Impian [ES]

Impian es una palabra malaya, (igual que la chica que me pidió el fanfic (el primero que traduzco al inglés dsakjdhaldhash)) y significa sueño. Pero no un sueño cualquiera como “quiero hacer puenting”. No, no. El sueño de tu vida, el motivo que te hace moverte por las mañanas y por lo que vives. Es una palabra que dice mucho ^-^

Teniendo en cuenta como suelo escribir puede resultar un poco demasiado dulce, pero es que la chica que me lo ha pedido lo es. Y mucho xD Siempre están mis escenas favoritas de sexo, pero si que es verdad que este es más ñoño. Muy fangirl y muy teenager xDDD

Trata sobre dos chicas: Wawa y Tifa. Obviamente yo soy Tifa y soy la que me llevo las escenas más cerdas y guarrillas mientras que Wawa, la chica que me pidió el fic, es como un caramelito♥ Salen muchos Johnny’s, especialmente mis hombres de TOKIO y más que nada Taichi y Nagase. Y me he dicho, ¡Voy a buscar fotos de los dos juntos para ilustrar al personal! Pero es que no he encontrado NI UNA que sea normal, y las que hay son de los 90 x’D A los hechos me remito:

Y con los gifs más de lo mismo…
 Al final he encontrado gifs actuales y “normales”
xD los adoro, de verdad ♥
(y no, no voy a poner el beso, OTRA VEZ NO)

A ver si os gusta porque es largo ¿Eh? Son cinco capítulos, pero de 13/14 páginas cada uno. Ya me comentaréis ^-^

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1
Wawa subió las escaleras de su bloque de apartamentos saltando los escalones de dos en dos y agarrándose el chal. Abrió la puerta de su casa y fue corriendo hasta la cocina, donde se encontró a Tifa preparando la comida con su melena recogida. Sin decirle ni media se abalanzó sobre ella, aun con la carta en la mano.
– ¡¿Qué pasa?! – dijo ésta asustada por la reacción de su amiga. Cuando se separó de ella, Tifa se sorprendió al ver que Wawa tenía los ojos llorosos.
– Estamos dentro, lo hemos conseguido Tifa – se quedó mirándola unos segundos sin entender, hasta que se percató de lo que tenía en la mano.
– No… – se la quitó bruscamente y la leyó varias veces hasta que asimiló la información. Empezó a reírse nerviosa y abrazó a su amiga, dando grititos de excitación.
– Lo sabía, sabía que podíamos conseguirlo – dijo Wawa frotándose los ojos, llorando y riéndose a la vez – ahora me gustaría refregarles el resultado de tanto esfuerzo a esos que nos decían que era imposible.
– ¿Dice cuándo empezamos? – Tifa leyó la carta de nuevo.
– El lunes. Mañana. – Se miraron, asustadas – no estoy preparada.
– Yo tampoco…
Acto seguido dieron un grito y empezaron a dar saltitos en el sitio, como si fueran adolescentes a pesar de haber dejado esa edad atrás hace unos cuantos años. Se habían esforzado mucho para conseguir entrar en esa empresa y en ese puesto. A pesar de que ambas tenían sus estudios, una vez se conocieron no hubo quien las parase cuando se pusieron de acuerdo para realizar su sueño. Y hubo gente que se opuso, prácticamente todos excepto sus madres y familia más cercana les dijeron que estaban locas. Aunque algunas de sus hermanas (de ambas) también pensaban de esa manera. A pesar de todo, a pesar de tener un futuro relativamente asegurado, estudiaron un módulo cada una: Wawa de peluquería; Tifa de maquillaje y estética. Y además de eso se sacaron el título oficial de japonés. Tras ahorrar mucho, mucho dinero, fueron a Japón a cumplir su sueño, echaron el curriculum y unas semanas después se encontraban dando saltos de alegría en la cocina. No se creían su suerte.
– Bueno, a ver, tenemos que relajarnos – dijo Tifa intentando ser racional, aunque nada en los planes de las chicas lo era desde un principio – que nos hayan contratado no significa que vayamos a trabajar con ellos. Quizás nos ponen a maquillar a NEWS o a Arashi.
– No por favor, a Arashi no – dijo Wawa arrugando la nariz.
– Y aunque consigamos maquillarles a ellos – quería estar seria pero solo de imaginarse maquillándole se le escapó una sonrisita – nada nos asegura que vayan a fijarse en nosotros.
– ¡No! ¡Tifa! ¡Me niego! – Dijo Wawa dando un golpe en la mesa con las manos – ¡Después de cambiar nuestras vidas por este sueño no puedes ir con esa actitud!
– Pero es una posibilidad…
– ¡No! ¡Vamos a conseguirlo! Si hemos llegado hasta aquí… lo más difícil ya está hecho. Mínimo nos los vamos a encontrar en los estudios de los Johnny’s… – se quedó callada, soñando despierta.
Ambas tenían gran facilidad para soñar despiertas y lo hacían demasiado a menudo. A veces, cuando veían un programa de los chicos en la televisión, en el descanso publicitario ambas se quedaban en su mundo, sin hablar y con idénticas sonrisas atontadas en sus rostros. Que fue lo que les pasó en ese momento.
– Se me va a hacer eterna la espera… – dijo Tifa, terminando de hacer el almuerzo.
Comieron mientras hablaban y fantaseaban con lo que podría pasar, con lo que podrían encontrarse y en las situaciones que podrían verse envueltas. Les llevó toda la tarde soñar despiertas y la mitad de la noche la pasaron decidiendo que iban a ponerse al día siguiente. No podían perder de vista que iban a trabajar pero aun así querían que al menos las mirasen más de una vez. Después de cenar intentaron irse a dormir, pero ninguna de las dos conseguía conciliar el sueño. No paraban de dar vueltas en la cama, nerviosas, riéndose de vez en cuando hasta que al final Tifa llamó a la habitación de Wawa.
– Pasa – cuando vio a su amiga ambas se rieron – yo esta noche no duermo.
– Es que es imposible, estoy demasiado nerviosa… solo de imaginarme que voy a verle de cerca ya me pone de los nervios, no quiero ni pensar en tener que moverle la cara para maquillarle mejor.
– Y tan cerca… voy a tocar su pelo, a ver como lo hago para no olerlo descaradamente.
Siguieron con esa actitud hasta bien entrada la madrugada, que ambas se quedaron tumbadas en la cama de Wawa y se durmieron, sin siquiera apagar la luz. Y a la mañana siguiente saltaron de la cama al escuchar el despertador. Entre risas nerviosas se vistieron y apenas desayunaron, no podían comer nada. Resoplando y con el corazón acelerado cogieron un taxi hasta el estudio de los Johnny’s, y una vez allí presentaron su documentación en la recepción, donde les dieron unas tarjetas que las acreditaban como parte del personal. Una mujer de mediana edad las estaba esperando.
– ¿Vosotras sois las chicas nuevas? – asintieron y se presentaron con sus nombres reales. Wawa y Tifa no eran más que apodos, sus nombres eran bastante más largos y confundieron a la señora. – Encantada, yo soy Ikeda Toshiko, venid conmigo – Las chicas se miraron y la siguieron. Al parar en un largo pasillo blanco lleno de puertas con cartelitos les tendió unos papeles – aquí tenéis el horario de esta semana. No os preocupéis si veis muchos nombres diferentes, vosotras estaréis siempre en el mismo sitio – abrió la puerta que tenían a la derecha y entraron en una habitación espaciosa con grandes espejos y sillas ante ellos, justo detrás había un sofá – tenéis aquí todo lo necesario con lo que trabajar y si se os acaba algo simplemente informadnos. ¿Todo claro hasta ahora?
– Entonces nuestro puesto de trabajo es este – dijo Wawa. Toshiko asintió.
– Si, pero probablemente os tengáis que ir con el grupo al plató por si hay que darles algún retoque después. Aunque no siempre es así. Mientras trabajáis intentad no molestarles, no les habléis a no ser que sea estrictamente necesario. Aquí vienen a trabajar, no a divertirse aunque no lo parezca – las chicas sonrieron – Habéis tenido mucha suerte al obtener este trabajo, tiene mucha demanda y tengo que advertiros que he visto pasar a muchas personas por este puesto en todo el tiempo que llevo aquí. De vez en cuando me pasaré a supervisar por si necesitáis algo. ¿Dudas? – Ambas negaron con la cabeza, un poco asustadas – bien, os dejo. Id preparando el material porque empezaréis pronto. ¡Gambare! – las chicas esperaron a que Toshiko se fuese y miraron los papeles con avidez.
– ¿Ves TOKIO por alguna parte? – dijo Tifa nerviosa
– ¡Aquí! El miércoles. Pasado mañana les vemos – sonrieron sin poder evitarlo.
– ¿Y ahora a quien tenemos? ¿Sexy zone? ¿Quiénes son?
– Unos niños… – dijo Wawa dejándose caer en la silla, desenrollando el cable del secador de pelo y el de las planchas, preparándose los utensilios. Tifa hizo lo mismo.
Y Wawa llevaba razón, eran prácticamente unos niños muy amables y tranquilos, o al menos lo eran aparentemente. Les fueron peinando y maquillando un poco nerviosas por ser la primera vez y los chicos quedaron perfectos. Igual que los miembros de SMAP con los que tuvieron que esmerarse un poco más por aquello de la edad y al día siguiente con los chicos de NEWS. Cuando los vieron entrar por la puerta les sonrieron ampliamente y se pusieron bastante nerviosas, un anticipo de lo que iban a sentir al día siguiente. Mientras que Wawa peinaba a Massu, Tifa maquillaba a un silencioso (cosa extraña en él) Koyama, que no movía la cara con tal de no arruinarle el trabajo. Los chicos charlaban de cosas superficiales, de planes, de lo que tenían que hacer un momento después.
– Ah! Tegoshi, antes he visto a Kokubun san por el pasillo y me ha preguntado por ti – Tifa vio como Wawa se quedaba mirando a Shige con el peine en la mano y el pelo de Massu en la otra. Tuvo que aguantar la risa, y le costó bastante.
– ¿Qué hace aquí hoy? Se supone que no tendría que venir hasta mañana – dijo Tegoshi – me estará buscando para jugar al fútbol otra vez, como si le viese.
– Siempre están haciendo cosas ¿Eh? Los senpais – dijo Koyama cuando estuvo maquillado – siempre de arriba abajo haciendo de todo menos tocar música.
– Les envidio – dijo Massu mirando como le había quedado el peinado – todo el mundo les quiere.
– Lo dices como si a nosotros nos odiaran – le contestó Koyama riéndose. Llamaron a la puerta y los seis miraron a ver quien era – ¡De ti estábamos hablando!
– ¿En serio? – Wawa aspiró escandalosamente por la nariz al ver a Taichi en la puerta y se centró en arreglar el pelo de Shige, pero Tifa se puso ante ella para maquillar al chico y le indicó con un gesto discreto que se acercase a Tegoshi.
– ¿Estabas preguntando por mi? – dijo este mientras Wawa empezaba a pasarle las planchas por el pelo. Taichi se acercó a él y por lo tanto a Wawa, que sentía que iba a desmayarse de un momento a otro. Tifa no le quitaba la vista de encima con una sonrisita, también entusiasmada por la presencia de Taichi.
– ¡Si! Me han propuesto jugar al futbol la semana que viene, el fin de semana más concretamente, y me he acordado de ti, por si tienes hueco.
– ¿Van los de siempre? – Wawa no sabía como se estaba concentrando para no quemarle el pelo a Tegoshi y mirar a Taichi al mismo tiempo. No lo podía evitar, tenía que mirarle.
– Si. Bueno, no se si Nagase vendrá porque a lo mejor tiene no se qué de unas motos – a Tifa se le dibujó una sonrisita que a Shige no se le escapó.
Y cuando Tifa vio que Shige le sonreía alzando las cejas terminó riéndose. Y Wawa también se empezó a reír nerviosa. Y Taichi al escucharla la miró, y sus miradas se cruzaron por primera vez. Wawa no podía ni respirar pero al mismo tiempo quería gritar.
– Eres nueva ¿No? – le dijo Taichi con una sonrisa, de esas que a ella tantísimo le gustaban. Asintió, con las mejillas totalmente coloradas. – sois bastante más jóvenes que la mayoría de las que he visto por aquí – le dijo a Tifa, que también le sonrió. Veía a Taichi como un hermano mayor con el que hacer locuras mientras que Wawa se moría por perderse en sus brazos – y más bonitas – dijo inclinándose y mirando a Wawa de cerca, que respiraba agitadamente sin atreverse a mirarle de nuevo.
– ¡No incomodes a la chica! – le dijo Koyama.
– No me incomoda – susurró Wawa de inmediato.
– Claro que no, si soy encantador – Taichi pestañeó muchas veces y muy rápido haciendo que todos se riesen.
Después de eso se despidió, quedando en que llamaría a Tegoshi y dejando a las chicas acabar con su trabajo del día, cosa que hicieron bastante rápido. Los acompañaron al plató, donde rodaron un nuevo videoclip y entre toma y toma les iban arreglando el pelo, la ropa, o el maquillaje. Cuando despidieron a los chicos de NEWS, Tifa empezó a darle empujones a su amiga que intentaba guardar las cosas en su sitio.
– Estarás contenta ¿Eh? Ya lo has visto, y te ha dicho bonita – Tifa le daba con el dedo en la mejilla haciendo que sonriese ampliamente – Taichi kun te ha dicho bonita, Ms. Ko-ku-bun.
– ¡Cállate! – le dio un empujón a su amiga – ¡Nos lo ha dicho a las dos!
– Te estaba mirando, cerquita, así – Tifa imitó a Taichi y Wawa se llevó las manos a la cara riéndose nerviosa.
– No se como no me he desmayado, te lo digo en serio.
– Pues a ver que haces mañana cuando toques su pelo…
– ¡Deja de decir esas cosas! A ver que haces tu cuando tengas a Tomoya delante.
– Morirme – ambas se rieron a carcajadas mientras terminaban de recoger las cosas, dejándolo todo más limpio de como estaba.
Cada vez que salían de allí iban mirando a todas partes por si les veían, pero no había suerte. Tifa dio un respingo al ver a un tipo alto y con gorra, pero fue una falsa alarma. Iban directas a la salida para coger un taxi cuando escucharon ‘¡Nos vemos mañana!’ Cuando miraron vieron a Taichi despidiéndolas con una sonrisa alegre, que hizo que Wawa se riese descontrolada, apretando la mano de Tifa con demasiada fuerza.
– ¡Au! ¿Cómo me puedes hacer tanto daño siendo tan pequeña? – le dijo esta riéndose.
– ¡Lo siento! ¡Son los nervios! Es que ha sonreído, ¿Lo has visto?
Tifa se rió, escuchando durante todo el camino a casa y durante la cena lo maravilloso y precioso que era Taichi. Wawa estaba totalmente emocionada y no era para menos, había conocido por fin al hombre de su vida y había dicho que era bonita. La chica estaba en una nube, no podía parar de sonreír a pesar de que le dolían las mejillas y no podía parar de hablar de Taichi aunque viese que Tifa empezaba a aburrirse del tema. Ese día se fue a la cama sintiéndose la mujer más feliz del mundo, pensando que se conformaría el resto de su vida con ver su sonrisa de cerca todos los días. Y del mismo humor se levantó al día siguiente, aguantando ella ahora los nervios de Tifa.
– ¿Le gustará? – dijo entrando en la habitación de Wawa sin llamar a la puerta. Llevaba unos pantalones negros que le quedaban como un guante, una camiseta ajustada rojo intenso con un buen escote y la melena negra cayéndole sobre los hombros de cualquier manera.
– Vaya… – Wawa se miró, ella llevaba una camiseta larga y celeste y unos pantalones vaqueros blancos debajo con su pelo bien peinado y recogido bajo el chal – ahora siento que voy demasiado… recatada.
– A Taichi le va a encantar lo kawaii que eres, no te preocupes. Ya quisiera ser yo la mitad de kawaii que tu… – dijo Tifa yendo a su cuarto para terminar de arreglarse.
– Si claro, pues dame un poco de esas dos cosas enormes que tienes – dijo señalándole a los pechos cuando la vio en el rellano de la casa.
– ¡No! – Dijo Tifa agarrándoselas – ¡A Tomo-chan le van a encantar! – Wawa se rió.
– No le vayas a decir Tomo-chan ¿Eh? – le dijo Wawa un momento después mientras se metían en el taxi – a ver si se te va a escapar.
– Espero que no…
Cuanto más se acercaban a los estudios menos hablaban y más nerviosas se ponían. Wawa no paraba de morderse las uñas y Tifa resoplaba y se miraba la ropa una y otra vez mientras caminaba hasta su lugar de trabajo. Cuando entraron aún no habían llegado y se pusieron a preparar las cosas en silencio. Les dolía el estómago, les temblaba el pulso y no podían parar de resoplar. Cuando escucharon la puerta abrirse, ambas se volvieron a la vez y saludaron a Leader, que fue el primero en entrar vestido con el traje de chaqueta habitual para su programa de siempre; Kakeru. Mabo y Gussan entraron un poco después. Tenían ganas de gritar, de abrazarles, de tocarles cuanto antes y de dar saltos por toda la habitación, pero se limitaron a sonreírles y a decirles educadamente que se sentaran por favor en sus sitios.
– Si no os importa, empezad conmigo – dijo Mabo. Las chicas asintieron y fueron hacia él, muy nerviosas por tener que tocarles. Tifa no podía parar de pensar en lo sexy que estaba tan despeinado y desaliñado mientras Wawa se entretenía poniéndole el pelo como siempre lo llevaba.
– ¿Dónde están Nagase y Taichi? – le preguntó Gussan a sus compañeros.
– Te iba a preguntar lo mismo – dijo Leader – siempre llegan tarde.
– Nagase llega siempre tarde, Taichi suele estar puntual – dijo Mabo mirándose en el espejo que tenía delante mientras las chicas trabajaban. Sonó un teléfono y Gussan se apresuró a cogerlo.
– Moshi moshi… ah, hola cariño – las dos sonrieron enternecidas al escucharle hablar con su mujer – ¿qué? ¡Oh, vaya! lo siento pero ahora estoy— ah, que quiere hablar conmigo – le miraron de reojo, parecía preocupado – ¿Qué te ha pasado chico? – Se quedó unos instantes en silencio – vamos, cuando vaya a casa te compro lo que me pidas ¿Vale? Seguro que ya te duele menos ¿Eh?
– ¿Qué ha pasado? – le preguntó Leader un momento después cuando colgó, cerrando los ojos al notar que Tifa empezaba a maquillarle. Wawa se cambió de sitio arreglándole el pelo a Gussan y dejando a Mabo salir con su teléfono móvil.
– Uno de mis niños, se ha caído de la bici camino al colegio y se ha partido la muñeca.
– ¿Eeeeh? – dijo Wawa sin poder evitarlo, Gussan le sonrió.
– No te preocupes, está bien pero todavía le duele y claro, ha llorado un poco al hablar conmigo.
– Eso es normal – dijo Tifa sin pensar, estaba tan acostumbrada a verles hablar en la tele que era como si les conociese – es como cuando un niño se cae y se queda esperando a que llegue su madre. Horas después se pone a llorar acordándose del daño que se hizo antes.
– ¡Exacto! – Le dijo Gussan – ¿Tienes hijos?
– No – le sonrió e iba a seguir hablándole, pero en ese momento escuchó una carcajada en el pasillo muy familiar. Miró a Wawa, que le devolvió la mirada con una sonrisa y automáticamente miró a la puerta con el corazón totalmente revolucionado en su pecho.
– ¿Dónde estabais? – dijo Mabo desde el pasillo.
– A mi no me mires – dijo Taichi. Las chicas volvieron a mirarse y Wawa aguantó las ganas de gritar mordiéndose el labio. Tifa pasó a maquillar a Gussan sin despegar los ojos de la puerta.
– Lo siento, culpa mía – dijo Nagase entrando con Taichi tras él. Las chicas les saludaron brevemente, pletóricas de alegría – había quedado en traerle y me he retrasado.
– Por tu cara te has quedado dormido – le dijo Gussan. Nagase asintió con una sonrisa mientras se sentaba donde antes estaba Leader, que se levantó para cederle el sitio una vez Wawa le hubo peinado. Taichi se sentó también mirando como Tifa le ponía la cinta en la frente a Gussan para el kakeru.
– Por cierto, se me ha olvidado contártelo – dijo Nagase con una sonrisa mirando a Taichi mientras Wawa empezaba a peinarle. Tifa se moría de envidia, ella también quería tocar su pelo – ¿A que no adivinas a quién le ha dado calle una gaiyin?
– ¡Nagase! – dijo Taichi señalando a las chicas con la cabeza.
– ¡Ah! – Miró a Tifa a los ojos por primera vez, la chica no sabía como podía mantenerse en pie – ¡Lo siento!
– No te preocupes – dijo sonriéndole muy nerviosa, Wawa la observaba con una sonrisa de oreja a oreja como se agachaba a maquillar a Taichi – no nos ofende – se rió brevemente al mirar a Taichi de cerca.
– ¿Qué? – le dijo este con una sonrisita.
– En la televisión no parece que tengas tantas pecas – Wawa le miró para ver si lo que decía era cierto mientras él se miraba en el espejo.
– ¿De donde sois? – les preguntó Taichi mirando a Wawa esta vez. No le salió la voz al intentar hablar, pero al final susurró:
– Malasia…
– Dicen que el tuyo es un idioma muy bonito, pero nunca lo he escuchado… – le dijo Taichi sonriéndole, haciendo que Tifa tuviese que esperar para seguir maquillándole – Dime algo.
– ¿Cómo? – con los nervios apretó el bote de laca directamente contra la nuca de Nagase, que dio un gritito agudo al notar el frío, haciendo a Tifa dar una carcajada. En ese momento Taichi miraba a Wawa y Nagase a Tifa. Creían estar en el cielo.
– Dime algo en tu idioma – Taichi sonreía sin parar, y a Wawa le costaba pensar algo incluso en su idioma, aunque finalmente le dijo:
– Anda Awak ada dalam impian saya. Awak indah di mata saya dan sentiasa membuatkan saya tidak boleh bernafas[1]– se lo dijo casi en susurros porque la verdad es que le daba vergüenza, pero lo dijo sintiéndolo de todo corazón.
– ¿Y eso que significa? – dijo Nagase mientras Tifa terminaba de maquillar a Taichi y Wawa de peinarle – se lo has dicho a él directamente.
– Es… una tontería… – dijo Wawa, Tifa la miró riéndose porque aunque no lo había entendido, si que había distinguido la palabra impian y sabía lo que significaba.
– ¡Tu lo sabes! – le dijo Nagase a Tifa mientras que se acercaba a él. Le daba la impresión de que iba a gritar si tocaba su piel, y no podía parar de mirarle los labios – ¿También eres malaya? No lo pareces.
– No lo soy – dijo riéndose, agachándose sobre él y acercándose a su cara, sintiendo sus ojos clavarse en los suyos – soy española.
Mientras tanto, Wawa se acercó a Taichi que se quedó en silencio mirándola desde que le dijo la frase. La chica se asustó porque pensó que quizás él entendía malayo y había metido la pata, pero al ver que le sonreía respiro tranquila. O al menos todo lo tranquila que pudo teniendo en cuenta que estaba pasando los dedos entre su pelo. Quería quedarse acariciándole para siempre pero se centró en peinarle, aunque no se dio prisa. Como Tifa, que iba más despacio de lo normal maquillando a Nagase, mirando detenidamente cada rasgo de su cara: su nariz, sus cejas, sus gruesos labios, el lunar que tenía junto al ojo izquierdo… esos ojos marrones que la miraban, divertidos.
– ¿Y tu no me vas a decir nada en tu idioma? – Tifa no podía dejar de sonreír y tampoco pudo evitar suspirar 
– Me muero de ganas de sentirte en mi cuerpo, de tocar tu piel y de volverte loco – le dijo en español. Ella le miraba a los ojos sintiendo que se iba a abalanzar sobre él, y Nagase tampoco le decía nada, solo la miraba con los labios entre abiertos.
– ¿Qué está pasando? – Dijo Gussan riéndose sentado en el sofá – me da la impresión de estar perdiéndome algo…
– A mi también – dijo Nagase cuando ella se alejó de él, dejándole espacio para que se levantase. Pero se le cayó el maquillaje al suelo por culpa de su pulso tembloroso, y al agacharse a recogerlo vio como Nagase le miraba el escote con descaro – y me da la impresión de que me estoy perdiendo algo interesante – dijo en un susurro, con una sonrisa de medio lado y levantándose de la silla.
Taichi también se levantó al terminar Wawa de peinarle, y antes de que diera un paso más la chica se acercó a él y le puso bien la corbata. Al darse cuenta de que él la miraba con una sonrisa, de frente y muy cerca, se puso de nuevo roja como un tomate, riéndose nerviosa mientras le dejaba irse. Las dos siguieron a los cinco chicos que fueron hasta el plató del kakeru. Ambas estaban muy excitadas por estar allí y ver el programa en directo. Empezaron a grabarlo con el invitado del día, al que habían arreglado en otra parte, y se rieron con ellos mientras les miraban. No querían hablar de lo que acababa de pasar porque estaban rodeadas de gente y se suponía que estaban trabajando, no intentando conquistar a los hombres de sus sueños, pero lo cierto es que se morían de ganas. Al final no necesitaron darles retoques de ningún tipo y se despidieron del resto del equipo técnico mientras iban a su puesto de trabajo para guardar las cosas. Una vez hubieron cerrado la puerta, Wawa se dejó caer en una silla, con la cara entre las manos y reprimiendo un grito mientras pataleaba. Tifa se apoyó en la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y se mordía el labio con los ojos cerrados, pensando en Nagase.
– Ha sido increíble, no se si tengo ganas de reírme o de llorar – dijo Wawa con las manos en el pecho.
– Quiero verle otra vez, quiero acercarme a él de nuevo…
– ¿¡Cómo es posible que sean más guapos de cerca!? Y les hemos tocado tanto… hemos hablado con ellos.
– ¿Qué le dijiste? – Wawa se lo tradujo y Tifa hizo lo mismo con su frase, ambas se rieron, cómplices – necesito escuchar música.
– Y yo necesito ir al baño.
Mientras que Tifa ponía ‘Mr Sampling Man’ en su teléfono, Wawa fue al cuarto de baño que tenían al fondo de la habitación, dando saltitos. Tifa se dedicó a cantar, rebosante de felicidad mientras guardaba el maquillaje, la laca, los peines y demás utensilios. Cuando más emocionada estaba con la canción, moviendo las caderas con el secador de pelo a modo de micrófono y cantando: ‘One, two, three, four, five, karada o hikizutte okiagaru’ vio a Wawa salir del baño mirando a la puerta con la mano en la boca. Tifa se giró muriéndose de vergüenza cuando vio a Taichi mirarla con una sonrisita.
– ¿Sois fans de Tokio? – les preguntó mientras Tifa quitaba la música.
– Mucho – dijo Wawa riéndose de su amiga. Taichi se acercó a donde estaba Tifa y cogió un teléfono móvil que ella ni había visto.
– Me lo había dejado – les sonrió haciendo feliz a Wawa una vez más sin darse cuenta y se iba a ir cuando Nagase le cortó el paso en la puerta con unos papeles en la mano.
– Tengo dos malas noticias, una para ti – dijo señalando a Taichi – y una para una de vosotras – cuando les dijo eso a las chicas se les fue el sentimiento de felicidad que tenían – Y las dos están relacionadas. El sábado no puedo ir a jugar al fútbol, lo siento – le dijo a Taichi.
– ¿Y ahora que hago? Ya teníamos los equipos formados…
– Me ha salido trabajo, tengo que grabar un CM[2] – dijo Nagase encogiéndose de hombros – y no creo que me vaya a dar tiempo a llegar.
– Bueno, de todas maneras y por si acaso, que sepas que vamos a estar en Shibuya a las 17:30, en el Tokyu Hands, arriba del todo en al azotea.
– Ya, ya se donde dices y ya te digo que no creo que me de tiempo. Lo de vosotras – dijo mirando a las chicas, Tifa agarraba el secador de pelo con fuerza y Wawa se cruzó de brazos asustada – lo siento de verdad pero una de las dos tiene que venir el sábado a trabajar conmigo. Se que es vuestro día lib—
– Yo vengo, no me importa – dijo Tifa con una sonrisa que delataba lo mucho que le gustaba la idea de estar sola con él.
– Ah, vale – Nagase le sonrió de vuelta y le dio los papeles – vuestra jefa me ha dicho que la que venga deje esto firmado en recepción.
– Vale, muchas gracias – los chicos les sonrieron una vez más y salieron de allí despidiéndose.
– Que suerte tienes – le dijo Wawa dándole un empujón. Tifa estaba más contenta que antes. Mucho más contenta.
– ¿Te has quedado con el sitio donde juegan al fútbol? – le dijo esta cuando se subieron en el taxi.
– Si, se donde es. Lo vimos cuando fuimos a Shibuya ¿Te acuerdas?
– Más te vale pasarte el sábado.
– ¡No puedo hacer eso! – La sola idea de verle jugar al fútbol le encantaba – ¡No puedo colarme allí porque sí!
– ¿Cómo que no? Es un lugar público, puedes ir perfectamente.
– No se…
– Como no vayas dejo de hablarte – dijo Tifa señalándola – te lo digo en serio. Te mueres de ganas de verlo jugar al fútbol, no seas tonta…
A pesar de que a los días siguientes trabajaron con chicos como los de V6 y Kanjani8 que eran realmente atractivos y simpáticos no podían dejar de pensar en el sábado. Y cuanto más se acercaba el día más excitadas estaban. A las 16:30, tres días después, ambas estaban saliendo de su casa, hechas un manojo de nervios. No hablaron en todo el camino, no podían.
– Suerte – le dijo Wawa a Tifa cuando se bajaba ella primero en los estudios de los Johnny’s
– Igualmente. No seas tonta y habla con él si tienes la oportunidad.
– No se si me van a dejar los nervios…
– Nos vemos en casa.
Se sonrieron una vez más y se separaron casi por primera vez desde que vivían juntas.
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Wawa caminaba por las transitadas calles de Shibuya buscando el Tokyu Hands, un centro comercial enorme que tenía un campo de fútbol en la azotea. Cuando llegó al edificio, miró en un mapa que había en la entrada y vio que solo había dos ascensores que llevaban hacia allí. Se apresuró a entrar en uno de ellos, sin estar nada segura de lo que estaba haciendo pero con muchas ganas de hacerlo. Cuando llegó arriba del todo, se encontró con que la pista donde se jugaba al fútbol estaba rodeada por una verja metálica por arriba y por los lados, y fuera había algunos asientos. Al fondo del todo había dos personas, pero parecían estar “ocupadas” así que ni se molestó en acercarse. Estaba mirando la portería, imaginando a Taichi meter un gol con una sonrisita cuando escuchó ruido a su derecha. Al mirar sintió que el corazón se le salía del pecho.
– ¡Hola! – Le dijo Taichi sonriente – ¿Qué haces tú aquí?
– Yo… – quería mirarle a los ojos pero se ponía demasiado nerviosa y terminaba mirando a todas partes – estaba viendo el centro comercial y me llamó la atención que hubiese un campo de futbol aquí arriba.
– Nosotros vamos a jugar ahora – le dijo con una sonrisa señalando a un grupo de hombres que entraron con él – ¡Quédate si quieres! Además, me haces un favor. Toma – le dio su teléfono, que ella cogió con cuidado – si llama Nagase le dices que se venga ¿Vale? – Ella asintió sonriendo, sin creerse aún que la tratase con tanta confianza – Por cierto, ¿Cómo te llamas?
– Wawa – Taichi le sonrió.
– Vale Wawa chan, más te vale animarme ¿Eh? – la chica se rió coquetamente al escuchar su nombre de labios del hombre al que amaba. Taichi la miraba sonriente hasta que de repente se le cambió la cara cuando vio a la pareja que estaba en el fondo del campo salir de allí.
– ¿Qué pasa? – preguntó ella al ver su expresión, seria y enfadada.
– Esa es la novia de Nagase, y ese no era Nagase – Wawa se apresuró a mirar atrás pero ya habían salido. Eso eran malas noticias para Tifa, pero también para Nagase.
– Pues se estaban besando cuando yo llegué – Tacihi la miró y chasqueó la lengua, quitándole el teléfono de las manos.
– Si llega a venir él y la ve con otro… – se llevó el teléfono a la oreja, preocupado.
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El corazón de Tifa se alegró en cuanto le vio venir por el pasillo. No estaba en el lugar de siempre, estaba en el set donde grabarían el CM y estaba pletórica de alegría porque acababa de maquillar a la preciosa Satomi Ishihara. Una chica realmente simpática, bella y agradable. Aunque ese sentimiento de alegría cambió por completo al ver que Nagase se paraba en seco hablando por teléfono. Dejó de sonreír y vio en sus ojos esa expresión que había visto otras veces y no le gustó nada. Le vio llevarse la mano a la cara y cambiar esa expresión por una de rabia, no sabía con quien hablaba pero estaba muy alterado. Cuando se sentó ante ella se quitó la gorra que llevaba, dejando su pelo liso y abundante suelto. No era la especialidad de Tifa pero había visto tantas veces a Wawa hacerlo que simplemente la imitó. Nagase no hablaba, estaba mandando un mensaje con la misma seriedad. Cuando terminó de peinarle se acercó a él de frente.
– Nagase-san, necesito que mires un poco hacia arriba – él la miró y asintió, guardándose el teléfono en el bolsillo. Miraba hacia un lado, pensativo y mordisqueándose el labio inferior – ¿Estás bien?
– ¿Eh? – la miró a la cara, a su escote, y a la cara de nuevo. No dijo nada durante unos segundos y simplemente la miró – si, si, estoy bien. Siento que hayas tenido que venir.
– No pasa nada, de verdad – le dijo ella sonriendo. Él también esbozó una sonrisa y a Tifa no se le escapó como recorrió su cuerpo con la mirada – creo que no me dijiste como te llamabas…
– Llámame Tifa – Nagase alzó las cejas y sonrió más ampliamente – mi nombre real no…
– ¿Cuál es? – ella le sonrió tontamente al ver su curiosidad.
– Pili, pero llámame Tifa.
– ¿Piri chan? – se rió mirándole a los ojos. Escuchar como la llamaba por su nombre… era demasiado – vale, te llamaré Tifa si quieres. Pero Piri chan es bonito.
– Gracias… – se apartó de él y le dejó levantarse, caminando hacia Satomi-san mientras esta le saludaba alegremente.
Justo antes de que empezaran a grabar le vio suspirar, igual de serio que antes. Pero entonces la miró, directamente a los ojos, y le dedicó una sonrisita de medio lado que hizo que le temblasen las piernas.
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Al principio no se atrevía a alzar la voz, pero alrededor suya otras mujeres animaban a diferentes chicos. Wawa seguía con el teléfono de Taichi en las manos y cuando vio que se acercaba a la portería no lo pudo evitar.
– ¡Ganbareeee, Taichi kuuuuun! – dijo dando saltitos en el sitio. Pero Taichi falló. Aun así, el chico miró a las gradas y le sonrió, provocando que se le subiesen los colores mientras se le escapaban risitas nerviosas. Una de las mujeres la miró con una sonrisa.
– ¿Eres la novia de Taichi-kun? – Wawa sintió las mejillas ardiendo.
– ¡No! Yo solo…
– No se, nunca le he visto sonreír así a una chica que no fuese su novia.
Wawa se quedó mirando a la mujer sin terminar de creerse lo que le estaba diciendo. Y siguió animándole, cada vez con más ganas. Aplaudiendo cuando marcó un gol y sonriendo hasta que le dolieron las mejillas. Cuando terminaron se acercó a ella, sudoroso y jadeante.
– ¿Te lo has pasado bien? – Ella asintió – estoy reventado, ya no tengo la energía de antes…
– No digas eso – le dijo ella – lo has hecho muy bien.
– Gracias Wawa chan. Nagase no ha llamado ¿No? – Le devolvió el teléfono – Iré a su casa más tarde, no quiero que esté solo hoy. ¡Que mala suerte tiene!
– No te preocupes por él. Está en buena compañía – Taichi la miró entrecerrando los ojos. Wawa sintió que había hablado de más.
– Lo dices por la chica que trabaja contigo ¿Eh? – no supo que contestar – se nota que le gusta.
– No le digas nada.
– Ya lo sabe, es evidente – Wawa se puso de pie y se dio cuenta de que la gente había salido, solo ellos dos se habían quedado ahí arriba – tengo ganas de algo fresquito, estoy muerto de calor. ¿Quieres un helado?
– ¿Eh? ¿Yo?
– Claro que tu – le dijo Taichi riéndose – vamos, te invito.
Bajaron juntos en el ascensor y fueron hasta una tienda de helados en la que Taichi le dijo que se pidiese el que más le gustase. Y eso hizo, mirando como él se comía uno de vainilla.
– Umai – susurraba. Iban caminando juntos hacia la salida del centro comercial. Era como tener una cita con él, se sentía tan feliz que creía que iba a flotar de un momento a otro. Si solo le cogiese de la mano… se rió sin poder evitarlo en voz alta – ¿Qué pasa?
– Estoy contenta.
– ¿Por el helado? – Wawa le miró, Taichi la miraba a los ojos con esa sonrisa que le llenaba el corazón de una calidez que la dejaba sin respiración.
– Por… todo.
– Sigo con curiosidad de lo que me dijiste el miércoles.
– No voy a decírtelo.
– Si no quieres decírmelo es porque te da vergüenza, no sería algo malo ¿Eh? – se paró, mirándola fingiendo estar enfadado y haciendo que ella se riese, negando con la cabeza – no importa, ya lo averiguaré. ¿Vives muy lejos?
– Un poco, pero no pasa nada, iré en taxi.
– No te gastes dinero, te llevo.
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Tifa recogió las cosas cuando terminaron de rodar el CM y les dijo adiós a los demás y a Ishihara-san sin dejar de mirar a Nagase de reojo. Al pasar por su lado, éste la miró y le sonrió.
– Tifa-chan, si tienes que ir a dejar eso es más rápido si coges por allí – le señaló una puerta – hay otro estudio pero al fondo hay otra puerta que da casi al lado. Si sales por donde están saliendo todos tienes que dar el doble de vueltas.
– Gracias Nagase-san – dijo ella, caminando hacia donde él le dijo.
No habían hablado apenas en toda la tarde pero estaba más que satisfecha con que le sonriese de vez en cuando y con las miradas que le dedicaba cuando se pensaba que ella no se daba cuenta. Sabía que no era especial, Nagase era un pervertido y punto, pero igualmente le gustaba muchísimo que la mirase. Cuando entró en el otro estudio sonrió al darse cuenta de que era el del Kakeru. Apenas había luz, solo la que entraba del estudio al otro lado y la de algunas luces de emergencia. Tras comprobar que nadie miraba, se acercó al sitio de Nagase, sentándose en su silla con una risita, soltando el maquillaje en la  mesa. Cogió el lápiz que usaban, mirando la pizarra electrónica que tenía delante, sabiendo que él lo había tocado.
– ¿Qué haces? – alzó la vista y vio a Nagase sonriéndole, aflojándose la corbata. Se levantó de inmediato, nerviosa y sin saber como reaccionar.
– Me daba curiosidad ver como eran las pizarras. – le dio la vuelta a la mesa y se dio cuenta de que se había dejado el maquillaje.
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– No me lo coge – dijo Taichi mirando el teléfono mientras esperaban a que el semáforo cambiase.
– Estará trabajando – cada vez le costaba menos hablar con él, pero seguía poniéndose igual de nerviosa cuando la miraba a los ojos. Y fue casi todo el camino mirando su perfil, esa nariz tan pequeña y las pecas de su rostro. Estaba totalmente despeinado y olía muchísimo a hombre. Aun así le encantaría hundir la cara entre sus brazos.
– Supongo que si, pero ya es tarde – dijo señalando al cielo, estaba oscureciendo – no se, es raro – condujo en silencio durante unos segundos hasta que suspiró y la miró – ¿Vives sola? ¿O con tu novio?
– No, vivo con Tifa – la miró sin saber de quién le hablaba – la chica que trabaja conmigo. Vivimos juntas.
– ¿En serio? Que suerte que os hayan cogido a las dos para el mismo trabajo.
– Si, somos muy afortunadas – dijo sonriendo. No se hacía una idea de lo afortunada que se sentía en ese momento.
– ¿Entonces no hay novio? – Ella negó con la cabeza – bien, te podré invitar a más helados el próximo día sin miedo a que me peguen.
– ¿Eh? ¿El próximo día? ¿Qué quieres… ¿Por qué has dicho eso?
– Si no quieres no pasa nada – dijo él mirándola extrañado porque la chica casi que le estaba gritando – me lo he pasado bien contigo hoy, eso es todo. Y me gusta tu sonrisa – tras decirle eso, la sonrisa de Wawa se hizo enorme, llevándose las manos a la cara, reprimiendo un grito de alegría.
– Cuando tú quieras, Kokubun-san.
– Llámame Taichi – dijo mientras le metía bajo el chal un mechón de pelo que se le había escapado, acariciando su mejilla antes de alejar su mano.
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Tifa se dio la vuelta sin mirarle e intentó coger sus cosas por encima de la mesa, pero no llegaba. Puso una mano en esta para coger impulso pero solo lo rozó con las puntas de los dedos y le escuchó reírse. Sintió como Nagase se ponía tras ella, estirándose para coger el maquillaje y casi tumbándose en su espalda. Sintió su calidez, sintió su cuerpo sobre el suyo cuando la aplastó contra la mesa. Y después de que dejara el maquillaje a un lado sintió como movía su mano hacia la parte delantera de su cuerpo, metiendo sus dedos por debajo de su falda mientras acariciaba su muslo, para acabar dentro de sus bragas.
– ¿Por qué vienes tan provocativa? – Tifa aspiró aire con fuerza agarrándose al filo de la mesa con ambas manos mientras sentía los dedos de Nagase hundirse entre los labios de su vagina, rozándola despacio.
– Nagase, ¿qué— – le preguntaba por la sorpresa, pero movió su trasero, rozándose con su entrepierna, más cachonda que nunca en su vida.
– ¿No te gusto? – le susurraba al oído mientras la masturbaba y escuchó como se abría la bragueta – ¿No quieres?
– Si, claro que quiero – reprimió un gemido, le costaba mantenerse de pie – pero es que—
– No me importa donde estamos, solo quiero metértela y tu te mueres de ganas – la chica tembló de la cabeza a los pies al sentir los labios de Nagase en su cuello, sus dedos rozando su piel de una manera sensible y experta, empapándoselos en ella. Reprimía los gemidos sin soltarse de la mesa hasta que él la empujó hacia adelante, tirando de sus bragas hacia abajo y levantándole la falda – más vale que te tapes la boca e intentes no gritar porque no vas a poder evitarlo durante un rato, preciosa.
Sintió como le rozaba suavemente y no pudo evitar gemir. Y sintió como entraba despacio en ella mientras un susurro salía de entre los labios de Nagase. La agarró del trasero con una mano y le puso la otra en la boca, acercándola a él, respirándole en el cuello mientras la penetraba con cuidado. Sentía cada centímetro de su amante dentro de ella, moviéndose despacio. Cuando le empezó a follar más rápido le mordió el cuello, reprimiendo él también sus gemidos. Tifa se sentía morir de placer y de la felicidad de tenerle dentro al fin después de tanto tiempo deseándolo. Momentos después de gritar contra su mano que se corría, Nagase se la sacó y la puso boca arriba en la mesa.
– Ábrete de piernas porque voy a follarte hasta el fondo – y ella lo hizo, encantada con como se comportaba y por las cosas que le decía. Tifa agarró su erección, húmeda, caliente y tremendamente dura, masturbándole mientras rozaba el glande con su vagina.
– Dame fuerte Tomoya… – le susurró cuando se la metió de nuevo, echándose sobre ella mientras la agarraba de las caderas.
Tifa le puso las manos en las mejillas y le miró a los ojos mientras le sentía entrar hasta el fondo, haciendo que se mordiese los labios hasta que se hizo daño. Se dejó caer en la mesa mientras él se incorporaba. Le vio tragar saliva, cerrando los ojos y juntando las cejas en un gesto de placer mientras se la follaba con fuerza. Tifa se masturbaba mientras él movía sus caderas contra las de ella, susurrando lo mucho que le gustaba una y otra vez. Tras provocarle varios orgasmos realmente intensos a la chica que reprimía los gritos mordiéndose el brazo, se separó de ella y tiró de su mano, haciendo que se pusiera de rodillas en el suelo. No tuvo que preguntar, simplemente se metió en la boca la erección de Nagase, que gimió con los labios apretados, agarrándola del pelo. Se sostuvo con una mano en la mesa mientras ella se tragaba su esperma, agarrándole del trasero, mirando como entreabría sus labios mientras se daba cuenta de que no le había besado ni una vez.
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Wawa no quería bajarse del coche, no quería decirle adiós. Quería que entrase, quería hacerle de comer y que se enamorase de ella perdidamente. Le quería entre sus sábanas, estaba ahora más segura que nunca. Taichi se bajó del coche y le abrió la puerta, tendiéndole la mano y haciendo que se riese nerviosa.
– No hace falta que hagas esto – aunque en realidad estaba encantada.
– Claro que si, así se trata a las princesas, Wawa chan – la acompañó hasta los pies de la escalera de su casa, y ella le sonrió sin saber como despedirse.
– Nos vemos el miércoles, ¿No? – ella asintió – lo esperaré con ganas. Voy a echar de menos mi sonrisa favorita.
– Muchas gracias… Taichi-san
Se despidió con la mano y subió las escaleras con prisas por abrir la puerta porque necesitaba gritar, necesitaba desahogarse y contárselo todo a Tifa cuanto antes. Cuando se dio la vuelta para despedirse de nuevo dio un saltito hacia atrás, Taichi estaba junto a ella y le puso una mano en el hombro, besando delicadamente su mejilla y sonriéndole por última vez antes de bajar las escaleras y meterse en su coche. Tarareaba una canción mientras Wawa le miraba con una mano en donde habían estado sus labios. Entró en su casa, fue corriendo hasta su cuarto, y tras apretar la almohada contra su cara dio un grito largo y nervioso.


