The gift

Sé que tengo unos cuantos fanfics en espera en este momento, pero los recientes acontecimientos en el fandom de TOKIO me han provocados deseos irracionales de escribir algo pornográfico sobre ellos. Son solo dos capítulos, pero ya os digo que es que es las ganas que tenía de escribir porno con Nagase. Bueno, para ser sinceros Nagase, Mabo y Taichi. Pero no, no hay nada gay (de momento, nunca se sabe lo que puede salir de mi pervertida imaginación) pero hay mucho sexo.

♥ ¡AY, ESTOS HOMBRES…!

No sabeis lo bien que representa el fanfic este gif xDDDDD
Como siempre, ¡Espero que os guste! ^-^
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1

Cuando me levanté esa mañana aún tenía la sonrisa de la noche anterior en el rostro. Miré hacia el lado y vi a Wawa mirar las fotos del concierto en su teléfono móvil, sonriendo igual que yo. Cuando me escuchó reírme me miró y me lo pasó enseñándome una foto en la que Nagase salía especialmente bien, con su cara de concentración al cantar a la que tantas veces grité cosas lascivas la noche anterior. Alguna vez que otra mi mirada y la de Nagase se cruzaron, pero fue fugaz, aunque juraría que en un momento dado (que me pasé la lengua por los labios con la intención pintada en la cara) él me guiñó el ojo. Como nunca lo sabría preferí pensar que así sucedió. A pesar de no haber conseguido hablarles ni tocarles, lo cual era mi obsesión, me sentía más que satisfecha. Después de estirarme me metí en la ducha del hotel, tarareando la música que Wawa tenía puesta y escuchándola cantar desde la cama las canciones de Tokio con alegría.         
            Cuando salí me dediqué a ver las fotos que tenía en su teléfono y al ver una cosa en concreto, me dije que se lo tenía que enseñar a Lizzy. Esperé cantando con los ojos cerrados en la cama y cuando la chica salió, nos marchamos de la habitación. Fuimos a recepción con nuestras mochilas, dispuestas a ver la ciudad porque nos quedábamos un día más. Lizzy nos hacía de guía y se trajo con ella a una chica que era amiga suya y conocimos el día anterior en el concierto, Nene-chan. Nos llevó a ver lo más turístico y sus partes favoritas de la ciudad. Mientras esperábamos a que Nene sacase dinero de un cajero me acordé de la cámara y se la pedí a Wawa.
– Mira esto – le dije a Lizzy haciendo que se acercase a mí tirando de su brazo. A la chica se le escapó una sonrisita al ver que era un vídeo.
– ¿Cómo no os han pillado? Esto es genial, va directo al livejournal – sonreíamos mientras lo veíamos y nos reíamos al escucharnos a cualquiera de nosotras gritar un poco histéricas.
– ¿Crees que Nagase me miró o son cosas mías?
– Puede ser que te mirase. Con esas dos y en primera fila yo también te miraría – dijo señalándome los pechos y riéndose – es un guarrete, es posible que lo haya hecho ¡AY PERO QUE ME LO COMÍA A BOCADOS! – dijo al ver a Leader tocando emocionado.
– Daría cualquier cosa por tocarles…
Escuché una exclamación proveniente de Nene y de Wawa, que estaban frente a nosotras; una con la boca abierta y la otra con las manos en el pecho. Pero ambas miraban por encima de mi hombro izquierdo. Lo primero que noté fue su olor a hombre y a tabaco, después su mano moviéndose despacio por mi cintura, y entonces escuché la risita. Giré la cara hacia ese lado bruscamente y el corazón casi que se me paró en el pecho. Estaba inclinado, mirando el vídeo que Lizzy canturreaba sin darse cuenta de nada. Aunque el día anterior estaba afeitado, ya le estaba empezando a salir la barba. Al sonreír, aparecían junto a sus ojos unas arruguitas que me parecieron adorables y sus labios se estiraban sobre unos dientes blancos y perfectos. Se me aceleró más aun el corazón cuando vi que ese tic que tenía de pasarse la lengua por los labios ocurrió a centímetros de mi cara. Fue entonces cuando intenté decir su nombre pero solo salió un leve gemido. Me miró. Sería una mirada normal y corriente pero yo sentí como se clavaba en mis ojos, como si me hubiese dado un mazazo en el centro del pecho y no pudiese respirar.
– No se podía hacer eso, ¿Lo sabías? – dijo mirándome los labios.
Lizz dio un gritito al darse cuenta de quien estaba a mi lado. No sabía por qué me miraba los labios, no sabía sus intenciones pero me importaba más bien poco. Lo que sí tenía claro eran mis intenciones y no iba a dejar escapar la oportunidad, ya podía demandarme, pegarme un empujón, no me importaba. Tenía que hacerlo. Solté el teléfono que Lizz cogió al vuelo mientras me giraba hacia Nagase, poniéndole la mano en la mejilla y agarrándole de la chaqueta negra y llena de parches que tenía puesta. Apreté mis labios a los suyos, sintiendo que mi corazón no iba a aguantar con tanto. No quise ni cerrar los ojos. Le escuché aspirar aire con fuerza por la nariz mientras me clavaba sus dedos en la cintura. Escuché a las chicas exclamar incrédulas por lo que estaba haciendo. Moví mis labios un poco, apretando con cariño su grueso labio superior y sintiendo como él apretaba mi labio inferior a pesar de que le escuché emitir un sonidito agudo de sorpresa. Se separó de mí bruscamente, riéndose y llevándose una mano a la boca.
– ¡Oye! ¡¡Se suponía que yo iba a sorprenderos a vosotras, no al revés!!
– ¿¡Estás loca?! – me gritó Lizz. Asentí sin despegar mis ojos de Nagase, muriéndome internamente por lo que había hecho. Él sonreía avergonzado, mirándome sin terminar de creerse lo que acababa de hacerle.
– ¡Lo siento mucho! – Dije inclinándome ante él en un tono más alto del que pretendía – ¡De verdad, lo siento mucho muchísimo!
– No es… – dio una carcajada – no me lo esperaba – Me puse derecha y le sonreí muy, muy avergonzada, pero no arrepentida.
– ¿Qué haces aquí, Nagase-san? – le dijo Nana, excitada como el resto de nosotras.
