New Friends

¡Por fin termino algo! Siento mucho este parón creativo pero ha sido un verano de mucho trabajo, que no me quejo precisamente, pero al llegar a casa no tenía ganas de escribir.

En fin, este fic lo tenía pendiente desde hace mucho y es para una personita de Euskadi. Ha tenido que venir a verme para darme esa inspiración que me faltaba y acabarlo. Cris, espero que te guste, que yo creo que SÍ que te va a encantar xD Es la segunda parte de este fic, os recomiendo leer el epílogo antes de empezar este y os ponéis en situación.

Además de yo misma y Cris, os dejo los personajes que salen (salen muchos, pero los más relevantes) y ya os dejo leer felizmente.

TEAM KURISHTINA

Ikuta Toma

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Shibutani Subaru

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 KavNb

Tanaka Koki

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TEAM TIFA

 Nagase Tomoya

 AW2

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Takashi Enomoto

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what

¡Espero que os guste!

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1

                Iba a vomitar de un momento a otro de lo nerviosa que estaba. Le dolía la barriga y no le quedaban uñas que morder mientras esperaba en la puerta del aeropuerto donde su amiga le dijo, muerta de hambre y de sueño después del viaje en avión más largo de su vida. Bostezó por quinceava vez en un minuto, necesitaba un café con urgencia porque lo del avión fue asqueroso. Vio una pequeña tienda junto a la puerta, así que fue a gastarse los primeros yenes de su vida y a calmar un poco los rugidos de su estómago. Iba a pagar la chocolatina cuando una mano enorme – y calentita – se lo impidió, pagando él en su lugar.

– ¿Kurishtina-san? – El subidón de adrenalina fue bestial. Llenó sus pulmones de aire y le asintió a la conocida sonrisa bajo la gorra y las gafas de sol. Era más alto de lo que había imaginado y exageradamente guapo. Escuchó que también la llamaban a su espalda.

– ¿Cris? – se dio la vuelta y se encontró con esa cara enmarcada por mechones de pelo rosa que había visto tantas veces desde una pantalla.

– ¡Tifa! – Se abrazaron entre risas, provocando una expresión divertida en los que las miraban. La sonrisa de la chica era radiante, probablemente un reflejo de la suya en ese momento – ¡Qué bien te veo! ¿Eh? Y que bien le veo – señaló hacia atrás con la cabeza, al novio de su amiga que cogía sus maletas.

– Qué me vas a contar, ¿Es más guapo en persona o no? – se rieron juntas mientras caminaban fuera del aeropuerto.

– Espera que le vea mejor la cara – Tifa asintió – Hostias, estoy histérica. Bueno, ¿te llamo Tifa o Pili? Yo ya por la costumbre me sale Tifa – cuando llegaron al coche Nagase se entretuvo en cargar sus maletas mientras ellas se sentaban dentro, ella detrás y Tifa de copiloto.

– Como te salga del alma, con lo que estés tú más cómoda. Este me llama Piri, así que ya ves tú el plan ¿Cómo va ese japonés? Porque por más que lo intente al señorito  – dijo señalando a su novio – no se le queda el español.

– Me manejo, sí – no estaba muy segura de si ese curso intensivo de japonés que había hecho antes del viaje iba a dar resultados, aunque esperaba que así fuera. Se había dejado las pestañas noche tras noche para mejorar el dominio del idioma antes de irse de viaje – estoy un pelín histérica y muerta de hambre.

– Uy, no te preocupes, si lo primero que vamos a hacer es ir a comer que yo también estoy “desmayaita”. Y gyozas, que no se me olvida que te encantan – la miró con una sonrisita, la adoró eternamente ante la idea de ponerse gorda a empanaditas japonesas – pero antes tenemos que recoger a alguien, si no te importa. Planes del niño, que hace las cosas sin consultarme y sin pensar si te va a molestar – cuando Nagase se metió en el coche, ella le dio un empujón.

– ¿Qué pasa? – le preguntó quitándose las gafas de sol. Se le escapó la risa floja.

– Que a saber a cuál de los impresentables de tus amigos vas a subir al lado de la mía – Dijo Tifa hablando en japonés. Mientras, ella miraba a Nagase con una sonrisita inevitable, asombrada de lo guapo que era.

– Mis amigos no son impresentables – dijo serio, pero empezó a reírse él solo de esa manera que le hacía pensar “pero que gilipollas más guapo, coño” – solo un poco, vale. Además, a este le conoces, aunque creo que no te lo he presentado.

– Como me manchen el coche nuevo te mato – le dijo ella sin enfadarse realmente.

– ¿Es tuyo? – Preguntó Cristina – ¿Un regalo? – A Tifa se le dibujó una expresión estúpida en la cara mientras se reía con guasa.

– ¿Tú qué crees? He tenido que aprender a conducir y encima al revés, si vuelvo a España voy a matarme en ciudad, lo veo venir – se volvió en el asiento para mirar a su amiga – ¿Tienes ganas de que te presente a niños guapos?

– No, si te parece… – contestó resoplando – ¡Pues claro! lo que no sé es qué voy a hacer cuando les tenga delante. Me va a dar un infarto. Me lo va a dar ahora.

– ¿Estás soltera? – preguntó Nagase mirándola desde el espejo retrovisor. Si él hacía que se pusiese tan nerviosa no se podía imaginar que iba a ser de ella con otros.

– Sí, y sin compromiso – Tifa se rio cuando Nagase soltó un “fu, fu, fu” travieso. Estaba segura de que estaba alcanzando un record en cuanto a nervios se refería.

                Miraba por la ventanilla sonriente, sintiéndose extraña por ver el lado del conductor cambiado. Observaba la ciudad con fascinación, charlando de vez en cuando con su amiga sobre cómo había sido el viaje y las cosas que habían pasado en esas trece horas, admirando como su novio tamborileaba en el volante. No podía parar de pensar en lo exageradamente largos que eran sus dedos. Tifa se lo decía constantemente pero hasta que no los vio en persona no se dio cuenta.

– Ahora mismo vengo – Nagase se bajó del coche poniéndose las gafas de nuevo a pesar de no haber sol. Las dos miraban curiosas por la ventanilla intentando ver quién era su amigo.

– Sí hombre – dijo Tifa echándose sobre el volante para ver mejor – ¿Subaru? Noooo….. no, no, no, tengo que estar viendo mal.

– ¡¡VENGA YA!! – Empezó a reírse histérica. No iba a poder con eso, no, no podía ser verdad – tía que no he comido nada, me voy a desmayar ya, joder…

– Esto de coincidencia tiene poco o nada – Tifa daba saltitos en el asiento – ¡Ay que nervios!

– ¿Nervios tú? ¡¡Imagina como estoy yo!! – Se rieron de manera histérica – ¿Le has dicho a Nagase que me gusta? – preguntó sin saber qué hacer al verles acercarse. Subaru era considerablemente más bajito y al verle sonreír, aún de lejos, se le escapó un quejido lastimero – pero que penita, que delgadísimo que es.

– Puessssss le he comentado que te gustaba kanjani8 y sí, le he dicho que perdías el culo por este y por Toma para ponerte las cosas fáciles – Tifa se reía mirándola, la muy cabrona – se va a sentar a tu lado, Subaru se va a sentar a tu ladito. No te mees encima.

– Te odio y te quiero – dijo llevándose las manos a la cara – Sois una pareja de hijos de puta. Vengo de un vuelo asquerosamente largo, estoy hecha mierda y me lo ponéis al lado – se quedaron calladas cuando se abrió la puerta del coche. Subaru entró y las miró con una sonrisa, saludando con un leve movimiento de cabeza después.  Se moría.

– Shibutani Subaru, encantado – Tifa le dio la mano desde el asiento delantero.

– Pili, encantada – El eito miró a su amiga sin haberse enterado muy bien de su nombre pero le dio la mano. Entonces, la miró los ojos. A ella. Sus ojos de verdad, no desde la pantalla.

– Cristina – murmuró acercándole una mano temblorosa. Cuando se tocaron tuvo que tragar saliva. Nagase se volvió mirándola con una enorme sonrisa. Cuando ella le miró, él le alzó las cejas varias veces. Tifa le dio un empujón haciéndole dar una carcajada mientras ella soltaba la mano de Subaru y se restregaba los ojos resoplando.

– Es la amiga de mi novia, acaba de llegar de España – dijo Nagase mientras conducía. Subaru soltó un ¿Eeeehhh?

– Espera, ¿Cuál es tu novia? ¡No sabía que tenías novia!

– Nadie lo sabe, mi existencia es un secreto – dijo Tifa de manera misteriosa – no hablan de nosotras – le dijo a Cristina – hay veces que este se ha enterado de que un amigo tiene novia porque le invitan a la boda.

– Esta que se me sienta al lado es una fan con muy poca vergüenza – Nagase rozó con los nudillos la mejilla de Tifa, que le miró riéndose atontada. Deseó que no se le pusiese la misma cara con el que tenía al lado o iba a ser muy, muy vergonzoso.

– ¿Poca vergüenza? – Nagase asintió con un suave “unm” cuando Subaru la miraba una vez más por si ella se sabía la historia y se la quería contar. Se dio cuenta de que ni hablar podía. Corría el riesgo de vomitar lo poco que tenía en el estómago. Y no podía parar de sonreír.

– Me hice amiga de una amiga suya que tiene una tienda de gafas. Nos presentaron y aquí estoy – resumió Tifa.

– Bueno, bueno, pasaron muchas cosas en medio – Tifa se rio ante la cara de curiosidad de Subaru y el comentario de Nagase, que se metió un cigarro en la boca – nena, enciéndemelo.

– Sobre todo en los probadores de la tienda de Shinzuke – murmuró ella sacando el encendedor del coche y dándole fuego a Nagase que se rio como un imbécil.

– ¿Entonces tú estás de visita? – Le preguntó de repente Subaru, al que miró intentando retener la sonrisa sin éxito. Los ojos negros de ese pequeñajo con cara de macarra la estaban matando poco a poco – ¿Te gusta Tokyo?

– No sé, acabo de llegar – dijo ella. Él asintió. Se quedaron mirándose un poco incómodos, ella casi embobada y con el único pensamiento de “me lo voy a comer” dándole vueltas por la cabeza una y otra vez.

                No se podía creer lo que le estaba pasando. Cuando Tifa la invitó a su casa imaginó que iba a conocer a algún que otro famoso teniendo en cuenta quien era su novio, pero no se esperaba que fuese a ser tan rápido. Y que encima le diese conversación. Y además este famoso, ni más ni menos.

– Por cierto – dijo Tifa cuando llegaban a una zona lujosa en el centro de Tokyo – te habrás traído un traje arreglado o algo así ¿No?

– No, no me has dicho nada – contestó un poco asustada, bajándose del coche sin perder de vista a Subaru – Y aunque me lo hubieses dicho no tengo ¿Para qué?

– Nada, por si acaso – se encogió de hombros y antes de que pudiese preguntar la empujó dentro de la casa – ¡Hemos llegado! – dijo quitándose los zapatos en la entrada con los demás.

– Que mal vives, cabrona – le susurró a su amiga. Solo la entrada era enorme.

– Tengo una suerte que no me lo creo, sí que es verdad – entraron a un salón más grande todavía. Tifa se volvió a Nagase que la miró dándole las maletas de su amiga – haced lo que tengáis que hacer rapidito y vamos a comer algo, anda – Él asintió y se metió con Subaru por un pasillo de la casa. Ellas les siguieron pero pararon antes en una habitación enorme. Miró como Subaru se alejaba de ella. Quería ir detrás.

– Que cosa más grande, que exagerado todo joder – Se reía al ver la enorme cama que tenía delante.

– Mía no es la casa, por mí sería la mitad – la miró al soltar las cosas en el que sería su cuarto y le sonrió con una ceja levantada – ¿Qué tal? – Ante esa pregunta retuvo un grito nervioso dando saltitos.

– Quiero tocarles todo el rato para saber si son de verdad pero va a ser raro ¿No? – Tifa dio una carcajada – me lo esperaba un poco más alto.

– Normal, porque le has visto al lado de Tomoya – asintió – Si es que… Subaru cabra es lo más – se rio nerviosa. Histérica.

– Tengo ganas de llorar, hostias. Y me pone nerviosa saber que está en la habitación de al lado – dijo mirando hacia la puerta – me va a dar un puto infarto.

– Vete acostumbrando o no duermes – contestó Tifa – y porque es invierno, que si no Nagase ya se habría quedado en calzoncillos – la miró con los ojos como platos – es así, le da igual exhibirse – escucharon ruidos, una puerta cerrarse, y el chorro de una ducha – ¡Sí hombre! – Tifa se levantó quejándose.

– ¿Qué pasa? – le preguntó ella. La vio salir de la habitación y escuchó que entraba en el baño.

– ¡No hace falta que te duches, que tardas una eternidad! – se quedó en la puerta de la habitación, intentando enterarse de lo que hablaban.

– Pues vente y termino antes – quería asomarse y ver lo que estaba pasando, se moría de ganas de cotillear. Y de ver a Nagase en pelotas.

– Si voy no terminas – dijo Tifa con voz sugerente. Escuchó risitas, silencio y un gritito juguetón – shh, no, quita, déjame, que si empiezo luego no paro.

– ¿Y quién te ha dicho que tengas que parar? – más risitas y la puerta cerrándose. Se quedó en el sitio, escuchando sus risas y algún ruidito agudo que otro. “No podían estar… ¿Verdad? No conmigo y con Baru aquí” Pensó ella. Aunque conociendo a Tifa sí que podían, claro que podían. Como para negarse a un novio como ese. Salió de la habitación y se acercó a la puerta del baño discretamente, oyendo las negativas de su amiga.

– No, Tomoya – un jadeo y un quejido – eso no, voy a, Cristina está e—

– Hmmmm! – tragó saliva al escuchar el gemido ronco y largo de Nagase acompañado de uno suave y agudo de su amiga – me encanta ese ruidito que haces cuando te la meto – se apartó de la puerta y caminó todo lo lejos de allí que pudo, sintiéndose tan avergonzada como “acalorada” y reteniendo la risa. Al entrar en el salón, se paró en seco, Subaru la miraba con una camiseta en la mano.

– ¿Qué pasa? – miró al pasillo con curiosidad, tras ella.

– ¡Nada! – su voz alterada le hizo sospechar más, ya que la observó suspicazmente.

– ¿Me ayudas? – asintió aunque no sabía a qué le estaba ayudando. Al mirar a la mesa que le quedaba delante, vio un puñado de camisetas a primera vista simples. No se podía concentrar, tenía el corazón a mil – Nagase se está deshaciendo de ropa y me ha llamado por si quería alguna.

– ¿Por qué no te las llevas todas? – preguntó sin dejar de observarle. Las miraba frunciendo el ceño, con los brazos cruzados. Estaba tan sexy simplemente estando ahí parado que era ridículo.

– Porque luego me encuentro con que tengo demasiadas. ¡Ya tengo demasiadas y me estoy llevando las de este tío! ¿Cuál te gusta más? – la miró a los ojos y no pudo hablar. Ella también quería una escenita del baño como la que estaba teniendo su amiga, aunque quizás era un poco pronto para proponérselo. Pero solo quizás.

– ¿No te van a estar grandes? – preguntó mientras empezaban a sudarle las manos.

– Eso es lo de menos, tampoco está mal si me quedan anchas. Estas dos son las que más me gustan – empezó a darle una explicación de por qué las consideraba mejores, pero ella estaba tan absorta en observarle que apenas escuchó lo que le decía. Hasta que la miró – ¿Tú cuál te quedarías?

– La negra – dijo sin pensar.

– ¿Cuál? – cogió la primera que tenía delante. Subaru dejó escapar un ruidito mientras encogía los hombros – Pues me llevo las tres – cuando le sonrió, le dio la risa tonta, asustándose cuando el teléfono comenzó a sonar. Lo miraron sin saber si cogerlo o no, y mientras dudaban dejó de sonar. A lo lejos escucharon risas y algunos golpes.

– ¿Qué están haciendo esos dos? – Le preguntó a la chica – se están divirtiendo – le dio un codazo, riéndose.

– Estarán cambiando el suelo del baño – respondió ella metiéndose las manos en los bolsillos, volviendo a dar un respingo cuando el teléfono sonó por segunda vez. Una puerta se abrió bruscamente y vieron a Nagase entrar en el salón con la toalla en la cintura, nada más – ¿Quién es? – dijo bruscamente al auricular.

– ¡Pero que te vas a resfriar! – le dijo Tifa secándose el pelo y con la misma ropa que llevaba antes puesta. Subaru se les quedó mirando con media sonrisa en la cara – Ponte algo por encima y deja de provocar a tu invitada – Cristina no sabía dónde poner los ojos. Quería retenerlo todo en la memoria ahora que podía pero Nagase, tras una corta charla, la miró para disculparse y ella tuvo que apartar la vista. Y al hacerlo se cruzó con los ojos de Subaru. Se rio dándose la vuelta.

– ¡¿Cómo puedes vivir así?! – le preguntó a Tifa en español haciendo que ella también se riese.

                Después de que el exhibicionista se pusiese algo por encima y le diese una bolsa a su amigo para que guardase las camisetas, fueron a cenar. Los cuatro se montaron en el coche — los dos famosetes equipados con gorras y gafas de sol — y se desplazaron apenas cinco minutos desde la casa. Caminaron hasta una calle un poco escondida, y llegaron a un restaurante en el que había una cola larga de gente ansiosa por entrar; el Harajuku Gyouza Rou. Nada más acercarse, comenzó a salivar porque el olor era más que suculento. Se le iban a dar la vuelta las tripas del hambre que tenía. Para su alegría no hicieron cola, se acercaron a la puerta directamente y Nagase las hizo pasar a una mesa reservada para los cuatro.

– Te vas a chupar los dedos, desde que vine aquí por primera vez supe que te iba a encantar – le dijo Tifa.

– Por favor, estoy muerta de hambre – pidieron, para empezar, un plato de doce gyouzas para cada uno, además de un bol de arroz y una sopa de miso. Y para bajarlo una cerveza que le supo a gloria. Durante unos minutos Subaru dejó de ser su centro de atención porque la carne de esas pequeñas empanadas le pareció el cielo en la tierra.

– Qué callada estás – le dijo Tifa después de comerse su última Gyouza a la velocidad de la luz.

– No voy a hablar que estas pequeñajas no se comen solas – le dijo ella haciéndole reír.

– ¿Quién quiere más? Voy a pedir otra ronda – dijo Nagase medio hipando.

– Yo me como una a medias – dijo Subaru, escondiendo sin éxito un eructo y riéndose después. Los dos “hombres” se miraron y se rieron exageradamente.

– Por mi madre de mi alma que somos las madres y ellos los niños – le dijo Tifa a Cristina en español. Se volvió hacia Subaru y le dio un golpecito – Pues venga, compartimos entonces, que yo más de seis no puedo comerme ya.

– Kurishtina, ¿Otra ronda? – la aludida tardó unos segundos en notar que a quien Nagase se dirigía era a ella, y cuando lo hizo asintió con ganas.

– A este paso me como hasta las reservas. ¡En mi vida me había comido tantas seguidas! Dime que vamos a comer aquí todos los días – le imploró a Tifa.

– De eso nada, te voy a llevar a todos los sitios que pueda que esto es muy grande y hay muchísima variedad.

– No te flipes que no traigo tanto dinero – protestó ella.

– Si lo voy a pagar yo, ¿Qué más te da? – Le dijo Nagase – además, tienes que comprarte algo para el viernes.

– ¿El viernes? – miró a Tifa, que se rio en susurros.

– ¿También vas? – preguntó Subaru con una sonrisa. Se lo comería como a las gyouzas, pero sin relleno ni aderezos, tal cual, con esa sonrisa y su barba que tanto le gustaba.

– ¿A dónde voy? – Le preguntó. Tifa le dio un golpecito al chico antes de que respondiese.

– Cállate que es un secreto, lo mejor para el final – miró a su amiga y le dijo en español – este tiene que aprender a tener la boca cerrada y a dejar de ser tan porno, pero lo segundo no lo digas muy alto que se me encela el novio – Sus risas se volvieron carcajadas al ver la cara de los dos de no entender nada. Nagase poniendo morritos y Baru mirándolos a todos con media sonrisa confusa.

– Oye, oye, ¿Qué está pasando? – Tifa se encogió de hombros.

– Y yo que sé, come – le metió a su novio una gyouza en la boca y casi le atraganta, haciéndoles reír de nuevo.

                Tras otra cerveza y comerse el último plato – al tiempo que Nagase se metía uno más entre pecho y espalda – caminaron tranquilamente hasta el coche, ahítos y contentos. Subaru y Nagase comenzaron a hablar de guitarras mientras el segundo se fumaba un cigarro, y las dos caminaban atrás escuchándoles, deleitándose con la vista que tenían.

