The Show

¡Hola otra vez! Pues este también es de mis niños de TOKIO
Pero que guapísimos en su juventud, allá por el año 2000 dsjahdakjgda
 Bueno, para que nos vamos a engañar, es sobre mi niño, en singular. Y sí, otra vez de un sueño xD (Parezco Stephenie Meyer pero en porno y mejor xD) Mi niño, mi hombre, mi bestia parda asjdhaskjds
eeejejejejejejjeejjee :)____
Pues en realidad solo soñé dos partes del fanfic. Ya sabeis como va esto de soñar, no suelen ser una cosa ordenada y va a saltos. Pues soñé que estaba en Japón, esperaba para ver a los miembros de TOKIO para que me firmaran una cosillas y se me llevan de la mano (Mabo más concretamente) y me meten en un concurso para ser la novia de Nagase con un montón de chicas super explosivas y guapísimas. Pues de eso va este fanfic xD Y la otra escena que soñé… está más adelante 🙂
No va por capítulos, va por días (son 6) así que alguno será más largo y otro más corto. Dependiendo de lo que pase. A ver que os parece, ya me diréis en el capítulo 6 (como suelen hacer xD)
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Día 1

Se agarraba a la valla metálica con fuerza, después de estar tanto tiempo esperando escuchó como las chicas de la primera fila empezaron a gritar como locas. A ella misma le entraron ganas de gritar, estaba muy nerviosa, tenía incluso ganas de llorar.  Estaba echada hacia adelante y sentía como las chicas a su lado hacían lo mismo. No eran muchas, o al menos no eran tantas como esperaba encontrarse. Las chicas que tenía a su lado dieron grititos nerviosos y cuando se quiso dar cuenta tenía a Shigeru justo en frente. Las fans de ambos lados le gritaban “Daisuki, Leader!”. Era mucho más guapo en persona, su sonrisa le pareció muy linda y se quedó observándole mientras se alejaba. Entonces escuchó que gritaban más intensamente y cuando giró la cabeza hacia el lado contrario le tenía justo enfrente. Le daba la impresión de haber estado esperando ese momento toda su vida. No podía dejar de mirar su sonrisa, sus labios, la forma de su cara, sus cejas y sus ojos alegres mientras saludaba a las chicas. Y cuando la miró fugazmente susurrando “arigato” tampoco pudo apartarle la mirada. Pensaba que en ese momento estaría gritando y diciéndole todo lo que sentía a gritos, incluso llegó a pensar que lloraría. Pero solo podía mirarle mientras se hacía una foto con un grupo de mujeres a su lado. Cuando se volvió, la miró a los ojos, sonriendo tímidamente. Ella también sonrío, sintiéndose feliz como nunca pero sin poder articular palabra.
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– ¿Has visto eso? – Mabo agarró la chaqueta de Gussan que miró hacia donde el miraba
– ¿El qué? – le dijo mientras saludaba a una chica que lloraba histérica.
– Esa de ahí, la gaiyin. No ha reaccionado como las demás, creo que es la que nos faltaba.
– ¿Una más? Pero ya están todos los puestos.
– Que va – dijo Taichi por atrás, estaba en todo – una se ha retirado. Por lo visto estaba comprometida – dijo riéndose.
– ¿Y vamos a meter a una gaijin en el programa? – Gussan no parecía convencido en absoluto, pero a Mabo, no sabía bien porqué, le gustó la chica para su amigo.
– ¿Y por qué no? Seguro que llama la atención.
– Pero no ha hecho el test
– Se lo hacemos en un momento
– Nagase nos va a pillar si nos la llevamos ahora.
– Anda ya. Taichi, llévatelo a la furgoneta que yo me voy en taxi – Mabo se acercó a la chica que aún miraba como se alejaba Nagase y abrió la valla que había ante ella. Cogiéndola de la mano y con una sonrisa la sacó de entre la multitud. Ella le miraba riéndose con una mano ante la boca, desde luego no la tenía hechizada como le había pasado un momento antes con Nagase.
– ¿Qué pasa? – le dijo ella.
– Me gustaría que entrases en un concurso, aunque es un tanto… peculiar – le dedicó una sonrisa enorme.
– Sí, por supuesto. ¿Qué tengo que hacer? – tenía un acento rarísimo, pero su japonés era fluido. Ya era más de lo que se esperaba siendo extranjera.
– De momento ven conmigo, si no hay ningún problema y si no te molesta que te grabe una cámara – la chica se rió de nuevo, nerviosa y dando saltitos.
– ¡Claro que no! Esto es…
– Pero siento decirte que vas a tardar en ver a Nagase.
– Ah… – vio la decepción en su rostro – pero ¿Voy a verle?
– Si todo va bien, sí – Paró un taxi y dejó que ella se subiese antes. Se agarraba a su camiseta y le miraba visiblemente nerviosa. Justo antes de que el vehiculo arrancase Taichi se sentó en el asiento del copiloto.
– ¡Hola! Soy Kokubun Taichi – la chica se rió dándole la mano
– Ya lo sé, gracias por esta oportunidad.
– No, gracias a ti por estar ahí esperando tanto tiempo – dijo Taichi.
– ¿Cómo te llamas? – le preguntó Mabo.
– María. Realmente mi nombre es más largo pero María está bien.
– ¿De dónde eres? – dijo Taichi sonriente como siempre.
– Española – los dos exclamaron sorprendidos.
– Esto va a ser genial. Las otras se van a morir de la envidia – dijo Taichi
– ¿Envidia? ¿Qué otras? – la chica les miraba. Ambos se rieron.
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No le querían decir nada de momento y ella se moría de curiosidad. Aún no se creía la compañía que tenía, no se creía que hablasen con ella directamente y que se la estuvieran llevando a algún sitio para estar con ellos. Les miraba a uno y al otro, y le empezaban a doler las mejillas de tanto sonreír. El viaje fue más bien corto, fueron de los estudios de los Johnny’s a una especie de complejo residencial. Las casas eran muy raras, había 10 de ellas, todas en fila una junto a la otra. Eran de un piso y tenían una gran cristalera que mostraba todo el salón. Pero no llegaron a acercarse a las casas, se metieron en un edificio que había justo antes. La llevaron por unos pasillos hasta una oficina, y dentro de esta se encontró a Leader y a Gussan. Volvió a ponerse nerviosa al ver sus sonrisas y como la saludaban. De repente se dio cuenta de en las esquinas de la habitación había cámaras.
– Siéntate por favor – le dijo Leader indicándole una silla. Ellos se sentaron frente a la chica. Se preguntaba dónde estaría Nagase, era al que más ganas tenía de ver.
– Vamos a hacerte unas preguntas y por favor, se lo más sincera posible – dijo Taichi, ella asintió – no temas en decir lo que piensas o en ofendernos, queremos la verdad tal y como la sientes.
– Pero primero rellena esto con tus datos – Gussan le tendió una hoja y puso su nombre y apellidos, la fecha de nacimiento y el lugar de residencia y procedencia. Cuando se la dio le vio leer lo que había puesto con detenimiento – tienes una letra bonita.
– Gracias – no sabía su letra, pero Gussan si que era bonito, estaba realmente guapo con ese mechón de pelo cayendo hacia el lado. Estaba nerviosa por lo que pudieran preguntarle pero iba a ser sincera, pasase lo que pasase.
– Cada uno te vamos a hacer una pregunta, ¿Estás preparada? – le dijo Mabo
– Sí, lo que estoy es nerviosa.
– Tranquila, respira hondo y avisa cuando quieras que empecemos – le dijo Leader. Ella se mordió el labio y asintió – ¿Cómo conociste a Nagase Tomoya y que fue lo primero que te llamó la atención de él?
– Le conocí cuando vi ‘My Boss My Hero’ y creo que lo que me llamó la atención nada más verle fue su mirada y su sonrisa. Pero fue hace tiempo, ahora no sabría decirlo con seguridad.
– ¿Qué es lo que más te gusta de él y qué es lo que menos? – dijo Mabo
– Lo que más que le encanta cuando la gente se ríe gracias a él, y lo que menos… – se lo tuvo que pensar, ni si quiera sabía si había algo que no le gustase de él – creo que no tiene la autoestima muy alta, pero no sabría decirlo porque no le conozco.
– Rápidamente, di un adjetivo al escuchar lo que te digo ¿Vale? – le dijo Taichi, ella asintió. La primera palabra fue Johnny’s, ella respondió ‘música’; a Masahiro dijo ‘Kakoii’[1] y le escuchó reírse; con Joshima respondió ternura y este dijo “oh” y se rió avergonzado;  la que menos se esperó fue Ayumi, se le escapó un gesto de desagrado y lo primero que le salió fue ‘rechazo’; cuando le dijo Taichi ella respondió locura; con Tatsuya dijo sexy, haciéndoles reír; al escuchar Tokio dijo ‘felicidad’; y la última, Tomoya, le provocó la risa floja mientras decía ‘pasión’. Taichi sonrió conforme y ella miró a Gussan, era el que faltaba.
– ¿Por qué debería Nagase quedarse contigo? – Era una pregunta difícil, de primeras no supo que responder.
– No soy el ideal de mujer de Nagase san, lo sé, pero creo que si el me diese la oportunidad le haría el hombre más feliz del mundo. Intentaría que todos los días sonriese de una manera u otra y se que le tendría contento en todos los aspectos – dijo riéndose – En todos – Los cuatro se miraron entre ellos y se rieron.
– Han sido unas respuestas raras – dijo Joshima
– Muy diferentes de las de las otras chicas – dijo Gussan
– ¿Está o no está dentro? – preguntó Taichi
– Pues claro que está dentro – dijo Mabo, la miró.
– ¿Me podéis decir que otras chicas? ¿Y para qué sirve esto? ¿Dentro de que?
– Te explico – dijo Leader riéndose – Como supongo que sabrás, Nagase está soltero. Y como no hay manera de que encuentre la chica adecuada se la vamos a encontrar nosotros. Y te hemos elegido como una de las candidatas – se quedó mirándoles sin decir nada. Se tenían que estar quedando con ella.
– ¿Me estáis diciendo que voy a entrar en un concurso para ver si le gusto a Nagase-san?
– Exacto – dijo Mabo – No me irás a decir que no quieres…
– No es que no quiera, pero no me va a escoger en la vida – le miraron contrariados
– ¿Y por qué no? – dijo Taichi
– Porque… porque no, porque es imposible.
– Eso deja que lo decida él – dijo Leader con una sonrisa, levantándose y acercándose a ella y poniéndole una mano en el hombro – ahora deberías de irte con las demás, en unas horas empezará todo.
– Ah, pero tienen que medirte – dijo Taichi – y tenemos que mandar a pedirle ropa como a las demás.
– ¿Ropa? ¿Qué ya empieza? Yo no… no estoy preparada. No sé…
– Oye, tranquila – dijo Mabo – no va a pasar nada malo, en todo caso te llevas la experiencia. Ah sí, léete esto.
Mabo le dio un papel en el que venían las condiciones para participar en el concurso, que se llamaba ‘Unmei no Akai Ito’; ‘El hilo rojo del destino’[2]. Estaría en una casa un mínimo de un día y un máximo de cinco, le pagarían el tiempo que allí estuviese y tendría que acatar las normas del concurso. A ella todo le parecía que iba demasiado deprisa, estaba histérica y muy preocupada de lo que pudiese pasar.
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Llamaron a una asistenta para que acompañara a la chica a cambiarse y a arreglarse con las demás, estaba hecha un manojo de nervios. Mabo y los demás se fueron a arreglarse también. Nagase no tenía ni idea de lo que pasaba, sabía que hoy empezaban un programa nuevo pero no tenía ni idea de qué iba y le hicieron creer que Leader era el único que sabía algo. Tenían el permiso de Johnny san y el del manger de Nagase para hacer todo eso pero siempre le quedaba la duda de saber como reaccionaría él.
            Cuando se encontraron le costó la misma vida no decirle nada. Llevaba una semana queriéndoselo contar todo, pero era mejor si no estropeaba la sorpresa. Se pusieron presentables y se fueron al plató. Cuando vio el nombre del concurso frunció el ceño y miró a Taichi sonriendo. Bajaron hasta el plató saludando a las fans que estaban entre el público dando grititos excitados. Les dieron los últimos retoques, los terminaron de arreglar y les anunciaron que en diez minutos estarían en directo. Estaba nervioso y los demás también, incluido Nagase que no sabía qué tenía que decir o hacer y no paraba de preguntar qué pasaba. Y empezó el show.
– ¡Buenas noches! – Le dijo Leader a la cámara, los demás saludaron también – bienvenidos a el primero de los dos programas de ‘Unmei no Akai Ito’. Ha habido mucho secretismo alrededor del programa y es por una buena razón: El protagonista no tiene ni idea de que lo es – las cámaras apuntaban a Nagase que solo dijo ‘Eh? ¿Yo?’ provocando que se riesen sin poder evitarlo.
– Nagase-kun, siéntate por aquí – le dijo Taichi sentándolo de cara a una gran pantalla que tenían en el plató. Le pusieron una imagen de las chicas que esperaban dentro.
– ¡Kawaii! ¿Quiénes son? – dijo el con una sonrisa traviesa mirándolas de arriba abajo.
Todas sonreían conforme la cámara se acercaba a ellas. Llevaban trajes de lo más variado, cada una había escogido lo que pensaba que le sentaba mejor y en maquillaje y peluquería habían hecho un gran trabajo. Curiosamente todas habían escogido tonos pastel y mostraban mucho las piernas y el escote, menos María. Se había puesto un traje palabra de honor rojo intenso y con su melena negra contrastaba muchísimo. Cuando Nagase la vio dijo:
– ¡Oooh! ¡Esa chica estaba esta tarde en la salida! – Mabo sonrió. Sabía que le iba a gustar. Aunque a la chica se le veía tensa, miraba a las demás y se agarraba las manos con fuerza.
– Son tus pretendientas, Nagase-kun – se giró en la silla bruscamente para mirar a Leader, los demás se rieron a carcajadas – cada uno de nosotros hemos escogido a dos, y se presentaron muchísimas.
– ¿¡Cómo es que no me he enterado de nada?! Pero… esto… un momento – se reía nervioso. No se veía muy convencido.
– Mira la pantalla, por favor – le dijo Leader.
Estaba partida en dos partes. La central y más grande mostraba las entrevistas que les hicieron a las chicas, pregunta por pregunta con sus respuestas. En la esquina inferior izquierda se veían las expresiones de Nagase mientras iban saliendo. Se llevó las manos a la boca conforme escuchaba. Como ya hablaron antes, las contestaciones de María eran las únicas que se salían de contexto comparándolas con las demás. En la primera pregunta la mayoría de las chicas respondieron que conocían a Nagase desde que eran pequeñas, excepto ella, probablemente porque no se había criado en Japón. Nagase se reía a carcajadas con las contestaciones de las chicas y se sorprendía con otras. En la que hubo más diferencia fue en la última pregunta. Casi todas respondieron con cualidades que poseían ellas y que a el les podría gustar, menos María y una chica que creía recordar se llamaba Kaede. Esta última dijo directamente que porque era la mejor mujer que se iba a encontrar en su vida. Nagase abrió mucho los ojos y miró a Gussan, que se rió. La última respuesta fue la de María, la de que le iba a tener contento en todos los aspectos, respuesta de carácter claramente sexual. Suponía que era por la diferencia cultural de la chica pero Nagase no se esperaba esa contestación. Dio una carcajada y miró a Mabo.
– ¿He entendido mal o… – este negó con la cabeza, riéndose con el que se llevó una mano a la boca sorprendido.
– Ven por aquí Nagase – le dijo Leader poniéndole de pie una vez acabó el video, que había ocupado prácticamente todo el tiempo del programa – te presento a las protagonistas.
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Cuando hicieron entrar a las chicas en el plató, María apenas podía mantenerse en pie de lo nerviosa que estaba. Incluso se encontraba mal: se le retorcían las tripas y tenía la boca seca. Habría dado cualquier cosa por un vaso de agua. Ella iba la última y se pararon en medio del escenario. Las chicas del público no paraban de gritar y ella se repetía a si misma que tenía que sonreír, se lo repitieron muchas veces, que sonriesen. Entonces le vio, allí de pie, mirándolas a todas sin parar de reírse. Parecía más nervioso que muchas de las chicas que estaban allí. No sabía como podían estar tan tranquilas, tan seguras de si mismas. Leader les pidió que se fueran presentando una a una mientras Nagase se ponía frente a ellas y las saludaba inclinándose. Decían su nombre, su edad y de donde venían, todas con una sonrisa radiante. A María le daba miedo abrir la boca y vomitar. Con alguna que otra de las candidatas Nagase se paraba a mirarlas más detenidamente. Cuando se quiso dar cuenta le tenía al lado y cada vez respiraba más acelerada. Respiró hondo dos veces y apretó los puños, justo cuando el la miró a los ojos, inclinándose ante ella. Tenía el pelo peinado hacia atrás, y como los demás iba con un traje de chaqueta. Se iba a morir allí mismo.
– Soy María. Tengo 25 años y soy española, encantada – Nagase se pasó la lengua rápidamente por los labios como siempre hacía y la miró brevemente de arriba abajo.
Se sintió avergonzada porque junto a las otras chicas se veía claramente que tenía al menos dos o tres tallas más. Eran muy delgadas y a María no es que se le marcasen los huesos especialmente. No es que estuviera gorda, ni mucho menos, en su país tenía una talla estándar pero no en Japón. En Japón era bastante más ancha que la media. Y el traje que se puso no enseñaba mucho las piernas ni los pechos, pensó que quizás se había equivocado. Se alejó de ella, y volvió con los demás.
– ¿Qué te parece?, ¿Lo hemos hecho bien o no? – le preguntó Gussan.
– Creo que no lo podríais haber hecho mejor – dijo él mirando a los chicas de nuevo.
– Pues esto es todo por hoy, despídete de ellas porque no las vas a ver hasta mañana.
– ¿Eh? ¿Ya se van? – le dijo Nagase a Mabo
– Van a las que van a ser sus casas esta semana, donde te encontrarás con ellas la mayoría de las veces – dijo Taichi.
Pusieron un video enseñando las casas, realmente estaba todo pensado. Tenían cámaras en el salón, en la cocina, en los pasillos y en el dormitorio. Pensaba meterse en esa casa y no salir como no fuera totalmente necesario. En ese momento de lo único que tenía ganas era de meterse en un boquete. Se despidieron hasta el programa siguiente que sería de dos horas y dejaron de grabar mientras mandaban a las chicas a meterse dentro. Al darse la vuelta una de las chicas le empujó al pasar a su lado y se tropezó con un cable. Se le partió el tacón y no se cayó de milagro. Escuchó a las otras chicas pasar por su lado riéndose y cuchicheando mientras ella se frotaba el tobillo, quitándose los zapatos para entrar. Las otras siete concursantes eran todas más guapas e interesantes que ella, eran preciosas. No tenía nada de seguridad en si misma en ese momento y estaba tan nerviosa que se le saltaron las lágrimas. Lo único que esperaba es que Nagase no la hubiese visto. Sintió que le agarraban del hombro y se giró para encontrarse con Mabo de frente.
– ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
– Estoy bien, no es nada. Un tropiezo tonto – vio como fruncía el ceño al verle los ojos llorosos y miró a las otras chicas muy serio. Por encima del hombro de Mabo vio que se acercaba Nagase y se limpió las lágrimas con cuidado para que no se le corriese el maquillaje.
– Oe, ¿Qué haces? ¿No estaba ella aquí por mí?
– Se supone que tú no puedes hablar con ellas hasta mañana ¡Vete de aquí!
– No te enamores de Mabo, quiero conocerte – le dijo a María con una sonrisa, que se quedó mirándole alejarse con la boca abierta.
– Ya lo has oído así que sonríe. No les hagas caso a las demás, solo preocúpate de ser tu misma, probablemente sea lo que a Nagase le guste más.
– No pensaba hacer otra cosa, pero, Matsuoka san, ¿Por qué me apoyas tanto? – le preguntó ella
– No lo sé, hay algo en tu forma de mirarle y de hablarle que es diferente a como lo hacen las otras, se nota que te gusta.
– Claro que me gusta – dijo mirándole hablar con Taichi de lejos – ¿Cómo no va a gustarme si es que lo tiene todo? – cada vez que sonreía se le aceleraba el corazón.
– ¿Qué piensas ahora? – dijo él riéndose y observándola
– Estoy deseando tocarle, pero me pongo tan nerviosa cuando se acerca que no me sale ni si quiera hablarle – una señora apareció por la esquina preguntando por María, que se despidió de Mabo y se fue con ella.
La subieron en un mini bus, y se dio cuenta de como muchas de las chicas la miraba con una sonrisita y acto seguido se ponían a cuchichear. Las odiaba a todas, eran asquerosas con sus caras y sus pelos perfectos, con esos cuerpitos y manitas de muñecas. Hacían que se sintiera horrible, lo peor, y con esa autoestima no iba a convencer a Nagase en la vida. El automóvil las llevó hasta ese grupo de casas que vio antes y las iban llamando para que se bajasen de una en una. A ella no la llamaron hasta el final, le desearon buena suerte y la dejaron dentro. Se sorprendió al ver que la gran cristalera que tenía el salón, desde dentro era un espejo. Es decir, que nunca sabría si la estaban observando. La casa era simple pero le gustaba. Nada más entrar, a mano derecha, estaba el salón con una televisión enorme y un sillón. Justo enfrente de la cristalera había una mesa con dos sillas. A mano izquierda estaba la cocina y al fondo había un pasillo, en el que a la derecha tenía el baño y al fondo su habitación. Allí también había un televisor. En la mesa del salón se encontró unos papeles en los que le decían detalladamente lo que podía y no podía hacer. Se sentó en el sofá y se puso a leerlos. No podía salir de la casa, siempre que llamasen a la puerta tenía que abrir y si llamaban al teléfono, cogerlo. Obviamente no podía tapar las cámaras, miró a su alrededor y las vio en el techo, sintiéndose totalmente observada. Tenía abastecimiento de comida y agua suficiente para ella sola cinco dias, pero si tenía necesidad de algo podía pedirlo. Tenía derecho a hacer cuatro llamadas a la semana, una a cada miembro del grupo sin contar a Nagase. En ellos podría buscar consuelo, apoyo o lo que fuese que necesitase. Solo de imaginarse hablando con cualquiera de ellos de sus inseguridades delante de miles de japoneses se horrorizó. No creía que fuese a hacerlo.
            Cuando estuvieran en el aire, se le avisaría con antelación de las pruebas de ese día, y había un canal en la televisión especial para ver que hacían sus compañeras en caso de estar con Nagase. No pensaba presenciar eso a no ser que fuera totalmente obligatorio, y como era opcional, se negó en redondo. Tenía libros, cartas, lápiz y papel y una consola de videojuegos bajo el mueble de la televisión. Se levantó para encontrarse una x-box con al menos 10 juegos, eso le iba a alegrar la estancia considerablemente. Suspiró y miró el tocho, aún le quedaba bastante por leer… se quitó las zapatillas y se dejó caer en el sofá, pasando página tras otra.