[1] Eres mi sueño, y eres tan guapo que me cuesta respirar
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2

            Cuando se tranquilizó un poco buscó a Tifa en su habitación, pero no había llegado aun. Esperaba que fuese una buena señal y que viniese también con buenas noticias. Se acordó de lo que le acababa de pasar a Nagase y de la conversación que tuvo Taichi con él y se mordió el labio preocupada mientras preparaba la cena. Parecía ser que Nagase estaba más enfadado que triste, así que esperaba que su amiga le hubiese consolado. Y no fue hasta media hora después que no salió de dudas.
– Wawa – la escuchó hablar antes de verla, pero por el tono de su voz sabía que había pasado algo. Wawa se quedó mirándola y su amiga fue corriendo hacia ella y la abrazó, riéndose como una loca.
– Como me digas que te ha besado… – dijo Wawa
– No, precisamente eso no me lo ha hecho – cuando Wawa miró a su amiga con más detenimiento vio la marca que tenía en el cuello.
– ¡¿Qué has hecho?! ¿¡Qué te ha hecho?!
– Me cogió por sorpresa en la mesa del kakeru, ha sido… tan… – dio un grito mientras Wawa se cubría la boca con las manos.
– ¿Lo habéis hecho? – Tifa asintió, Wawa la agarró de los hombros – ¡Nooooooo!
– Es mejor de como me lo imaginaba…
Después de que le diese una descripción de lo que había pasado y de como él se había ofrecido para traerla hasta la casa en la moto, momento en el que Tifa estaba en las nubes abrazada a su cintura, Wawa la miró extrañada.
– ¿Y no te ha besado ni una vez?
– No, pero no se me ha hecho raro. Me he dado cuenta al acabar, no se…ha sido todo muy salvaje…
– Es que no tenemos nada que ver – dijo Wawa riéndose.
– ¡Bueeeeeno! ¿Y tú qué? ¿Fuiste al partido?
– ¡Si! Y le vi jugar – le contó su tarde, sin omitir ni un solo segundo, a su amiga que sonreía y se enternecía con cada detalle que Taichi tuvo con ella – todavía puedo sentir sus labios en mi mejilla – dijo con la mano en ese mismo lugar de nuevo.
– No te digo lo que puedo sentir yo todavía…
– ¡Tifa! – las dos se reían a carcajadas, pero a Wawa se le fue borrando poco a poco – oye, ¿No escuchaste la conversación que tuvo Nagase con Taichi?
– No… ¿Qué conversación?
– Por teléfono – Tifa la miró sorprendida
– ¿Era con Taichi? No escuché nada porque estaba lejos pero parecía enfadado… y un poco triste.
– Es que… por favor Tifa no te enfades.
– ¿Qué no me enfade? ¿Qué ha pasado?
– Por lo visto allí estaba su novia con otro.
– ¿Como que su novia? – el ceño de Tifa estaba cada vez más fruncido y aunque Wawa no quería contárselo sentía que debía hacerlo.
– La novia de Nagase, se estaba besando con otro cuando llegué – Tifa la miró sin expresión, aunque sus labios se separaban asombrados poco a poco. Asimilaba la noticia en silencio y mordiéndose las uñas hasta que suspiró.
– ¿Sabes que? Me da igual. Que tenga novia o lo que sea pero me ha follado y eso lo que importa.
– ¿En serio?
– En serio, me preocupa más que él esté mal y si yo he servido para que se sienta mejor no veo problema en que le haya puesto los cuernos a esa zorra conmigo. Además, era lo que yo quería desde el principio, tener sexo con él.
– Tú lo tienes más fácil que yo… – dijo Wawa mirándose las manos.
– ¿Qué dices? Nagase solo me ha follado, nada más.
– ¡Y nada menos!
– Es solo sexo. A ti te han dicho que tu sonrisa es su favorita y te trata como a una princesa. Yo creo que tú tienes más posibilidades ¿eh?
Tifa empezó a pinchar a su amiga en el costado con un dedo mientras se reía tontamente, haciendo que se sonrojara. Terminaron de hacer la cena juntas, y comieron bastante contentas y satisfechas por como estaban saliendo las cosas. Una vez en la cama, Wawa sonrió abrazando la almohada con los ojos cerrados, recordando el sonido de su voz y todo lo que había hecho ese día, sintiéndose tremendamente alegre y quedándose dormida con una gran sonrisa en su rostro. Sin embargo Tifa no podía dormir, estaba contenta de haber hecho todo eso con él, y de que la llevase en la moto. Le encantó conocer también a ‘Tom’, pero no podía evitar pensar en lo que le había pasado con su novia. De no haberse enterado de esa noticia… ¿Habría pasado algo entre ellos? Y no solo eso, ¿Estaría él bien? Le costó muchísimo trabajo dormirse, esa noche no descansó.
            Los días siguientes se les hicieron lentos. Hasta que no llegó el miércoles no supieron nada de ninguno de los dos. Los iban maquillando de dos en dos conforme iban llegando, Gussan y Mabo los primeros, el segundo serio y con ganas de acabar pronto. Tifa le sonrió cuando sus miradas se cruzaron al maquillarle y el le devolvió la sonrisa pero muy brevemente. Estaban seguras de que debajo de ese aspecto de tipo guay y duro había un corazoncito tierno. Gussan les sonreía mientras miraba cosas en el teléfono y ambas miraron a la puerta al escuchar una risita. Taichi les saludó con esa felicidad que le caracterizaba, entrando con Leader y sentándose cuando acabaron con los otros dos. Miraba a Wawa a través del espejo y la chica le devolvía la mirada con una sonrisa coqueta. Cuando llegó Nagase, bostezando y dejándose caer en el sofá con un brazo ante los ojos, Taichi miró inmediatamente a Tifa alzando las cejas repetidas veces.
– Para… – le dijo Wawa riéndose, dándole un empujoncito mientras Leader los miraba extrañado. Tifa le miró y miró a Wawa con cara de: ‘lo sabe’. Cuando Leader se levantó, peinado y maquillado, Tifa miró a Nagase.
– He terminado con Tai—con Kokubun san, llámale – le susurró Wawa mientras que Taichi las miraba divertido.
– Nagase-san – le llamó, pero no parecía enterarse. Gussan estaba hablando por teléfono y Leader salió al pasillo con Mabo. Así que la chica se acercó a él y tocó su hombro con cuidado – ¿Nagase-san?
– ¿Eh? – quitó el brazo de donde lo tenía, con cara de tener sueño. Le sonrió – Tifa-chan…
– Siéntate por favor – le dijo ella sonriendo también y poniéndose el pelo tras las orejas. Cuando Nagase se levantó le entraron unas ganas horribles de abrazarle, pero se contuvo y se acercó a Taichi, maquillándole mientras Wawa peinaba a Nagase.
– Pareces nerviosa – le susurró Taichi a Tifa riéndose mientras ella le maquillaba.
– No lo estoy… – dijo ella intentando disimular mientras Wawa se reía tontamente.
– Ya me dirás cuando te acerques a la mesa del kakeru – Nagase dio una carcajada al ver como Tifa se ponía como un tomate.
– ¡Kokubun-san! – Wawa se reía tapándose la boca.
– Ya no vas a mirar esa mesa con los mismos ojos ¿eh? – le dijo dándole un empujoncito a Nagase.
– Cállate ya – dijo este intentando no reírse. Se quedaron en silencio, las chicas sonrientes.
– Wawa chan – le dijo Taichi a la chica, que le miró cuando Tifa terminaba de maquillarle – ¿No crees que tengo el pelo demasiado largo? Se me mete en los ojos.
– ¿Te lo corto? – Él asintió y ella cogió las tijeras, poniéndose frente a él – cierra los ojos – los cerró con los labios ligeramente curvados en una sonrisa mientras ella le recortaba el flequillo. Cada vez que le sacudía el pelo de la cara se la rozaba con los dedos. Sin darse cuenta se quedó mirándole embobada, hasta que la risita de Tifa la sacó de su estado – Listo.
– Gracias – dijo mirándola muy cerca, Wawa tenía tantas ganas de besarle que incluso se humedeció los labios – mucho mejor – Se levantó de la silla y miró a su alrededor – oe, vamos yendo para allá – le dijo a Nagase – ahora vienes ¿No?
– Si – dijo este frotándose la cara antes de que Tifa empezase a maquillarle – ahora mismo estamos allí.
– Wawa chan, vamos – dijo Taichi haciéndole un gesto con la cabeza, dejando a Tifa y a Nagase solos en la habitación.
– Tienes que dormir más – le dijo Tifa maquillándole las ojeras. Él hizo un ruidito, asintiendo – ¿Estás bien? – abrió los ojos y la miró, Tifa se quedó con el maquillaje en la mano, sin moverse.
– Tifa… por favor, de lo del otro día no le digas nada a nadie.
– No iba a hacerlo igualmente, solo lo sabe Wawa.
– Lo suponía – dijo encogiéndose de hombros – también quería pedirte perdón.
– ¿Por qué? – Nagase se rascó la mejilla mirando hacia un lado y volvió a mirarla a los ojos.
– No voy a decir que me arrepiento de lo que hicimos porque sería mentira, pero fue… me acababan de decir una cosa y yo quise… – no sabía como decírselo, pero Tifa apreció mucho que fuese tan sincero. Le sonrió y siguió maquillándole.
– Ya lo se. Wawa me contó tu conversación con Taichi… bueno, el porqué.
– ¿Y no estás enfadada? – ella negó con la cabeza.
– Si sirvió para que te sintieses mejor, encantada de ayudar – él se rió, y al ver su sonrisa tan de cerca Tifa sintió intensamente lo mucho que le quería – A lo mejor no es mucho, no te fías de mí o tienes a alguien mejor, pero si necesitas hablar de cualquier cosa quiero que sepas que estoy aquí.
– Ahm… vale – Fueron juntos al set y ella se sentó junto a Wawa, que la observó suspirar mirándose las manos.
– ¿Qué ha pasado? – le susurró.
– Nada importante – respondió Tifa sonriendo sin ganas.
Wawa la miró sospechando pero no le preguntó porque allí no quería hablar de esos temas. Cuando terminaron de grabar, después de muchas risas y de intentar adivinar con ellos los kanji aunque les era imposible, fueron recogiendo. Cuando iban por el pasillo escucharon a Taichi hablar a sus espaldas.
– ¿Se puede saber que haces siempre que vas con tus amigos y las motos?
– Las probamos, hacemos carreras… ¿Qué quieres que hagamos con unas motos si no? – Estaba hablando con Nagase y las chicas anduvieron un poco más despacio – vente este fin de semana, vamos a quedar.
– ¿Solo hombres?
– No, siempre viene la mujer de alguno, o las novias.
– Mientras que no venga la que tú sabes… – se quedó callado durante unos segundos
– No, lo dudo mucho.
– Entonces vale ¿Puedo llevar a alguien?
– ¿Hay alguien a quién llevar? – la voz de Nagase sonaba divertida.
– ¡Oe, espera Wawa chan! – Wawa se paró en seco, con el corazón aceleradísimo y le miró – ¿Tienes algo que hacer este fin de semana?
– No… ¿Por qué? – se derritió ante su sonrisa deslumbrante.
– Por si quieres venir conmigo y éste a ver unas carreras de motos.
– Me gustaría mucho ir contigo – dijo ella riéndose sin poder evitarlo.
– Entonces perfecto, dame tu teléfono y paso a recogerte a tu casa.
Wawa sonreía ampliamente mientras le decía su teléfono y Tifa los miraba sintiéndose un poco mal. No celosa, era más bien como si la dejasen de lado. Pero apretó los labios y no dijo nada, quería que su amiga tuviese una cita con Taichi porque sabía que eso la haría tremendamente feliz. Ya le pediría que hiciese fotos de Nagase. Se dieron la vuelta para entrar en su lugar de trabajo y escucharon susurros a sus espaldas. Justo antes de que Tifa cerrase la puerta, Taichi la paró con la mano.
– Oye, ¿Quieres venir tú también? – le dijo este. Quería más que nada en el mundo, pero…
– No lo se – Wawa la miró con los ojos como platos, Tifa no pudo evitar mirar a Nagase, que estaba centrado en su teléfono móvil. Taichi se dio cuenta y después de mirar a Nagase la miró a ella de vuelta.
– Vente – dijo alzando una ceja con una sonrisita malvada.
– Si no es una molestia, iré – se encogió de hombros y se despidió de los chicos. Unos minutos después de que cerraran la puerta y cuando se iban a ir de allí, Wawa la agarró de un hombro.
– ¿Qué pasa? – le preguntó en susurros.
– Nada – mintió Tifa – es solo que no quiero estorbaros. Era una cita, vais a estar juntos…
– Se que me estás mintiendo, tienes cara de pena ¿Qué pasa?
– Nada Wawa, de verdad. Está todo bien.
Cogió sus cosas y salió de allí. Nunca le había gustado hablar de sus problemas con la gente. Por Internet era distinto porque eran mensajes escritos y más o menos podía controlar lo que decía o no. Además, no la veían llorar. Wawa la miraba sin entender nada. Siempre se lo habían contado todo y se habían apoyado en los malos momentos pero ahora ella no quería contarle que le pasaba. Y había pasado algo claramente mientras Taichi les había dejado solos.
– Creo que Nagase tiene que hablar con ella – le dijo éste unas horas antes al salir de la habitación.
– ¿De qué? – dijo ella caminando a su lado, sintiéndose en una nube.
– De lo del otro día. No se que querrá decirle pero me ha dicho que tenía que hablar con Tifa pero no sabía cómo. Hay veces que es más cerrado…
Y por lo visto Tifa también lo era. Y no consiguió sacárselo en los días siguientes, ni siquiera momentos antes de que Taichi pasara a recogerlas con el coche el domingo, aunque se la veía claramente desanimada. Sin embargo, el corazón de Wawa rebosaba de alegría, a pesar de apenarle el estado de su amiga no podía evitar sentirse feliz. Taichi casi le había pedido una cita. No sabía que esperar de todo eso pero iba tan bien que asustaba. Días antes tomó la determinación de que iba a dejar las cosas fluir y que pasase lo que tenía que pasar. Al sentir la vibración de su teléfono salieron de la casa y al bajar las escaleras allí estaba él esperándolas.
– Que bien acompañado voy – dijo Taichi mirándolas – ¿Por qué venís tan guapas?
– Gracias Kokubun-san – dijo Tifa entrando en la parte de atrás del coche, cerrando la puerta tras pasar para que Wawa se sentase delante. Le guiñó un ojo a su amiga desde el asiento trasero.
– Princesa… – dijo Taichi mientras le abría la puerta. Siempre que estaba a su lado Wawa no podía evitar sonreír. – Me alegro de que vengáis con ropa fresca, dice Nagase que allí hace mucho calor.
– Odio el calor – dijo Tifa mirando por la ventana – prefiero el invierno mil veces.
– Pues yo estoy bien – dijo Wawa.
– Me tendría que haber puesto un traje como tu, me voy a asar – Llevaba una camiseta de tirantas negra y unos vaqueros ajustados. Wawa llevaba un traje largo rosa pastel muy claro con encajes en la falda.
– Es muy bonito – le dijo Taichi.
– Me lo compré en Shibuya, me alegro de que te guste – le dijo ella. Se miraron, sonrieron y se quedaron en silencio.
Tifa sospechaba que esa falta de conversación era para que no se sintiese incómoda porque de vez en cuando, aunque no se hablaban, veía desde donde estaba sentada que se miraban y se reían tontamente. Era tan evidente que se gustaban que era ridículo. Llegaron a un aeropuerto en deshuso y justo allí tenían montada una carpa con varias sillas y neveras. Y al lado veían un buen grupo de motos, a cual más grande y cara. Wawa apretó el brazo de Tifa indicándole donde estaba ‘Tom’ fumándose un cigarro, porque cuando se vestía para montarse en moto ya no era Nagase.
– ¿Cómo no te mueres de calor? – le dijo Taichi a modo de saludo
– Ah, no es tanto – eso dijo, pero debajo de la gorra estaba sudando. Las saludó con una sonrisa. Wawa miró a su amiga, que sonreía de verdad por primera vez desde el miércoles – si queréis poneos por allí, por donde están esos con las cámaras.
– Joder, a pleno sol – dijo Taichi
– Te lo dije. Y hace tanto calor por el asfalto. Pero si queréis os podéis quedar en la carpa, fresquitos. Eso si, no vais a ver nada… toma, aguántame esto – cuando Nagase se quitó la gorra y dejó su pelo suelto, Tifa aspiró y no soltó el aire hasta un rato después, que él iba caminando hacia la moto con el casco en la mano.
– Me cago en todo, está buenísimo… – dijo soltando el aire por fin en un susurro. Wawa se rió al ver a su amiga quedarse embobada. Se sentaron en el suelo, aunque Taichi trajo una sillita plegable para Wawa. Eran esos detalles los que la volvían loca.
– ¿Estás bien? ¿Mucho calor? – le dijo este de cuclillas a su lado. La silla le quedaba a su altura, y más cerca de lo normal. Habría sido tan fácil besarle…
– De momento estoy bien.
– Si os entra mucha calor me acerco a las neveras y os traigo algo.
– Pero no hemos pagado nada – Taichi hizo un gesto con la mano
– Tampoco íbamos a dejaros – le sonrió y miró a Tifa. Wawa también y se la encontraron abrazándose las piernas sin despegar la vista de Nagase mientras se mordía el labio. Wawa miró a Taichi, este le devolvió la mirada con una sonrisita y pasó el brazo por encima de las piernas de la chica, poniéndola nerviosa y dándole a Tifa con la gorra de Nagase en el brazo.
– Aguántasela tú – Tifa la cogió con admiración.
La abrazó contra su pecho y siguió mirando a Nagase. Estaba increíble con su pelo suelto, hablando y sonriendo con sus amigos con tanta naturalidad. Le encantaría estar charlando a su lado, secarle el sudor de la frente y darle un refresco. Pero no le quedaba más remedio que aguantarse sentada lejos de él con su gorra en la mano. Cuando creía que no la miraba nadie, se la llevó a la nariz. Se puso tan nerviosa al olerle que se le escapó un quejido y volvió a apretarla contra su pecho. Le vieron ponerse el casco, sentándose en la moto y arrancándola. Le echaron agua al suelo, sobre la rueda de atrás.
– ¿Por qué hacen eso? – preguntó Wawa
– No tengo ni idea – le contestó Taichi – supongo que será para que no se gaste demasiado el neumático. No entiendo mucho de motos…
– ¿No sabes montar en moto? – le dijo Wawa mirándole con intención de fastidiarle un poco. Taichi la miró poniendo morritos.
– ¡No soy tan guay como Nagase con las motos pero se hacer muchas cosas!
– No me lo creo… – dijo Wawa riéndose. Señaló a Nagase – ¡Mírale! kakoii…
– ¿Qué sí? Ponle un examen de inglés a ver quien sabe más. ¿Qué digo de inglés? ¡De japonés!
– No te enfades Taichi kun – dijo Wawa sin parar de reírse – era broma.
– Ya – se cruzó de brazos – siempre el guay es él, el chico alto y guapo.
– Pero tú… – Taichi la miró, y ella no pudo hablar. Se le subieron los colores de inmediato.
– ¿Yo que?
– Nada – miró a Nagase porque no podía mirarle a él.
– ¡Si ibas a decir algo bueno dilo, baka!
– ¡Calla! – se rió y miró hacia el lado contrario justo cuando el ruido de la aceleración de la moto de Nagase los sobresaltó.
Quemaba neumático probando como la moto aceleraba, como sonaba el motor, levantando una gran nube de humo blanco cuando finalmente arrancó. Tifa se levantó para verle mejor, con la gorra aún apretada contra su pecho.
– ¿Y si se cae? – le preguntó a Taichi – no se hará daño ¿Verdad?
– No sería la primera vez, seguro – le dijo Taichi mirándola con una sonrisita – Te gusta mucho ¿Verdad?
– Muchísimo… – dijo esta sin pensar, mirando como Nagase volvía de vuelta con la moto. Taichi agarró a Wawa del brazo y se acercó tanto a ella que la chica apretó con fuerza los brazos de la silla.
– Tenemos que hacer algo – le dijo al oído, poniéndole los vellos de punta al escuchar su voz tan, tan cerca – tenemos que hacer que a Nagase le guste Tifa de verdad.
– ¿Por qué quieres ayudarla? – le susurró ella también. Sus mejillas se rozaban, era tan cálida y suave…
– Porque no soporto a la novia que tiene ahora.
– ¿Sigue con ella?
– Creo que si, no lo se, no quiere hablarme del tema porque sabe que no me gusta – Wawa se puso derecha al ver que Nagase se acercaba a ellos quitándose el casco.
– ¿Has ganado? – Le preguntó Taichi – desde aquí no se veía nada.
– No… pero da igual. ¿Has escuchado como sonaba? Acabo de arreglarla, es una de las pocas motos de dos plazas que tengo.
– ¿Cuántas tienes? – le preguntó Wawa.
– Unas cuantas – dijo él sonriendo – vámonos a la sombra que me va a dar algo, tengo que cambiarme – le siguieron y se sentaron a esperarle.
– Voy a por algo fresquito, ¿Queréis? – ambas asintieron y Taichi fue hasta las neveritas. Mientras estaban las dos solas Tifa agarró la mano de Wawa sin dejar de mirar como Nagase se quitaba lo que tenía puesto. Estaba justo de espaldas a ella.
– ¿Cuándo vas a besarle? – le dijo a Wawa, que se llevó las manos a la boca para reprimir un gritito.
– ¿Yo? ¿Yo a él? – Se reía nerviosa – no puedo…
– ¿Y por qué no? No se va a negar.
– No es eso, es… ¡Que vergüenza! – se llevó las manos a las mejillas sin parar de reírse.
– No seas tonta, tu puedes haaaa… – Tifa alzó las cejas con la boca abierta cuando vio que Nagase se quedaba en calzoncillos delante de ella. Cuando llegó Taichi con los refrescos le apartó de un empujón porque se puso justo delante.
– ¿Qué pasa? – Cuando se dio cuenta de la situación empezó a reírse como un tonto, risitas que se convirtieron en carcajadas cuando Tifa se puso muy derecha al ver que Nagase se daba la vuelta – Solo quedaba esto – dijo cuando se le pasó, enseñándoles dos refrescos de fresa – así que para vosotras.
– ¿Y tú que? – Le dijo Wawa – si quieres podemos compartirlo.
– ¿No te importa? – negó con la cabeza, sonriéndole. Taichi se acercó a la mesa de nuevo y volvió con tres cañitas, dándole una a Tifa y metiendo las otras dos en el refresco de Wawa – Gracias – se sentó a su lado y mientras esperaban a Nagase iban bebiendo poco a poco. Taichi estaba distraído mirando las motos que había a su lado y cuando giró la cara para beber de su cañita, Wawa también estaba bebiendo y rozaron sus narices. La chica se atragantó.
– ¡Lo siento! ¿Estás bien? – dijo dándole palmaditas en la espalda mientras ella tosía.
– ¿Qué ha pasado? – Dijo Nagase acercándose a ellos con una sonrisa, una camiseta de mangas cortas blanca (con un logotipo muy raro) y unos vaqueros – no la mates en la primera cita Taichi.
– ¡¿Eeeeh?! – Wawa volvió a atragantarse al escuchar que Nagase se refería a lo suyo con Taichi como ‘primera cita’. No podía ser, es que era demasiado. Tifa la miraba con una sonrisita, por lo visto había estado atenta a lo que había pasado.
– Tengo sed… – dijo Nagase pasándose la lengua por los labios.
– Pues no hay nada de beber, y esto es nuestro – dijo Taichi alejando la lata.
– ¿¡Eeeeeeh?! ¿No me han dejado ninguna cerveza esos cabrones?
– Bébete lo que me queda si quieres – le dijo Tifa ofreciéndole su lata.
– ¿Puedo? – ella asintió, mirando sus manos coger la bebida mientras tragaba saliva.
– Y toma esto también – dijo tendiéndole la gorra después de que le diera un buche larguísimo al refresco.
– Ah, ya me estaba preguntando donde estaba – le devolvió la lata y cogió la gorra, echándose el pelo hacia atrás para ponérsela. Pero se la volvió a quitar, oliéndola – ¿Por qué huele tan bien?
– A lo mejor tiene algo que ver que Tifa la haya tenido bien agarrada – Nagase miraba a Taichi sin entenderle. Le quitó la gorra a Nagase de las manos – Así – y se la pegó al pecho, fingiendo un suspiro de amor, imitando a Tifa que quería meterse en un boquete. Nagase se rió avergonzado, poniéndose la gorra de nuevo y volviendo a coger el refresco que Tifa le daba sin mirarle – ¿Y ahora qué? ¿Nos vamos a cenar, Wawa chan?
– ¿Eh? – Dijo carraspeando – pero no me he traído mucho dinero.
– Ni pienses en eso, yo te invito. – La chica le sonrió – ¿Vienes Tifa?
– No – miraba al suelo, avergonzada por lo de la gorra – es mejor que me vaya a casa.
– ¿En serio? – Ella asintió segura – entonces te llevo – le dijo Taichi.
– No, no, no. No quiero molestar más, ya cojo un taxi, no te preocupes por mí.
– ¡No seas tonta Tifa-chan!
– ¡Que no! Ni si quiera debería haber venido, habríais estado más cómodos.
– Eso es una tontería – le dijo Wawa empezando a estar enfadada con su actitud.
– Yo te puedo llevar – dijo Nagase después de darle un último sorbo al refresco – pero le tengo que pedir otro casco a alguien.
– No quiero molestar – se puso nerviosa solo de pensar en tocarle tanto de nuevo – de verdad que estoy bien si voy en taxi.
– No es molestia – él hablaba sin mirarle a los ojos y en cierta manera la entristecía – Ahora vengo.
– ¡Entonces todos contentos! – dijo Taichi levantándose y ofreciéndole la mano a Wawa para que también se levantase. Que sus grandes manos tocaran las suyas… suspiró y miró a Tifa.