– Oye, ya te vale dejarme sola con Baru – le dijo a Tifa en su idioma – te juro que no sabía dónde meterme.

– Lo siento, es que es verle en pelotas y no respondo – vio cómo se mordía el labio – ¡Si es que mira que culo! – Efectivamente, era un culazo – Me pego todo el día queriendo meterle mano pero siempre hay gente oye. Y a este le gustan poquísimo las muestras de afecto públicas.

– Pero mira que eres cerda, lo de tu libido no tiene límites.

– ¿Y qué hiciste en nuestra ausencia? – resopló mirándola.

– Nada, quedarme atascada porque está visto que no es lo mío esto de ligar.

– Bueeeeeno, ya me contarás el viernes – la miró desesperada.

– ¿¡Qué pasa el viernes?! ¡Cuéntamelo ya joder! – Tifa negó con la cabeza.

– Mañana miércoles a lo mejor, que vamos a quedar con una amiga mía.

– Me tienes de los nervios… te odio un montón – al llegar al coche, Nagase puso la radio, sonando el último single de kanjani8. Sonrió de inmediato, mirando sin mirar a Subaru.

– ¡Súbelo! – Pidió él con una sonrisa enorme – siempre me hace ilusión escucharnos por la radio, sé que es una tontería pero no puedo evitarlo.

– No es ninguna tontería, a mí también me gusta – Nagase tamborileaba con los dedos en el volante otra vez – y ella es fan – dijo mirándola por el espejo retrovisor. Baru la miró contento.

– ¿En serio? No me habías dicho nada – le reprochó.

– No sé por qué no he dicho nada – que le prestase tanta atención y la mirase directamente a los ojos afectaba a su capacidad de pensar – pero sí, me gustas mu—¡Me gustáis! – se rio queriéndose meter en un boquete mientras escuchaba las risitas suaves del conductor y su novia – los siete.

– Gracias, pero oye, ¿Seré yo tu favorito no? – le dijo fingiendo seriedad. Se perdió de nuevo en sus ojos oscuros.

– ¡El mío es Maru! – dijo Tifa alegremente, haciendo que Baru la mirase y ella pudiese respirar de nuevo.

– ¿Cómo que Maru? ¡Tu favorito soy yo! – protestó Nagase poniendo morritos.

– Tú de Tokio, Maru de Kanjani. Que a ver si hacéis más canciones juntos los dos grupos.

– No depende de nosotros – dijo Subaru fastidiado – más quisiera yo.

– Vuestras voces quedan muy bien juntas – dijo ella, con Tifa asintiendo a coro – si no habláis con los jefes dejádmelo a mí que le tengo ganas al viejales.

– Mira que te llevo y le convences con tus argumentos – Subaru la agarró de la muñeca, acelerando sus pulsaciones – si no nos hacen caso a nosotros a ver si escuchan a las fans.

– Siendo de fuera lo dudo – dijo Tifa con asco – no nos quieren ver ni en pintura. Ni giras, ni fanclub, ni nada fuera de Japón. Y lo único que hacen es perder dinero porque lo que es vuestra discografía la tengo enterita descargada sin pagar ni un duro.

                Los dos se quejaron ofendidos mientras ellas se reían, porque le tuvo que dar la razón. Lamentó que le soltara la muñeca pero no se iba a quedar todo el trayecto tocándola. Por desgracia. Por ella que le tocase y no parase. Al llegar a la casa no podía reprimir sus bostezos por más que intentase esconderlos, y uno de ellos se le pegó a Subaru.

– Oe, ¿Te llevo a tu casa o te quedas a dormir? – le preguntó Nagase al invitado.

– No me quedo que luego nos pegamos hasta la madrugada con las guitarras y no dormimos nada – les miró esperanzada.

– Pues a mí no me importaría veros tocar – dijo Tifa sonriéndole a su amiga, que asintió mirándoles.

– Estas quieren un concierto privado – dijo Nagase, pasándose la lengua por los labios y mirándolas como si tuviesen muy poca vergüenza.

– Veengaaa – dijo Tifa tirándole de la camiseta – que Cristina no va a estar aquí para siempre.

– Vale, vale, pero lo hago porque me dedico en cuerpo y alma a mis fans – dijo Subaru entrando en el edificio y susurrando – gracias, gracias – como si hubiese gente a su alrededor.

                Tras reírse de lo tonto que era y de la risa de Nagase, subieron a la casa, poniéndose cómodas en el sofá. Siempre había querido ir a un concierto de alguno de los dos grupos y esto era un regalazo. Agarró un cojín y se sentó con las piernas contra el cuerpo, sintiéndose cada vez más nerviosa cuando les vio entrar con las guitarras acústicas. Tifa se sentó al otro lado del sofá, junto a su novio que cogió una silla para él y otra para Subaru, cerca de Cristina. Nagase se marchó un momento y volvió con tres cervezas heladas y una coca-cola de vainilla.

– Nena, te queda una, recuérdame que compre más – le dijo a Tifa dándole la coca-cola.

                La chica le dio un beso en la mano y él le sonrió acariciándole la mejilla con el pulgar. Se sintió incómoda porque sintió que Baru la estaba mirando. Todo el rato. No sabía ni qué quería ni qué pretendía pero no le apartaba esos ojillos negros de encima. Le miró y se encontró con su sonrisa. Alzó un poco la guitarra hacia ella.

– ¿Qué tocamos? – Le preguntó Subaru, comprobando que la guitarra estuviese afinada.

– No sé – contestó ella, sintiéndose torpe y pensando en qué decirle sin ocurrírsele nada.

– A mí no me preguntéis, ya sabes lo que quiero – le dijo Tifa al otro guitarrista, que negó con la cabeza.

– No voy a tocar Neighbor  otra vez, pesada – su novia puso pucheros.

– ¡Pues Baby Baby! – Exigió. Subaru asintió, sonriente. A Cristina, con tal de que tocasen, todo le valía. Estaría mejor que le tocase a ella pero no se iba a poner exigente.

                Se quedó pasmada con la boca abierta, viéndoles cantar, deleitándose con sus voces en ese pequeño concierto privado. No podía apartar sus ojos de ellos, tan guapos, tan concentrados, tan metidos en lo que hacían. Movía los labios conforme ellos cantaban, escuchaba a Tifa cantar suavemente de fondo, y estaba apretando tanto el cojín que cuando acabó la canción le dolían las manos. Al acabar, Nagase miró a Tifa con una sonrisita asesina y después de aclararse la garganta, tocó los primeros acordes de Neighbor destinados al piano de Taichi, pero con la guitarra. Tras el ataque de fangirlismo que les dio, los músicos improvisaron un poco, hasta que Nagase se emocionó y Subaru no pudo más que mirar tan impresionado como ellas. Al darse cuenta de la hora que era, se puso en pie de golpe con cara de susto.

-¡Que mañana trabajo! – dijo espantado. Nagase se levantó con él.

– Venga, te llevo a casa. Espera que coja la chaqueta.

– Bueno, encantada de conocerte – le dijo Tifa dándole la mano.

– Ah, igualmente. Me alegro de que a Nagase le vaya tan bien – se giró y la miró. No se terminaba de acostumbrar a tenerle delante – te veré el viernes.

– Supongo, eso espero – dijo ella con la risa floja por tocar su mano de nuevo. Se despidieron de Nagase también y se miraron atontadas.

– ¿No tienes sueño? – preguntó Tifa después de un bostezo.

– No, estoy solo cansada pero supongo que en cuanto mi cabeza toque la cama voy a morir después de tanto estrés. Es guapo el cabrón.

– Es guapísimo, y súper simpático.

– Cada vez que me hablaba tenía primero que calmarme y después responder, madre mía, estoy reventada…

– Ha sido una tarde súper guay y lo que te queda. Duerme bien que mañana te vas a “jartá” de andar. Y cámbiate de bragas que fijo que te hace falta.

                Somnolientas y entre risillas tontas, caminaron hacia sus habitaciones, se despidieron hasta el día siguiente y se metieron en la cama. Cristina sonrió arropándose y suspirando. Si había sentido tantísimas cosas en solo una tarde, preveía que lo que le esperaba iba a matarla. Imaginándose mil cosas que pudieran pasar el viernes se quedó dormida, y entre esas mil cosas no estaba, ni por asomo, la respuesta correcta.

2

                Una risa estridente la despertó seguida de un “shhhhh que no estamos solos”. Se levantó de la cama de tan buen humor que sentía ganas de cantar y gritar al mismo tiempo. Sin preocuparse en arreglarse mucho, se asomó al pasillo que encontró desierto. Se acercó al baño tarareando “Oh, baby baby…” y tras asearse, fue a la cocina que era de donde le llegaban susurros y olores apetecibles. Tifa la saludó con la mano y Nagase se dio la vuelta para recibirla con una sonrisa. Primer apretón de nervios del día y apenas había abierto los ojos. Se sentó frente a él, sintiéndose observada.

 – Te he despertado ¿Verdad? – le preguntó Nagase tragando su sopa de Miso mientras Tifa le ponía por delante a ella unas tostadas y un café.

– ¡Gracias! No pasa nada – en realidad no le importaba lo más mínimo. Ojala se pudiese despertar todos los días con la risa del que tenía delante.

– Se estaba riendo de mí, para variar – Nagase la miró intentando retener las sonrisa – me he equivocado al hablar y en vez de decir que la sopa me había salido dulce (amai) – Nagase se cubrió la cara y Tifa empezó a sonreír también – he dicho oppai, ¡Quieres dejar de reírte que no tienes quince años! – Le dio con el trapo en el hombro a Nagase que estaba riéndose tras sus manos, una risita aguda en la que parecía no coger aire nunca.

– Lo siento – dijo intentando tranquilizarse – es que – al ver que Cristina se estaba riendo, volvió a reírse, pero esta vez aplaudiendo y echando la cabeza hacia atrás.

– Habría que verte a ti hablando en Español – dijo Tifa un poco enfurruñada, sentándose a su lado.

– No te enfades – ella le miró, agarrándose las tetas porque Nagase no fue discreto al mirarlas.

– Estas dos sí que están amai – resopló y se tiró sobre la mesa, Cristina se acababa de despertar y ya le dolían las mejillas de reírse – en fin, Cris, qué, ¿Con ganas de andar?

– Con ganas de lo que sea que tengas planeado.

– Pues vete preparando que te voy a cansar un montón. Y tú, ve moviéndote que llegas tarde.

– Que se esperen – dijo su novio desayunando con tranquilidad – ¿Qué tal ayer con Subaru-kun? – le preguntó de repente a ella. Se sobresaltaba cada vez que le hablaba directamente.

– Bien, supongo. No me esperaba verle y no sabía qué decirle. ¡Y quería decirle muchas cosas pero no me salía nada! Muchas gracias por traerle de todas maneras.

– Da igual, pasado mañana le ves. Y probablemente al resto de kanjani – se quedó sin respiración mirando a Nagase que le soltó el bombazo como si nada.

– ¿¡EEEEEEEEEEEEEEHHH?! – Tifa le dio un manotazo en el brazo susurrándole que se callase – ¡¿Pero qué dices?! ¡No te puedes imaginar las ganas que tengo de que llegue el viernes!

– Supongo. Las mismas que tengo yo – dijo dando saltitos en la silla.

                Nagase se levantó suspirando, dejando los cubiertos sucios en el lavavajillas. Tifa se levantó con él, que se despidió de Cristina hasta más tarde. Escuchó a su amiga decirle que fuese con cuidado, seguido de un montón de besitos y la risita suave de su novio. Al cerrarse la puerta, volvió al salón sonriente.

– Termínate eso y vístete. Nos vamos a ver Tokyo.

                Las amenazas de su amiga fueron reales. Le hizo andar toda la mañana, parando solo media hora para comer y seguir visitando lugares y monumentos. No se dejó nada importante pero según ella, había mucho más que ver. Sin embargo, alrededor de las seis de la tarde se sentó en un banco. Los pies de Cristina lo agradecieron y además era un parque muy bonito. Tifa miraba a su alrededor esperando a alguien, y no fue hasta pasados unos minutos que no se levantó.

– Hitomi chaaaaaaaaaaaan – dijo moviendo la mano. Una mujer caminó hacia ellas con una sonrisa.

– ¡Hola! – hicieron las presentaciones pertinentes. Hitomi llevaba un peto vaquero, una camisa de mangas cortas blanca debajo, unas converse azules y un gorro de lo más extraño – ¿A ti es a la que hay que buscarle ropa?

– ¿Cómo, cómo? – preguntó Cristina sin enterarse de nada.

– Sí, a ella es – dijo Tifa – aunque yo creo que más que un traje de falda te gustaría más uno de chaqueta ¿No?

– Las faldas si puedo evitarlas mejor – confesó ella – y los tacones ya mejor no hablamos. En realidad el plan sería más entretenido si nos saltamos lo de comprar ropa.

– ¿Qué tenéis en contra de los tacones? Con lo bonitos que son, en serio… – Hitomi las miraba molesta – venga, en marcha que nos están esperando.

– ¿Has hablado con los dueños de las tiendas? – le preguntó Tifa.

– Pues claro, les he dicho que iba hoy con unas amigas. Con un poquito de suerte nos hacen un descuento.

– Tifa, no tengo dinero para un traje – se quejó Cristina, que realmente no tenía ganas de ir a probarse cosas solo por el antojo de su amiga.

– ¡Yo sí, mira tú por donde! Acepta un regalo cuando te lo dan y ya vale de protestar. Luego me darás las gracias por no presentarte el viernes con una de tus camisetas.

– A mis camisetas no les pasa nada, idiota – murmuró.

                El viernes, el puto viernes de los huevos que la tenía en un sin vivir. Fueron durante el resto de la tarde de una tienda a otra y por más que se probaba, ninguno le convencía. Veía que las otras dos chicas estaban un poco desesperadas con ella pero es que todos eran demasiado femeninos y ella buscaba algo más simple, cosa que en shibuya parecía no existir.

– A lo mejor si me llevas a Shinjuku le puedo pedir un traje a un yakuza – dijo. Tifa se rió, Hitomi la miró entrecerrando los ojos.

– ¿Una cosa así te gustaría? ¿Negro y simple? – Cristina asintió con energía – ya sé dónde vamos a ir – después de andar durante un buen rato en el que la interrogaban con detalles de cómo sería el traje perfecto llegaron a una tienda mucho más sencilla que las anteriores.

– Uy, estamos muy cerquita de mi trabajo – dijo Tifa – ahora nos podemos pasar a saludar a tu novio ¿No?

– Ya lo había pensado – dijo Hitomi – ven Cris-chan, mira estos – hasta el momento era la única que pronunciaba su nombre de manera decente.

– ¡Esto es otra cosa! – descolgó de una percha un traje de chaqueta negro, sin adornos, solo dos bolsillos a la altura de las caderas. Y además no era pegadísimo como los otros, era el traje perfecto.

– Ahora te compras una cadena de oro, unas gafas de sol, te peinas para atrás y te vas a la calle a jugar con maquinitas de pachinko – le dijo Tifa dándole a elegir entre una camisa roja, una blanca y una negra.

– Sí, y te echan de Shinjuku a patadas – rio Hitomi – ¿Negro con negro? ¿En serio? – dijo al ver que Cristina se quedaba con la camisa de ese color.

-A mí me gusta – dijo Tifa con aprobación – ¡Pruébatelo, a ver como te queda todo junto! – se metió en el probador sin muchas ganas mientras escuchaba a Tifa emocionada al encontrar algo que le gustaba y a Hitomi decir “tenéis el sentido de la moda en el culo, que queréis que os diga”.

– Pues no te queda nada mal – dijo la ‘experta en moda’ mirándola con detenimiento – ¿Y en los pies qué? ¿Unos taco—

– No – le cortó.

– Unos pequeños, por mí – Hitomi le ofreció unos tacones muy bajos, negros y sencillos. Chasqueó la lengua y se los probó, asombrada porque parecían ser cómodos.

– De todas maneras llévate las zapatillas en el bolso, por si acaso.

– Tal y como habláis parece que vamos a una boda – dijo riéndose. Se miraron entre ellas – ¿Me llevas a una boda? ¿Lo saben los novios?

– Teniendo en cuenta la de gente que va no creo que le importe uno más o uno menos – dijo Hitomi.

– Tifa, ¿Dónde vas a meterme? No me veo en ese tipo de reuniones de ricachones…

– Yo tampoco, pero seguro que no te quejas mucho cuando lleguemos – iba a seguir preguntando, tenía miles de preguntas que hacer y que debían ser contestadas, pero la dependienta se acercó a preguntarles qué se llevaban.

                Todo lo que llevaba Cristina igualaba en precio al traje que se le antojó a su amiga. Si podía permitirse algo tan caro y etiquetarlo de capricho era porque su novio realmente estaba forrado. No pensaba gastarse un duro mientras estuviese allí, no consideraba que fuese aprovecharse. Nagase probablemente ni se daría cuenta y estaba bastante dispuesto a pagárselo todo. Caminaron unos metros hasta una tienda de ropa enorme, en la que les recibió un hombre de muy buen ver. Era alto, tatuado y con el pelo recogido en una coleta.

– Esta es la culpable de que te hayas quedado solo esta semana – le dijo Tifa presentándole a Nau Shima.

– Sí ¿Eh? al menos te lo estarás pasando bien – asintió.

– Me está haciendo andar mucho – Hitomi le quitó las bolsas.

– Y se ha comprado un traje, mira – se lo enseñó. Silbó al ver la ropa.

– ¡Que elegante! ¿Es para el viernes? – preguntó él.

– ¡Hostias con el puto viernes tía! – le dijo a Tifa en español, haciéndola reír.

– Es en dos días, ten paciencia que la sorpresa merece la pena.

– Me lo vas a decir hoy ¿Eh? Que lo sepas…

– ¿Y viene esta noche? –  Preguntó Nau. Hitomi le miró frunciendo el ceño.

– ¿A dónde te la quieres llevar? – le pasó un brazo por los hombros, sonriéndole.

– Hemos quedado para dar una vuelta con las motos y supuse que no querrías venirte porque nunca quieres.

– Porque no me quiero encontrar con indeseables – dijo ella. Miró a Cristina – con mi ex, vaya.

– Ah, pues no sé. ¿Nagase va? – Tifa se encogió de hombros llamando por teléfono.

– La primera noticia que tengo, un segundo. Tomoya, ¿Sales esta noche con—¿¡Ahora?! – La miró con una sonrisita nerviosa – ah, vale, vamos a casa. Ahora hablamos.

– ¿Va a salir ya? – preguntó Nau extrañado.

– No, no. Pero nos tenemos que ir a casa, supongo que nos veremos luego.

                La arrastró de la mano hasta el taxi más cercano. Por más que le preguntaba, ella no hacía más que reírse nerviosa y susurrarle “verás tú, verás”. No tenía ni idea de qué estaba pasando pero tenía que ser algo gordo porque Tifa estaba visiblemente nerviosa. Quizás estaba Baru de nuevo en casa, quizás era algún miembro de Tokio – cruzó los dedos porque fuese Mabo – quizás… no quería ni pensar en ese último quizás que se le había ocurrido porque solo de imaginarlo se puso preocupantemente nerviosa.

– Tifa, voy a vomitar si la cosa sigue así, dime quién cojones es – le metía prisa para que abriese la puerta de su casa.

– Más te vale no hacerlo. Llora si quieres, pero no vomites – dijo entrando – ¡Tadaimaaaaa!

– ¡Okairi nasaaaai! ¡En el cuarto estamos! – respondió Nagase. Fueron casi corriendo hasta la habitación y se lo encontraron esperando de pie ante los la cama. Les señaló la puerta del baño que había en el dormitorio – ¡Sal, a ver que opina el jurado!

– Que vergüenza – no tuvo que escuchar más, ese quejidillo no podía ser de otra persona.

                Se llevó las manos a la boca, le temblaban lo que jamás en su vida le habían temblado. Le daba la impresión de que se le agitaban hasta las piernas. Salió del baño avergonzado, con esa sonrisa de circunstancias tan suya y tan ridículamente bonita, saludándolas levantando la mano. Llevaba puesto un traje de chaqueta pero el pantalón le quedaba largo. Se quejó al ver como Nagase se reía de él. Cristina bajó las manos y las escondió en los bolsillos. Intentaba respirar y estar de pie al mismo tiempo, no se sentía con la cordura o coordinación suficiente para una tarea como esa.  No podía ser verdad que en persona fuese más guapo incluso, era una locura. Estaba de todo menos peinado, con esos mechones de pelo negro cada uno hacia el lado que se le antojaba. Tenía unas ganas de reírse que se moría pero no quería parecer rara.