[1] Guay, guapo, genial.
[2] Según la leyenda japonesa, una persona están unida a otra en el mundo, aunque no la conozca, por un hilo rojo invisible, que se puede tensar o aflojar, pero nunca romper.

Día 2

A la tarde siguiente, Nagase estaba hecho polvo. Entre que estuvo casi toda la noche leyendo las repuestas de las chicas detenidamente y que después no pudo dormir por los nervios de verlas al día siguiente, estaba que se caía de sueño. Había dormido casi toda la mañana, pero no había descansado bien. Cuando llegó, estaban todos dentro de las instalaciones, mirando a las chicas en sus casas desde los monitores. La mayoría estaban en la ducha, viendo la tele o pintándose y poniéndose cremas. Todas estaban muy arregladas, listas como para salir a la calle en cualquier momento. Teniendo en cuenta que las estaban grabando todo el rato tenía su lógica. Desde luego que no se esperaba para nada todo esto, se le había pasado por la cabeza miles de cosas cuando vio de que iba el asunto y al principio no le gustó nada. Pero no se podía quejar, las chicas eran preciosas. Solo le quedaba comprobar si eran igual de bonitas por dentro que por fuera, y por lo que había leído ya iba teniendo una idea de cual le podía gustar más y cual menos.
– Esta chica es impresionante – dijo Gussan señalando a una chica rubia. En la mente de Nagase era ‘la descarada’ porque le miró de arriba abajo cuando se presentó. A el también le llamó la atención.
– Esta me gusta mucho – dijo Leader. Era una chica muy poca cosa pero la verdad es que bastante adorable. Tenía una cara muy linda y recordaba su voz porque era muy bonita. Entonces escuchó a Taichi reírse y miró donde le señalaba.
– No estoy muy seguro de que sea una chica normal – dijo entre risas señalando a María.
Era el único nombre que se le había quedado porque era el raro, y no es que ella fuese muy normal tampoco. Estaba tirada de cualquier manera en el sofá con un chándal puesto, leyéndose un libro mientras se comía un tazón de cereales que tenía apoyado en los pechos.
– Pues yo creo que es la más natural de todas – dijo Mabo. Tenía claramente debilidad por ella, no sabía si porque le gustaba para él o por que motivo, pero se le notaba descaradamente – creo que está haciendo las cosas como le salen, no se fuerza ni nada por el estilo.
– ¿Y qué te hace pensar que las demás sí? – le preguntó Gussan
– Son tan perfectas que dan hasta cosa – dijo él – en María puedes ver sus defectos de primeras. ¿Qué piensas tú? – Respiró hondo y le miró.
– No lo sé, desde luego no se le ve tan segura como las demás. No te da esa sensación de ‘perfección’ que dan las otras chicas.
– ¿Vamos a verlas de cerca? – Dijo Taichi – podemos ir a las casas y mirarlas desde fuera, ellas no nos ven.
– Cuando queráis – dijo Leader con una sonrisa.
– No pongas esa cara, pervertido – dijo Mabo haciendo que todos se riesen.
Salieron del edificio y fueron andando tranquilamente hasta las casas, realmente estaban cerca. Las fueron mirando a través del cristal, Nagase parándose con detenimiento a observarlas. Ellos iban más rápido y cada vez que se reían se mandaban a callar los unos a los otros para que las chicas no les pillasen. Al llegar a la casa de “la descarada” la encontró haciendo ejercicios con la música puesta. Tenía puesta unas mallas y una camiseta ajustada y los cinco se quedaron un buen rato observándola. Hasta que se dieron cuenta y se alejaron riéndose. Alguna que otra estaba sentada leyéndose las normas del concurso, otras cocinando y otras simplemente viendo la tele. Cuando llegaron a la última casa vieron a María de rodillas ante el televisor. Se había recogido la melena de cualquier manera y tenía puesto un chándal ancho. Si no fuera porque sus amigos la habían escogido no se habría fijado en ella. Pero entonces, dos cosas le hicieron cambiar de opinión. La primera fue que se sentó en la moqueta, apartando la mesita de té de delante del sofá y apoyando su espalda en este, con un mando de videoconsola en la mano. Le entusiasmó ver que le gustaban los videojuegos pero más le entusiasmó darse cuenta de que estaba jugando al último Metal Gear Solid.
– Ahhh, ahora quiero jugar yo – dijo Nagase. Entonces la chica le dio el segundo motivo para pensar de otra manera. Le dio al pause al videojuego y se quitó la parte de arriba del chándal, quedándose con una camiseta de tirantas negra.
– Yo también quiero jugar – dijo Gussan con la boca abierta, mirándole los pechos a María.
– Y tú decías que la gaijin no – dijo Mabo riéndose – eso son dos puntos gratis, Nagase. ¿Ya sabes cuales vas a escoger?
– No estoy muy seguro… – sabía lo que tenía que hacer porque se lo dijeron el día anterior, pero era muy difícil. Tenía que quedarse con cinco de las ocho, y le parecía un tanto injusto porque no las conocía. Y además todas eran muy lindas, muy kawaii, excepto la que tenía delante. Pero era tan única que tampoco quería dejarla fuera.
– ¿Serán naturales? – preguntó Taichi con los ojos entrecerrados, pegó las manos al cristal y tuvo que hacer ruido porque la chica miró en su dirección. Los cinco dieron un respingo.
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Estaba tan concentrada en el videojuego que se había olvidado de donde estaba. Se subió un poco el cuello de la camiseta al darse cuenta de que estaba enseñando demasiado escote. Al mirarse en el espejo se horrorizó de los pelos que llevaba, de la ropa y la postura en la que estaba sentada. De todo menos femenina. Y el golpe del cristal… se preguntó quién habría detrás. Quizás eran las otras chicas, riéndose de ella. Pero eso no podía ser, no podían salir de la casa. Y no podían ser ellos, no tan temprano, no tan de repente. Se acordó que avisaban de las pruebas con antelación, y se puso nerviosa. ¿Y si no se había enterado por cualquier motivo? No supo que hacer, no sabía si arreglarse o si se debía quedar como estaba. Ella creía que la prueba iba a ser por la noche, a la misma hora del programa. Pero entonces pensó que probablemente el programa no sería en directo, igual que hacían con DASH. Casi le da un infarto cuando sonó el teléfono. Se puso de rodillas en la moqueta girándose hacia este y lo cogió.
– ¿Moshi moshi?
– Le informamos que en diez minutos comenzará una prueba, por favor esté lista para atender a Nagase-san en caso de que sea necesario – era una máquina – Cuando vuelva a sonar la alarma, por favor, ponga en la televisión el canal especial del programa. Muchas gracias.
Y eso fue todo. Pegó un salto de donde estaba y se fue corriendo a la habitación. Buscó entre la ropa que le habían dado y se puso lo primero que combinaba y le gustó. Había cosas de ese vestuario que estaba segura que no iba a ponérselas porque eran horribles, pero otras se las estaba deseando poner. Se puso unos pantalones negros que le quedaban anchos y una camiseta blanca de mangas cortas con cordones ajustables en el escote. Para los pies cogió unas zapatillas deportivas blancas y simples y las dejó en la entrada, no sabía si iba a salir. Se fue corriendo al cuarto de baño y se soltó la melena, peinándosela con los dedos. Se delineó el contorno de los ojos de color negro y se puso rimel. No estaba muy convencida con el resultado pero escuchó una especie de alarma extraña y salió corriendo al salón. Encendió el televisor y vio a Nagase delante de la puerta de una de las chicas. Estaba guapísimo, sonriendo de oreja a oreja y moviéndose nervioso. Se había vuelto a peinar hacia atrás, y llevaba puesta una chaqueta de cuero que le quedaba de muerte. Cuando vio que pulsaba el timbre, sonó el suyo. Se quedó mirando la puerta inmóvil y cuando se levantó para abrirla vio en la televisión que a Nagase le recibía la chica rubia, la que le dio el empujón. Se había equivocado al escuchar el timbre. Decepcionada y un tanto triste se volvió a sentar en el sofá, pero volvieron a llamar. Escuchó una risa aguda que le era familiar y fue casi corriendo a abrir. Era Gussan.
– Ehhmm… – fue todo lo que le salió.
– ¿Puedo pasar? – le preguntó él. Por dios que le iba a dar algo, él también estaba guapísimo.
– Claro que sí – dijo ella riéndose – por favor – le señaló la mesa del salón. Se sentó frente a él, que la miraba sonriente.
– Evidentemente, hoy Nagase no te ha escogido a ti, pero que yo esté aquí es algo bueno.
– Lo es, sin duda – se rió nerviosa, sonó histérica o al menos eso le pareció a ella misma – lo siento, estoy un poco… ha sido todo muy rápido y no me he terminado de acostumbrar.
– No pasa nada, es normal – escuchó la risa de Nagase proveniente del televisor, lo miró sintiendo un nudo en el estómago, mezcla de celos, envidia y rabia.
– Un segundo – se levantó y lo apagó.
– ¿De verdad quieres hacer eso? ¿No quieres ver lo que pasa?
– Quiero saber que pasa pero no creo que pueda verlo – se sentía fatal. Estaba encantada con que Gussan estuviese allí pero…
– ¿Cómo es tu relación con las otras chicas? – se miró las manos, no estaba cómoda con la situación ni con la conversación.
– No muy buena – se le quedó mirando sin decir nada – no les gusto. Nada. Hablan entre ellas de mí a mis espaldas… bueno, en realidad en mi cara.
– ¿Y sabes el motivo? – le estaba buscando la lengua, pero recordó lo que le dijo Mabo y fue ella misma.
– Creo que es porque soy diferente. No me comporto como ellas y creo que no les gusta – Gussan le miraba seria y ella no sabía que hacer. Suspiró y cambió su expresión a una sonrisa.
– A lo que iba, te decía antes que eras afortunada de que estuviese contigo porque eso significa que estás entre las cinco favoritas de Nagase.
– ¿¡Yo?! – la chica abrió mucho los ojos y se señaló – ¿Por qué?
– Puedes preguntarle a él cuando venga.
– ¿Va a venir?
– Eso depende de él y de como salga la cita que tiene ahora mismo con Kaede san – sus ilusiones se esfumaron. La cita con esa chica saldría perfecta, era evidente – pues eso era todo. Te deseo suerte.
– Muchas gracias – dijo María levantándose, acompañándole a la puerta. Se había hecho de noche sin darse cuenta.
Una vez se hubo ido no sabía si alegrarse o sentirse mal. Era una de las favoritas de Nagase, desde luego eso era importante y algo muy bueno. Pero mientras que sus contrincantes fueran esas bellezas tan perfectas tampoco es que significase mucho. Sucumbió a la tentación y volvió a poner el canal. Les vio cenando en casa de Kaede. Ella estaba espectacular, bella. Se sonreían mutuamente y ella no paraba de charlar con alegría. Apagó el televisor, y tiró el mando al suelo tumbándose boca abajo en el sofá con las manos en la nuca. De haberla escogido a ella estaba segura de que no estaría tan feliz, ni tan alegre, ni le haría sentirse cómodo. Se planteó que demonios estaba haciendo allí.
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La chica era preciosa, no cabía duda alguna. Tenía una sonrisa perfecta, la forma de su cara y sus ojos eran muy bonitos y su piel parecía suave y delicada. Pero se estaba aburriendo de una manera horrorosa y la comida que le hizo no le volvió especialmente loco. Si el plato no hubiese llevado setas quizás le habría podido conquistar por ahí. Esa fue la primera gran decepción de las que sabía se iba a llevar, y aun así se quedó con ella toda la cena. Pero cuando le ofreció postre tuvo que negarse, no soportaba más escucharla hablar de si misma y de lo maravillosa que era. Se quería demasiado. Le dio las gracias efusivamente y ella le despidió de manera coqueta.
– Una lástima que el físico no lo sea todo – le dijo al chico con la cámara que tenía detrás cuando se dio la vuelta.
Se iba a ir, pero le dio curiosidad. Se pasó a ver que hacían las demás y todas estaban sentadas en los sofás mirándole a él caminar por fuera de sus casas. No podían saber si estaban delante de la suya o no porque el cámara le grababa desde un ángulo contrario. Las iba a observar a todas y pensaba ir a tomarse el postre con alguna de ellas. Nadie le había dicho que no podía estar con dos chicas el mismo día. Cuando llegó a la última casa estaba casi seguro de a que chica iba a visitar, pero cambió de opinión. No pudo evitar reírse al encontrarse a María en la misma posición que antes de salir corriendo ese medio día: con el mismo chándal gris y el moño en la cabeza, jugando a videojuegos. Le daba igual la cita suya con Kaede o no quería verla. Se acercó al cristal y la observó totalmente concentrada en el juego y justo al lado de ella tenía un montoncito de brownies. No necesitó más excusas. Se acercó a su puerta y llamó al timbre mirándola por la cristalera. Se le escapó la risa tonta cuando vio que daba un brinco y miraba la puerta extrañada. Se puso derecho cuando la vio venir despacio y le dedicó una sonrisa cuando le abrió la puerta. La chica abrió mucho los ojos y se llevó una mano a la boca.
– ¿Qué haces aquí? – preguntó ella. De todas las cosas que podía decirle era la que menos se esperaba. No llevaba maquillaje, se lo había quitado. A pesar de saber que era una de sus favoritas no tenía esperanzas en que él se presentase por allí y la verdad es que no estaba en sus planes en un principio. Se rió.
– ¿Cómo que qué hago aquí? Vengo a que me invites a ese postre que te estás tomando – se quedó unos instantes quieta, mirándole a los ojos sin poder moverse.
– ¿Postre? Ah, sí, pasa. Lo siento, no esperaba que fueras a venir y, ¡No! – se fue corriendo hacia la consola, su personaje estaba a punto de morir y le dio a la pausa.
– ¿A qué juegas? – preguntó Nagase quitándose la chaqueta, yendo al sofá tras ella.
– Al Resident Evil 6. Espera que te traigo una cuchara – fue dando una carrerita a la cocina, Nagase la observó y la vio resoplar nerviosa pasándose una mano por la frente. Se estaba mirando en el reflejo del tostador, intentando arreglarse algo. La chica era un desastre.
– ¿A qué campaña? – le dijo él quitando el pause y jugando por donde ella lo había dejado.
– A la de Leon y Helena – le dijo abriendo el frigorífico – estoy… voy a pasarme la primera misión – desde luego había jugado antes, sabía de lo que hablaba. Le dejó a su lado en la mesita de té un plato, una cuchara y un bote de leche condensada – supongo que querrás… no sé…
– Waaahh, sí, sí – soltó el mando y abrió el bote. Cogió un trozo del brownie y le echó bastante leche condensada por encima. Se llevó una cucharada a la boca y cerró los ojos, sonriendo satisfecho. Le encantaba. La miró y la vio sonreír por primera vez. El día anterior había estado tan nerviosa que su sonrisa era un tanto extraña, pero esa era de verdad. Y le gustó – Si quieres, solo si quieres – le dijo el tragando el pastel – pásate lo que te queda y a la siguiente misión jugamos los dos – la chica se mostraba tímida, aunque cuando la vio en el primer video no lo parecía en absoluto.
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Nagase la miraba con ojos alegres y la comisura de la boca manchada de leche condensada. El hecho de que ella hubiese provocado esa sonrisa en él ya fue más que suficiente para alegrarle el día. Le dio igual que antes hubiese estado cenando con otra, ahora estaba con ella y sonriendo.
