costillas, hasta mis pechos y de nuevo abajo hacia mi ombligo. Gemía suavemente, nerviosa agarrándolos a ambos del pelo. Tomoya besaba mi boca, Enoshi mis otros labios. Apreté los dientes, cachonda como jamás había estado, clavando las uñas en el brazo de Tomoya y en la nuca del que tenía enfrente. Temí asfixiarle, a punto de llegar al orgasmo, apretándole con las piernas y temblando.

– Oishii – Escuché a Enoshi murmurar contra mi piel, tragando lo que Tomoya provocó con sus dedos y acariciándome la espalda.

– Me corro – Jadeé, gemí, Enoshi me miró a los ojos, metiéndome un dedo con los labios entreabiertos. Los dedos de Tomoya seguían frotando con esa tranquilidad desesperante, los de Enoshi me hicieron temblar desde dentro de mi cuerpo.

Me deshice. Me desconecté de la realidad. Todo era placer, jadeos, gemidos, olor a hombre, besos, mordiscos en el cuello, apretones y pellizcos. Tras un interminable y casi insoportable rato en el que volví a tener un orgasmo, Tomoya me dejó ir. Enoshi bajó mis piernas de sus hombros y le rodeé la cintura con ellas. Me abrazó con fuerza, besándome. Su boca sabía a mí, me mordía y me besaba al mismo tiempo, haciendo sonidos roncos y sexys con la garganta. Sentía a Tomoya moverse por detrás, abrí los ojos sin dejar de besar a Enoshi para ver su jersey y su camiseta caer en la cama a la vez que escuché cómo se quitaba el cinturón. Me volví hacia él al tiempo que Enoshi lamía mis pechos, hundiendo la cara entre ellos, mordiéndolos. Tiré de sus calzoncillos grises hacia mí, mirándole con una sonrisita y besando su erección sobre la tela. Suspiró y me acarició el pelo, sentándose en el borde de la cama.

– Uf, que calor – Enoshi se quiso quitar la ropa sin quitarme de encima, por lo que riéndome me levanté y me puse frente a Tomoya. Cuando hice el intento de sentarme a horcajadas sobre él, me frenó.

– Yo te hacía correrte por primera vez y él es el primero en metértela – Susurró contra mi boca cuando le puse las manos en las mejillas para besarle. Sus dedos acariciaron mi espalda, mi culo, la parte trasera de mis muslos.

– Me encantan vuestras condiciones – Igualmente, puse mis rodillas a cada lado de sus piernas y se la saqué de los calzoncillos, frotándosela con mis empapados labios mayores, haciéndole jadear.

Vi una caja de condones volar hacia la cama y al mirar hacia atrás, vi a Enoshi completamente desnudo con uno en la mano. Tenía el pecho y los brazos llenos de tatuajes, quería tocarlos y lamerlos. Mientras me rozaba con Tomoya, que besaba mi cuello y me acariciaba la cintura, acerqué a mí a Enoshi. Su polla era diferente que la de mi novio, casi igual en tamaño, quizás menos gruesa, pero él carecía de prepucio, por lo que, a la vista parecía más larga. Me lamí la mano y se la acaricié, mirándole a los ojos como él hizo conmigo antes. Tan pronto le toqué, comenzó a gemir.

– Qué ganas tenía de verte así – Me susurró al lamerle de abajo arriba. Me apretó el hombro cuando se la rodee con los labios. Yo también me moría de ganas por comérsela. Se la dejé empapada, dura e hinchada antes de ponerle el condón.

                Tomoya se deslizó hasta sentarse en el suelo, con la espalda apoyada en la cama tirando de mi cuerpo para dejarme de pie en el suelo con la cara entre mis piernas. Su boca besaba, mordisqueaba y lamía, sobre todo lamía. Me era imposible sostenerme, la sensación era demasiado intensa. Enoshi se arrodilló a mi espalda y tras pasarme varios dedos para abrirme los labios menores, me comenzó a penetrar. Gimió con fuerza al notar cómo le apretaba a propósito, yo me quejé entre dientes porque Tomoya, al estirarme la piel sobre mi clítoris, me lo estimulaba directamente con su lengua. Tenía ganas de quitarle de delante y al mismo tiempo de que siguiese con esa tortura. Le pedí a Enoshi, girando la cara y besándole, que me follase hasta el fondo.

