Room Service

Tenía este relato pendiente desde hace mucho pero aquí está al fin.Esta vez la inspiración viene de más personas de las acostumbradas y es que no es para menos. Los protagonistas son dos matrimonios y la narración es desde el punto de vista de ellas (que son la noche y el día) porque me es más fácil básicamente.

Los Holloway

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Ella es Claire Sinclair, buenorra, todo curvas, está como una cabra, es conejita playboy desde los 18 y ahora trabaja en las vegas de stripper. Pero en el relato es algo más.

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Josh

Su encantador marido que te mira y te deja embarazada es Josh Holloway, actor y un golfo ♥

Los Nagase

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Ella, aunque ya lo sabéis, es mi amada Horikita Maki. Actriz, modelo y la perfecta japonesa educada y correcta.

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BURF ♥

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No necesita ser presentado si me leeis aunque sea un poco xD Él es Nagase Tomoya, cantante, compositor, actor, guitarrista y motero. Born to be wild

Y ya os imaginaréis a dónde puede llegar la cosa. Un adelanto. Sneak Peek.

  comerabo

El cómo es la pregunta 😉

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1

La recepción del hotel era enorme. Un botones muy amable se llevaba mis maletas a la habitación, y se me quedó mirando extrañado al ver que no me movía de allí. Le expliqué en pocas palabras que estaba esperando a mi marido, y es que no quería entrar en la habitación de nuestra luna de miel sin él. Era un cabezota, por más que le insistieron se empecinó en aparcar él mismo su coche. Había ocasiones que no estaba segura de que me quisiese más que a sus cacharros con ruedas (sobre todo los de dos), pero no podía decirle nada cuando veía su cara de felicidad al contarme que le había cambiado una pieza a tal moto o que había conseguido un nuevo coche vintage. Desde luego por dinero no nos podíamos quejar… Miraba a la salida del hotel con las manos frente a mi cuerpo, agarrando las asas de mi bolso y esperando un poco impaciente. Seguramente se había quedado a hablar de coches con esos chicos, como si lo viese.

– ¿No hay nadie aquí o qué? – miré a mi derecha al escuchar el timbre de la recepción. Lo primero que vi fueron unos enormes pechos oprimidos bajo un fino traje negro, muy apretado por arriba y suelto de cintura hacia abajo. Aunque no es que hubiera mucha tela entre esa cinturita y las rodillas… Me pilló mirándola de lleno.

– Lo siento – me apresuré a decir inclinándome levemente. Esa chica hizo un gesto con la mano quitándole importancia al asunto, arrugando una naricilla preciosa, para ser occidental.

– ¿Sabes si hay alguien por aquí que pueda atenderme? – negué con la cabeza y miré dentro del mostrador con ella. Por su forma de hablar deduje que era americana.

– Quizás están almorzando – dije empezando a practicar mi inglés, temerosa de que no me entendiese por mi fuerte acento japonés.

– Claro, es que ese es el problema, que yo también quiero almorzar y el teléfono del servicio de habitaciones no parece funcionar.

– Pero el restaurante está abierto, puedes ir cuando quieras – Me miró con una sonrisita.

– Mi marido no tiene ganas de salir de la bañera – Cuando alzó las cejas varias veces se me escapó una risita estúpida y me puse tan colorada que no supe donde mirar – ¡Ah! Por fin… – le explicó al recepcionista su problema y cuando dijo su número de habitación miré mi tarjeta llave para comprobar que estaba a una puerta de la mía – bueno, nos veremos por aquí – me dijo antes de marcharse – encantada…ehm… – me miró esperando que le dijese mi nombre, pero tardé en darme cuenta porque estaba pasmada admirando lo bonita que era.

– Ah, perdón, Maki.

– Encantada Maki – dijo ella sonriente – soy Claire – vi que alzaba una ceja mirando por encima de mi hombro – Que bombonazo acaba de entrar por ahí – me di la vuelta para admirar lo que ella admiraba y vi venir a mi marido, sonriente y con la chaqueta en la mano.

– ¿Vamos? – me dijo en japonés. Claire se rió por lo bajo y él se percató de su presencia. Después de fruncir el ceño levemente y de mirarla con curiosidad, me miró a mí.

– Es Claire, está a una habitación de nosotros con su marido – me preocupé de dejar bien claro que estaba acompañada – este es Tomoya – le dije a ella.

– Oh, encantado – dijo moviendo la cabeza ligeramente, a ella le dio la risa floja.

– Igualmente – se dio la vuelta y la seguimos hasta los ascensores.

Estaba un poco mosqueada con la situación. Sabía que él la había mirado y que seguía mirándola, solo que por no ofenderme disimulaba. Aunque tampoco me extrañaba, la chica era impresionante. Cuando llegamos al piso de arriba se despidió con una sonrisa y me apresuré a entrar en la habitación.

– ¿Qué te pasa? – Tomoya siempre me decía que mi cara era como leer un libro, no podía ocultar ningún sentimiento, era incapaz.

– Es muy guapa – dije arrastrando las maletas hacia los armarios – te mira mucho.

– Tú eres más guapa – tiró de mi mano y me abrazó. Me miró a los ojos acariciando mi mejilla, arrancándome un suspiro – no me voy a cansar de repetírtelo nunca porque cada día que pasa, lo eres más – y me dio un beso en los labios tan dulce como sus palabras.

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– Se te va a arrugar – le dije a Josh señalándole lo que le colgaba flácido entre las piernas cuando entré en el cuarto de baño. Abrió un ojo y me miró desde donde estaba, con los brazos apoyados en el borde de la bañera – tiene pinta de estar muy caliente.

– No más que tú – me dijo sentándose y admirando como me desnudaba.

– Eso es evidente – me metí con él en la bañera, apoyada en el lado opuesto en la misma posición que él – el vecino de ahí al lado está tremendamente bueno.

– Ah, que bien – sentí sus pies acariciándome los muslos.

– Son asiáticos y creo que ella te va a poner muy cachondo – dio una carcajada de las suyas, de las que me enamoraron.

– ¿Y eso por qué? – tiró de mi mano y me hizo apoyar mi espalda en su pecho, abrazándome por la cintura mientras me olía el pelo.

– Porque tiene pinta de inocente y tú eres un cerdo.

– La primera queja que tengo por tu parte – le miré a los ojos.

– No era una queja – me besó despacio, pretendiendo ser un beso normal pero con esa lujuria escondida que siempre tenían sus besos.

– He perdido la cuenta de las veces que te he visto desnudarte, pero siempre me pones igual de nervioso.

– Sí, es una capacidad que tengo – moví el culo contra su entrepierna, poniéndosela dura – poner nerviosos a los hombres. Resulta que es mi trabajo, mira tú por donde.

Se rió mientras me besaba de nuevo sin esconder su lujuria y rozándome despacio los pechos. Eso era algo que apreciaba muchísimo de él, que nunca era brusco cuando empezábamos a hacer el amor. Era lo que me ponía más cachonda, cuando me tocaba haciéndome sentir tantas cosas, sabiendo de antemano que me iba a volver loca. Cuando las caricias de sus manos bajaron por mi cuerpo, llamaron a la puerta del baño.

– ¿Señora? – dijo tímidamente el chico que subió a reparar el teléfono sin entrar.

– Antes al abrirle la puerta no paraba de mirarme las tetas a través del traje – le susurré a Josh.

– Pues que mire bien – me dijo él haciéndome reír – ¡Pasa chico! – cuando abrió la puerta también se le abrió la boca, y miró rápidamente a sus pies.

– Ya tiene el teléfono arreglado, si necesita cualquier cosa no dude en avisarme.

– Muchas gracias cielo, coge de la cartera lo que quieras y cómprate algo por mí, ¿Vale? – levantó la vista e intentó mirarme a la cara sin conseguirlo, obviamente.

– Nunca he visto correr tanto a alguien del servicio de habitaciones – me dijo Josh cuando se hubo ido de la habitación.

– Irá a hacerse una paja – le dije yo sonriendo.

– Eres una cerda provocadora, te encanta – me dijo agarrándome la cara y besándome bruscamente. Me tumbé en su pecho y le besé durante un buen rato, pero me sonaron las tripas.

– Luego seguimos, tengo que darle de comer al dragón – me miró salir de la bañera y enrollarme en una toalla casi ofendido .

– Más te vale pedirme algo rico. Invitas tú.

– Vale, pero sal de ahí y vente aquí conmigo.

Descolgué y sonreí al escuchar el pitido que indicaba que el teléfono tenía señal. Cuando me contestaron pedí pollo para mí, ternera para él y el postre con más chocolate que tuviesen. Estaba preguntando por las sugerencias del hotel cuando sentí que me arrancaba la toalla. Miré a Josh poniéndome un dedo ante los labios, pero no me hizo ni caso. Deslizó los dedos entre mis labios menores y me tapé la boca, riéndome y gimiendo al mismo tiempo.