– Vale – sentía que podía ponerse a gritar de un momento a otro de la alegría. Él no paraba de comer y de decirle lo que tenía que hacer, la estaba poniendo más de los nervios de lo que ya estaba. Le dio al pause y le miró, no quería parecer maleducada pero es que no podía más – Nagase-san, no me gusta que me digan que tengo que hacer cuando estoy jugando.
– Ah, lo siento – dijo pasándose la mano por la boca, se había comido todos los brownies y se estaba bebiendo la botella de agua casi entera. Directamente y de la misma botella que bebía ella. Le iba a dar algo.
– No pasa nada, no lo sabías – dijo ella volviendo a jugar. No pasaron ni cinco minutos que ya estaba otra vez igual – ¡Nagase-san, me estás poniendo histérica! – en todos los sentidos.
– Gomen[1], gomen – dijo riéndose. Se quedó callado un minuto – ten cuidado ahora que te salen dos por la izquierda, y recarga que no tienes munición – la chica le miró exasperada haciendo que se riese de esa forma que siempre se le pegaba. Ella también se rió.
– ¡Lo estás haciendo a propósito, para ya por favor!
– Es que quiero jugar – protestó él aún riéndose.
– Toma, pásate lo que queda – le dio el mando y se levantó a coger el otro – pero ni te pienses que voy a llevar a Helena después.
Nagase dio una carcajada y se quedó con la sonrisa en el rostro mientras jugaba, y bastante bien. Sabía que le gustaban los videojuegos pero no tenía ni idea de que fuese tan bueno. María se echó hacia atrás en el sofá y en vez de observar la partida le observó a él. Se puso serio y miraba la pantalla concentrado, echado hacia delante con los codos apoyados en las piernas. No podía despegar sus ojos del perfil del chico, de su nariz, de sus labios gruesos. Empezó a jugar con la cremallera de su chaqueta mientras le miraba, nerviosa, deseando tocarle. De vez en cuando se humedecía los labios con la lengua y María se sentía culpable de mirarle tan fijamente e intentaba mirar al juego. Pero sus ojos se desviaban hacia él. Llevaba una camiseta blanca de mangas cortas con un logotipo en el centro y en la mano derecha llevaba una muñequera roja, blanca y azul que le había visto puesta alguna vez que otra.
– ¿Eeeeeehh? Listo, en rango A – dijo cuando se pasó la misión, dándole con el mando en el hombro.
– No lo digas como si lo hubieras hecho tú – dijo ella sonriendo por la confianza que el mostraba a su lado – casi todo es cosa mía.
– Te he subido el nivel seguro – María negó con la cabeza sonriente mientras iniciaba sesión con el otro mando. Una vez puesto para dos jugadores, le quitó el mando a Nagase y le dio el que ella tenía. – ¿Eh? ¿Por qué me das este?
– Te he dicho que yo no soy Helena – se sentó en el suelo y Nagase se sentó junto a ella.
– Yo no voy a ser la chica, no tiene sentido – intentó quitarle el mando pero ella lo alejó de su alcance, estirando su brazo y agarrándole a él de la muñeca. Fue a cogerle de la muñequera pero le tocó directamente el brazo. Estaba calentito y le entraron unas ganas de abrazarle insoportables.
– Yo siempre he sido Leon – dijo ella mirándole a los ojos
– Hoy no – intentó cogerle del brazo con la otra mano para quitarle el mando pero María lo puso bajo su cuerpo, dándole la espalda mientras se reía. Si quería coger el mando iba a luchar, y de paso la tocaba un poco – ¡Soy tu invitado! ¿Qué modales son esos?
Cogió a María de las muñecas y le quitó el mando, pero ella no se estuvo quieta, se puso de rodillas en el suelo estirándose para quitarle el mando a Nagase, que alejaba su mano de ella dando grititos sofocados, diciéndole que no mientras se reía a carcajadas. Apoyó una pierna en sus rodillas, su mano derecha en el hombro de él y tiró de su brazo con la izquierda hacia ella. El otro mando se cayó al suelo y Nagase le apretó la cintura varias veces con la otra mano, haciéndole cosquillas y haciendo que sus piernas se aflojasen. María se volvió agarrándole con su mano izquierda para que parase de hacerle cosquillas y cuando se quiso dar cuenta sus caras estaban demasiado cerca. Nagase se había despeinado, le caían mechones de pelo ante los ojos y María no pudo evitar quedarse embobada mirándole. Ambos se reían, ella mirándole desde arriba con una mano en su hombro y la otra en su muñeca, y se le olvidó el mando al ver que Nagase le dejaba de sonreír poco a poco mirándole la boca y a los ojos.
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No tenía ni idea de porqué, pero estaba como una moto. Le entraron ganas de tumbar a la chica en el suelo, de hacerle de todo allí mismo con cámaras o sin ellas. Se le había bajado la manga de la chaqueta y se le veía un hombro y el escote; quiso meter la cara. Quiso pasar la lengua por su piel, morderle, hacerle gemir. Pero se pensó dos veces donde estaba y volvió a sonreír.
– Te dejo ser Leon porque has luchado con ganas – le dio con el mando en la nariz y ella se sentó derecha a su lado, sonriendo avergonzada.
Miró la pantalla mientras tragaba saliva y cogiendo el mando que le daba Nagase. Él cogió el otro mientras ella se colocaba bien la chaqueta y ponía la partida. Ahora sí que se lo estaba pasando bien. Los dos se complementaban jugando, mientras que él disparaba de lejos con rifles y granadas ella iba a la acción de cerca. Era buena jugando y probablemente se había pasado el juego alguna vez. Entre tanto charlaban de videojuegos, de a lo que habían jugado, desde cuando llevaban jugando y cosas de esas. Conoció algunas cosas de la vida privada de la chica y ella algunas cosas suyas que le sorprendieron. Cada vez que le contaba algo sobre él se quedaba mirándole totalmente atenta. Hablaron muchísimo, se les pasaron las horas volando y de repente se dio cuenta de que María no paraba de bostezar.
– ¿Quieres acostarte? – le preguntó al terminar la penúltima misión – ¿Me voy?
– No, no te vayas – le miró negando con la cabeza pero claramente estaba muerta de sueño – no hace falta que te vayas, estoy bien.
– Vamos a hacer una cosa, túmbate en el sofá y cuando me pase la última misión me voy, ¿Vale? Y te dejo dormir tranquila.
– Estás enganchado – dijo riéndose – pero que no me molestas, de verdad – claramente ella quería que se quedase a dormir con ella, pero no podía hacer eso.
Al menos no de momento. Los de arriba le dijeron que no podía besar a ninguna en toda la semana y mucho menos acostarse con ellas. Al fin y al cabo era para la televisión japonesa. La chica se tumbó en el sofá tras él mirando la pantalla y Nagase se echó hacia un lado para que ella viese bien el juego. De vez en cuando le daba consejos y soltaba exclamaciones cuando algo le salía mal. Y seguían charlando, pero ella cada vez hablaba menos. En la siguiente escena de vídeo, Nagase sintió que se le ponían los pelos de punta. María le estaba acariciando la nuca con las yemas de los dedos, jugando con su pelo. Cerró los ojos sonriendo, le gustaba esa muestra de cariño tan simple. La miró y se la encontró mirándole medio dormida, y al girar la cara, los dedos que tenía antes en su nuca le rozaron la mejilla. Ella retiró un poco la mano y separó los labios de la sorpresa, pero unos segundos después rozó igualmente su mejilla con los dedos, acariciándole. Dejó caer la cara en la mano de la chica, mirándola con curiosidad mientras ella le miraba en silencio. No sabía que tenía, pero le encantaba, le gustaba mucho y solo la conocía de unas pocas horas. De no ser por la vibración del mando le habrían matado. Volvió a centrar su atención en el juego, cuando realmente lo que quería era tumbarse en el sofá a su lado. O encima suya. Resopló a los pocos minutos cuando se pasó la última misión y cuando fue a hablar con ella se la encontró dormida. Después de guardar la partida apagó la consola y la televisión. Fue hasta el cuarto de María y destapó la cama. Se acercó al sofá y pasó uno de sus brazos bajo los hombros de esta y el otro bajo sus piernas, y aunque lo hizo con cuidado la chica se despertó al levantarla.
– ¿Qué haces? – dijo agarrándose a él sin mirarle a la cara, Nagase la miró y automáticamente desvió la vista al frente. En esa posición tenía una vista de su escote perfecto – Peso mucho, déjalo voy andando.
– No pesas tanto – dijo riéndose, además le gustaba tocarle. Ella se agarró con fuerza a su camiseta, sintió como le miró y se estaba poniendo ridículamente nervioso. La dejó caer en la cama y la miró a la cara. Ella le estaba mirando con los ojos como platos, se había espabilado del todo. Sintió los dedos de la chica rozarle la mano que aún tenía dejada caer en su barriga. Le estaba poniendo las cosas muy difíciles.
– Gracias por venir esta noche – dijo casi en un susurro – me ha gustado muchísimo estar contigo.
– Ah, no me las des. Me lo he pasado muy bien.
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El la miraba desde arriba, los mechones de pelo le caían hacia adelante y María siguió su impulso, estiró la mano y le puso un mechón tras las orejas, acariciándole con las uñas. Tenía tantísimas ganas de besarle… pero no se atrevía a dar el primer paso, si la rechazaba se moriría. El no dejaba de mirarla y ella bajó sus manos, pegándolas al pecho cuando le tapó. Después de suspirar, Nagase acercó su cara a ella mirándole los labios, pero se paró a medio camino justo cuando ella abría los suyos para recibirle. El corazón se le iba a salir del pecho, estaba tan cerca que solo tenía que incorporarse un poco para besarle. El subió su mano y le tocó los labios con las puntas de los dedos, María respiraba acelerada.
– Creo que deberías de ir al servicio – le sugirió Nagase
– ¿Cómo?
– Antes de dormir, ve al servicio.
– Pero… – Nagase la miraba con intensidad, alzó las cejas.
No sabía qué estaba queriendo decirle exactamente pero le hizo caso y se levantó. Se metió en el servicio, sin ganas realmente de hacer nada, preguntándose que estaba pasando. No escuchaba a Nagase y abrió la puerta para asomarse a ver si le veía. No pudo salir de allí, la empujó de nuevo dentro y cerró la puerta a su espalda. La agarró del pelo de la nuca y de un hombro cogiéndola totalmente por sorpresa y besó sus labios intensamente. María se apoyó en el lavabo porque casi la tira al suelo, pero en cuanto recuperó el equilibrio le pasó los brazos por los hombros. Nagase miraba su boca, la miraba a los ojos y la besaba breve y dulcemente una, y otra, y otra vez. Ella le agarró del pelo mientras escuchaba la vibración de un teléfono. Sintió la punta de la lengua de Nagase rozar la suya y gimió débilmente, quería tocarle por todas partes, quería que él la tocase. Cuando ella le metió la lengua en la boca, él jadeó intensamente, devolviéndole el beso, respirando en su boca y apretándose contra su cuerpo. Pero se separó de ella, respirando aceleradamente y contestando al teléfono.
– ¿Qué?… ya lo sé pero… no me da igual, pero es que… – la miró con seriedad pasándose una mano por el pelo – ¿Y qué pasa si no lo hago?…. – miró al suelo, parecía molesto. Chasqueando la lengua colgó el teléfono y la miró. Quería tirarse a sus brazos de nuevo, pero no sabía qué pasaba. Se agarró los brazos mirándole, muy nerviosa.
– ¿Qué…
– No puedo hacer esto. Pero necesitaba hacerlo
– ¿Besarme? – dijo ella en un susurro. El asintió.
– Lo siento, tengo que irme – y de verdad parecía que lo sentía. Antes de que saliese del baño, ella le agarró de la muñeca. Se giró para mirarla – María-chan… – le encantaba como sonaba su nombre en sus labios.
– No sé como va a acabar esto – le dijo – pero de verdad me gustaría que te quedases conmigo – iba a contestarle algo pero ella le cortó – Sé que es muy difícil, las chicas son impresionantes y tú hoy has entrado aquí por casualidad. Bien podría haberte pasado esto con otra, con Kaede, por ejemplo. Ni si quiera se porque me has… – Nagase puso los dedos en los labios para que se callase. En el baño no había cámaras, pero sí micrófonos. Le sonrió, pellizcando sus labios con los dedos y besándole la mejilla después. Ella cerró los ojos y giró la cara buscando su boca, pero él salió del servicio rápidamente, yéndose hacia el pasillo y de allí a la calle. María se miró en el espejo del baño, tocándose los labios con sus dedos, sonriendo.
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– ¿Estás loco? ¿En qué estabas pensando? – dijo su manager una vez estuvieron solos.
– Simplemente…
– No quiero excusas Nagase, le debes todo a esta empresa como para estropearlo solo por un calentón. La conoces de una noche, ¿Por qué has tenido que besarla?
– Yo no he pedido que me metan en un concurso como este. De repente me veo obligado a tener citas con un grupo de chicas totalmente desconocidas acatando unas normas que no van conmigo. Y lo sabes.
– Déjalo. Da igual – dijo haciendo gestos con las manos – No vuelvas a hacerlo. Vete a casa y duerme.
Se levantó enfadado, no quería hablar con nadie, solo quería irse a su casa. Miró el reloj, eran las seis de la mañana. Llevaba dos noches sin dormir, si seguía así se iba a poner malo. Justo antes de meterse en el taxi aguantaron la puerta, era Mabo.
– ¿Qué haces aquí todavía? – le dijo metiéndose en el taxi con él.
– Eso mismo te puedo preguntar yo.
– Me entretuve charlando con una de tus chicas, de las expulsadas – alzó las cejas. Los dos sabían que quería decir eso de charlando – ¿Y tú qué?
– Cené con Kaede-san, pero me aburrí. Muchísimo. Y es una pena porque es preciosa.
– Ya te lo dije, es todo superficial.
– Y después he estado con María hasta hace diez minutos más o menos – Mabo le miró sonriente.
– ¿Y que tal? ¿Te gusta o no? – Nagase rió brevemente expulsando el aire por la nariz, mirando por la ventana.
– He estado a punto de desnudarla en su cuarto de baño – Mabo le dio un empujón.
– ¿¡Qué dices?! ¿Estás loco? ¡Sabes que no puedes!
– Ya. No sé por que tengo este impulso, es… me atrae muchísimo su forma de mirarme.
– Si a mi me miraran como te mira ella tampoco es que me lo tuviese que pensar mucho. ¿Te ha dicho algo tu manager?
– Me tuve que ir porque no paraba de llamarme, la he dejado plantada de mala manera.
– No es culpa tuya – se quedó callado un rato, mirando por la ventana – ¿Llegaste a hacer algo? Ya sabes…
– No. Solo la he besado. O ella me ha besado a mi, no estoy muy seguro – Mabo se rió – digamos que empecé yo a besarla y ella siguió. Con lo tímida que parece…
– Yo diría más bien insegura – Nagase le miró – las chicas no le tratan especialmente bien, no sé si te has dado cuenta. Lo he hablado con Gussan, parece ser que no la aceptan. Y si han visto lo de hoy…
– No lo han podido ver, ha sido en el baño.
– Mira que eres listo… ¿Y qué habéis hecho toda la noche que te ha tenido tan entretenido?
– Jugar a la consola y charlar. Es una chica muy interesante la verdad.
– Te quedan tres por conocer, que no se te olvide.
Nagase alzó las cejas, suspirando. Le quedaban tres, si, pero en ese momento solo tenía a una en mente.