– Voy a tener que cogerte el dobladillo del pantalón, Ikuta-san – dijo Tifa riéndose. Ella sí que le iba a tener que coger otra cosa, cualquier cosa, el caso era cogerle algo.

– Sí por favor, me gusta el traje pero la chaqueta también me queda un poco grande – dijo señalándose la línea de los hombros, más baja de lo normal.

– Siempre puedes ponerte un chaleco, o dos – Tifa miró a Cristina y susurró – vesto on vesto – no podía aguantar más las ganas de reírse, iba a explotar.

– ¡Pues quedaría bien! – dijo el chico con una sonrisa inocente. No lo pudo evitar más, dio una carcajada, estaba más que pletórica.

– Ikuta-san, esta es Kurishtina, amiga de Piri-chan – Nagase les presentó de aquella manera pero no se iba a quejar. Que le llamase como quisiese, pero que le llamase. Toma se acercó a ella y le dio la mano. Su mano. Tocándola. Iba a explotar.

– ¿Tú también tienes una moto? – le preguntó Tifa a Toma – Nau-kun nos ha dicho que nos vamos por ahí.

– Ahmm – Nagase parecía incómodo – me lo iba a llevar yo a él, no había pensado que quisierais venir – y ahora Tifa parecía contrariada. Mientras la pareja se miraba en silencio, Toma la miró directamente a los ojos, bajando las comisuras de los labios en una mueca breve que mostraba lo incómodo de la situación.

– Vale, bueno – dijo su amiga desilusionada. Nagase chasqueó la lengua y le cogió la mano.

– No pongas esa cara, ¿No te importa ir tú en coche y nos vemos allí?

– Allí donde – preguntó Tifa haciéndose la dura, la muy idiota. No le iba a durar, Nagase le estaba sonriendo de medio lado. Y Toma los miraba con una sonrisita. Lo tenía delante y no terminaba de asimilarlo. Era raro verle en persona. Era raro verle sin tres kilos de maquillaje y más guapo que nunca a decir verdad.

– En el karaoke, me parece que Nau y Akihiko querían ir.

– ¡Karaoke! – A Toma le brillaron los ojitos de la ilusión, a ella se le cayeron las bragas al verle sonreír ampliamente – me cambio corriendo y nos vamos.

– ¿Te quedas el traje o no? – Los brazos de Nagase rodeaban la cintura de su amiga que, como ella ya sabía, realmente no estaba molesta porque no podía estarlo.

– Sí, sí, sí. No te preocupes Piri-san, ya lo mando a arreglar – dijo desde el baño.

– No se fía de mi – Nagase negó con la cabeza sonriendo, a lo que ella le dio un pellizco en la nariz – pues vamos tirando para allá que tengo que encontrar aparcamiento y vosotros con las motos llegáis enseguida.

– Ok – Nagase miró a Cristina y le subió los pulgares con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¡Shhhh! – dijo ella como si Toma pudiese escuchar el gesto. O los latidos de su corazón que estaban descontrolados.

– Ahora nos vemos – se despidió Tifa riéndose. Nada más salir de la casa y acercarse al coche se agarró del brazo de la conductora.

– ¡¡Era Toma!! – Dijo soltándolo todo por fin – ¡¡Me ha dado la mano!! ¡Y me ha puesto caras! ¡Que idiota es! ¡QUE GUAPO ES!

– ¡Y le vas a ver ahora y lo mismo toda la noche! – Tifa gritaba igual que ella.

– ¡¡ME CAGO EN LA PUTA!! – Le dio con los puños al techo del coche mientras daba saltitos y se le saltaban las lágrimas – Me muero… Tifa, me da algo.

– ¡Verás tú cómo no! – Le contestó sentándose en el vehículo – No te puedes morir ahora que le has conocido, la noche es joven y el alcohol te hace soltarte.

– Me va a hacer falta porque cada vez que estoy con un tío que me gusta me vuelvo patata y no sé ligar. Y quiero hablar y preguntarle de todo pero es que es difícil.

– No te preocupes que ya se encarga Nagase de que toooodo fluya.

– Bueno, bueno, este va a flipar conmigo, ¡Vaya que si va a flipar!

– Le vas a dejar tan seco que se va a quedar en estado vegetal y sin expresión, como en Nou Otoko – dieron una carcajada.

– No me recuerdes esa película ahora que me lo voy a estar imaginando todo el rato sin camiseta.

– Uy, y lo verás… a ver si conseguimos que sea esta noche. Esos pectorales… hummm…

– ¡PFFFFFFFFFFFFFFFF! – resopló.

                Durante todo el camino estuvo poniéndola histérica con comentarios sobre Toma. Incluso buscó las fotos de la revista an-an. A causa de tantas imágenes subidas de tono, sabía que cuando le viese le iba a costar mirarle sin intenciones sucias detrás. El bar no era muy grande, con algunas mesas de madera, la barra y la pantalla para seguir el karaoke. Se sentaron en la mesa del fondo después de que Tifa saludara al barman y le dijese que esperaban a los demás. Y llevaban casi un cuarto de hora a solas cuando Tifa se cansó y buscó una canción en el karaoke sin esperar a sus acompañantes. Le dio un micrófono y ambas empezaron a cantar Seisyun con las mismas ganas que le pondrían de estar en la intimidad del salón de casa. No habían terminado el segundo estribillo que escuchó ruiditos de asombro a su espalda. Al volverse, Toma se quitaba la chaqueta mirándolas con una sonrisa.

– ¡¡Sugoii!! – Les dijo – ¡Entonan más que tú Nagase!

– ¿De qué vas, inútil? – Nagase le dio un empujón con media sonrisa y se sentó junto a Tifa – iba  a pedirte perdón por hacerte esperar pero te veo bien entretenida.

– ¡Pues claro! – su novio fue a decirle algo pero ella le calló porque empezaba de nuevo la canción. A ella le estaba costando entonar al ver que Toma se sentaba a su lado. Cuando acabaron de cantar, sintió su mano junto a la suya y al mirarle le sonrió a su sonrisa.

– Ahora tú – Tifa le dio un golpecito al invitado que hizo aspavientos con las manos.

– Espera que beba algo, me da vergüenza.

– ¡Dame que ya canto yo! – Hitomi acababa de llegar, reclamando los micrófonos. Tifa saludó efusivamente a un tipo con aspecto bonachón y repleto de tatuajes que se acercó a ella.

– ¿Cómo han quedado esas flores? – le dijo señalándole.

– ¡Estupendas! – Se remangó y le enseñó los tatuajes de los hombros – mi amiga Cristina también tiene uno – la saludó con un movimiento de cabeza.

– ¿En serio? – Toma se volvió hacia ella – ¡Déjame verlo!

– Es muy pequeño – le acercó su muñeca y él se la cogió, leyendo en voz baja “Born to run

– ¿Dolió mucho? – Los dedos de Toma pasaban suavemente sobre la tinta, haciéndole cosquillas. Se imaginó esos dedos en otra parte. Tenía que parar de imaginar esas cosas o iba a ser imposible comunicarse con él.

– No – al escuchar ese murmullo por respuesta, el chico alzó la vista hasta sus ojos. Un pellizco se le cogió en el estómago cuando le sonrió solo a ella.

– Me gusta tu estilo – le dijo él – no suelo ver a ninguna vestida como te vistes tú. Seguro que te gusta ir a conciertos.

– Me encanta – respondió ella, gritando interiormente después de haber recibido un cumplido del hombre por el que perdía el culo, la cabeza y la cordura.

– ¿Cerveza? – preguntó Nau, todos asintieron menos Tifa, que negó con los dedos mientras empezaba a cantar con Hitomi.

– ¿Habéis esperado mucho? – le preguntó Toma sobre los gritos de las chicas, porque eso no era cantar. Estaban muertas de risa.

– Un poco, pero no pasa nada. Hemos estado entretenidas – entretenidas mirándole a él sin ropa en poses que decían “comeme entero y no dejes ni la etiqueta de los calzoncillos”.

– ¿Desde cuándo llevas aquí? – se le veía interesado, no podía dejar de sonreírle.

– Desde el martes, ayer,  y me voy el domingo por la tarde.

– Que poco tiempo ¿No? – Asintió, lamentando no quedarse para siempre cerquita de él. No tenía ni idea de a qué olía, pero olía muy bien – bueno, ya vendrás otra vez. ¿Vienes a la boda?

– Por lo visto sí, pero no sé todavía de quién es porque no me lo quiere decir – señaló a Tifa, que los miraba charlar con una sonrisita evidente.

– ¡Dejad de berrear! – Se quejó Nau mirando a las cantantes mientras les daba las cervezas – a este paso voy a salir de aquí con dolor de cabeza.

– ¡Buuuuhhh! ¡Aburrido! – las dos empezaron a abuchearle. Cogió la cerveza que le ofrecía Toma con una sonrisa. Estaba yendo todo mucho mejor de lo que esperaba.

                Nagase fue el siguiente en cantar, desafinando y obligando a Toma a que le hiciese los coros. Se le veía a ratos con vergüenza, a ratos apasionado. Era tonto de remate, y se le caía la baba con él. Más que mantener conversaciones con los demás, se quedaba mirándole en silencio, observando sus gestos y grabándolos en su memoria. De vez en cuando la miraba preguntándole su opinión sobre cualquier tema y ella le respondía como podía. Le gustaría ser más espontánea, más ella misma, pero era difícil estando tan nerviosa y en un idioma que no era el suyo. Cuando llevaban unas pocas cervezas entre pecho y espalda, Toma se animó a cantar una él solo. Cuando se puso en pie y empezó a sonar “My Sharona”, Tifa y ella empezaron a reírse. Su amiga le gritaba “¡Quítate la ropa!” y mientras él cantaba y meneaba las caderas de adelante a atrás con el ritmo de la música se empezó a quitar los botones de la camisa. Sentía los golpetazos de Tifa en el brazo, poniéndola más nerviosa si cabía. Se quedó con el pecho descubierto y al final de la canción, mientras cantaba “uuuuhhhoohh my sharona” bailó señalándolas. No paraba de reírse y de comérselo con los ojos, se sentía mareada y acalorada cuando se sentó a su lado con la camisa abierta y un brazo por detrás de sus hombros apoyado en el respaldo de la silla.

– Creo que me estoy meando – dijo riéndose – estoy más mareado que otra cosa.

– Hahbebido demasssiao – le dijo Nau, buscando una canción más borracho incluso que ellos.

– Vale, voy a mear. Si me caigo por el camino que me recoja Cristina – anduvo de espaldas, guiñándole el ojo y tropezándose con una banqueta. Cuando recuperó el equilibrio le pidió disculpas a los de la mesa de al lado.

– ¡Que gilipollas es, que me gusta por favor! – Tifa la miraba riéndose con un “heee, heee, heee”

– Quiere que te llamemos a ti, ‘pa’ que le rescates. Te ha echado el ojo.

– Yo lo que le echaba es un polvazo cuando él quiera – se terminó de beber la cerveza que tenía delante – a ver si se puede quedar en tu casa ¿No? Si cuela, cuela.

– Ya lo había pensado, ¿Qué te crees? Y Tomoya también.

– Oye, no quiero alarmarte – le dijo Toma volviendo del baño demasiado pronto – pero Nagase está tirado delante de los servicios.

                Tifa se levantó y salio corriendo hacia los baños seguida de cerca por ella. Cuando llegaron, encontraron a Nagase en el suelo con una mano en el pecho. Su amiga se arrodilló a su lado y le cogió la mano.

– ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?

– Yossstaba de pie – dijo Nagase desde el suelo – ahora no – empezó a reírse de manera estúpida, borracho como su amigo.

– Que mal aguantas el alcohol – le dijo ella riéndose aliviada – a ver siéntate, que yo te vea – le hizo caso mientras ella le ayudaba poniéndole una mano en la espalda – ¿Te duele algo?

– Menosssmal que ha sido dentro, llegaser en la calle, t’hacen fotos y t’buscas unproblema – le dijo Nau.

– Estoy bieeennnnn, m’an parado laslosas – Se le pegó la risa de los imbéciles que tenía delante y sobre todo del que tenía al lado.

– Te voy a matar – Nagase miró hacia su novia que le acariciaba el pelo comprobando si tenía algún golpetazo. Le sonrió y le dio un beso breve en los labios – bueno, venga, vamos a levantarte.

– Shh, shh shh… kebonitaeres – la agarró por la nuca y le metió la lengua en la boca. Tifa le pegó en los brazos pero Nagase se la tumbó encima, agarrándola del muslo con la otra mano.

– Woo… – miró a su lado y vio a Toma mirándolos con los ojos como platos. Hitomi se llevó una mano a la boca y los demás también parecían curiosos e incómodos, menos Nau, que aplaudía y animaba – que… – carraspeó sin dejar de mirar como le metía la mano bajo la falda – que apasionados ¿No?

– Si yo te contara – se moría de ganas de contestarle “A ver si se te pega…

– ¡Córtate un poquito! ¡Hay gente por todas partes, idiota! – Tifa se dio prisa en ponerse de pie. Nagase se volvió a tumbar – cuando te cuente esto mañana te vas a morir de la vergüenza.

– Que fressshquito estálsuelono? – en ese momento, Akihiro se le tumbó al lado, igual de borracho que él y cantando una canción tradicional japonesa que hizo a Nagase dar carcajadas.

                No duraron mucho más en el bar. Antes de irse, un motero borracho y de malas pintas se acercó a ellos y le soltó a Nagase si “esas dos gaijin sabían cantar o si solo eran unas zorras”. Él se intentó levantar para encararse con ese tipo pero las chicas, bebida en mano, se levantaron a cantar “Love you only a grito pelado. Terminaron casi todos cantando con los coros de Toma y las carcajadas de Nagase de fondo cuando le dijo “tú como ssiempre alcoro y nuncadlante”. No pudo evitar darle a Nagase un empujón en el hombro al ver la cara de fastidio de Toma. Se sentó a hablar con él. Hablaba por los codos por culpa del alcohol y ella solo podía pensar en lo guapísimo que era y lo monas que eran sus paletas cuando sonreía. Las chicas también estaban empezando a sentir los efectos etílicos y llegaron a la conclusión de que ni podían coger el coche ni Nagase la moto. Pidieron un taxi, Nagase se sentó de copiloto y las dos junto a Toma en el asiento trasero. Iban diciendo estupideces una detrás de otra mientras Toma las observaba entre risas, y sin saber cómo acabaron cantando “Ticket to Love” de Tokio. La reacción de Nagase fue instantánea, empezó a reírse a carcajadas cuando ellas más apasionadas cantaban.

– ¿Qué está pasando? ¿Se puedes saber de dónde has sacado a estas gaijin? – Le dijo Toma a Nagase –  ¿Por qué cantáis con tantas ganas una mierda de canción así? – dijo volviéndose a las chicas.

– Por estas cositas es por la que te digo que te tienes que liar con la pelocorto, idiota – le dijo Tifa. Ella se rió a carcajadas mirando a su amiga porque al otro lado tenía a Toma, que la miraba avergonzado.

– ¡VUENGA YA SHILLEVAS TODALANOCHIE TURÁNDOLE LOTRASTOS! – Le gritó Nagase desde el asiento delantero, haciendo que el conductor diese un respingo y ella un grito – stanochie tekedas en MÍ casa – sentenció.

– Vale, no tengo ganas de irme a la mía – Tifa le empezó a dar codazos compulsivamente a Cristina.

– Ya, ya, ya, YA, YA JODER – después de darle un empujón a Tifa que la aplastó contra la ventanilla, dejó caer la mano junto a su pierna. Sobre la pierna de Toma.

                Al principio no hizo nada, no quería moverla bruscamente para que no se pensase que estaba loca. Y justo cuando la iba a apartar, sin mirar por supuesto – porque si miraba se iba a poner a pensar cosas poco aconsejables teniéndole tan cerca – sintió sus dedos rozando los suyos. Él tampoco la miraba, tarareaba “Ticket to Love” mientras miraba por la ventana. Dejó la mano donde estaba, poniéndose histérica cada vez que el muy imbécil movía el dedo. Llegaron a la casa cuando le pasó la mano sobre los hombros casualmente, como si lo hiciese todos los días. No le dio tiempo a arrimarse mucho porque empezaron a bajarse del coche, pero Toma le dio un pequeño achuchón. Tifa iba tirando de su novio, que se tambaleaba con las llaves en la mano. Se las quitó y abrió ella, quejándose cuando Nagase se le tiró encima, abrazándola por los hombros y dándole un beso en la mejilla.

– ¿Tú sabes lo que pesas? – Protestó ella – venga, cuanto antes subamos, antes te vas a la cama.

– Hmmmm, la cama – dijo al oído de Tifa pero tan fuerte que lo oyeron todos.

– Es tonto este hombre – dijo Toma con la risa floja por el alcohol.

– Mira quién fue a hablar – le dijo ella. Se quedaron mirándose mientras el ascensor subía con idénticas sonrisas en la cara escuchando la risita tonta de Tifa y los susurros de Nagase. Le sentía todo el tiempo muy cerca pero no terminaban de tocarse. Tenía claro que cuando lo hiciesen, iban a saltar hasta chispas.

– ¿Os vais a acostar directamente o vais a tomaros algo para bajar un poco esa borrachera? – preguntó Tifa al entrar. Nagase se fue directo a su habitación.

– Yo prefiero acostarme ya – dijo – estoy molida.

– ¿Dónde vas a dormir? – le preguntó Tifa a Toma.

– ¡¡CON KURISHTINAAAAAAAAAA!! – Gritó Nagase desde la habitación, haciéndoles reír.

– No sé – Toma la miró, ella sentía ganas de tirarle de la mano hasta la cama pero al mismo tiempo no se atrevía.

– Es una cama grande, os apañáis que no tengo ganas de sacar las mantas para el sofá – dijo Tifa caminando hacia su habitación – nos vemos mañana. Ah, Cristina – la miró y le dijo en Español – no gimas muy fuerte que la habitación está al ‘laito’ de la mía y con la borrachera que lleva el niño me voy a quedar con las ganas de movimiento esta noche.

– Vete a tomar por culo – la escuchó reírse y gritarle a Nagase antes de cerrar la puerta “¡No te metas en la cama con eso que has estado en el suelo hombre…!

                No quería mirar a Toma porque si le miraba se iba a empezar a reír como una histérica y quizás quedaba un poco raro. Estaba tan nerviosa que las manos le empezaron a temblar otra vez y la borrachera se le fue de sopetón. Cogió el pijama de su maleta y se excusó un momento mientras se iba al baño a cambiarse. Y a lavarse los dientes a conciencia. Quería pensar que iba a pasar algo. Después de todo lo que habían tonteado esa noche tenía que pasar algo. Pero por lo visto se llevó demasiado tiempo en el servicio mentalizándose y echando los nervios a solas porque cuando llegó a la habitación Toma estaba metido en la cama, tumbado boca arriba y con la boca abierta. Sin hacer mucho ruido se acostó a su lado y le tapó, muy, muy tentada de pasar los dedos por ese pecho desnudo que tenía tan cerca. Aprovechó y le miró con detenimiento. Durmiendo, tan tranquilo, estaba brutalmente guapo. Se estaba poniendo tan cachonda que le costaba respirar y eso que solo le estaba mirando. No iban a saltar chispas, eso iba a ser un incendio que ni el puto Vesubio cuando pegó el reventón. Se rió tapándose la boca con las manos, todo era tan surrealista que le daba la impresión de que le pasaba a otra persona. Se acostó sin dejar de mirarle, de mirar su perfil y esa narizota que tanto le gustaba. En realidad no se podía quejar, estaba durmiendo con él y hacía tres días estaba nerviosa solo por tener que montarse en un avión. Le costó dormirse un buen rato, pero cuando lo consiguió fue con una sonrisa en la cara.

3

                No sabía bien dónde estaba cuando se despertó. Pero en cuanto abrió los ojos lo tuvo claro, además de quitársele todo el sueño en un santiamén. Toma estaba de espaldas a ella, sentado en la cama y estirándose. Observó sus músculos de la espalda en tensión, escuchó el quejidito cuando echó el aire de los pulmones y le vio ponerse bien los calzoncillos. Se le escapó una risa suave al verle rascarse la cabeza con fuerza. Al escucharla se volvió en la cama y cuando le sonrió, con esa cara de dormido y esos pelos de loco, sintió que el corazón se le salía por la boca.

– ¿Has dormido bien? – su voz sonaba un poco ronca. Le encantó.

– Sí. A ti ni te pregunto porque fue poner la cabeza en la almohada y caer en coma.