– Iba a darme una vuelta, a almorzar, y como todo el mundo está ocupado…
– ¿Ibas solo? – Dijo Lizzy – ¿Sin novia?
– Yo no… – frunció el ceño levemente pero lo relajó al instante, sonriendo.
– Me cuesta creerlo – dijo Wawa con la boca abierta, él se encogió de hombros.
– ¿Te molestaría hacerte una foto con nosotras? – dijo Lizzy
– ¡En absoluto!
Le dimos la cámara a una pareja que pasaba por nuestro lado y tanto Wawa como Nana se situaron a su izquierda. Yo estaba a su derecha, pegada a él, y no me costó sonreír al sentir su mano de nuevo en mi cintura. Su cálida y enorme mano como todo él. Ahora que estaba estirado a mi lado me sacaba más de una cabeza, tenía que alzar la mía para mirarle a la cara y así me pilló la foto. Las chicas se rieron al ver el resultado y Nagase no me quitaba la mano de la cintura. Me arrimé un poco a él con la excusa de ver mejor porque quería sentir su calor, quería sentir su cuerpo cerca del mío todo el tiempo posible, que no fue mucho. Su teléfono vibró en su bolsillo y estaba tan pegada a él que yo también lo sentí. Quitó la mano de donde la tenía y contestó. Se alejó un poco de nosotras mientras hablaba y las tres aprovecharon para atosigarme a preguntas.
– ¿Cómo se te ha ocurrido besarle? – dijo Lizzy
– ¿Es tan agradable como parece? Seguro que sí, te odio tanto… – dijo Wawa
– ¿A qué saben sus besos? – dijo Nene
– ¿Qué vas a hacer ahora? – volvió a hablarme Lizzy sin dejarme contestar.
– ¡¡Callaos ya!! – les dije, Nagase nos miró y sonrió – No sé qué voy a hacer, solo quería besarle y punto – les contesté en susurros porque se acercaba guardándose el teléfono.
– Lo siento mucho, tengo que irme. Muchas gracias por venir al concierto ayer – dijo inclinándose ante nosotras
– ¡No nos las des! – dijo Lizz
– Gracias a vosotros por un concierto tan magnífico – dijo Wawa. Nagase nos sonrió y se acercó a Nana.
– ¿Te importaría darme tu teléfono? – la chica se quedó mirándole sin saber cómo reaccionar.
– Estoy comprometida… – le contestó mirándole con los ojos de par en par.
– Igualmente, ¿Podrías? – la chica asintió y se lo dio. Después se despidió con la cabeza sonriéndoles a todas menos a mí.
– ¡Nagase! – se volvió y me miró de nuevo a los ojos, así era difícil decir lo que quería decir – Me gustaría… ¿Podrías…? ¿Sería mucho pedirte un abrazo?
– ¿Un abrazo? Ahm… – no se le veía muy convencido, me sentí fatal.
– No pasa nada, no te preocupes – no podía mirarle a la cara, estaba histérica – nos veremos en el próximo concierto – dije sonriendo sin ganas.
Se fue. Me quedé sin saber que sentir. Por una parte no podía pedir más, le había besado, era un sueño hecho realidad. Pero por otra parte… no le había sentado nada bien el beso, aunque de primeras me sonriese claramente le molestó. Y además le había pedido el teléfono a Nene, supuse que al fin y al cabo lo que a él le gustaba era el producto japonés y no lo de fuera. Las chicas me presionaron tanto que al final tuve que explicarles con pelos y señales lo que había sentido y porqué lo había hecho.
– No es que haya un motivo – les dije cuando nos tomábamos un té por la tarde – es que pensé que no iba a volver a tener la oportunidad.
– Que valor tienes… – me dijo Wawa
– Si, pero a él no le ha gustado nada. Cosa que entiendo si me pongo en su lugar – suspiré – ¡Pero es que se puso muy cerca de mi cara!
– Ahí llevas razón…
– ¡Ah! – Nene miraba su teléfono, estaba vibrando – ¡Es él!
– ¡Cógelo! – le dijo Liz.
Vimos que la chica contestaba, que se le ponía cara de imbécil y después empezó a dar saltitos de alegría.
– ¡Por supuesto que podemos! ¡Ahora nos vemos! – colgó el teléfono. Nuestras miradas estaban fijas en ella – Dice que tiene un regalo para nosotras, me ha dicho que vayamos a un hotel carísimo de Shibuya, a la suite.
– ¿¡Todas!? – Nene asintió, me puse tan nerviosa que empecé a reírme.
Entre grititos, risas histéricas, empujones, suposiciones y nervios llegamos al hotel. Era enorme, muy limpio y lujoso. Me sentía fuera de lugar con el traje simple que llevaba y la chaqueta. Ni siquiera estábamos arregladas, fuimos directamente allí, Wawa y yo con el poco equipaje que llevábamos a la espalda. Subimos en el ascensor lo que nos pareció una eternidad por las ganas que teníamos de llegar. Justo al salir había un pasillo y dos hombres enormes sentados ante la puerta. Al vernos nos pararon con un gesto de la mano, dijeron algo que no llegamos a escuchar por un walkie-talkie y al escuchar la respuesta nos dejaron caminar por el pasillo hasta la puerta blanca del fondo. Lizzy iba delante, cuando abrió la puerta se le escapó un grito y acto seguido escuchamos unas risas.
– ¡Okaidii! – nos dijo Taichi acercándose a nosotras. Sentí las uñas de Wawa clavárseme en el brazo a la vez que escuchaba un quejido salir de su garganta.
– ¡No me lo creo! – dijo Lizzy entrando con las manos en la boca. Yo seguía riéndome como una histérica.
Era un espacio enorme, frente a nosotras teníamos unos escalones que daban a un tremendo salón, lleno de ventanales inmensos que mostraban todas las luces de Shibuya al anochecer. Había unos grandes sillones blancos en los que estaban sentados todos los miembros del grupo, que se levantaron para saludarnos. En las mesas había cócteles y algún que otro aperitivo. Pero lo mejor de todo es que en una esquina estaban sus instrumentos. Nos presentamos a los chicos que nos saludaban con unas sonrisas maravillosas. Cuando me presenté yo, me percaté de que Mabo miraba a Nagase y viceversa. Mabo me señaló con la cabeza y Nagase asintió disimuladamente, pero lo vi, así como vi que él no sonreía y que Mabo alzaba las cejas.
– Todas tenéis más de veintiún años ¿Verdad? – nos dijo después.
– ¿Aparento menos? – le dijo Lizzy haciendo que se riesen, pero todas asentimos.
– ¡Sentaos! – Nos dijo Leader – no será por falta de sitio.