– ¿No te va a doler? Te la acabo de meter – Musitó

– Revientame – Al mirarle a los ojos, entre espasmos y quejidos, negó con la cabeza para morderme la barbilla después.

Me embistió con fuerza, haciéndome gemir entre temblores, arañándole la espalda a Tomoya. Enoshi tiró de mis caderas y me separó de su boca, colocándome sobre sus rodillas y rozándome el clítoris con sus manos. Tomoya se puso en pie, quitándose los calzoncillos del todo y metiéndomela en la boca mientras susurraba mi nombre. No podía parar de gemir. No podía parar de correrme. Enoshi me follaba como una bestia, me castigaba el clítoris con sus manos y sus gemidos en mi oído eran constantes. Su polla me hizo correrme. Sus manos me hicieron correrme. Los kimochii de Tomoya, esa voz que me volvía loca y sus gemidos al metérmela en la boca me hicieron correrme. Las gotas furtivas de esperma que se le escaparon, a punto de correrse, me supieron a gloria. El pecho me iba a estallar, el ruido constante del cuerpo de Enoshi contra el mío resaltaba por encima de cualquier otro sonido. Estábamos sudando los tres, estaba sofocada, necesitaba un descanso de tanto placer. Pero no me dieron tregua. Tomoya me apartó y se puso un condón. Me cogieron en volandas, dejando de estimularme unos segundos para tumbarme de lado en la cama.

Comenzaron a turnarse.

Ahora tenía a Enoshi frente a mí y a mi espalda estaba Tomoya. Me apretaron con sus cuerpos, Enoshi agarrándome los pechos y Tomoya levantándome una pierna. Sentí la polla de mi novio abrirme un poco más al penetrarme, definitivamente era más gruesa. Y probablemente por ser él, me parecía que más placentera. Me follaba despacio, sintiéndome apretarle centímetro a centímetro. Mientras tanto, Enoshi se frotaba con mi clítoris. Le clavaba las uñas en el pecho, le mordía los labios y Tomoya me mordía el cuello. Olía a sudor, olía a hombre y olía a mis fluidos. Me embistió hasta el fondo, gruñendo, y me hizo gritar su nombre, girando la cara para besarle. Su lengua no me dejaba respirar y él iba aumentando el ritmo de ese vaivén tan delicioso y profundo de sus caderas. Me la sacó, apretando los dientes, y apenas me dio tiempo a reaccionar que fue Enoshi el que volvió a follarme, rápido y con energía. Me clavó los dedos en la cintura, echando la cabeza hacia atrás con un escandaloso kimochi. Apenas lo había asimilado y con un quejido volvió a sacármela, jadeando en mi boca y dejando que Tomoya volviese a metérmela. Llegué a un punto que desconocía quién me follaba, lo único que sabía es que estaba llegando a mi límite. Y por lo visto a Enoshi le pasó lo mismo.

Se puso de rodillas junto a mi cara, dejándome caer boca arriba en la cama. Tomoya se colocó entre mis piernas, tirando de mis caderas y agrediéndolas de mala manera con las suyas. Le grité que me diese más, y eso fue lo que hizo. No entendía cómo aguantaba tantísimo sin correrse. Enoshi se quitó el condón de un tirón y me la metió en la boca a la fuerza. Sabía al lubricante del preservativo, pero no iba a quejarme, ni se me iba a pasar por la cabeza. Le acaricié los huevos y bajo el ombligo con las uñas y se la comí despacio, usando todo lo que podía mi lengua y mis labios. Se encorvó, se echó hacia adelante con cortos, roncos y ásperos gemidos. Usé mis manos para que se corriese en mi boca, temblando, con sus músculos en tensión y los dientes apretados. Alternaba risas con quejidos porque Tomoya volvió a rozar mi clítoris con sus manos. Me tragué las últimas gotas que tuvo para darme y le sonreí cuando se tumbó a mi lado, besándome la mejilla. Intentó apartar las manos de Tomoya para tocarme él el clítoris pero no le dejó. Mi novio me abrazó por la espalda, dándose la vuelta en la cama y apoyando la espalda en la pared.

– Estás a punto de correrte, ¿eh? – Jadeé agotada. Asintió.

– No puedo aguantarme más

– No lo hagas – Antes de seguir le quité el condón, mordiéndome el labio al vérsela tan enrojecida, brillante y llena de venas – Y córrete dentro.