– Lo siento, pero bueno, cuando me desperté un poco estabas con la boca abierta.

– Yo no abro la boca durmiendo – Toma asintió. A Cristina se le iban los ojos a su pecho desnudo por más que intentase mirarle solo a los ojos. Por otra parte, era un poco complicado mirarle sin sonreír como lo hacía la imbécil de su amiga con su novio.

– Sí que la abres, así – se tumbó en la cama y la imitó – y por aquí te caía la baba – se señaló la comisura de la boca.

– ¡Mentira! – Ella le empujó mientras él se reía malévolamente – no te metas conmigo, es demasiado temprano – dijo cuando en realidad estaba encantada.

– Mejor desayunamos primero ¿No?

– Sí, a ver si Tifa nos tiene algo preparado – Cristina se sentó en la cama buscando su teléfono.

– ¿Por qué le llamas Tifa? ¿No se llama Piri?

– Sí, es que es como la conocí por internet y me parece raro llamarla de otra manera. ¿Qué hora es?

– Pues me da que vamos a almorzar, son las tres y media del mediodía.

– ¡Ala! – dijo en español. Toma frunció el ceño levemente pero no se paró a explicarle –  ¿Cuántas horas hemos dormido?

– No muchas – se puso la camiseta que llevaba el día anterior mientras ella hacía la cama.

                Se dijo a si misma que esa noche iba a pegar la cara a la almohada que él había usado. Se turnaron para ir al baño y salieron al salón. Se encontraron a Tifa tirada en el sofá acariciándole distraídamente el pelo a Nagase, que apoyaba su cabeza en las piernas de esta mientras cambiaba de canal. El dueño de la casa no cabía en el sofá, se le salían los pies por el extremo. Pensó que eran unos pies enormes y no pudo evitar preguntarse si es que iba todo en proporción. Al verles entrar se sentó derecho, sonriéndoles.

– ¡Buenos días! – Dijo Tifa – ¿Habéis dormido a gusto?

– Kurisu-chan me ha babeado la almohada, por lo demás todo bien – cuando le miró fingiendo estar molesta el chico se alejó un poco de ella, riéndose y tapándose el cuerpo con un brazo.

– Espero que por lo menos hayáis dormido calentitos – dijo Nagase, riéndose de la risa nerviosa de Toma.

– Tan calentitos que se durmió nada más meterse en la cama – Toma chasqueó la lengua.

– Deja de restregármelo por la cara…

– Deja tú de restregarme lo de las babas. Que además es mentira.

– Callaos los dos y hacedme el almuerzo – dijo Tifa señalándoles la cocina.

– Iba a preparar algo yo – Le protestó Nagase.

– ¡Noooo! Déjalo, tú quédate en el sofá – Tifa le dio golpecitos en la pierna y miró a su amiga – ¿Qué hacemos de comer?

– Tú nada, quédate ahí que te voy a hacer unos tallarines que lo vais a flipar.

– Que te haga Toma de pinche – sugirió Nagase. El aludido asintió sonriente.

– Pero si este tampoco sabe cocinar – se quejó – me vas a molestar más que otra cosa, pero ven, ven, no sea que te aburras – se apresuró a decir antes de que sugiriese no acompañarla.

– Que bueno esto de que me hagan de comer para variar – escucharon a Tifa decir antes de entrar en la cocina.

– ¿Qué hago? – le preguntó Toma con los brazos en jarras. Se le ocurrieron muchas, muchísimas respuestas.

– Ve cortando verduras, si es que puedes.

– Claro que puedo, no tiene misterio ¿No? – Se rió por lo bajo. Sabía lo malo que era cocinando y no esperaba que hubiese mejorado.

                Buscaba el cuchillo por los cajones y cuando quiso abrir el que tenía ella delante no le dijo nada. Se puso a su espalda y abrió el cajón mirando por encima de su hombro. Ella giró un poco la cara, volviendo a mirar al frente un momento después reteniendo la risa nerviosa al verle más cerca de lo que se esperaba. Cuando se alejó de ella le pasó la mano despistadamente por la cintura. Un momento después le escuchaba cortar y quejarse, pero su mente estaba en otra parte. En qué habría pasado si en vez de mirar al frente con la cara como un tomate hubiese mantenido contacto visual con él. Cuando le miró de reojo vio que las había cortado en trozos enormes e irregulares.

– A ver, aparta – dijo sonriendo – déjame arreglar esto.

– Estorbo más que ayudo, ¿No?

– Un poco – le miró y le vio cruzarse de hombros – si quieres vete al salón – Le observó caminar hacia la puerta, abrir mucho los ojos, observar durante unos segundos, llevarse la mano a la boca y volver mirando al suelo.

– No puedo – susurró.

– Como que no puedes… – Se asomó y vio a Nagase tumbado sobre su amiga. Se besaban con pasión y la mano de Tifa se movía de una manera muy sugerente entre las piernas de su novio, que le clavaba los dedos en los muslos bajo su camisón levantado. Cuando escuchó un gemido (masculino) cerró la puerta – No tienen fin – fue todo lo que pudo decir, sintiendo la vergüenza y el calor subiéndole por el pecho.

                Miró a Toma, que ya tenía sus ojos castaños fijos en ella. Se rió nerviosa al ver lo serio que estaba, encerrada en la cocina con él. Hizo el amago de acercarse a ella pero paró a medio camino cuando ella se echó, por inercia, hacia atrás. No podía dejar de mirarle los labios. Y él hacía lo propio con los de ella. El corazón se le había vuelto loco en el pecho y sus latidos eran lo único que podía escuchar. Toma se volvió a acercar y no parecía saber muy bien qué hacer. Le fue a poner las manos en la cintura pero se arrepintió y se las puso en los hombros riéndose nervioso. “No se puede ser más tonto”, susurró en español entre risitas. Toma inclinó la cabeza y tras dudar unos segundos le dio un beso muy breve en los labios a la chica. Se rió y volvió a darle otro. Ella también se reía, y subió sus manos hasta agarrar su camiseta. Sus labios, cálidos y suaves, le provocaban cosquillas en una zona de su cuerpo mucho más al sur. Cuando giró la cabeza hacia el lado contrario, sus narices chocaron, y fue esa tontería la que hizo que terminase de volverse loca. En ese momento fue consciente realmente de lo que estaba pasando, y al salir de ese estado de shock en el que llevaba sin darse cuenta desde el día anterior, le agarró del pelo rizado y alborotado, pegándole a ella. Sentía su respiración en la mejilla. Toma se apretó a su cuerpo con ambas manos en su espalda. La empujó contra la mesa con la que chocaron sus muslos, pero no dejaron de besarse.  Abrió un poco más los labios. Sus lenguas se rozaron. Desde el salón les llegó la voz de Tifa, gritando molesta “¡Otra vez! ¿No sabes avisar o qué te pasa? ¡¡De verdad, siempre igual!!”. Sonrieron uno en la boca del otro, y al escuchar pasos que se aproximaban a donde ellos estaban, se separaron agitados. Sin embargo, los pasos siguieron su camino, hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Se miraron un poco avergonzados, deseando seguir con lo que estaban haciendo. Se empezaron a acercar de nuevo.

– ¡Que sed tengo! – un sonriente Nagase irrumpió en la cocina, abriendo el frigorífico sin mirarles y cogiendo una cerveza – ¿Queréis?

– Sí, por favor – Decidió que tenía que hacer algo con ese temblor de manos, y qué mejor que sostener una lata de cerveza fresquita.

– ¡Piri-chaaaan! ¿Quieres una coca-cola de vainilla? – no le contestó. La miró asintiendo – sí que la quiere.

– ¿Está enfadada? – Ella sí se sentía un poco molesta. Que oportuno era el muchacho. Toma estaba mudo, cortando (o destrozando) verduras de espaldas a ellos.

– Sí, culpa mía de todas maneras – Tifa entró en la cocina con ropa diferente a la que tenía puesta, cogiendo la coca cola de las manos de Nagase.

– Deja de dar por saco y vente conmigo al salón.

– No te enfades – dijo él con una sonrisita. Entonces Tifa se percató de la mirada asesina que le dedicaba su amiga.

– ¿Qué te pasa?

– Me pasa que no pasa más de lo que estaba pasando por culpa del gilipollas de tu novio – le dijo en español.

– ¿Me lo llevo?

– Ya da igual – le quitó a Toma el cuchillo y siguió ella, fastidiada.

– Que rabia me da que habléis en español – dijo Nagase.

– A mi me dan rabia otras cosas, mira tú por donde… Largaos los dos al salón, ya me quedo con Cristina – Su novio se levantó sin rechistar y Toma, aún mudo, le siguió – ¿Qué ha pasado? – Le susurró a su amiga – con lo que hablaba ayer y ahora no abre la boca.

– Se ha puesto cachondo de veros en el sofá y se me ha tirado encima. Y habría pasado más si tú no te hubieras puesto a gritar y si ese gilipollas no hubiese entrado muerto de sed porque le has dejado seco.

– ¿Besos y tocamientos? ¿En serio? – Tifa dio saltitos nerviosos, haciéndola sonreír – Bueno, no te enfades conmigo, por lo menos te has enrollado con Toma ¿No?

– No estoy enfadada, estoy histérica, joder. Me voy a cortar, a quemar o a explotar – Tifa le dio un empujoncito en la espalda.

– Andaaaa – dijo riéndose tontamente sin parar de empujarla – Anda Criiiis… ¿Quién te da besitos? ¿En? ¿QuieeeEEeen?

– ¡Cállate ya, anormal! – se empezaron a reír juntas de esa guasa, e intentando averiguar si Toma era más sexy que imbécil, terminaron de hacer de comer. Al llevar los platos al salón, Nagase estaba dormido con la boca abierta en el sofá y Toma a punto de caer.

– ¡A comer, señoritos! – les llamó Tifa.

– Venga – Toma zarandeó a Nagase, que le miró sin saber donde estaba, limpiándose la comisura de la boca – está visto que me babean todos – dijo riéndose. Se levantaron y se sentaron a la mesa, Nagase junto a Tifa y Toma junto a ella. Se miraron brevemente y sonrieron. Se le encajó la sonrisa en la cara y por más que lo intentaba no podía cambiar la expresión.

– ¿Esto lo habéis hecho las dos? – Dijo Nagase – ¡¡Umai!!

– Cristina sobre todo – dijo su novia.

– Te ha salido mejor que a muchas de aquí, menos mal que me no te lo he estropeado – le dijo Toma.

– Gracias, ¡Que buenas críticas, así da gusto! ¿Y tú qué? – le preguntó a Tifa.

– Yo qué de qué – dijo esta con la boca llena – asqueroso, no te lo comas, dame – dijo intentando quitarle el plato para comérselo ella. Comieron más que hablaron y al acabar se quedaron un poco atontados y llenos – esto se merece un buen postre. Tomo-chan, ve a comprar pasteles ¿No?

– ¿En serio? ¿Me vas a hacer salir?

– Lleva a Cris a la pastelería, va a flipar con lo grande que es.

– ¿En la que nos conocimos? – Le preguntó Toma, Tifa asintió – te va a encantar – le dijo a Cristina. No sabía los pasteles, pero a él se lo comía de postre – No vas a saber qué escoger – Nagase se levantó, suspirando.

– Si vamos a ir, vamos ya antes de que repose más la comida o no me voy a querer mover. Aunque deberías ser tú la que viniese, eres la que tiene el antojo.

– Yo voy recogiendo esto y le cojo el dobladillo en el pantalón a Ikuta-san, venga, cuanto antes te vayas antes vuelves.

                Aunque chasqueó la lengua con cara de fastidio, le hizo un gesto con la mano para que le acompañase. Se sentía un poco rara estando sola con él, pero como tampoco le desagradaba la idea, no se quejó. Al verle resoplar por tercera vez en el camino del ascensor desde el piso al garaje se dio cuenta de lo exagerado que era.

– No puede estar tan lejos la pastelería, ¿No? Además, te encantan los pasteles.

– No me importa ir a comprarlos, es otra cosa.

– ¿Tiene que ver conmigo? – la miró frunciendo el ceño y a la chica sin querer se le escapó una sonrisa que escondió corriendo. Por muy novio de su amiga que fuese estaba muy bueno.

– Claro que no, tú me caes bien.

                Pasaron a través de un montón de motos diferentes y algunos coches raros. Al principio pensó que era el garaje de todo el edificio pero al verle acercarse a una de las motos para quitarle una manchita se dio cuenta de que no, que todo era de Nagase. Sin embargo se montaron en uno de los coches más normales que había, que estaba junto al coche de Tifa. Cuando después de salir de allí volvió a suspirar, la pilló mirándole con curiosidad.

– No me gusta que Toma esté en mi casa solo con Piri-chan – murmuró entre dientes.

– ¿En serio? No va a pasar nada, no seas mal pensado.

– Lo que sea, tú date prisa en elegir. Y cuando lleguemos a casa te quiero bien cerca de él. Cuanto más lejos de ella mejor.

– No me va a costar hacerte caso, no te preocupes. Si hace falta me voy con él esta noche, hago el sacrificio – sonrió un poco.

– Probablemente se quede en la mía otra vez. Tiene el traje que se va a poner en casa y todo lo que necesita.

– De todas maneras no te preocupes más por que Tifa vaya a engañarte, está loca por ti.

– Toma le cae muy  bien y le gusta mucho, lo sé.

– Toma nos gusta a todas – dijo ella con una sonrisa a la que se estaba acostumbrando – es imposible que no te guste con lo tonto que es.

– Eso no tiene sentido – ella le miró pensando que más tonto que él no había nadie y las tenía a puñados, pero prefirió no decir nada. Por no ofender – ¿Esta noche va a caer?

– ¿Qué clase de pregunta es esa? – se rio.

– Lo digo porque si no cae puedo llamar a Subaru-kun ¿Eehh? – alzó las cejas repetidas veces, haciéndola reír – O que caigan los dos y haces un homerun – con la voz que le puso al hacerle ese último comentario tuvo que dar una carcajada.

                Cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba la pastelería vio el hecho de coger el coche algo innecesario. Y cuando vio la cantidad de pasteles que ofrecían se empachó antes si quiera de probarlos. Las dependientas saludaron a Nagase entre risitas que él ignoró por completo. Empezó a pedir pasteles como si no hubiese almorzado y pretendiese además cenar.

– ¿No es demasiado? – le preguntó.

– No, a Piri le encantan y a Toma-kun no sé qué le gusta – sonrió ampliamente – además lo que sobre me lo como yo. Pide lo que quieras, no te cortes.

– Ahm… no me gustan los pasteles – la miró como si hubiese dicho la barbaridad más grande – con ese bizcocho me conformo.

– Como quieras, tú te lo pierdes. Más para mí – dijo frotándose las manos.

                A pesar de que los envolvieron con cuidado le pidió por el camino que abriese la caja y le diese uno. Al verle comérselo de un bocado e intentar reírse suavemente de manera tonta con la boca llena, le dio la risa. Y al reírse ella se rió él. Y tuvo que parar el coche porque casi se atraganta. Era como un niño pequeño, su amiga tenía razón cuando se lo decía. Subió de un humor mucho mejor del que bajó llevando los pasteles y una sonrisa y comentando las ganas que tenía de tumbarse en el sofá con una manta y una peli. Le pareció el plan perfecto. Acurrucarse a Toma, medio quedarse dormida, meterle mano discretamente o que él se la metiese a ella… la mano, o lo que fuese. Se rió nerviosamente en el ascensor solo de pensarlo. Al entrar en la casa lo primero que escucharon fue la risa de Tifa, pero no venía del salón, venía de la cocina. Fueron hacia allí y se encontraron que estaba con la espalda apoyada en el frigorífico, sonriéndole a un tipo altísimo de espaldas a ellos. Obviamente no era Toma porque le sacaba dos hombros y tenía el pelo largo, negro y liso. Apoyaba una mano en la encimera, y bajo su opinión, estaba peligrosamente cerca de su amiga, que no se mostraba muy abierta a él con los brazos cruzados y mirando continuamente al lado contrario. Nagase se paró en seco.

– ¿Enoshi-kun? – el aludido se dio la vuelta sobresaltado. Estaba super bueno y tenía una cara de golfo que activó todas sus hormonas en cuestión de segundos.

– ¡Ey! ¿Cuándo has llegado? No te he escuchado – se dieron la mano. A Nagase se le había plantado una arruga entre las cejas.

– ¿Qué haces aquí?

– Venía a recogerte para ir al bar pero veo que tienes buena compañía por todos lados – cuando le sonrió no pudo evitar el mismo gesto. Vio que Tifa alzaba las cejas y movía los labios diciendo “putos hombres cabra”. Cuando empezó a reírse Nagase la miró extrañado.

– Sí, no creo que salga. Has venido para nada. Ya nos vemos otro día – le dio los pasteles y poniéndole la mano en el hombro a ese tío le acompaño a la salida.

– ¡Adios Piri-chan! – dijo inclinándose. Su amiga le despidió con la mano brevemente.

– ¿Los amigos de tu novio están todos así de buenos? ¿Por qué ayer este muchacho no estaba?

– Un puñado de ellos sí están así de masticables, y van a matarme cualquier día. Vete al salón con los pasteles que Tomoya se ha enfadado. Ahora vamos cuando tranquilice sus neuras celosas. Además, Toma está solito y creo que dormido.

                Cuando se cruzó con Nagase por el pasillo y vio la cara que llevaba se apresuró a entrar en el salón, cerrando la puerta tras ella. Toma estaba tirado de cualquier manera en el sofá, mirando la televisión con apatía. Al verla acercarse le sonrió, echándose a un lado para dejarle hueco. En cuanto dejó los pasteles en la mesita que tenía delante abrió el paquete, cogiendo uno sin preguntar.

– Que exagerado es…

– Y celoso, yo no sé si aguantaría tanta tontería – Toma la miró sin entenderla por lo que le tuvo que explicar la situación.

– No comprendo como se puede poner celoso de mí. Menuda pamplina. Del amigo vale porque si es como él tiene sentido.

– Oye, no es tanta locura que tú le puedas gustar a Tifa ¿Eh? – la miró pasándose la lengua por la comisura de la boca.

                No pensó. Se dejó llevar por el impulso que le provocó ver su lengua y le besó. Toma dejó caer el pastel en la mesa de cualquier manera y volvió a abrazarla por la espalda. La tumbó en el sofá, besándola con ganas. Eran besos dulces y no por las maneras, sino más bien por el sabor de su lengua. Su lengua sobre la suya, rodeándola, bajo la suya. El carnoso choque de sus labios, sus manos bajando a su trasero. Ella le pasó las manos por su pecho, encontrándolo más duro de lo que imaginaba. Toma metió las manos bajo su camiseta, intentando quitarle el sujetador pero liándose con sus propios dedos. Se rió de él, lo que entorpeció más su trabajo. Toma desistió, levantando el sujetador en lugar de quitarlo para tocarle los pechos. Rozó sus caderas con las de ella, jadeando en su boca. Su intensa mirada se clavaba en la suya, quería desnudarle y estar desnuda ante él. Escuchó pasos por el pasillo y a la escandalosa de su amiga riéndose con su novio. Habían hecho las paces demasiado pronto, se podían ir a follar o algo. Toma la besó despacio y sacó las manos de donde las tenía, poniéndola derecha en el sofá, sonriendo en sus labios.

– Que coñazo que vivan en su casa ¿Eh? – no pudo evitar reírse como una estúpida sintiendo su mano en la cintura, bajo la camiseta. Suspiró y cogió de nuevo el pastel medio aplastado.

– Has pringado la mesa – el chico asintió con una sonrisa.

– Y tú has pringado las bragas – al decirlo con la boca llena le quitó un poco del erotismo que pretendía. Se llevó una mano a los ojos, preguntándose una vez más hasta dónde podría llegar su estupidez.

– Hey, ¿Peli y mantita? – un sonriente Nagase le levantó las piernas a Toma para abrir el sofá convirtiéndolo en cama al tirar de una manilla.

– Planazo – dijo Tifa tirándose junto a ella, que la miró sintiéndose excesivamente nerviosa y cachonda. Nagase abrió un cajón de la mesita de café que tenían delante y sacó dos mantas finas con las que se taparon – ¿Puedo elegir la película?

– Haz lo que quieras – suspiró ella.

                Se levantó y entre risitas malvadas cogió una película que no les dejó ver de la estantería. La puso en el dvd y se tumbó sobre el pecho de Nagase, dándole la espalda a la otra pareja. Cuando le dio al play, quiso irse de allí, era una película de miedo.

– Es suaaave, no da mucho miedo. Lo prometo.

– No me fio de ti un pelo. No voy a dormir.

