Tiritas

(Aconsejo reproducir la canción mientras se lee)

Mi mejor amiga me señaló al hombre que se apoyaba en la barra con aspecto abatido. Nos sonreímos de manera traviesa y me acerqué a él con mi mejor contoneo de caderas.

-¿Puedo preguntar qué haces tan solo? – dije con voz melosa. La apatía dejó paso a la curiosidad en su rostro.

– No tenía ganas de estar con nadie…

– ¿Molesto? ¿Me voy? – señalé con el pulgar por encima de mi hombro, pero tras pensárselo un poco negó con la cabeza. Incluso sonrió débilmente. Me presenté, se presentó – ¿Qué te tiene preocupado?

– Supongo que me he quedado sin tiritas para este – se señaló el pecho mientras le daba un trago a su bebida. Al mirarme se encogió de hombros, suspirando.

– Yo tengo unas cuantas. Son resistentes, a prueba de agua o cualquier fluido – me incliné sobre él, tocando su hombro casualmente – pero las tengo en mi habitación. Si me acompañas, te las pongo.

                Al mirarle de nuevo, le guiñé, haciéndole reír. Y me pasé toda la noche “poniendo tiritas”.

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