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– Vamos a almorzar y a curiosear el hotel, luego lo guardamos todo. Tenemos cuatro días por delante cariño.

Asentí siguiendo a mi marido fuera de la habitación. Me puse un poco nerviosa cuando me besó en la mejilla delante de todo el mundo mientras bajábamos en el ascensor. No era normal que él actuase así pero teniendo en cuenta que estábamos en un país extranjero tampoco era tan raro que actuase más como él mismo. Vimos que junto al comedor había una sala de baile con un escenario, con su tablón anunciando las actuaciones de la semana. Nos encontramos con una sala llena de ordenadores que ni nos molestamos en mirar, y en la terraza (que era realmente grande) había una piscina enorme rodeada de tumbonas de plástico blancas bajo sombrillas de paja. No estaba tan llena de gente como pensaba, a pesar de que hacía bastante calor. Bajamos las escaleras y nos encontramos con un gimnasio totalmente equipado, incluso había una sauna y una zona de piscinas termales. Desde luego el hotel era más de lo que me imaginaba. Finalmente fuimos al restaurante, y mientras yo cogía del buffet libre comida que no había probado nunca, él se limitaba a llenarse el plato de carne. Cuanto más grasienta, mejor. Le miré sonriendo y negando con la cabeza.

– Algún día te va a dar algo malo – le dije cuando íbamos con los platos a la mesa.

– Esto lo quemo todo luego en el gimnasio – me dijo guiñándome el ojo.

– No te vas a morir por comer verduras…

– Suficientes como en casa, que no me malinterpretes, las haces riquísimas. Pero soy más de carne, ya lo sabes.

– Tú sabrás, cuando tengas un barrigón a ver si puedes llevar la moto con la misma facilidad.

– ¡Claro que sí! No digas tonterías, voy a estar bien.

– Como quieras, gordito – me sonrió, metiéndose un trozo de carne más grande de lo normal en la boca mientras le chorreaba la grasa por la barbilla.

Siempre estaba haciendo el tonto y probablemente eso era lo que más me gustaba de él. Cuando terminamos de almorzar fuimos a los postres, y para no variar cogió el postre con más fresas y nata de todos los que había, echándome en cara que él comía fruta mientras yo me comía un flan y que quién era la gorda ahora. Ahítos y sonrientes volvimos a la habitación del hotel. Justo antes de entrar vimos a Claire salir con su vestidito, unas gafas de sol y un bolso enorme. Nos sonrió ampliamente al vernos.

– ¡Hola! ¿Ya habéis almorzado? – Asentimos – voy a la piscina un rato, ¿os unís luego? Mi marido está reposando la comida pero luego bajará – miré a Tomoya y ya me estaba mirando.

– Lo que tú quieras – me dijo. Miré a Claire y asentí.

– Vale, luego nos vemos – Cuando entramos en la habitación y nos sentamos en la terraza a reposar la comida, estaba pensativo – ¿En qué piensas?

– En que conozco a esa chica de algo… pero ahora mismo no sé de qué.

– ¿A ella? Puede ser modelo, desde luego – me miró encogiéndose de hombros – me da curiosidad su marido. Debe ser muy atractivo.

– No tiene por qué. Mírate a ti, estás conmigo – resoplé.

– Sí venga ya, si todas te miran con deseo… y lo sabes.

– Nunca como te miro yo – dijo alzando una ceja, poniéndome muy nerviosa.

– ¡Calla, idiota! Voy a ponerme el bañador – cuando salía de la terraza me dio un leve pellizco en el culo, haciéndome dar un gritito.

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No es que el sol picase, es que me iba a quedar del color de las gambas si seguía tumbada como los lagartos. Así que moví la sombrilla de forma y manera que me diera sombra al cuerpo completo. Cogí el refresco de frutas que tenía en la mesita mientras pasaba la hoja de la revista. Me encantaba ver los modelitos que se ponía esta y aquella, y sobre todo ver como las criticaban sin parar y les sacaban defectos. Por suerte yo nunca salía en ese tipo de revistas, aunque no tendrían mucho que criticar. Sentí que me miraban así que alcé la vista.

– ¡Ah! Maki, ¿Qué tal? – llevaba un vestidito celeste realmente lindo, demasiado para mi gusto. Se sentó recatadamente en la tumbona que me quedaba a mi izquierda, con la mesa de por medio.

– Bien, hemos comido mucho, estaba todo riquísimo.

– Sí que es verdad, no tengo quejas del hotel. Al menos de momento – sonrió un poco incómoda, mirando a su alrededor – ¿No tienes calor? Yo me estoy asando.

– Un poco, sí…

– Pues ponte en bikini, mujer – me recogí el pelo de cualquier manera, tumbándome de lado en la tumbona para charlar con ella. Se quitó el trajecito y lo dobló con cuidado metiéndolo en su bolso. Se tumbó y se sobresaltó cuando el camarero se acercó.

– Tráele lo mismo que tengo yo – le dije a éste, ella me miró – está buenísimo – asintió sonriente. Se le veía un poco incómoda – ¿Y tu marido?

– Está arriba, fumando. No me gusta que fume delante de mí así que siempre se escapa unos minutos.

– A mí tampoco me gusta el tabaco la verdad aunque a mi marido también parece encantarle. Solo he visto al tuyo una vez, pero me da la impresión de que se van a llevar bien.

– No sé, él tiene muchos amigos americanos. Es posible que… – vi como a la chica se le abrían los labios mirando justo detrás de mí, y no me dio tiempo a girarme. Josh me dio un beso en la mejilla, acariciando mi cintura con sus manos.

– Ohhh, que fresquitas, tócame un poco la espalda que me muero de calor – le dije al sentir sus dedos helados.

– Nena, ¿Te has puesto crema? Vas a quemarte.

– Estoy a la sombra, no pasa nada. Josh, esta es Maki, nuestra vecina – Josh la miró, ella miró al suelo inclinándose un poco y tragando saliva. Josh tenía ese efecto en las mujeres, siempre pasaba lo mismo; en el momento que las miraba a los ojos se ponían tontas. Y yo la primera.

– Encantado, preciosa – le dijo él, sonriendo de esa manera que sabía que nos mataba. Me miró – voy a meterme en el agua, ahora mismo no hay nadie y tengo la piscina para mí.

– Venga anda… – cuando se puso de pie, le di una buena cachetada en el culo. Se giró aspirando y frunciendo el ceño, pero después se rió, que era lo que yo iba buscando – No le hagas mucho caso, siempre se comporta así con las mujeres que conoce.

– ¿Y no te molesta? – tenía los ojos clavados en él, mirándole nadar.

– No, es solo tonteo – me miró alzando las cejas – por las noches con quien duerme es conmigo ¿No?

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Si yo tuviese esa cara y ese cuerpo tampoco tendría miedo de que me quitasen a mi marido. Mirar sus tetas me hacía sentir vergüenza por las mías, diminutas en comparación. Y ella tenía curvas, mientras que yo era prácticamente recta. Volví a mirar a Josh, estaba sorprendentemente bueno, y no pude mirarle a los ojos demasiado tiempo pero me impresionó lo verdes que eran. Y tenía una espalda tan ancha… estaba más fuerte que Tomoya, aunque la mirada de mi marido no tenía nada que envidiarle a la de él. Me llevé un susto al sentir que se sentaban a mi lado, me giré y Tomoya me acarició el pelo.

– ¿Dónde mirabas? – me preguntó, haciéndome enrojecer y sentirme culpable.

– A mi marido, Josh – Tomoya miró a Claire susurrando “¿Eeeeh?” – no es tan raro. Déjala, es humana, tiene ojos en la cara.

– Sí ¿No? – estaba ofendido, se había ofendido de verdad. Lo cual me cabreó un poco porque acababa de mirar a esa chica de arriba abajo.

– No me mires así, tú también lo haces – nos quedamos mirando un poco serios, hasta que los gritos de Claire nos sacaron de esa situación tan fea.

– ¡¡Me cago en—!! ¡¡Josh!! – se había tirado sobre ella, mojándola entera y riéndose sin parar.

– Está fresquita, vente – cuando le dio un beso en los labios y ella le pasó los brazos por el cuello miré a otra parte, sintiéndome enrojecer.

Se la llevó en volandas mientras ella gritaba y se llevaron un buen rato en la piscina. Se les veía tan bien que me dieron envidia. Y es que allí estaba yo, con mi marido enfadado a mi lado y yo un poco enfadada también. No hablamos todo el rato que estuvieron en la piscina y me dio un poco de rabia verles reírse tanto y pasárselo tan bien. Había sido mala idea juntarnos con ellos.