[1] Lo siento

Día 3

Cuando abrió los ojos lo primero que pensó es que lo había soñado todo. Se había quedado dormida en el sofá y su mente habría hecho el resto. Se había dejado la televisión y la consola encendida, el mando estaba sin batería y en el suelo y a ella le dolía el cuerpo por haber dormido en el sofá. Miró el reloj de la pared, eran casi las cuatro de la tarde. Se puso derecha y cogió la botella de agua que tenía a los pies, casi vacía. Se bebió lo que quedaba y mientras bebía vio en la mesa de té los dos platos de la noche anterior y el bote de leche condensada vacío. Miró la botella, pasándose la lengua por los labios. No había soñado una mierda, le había pasado, era real. Tan real como la chaqueta de Nagase que estaba apoyada en el sofá, se la había dejado en su casa.
            La cogió y la llevó al perchero de su habitación, pero antes de colgarla se la llevó a la nariz. Tuvo que dejarse caer en la pared, olía muchísimo a hombre, a su colonia; a él. Se llevó un buen rato con los ojos cerrados, aspirando su aroma, imaginando situaciones que le mojaron las bragas. Cuando ya tenía la nariz saturada con su olor la dejó en la percha. Cogió ropa (decente, no un chándal) y se metió en la ducha. Una vez dentro se puso a pensar en lo del día anterior. Llegó un momento de la noche que estaba tan cómoda con él que no vio raro hacerle las cosquillas en la nuca, pero pensándolo en ese momento… le podría haber molestado. Aunque por suerte hizo el efecto contrario, se quedó mirándola, incluso acercó la cara a su mano. Y lo de después… le entró la risa floja al recordarlo. Si cerraba los ojos podía recordar a la perfección la sensación de sus labios, el sabor de su lengua, como la miraba a los ojos, el calor de su cuerpo cuando se apretó contra ella. Dio un gritito histérico, terminando de ducharse con una sonrisa de oreja a oreja. Quería volver a verle, quería estar sola con él de nuevo. Se moría de ganas por que sonase el teléfono.
********************
No le gustaba mucho, pero se tuvo que tomar un café porque se iba a caer en el sitio y debía estar fresco para atender a las chicas. Ese día le iban a preparar algo de cenar y él, sin saber quien era la autora del plato, tenía que elegir entre los cinco que le ofrecían. Y se iría a la casa de la chica elegida. Estaba tumbado en la mesa del estudio, con una mano sobre la cabeza y agarrando el café con la otra.
– Que mala cara Nagase, las chicas se van a ir espantadas – le dijo Taichi sentándose a su lado.
– ¿Qué haces aquí?
– Soy parte de la prueba, yo y los otros tres. Pero si no te lo han dicho yo no digo nada tampoco – dijo riéndose – Por cierto, por lo que me han contado intuyo que el programa no va a durar más de una semana.
– Eso depende de lo que te hayan contado.
– Que hubo un acoso en cierto cuarto de baño “europeo” – lo dijo subiendo las cejas varias veces. Nagase sonrió.
– No vas mal encaminado.
– ¿Y qué vas a hacer?
– Conocer a las demás. Quizás alguna de ellas me llame más la atención.
– Pues no te veo muy convencido de lo que estás diciendo.
– No lo estoy. Pero no me queda más remedio – suspiró.
**********************
Probablemente todas las chicas, si tenían dos dedos de frente, estaban haciendo un plato de ternera. Sería lo lógico teniendo en cuenta que era la comida favorita de Nagase. Ella se decidió por un plato que le salía realmente bien, un guiso de ternera con patatas como lo hacían en su casa desde que era pequeña. Lo hizo a fuego lento a pesar de que no tenía mucho tiempo, pero quería que le saliese perfecto. Agradeció el delantal, porque ya estaba vestida y no quería mancharse. Se había puesto unos pantalones cortos rojos y un jersey largo negro de punto con un buen escote. No se había pintado mucho pero se había esmerado en ponerse todo lo guapa que pudo. Justo cuando pensó que el plato estaba listo, sonó la alarma. Apagó el fuego, apartó un plato como le dijeron en las instrucciones y lo dejó en donde le ordenaron. Se sentó en el sofá y encendió la televisión.
            Al verle le salió sola una sonrisita, estaba muy guapo pero parecía cansado. Quizás no había dormido la noche anterior, que teniendo en cuenta a la hora que se fue no le extrañaría. Le fueron enfocando uno a uno los platos de las chicas. Como las cocinas eran todas iguales no se sabía de que casa se trataba. Veía su expresión y por su cara tenía que estar muerto de hambre. Y no era raro, los platos tenían una pinta estupenda. Como ella adivinó todos eran de carne menos uno, que estaba hasta arriba de verduras. Cuando los vio todos se echó hacia atrás, sonriente.
– Que difícil… tienen todos un aspecto delicioso.
– Elige el que más se te apetezca – le dijo Leader.
– Me gustan dos… pero me voy a quedar con el tercero – era un plato de costillas al horno que si tenía que ser sincera, ella también lo habría escogido. Enfocaron a la autora del plato, que sonrió llevándose una mano a la boca e inclinándose en el salón de su casa una y otra vez. Por lo menos no era la rubia…
*******************
Con esa chica no había estado aún. Por una parte le dio un poco de rabia que no fuese el de María pero en realidad era mejor así. Si volvía a estar solo con ella no sabía que podía llegar a pasar.
– Ahora viene la segunda parte, la que nos gusta a nosotros – dijo Leader – nos tienes que mandar a cada uno a cenar con las chicas.
– ¿Sin saber quién es quién?
– ¿Y eso qué más da? – le dijo Taichi. Importaba bastante, no era lo mismo que Gussan cenase con María a que lo hiciese Mabo.
– Leader con las verduras, sé que te gustan más – le tocó con Kaede que sonrió como siempre – Mabo, te vas a ir con la chica del plato de udón de ternera – enfocaron a otra de las chicas, tampoco era María y suspiró un poco más tranquilo.
– Gussan  el de la ternera con verduras y Taichi con el guiso.
Y fue a Taichi al que le tocó con María. Cuando la vio con los pantalones cortos le dio  más rabia no ser él quien estaba con ella. No había tenido oportunidad de verle las piernas aún aunque sospechaba que el cuerpo de la chica sin ropa tenía que ser espectacular. Solo de imaginárselo se le aceleró un poco el pulso. Todos parecían estar contentos. Se pusieron en marcha mientras las veían poner las mesas, quitándose los delantales y yendo al servicio a ponerse más guapas de lo que ya estaban.
– ¡Que aproveche! – dijo Mabo alejándose de él cuando llegó a la primera puerta, que era donde estaba la chica con la que le tocaba cenar.
– No te preocupes – le dijo Taichi – le miraré las piernas por ti – Nagase chasqueó la lengua y llamó al timbre.
**********************
Aunque no era Nagase estaba muy nerviosa por tener que cenar con Taichi. En realidad lo estaría con cualquiera de los cinco, pero estaba especialmente contenta de que fuera él. Taichi era muy divertido, le encantaba su forma de ser. Cuando llamó a la puerta le abrió con una sonrisa a la que él respondió. Era tan lindo que le entraron ganas de abrazarle.
– ¡Uaaahh que bien huele! – dijo al entrar
– Espero que sepa mejor – le dijo ella con una sonrisa poniéndole el plato por delante.
– Suge[1]… – susurró – itadakimasu[2] – cuando María cogió la ternera con la cuchara vio que se desmenuzaba, le había salido perfecto. Taichi abrió mucho los ojos – ¡Umai[3]María-san!
– Gracias – le dijo ella muy contenta. La verdad es que estaba de muerte, no iba a negar lo evidente. Se llevó un rato sin hablar mientras comía, susurrando “umai” a cada momento.
– ¿Sabes? Si Nagase te hubiese escogido y hubiese probado esto te habría pedido matrimonio al instante. Estoy seguro de que le encantaría.
– Siempre puedo congelar lo que ha quedado por si acaso – le dijo.
– Deberías. Y si no se lo come él, me lo como yo – ella se rió, Taichi no paraba de comer y hasta que no se acabó el plato apenas hablaron – siento no haberte dado conversación pero tenía que comerme esto.
– No pasa nada, si no se habla a la hora de comer es porque la comida está buena ¿No?
– Te gusta cocinar ¿Verdad?
– Me gusta más comerme la comida, si te tengo que ser sincera – dijo haciéndole reír – me moría de la envidia cada vez que os veía comiendo cosas tan ricas en DASH o en Kakeru[4].
– ¿Llevas mucho viviendo en Japón?
Estuvieron casi una hora charlando sin parar, Taichi era realmente entretenido y al ser tan abierto y descarado era fácil mantener una conversación. Salía prácticamente sola. Cuando iban a llegar a la segunda hora de charla – antes de eso le había puesto por delante un flan que había en el frigorífico – escucharon que llamaban a la puerta.
– Es para ti – le dijo Taichi comiéndose el flan y provocándole la risa. Se levantó preguntándose si sería alguno de los chicos y al abrir la puerta el corazón le dio un vuelco.
– ¡Hola! – le dijo Nagase con una sonrisa. No se podía creer que ya hubiese acabado de cenar con la otra.
– Oe, ¿Qué haces tú aquí? – Le dijo Taichi desde la silla – es mi cita, mi-ci-ta – dijo señalando a la chica que volvió a reírse.
– Ya, ya veo, lo siento mucho – Nagase se inclinó brevemente ante María con una sonrisita – no quería interrumpiros pero venía a por mi chaqueta, me la dejé ayer.
– Ah sí. Pasa y cierra la puerta que hace frío – mientras fue al cuarto los escuchaba hablar.
– ¿Estaba bueno? – le preguntó Nagase.
– Eres tonto, te habría encantado. Te conozco y tenía un sabor que te habría vuelto loco – antes de ir al salón de nuevo, volvió a llevarse la chaqueta a la nariz. Echó el aire mordiéndose el labio y fue con ellos.
– Toma, te tuviste que ir con frío – dijo dándole la chaqueta.
– No exactamente – María alzó las cejas y le salió algo parecido a un resoplido mezclado con una risa nerviosa, escuchando como Taichi se reía – ¿Y yo no tengo flan? – dijo Nagase mirando a Taichi.
– Ayer te comiste toda la leche condensada ¿y ahora quieres flan? – le dijo ella sonriendo.
– ¿Te han dejado con hambre Nagase? – preguntó Taichi, María se mordió el labio para no reírse – porque yo he comido mejor de lo que me esperaba.
– No me han dejado con hambre, baka. Estaba bueno para morirse, he repetido incluso.
– ¿Y si estaba tan bueno que haces aquí? – le dijo Taichi.
– Solo venía a por esto. Me voy de vuelta con ella, le he dicho que iba a volver y no quiero dejar a una chica tan guapa plantada.
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Realmente no quería irse pero no paraba de buscarle las cosquillas. Vio que Taichi miraba a María, torcía el gesto y le miraba a él de vuelta.  Cuando miró a la chica ya no sonreía, tenía el pelo hacia un lado y se había sentado en la silla mirándose en el espejo, con aspecto desilusionado. Suspiró dándole golpecitos al flan que tenía delante y cuando se dio cuenta del silencio les miró, sonriéndoles.
– ¿Qué? ¿Me habéis hablado? – Nagase se sintió un poco culpable al verla así.
– María-san, ha sido una cena estupenda pero me muero de sueño y mañana tengo que trabajar temprano – dijo Taichi levantándose – Muchas gracias por todo.
– No, muchas gracias a ti por venir – se puso de pié y se inclinó ante él – me lo he pasado muy bien, hacía tiempo que no me reía tanto.
– ¿Vamos Nagase? – Nagase asintió y se despidió con la cabeza de la chica, que les acompaño hasta la puerta suspirando de nuevo. Cuando iba a cerrar, se dio la vuelta y paró la puerta con la mano, mirándola a los ojos.
– ¿Vas a estar despierta? – la chica alzó las cejas levemente y miró hacia un lado.
– No lo sé ¿por qué? Estarás ocupado ¿No? – dijo volviendo a mirarle, un poco enfadada. Iba a contestarle cuando sintió su teléfono vibrando en el bolsillo.
– Por nada. Buenas noches.
La vio entrar en la casa hasta su habitación, cerrando la puerta de esta también y de un portazo. En realidad su cita con Reika estaba yendo muy bien. La chica era muy bonita, era lista y tenía un tema de conversación más variado que el de Kaede y además su comida estaba deliciosa. Pero no sentía esa atracción que sentía hacia María y no lo entendía. Cuando llamó de nuevo a la puerta de su cita, estaba totalmente desganado.
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María se había tapado con la manta hasta arriba, ni si quiera se había quitado la ropa. Se arrepentía de haberle hablado mal, si no lo hubiese hecho quizás él le habría dicho de ir a verla por la noche. Ella sabía que las otras chicas eran hermosas, no sabía porque le había molestado tantísimo que lo dijese. Además, era su cita de esa noche, no podía pretender tenerle en la casa todos los días y si iba esperando eso lo iba a pasar mal. Pero es que cuando le vio en la puerta se puso realmente contenta, albergó esperanzas de que su cita hubiese salido mal y se hubiese querido quedar con ella. Cogió el mando, y encendió la televisión del cuarto. Y allí estaban los dos charlando y tomándose el postre, la chica era realmente bonita, llevaba razón. Y el postre lo había hecho ella, nada de brownies de paquete como los suyos. Y estaban hablando de motos, la muy cerda sabía de motos y Nagase estaba totalmente entusiasmado con la conversación. Cuando ella se levantó para ir por algo a la cocina, vio (todo el que estuviese mirando lo vio) como Nagase se quedaba mirándole el culo. En ese punto apagó la televisión, muerta de rabia y de celos. Se levantó, fue al salón, y cogió la consola con sus cables y los mandos para instalarla en el cuarto. Iba a jugar ahí metida entre las sábanas hasta la hora que le diese la gana. Si por lo menos Taichi se hubiese quedado, no se habría sentido tan sola.
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Ya había llegado el momento que no quería que llegase. Se habían quedado sin tema de conversación y estaba siendo víctima del silencio incómodo más largo de la historia. La chica le miraba y sonreía, pero nada más. ¿No había un término medio? ¿Que no hablase sin parar pero que tampoco se quedase muda sin decir nada? A lo mejor estaba esperando algo… pues se iba a quedar esperando.
– Bueno, creo que es hora de que me vaya – le dijo – muchas gracias por todo Reika-san.
– Gracias a ti por escoger mi plato. Me alegra mucho que te haya gustado – le acompañó hasta la puerta y cuando se iban a despedir le dio un beso en la mejilla. Nagase dio un respingo, no se lo esperaba – Hasta luego – dijo mirándole con una sonrisa inocente.
Le daba la impresión que esta chica de inocente no tenía nada. Pero aun así… le faltaba algo. Salió de la casa y sintió su teléfono vibrar, como fuera su manager iba a explotar. El beso no lo había dado él, no le podían decir nada.
– ¿Qué? No he hecho nada malo.
– Pues deberías – era Mabo – que sepas que estoy escondido para contarte esto, pero vete a casa de María ya.
– ¿Eh? ¿Pero qué dices?
– Está metida en la cama, reliada en las mantas jugando a la consola y por lo que me han contado los chicos que estaban aquí, se ha llevado un rato llorando, así que ve a consolarla.
– No puedo – miró hacia la casa de la chica al final de la calle. La luz estaba apagada.
– Te vas a controlar y le vas a hacer compañía. Dice Taichi que es una de las mejores chicas con la que se ha encontrado en su vida, que tiene que contarte cosas de ella que te van a gustar mucho. Ya somos dos los que lo decimos Nagase, y a ti te encanta. Así que deja de hacer el tonto y hazla feliz aunque sea una noche. ¡Y contrólate! No es tan difícil.
Mabo le colgó y él se quedó mirando el teléfono en medio de la calle como un idiota. La cámara le grababa constantemente y le estaba entrando frío de estar allí fuera. Resopló y fue a la casa de la chica. Cuando llevaba la mitad del camino su teléfono empezó a vibrar. Al llegar a la casa se encendió la luz del salón y la vio entrar en la cocina, desanimada, metiendo el flan y la comida que había sobrado en el frigorífico y cogiendo una botella de agua. Llamó al timbre mientras se sacaba el teléfono del bolsillo, apagándolo. Abrió la puerta y le miró con esos ojos enormes que tenía, cogiendo aire.
– ¿Qué se te ha olvidado? – soltó el aire por la nariz sin mirarle, siempre le sorprendía.
– ¿Jugamos con Chris o con Sherry? – dijo entrando en la casa, quitándole la botella de agua de la mano, abriéndola y bebiendo. Se quitó los zapatos y la chica cerró la puerta despacio.
– No entiendo nada Nagase-san – le dijo ella frunciendo el ceño – tu cita iba muy bien.
– Sí, pero ya se ha acabado.
– Tú has decidido que se ha acabado – la miró sin comprender.
– ¿Quieres que vuelva con ella? – ella le quitó la botella de agua.
– Ya sabes que no – y se fue hacia su habitación. Nagase fue tras María, sorprendido del carácter de la chica. No iba a perdonárselo todo de buenas a primeras, era bueno saberlo. Y le gustaba que no se conformase si una situación le desagradaba.
– ¿Por qué exactamente estás tan enfadada? – lo sabía, pero quería hablar.
– No estoy enfadada, estoy confusa – dijo sentándose en la cama. Estaba jugando con Jake – no entiendo por que has venido.
– Quería verte, quería estar contigo como ayer – a María le cambió la expresión, mirándole a los ojos con los labios entreabiertos, sorprendida.
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– Te van a matar – le dijo señalando la pantalla.
– Yo creía… no sé… – estaba totalmente convencida de que estaría besando a la otra chica como le besó a ella. O  haciendo más cosas. Y de repente aparece por su casa como si no hubiese pasado nada, con ganas de jugar a la consola y ‘de estar con ella’.
– Pásate ya esta misión – dijo Nagase echándose hacia atrás en la cama, apoyando la espalda en el cabecero – quiero jugar – María miró la pantalla e intentó seguir, pero no se concentraba. No sabía que pensar. Y de repente sintió las manos de Nagase en la cintura, tirando de ella – apoya la espalda o te va a doler después.
Tardó un buen rato en pasársela y aunque al principio Nagase empezó a chincharle diciéndole lo que tenía que hacer, (ella no se quejaba, estaba molesta y no le iba a seguir el juego), de repente se quedó muy callado. Al pasarse la misión le miró y se lo encontró dormido, con la cabeza echada hacia delante y las manos en el regazo. Lo primero que hizo fue bajar el volumen de la televisión y después le miró con más detenimiento. Estaba muy dormido, tan dormido que cuando le puso la manta por encima no se despertó. Entre suspiros, observó su amplio pecho moverse al compás de su respiración pausada. Le dejó dormir y ella siguió jugando. Pero un ratito después le sintió cambiar de postura y le vio tumbarse en la cama de lado, destapándose entero de nuevo. Sonrió y tiró de la manta, poniéndosela sobre los hombros porque aunque estaba vestido no quería que cogiese frío. Dormía mirando hacia ella y estaba tan guapo que se quedó embobada observándole. Y en ese momento se olvidó de las cámaras y de todo lo que le rodeaba, se agachó recogiéndose el pelo para no hacerle cosquillas, y después de mojarse los labios, los rozó con los de Nagase.
            Tampoco se despertó, ni si quiera se movió. Apagó la consola y la televisión, tenía la lámpara de la mesa de noche encendida y se tumbó frente a él, acercándose a sus labios. Le tocó el mentón suavemente con los dedos, podía despertarse en cualquier momento pero no quería dejar pasar la oportunidad. Se quedó un buen rato observándole, perdió la noción del tiempo mirando su boca, como respiraba con tranquilidad y sintiendo su aliento en los labios. Después de darle otro breve y dulce beso, que a pesar de no ser correspondido le puso el corazón a cien,  se acurrucó junto a él, tapándose con la misma manta. Sabía que no iba a dormirse con facilidad, lo único que quería era sentir su calor y vivir un rato la ilusión de que era completamente suyo. Apretó la cara contra su pecho y se agarró de su camiseta, oliéndole, sintiéndose completamente feliz.
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Se despertó y se encontró a si mismo tumbado de lado, con María junto a él. No veía la cara de la chica porque estaba pegada a su pecho pero se puso nervioso. Quería abrazarla, pero no quería tentar a la suerte. Quería quedarse a dormir allí, estaba tremendamente cómodo y calentito, pero era muy arriesgado. Y mientras pensaba, ella alzó el rostro y le miró, sorprendiéndose de que estuviera despierto.
– Ah, lo siento Nagase-san – dijo separándose un poco – es que… te vi dormido y…
– ¿Y me abrazaste? – la chica se mordió el labio sin mirarle a la cara. Cada vez que la miraba le parecía más bonita – no me molesta. Ven – le pasó el brazo sobre los hombros y se acercó a ella. María le pasó el brazo por la cintura, apretándole con fuerza.
Agradeció estar vestido y no notar su cuerpo más de lo que lo estaba notando, sabía lo que tenía que hacer pero no quería irse. No entendía porqué tenía que irse si no estaban haciendo nada malo. Sonrió y cerró los ojos, dejándose llevar por el sueño de nuevo y oliendo el pelo de la chica. Pero no pudo dormirse, había bebido muchísima agua esa noche porque las costillas estaban muy saladas y ahora necesitaba ir al baño con urgencia. Se separó de ella y la miró. Así como estaba, tumbada en la cama boca arriba con las manos en su pecho, era la tentación más grande que le podían poner por delante.
– Voy al servicio un momento, ahora vengo – iba a volver, ya lo creía que iba a volver. No sabía como se estaba controlando, pero si seguía así quizás podía pasar la noche con ella. A no ser que a ella se le ocurriese besarle o hacerle algo. No podía quedarse, iba a pasar algo seguro. Se miró en el espejo del baño antes de salir, tenía una cara de dormido increíble. Cuando volvió al cuarto se la encontró sentada en la cama  mirándose las manos. Le miró al verle en la puerta. – María-san, tengo que irme – ella asintió mirando hacia un lado, muy seria.
– ¿No quieres o no puedes quedarte? – le preguntó.
**********************
Nagase no le respondía, fue a hablar varias veces pero se quedaba callado. María sabía lo que tenía que hacer si quería conquistarle del todo. Sabía que tenía que tomar la iniciativa si quería que Nagase solo pensase en ella, pero le costaba hacerlo. Si le rechazaba… pero tenía que dejar los miedos a un lado. Se levantó de la cama y se acercó a él despacio, mirándole a los ojos y a los labios. Se quedó inmóvil mientras ella se acercaba y cuando se sacó el jersey por la cabeza, quedándose en sujetador, se le abrió la boca mientras le miraba los pechos con descaro.
– María, no – dijo mirando hacia el lado. Se frenó un poco, pero no iba a desistir. Se había dado cuenta de como la había mirado un momento antes en la cama, sabía que lo quería igual que ella.
– Ven a la cama – le dijo ella agarrándole la mano, Nagase no la miraba tenía los labios apretados y se pasó la mano por el pelo – Nagase-kun, ven conmigo. No me dejes sola otra noche.
La miró de arriba abajo, muy serio. Ella tiró de su mano e hizo que le tocase la cintura, Nagase no se movía, no le acariciaba ni la agarraba. Pero tampoco alejaba su mano, ni se iba. Se acercó a él, apretó sus pechos contra su cuerpo y puso las manos alrededor de su cintura, abrazándole. Se le pusieron los bellos de punta al sentir las yemas de los dedos de Nagase recorrerle la espalda desnuda hasta el trasero. María le miró, él la miró a la cara respirando agitadamente y negando con la cabeza. Su manos se pararon donde estaban, sin apretarle ni moverlas. Estaba dudando muchísimo y no tenía ni idea de porqué.
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Se tenía que ir pero no porque no quisiese estar con ella, si no hubiese cámaras de por medio la chica ya no tendría ropa. Y ya casi no tenía, no le dio un infarto de milagro al verla quitarse el jersey, estaba tremendamente buena. Pero si se marchaba le iba a hacer daño. Se iba a sentir rechazada y él no quería eso.
– María-chan, no puedo.
– ¿Pero quieres? – le susurró ella mientras miraba sus labios. Acarició su mejilla dándole a entender que quería.
– Pero no puedo – Ella sonrió levemente, se puso de puntillas y le besó en la mejilla. El problema fue que al separarse se quedó mirándole muy de cerca.
– Vete antes de que hagas algo que no puedes aunque quieres hacer – le susurró con la boca demasiado cerca de la suya, tan cerca que no lo pudo evitar y la besó. Ella dio un suspiro tembloroso, apretando su camiseta con fuerza mientras abría los labios para recibir su lengua. Se besaban muy despacio, se estaban poniendo realmente calientes y solo de pensar que la chica estaba en sujetador… solo tenía que subir la mano y quitárselo para verle los pechos – Nagase-kun… – gimió contra su boca al sentir sus dedos acariciarle la espalda de nuevo, hacia el cierre del sujetador. Sintió como la mano de la chica bajaba por su pecho hasta sus pantalones y cuando le rozó la entrepierna notó que se le ponía aún más dura de lo que ya estaba. Echó aire entre dientes, alejándose de ella.
– Tengo que irme, no… no puedo – dijo riéndose.
– Lo siento – dijo ella mirándole un poco avergonzada con las manos en el pecho.
– No es por ti, es…
– Lo he entendido, no te preocupes – le sonrió poniéndose el jersey de nuevo. Le acompañó hasta la puerta y al pasar por el cuarto de baño le entraron ganas de meterla dentro pero se aguantó el impulso. – pues ya te veré por ahí.
– Sí, hasta mañana – no quería ni mirarle a la cara.
– Duerme, pareces cansado – le sonrió y cerró la puerta.
*******************
Se fue a su habitación resoplando, pasándose las manos por el pelo. Había estado a punto, si él no se hubiese echado hacia atrás se habría agachado y le habría hecho de todo con su boca, allí mismo. Le daba igual las cámaras y todo Japón. No sabía exactamente que le habían ordenado los de arriba pero por lo visto no le dejaban hacer nada con ella. Y no sabía si era solo con ella o también era con las demás. Cuando llegó a su cuarto empezó a reírse, a los pies de la cama estaba su chaqueta. Se la había dejado otra vez y estaba empezando a pensar que lo hacía a posta. Se la puso, le quedaba enorme, y se metió en la cama con una sonrisa de oreja a oreja.