– Gracias – dijo Lizzy sentándose a su lado.
Y lo hizo como si lo hubiese hecho miles de veces. Nene se sentó en el sillón de enfrente junto a Mabo y Nagase; Wawa se quedó de pie mirándome, hasta que la empujé para que se sentase junto a Taichi, poniéndome yo a su lado. A la chica le temblaba el pulso muchísimo, supongo que a todas nos temblaba.
– ¿Nos explicáis que está pasando si no es mucho preguntar? – dijo Nene.
– Ah, sí – dijo Nagase – es que en el concierto erais las que parecíais más felices de estar allí y pensé que esto os encantaría.
– ¿Nos recuerdas del concierto? – dijo Wawa con timidez.
– ¡Claro que sí! – Dijo Taichi dándole un empujoncito –  Fue genial veros en primera fila. Os las sabíais todas.
– No es muy normal ver a tres chicas extranjeras juntas en primera fila, nos pareció raro – dijo Leader, los demás asintieron.
– Por eso te pedí el teléfono a ti – le dijo Nagase a Nene – no sabía si las demás ibais a tener un teléfono japonés y quería que fuese una sorpresa.
– ¿Y eso? – dijo Wawa señalando a sus instrumentos.
– Habíamos pensado que os podíamos cantar unas canciones, no se, creo que sería un buen regalo por haberlo dado todo ayer ¿No? – dijo Mabo
– ¿Podemos elegirlas nosotras? – dijo Lizzy
– Lo ideal sería una cada una ¿No? – dijo Gussan.
– Yo lo tengo clarísimo – dijo Lizzy – yo quiero Plus
– Y yo To be – dijo Nene.
– ¡Que seguridad! – Dijo Leader riéndose – ha sido rápido.
– A mi me gustaría Stardust Lover Orquestra… – dijo Wawa.
– No me vais a hacer cantar mucho – dijo Nagase riéndose.
– ¿Y tú cual quieres? – Me dijo Mabo, giré la cara para hablarle pero me crucé con los ojos de Nagase y aparté la mirada – estás muy callada.
– Aún estoy sorprendida, lo siento – dije. En realidad es que no quería meter la pata más de lo que ya la había metido, por eso no me atrevía ni a hablar. La idea del beso me había salido mal, bastante mal – pero me gustaría que tocarais ‘Neighbor’
– Al final no te libras de cantar – le dijo Taichi a Nagase. Giré la cara un poco, volví a cruzarme con su mirada y aparté mis ojos de nuevo.
No sabía por qué me estaba comportando de esa manera, no era yo misma, pero es que cada vez que le miraba a los ojos sentía la misma presión en el pecho, el mismo hormigueo. Me ponía tan nerviosa que no me podía relajar. Los chicos se levantaron y se fueron a donde estaban sus instrumentos, indicándonos que nos sentáramos ante ellos en otro sofá igual de grande y mullido que los demás.
– Vamos a tocar ya antes de beber más de la cuenta – dijo Mabo sentándose en la batería.
– No sé cómo va a sonar esto aquí… – dijo Taichi mirando a su alrededor tras el teclado.
– Y además hace tiempo que no tocamos dos de ellas, supongo que saldrá bien – dijo Gussan riéndose.
– Nos va a gustar salga como salga – dijo Lizzy con una sonrisa de oreja a oreja.
Empezaron con ‘To be’, que escuchamos en silencio y con admiración;  siguieron con ‘Plus’ y al final de la canción no nos pudimos contener y cuando nos dimos cuenta estábamos cantando con ellos. En uno de los solos de Taichi mientras cantaba ‘Stardust Lover Orquestra’ nos miró y guiñó el ojo. Wawa dio un gritito nervioso y a mí me dolían las mejillas de sonreír. Las caras de chico interesante que nos dedicaba Mabo; los músculos tensos de Gussan mientras sujetaba el bajo; la pasión con la que tocaba Leader; los saltos de Taichi que nos incitaba a cantar con ellos; y las caras concentradas de Nagase mientras tocaba eran demasiado para nosotras, estábamos al límite de nuestros nervios y yo al de la cordura. Cuando empezó a tocar ‘Neighbor’, Taichi miró a Nagase y le tiró un beso, empezamos a reírnos descontroladas porque nos acordábamos del concierto de 2012 y de ese beso con lengua. Nagase dio una carcajada, pero siguió tocando y cantando. En esa canción, a pesar de que las demás cantaban, yo no pude más que mirarle susurrando la letra de la canción, con las manos apretadas en mi falda y sintiendo esa presión en el pecho que no se iba desde la primera vez que le miré. Cuando acabaron solté un suspiro larguísimo mientras ellos se inclinaban ante nosotros dándonos las gracias.
– Y ahora hacemos un descanso porque como no vaya ya al servicio exploto – dijo Nagase yendo casi corriendo al cuarto de baño.
– ¿Podemos beber ya entonces? – dijo Mabo saliendo de detrás de la batería. Lizz se había acercado a Leader, mirando su guitarra con fascinación.
– ¿Quieres cogerla? Toma – se la dio a la chica, que se la colocó e intentó tocar algo sin éxito alguno. Gussan observaba como intentaba enseñarle algo ente risas.
– Esto tiene que ser complicadísimo – dijo Nene sentándose en la batería.
– No lo es tanto – dijo Mabo con una cerveza en la mano – mientras tengas sentido del ritmo…. – Wawa miraba alrededor mordiéndose las uñas.
– Es grande esto ¿eh? – Le dijo Taichi. Wawa le sonrió y asintió, sonrojándose – ven, te lo enseño – le puso a la chica una mano en la cintura y la guió escaleras arriba para enseñárselo todo.
Se tenía que estar muriendo de la excitación de tenerle tan cerca y solo para ella. Con una sonrisita miré a mí alrededor y me di cuenta de que estaban todos ocupados con las chicas y que yo me había quedado sola. Suspiré, Nagase no volvía del servicio y tampoco me apetecía ver claramente que me ignoraba cuando volviese. Me di cuenta que uno de los cristales no era una ventana, era una puerta, y fuera había una terraza enorme. Salí al exterior, hacía calor a pesar de ser ya de noche. Me intenté asomar al borde pero me dio vértigo así que volví a ponerme derecha. Suspiré escuchando las risas de dentro y sintiéndome un poco fuera de lugar. No sabía cómo manejar la situación, me moría de ganas de estar con Nagase pero desde que me negó el abrazo no tenía manera de sentirme mejor. No sabía qué hacer.