– Hola, soy Josh – dijo este al salir de la piscina, tendiéndole la mano a mi marido, que se la dio de mala gana.

– Tomoya, encantado – dijo lo más fríamente que pudo.

– ¿Puedo llamarte Tom? No me voy a acordar de tu nombre de otra manera – la sonrisa de Josh era perfecta, por más que quería no podía dejar de mirarle.

– Sí, claro… – no le veía muy convencido. Josh se levantó y chasqueó la lengua.

– ¿Dónde están los camareros? Voy a ir al bar, ¿Queréis algo? – todos negamos con la cabeza.

– Ahora sí que voy a quemarme… – dijo Claire sacando la crema solar. Se la empezó a poner y yo no quería ni mirarla. Cada movimiento que hacía era atractivo, y me daba tanta rabia que estaba a punto de pegar a mi marido – a ver si este llega pronto que me la quiero poner en la espalda.

– No te preocupes – Tomoya se levantó y se sentó junto a ella – ya te la pongo yo.

– ¡Gracias! – se le iluminó la cara, a esa guarra se le iluminó la cara. Y encima tuvo la poca vergüenza de morderse el labio mirándome cuando él empezó a tocarla – que manos más grandes…

Me levanté furiosa, ni siquiera cogí el bolso. Me quería meter en la habitación y Tomoya se podía quedar si quería. Pero me choqué con algo muy duro por el camino y casi me caigo de no ser porque me cogieron al vuelo. Cuando me quise dar cuenta estaba fuertemente agarrada a los brazos de Josh, con su cuerpo peligrosamente cerca del mío.

– ¿Estás bien? – Asentí un poco atontada, estaba demasiado cerca de él – ¿Dónde ibas tan rápido?

– A… a por otra sombrilla porque a Tomoya le da el sol – mentí.

– Y está demasiado caliente ¿No? – Dijo mirando a la pareja por encima de mi hombro – ya, ya lo veo – para mi sorpresa, sonrió – si necesitas crema puedo hacer que se ponga muy, muy celoso – me dijo en susurros.

– No, no, no hace falta – me empecé a reír como una estúpida – estoy bien.

– Toma, que vaya él a por la sombrilla – me dio su cerveza y una revista que había traído de recepción. Cuando me senté y la miré, se me abrió la boca de par en par.

– Oye campeón, ya sigo yo – le dijo a Tomoya haciendo un gesto con la cabeza.

– ¿Eres tú? – le dije a Claire enseñándole la portada de la revista.

– ¡Ya ha salido! – se sentó, dándole un empujón a mi marido y quitándome la revista de las manos. Tomoya se sentó a mi lado de nuevo y totalmente rencorosa, me alejé de él.

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– ¡Que ganas tenía de ver la sesión de fotos! – Dije mirando las páginas principales – ay… me encantan – dije dando saltitos y mordiéndome el labio.

– Te hacen demasiados retoques, estás más guapa al natural – me dijo Josh.

– Oye, no está mal que me borren las estrías.

– Sí, pero no que te quiten quilos y que te hagan parecer como si fueras de plástico. ¡Ni siquiera tienes los pezones de ese color! – escuché que alguien se atragantaba y vi a Maki tosiendo como loca con el refresco en la mano. Tomoya le dio unas palmaditas en la espalda.

– ¿Estás bien? – dijo él y ella se apartó sutilmente. Sí que era celosa… cosa bastante hipócrita cuando se comía a Josh con los ojos, y porque con la boca directamente quedaría un poco feo.

– ¿Quieres verlas? – le pregunté a la chica. Cogió la revista con curiosidad, y tanto a ella como a él se les abrían los ojos de par en par. Maki cerró la revista bruscamente y me la devolvió.

– ¿Eso era una Harley de los 60? – preguntó él.

– ¿En serio? – Dijo Josh riéndose – ¿Estabas mirando la moto?

– No me ha dado tiempo a ver nada – dijo con una sonrisita. Entonces me sentí mal, me sentí realmente mal por esa chica porque se le veía en la cara que no lo estaba pasando bien. Me levanté y me puse el traje.

– Maki, vamos a por unos helados – cuando me miró no supe si estaba enfadada o dolida – venga, invito yo – Se levantó y se puso el traje, caminando a mi lado en silencio. Cuando ya íbamos a volver con los helados en las manos, la senté dentro de la recepción – Mira, creo que hemos empezado mal – apretaba los labios y no me miraba a los ojos – siento mucho si te he hecho sentir incómoda.

– ¿Cuánto tiempo llevas casada? – me preguntó.

– Unos cuantos años… ¿Por qué?

– Este es mi viaje de novios. Y si en mi viaje de novios mi marido se ofrece a darle crema en la espalda a una chica como tú no sé si—

– Oye, oye – tenía los ojos brillantes, estaba al borde de las lágrimas – lo único que le pasaba es que estaba celoso. ¡Y lo entiendo! Estabas mirando a Josh con la boca abierta, literalmente – negó con la cabeza sin mirarme.

– ¡Pero tú eres perfecta! – Dijo mirándome enfadada – ¡Y me haces sentir incómoda! – suspiré.

– Ven conmigo un momento – dejó el helado en la mesita y me acompañó frente al espejo – mírate. ¿De verdad me vas a decir que eres fea?

– No pero…

– ¿No eres atractiva? – se giró y me miró a los ojos.

– No tanto como tú. Tú tienes curvas – sonreí.

– Sí, tengo curvas, y sí, puedo ser una guarra cuando me lo propongo porque además me encanta. Pero tu atractivo está en lo contrario. Eres preciosa y adorable, estoy segura de que Josh se moriría por llevarte a la cama – se puso como un tomate – he visto como te mira. Así que déjate de tonterías y disfruta de tu marido. Los celos no traen más que dolor y problemas.

– ¿Podrías no insinuarte a Tomoya? – me dijo con una sonrisita.

– Lo voy a intentar pero con lo bueno que está es complicado… además, eso no es justo – dije camino de las tumbonas – tú atraes a Josh sin hacer nada.

– ¡Te conoce! – Me dijo mi marido al llegar – ha visto tus películas.

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De repente Tomoya no la miraba a la cara. Estaba sentado junto a Josh, con otra cerveza en la mano y riéndose avergonzado. Se rascó la nariz, lo que me indicó que realmente se estaba muriendo de la vergüenza. Miré a Claire, que se sentó dándole una patadita a Tomoya en la pierna.

– Eres un guarrete ¿Eh? – le dijo. La miré con las cejas totalmente arqueadas – sip, soy actriz porno – no pude contestar. Eso era la gota que colmaba el vaso.

– De todas maneras se ha seguido interesando más por la moto que por ti – dijo Josh a la chica, que se tumbaba de nuevo después de ponerse la sombrilla a su gusto – supongo que vas bien servido.

Y allí estaba yo, de pie, mirando al pajillero de mi novio más rojo que un tomate y preguntándome en qué maldita hora se me había ocurrido a mí acercarme a ellos. Dejé el helado en la mesita y me di la vuelta mientras escuchaba a Claire quejarse. Estaba tan escandalizada e incómoda que me quería ir de la piscina, del hotel y del país. Me agarraron del brazo y me solté con rabia, sabiendo que era Tomoya. Y aunque aceleré el ritmo, me siguió hasta casi el ascensor. Me dio la vuelta y le miré enfadada, solo que no era él.

– No te enfades con él, es un hombre y por lo que veo diría es sexualmente activo – me dijo Josh con esa sonrisa perfecta – vuelve a la piscina, te prometo que Claire se va a portar bien.

– Sois demasiado para mí – dije en susurros, apartando la mirada de esos ojos traviesos.

– Maki-chan – ahora sí era Tomoya – no te enfades, lo siento.

– No, no lo sientas. Es igual – dije nerviosa. No podía tenerles a los dos delante al mismo tiempo y mirándome, me sentía descontrolada – deja que me vaya a la habitación.

– Mira, id juntos y arreglad lo que sea que haya pasado. Esta noche os invito a cenar en compensación – dijo Josh. Tomoya le miró aún un poco molesto – nos vamos a llevar bien. Estoy segurísimo.

2

Apenas nos dirigimos la palabra en lo que quedaba de tarde. Deshice las maletas mientras él intentaba hablar conmigo, sin querer responderle porque estaba muy enfadada y no quería decir nada de lo que luego me arrepintiese. Al darse cuenta, fue a darse un baño largo, y salió cuando empezaba a ponerse el sol. Estaba sentada en la terraza, pensando en esa chica y en la intensidad con la que me gustaría estar en su piel. A pesar de las palabras amables que me dijo no podía terminar de confiar en ella. Quería mucho a mi marido, no quería perderle por nada en el mundo. Al sentir su mano acariciando mi espalda cerré los ojos, mordiéndome el labio. No tuvo que decir nada, me di la vuelta en la silla y abracé su cintura.

