Not What It Seems

Por una vez, la idea de este fanfic no viene de un sueño (aunque creo que el de Keep Off The Grass tampoco fue un sueño…) La idea me la dio mi novio y lo demás vino solo.

Lucy es una chica americana con un poquito de sobrepeso y muy linda con poca experiencia en el sexo pero con un novio mestizo, Yuu,  que está de muerte. Pero como vais a ver nada más empezar la historia, no todo es tan bonito como parece a primera vista.

Os dejo unas imágenes de los personajes (el niño está tremendo y es medio español) y nada, como siempre, espero que disfrutéis leyendo 😉

Lucy
Yuu
(esas manos diosbenditodemivida esas manos…)

1

Miré a la izquierda y me di cuenta de que la ventana estaba abierta. Tampoco es que importase mucho, no habían escuchado nada seguro porque no había nada que escuchar. Miré a mi derecha y le observé quitarse el condón y vestirse. Me sentía avergonzada y no sabía ni porqué. Me senté en la cama de espaldas a él, empezando a enfadarme yo sola con la situación mientras me pasaba el jersey por la cabeza. No me había dado tiempo ni a mojar las bragas, no sabía cómo hacer para que fueran las cosas mejor. Otra vez había pasado lo mismo, y no me atrevía a decirle nada por miedo a discutir. Y es que estaba saliendo con el chico más atractivo del instituto, o por lo menos lo era para mis ojos. Le observé mientras se vestía: Tenía un pelo precioso y unos rasgos muy bonitos y exóticos, lo que se podría esperar de un mestizo. Por sus venas corría sangre japonesa y norteamericana: de los primeros había heredado sus ojos y su boca; de los segundos su altura, era increíblemente alto. Y no solo era atractivo, también sacaba unas notas impecables, era educado, bueno con los demás y hasta cierto punto tímido. Jugábamos juntos a videojuegos, nos llevábamos horas hablando e incluso me acompañaba a comprarme ropa a veces con más ganas que yo. Parecía perfecto pero claro, siempre había una pega. En la cama era horrible.

– Nena, he quedado con Jimmy ahora. ¿Nos vemos luego? – Preguntó una vez estuve vestida.

– No puedo, tengo que estudiar – No estaba de humor ni para mirarle a la cara.

– ¿Qué te pasa? – Se agachó ante mí y le miré, era realmente una pena que fuera tan decepcionante en cuanto a sexo se refería – ¿He hecho algo malo? – Me puso la mano en la mejilla.

– No… exactamente, pero ya hablaremos, vete con Jimmy.

– ¿Estas segura que no quieres hablar ahora? – Asentí con los labios apretados, saliendo de la casa antes que él.

Bajamos las escaleras y me monté en su moto, agarrándole de la cintura y tumbándome en su espalda. Me dejó en la puerta de mi casa y me despidió con un beso que derretiría hasta el mismísimo infierno. Es que no me podía enfadar con él… ya se solucionaría, siempre se solucionaba. Tal y como cerré la puerta de la casa escuché a mi madrastra saludarme. Era mucho más joven que mi padre y no podía evitar verla más como amiga que como madre.

– ¡Hola Lucy! Qué pronto has vuelto – Suspiré.

– Sí, demasiado pronto… oye, ¿si hablo contigo de una cosa me prometes no contárselo a mi padre? – Se me quedó mirando con una sonrisita, con un plato a medio fregar. Se quitó los guantes y se sentó conmigo en la mesa de la cocina.

– ¿Qué has hecho?

– No es que haya hecho nada malo – Dije, recogiéndome la melena.

– Eso deja que lo diga yo – No sabía por qué sonreía tanto.

– A ver, tengo 17 años y novio, en fin ya le conoces, sabes por dónde va la cosa.

– ¿Has mantenido relaciones con Yuu? – Me reí mirándome las manos y asentí, la sonrisa de Sarah se hizo más amplia.

– Pero aquí está el problema. No sé si soy yo o si es él, pero es que… no me entero. No siento nada.

– ¿Ha heredado el tamaño de su parte asiática? No me digas eso, con lo guapo que es.

– No, no, a ver, es un tamaño normal y corriente. Pero es que no sabe usarla y no dura ni 5 minutos, ya no sé qué hacer para decírselo sin ofenderle.

– ¿Hacéis calentamientos? Ya sabes, cositas antes de ir a lo importante.

– Es que normalmente tenemos prisa porque o tiene planes o va a llegar su padre, y no nos podemos parar a hacer nada más que no sea… ir al tema.