– ¿Qué haces aquí sola? – me dijo Taichi entrando con Wawa en la terraza.
– Necesitaba que me diese un poco el aire. Demasiadas emociones – le dije sonriendo. Wawa no paraba de mirarle mordiéndose el labio. Se acercó a mí y me susurró.
– ¿Tú eres la que has besado a Nagase? – Asentí, sintiéndome mal, culpable – ¿Y cómo es que ahora no te acercas a él para nada?
– Creo que no le gustó mucho, y no es que me extrañe, no debería haberlo hecho. Fue una falta de respeto – Taichi me miró frunciendo el ceño.
– No creo que se haya molestado por eso.
– Solo porque a ti te bese de vez en cuando no significa que quiera besar a todo el mundo – le dije riéndome. Dio una carcajada, Wawa no podía sonreír más ampliamente – es que cuando se iba, le dije… le pregunté si me podía dar un abrazo y se negó. Por eso creo que no le gustó mi actitud.
– ¿Qué no te abrazó? Eso ya no lo entiendo…
– Oe, ¿Pedimos algo de comer? – dijo Gussan entrando en la terraza.
– Siiii ¡Me muero de hambre! – Dijo Taichi a gritos – ¿Vamos? – le volvió a poner la mano en la espalda a Wawa y la guió hacia dentro. La chica se agarraba las manos, arrimándose a él.
– ¿Vienes? – me dijo haciendo un gestito con la cabeza que movió su flequillo hacia un lado. Estaba guapísimo.
– Sí, ahora voy. Id pidiendo lo que sea, no tengo mucha hambre – asintió sonriendo y se metió dentro, dejándome sola de nuevo.
Apoyé los codos en la cornisa, estaba agobiada. Aunque quería estar dentro no me atrevía a meterme, no quería ver como hablaba con todos menos conmigo.
– ¿Y todos estos interruptores? – Escuché que decía Nagase justo antes de encenderse las luces de la terraza – ¿Qué haces ahí sola? – me dijo. Para no variar en mi conducta desde que llegué a ese sitio, le miré y desvié la vista a mis pies de inmediato.
– Necesitaba estar… tomar aire.
– ¿Estás bien? – dijo acercándose a mi. No sabía como ponerme, no sabía si mirarle o no y ya no me quedaba saliva que tragar. Inevitablemente le miré, pero desvió sus ojos hacia mi derecha mirando con curiosidad. Su expresión cambió en asombro – ¡¡No me puedo creer que eso sea una piscina!! – Se dio la vuelta y se asomó al salón – ¡Hay una piscina en la terraza!
– ¡Mentira! – dijo Taichi apresurándose a salir.
– Pero no tenemos bañadores – dijo Leader sonriente.
– ¿Y qué más da? – Nagase se quitó la camiseta, las cuatro aguantamos la respiración a la vez.
Mirando su espalda desnuda sin poder evitarlo, vi como se quitaba los pantalones vaqueros. Me tuve que agarrar a algo al ver que se tiraba dentro de la piscina solo con sus calzoncillos negros. Wawa me daba empujoncitos riéndose a carcajadas con la mano en la boca.
– ¡No os quedéis mirando, está buenísima! – dijo salpicándonos.
– ¿No querrás que nos quitemos la ropa, no? – le preguntó Lizzy escondiéndose detrás de Mabo que le gritaba cosas a Nagase.
– A mí me parece buena idea – dijo Taichi quitándose también la camiseta. Wawa dio un gritito histérico cuando se giró hacia ella dándole su ropa y sonriéndole. Corrió hasta la piscina y se tiró encima de Nagase, que se reía a carcajadas.
– Evidentemente no traéis bañador – dijo Gussan mirándonos. Negamos con la cabeza sin despegar la vista de los dos que jugaban en la piscina. – ¿Crees que tendrán en recepción? – le preguntó a Mabo.
– Y si no los tienen que vayan a comprarlos, estamos en Shibuya, algo tiene que haber abierto. Chicas, decidme vuestras tallas – se las dijimos con una sonrisita.
Llamó por teléfono y mandó a alguien a por bikinis para nosotras y bañadores para los otros tres que no querían mojarse la ropa interior. Taichi le gritó que pidiese comida y también lo hizo. Mientras nos los subían los mirábamos en el agua, totalmente relajados y charlando.
– ¿Por qué no os metéis con la ropa interior? Es lo mismo que un bikini ¿No? – nos dijo Nagase. Yo les miraba desde una distancia prudencial, no quería salir ardiendo.
– ¡La ropa interior se transparenta! – le dijo Nene avergonzada.
– ¿En serio? – dijo Taichi levantándose. Sus calzoncillos eran grises y con el agua se le había quedado pegada la tela, marcando lo que había debajo.
– ¡Tapate eso! – dijo Mabo con una mueca de disgusto.
– A ver que hay debajo… – dijo Nagase tirando de ellos y dejándolo con el culo al aire. Taichi y Wawa gritaron a la vez por motivos diferentes. Ahora era yo la que le daba empujoncitos.
Llamaron a la puerta y entró un chico con un carro lleno de comida y los paquetes con los bañadores. Primero se metieron ellos a cambiarse en una habitación enorme con una cama más grande todavía, y después nosotras. Los chicos llevaron toallas a la terraza para cuando saliésemos. Me dieron el de mi talla, todos eran rojos e iguales. Me horroricé al ver que la parte de arriba era extremadamente pequeña. Cubría lo justo para que no se me viesen los pechos, pero si me movía demasiado… Wawa parecía pensar lo mismo porque no paraba de colocárselo sin quedarse tranquila.
– ¿Salimos? – dijo Nene muy nerviosa.
– ¿Sois conscientes de la poca ropa que tienen ellos y nosotras? – dijo Lizzy
– ¡Cállate! ¡Ya estoy lo suficientemente nerviosa! – Dijo Wawa – no voy a poder acercarme a Taichi. Como me toque me va a dar algo.
– Sigue su ejemplo – dijo Lizzy señalándome. Me reí por no llorar. Cuando íbamos a salir los chicos nos pidieron que llevásemos bebidas.
– Ya voy yo – les dije metiéndome de nuevo dentro.
Tenía que mentalizarme de la situación. Me acerqué al frigorífico y lo iba a abrir cuando escuché unos pasos apresurados. Me di la vuelta para ver que Nagase, empapado y con los calzoncillos más bajos de lo normal, venía corriendo hacia mí. Justo cuando iba a llegar le resbalaron los pies y si no se hubiese agarrado a mi hombro se habría caído. De hecho, con la inercia, se echó hacia adelante y me estrujó contra la puerta del frigorífico. 