– Sabes que te quiero más que a nada ¿Verdad? – Asentí sin hablar y sin mirarle a la cara, aún abrazándole – esa mujer es solo un cuerpo, no es nada más.

– Ya lo sé, ya sé que me quieres. Pero no puedo evitar sentirme poca cosa – se puso en cuclillas y me sonrió.

– ¿Cómo vas a ser poca cosa si eres mi mundo entero?

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– Joooooooooooooosh – dije dándole un revistazo en la cara. Me miró chasqueando la lengua – me aburro.

– ¿Crees que esos dos se habrán reconciliado? – asentí, girándome en la cama.

– Y espero que hayan follado o algo porque con tanto deseo reprimido vamos a acabar mal.

– ¿Nos vestimos y vamos a cenar con ellos? – asentí un poco más feliz. Me levanté de la cama y me puse el primer traje que saqué de la maleta – no tenemos por qué acabar mal precisamente…

– ¿Qué insinúas? – se sentó en la cama, abrochándose la camisa de botones.

– No lo insinúo, lo digo. Siempre me ha dado morbo follarme a una japonesa, dicen que son estrechas – me reí.

– He visto a más de una follarse a tíos con un rabo dos veces más grandes que el tuyo, pero sí, supongo que por norma general así es.

– Y a ti ese tío te pone cachonda – me mordí el labio soltándome el pelo del recogido.

– Tiene una boca y unas manos interesantes, sí. Pero no sé cómo vamos a hacer lo que piensas sin escandalizarlos hasta el infinito.

– Tú déjame a mí, ¿Vale? – Se acercó a mí, poniéndome derechas las tirantas del sujetador – La más difícil de convencer va a ser ella, él no va a poner pegas.

– Claro que no, está deseando meter la cara entre mis tetas – se rió ante mi comentario, cogiéndomelas con fuerza desde atrás.

– Que suerte tenerlas cada vez que quiera.

– Te quiero mucho – le dije, enredando mis dedos en su pelo. Me puso la mano en la cara y me besó de espaldas – que rápido me pones caliente…

– Resérvate para el machote, que por cierto, esperemos que no tenga medida japonesa estándar.

– ¡Shhh! No lo gafes, calla – Fuimos directos a la habitación de la pareja, pero dejé a Josh delante esta vez.

– ¡Hola preciosa! ¿Nos vamos todos a cenar? – Maki se quedó petrificada con la mano en el pomo.

– Sí claro, ahora mismo bajamos – dijo Tomoya de muy buen humor y asomándose sobre el hombro de su mujer – esperad un momento.

– ¡Sin prisas! – dije guiñándole el ojo. Escondió la sonrisita torpemente y se dio la vuelta antes de que su mujer le pillase.

– No le provoques – me susurró Josh con voz divertida mientras esperábamos, obligándome a esconder las carcajadas entre mis manos.

La gente que pasaba por el pasillo se nos quedaba mirando, como siempre. Éramos una pareja que llamaba la atención y no voy a decir que me desagradaba, al contrario. Le miraba y veía lo que las dejaba estupefactas, era brutalmente atractivo.

– ¿Estás seguro que quieres hacer esto? – le pregunté enganchando mi dedo al suyo.

– ¿Estás tú segura? – Asentí – entonces yo también. Por muy bueno que esté el japo, sé que no tiene nada que hacer contra mí. Igual que ella contigo.

– Es curiosidad por ver cuanto de lo tuyo le cabe ¿No?

– ¡¡SHHH!! – Cuando salieron todavía nos estábamos riendo. Los muy inocentes nos sonrieron sin enterarse de nada.

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Estaban de un humor excelente y viendo que Claire no se sobrepasaba con Tomoya en ningún momento, yo también empecé a disfrutar de su compañía. Eran muy alegres y divertidos, quizás un poco ruidosos pero que iba a decir yo si las carcajadas de mi marido eran las más ruidosas. Josh y él se llevaban de escándalo, eran iguales en cierto modo. Y aunque Claire y yo éramos la noche y el día, también tuvimos una cena muy agradable.

– Actriz ¿Eh? Serás súper famosa en Japón – sonreí.

– Sí, bueno, él también. Probablemente más que yo – le miró con curiosidad.

– ¿Es modelo? – me reí. Era fácil pensar eso.

– Es músico. Y actor. Y compositor también.

– ¡Un chico para todo! Josh también es actor y yo… bueno, yo soy más modelo que otra cosa. Alguna película hay por ahí perdida pero ya sabes, no creo que te entusiasmen.

– Ya – no me sentía cómoda hablando de estos temas y siguió un silencio un poco incómodo – voy un momentito al baño.

No necesitaba hacer nada pero tenía que despejar las ideas. Me sentía otra vez insegura y sabía que el problema solo lo tenía yo, ella no estaba haciendo nada más que ser como era. Me miré en el espejo, convenciéndome de que yo también era muy bonita. Tras unos minutos salí de allí respirando hondo, pero no me dejaron dar muchos pasos. Tiraron de mi brazo y me metieron bruscamente en una habitación pequeña y alargada llena de estanterías metálicas. Josh cerró la puerta y me pegó contra la pared, poniéndome las manos en las caderas y acercándome sus labios demasiado.

– ¿Qué haces? – subí las manos y las puse en su pecho. No podía dejar de mirarle la boca.

– Eres tan pequeña… – sus labios apretaron los míos y un grito luchaba por salir pero solo fue un quejido histérico – y tan adorable – me sonrió a centímetros de mi boca, acariciándome la mejilla.

– Josh-san, yo no…

– Claro que sí – sus dedos se metieron bajo mi falda, acariciándome los muslos mientras me mordía los labios.

No sé porqué no me movía, no sé porqué no le apartaba y le daba la hostia que se merecía. Temblé al sentir su lengua rozando la mía, porque ni si quiera Tomoya solía darme esos besos a no ser que quisiera algo muy concreto. Me apretó el culo y me pegó a su cuerpo, acercándome sus caderas sin dejar de besarme de manera salvaje. No era muy diferente de besar a Tomoya y sin embargo no tenía nada que ver. Tenía menos prisa, me besaba con tanta tranquilidad y seguridad que no sabía qué hacer conmigo misma. Subí las manos por ese pecho tan grande y amplio para tirarle del pelo. Quería alejarle, pero me acerqué más. Me estaba volviendo loca.

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– Maki tarda mucho – miró hacia los cuartos de baño un poco inquieto. No habíamos cruzado más que sonrisas desde que Josh se levantó de la silla.

– No te preocupes – dije quitándome los zapatos discretamente con mis propios pies – no van a tardar mucho en llegar. ¿Tan protector eres?

– No es normal que tarde tan—

Se miró entre las piernas al sentir mi pie descalzo subirle por el muslo. Me miró con los ojos como platos. Apoyé la barbilla en mi mano, observándole como si no pasara nada. Abrió la boca, se agarró al mantel y tragó saliva cuando rocé su bragueta.

– Se habrá entretenido o estará poniéndose más guapa para ti. Es demasiado insegura – se veía que le costaba centrarse en lo que le decía – y no debería porque es preciosa.

– Sí, sí que lo es – murmuró mirándome el escote.

– ¿Y tú? Pareces un tipo duro – alcé una ceja al sentir que lo que el señorito guardaba en los pantalones me saludaba. A la mierda la medida estándar japonesa – pero estoy segura que con conocerte solo un poquito eres un pedacito de pan.

Movió su mano bajo la mesa y me agarró el tobillo, clavándome sus ojos negros. Algo me saltó en el estómago, me puso nerviosa y no pude evitar reírme suavemente. Estaba deseando que me reventase allí mismo y tuvo que notarlo en lo que Josh llamaba mi cara de “profesional” porque las yemas de sus dedos subían por mi pierna. Me metí el dedo meñique en la boca sin dejar de apoyarme en mi mano, pasándolo despacio entre mis labios. No despegaba sus ojos de los míos, estaba tan cachonda que iba a hacer una locura como esos dos no apareciesen de una vez. Con el rabillo del ojo vi salir a Maki de la zona de los servicios. Caminaba deprisa y mirando al suelo, así que quité despacio mi pie de donde estaba y la miré con una sonrisa.

– Me voy a la habitación, me encuentro un poco mal – dijo a media voz sin mirarnos.

– ¿Eh? – dijo un atontado Tomoya poniéndose las manos discretamente entre las piernas.

– ¿Y eso? – Dije preocupada – ¿Estás bien? – asintió y caminó hacia los ascensores.

Me levanté tras ella dando una carrerita, escuchando como Josh preguntaba qué estaba pasando. La agarré de la muñeca y se dio la vuelta sobresaltada. Me apartó la vista de inmediato.