[1] Sugue: Genial
[2] Itadakimasu: Que aproveche
[3] Umai: Buenísimo
[4] Tanto DASH como Kakeru son programas de televisión de TOKIO


Día 4

A la mañana siguiente se despertó por el teléfono, que no paraba de sonar insistentemente. Pegó una carrera desde la cama y lo cogió sofocada. Le informaron de que la prueba de ese día sería fuera de la casa y que saldrían en dos horas. Se metió en la ducha, desayunó, se vistió y se sentó a esperar jugando con la consola. Dejó la chaqueta de Nagase en el perchero, ya vendría a por ella. Cuando sonó la alarma se fue a la entrada, se puso los zapatos y salió. Justo en frente estaba el autobús, vacío de momento porque a ella le habrían recogido la primera. Se sentó casi atrás del todo, no quería tener que relacionarse con las otras. Fue hasta los estudios mirando por la ventana todo el rato, ignorando los cuchicheos y las risitas. Eran una panda de celosas asquerosas, que asco le daba. Al llegar las recibieron los chicos, excepto Nagase. Entonces María cayó en la cuenta de que probablemente la mayoría de ellos la habían visto en sujetador. Era demasiado impetuosa y cuando pasaba el momento… y le habían visto tocar a Nagase de esa manera. Se moría de la vergüenza.
– Os hemos traído aquí tan temprano porque necesitáis tiempo para prepararos esta prueba – dijo Gussan – tenéis que pensar que es lo que se os da mejor y hacerle una demostración a Nagase. La chica que el escoja cenará con él en un restaurante de lujo – Todas dieron grititos excitados, pero María no estaba para nada contenta – y debéis esforzaros porque hoy va a expulsar a dos de las chicas.
A ella no había nada que se le diese especialmente bien, no se le ocurría una sola cosa. Y aunque se le ocurriese las otras chicas seguro que la superaban con creces. Las metieron dentro y cada una pidió lo que necesitaba. La rubia dijo que era modelo de bañadores y que iba a hacer un desfile; la chica de las costillas pidió que le dejaran utensilios de cocina; otra de las chicas era majorette en el colegio y es lo que pensaba hacer; y la otra tocaba el piano y le iba a dedicar algo de música clásica. María se quedó sentada en una esquina, sola, comiéndose la cabeza con lo que podía hacer mientras veía a las demás vestirse y desvestirse. Preparaban lo que iban a hacer, totalmente convencidas de que a Nagase le iba a encantar. Y cuando faltaban 10 minutos para salir, se le ocurrió.
**********************
Estaba sentado delante de un pequeño escenario con los chicos a su lado, todos con ganas de ver lo que iba a pasar. Su manager no le dijo nada el día anterior, a excepción de que ni se le ocurriese volver a acercarse a esa chica en lo que quedaba de programa. Tenía que dar más juego y no podía hacer esas cosas. Nagase se limitó a responderle que no pusieran en el programa más que lo necesario, si no querían añadir las escenas con María no tenían porque ponerlas. Estaba harto y pensaba llevársela esa noche a cenar, dijesen lo que dijesen. Estaba convencido de que la chica iba a hacer algo para sorprenderle.
La primera que salió fue con la que estuvo la noche anterior. Preparó ante sus ojos y con una rapidez increíble un plato de cocina francesa con una pinta estupenda. Se bajó del escenario y se lo acercó para que lo probase. Estaba delicioso, pero tenía pasas. Casi le da algo al morder una, aunque disimuló; la segunda chica fue ‘la descarada’ y no pudo serlo más con lo que hizo. Les hizo un desfile de bikinis que los dejó pasmados, lástima que fuese tan rematadamente tonta; la demostración de la siguiente fue bonita, ella iba preciosa y le veían los muslos cada vez que subía la pierna pero no le dijo nada. Era buena majorette, pero ahí se quedaba la cosa; la siguiente fue preciosa, se quedó embelesado escuchando como tocaba el piano y estaba deslumbrante. Con esa chica nunca había estado pero le llamó la atención con la delicadeza que tocó la melodía. Solo faltaba María, estaba ansioso por ver que tenía preparado y por verla a ella. Leader se levantó excusándose y se fue dentro un momento. Para su sorpresa, la chica salió con otro micrófono, se acercó al suyo y les sonrió visiblemente nerviosa. Llevaba un traje negro, más largo por un lado que por el otro, con las tirantas atadas tras el cuello. Estaba realmente sexy, le hacía un escote muy atractivo.
– Lo primero de todo, quisiera disculparme – empezó diciendo – No soy una profesional como vosotros y he tenido que pedir ayuda – miró hacia el lado y entró Leader con una guitarra acústica en la espalda y dos banquetas.
– ¿Cómo? – le dijo Taichi sonriendo – ¿Qué es esto?
– Teniendo en cuenta que mis habilidades no son muchas, me he decidido por cantar algo de Tokio. Ya sé que no es muy original pero teniendo en cuenta mis otras habilidades…
– ¿Cuáles son si puede saberse? – dijo Gussan
– Sé escribir historias cortas, pero eso ahora no sirve de mucho. También sé escuchar, o eso dicen. Soy muy buena jugando a videojuegos pero tampoco es que pueda hacer nada aquí con eso.
– A no ser que quieras pasarte la campaña que te falta – le dijo Nagase con una sonrisita. Ella le miró y empezó a reírse. Mabo le dio un empujón en el hombro.
– ¡No le digas eso ahora que se pone nerviosa, baka!
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– ¿Vas a poder cantarla solo con la guitarra? – le preguntó Leader en un susurro
– La he escuchado tantas veces que puedo cantarla sin música – le dijo. Leader le sonrió asintiendo.
– A saber lo que se le ha ocurrido – escuchó a una de las chicas decir desde el backstage, seguido de un coro de risitas. Las ignoró, pero no pudo evitar respirar con fuerza por la nariz, enfadada.
– No les hagas caso.
– No lo hago, son unas imbéciles.
Nagase se echó hacia adelante en la silla, los demás le sonreían, y la sonrisa más amplia era la de Gussan. Mabo le guiñó el ojo y Taichi levantó los pulgares, riéndose. Leader la miró una vez estuvieron sentados, y ella asintió, dándole a entender que estaba preparada. Le escuchó decir “one, two, three, four” y empezó a cantar ‘Sometimes’ a la misma vez que el empezaba a tocar. Cantó con los ojos cerrados, escuchando con atención el ritmo que llevaba Leader, intentando sentir la canción todo lo que pudo. Se sentía un poco extraña al escucharse cantar solo con la guitarra, pero si no abría los ojos no se ponía tan nerviosa. En la parte instrumental los abrió y miró a Nagase. La observaba con los labios entre abiertos, igual que casi todos ellos. Cuando acabó la canción los cuatro le aplaudieron.
– ¡Ssssssuugeeeeee María-san! – Dijo Taichi – ¿Me la puedo llevar yo a cenar?
– ¡Pero que idiota eres! – dijo Mabo riéndose.
– Muchisimas gracias Joshima-san – dijo ella inclinándose ante él.
– Oe, Nagase, di algo, lo ha hecho muy bien – dijo Gussan. Estaba serio, mirando los papeles que tenía delante rozándose la frente con su mano.
– Has cantado esta canción por algún motivo ¿Verdad? – dijo mirándola de repente. No se esperaba que fuese a preguntarle eso.
– No es coincidencia. Esta canción… – no podía mirarle, le daba vergüenza decirle lo que sentía delante de todos –  la letra también describe lo que ha sido mi vida, y sobre todo este momento. En fin, si no he dado la talla vocalmente al menos he intentado transmitir lo que siento – Nagase asintió sin mirarla, no sabía por qué estaba tan serio.
A lo mejor le había ofendido al cantar esa canción, a lo mejor le recordaba a alguien. No tenía ni idea de que pasaba por la cabeza. Los chicos le dieron las gracias y se metió dentro con Joshima. Las otras chicas la miraban con una sonrisita, le entraron ganas de partirles la boca a todas con la banqueta que llevaba en la mano.
– Te ha salido muy bien, estoy seguro de que le ha gustado – le dijo Leader intentando darle ánimos. Ella le sonrió, pero sabía que esa noche no se iba a cenar con él. Lo sabía y punto.
Leader se fue con los demás y tardaron unos minutos hasta que las llamaron a todas de nuevo. Se pusieron una junto a otra en el escenario, esperando que Nagase dijese lo que tenía que decir. Estaba histérica pero intentó que no se le notase. Cuando miró a Mabo, le dio la impresión de que estaba enfadado. Tenía los brazos cruzados y estaba muy serio mirando la mesa.
– Primero voy a hacer lo más desagradable – dijo suspirando – Todas habéis estado increíbles, me he sorprendido mucho con vuestras actuaciones. Siento mucho esto pero si me dicen que tengo que echar a dos, no me queda más remedio – respiró hondo, María no tenía más saliva que tragar – Kaede-san, Hoshino-san, lo siento mucho.
María no se lo creía, había echado a las dos chicas más bonitas del grupo. Kaede estaba claramente conmocionada y sorprendida, no se lo esperaba. Se quedó mirándole como si le fuese a decir que era broma mientras que la majorette se echó hacia atrás tímidamente, con cara de pena. No pudo evitar sentir lástima por ella aunque se hubiese comportado como una zorra. Pero se alegró muchísimo de que Kaede estuviese fuera, sobre todo cuando la miró de arriba abajo negando con la cabeza antes de echarse hacia atrás.
– Y esto, me ha costado también muchísimo trabajo. De hecho aún sigo dudando – Mabo le miró, definitivamente estaba enfadado – pero hoy voy a ir a cenar con Sakuya-san.
******************
Lo dijo con una sonrisa pero se le borró al ver la expresión de María. La vio tragar saliva mirando al suelo para después cerrar los ojos y negar con la cabeza. Se arrepintió al instante al no haber dicho su nombre pero pensaba que esa chica también se merecía una oportunidad. Y así tenía a su manager un poco más tranquilo. Mabo chasqueó la lengua enfadado y Taichi suspiró soltando el bolígrafo en la mesa. Sakuya-san sonreía ampliamente, él se levantó y se subió al escenario, ofreciéndole el brazo y llevándosela hacia afuera. Intentó no mirar a María al pasar por su lado pero no lo pudo evitar. La chica observaba con gesto preocupado como agarraba a Sakuya del brazo y luego le miró a la cara. Lo peor de todo es que le dedicó una sonrisa que no se correspondía para nada a lo que decían sus ojos.
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Se metió dentro sabiendo que debería estar contenta porque no la había echado, pero no podía evitar sentirse un poco mal. Sobre todo al recordar como Nagase le había sonreído a Sakuya. Fue casi sin pensar hasta el autobús con Reika, ninguna de las dos hablaba y tenían una expresión muy similar. Ni si quiera se despidieron. Cuando María llegó a su casa se encontró con que Mabo y Taichi estaban dentro. Abrió la puerta y ambos le sonrieron, Mabo estaba cocinando.
– ¿Qué haces? – le dijo acercándose a él mientras se quitaba los zapatos
– De comer ¿No te fías de mí?
– No es eso, sé que sabes cocinar pero… ¿Qué hacéis aquí? ¿Y Reika-san, está sola?
– No, está con Leader y Gussan – dijo Taichi encendiendo la televisión, salieron Nagase y Sakuya, sonrientes y charlando.
– Por favor, quita eso – dijo suspirando exasperada.
– ¿No te da curiosidad? – María negó con la cabeza. Taichi lo apagó.
– ¿Os importa que me cambie un momentito? – no esperó sus respuestas, se metió en la habitación y la cerró.
Iba a cambiarse pero el motivo principal de meterse ahí dentro era que le estaban entrando ganas de llorar. Se obligó a respirar hondo mientras se ponía unos pantalones cortos de pijama y una camiseta de mangas cortas, recogiéndose el pelo. Se acercó al cuarto de baño y se quitó el maquillaje, echándose agua en la cara de paso. Cuando llegó al salón, vio a Taichi sentando en el sofá comiéndose un nigiri de arroz. Mabo le puso una bandeja con tres de ellos por delante.
– No era necesario – dijo ella sentándose en el sofá, la verdad es que estaba muerta de hambre – pero muchísimas gracias.
– Me sorprendiste mucho con la canción – dijo Taichi – no me lo esperaba, me creía que ibas a cocinar algo.
– No, sabía que Reika iba a hacerle comida y no podía competir en eso con la chica que él había escogido antes – se estaba comiendo los nigiris en un tiempo record, estaban buenísimos.
– De todas maneras lo hiciste muy bien – le dijo Mabo sentado en la mesa de té frente a ellos dos – creo que Nagase se emocionó.
– Ya… yo creo que no debería de haber escogido esa canción. Se quedó muy serio después y en fin… estoy aquí en vez de estar con él.
– No estés así – dijo Taichi poniéndole la mano en el hombro. Esas muestras de cariño tal y como estaba no ayudaba a que se serenase.
– Esto no es justo – dijo Mabo – debería de haberte escogido a ti. Estoy seguro de que quería escogerte a ti pero por culpa de su buena conciencia la ha elegido a ella porque no la conocía y se merecía una oportunidad.
– Y lleva razón – dijo María dejando el plato en el suelo – lo único que de verdad me molesta es que todavía no me ha elegido directamente. No sé qué hago aquí cuando su primera elección fue Kaede.
– No te ha elegido para ninguna prueba, pero le gustas – le dijo Taichi
– La atracción física no lo es todo…
– Lo es cuando se tiene tan poco tiempo para conocer a una persona – contestó Mabo – Y además, contigo es probablemente con la que más ha hablado.
– Muchas gracias – dijo ella sintiéndose emocionada – agradezco mucho que me apoyéis.
– No seas tonta, eres una chica genial – le dijo Taichi – Yo no sé a Nagase pero a mi me conquistaste ayer, y como no te elija al final del concurso me voy a enfadar con él muchísimo.
– No sé, las dos chicas que se han quedado… yo misma sería su novia si pudiese.
– El problema es que Nagase te gusta demasiado – dijo Taichi con la boca llena y sonriendo.
– Y tú le gustas a él – dijo Mabo – todavía no sé cómo se contuvo ayer por la noche.
– No me lo recuerdes – dijo ella llevándose las manos a la cara, riéndose.
– Oye, en serio, deberíamos de poner el programa, quiero ver qué está pasando – dijo Taichi encendiendo la televisión. No le gustaba verlo, pero también se moría de curiosidad.
*******************
Esa chica era perfecta. No se cansaban de hablar con ella, le hacía reír, era muy bonita y tenía algo que le atraía mucho físicamente. Lo que sentía era parecido a lo que le pasaba con María.
– ¿Qué te ha parecido la cena? – le preguntó cuando acabaron de comer.
– Nunca había comido tan bien, muchas gracias por elegirme hoy, Nagase-kun.
– Has estado estupenda con el piano, ¿Tocas desde hace mucho?
– Desde que era pequeña, mis padres me pusieron un profesor particular y después empecé a dedicarme a eso profesionalmente.
– Tienes unas manos muy bonitas – dijo mirándoselas
– Que menos, las tengo que cuidar mucho. Es con lo que trabajo – la chica subió una ceja, a el le salió la risa floja. Bajo esa fachada de niña buena había mucho más – ¿Pedimos postre?
– Sí, por favor – Llamó al camarero y estuvieron un rato mirando la carta entre miraditas y sonrisas. Esa chica le ponía nervioso. Pidieron los platos y ella suspiró – me alegro mucho de tus elecciones de hoy, pero… – Nagase la miró alzando las cejas – ¿Por qué no has echado todavía a la gaijin? – No le gustó como lo dijo, sonó muy despectivo.
– Se llama María. Y tengo mis motivos por los que no la he echado.
– Ya, me los imagino – se rascó disimuladamente el escote, pero le quedó claro lo que quería decir. No le estaba gustando ese tono que estaba usando. Justo en ese momento llegó el postre, se habían pedido los dos una copa helada. Él se la pidió de fresa y la de ella era de nata. Al ir a meterse en la boca la segunda cucharada de helado, se le cayó encima, manchándose los pechos. 
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– ¡Si será cerda! ¡Lo ha hecho a propósito! ¡Mira como se le van los ojos a Nagase! ¡Cerda, cerda asquerosa! – Le tiró un cojín a la tele y le iba a tirar el mando pero Taichi se lo quitó de la mano, apagando la televisión – ¿Has oído lo que ha dicho de mí? ¡Es una desgraciada! ¡Bien podría usar sus encantos para conquistarle en vez de dedicarse a echar mierda sobre las demás! – estaba furiosa, echaba humo.
– Es una pena, esta chica la había escogido yo – dijo Taichi – no sabía que tuviese tanta maldad.
– Oh, las mujeres entre ellas pueden ser lo peor, créeme – sentía el corazón latirle acelerado en el pecho y toda la rabia contenida en la garganta y presionándole las sienes – sobre todo si hay un hombre como Nagase-san de por medio. ¿Y qué es eso de llamarle Nagase-kun con tanta confianza? – resopló pasándose la mano por la cara.
– De todas maneras a Nagase creo que no le ha gustado como ha dicho gaijin
– Bah, estoy acostumbrada. Desde que llegué aquí no paran de llamarme así con muchísimo desprecio. Es normal, no me afecta.
– Aún así no está bien decir eso, y menos en la televisión – dijo Mabo. Llevaba callado un buen rato. María también se quedó callada, pensando en lo que esa chica había dicho, la parte que sí le había afectado. Sintió que el enfado daba paso a otro sentimiento bastante más desagradable.
– ¿Será verdad que solo le interesa mi cuerpo? – dijo mirándose las uñas, se sentía fatal
– No lo creo, el primer día quizás. Pero con todo lo que sabe de ti, si le gustas es por algo más.
– Tampoco sabe tantas cosas de mí. El primer día que vino no hablamos tanto y ayer… apenas hablamos porque estaba celosa. Soy una imbécil, debería de haber aprovechado mejor el tiempo – dijo hundiendo la cara en sus manos, echándose hacia adelante.
– Bueno, yo le he contado algunas cositas que hablamos ayer – dijo Taichi
– No te preocupes María, sabe lo que necesita saber para que le gustes – se puso derecha suspirando y les miró con un intento de sonrisa.
– Muchas gracias por haberme hecho compañía, pero me gustaría estar sola.
– ¿De verdad? – le dijo Mabo mirándola serio. Ella asintió con seguridad.
– Bueno, siempre te quedan las llamadas si lo necesitas – dijo Taichi levantándose – estaremos atentos.
Los vio salir por la puerta de la casa. Se levantó, recogió el salón, apagó la luz y se metió en la cama. Se dejó llevar por lo que sentía, tapada hasta la cabeza.