– Entonces ¿Nos vemos en casa? – Le dijo, ella asintió – no vuelvas a decir que me molestas. No me molestas.
– Molesto porque si estoy no os vais a comportar de la misma manera.
– Y alegra esa cara, te va a llevar en moto ¡Y un viaje largo! – volvió a asentir, pero no se la veía contenta – Tifa… – se puso de cuclillas a su lado – cuéntame que te ha pasado con él para estar así. ¿Qué te dijo cuando os quedasteis solos?
– Taichi te está esperando en el coche – le señaló – no hagas esperar a tu novio.
– No es mi novio – se le escapó una sonrisa mientras se levantaba – prométeme que me lo contarás en casa – Tifa se encogió de hombros y se despidió de ella con la mano.
– Pásatelo bien, y dale un beso de una vez.
– ¡¡Cálla!! – Wawa miró hacia atrás y vio que Nagase la miraba sonriente con las cejas levantadas. Se fue casi corriendo al coche.
– ¿Tanto le gusta Taichi? – preguntó Nagase.
– Mucho – Tifa se puso de pie y cogió el casco que le daba, andando a su lado hasta su moto.
No podía parar de pensar en lo alto que era, en lo ancha que era su espalda, en la mesa del kakeru y en lo que sintió ese día. Respiró hondo y se puso el casco subiendo tras él e indicándole donde vivía. Le abrazó la cintura y se pegó todo lo que pudo, deseando que el camino a casa no acabase nunca.
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– ¿Te importa que me pase antes por mi casa? No tengo la cartera encima.
– Si me vas a invitar no queda más remedio ¿No?
En realidad se moría de ganas por ver su casa, era tan personal que se entusiasmó con la idea. Siempre que estaba a su lado terminaban doliéndole las mejillas de sonreír, era mucho mejor de como se lo imaginaba. Y le costaba creerse que le fuese a invitar a cenar, estaba saliendo todo muy, muy bien. No quería desconfiar de la situación pero no podía evitarlo… agitó la cabeza y se bajó del coche cuando paró frente a un edificio.
– ¡Taichi-chan! – Ambos se giraron al escuchar la voz de una mujer mayor – ¿Dónde has estado? Llevo esperando más de media hora…
– ¡Mamá! ¿Por qué no me has llamado? – Wawa se quedó de piedra en el sitio mirando a la señora, que tenía la misma sonrisa agradable que él. No sabía como comportarse, si acercarse o meterse en el coche de nuevo.
– ¿Y esta chica? – La madre la miró sonriente – que cara más linda.
– Ah, es una compañera del trabajo, Wawa-chan.
– Encantada – dijo inclinándose ante ella.
– Toma, no quiero interrumpir si es una cita – le dijo a Taichi dándole una bolsa – lo hice el otro día y con lo que te gusta te guardé un poco.
– ¿Comida? ¡Gracias! – su madre le sonrió pasándole la mano por el pelo.
– Eso, que me voy. Cuidaos mucho y pasadlo bien.
– La próxima vez llama por teléfono – cuando la mujer se despidió de su hijo entraron en la casa, subiendo en el ascensor hasta el cuarto piso. Solo la extensión del salón era la casa de Wawa entera.
– Vaya…
– Pasa, no te quedes ahí. Tengo que buscarla porque juraría que la tenía encima pero me la he tenido que dejar en alguna parte. Si quieres ir al servicio es esa puerta de ahí, al lado de mi habitación.
Wawa se acercó más por ver su habitación que por ir al servicio. Mientras Taichi buscaba por el salón se dedicó a cotillear su cuarto. Tenía una cama y un armario enorme, un escritorio y muchas camisetas de fútbol en las paredes, algunas de ellas firmadas. Le llamó la atención una de la selección japonesa, con muchas firmas.
– Esa la conseguí en las olimpiadas de Londres – le dijo sobresaltándola y dejando su teléfono en el mueble que tenía delante – me hizo mucha ilusión – se agachó a mirar debajo de la cama y justo cuando dio un gritito alegre al haberla encontrado, su teléfono empezó a vibrar. Un nombre de mujer aparecía en la pantalla – ¿Quién es ahora? – Cuando Taichi miró el teléfono se le cambió la expresión y se puso nervioso – espera aquí un momento.
Salió de allí y cerró la puerta. No sabía quién sería la de esa llamada pero era lo suficientemente importante como para dejarla sola sin dar explicaciones y con urgencia. No le gustó mucho, pero volvió a agitar la cabeza e intentó pensar en positivo. Volvió unos diez minutos después, disculpándose. Al dedicarle esa sonrisa tan encantadora se le olvidaron un poco sus inquietudes. Que volvieron justo antes de salir de la casa. Wawa se fijó en las zapatillas que había junto a las de Taichi. Eran rosas y pequeñas, como para una chica.
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En el semáforo, Nagase se levantó la visera del casco y se giró un poco para preguntarle si iba bien. Ella asintió mirando su perfil, sus gruesos labios curvándose en una sonrisa. Le dio dos palmaditas en las manos y arrancó de nuevo. A pesar de estar agarrada a su torso, que tocara sus manos con las suyas hizo que su corazón saltase como loco en su pecho. Cuando llegó a su casa se bajó con desgana.
– Muchas gracias Nagase-san – dijo dándole el casco.
– ¿Qué vas a hacer ahora? – Tifa le miró sintiendo una esperanza que intentaba contener a toda costa. No quería hacerse ilusiones.
– Tengo que ir a comprar comida. Tenemos el frigorífico vacío.
– ¿Te llevo?
– Es ahí – dijo señalando a la acera de enfrente.
– ¡Ah! Te acompaño, ese refresco me ha dado más sed y de la que tenía y me muero por una cerveza.
Se bajó de la moto y la acompañó a hacer la compra, empujando el carrito mientras ella iba cogiendo las cosas. Parecían un matrimonio. No quería pensarlo pero no pudo evitar sonreír. Cuando fue a pagar, Nagase se le puso delante, dándole la cerveza a la cajera y sacando su tarjeta de crédito. Hizo oídos sordos de las quejas de Tifa y pagó sus compras también.
– Un regalo por venir a verme hoy – le dijo él como excusa.
– ¿Regalo? Que tontería… – cogió las dos bolsas y salió del centro comercial – Dame una, pesan mucho.
– No pesan tanto… ¿Cuál es tu casa?
Le llevó hasta la puerta, intentando que le diese una bolsa antes de subir las escaleras, pero él la ignoró de nuevo. Abrió la puerta entrando sin pedir permiso, quitándose los zapatos tirando de los talones con las puntas de los pies y dejó las bolsas en la encimera de la cocina.
– ¡Wooh! – resopló cansado pero con una sonrisa – ¿Puedo ir al servicio antes de irme?
Tifa le indicó que fuera junto a la puerta de salida de la casa, era un baño muy pequeño pero tenía lo necesario. Ella se metió en su habitación, que estaba justo enfrente, para soltar sus cosas y encender el ordenador. Este hizo unos ruidos muy raros y se quedó pillado antes de iniciar sesión. Se sentó en la silla pero por más que lo toqueteaba no reaccionaba. Escuchó a Nagase salir del baño y que entraba en su cuarto.
– ¿Sabes por qué ahora no quiere funcionar este trasto?
– ¿Qué le pasa? – se lo explicó y él se agachó a su lado mirándolo e intentando que reaccionase, pero no terminaba de arrancar – Si esta luz no está encendida es que se ha quedado pillado – dijo poniéndose derecho – vas a tener que reiniciarlo dándole al botón y a ver si va bien a la segunda.
Cuando Tifa miró hacia el lado se encontró con la bragueta de Nagase peligrosamente cerca de su cara. Él no se daba cuenta porque estaba mirando los juegos de ordenador que tenía en la estantería de arriba, pero Tifa estaba sintiendo que la tentación podía con ella.
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Se metió en el coche pensando que eran cosas suyas. Sería de una visita de su madre o algún familiar, no tenía porque ser alguna novia. Y la del teléfono podía ser su manager perfectamente. Tenía que dejar de ponerse en lo peor, esa actitud negativa no iba a ayudar a conquistarle. De repente sintió que Taichi le miraba y se dio cuenta de que llevaba un rato pensando en sus cosas y que él no había arrancado.
– ¿Qué te pasa? – le miró intentando buscar una respuesta que no fuese la verdad.
– Estoy preocupada por Tifa – eso si era verdad, pero una verdad a medias.
– ¿Quieres que comamos con ella?
– Pero ella dijo que no quería.
– Podemos quedar en otro momento los dos solos, si ahora te necesita deberíamos estar a su lado ¿No? – Si Taichi estaba pensando en segundas citas no tenía de que preocuparse. Una gran sonrisa apareció en su rostro.
– También puedes quedarte a cenar en casa, si quieres.
– ¿Comida preparada por ti? Mejor me lo pones, me encanta la comida casera.
– Ya, ya se que te encanta comer… – se sonrieron de nuevo y todas las dudas de Wawa desaparecieron.
Cuando llegaron a su casa, ambos se miraron. La moto de Nagase seguía ahí.
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Momentos antes, Tifa seguía debatiéndose entre sus instintos y lo que su mente racional le decía. No podía apartar la mirada de su bragueta, era imposible.
– ¡Me encanta este juego! Se me perdió y no volví a jugar… ah, pero está en español…
– Nagase, ¿De verdad te gustó lo del sábado? – se obligó a mirarle a la cara cuando él la miró. Asintió mirando los juegos de nuevo, con una expresión que no supo interpretar.
Respiró hondo y se levantó de la silla, yendo hacia la cocina e intentando guardar las cosas con el pulso tembloroso. Escuchó que se acercaba a ella mientras guardaba cosas en el frigorífico.
– ¿Puedes darme la cerveza?
– Ah, si, ¿En qué bolsa estaba? – se encorvó buscando la lata, Nagase no le contestaba. Miró por encima de su hombro y le vio con la vista fija en su trasero. Con una sonrisita encontró la lata y se la ofreció. Pero no hizo amago de cogerla – ¿Qué pasa?
Estaba tan serio que parecía enfadado, y era precisamente esa mirada salvaje lo que más hacía que perdiese los papeles. Nagase cogió la lata acercándose a ella y la dejó en la encimera, empujándola contra la pared y mirándole los labios. La agarró del mentón y le pasó la boca desde la barbilla hasta su cuello, agarrando su trasero con la otra mano.
– No debería de estar haciendo esto – le susurró.
– Tomoya… – susurró ella acariciando con ansias la bragueta que miró antes – hazme lo que quieras… – le quitó la gorra y pasó los dedos entre su pelo negro mientras sentía sus labios en el cuello.
Tifa le quitó el cinturón, bajó la cremallera, le bajó los pantalones y los calzoncillos y admiró lo que tenía delante. Le pasó una mano por debajo de la camiseta, acariciando su pecho mientras le masturbaba despacio con la otra. Nagase se enderezó mirándola a los ojos, pasándole el dedo gordo por los labios y quitándole los pantalones con la otra mano. Tifa se arrodilló ante él, haciendo que se apoyase contra la cocina. Acarició su erección con los labios y la lengua muy despacio, agarrándola con la mano. Pero la tranquilidad no le duró mucho. Al escuchar su primer gemido, se la empezó a chupar bruscamente, metiéndosela hasta la garganta y moviendo la lengua contra su piel tersa y ardiente. Le vió llevarse una mano a la boca reprimiendo un gemido, mirándola entre la sorpresa y el placer.
            La agarró de los hombros para levantarla y la cogió por la cintura, sentándola en la encimera y mirándola a los ojos mientras metía dos de sus dedos dentro del cuerpo de la chica. Se agachó entre sus piernas, lamiéndola, provocándole temblores de placer. Estaba siendo tan brusco con sus dedos que Tifa se tuvo que agarrar a su camiseta con las dos manos, reprimiendo un grito. Pero a pesar de la brusquedad los movía de la manera adecuada, sin parar, y siguió hasta que se los empapó entre los gemidos de la chica y sus susurros pervertidos al saborearla. Tras eso la bajó de donde estaba, la puso de espaldas y la agarró de las ingles, penetrándola sin cuidado. Aunque las primeras embestidas fueron dolorosas, no tardó mucho en hacer que llegase al orgasmo. Le sentía entrar a la fuerza en su cuerpo, llenándola de placer y de felicidad. Cuando Nagase le lamió el cuello follándosela aún más fuerte y mientras ella le pedía más, escuchó pasos y risitas en la escalera de su casa. Le dio golpes en las manos.
– ¿Qué, que pasa? ¿Te duele? – le dijo él casi sin aliento, moviéndose más despacio mientras besaba su mejilla. Tifa movió su trasero durante unos segundos apretándole contra ella, mordiéndose el labio mientras le sentía muy dentro. Hasta que escuchó la risita de nuevo.
– ¡Vístete! ¡Están en la puerta! – se lo quitó de encima subiéndose las bragas y los pantalones. Nagase la miraba confuso y tardó en reaccionar, aún con una erección enorme – métete en el baño – sin subirse del todo los pantalones fue corriendo al servicio y cerró la puerta justo cuando Wawa abría la de la calle. Como excusa a su respiración agitada, Tifa cogió la bolsa que estaba más llena y la subió en la encimera cuando su amiga la saludaba.
– ¿Has ido a comprar sola? ¡Pero si es una bolsa enorme!
– ¡Fuf! – dijo resoplando y pasándose la mano por la frente – lo sé. Menos mal que Nagase me ha ayudado – se echó un vaso de agua y se lo bebió a sorbitos, intentando respirar y mantenerse en pie sin que se notase lo mucho que le temblaban las piernas.
– ¿Dónde está?
– En el servicio, ¿Qué hacéis aquí? – se agachó recogiendo la gorra del suelo.
– Taichi-san quiere ahorrarse dinero y va a cenar en casa.
– ¡Mentira! ¡Me has invitado tú! – dijo mientras le daba a Wawa con un dedo en la cintura. La chica dio un saltito y se rió tontamente.
– Siéntate Taichi-san. Y tú, déjame ayudarte – le dijo a Tifa.
Wawa se puso a su lado a guardar las cosas. Cuando Nagase salió del baño cinco minutos después y se acercó a la cocina a por la cerveza, miró brevemente a Tifa con una sonrisita. La chica no pudo evitar la risa floja que se le escapó cuando le devolvió la gorra y él la olió antes de ponérsela. Le dio la espalda e intentó contenerse, pero el ver a Wawa mirarla sin entender nada hizo que terminase dando carcajadas.
– ¿Qué pasa? – le susurró divertida y aliviada por el cambio de actitud de Tifa.
– Nada, ya te cuento luego.
– Pero… – Tifa la miró con una sonrisa traviesa y levantó una ceja – Dime que no lo has hecho donde hacemos de comer – susurró Wawa en su oído.
– Vale. Entonces no te lo digo.
Wawa le pegó en el hombro varias veces y la empujó, haciendo que se riese más. Cuando miró a Nagase, éste se pasaba la mano por la boca intentando no reírse. Taichi estaba tan metido en el partido de fútbol que no se enteraba de nada.
 – Nagase-san – le dijo Wawa – te quedas a cenar ¿Verdad?
– Si no hay problema…
– Claro que no. ¿Algún problema en que se quede?
– Pffffff!! – fue lo único que pudo decir Tifa antes de que se le aflojaran las piernas de la risa. En ese punto, hasta Nagase daba carcajadas.
– Oe, oe, ¿Qué pasa? – dijo Taichi riéndose tontamente.
– Da igual Taichi-kun… – dijo Tifa poniéndoles por delante un plato de jamón serrano que le había mandado su madre – esto en España se llama tapear. Como no os guste, dejo de hablaros.
Pero no hubo problema alguno con su comida. Casi al mismo tiempo los dos dijeron ‘umai!!’ haciendo a las chicas reírse. Wawa preparó Nasi Lemak, un arroz con leche de coco tradicional de Malasia y Tifa le ayudó. Una vez tuvieron la comida lista, la sirvieron y se sentaron con ellos. Su mesa era pequeña pero cabían cuatro personas a lo justo. Tifa se sentó junto a Taichi, frente por frente de Nagase para mirarle mejor. Wawa observaba a Taichi llevarse la comida a la boca apretando los palillos, sentada frente a él, nerviosa y ansiosa por que no le fuese a gustar su comida. Pero sintió un gran alivio al ver que sonreía apretando los ojos y arrugando esa naricilla tan linda que tenía.
– ¿Te gusta? – le preguntó de todas maneras.
– ¡Me encanta! – dijo engullendo.
– ¡Podría comer esto todos los días! – dijo Nagase.
– Tu cállate que ya tienes una novia que te cocine – le dijo Taichi. La sonrisa de Nagase se volvió un gesto incómodo y se centró en su plato sin mirar a Tifa. Wawa le dio una patada a Taichi por debajo de la mesa y le hizo un gestito con la cabeza señalando a Tifa – o tenías. No se. Pero siempre hay alguien que te cocine.
– Bueno, a ti te cocina tu madre. No puedes quejarte – le dijo Wawa.
– Que oportuna ¿Eh?
– ¿Oportuna? – dijo Tifa intentando no pensar en la novia de Nagase que no conocía pero odiaba con todas sus fuerzas. Wawa le contó su encuentro con la madre de Taichi – ¿Entonces has ido a su casa? Que guay… – dijo Tifa mirándola con una sonrisa.
– Oye, me tenéis intrigado. ¿Cómo es posible que dos chicas que son de países distintos estén aquí juntas? – preguntó Taichi.
– Es muy largo de contar… – dijo Tifa.
– A mi también me da curiosidad – dijo Nagase – Además sois fans de Tokio y todavía me estoy preguntando como es posible que nos conozcáis si no vendemos fuera.
– Ya, ya sabemos que no vendéis fuera. Lo hemos notado – le contestó Tifa secamente.
– No es culpa nuestra – dijo Taichi – Leader está deseando hacer una gira mundial, pero no nos dejan.
– Ahora que estamos nosotras aquí no os vayáis – dijo Wawa riéndose – Resumiéndolo mucho, os conocimos por Internet, nosotras también nos conocimos por Internet y aquí estamos.
– ¿Estáis aquí por nosotros? – preguntó Nagase. Las chicas se miraron. Si decían que si iba a sonar un poco exagerado pero no sabían que contestar sin mentir – creo que es la primera vez que una fan se muda de país para estar más cerca de nosotros. Es un poco extremo, ¿No? – No dijeron nada. Era extremo. Se morían de vergüenza.
– Entonces sois fans de Tokio – preguntó Taichi un rato después cuando sus platos estaban casi vacíos. Asintieron – ¿Solo de la música?
– Que va, hay veces que nos lo pasamos mejor viendo dash y kakeru que vuestros conciertos – dijo Wawa.
– Y los doramas, claro – dijo Tifa.
– Ella ha visto si no todos, casi todos tus doramas – le dijo Wawa a Nagase – tiene hasta una chaqueta de—
– ¡Cállate ya! – dijo esta tirándole la servilleta.
– ¿De qué? – preguntó Nagase con curiosidad.
– De nada – dijo Tifa levantándose y llevándose su plato al fregadero – es una estupidez.
– ¿Qué… – Wawa le hizo un gesto a Nagase con la mano para que dejase a Tifa y le susurró
– Le da vergüenza – Pero Tifa se fue a su habitación. Wawa miró preocupada hacia la puerta de su cuarto.
– Puede ser que se haya enfadado conmigo – dijo Nagase
– ¿Por qué? – le preguntó Taichi. Nagase torció el gesto y se levantó.
– ¿Voy a hablar con ella? – le preguntó a Wawa. Esta asintió.
– Ve. Mientras voy sirviendo el postre.
– ¡¿Hay postre?! Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo – le dijo Taichi.
Con una enorme sonrisa Wawa fue a por el postre. Taichi no sabía lo importante que era para ella lo que le acababa de decir. Y que le hubiese gustado tanto su comida… era como un sueño hecho realidad. Mientras su amiga sonreía sin parar, Tifa volvía a encender su ordenador, suspirándo aliviada al ver que iba sin problemas. Escuchó unos golpecitos a su espalda y al girarse vio a Nagase.
-Tifa – entró y se movió la gorra hacia un lado para hablar con ella – ¿Estás enfadada conmigo porque… por mi novia?
– No exactamente – Nagase se pasó la lengua rápidamente por los labios mirándola confuso – no me enfado porque tengas novia. No es que sea yo nadie para enfadarme por eso.
– No pero… – Tifa notó como le miraba los pechos, como se quedaba embobado mirándole los pechos. Hasta que de nuevo la miró a los ojos riéndose ligeramente avergonzado – ¡Es que no sé por qué no puedo aguantarme contigo!
– No tengo quejas – le dijo sonriéndole. Cuando Nagase le sonrió de vuelta, suspiró.
– Pero algo te pasa… ¿De verdad no estás molesta?
– Es que hay cosas que no entiendo y me enfadan, pero eso sería meterme donde no me llaman.
– No, no. Dímelo.
– ¿Puedo ser sincera? – Nagase asintió, sentándose en el borde de su cama frente a ella – no me enfada que tengas novia, lo que me cabrea es que vuelvas con una persona que te ha puesto los cuernos. No deberías comportarte así por nadie.
– Yo también le he puesto los cuernos. Contigo. Y dos veces además – le dijo, y a Tifa le dio la impresión de que estaba un poco molesto.
– Pero eso fue a modo de venganza, y tú lo sabes. En fin… no voy a decirte lo que tienes que hacer. Pero siendo como eres te mereces algo mejor. Y no, no va por mí, antes de que pienses que intento quitarle el puesto a tu novia.
– ¿No te gustaría ser mi novia? ¿Estás mejor teniendo solo sexo? – no sabía que implicaba esa pregunta y no sabía si serle completamente sincera. No quería asustarle.
– Siempre que quieras tocarme, hablarme o lo que sea conmigo aquí voy a estar – Nagase puso morritos y asintió – pero hay una cosa que quiero preguntarte – dijo mirando sus labios sin poder evitarlo – ¿Por qué no me besas?
– Bueno – se movió incómodo – creo que un beso solo se da si hay sentimientos de por medio. Sentimientos de verdad.
– Ah, vale – no se esperaba esa respuesta, y le dolió que le dijera tan directamente que no sentía nada por ella. Ya lo sabía pero igualmente, dolió.
Mientras tanto, Wawa le servía a Taichi un flan con nata que hicieron ella y Tifa el día anterior. Se lo comía con tanta alegría como el almuerzo y ella no podía dejar de mirarle lamerse los labios, pensando en que su boca tenía que saber al caramelo que tenía el postre por encima. A caramelo y a canela. Suspiró y él la miró.
– ¿No quieres? – dijo sin tragar lo que tenía en la boca. Wawa se rió y negó con la cabeza. Taichi se quedó mirándola con curiosidad – ¿Puedo preguntarte una cosa?
– Si, claro.
– ¿Voy a poder ver tu pelo alguna vez?
– ¿¡Eh?! Taichi, eso… no me puedes preguntar eso.
– ¿Por qué? Me muero de curiosidad.
– Tendrían que pasar algunas cosas para que eso fuese posible.
– ¿Como qué?
– ¿Como qué… ¡Ay, no preguntes! – no podía mirarle. No podía hablar de esas cosas con él.
– Pensaba en que si ya eres bonita con el chal, sin el tienes que estar preciosa – Wawa le miró con los ojos como platos y el corazón en la garganta.
Él la miraba con una sonrisa tranquila, mirando su rostro con detenimiento. Rozó los dedos de la chica con los suyos sin dejar de sonreírle, Wawa no podía pensar con claridad. Miraba su sonrisa agradable, como todo su rostro que la invitaba a besarle. Su pelo negro que con ese corte le daba ese aspecto de ser más joven de lo que era, pero sobre todo sus ojos marrones y amables, siempre llenos de luz y de alegría. Era tan perfecto… Taichi se inclinó sobre la mesa, acercando su cara a la suya.
– ¿Q-q-que haces?
– Ese lunar es muy lindo – dijo dándole en la nariz con un dedo justo donde tenía un lunar – quisiera saber si tienes más donde no se ve…
Wawa no podía moverse. Solo podía mirarle y estaba tan nerviosa que le daba la impresión de que estaba temblando. Taichi le pasó ese mismo dedo por la mejilla sin dejar de observarla, por su barbilla, por sus labios. Ella le miraba a los ojos, él también. No sabía en que pensaba pero seguía sonriéndole, tan cerca que casi podía sentir su respiración.
– No vas a entender nada… – dijo Tifa saliendo de su habitación. Taichi volvió a sentarse derecho y siguió comiéndose el flan entre risitas tontas. Wawa seguía sin poder moverse.
– No me importa, echo de menos este juego. Me encantaba. ¿Juegas online a algo?
– Si, claro. Al diablo III y al Call of Duty Online. Pero no tengo con quién jugar porque mis amigos se aburrieron pronto.
– ¡Call of Duty Online! ¡Juega conmigo! Búscame por 78Tom47, apúntatelo que te vas a olvidar.
– Lo dudo – dijo Tifa sentándose y sonriendo levemente al ver el flan – Tom47 es el número de tu traje cuando montas en moto y el 78 es tu año de nacimiento. Es fácil realmente…
– Wow… – Nagase la miró con una sonrisita.
– Yo soy TifaKurosaki, ya te mandaré un mensaje o algo. Ahora cómete eso que lo hemos hecho con cariño. – miró a su amiga, que se miraba las manos respirando un poco acelerada.