– ¿Qué te pasa de repente? ¿Te puedo ayudar? ¿Es un tema femenino?

– No, no. No es nada. Solo necesito irme a dormir.

– ¿Segura? – asintió. Diría que estaba descompuesta pero estaba claramente ruborizada. Entonces até cabos – hasta mañana entonces – Me di la vuelta y caminé a la mesa, encontrándome de frente con Tomoya – se la ve un poco agitada, a ver que puedes hacer por ella – le pasé la mano por el brazo y me miró los labios lamiéndose los suyos con rapidez.

– Mañana nos vemos, buenas noches. – Cuando se fueron me acerqué a Josh y le di un golpe en el brazo.

– ¿Qué le has hecho a la pobre que temblaba como un flan?

– ¿Qué le has hecho tú a él que de repente no sabía unir una palabra con otra? – nos sonreímos y terminamos riéndonos a carcajadas, comiéndonos el postre mientras celebrábamos ser tan jodidamente atractivos.

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No dejé que Tomoya me tocase en toda la noche porque no paraba de pensar en Josh. Era una mala esposa. No supe si se podía considerar cuernos. Aunque teniendo en cuenta todo lo que tardé en quitármelo de encima yo diría que sí. Y me morí de miedo al pensar que mi marido pudiese sospechar algo, estaba de lo más silencioso desde la cena. No podía contárselo pero tampoco podía ocultarlo. A la mañana siguiente disimulé mi estado de ánimo histérico y le traté como si no hubiese pasado nada. Él parecía estar mucho menos taciturno también. Salimos de la habitación y fuimos a cotillear los lujos del hotel. Yo quería ir a la piscina y Tomoya al gimnasio, así que nos despedimos hasta un poco después. Justo cuando caminaba hacia mi destino me encontré unas saunas y fui a preguntar donde estaban las toallas.

– ¡Maki! – me paré en seco al escuchar la voz de Claire. También me sentía culpable por ella.

– Hola, buenos días – su sonrisa tan radiante como de costumbre. Me sentí peor.

– A la sauna ¿Eh? – sonreía tanto que no estaba segura de si se reía o no – ¿Y tu amorcito?

– Está en el gimnasio. Yo no tenía ganas de tanto esfuerzo tan temprano.

– Aaaah, yo iba a los ordenadores, nostalgia por la teconología supongo.

– Lo siento por lo de ayer, no quería irme de esa manera pero—

– No te preocupes mujer, no pasa nada. Nos comimos vuestro postre, así que salimos ganando ¡Que sudes mucho! – me guiñó el ojo antes de irse, riéndose alegremente.

Cogí lo que necesitaba y me metí en el vestidor a cambiarme. Una vez en bikini – eran baños mixtos y con los extranjeros nunca se sabía – entré en una gran sauna que además estaba desierta. Posiblemente estaba todo el mundo en la piscina, con la calor que hacía no me extrañaba. Pero yo necesitaba un rato para mi misma. Me senté y cerré los ojos, intentando relajarme y aclarar mis pensamientos. Lo que hice el día anterior no tenía perdón. Y mi manera de comportarme con Tomoya no estaba bien, menos aún estando de luna de miel. Tenía que hablar con él, tenía que contárselo. Abrí los ojos y me levanté con resolución, solo para encontrarme con la maravillosa sonrisa de Josh a pocos centímetros de mi cara.

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Me metí en el gimnasio intentando no buscarle descaradamente. Eso sí, en cuanto le localicé procuré pasar por su lado como la que no quería la cosa, poniéndome en un aparato justo frente a él. No podía evitar pensar en la frase que me acababa de decir Josh entre risas: “Vamos a preparar el terreno que de esta noche no pasa sin que nos los llevemos a la cama.” Al que tenía delante no le tenía que convencer mucho, eso lo tenía claro.

– ¡Hola! – miré hacia adelante y le vi sonriéndome con felicidad.

– Menuda paliza te estás pegando, ¡Mira como te cae el sudor! – sus brazos, delgados y torneados, brillaban. Su pecho se movía rápidamente mientras jadeaba por el esfuerzo. Verle así me hizo pensar muchas cosas y muy, muy sucias.

– Hay que mantenerse en forma aunque estemos de vacaciones.

– Y tanto. No me quiero ni imaginar la que me puede liar mi manager si aparezco con kilos de más – Me senté en la máquina con las piernas bien abiertas – o con celulitis – las cerraba y las abría tirando del mecanismo, dejándole que viese con claridad lo que tanto quería – se acaba mi carrera.

– Imagínate… – se quedó mirándome con esos ojos salvajes. Le sonreí y se levantó. Durante unos segundos el corazón se me aceleró al pensar que iba a abalanzarse sobre mí pero se paró a medio camino.

– Voy a ducharme, a Maki no le debe quedar mucho en la sauna.

– Supongo que no.

Se dio prisa por irse del gimnasio hacia las duchas, y yo me di prisa por seguirle. Ignoré las señales que indicaban que las duchas eran solo para hombres y le perseguí pero una vez dentro le perdí la pista. Le pregunté a un señor – que me escaneó de arriba abajo – si había visto a un hombre asiático entrar y me indicó donde estaba metido el señorito. Me quité la ropa ignorando las exclamaciones de los hombres que salían y entraban y la dejé junto a la suya. Sin preguntar ni esperar, abrí la puerta.

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– ¿Qué estabas pensando tan concentrada?

– Tengo que irme – no tenía camiseta. Y no sabía qué tenía de cintura para abajo porque lo único que veía era una toalla.

– ¿No me haces compañía? – preguntó suavemente al pasar a su lado. Me paré y le miré.

– ¿Qué pretendes haciendo todo esto? Tú también estas casado.

– Sí, felizmente casado ya que preguntas.

– ¿Qué diría Claire sobre lo que estás haciendo?

– ¿Qué diría Tom sobre lo que tú te dejas hacer? – se sentó donde yo estaba y pasó con suavidad sus manos por mi cintura.

No opuse resistencia cuando me colocó rápidamente de espaldas a él porque al sentir sus labios en el cuello me desconectó de la realidad. Sus manos calientes se deslizaban por mi cuerpo, palpándolo con delicadeza. Me hizo sentarme entre sus piernas abiertas, acariciando las mías sin dejar de mordisquearme el cuello. Me dí cuenta de que le agarraba de las muñecas con fuerza, pero sin apartarle de mí.

– Que tontorrona te pones con las caricias, ¿Te gusta gemir o eres de las silenciosas? – me agarró un pecho y me hizo mirarle, metiéndome la lengua en la boca para impedir que gritase de la sorpresa.

Tras dejarme los pezones duros bajó su mano hasta las bragas de mi bikini, parándose en mi clítoris. Sentí que sonreía cuando gemí, sentí su erección – tan dura que era ridículo – contra mi trasero. Susurró lo mucho que le gustaba lo mojadas que tenía las bragas empapándolas aún más con esas caricias suaves. Estaba tan cachonda que me olvidé de donde estaba y le pedí más. Se le resbalaban los dedos porque no paraba de lubricar, mi cuerpo pedía a gritos acercarse al suyo.

– Josh – susurré – no, para – iba a correrme, me retorcía intentando evitarlo porque me sentía culpable.

– No puedo parar, no me dejas despegar mi mano de donde la tengo.

– No, no – el placer le ganó a la culpabilidad por goleada. Me deshice en sus brazos, besándole, gimiendo, corriéndome.

– Uf, cariño, me lo pones difícil – dijo cuando rocé mi culo contra su durísima polla. Me estaban volviendo loca las ganas de follar – pero me parece que lo vamos a dejar aquí porque tu marido te debe estar buscando. Y no quieres que te encuentre conmigo, ¿O sí?

– No – me intenté poner de pie pero me temblaban las piernas – no le digas nada. Por favor.

– Claro que no preciosa. Vete a ducharte, no sea que huelas a mi sudor.

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Se masturbaba con la mano apoyada en los azulejos, despacio, respirando profundamente. Me puso tan cachonda que me llevé la mano a la entrepierna.

– Dime que estás pensando en mí – el salto que dio fue mayúsculo. Su primera intención fue tapársela a pesar de que era imposible. Esa erección no la cubrían ni esos dedos tan largos que tenía.

– ¿Qué haces aquí dentro? – fue lo último que dijo antes de volverse loco.

Al verme desnuda y tocándome se mordió el labio con fuerza. Tardó unos segundos, pero me estampó contra la pared de la ducha. No dudó a la hora de meterme la lengua en la boca ni de morderme los pezones. Y cuando intentó metérmela – casi le dejo –  le di un empujón. Me miró contrariado, cegado por la lujuria, y sonrió al ver que me arrodillaba frente a él. Tenía muchísimas ganas de que me reventase con eso que estaba lamiendo pero iba a dejarlo para más tarde. Me agarró del pelo sintiendo mi lengua recorrerle todo el miembro. Se la comí despacio, apretándola con mis labios, dándole caricias con mi boca de manera experta. Me di cuenta de que lo que a Josh le gustaba tanto a él también parecía gustarle.