Día 5

Cuando se despertó a la mañana siguiente tenía un dolor de cabeza horroroso. Después de ir a cenar fue a un bar de copas con Sakuya y estuvieron hasta bien entrada la noche. Creía recordar que al despedirse de la chica, esta le besó y no fue un beso inocente. Miró a su lado y respiró tranquilo al comprobar que estaba solo. Bueno, no del todo.
– ¿Ya te has despertado? ¿Cómo te encuentras? – Mabo entró en su cuarto con una botella de agua.
– Mal ¿Qué haces tú aquí?
– Te gastaste todo el dinero que llevabas encima y me llamaste para que te recogiese. Eres un desastre.
– ¿Todo el dinero? – Resopló, el día anterior llevaba mucho dinero en la cartera – ¿Y Sakuya?
– En su casa, supongo que no te acuerdas del beso que le diste antes de irnos.
– ¿Qué yo la besé? – se sentó en la cama, se acordaba de que había sido al contrario.
– Sí, y le metiste mano por todas partes. Y ella se dejaba de buen gusto, hasta que la llamaste María – Nagase le miraba con los ojos muy abiertos, Mabo dio una carcajada – creo que fue lo mejor de la noche de ayer. ¿Y sabes que? Se lo merecía.
– ¿Por qué dices eso? No estuvo nada bien por mi parte
– Sí, pero ¿Cómo vas a controlar lo que dices llevando encima la que llevabas ayer? Y digo que se lo merece por como habló ella de María – cuando Mabo se lo recordó se sintió mal. No debería de haber seguido con ella esa noche, pero le atraía tanto que quería convencerse de que la chica no era mala – y por la noche fue a peor. Empezó a hablar mal de ella de una manera que me tuve que alejar de vosotros con tal de no darle un grito. Yo creo que tú estabas tan borracho que no tenías ni idea de lo que te estaba diciendo.
– Que desastre…
– Te lo dije. Te dije que escogieses a María y que si le molestaba a tu manager que se aguantase. Y menos mal que fuimos a su casa a cenar, estaba echa polvo cuando llegó. Creía que había hecho mal al escoger la canción.
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Cuando se despertó quiso volver a dormirse de nuevo. Había soñado con él, estaban en una fiesta y se acercaba a hablar con ella. De repente se inclinaba junto a su oído y empezaba a susurrarle todo lo que sentía por ella, lo que le quería. En el sueño, María se agarraba de sus hombros con los ojos cerrados y la piel de gallina. Pero cuando se despertó estaba peor que cuando se metió en la cama. Le daba miedo saber qué había pasado el día anterior en la cita de Nagase con esa… esa… se ponía enferma solo de acordarse. El sonido del teléfono hizo que se levantase de la cama. Fue sin ánimo ninguno a cogerlo y escuchó lo que le decían pero sin ilusión. Ahora tenía que pensar en una cita para Nagase, y se le vino a la cabeza al momento lo que quería hacer.
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No debería haber bebido la noche anterior. Iba en taxi hasta los estudios para encontrarse con la primera chica que le iba a llevar a lo que supuestamente ella pensaba que era su cita ideal. Nada más llegar al estudio, Leader se acercó a el con un gesto extraño.
– Nos hemos quedado sin una participante, Sakuya se fue ayer a su casa. Se rindió.
– ¿Cómo? – seguro que era por lo que le dijo ayer mientras la besaba. En realidad era mejor, la chica no tenía buen fondo.
– Yo me alegro, no me convencía en absoluto – dijo Gussan mirando las cámaras. De repente se rió – María se acaba de despertar, lleva unos pelos que no sé cómo se los va a peinar.
– ¿Vosotros también la preferís a ella? – dijo Nagase señalándola.
– ¿A María? – Dijo Leader – pues claro. Es a la que más le gustas, se nota.
– Y es la más decente de las 8 que se presentaron – dijo Gussan – aunque no sea la más guapa ni la más sexy.
– Eso es discutible – dijo Nagase
– Es verdad, se me olvidaba que tu la has visto en ropa interior y de cerca – dijo Gussan riéndose de él.  A Nagase se le escapó una sonrisa.
– Ya está lista la primera chica, súbete en el autobús y recógela en su casa – le dijo Leader.
Suspiró y se fue hacia afuera. Los chicos le desearon buena suerte, tenía que cambiar la mentalidad con la que se levanto esa mañana. Se sentía mal por haberle dicho eso a Sakuya y se sentía peor por haber salido con ella sabiendo lo que había dicho de María. Reika le dijo al conductor de autobús donde quería ir y se sentó junto a él en el autobús. Iba con un traje celeste muy lindo y una cesta en la mano, también llevaba un lazo en el pelo. Parecía una muñeca. No le quiso decir donde iban y no se dio cuenta hasta que estuvieron casi allí. La chica le había llevado a ver una presa de agua enorme que había cerca, tenía que saber que a el le gustaban. Se llevó un buen rato mirándola con ella, aunque no la veía muy entretenida. Se limitaba a simplemente mirarle de soslayo con una sonrisa. Después de eso se fueron a un jardín que había cerca y ella extendió un mantel bajo un árbol. Se sentaron y almorzaron unos bentos que ella había hecho. Definitivamente fue lo mejor de esa mañana.
– Supongo que ahora tienes la cita con María-san, ¿No es así? – le dijo ella después de uno de los muchos silencios incómodos que hubo entre los dos.
– Ah, sí – la miraba con desconfianza.
– ¿Podrías pedirle perdón de mi parte? – Nagase la miró frunciendo el ceño – no me he portado bien con ella en estos días y no se lo merece. Ella es igual que nosotras, siente igual. O más que alguna de nosotras.
– ¿Y por qué no le pides perdón tú misma la próxima vez que la veas? Seguro que eso arregla las cosas.
– Porque la próxima vez que la vea estará a tu lado y no como concursante – dijo comiéndose una bolita de pulpo.
– ¿Qué quieres decir?
– Está claro desde el primer día que la ibas a escoger a ella, por eso las chicas la odiaban tanto. Yo incluida. De todas maneras lo estará viendo ahora mismo – dijo señalando la cámara con la cabeza.
¿De verdad estaba claro? Porque él no lo tuvo claro hasta esa mañana. Y la canción que cantó fue uno de los factores decisivos. Si era verdad que ella sentía lo que decía la canción, la entendía perfectamente. Al fin y al cabo fue él quien la escribió. Y la cantó con tanto sentimiento que se le pusieron los pelos de punta varias veces escuchándola. Sobre todo cuando le miró con esos ojos castaños. Suspiró.
– Estás pensando en ella ¿Verdad? – dijo Reika riéndose.
– Ah, lo siento.
– No pasa nada, soy yo la que ha salido con el tema. ¿Está bueno el bento?
– Sabes que sí.
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            Ya estaba vestida, preparada para salir en cuanto llegase de su cita con Reika. Estaba nerviosa, le iba a llevar a Yokohama, su ciudad natal. Suponía ella que sería su sitio favorito aunque estuviese harto de estar allí. Pero seguro que era donde iba a estar más cómodo. Suspiró y siguió almorzando, intentando darse ánimos y convencerse a si misma de que aún tenía posibilidades.
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Desde que le dijo eso vio a Reika mucho más relajada. La chica era más ella misma, no estaba tan tensa y los silencios se le hacían menos incómodos. Incluso hablaba un poco más que antes. Cuando volvieron al autobús fue suspirando todo el camino de vuelta, pero iba sonriendo. Y al despedirse le dio las gracias por todo muy feliz cuando tendría que haber sido él quien estuviese agradecido por la cita. Era una chica muy agradable en realidad. Cuando el autobús se paró frente a la casa de María y esta subió, no pudo evitar reírse. Llevaba el pelo recogido como en su casa, apenas se había pintado, tenía puestos unos pantalones cortos negros que apenas se veían por la larga camiseta de tirantas blanca que caía por encima. Y debajo de esa camiseta blanca llevaba una negra de cuello de barco. Le gustó el contraste de los colores pero no le gustó que no llevase nada de escote, iba con ropa muy ancha. En los pies llevaba puestos unos tenis blancos y simples.
– Buenas tardes – le dijo Nagase saludándola con la cabeza. Ella le sonrió y se sentó a su lado, poniendo las piernas muy juntas y las manos sobre ellas – ¿Te has pasado la misión que queda?
– No he jugado, ayer por la noche estuve con Kokubun-san y con Matsuoka-san.
– Algo me han dicho – se quedó callada un ratito, mirando por la ventana. De repente se miró las manos y abrió la boca para decir algo. Le miró levantándole un poco la visera de la gorra.
– Tienes mala cara – Nagase dio una carcajada.
– Ayer bebí un poco – María empezó a toquetear el posavasos del asiento de adelante con nerviosismo, muy callada.
– ¿Qué tal con Sakuya-san?
– ¿No lo viste?
– Todo no. Me fui a la cama antes – apenas le miraba a la cara. Estaba rara, estaba tensa.
– Bien, al principio – dijo rascándose la cara – no sé, después no me acuerdo de mucho.
– Ah, saliste con ella después de la cena… – la chica alzó las cejas, mucho se temía que hubiese visto la parte en la que le criticó.
– Sí, pero después la cosa no fue bien.
– Siempre puedes arreglarlo, es tu tercera cita ¿No?
– No, tú eres la última – María le miró sin entender – se ha retirado del concurso.
– ¿¡Qué?! ¿Es tonta o qué le pasa?
– Creo que fue mi culpa. Le ofendí con una cosa que dije…
– ¡Y aunque se ofenda! ¿Cuántas probabilidades tiene de estar contigo una noche entera? – Ella sí que estaba realmente ofendida – Supongo que tendrá pretendientes a montones que a ella le parecerán más importantes que tú, porque si no, no me lo explico.
– No fue su culpa María-chan, fue mía.
– Si tu lo dices será verdad – dijo ella suspirando y sentándose derecha – pero por lo que vi ayer lo tenía todo y os iba muy bien en la cena. No lo entiendo – Nagase hizo un ruidito de disgusto.
– Sí que es verdad que es preciosa y entretenida, una chica inteligente. Me gustaba mucho, hasta que lo estropeó.
– ¿Qué hizo que no te gustó? – dijo ella entrecerrando los ojos.
– Bueno, teniendo en cuenta que no la vas a volver a ver no creo que importe. Se pasó un poco al hablar de ti – María soltó una risita sarcástica.
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La sorpresa que se llevó cuando le dijo que esa zorra ya no estaba en el concurso fue proporcional a la alegría que le dio. No tenía ni idea de que podría haber hecho él para ofenderla tanto, pero encima que se la llevó a tomar algo después… había que ser imbécil para rendirse.
– Pero yo no pienso eso – dijo Nagase un momento después.
– ¿El qué no piensas?
– Que no solo te he dejado en el concurso porque me guste tu físico – lo único que le salió fue un “ah”.
La miraba desde arriba y a pesar de tener una cara malísima por la resaca seguía estando igual de guapo que siempre. Ella sonrió asintiendo, contenta de que le dijese eso y Nagase se rió. Con esa sonrisa y esa gorra parecía mucho más joven, de no tener la barba habría jurado que tenía bastante menos de treinta y cuatro años.
– ¿Me vas a decir donde me llevas con esa ropa que te has puesto?
– Te vas a dar cuenta enseguida, pero a lo mejor tardamos un poco en llegar. Creo que media hora más o menos – Nagase miró la carretera, a las señales y los letreros, pensativo. De repente abrió la boca y le señaló.
– Vamos a Yokohama a comer yakiniku ¿verdad? – María se rió.
– Sí y no. Vamos a Yokohama pero no a comer.
– ¿Entonces?
– Ya lo sabrás cuando lleguemos…
– ¿Has ido alguna vez?
Estuvieron charlando todo el camino hasta llegar a su ciudad, sonreía de oreja a oreja contándole la historia de cada sitio por el que pasaban. El autobús les dejó justo donde les estaba esperando más hombres con cámaras, y Nagase al darse cuenta le sonrió.
– Vamos a patinar ¿Verdad? – preguntó mientras se bajaban
– Sí, pero yo no sé.
– ¿Que no sabes? – Dio una carcajada y se quedó mirándola – ¿Entonces por qué has elegido esto?
– Para que me enseñes.
Nagase dijo ‘Ohh’ y asintió. La primera vez que puso el pie sobre el monopatín María le miró con miedo. Sabía que se iba a caer varias veces antes de pillarle el truco, pero quería patinar con él. Sobre todo quería verle patinar. Y cada vez que ella se caía, él daba una carcajada.
– ¡Pero no te eches hacia atrás! Tienes que echar el cuerpo hacia adelante, mira – se montón en el suyo y fue hacia una cuesta, subiendo y bajando sin problemas. Fue hacia ella y frenó.
– Haces que parezca fácil, pero no lo es – dijo riéndose y frotándose el codo, que era con lo que había aterrizado la última vez.
Pero no desistió, hasta que no consiguió ir de un lado a otro con el monopatín no paró. Incluso consiguió bajar un escalón, aunque solo una vez. Cuando miró a su alrededor estaba empezando a oscurecer, estaba agotada y magullada, pero muy contenta porque Nagase no paraba de sonreír. Se sentó a observarle ir de arriba abajo, escuchando como daba grititos cada vez que estaba a punto de caerse, hasta que se percató de su presencia de repente.
– ¿Ya te has cansado?
– Me duele todo un poco – respondió ella con una sonrisa – pero sí, estoy cansada.
– ¿Ahh? Que poco aguante, espera aquí un segundo – Nagase se alejó con el monopatín y dobló la esquina. A los minutos apareció con dos latas en la mano, le dio una y se sentó a su lado a beberse la otra.
– ¿Te lo has pasado bien? – le preguntó ella.
– Claro que sí, lo que me preocupa es la cantidad de golpes que te has llevado.
– Pero es que si no lo intentaba no iba a conseguir nada. Y si tenía que caerme y hacerme daño para conseguirlo… – María se encogió de hombros.
– ¿Eso es una metáfora? – dijo él sonriendo. Se quitó la gorra y la dejó entre sus piernas, rascándose la cabeza y echándose atrás el pelo. Cuando se la iba a poner de nuevo, no le dejó.
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María le miraba agarrándole de la muñeca con los labios entre abiertos. Soltó la lata y estiró la mano, tocándole el pelo con los dedos despacio. Nagase se rió mirando a la chica a los ojos, y fue cuando ella reaccionó. Fue como si volviese a la realidad y se diese cuenta de lo que estaba haciendo. Retiró la mano y miró hacia adelante, avergonzada. Nagase se rió de nuevo y le puso la gorra. Ella se la levantó un poco con el dedo gordo, riéndose también.
– ¿Y tú te lo has pasado bien?
– Claro que sí. Si lo que más me divierte es verte reírte, y te has reído un montón.
– ¿Aunque sea a tu costa? – ella sonrió más ampliamente.
– Ya se que soy malísima, no me lo recuerdes. ¡Pero no es justo! Tú llevas patinando desde que eras un niño.
– ¿Y qué hacías tú de pequeña?
– Yo era más de bicicletas. Y también tuve mis caídas.
Estuvieron charlando de sus infancias hasta que se hizo de noche. De anécdotas que hicieron que los dos se riesen a carcajadas y que se les quedase una mirada melancólica. Se levantaron y se fueron hasta el autobús, a él no se le escapó que se iba quejando conforme andaba.
– ¿De verdad estás bien? – dijo cuando se sentaron, ella junto a la ventana, devolviéndole la gorra.
– Sí, mañana es cuando me va a doler de verdad – dijo riéndose.
– Oye, ¿Cómo acabaste en Japón?
– Sé inglés, el español es mi lengua nativa y sabía algo de japonés. Vine a perfeccionarlo y al final me quedé trabajando de profesora de los otros dos idiomas.
– ¿Tú sola? ¿Y tu familia?
– En España. Pero es que si quería un buen futuro donde lo iba a encontrar era aquí – suspiró – los echo mucho de menos – en ese momento el conductor puso música, a María se le dibujó una sonrisa – ¡Cadence! Me encanta esta canción.
Se apoyó en un brazo y se puso a mirar por la ventana, cantando en susurros. Nagase la observaba mientras ella observaba el paisaje. Y así una canción tras otra hasta casi estar allí. Dejó caer su mano junto al muslo de la chica y sin querer lo rozó. Aprovechó para mover sus dedos levemente, acariciando su piel. Se fijó en si reaccionaba y vio como miraba un momento de reojo a su pierna, pero siguió mirando por la ventana. Tenía la piel muy suave, quería tocar más. Se puso la gorra y al bajar la mano la apoyó en el muslo de María. Ya no miró de reojo, le miró la mano directamente y luego le miró a la cara. Durante unos segundos pensó que quizás podía haberse ofendido, pero cuando vio como la chica sonreía mirando su mano se dio cuenta de que no era así.
– Déjame ver una cosa – dijo ella acercando a él su mano izquierda con los dedos extendidos – pon tu mano aquí – hizo lo que le decía con la mano derecha y una sonrisa. Cuando juntó su mano con la suya, María no pudo evitar reírse nerviosa – son más grandes de lo que me imaginaba.
– Es que las tienes muy pequeñas, no son tan grandes – dijo mirándola con una ceja levantada.
– No me malinterpretes, me encantan las manos grandes.
Nagase flexionó las puntas de los dedos atrapando los de María. Y ella entrelazó sus dedos con los suyos. Le miró a la cara, él ya la estaba mirando. Se agachó y le dio un beso en la mejilla, arrancándole un suspiro mientras clavaba sus ojos en los suyos. Nagase sentía el corazón desbocado latiéndole en el pecho y no apartó su mirada sin separarse mucho de ella.
– Mañana acaba el concurso – le dijo él
– Lo sé y me da miedo, no quiero separarme de ti – le entraron unas ganas horribles de besar sus labios pero de repente escucharon un golpe en la ventanilla y al conductor quejarse.