Tifa le dio un golpecito con su pie por debajo de la mesa. Cuando la miró, Wawa pareció salir del mundo en el que estaba. Pero no podía mirar a Taichi. ¿De verdad casi se habían besado?

3

– Muchísimas gracias por todo – dijeron los chicos en la puerta momentos después.
– No es que haya sido una molestia – dijo Tifa sonriendo.
– Te llamaré, ¿Vale? – le dijo Taichi a Wawa. La chica asintió, sonriendo de una manera muy rara.
Les vieron bajar las escaleras, a Taichi se metiéndose en su coche y a Nagase subir en su moto. Les despidieron desde arriba y se metieron en la casa. Nada más cerrar la puerta Tifa agarró a Wawa del brazo y la sentó en el sofá.
– ¿Qué te ha pasado?
– Me estaba diciendo cosas… ¡Me da hasta vergüenza repetírtelas! Me preguntó por mi pelo y me tocó la nariz, y se quedó muy cerca cuando vosotros salisteis del cuarto.
– ¿Cómo de cerca?
– Muy cerca – Wawa resoplaba, echándose aire con la mano. Tifa le sonreía ampliamente mientras su amiga se lo contaba todo al detalle. Estaba muy contenta por ella.
– ¡Ya queda menos! Este chico no se corta ¿Eh?
– ¡No sabía que hacer! – dijo Wawa sin parar de sonreir.
– No hagas nada. Déjate hacer. Es lo que yo hago y me va bien.
– ¡Es verdad! ¿Lo hicisteis en serio?
– Y tan en serio – las chicas se rieron y siguieron contándose su día con pelos y señales.

Recogieron el salón, fregaron los platos y se pusieron ropa de andar por casa. Cuando Tifa iba a su habitación se dio cuenta de que Nagase se había dejado el videojuego así que lo puso en su sitio. Se dieron las buenas noches y se fueron a la cama, al fin y al cabo al día siguiente tenían que trabajar. Justo cuando Wawa cerraba la puerta de su habitación llamaron al timbre. Tifa se quedó mirando la puerta de la calle extrañada y escuchó que su amiga abría la puerta de su habitación, con la misma expresión que ella. Tifa abrió y solo asomó la cabeza porque estaba en pantalones cortos y no sabía quién podía ser a esas horas.
– ¿Qué haces tu aquí? – dijo ella con una sonrisita que no pudo evitar.
– Hola otra vez – era Nagase, estaba arreglado y olía de miedo – se me olvidó el videojuego y como iba a salir me he pasado antes a recogerlo.
– Ah si, un momento –al entrar vio que su amiga se medio asomaba desde su cuarto, también estaba en pijama y era mucho más vergonzosa que ella. Además de que no tenía el chal puesto. Cogió el juego y se lo dio.
– ¿Estabas acostada? Se que mañana trabajáis y no quería molestar, pero es que de verdad tengo ganas de jugar.
– No, no. Estaba despierta – no podía evitar sonreírle como una estúpida. Era como si le tirasen de las comisuras de la boca y tuviese que tener esa expresión quisiera o no quisiera.
– Por cierto, dame tu teléfono y te mando un mensaje cuando pueda jugar online. Supongo que tú tienes las tardes libres ¿No? – Tifa asintió y le dijo su número de teléfono más sonriente todavía. No podía parar de pensar en lo guapísimo que estaba. Cuando le pilló mirándole las piernas se lanzó.
– Oye ¿Te gustaría pasar y seguir con lo que–
– ¡¡Naaagaaaseeeee!! ¡¿Por qué tardas tanto!? – era la voz de una chica. Venía desde abajo seguido de un insistente toque de claxon. La sonrisa de Tifa se desvaneció.
– Lo siento Tifa-chan, otro día. Nos vemos el miércoles.
Bajó la escalera sonriente, a toda prisa, disculpándose como loco con quien fuera y entrando en su coche. Le llegaron protestas femeninas que no entendió bien y la risa de Nagase que escuchó con total claridad. Se metió directamente en su cuarto desoyendo las preguntas de Wawa. Se metió en la cama y se tapó la cabeza, deseando que fuese de día cuanto antes. Las noches eran demasiado largas.
            Y para Wawa los días eran demasiado cortos ahora que Taichi le daba toques de vez en cuando y le mandaba mensajes preguntándole que tal su jornada. Compartía su alegría con Tifa, que lo único que le dijo de la visita de Nagase fue que quería el juego y nada más. Y a pesar de que de vez en cuando la veía más seria de lo normal siempre quería saber todo lo que Taichi le decía, dando saltitos de alegría con ella cada vez que le escribía algo bonito. Ese mismo lunes le mandó una foto desde la isla del Dash, mojado y con una caracola enorme en la mano. Se murieron de la envidia y de las ganas de ver el programa de una vez. Pero no fue hasta el martes que no se llevó una sorpresa además de una preocupación. Ya habían vuelto de trabajar y Wawa estaba en su habitación, desde la que le llegaban los gritos de Tifa jugando a videojuegos. Cuando su teléfono comenzó a sonar más tiempo de lo que duraría un toque, se quedó mirándolo sin saber que hacer. Hasta que se armó de valor y contestó.
– ¿Taichi-san?
– Hola – su voz sonaba extraña – tengo que pedirte un favor.
– ¿Qué te pasa? – dijo ella preocupada.
– Mi madre se ha ido de viaje y no hay nadie cerca. Me siento un poco mal, ¿te importaría ir a la farmacia y traerme algo para evitar que me ponga peor?
– Ahora mismo voy – dijo levantándose bruscamente de la silla, vistiéndose sin soltar el teléfono. Le escuchó estornudar.
– ¿Te acuerdas de como llegar a mi casa?
– Me acuerdo de la dirección. En un momento estoy allí.
– Muchas gracias Wawa chan.
Cuando colgó terminó de vestirse, cogió el dinero, un bolso y se asomó al cuarto de Tifa para verla inclinada sobre el ordenador con unos auriculares enormes que tenían un micrófono.
– ¡¡Jooooder!! ¡Tío, cárgate al puto campero[1] que tengo ahí detrás que me tiene de los putos nervios!
– Tifa… – dijo Wawa con delicadeza, no quería asustarla porque siempre que la llamaba cuando estaba así daba un salto tremendo. Era impresionante la cantidad de palabras malsonantes que salían de la boca de su amiga cuando jugaba.
– ¡¿Cómo que no le ves?! ¿Estás ciego? ¡Si lo tienes detrás! ¡Por fin! ¡Gracias! – Wawa escuchaba la voz de Nagase desde los cascos, lo tenía que tener a todo volumen – ay, vale, vale, me calmo – dijo riéndose – Lo siento Tomo-chan.
– ¡Tiiiiiifaaaaaaa! – probó a encender y apagar la luz, y pareció darse cuenta.
– Un momento, Wawa me reclama. Quédate escondido y que no te maten por lo que más quieras – dejó caer los cascos y giró la silla, mirándola.
– ¿Ahora le dices Tomo-chan?
– ¿¡Le he dicho Tomo-chan?! – Wawa dio una carcajada al ver su cara de terror – se me ha escapado… ay que vergüenza…
– Que me voy, Taichi se ha puesto enfermo y necesita que le haga un favor – Tifa levantó una ceja.
– ¿Un favor? Huhuhuhuhuuu…
– ¡No va por ahí! – dijo ella poniéndose colorada.
– Bueno, ya me contarás. Yo sigo a lo mío, me necesitan – dijo señalando la pantalla – no sabes lo que me gusta escucharlo quejarse y dar grititos.
Wawa se rió y la dejó jugando. No había cruzado la puerta cuando escuchó que decía a gritos: ‘¿¡Pero no te dije que te quedases escondido?!’ Tifa se lo pasaba genial jugando sola, pero desde que jugaba con Nagase se lo pasaba muchísimo mejor. Incluso la veía más contenta.
            Antes que nada, fue a la farmacia y después cogió un taxi hasta la casa de Taichi. No tenía ni idea de como iba a hacerlo para estar junto a él sin que le diese algo, los dos solos en su casa… Desde el momento que le pidió ayuda no dudó un instante en ir a acompañarle y cuando le abrió le entraron ganas de abrazarle. Estaba despeinado, tenía la nariz colorada y pesar de que las temperaturas eran más bien altas tenía una manta alrededor del cuerpo.
– Hola – le dijo él sonriendo atontado – pasa, pasa.
– ¿Tienes fiebre? – le miró preocupada.
– De momento creo que no, por eso te pedí que me trajeses las medicinas. Ahora me dices cuánto te han costado.
– No seas tonto – dijo sentándose con él en el sofá, sacando los medicamentos para que se los tomase cuanto antes – ¿Cómo te has puesto así?
– Probablemente porque ayer estuve hasta la noche con la ropa mojada, y se levantó viento frío en la isla. Me di una ducha de agua caliente nada más llegar pero se me ha metido el frío en el cuerpo y tengo que estar bien para el kakeru de mañana.
– No te fuerces. Te mejorarás cuando tengas que mejorarte.
– No puedo permitirme estar malo… – escuchó como le sonaban las tripas.
– ¿Tienes comida hecha? ¿Quieres que te haga algo?
– No te molestes, de verdad.
– No es molestia – dijo levantándose, yendo hacia la cocina para hacerle un caldo de verduras – si no comes bien seguro que no mejoras.
Estaba tan contenta cuidando de él que no podía evitar sonreír mientras cocinaba. Le escuchaba estornudar de vez en cuando, y cada vez que le miraba le veía medio adormilado mirando la televisión, sonándose la nariz con un pañuelo. Dejó las verduras hirviendo y fue a ver si necesitaba algo. Más bien simplemente a verle, de cerca.
– ¿Eh? – Fue su respuesta – estoy bien. Pero ahora tengo calor – dijo quitándose la manta. Wawa volvió a ponérsela por encima
– No te destapes. Tienes que sudar para ponerte mejor.
– Pero si no tengo fiebre… – Wawa se acercó a él sin estar muy segura de lo que estaba haciendo. Puso la mano en su frente, apartándole el pelo.
– ¿Tienes un termómetro? – le dijo ella. Él la miraba con una sonrisa.
– Ahí arriba en el mueble – se levantó y lo cogió, Taichi levantó el brazo y ella se lo puso por dentro de la camisa sintiendo como le temblaba el pulso. Lo colocó debajo de la axila.
– Aprieta el brazo contra él, que no se mueva.
– Gracias por tomarte tantas molestias – cuando sacó la mano de dentro de su camiseta Taichi se la agarró con la suya. Wawa miró su mano, enorme en comparación. ¿Cómo podía tener las manos tan grandes siendo tan bajito?
– No es molestia, de verdad – le dijo casi en un susurro. Estaba tan nerviosa que no podía ni reírse como siempre hacía con él. Se quedó en silencio mirándola a los ojos, desvió su mirada hacia la boca de la chica, que sentía ganas de gritar.
– Se te va a quemar la comida – al principio Wawa no se movió, no podía. Cuando reaccionó se puso de pie, quizás demasiado rápido, y se fue a la cocina.
Terminó de hacer de comer reprimiendo los gritos nerviosos que se le acumulaban en la garganta cada vez que recordaba la mirada de Taichi clavarse en la suya. A pesar de estar enfermo seguía estando guapísimo. Le llevó un tazón de caldo que se bebió entre sonrisas. Cuando casi le quedaba solo el fondo le llamaron al teléfono.
– ¿Puedes cogerlo y decir que estoy demasiado enfermo para hablar? – le preguntó a Wawa que estaba más cerca. Lo miró y vio el nombre de mujer de nuevo.
­- ¿De verdad quieres que haga eso? Es Azuki san – el asintió, Wawa tragó saliva y contestó. – ¿Moshi moshi? – durante unos segundos solo se escuchaba silencio.
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Tifa-chan, das un poco de miedo – le dijo Nagase riéndose. Estaban haciendo un descanso entre partida y partida para cenar, pero seguían charlando.
– ¡Lo siento! Me estreso mucho jugando a videojuegos, siempre me ha pasado
– ¿Qué te estresas? A veces pareces casi un hombre cabreado.
– ¿Me lo tomo como un halago? – se rió de nuevo
Si, claro. Por cierto, no he podido jugar al juego que me dejaste porque no entiendo nada.
– Te lo dije – dijo ella tragando el ramen – no entiendo por que no te lo compras otra vez, con la de dinero que tienes…
Yo que se, me da pereza. Vas a tener que ayudarme a entender las palabras básicas porque si no va a ser imposible jugarlo.
– Yo te ayudo en lo que quieras pero va a ser imposible igualmente.
– ¿¡Ahhh?! Que poca fe tienes en mí…
– ¿En tu habilidad mental? Ninguna – dio una carcajada enorme que sonó a que había escupido la comida. A Tifa le dio un ataque de risa al escucharle toser – Tomo-chan, no te mueras por favor. No tengo dinero para librarme de la cárcel por matar a un famoso – Nagase volvió a reírse a carcajadas. Cuando se le pasó se quedaron unos segundos en silencio.
¿Por qué me dices Tomo-chan? – se quedó callada, más roja que un tomate y dándose golpes en la frente con las manos. Se sintió estúpida – no es que me moleste, es que eres la segunda persona en mi vida que me llama así.
– No se si quiero saber quien es la otra…
– Mi madre– Tifa se rió sin poder evitarlo.
– ¡Venga ya! Que vergüenza…
Me encanta charlar y jugar contigo. Es como si te conociese de toda la vida. No se – Tifa sentía el corazón latirle en el pecho desbocado – creo que eres la primera mujer que es mi amiga. Nunca me había pasado.
– Pues… me alegro de ser tu amiga. De verdad – se alegraba, pero claro, al mismo tiempo era una putada. Suspiró y sonrió – ¿Solo charlar y jugar a juegos? ¿No hay nada más que te guste hacer conmigo? ¿O hacerme? – le escuchó reírse por lo bajo.
Sabes que sí. – Suspiró de nuevo.
– Bueno que, ¿Damos unos tiros más o estás cansado? – No escuchó nada al otro lado – ¿Nagase? – escuchó un suspiro. Se puso muy nerviosa.
No, tengo que irme. Mañana tengo que trabajar y tengo que dormir más como me dijiste el otro día.
– Si, es verdad – suspiró un poco fastidiada – Te veo mañana entonces.
Hasta mañana Tifa chan – De haber alguien con ella en el cuarto habría leído perfectamente como decían sus labios sin producir sonido ‘Aishiteru, Tomo-chan’.
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¿Quién eres? – dijeron finalmente al otro lado de la línea.
– Ahm… – Wawa miraba a Taichi nerviosa, no sabía como reaccionar – soy Wawa, una compañera de trabajo de Kokubun-san. Está enfermo y no puede contestar ahora mismo pero puedo dejarle el mensaje de su parte.
¿Compañera de trabajo? – Esa mujer volvió a quedarse en silencio – ¿Qué haces ahí? – volvió a mirar a Taichi, que resopló y le quitó el teléfono de las manos, apagándolo.
Wawa quería preguntarle quién era esa mujer, quería saberlo. Pero al mismo tiempo no quería, le daba miedo la respuesta. Esa manera de exigir explicaciones… solo se le ocurría que fuese una novia. O exnovia. Taichi soltó el bol con los restos del caldo en la mesa, y quejándose se tumbó en el sofá, con la cabeza en las piernas de la chica. No la miraba, miraba la televisión, pero Wawa se sentía tremendamente nerviosa a la par de emocionada. No movía ni un músculo, solo miraba su perfil. Cuando se quiso dar cuenta le estaba acariciando el pelo y Taichi tenía los ojos cerrados. Pasó las puntas de los dedos por su mejilla, apartándole los mechones de la cara para observarle mejor. Se sentía tan bien mirándole, estando a su lado. Se sentía feliz. De repente le sonaron las tripas y Taichi se rió de ella.
– ¿Por qué no comes tu también? – le dijo girándose y poniéndose boca arriba, mirándola a los ojos.
– No, no. Lo que hay ahí es para ti – le dijo ella – ya comeré en casa.
– Es verdad, tiene que ser tarde ya y mañana tienes que levantarte temprano.
– Si, bueno. No pasa nada.
– No… – se sentó en el sofá – yo también tengo que madrugar. Y ya me encuentro mucho mejor, gracias por todo – le sonrió. Wawa se quedó mirando sus pecas, su bonita sonrisa.
– Si necesitas algo más no dudes en llamarme ¿Vale? Y si empeoras también – dijo mientras se levantaba, poniéndose bien la ropa.
– No, ya estoy bien. No tengo frío ni me duele la cabeza. Solo tengo la nariz un poco tapada y mañana con el maquillaje de Tifa no se notará si estoy malo o no.
– Vale… – Taichi la acompañó hasta la puerta, donde se puso sus zapatos de nuevo y le sonrió nerviosa, agarrando el asa de su bolso con ambas manos – pues te veo mañana.
– Muchísimas gracias, preciosa.
Ocurrió antes de que se diese cuenta. Taichi le puso los dedos en el mentón y se inclinó sobre ella, dándole un cariñoso beso en los labios. Wawa aspiró sorprendida, agarrando el bolso tan fuerte que se clavó las uñas en las palmas de las manos. Sus labios eran cálidos y más que besárselos se los acarició. Fue tan dulce que sentía que se derretía, se sentía en una nube. Y cuando se separó de ella y le sonrió quiso tirarse a sus brazos, pero no podía moverse. Cuando consiguió reaccionar, bajó en el ascensor con el corazón totalmente acelerado y se montó en el taxi con ganas de gritar pero no fue hasta que no abrió la puerta de su casa y vio a Tifa asomarse que no reaccionó de verdad.
– Ay, ay, ay, ay – dijo mirándola y dando saltitos en el sitio.
– ¿Qué? ¿Qué pasa? – dijo Tifa riéndose
– Me ha…él… ¡Tifa! – se llevó las manos a la cara y gritó mientras saltaba echando sus nervios fuera.
– ¡Shhh! ¿Te ha besado? – dijo esta agarrándola de los hombros. Wawa quería asentir pero estaba tan nerviosa que no sabía que hacer consigo misma.
– ¿¡Y cómo le miro mañana?!
– ¡Con esos dos ojazos que tienes! – Tifa le dio un abrazo – ¿Te ha dicho te quiero o algo así?
– ¡¡No!! – solo de pensarlo se ponía histérica.
Siguieron con esos ánimos toda la noche y la mañana del día siguiente. A Wawa no se le había pasado la impresión y desde la noche anterior no paraba de sonreír. Y Tifa también sonreía cada vez que la miraba, le contagiaba su felicidad. Así que cuando recibieron a los chicos fue con una gran sonrisa. Para su sorpresa, el primero en entrar fue Taichi, que como siempre iba feliz hasta su silla, mirando a Wawa como si Tifa no existiese. Wawa por su parte no podía evitar reírse como una tonta, por lo que los demás los miraban como si se hubiesen perdido algo.
– Tifa, hoy vas a tener que esforzarte conmigo – dijo Taichi.
– No estás tan mal – le dijo Wawa – ayer estabas peor – los chicos la miraron sorprendidos. Wawa temió haber metido la pata.
– Ayer me estaba muriendo – dijo riéndose. Wawa miró a Tifa que le sonrió mientras maquillaba a Taichi.
– Chicas – dijo Mabo de repente mientras Wawa le peinaba – si tuvierais que elegir que es mejor ¿Una cena en casa del hombre con el que tenéis la cita o salir fuera a comer y a dar un paseo?
– Dar un paseo – dijo Wawa
– Ir a su casa – dijo Tifa. Las chicas se miraron y se rieron, cada una tenía un punto de vista sobre las relaciones muy diferente – en realidad yo creo que depende de la perspectiva que tenga la chica sobre ti. Si aún no hay mucha confianza o si la conoces de hace poco, mejor que la lleves a la calle – Mabo asintió.
– No vaya a ser que se piense lo que no es, ¿No? – le dijo con una ceja levantada. Tifa asintió con la risa floja.
– Pero no se, a lo mejor no deberías de hacerme mucho caso porque mi mentalidad no es la de una japonesa…
– Ahí llevas razón – dijo Nagase mirándola con una sonrisita cuando se acercó a él para maquillarle – tu mentalidad no es ni si quiera la de una mujer normal.
– ¿Y cómo me tomo eso? – dijo Tifa riéndose.
– No te lo tomes mal – dijo cerrando los ojos cuando le empezó a maquillar – es más un halago que otra cosa.
– ¿No te gusta la mentalidad de las chicas de tu país o que?
– Son complicadas – dijo Taichi refregándose los ojos con las manos – y exigentes.
– No será para tanto… – dijo Wawa. Los cinco chicos resoplaron y se rieron por lo bajo.
– No has conocido a muchas japonesas ¿Verdad? – Dijo Gussan – siempre exigen ser el centro de atención, y siempre le tienes que estar demostrando tu amor con regalos y cosas así.
– Que materialista todo ¿No? – Dijo Tifa – A veces con una mirada es más que suficiente. Si a mi me estuvieran regalando cosas todo el rato sospecharía.
– Pero seguro que no dices que no a los regalos – dijo Leader
– Depende, si son excesivos no los aceptaría. Como un piso, un coche o algo así – se separó un momento de Nagase y cuando volvió a mirarle se lo encontró observando el móvil con aspecto enfadado.
– ¿Todo bien? – le susurró mientras los demás charlaban. Nagase levantó la vista del teléfono y la miró de tal manera que tuvo que tragar saliva. Cada vez que la miraba tan fijamente sentía que las piernas le temblaban. Asintió sin mirarla, guardó el teléfono en su bolsillo y suspiró.
Cuando fueron hacia el plató y llevaban un rato observándolos trabajar, Tifa se acercó a una sonriente Wawa que miraba a Taichi sin parar de suspirar.
– Creo que a Nagase le pasa algo.
– ¿Qué dices? – Wawa le miró durante un rato, luego miró a Tifa – ¿No está muy callado?
– Y muy serio… a ver si la puta esa no está jodiéndole de nuevo…
Se quedaron con la duda hasta que acabaron el programa. Tifa quería preguntarle pero le perdió de vista mientras recogía el maquillaje para llevárselo a su sitio. Fueron pensativas hasta allí, soltaron las cosas y se fueron hacia la salida, donde se encontraron con Taichi.
– ¿Habéis visto a Nagase? – Le dijo este con el teléfono en la mano – iba a llevarle a su casa…
– No, le hemos perdido de vista – contestó Wawa.
– Me he dejado el bolso, esperadme un momentito – Wawa vio como Tifa se volvía dando una carrerita hasta su lugar de trabajo, dándose cuenta de que estaba sola con Taichi. Al principio no sabía que hacer.
– ¿Cómo te encuentras? – le dijo finalmente.
– Mejor. Después de lo de ayer, mucho mejor – esa sonrisa iba a acabar con ella algún día – vamos a sentarnos ahí a esperarles, y a ver si Nagase me coge el teléfono que no para de comunicar…
Tifa entró en la habitación directa a por su bolso pero se quedó parada con el pomo en la mano al ver que dentro estaba Nagase hablando por teléfono. Parecía molesto y la miró un instante que ella aprovechó para señalar sus pertenencias mientras se acercaba apresuradamente a ellas. Guardó sus cosas y terminó de recoger el maquillaje que se había dejado fuera cuando de repente Nagase la sobresaltó con un grito.
– ¡¿Te estás quedando conmigo?! ¡¡No voy a volver a…!! ¿¡Qué?! – sabía que no tendría que estar escuchando esa conversación pero estaba petrificada en el sitio, asombrada de verle tan enfadado – No, no, no. Perdona pero te equivocas si te crees que voy a tragarme otra vez el mismo cuento – se miraba los pies mientras daba vueltas sin parar y se quedó quieto, abriendo la boca con un gesto sorprendido.
Cuando Tifa se disponía a salir le vio moverse violentamente con el rabillo del ojo e instintivamente se encogió dando un gritito cuando escuchó como algo se estampaba contra la pared. Era su teléfono. Tifa le miró y le vio sentarse en el sofá, pasándose las manos por el pelo, con un tic en la pierna. No podía moverse para salir de allí, solo podía mirarle. Nagase ni se percató de su presencia, seguía moviendo la pierna y se mordía el labio con fuerza, con el ceño totalmente fruncido. Volvió a intentar salir pero el sonido de su voz, quebrada y llena de angustia, le hizo pararse en seco.
– ¿Qué hago mal? – dijo Nagase. Tifa le miró sin estar muy segura de si estaba hablando con ella o consigo mismo – no lo entiendo… siempre igual…
– ¿Estás bien? – era evidente que no, pero tenía que preguntarle. Cuando él la miró a los ojos de esa manera tan triste, Tifa sintió una presión en el pecho. Se sentó en el sofá a su lado mientras le veía negar con la cabeza – ¿Qué ha pasado?
– Yumiko se ha equivocado, me ha mandado un mensaje que iba para otro. Diciendo unas cosas que a mí nunca me ha dicho… – supuso que estaba hablando de su novia. Tifa se mordió el labio, no sabía que decirle para hacerle sentir mejor – Lo doy todo, les hago regalos, me preocupo por saber como están, ni si quiera intento nada si veo que quieren ir despacio, y aún así… no se lo que hago mal, no se que más hacer para que se queden a mi lado – dijo tragando saliva, juntando sus cejas en un gesto que a Tifa no le gustó nada – solo quería que esta vez saliese bien.
La chica sintió como se le rompía el corazón al ver que Nagase se echaba hacia adelante, tapándose la cara con las manos mientras sollozaba casi en silencio. No pudo evitar acercarse a él y pasarle el brazo por la espalda, acariciándosela e intentando reconfortarle. Cuando él se giró y la abrazó por la cintura, hundiendo la cara en el cuello de la chica, esta le abrazó con fuerza por los hombros, acariciándole con cariño. Se llevó así unos minutos hasta que le habló con la voz tomada.
– Es lo de siempre, no se como lo hago pero siempre me las apaño para no tener una relación estable con ninguna mujer – sentirle sollozar en sus brazos, esa voz y esos ojos tan tristes… era demasiado como para soportarlo.
– Estoy harta de verte así – dijo Tifa con las lágrimas saltadas, se las limpió de inmediato – no es justo.
– ¿Cómo? – la miró confundido. Al ver sus mejillas húmedas no dudó un instante en limpiarle las lágrimas con sus dedos.
– Siempre se te nota, muchísimo. Cuando no estás bien se nota en tu mirada y en tu actitud. Y me duele verte así – Nagase la miraba atento, directamente a los ojos – Ver tus ojos como ahora… ¡Odio verte así! Me siento impotente por no poder hacer nada.
– ¿Por qué tendrías que hacer algo?
– Porque… – no podía decirle directamente lo mucho que le quería, simplemente no le salían las palabras – porque lo paso mal cuando te veo triste, no me gusta. Eres mi amigo, ¿No? – dijo al acordarse de lo que él le dijo la noche anterior – a nadie le gusta ver a un amigo triste.
– Lo siento – dijo respirando hondo.
– No te disculpes, no es culpa tuya.
– Si Tifa, tengo parte de culpa.
– No, Nagase. No es culpa tuya. Ella… – Nagase la miraba, esperando su opinión – no la conozco, no se su parte de la historia, pero por lo que me cuentas creo que no te valora como tendría que hacerlo. Y si tu quieres seguir con ella es que tampoco te valoras. ¡Y es lo que más me enfada de todo esto!
– Pero si yo la hubiese tratado como se merecía no la habría engañado contigo.
– Si tu la hubieses tratado como se merecía no estarías con ella, ni estarías así como estás – volvió a morderse el labio, preocupado – Vale que quieras una relación estable con una mujer, pero con una que te valore por lo que eres. Una que te trate bien y que te quiera de verdad. Que no te engañe – vio que se le saltaban las lágrimas de nuevo, solo quería abrazarle pero si lo hacía se iba a poner peor, así que se levantó, tragándose de paso sus sentimientos – Venga, deja que te maquille y nos vamos de aquí, Taichi te está esperando.
En la entrada del edificio, Wawa respiraba nerviosa al sentir los dedos de Taichi acariciar levemente los suyos. Quería cogerle la mano, pero no se atrevía. Se sentía con ganas de apoyar su cabeza en el hombro del chico, pero ahí con toda esa gente… y además, era una locura. Se movió nerviosa en el asiento.
– Tifa está tardando mucho ¿No? – Volvió a llamar a Nagase y se guardó el teléfono molesto – ahora me da apagado. ¿Qué está pasando aquí?
– ¿Crees que…? – Dijo Wawa llevándose los dedos a la boca – ¿Estarán juntos? – Taichi la miró riéndose.
– ¿Cómo nosotros ayer? Ojala – Wawa no pudo seguir mirándole a los ojos cuando mencionó el beso – Me encantaría que— ¡Ah! ¡Ahí están! – Nagase andaba hacia ellos con las manos en los bolsillos. Los dos estaban muy serios – ¿Nos vamos? – Ambos asintieron, en silencio – dejo primero a Nagase y después a vosotras, que si no tengo que dar muchas vueltas.
El ambiente era extraño. Tifa y Nagase miraban por la ventana, ella sentada atrás junto a Wawa y él delante junto a Taichi, y no paraban de suspirar. Ni Taichi ni Wawa preguntaron nada, pero los miraban con curiosidad.
– Estaba pensando en hacer algo el fin de semana – le dijo Taichi a Wawa mirándola por el espejo retrovisor – y por supuesto os podéis venir si queréis – le dijo a los otros dos.
– ¿Qué habías pensado? – preguntó Wawa.
– Podríamos ir al Tama Zoo, si os parece bien.
– ¡Me encantaría! – Dijo Wawa alegremente – venís ¿Verdad? – Tifa la miró brevemente.
– Mientras que no moleste allí estaré.
– No molestas – le dijo Taichi sonriéndole.
– Taichi, déjame aquí mismo – le dijo Nagase de repente al parar en un semáforo – tengo que comprarme un teléfono nuevo y la tienda está justo ahí – señaló y estaba al otro lado de la acera.
– ¿Qué le ha pasado al otro?
– Se ha roto, pero tengo la tarjeta así que…
– ¿Te vienes al zoo el fin de semana?
– Ya te llamaré – se bajó del coche sin despedirse de las chicas. Tifa le siguió con la mirada mientras se mordía las uñas, sintiéndose a punto de llorar.
– Tifa… – le dijo Wawa poniéndole la mano en el hombro – ¿Qué ha pasado? – la chica no le contestó hasta que no arrancó.
– Es muy injusto – dijo como pudo. Tan pronto como se alejó de Nagase dejó de tragarse las lágrimas, no podía más. Wawa le agarró la mano con fuerza.
– ¿Otra vez Yumiko? – preguntó Taichi, mirándolas por el espejo retrovisor enfadado.
– No puedo hacer nada por él. Lo está pasando fatal por una tía que ni le quiere ni le respeta. Cuando le he visto llorar por ella… te juro que como me la pongas delante, la destrozo – no podía parar de llorar con rabia.
– Bueno, pero ya habrán cortado definitivamente – le contestó su amiga.
– Eso es lo peor, que creo que la quiere. Aunque me parece que de lo que está enamorado es de la idea de tener una mujer a su lado para siempre.
– Deja que se de cuenta de que te tiene delante – le dijo Taichi con una sonrisa para reconfortarla.
– Venga ya Kokubun-san, eso no va a pasar. Soy su amiga, no me ve como nada más.
– A mi no me lo parece – Aparcó el coche al llegar a su casa y se volvió en el asiento – habla mucho de ti. Y si, habla como si fueras su amiga, pero el hecho de que hable mucho de ti ya es algo importante, ¿No? – Tifa se limpió las lágrimas – no pierdas la esperanza, seguro que al final le conquistas.
– No, no, no. Taichi no me digas esas cosas que luego lo voy a pasar peor. Muchas gracias por tus ánimos – él intentaba contestarle pero ella no le dejaba hablar – Intenta estar con él ahora, que no esté solo y ayúdale a tomar decisiones que no le hagan daño. Hasta luego – se bajó del coche y subió las escaleras de su casa con prisas. Taichi miró a Wawa.
– Está enamoradísima de él ¿eh? – Wawa asintió, preocupada por su amiga. Se bajó del coche y Taichi se bajó con ella – convéncela para que anime a Nagase, quiero que vengan el finde al zoo. Así vamos en parejitas, que se le vaya metiendo la idea en la cabeza.
– ¿En parejitas? – contestó ella mientras subían las escaleras hasta la puerta de la casa.
– Claro: Tifa y Nagase; Tú y yo – le puso una mano en la cintura y sostuvo sus dedos con la otra mano – y si hacemos esto de vez en cuando delante de ellos a lo mejor se animan… – se inclinó sobre ella y la besó.
Y esta vez se tomó más tiempo, aunque claro, también estaba más sano que el día anterior. Wawa sentía su respiración hacerle cosquillas en la mejilla y sus labios entre los suyos, saboreándola. Los apretaba con cariño una y otra vez, mientras ella le cogía de la mano y ponía la otra en el pecho de Taichi, dejándose besar, dejándose llevar por lo que sentía. Y lo que sentía era tanto… Taichi abrió los ojos y pasó un dedo por su mejilla, besando después su nariz cariñosamente.
– Te llamaré pronto ¿vale, preciosa? – ella asintió mirándole a los ojos, queriendo besarle de nuevo. Y como si le leyese el pensamiento sus labios se unieron una vez más con brevedad.
Wawa se quedó mirando como bajaba las escaleras apoyada en el marco de la puerta, sintiéndose tan afortunada que no se lo creía. Entró en la casa con una cálida sensación de cariño en su corazón y quiso que Tifa se sintiese igual. Pero cuando llamó a la puerta de su habitación, la chica no contestó. Se sentía tan enamorada que incluso le dolía el pecho, si su corazón seguía latiendo a ese ritmo tan a menudo le iba a dar algo seguro. Si antes de que todo eso pasase Taichi ya invadía sus pensamientos, ahora era una presencia constante en su vida. Sonreía a todas horas y todo le parecía hermoso. Cuando Tifa salió al día siguiente de su habitación (no la vio en la cena pero escuchó que salía de madrugada a hacerse algo), simplemente la abrazó. Su amiga le devolvió el abrazo y le sonrió. No se habló más sobre lo de Nagase porque cuando intentaba tocar el tema, los ánimos de Tifa caían en picado. Ese día les tocaba maquillar a los chicos de Kanjani8, lo que favoreció a que el humor de su amiga mejorase considerablemente. Solo al verles entrar por la puerta ya les estaba sonriendo ampliamente. Estaba maquillando a Nishikido cuando se dio cuenta de que el chico no paraba de mirarle los pechos. Y eso que no iba con mucho escote.
– Ehm… – dijo Tifa mirándole. Cuando se dio cuenta de que le había pillado se disculpó un poco avergonzado, pero volvió a mirárselas poco después.
– ¡Salido! – Subaru le dio en la nuca con una carpetita que tenía en la mano, haciéndoles reír.
– Tengo un hambre que me muero – dijo Yoko mientras Wawa le peinaba – en cuanto acabe hoy me voy a dar un atracón que me voy a quedar solo…
Se estaban riendo cuando de repente abrieron la puerta de la habitación sin si quiera llamar. Una chica, bajita, delgada, morena y con cara angelical les miraba con una extraña expresión.
– ahm… ¿Quién de vosotras es Wawa-chan? – le dijo a las chicas.
– Yo… – la chica se quedó mirándola y soltó una risita despectiva.
– Soy Azuki, ¿Te suena? – Tifa las miraba sin entender nada, hasta que se acordó y se le abrió la boca de la sorpresa.
– Encantada… supongo… – Azuki sonrió y se acercó a ella. La agarró del brazo.
– Que se la primera y última vez que coges el teléfono de Taichi-kun. Es más, como me entere que te acercas a él te—
– ¡Oye, oye, oye! – Maru se acercó a ella adelantándose a las intenciones de Tifa y la separó de Wawa, que la miraba espantada – tranquilicémonos…
– Cállate, esto no va contigo imbécil – le dio un empujón.
– Creo que deberías salir – dijo Subaru levantándose también.
– ¿Y a ti que te pasa, enano? – Tifa soltó el maquillaje susurrando ‘Esto es lo que me faltaba’ al ver que volvía a agarrar a Wawa, dándole un empujón en los hombros a Azuki que la hizo dar varios pasos hacia fuera de la habitación – ¡¿Qué haces?!
– No vas a volver a tocar a Wawa, no vas a volver a acercarte a ella. Y si lo haces primero vas a hablar conmigo. ¿Está clarito?
– ¿¡Y tu quien eres?! – Tifa se asomó a la puerta y vio a un guardia de seguridad, le llamó.
– Esta chica está molestando, ¿Sería tan amable…? – Cerró la puerta escuchando las quejas de Azuki y miró a Wawa – ni caso. Está loca.
Wawa la miró preocupada, pero hasta que no acabasen de trabajar no quería hablar con ella. Y menos delante de los chicos… Aunque ellos parecían tener muchas ganas de hablar del tema. Le preguntaron a Wawa si estaba con Taichi y desde cuando, pero ella no decía ni media. Ni si quiera quiso hablar con Tifa hasta que no llegaron a casa.
– Es su novia. Seguro – fue lo primero que le dijo Wawa.
– No saques conclusiones precipitadas…
– Primero la llamada en su casa, después las zapatillas que me encontré. Eso sin hablar de como se puso cuando contesté al teléfono de Taichi.
– Mira, ni sabes quién es ni que relación tiene con tu novio, tranquila.
– No es mi novio…
– ¡Venga ya! – Dijo Tifa poniendo los ojos en blanco – es tu novio desde que fuimos a lo de las motos – digas tu lo que digas…
– No se Tifa… y ahora ¿Qué hago? ¿Voy al zoo o no?
– ¡No seas tonta Wawa! Llama a Taichi, queda con él y pregúntale directamente.
– No puedo hacer eso… ¿Y si me dice que es su novia? – se quedaron un rato en silencio, pensando. Hasta que el teléfono de Tifa empezó a sonar. Era Nagase – ah, mira, a él le puedo preguntar – Tifa respiró hondo y contestó con el manos libres puesto.
– ¡Hola! ¿Qué tal tu teléfono nuevo?
– Bien, normal supongo. Oye Tifa, he vuelto a poner el juego pero no se empezar la partida…
– Ah, si, busca donde pone ‘nueva partida’ – le dijo en español. Le escucharon susurrar ‘nuueva parutida…’ y Tifa no pudo evitar reírse de él.
– Ah, ya. Gracias.
– Una cosa, ¿Tú sabes quién es Azuki y que relación tiene con Taichi? – Wawa la miraba nerviosa toqueteándose las uñas.
– ¿Azuki? ¿Esa no es su ex? – miró a Wawa alzando las cejas y susurrando ‘te lo dije’.
– Si tu lo dices lo será, no lo sé.
– ¿Por qué preguntas?
– Nada, cotilleado un poquito. Oye, si vas a jugar online avísame, desde que jugué contigo me aburre jugar sola – se quedó en silencio.
– … gracias Tifa-chan – la chica sintió calor en las mejillas, sintiéndose incómoda.
– ¿Gracias por qué? – dijo riéndose. Wawa le dio un empujoncito con una sonrisita. Nagase se quedó en silencio. No dijo nada.
– Te aviso cuando juegue. A lo mejor esta tarde, no lo sé.
– Vente al zoo el fin de semana también, y te despejas un poco. Nos encanta estar con vosotros, nos lo pasamos muy bien – le escuchó suspirar.
– Ya te aviso con lo que sea.
Le colgó y se quedaron mirando al teléfono. Wawa se quedó un poco más tranquila al saber que era una ex, pero no entendía porque seguía teniendo relación con Taichi. Quizás acabaron bien pero estaba claro que esa chica seguía sintiendo cosas por él. Quisiera o no – se atreviese o no – tenía que hablar con Taichi para tenerlo todo claro. No soportaba la idea de que estuviera besándola a ella al mismo tiempo que se veía con otra. Pero eso era imposible. Taichi no era así. ¿Verdad?