– Quiero follarte – me susurró entre jadeos, sofocado.

– Córrete en mi cara – me la metí entre las tetas, masturbándole con ellas. Gimió más fuerte que antes, susurrándome cosas en japonés.

Me puso perdida. Empecé a reírme suavemente cuando eyaculó con fuerza contra mi cara porque fue casi automático: tocársela con las tetas y correrse. Acababa de descubrir su fetiche y estaba encantada, Maki no se lo podía hacer pero yo sí. Me pregunté qué tendría Maki que yo no tuviese y que volviese loco a mi marido.

– No le digas nada a Maki – me dijo entre jadeos – por favor.

– Ya se lo dices tú ¿No? – vi la culpabilidad en sus ojos – oh, venga, no te preocupes. Ha sido culpa mía que te he ido detrás. Ningún tío se aguantaría a este acoso.

– Y si lo hay es el hombre con más autocontrol del mundo – se rio dejándome espacio para que me enjuagase – en las películas estás buena pero de cerca lo estás más.

– Gracias, tú también estas tremendo.

– Voy a salirme, no quiero que nos vean juntos…

– Ok, ya nos veremos por aquí – me sonrió y se fue con la consciencia un poco más tranquila. Sentí una necesidad imperiosa de buscar a Josh, tenía que hablar con él.

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Me metí en la ducha sintiéndome la peor persona del universo. ¿Con qué cara iba a mirar a Tomoya? No había mostrado ni la más ligera resistencia al contacto con ese hombre porque en realidad lo estaba deseando. Seguía deseándolo. Me quedé con ganas de más y no entendía porqué me había dejado a medias. Bueno, realmente a medias no, el orgasmo lo tuve. Y me avergonzaba decir que uno de los mejores de mi vida. Mi marido era bueno en la cama pero esto era… nuevo. Y Josh me tocaba con tanta delicadeza y tanta atención que me volvía literalmente loca. Ahogué un grito contra mis manos, tendría que hablar con Tomoya tarde o temprano. Al salir con la toalla alrededor del cuerpo vi que llegaba del gimnasio. Se quedó mirándome sin decir nada y yo hice más de lo mismo. Justo cuando iba a empezar a soltarlo todo se acercó a mí y me abrazó con fuerza.

– Eres lo que más quiero en este mundo, lo sabes ¿Verdad?

– Tomoya…

– No te cambiaría jamás, eres lo mejor que me ha pasado Maki-chan – le temblaba la voz, me estaba asustando.

– ¿Estás bien? – se separó de mí y me besó en los labios con ternura, dejando su frente apoyada en la mía.

– No me dejes nunca – me estaba empezando a sentir fatal. No entendía su angustia, quizás nos había visto o Josh se lo había contado. Claramente algo estaba pasando.

– Claro que no, ¿Cómo puedes pensar eso? – Le abracé con fuerza y dejé que me apretase un buen rato, tranquilizándome al escuchar su corazón – te quiero más que a mi vida.

– No te merezco – me separé y le miré con el ceño fruncido.

– ¿Por qué dices eso? No digas eso, no es verdad.

– Sí lo es, no soy todo lo bueno que tú te piensas.

– Yo tampoco – la seguridad de mis palabras parecieron calmarle – ya hablaremos cuando acaben las vacaciones pero de momento llévame a almorzar.

3

– De esta noche no pasa – dije nada más entrar en la habitación.

– ¿Has conseguido aguantarte? Porque no sabes lo que me ha costado a mí – me dijo mi marido riéndose.

– ¡Por los pelos! Es muy apasionado el hombretón…

– Pues me ha dado la impresión de que esta chica está insatisfecha con él – me senté a su lado en la cama, alzando las cejas.

– A ver, ¿Y eso por qué?

– No es normal lo muchísimo que temblaba, ¡Y que mojaba!

– Por esa regla de tres, este tío está muy necesitado también. Ha sido metérmela entre las tetas y PAM, corrida en la cara – Josh dio una carcajada dejándose caer en la cama con la cara entre las manos.

– A ver si dura algo luego ¿No? Espero que no te lleves una decepción…

– Sí, ya. A lo mejor el decepcionado eres tú porque a esta no le entra ni la mitad de lo que tienes para darle – me quedé callada, pensando en Tomoya – aunque teniendo en cuenta que el marido va bien servido…

– Que sí, ¿Eh? – Asentí totalmente sonriente – ¿Más que yo?

– No tiene nada que envidiarte.

– Oye, no hagas que me arrepienta de hacer todo esto.

– Por Dios, Josh, has visto las pollas que me meten en las películas, una más no va a suponer un cambio.

– No, pero tienes especial interés en el dueño.

– El mismo que tienes tú con la chiquitilla – me encaramé a su pecho y le besé la mejilla – y no me verás quejarme – intentó besarme en los labios pero le puse la mano en la cara – me acabo de comer la polla de otro, no quieres besarme.

– Uhg, no, gracias por el aviso – se rió dándome un empujón que casi me tira de la cama – de momento no me va ese rollo.

De momento, interesante… – dio una carcajada – pide algo de comer, ¡Estoy que me muero de hambre con tanto gimnasio!

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Almorzamos casi en silencio. La situación era rara y no paraba de pensar que Tomoya debía saber algo. Quería hablar con él pero me aterraba la idea de que se enfadase y me rechazase. No podría con ello en nuestra luna de miel. Vaya manera de meter la pata… Sin embargo, después de intentar comer (porque no me pasaba nada por la garganta) y una vez en la habitación, Tomoya me abrazó tan fuerte que me hizo daño. Me llevó hasta la cama y dejó caer su cabeza en mi pecho. No hablamos, no dijimos nada, solo nos abrazamos. Cuando empezó a anochecer el ruido de mis tripas nos sobresaltó, y al mirarnos comenzamos a sonreír, al fin. Bajamos a cenar de la mano, haciéndonos carantoñas, intentando ignorar la culpabilidad.

Me acababa de sentar en la mesa cuando los vi venir y me quise ir corriendo. Me puse tan nerviosa que lo único que pude hacer fue mirar mi plato de comida con los cubiertos fuertemente agarrados. Sentí que Tomoya se sentaba a mi lado, no podía mirarle, no podía mirar a nadie.

– ¡Hola! – Saludó Claire alegremente – ¿Qué tal la sauna?

– Bien – murmuré sin levantar la vista del plato.

– Mucho calor supongo, esos sitios son sofocantes, ¿Eh? – Comentó Josh sentándose a mi lado – me tengo que pasar por el gimnasio luego, llevo unos días sin hacer deporte.

– Ah, mira, me ha dicho Maki que Tom ha ido antes ¿No es así?

– Sí – murmuró él.

– ¿Qué tal las máquinas? ¿Hay variedad o eres de darle solo a una en concreto? – le escuché carraspear.

– Hay variedad. Pero había mucha gente.

– Tíos sobre todo, me apuesto a lo que quieras. No puede ir una tranquila a esos sitios sin que se la coman con los ojos. Al menos en la sauna habrá más tranquilidad ¿No? – al  ver que se quedaban en silencio alcé la vista. Me miraban, me estaba hablando a mí.

– Estuve yo sola casi todo el tiempo.

– Mañana me paso, decidido. Tanto cloro tiene que ser malo para el pelo – asentí y miré de reojo a Josh. Al encontrarme con su sonrisa me sentí muy nerviosa.

– Disculpadme – me levanté y fui apresuradamente al servicio. A respirar.

Estaba segura de que me iban a pillar, no era buena mintiendo y mucho menos escondiendo mentiras. Me miré en el espejo del servicio, apartándome un mechón de pelo y repitiéndome a mi misma que todo estaba bien, que no pasaba nada. Respiré hondo unas cuantas veces y volví a salir. Pero antes si quiera de dar dos pasos una mano firme tiró de mi brazo hacia mi izquierda. Otra vez. 

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Cuando vi al poco sutil de mi marido levantarse para ir al servicio tuve que aguantar la risa. Tomoya no se dio ni cuenta porque estaba demasiado ocupado en sentirse culpable. Viéndole agachar la mirada de esa manera me daba hasta pena, pero luego me acordaba de su cara de salido en la ducha y me daba otra cosa. Le di golpecitos en su pie con el mío y levantó ligeramente esos ojos negros y rasgados del plato.

– ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

– Tú me has pasado. No deberíamos de hab—

– No digas eso – dije riéndome – te encantó. Ahora no te sientas culpable.

– Maki no se merece que le ponga los cuernos.