Nagase miraba serio hacia afuera, ella se dio la vuelta y vio a un grupo de chicas con pancartas y el nombre de Reika escrito en ellas. Estaban en la entrada de las casas y supuso que serían un grupo de amigas de la otra chica. Señalaban a María y aparentemente le estaban gritando de todo menos cosas bonitas. Nagase chasqueó la lengua y se levantó del asiento, cerrando la cortina del autobús para que esas chicas no mirasen. Lo último que vio fue a los de seguridad sacándolas de allí.
– Lo siento – dijo Nagase sentándose a su lado.
– No es culpa tuya – suspiró – ya te he dicho que estoy acostumbrada – Llegaron a su casa y se bajaron del autobús. Escuchó que la llamaban y al girarse vio a Reika correr hacia donde estaban.
– María-san, lo siento muchísimo – dijo inclinándose ante ella – yo no quería que pasase nada de eso.
– No pasa nada, no me afecta – le dijo ella – no ofende quien quiere si no quien puede.
– También quería pedirte perdón por cómo me he portado contigo, lo siento – María asintió, aceptando las disculpas.
La chica se inclinó una última vez y se alejó de allí despidiéndose con la mano. María suspiró y le miró. Nagase no quería irse, miró a la puerta de su casa y la miró a ella.
– Si no tienes nada mejor que hacer, nos queda la de Chris – le dijo María. Él se rió, asintiendo. Eso era exactamente lo que quería.
– Pues vamos, pero tú llevas a el otro.
**********************
– No me importa – dijo ella abriendo la puerta de la casa. Mientras se quedase a su lado le daba igual – La consola sigue en mi cuarto – dijo mientras se quitaban los zapatos – si quieres la traigo.
– Me da lo mismo jugar aquí que allí – le dijo él – aunque casi mejor si estamos en tu cuarto – María se volvió y le vio sonreír mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba en el perchero.
Fue hacia la habitación, él la seguía. Al entrar se soltó el pelo y se agachó a coger los mandos del suelo. Le vio sentarse en la cama con las piernas abiertas como siempre, quitándose la gorra y pasándose una mano por el pelo. Se quedó mirándole, preguntándose si esa noche también le rechazaría si lo intentaba. No quería ponerle en una situación incómoda con sus jefes, pero tenía tantísimas ganas de agarrarle del pelo que no sabía si iba a poder evitarlo.
– ¿En qué piensas? – preguntó con una sonrisa traviesa, dejando la gorra a un lado.
– En que no quiero causarte problemas – el pelo le caía a ambos lados de la cara, ligeramente ondulado, negro y abundante.
– ¿Y por qué ibas a causármelos? – se echó hacia atrás con las manos apoyadas en la cama, mirándola. La estaba tentando muchísimo.
– Teóricamente, el problema te lo buscas si eres tú el que haces algo conmigo, ¿No? – Asintió levantando una ceja, sin dejar de sonreír – ¿Y al revés? – Fue a decirle algo pero se quedó mirándola con los ojos entrecerrados – ¿Crees que podrías quedarte quieto un momento? Quiero hacer una cosa antes de que te vayas de mi casa.
Se acercó a él y se colocó entre sus piernas. Le puso una mano en el hombro y le pasó la otra por el pelo despacio. Era suave y cuando se lo movía le inundaba con su olor. El cerró los ojos sin dejar de sonreír mientras ella se agachaba para olerle el pelo.
– Hay una cosa que siempre he querido hacer – le dijo él abriendo los ojos – pero no sé si vamos a estar cómodos.
– ¿Eh? – Nagase se levantó de la cama y se sentó en el suelo con las piernas abiertas, tiró de ella y se la sentó delante
– Quiero jugar así contigo. Nunca he tenido la oportunidad de jugar con una chica, y ahora que puedo…
María sonrió y encendió la consola. Nagase dobló las rodillas y apoyó sus brazos en ellas. Ella agarraba el mando pegado a su cuerpo y mientras iba poniendo el juego se le desviaba la vista a las enormes manos de Nagase. Tenía la espalda apoyada en su pecho y se echó el pelo hacia el lado para que a él no le molestase. Se llevaron un buen rato así, echándose hacia adelante cada vez que se encontraban con una parte difícil y volviéndose a echar hacia atrás cuando había un video. Y en ese último video que estaban viendo, Nagase bajó las manos, abrazando a la chica por los hombros.
– Sé que estás cómoda, pero tengo que ir al servicio – le dijo. Ella le miró. Estaba demasiado cerca. Nagase apretó su abrazo y le miró la boca, suspiró y se levantó dejando el mando sobre la consola justo frente a ella.
Se sintió muy tentada de acosarle en el cuarto de baño, pero se le ocurrió algo mejor. Se quitó las dos camisetas con rapidez, se quitó el sujetador y se quedó solo con la camiseta blanca y larga de tirantas. Sonrió para si misma con picardía y se quitó también los pantalones. No iba a acosarle, pero le iba a provocar hasta el punto que no pudiese evitarlo. Como la camiseta era tan larga, sabía que iba a tardar en darse cuenta de que se había quitado los pantalones. Y cuando se diese cuenta… estaba deseando ver su reacción. Se sentó exactamente igual que estaba justo cuando salió del baño.
– Ah, el mando, ¿Me lo puedes dar? – dijo cuando ya se había sentado tras ella. Lo tenía justo delante, sobre la consola.
María sonrió y se echó hacia adelante, apoyándose en las rodillas y estirándose para coger el mando. Sintió como se le levantaba la camiseta por el trasero, Nagase tenía que tener una perspectiva de sus bragas espectacular, solo esperaba que estuviese mirando. Se volvió a sentar como la que no quería la cosa y le dio el mando casi sin mirarle, poniendo de nuevo el juego. Al no tener tampoco la camiseta de debajo puesta ni el sujetador, cuando agarraba ella su mando se juntaba los pechos con los brazos y esa camiseta tenía un escote enorme. Estaba casi desnuda ante él y lo único raro que notó fue que suspiraba y se aclaraba la garganta cuando ella se tumbó en su pecho. No hizo nada, no reaccionó, y le molestó porque claramente lo estaba haciendo para que el se volviese loco. Empezó a pensar que se había pasado, que era demasiado y estaba molesto con la situación. Quizás se había confiado mucho…
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No podía concentrarse en el juego, se le iban los ojos hacia las piernas y los pechos de la chica. Sabía que no podía hacer nada pero no iba a levantarse y a irse, se iba a sentir muy, muy mal si lo hacía. Pero es que ella se lo ponía tan difícil…tenía unas ganas de tocar su piel y de escucharla gemir… se le estaba poniendo durísima, si ella se echaba hacia atrás en ese momento se iba a dar cuenta.
– ¡Mira lo que me he encontrado! – dijo cuando encontró en la parte alta de un edificio un cañón automático en un puesto móvil. Empezó a disparar y se separó el mando del cuerpo soltando una exclamación cuando lo notó vibrar con intensidad.
– Un momento, déjame comprobar una cosa – le dijo él soltando su mando hacia un lado y quitándole el suyo de las manos. María tenía las piernas estiradas, con la camiseta cayéndole sobre ellas. Sencillamente no se paró a pensar en las consecuencias y se dejó llevar por lo excitado que estaba. Nagase metió el mando por debajo de la camiseta de la chica y empezó a disparar en el juego, haciendo que vibrase como loco mientras le rozaba con el sobre su ropa interior- ¡Ah! ¡Nagase-kun! ¿Qué–  – ella le puso la mano en el brazo, pero por la sorpresa, sin intención alguna de parar con lo que estaba haciendo. Vio como apretaba los muslos, reteniendo un gemido.
– Siempre he tenido esta broma con mis amigos, de que a una chica le tenía que encantar la vibración de un mando. Estoy comprobando si es verdad – le susurró al oído mientras sentía como su miembro se endurecía  por momentos.
– Claro que es verdad – dijo ella con los ojos cerrados y abriendo las piernas. Nagase metió su otra mano por debajo de la camisa, agarrando con fuerza uno de sus pechos. Sintió como ella acercó sus labios a él cuando se asomó sobre su hombro mirando mientras le rozaba.
– ¿Te gusta? – le susurró él sin dejar de mirar su entrepierna mientras movía el mando de arriba abajo muy despacio. Sabía que le gustaba porque no paraba de retorcerse y jadear, pero quería que se lo dijese.
– Tomoya-kun… – gimió ella, echando el brazo hacia atrás y agarrándole del pelo, obligándole a darle un beso. María no paraba de gemir tímidamente, Nagase le agarró con fuerza del muslo mientras ella se retorcía de placer – no pares, no pares.
– Quiero oírtelo decir María chan – le dijo mientras le besaba.
– Tomoya… iku[1]… – ella gimió apretando la mano de Nagase contra su entrepierna. Se agarró con fuerza de su pelo y jadeó intensamente justo cuando el mando dejó de vibrar. Se había quedado sin pilas.
Nagase tiró el mando hacia un lado y siguió rozándole con sus dedos, continuando su orgasmo hasta que ella empezó a quejarse. Le había empapado la mano, y cuando metió sus dedos dentro de las bragas de María, ella gimió incluso más fuerte, levantando las caderas hacia su mano. Pero la sacó de donde la tenía y se puso en pie, cogiéndola de la mano y llevándosela al cuarto de baño. Cerró la puerta y se quitó el botón de los pantalones, bajándose los calzoncillos y sacándose la molesta erección. Cogió a la chica de las caderas, ella le miraba jadeando y con el deseo reflejado en su rostro. La echó hacia adelante poniéndola de espaldas a él apoyada en el lavabo y le bajó las bragas, rozándole la mojada entrepierna con su polla. María empezó a gemir de una manera que le hizo excitarse el doble. Tenía los muslos empapados, ardientes, el roce con ella le estaba gustando tanto que incluso se le escapaban gemidos a el también.
            Le dio la vuelta y la sentó contra el espejo del baño mientras se inclinaba frente a ella. Y poniendo las piernas de la chica en sus hombros le dio un lametón en la ingle. Ella gimió, mirándole con la boca abierta y jadeando. Nagase terminó de quitarle las bragas mientras se masturbaba observándola, húmeda y lista para él. Pasó la lengua por su sensible y rosada carne mientras ella le agarraba del pelo dando un gemido largo y agudo. Nagase subió una mano por su cuerpo, agarrándole de un pecho y apretando con fuerza sus pezones mientras le lamía despacio pero sin descanso. Ella puso su mano en la de él, obligando a que le apretara el pezón con más fuerza.
– Métemela entera… – le susurró. Se incorporó y tiró de ella hasta dejarla solo con medio cuerpo en la encimera del baño, con las piernas colgando de esta.
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– ¿Entera? ¿No te va a doler? – puso su erección sobre el cuerpo de la chica, le llegaba casi hasta el ombligo y era gruesa y caliente.
– Es enorme… – le dijo ella acariciándosela, haciéndole expulsar el aire y gemir su nombre mientras negaba con la cabeza mirándole a los ojos. Hablaban en susurros aunque no había que ser muy inteligente para averiguar que estaba pasando en ese cuarto de baño, sobre todo después de ese gemido que no había podido retener – me moría de ganas de verla y de tocártela…
Vio como Nagase echaba hacia atrás las caderas, rozándole los labios menores con el glande, sin despegar la vista de ella. Cuando empezó a penetrarla, la chica se agarró de sus manos, mirando su expresión. Le agarraba con fuerza de los muslos, entrando y volviendo a salir despacio de ella, cada vez más profundamente y gimiendo su nombre en susurros. Le sentía enorme, no sabía si iba a poder metérsela entera pero lo deseaba tanto que no le importaba el dolor. María le agarró del trasero, haciendo que entrase en ella hasta el fondo y aunque le molestó un poco no le dolió tanto como se esperaba. Nagase se dejó caer sobre ella, agarrándola con fuerza del trasero y metiéndole la lengua en la boca, gimiendo con más intensidad. María le quitó la camiseta y le acarició su ancha espalda, sintiendo como la penetraba muy despacio, respirando en su cuello. Ella susurró en su oído “dame más fuerte” y el la miró a los ojos. Se la sacó entera sonriendo y se la volvió a meter hasta el fondo bruscamente mientras aguantaba la respiración y susurraba “María chan… kimochi[2]”. Sintió sus enormes manos subir por su cuerpo quitándole la camiseta a ella también, acariciando después sus pechos mientras le embestía con fuerza.
– ¿Seguro que no te duele? – le dijo contra su boca mientras jadeaba.
– Más fuerte – fue su contestación, clavándole las uñas en la espalda.
– ¿Más? – le dijo el dándole con tantas ganas que hacía temblar el espejo – ¿Así? – Bajó a la chica de donde estaba y la puso de espaldas a él, agarrándola del pelo y mordiéndole el cuello mientras movía las caderas con fuerza contra su trasero – ¿Así te gusta?
María no paraba de gritar su nombre y lo muchísimo que le gustaba. Tenía orgasmos muy intensos uno tras otro y se lo hacía saber cada vez. No era solo que la tuviese enorme, es que sabía moverse y sabía como hacer que se excitara más en el momento adecuado. Nagase le susurraba cosas sucias al oído, le pellizcaba los pezones y rozaba el clítoris de la chica de vez en cuando, gimiendo incluso más que ella.
– María-chan, iki-so-da – le dijo al oído con dificultad unos minutos después, moviéndose despacio y abrazándola desde atrás.
– Deja que te ayude – dijo ella sonriéndole.
Nagase se sentó en el retrete con ella encima, metiéndosela de nuevo y haciendo que la chica gimiese al no esperárselo. Era tan grande y la sentía tan profundamente que no podía evitar los gemidos que se le acumulaban en la garganta con cada embestida. Tras penetrarla lentamente y acariciar su cuerpo durante unos minutos se la sacó y María le masturbó despacio pero agarrándosela bien fuerte, mirando sus gestos de placer, besando sus gruesos labios. Le apretaba los muslos tan fuertemente con los dedos que le hacía daño, mirando el cuerpo de la chica de arriba abajo. Eyaculó sobre sus pechos y sobre su ombligo, gimiendo temblorosamente entre dientes con los ojos cerrados mientras ella le acariciaba el pelo y besaba su mentón. Abrió los ojos al terminar, agarrándola de la cara para besarla profundamente.
*******************
Vio como María se miraba el pecho riéndose mientras susurraba “que desastre”. La chica le miró a los ojos, estaba radiante, totalmente feliz, con una sonrisa de oreja a oreja. No le hizo falta preguntarle para saber que le había gustado tanto o más que a él.
– Mi manager va a matarme – le dijo riéndose y limpiándola con papel de baño.
– Ay, no seas guarro – le dijo ella – ahora iba a ducharme.
– Pero es que quería abrazarte antes – la chica le miró y se mordió el labio. Nagase le pasó los brazos alrededor de la cintura y la pegó a su cuerpo – me voy a quedar dormido aquí mismo.
– Pues espera a que me duche – dijo ella riéndose y mirándole – además, no has cenado nada, deja que te haga algo.
– ¿Queda de lo que comió Taichi?
– Sí, ¿Lo quieres? – Nagase asintió y hundió su cara en el pelo de la chica. Le olía tan bien y estaba tan calentito junto a ella que se podía quedar así para siempre.
– Nagase-kun – dijo ella riéndose cuando se llevó un rato sin moverse – Deja que me meta en la ducha
– No – le puso la mano en la cara y le dio un beso despacio, tranquilo. Sintió las manos de la chica en su espalda, apretándose a él.
– ¿Te vas a quedar esta noche conmigo? – Susurró mirándole a los ojos. El asintió dándole otro beso y dejando que se levantase.
 La miró mientras se metía en la ducha hasta que decidió levantarse y meterse con ella. Todo eran sonrisas, cariños, besos dulces y caricias. La chica no paraba de mirarle y él no podía despegar los ojos de ella. Salieron de la ducha y se secaron con la misma toalla, poniéndose después la ropa que llevaban antes.
– Recuérdame que le de las gracias a Mabo – dijo el dándole un pellizco en la cintura cuando estaban en la cocina.
– ¿Y eso por qué? – le miró con curiosidad.
– Por hacer posible que te conozca – la agarró de la barbilla y le besó con ternura, sintiendo su sonrisa.
– No hagas esas cosas – le dijo ella mirándole embobada y haciendo que diese una carcajada.
Suspiró y miró el reloj, eran las doce de la noche, creía que iba a ser más tarde.  Bostezó y se sentó en la mesa, mirándose en el enorme espejo que había junto a esta. Estaba despeinado y tenía bastante mejor cara que esa mañana. Vio en el reflejo como María le dejaba el plato por delante, mirándole aún sonriente y pasándole los dedos por el pelo. Se sentó frente a él, con un ramen instantáneo en las manos.
– ¿Eso vas a comer? – dijo comparando sus platos.
– Ahí queda un plato más de eso, pero es que no puedo comer tanto por la noche, me va a sentar mal – Nagase se encogió de hombros, dijo ‘itadakimasu’ y lo probó. Se le quitó el sueño de golpe.
– ¡¿Cómo has hecho esto?! – empezó a comer sonriendo y susurrando ‘oishii’ a cada momento y la chica empezó a reírse.
– Los ruidos que haces cuando comes son muy parecidos a los que has hecho antes.
– Será porque lo disfruto igual – dijo él riéndose de la comparación.
No hablaron apenas mientras cenaron, estaban muertos de hambre. Cuando llegaron a la habitación vieron que sus personajes del videojuego habían muerto y los dos mandos tirados de cualquier manera en el suelo. La apagaron y se metieron en la cama. Nagase se quitó los pantalones y la abrazó desde atrás.Tras un poco de jugueteo terminaron quedándose dormidos, ambos con una sonrisa en el rostro.