2

Di un gritito porque estaba helado y por el contacto tan brusco con su piel desnuda, que me subió la libido hasta límites insospechados.
– Lo siento – dijo apartándose el pelo de la cara mientras se alejaba de mi riéndose – no quería que cargaras tú con todo.
– La que lo siente soy yo – le dije intentando mirarle a la cara sin éxito alguno. Y no era por vergüenza, es que desde que se hizo ese tatuaje que tenía en el pecho (y por el cual sentí celos al mirarlo) no había muchas oportunidades de verle sin camiseta. El vello púbico asomaba por sus calzoncillos que marcaban muy claramente lo que había debajo, y pensé tantas cosas sucias en tan pocos segundos que entonces fue cuando no pude mirarle a la cara – siento lo de este medio día – dije mirando de reojo al fregadero, cruzando los brazos.
– ¿Por qué lo hiciste si ahora me vas a pedir perdón? – dijo abriendo el frigorífico. Sacó seis botellines de cerveza y el mismo número de latas de refresco.
– No sé, fue un impulso. De haber sabido que iba a volver a verte… lo siento mucho, de verdad.
– Oye – dijo pasándome los botellines para coger seis más – no pasa nada – cerró la nevera con el codo y me sonrió entre mechones de pelo mojado.
 
Diría que después de eso me quedé mucho más tranquila, pero estaría mintiendo. No había estado tan nerviosa en mi vida. Vimos a Lizzy rebuscar en su bolso y sacar un ipod, Leader estaba a su lado y lo enchufaron en un equipo de música que había en el salón. Pusieron música a toda pastilla; todo lo que había en su ipod era Tokio, obviamente. Salimos fuera y dejamos las bebidas junto al borde. Me agaché para soltar las botellas con cuidado porque no quería que se partiesen, y Nagase se agachó frente a mí dejando también lo que llevaba. Vi como su mirada se perdía en mi entre mis pechos así que tardé un poco más en ponerme derecha deseando que fuese otra cosa de su anatomía la que se perdiese por esa zona. O por donde él quisiera. Antes de que se pusiese derecho del todo, Mabo, que había salido de la piscina, le empujó tirándole al agua. La primera reacción de Nagase fue agarrarse a algo, y eso fue mi brazo, así que me caí con él. Sobre él. Aproveché y me agarré a sus hombros para sacar la cabeza del agua porque con la sorpresa no me había dado tiempo a aguantar la respiración. Lo siguiente que hice fue llevarme la mano al sujetador del bikini para comprobar que todo estaba en su sitio. Después miré al frente y me lo encontré sonriéndome muy cerca, con su mano peligrosamente cerca de mi trasero.
 
– ¿Te has hecho daño? – negué con la cabeza, incapaz de hablar, tentada a besarle de nuevo – ¡Ten cuidado imbécil! – dijo señalando a Mabo que cogía una cerveza fresquita metiéndose en la piscina de nuevo. Lizzy se metía poco a poco tarareando la música que había puesto.
– Está buena ¿Eh? – le dijo Taichi a Wawa, acercándose a ella. La chica le miraba sin hablar, no podía hacer otra cosa que no fuese mirar a sus ojos alegres – ¿Tienes frío?
– No, no. Hace calor. – No me extrañaba que tuviese calor, las mejillas de la chica estaban al rojo vivo.
– ¿Esta te la sabes? – dijo señalando con la cabeza al interior de la casa, donde sonaba ‘Jibun no Tame ni’.
 
La chica asintió mientras Taichi empezaba a cantar pasándole el brazo por los hombros. Empezó a reírse mirándole de reojo, me miró a mí y alcé las cejas varias veces haciendo que se riese con más ganas. Entonces la mano de Taichi bajó de su hombro hasta su cintura, acercándola a él y haciendo que cantara mientras sostenía un micrófono ficticio.
 
– Oye, ¿Lo que le hiciste a Nagase fue por impulso o porque no te da vergüenza nada? – me volví con el corazón latiéndome como loco. Mabo me acababa de susurrar al oído poniéndome de los nervios.
– Fue un impulso, yo…
– ¿Y solo te ocurre con él? – me quedé callada sin saber qué decirle. Si me estaba insinuando que quería besarme no iba a ser capaz de pararle los pies, era demasiado atractivo. Pero yo al que realmente quería besar era a Nagase, no a él. Le miré para verlo apoyado en el filo de la piscina, cogiendo una cerveza – vale, vale, lo entiendo – dijo Mabo riéndose – es solo con él ¿No?
– No es que sea solo con él, pero es que… – dije sin quitarle la vista de encima a Nagase.
– Me apuesto lo que quieras a que no eres capaz de besarle de nuevo.
– Si soy capaz, pero no quiero molestarle.
– ¡Tsk! – dijo él alzando una ceja – cobarde.
– ¡Que te digo que soy capaz! – Le dije riéndome – pero no quiero faltarle al respeto.
– Me apuesto contigo veinte mil yens a que no eres capaz
– ¿¡Cómo voy yo a apostar un dinero que no tengo?! – le dije riéndome. Eso eran ciento cincuenta € que no podía gastarme.
– Si eres capaz no tienes porqué darme nada – dijo bebiendo de la botella.
– ¿Me los das si lo hago? – asintió con una sonrisita. Nene se abalanzó sobre nosotros porque Lizzy le estaba dando pellizcos bajo el agua, riéndose como una loca. Mabo la sujetó por la cintura y la chica se incorporó disculpándose y roja como un tomate.
– Pero tienes menos de 10 minutos – dijo mirando el reloj – así que ya sabes – De repente sentí algo muy frío en la nuca.
– ¡Aaaaaaay! – dije volviéndome, Nagase se estaba riendo de mi ofreciéndome un refresco. Lo cogí sonriendo pero lo dejé en el borde de la piscina. – ¿De verdad no estás enfadado? – negó con la cabeza mientras bebía de su botellín, vaciándolo y tirándolo hacia atrás. Se estampó por alguna parte al fondo de la terraza mientras se reía tontamente – ¿Entonces por qué no quisiste abrazarme? – dije sacando valor de donde no lo había.
– Porque no me gusta dar besos en público – me dijo, dejándome confusa.
– ¡Mentira! – le dijo Taichi con las cejas arqueadas. Wawa y yo nos miramos para después reírnos a carcajadas. Nagase hizo como el que iba a besarle y Taichi se escondió tras la chica – ¡Déjalo ya!
– En realidad te gustó – le dijo Wawa riéndose – todos lo sabemos.
– Es un acosador – le dijo a la chica mirándola desde abajo – ¡Ve a acosar a otro! ¡O a otra me da igual! – le empezó a salpicar agua. Escuché como Mabo se aclaraba la garganta, le miré y me señaló el reloj.
– Pero… – dije tocándole el hombro a Nagase, que me miró sonriente echándose el pelo hacia atrás con las manos – yo solo quería un abrazo. Y ya te he pedido perdón por lo de—
– Es que si te abrazaba a lo mejor te besaba yo. ¿Quieres tu abrazo? Ven aquí – se abalanzó sobre mí y rodeó mi cintura con sus brazos. No perdí el tiempo y pasé los míos por sus hombros, sintiendo sus manos en mi espalda mientras me apretaba a él.
– Más fuerte Tomoya-kun – le susurré sonriendo por lo que me acababa de decir, y él apretó su abrazo mientras se reía por lo bajo.
– No me susurres esas cosas – me dijo al oído, bajando una de sus manos hasta mi trasero – se pueden malinterpretar.
– No me importa el sentido que les des – le mordí muy flojito el lóbulo de la oreja y el se separó de mi para mirarme a los ojos. Iba a preguntarme algo cuando me impulsé en el suelo de la piscina y le pase las piernas por la cintura, besándole de nuevo en los labios con fuerza.
– ¡Joder! ¡Creía que no ibas a ser capaz! – escuché que decía Mabo. Me separé de Nagase riéndome, y me sonrió igual que esa mañana pero con un poco más de malicia en sus ojos.
– Lo siento – le dije de nuevo soltándome de sus hombros y su cintura – pero Mabo—
– ¿Otra vez a disculparte? – Miré a Mabo que se reía como un niño travieso – ¿y tú que tienes que ver en todo esto? – le dijo Nagase.
– ¿Yo? – Dijo señalándose – absolutamente nada. Ella sabrá lo que hace.
– ¿Ehhh? – escuché un gritito a mi derecha, miré para encontrarme a Taichi con las manos en los hombros de Wawa, diciéndole cosas al oído. La chica tenía los ojos muy abiertos, se mordía el labio y se agarraba a él como si fuese a caerse – ¡Taichi-kun! – le dijo riéndose con la mano ante la boca. Él la miró, apartó su mano y empezó a besarla con dulzura. Wawa cerró los ojos y le pasó las manos por los hombros y por el cuello despacio, agarrándole del pelo. Las manos de Taichi no estaban a la vista, pero me hacía una idea de donde podrían estar porque Wawa respiraba agitadamente.
– ¿Pero que está pasando? – Dijo Lizzy – ¿Aquí todo el mundo tiene un beso menos yo? – miró a Leader, con la intención pintada en la cara y le plantó un beso en los labios riéndose.
– ¡Besos para todos! – dijo Nagase agarrando a Mabo del cuello y obligándole a darle un beso. Mabo le empujaba por los hombros y le quitaba la cara gritándole de todo, haciendo que Nagase finalmente desistiera – ¡Tengo hambre! – dijo cuando se alejó de él.
– ¿Quieres que traiga la comida? Voy al servicio – le dije saliendo de la piscina.
 