– El problema va a estar ahí – Se levantó y cerró la puerta de la cocina. Cuando volvió a sentarse bajó el tono de voz – Si tú no estás lo suficientemente excitada y simplemente va a meterla te va a costar que te guste como debería.

– Pero si me excito solo de verle sin camiseta – Sonreí ante su sonrisa juguetona – Es que es como… distante, no sé, me lo imaginaba de otra manera. Y me suele doler más que otra cosa.

– Lo mejor es que lo hables con él. La primera vez siempre suele ser una catástrofe pero no todas.

– A lo mejor no le pongo lo suficiente.

– No creo que sea eso, si no le gustases no estaría saliendo contigo, ¿no? – Sabía que lo que me estaba diciendo tenía sentido pero no podía evitar pensar al contrario.

– No sé, siempre se porta como el novio perfecto. Pero cuando llegamos a la cama… -La puerta de la cocina se abrió, sobresaltándome. Ambas nos pusimos un poco más derecha cuando entró mi padre con mi hermano pequeño – ¡Hola!

– ¿No te habías ido hoy con Yuu? – Me dijo nada más verme.                                                 .

– Sí, pero tenía otros planes. Es que quería verme un ratito. Oye Nathan, ¿qué tal el cole?

Mi hermano empezó a contarme lo fantástico que le fue todo pero no le estaba escuchando realmente. En mi cabeza buscaba la forma y manera de abordar el tema con Yuu sin que afectase a nuestra relación. No quería ofenderle por nada del mundo, pero quería sentir algo en la cama. Es que apenas me daba tiempo a fingir.

            Al día siguiente las clases transcurrieron con normalidad, intenté encontrar huecos para hablar con él a solas pero siempre había alguien buscándole. Un grupo de chicos y chicas jugaron un partido de baloncesto en la hora de gimnasia y se rifaban a Yuu por ser tan alto. A mí y a otras cuantas que no teníamos apenas habilidades atléticas ni nos miraron. De hecho yo estaba un poco rellenita: me sobraba carne de los muslos, un poco de las caderas y tenía claramente una barriguita que me costaba esconder. Pero todo lo compensaba con mi cintura estrecha y mis pechos, estaba orgullosa de ellos y solo por mantenerlos igual me negaba a perder peso. No me disgustaba mi cuerpo en conjunto, era la gente la que tenía problemas con él. Yuu y yo éramos muy diferentes: él era popular y yo más bien todo lo contrario. Apenas tenía amigos, casi siempre andaba sola por el instituto hasta que le conocí. Y no por nada, es que la gente en general no me gustaba y menos la gente de mi edad.

            Las que no jugábamos teníamos que ejercer de árbitros y lo prefería así, al menos me entretenía mirándole. Al acabar el partido, los jugadores y jugadoras fueron a ducharse y el resto simplemente nos marchábamos a clase. Esperé a Yuu en la puerta del vestuario masculino, como siempre, pero cuando salió de allí, sin decir nada, me agarró de la mano y me metió en el cuarto de mantenimiento del gimnasio cerrando la puerta tras él. Me llevé tal sorpresa cuando me empujó de espaldas a la pared y empezó a morderme el cuello salvajemente que no pude ni preguntarle. Se bajó y me bajó la ropa interior a toda prisa, aún de espaldas a él, y después de escupirse apresuradamente en la mano le sentí entrar en mi cuerpo.

– ¿Qué haces? Ten cuidado –  Protesté, apretando los dientes de dolor.

– Lo siento… – Susurró, agarrándome del trasero, respirando en mi cuello mientras me penetraba con brusquedad. Me agarró de las caderas y me echó hacia adelante. Cuando miré por encima de mi hombro, le vi con el cuerpo arqueado hacia atrás, jadeando con los ojos cerrados. Me pidió perdón, pero seguía igual de brusco.

– Yuu, no tienes puesto el con–

– Cállate – La sacó de mi cuerpo y se masturbó, eyaculando sobre las pelotas de voleibol.

Tras eso, se la volvió a guardar y me subió la ropa interior con delicadeza, besándome la mejilla y sonriéndome como sabía que me gustaba. Le miraba sin creerme que ese fuera el mismo con el que yo creía que estaba saliendo.

– ¿Qué ha sido eso? – No le pude devolver la sonrisa, realmente no tenía ni idea de qué acababa de pasar pero me sentía mal a la par que dolorida.

– ¿No te ha gustado? – No me creía que de verdad me estuviera preguntando eso.