– Vas a dormir acompañada, ¿Qué más te da? – dijo Nagase mirando hacia atrás con una sonrisa.

– No te hagas el valiente que eres el primero que te cagas vivo – se rio Tifa.

– Si nos asustamos mucho nos tapamos los ojos el uno al otro – propuso Toma, que tampoco se veía muy seguro – pero acércate, tengo que abrazar algo cuando veo una de estas.

– Me voy a llevar más tiempo sin mirar – Se acomodó entre el brazo y el pecho de Toma, que rodeaba sus hombros.

                Como supo, por mucho que le dijese su amiga que era una película suave se llevó más de la mitad del tiempo sin mirar la pantalla. Toma y Nagase daban saltitos mientras se quejaban de manera histérica y Tifa se dedicaba a reírse de ellos. Se concentró en el pecho del que tenía al lado, un pecho que olía tremendamente bien. Dejó caer la mano en él, cerrando los ojos y sonriendo para sí misma. En un momento dado, Nagase empezó a reírse tontamente diciendo “ninja” y cuando Tifa le miró aparentemente asustada, este le tapó la cabeza con la manta.

– ¡PERO QUE PESTAZO! ¡DEJAME SALIR! – Nagase se reía a carcajadas a causa de su pedo silencioso y Toma se tapó la nariz con su manta.

– Espero que no nos llegue – dijo riéndose.

                Con los empujones de Tifa por salir de debajo de la mantita, casi se caen Toma y ella del sofá. Una vez tranquilizada la cosa y después de que a Nagase se le pasara el ataque de risa, Tifa rebobinó la película y todos volvieron a tumbarse. Sin embargo, su mano no se posaba en el mismo sitio. Mientras que la derecha estaba bajo su cuerpo, la izquierda estaba sobre Toma, pero ya no estaba en su pecho. La tenía en su pierna, bien arriba de su pierna y peligrosamente cerca de algo que se moría por tocar. Solo el pensar que con mover sus dedos habría una gran diferencia hizo que sus latidos se desquiciaran. A pesar de tener la manta por encima no podía evitar mirar en la dirección que iba su mano. Porque la estaba moviendo, despacio, un poco hacia arriba. Toma suspiró y puso su mano sobre la de ella. Se quedó paralizada, pensando que se había pasado. Pero no pudo estar más equivocada. Hizo que su mano pasase sin pudor sobre su bragueta y cuanto más se movía, más bulto creaba. Miró hacia arriba, hacia el perfil de Toma, y le vio mordiéndose el labio. Quería mordérselo. Quería subirse a horcajadas sobre él y hacerle de todo, con o sin su amiga presente. Se estaba volviendo loca por tocarle, sentirle más y la película no acababa. Era demasiado temprano pero se quería ir a la cama. Toma la miró de una manera tan sucia que no solo algo saltó en el estómago de la chica, sino que sin siquiera tocarla sintió un cosquilleo entre las piernas. A pesar de las ganas horrorosas que tenía de besarle, volvió a mirar la película. Pero no movió la mano de donde la tenía. Ni loca. Obviamente Toma tampoco quería que parase pero lo que ella no se esperaba es que se abriese la bragueta. Ahora era ella la que se mordía el labio.

                No era lo mismo tocársela sobre los vaqueros que tocársela sobre la tela de los calzoncillos. Estaba durísima. El calor de su erección traspasaba la tela y calentaba sus dedos… y a ella en general. Toma respiraba profundamente, apretaba su brazo con fuerza tragando saliva. Le miró y le vio cerrar los ojos con fuerza, abriendo los labios ligeramente para después apretar los dientes. Se volvió hacia ella y sin apenas abrir los ojos besó sus labios, acercándola a él con la mano en su espalda. Su lengua no la dejaba respirar, la mano de la chica no paraba de moverse y él levantaba levemente las caderas, jadeando en su boca. Nunca, jamás, había estado tan cachonda. Toma besó su mejilla, su mandíbula, su cuello. Ella abrió los ojos justo cuando Nagase miraba sobre su hombro. Intentó esconder la sonrisa al ver a Toma sobre ella pero cuando vio su mano moverse bajo la manta (no le dio tiempo a parar porque el muchacho casi se estaba tumbando sobre ella pidiendo más) abrió la boca sorprendido. Se moría de la vergüenza y del calentón, Nagase no paraba de reírse intentando no hacer ruido. Tifa le preguntó que pasaba y él negaba con la cabeza, mandándola a callar pero riéndose cada vez más. Y Toma no paraba de jadear a pesar de que ella ya no le estaba tocando.

– Toma… – le susurró ella – que se han dado cuenta.

– ¿Y qué? Sigue, me estás matando – dijo más fuerte de lo que debería, el muy imbécil. Nagase dio una carcajada tapándose la cara con las manos.

– Pero ¿Qué pasa? – dijo Tifa volviéndose. Toma se puso derecho disimulando y ella intentó no ponerse demasiado colorada ni mandarlo a la mierda por llamar tanto la atención.

– Ahora vengo – Toma se levantó y se metió en el cuarto de baño a paso ligero. Nagase no paraba de reírse echado hacia adelante en el sofá con la cara entre las manos.

– No puede ser más gilipollas, roza límites insospechados – dijo ella en español tumbándose en el sofá, resoplando por haberse quedado con el calentón.

– ¿Pero qué ha pasado? – de tanto escuchar a su novio reírse hasta Tifa tenía una sonrisita. Nagase le contó la situación en susurros y en cuanto lo supo se volvió hacia su amiga – ¡Metete en el baño con él! – le dijo en español.

– Es que… – miró al baño, quería hacerlo, meterse con él y que pasase todo lo que tuviese que pasar. Sin embargo no se atrevía a moverse – si no me ha dicho de ir con él será por algo ¿No?

– Como no vayas tú voy yo y le hago el favor – la miró abriendo la boca.

– ¿No te conformas con tener al salido buenorro que tienes al lado que también quieres al mío?

– ¡Pues muévete, coño! – Se quitó la manta de encima con intención de ir tras él justo cuando abrió la puerta del baño. Caminó hacia el salón y se sentó junto a ella suspirando, escondiendo una sonrisa al mirarla a los ojos.

                No sabía si estar o no enfadada con él. Tifa rebobinaba por segunda vez la película y a Nagase no había manera de quitarle la sonrisa tonta de la cara. Terminó de “ver” la película con los demás sin realmente mirarla, pensando en lo que podría haber sido y esperando que no fuese su última oportunidad para hacer algo con él. Más que enfadada estaba fastidiada, y Toma tuvo que notarle algo porque le pasó una mano por el brazo susurrando “lo siento, no quería dejarte con las ganas” en su oído, cosa que volvió a excitarla. Le miró y chasqueó la lengua negando con la cabeza.

– He metido la pata ¿No? – susurró. Ella asintió – no te preocupes – la abrazó por la espalda y besó su cuello justo debajo del lóbulo de la oreja – luego te compenso haberte dejado a medias.

– Para ya o monto una escena porno aquí mismo – dijo ella volviendo la cara en el sofá y agarrándole de sus rizos negros para besarle profundamente.

4

                El resto de la peli se la perdió entre beso y beso, y a pesar de escuchar a Nagase dar grititos, decir “kowaii…” y a Tifa reírse de él, no se despegaron. Solo cuando acabó la película y por respeto a la otra pareja se separaron un poco. Con lo tarde que habían almorzado y por haber tardado más de lo normal en ver la película, casi era la hora de cenar. Nagase miraba el teléfono chasqueando la lengua.

– Enoshi-kun no me deja tranquilo, ahora dice que quiere ir a cenar.

– Podríamos ir todos – Nagase miró a Tifa frunciendo el ceño – me siento culpable por no llevarme hoy a Cristina a ninguna parte, para los pocos días que va a estar aquí…

– No será por tiempo desaprovechado – dijo ella, haciendo a su amiga reírse – ¿Si vamos a salir puedo ducharme primero?

– Pues claro que sí, nosotros nos duchamos esta mañana. Tú – le dijo a Nagase – Anda, mándale un mensaje y dile que vamos todos a comer yakiniku – no se le veía muy convencido – venga ya, te mueres de ganas – Tifa se levantó del sofá y Nagase la siguió con la mirada poniendo morritos.

– ¡No te arregles mucho! Al final siempre les tengo que decir que no te miren las tetas, siempre igual… – protestando entre dientes se levantó tras ella.

                Ella también se levantó seguida de Toma, que se metió primero en el baño para peinarse un poco y asegurarse de que su ropa no estaba manchada. Cuando ella entró, él le sonrió de manera extraña y le vio dudar antes de decidirse finalmente a salir y cerrar la puerta. Se duchó deseando que Toma entrase y se volviese loco ahí dentro con ella pero se quedó en deseo y nada más. Salió, se secó y se puso unos vaqueros con su camiseta de fútbol. La pensaba pasear un poco por Tokio. Se despeinó frente al espejo más que peinarse y salió del baño justo cuando su amiga llamaba para entrar.

– Buf, que calor – dijo dispersando el vapor al abrir la puerta – ¿Ya estás lista? – dijo mientras se peinaba.

– Sí, oye ¿Quién es Enoshi? Menuda cara ha puesto Nagase cuando le has dicho de salir con él…

– El buenorro que estaba conmigo en la cocina cuando llegasteis – subió las cejas – siempre es agradable recrearse la vista un rato ¿No? Y no sabes la de cosas que se me ocurren cuando los veo juntos.

– Eres una cerda, tía – se rieron juntas cuando ella asintió. Salieron juntas del baño y husmearon el aire hasta el salón.

– Ya se puso la colonia, que barbaridad – Fue directa a su novio, metiéndole la nariz en el cuello y haciéndole reír – y este también se ha echado. Nos vais a matar – le dijo a Toma.

– ¿También te gusta el fútbol? ¿En serio? – Toma miraba su camiseta con la boca abierta, ignorando a Tifa por completo.

– Tengo que pasear la camiseta de mi Athletic por Japón.

– ¿Atureticu? – Intentó repetir tocando la tela de la camiseta. Se rio de él dándole golpecitos en el hombro.

– Me vale, deja de esforzarte no sea que te exploten las neuronas – chasqueó la lengua e hizo un ruido de queja dejando caer los brazos a los lados de su cuerpo.

                En el coche le fueron preguntando cosas sobre su equipo de fútbol a lo que ella respondía alegremente. El más interesado con diferencia era Toma, sentado junto a ella y escuchándola atentamente. Se sentía cómoda a su lado, no era difícil hablar con él. Lo único que le costaba era no mirarle la boca y las manos pensando en las ganas que tenía de pegarse a ambas partes de su cuerpo. A su cuerpo entero. Le importaba una mierda ver Japón, paisajes o historia, lo único en lo que se centraba era en él. Al llegar al restaurante, Nagase le dio la mano al mismo tipo que vieron en la cocina de su casa, que saludó de igual manera a Toma e inclinó la cabeza hacia las dos mujeres. En la puerta, Nagase esperó a Tifa, poniéndole la mano en la parte baja de la espalda e incluso acercándola a ella. Vio cómo su amiga miraba a su novio con una sonrisita pero frunciendo el ceño.

– Ya está celoso – dijo Toma.

– ¿De ese? – susurró ella, acercándose a él de paso. La miró, asintiendo con un suave “haa” en el que le dejo ver las paletas de conejo que tenía. Se lo iba a comer a él en vez de a la carne.

– Yo también me pondría celoso sabiendo que ese tío ha intentado besar a mi novia.

– ¿Cómo, cómo? – Se retrasó un poco – ¿Cuándo ha pasado eso? – Toma anduvo más despacio con las manos en los bolsillos.

– Cuando vino esta mañana le abrí yo y Piri-san le dijo que pasase a esperar a Nagase en el salón. Pero le dijo que tenía sed, yo creo que era una excusa. Antes si quiera de llegar al salón escuché un golpetazo y a ella decirle “¡yamete, Enoshi!” en un tono enfadado. Me volví y la ví empujándole por los hombros. No supe si ir a decirle algo o no, me saca una cabeza…

– Como para pedirte ayuda – le dijo ella riéndose – que raro que no me haya dicho nada.

– No querrá darle vueltas al asunto – miró a su amiga, que no se comportaba de ninguna manera extraña.

                Con el pensamiento de hablar con ella más tarde se sentó a comer. Nadie actuaba raro, todos se comportaban igual que siempre y Enoshi mostraba respeto hacia Tifa. Ningún interés oculto o a ella no se lo pareció. Dejó de darle vueltas a la cosa y se centró en comer y en toda la comida que le daba Toma a cada momento, aconsejándole aquella salsa y la otra. Tuvieron que dejar de pedir cervezas porque no querían irse a casa borrachos otra vez, pero no dejaban de comer. Nagase, especialmente, parecía no tener fin. Estuvieron allí metidos charlando de cine, música, motos, más motos, fútbol y comida hasta la hora del local de cerrar. Y aunque Nagase, Tifa y Enoshi hablaban sobre todo entre ellos, Toma casi únicamente hablaba con ella. Y le encantaba hablar con él porque se le veía atento y adoraba escuchar sus “aaah…eeeh…so, so”. Le costaba creer que esas sonrisitas que le sacaba de vez en cuando fueran solo para ella, estaba en las nubes y no se le apetecía en absoluto bajar. Era un sentimiento cálido que le inundaba el pecho, los nervios en la boca del estómago cada vez que rozaba su piel con la de él. A mitad de la noche, dos chicas se les acercaron pidiéndoles a Toma y a Nagase una foto con ellas que les echó Tifa. Toma se veía completamente avergonzado mientras que Nagase ponía una de sus poses estúpidas, haciendo a las desconocidas reír tontamente.

– Voy al servicio antes de irnos, id saliendo – dijo al acabar las fotos y después de pagar. Toma y ella salieron delante con los otros dos detrás.

– Oye – escuchó susurrar al Enoshi – ¿Le has comentado a Tomoya…? – no quiso ser descarada pero no pudo evitar mirar hacia atrás. Vio a Enoshi mirar a su amiga con las cejas alzadas, formando un tres con sus dedos.

– No – contestó ella cortante, dándole un manotazo – y si te consideras su amigo tampoco vas a hacerlo. Le conoces mejor que yo, sabes su respuesta y su reacción. Vas a buscarme un problema con él y no te lo voy a permitir.

– Tengo que intentarlo – dijo riéndose suavemente, y en voz mucho más baja pero aún audible susurró – es la única manera que tengo de—

– Ya. Basta. Cállate ya la boca, eres… – Tifa pasó como una bala por su lado, caminando hacia el coche sin despedirse de él. Toma la miró a ella y ella a Toma, con la incomodidad y sorpresa en sus ojos.

– Voy a hablar con ella – le susurró a Toma, que asintió. Dio una carrerita hasta el coche y se acercó a su amiga, que se apoyaba en él con los brazos cruzados – ¿Me lo explicas? – le preguntó en español. Tifa se llevó una mano a los ojos, chasqueando la lengua.

– El tío este, le dio por venir a la tienda de seguido y un día que Nau no estaba a la vista me arrinconó contra las camisetas y me comió la boca pero bien – No sabía si reírse o no, veía a Tifa preocupada, abrazándose los brazos con un tic nervioso en la pierna – Me llegó la lengua hasta la campanilla. Y en el momento me quedé quieta porque joder, míralo, está súper bueno, pero tampoco le di pie porque resulta que quiero a Tomoya. Yo que sé, imagina que estás saliendo con Toma, aparece Baru y te da un beso que te deja las bragas colgando.

– No sabría qué hacer, pero supongo yo que haría lo mismo que tú. Joder, menuda movida.

– Y encima desde ese día no para de acercarse y de rondarme de manera… bueno lo viste al llegar con los pasteles ¿No?

– Sí, sí. Y le he escuchado ahora. ¿Se refería a lo que yo creo? – hizo un tres con sus dedos y Tifa apretó los labios.

– Sí hija, sí. Quiere hacer un trío. Y hazme caso que firmaba ya para meterme con esos dos en la cama porque eso tiene que ser… – resopló y se le escapó a las dos una sonrisa, ella también firmaría, ¿quién no? – Pero con lo celoso que es este cualquiera le dice nada. Ya le has visto, pasándome la mano por la cintura cuando en la calle casi nunca me toca a no ser que esté borracho o muy cachondo. Le pillo los celos por ahí siempre.

– Y si te ha pasado eso ¿Cómo es que le has dicho de salir con él?

– Joder, porque está bueno – dijo riéndose – y quería llevarte a algún lado. Yo que sabía que iba a salir ahora con el tema, y habla de otra cosa que vienen para acá.

                Al subirse en el coche Toma se quedó mirándola y ella le hizo un gesto dándole a entender que después hablaban. Tifa miraba por la ventana y Nagase conducía tarareando la música de la radio. Lo mismo era cosa suya, pero notaba el ambiente tenso. Toma sacó su teléfono y empezó a reírse tontamente.

– Ya se ha comprado otro bicho – dijo negando con la cabeza – a este paso tiene un zoo.

– ¿Quién? – preguntó el conductor.

– Koki-kun, ¿Quién si no?

– ¿Le conoces? – Al ver a Toma diciéndole que sí de esa manera puso los ojos en blanco – claro que le conoces, menuda pamplina.

– ¿Sabes si viene mañana a la boda? – le preguntó Nagase

– Ni idea. Pero hace bastante que no le veo. De todas maneras habrá tanta gente mañana en el convite que a saber si los vemos.

                Al acordarse de la boda se puso nerviosa. Estar en el mismo sitio con Toma, Nagase y probablemente los Eighto y el resto de Tokio iba a matarla bien muerta. No sabía cómo sobrevivir sin morir de un ataque de nervios o felicidad, estaba siendo el mejor viaje de su vida. Pero más nerviosa se puso al llegar a casa de su amiga y ver que Toma tenía la intención de quedarse a dormir también ese día.

– Nagase-kun ¿Me puedes dejar algo de ropa? Me gustaría ducharme…

– Sí imbécil, no me lo tienes que decir tan educadamente – contestó él riéndose al entrar.

                Se metió en la habitación a ponerse el pijama mientras Toma se duchaba y escuchó a Nagase preguntarle a Tifa si estaba bien. Ella le respondió un distraído “sí, sí” y acto seguido dio unos golpecitos en su puerta.

– Pasa – le dijo una vez vestida.

– Deja tu traje preparado para mañana ¿Vale? Nosotras no vamos a la ceremonia, iremos después de almorzar pero como esta noche no vas a dormir y te vas a levantar tarde más vale que lo tengas todo a mano – le guiñó el ojo.

– Vete a la mierda gilipollas – Tifa se rio y tras darle las buenas noches se fue a la cama con Nagase. Apenas había cerrado la puerta que Toma entró en la habitación con unos pantalones azules de chándal y la toalla en los hombros. Nada más.

– Cuéntame qué ha pasado – le dijo en susurros, sentándose junto a ella en la cama y dejándola sin habla unos segundos. Estaba escandalosamente bueno. Y cerca. Apoyó una mano tras su espalda pasándose los dedos por los rizos mojados mientras escuchaba atentamente todo lo que Tifa le había dicho.

– ¿Qué te parece el drama que tienen montado?

– Pues eso, un dorama. Si yo fuese Nagase-kun y me enterase no sé cómo reaccionaría.

– ¿Eres celoso?

– No normalmente, pero se supone que un amigo no te hace eso. Y menos con una chica que te guste de verdad – se quitó la toalla de los hombros y la tiró a una silla – ¿Harías un trío?

– Yo que sé, depende, ahora te digo que sí pero tendría que verme en situación. Lo mismo me saturo.

– Tanto hombre tocándote a la vez, ¿Verdad? – dijo mirándole la boca.

– Y yo que con uno me conformo – murmuró ella al verle acercarse.

                Toma le puso la mano en la cara, pasando los dedos sobre el pelo de su nuca y besando sus labios despacio. Respiraba tranquilo mientras ella se estaba desquiciando. La tumbó en la cama con suavidad mientras su lengua se rozaba con la suya y las yemas de sus dedos se colaban bajo su camiseta. Ella le acariciaba el pecho, los hombros, los brazos, clavándole las uñas cuando le mordió el cuello. Abrió las piernas y Toma se colocó entre ellas, jugando con su pezón con una mano y agarrándola de la cintura con la otra. Le mordía la boca al rozarse con ella, y pasaba las manos por su piel desnuda. Ella le agarró del pelo cuando él, sin soltarle los pechos, empezó a rozarse contra su cuerpo con más ganas. Solo al sentir su erección bajo la ropa rozarle el clítoris le estaba dando placer, aunque probablemente se podía achacar a lo cachonda que estaba. Escuchó ruido en el pasillo, pero lo ignoró. Miró entre sus piernas cuando dejó de besarla y tiró del elástico de los pantalones de Toma, sacándosela y viéndola por primera vez. Pero no quería verla, la quería dentro.