[1] Jugadores que se dedican a disparar desde escondites a otros jugadores sin correr riesgos.

4

El viernes por la noche – o por la mañana porque no estaban segura de cuantas horas llevaban cocinando – ambas chicas canturreaban en la cocina mientras terminaban de preparar los bentos con música de fondo. A pesar de que Wawa habló con Taichi por teléfono no se atrevió a preguntarle sobre Azuki, seguía con el miedo de saber quién podía ser. Tifa, por su parte, no paraba de mandarle mensajes divertidos  a Nagase con fotos de ellas dos poniéndole cara de pena, pidiéndole que viniese, y no supieron si por voluntad propia o con tal de que le dejaran tranquilo accedió.
– Buf… – dijo Wawa cuando terminaron los bentos – nos ha dado trabajo pero han quedado muy chulos.
– Ahora esperemos que les guste el sabor – dijo Tifa riéndose – vamos a dormir cinco horas, mañana me voy a tener que poner tres kilos de maquillaje para tapar las ojeras.
– Menos mal que sabes – dijo Wawa riéndose.
Cuando se levantaron les dio la impresión de que acababan de acostarse. Se vistieron con ropa fina y fresca, en el zoo iba a hacer calor y junto a los chicos más calor aún. Tifa tuvo que sentarse con Wawa antes de salir para que la chica respirase hondo y se relajase. Sabía que era su oportunidad para hablar con él sobre Azuki pero no se veía capaz de ello. Llamaron a la puerta y le abrieron a un sonriente y sobreexcitado Taichi.
– Con esa gorra y esos pantaloncitos parece que tienes trece años – dijo Tifa riéndose al verle. A Wawa le parecía que no podía estar más lindo.
– ¡Venga! El taxi está esperando abajo – al salir de la casa vieron a Nagase mirando hacia dentro, a través de la ventana que había a la izquierda de la puerta, la de la habitación de Tifa.
– ¿Se puede saber que buscas en mi cuarto? – le dijo esta.
– ¿No te da miedo que alguien parta la ventana por la noche y entre? – le dijo este sonriéndole y caminando a su lado. Los tres tenían que mirar hacia arriba para hablar con él, sobre todo Wawa.
– No, pero ahora que lo dices…
Se subieron en el taxi y fueron hasta la estación de tren comprobando que se habían llevado todo lo necesario. Los dos chicos llevaban gorra y Nagase se había puesto unas gafas de sol. Aun así de vez en cuando alguien se quedaba mirándolos.
– ¿No tienes ganas de llegar? – le dijo Taichi a Wawa, rozando sus dedos con los de la chica una vez se hubieron sentado en el tren.
– Si, claro. Pero…
– ¿Te dan miedo? No te preocupes, hay mucha seguridad – mirando una sonrisa como esa desde luego Wawa no tenía de que preocuparse. Le hacía sentirse bien, cómoda. Estar con él era más fácil de lo que jamás pensó. Pero volvió a acordarse de Azuki y se le hizo un nudo en el estómago.
– ¡No la tumbes! – Tifa le gritó a Nagase al ver que tumbaba su mochila para guardarla en el compartimento de arriba
– ¿Eh? Lo siento… – dijo dándosela de nuevo – ¿Qué tienes ahí dentro?
– Ya lo verás – Nagase se quitó las gafas de sol y la miró con curiosidad.
– Espero que sea lo que estoy pensando porque Wawa-chan tampoco se separa de su mochila – dijo Taichi sonriendo.
– ¿El qué? – preguntó Nagase.
– Ya lo sabrás… – se inclinó sobre Wawa y le dijo al oído – estoy deseando que llegue la hora del almuerzo.
Taichi fue todo el camino hablando y Wawa escuchándole atentamente, pero tanto Nagase como Tifa se estaban quedando dormidos en el sitio. El trayecto era menos de una hora pero con el vaivén del vagón y lo tranquilos que estaban eran imposible no adormilarse.  
– Oye, ¿Pasa algo? – le preguntó Taichi a Wawa, que no supo que responder – desde el jueves te noto un poco rara conmigo. ¿He hecho algo que te haya molestado?
– No, es… ya hablamos luego…
Taichi la miró preocupado, le pasó un brazo por los hombros y le dio un beso cariñoso en la frente. Wawa sonrió acurrucándose contra él. No quería tener dudas pero no podía evitarlo. Pero independientemente de lo que le dijese cuando hablasen pensaba disfrutar de ese día primero. Ya se preocuparía después. Nagase y Tifa se bajaron del tren pegándose los bostezos el uno al otro, riéndose al darse cuenta. Entraron en el zoo sintiéndose un poco más animados y nerviosos, como si fueran niños pequeños, y se pararon en la entrada a mirar el mapa.
– Quiero ir a ver los leones – dijo Nagase sonriendo, con ese tic en los ojos tan característico de él.
– ¿¡Ya?! No, espera… – Wawa le miró espantada haciéndole reír.
– Mira, podemos coger por el camino de la izquierda, vemos primero los pajaritos y los lobos y ya después vamos a lo fuerte. Y te vas haciendo a la idea – le dijo Tifa.
– Pero ese es el camino al revés de como dice esto que vayamos – le dijo Taichi
– Bah, ¿Qué más da? La cosa es verlo todo ¿No? Aunque no tengo prisa ninguna por ver los bichos…
Iban viendo los animales, sorprendiéndose de los colores, de su belleza, de lo feos que eran algunos, de lo raros que eran otros y de lo apestosos que eran la mayoría. Tifa se quedó un buen rato mirando los lobos, todos dormidos pero preciosos. Wawa iba todo el camino detrás de Nagase y de Taichi, sin querer acercarse mucho a los animales pero mirándolos con curiosidad. Le parecían bonitos, obviamente, pero le daban mucho respeto. Nagase y Taichi mantuvieron una “conversación” – por así decirlo – con los orangutanes mientras las chicas se partían de risa. Estaban tan cómodas con ellos… además, a la mitad del recorrido, Taichi le dio la mano a Wawa. Nagase y Tifa se dieron cuenta y les miraron sonrientes, haciendo que la chica se pusiera colorada una vez más.
– ¡Mira la carita! por favor Wawa un koala no puede darte miedo en la vida ¡Es adorable!
– Es muy bonito, pero él allí y yo aquí – Taichi se rió. Fue a decirle algo pero le interrumpieron.
– ¿¡Taichi-kun?! – se dieron la vuelta y alguien se tiró a los brazos del chico. Cuando se separó y vieron que era Azuki con una amiga no podían creérselo.
– ¿Qué haces aquí? – dijo Taichi con una expresión un tanto extraña.
– Que coincidencia, ¿Verdad? – esa chica era todo sonrisas. Además llevaba un traje blanco que parecía hecho para ella. Wawa no sabía que hacer ni como reaccionar.
– Coincidencia los cojones – susurró Tifa, que no quería ni mirar en su dirección, sintiéndose furiosa.
– ¿Perdona? – dijo Azuki mirándola. No se podía creer que tuviese la cara dura de hablarle directamente. Fue a contestarle pero Nagase le puso la mano en el hombro, haciéndole un gesto para que no le hiciese caso.
– Ah, si, esta es Inari-chan.
– Si, me acuerdo de ella – dijo Taichi saludándola.
– Creo que no os conocéis, Nagase-san – Nagase la miró con curiosidad. Con demasiada curiosidad. La chica era muy delgada pero tan guapa que haría a cualquier otra mujer sentirse molesta a su lado.
– Me voy a ver a los canguros – dijo Tifa, que bajó la voz y dijo entre dientes al pasar junto a Nagase –  ya he visto suficientes zorras por hoy – este hizo un ruidito de sorpresa ante su comentario y se rió por lo bajo. Wawa miraba a su amiga y a Taichi sin saber que hacer.
– Me voy con ella – dijo finalmente.
– Oe, chotto[1]!, nos os vayáis solas – dijo Taichi agarrándola de la mano. La sonrisa de Azuki se volvió una expresión de disgusto, pero solo unos segundos.
– ¡Vamos todos juntos! – dijo ella.
Taichi no se negó, así que Wawa no tuvo más remedio que aguantarla allí. Le había fastidiado el día y a Tifa también porque se la encontró mirando a los canguros más seria de lo normal. Azuki hacía lo imposible para llamar la atención de Taichi: le pedía que le hiciera fotos, no paraba de hablar y de decir ‘te acuerdas cuando…?’. Nagase se puso tenso desde que esas dos aparecieron. Les habían destrozado los planes por completo. Hasta que Taichi le hizo la pregunta mágica a Tifa cuando Azuki y su amiga se metieron en el servicio.
– ¿La conoces de algo?
– Claro que si. El jueves pasado entró en nuestro lugar de trabajo de muy malas maneras – Taichi y Nagase la miraron sorprendidos – Insultó a los eito y… – miró a Wawa. Ésta no quería que Tifa se lo dijese, pero quería que él lo supiese al mismo tiempo.
– ¿Te dijo algo? – le dijo Taichi a Wawa
– Por eso me preguntaste quién era Azuki – le dijo Nagase a Tifa, que asintió cruzada de brazos. Estaba molesta con él, por mirar a la otra. Sabía que era una estupidez pero no podía evitar sentirse así – vamos a hacer una cosa, id ustedes a la parte de los insectos que a Tifa no le gustan y mientras voy con ella a ver los leones que a ti no te gustan – dijo señalando a Wawa –  Nos vemos en unas horas en el área de descanso Hayashi.
No les dio tiempo a dar su opinión, le puso una mano a Tifa en la espalda y la llevó hacia la izquierda mientras Taichi iba con Wawa a la derecha. Iban en silencio, pensando cada uno en sus cosas y Wawa en cómo iba a hacerlo para sacar el tema. No habían terminado de entrar en la zona de los insectos que Taichi se la llevó a un banco. La sentó junto a él.
– ¿Qué te dijo? – no podía mirarle a los ojos, estaba muy nerviosa y asustada por lo que fuera a contestarle. Le costaba hablar e incluso tenía ganas de llorar. Después de haber visto lo bonita que estaba Azuki ella no se sentía suficiente para él.
– Se enfadó porque estuve en tu casa. Me dijo que no me acercase a ti.
– ¿¡¿Majide?!?[2]– le miró y le vio sorprendido y ofendido. Negó con la cabeza – siempre igual…
– ¿Quién es ella? – Taichi la miró a los ojos. Estaba tan preocupada que casi estaba llorando, con el corazón en un puño – ¿Qué es para ti?
– Es mi exnovia pero no me deja en paz.
– ¿Por qué cortaste con ella? Parece que os lleváis bien.
– Lo intento, pero es demasiado posesiva. Ya ha hecho que una chica antes que tú perdiera el interés por mí porque no dejaba de acosarla, ¡Y me niego a que pase contigo!
– Taichi-kun – Wawa se miraba las manos – no se porqué te acercaste tanto a mi casi desde que nos conocimos. No lo entiendo, pero yo… – apretó los labios, le estaba costando mucho decir lo que estaba diciendo, tuvo que respirar hondo – me gusta hacer cosas como lo de hoy. Estar así contigo… yo—
– ¡Por fin os encuentro! – Azuki se plantó ante ellos – ¿Por qué os habéis ido sin nosotras? Os dijimos que íbamos al baño. ¿Y Nagase? No se habrá ido con la gorda esa ¿No? – dijo entre risitas con su amiga. Wawa la miró ofendida pero fue Taichi el que se levantó.
– Azuki, no se como te has enterado de que hoy iba a estar aquí con ellas pero me gustaría estar a solas con Wawa-chan. – fue como darle un guantazo sin manos, la chica le miró sin creérselo y Wawa se sintió tan feliz que le entraron ganas de reírse en su cara.
– ¿Con esta? – Dijo señalándola – no te entiendo. ¿Tú me has visto y la has visto?
– Ese es el problema, Azuki, que tu solo miras el físico y ella es la persona más dulce, cariñosa y buena que me he encontrado – Wawa los miraba con la boca abierta –  Tu nunca te has preocupado por mi la mitad de lo que ella lo ha hecho en solo dos semanas. Pero si quieres que vayamos por el físico la prefiero a ella mil veces – Azuki le miraba como si le hubiese dicho la barbaridad más grande.
– ¿¡Estás ciego?!
– No, te he visto sin maquillaje y ella mucho más bonita que tu sin pintarrajearse ni ponerse lentillas como las que llevas. Espero no volver a verte, en serio. Me has decepcionado muchísimo. Vamos Wawa-chan – le ofreció la mano a la chica que se la cogió y fue andando a su lado. Pero se paró a medio camino; ahora que había escuchado lo que Taichi pensaba de ella se sentía con el valor suficiente.
– Azuki-san – La delicadeza y buenas maneras de esa tipa habían desaparecido y la miraba llena de odio – Tifa no está gorda, lo que tienes es envidia de sus curvas. Deberías de dejar de hacerle daño a la gente, así no te va a querer nadie.
Le sonrió y caminó junto a Taichi que le apretó la mano con fuerza, riéndose por lo bajo. Fueron directos a las mariposas porque Wawa se moría de ganas de verlas y se encontraron con que estaban solos. Sonreía como nunca en su vida, las mariposas eran bellísimas y había de muchos tipos y colores. Sintió la mano de Taichi en su cintura y le miró. Le acarició la mejilla con esa sonrisita suya de conejo que hacía que sus paletas se viesen más de lo normal. Wawa se rió, y Taichi, sin apartar su mano, la besó. Le acariciaba con ternura, sus dedos en su mejilla, pasando por su espalda despacio mientras la besaba una y otra vez. No lo pudo evitar y le pasó los brazos por los hombros, acercándose a él, sintiéndole cerca. Taichi la abrazó con fuerza por la cintura y muy cariñosamente acaricio su lengua con la suya, dándole lo que a Wawa le parecieron los besos más dulces del mundo. No quería despegarse de él, quería que su sabor se quedara en su memoria para siempre. Le sintió sonreír en sus labios y abrió los ojos para mirarle. No necesitaban decirse nada, todo lo decían sus miradas. Se rieron cómplices cuando escucharon que alguien se acercaba a ellos y ella se dio la vuelta. Taichi la abrazó por la cintura mientras suspiraba, apoyando la barbilla en su hombro. Wawa veía las mariposas, pero también las sentía revoloteando como locas en su estómago.
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– ¡¡Sugooooooi!! – dijo Nagase al ver los leones tan cerca. El guía que iba con ellos les dio pedazos de carne que colgaban de una pértiga metálica a todos los que iban en el autobús. Se la acercó al animal que se la comió con ansias.
– Que bonito… – dijo Tifa mirándolo – pero huele fatal – Nagase se rió.
– No huele tan mal…
– A ti que te gustan los olores fuertes – dijo ella con la nariz arrugada – toma, dale el mío que me da miedo y a ti te encanta.
Miraba a los leones, pero solo de vez en cuando. Le gustaba más mirarle a él, su sonrisa de niño pequeño y sus caras de sorpresa y miedo cuando el león tiró del palo la segunda vez que cogió comida. Nagase se dio cuenta de que ella le miraba con una sonrisa al escucharla suspirar.
– ¿Qué? – Le dijo él – ¿Tienes a estos bichos delante y me miras a mí?
– Así quiero verte siempre – dijo dándole con un dedo en el hoyuelo que se le hacía al sonreír – Y si no voy a estar dándote la vara hasta que sonrías ¿Vale?
– Tifa-chan, no se como darte las gracias.
– ¡No seas idiota! – Dijo esta riéndose nerviosa por lo intenso de su mirada – no tienes que agradecerme nada.
– Claro que si. Eres la única que se ha acordado de mi estos días y con cada mensaje me sacabas una sonrisa y me hacías sentirme menos… solo. Además quería hablar contigo, es uno de los motivos por los que he hecho que Taichi se vaya con Wawa-san.
– ¿Hablar conmigo? – eso podía ser tanto bueno como malo, pero le hacía sentirse histérica.
– ¿Por qué lloraste?
– ¿Cuándo?
– Cuando me fui del coche el miércoles.
– Taichi habla demasiado… – dijo incómoda, cruzando los brazos y mirando a los leones sin verlos realmente – yo que se, me sentía mal por ti.
– ¿Y ahora por qué no me miras?
– No estoy cómoda hablando de esto…
– ¿De tus sentimientos? El otro día me desahogué contigo, ¿Por qué no haces lo mismo? – Tifa negaba con la cabeza.
– No puedo. No quiero. Las cosas están bien como están y no quiero meter la pata así que deja de preguntar cosas que no quieres saber – le dijo todo eso de un tirón, estaba más que histérica. No se iba a declarar en un autobús lleno de gente y con la peste de los leones de fondo. No se iba a declarar. Fin de la historia.
– Taichi también me ha dicho lo que dijiste – Tifa le miró con los ojos como platos y se pasó una mano por los ojos.
– Recuérdame que tengo que matarle poco a poco para que sufra.
– Pero aclárame una cosa. ¿Me quieres o solo te gusto? – Tifa resopló, quería salir de ahí.
– Venga ya, no eres tonto, ya sabes lo que siento por ti. Taichi te lo ha dicho. ¡Y además tienes que notarlo cada vez que… me tocas! ¡O me miras! ¡¡O me hablas!!
– Vale, vale. No te pregunto más, no te pongas así. – se quedó callada un buen rato mientras Nagase miraba asombrado a las bestias correr de un lado a otro buscando la comida que le ofrecían. Tragó saliva y le miró.
– No quiero que dejes de comportarte conmigo como antes ahora que sabes…
– No te preocupes por eso, baka – dijo él poniendo morritos como solía hacer cuando hablaba.
No estaba nada segura de que fuese todo igual que siempre. Cuando un hombre se entera de los sentimientos de una mujer siempre cambia su actitud hacia ella.  Pero no le quedaba más remedio que confiar en él. Se bajaron del autobús y fueron hasta la zona de servicio, Tifa quejándose porque la peste de los leones se le había quedada impregnada en la ropa y Nagase llamándole quejica y exagerada. Se encontraron a Wawa y a Taichi sentados a la sombra de un árbol, hablando en susurros con las manos cogidas.
– ¿Qué tal las mariposas? – preguntó Nagase.
– Preciosas – dijo Wawa con cara de tonta. Taichi se rió mientras la miraba.
– ¿Comemos o que? Me muero de hambre… – dijo Tifa. Las chicas abrieron las mochilas y sacaron los bentos.
– ¡Lo sabía! – Dijo Taichi con una sonrisa mientras Wawa le daba el suyo – ¡¡¡Kawaii!!! – Gritó cuando lo abrió – ¡Me encanta! – cogió una de las bolitas de arroz, a las que Wawa les había pegado las algas de forma y manera que pareciese un balón de futbol.
– ¿Yo también tengo uno? – Nagase sonreía como un niño cuando Tifa le dio su bento. Se rió al verlo – ¿Cómo has hecho esto? – Tifa había hecho un monopatín cortando un filete de ternera. Las ruedas estaban hechas con arroz, así como las letras TOM por encima.
– ¡Y debajo hay un montón de verduras! – Lo miraban pero no lo probaban.
– ¡Pero comed de una vez! – le dijo Wawa riéndose. Cuando los probaron sonrieron como tontos susurrando lo bueno que estaba. Comían casi en silencio, tanto andar les había dado hambre.
– ¿Han vuelto a aparecer esas dos? – preguntó Tifa tras tragarse el último trozo de carne. Wawa asintió.
– Menos mal que no estuviste delante. Te habrías vuelto loca con las cosas que dijo.
– Ya se han ido – dijo Taichi – no creo que vuelvan a molestar, ni ella ni Inari.
– No se que le veías a Azuki, en serio – dijo Nagase pasándose la lengua por los labios – es entera de quita y pon.
– ¿Vamos a hablar de novias de quita y pon? Porque tu novia por excelencia estaba más que operada… – dijo Taichi señalándole al pecho con los palillos, donde tenía el tatuaje. Tifa se levanto de repente y se dio la vuelta canturreando – ¿Dónde vas? – le dijo Taichi riéndose.
– Hay temas de los que no me gusta hablar cuando estoy pasándomelo bien, como la política por ejemplo. Y ese del que hablas también es uno de ellos.
– ¿De Ayumi? – dijo Nagase extrañado. Tifa se llevó las manos a las orejas y empezó a canturrear más fuerte con los ojos cerrados. Wawa se reía a carcajadas – ¿Pero qué…?
– No le gusta mucho… – Tifa cada vez canturreaba más fuerte.
– ¡Vale, vale, urusaaaaii! – Nagase la agarró del brazo para que se diese la vuelta.
– ¿Ya? – asintió con una sonrisita de medio lado y mirándola de arriba abajo – ¡No hagas eso, idiota! – ella también sonreía cuando se sentó a su lado con el corazón revolucionado.
Siguieron con las bromas, imitando los sonidos de animales que escuchaban y haciendo ruido un buen rato hasta que empezó a oscurecer. Recogieron las cosas y fueron hacia el tren, donde los cuatro se quedaron atontados. Estaban muy cansados de andar, pero sobre todo de reírse. Nagase se quedó dormido con la boca abierta y Tifa apoyó la cabeza en su hombro como la que lo hacía sin querer. Wawa se rió brevemente todo lo en silencio que pudo mirando a Taichi.  Fue lo que quedaba de camino tumbada sobre él, con su brazo rodeándole y sintiendo sus caricias cariñosas en el brazo. Taichi los tuvo que llamar a todos al llegar y más tranquilos que antes cogieron el taxi, que dejó a las chicas primero.
– Me siento culpable por que lo hayáis pagado todo – dijo Tifa a Taichi antes de bajarse.
– Como se nota que no eres de aquí – dijo Nagase riéndose con el conductor desde alante.
– No pasa nada, es lo normal. A ver si hacemos algo parecido pronto.
A mi ya se me está ocurriendo una cosa – dijo Nagase – pero ya lo hablaremos.
– Que misterio… – dijo Wawa. Al llegar a su casa Taichi se bajó con ella para despedirse y Nagase llamó a Tifa bajando la ventanilla del asiento del copiloto. Se acercó a él que volvió a mirarla de arriba abajo. Le pidió que se acercase más con los dedos. Cuando la tuvo lo suficientemente cerca le susurró.
– Se me ha ocurrido una manera de darte las gracias – Tifa dijo un ‘¡JA!’corto y estridente. El taxista miraba con curiosidad.
– No juegues con fuego Tomoya-kun – le contestó ella al oído.
– A lo mejor quiero quemarme, Tifa-chan  – Levantó una ceja sin dejar de sonreír. Tifa no podía hacer nada más que mirarle la boca.
– Ya sabes donde vivo… – se mordió el labio y después de reírse se alejó de él, aunque no quería. Cuando subió las escaleras estuvo a punto de bajarlas otra vez porque Taichi estaba besando a Wawa profundamente justo en la puerta de la casa. Se giró y miró a Nagase poniendo las palmas de las manos hacia arriba y encogiéndose de hombros. Nagase dio una carcajada de las suyas que hizo a Taichi separarse de Wawa.
– Taichi-kun – le dijo esta antes de que se fuese, agarrándole de la mano – a lo mejor es una pregunta tonta pero quiero asegurarme. ¿Qué somos?
– ¿Tu?, hermosa – volvió a besarla, abrazándola tan fuerte que la levantó del suelo mientras ella se reía – y yo tu feliz novio.
– Tifa está mirando – dijo al ver a su amiga mirarles con cara de ternura.
– Ya, ya me voy. Pesada, no nos dejas intimidad… – dijo mirando a Tifa como si estuviera enfadado.
– ¡Llévatela a tu casa, baaaaaaaka!
– ¡El día menos pensado te quedas viviendo sola! ¡Voy a secuestrarla! – dijo Taichi desde debajo de la escalera, haciéndolas reír.
Lo primero que Tifa hizo al entrar fue darle un abrazo enorme a su amiga, lo segundo contarle lo que Nagase acababa de decirle. Como siempre, pasaron lo que quedaba del día contándoselo todo con pelos y señales y al día siguiente – domingo – hablaron por Skype con Taichi, que estaba en la isla de nuevo pero esta vez más abrigado. Nagase también se asomó haciendo el tonto por atrás con Gussan, que tenía el pelo mojado. Y esa misma noche, Wawa volvió a hablar con Taichi una hora después de darle las buenas noches a Tifa.
– ¿Dónde estás? – le dijo esta hablando bajito.
– En la cama, ¿tu también? – se rió nerviosa solo de imaginárselo.
– Si. Tifa se ha acostado ya.
– Y tú no deberías de dormir tarde, mañana trabajas y son ya la una y media de la madrugada.
– No me importa, te estaba esperando.
– Si quieres que me quede me tienes que poner la cámara.
– ¿Ehhh? No, no, no. Que vergüenza, estoy en pijama.
– Y yo en calzoncillos, ¡Venga ya! déjame ver tu sonrisa antes de dormirme – con ese argumento la convenció. Le puso la cámara y no pudo evitar sonreír como una tonta al ver su sonrisa y como le saludaba. Estaba sin camiseta, sintió su pulso acelerarse como loco. Pero la expresión de Taichi cambió, por algún motivo. Estaba sorprendido.
– ¿Qué pasa? – le dijo ella extrañada.
– No tenía ni idea de que tenías el pelo tan largo…
– ¿Ehhh? – estaba tan ansiosa por hablar con él y llevaba tanto tiempo relajada en casa que no tenía el chal puesto. Bueno, a esas alturas tampoco importaba, pero no se esperaba ese comentario de repente.
– Es precioso, me muero por tocarlo. Seguro que es suave. ¿Por donde te llega?
– Ya lo verás.
– Déjame ver tus piernas.
– ¿Por aquí? No, no, no – se rió solo de pensar en sacar las piernas de debajo de las sábanas.
– Yo te enseño mi cuerpecito y tú el tuyo – se puso de pie y empezó a poner poses de culturista. Wawa se tuvo que tapar la boca para no reírse pero no pudo evitar que sus ojos se fueran hacia donde no debían. Llevaba unas calzonas y no se notaba nada, pero igualmente…
– Estás loco – le dijo cuando volvió a sentarse entre risas – no se como no tienes frío, esta noche han bajado bastante las temperaturas.
– Porque soy de sangre caliente – dijo poniendo morritos – Ahora tu. El hombro aunque sea, dame algo nena – le guiñó el ojo sin parar de reírse.
– No puedo… me da vergüenza.
– ¿Y si estuviera ahí contigo no me lo enseñarías?
– Eso es diferente – Escuchó un golpe en la habitación de Tifa seguido de un gritito pero lo ignoró. Estaría jugando a videojuegos.
– No veo por qué. Solo un hombro, y te dejo tranquila – a Wawa le dio un ataque de risa.
Estaba muy nerviosa, pero podía hacerlo. No estaba muy segura de lo que estaba haciendo pero se lo pedía con tantas ganas… Se bajó un poco la camiseta del pijama y se retiró el pelo, observando la expresión de Taichi sin perder detalle. Se lamió los labios y suspiró, pasándose la mano por el pelo.
– Ahora quiero más – dijo riéndose – prométeme que la próxima vez que te vea te dejarás el pelo suelto.
– Vale… – se quedó mirándola en silencio. Se quedaron observándose durante un buen rato, sin decir nada. Solo suspirándo. Wawa no paraba de oír puertas abrirse y cerrarse, quizás Tifa estaba descompuesta – un momento Taichi, voy a ver si Tifa necesita algo.
Se levantó de la cama y se asomó, encontrándose a Tifa yendo hacia su cuarto con un bol de fresas y la chaqueta de Hara-chan puesta. Su amiga se sobresaltó y casi se le cae todo al suelo.
– ¿Qué te pasa? No paras quieta…
– ¿¡Y tu que haces despierta!? Vete a dormir, es tarde.
– ¡Lo mismo te digo! – Vio salir luz bajo la puerta del servicio – apaga la luz, que no se quede toda la noche encendida.
– Vale, vale, buenas noches – extrañada por las prisas de Tifa volvió a meterse en la cama y cogió el portátil.
– ¿Qué le pasa?
– Nada, le ha entrado hambre. Le pasa de vez en cuando a estas horas.
– Tienes el pelo muy largo – Wawa asintió sonriendo – quiero acariciarlo y sentirlo en mi pecho mientras te tumbas conmigo. Me muero de ganas de despertar a tu lado, pero no quiero ir con prisas.
– Taichi… – se sintió acalorada con eso que le estaba diciendo.
Dormir y despertar a su lado también era uno de sus sueños por cumplir. Y lo que pasara entre medio, eso también. Pero antes tenía que casarse, eso era lo que le habían dicho desde pequeña. Aunque no sabía si con él iba a poder soportarlo. Le veía mirar la pantalla muy fijamente, sabía que la miraba a ella.
– Si estuviera ahí contigo te quitaría todo lo que tienes puesto – dijo mirando a la cámara, dándole la sensación de que la miraba a los ojos. No sabía como podía ser tan intenso pero a pesar del frío, sentía calor en una parte muy concreta de su cuerpo.
– ¡¿Q—que dices?! No… no digas esas cosas Taichi…
– Creo que tendría que irme a dormir. No quiero ofenderte y estoy pensando unas cosas que no se si es lo más adecuado teniendo en cuenta la poca ropa que tengo – se rió – buenas noches princesa, descansa bien.
– Oyasumi… Taichi kun.
Cuando se cortó la conexión el corazón de Wawa iba tan acelerado que pensó que le daba algo. Nunca le habían dicho esas cosas, nunca le habían hecho sentirse así de deseada. Era algo totalmente nuevo para ella y le gustaba. En su interior, deseaba que eso que él quería hacer se cumpliese y cuanto antes mejor. No iba a poder dormirse, estaba demasiado nerviosa. Y además Tifa no paraba de salir y entrar de su habitación.
**********************************************************************
Un rato antes, justo cuando Wawa empezaba a hablar con Taichi, Tifa estaba tirada en la cama con el portátil, tapada con la sábana hasta la cintura solo con las bragas puestas. Esa noche hacía frío así que se puso su chaqueta preferida, igualita que la que llevaba Nagase en su dorama ‘Nakuna Hara-chan’. Era calentita y le recordaba tanto a él que se sentía feliz con ella puesta. Estaba viendo una película de miedo con las luces apagadas y en la mejor escena dieron unos golpes en su ventana. Dio un gritito al acordarse de lo que le dijo Nagase la mañana anterior y después de encender la lámpara de la mesa de noche se armó de valor y descorrió la cortina. Dio un gritito más grande al ver a Nagase allí plantado. Abrió la ventana y el aire frío se coló en la habitación.
– ¿Qué haces aquí?
– Déjame pasar, me estoy helando – se levantó de la cama extrañada porque olía a alcohol y bastante. Intentó no hacer ruido cuando le abrió la puerta, pero él no la dejó ni cerrarla. La empujó contra la pared de la entrada y empezó a besarle el cuello pasándole las manos por los muslos.
– Nnnn-Nagase, ¿pero qué? – sus dedos intentaban bajar su ropa interior, con prisas.
– Estoy enganchado a tus gemidos, quiero escucharte de nuevo… – Tifa sintió la tentación de dejarle hacer lo que estaba haciendo, allí mismo y con la puerta abierta.
– Pero, oye… Nagase, ¡¡Chotto!! – muy a su pesar lo apartó de ella, cerrando la puerta de la calle y metiéndolo en el cuarto de baño para no despertar a su amiga – estás borracho.
– Un poquito, pero ¿qué más te da?
– Me da. Hueles fatal a alcohol – no pudo evitar reírse cuando la miró fastidiado – ¿Qué haces aquí? – suspiró
– He bebido demasiado para coger mi coche y el pub estaba cerca de tu casa así que…
– ¿Y por qué no te has ido en taxi?
– Me he gastado todo. Y no quiero sacar más dinero.
– Haz una cosa: date una ducha, come algo y ya después piensas bien lo que haces.
– ¿No quieres que… – la miró con las cejas levantadas y asintiendo.
– Si estás borracho no. Solo cuando estés en pleno rendimiento – salió de allí riéndose y escuchándole maldecir.
Fue al frigorífico, cogió el bol de fresas que habían comprado esa mañana y el sirope de chocolate. Cuando iba hacia su cuarto, Wawa abrió la puerta dándole un susto de muerte.
– ¿Qué te pasa? No paras quieta…
– ¿¡Y tu que haces despierta!? Vete a dormir, es tarde.
– ¡Lo mismo te digo! – Vio como miraba hacia el servicio – apaga la luz, que no se quede toda la noche encendida.
– Vale, vale, buenas noches – cuando Wawa cerró la puerta la escuchó hablar. Estaría con Taichi en Internet. Mejor.
No es que quisiese ocultar a Nagase pero no sabía si a su amiga le iba a hacer gracia que él estuviera en el cuarto de al lado a esas horas. Quizás le hacía sentirse incómoda. Esperó sentada en la cama, terminando de ver la película. Cuando Nagase volvió, (milenios después) llamó antes a la puerta de su habitación y cerró demasiado fuerte.
– ¡Shh! Wawa está ahí al lado – Nagase la miró, bastante más despejado, y se rió señalándola
– ¡Hara-chan! Esa era la chaqueta ¿No? – Tifa se rió avergonzada.
– Si bueno, toma, come – se sentó a su lado con el bol de fresas en el regazo, sonriendo felizmente mientras les daba un mordisco para después echarle sirope. Y así se las comió casi todas (menos las que Tifa le robó) hasta que se tumbó en la cama suspirándo.
– Vas a quedarte dormido… – dijo ella mirándole con los brazos rodeando sus piernas.
– ¿Te molesto? ¿Me voy? – Dijo sentándose de repente – He venido sin avisar y a una hora muy mala. Lo siento.
– ¡No, no, no, no! No te vayas… – se dio cuenta de que estaba sonando un poco desesperada – …si no quieres – dijo intentando arreglarlo.
– ¿Puedo dormir aquí? – Tifa asintió.
Acto seguido y sin preguntar, Nagase se quitó los pantalones, quedándose solo con la camiseta de mangas cortas y metiendo las piernas por dentro de la sábana. Tifa tragó saliva y se tumbó junto a él. Había abierto un poco la cortina y cuando apagó la lamparita seguía entrando la luz de la calle. Estaba tumbado boca arriba, pensando en sus cosas mientras se mordisqueaba el labio. Tifa estaba tumbada de lado, mirándole. Tenía el pelo mojado y despeinado, estaba tremendo.
– Me encanta ver juntos a Taichi y a Wawa – dijo él de repente mientras sonreía – Hacen una pareja perfecta, ¿Verdad? – la miró. Estaba tan cerca que a Tifa le costaba hablar.
– Si, me da mucha envidia verlos juntos. Sobre todo cuando él la abraza de esa manera – Nagase le hizo un gesto de curiosidad – supongo que hace mucho que no me abrazan así – dijo riéndose aunque en el fondo era bastante triste – que te rodeen con los brazos y no te puedas ni mover… es una de las mejores cosas del mundo.
– ¿En serio? Ven aquí – le pasó un brazo bajo la cintura y el otro sobre los hombros y la apretó contra él. Tifa no dijo nada, solo cerró los ojos y le abrazó, oliendo su camiseta, mezcla de tabaco y su aroma. Le apretó con fuerza al sentir sus dedos rozarle la cintura por debajo de la chaqueta, acompañado de un escalofrío – Te preocupas por mi, pero no quieres contarme como estás tu. Y me pregunto si estás bien.
– Ahora mismo si – dijo ella contra su cuello, dando un suspiro enorme y tembloroso. Nagase se separó un poco de ella y la miró a los ojos.
– ¿Seguro? – su boca… estaba tan cerca…
– Nagase, lo siento mucho – sentía su corazón latiéndole a tal velocidad que se le iba a salir del pecho.
– ¿Por q—
No le dejó acabar. No sabía si él iba a hacerlo alguna vez y ella lo necesitaba. Subió una de sus manos y le acarició la mejilla mientras apretaba sus labios a los de él. Nagase no se movía, ni si quiera la tocaba. Pero a ella le daba igual, su labio inferior se perdía entre los de él, tan gruesos y calientes. Los acarició con los suyos, los apretó muchas veces y él seguía sin moverse. Cuando le dio la impresión de que los abría un poco, Tifa, agarrándole del pelo y casi tumbándole sobre ella, le metió la lengua en la boca. Al rozar la suya, un gemido subió por la garganta de la chica, que empezó a besarle profundamente. Le besaba con tantas ganas que apenas podía respirar. Sabía a fresas, sabía a chocolate, y movía su lengua contra la suya y entre sus labios. Se los mordía incluso, pero terminó besándole despacio de nuevo. No quería parar, pero ya se había pasado tres pueblos. Sabía lo que él pensaba sobre los besos y no estaba bien hacer eso cuando él no sentía lo mismo que ella.
– Te quiero tanto… – susurró contra su boca en español. Nagase respiraba agitadamente y de repente Tifa se sintió fatal por lo que había hecho. Se dio la vuelta en la cama y pegó las manos a su pecho con unas ganas de llorar tremendas. Nagase ni si quiera se movió.
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Horas después – al mismo tiempo que Tifa intentaba dormirse sin conseguirlo – Wawa estaba soñando. Y en el sueño estaba de nuevo mirando a Taichi jugar al fútbol y de nuevo se quedaron solos en las gradas. Pero en el sueño las cosas fueron diferentes. Wawa se acercó a él porque ya no le daba tanta vergüenza, y le secó el sudor con una toalla. Ella no llevaba el chal, de hecho, cuando se quiso dar cuenta, estaba desnuda. Desnuda en la calle y frente a él. Y contra todo pronóstico no le importaba. Taichi estaba sudando, y se quitó la camiseta acercándose a ella. Los besos eran tan reales que parecía que lo tuviese delante. Era su sabor, era su lengua contra la de ella, eran sus manos alrededor de su cintura. La Wawa del sueño empezó a gemir cuando los largos dedos de Taichi curioseaban su cuerpo: sus hombros, su cuello, sus pechos, su cintura, sus caderas y… cuando llegó a ese punto Taichi la miraba con tanto deseo que no le importó nada ni nadie, solo le quería dentro. Sentía con total claridad sus dedos acariciando su parte más sensible. No lo vio, pero intuyó que se bajaba los calzoncillos y justo cuando ella se la tocó mientras él la masturbaba, Wawa se despertó.       
            Era la primera vez que se despertaba teniendo un orgasmo, había sido tan real que apenas podía respirar. No se podía creer que ya fuese de día, no quería levantarse, quería seguir con el sueño. Se había despertado a minutos de que sonase el despertador. Muerta de rabia se levantó y se fue a ducharse, ya que tenía tiempo. Escuchó ruidos en el cuarto de Tifa, pero supuso que ya se había despertado y no se molestó en entrar. Todavía estaba excitada por el sueño, seguía sin respirar como una persona normal. Estaba segura de que si lo tuviese delante en ese momento, le dejaría hacerle lo que fuese. Y su mente empezó a divagar de tal manera mientras se duchaba que cuando el chorro de ducha rozó su entrepierna, tuvo que dejarse llevar. Eso si, se aseguró de no gemir el nombre de su novio muy fuerte.
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No se pudo dormir en toda la noche. Pero justo en ese momento se sobresaltó porque la estaban abrazando por la cintura. Miró al despertador que tenía delante y vio que estaba apunto de amanecer. No podía parar de pensar en los besos, en su indiferencia, y miró la mano que tenía frente a su cuerpo sin saber como reaccionar. Simplemente se dejó llevar por lo que quería hacer. Pasó sus dedos por encima del revés de su mano y los entrelazó con los suyos. Para su sorpresa, Nagase se la apretó. Estaba despierto. Se giró en la cama y le vio con los ojos más cerrados que otra cosa.
– ¿Ya es de día? – su voz somnolienta le resultó tan sexy que tuvo que tragar saliva varias veces.
– Dime que por lo menos tú has dormido bien… – le dijo.
– Me costó mucho dormirme después de los besos que me diste ayer pero una vez conseguido, si, he dormido bien – Tifa se llevó una mano a la cara, aún tenía el brazo de Nagase alrededor de la cintura.
– Lo siento muchísimo…
– He soñado contigo, a pesar de tenerte a mi lado – sintió como tiraba de ella, acercándola a su cuerpo. Le miró apartando la mano de su cara – y en el sueño seguías besándome. Pero… – le cogió la pierna y se la puso sobre sus caderas – hacíamos algo más – cuando Nagase apretó el trasero de la chica contra su cuerpo, esta notó lo duro que estaba. No iba a decirle que no – me moría de ganas de follarte ayer por la noche pero pensé que no debía.
– Que pérdida de tiempo – dijo ella mirándole los labios
Nagase se tumbó sobre ella, agarrándole también la otra pierna, rozándose despacio mientras respiraba en sus labios. Tifa tiró de su camiseta, quitándosela. Él pegó un tirón de la chaqueta que ella seguía teniendo puesta, abriéndola y mirando sus pechos desnudos. Le pasó una mano por debajo de la cintura y la acercó, levantando su espalda de la cama mientras se metía uno de los pechos de la chica en la boca y apretaba el otro. Tifa jadeó intensamente al sentir su lengua, sus dedos y sus dientes clavarse en sus pezones, agarrándole a él de la espalda y del pelo. Nagase bajó una de las manos por su cuerpo y rozó su clítoris haciendo que sus bragas se empapasen.
– Me encanta cuando mojas tanto que me resbala por los dedos.
– Tomoya por favor… – Nagase la miró a los ojos y ella le agarró del pelo con ambas manos, susurrando contra su boca – no pares…
Se puso de rodillas en la cama y le quitó las bragas, observándola mientras seguía rozando su clítoris. Rozó los labios de la chica con la otra mano, que ella cogió lamiendo sus dedos obscenamente, mordiéndolos mientras se corría. La agarró del pelo y acercó su boca a la de ella sin besarla, metiéndole esos mismos dedos con los que antes la tocaba dentro de su cuerpo. Empezó con suavidad pero llegó un momento que le daba tan rápido que hasta movía la cama, y Tifa no podía hacer más que retorcerse de placer mientras se esforzaba por no gemir muy fuerte. Aprovechó el momento que él paró de masturbarla para quitarse los calzoncillos y le tumbó en la cama boca arriba, sentándose sobre él. Se quitó la chaqueta tirándola a un lado, y movió las caderas mientras se rozaba con el miembro erecto de Nagase, mirando como él se la comía con los ojos. Lo sentía contra sus labios inferiores, contra su clítoris, ardiente y listo para entrar en ella. Pero se agachó y se la lamió mirando como él iba excitándose cada vez más; como gemía entre dientes y la agarraba del pelo. Y después de metérsela hasta la garganta y dejarla ahí unos segundos, subió por su cuerpo mirándole gemir aún por lo que acababa de hacerle. Se la agarraba con una mano mientras ponía las piernas a cada lado de sus caderas de nuevo, sin dejar a Nagase reaccionar. La miró sin saber que estaba pasando y en cuanto se dio cuenta la agarró del trasero, susurrando.
– Me estás volviendo loco – hizo que entrase en su cuerpo y la llenaba tanto que le provocó un escalofrío de puro placer. Se movía despacio, acompasada con su respiración y sus susurros. Vio su tatuaje, pero no le importó lo más mínimo, era a ella a quién miraba con deseo en ese momento.
– Ahora me toca a mí hacerte gemir, Tomoya – se inclinó sobre él y le besó de nuevo. Nagase subió sus manos; una hasta la nuca de Tifa, con la que apartó su pelo hacia un lado para así acariciar su espalda con la otra mano. Y le devolvió el beso intensamente mientras ella se movía sobre él.
– Tifa-chan… – solo ese susurro contra sus labios, hizo que la chica se encendiese como pocas veces en su vida.
Se puso en cuclillas, apoyada en las puntas de los dedos de los pies. Puso las manos en su pecho y movió sus caderas con fuerza contra las de él una y otra, y otra vez. Sentía sus manos apretar sus pechos, su cintura, sus muslos, todo su cuerpo. Nagase intentaba no gemir igual que ella, pero les estaba costando mucho trabajo. Al correrse sobre él, le clavó las uñas en el pecho, reteniendo un gemido a duras penas.
– Ven aquí – Nagase se sentó y la empujó hacia atrás, poniéndola boca arriba en la cama con la cabeza donde irían los pies. Tifa le rodeó las caderas con sus piernas y él se puso de rodillas, sentándose sobre las suyas. Se inclinó por un lado de la cama y cogió sus pantalones, de los que sacó un condón. Se lo puso a toda velocidad – quiero correrme mientras te follo – Agarró los muslos de la chica pegándola a él y se movió en su interior muy rápido y bruscamente.
– T—Toommmoooyaa… taaaammmeee… – le dolía y le gustaba al mismo tiempo. Lo sentía tan profundamente que no paraba de darle un orgasmo tras otro. Se agarraba a las sábanas con ambas manos mientras el presionaba sus muslos contra su cuerpo. Nagase observaba sus pechos moverse con cada embestida que le daba.
– Me gusta tanto follarte… – dijo tumbándose sobre ella, abrazándola mientras le besaba – no puedo más…
La chica le abrazó por los hombros, dándole un beso profundo, escuchándole gemir con su lengua en la boca mientras se corría. La apretó contra él un buen rato, besándola sin parar, cada vez más dulcemente. Hasta que dejó caer la cabeza en su hombro mientras ella le acariciaba la nuca. Se la sacó, se quitó el condón y lo tiró a la papelera, volviendo a la cama con ella. Se sonrieron y empezaron a reírse.
Y solo unos minutos antes, justo cuando Wawa cerraba el grifo de la ducha – más sofocada que antes por lo que su imaginación, sus manos y el chorro de agua le había provocado – le pareció escuchar un ruido muy raro proveniente del cuarto de Tifa. No podía estar jugando tan temprano, era imposible… Fue a su habitación con la toalla alrededor del cuerpo, intentando imaginar que pensaría Taichi al verla así. Se moría de ganas por ver su lado pervertido pero no podía evitar ponerse nerviosa. Lo único que quería era estar a solas con él…
            Estaba sopesando la posibilidad de contarle a Tifa lo de la noche anterior o no, era muy personal. Pero ella le podía dar consejos, ella sabía como reaccionar en esas situaciones. Se puso el pijama, si iba a desayunar no quería arriesgarse a mancharse la ropa de la calle, y fue con determinación al cuarto de su amiga con el pelo suelto y los pantalones cortos. Cuando iba a abrir la puerta escuchó un ruido rarísimo, como un resoplido escandaloso, y las carcajadas de Tifa mientras daba grititos.
– ¡¡Haaanaaaseeeeee!![3]– fue lo que escuchó cuando tenía el pomo en la mano.
– ¡Podría morirme entre ellas y moriría feliz! – fue lo que escuchó cuando ya había abierto. Y se encontró a su amiga desnuda, con Nagase encima de ella también desnudo. Pero este tenía la cara entre los pechos de la chica, que agarraba con ambas manos y resoplaba moviendo la cabeza, provocando las estruendosas carcajadas de Tifa.
– ¡¿¡EEEEEEEHHHH!?! – fue todo lo que Wawa pudo decir.
– Oh, hola Wawa chan – le dijo Nagase, tan tranquilo y con una sonrisa enorme.
– ¡Ah!, ¡Wawa!  No… ¡Nagase no la mires! – le tapó los ojos.
– ¿Te preocupa más que la mire a que ella me mire a mi? Te recuerdo que soy yo quién está desnudo – dijo riéndose.
– ¡Ay no! – Wawa se salió de la habitación y fue a su cuarto a vestirse a toda prisa.
¿Cómo iba ella a imaginarse que Nagase iba a estar en la casa? Acababa de ponerse el chal cuando llamaron a la puerta de la calle. Fue a abrir porque teniendo en cuenta las risas de Tifa, no se iba a mover de donde estaba. No había nadie en la puerta, lo único que había era una caja con su nombre en ella y un corazón al lado. La cogió felizmente pensando que tenía que ser de Taichi y que pesaba bastante. Y no se le pasó por la cabeza que era muy raro que no hubiese un cartero. Pero cuando la abrió no pudo evitar dar un grito, horrorizada.