Le miré, me miró de arriba abajo y asintió. Antes de salir de la terraza, Taichi y Wawa pasaron delante de mí, pegándome un empujón. Ella iba riéndose, Taichi sonriente. Se la llevó de la mano hasta la habitación de la cama enorme. La chica iba a pasar un buen rato. Me metí en el servicio, y me miré en el espejo después de tirar de la cisterna. La parte de arriba me quedaba realmente ajustada, así que dejé de mirarme porque no quería pensar en ello. Al salir me pudo la curiosidad y pegué la oreja en la puerta de la habitación.
____________________________
 
– Nagase tenía razón – dijo Taichi quitándole despacio el bikini a Wawa – me encantas.
– ¿Cómo? – estaba tan nerviosa que no entendía apenas lo que le estaba diciendo.
– Eres preciosa, Wawa chan. Me encanta tu piel.
Taichi bajó sus labios despacio desde el cuello de la chica hasta sus pechos, besándolos con dulzura. Wawa le agarraba del pelo y jadeaba cada vez más intensamente, sobre todo cuando el empezó a bajarle la parte de abajo del bikini. Se separó de ella y se puso un preservativo que había en la mesita de noche.
 
-T- Taichi-kun, yo… – alzó la mirada hacia ella con una leve sonrisa en los labios – yo nunca…
– ¿Está bien si seguimos? ¿Quieres que tu primera vez sea conmigo? – Wawa asintió, totalmente convencida –  No te preocupes entonces – dijo subiendo por su cuerpo de nuevo – voy a tratarte como la princesa que eres, Wawa-chan.
 
Le acarició la mejilla y besó sus labios despacio, rozando su lengua con la de la chica que temblaba en sus brazos. Wawa subió las caderas para ayudarle a que le quitase la ropa que le quedaba. Se abrazaron desnudos, Taichi le abrió las piernas con delicadeza para colocarse entre ellas, siempre con caricias y sonriéndole como a ella más le gustaba. Subió su mano por los muslos de la chica y le rozó suavemente con sus dedos, tomándose su tiempo en darle placer. Los jadeos se convirtieron en gemidos conforme ella llegaba al orgasmo gracias a los habilidosos dedos de Taichi. La besaba sin parar, la miraba a los ojos, le sonreía y cuando llegó al orgasmo empezó a penetrarla despacio.
 
– Wawa-chan… – le dijo, sus labios contra los de ella. Seguía acariciándole el clítoris mientras la penetraba con cuidado – eres muy suave.
– ¡Ah! ¡Taichi! – se agarró con fuerza a sus hombros, cerrando los ojos cuando sintió que ya no era virgen.
 
Se movía muy despacio dentro de la chica, esperando a que el dolor remitiese un poco y a que su cuerpo se adaptase al de él. Cuando ella volvió a abrir los ojos, mirándole con una sonrisita, Taichi la penetró más profundamente aunque siempre con cuidado. Wawa gimió al sentirle dentro, abrazándole y sin intención alguna de soltarse. Taichi empezó a gemir débilmente en su oído, susurrándole que le gustaba mucho, besándole la mejilla.
 
– Taichi… más… – la agarró de las caderas y aumentó el ritmo, gimiendo con los labios entre abiertos cada vez que sus caderas chocaban con las de ella.
– Me vuelves loco – dijo besándola con lujuria. Penetrándola profundamente y gimiendo con ella que empezó a mover las caderas al mismo ritmo que él, pasándole la mano por el pecho.
– Te quiero Taichi-kun – dijo al sentirle crecer en su interior.
– No puedo más – la estrechó entre sus brazos con fuerza, llegando al orgasmo con la cara en el cuello de la chica que le abrazaba contra su cuerpo, gimiendo también. Taichi la miró y se rió, haciendo que ella sonriese ampliamente – se que ha sido corto pero tus gemidos me han puesto muy cachondo.
– No pasa nada, ha sido perfecto – dijo ella acariciándole el pelo.
– ¿Qué te parece si dormimos y después…?
– Pero abrázame – le dijo ella mientras el se quitaba el preservativo, tirándolo a una papelera que había en el cuarto. Fue hacia la cama desnudo y la tapó con la sabana.
– Claro que si. No pienso pasar ni un segundo que esté a tu lado sin tocar tu piel.
____________________________
 
Me alejé de la puerta, acalorada, resoplando y envidiosa, pero muy contenta por ella. Me moría por besar a Nagase de nuevo, pero besarle de verdad. En eso iba pensando cuando me disponía a acercarme al carrito de la comida.
 