– ¿¡Dónde vas ahora?! – Se quedaron de piedra al escuchar a Tifa casi en su puerta – ¿Estás loco o qué?

– ¿Loco? Ya sabía yo que pasaba algo entre ustedes… – se miraron abriendo mucho los ojos. Toma sorbió aire entre dientes con cara de circunstancia.

– Shhh, cállate, están durmiendo. No digas tonter–

– No me mandes a callar, tengo todo el derecho a estar enfadado – desde luego lo sonaba. Se sentaron en la cama, escuchando atentamente y poniéndose bien la ropa – me lo deberías de haber dicho antes, no que has esperado hasta ahora para con—

– ¿Y para qué? ¿Para que hagas esto? ¿Para que te marches cabreado a saber dónde? – La voz le temblaba a su amiga – ¡Yo no tengo la culpa de nada!

– He visto interés en tus ojos al decirme lo que te ha dicho, tú lo quieres igual que él lo que pasa es que estás conmigo y es un impedimento.

– ¿Qué coño estás diciendo? Tomoya ni se te ocurra irte.

– Suéltame, no me… Piri, déjame irme.

– ¡Tomo-chan! – y un portazo. Toma tragó saliva y la miró, aún con la respiración agitada.

– Creo que tendrías que hablar con ella – Asintió y se bajó de la cama, la calentura se le había quitado de golpe al escuchar el drama, no… el culebrón que esos dos tenían montado. Se la encontró sentada en la cocina con los codos apoyados en la mesa mientras se tapaba la cara con las manos. Veía su espalda agitarse pero no la escuchaba llorar.

– ¿Qué ha pasado tía? – se limpió las lágrimas con rapidez y resopló un par de veces antes de empezar a hablar.

– No paraba de preguntarme qué me pasaba, que si estaba bien, que estaba muy callada. Empezó a intentar averiguar que era aunque le estaba diciendo que parase y cuando me preguntó si era por Enoshi me vio en la cara que había acertado. Es que no puedo mentirle, no me sale y no quiero. Y pensaba que si le contaba todo a lo mejor no se enfadaba tanto…

– ¿Qué es todo? ¿Su propuesta o también el beso?

– Todo, todo – chasqueó la lengua.

– Está bien que no le mientas pero joder, no creo que eso se lo tuvieras que contar.

– No quería ocultarle nada – dijo empezando a llorar otra vez, incomodándola hasta el infinito – pero ha sido peor el remedio que la enfermedad. Y no sé ni dónde se ha ido ni cuándo va a volver. Mañana es la boda, no puedo ir sola y si él va solo van a asumir que ya no estamos juntos. ¿Y si me deja? Cris, nunca le había visto así, no quiero que me deje – tuvo que dejar de hablar porque directamente no podía. Ella le pasó la mano por el hombro, intentando dedicarle palabras tranquilizadoras pero no había manera.

                Se la llevó al sofá y se sentó con ella a ver cualquier cosa en la televisión para distraerse, y así, sentadas sin hacer nada pero pensando mucho pasaron varias horas. Cristina no paraba de pensar en Toma, en lo cerca que había estado de por fín conseguir lo que quería. A esas alturas tenía que estar frito. Se estaba medio quedando dormida en el sofá cuando escucharon la puerta de la calle. Miró a su amiga, que empezó a llorar otra vez cuando le vio en la puerta del salón. La saludó con la cabeza, incómodo, muy serio y con algo que ella calificaría de tristeza en sus ojos. Le dio las buenas noches a Tifa, se levantó y se metió en la habitación con la oreja pegada a la puerta. Miró un momento a Toma pero estaba dormido boca arriba ocupando toda la cama. No escuchaba nada, solo a su amiga sollozando y diciendo algo de fondo con esa voz aguda que le salía cuando lloraba. Al poco tiempo escuchó pasos por el pasillo y al ver que no iba a enterarse de nada más fue hacia la cama, apagando la luz pero encendiendo la lámpara de la mesita de noche. Destapó la cama, intentando echar a Toma hacia un lado, que se despertó y la miró sin saber qué estaba pasando.

– Déjame hueco anda – le dijo ella. Él asintió, dormido y tapándose con la sábana.

– ¿Ha vuelto ya? – le dijo con voz de dormido, pasándole la mano por la cintura y abrazándola de espaldas.

– Sí, espero que se reconcilien porque Tifa está fatal.

– Seguro que sí, Nagase no es de los que se quedan enfadados mucho tiempo, no le gustan las peleas – para corroborar que las palabras de Toma eran ciertas, escucharon un gemido femenino breve pero ruidoso – ahí tienes la reconciliación – dijo con voz divertida.

                Cristina se rio y apagó la lamparita, mirando en la pared las sombras que hacía la luz de la calle a través de la ventana. Toma suspiró, apretándola un poco a él. Se le ocurrió la idea de volver a meter los dedos por debajo de su camiseta, acariciando su barriga despacio. Entre eso y su respiración en la nuca, estaba volviendo a ponerse cachonda. De lejos se escuchaban muelles, algunos golpes y algún gemido no solo femenino. Sonrió al escuchar a Toma reírse y abrió los ojos al notar hacia donde iban sus dedos.

– Me muero de ganas de metértela – le susurró al oído mientras metía la mano en sus pantalones, pasando los dedos suavemente sobre sus bragas.

– Toma – exhaló temblorosamente el aire de sus pulmones, echando el brazo y la cara hacia atrás para besarle mientras le tiraba del pelo.

                Sus dedos se hundían entre sus labios mayores, humedeciendo la tela que los cubría. Pasó su otra mano bajo su cuerpo y le acarició los pezones, besándola lujuriosamente. Gimió al sentir las yemas de sus dedos rozar directamente su piel bajo las bragas, sus labios menores, apenas hundiéndose dentro de ella. No se los metía, solo presionaba. Bajó su otra mano de sus pezones a su entrepierna y al mismo tiempo le rozó el clítoris, endurecido a causa de la tremenda excitación que sentía. Estaba mojando como nunca en su vida, estaba sintiendo como llegaba poco a poco un orgasmo que no la dejaba gemir en silencio. Toma dejó de tocarla para quitarse la sabana de encima y darle la vuelta en la cama, poniéndose su pierna sobre el hombro y hundiendo la cara entre sus piernas. Siguió presionando sin meterle los dedos pero lamiéndole el clítoris, besándoselo, gimiendo a la vez que lo hacía. El cuerpo de la chica se tensó, su espalda se curvó y un gemido se le escapó sin poder retenerlo, agarrando los rizos de Toma con fuerza y apretando los dientes. Entonces fue cuando sintió uno de sus dedos entrar en su cuerpo despacio, terminando de matarla, haciendo que además de gemir, se quejase. Toma subió por su cuerpo, besando su piel, quitándole la camiseta.

– No tengo condones…

– Yo tampoco. Da igual – bajó la mano por su cuerpo y se la sacó del pantalón, acariciándola como hizo en el sofá. Al momento resopló, apartándose.

– No, no me la toques. Estoy demasiado cachondo, me voy a correr en cuanto te la meta.

– Vale, pero hazlo o lo hago yo – dijo ella cegada por la lujuria.

                Toma le pasó la mano de abajo a arriba por todo su empapado sexo, provocando que le clavase las uñas. Mirándola a los ojos la rozó con el glande, haciéndole gemir y gimiendo el también. Le abrió las piernas y tras colocarla entre sus labios menores movió sus caderas despacio, entrando en ella poco a poco. Se frenaba, se mecía lentamente, haciendo que no sintiera dolor sino cada vez más excitación. El tomarse tanto tiempo para no correrse hacía que ella dilatase casi sin darse cuenta, aceptando su durísima erección sin dolor alguno. Comenzó a murmurar su nombre entre dientes, penetrándola un poco más profundo y rápido. La miraba a los ojos, hundía su nariz en su pelo Ni si quiera sintió un leve pinchazo, solo las ganas de tenerle dentro por completo. Cuando sus caderas se juntaron, Toma se tumbó sobre ella, besándole el cuello. La abrazó, jadeando en su cuello, gimiendo con intensidad cuando aceleró el ritmo. Le sentía hundirse en ella, caliente, duro, muy placenteramente. Apoyó los pies en la cama y ella también movió sus caderas, provocando que los gemidos de ese hombre fuesen incluso más escandalosos.

– Me corro – le susurró – Kurisu-chan, kimochii

– Espera, espera un momento – le tumbó en la cama y bajó por su cuerpo, metiéndosela en la boca y acariciándola suave pero rápidamente.

– Joder, jod—

                No pudo seguir quejándose porque un gemido cortó sus palabras. Se le tensaron los músculos, la agarró del pelo y se corrió en su boca. Despacio, abundantemente, repitiendo el mismo monosílabo afirmativo una y otra vez. Le soltó el pelo y se dejó caer en la cama, abatido. Ella se tumbó a su lado, limpiándose con la sabana y sofocada. Encendió la lamparita esperando una mancha que no estaba por ninguna parte.

– Vaya, que raro…

– ¿El qué? – le preguntó entre jadeos.

– No he sangrado – le miró al escuchar su exclamación.

– ¿Eras virgen? – Ella asintió – no me he dado ni cuenta. ¿Te ha dolido?

– No. Estaba demasiado cachonda, creo – se rieron juntos. Toma tiró de su brazo y ella se tumbó en su pecho.

– Me lo tendrías que haber dicho.

– ¿Para qué? Me ha gustado igual ¿No?

– Habría tenido más cuidado – parecía realmente preocupado, así que le miró.

– Que no me ha dolido nada, idiota. Me ha encantado – sonrió pagado de sí mismo.

– Y tú me has matado, buenas noches, Kurisu chan.

– Buenas noches – le contestó tras recibir un beso en la frente, durmiéndose con sus caricias y una sonrisa.

5

                A la mañana siguiente se despertó la primera olisqueando el aire por el que llegaba un aroma delicioso. Se vistió mirando a Toma roncar suavemente, con unas ganas horrorosas de besarle pero conteniéndose por no despertarle. Salió de la habitación con cuidado, fue al servicio y después a la cocina. Al acercarse a la puerta vio a Nagase cerrar el frigorífico y acercarse a su amiga, que cocinaba de espaldas a él. Le susurró algo que no escuchó pero que hizo a Tifa reírse como una quinceañera.

– Cállate ya, tonto – dijo ella de manera tremendamente estúpida – se van a levantar de un momento a otro.

– Pues mientras no – las manos del hombretón subieron hasta las tetas de su amiga y dedujo que le mordió el cuello tanto por el ángulo de su cara como por el gemido ahogado de Tifa. Al ver a Nagase mover las caderas contra el culo de la cocinera se fue al salón y fingió una tos.

– ¡Te lo he dicho! – gritó Tifa en susurros. Nagase salió de la cocina cubriéndose el cuerpo con el brazo y riéndose tontamente porque le estaba dando con el paño de cocina.

– Buenos días – le dijo ella. Él la saludo con una sonrisa amplia.

– ¿Todo bien? – puso los brazos en jarras y la miró inclinando un poco la cabeza. Al asentir le dedicó una de sus sonrisas escalofriantes de enfermo mental.

– ¿Qué son esas carcajadas? – dijo Tifa desde la cocina al escucharla reírse con ganas. Se acercaron hasta donde estaba ella.

– Kurishtina ha pasado una buena noche ¿Ne? – le dio un codazo, ella no podía dejar de reírse.

– ¡¡Noooo!! – Soltó los utensilios de cocina y apagó el fuego, echando a Nagase de allí y cerrando la puerta – ¡Ya me lo estás contando todo! – le dijo en Español, sentándola en la mesa.

– Hostias tú, detalles no te voy a dar…

– Joé, pero bien, mal, regular…

– Demasiado bien para ser una primera vez – Tifa la zarandeó un poco – ni he sangrado.

– Anda, yo tampoco sangré mi primera vez, es una leyenda urbana que se dice para acojonarte. ¿Qué tal con las manitas?

– Bien, bien todo, no preguntes más que me muero aquí mismo como me acuerde.

– Combustión espontánea ¿Y de tamaño?

– ¡Mira, ya, ya basta, suficiente! – Tifa le acercó una zanahoria.

– ¿Más o menos? – preguntó entre risas.

– Ya vale hablar de mí, ¿Qué pasó ayer al final?

– Ah, nada – se dio la vuelta a cortar las verduras – se plantó en casa de Enoshi para hablar con él y le dijo que yo no tenía culpa de nada y que no paraba de darle largas. Así que ahora está enfadado con él. Dice que estuvo a punto de partirle la cara.

– ¿Se arreglarán? – Tifa asintió con una expresión segura.

– No es de guardar rencor…

– Por cierto, a ver si bajamos los decibelios en las reconciliaciones – Después de reírse de manera golfa la miró guiñándole el ojo – A mí no se me escuchó, ¿Verdad?

– Te hizo gritar ¿No?  Aaaanda que bien el niño…

– Cago en tu padre, déjame ya – se levantó para salir de la cocina entre risas y al abrir la puerta casi tira a Toma por tener la mano en el pomo.

– Buenos días – no tenía ni un pelo en su sitio, estaba incluso más guapo que el día anterior. Y le estaba dedicando una sonrisa tan grande que hizo que la de ella se ensanchara.

– Vete a la mierda, en serio, tonto, que eres tonto – le empujó muerta de vergüenza y se fue al salón sin mirar a Nagase, que se reía a carcajadas de ella.

                La mañana pasó tranquila, viendo la televisión con los dos imbéciles y riéndose mucho con ellos. Toma se sentó a su lado y le hacía caricias distraídas en el brazo, sonriéndole muchísimo. Tifa tarareaba mientras cocinaba y seguía tarareando cuando llevó la comida a la mesa. Se llevó todo el almuerzo mostrándole objetos largos y preguntándole si más o si menos y a cada mirada asesina daba una carcajada. Nagase empezó a enterarse a la tercera vez pero Toma seguía en la inopia, engullendo el pollo, el arroz y la sopa de miso. Nagase miró el reloj nada más acabar y se levantó con prisas.

– Como no nos metamos prisa se nos echa el tiempo encima, menos mal que nos hemos duchado esta mañana.

– Yo me tengo que duchar – dijeron Toma y ella al mismo tiempo.

– Lo normal si te manchas ¿No? – dijo Tifa levantándose de la mesa y provocando que Toma se riese avergonzado.

– Duchaos juntos y ahorráis agüita – les sugirió Nagase poniéndoles las manos en los hombros.

– ¿La guasa va a durar mucho tiempo? – preguntó ella.

– Me da a mí que todo lo que queda de día por lo menos…

                Se levantaron de la mesa para empezar a arreglarse y cuando estaba cogiendo ropa interior limpia de la maleta sintió sus cálidas manos en la cintura. Apenas se dio la vuelta que ya tenía sus labios pegados a los suyos. Le pasó los brazos por los hombros, igual de nerviosa que en el primer beso pero sintiendo las ganas de estar junto a él aumentar. No era lo mismo lo que sentía ahora, era mucho más intenso. Se asustó. Pero no por eso dejó que se alejase de ella, ni por asomo. No sabía que era mejor, sentir sus gruesos labios o su cálida mirada en la suya. Le encantaba rozar su nariz con la de él, y al hacerlo siempre sonreía un poco.

– Oe, ¿Quieres otros calz—ah, perdón.

– Sí, sí, dame – Nagase otra vez interrumpiendo, le dio los calzoncillos sin mirarles – metete tú primera y ya cuando acabes entro yo.

                Se metió en la ducha y se dio prisa porque no sabía cuánto tiempo tenía. Con la toalla alrededor del cuerpo fue a la habitación, cruzándose con Toma que se la levantó por debajo haciendo como el que echaba un vistazo. Con una sonrisita que pretendía (y conseguía) ser sexy y guiñando el ojo salió de la habitación; chocándose de frente con Tifa y tirándole la plancha al suelo.

– Pero mira que eres tonto – le dijo una.

– ¿Qué estabas haciendo andando de espaldas? – le dijo la otra.

– Ay, lo siento, lo siento – dijo él agachándose a cogerlo todo.

                Tras ver cómo una vez más su torpeza vencía a su atractivo, cerró la puerta, vistiéndose y sintiendo no mariposas, sino una jauría de galgos en el estómago. No quería pensar en tener que volver a España pero no le quedaba más remedio, era al día siguiente por la noche. Le iba a echar tanto de menos y le iba a joder tanto… de la nada le entraron ganas de llorar. Lo achacó a los nervios y a todas las emociones fuertes, así que dejo el sentimiento de lado y siguió arreglándose. Al volver al pasillo era todo una mezcla de perfumes: el intenso olor a hombre de Nagase; los olores del jabón de ducha que venían del baño y el dulce perfume de Tifa, que se acercaba a ella con una sonrisa diciéndole que dos gotas en cuello y muñecas.

– ¿Cómo te has hecho eso en el pelo? – le señaló el recogido que llevaba con alguna que otra mariposa de plata.

– Me enseñó Hitomi, que hablando de enseñar, ¿No enseño mucho? – dijo señalándose el escote.

– Hmmm – Nagase se asomó sobre su hombro con una sonrisita de lado. Ella le dio con la mano en la mejilla alejándole pero escondiendo la sonrisa tonta de turno. Al salir Toma de la ducha, ya con los pantalones y la camisa puestos, lo primero que hizo fue mirar al escote de Tifa.

– Wow, lo siento – se tapó los ojos riéndose.

– Sí, está claro que es mucho… bueno, ya no hay nada que hacer, me llevaré un pañuelo o algo – Toma asentía hasta que se fijó en su traje de chaqueta. Ella abrió los brazos.

– ¿Qué te parece? – Puso morritos y alzó una ceja.

– Te queda muy bien, estás muy interesante – se mordió el labio acariciando la barbilla de la chica con el pulgar y el índice.

– Tú también estás interesante, buena cosa esa de que no seas amigo del peine– enredó un dedo en uno de sus húmedos rizos, rozando su mejilla de paso. Se lo iba a comer allí mismo.

– ¿Lo lleváis todo? Nos vamos ya – Tifa fue metiéndoles prisa hasta el garaje, en el que Nagase cogió el coche más elegante y grande de los que tenía – me siento la mujer de un yakuza cada vez que me meto en este bicho monstruoso.

– Exagerada – dijo Nagase quitándole importancia. Ella le miró encogiendo la nariz.

– Exagerado tú, con los dos botes de gomina que te pones cada vez que hay algo importante. Por lo menos no te has quitado toda la barba.

– Meh, estoy guapísimo – le guiñó el ojo a su novia y hasta a ella se le escapó la sonrisa. La verdad es que lo estaba. Pero el que tenía al lado… verle en traje de chaqueta (aunque le quedase grande) fue un poco aniquilador para sus neuronas.

– Oye – le dijo Toma a Tifa – ¿No te irán a decir nada por los tatuajes?

– No creo – le respondió Nagase – aunque probablemente te miren mal. De todas maneras a Taichi no le va a importar así que…

– ¿Viene Taichi? – dijo ella ilusionada.

– ¿Cómo no va a venir? – Toma le dio con los dedos en la frente – ¿Pretendes que falte a su boda o qué?

– ¿EEEEEEHHHHH? – Se llevó una mano a la boca y de los nervios le dio golpetazos a Toma.

– Tienes la boca como un buzón, hijo mío – le dijo Tifa en español dándose la vuelta e intentando pegarle.

– ¡Iba a ser sorpresa, baka! – le dijo Nagase riéndose.

– ¡Y yo que sé! Se me ha escapado, pero mira que contenta está.

– ¡Y tanto! ¡Como para no! Ay, ahora me muero de ganas de llegar. Van a estar los demás del grupo ¿No? – Nagase asintió – ¡Voy a ver a Mabo!

– ¡Sí! ¿Nerviosa?

– ¡Pues claro no te jode!

– Es muy simpático – le dijo Toma – seguro que te cae bien. Probablemente intente ligar contigo.

– No me digas eso… – se tapó la cara con las manos riéndose – no salgo viva hoy.

                A pesar de no estar muy lejos, el viaje se le hizo interminable. Al llegar lo único que veía era gente arreglada que entraba en un edificio enorme pero por más que miraba no veía a nadie conocido. En la entrada miró la mesa en la que se iban a sentar, en la que constaban las siguientes personas: Nagase Tomoya, Ikuta Toma, Yoshima Shigeru, Yamaguchi Tatsuya, Matsuoka Masahiro, Tanaka Koki. Todos con sus+1.

– Que de gente en la misma mesa, deben ser enormes – Dijo Toma.