– Bueno, no creo que ella sea ninguna santa – dejé caer información, quitándole una patata del plato. Se quedó en silencio, mirándome a los ojos. Su mirada era tan intensa que me ponía nerviosa, me hacía sonreír.

– ¿A qué te refieres con eso? – me encogí de hombros.

– A que no tendrías que angustiarte por algo que te gustó tantísimo – le dí dos golpecitos cariñosos en la pierna y dejé ahí la mano. Me miraba con el ceño fruncido. Miró levemente a su alrededor.

– ¿Dónde está tu marido? – subí la mano por su pierna.

– En el servicio, creo – desvió un segundo sus ojos hacia mi mano, mi escote, mi cara de nuevo, lamiéndose los labios – o eso ha dicho.

– Está tardando mucho

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Josh cerró la puerta a mi espalda y me arrinconó contra ella. Me puso las manos en la cintura y me sonreía con altivez, subiendo una ceja. Todo él gritaba “prohibido” a los cuatro vientos. Todo él era la pura imagen del chico malo que a todas nos encanta. Y el estar casada con uno por lo visto no era suficiente. Estábamos rodeados por productos de limpieza y a pesar de ser el entorno menos adecuado estaba excitándome con cada centímetro que se me acercaba, con su mirada, con esas ganas de sentir un cuerpo desconocido.

– Estás tensa – susurró, apartando un escoba de mi lado – relájate.

– ¿Qué haces? – Levanté mis manos hasta la altura de mi pecho no para apartarle, sino para mantenerle a distancia – Claire está ahí. Tomoya está ahí al lado.

– No tienes ni idea de las ganas que tengo de follarte – sus labios casi rozaban los míos al decirme esa frase, inclinado sobre mi cuerpo, acariciando mi cintura.

– Josh…

– Te voy a llevar a mi habitación y te prometo que vas a mojar como nunca en tu vida – no soportaba mirar fijamente a esos ojos verdes, se me iba a ir la cabeza si seguía tan cerca – Maki…

Me besó tan despacio y suavemente que me arrancó un suspiro. Agarré su camiseta con fuerza y me puse de puntillas, devolviéndole el beso. No podía pensar nada más que en tocarle y en que me tocase.

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– Claire, en público no – me reí entre dientes cuando me apartó la mano. A estas alturas la tenía dura seguro.

– ¿Y en privado sí? – negó con la cabeza y se levantó de su silla. Me levanté con él – ¿Dónde vas? Ven conmigo.

– ¿Qué haces? ¿Dónde me—

– Vamos a buscar a tu esposa.

En lugar de ir hacia el servicio fui hacia las habitaciones. No sabía si se estaba dando cuenta de lo que estaba haciendo realmente, el caso es que no se quejaba. Subiendo el ascensor se le veía nervioso, apenas me miraba a pesar de morirse de las ganas. Abrí la puerta de mi habitación y la cerré tras él. Me miró confuso, alterado, cruzando y descruzando los brazos. Y se le abrieron los labios de la sorpresa cuando dejé caer mi vestido al suelo, quedándome en ropa interior. Cogí su mano de largos dedos, mucho más largos que los de Josh, e hice que rozase la tela de mis bragas por donde más me gustaba. Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro que algo tuvo de gemido.

– Tócame, mójame las bragas.

No tuve que decir más. Se abalanzó sobre mí, dejándose llevar por el deseo, acariciando mis labios mayores y mis tetas. Sus besos eran fuego, ese hombre escondía una pasión que me tenía sorprendida. Me hizo tumbarme en la cama y me desnudó lentamente, besando cada centímetro de mi piel. Quiso metérmela y tuve que pararle los pies.

– Oye, oye. Qué menos que me devuelvas lo de la ducha. No tengas tanta prisa – Presionó mi clítoris y uno de mis pezones con sus dedos mientras estimulaba el otro con su lengua. Me hizo gemir y sonreír – si haces que me corra ahora, cuando me la metas me vas a volver loca.

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Ahogaba los gemidos contra mi mano, tirando de su cuello y apretando su cara entre mis piernas. Lo que me estaba haciendo… Tomoya no era tan suave, no se tomaba tanto tiempo. Temblaba entera, me estaba descontrolando, nos iban a pillar.

– Josh, Josh, vámonos de aquí – dije separándole de mí. Se lamió los labios mirándome a los ojos – voy a gritar si sigues.

– Vamos a un lugar más privado – al salir de ese cuartucho me daba la impresión de que todo el mundo podía oler lo mojada y cachonda que estaba. Dimos un rodeo al comedor pero no pude evitar mirar sobre mi hombro.

– Date prisa – se rio escandalosamente, casi como Tomoya se reía. La gente nos miraba – no llames la atención.

– Tranquila – dijo dentro del ascensor – no conocemos a nadie – un desconocido se subió, quedándose de espaldas a nosotros – voy a lamerte hasta que te corras en mi boca, estás deliciosa – me susurró al oído, metiendo la mano por debajo de mi falda. Estaba tan cachonda que cerré los ojos.

Salimos nosotros antes y me llevó hasta su habitación, cogiéndome en peso y besándome con ferocidad al cerrar la puerta. Escuché un ruido de asombro y al abrir los ojos, vi a Claire desnuda en la cama. Y a mi marido sin la camiseta. Sobre ella. Mirándome con los ojos tan abiertos como los míos.

– Se nos han adelantado – me dijo Josh sonriente. No sabía cómo sentirme. Claire se rio suavemente, cogiéndole la cara y la entrepierna a Tomoya.

– ¿Ves como no era ninguna santa? – pude ver que él tampoco sabía qué hacer. Claire se le sentó encima, abriéndole la bragueta – ¿Vas a correrte en mis tetas mirando como mi marido se folla a Maki?

– Yo… yo no – me miró buscando la disculpa. A la misma vez que sentí los dedos de Josh en mi interior vi que esa mujer hacía que Tomoya entrase en su cuerpo.

Miré a Josh. Junto a la cama de matrimonio había una más pequeña, donde me tumbó volviendo a hundir su cara entre mis piernas. Cuando miré de nuevo a Tomoya, ya no me estaba mirando. Miraba entre las piernas de Claire. Me dio exactamente igual.

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Maki empezó a gemir entrecortadamente, con vergüenza, como la buena japonesa que era. Mis gemidos eran un poco más escandalosos. No era la polla más grande que me había metido pero tenía tantas ganas de follármelo que me estaba encantando. Tomoya me devoraba con los ojos, olvidándose o ignorando que su mujer se estaba corriendo en la cama de al lado. Entonces él empezó a gemir y a murmurar cosas en japonés. Era más escandaloso que yo, me excitaba verle de esa manera. El vaivén de mis caderas le estaba matando pero yo necesitaba más. Me bajé de sus piernas y me puse a cuatro patas en la cama, de espaldas a él y sonriéndole. Maki seguía gimiendo, si no se estaba corriendo estaba cerca. Tomoya la miró mientras me la metía y eso pareció ponerle más cachondo porque me agarró de las caderas con tanta fuerza que me hizo daño.

– Fóllame hasta el fondo – le dije al ver que no era lo brusco que yo deseaba. Se mordió el labio y se le agitó el pelo al metérmela con fuerza. Resopló. Gemí. Eso era lo que quería.

Me agarré a las sabanas sintiendo esa deliciosa presión que solo daba follar con ganas. Me agarró del pelo y me puso mirando hacia la otra pareja porque el muy cerdo quería verlos mientras me follaba. Maki le rozaba a Josh la polla de una manera con los dedos que claramente le estaba matando. Cuando él abrió los labios mayores de la chica pude ver que estaba incluso más mojada que yo. Josh le abrió las piernas, y guiando su erección con la mano, empezó a penetrarla muy despacio.

– Ten cuidado – jadeó Tomoya, pasándome las manos por la espalda y matándome del escalofrío – Maki es mucho más estrecha que Claire.

– Me estoy dando cuenta – Al ver a Josh con los ojos cerrados supe que se estaba muriendo de placer. Era la misma cara que ponía cuando me follaba por el culo. Solo que se movía muy despacio dentro de esa chica. No podía apartar la mirada de cómo su polla se perdía entre la carne de esa pequeña, y al verla morderse el labio y cerrar los ojos me excité muchísimo.

– Tomoya, más fuerte – le pedí – vuélvete loco, cariño.

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Mi marido tiraba del pelo de Claire, besándola lujuriosamente mientras se la follaba de una manera que a mí me habría dolido. Gemí con un espasmo al sentir los dedos de Josh sobre mi clítoris extremadamente sensible. Movía sus caderas despacio, mirando como su miembro se hundía cada vez más en mi interior. Me estimulaba tanto que no podía contener los gemidos, los jadeos, los quejidos. Era tan grande como mi marido o más, y cuanto más se adaptaba mi cuerpo a él, más me gustaba. Era diferente a hacerlo con Tomoya, que era muchísimo más impaciente.