[1] Espera
[2] ¡¿En serio?!
[3] Sueltame

5

De entre un montón de folios que no le dio tiempo a leer, empezaron a salir bichos de todo tipo: cucarachas, arañas, gusanos y escarabajos. Wawa no paraba de gritar y al momento Tifa salió de la habitación con solo las bragas y la chaqueta medio puesta. Al ver a su amiga subida en su cama y en ese estado de ánimo, no se le ocurrió otra cosa que acercarse a ella. Cuando se dio cuenta de lo que le estaba subiendo por la pierna, también empezó a gritar.
– ¡¡Tomoooooyaaaaaa!! – gritaban las dos. Este apareció en la puerta con solo los calzoncillos puestos, y al ver a los bichos que ellas le señalaban fue a por sus zapatos. Hasta que no estuvieron todos muertos se negaron a bajarse de la cama.
– ¿Dé donde ha salido todo eso? – dijo Tifa una vez se hubo tranquilizado, pero Wawa seguía llorando del susto.
– De la caja. Era para mi, no quiero ni acercarme a ella – Nagase la cogió y vieron su cara de enfado al leer los folios.
– ¿Qué es? – dijo Tifa acercándose con curiosidad.
– Me puedo imaginar de parte de quién viene – dijo Nagase.
En los folios había todo tipo de insultos, desde ‘fea’ hasta ‘puta’ o amenazas del tipo ‘muérete’. Nagase la dejó en el salón mientras Tifa se quedaba con su amiga hasta que se le pasase el disgusto. Aunque le preguntó que había escrito, ella no quiso decírselo.
– Creía que era de Taichi – le dijo Wawa a Tifa, sentadas en su cama – había un corazón y la abrí sin pensarlo…
– No la tires, no vaya a ser que nos haga falta
– ¿A que te refieres?
– A que la pillemos haciendo algo más de este tipo y le pongamos una demanda que flipe.
– No os preocupéis – dijo Nagase cuando salió del baño, colocándose bien los calzoncillos – esto lo ha hecho por despecho, no creo que insista más si Taichi le dijo que no en su cara.
– Bueno, sea lo que sea – dijo Tifa poniéndose de pie – tienes que recomponerte que tenemos que ir a trabajar – le sonrió y Wawa hizo algo parecido a una sonrisa.
– Os llevo si queréis, tengo el coche ahí al lado. Voy a por el y ahora vengo.
– Pero antes vístete – le dijo Tifa riéndose.
– Y tú también, baka – dijo Nagase sonriéndole y dándole un empujón cuando pasaba por su lado.
Wawa escuchaba como jugueteaba con Nagase y como se reía desde su habitación. Intentó decirse a si misma que lo que acababa de pasar no era para darle mucha importancia, pero seguía con el disgusto en el cuerpo. Nagase le dijo una vez más que no se preocupase antes de dejarlas en el trabajo y ella lo agradecía, pero no paraba de darle vueltas. Cuando estaban recogiendo, un preocupadísimo Taichi irrumpió en la habitación, dándole un abrazo nada más verla.
– Lo siento mucho – le dijo mirándola mientras le acariciaba la mejilla – no va a volver a pasar.
– Eso espero…
– Me ha dicho Nagase que la tenéis guardada ¿Verdad? – Ella asintió – no la tires, por si acaso.
– Vale, pero no me gusta tener eso en casa
– Vamos, os llevo.
Taichi fue haciéndole cariños todo el camino, cosa que ella agradecía muchísimo. Era el novio perfecto. Cuando llegaron a su piso, se encontraron con una caja nueva. Taichi la cogió y la tiró a la basura sin si quiera mirarla. Wawa no quería decir nada, pero se estaba empezando a asustar y Taichi no se podía quedar esa noche con ellas porque tenía que trabajar. El miércoles no quisieron hablar del tema, de hecho ahora que lo suyo con Taichi era más serio apenas se hablaban. Entre otras cosas porque Toshiko-san, su jefa, se pasó por allí para verlas trabajar. La noche del viernes llamaron a la puerta de su casa justo antes de que se acostaran. Wawa abrió y se encontró otra caja.
– Otra vez… – dijo. Al momento, Tifa salió de la casa con un cuter, dándole el teléfono móvil a Wawa porque estaba hablando un momento antes. Puso la caja en la barandilla de la escalera y después de asomarse la rajó y la volcó.
– ¡¡Aaaaaaaaaaahh!! ¡Hija de puta! – se escuchó.
– ¡Que te den por culo, zorra! – gritó Tifa
– ¡¡Eso no me lo dices a la cara!! – por la escalera subía una bosozoku[1]con muy malas intenciones. Wawa agarró a Tifa de la muñeca y la metió dentro de la casa, cerrando con pestillo – ¡Abre cobarde de mierda! ¡Da la cara cerda gaiyin!
– Tifa, no salgas, no se te ocurra salir.
– ¿¡Esa tía ha contratado a pandilleras o es su grupo de amistades?! – Le quitó el teléfono a Wawa de la mano – era otro paquete para Wawa… – se escuchaba una voz al otro lado – si, es una bruta intentando asustarnos.
– Voy a llamar a la policía – dijo Wawa cuando escuchó que aporreaba la puerta.
– No hace falta – le dijo Tifa agarrándola del brazo, con una sonrisita – tu caballero de brillante armadura está al llegar – se quedó callada escuchando lo que le decían al otro lado del teléfono y se rió – claro que tu también eres uno, no seas tonto – Tifa se metió en su habitación con el teléfono, sonriendo como una tonta.
Esa tía seguía en la puerta y aunque no estaba aporreándola todo el rato, de vez en cuando daba un golpe y un grito para hacerles saber que seguía por ahí. Wawa estaba realmente asustada, no entendía como Tifa podía estar tan tranquila.
Se metió en su habitación pero desde ahí la escuchaba gritar ‘¡Me voy a quedar esperando hasta que salgas!’ y como Tifa respondía ‘¡Pues espero que estés cómoda!’ lo que provocó que esa chica se pusiese histérica. Se metió en el cuarto de Tifa y se la encontró tumbada en la cama riéndose mientras se leía un libro.
– ¡Deja de provocarla!
– No te pongas tan nerviosa, están al llegar y dicen que no nos van a dejar solas.
– Pero no van a estar aquí para siempre, ¿Y si vienen otro día y estoy sola? ¡¿Tienes la ventana abierta?!
– No te pongas en lo peor – dijo Tifa riéndose – no pasa nada. Este tipo de tías son mucho ruido y pocas nuec—
– ¿¡De quién es esta mierda de moto?! – era la inconfundible voz de Nagase desde el piso de abajo.
Ambas se asomaron por la ventana para ver como esa tía bajaba las escaleras corriendo. Casi saltaron de la cama y salieron de la casa, mirando hacia la calle desde la barandilla. Taichi estaba aparcando el coche mientras Nagase estaba de pie ante esa chica. Le puso una mano en el hombro y algo le dijo en susurros que ella le miró, se dio la vuelta, cogió su moto (realmente fea) y se fue. Nagase miró al piso de arriba y las saludó con una sonrisa mientras Taichi subía los escalones de dos en dos.
– ¿Estás bien? – dijo acercándose a Wawa, dándole un beso en la mejilla.
– Si, si. Ha sido Tifa la que se ha peleado – Taichi la miró sorprendido
– ¡No me he peleado! le he tirado los bichos por la cabeza, que es diferente.
– Y le has gritado cosas.
– ¿Y qué quieres, que le pida por favor que se vaya? – Nagase llegó a donde estaban – ¿Qué le has dicho tu para que se vaya?
– Me ha reconocido y le he dicho que si quiere pegarme que adelante pero que no se iba a poder librar de la que le iba a caer.
– Lo que hace el dinero – dijo Tifa poniendo los ojos en blanco y entrando en la casa
– Util, ¿Verdad? – Dijo Nagase entrando tras ella entre risas. Le azotó el trasero, ella le miró mordiéndose el labio – Guardad en una mochila lo que vayáis a necesitar durante el fin de semana.
– ¿Dónde vamos? – le preguntó Wawa a Taichi. Tifa les miró sorprendida.
– A una casita que tengo en Yonaha Maehama – dijo Nagase
– ¿Dónde está eso? – preguntó Tifa
– En Miyakojima – las chicas se miraron sin tener ni idea. Taichi se rió
– Está en Okinawa, me parece que os va a gustar.
– Un segundo – Tifa dio una carrerita hasta su cuarto, agarrando la mano de Wawa – vamos a ver donde nos llevan estos… – cuando encontró el destino ambas dieron un grito. Era una isla de ensueño destinada solo para los que tuviesen un capital considerable – dime que tienes el bañador aquí…
– Si, claro, pero—
– Como no os deis prisa perdemos el avión – dijo Nagase sonriendo.
Se pusieron nerviosas, se gritaban de una habitación a otra que se iban a llevar mientras los chicos se reían. Las ayudaron a guardarlo todo y antes de que les diera tiempo a reaccionar estaban en el aeropuerto. Por primera vez en sus vidas hicieron un vuelo en primera clase, aunque fue muy corto. Tuvieron que coger un barco hasta la isla y cuando llegaron, un coche hasta la casa. Desde fuera se veía enorme, más teniendo en cuenta que era la única que había alrededor. Se encontraba rodeada de vegetación natural y arena y justo delante tenían el mar, a pocos metros.
– ¿Se puede saber que hace la luz encendida? – dijo Nagase llevando sus cosas y las de Taichi, que llevaba las de las chicas.
– ¿Te la habrán preparado? – preguntó este.
– Lo dudo, no me gusta que entren en mi casa si yo no estoy – se quedó callado y justo antes de entrar escucharon unas risas – no me lo puedo creer… – soltó las maletas de cualquier manera en la puerta y entró hecho una furia. Taichi hizo lo mismo y entró detrás, intentando calmarle en vano. Las chicas, asustadas, los siguieron. – ¿Qué haces tú aquí?
– ¿Eh? ¿Tomoya? – cuando entraron vieron a una chica alta, delgada, teñida de rubio y con aspecto de modelo de pasarela. Tenía un teléfono en la mano y estaba tumbada en el sofá como si fuese su casa. A Tifa se le cambió la expresión de susto por una de asco cuando Wawa la agarró y le susurró
– Es su ex, la que vi aquel día con otro.
– ¿Qué haces aquí?
– No se si te acuerdas pero antes de que pasase nada de… – miró a los demás y tiró de la mano de Nagase, apartándolo de ellas aunque fue inútil, seguían escuchándolo todo –habíamos quedado en pasar este fin de semana aquí los dos juntos porque era el único que yo tenía libre. Sabía que ibas a venir, te estaba esperando.
– No se que pretendes pero—
– ¿No podemos hablar un momento? – la chica entrelazó sus dedos con los de él, llevándoselo dentro. Al ver que Nagase no se negaba, Tifa sintió ganas de irse de allí, pero antes quería coger a Yumiko de los pelos y arrastrarla hasta la orilla.
– Ahm… – Taichi se rascó la nuca, visiblemente incómodo – Vamos a ir… vamos a llevar las cosas a las habitaciones – Wawa asintió, cogiéndole la mano a Tifa y obligándola a abrir los puños. Los tenía cerrados con fuerza de la rabia que sentía.
– No te preocupes, seguro que se va y no pasa nada.
– El simple hecho de que haya accedido a hablar con ella ya es suficiente para que tenga ganas de matarle. De matarlos. A los dos.
Cogió su maleta de malas maneras y la llevó hasta donde Taichi le dijo. Se metió en la habitación dando un portazo y no salió. Wawa acompañó a Taichi hasta donde le indicaba, dejando su mochila. Era una habitación grande, con una ventana por la que entraba el aire del mar, quizás demasiado frío para Wawa que llevaba mangas cortas y no estaba acostumbrada. Se cruzó de brazos, frotándoselos con las manos. Cuando Taichi se dio cuenta se acercó a ella, dejando también su maleta en la habitación.
– ¿Tienes frío, pequeña? – la abrazó por los hombros, Wawa dejó caer su cabeza en su pecho, asintiendo.
– Taichi-kun… ¿Tu donde duermes?
– Aquí – lo dijo como si fuese algo evidente. Pero para ella no era evidente. No sabía si estaba preparada para dormir con él, no sabía si estaba preparada para… o si iba a intentarlo, ¿Qué iba a decirle? – ¿Prefieres dormir sola?
– Si. Digo, no – Taichi se separó de ella, mirándola con el ceño fruncido – ¡No lo se!, es que…
– Oye – se rió – no te pongas nerviosa, no va a pasar nada que no quieras que pase – Wawa miró hacia abajo, tragando saliva – en serio. Soy feliz solo abrazándote una noche entera. Le acarició la mejilla, la chica alzó sus ojos mirándole con ternura.
– Eres tan bueno conmigo… – Wawa le abrazó, sonriendo y mucho más tranquila – voy a hablar con Tifa, ahora vengo.
– Antes dame un beso.
Taichi la apoyó contra la puerta de la habitación y quitó el broche que sostenía su chal, pasando sus enormes manos bajo este y poniéndolas en las mejillas de la chica mientras las rozaba con los dedos gordos. Le sonrió con perversión y pasó sus labios por encima de los suyos, besándoselos despacio. Ella siguió su boca con la suya cuando intentó alejarse y Taichi, riéndose por lo bajo, le lamió los labios. De la garganta de Wawa salió un gemidito agudo, excitada por lo curiosa que era la lengua de su novio cada vez más ansiosa por jugar con la suya. Wawa le agarró de la camiseta y le pegó a ella. Seguía sin estar segura de lo que estaba haciendo, nunca le había dado unos besos tan ardientes. En esos momentos no estaba segura ni de quién era, ni de donde estaba, ni de nada en absoluto. Solo de que la lengua de Taichi ardía entre sus labios y que sus manos estaban bajando por su cuerpo, tocándola de una manera desconocida, lujuriosa. Cuando dejó sus manos en los pechos de la chica, esta sintió que le temblaban las piernas, pero el sonido de unos sonoros tacones les hizo separarse bruscamente. Vieron como Yumiko salía de la casa y como Nagase se quitaba la gorra tirándola en la mesa mientras se pasaba las manos por el pelo. Wawa se colocó el chal de nuevo rápidamente, quitándole el broche de las manos a Taichi.
– ¿Todo bien? – Taichi hablaba como si no pasase nada, Wawa casi no podía respirar. No sabía como lo iba a hacer por la noche para contenerse. Si es que quería contenerse. ¿Quería? Se iba a volver loca.
– Me ha pedido que le de una última oportunidad – Nagase anduvo por el salón, abriendo unas puertas que daban a una terracita con cojines mullidos en el suelo y unas hamacas. Se encendió un cigarro – dice que quiere estar conmigo. ¿Y Tifa?
– Voy a buscarla – dijo Wawa. Se sintió culpable porque se le había olvidado, así que se dio prisa. Antes de meterse en la habitación escuchó a Taichi preguntar ‘¿Y qué le has dicho?’ pero no se enteró de la respuesta. Se encontró a su amiga mirando hacia afuera, sentada en el alfeizar de la ventana con las piernas colgando al exterior. Estaba apoyada en el marco de esta y tenía los brazos cruzados. No se explicaba como no estaba helada.
– He visto a esa zorra marcharse, iba riéndose mientras hablaba por teléfono – le dijo a Wawa.
– ¿Entonces te vienes?
– No tengo ganas. ¿De qué se reía? Además, tengo sueño. Ayer por la noche no dormí apenas y esta mañana ya sabes a que hora nos hemos levantado.
– ¿No vas a cenar? Tifa, piensa donde y con quién estas, no desaproveches la ocasión.
– No tengo ganas de verle. Y menos ahora…
– ¿Qué quieres decir?
– Tienes que haber visto como la ha tratado, sigue sintiendo algo por ella. Paso de verle. Al menos esta noche – y murmuró – ¿De que se iría riendo la muy puta?
– Pues me parece que duerme contigo. Taichi duerme conmigo – Tifa la miró alzando las cejas.
– ¡Por fin!
– No te pienses que solo por compartir la cama vamos a hacer algo – su amiga puso los ojos en blanco.
– Si, ya, claro. Espero no tener que dar golpes en la pared porque tus gemidos me despierten a media noche.
– ¡Cállate! – Se rió avergonzada y Tifa también, pero de ella – Oye, vente a cenar. Ignora a Nagase si quieres pero come algo. Llevas todo el camino diciendo que tienes hambre.
Tifa suspiró y finalmente accedió. Wawa se sentía ahora más tranquila después de la charla con su amiga. Su libido parecía estar en niveles normales de nuevo, no por las nubes. Antes de entrar en el salón escuchó a Nagase hablar airado, y Tifa la agarró poniéndose el dedo ante los labios. Se escondieron en la esquina a escuchar.
– Me importa una mierda que se haya enfadado, ¿Qué quiere que haga? ¿Qué me tire a sus brazos? – Dijo Nagase – las cosas no van a ser como ella quiere, tengo a otra en la cabeza y es lo que hay. Lo siento por ella pero tengo que mirar por mí, que se enfade o que llore no me importa. En realidad era más sexo que otra cosa…
– ¿Y cuando es más que sexo Nagase? – dijo Taichi dando un suspiro. Wawa miró a Tifa preocupada, su amiga tenía los labios apretados. La miró a los ojos negando con la cabeza, le susurró ‘lo sabía’ y se metió de nuevo en la habitación – ¿Con Tifa te pasa lo mismo? ¿También es solo sexo? Porque por lo que me dices no diría que es solo sexo… – Wawa se dio la vuelta y entró en el salón, mirando a Nagase enfadada.
– ¿Hablabas de Yumiko o de Tifa?
– ¿Cómo? – le dijo este mientras miraba al teléfono distraídamente. Wawa se acercó a él y se lo quitó. Nagase la miró con los ojos como platos.
– ¡¡De la que hablabas hace un momento!! ¿Era Tifa o Yumiko?
– Yumiko… ¿Por qué? – Wawa le devolvió el teléfono y se llevó las manos a la cara, riéndose aliviada.
– Parecía que hablabas de Tifa, ¿Puedes ir a hablar con ella? Y llévale algo de comer, se muere de hambre.
– No tenemos nada ahora mismo – le dijo él – ¿Pido comida?
– Es igual, tú ve a hablar con ella.
Nagase asintió y llamó a la puerta del cuarto diciendo que era él. Desde donde estaban oyeron a Tifa mandarle a tomar por culo, pero él entró igualmente. Y cuando lo hizo volvieron a escuchar a Tifa gritarle, algunos golpes y después silencio. Wawa miró a Taichi con una sonrisita, este se levantó y se la llevó a la habitación, apagando la luz del salón.
– Estos no salen hasta mañana y la verdad es que estoy cansado.
– ¿Quieres dormir ya? – la calma que había logrado sentir no había servido para nada, volvía a estar histérica. Los ojos marrones y amables de Taichi se centraban en ella.
– Quiero ver tu pelo, me muero de ganas de tocarlo. Por favor, déjame verlo.
Se lo pedía con tantas ganas que no le podía decir que no. Además, eran novios, y era Taichi, su Taichi. ¿Cómo no iba a quitarse el chal delante de él? Se lo quitó despacio bajo su atenta mirada, y se le dibujó una sonrisa cuando se dejó caer el pelo por los hombros. Wawa estaba avergonzada y contenta al mismo tiempo. Acarició su pelo durante unos minutos, así como sus mejillas. Lo olió, y acarició el cuello de la chica mientras la besaba de nuevo. Le sorprendió la intensidad de sus besos, lo fuerte que la abrazaba. Pero lo que más la sorprendió fue que la cogiera en brazos hasta tumbarla en la cama con él. Contempló a la chica durante unos segundos más, para después seguir besando sus labios apasionadamente, acariciando su cuerpo de nuevo. Pasó las yemas de sus dedos sobre la fina tela de su ropa, sobre sus pechos y sus pezones endurecidos. Wawa se sentía torpe, le costaba pensar y estaba tan nerviosa que no sabía que hacer con sus manos. Taichi, sin embargo, iba decidido a lo que iba. La miró a los ojos intensamente, con los labios entre abiertos, y sintió como le quitaba el botón del pantalón. Cuando sintió la caricia de los dedos de Taichi sobre sus bragas, reaccionó. Le agarró del brazo reteniendo un gemido, jadeando, con millones de dudas rondándole la cabeza. No quería pararle pero sentía que no estaba preparada, que no estaba bien. Y no tuvo que decirle nada. Después de un largo suspiro, Taichi cambió su expresión lujuriosa por su sonrisa amable de siempre.
– Lo siento – dijo él besándole la mejilla, sentándose a su lado – me he dejado llevar – dijo riéndose.
– Voy a ponerme el pijama – lo sacó de la maleta y se metió en el cuarto de baño de la habitación.
Cuando cerró la puerta se apoyó contra esta, preguntándose si debía pararle de nuevo o incitarle a que siguiese. El corazón le latía tan rápido y tan fuerte          que Taichi lo tenía que estar oyendo desde dentro de la habitación. Y su ropa interior estaba húmeda, se sentía sensible y se moría de ganas por volver a sus brazos. Quería y deseaba a ese hombre, pero tenía tantos dilemas… el deseo la volvía loca y ver esas ganas que tenía de estar con ella…era una situación difícil.
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            Momentos antes, Tifa se sentó en el borde de la cama con una almohada contra la cara mientras soltaba la pena y la furia que sentía. Por más que intentó no ilusionarse fracasó estrepitosamente, se odiaba a si misma y le odiaba a él por ser tan frío. ‘En realidad era más sexo que otra cosa’, se le iba a quedar esa frase grabada para siempre. Escuchó a Wawa alzar la voz, no se podía creer que le estuviese gritando y en el fondo se lo agradecía. Pero era para nada… solo era su juguete sexual y por más que se mintiese a si misma diciendo que no le importaba, si que le importaba.
– Tifa, ¿Puedo pasar? – llamó a la puerta justo cuando lloraba con más ganas.
– ¡¡Vete a tomar por culo!!
– Tifa… – se metió en la habitación y como si tuviese un resorte se puso en pie, intentando estar más enfurecida que triste – oh mierda, no llores…
– ¿¡Ahora de repente te importa?! – se paró en seco asustado por la reacción de la chica – ¿¡No decías que te daba igual?! ¡¿Qué tu estabas antes?! ¡¡Ahora no te sientas mal por hacerme sentir como una mierda!! – Cogió una revista que había en la mesa de noche y empezó a pegarle con ella, haciendo que Nagase diese un traspiés y se cayese contra la puerta del cuarto – ¡¡Cuando estabas mal era yo la que estaba ahí!! ¡¡Y te vas con ella después de besarme!! ¡¡Me besaste, y dices que es solo sexo mentiroso de mierda!!
– ¡Para de una vez! – Le quitó la revista de la mano y la tiró por la ventana, agarrándola de las muñecas – ¡Estaba hablando de Yumiko, idiota! – Tifa le miró sin entenderle – me ha pedido otra oportunidad y la he mandado al carajo, así tal y como te lo digo. Se ha ido enfadada y—
– ¡Mentira otra vez! – Le dijo ella – ¡se estaba riendo cuando la he visto por la ventana!
– Entonces es que es más zorra de lo que suponía – ahora que había echado toda la rabia contenida y que lo tenía delante sonriéndole, lo que se sentía era triste. Y las lágrimas no paraban de salir. Se soltó de sus muñecas de un tirón y volvió a sentarse en la cama, limpiándose las lágrimas. Nagase se sentó a su lado y cuando intentó abrazarla por los hombros ella le apartó la mano.
– Déjame – dijo en lugar de ‘te quiero’, que era lo que realmente sentía.
– Tifa…
– No entiendo por qué has ido a hablar con ella, no se merece ni un solo minuto de tu tiempo y te fuiste tras su cuerpo perfecto babeando como un perro – Nagase chasqueó la lengua, Tifa tenía los brazos cruzados
– No he hecho eso, solo quería saber que tenía que decirme.
– Por mucho que le hayas dicho que no, si es que es verdad, no perdiste tiempo en seguirla y en escucharla. Después de todo lo que te ha hecho, de como lo has pasado por ella…
– Quería saber si al menos iba a disculparse.
– Ya, seguro, como si una disculpa de esa valiese de algo.
– La verdad es que no.
– Tu mismo lo dices todo. Mira, voy a dormirme y ya mañana será otro día.
– Pero—
– Buenas noches.
Con la ropa de la calle se metió en la cama, ni si quiera se puso el pijama. Total, entraba frío por la ventana y ella estaba congelada. Le sintió moverse por la habitación, abriendo su mochila, cogiendo y soltando cosas. Le vio de espaldas a ella, mirando por la ventana mientras se fumaba un cigarro. No tenía nada por encima, solo unos pantalones de tela oscuros de pijama. Tenía unas ganas horrorosas de abrazar esa enorme espalda, de besarle y de que la consolase. De que le dijese que la quería a ella y solo a ella, pero como sabía que era soñar despierta cerró los ojos con fuerza, apretando las sábanas. Cuando se terminó el cigarro se acostó y sintió su mano acariciarle la cintura. Le dio un golpe y el se la quitó de encima, riéndose. ‘Otro que se reía sin motivo’. Se inclinó sobre ella y le dio un beso en la mejilla para después tumbarse, suspirándo. Esa noche tampoco iba a dormir.
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Respiró hondo y volvió a la habitación. Taichi se estaba comiendo una barrita de chocolate mientras miraba cosas en su teléfono y cuando la vio entrar le ofreció otra que tenía en la mesa de noche. Ella la rechazó y se metió en la cama con él, tensa y nerviosa. Taichi soltó el teléfono en la mesa de noche y se giró en la cama, mirándola a los ojos.
– Me he pasado ¿Verdad? – no entendía como podía ser tan guapo.
– No, Taichi yo… sabes lo que siento por ti ¿Verdad? – el asintió – es que este tema es un poco complicado. Hay cosas que… – no sabía como explicarse.
– Ven, déjame abrazarte – Wawa se movió en la cama, acercándose a él de buena gana mientras sentía como la rodeaba con sus brazos.
– ¿Puedo dormir así?
– Quiero que duermas así. Me moría de ganas por estar contigo de esta manera, pero quiero que entiendas que también tengo muchas ganas de hacer otras cosas – le acariciaba el pelo y sentía su otra mano en la espalda, apretándola a él – pero como te he dicho, quiero que tu también quieras. No quiero provocar una situación que te incomode.
– No me incomoda, es… no se si estoy preparada.
– No pasa nada, nadie se ha muerto por esperar. A lo mejor exploto pero eso no es problema si te apartas – Wawa se rió, abrazándole más fuerte.
– Me haces muy feliz Taichi, estar a tu lado es como un sueño.
– Pues no me despiertes – Wawa se rió al imaginarse a Tifa arrugando la nariz por esa cursilada tan enorme, pero a ella le hizo sentir mejor que nunca – Te quiero mucho – Suspiró y sintiendo las caricias de los dedos de Taichi en su pelo se quedó dormida.
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Durante unos segundos se le olvidó lo enfadada que estaba con él. Nada más abrir los ojos le vio mirándola, despeinado y con esa barba que pedía a gritos que le tocase mientras le besaba. Le sonrió y se pasó la lengua por los labios antes de hablar.
– ¿Estás enfadada conmigo?
– Si – se rió girándose en la cama y poniendo la cara contra la almohada.
– Pero Tifa – dijo mirándola otra vez, más cerca – ¿Con quién estoy acostado?
– ¿Estás saliendo con ella otra vez o no?
– No. Te he dicho que la mandé a tomar viento.
– ¿Y por qué dejaste que te cogiese la mano de esa manera?
– No entiendo tus celos
– Nagase… – no se lo podía creer, volvió a estar enfadada de verdad – es tu exnovia, has llorado por ella ¿Y no lo entiendes? – le seguía sonriendo.
– Dime que me quieres, dame un beso de buenos días – se acercó a ella mirándole los labios. Tifa le empujó, echándose hacia atrás.
– ¿¡Tu que eres tonto!? – sintió que se le subían los colores, se sintió avergonzada y odiaba sentirse así, pero a Nagase le pareció muy divertida su reacción. Se levantó de la cama con el corazón y el pelo alborotado pero él tiró de ella, cogiéndola de la cintura y sentándola sobre su cuerpo. Estaba de espaldas a él y sintió su nariz haciéndole cosquillas en el cuello.
– Perdóname – dijo besándola en ese mismo punto, provocándole un escalofrío.
– Te perdono. Pero eso no significa que me crea lo que me estás diciendo.
– No te miento.
– Eso dices. Pero sigues siendo un hombre y no se que creerme. La has engañado conmigo, me podrías hacer lo mismo con ella.
– ¿Y desde cuando somos novios tu y yo? – era verdad. No sabía por qué asumía que él tenía que darle alguna explicación cuando no era así. Se soltó de sus manos y se puso a buscar en su maleta el bañador. – ¿Tu me has dicho algo de que quieras ser mi novia acaso?
– Joder, no hace falta que te lo pida. Deja de hacerte el tonto, ya hablamos de esto en el zoo – se metió en el servicio y echó el pestillo para cambiarse – además que yo sea tu novia es algo impensable.
– ¿Y eso por qué?
– Porque eres inalcanzable. Por eso. Siempre lo has sido, no se ni como he conseguido que me folles tres veces. Dos y media más bien. – le escuchó reírse.
– Que tontería…
– No es ninguna tontería – dijo saliendo con el bikini puesto. Era rojo pero no era excesivamente pequeño. Nagase estaba fumando de nuevo, mirando cosas en su teléfono móvil. Pero cuando la vio salir la miró y no despegó los ojos de ella – ¿Sabes esas chicas histéricas que gritan en la primera fila de los conciertos? – dijo mientras cogía ropa de su mochila
– Aaaham… – Tifa se dio la vuelta y se lo encontró más cerca de lo que pensaba. Le dio la mano a modo de saludo.
– Pues tienes delante a la más histérica. La que grita ‘casate conmigo’ y llora cuando cantas ‘Sometimes’. Si sales corriendo lo entenderé. – pero no salía corriendo. En su lugar le miró los pechos, se quedó mirándolos incluso después de ponerse la camiseta.
– ¿Sabes el típico que se hace pajas con videos de tías tetonas? – ahora fue el quien le dio la mano con una sonrisa – hasta tener agujetas en el brazo y con esa mano que tocas.