– Ya venía a buscarte, ¿Estás bien? – dijo Nagase acercándose a mi. Le miré de arriba abajo, tenía que tocarle de nuevo como fuese.
– Si, ya iba. Me he distraído – se quedó mirándome serio y se acercó a mi más todavía
– ¿Quieres que te abrace más fuerte? – le miré a los ojos, de fondo se escuchaba ‘Autumn’.
 
Asentí mirándole los labios cuando puso sus manos en mi espalda, apretándome a su cuerpo mojado, inclinándose sobre mí y apresando mi labio superior con los suyos. Acto seguido sentí su lengua abrirse paso entre mis labios, no podía respirar, no podía pensar, no podía hacer nada que no fuese apretarme contra su cuerpo dando gemiditos de excitación mientras le acariciaba el pecho.
 
– Tomoya-kun… – dije mientras me lamía los labios. Bajó sus manos y me agarró del trasero, doblando sus rodillas para rozarse conmigo despacio y haciendo ruidos sugerentes y graves – ¡Nagase! – Dije alterada cuando sentí que tiraba del lazo de mi bikini, quitándome la parte de arriba de un tirón, dejándola caer al suelo – ¡Van a verme desnuda!
– ¿No quieres que siga? – Dijo pellizcándome el pezón – ¿Paro? – se inclinó sobre mi y me lo lamió.
– Pero son… son ventanas – dije jadeando – y Taichi está ahí detrás.
– Hmm, ha sido más rápido que yo – me agarró ambos pechos con sus enormes manos, besándome profundamente de nuevo. Su lengua era suave, caliente, sus labios gruesos, dignos de ser mordidos. Cosa que hice. – No nos queda más remedio que quedarnos aquí – bajó sus manos a mis muslos, besándome los labios, el mentón, el cuello.
 
Me empujó hasta un sofá que quedaba de espaldas a las ventanas, por lo que me sentí un poco más cómoda sabiendo que solo verían sus pies y poco más. Se tumbó sobre mi cuerpo, tirando de mis caderas para acercarme a él y pasando bruscamente la mano por mi entrepierna sobre el bikini, mordiéndome el cuello. Me quité las bragas yo misma, con prisas por sentirle en mi interior, escuchándole respirar agitadamente, excitado. Me miró a los ojos cuando empezó a bajar por mi cuerpo con sus labios, antes de que llegase con su boca ya estaba gimiendo. Me agarró de los muslos, subiendo mis piernas, y empezó a lamerme despacio de abajo a arriba sin apartar sus ojos de los míos. Daba gracias a que la música estuviese tan fuerte porque no podía parar de gemir. Cerré los ojos mordiéndome el labio en el silencio de una canción a otra para no hacer ruido mientras la lengua de Nagase me volvía loca. Entonces sentí que me acariciaban un pecho.
 
– Te gusta ¿Verdad? – Mabo estaba de rodillas a mi lado, pellizcándome los pezones y mirándome a los ojos.
– ¿¡Qué?! – miré a Nagase. El único cambio que noté en él fue que estaba sonriendo mientras me lamía. No le importaba lo más mínimo que Mabo estuviese allí.
– Mírame – me dijo poniéndome los dedos en la barbilla, inclinándose sobre mi y besándome despacio, tan bien que no sabía que me gustaba más, si lo que me hacía Nagase o ese beso.
 
Me pellizcaba los pezones con fuerza, me mordía los labios y se quedaba mirándome a los ojos. Nagase introdujo dos dedos en mi cuerpo sin parar de lamerme y gemí sin poder evitarlo en la boca de Mabo. Éste se estiró y se la sacó del bañador, acercándomela. Sin pensármelo dos veces pasé mi lengua por ella, agarrando con fuerza a Nagase porque estaba a punto de correrme. Llegué al orgasmo con la erección de Mabo en la boca, agarrando a uno del pelo y al otro del trasero. No había terminado cuando sentí que Nagase intentaba girarme en el sofá. Me saqué el miembro de Mabo de la boca y me puse a cuatro patas de espaldas a él.
 
– Te cambio el sitio – le dijo Nagase. Mabo se rió y después de besarme una vez más se puso de rodillas en el sofá, pasándome las manos por la espalda.
 
Nagase se agachó y me besó. Los besos de ambos eran totalmente diferentes: los de Mabo eran más tranquilos y suaves; los de Nagase eran apasionados, profundos y muy lascivos. Además sus labios estaban dulces por haber estado jugando conmigo. Se sentó en el sofá frente a mí, ya sin ropa puesta. Besé su pecho mirándole a los ojos, sintiendo las caricias de Mabo en la espalda y gimiendo cuando pasó su mano por mi vagina despacio, metiéndome un dedo.
 
– Es enorme Tomoya-kun – dije acariciándosela, pasando mi lengua despacio por ella.
– ¿Sabe bien? – me preguntó después de metérmela en la boca. Mabo no paraba de masturbarme.
– Si… – volví a metérmela en la boca hasta donde pude, sin ser brusca, despacio y escuchándole susurrar mi nombre.
– No eres virgen ¿Verdad? – me dijo Mabo agarrándome con una mano de la cadera.
– Métemela ya, Masahiro-kun – dije casi rogándole.
 
Y le sentí entrar en mi cuerpo sin problema alguno. Estaba tan mojada que no le costó trabajo. Me agarró del trasero y me azotó una vez mientras gemía, haciéndome dar un gritito con la polla de Nagase en la boca. Le lamí los testículos y le masturbé con mi mano mientras Mabo me daba cada vez más fuerte, los tres gemíamos, pero yo era la que más ruido hacía. Sobretodo porque un orgasmo venia seguido del siguiente y Mabo no paraba de moverse con las mismas ganas. Se inclinó sobre mí, lamiéndome la espalda y el cuello, jadeándo mientras su cuerpo chocaba contra el mío. Pasó su mano hacia adelante y me masturbó mientras me penetraba, provocando que mis piernas temblasen descontroladas.
 