– Bueno, creo que los únicos que llevamos pareja somos nosotros dos y Gussan.

– No me jodas – dijo ella – No puedo con esta mesa. No voy a salir viva de aquí.

– Pues cuando mires a la de al lado… – Tifa le señaló una mesa en la que estaban los nombres de todos los miembros de Kanjani8.

– No sé si voy a llorar o a desmayarme – dijo riéndose como una histérica. Escuchó a Tifa soltar un “mmmmmmmmmmmhhhhiiii” agudo entre dientes y cuando miró a la puerta vio llegar a Horikita Maki.

– ¡Hola! – Le dijo Toma, ella reaccionó sorprendida y sonriente – No esperaba que vinieses, que de tiempo.

– ¿Qué tal? – le dijo Nagase a lo que la chica le sonrió inclinando la cabeza. Tifa los miraba mordiéndose el labio, la miró y le susurro de manera histérica “¡otp, OTP!”

– Bien, gracias ¿En qué mesa voy? – mientras miraba el tablón, ellos fueron entrando, Tifa mirando hacia atrás.

– ¿No te parece guapísima? – le preguntaba a Nagase – ¿A que es preciosa?

– Sí, es guapa, ¿Qué te pasa? – le preguntó riéndose.

– Mejor que no te lo cuente – le dijo ella. Nagase la miró confuso – hazme caso, no quieres saberlo.

– Ahí está la mesa, pero creo que primero nos van a servir algo ¿No? – dijo Toma señalando donde estaba casi todo el mundo, de pie y bebiendo tranquilamente – ¡Mira quién está ahí! Ven que te lo presento.

                Toma caminó hacia un grupo de gente y le puso la mano en el hombro a un hombre moreno y más alto que él. Cuando se dio la vuelta escuchó a Tifa hacer un ruidito; era Oguri Shun. Ahí estaba, sonriente y vestido con un traje de chaqueta que le quedaba de muerte.

– ¿Taichi ha invitado a todo el mundo o qué? – dijo él al darse la vuelta. Las saludó con una leve inclinación y se presentó tanto él como a su mujer.

– No puedo veros juntos – dijo Tifa riéndose – Ouroboros me ha destrozado la vida – Shun chasqueó la lengua.

– ¿Por qué todo el mundo me dice eso? – Toma se rio. Le encantaba ver como se reía. Parecía más adorablemente gilipollas que de costumbre.

– Porque tiene un final demasiado triste, ¿Por qué va a ser?

– ¿Qué es esto? ¿Qué hacéis juntos? – Se volvió despacio a la voz que escuchó a su espalda, sintiendo los golpes de Tifa en el brazo.

– ¡Eh, Matsu-nii! – Mabo le dio dos golpetazos en el brazo a Toma, que le miraba con cierta admiración. Con ese gesto tan suyo giró la cara hacia Nagase, adelantando el mentón – ¿Lleváis mucho aquí?

– Que va, acabamos de llegar. ¿Has visto a los demás? – negó con la cabeza. Acto seguido saludó a Tifa con una sonrisa, que le saludó moviendo la mano de manera histérica. Cuando la miró a ella la saludó igual, pero directamente no pudo reaccionar.

– Estoy bloqueada – le susurró a Tifa en español – creo que se me han roto las emociones por sobrecarga.

– Y yo creo que me he meado en las bragas de los nervios, me siento como un chihuahua cuando tiran petardos, coño – de los mismos nervios, empezaron a reírse a carcajadas. Al darse cuenta de que todos las miraban (unos más divertidos que otros) intentaron esconderlas.

                Antes de que pudiesen seguir charlando se las llevaron a las mesas, se acabaron los entremeses. Una vez sentada pudo admirar lo guapísimo que estaba Mabo, sin corbata, con los botones de la camisa más abiertos de lo que debería. Como siempre, escuchaba a Nagase charlar con toda su atención y no paraba de chinchar a Toma. Joshima se sentó junto a él, sonriendo y perdiéndose en sus pensamientos como de costumbre. Gussan vino un poco después, quejándose de que había demasiada gente y que era difícil no encontrar las mesas. Por desgracia no llevaba los brazos al aire, comprensible tratándose de una boda. Koki no hacía acto de presencia.

– ¡Hey! – escuchó a su espalda. Al girarse vio los alegres ojillos negros de Baru saludándola. Estaba sentado justo detrás de ella.

– Hola – dijo ella torpemente levantando la mano – ¿Qué ta… – se quedó a media pregunta. Todos los de kanjani estaban allí sentados.

– Estamos al completo – Baru hizo un gesto con la cabeza señalando su mesa. Ella se agarraba al respaldo de la silla como si se le fuese la vida en ello.

– Buuf – murmuró Tifa – lo que a mí me faltaba es ver a Nishiki en traje de chaqueta – susurró en español.

– Cuando acabemos la comida os presento ¿Vale? – las dos asintieron con energía. Baru miró por encima del hombro de ambas y se rio.

– Lo siento, lo siento, lo siento – Koki acababa de llegar con la corbata a medio poner y casi tirándose en la silla junto a Nagase. No estaba para nada peinado. Escuchó la risa nerviosa de su amiga sintiendo la suya amenazando con salir – hola tío, hola a los demás.

– Tranquilo – le dijo Nagase riéndose suavemente – la cosa es que has llegado ¿No?

– Por los pelos, me he cruzado con Taichi y la novia en la puerta.

– Que raro que no traigas a nadie – le dijo Mabo.

– Raro es que no haya traído ningún bicho – Se rieron del comentario de Nagase pero Leader les mandó a callar.

                Taichi y su mujer estaban entrando en el salón. Estaban los dos guapísimos y parecían muy felices, como los chicos sentados a la mesa. Se sentaron en su sitio, a la cabecera del salón que estaba repleto de invitados y dijeron unas palabras emotivas. Tras eso, los camareros empezaron a traer comida: platos occidentales mezclados con platos japoneses, carnes, pescados, de todo. Su mesa y la de al lado, a la que no paraba de mirar de reojo, era un coro de “umai” y “oishi” sin descanso. Los chicos hablaban entre ellos y tanto ella como Tifa, no hacían más que escuchar, sonreír y reírse como unas idiotas. Cuando esperaban el postre, Koki las miró.

– Llevo un rato preguntándome por qué hay dos occidentales en la mesa – el muy imbécil estaba intentando y consiguiendo ser atractivo mientras las miraba. Nagase se aclaró la garganta en cuanto las dos se rieron tontamente una vez más.

– Esta es mi novia, Piri-chan – hizo hincapié en la palabra novia mientras le ponía a Tifa una mano en la espalda.

– Ah, ya veo, ya, y ¿Tú eres la novia de alguien? – la miró a ella y después a Toma. Ella miraba de uno en otro, sintiendo ganas de volverse en la silla al escuchar a Baru riéndose y a Hina protestando.

– Nnnoo… – dudó al decirlo porque sintió la discreta mano de Toma en la pierna.

– No tiene, pero viene conmigo – dijo él.

– Aha, ya…

– Voy al servicio un momento, disculpad – Tifa se levantó, dejando un hueco a su lado. Koki no perdió el tiempo y se sentó junto a su silla ignorando las quejas de Nagase.

– ¿Te gusta Japón? – también ignoró por completo las suaves protestas de Toma.

– Sí, sí, me gusta mucho – miró a Nagase en busca de ayuda pero solo sonreía mirando la situación. No sabía ni qué decir ni qué hacer – llevaba mucho tiempo queriendo venir y hasta boda me he encontrado.

– ¿Conocías a Taichi? – se terminó de quitar la corbata, dejándola en la mesa.

– Su música y tal… conocía tokio y algunos grupos sí.

– ¿Te gustan los Johnny’s entonces? – se quitó la chaqueta del traje y se remangó. Al ver algunos tatuajes se puso más nerviosa. Lo estaba haciendo a posta y ella lo sabía.

– Algunos, no todos – al verle mirar hacia el lado, decepcionado se dio cuenta de como sonó lo que dijo – arashi por ejemplo no me gusta.

– Pero kanjani sí – se dio la vuelta y se encontró con la enorme sonrisa de Baru, que giraba la silla para hablar mejor con ella, también sin chaqueta – ¿Qué tal estos días? ¿Te lo has pasado bien?

– Sí, sí. Tifa me ha enseñado muchas cosas y he comido muchísimo.

– Sobre todo pasteles – miró a su lado, a Toma, que en una especie de competencia también se quitó la chaqueta. No entendía qué estaba pasando pero a esas alturas estaba muy nerviosa. Vio a Tifa llegar del baño alzando las cejas al ver que su sitio estaba ocupado, sentándose entre Nagase y Gussan, que empezó a darle tema de conversación. Pero ella no paraba de mirarle de reojo, intentando enterarse de lo que hablaban.

– ¿Y cuál es tu Johnny favorito? O ex Johnny, claro – la poca vergüenza de Koki era para partirse. Pero es que encima le hacía sonreír como una tonta.

– Yo sé cuál es – dijo Nagase distraídamente, poniéndose bien la chaqueta. Tifa le miró y él la miró a ella, pasándose la lengua por los labios y sonriendo – es Mabo, ¿Verdad?

– ¿Yo? – Miró al aludido, sorprendido por estar de repente en la conversación – ¿De todos los Johnnys yo?

– No. Bueno, sí, sí entre otros. Es que sois muchos – cuando le vio sonreír avergonzado se le escapó la risa. Estaba demasiado nerviosa, no podía unir un pensamiento con otro – un segundo. Tifa, enséñame dónde está el servicio – al alejarse de las mesas vio a Nagase aguantar la risa.

– Tía no explotes – dijo Tifa alcanzándola, iba casi corriendo – para, que me mato con los tacones.

– Necesito respirar, no puedo con tanto… imbécil a mi alrededor, ¿Y qué cojones le pasa a Koki de repente?

– Le habrás gustado, aprovecha – al abrir las puertas del servicio, Tifa se chocó con Nishiki, que se disculpó y les dejó pasó – que pecho más duro tiene, le dejaba duro entero, te lo juro.

– Joder, pero que burra – empezó a reírse a carcajadas, echando fuera los nervios. Se rio tanto que terminó llorando, doblada sobre el lavabo – no puedo volver a la mesa y al mismo tiempo me estoy muriendo de ganas.

– Pues están trayendo el postre, así que recomponte rápido que se come Tomoya el mío.

                Respiró hondo varias veces y tras un largo “aaaaaaaaay” al cielo fueron de vuelta a la mesa. Koki no se había movido de donde estaba, charlando con Nagase animadamente. Toma escuchaba como Mabo le contaba algo y ella se sentó ente los dos, contenta de poder mirarles y que no la acosaran a preguntas. Pero por otra parte estaba deseando volver a ser su centro de atención. Sintió unos golpes en la espalda.

– ¿Estás bien? Ryo me ha dicho que sonabas agobiada – le preguntó Baru.

– Sí, sí. Estoy bien, gracias por preguntar.

– Si necesitas que te acompañe la próxima vez me avisas. Bueno, que aproveche la tarta – le guiñó el ojo mientras le miraba la boca.

Sintió ganas de levantarse de nuevo pero mejor se centró en el pastel que tenía delante. Aunque no le gustaba. Le gustaba lo que tenía a los lados y a atrás, a esos sí que se los comía. Y lo que no entendía era por qué les llamaba tanto la atención. Por ella obviamente perfecto pero estaba un poco saturada. Pasó de pensar que había una lejana posibilidad de conocerles a tenerles delante, preguntando, insinuándose o directamente follando con ella. Miró a Toma. Ya la estaba mirando.

– Son un poco pesados ¿No? – le susurró. Ella asintió. No le podía decir que estaba encantada – oye ¿Puedo hacerte una pregunta? – le susurró, acercándose a ella.

– Dime – no pudo evitar mirar esa boca que tan bien besaba.

– ¿Soy yo tu favorito? – sonrió con unas ganas de besarle que se moría. Parecía preocupado de verdad.

– Pues claro que sí, inútil – apretó los labios y le sonrió con esos dientes de conejo que tenía. Menuda cara más tonta, pero que guapo con esos rizos desordenados. Sin darse cuenta buscó su mano, y él enredó un dedo con el de ella.

                La sala se oscureció y en un proyector pusieron un enternecedor video compuesto por momentos emotivos compartidos por los novios. Desde donde estaba sentada parecían emocionados, pero la sorpresa fue cuando Mabo y Leader eran los que más lloraban. Nagase se rio de ellos, pero también le brillaban los ojillos, mirando a Tifa y dándole con los nudillos en la mejilla como ya le vio hacerle varias veces antes. Y como siempre ella casi que se deshizo en la silla. Momentos después, tanto la novia como el novio se pasaron por las mesas, saludando, agradeciendo su presencia allí y dando regalos a unos y a otros. Justo cuando les avisaron de que pasasen a la sala con la barra libre y la pista de baile le entraron ganas de ir al baño de verdad. Se lo dijo a su amiga y dio una carrerita al baño fijándose de hacia donde se dirigían para no perderse después. No tardó mucho y fue con prisas hacia fuera.

– ¡Eh! ¿Estás bien? – Baru le puso la mano en el hombro – Es la segunda vez que vienes.

– Tendré poca capacidad, supongo – se puso muy nerviosa al contacto con él. Baru miró por encima de su hombro y del de la chica, sin soltarla. Era desesperante lo bien que le quedaba esa barba ridícula.

– Oye, te gusto ¿Verdad?

– Ahhm… – empezó a reírse, no podía mirarle a los ojos, joder si le gustaba…

– Porque a mí me gustas, me encantas – no le podía estar diciendo eso. Acababa de mear y creía que se meaba encima como le dijo Tifa antes – y veo que hay mucho listo suelto, por eso quería decírtelo.

– Vale – fue todo lo que le salió. Los ojos de Baru no se apartaban de los de ella, no podía moverse, no sabía qué hacer.

6

                Se alejo de ella, asomándose al salón. Y tras echar un vistazo volvió sobre sus pasos, directo hacia la chica, agarrándola por los brazos y besándola con ganas en los labios. Despacio. Intensamente. Quería devolverle el beso, pero solo pensaba en Toma. Baru estaba besándola y ella pensando en el narizotas de siempre. Baru pasándole las manos por la cintura y ella recreando ese momento en el que sus narices chocaron en la cocina. La lengua de Baru en su boca y ella solo pensaba en la de otro, en lugar de disfrutarlo en condiciones. Estaba, aterrorizada ante la idea de que los viesen y Toma se enterase. Baru le gustaba mucho, pero… Antes de que ella hiciese nada, él la soltó sobresaltado al escuchar una exclamación sorprendida a su espalda.  Al mirar hacia el salón de baile vio a Tifa, sola.

– Perdón – dijo con una sonrisita, corriendo de vuelta.

– Deberíamos… – dijo ella.

– Sí, sí – le dijo él, nervioso.

                Se apresuró a seguir a su amiga, llamándola de lejos. Se dio la vuelta y la interrogó con la mirada porque Baru venía detrás. Ella solo emitió un ruido que no se podía considerar como humano. Lo único que Tifa le dijo fue “no te preocupes, si es que te entiendo muchacha” Al llegar al salón, Taichi bailaba con la novia el primer baile lento pero ella no podía centrarse. Toma la saludó con una sonrisa y ella se puso a su lado sintiéndose culpable. Baru besaba muy bien. Muy muy bien. Estaba incómoda de lo mojada que tenía la ropa interior.

– ¿Te gusta bailar? – le susurró Toma

– Me gusta beber – dijo ella buscando la barra libre.

– ¿Estás bien? – le preguntó con una sonrisa.

– Creo que mejor que nunca…

La gente empezó a salir a bailar con los novios, en parejas, la misma canción lenta. Nagase le ofreció la mano a Tifa y aunque se negó al principio por vergüenza, cuando su novio le guiñó el ojo accedió. Ella no pensaba salir, tenía primero que ordenar su cabeza con lo que quería y lo que no. Quería besar a Baru, quería incluso follárselo si podía, pero no quería perder a Toma, fuese lo que fuese que tenía con él. Cuando estaba empezando a pensar que le iba a explotar la cabeza, Mabo, sin preguntar, la arrastró a la pista de baile. Le puso una mano en la cintura y con la otra sostuvo la suya.

– Tú sígueme ¿Vale?

– No me gusta bailar. No sé – dijo ella, nerviosa por tenerle tan cerca. Que alto era. Que atractivo.

– Estás muy tensa, relaja el cuerpo.

– ¡No puedo si estoy bailando contigo! – se rio brevemente.

– Llevas tensa desde que estábamos en la mesa. No sé si es porque los chicos no te dejan en paz o porque te pasa algo, pero relájate y disfruta de la fiesta.

– Creo que necesito beber algo

– Ahora vamos juntos, yo también tengo ganas – era increíble lo poco que le costaba charlar con él – tienes unos ojos enormes.

– Gracias, supongo.

– Y creo que a esos tres le gustas porque eres diferente. Están hartos de que las princesas les ronden y claro, en cuanto ven algo diferente… me encanta tu traje de chaqueta, muy elegante.

– Me ha ayudado Tifa a comprarlo, bueno, me lo ha comprado ella. Nagase en realidad. Tú también estás muy elegante. En realidad es que eres elegante.

– ¿Yo? – se rio otra vez – como no pares vas a tener un cuarto pretendiente.

– Me vais a matar entre todos… – al acabar la canción, Tifa tiró de su mano, llevándosela a la barra libre. Tras pedir bebidas se la llevó aparte, hablándole en español.

– ¿Qué coño ha pasado, rompe corazones?

– Pues que me ha comido la boca, ¿No lo has visto o qué?

– Eso ya, hija, digo antes…

– Solo me ha dicho que le gus—

– ¡Hay karaoke Piri-chan! – Dijo Nagase alegre, interrumpiéndola sin darse cuenta – en esa sala de al lado.

– Da igual – dijo ella cuando Tifa la miró esperando a que siguiese contando, después de sonreírle al novio – vamos al karaoke y ya hablamos en casa.

                Cuando llegaron, Koki era el dueño de los micrófonos y buscaba con ganas una canción en concreto. Cuando empezó se dieron cuenta de que era el opening de One Piece y Tifa se acercó corriendo a coger el otro micrófono. Cuando ella se sentó a observar el espectáculo buscó a Toma pero no lo encontró. Sin embargo, Baru estaba bien cerca y hacía tonterías con Maru, riéndose a carajadas. Estaba tan contenta de poder ver a los tontos de Osaka en estado natural que no podía parar de sonreír. Cuando Tifa se sentó a su lado, sonriente, Toma apareció y se acercó a ellas  acompañado de Matsujun. Ambas intercambiaron miradas y un discreto gesto de asco. Toma, con toda su buena intención, se lo presentó y las dos, por cortesía, le saludaron con la cabeza ligeramente. Antes de que le diese tiempo a abrir la boca, Baru también se acercó a presentarle a alguien. A seis personas más concretamente. Tifa sonreía de oreja a oreja y ella sentía que iba a explotar de la felicidad. Pasó la noche rodeada de ellos, viéndolos cantar, bebiendo copa tras otra y sintiéndose cada vez más achispada. Tifa, que no aguantaba el alcohol nada, ya estaba borracha. En un punto de la noche, Maru empezó a cantar Sorafune (muy borracho y muy mal) y tanto ella como su amiga hicieron un “¿¡Eeeehhh?!” a coro. No llevaba ni la primera estrofa que Nagase apareció en la sala de karaoke con cara de terror.

– ¿¡Quiénssstá destrozando mi canción!? – dijo más achispado que de costumbre.

– ¡¡HARA-CHAN!! – Le dijo Maru, también bastante perjudicado por las bebidas, corriendo hacia él y saltándole a los brazos. Nagase se reía sin parar y Baru fue al rescate de la canción. Una vez se quitó a Maru de encima se acercó a las chicas.

– ¿Os lo estáis pasando bien? Kurishtina, ¿te lo pasas bien?

– Sí, sí, nos lo pasamos bien las dos. Muchas gracias por traerme, está siendo un viaje perfecto.

– Muchsde nada. Pues mens mal, a mí hay una tía que no para de seguirme y sonreírme y me stácnsando ya.

– Que vnga si tiene valor – Tifa soltó el vaso y tiró de una silla poniéndola a su lado – ¿Queseso de que no telo puedaspsar bien en la boda de Taichi? – Hasta que no la escuchó hablar no supo lo borracha que estaba de verdad – siéntate.

– Voy a por algo de beber y—

– ¡Shh! – tiró de su mano – quiro estarcntigo.

– No bebas más – le dijo ella riéndose – trae que ya me bebo yo lo tuyo.