– Oh, que fantástico… – Nagase dio una carcajada y Tifa no pudo evitar sonreír. Cuando se puso los pantalones cortos salieron juntos de la habitación. Se encontraron con Taichi y Wawa rodeados de comida.
– He llamado diciendo que tenías el frigorífico vacío y han traído desayuno para un mes – dijo Taichi mientras masticaba un pastelito – no se que va a pasar cuando pidamos el almuerzo…
– ¡Y que comida! Creo que esto que me estoy comiendo es más caro que un mes de alquiler nuestro, Tifa.
– ¿Perdona? Solo esta casa cuesta un dinero que ni tú ni yo vamos a ver nunca.
– ¿Por qué habláis siempre de dinero? – dijo Nagase
– Porque no tenemos – dijo Wawa riéndose con Tifa.
Desayunaron mientras ellos argumentaban que el dinero no lo era todo y ellas le respondían que eso era porque no tenían que mirar la cartera al hacer la compra. Cuando estaban hartos de pasteles y de comer, se fueron a dar una vuelta por la playa. Iban con los pies metidos en el agua, cristalina y helada. En un momento dado del paseo, Tifa se quitó los pantalones y la camiseta, dándoselos a Nagase y corriendo mar adentro.
– Toma – le dijo Nagase a Taichi mirando a Tifa atentamente y como la parte superior de su cuerpo se movía y botaba al correr. Se metió en el agua en calzoncillos mientras Taichi sostenía la ropa de los dos.
– ¿Vamos con ellos?
– Vale – dijo Wawa, que tenía el bañador puesto debajo. Se quitó la ropa y dejó a Taichi mirando, hasta que reaccionó y tiró la ropa a la arena, incluida la suya. Cuando llegaron a la altura de Tifa, vieron a Nagase rondarla mientras tarareaba la melodía de tiburón.
– ¡Cállate ya idiota!
– ¿Sigues enfadada?
– Si – Nagase le salpicaba agua con cara de pena y ella no hacía más que darle la espalda intentando no reírse.
– ¡Mira, esto se puede comer! – Taichi se acercó a Wawa y le puso en la mano una caracola enorme. Ella, al ver que estaba viva y que se movía dio un gritito y la tiró por los aires.
– ¡No me des bichos vivos!
– No es un bicho, es comida, como tu. Eres mi bicho comestible – la cogió en brazos y le empezó a dar mordiscos mientras ella gritaba y se reía.
– ¡Estate quieto! ¡Aquí no! ¡Taaiiichiiiii!
– Yo también puedo morderte… – le dijo Nagase a Tifa. Cuando ella le miró, mojado, con tan poca ropa y sonriéndole de esa manera, se puso nerviosa. Nagase la abrazó por los hombros – estaba deseando verte sonreír así – pero justo en ese momento Tifa pisó algo viscoso.
– ¡Que asco! ¿Qué hay ahí abajo? –se sumergió y saco algo largo, ancho y oscuro. Tifa empezó a reírse a carcajadas.
– ¿Qué pasa? – preguntó Wawa mirándola divertida
– Acabo de pisar a Nagase – dijo agitando el pepino de mar que tenía en la mano. Cuando lo hizo, un líquido viscoso y blanco salió de este, haciendo que lo soltase y se riese con más ganas – definitivamente es Nagase – este se moría de la risa.
– Eso no me hacía falta saberlo – dijo Taichi tapándose los ojos. Wawa se acercó a su amiga y le susurró
– ¿Es verdad que es igual?
– No, no es tan grande como ese animalito. Pero no es pequeño precisamente. ¿Y Taichi que tal?
– ¡Y yo que se! – dijo ella alterada
– ¿No has…? ¿En serio que no?
– ¡¡No!! Te dije ayer que dormir con él no significaba nada…
– Pero ¿Nada de nada? – le contó por encima lo que pasó la noche anterior, siempre vigilante de que Taichi no se diese cuenta de que hablaba de él.
– No pude hacerlo, estaba muy nerviosa…
– El lleva razón, tiene que ser cuando te sientas preparada. Y si tiene prisa que se haga una paja.
Estuvieron jugando en el agua un buen rato: las chicas sobre los hombros de los chicos; Wawa colgada del cuello de Taichi mientras nadaba; y Nagase realmente asombrado de como flotaban los pechos de Tifa. Cuando a Wawa le entró frío fueron a la casa y pidieron el almuerzo. Les trajeron tanto marisco que no pudieron comérselo todo. Tifa se levantó y recogió los platos, entrando para lavarlos a pesar de que Nagase le decía que no importaba, que los dejase ahí. Además iba a preparar el postre. Wawa le dijo que le ayudaba, pero ella no le dejó. Y se lo agradeció porque estaba entre los brazos de Taichi y no le apetecía moverse en absoluto.
            Así que Tifa estaba fregando los platos del almuerzo mientras los demás seguían en la terraza. Wawa le había susurrado si no le daba vergüenza quedarse como estaba delante de los dos chicos y ella rió diciéndole que no. Llevaba su camiseta de mangas cortas y el bikini debajo, por lo que entendía el comentario de su amiga. Pero para ella era normal. Cuando iba a servir el postre escuchó cuchicheos y la risita de Taichi desde la terraza.
– ¿Qué haces aquí dentro? Ahora llevo el postre – le dijo a Nagase. No se cansaba de mirarle el torso lleno de perlas de sudor, pidiendo a gritos que le tocase. Pero tenía que comportarse delante de los demás. Siguió a lo suyo aunque escuchó que cerraban la puerta de fuera y unos pasos acercarse a ella.
– ¿Necesitas ayuda? – le dijo él cuando ella sacaba el helado y la nata.
– Ya te he dicho que no – giró la cara para mirarle justo cuando él la agarraba del hombro y la ponía de frente a su cuerpo.
– No decía con la comida – bajó su mano despacio, rozando el contorno de sus curvas con sus largos dedos. Se mordió el labio mientras lo hacía, recorriendo su cuerpo con los ojos hasta clavarse en su mirada de nuevo. Su otra mano le apartaba los mechones de pelo de la cara.
– Nagase, están ahí fuera… – susurró Tifa empezando a divertirse y pasando las yemas de los dedos por su pecho. Olía tanto a hombre y la miraba tan salvajemente y tan cerca que sintió como mojaba el bañador.
– Taichi sabe que estamos aquí dentro. No pasa nada – le pasó los dedos por los labios y ella se los lamió, riéndose al sentir su otra mano apretándole el trasero con fuerza. Nagase se mojó los labios – ¿Sigues enfadada? – negó con la cabeza, riéndose.
– Llevo queriendo esto desde que te quitaste la camiseta ayer por la noche… – la chica pasó los dedos por su barba, rozando su nariz con la de él – me tienes nerviosa desde que me sonreíste esta mañana – dejó que Tifa rozara sus labios con los suyos.
– No voy a decirte como estoy yo desde que te he visto en bikini – Tifa le mordió levemente el labio inferior, respirando su aliento – y al verte ahí con esta camiseta… me estás implorando que te meta mano.
Tifa le agarró del pelo y de su erección al mismo tiempo que él la hacía gemir con un profundo beso. Sabía a tabaco, un sabor que ya asociaba a Nagase. Metió las manos bajo la camiseta de la chica, apretando sus pechos con delicadeza, bajando una de sus manos hasta meterla por las braguitas del bañador.
– Tomoya… tus dedos… voy a gemir como sigas así…
– ¿Te gustan más que mi polla? – Esos susurros sucios que parecían jadeos era lo que más la excitaba – porque cuando te la meto me da la impresión de que te gusta bastante.
– No deberíamos… están ahí fuera – a Tifa cada vez le costaba más trabajo hablar y difícilmente podía mover la mano para masturbarle. Apenas podía tenerse en pie.
– Lo se, lo se. Solo quiero que te corras ¿Podrás correrte solo con mis dedos? – Tifa ahogó un gemido en su boca, haciéndole reír – Ya me lo devuelves luego.
Le levantó la camiseta y bajó sus labios por los pechos de la chica, apartando el bikini para hacerle cosquillas con la lengua por sus pezones, muy despacio y con unas risitas traviesas de acompañamiento. ‘Estas salada’, le susurró. No le bajó la parte inferior del bikini en ningún momento, rozando su vagina con los dedos. Ella se los cogió y los dejó sobre su clítoris, mirándole con deseo. Movía los dedos despacio pero donde tenía que moverlos ahora que ella le había puesto en su sitio.
– Hayaku – le dijo sintiendo ese calor y sofoco previo al orgasmo. Nagase gimió en su boca cuando ella se la acarició por dentro del bañador – joder, Tomoya quiero que me folles – él se reía mientras ella se moría en sus brazos. Nagase la apretaba contra su cuerpo, con su brazo alrededor de la cintura de la chica sin dejar de masturbarla – ¡iku, ikuuuhmmm…! – empezó a gemir pero al darse cuenta de donde estaba le mordió el hombro. Se quejó cuando le clavó los dientes pero seguía riéndose y masturbándola mientras le ponía los dedos perdidos.
– Que calor, ¿Eh? – le dijo al oído, rozándola muy, muy despacio.
– Calor… vete a la mierda… – Nagase dio una carcajada enorme y aguda.
– ¿Ya no quieres que te folle? – le dijo besándola cariñosamente en la mejilla mientras ella se apartaba el pelo de la cara.
– Vete ya antes de que te haga algo en contra de tu voluntad… – metió sus dedos dentro del cuerpo de la chica, que tembló entera agarrándose a su brazo con ambas manos.
– Uhh, que miedo… – le bajó las calzonas, harta de esperar, y subió una pierna acercando sus caderas a las suyas mientras sentía como la penetraba despacio al apartar su bikini hacia un lado. Gimió en su boca y él en la suya, embistiéndola contra el fregadero rápido y fuerte.
– Tomoya – susurró Tifa en su oído – más… dame más por favor…
– Shhh… – la mandó a callar besándola de nuevo. Pero llamaron a la puerta tímidamente y Nagase se la sacó – ¡Un segundo! Me cago en la puta… – dijo colocándose las calzonas como podía.
– ¿Se puede? Tengo que ir al baño… – dijo Wawa vergonzosamente mientras Tifa se daba la vuelta lavándose las manos para seguir sirviendo el postre.
– Si, claro ¡Que bueno está el helado! – Tifa miró a Nagase porque no paraba de reírse como un imbécil y le vio con los dedos en la boca. Los dedos que había tenido dentro de su cuerpo. Se puso tan colorada que sintió que le iban a estallar las mejillas. Wawa estaba delante y él estaba… miró de reojo a su amiga pero no parecía darse cuenta de nada. Menos mal.
Salieron a comerse el postre sin hacer más comentarios, pero Tifa le dio un empujoncito a Wawa antes de que se echara de nuevo en los brazos de su novio. Nagase se fumaba un cigarro, sonriéndole de vez en cuando. Había sacado una guitarra y tocaba partes de canciones que ella no conocía, pero le miraba embelesada. Se les hizo casi de noche y Tifa se rió mientras miraba a la parejita medio dormida en los cojines.
– ¿Qué pasa? – dijo Taichi.
– No sabes la de veces que Wawa me ha contado lo mucho que quería estar así contigo.
– ¿Ah si? – dijo Taichi mirándola mientras ella se tapaba la cara con las manos riéndose – ¿Y que más te ha contado?
– Que quiere cuidarte, que quiere verte todos los días, lo muchísimo que te quiere y lo feliz que sería si fuese correspondido. Así que tiene que ser súper feliz – Taichi asintió.
– ¡¡Tifa, ya!! – le dijo ella tirándole un cojín. Taichi estaba encantado – además a ti te pasaba lo mismo.
– No tanto, no tan cursi. Yo solo quería que me hiciese de todo sexualmente hablando, y lo sabes.
– Mentira. Quieres a tu ‘Tomo-chan’ un montón – Nagase dejó de tocar, repentinamente interesado por la conversación.
– ¿Podemos hablar de otra cosa?
– ¡Tu eres la que has salido con el tema! Si ahora te da vergüenza te aguantas, te lo mereces por chincharme, ‘Tom girl’
– Meee voy a tumbarme en la arena – dijo Tifa levantándose y caminando por la playa.
– ¿Es eso verdad? – Le preguntó Nagase a Wawa cuando Tifa se hubo alejado – se que le gusto mucho pero…
– Claro que si, estoy harto de decírtelo. Ella es todo lo que buscas.
– Yo no se si ella será lo que buscas, aunque lo espero – le dijo Wawa – pero si se que como ella no te va a hacer feliz ninguna. Te quiere un montón, Nagase, ¿tú la quieres? – Nagase se mordió el labio inferior repetidas veces mirando la silueta de Tifa, tumbada de lado en la arena mientras contemplaba la puesta de sol – porque si es así te puedo asegurar que ella se va a quedar contigo para siempre si se lo pides.
– Y si no también – dijo Taichi riéndose.
Se levantó y se fue con ella. Wawa observaba como se tumbaba tras su amiga mientras daba un suspiro, apretando las manos de Taichi apoyadas sobre sus piernas.
– Uy, ¿Y eso? – dijo Taichi al notarlo
– No me creo que lo hayamos conseguido.
– ¿El que?
– Esto, estar aquí con vosotros. No te haces una idea de la de noches que nos hemos llevado soñando despiertas y hablando sobre que haríamos de conoceros.
– Probablemente es lo que necesitábamos, alguien que nos quisiera tanto sin esperar nada a cambio – la luz del atardecer se reflejaba en los ojos de Taichi, haciéndolos más bellos que de costumbre. Wawa le puso una mano en la mejilla y le besó, sonriendo y suspirando.
– Tengo que ducharme.
– Pues yo también… – Wawa le miró con los ojos muy abiertos, haciéndole reír – pero me ducho luego, aquí te espero.
Wawa entró y se quitó el bañador. Taichi le quería, quizás no tanto como ella a él pero le veía feliz de estar a su lado. Y no solo eso, la deseaba. Ella también le deseaba a él, muchísimo. Tenía que intentar dejarse llevar por lo que sentía, no estar tan tensa como estaba. Él era su novio, su hombre, y quería que la hiciese suya por completo. Pero solo de pensarlo… Empezó a reírse nerviosa bajo el chorro de la ducha. Estaba tan contenta que iba a explotar.
**********************************************************************
Unos minutos antes, Tifa miraba las olas del mar y la puesta de sol, un poco enfadada por como la había hecho sentir Wawa delante de Nagase. Pero la tranquilidad de la playa la relajó, y además sintió como se tumbaban tras ella.
– ¿Qué haces aquí sola? – le dijo él pasándole un brazo por la cintura, tumbado tras su cuerpo y muy cerquita.
– Me recuerda a mi ciudad, donde vivía en España. Me relaja mucho.
– ¿Lo echas de menos? – Tifa acarició su mano asintiendo – Podríamos ir juntos, nunca he estado en España
– ¿En serio?
– Claro que si… – se quedaron en silencio, mirando el mar. Tifa sentía su respiración tranquila en la espalda, el calor de su cuerpo. Se estaba adormilando pero de repente la abrazó con fuerza, apoyando la cara en su hombro – nos lo pasamos bien juntos ¿Verdad?
– Si, mucho – dijo ella sonriendo, sintiendo la caricia de sus dedos al apartar un mechón de pelo de su mejilla.
– Jugamos a videojuegos incluso, cosa que nunca había hecho con una chica que me gustase tanto como tu – se tumbó sobre su espalda y le miró, la puesta de sol le hacía parecer incluso más atractivo. Al instante su corazón empezó a latir como loco – y el sexo… si entrases en mi garaje desnuda mientras trabajo en mis motos te juro que no me quejaría si en vez de acabar el trabajo quieres que te folle en la mesa – Tifa se rió acariciando el contorno de su cara, el se puso un poco más serio – además me apoyas mucho. Te preocupas por mí de verdad y estás ahí cuando estoy mal.
– Pues claro que me preocupo, ya sabes lo que siento por ti…
– Todavía no me lo has dicho.
– Si te lo he dicho, pero tú no sabes cuando.
– ¿La primera vez que me besaste? – Tifa sonrió – me dijiste algo en español. Pero esa no cuenta – se inclinó sobre ella y la besó con la mano apoyada en su cintura – dímelo.
– Tomoya… – la besaba con ternura una y otra vez, era la primera vez que la besaba así – te quiero – dijo entre beso y beso – te quiero mucho – no paraba de repetírselo, y sus labios se encontraban, saboreándose, apretándose dulcemente el uno contra el otro.
La sostuvo con fuerza entre sus brazos, ella acariciaba su pecho mientras le dejaba besarla como nunca la habían besado. Tan despacio, tan intensamente que le dio la impresión de ser más que besos. La sensación era más fuerte que cualquier orgasmo que le pudiese haber provocado.
– Aishiteru[2]– le susurró a la chica, y lo vio en sus ojos, en su manera de mirarla – quédate conmigo.
– ¿De verdad me está pasando esto? – dijo ella riéndose nerviosa. Nagase la cogió en brazos y se la llevo hacia la casa mientras la besaba, Tifa no paraba de reírse y no se dio cuenta de que ni Wawa ni Taichi estaban por allí. Solo le veía a él, a sus ojos y a su sonrisa alegre. Y era todo lo que necesitaba.
**********************************************************************
Wawa salía del baño y Taichi entraba en la habitación. La chica solo tenía puesta la ropa interior y se quedó agarrando la toalla cuando le vio en la puerta mirándola con los labios entre abiertos.
– Voy a ducharme – dijo acercándose a ella, que asintió apretándose la toalla. Taichi tragó saliva y se metió en la ducha resoplando. Wawa finalmente respiró, y se vistió mientras él se duchaba, cosa que hizo muy rápido. Salió solo con la toalla.
– Ya salgo para que te vistas, deja que me ponga esto – dijo ella cogiendo el chal, queriendo mirarle pero sin atreverse.
Se enfadó consigo misma por ser tan vergonzosa y se forzó a mirarle. Y cuando le miró, Taichi se rió, esa sonrisa que a ella tanto le gustaba. Curiosamente, en ese momento la tranquilizó. De fondo escuchó una puerta cerrarse y la risa de Tifa en la habitación de al lado. Taichi sostuvo suavemente su mano y se acercó a ella, que aún no se había secado el pelo. Él no estaba seco del todo, al poner las manos en sus brazos notó la humedad de su piel, pero fue la humedad de sus labios la que le hizo respirar profundamente. Taichi la besaba contra la pared, con sus manos en la cintura de la chica, y ella abrazó sus hombros. Tras un largo beso la cogió en peso y se pegó a su cuerpo tanto, que sintió la dureza de su miembro. Y se rozaba, se estaba rozando con ella, jadeando conforme la intensidad de sus besos iba aumentando. Taichi la aguantaba contra la pared con su cuerpo y metió sus manos bajo la camiseta de la chica, tocando su piel desnuda con sus dedos, fríos por la ducha que acababa de darse. Se le erizaron todos los bellos, casi no podía respirar de la excitación.
¡¡Hmmmmaaahhh!! ¡¡Joder para, voy a correrme!! – el gemido de Nagase y el ‘¡¡Shhhhhhh!!’ de Tifa (seguido de una carcajada) les llego tan claro como si los tuviesen en la misma habitación. Se miraron y se rieron cuando escucharon un golpe y risas, esta vez de los dos.
– Creo que tendríamos que irnos de aquí, dejarlos solos y que se queden tranquilos – dijo Taichi. Como respuesta un gemido de la chica les llegó claramente seguido de uno masculino.
– Vámonos de aquí – dijo Wawa riéndose, muerta de vergüenza.
Salieron de la habitación tal y como estaban, y aunque Wawa llevaba el chal en la mano Taichi no dejó que se lo pusiese. Él seguía solo con la toalla cuando se tumbó con ella fuera, en los cojines, cerrando la puerta para no escuchar a los otros dos.
– Taichi, no estoy cómoda sin esto puesto…
– Es una playa privada, no va a venir nadie.
– Pero Nagase está ahí.
– Nagase no va a salir en un buen rato. Que escandalosos son, ¿Cuándo se quedó en tu casa fue igual?
– No, ese día no escuché nada. Se estarán dejando llevar – dijo ella riéndose – están hechos el uno para el otro. Son igual de… desenvueltos en la cama.
– ¿Entonces nosotros no somos compatibles? – le dijo Taichi alzando una ceja. Ella estaba tumbada boca arriba, él la miraba apoyado en un brazo. Le cogió la mano a Taichi y jugó con sus dedos.
– No… si lo somos. Supongo. Pero es que estoy nerviosa, siempre estoy nerviosa a tu lado. Soy tu fan, ¿Qué quieres que le haga?
– Baka – dijo él riéndose y dándole en la nariz.
Con ese mismo dedo acarició su mejilla, el contorno de su cara, su nariz y sus cejas. Wawa cerró los ojos, relajándose junto a él que la acarició durante un buen rato, hasta que casi se queda dormida. Y cuando más relajada estaba, sintió que acariciaba su cuello, sus clavículas, su brazo hasta su mano. Pasó los dedos a su cintura, levantando levemente su camiseta del pijama, rozando su ombligo con la punta de un dedo. Lo subió hacia arriba muy despacio, poniéndole los pelos de punta y la piel de gallina. Wawa sonrió y al abrir los ojos le encontró mirando su cuerpo de una manera tan dulce e intensa que tuvo que suspirar. La única luz que tenían venía de una pequeña bombilla sobre el porche. Taichi no le levantó la camiseta, en su lugar metió su mano por debajo, acariciándola sobre su sujetador. La miró a los ojos con una sonrisa, besando su mejilla. Wawa giró la cara besándole en los labios, y los dedos de Taichi bajaron por su cuerpo, rozando el filo de sus pantalones. Cuando metió la mano dentro de estos y Wawa le sintió rozarle por encima de la ropa interior, esta vez no le paró. Puso sus manos en las mejillas del chico y le besó con más ganas mientras jadeaba.
            Taichi tiró de la camiseta de la chica hacia arriba, dejándola en sujetador frente a el. Besó sus mejillas, su boca y su cuello dulcemente mientras le bajaba los pantalones. Cuando se los hubo quitado la abrazó por la cintura, situándose entre las piernas de Wawa sin parar de besarla más intensamente. Los nervios que sentía ahora eran diferentes; no era miedo, no eran dudas. Simplemente le quería a él, quería sentirle y que le hiciese sentir cosas. Taichi le quitó el sujetador y sin dejar de besarla pasó sus manos sobre sus pechos, acariciando sus pezones con delicadeza. Se puso de rodillas y la observó, tumbada frente a él con el pelo de cualquier manera sobre los cojines.
– Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
– Taichi… – sentía como se le subían los colores cuando miró su cuerpo sin pudor ninguno.
– Estoy nervioso – dijo riéndose, acariciando los muslos de la chica con los dedos – ahora que tu estás tranquila soy yo el nervioso.
– No estoy muy tranquila, la verdad – dijo con un hilo de voz. Tenía tantas ganas de que la tocara que se le estaba haciendo insoportable.
**********************************************************************
Estaban tumbados en la cama boca arriba, sudando y jadeando por lo intenso que había sido. La chica empezó a reírse y él la miró con un ojo abierto y otro cerrado, limpiándose el sudor de la frente.
– Que poco has durado… – le dijo Tifa – que desastre…
– ¡¿Y qué quieres?! Me la estabas comiendo con tantas ganas que ha sido un milagro que no me haya corrido en tu cara.
– Tráeme un pastelito de la cocina, me lo merezco – dijo sonriendo. Nagase le agarró la cara y le dio un beso. Después le mordió la nariz, haciéndole reír. Justo antes de salir de la habitación la miró y le dijo:
– Como no te rías se acabó lo nuestro.
– ¿Eh? – seguida de esa declaración, Nagase se tiró un pedo rarísimo, largo y estruendoso. Tifa se tapó la cara con la almohada, riéndose a carcajadas. – Un símbolo de paz ¿No?
Nagase seguía riéndose cuando iba por el salón, y vio que algo se movía en la entrada. Se asomó y tuvo que taparse la boca con las manos para ahogar la risa, cogió el pastelito y se fue corriendo a la habitación.
– ¿A que no sabes que? – le dijo el dándole el pastel – Wawa y Taichi están follando en los cojines – Tifa se atragantó con el primer bocado del pastel.
– ¿¡Qué?! – Nagase se rió y se tumbó junto a ella. La miró y miró el pastel, estampándoselo contra la entrepierna, Tifa volvió a atragantarse, riéndose como una loca – ¡¿Qué haces?!
– Comerme tu pastel.
**********************************************************************
Se agachó frente a ella y pasó su boca despacio por su muslo, con sus manos en las caderas de la chica. Wawa retuvo el aliento cuando sintió los labios de su novio sobre sus braguitas blancas. La besaba, pasaba su lengua encima y la miraba a los ojos. Cuando se las bajó, la chica le agarró del pelo, mordiéndose los labios y moviendo las caderas sin poder evitarlo. La lengua de Taichi era lo más agradable y placentero que había sentido nunca. Y era tan delicado con ella… no podía soportarlo, era muy intenso. Taichi acarició su clítoris con un dedo, observando su vagina y lamiéndola de tanto en tanto, abriéndosela con los dedos de la otra mano sin introducírselos. Wawa se temía que fuesen a escucharla, no podía retener los gemidos. Cuando llegó al orgasmo tiró de su pelo y Taichi la penetró lentamente con sus dedos, presionando hacia arriba sin dejar de lamer su clítoris. Subió por su cuerpo y la agarró de la nuca, masturbándola mientras la miraba a los ojos. Wawa se agarraba a los cojines con fuerza, mirándole a los ojos, entregada a él por completo.
            Taichi tiró de su toalla y se quedó desnudo frente a ella, revelando algo bastante más grande de lo que se imaginaba. Sabía que él lo iba a hacer de forma y manera que no le doliese, pero se asustó. Cogió la mano de la chica y le hizo acariciársela, cerrando los ojos y tragando saliva al sentir sus pequeñas manos en su cuerpo. Susurraba su nombre mientras ella le tocaba, besándola al mismo tiempo. La pasó por su sexo, despacio, y apretó entrando en ella mientras la miraba a los ojos. Wawa tenía sus brazos contra el cuerpo y Taichi acarició su pelo y sus mejillas, bajando su mano por su cintura, sus caderas. Acarició su pierna y ella la subió, rodeando su cintura. No le dolía, estaba realmente sorprendida de que no le doliese. Estaba tan húmeda que apenas tuvo que esforzarse, pero cuando perdió su virginidad no pudo evitar quejarse. Taichi la miró sobresaltado, reteniendo el aliento.
– ¿Por qué no me has dicho que eras virgen?
– Pero—
– Habría tenido más cuidado.
– … apenas me duele – dijo ella sonriendo. Aunque se le habían saltado las lágrimas, en ese momento que le tenía completamente en su interior, no le dolía.
Se tumbó sobre ella y la besó, moviéndose despacio. Le molestaba un poco pero el sentimiento de tenerle dentro era tan intenso que no le importaba. Se puso de rodillas y le agarró de los antebrazos mientras ella se agarraba a los suyos. Se movía despacio, mirándola y susurrando que la quería, que la deseaba y que era la única para él. El corazón de Wawa iba a explotar de felicidad. Cuando la escuchó gemir, teniendo su primer  orgasmo con un hombre en su interior, aceleró el ritmo. La chica no paraba de hacer ruido, era tan intenso que apenas podía pensar. Solo sentir y correrse, una y otra vez.
– Wawa… Wawa iki-so-da… – Taichi agarró el cojín que estaba bajo la chica y se masturbó contra él, eyaculando con los ojos cerrados. Wawa se sentó y le besó agarrándole del pelo, mirándole a los ojos mientras tenía los últimos espasmos tras el orgasmo. Taichi se tumbó a su lado, abrazándola y tumbándola sobre su pecho. Cuando sus respiraciones se calmaron, la chica tiritó de frío y el la tapó con la toalla. Le besó el pelo y la apretó contra él.
– Quiero hacerte feliz, Taichi. Tanto como lo soy yo, ¿Me dejas?
– No tienes mucho trabajo, ya lo soy – Wawa se durmió sonriendo.
Lo siguiente que escuchó a la mañana siguiente fue el sonido del mar, y se dio cuenta de que estaba desnuda, tumbada en los cojines y sola. Se vistió todo lo rápido que pudo, se puso el chal y se asomó dentro para encontrarse a Taichi desayunando solo. Tifa y ella entraron a la vez en el salón desde puntos distintos de la casa, se sonrieron y terminaron riéndose. Se sentó junto a Taichi, que le pegó un bostezo, dándole después un besito de buenos días. Tifa se rió al ver a Nagase entrar en el salón, completamente despeinado y con los pantalones mal puestos.
– Ohayo… – dijo con voz ronca. Hizo cosas raras con la boca – tengo agujetas en la lengua.
– No hace falta que lo expliques, lo escuchamos – le respondió Taichi. Le vieron tirar una caja de condones a la papelera.
– ¡¿Una caja entera?! – dijo Wawa mirando a Tifa, que se rió tontamente, asintiendo.
– No le he dejado dormir… Tomoya, ¿Qué haces? – Nagase seguía mirando la papelera.
– ¿Por qué hay un cojín en la basura?
– No preguntes, no lo toques – dijo Taichi. Nagase asintió y se alejó de esta con cara de asco. Tifa se cambió de sitio y se puso junto a Wawa, susurrándole al oído
– Nagase me dijo ayer que estabas haciéndolo con Taichi – ella la miró y asintió, sintiendo como se le subían los colores. Tifa se rió, haciéndole cosquillas mientras le susurraba – anda que guarrilla
– ¡Calla! – dijo esta empujándola.
– ¿Qué hacemos hoy? – preguntó Taichi
– Yo no puedo con mi vida, estoy cansadísimo – Tifa volvió a donde estaba, pero se sentó en las piernas de Nagase.
– Lo siento – dijo riéndose
– No lo sientas – le besó la mejilla y se llevó un pastel a la boca, mirándola mientras alzaba las cejas.
Taichi y Wawa  no entendieron sus risas, lo único que entendían era que hacía muchísima calor, que tenían muchísimo sueño y que era el mejor fin de semana de su vida.