– Kimochi… sigue… si… ¡Hmm! ¡Kimochi!… – repetía Nagase una y otra vez. Mabo gemía con los dientes apretados al mismo tiempo. Ahora era al revés, uno me agarraba del pelo y el otro de los muslos.
– Nagase, aparta, me quiero correr en su boca – dijo Mabo sacándomela y poniéndome derecha.
 
Se colocó frente a mí y se masturbó delante de mi cara. Puse mis manos en su pecho y le lamí el glande. Nagase se puso de rodillas en el sofá y me agarró del trasero, rozándose contra mi vagina. Cuando le sentí entrar fue tan diferente a lo que sentía con Mabo que gemí entre temblores. De repente Mabo me la metió entera en la boca, hasta la garganta, que fue donde eyaculó, gimiendo y agarrándome del pelo. Tenía que luchar entre tragar, gemir, y no desmayarme. Era demasiado, todo era demasiado. Mabo se desplomó en el sillón de enfrente, guardándosela en el bañador y observando cómo Nagase me follaba. En esa postura no podía penetrarme hasta el fondo y además no veía su expresión, que era lo que más deseaba ver.
 
– Quiero mirarte – le dije a Nagase como pude. Me la sacó entre gemidos y jadeos y se sentó en el sofá, haciendo que me sentase a horcajadas sobre él. Le miré a los ojos cuando me dejé caer sobre su cuerpo haciendo que entrase en mi interior. Susurró mi nombre después de moverme unas cuantas veces – ¡Ahhm!… ¡iku!… ¡Tomoya!…
– Dios, que guarra eres… – me dijo agarrándome de la nuca y besándome con la misma intensidad de antes. Le daba exactamente igual lo que acababa de hacer Mabo, me besó con las mismas ganas. Mi cuerpo temblaba cuando me corri sobre él – me encanta que seas así – moví mis caderas bruscamente contra las suyas, haciendo que me penetrase hasta el fondo y sintiendo un pinchazo en mi interior que indicaba que había llegado al tope de mi capacidad, llegando de nuevo al orgasmo.
– Tomoya, no sabes las ganas que tenía de follarte – dije con dificultad, lamiéndole los labios mientras él gemía.
– No pares – me dijo agarrándome las caderas con sus músculos en tensión, ya sabía lo que venía – joder, no pares nunca.
– ¿Te vas a correr dentro? – le susurré cabalgándole, me susurró un tembloroso si y yo no podía estar más de acuerdo.
 
Durante unos instantes no hizo ruido, pero de repente empezó a gemir con la voz quebrada, apretándome el trasero con los músculos de su cuello en tensión y la cabeza echada hacia atrás en el sofá. Lamí su cuello, gimiendo también al sentirle vaciarse en mi interior, moviendo mis caderas sin parar hasta que vi que tragaba saliva varias veces y que abrió los ojos, sonriéndome.
 
– ¿De donde has salido tú? – Me dijo Mabo, me giré para mirarle con una sonrisa – ¡Acababa de correrme y me has puesto cachondo!
– No te digo como me ha puesto a mi – dijo Nagase respirando aceleradamente y riéndose. Le besé la mejilla y dejé caer la cabeza en su hombro, totalmente agotada – ¿Te ha gustado?
– ¡Claro que si! No se como me preguntas.
– Pensé que quizás si los dos nos acercábamos a ti desde el principio nos ibas a decir que no, por eso…
– Espera – dije incorporándome – ¿Lo teníais planeado? – Nagase asintió sonriendo cada vez más – ¿De eso cuchicheabais cuando llegamos? – se empezó a reír tontamente.
– Te dije que le iba a gustar – dijo Mabo levantándose, yendo al servicio y trayendo una toalla – para cuando te levantes.
– Gracias – le dije riéndome – ¿Te importa darme mi bikini? – me lo dio también, así como un pellizco en el pezón.
– Llevaba desde el concierto pensando que quería tocarte las tetas – me dijo Nagase mientras me levantaba – era a lo único que podía mirar cuando saludaba a las de la primera fila.
– Y yo pensando que te había ofendido el beso – dije poniéndome el bikini. Una vez vestida le di los calzoncillos a Nagase, que se los puso en un momento.
– Están helados – dijo con una mueca de disgusto. Me volví a mirar a ver que hacían los de fuera y me asombré al ver que estaba amaneciendo. Mabo quitó la música. Entonces escuchamos gemidos provenientes de la habitación.
– Que bien se lo está pasando Wawa-chan – dije riéndome.
– No sabía que Taichi tenía tanto aguante – dijo Mabo.
– Han parado antes un rato – me miraron – es que estuve cuchicheando – dije sintiéndome un poco culpable y comiéndome un onigiri, dándole otro a Nagase.
– ¿Por eso estabas tan mojada cuando te metí las manos en las bragas? – me dijo.
– No, eso fue cosa tuya – dije saliendo a la terraza y escuchándole reirse.
 
Había muchas botellas vacías y tanto bikinis como bañadores en la piscina. Los otros cuatro estaban dormidos en una esquina, tapados con las toallas. No sabía muy bien si exhaustos o borrachos. Nagase estaba detrás de mí, sonriente.
 
– ¿Gussan no estaba casado? – le dije
– Tú no has visto nada – dijo riéndose y comiéndose otro onigiri. Se sentó con la espalda pegada al cristal, suspirándo. Miré hacia adentro y vi a Mabo acostado en un sofá con un brazo ante los ojos – vente – me dijo Nagase haciéndome gestos con las manos. Me senté de espaldas a él entre sus piernas mientras me abrazaba los hombros con sus brazos.
– Todavía no me lo creo – le susurré para no despertar a los demás, acariciando sus enormes manos que tanto me gustaban.
– Cuando vuelvas a Japón tienes que avisarme. Esto quiero repetirlo. Pero tú y yo solos, si puede ser – me giré para mirarle, me sonreía. Con la luz del amanecer los ojos se le veían marrones, no negros. Estaba tan guapo que el corazón se me volvió loco – quiero tenerte un rato solo para mí.
– Voy a besarte – le advertí, se rió. Le puse la mano en la mejilla, su barba pinchaba. Le besé despacio, con tranquilidad, saboreándole e intentando retener el momento en mi memoria. Me dejé caer en su espalda suspirándo mientras me abrazaba.
– ¿Te parece un buen regalo para vosotras? – di una carcajada, Gussan se sentó y nos saludó con una sonrisa. El sol acababa de salir.
– Ha sido el mejor regalo del mundo, Tomoya-kun.
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