– ¡Kurishtina! – Koki cogió una silla y la plantó delante de ella, sentándose frente por frente – Baru no me cree cuando le digo que soy tu favorito. ¿A que lo soy?

– ¿Qué más da eso? No os peleéis, sois todos… guays a vuestra manera. Me gustáis todos. No hay un ranking, ni una lista, ni nada.

– Ah, pero yo he hecho una cosa que vosotros no – dijo Baru. Toma estaba detrás y se giró al oírle decir eso. Ella le miró con cara de asesina mientras Tifa decía “uuuuhh seva a liá” en español y Nagase preguntaba qué pasaba.

– ¿El qué has hecho tú, listo?

– Eso solo lo sabemos los dos, y los servicios – Toma se dio la vuelta completamente con el ceño fruncido. Era el único que no se había peleado por su atención y en cierta manera le molestaba.

– ¿Qué te ha hecho? – Le preguntó Koki – ¿Qué habéis hecho? Eso es jugar con ventaja.

– Sé más rápido la próxima – dijo Baru con chulería.

– Bueno, bueno, tampoco temociones que solo ha sidun beso ¿Eh? – le soltó Tifa. La mataba. Koki se quedó con los ojos como platos, Baru se reía y a Toma… no quería ni mirarlo.

– ¡Yo también quiero un beso! ¡Eso no es justo! No va a saber si le gusto más que tú si juegas con ventaja.

– Bueno – Toma cogió una silla y se sentó a su lado, pasándole el brazo por los hombros. También se había metido entre pecho y espalda unas cuantas copas de más – entones yo ya juego en otra liga – le dio un beso en la mejilla y se quedó mirándola. Esos ojos marrones que tenía… la mataba cada vez que la miraba sonriente. O cada vez que la miraba. Punto – ¿Eh, Kurishtina-chan? – su respuesta fue una risa tonta.

– Ea, ahí tienes al favorito. ¡A tomar por culo! – Koki se tiró al suelo, haciéndoles reír.

– ¡Lo siento! – Les dijo ella – es que las narices grandes son mi debilidad – le pegó un tirón de ella al tonto que la abrazaba, que se quejó con los ojos cerrados. Después de refregársela con cara de dolor, le sonrió – ¿No te molesta que Baru me haya besado?

– No, no tiene nada que hacer contra mí y mi narizota ¿No? – ella negó con la cabeza. Toma le susurró – No quiero que te vayas a España – ella chasqueó la lengua, menudas cosas le pedía – es que te voy a echar mucho de menos.

– Ni yo quiero irme.

– Pues quédate. Me encanta tu compañía – no se había enamorado nunca, pero como la cosa siguiese así no le iba a costar enamorarse de él.

– Claro, con el dinero que sale de los árboles.

– Con mi dinero – ella negó con la cabeza – ¿No quieres?

– ¡Pero si no me conoces! ¡Estás loco!

– Ya te conoceré, tenemos tiempo ¿No? Y nadie tiene por qué enterarse fuera de aquí.

Se quedó mirándole deseando decirle que sí, que por supuesto, que lo que quisiese, pero su cabeza le decía que era una locura. Podían llevarse bien ahora, pero, ¿Quién le aseguraba que al ver lo malo de ella no le gustase? ¿Y si se quedaba sola en Japón? Bueno, nunca se quedaría sola, Tifa estaría para ayudarla en caso de necesitar volverse. Pero seguía siendo una locura. Miró a la entrada de la sala de karaoke y vio a una chica con la vista fija en Nagase, así que le dio golpecitos a su amiga con el codo.

– Ahí está la stalker – Tifa miró donde le señalaba y acto seguido se levantó de la silla. Al principio temió que fuese a pegarle pero lo que hizo fue apartar a Hina y a Sakurai Sho de malas maneras del karaoke y poner ella una canción.

– Te vasssa cagar – le dijo a Nagase – toma, canta cnmmigo.

– ¿Qué vashacer? – ella le mandó a callar. Empezó a sonar “Kimagure one way boy” pero la versión de Tokio.

                Tifa empezó a bailarle a Nagase, al principio sutilmente, después un poco más cerca. Hasta que acabó de espaldas a él meneando el culo, bajándose la tiranta del traje y subiéndose un poco la parte de atrás, pegada a él. La stalker los miraba espantada, y más se espantó cuando Nagase, que en lo que llevaba ahí sentado se había bebido unas cuantas copas más, cogió a su novia por la cintura y se la sentó encima. Tifa no dejaba de mover las caderas, Nagase no dejaba de mirarla lamiéndose los labios, y ella tuvo que mirar a otra parte porque le estaba dando hasta vergüenza lo que pensó al verle con esa cara de salido. Eso sí, ni Toma ni Nishiki perdieron detalle. Supo que le había dado un beso (y probablemente no un besito breve) cuando escuchó exclamaciones. La stalker había desaparecido. Al acabar la canción repartieron los micrófonos y Nagase se llevó un buen rato diciéndole cosas a Tifa al oído, que se reía y se mordía el labio. Más adelante en la noche, Toma, Koki, Baru, Yoko y Okura cantaron una de arashi hasta imitando el baile y las caras serias. Fue una carcajada continua, porque además Toma imitaba a su amigo Matsujun y era demasiado. Cantaron mucho más, los eighto cantaron solos, a duo, con ella y sin ella y a pesar de la borrachera estaba siendo la noche de su vida. Ryo hizo un pulso con Mabo en el que perdió Mabo, lo hizo con Baru y obvimente perdió Baru. También le ganó a Toma y a ella, que para ese momento iba tan borracha que no sabía si le daba la mano o el pie. Nagase fue el único que le ganó, pero Tifa salió corriendo, trayendo a Gussan con ella. Y a Gussan no hubo quien le venciese. Terminaron casi todos con las corbatas en la frente, muchas camisas abiertas y algunos (como Leader) en los servicios vomitando. Mabo se quedó dormido en una silla con la boca abierta, Maru y Tifa no paraban de comer unos pastelitos que les sirvieron mientras charlaban animadamente y Taichi se moría de risa al ver a Nagase desafinando como un descosido colgado del cuello de Koki e intentando cantar “Born to be Wild”, inventándose la letra. Lo último que recordaba de la noche era Toma sonriéndole mientras le traía una copa más y a Nagase quejándose porque todo estaba en inglés.

                Se despertó a la mañana siguiente con el traje de chaqueta puesto (sin la chaqueta) y la almohada babeada. No era la almohada, era una camisa abierta. Y dentro de la camisa estaba Toma sin pantalones. No dormía, miraba al cielo a través de la ventana y la luz del sol hacía que sus ojos marrones se vieran más claros. Una presión brutal se hizo dueña de su pecho, un sentimiento tan fuerte que le sorprendió cuando le costaba hasta tragar saliva. Le encantaba sentirse así, era algo nuevo y maravilloso. Odiaba sentirse así porque significaba que cuando se fuese, todo ese buen sentimiento se iba a convertir en algo malo. Pero estaba donde estaba, sobre su pecho, con la nariz saturada de su olor y sintiendo como su respiración se acompasaba a la suya. Le observó pensar en sus cosas durante un buen rato. Tenía una mano sobre su cabeza y se estiraba distraídamente un rizo. Le odiaba por ser tan perfecto.

– Pero que gilipollas eres – le susurró en español. Él la miró y le sonrió, acariciándole el pelo.

– Ohayo, Kurishtina-san – quería escuchar eso todos los días. Quería despertarse así siempre – me has vuelto a babear – se rio apoyando la cabeza en su pecho porque era verdad – ¿Sabes? Llevo tres noches seguidas durmiendo contigo y no me canso, al revés, quiero más.

– Cállate – dijo ella agarrándole la cara – cállate ya y deja de ser… de decir…

                Toma se echó hacia el lado, tumbándose sobre ella, sonriendo y besando sus labios, su mejilla y su nariz repetidas veces. No podía evitar reírse, no podía evitar derretirse con las sonrisas que le dedicaba y los vellos se le pusieron de punta cuando le rozó el cuello con la narizota.

– Voy a hacerte el amor – le susurró al oído – voy a hacer que te corras con mi boca, con mis dedos y con esto – hizo que le tocase sobre los calzoncillos, soltándo un débil pero grave “hmm” – Voy a volverte tan loca como me vuelves tú a mí, Kurisu-chan.

                No pudo decir nada, le observó abrirle los botones de la camisa jadeante, cachonda con solo lo que le había susurrado y con la lujuria de sus ojos. Absorbió aire entre dientes al sentir su lengua por su cuello, por sus clavículas y sobre sus pezones. Subió las caderas al sentir sus labios en ellas y su nariz acariciarle el ombligo al tiempo que la lengua de Toma se colaba entre su carne ya húmeda. Iba despacio, desesperantemente despacio, y separándole los labios menores lamió todo su sexo. Se mordía los labios, sintiendo como el placer se convertía en gemidos que terminaban saliendo en suaves quejidos. Volvió a hacer lo mismo, rozándola con sus dedos sin penetrarla, pero esta vez siempre despacio. El orgasmo no fue una explosión, fue gradual, de menos a más. A tanto que separó la espalda por completo de la cama, tirándole del pelo y arañándole la nuca. No pudo evitar gemir, no pudo evitar que su cuerpo se revolucionase. No podía más pero Toma no la soltaba, besando sus muslos y metiéndole los dedos lentamente. Se quejaba, le pedía que parase pero no quería que lo hiciese al mismo tiempo. Volvió a tener un orgasmo con sus dedos, observando su expresión excitada y cómo cambiaba de mano sacándosela de los calzoncillos, rozándosela con los dedos mojados de sus fluidos.

– Sigo sin tener condón – se sentó en la cama y le empujó por los hombros, sentándose sobre él.

– Te he dicho que me da igual, joder – estaba tan sensible que al hacerle entrar en su cuerpo se tuvo que tumbar un momento en su pecho.

                Toma le acariciaba la espalda, besando sus labios mientras ella se balanceaba despacio sobre él. Sentirle dentro era lo mejor que le había pasado en la vida, tenerle piel con piel, mirándola a los ojos y comiéndosela a besos era un sueño hecho realidad. Quería decírselo, pero no podía hablar, le era imposible hacer otra cosa que no fuese gemir. Cada centímetro de su erección hacía presión en su interior y el clítoris le rozaba con su pelvis. Quería moverse más rápido pero le temblaban las piernas de puro placer. Toma la agarró del trasero, poniendo los pies en la cama y tras dejar la lentitud y suavidad a un lado la penetró con energía. Al ver que iba a gemir le mordió el hombro, lo que hizo que Toma se quejase más fuerte de lo que debería. O jadease. O gimiese. Eso era lo de menos, lo que de verdad importaba era que ya no sabía cuándo empezaba o terminaba un orgasmo porque cada vez que entraba en ella hasta el fondo le daba un placer indescriptible. Le dijo que no parase, que quería más, y sin darse cuenta se lo dijo en español. Toma gruñó algo que no entendió en japonés y la puso de espaldas a él. Cuando la embistió en esa postura, tuvo que morder la almohada porque todo lo que salía de entre sus labios eran gemidos escandalosos. No podía más, no podía correrse más, estaba empezando a estar agotada y le dolía la garganta de gemir. Además, estaba empapada en sudor, cosa que a él no le importó al tumbarse en su espalda, expulsando el aire de sus pulmones de una vez, sacándosela y rozándose con su culo. Se quejaba en su oído, su voz se rasgaba en un gemido largo terminando en jadeos que se unieron a los de ella.

– Toma – dijo como pudo – no puedo respirar, quítate de encima – se rio, aun gimiendo un poco, y se quitó de encima, tosiendo.

– Ay, joder, me muero.

– Shh, cállate, tú te has corrido solo una vez. Creo que acabo de perder dos kilos.

– No sé si dos kilos pero dos litros seguro, no he tragado tanto comiéndome un coño como contigo – dio una carcajada llevándose las manos a la cara.

– ¡SERÁS BRUTO!

– Tienes un problema de fuga de líquidos entre eso y lo babosa que eres al dormir…

– Cállate ya, imbécil, yo al menos no tengo cara de gilipollas.

– Bien que te gusta – le llevó las manos a las costillas y empezó a hacerle cosquillas por más que ella le imploraba que parase. No sabía qué hora era pero no podía evitar reírse a pleno pulmón y él al escucharla hacía más de lo mismo. Acabó con Toma sobre ella, besándola tiernamente.

– ¿Se puede? – Nagase llamó a la puerta y abrió al mismo tiempo.

– ¿¡Serás imbécil?! – le dijo ella tirando de la sábana en vano porque estaban al revés en la cama y era imposible taparse.

– ¡Lo siento! – dijo cerrándo y riéndose.

– ¡Espera a que la gente conteste antes de entrar! – le dijo Toma – de verdad, me sorprende lo tonto que es.

– Mira quién fue a hablar – le dio un empujón que casi lo tira de la cama, agarrándose al borde con cara de terror. Le volvió a dar un ataque de risa. Toma se le quedó mirando con una expresión alegre pero extraña y esperó a que se le pasase para darle un beso.

– Te quiero Kurishtina.

– Y yo – le contestó sin si quiera pensar, poniéndose como un tomate nada más soltarlo.

– Pues quédate.

– No me pidas eso, no puedo.

– ¿Tienes pareja allí?

– No pero—

– No te preocupes por el trabajo, tengo dinero de sobra.

– No me conoces.

– ¡Cris son las seis y media de la tarde, como no salgas vas a perder el avión! – le dijo Tifa.

– ¡Ya voy! – no se quería levantar de la cama pero llevaba razón, tenía que moverse. Pero estaba demasiado bien con Toma y no quería irse. Después de todo lo que había vivido con él lo que más quería era quedarse para siempre.

– Me encanta lo que conozco de ti. Por favor, no te vayas – le imploró.

– ¿Pero por qué dices que me quieres? No lo entiendo ¿Qué te gusta tanto de mí?

– ¡Y yo que sé, te podría preguntar lo mismo! No puedo explicarlo, es todo y nada en concreto. Es tu manera de ser tan única, lo simpática que eres y al verte con Tifa, apoyándola cuando estaba mal, veo que eres buena persona. Y cocinas con curry de lujo, eso te da muchos puntos.

– ¡Venga ya! – se rio con él pero cambió la expresión a una seria – si de verdad quieres que me quede contigo tengo que volver para hablar con mi gente. Ponerlo todo en orden.

– Vale, como quieras, te pago el billete de vuelta. Dime fechas y lo arreglamos.

– Estás loco. Estoy loca. Como una puta cabra, te lo digo.

– Eso ya lo sé yo. Es parte de tu encanto, babosa.

– ¿Me acompañas al aeropuerto?

– Te acompaño a donde quieras, Kurisu-chan.

                Se levantaron de la cama y se vistieron, recogiendo la habitación y todas sus cosas, guardándolas en la maleta y con cuidado de no dejarse nada. Al salir a la cocina, les recibió un sonriente Nagase y Tifa con cara de querer morirse. Tenía una resaca brutal.

– Si no bebo nunca es por algo – les dijo en el coche – me estoy muriendo…

– Menos mal que es sábado y mañana descansas – le dijo Nagase – otros trabajamos.

– No me lo recuerdes – le dijo Toma – no quiero.

– Si yo ganase lo que ganáis vosotros no me quejaba, así que calladitos – les regañó ella. Nagase la miró desde el espejo retrovisor haciendo el saludo militar.

– ¡Sí, señora!

– Te iba a preguntar si te lo has pasado bien – le dijo Tifa una vez que llegaron, delante de la puerta de embarque – pero me parece ridículo, es obvio que sí.

– Muchísimas gracias por todo – le dio un abrazo enorme – A los dos, muchísimas gracias de verdad. Me habéis cambiado la vida.

– Tanto como eso… – dijo Nagase apretándole el hombro. Menuda manaza tenía el hombretón – pero de nada.

– Bueno – le dijo Toma con un suspiro – espero tu mensaje. Cuando lo organices todo, me avisas – vio la cara de curiosidad de Tifa – ya os lo contaré.

– Cuando esté hecho, los planes no se cuentan que no salen – dijo Nagase, Tifa puso los ojos en blanco.

– Que supersticiosos sois los japoneses. Ven pronto otra vez ¿Vale?

– Sí, sí – Toma le apretó discretamente la mano, sabía que no iba a despedirse con un beso, al fin y al cabo era japonés – no te preocupes por eso que voy a volver…

EPÍLOGO

                No paraba de beber agua, pero es que hacía tanto calor al borde de la carretera que le iba a dar algo. Su amiga se sentó a su lado, en la moto que les prestó Nagase. Le quitó la botella de agua y escondió un eructo.

– No hay una vez que salgamos que no nos perdamos por su culpa – dijo señalando a los dos hombres que miraban el gps sudando a chorreones.

– No me voy a quejar, me encantan estas salidas.

– Joder, y a mí.

– Vamos a parar – le dijo Toma con los rizos pegados a la frente – hay una playa aquí al lado y necesito bañarme.

– ¿Pero tienes bañador? – le dijo ella apartándole el pelo de la cara.

– ¿Quién quiere bañador teniendo calzoncillos? – Nagase le enseñó el borde de los suyos, azules chillones.

– En serio, esperemos que no haya gente porque como tengáis fans cerca van a andar incordiando – dijo Tifa.

– Por esa regla de tres no te quites la camiseta, tetona – le contestó el novio pinchándole el pecho con los dedos.

– Te has traído el bikini ¿No?

– Sí, hombre, si la idea principal era ir a la playa antes del festival de música, aunque no sea a esta a la que íbamos.

– Una playa es una playa, ¿Te vas a poner quejica? – Toma miró sobre su hombro y vio a Tifa en los brazos de Nagase, riéndose como una chiquilla – vamos a descansar que nos queda mucho que preparar en casa.

– En casa suena tan bien – le cogió la mano aunque se mostraba reticente – no hay nadie alrededor.

– Kurisu, en la calle no…

– Cállate, estamos a tomar por culo de todo – a pesar de que a él le daba una vergüenza tremenda las muestras de cariño en público, tiró de su camiseta y le dio un breve beso en los labios.

– ¿Me quieres? – le preguntó en susurros Toma mirándola a los ojos.

– No, lo he dejado todo en España para estar contigo pero es por aburrimiento – Para su sorpresa, Toma la abrazó con fuerza, riéndose.

– Gracias por aparecer en mi vida – Ella sonrió. Desde que estaba con él eran todo sonrisas. Echaba de menos a su familia, echaba de menos a su tierra, pero solo el pensamiento de alejarse de su lado era como pensar en arrancarse un miembro de su cuerpo. No quería admitirlo (y nunca lo haría en voz alta) pero estaba enamorada, por primera vez y esperaba que por última.

– Cuando queráis nos vamos ¿Eh? – les dijo Tifa ya subida tras Nagase.

                Toma se rio avergonzado, pidiendo perdón. Se pusieron los cascos y se subió tras ella, que arrancó la moto y siguió a Nagase. Escuchando las instrucciones de Toma bajaron hasta la playa, fueron al hotel, fueron al festival y de vuelta a casa. No le importaba si en su vida iba a ser guiada por un gilipollas. Es más, mientras fuera a su lado y estuviese feliz, no le importaba nada convertirse en una a su lado.

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18 comentarios en “New Friends

  1. No pierdo la esperanza de que algún día ocurra algo, que seguramente no se le asemeje a este fic, pero espero que sea en Japón (Osaka), comiendo gyozas, con unas birras, y de cháchara. Solo con eso, me conformo. Tú, los T y yo.

    Gracias por el fic 🙂

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  2. Segunda lectura hecha. Todavía no me creo lo inoportuno que es Nagase, pero es muy majete (le caigo bien xD). Ni lo de Subaru (cómo se comporta), en realidad… pero bueno, mola. Lo de Toma sé que pasará, no pierdo la esperanza. Ve yendo a Japón, anda.

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  3. Ahhh…me he tardado un poco en leerlo, pero lo he disfrutado mucho!!
    Kurisu-chan chica con suerte!!!! 😀
    Es tan lindo, tan loco…he adora a esa faceta ebria de todos!!!xD
    Al terminar el capitulo 4 me he dicho…”Como que le falta un poco de Mabo….aparicion especial o algo…” pero despues he pensado…”Mabo estaba algo solito, necesita quien lo acompañe!!”xD
    Bueno…bueno….ya sabes Pili que todo lo que escribes me encanta, eres genial y siempre te leo con tanta felicidad!! ❤ ❤

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  4. CABRONA. ME ACABO DE DAR CUENTA AHORA (quinta lectura, creo). QUE ME QUEDABA HASTA EL DOMINGO Y SOLO HAS ESCRITO HASTA EL SÁBADO. ME HAS ROBADO UN DÍA. NO ME QUIERES NADA TT_TT

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