EPILOGO

– Si dejasen de hacer el tonto acabarían antes… – dijo Tifa mirándolos a través del cristal del estudio de grabación nada más llegar – se suponía que tendrían que haber acabado hace media hora, y míralos.
– ¿Y lo bien que se lo pasan? – dijo Wawa sonriendo, sentándose junto a ella frente al cristal para verlos mientras trabajaban.
Tanto Taichi como Nagase estaban de espaldas a ellas, pero algo debían de estar diciéndose o a algo debían de estar jugando con el micrófono porque no paraban de reírse. Gussan les dio en el brazo avisándoles de que estaban allí sentadas, se dieron la vuelta y las saludaron con una gran sonrisa. Taichi pegó la cara al cristal y lo besó, haciendo que Nagase se riese más aún. Tifa suspiró después de reírse, y cuando los chicos empezaron a grabar más o menos en serio, Wawa le cogió la mano.
– ¿Qué pasa? – le dijo Tifa al verla con una sonrisita misteriosa.
– Tengo que hablar contigo…
– ¿Aquí? – Wawa asintió – ¿Por qué aquí?
– Quería esperar a que estuvieses sentada, me he enterado antes de salir de casa – miró a Taichi y miró a su amiga – estoy embarazada.
– ¡¿¡EEEEEEEEEHHHH?!? – se echó hacia atrás tan bruscamente con la mano en la boca que se cayó de la silla, haciendo a Wawa reírse hasta llorar. Tifa fue hacia ella y le dio un abrazo,  riéndose un poco histérica – ¿Taichi lo sabe?
– No, se lo iba a decir ahora.
– Díselo por el micrófono, ¿Podemos usarlo un momento? – le dijo al del equipo de sonido. Este asintió y se lo cedió a Wawa. Los tres chicos que estaban dentro haciendo tonterías en lugar de cantando la canción de su nuevo single dieron un saltito al escuchar la voz de Wawa en los auriculares.
That’s my girl – dijo Nagase en inglés guiñando el ojo y señalando a Tifa con sus dedos como si fueran pistolas. Todos los que estaban fuera se rieron, además de los tres tontos de dentro.
– Taichi-kun… – le sonrió a través del cristal – no se si te parecerá muy pronto, solo llevamos seis meses juntos…
– ¿Me vas a pedir matrimonio? – dijo este con cara de esperanza
– No, tonto – Wawa se rió – voy a pedirte que pases más tiempo con Tatsuya-kun porque tiene que enseñarte a como cuidar de más de una persona – Al principio no lo entendió, pero cuando Gussan le dio un abrazo pareció comprender lo que le decía.
– ¡Felicidades papá! – le dijo este dándole una palmada en la espalda
– ¿Eh? ¿Cómo? – Nagase los miraba confuso. Tifa apartó a Wawa y dijo en el micrófono:
– ¡Que está embarazada, idiota! – le vieron llevarse la mano a la boca mientras Taichi salía de allí, abrazando a Wawa tan fuerte que le hacía daño.
– Wawa-chan… – se emocionó, le acariciaba la mejilla con las lágrimas saltadas. Y provocó que Wawa también llorase, por lo que Tifa también terminó llorando.
– ¡Menuda gilipollez! – Dijo esta molesta – ¡No lloréis, joder! ¡Odio llorar! – Gussan y Nagase también la abrazaron. Este último se acercó a su novia y le limpió las lágrimas, riéndose de ella.
– Vete a trabajar, luego hablamos cuando termines – dijo Wawa.
– ¡Yo no puedo cantar ahora! – dijo Taichi sonándose la nariz con su pañuelo.
– Venga, tienes que ser más profesional – dijo Gussan empujándole por los hombros y metiéndolo dentro de la sala de grabación.
– Después nos vamos a celebrarlo – dijo Nagase mirándolas – y si quieres vamos a por uno nosotros también – le guiñó el ojo a Tifa.
– No, déjalo, todavía no. Pero oye, que podemos ir cogiendo práctica – Nagase se rió y se metió en el estudio. Cuando volvieron a sentarse fue Tifa la que le cogió la mano. Se sonrieron y dudó durante unos segundos cual de las dos era más feliz en ese momento pero tampoco importaba porque su impian, estaba más que cumplido.


[1] Tribu urbana muy dada a la violencia
[2] Te amo
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5 comentarios en “Impian [ES]

  1. DAAAAAAH! ¡¡Qué moñas y qué porno por momentos!! Quiero un Taichi en mi vida, mezclado con un poco de Nagase, ¿puede ser? xDDDD

    Ps: ¡Me ha encantadooooo! (mañana tengo que levantarme a las 8, son las 2 y aquí me he quedado hasta terminar de leerlo xDDD).

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  2. Que genial es!!!!!!!!!!!!!ahhhhh!!!!…me encanto…tiene de TODO… es tan dulce por el lado de Wawa…pero el de Tifa….xDD..uffffff…como para morirse de la “emocion”…xDDD…me gusto…creo que tambien me quedaria del lado de Nagase…aunque un poco de ternura no hace daño!!!…bahhh…que lio…
    Oye!!oye!!! Tifa???!!!!!!…va a ver uno de Mabo…?????!!!!♥♥♥♥♥xD

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