A pesar de llevar casi media hora follándome a dos hombres, cuando entró en mí, piel con piel, la sensación fue infinitamente más intensa. Tomoya resopló, se quejó apretando su cara a mi cuello dejándome a mí llevar el control. Giré la cara hacia el lado contrario y me encontré con Enoshi, mirándonos de lado en la cama, recuperando el aliento pero aun sonriéndome como un golfo. Se mordió el labio mirándome de arriba abajo, tiré de su mano y le lamí los dedos con una sonrisa. Tomoya me clavó las uñas y levantó la espalda del respaldo al empezar a correrse. Cerré los ojos con fuerza, extasiada al sentir los espasmos de su polla en mi interior. Mis gemidos escandalosos apenas amortiguaban el suyo, largo, ronco, casi como un sollozo.

– Si todos vuestros polvos son así llamadme y dejadme por lo menos mirar – Murmuró Enoshi, haciéndome reír.

– No, nunca son tan salvajes – Resoplé bajándome de Tomoya, tumbándome boca arriba en la cama y mareándome porque me faltaba el aire. Cerré los ojos, exhausta. Los músculos se me contraían en espasmos y sentía la entrepierna irritada.

– Menos mal que… que me… – Tomoya tosió un par de veces, riéndose – Que me he hecho dos pajas hoy  – Su amigo dio una carcajada.

– ¡Yo también! Si no lo hubiese hecho me habría corrido en tu cara nada más metertela en la boca, ¿siempre lo haces con esas ganas o también ha sido algo especial?

– Que va, es una experta – Dijo Tomoya entre risas. Escuché el sonido de su mechero y a Enoshi pidiéndole un cigarro – Más de una vez hemos acabado antes de tiempo por su culpa.

– Y no me extraña – Sentía que los dos me miraban, tumbada como estaba boca arriba con los ojos cerrados. Unos dedos se deslizaron por mi mejilla, por el lado de Enoshi – ¿Estás bien?

– No puedo hablar – Se rieron – No puedo moverme. Ha sido… – Di un suspiro gigantesco – Ha sido espectacular. Me he corrido más que respirado. Mañana no voy a poder moverme – Escuché una palmada – Por favor, decidme que no acabáis de chocar los cinco – Por las risas de los dos, deduje que sí. Abrí los ojos y les miré, despeinados, sudorosos, tan guapos y tan míos en ese momento – No vas a superar este regalo de cumpleaños en la vida, Tomoya.

– Me va a costar, pero ya veremos qué podemos hacer.

– Siempre podemos repetir el año que viene, ¿a que no ha sido para tanto? – Tomoya suspiró, su gesto no era de mucho agrado.

– La próxima vez no se la metas con mi cara tan cerca – Enoshi volvió a reírse, esta vez conmigo. Se levantó de la cama y cogió su ropa.

– En fin, yo os dejo, no vamos a dormir ahí apretados.

– Quédate en el cuarto de invitados, ya te vas mañana – Le dijo Tomoya apagando el cigarro y destapando la casi deshecha cama – Buenas noches.

– Buenas noches, pareja – Me guiñó el ojo y salió cerrando la puerta. Me giré en la cama, mirando a mi novio que me apartó el pelo de la cara para besarme la frente.

– ¿Cómo ha conseguido convencerte para hacer esto?

– Tuvimos una conversación muy larga en la que me enfadé un par de veces pero en la que me dejó claro que no iba con más intenciones que tener sexo contigo.

– Igualmente, yo no quiero más que eso con él – Asintió – Me ha encantado lo que habéis hecho, lo de turnaros… ¿también estaba en vuestros planes?

– No, ha surgido así sin más – resoplé, riéndome y cerrando los ojos al sentirme rodeada por sus brazos.

– Pues me habéis vuelto completamente loca. Estáis demasiado buenos.

– Pero yo más – Las risitas que se me escapaban eran ya adormiladas.

– Claro que tú más, qué pamplina – Suspiramos casi a la vez.

Entre caricias me susurró que me quería siempre a su lado, a lo que le susurré que ahí iba a estar. Le observé descansar con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, maravillada una vez más con lo ridículamente guapo que era. Y con una enorme sonrisa cerré los ojos agotada, contenta, extasiada y aún con el cuerpo agitado por semejante e inigualable regalo de cumpleaños.

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