[1] Iku: Me corro

[2] Kimochii: Me gusta

Día 6

A la mañana siguiente, María se despertó antes y lo primero que hizo fue sonreír, Nagase seguía abrazándola. No terminaba de creerse su suerte. Se giró en sus brazos y le miró, estaba con la boca medio abierta, totalmente dormido. No supo decir cuanto tiempo se llevó mirándole hasta que se decidió a darle unos cuantos besos de buenos días en la mejilla. Cuando le vio sonreír con los ojos cerrados se le escapó un suspiro larguísimo.
– ¿Llevas mucho despierta? – le preguntó abriendo los ojos.
– No. No lo sé, da igual – sentía sus cálidas manos en la cintura, por debajo de la camiseta del pijama. Ella jugaba con su pelo.
– ¿Qué hora es?
– No me importa… – dijo ella con los ojos cerrados y la cara contra su pecho.
– Pues tengo que saberlo, hoy tenemos el programa en directo y tenemos que ir al estudio.
– ¿Yo también? – dijo mirándole. Nagase la miró con el ceño fruncido.
– Pues claro, baka. Y Reika también. Se supone que hoy ponen las imágenes y tengo que decir con cual me quedo.
– Ahm – no se había parado a pensar en eso, se le había olvidado. En unos segundos su mente paranoica hizo verdaderos esfuerzos por hacer que se desquiciara. Quizás ella solo fue un polvo y Reika era la que de verdad le gustaba para quedársela. Y si fuese así… no quería ni pensarlo.
– ¿Qué pasa? – le dijo Nagase – ¿Y esa cara seria?
– ¿Por qué te has quedado? – le dijo de repente. El la miró sin comprender – ¿Por qué has hecho… todo eso conmigo ayer?
– Porque me gustas – se lo decía como si fuese evidente. Para ella no lo era, para nada – tú eres la más sincera y me gustan las cosas que te gustan. Y estás buena. Y eres preciosa – se inclinó sobre su oído y le susurró apretándole el muslo – y te gusta lo mismo que a mí cuando follas.
– Nagase-kun – dijo ella riéndose nerviosa con la cara en su cuello – no me susurres esas cosas estando en la cama – Nagase agarró sus pantalones y empezó a bajárselos mientras se reía – Nagase, las cámaras – le dio un lametón desde el cuello hasta su barbilla. María bajó la mano de su pelo a sus calzoncillos, acariciando despacio su erección sin besarle.
– Tendríamos que parar – dijo metiéndole dos dedos en su cuerpo muy despacio – no deberíamos de hacer esto aquí.
– Para tú primero – le dijo ella con una sonrisa, lamiéndose los labios mientras le miraba a los ojos y moviendo su mano más rápido. Tenía tan claro lo que iba a hacer que le pareció hasta evidente.
Se apoyó en sus hombros y puso una pierna a cada lado de las caderas de Nagase, que se incorporó para besarla mientras ella se sentaba encima suya. Miró sus gruesos labios y tiró de su pelo hacia atrás, agachándose sobre él, besándole despacio, apretando sus labios, rozándoselos y mordiéndolos con delicadeza. Buscó su lengua con la suya, soltándole del hombro y poniéndole la mano en la mejilla, y cuando la encontró se volvió loca en su boca.
            Se suponía que el no podía besarla ante las cámaras pero le estaba devolviendo el beso con tantas ganas que le hizo jadear. Aflojó el tirón del pelo y acarició su cara, su cuello, su pecho. Todo sin dejar de besarle y sintiendo como cada vez tenía más calor. Le sobraba ropa. Antes de que ella lo hiciese, Nagase le estaba quitando la camiseta, dejándola con los pechos al aire y abrazándola por la cintura. Se besaban sin parar, cada vez con más ansias y ella también le quitó la camiseta. Nagase la agarró de la cintura y la miró a los ojos mientras lamía sus labios. Ella bajó la mano, agarrándosela de nuevo y moviéndola despacio.
– María-chan… – gemía con tanta facilidad que le asombraba – nos tenemos que ir…
– O no… – dijo ella bajando por la cama, metiéndose bajo las sábanas y pasando la lengua en círculos sutilmente por su erección. Se la chupó haciendo todo el ruido que podía para ponerle nervioso y aún así sus gemidos sonaban más fuertes.
– María…no…para… me gusta mucho – le susurraba. Pero no quería parar, le encantaba tenerla en la boca y escuchar cuanto le gustaba.
****************************
Se tapó la cabeza con las mantas y la miró. Pasó la lengua por su glande muy despacio, mirándole a los ojos. La movía en círculos lentos y pasó sus labios suavemente por su miembro de arriba abajo. Cuando volvió a llegar arriba, succionó metiéndosela en la boca y haciendo que Nagase se inclinase hacia adelante jadeando con fuerza. La chica movía la cabeza de arriba abajo sin prisas, rozándole con sus labios y lamiendo con su lengua en círculos. Utilizó sus manos también, y lamió sus testículos mientras le masturbaba igual de despacio. Lo hacía tan bien que no podía evitar gemir, estaba excitándose demasiado rápido.
– María, voy a correrme…kimochi…
– Eso pretendo – dijo sin dejar de masturbarle.
– María chan… María… – dijo cuando se la metió de nuevo en la boca.
Fue un poco más rápido, Nagase gemía entre dientes, agarrándola del pelo mientras ella se tragaba su esperma. No paraba de lamerle y él no paraba de correrse, resoplando y gimiendo. Relajó la tensión de sus músculos, aún con escalofríos cuando la chica se la sacó de la boca. Se puso la camiseta sin el sujetador y salió del cuarto riéndose. Cuando volvió se le había normalizado un poco la respiración y le ofreció un refresco. Lo bebió con ganas mientras le miraba beberse otro.
– Eso qué ha sido, ¿Por si dudaba?
– No. Siempre he querido hacértelo.
– Ya me he dado cuenta de que tenías ganas – dijo riéndose. Llamaban al teléfono y ella fue corriendo al salón. Al volver suspiró.
– En fin… si me han dicho que me vaya arreglando supongo que es porque tú también te tienes que ir – Nagase se levantó de la cama de mala gana, se vistió a la misma vez que ella y le puso las manos en la cintura.
– Te voy a echar de menos – dijo dándole con un dedo en la nariz.
– Pero si nos vamos a ver ahora – sonreía mirándole con tanta felicidad que se la transmitía.
– ¿Estas preparada? Porque esta noche voy a cambiar tu vida – dijo besándola, sintiendo su sonrisa y mirándola a los ojos después. Lo que no se esperaba fue su respuesta.
– Ya me la cambiaste hace tiempo, ahora deja que te la cambie yo a ti.

10 meses después

Soltó las llaves en la mesa del recibidor y las bolsas de la compra en la cocina. De lejos escuchó el pasar de páginas y un susurro constante. Cuando estaba guardando las verduras en el frigorífico escuchó la melodía de una canción que no le sonaba. Otra vez estaba componiendo. Llevaba así unos cuantos días y le gustaba verle trabajar pero al mismo tiempo estaba deseando que terminase. La única discusión más o menos grande entre los dos fue porque ella, sin darse cuenta, le distrajo cuando estaba componiendo. Se le fue el hilo de sus pensamientos y se enfadó, bastante. Así que cuando se ponía a ello no le quería distraer, sabía lo difícil que era pillar la inspiración y más aprovecharla. Justo en ese momento sonó el teléfono fijo y se apresuró a contestar, era Taichi.
– ¿Nagase? ¿Se puede saber qué estás haciendo?
– No, soy yo. Está ocupado con la guitarra.
– ¿Todavía? Hoy teníamos un partido… Habíamos quedado con más gente y le estamos esperando. Como tenía el móvil apagado pensé que se había quedado dormido o que venía de camino.
– Pues no, ¿Le digo algo? Es que no quiero interrumpirle.
– Déjalo, ya nos las apañamos. Llamaré a Sakurai-kun [1]o algo… no se. Gracias de todas maneras.
– De nada, pasatelo bien.
Siguió guardando las cosas y fue a la habitación a ponerse ropa más cómoda para estar en casa. Recogió un poco de paso y miró el reloj, casi era la hora del almuerzo. Iba camino a la cocina cuando le escuchó resoplar, y se asomó sin hacer ruido al cuarto en el que estaba. Le vio de espaldas, sentado en una silla con la guitarra en el regazo y un montón de papeles en el escritorio. Tenía las manos entrelazadas tras la nuca y murmuraba esa misma melodía que estaba tocando antes. Sonrió y fue a cerrar la puerta cuando la sobresaltó.
– ¡Mariiiiiiiiaaaaaaa! – más que una llamada fue un quejido.
– ¿Qué te pasa? – dijo acercándose a él.
– Se me ha ido la inspiración – dijo girándose la silla para mirarla.
– ¿Por culpa del teléfono?
– No, se me ha ido y punto. Vente – tiró de sus manos y la abrazó por la cintura –  ¿Quién era? – apoyó su cabeza con los ojos cerrados en el pecho de la chica.
– Taichi, para recordarte que te estaban esperando – le dijo ella pasándole los dedos por el pelo. El le miró con la boca abierta
– Se me había olvidado por completo…
– Ya te han suplantado, da igual. ¿Qué quieres comer?
– Vamos a pedir de la calle, tengo ganas de estar contigo. A lo mejor me viene otra vez la inspiración, suele pasarme cuando me llevo un rato a tu lado.
– ¿Habla de mí la canción? – le dijo bromeando
– Sí – María se quedó mirándole pasmada – esta es para ti. Espero que a los chicos les guste porque pretendo que sea el próximo single. Y pretendo sacarlo en unos meses, como regalo de aniversario.
– ¡Pero no me lo cuentes! – Dijo agarrándole de la nariz – ¿Puedo ver lo que llevas? – miró los papeles pero se levantó poniéndose delante.
– No, no, no. Hasta que no esté terminada no. Vas a ser la primera en oírla, te lo prometo.
– ¡No me puedes dejar dos meses con la intriga.
– Espero terminarla antes, ahora vamos a pedir algo de comer anda.
– Solo un vistazo, porfa… – Nagase suspiró y se giró hacia los papeles.
– Eres imposible, cuando se te mete algo en la cabeza… pero solo llevo un poco de la letra. Lo que tengo es la melodía – ella los cogió y la leyó.
            Mi corazón duele solo de pensar en ti
            Y no me salen las palabras
            Así que en lugar de eso, te cantaré lo que siento,
            Mientras que miro al lejano cielo,
            Siento las palabras derretirse en mi pecho,
            Y se vuelven lágrimas conforme van saliendo.
            De repente todo lo ordinario es brillante, solo por estar contigo
            Y en todo lo que puedo pensar es en que mañana sigas a mi lado
            Me pregunto si esto es lo que ellos llaman amor[2]
María lo leyó varias veces más, sentía la mirada de Nagase, expectante por su reacción, cruzado de brazos ante ella que no despegaba la vista del papel.
– Te he dicho que no estaba terminada, no es gran cosa.
– Es precioso – soltó el papel en la mesa y le pasó los brazos por los hombros, apretándole contra ella con fuerza – es el mejor regalo de aniversario del mundo
– ¿De verdad te gusta? – En el tono de su voz notaba como sonreía mientras la apretaba en sus brazos – Lo he escrito pensando en lo que sentía por ti los primeros días de conocerte, cuando todavía estabas en el concurso.
– ¿Y si te preguntan vas a decir de donde te salió la inspiración? – dijo mirándole a los ojos. Le dedicó una sonrisa de las que a ella más le gustaban.
– Claro que sí, cada vez que te miro a los ojos se me ocurren mil cosas que escribir.
– Al final va a resultar que sí que te he cambiado la vida ¿Eh? – le dijo dándole con el dedo en la mejilla.
– Claro que sí preciosa. Y espero que sigas cambiándomela. No me importaría ser padre… – dijo cogiéndola en peso y llevándosela a la habitación.
María se reía a carcajadas y él se reía solo al escuchar su risa. Y las risas fueron cambiadas por caricias y las caricias por besos, y esos besos por jadeos y por declaraciones de amor espontáneas entre gemidos. Y finalmente, se convirtieron en sonrisas relajadas, en besos esporádicos y cariñosos, en abrazos sin fin, y en lo que ambos esperaban que fuera un sentimiento que no cambiase nunca. Ese sentimiento tan especial de tener a alguien a tu lado que sabes que nunca te va a fallar, que te va a proteger y te va a querer pase lo que pase. El sentimiento de tener lo único que necesitas entre tus brazos, de sentirte la persona más afortunada del mundo.
– No puedo moverme – le dijo ella tumbada a su lado.
– Siempre te dejo muerta – dijo él levantando una ceja. María le dio un golpetazo en el pecho, haciéndole reír. Le agarró de la mano, se la besó – ¿Te habré dejado embarazada ya? – preguntó después de un buen rato de caricias.
– No sé si un bebé pero creo que algo me va a salir de las tripas porque no paran de sonarme.
Dio una carcajada y cogió el teléfono. Había mañanas que no se terminaba de creer donde estaba, con quién estaba y que esa persona le quisiese tanto como ella a él. Se pusieron de pie y se fueron de la mano al salón, pero por ella como si le llevaba al fin del mundo. Se agarraba a su persona favorita y no le iba a soltar por nada del mundo. Y como si le hubiese leído el pensamiento, Nagase apretó un poco su mano, sentándose en el sofá con ella sobre sus rodillas, y susurrándole al oído “No me sueltes nunca, ¿Vale?” Ella le abrazó, no iba a soltarle. Jamás.
___________________________________________________________________________
El fragmento de canción que os he puesto ^^♥


[1] Sakurai: Miembro del grupo Arashi
[2] Es parte de la canción de TOKIO “Lyric”, compuesta por Nagase.
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8 comentarios en “The Show

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