– Joder que apretada estás – me dijo Josh entre dientes, moviéndose un poco más rápido y profundo – ¿Duele?

– No – murmuré. Claire gemía de manera escandalosa, mordiendo las sabanas. Mi marido también, azotándole el trasero. El ruido de las caderas de Tomoya contra su culo resonaba en la habitación.

– ¿Te gusta? – movía las caderas un poco más rápido, sin penetrarme del todo pero presionando un punto en mi interior que me hizo revolverme.

– Sí, sí, mmmucho – cerré los ojos. Era demasiado – Josh…

– Dime que te corres – tiró de mis pezones, yo agarraba la almohada.

– Me… me… – miré a Tomoya, me encontré con sus ojos cuando un gemido agudo y largo salía involuntariamente de mi garganta – ¡Iku!

Me retorcía bajo el cuerpo de Josh, sintiendo un orgasmo tan intenso que me sorprendió. Y largo, larguísimo. Sentí que me tiraban del pelo y al abrir los ojos vi la polla mojada de mi marido junto a mi cara. No pensé, simplemente me la metí en la boca escuchándole gemir. Se volvía loco cuando se la comía, le encantaba como se lo hacía, siempre me lo decía para sacarme los colores.

– ¿Está dulce, Maki? – Claire se puso sobre mi cuerpo, sonriéndome. Josh le rozó la entrepierna con los dedos, besándole el cuello sin dejar de follarme.

– Sí – se la lamí mirando a Tomoya a los ojos – oishii.

– Maki-chan – me susurró. Estaba a punto de correrse, lo notaba en lo dura que la tenía.

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Para mi sorpresa, Maki era increíble comiéndosela a su marido. Y lo hacía con muchas ganas. Rocé mi clítoris con el de ella, tocando sus pechos suavemente. La chica me miró escandalizada, pero no se quejó cuando empecé a moverme. Nuestros clitoris estaban tan sensibles que nos corrimos juntas una vez más. Tomoya no paraba de mirarnos, Josh me gemía en el cuello. Estábamos los cuatro sudando, era todo tan sucio que estaba encantada. De repente sentí que se la sacaba a Maki y me la metía a mí, haciéndome sonreír. Me dio mucho más fuerte que a ella y con más ganas de las que me follaba el marido de la chica. Me susurró un te quiero en el oído mientras me hacía correrme. Tomoya apretaba los dientes mientras Maki se la meneaba, mirándonos follar con la boca abierta delante de la polla de su marido. Josh me la sacó, y al volver a metérsela a la chica fue demasiado brusco, aunque ella lo que hizo fue morderse el labio y agarrarse de las sábanas. Me bajé de la chica, metiéndome la polla de su marido entre las tetas, escuchando como Josh se corría dentro de ella, que gritaba. Abrí la boca y como en las duchas, su esperma salpicó mi boca, mi cara y mis tetas. Tomoya era el que más gemía con diferencia. Se apoyó en la cama y en mi hombro, completamente doblado, como mi marido sobre Maki, que le apretaba a ella agarrándole del culo. Cuando acabó de eyacular, mordí suavemente el glande que tenía en la boca, haciéndole sonreír.

– Jooooooooooder… – Josh se echó el pelo hacia atrás, levantándose hasta la neverita, cogiendo agua fría y el paquete de tabaco – que barbaridad.

– Nos van a echar del hotel de la que hemos liado – dije quitándole una botellita y tirándome en la cama tras limpiarme la cara con las toallas del baño. Les di otras dos a la parejita.

– Tomoya, eres un escandaloso – le dijo Maki riéndose, tapándose ahora que todo había acabado. El aludido dio una carcajada, cogiendo el cigarro encendido que le ofrecía mi marido, tumbándose con ella, abrazándola y besándola con ternura.

– Sois adorables, en serio – les dije, sintiendo el brazo de Josh sobre mis hombros. No dejaban de mirarse a los ojos y de acariciarse – hasta el punto de ser empalagosos – susurré y miré a Josh, que alzó las cejas poniendo los ojos en blanco.

– Feliz luna de miel – dijo bostezando, quedándonos los cuatro en silencio mientras los dos machotes fumaban y nosotras intentábamos respirar. Cuando acabaron de fumar, Josh se estiró a mi lado – tengo que dormir. Haced lo que queráis.

– ¿Nos vamos a nuestra habitación? – le preguntó Tomoya. Ella asintió. Les observe vestirse y para mi asombro, despedirse avergonzados.

– Que raros son los japoneses – me acurruqué en el pecho de Josh, suspirando.

– Hacía tiempo que no me corría con tantas ganas.

– Y yo hacía tiempo que no tenía nada lésbico. Creo que esa chica ha descubierto hoy el sexo. Mr. Rapidez le va a saber a poco ahora.

– ¿Mr.Rapidez?

– Oh sí, tiene muuucha impaciencia por mojarla y poca para que nosotras mojemos.

– Esperemos que cambie a raíz de esto, ahora cállate – me puso la mano en la boca, le olía a coño – quiero dormir.

********************************************************************************************

Dormimos más abrazados que nunca. Tomoya no paraba de sonreírme, de darme besos y hacerme cariños. Se le veía completamente feliz y lo mejor de todo es que yo también lo estaba. Muchísimo. Entendí que no se trataba de que a él le gustase algo que no pudiese darle, simplemente era lo diferente. Igual que me gustaba a mi Josh, a él le gustaba Claire. A la mañana siguiente se levantó lleno de energía, planteándome el salir del hotel y ver la ciudad que lo rodeaba aunque no fuese lo que estaba en nuestros planes. Bajamos a desayunar y al ver a la otra pareja haciendo lo mismo con su equipaje a su lado nos acercamos. Al mirarle pude ver que él también se sentía un poco avergonzado.

– Buenos días – nos dijo Claire sonriente – apuesto a que habéis dormido como cuando erais pequeños.

– Nada más poner la cabeza en la almohada – dije riéndome.

– Josh cayó en coma – Tomoya se sentó junto a Josh, que le enseñaba una revista con coches, motos o algo con ruedas – cuando probamos con alguien nuevo siempre le pasa.

– ¿Hacéis esto a menudo? – asintió.

– Y tú deberías hacer lo mismo. Ayer te lo pasaste de muerte ¿Eh? – miré a Josh y tuve que mirar a otra parte al verle reírse tontamente con mi marido. Esos dos no estaban hablando de motos.

– Todavía no me creo lo que pasó, y Tomoya creo que menos. ¿Sabías que eras su fantasía sexual? – Claire soltó la taza de café pasándose la lengua por los labios. Habría que estar ciego para no ver lo exageradamente atractiva que era.

– No quiero sonar a estúpida, pero ya me ha pasado antes. Josh no para de alabar lo pequeña que eres, así que estamos iguales – se me quedó mirando – tienes un cuerpo muy bonito. Pero con lo estrecha que eres no durarías en el porno.

– ¡No tengo intención! – Dije riéndome – aunque ayer me lo planteó el muy idiota.

– Claire, tendríamos que irnos ya – dijo Josh poniéndose de pie y mirando el reloj – o perdemos el avión.

– No quiero irme – dijo ella poniendo morritos. Josh se despedía de Tomoya dándole la mano con energía. Claire me dio un abrazo, lo que me puso tensa porque no estaba acostumbrada – oh, relájate, chica que tensa estás siempre.

– Ayer no lo estaba – Josh me guiñó el ojo y me besó la mano mientras Claire abrazaba a Tomoya, que se reía a carcajadas cuando la chica le refregó las tetas por el pecho.

– Oye, toma – metió la mano en su cartera y me dio una tarjeta – por si alguna vez tenéis tiempo libre y nosotros también.

– Vale, lo guardaré – Nos sentamos juntos y los vimos alejarse hacia la puerta, riéndose a carcajadas y de la mano.

– Desde luego… han sido unas vacaciones bien aprovechadas – le miré el culo a Josh, miré los ojos de mi marido y me dio la risa floja.

– Desde luego.

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6 comentarios en “Room Service

  1. He quedado demente con este relato!!!!!!!!!!y aun mas con “Los Holloway”…estan endemoniadamente buenos!!!xDDD Ha sido una locura de maneras catastrofica en mi salud mental…estos cuatro son perfectos, sin duda tienen que juntarse!! xDD…me detengo, porque llenaria miles de paginas de comentarios de lo contentilla y loquilla que me dejado este fic… ❤ ERES GENIAL!!!!

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  2. 0.0 … joooder, y eso que parecía normalito tirando a menos picante… DIOS SANTO LA QUE SE HA LIAO EN UN SEGUNDO xDDD madre de deu y qué combinación de personajes weeeeeee

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