– No. Me ha dolido. Cuando me he dado cuenta de qué estaba pasando, te has… – Señalé los balones.

Salí del allí negando con la cabeza y me fui a clase sin mirarle, sin decirle nada más. Se pasó toda la mañana buscándome, mirándome, intentando hablar conmigo y yo evitándole. Fui pensando camino a mi casa y seguí pensando mientras almorzaba. Me daba la impresión de ser un objeto sexual para él, no se preocupaba por que yo también disfrutase y cada vez lo tenía más claro. Yuu me gustaba mucho, pero no podía seguir así, teníamos que hablar.

            Cogí las llaves de mi asqueroso y viejo coche y me acerqué a su casa. Cuando frené hizo un ruido rarísimo y me dio la impresión de que se apagó antes de que quitase las llaves del contacto. Llamé a la puerta al menos 3 veces, pero no me abría nadie. También le llame al móvil pero no me contestaba, lo que me faltaba es que se hubiese enfadado él conmigo. Volví a mi coche y me metí cerrando con rabia, dándole al contacto y quedándome pasmada ante el quejido del motor que se negaba a arrancar. Por más que lo intentase, por más golpes que le diera al volante, parecía ser que estaba muerto. Cuando me dejé caer en el asiento, resoplando y al borde de la desesperación, escuché que un coche aparcaba tras el mío y que acto seguido daban unos golpecitos en el cristal.

– Ah, señor Yamato – El padre de Yuu, de donde heredó su mitad japonesa, me saludaba sonriente desde fuera del coche y no me pude alegrar más de verle. Abrí la puerta y salí.

– No me llames así, es demasiado serio – Me sonrió, inclinando la cabeza como siempre hacía.

– Vale, vale – Todos los días me decía lo mismo pero me costaba llamar a mi suegro con su nombre de pila – ¿Te puedo pedir un favor?

– Supongo que tiene que ver con el ruido horroroso que estaba haciendo esto.

– Sí, no sé qué le pasa que no arranca – Tsuyoshi, que es como se llamaba, era mecánico así que no podía agradecer más su presencia en ese momento. Abrió el capó del coche y se llevó un ratito echándole un vistazo. Al final hizo un ruidito de desaprobación que no me gustó nada.

– Arranca cuando yo te diga – Seguía agachado y toqueteando por aquí y por allí. Le di cuando me indicó, pero seguía haciendo ese ruido infernal. Al intentarlo como 5 veces más se puso derecho, negando con la cabeza – Déjamelo aquí y me lo llevo al taller mañana a primera hora. Aunque mejor sería que te comprases uno nuevo – Cerré el coche, le di las llaves y me dejé caer en la puerta pasándome la mano por el pelo.

– ¿Sabes dónde está Yuu? – Le pregunté, dándole un pañuelo para que se limpiase.

– Con Jimmy, creo. Si quieres pasa y merienda mientras le esperas, me dijo que no iba a tardar – Asentí y me metí con él en la casa – ¿Té o café?

– Té, gracias. ¿Y te ha dicho qué está haciendo?

– Un trabajo para clase – Me quedé mirando a Tsuyoshi contrariada. Que yo supiese no había ningún trabajo puesto.

– ¿Estás seguro que te ha dicho Jimmy? – Ahora era él quien me miraba contrariado.

– Sí, siempre que no está contigo está con él – Se dio la vuelta y siguió haciendo el té – Y no lo entiendo. Si yo tuviera una novia como tú no saldría nunca con mis amigos, se lo digo siempre – Le escuchaba hablar pero no le estaba prestando atención, me miraba las manos, dándole vueltas a lo del trabajo. A lo mejor se me había olvidado pero era muy raro, llevaba todo lo del instituto al día y juraría que no había nada en ese momento – ¿Qué pasa? – Se sentó frente a mí poniéndome el té por delante.

– ¿Has notado a Yuu raro? ¿Le ha pasado algo ayer?

– Que yo sepa no, pero sí que he notado que está diferente y no solo desde ayer. Sale mucho y no me dice dónde, creía que se iba contigo – Apoyé el codo en la mesa, pasándome la mano por el pelo de nuevo – Pero no te preocupes, habla con él primero.

– Mucho vamos a tener que hablar…

– Pero si hace dos días estabais perfectos – Hice una mueca y le miré. Me devolvió la mirada por encima de la taza de té y vi la forma de los ojos de Yuu en los de Tsuyoshi, aunque definitivamente eran diferentes. Los de Yuu eran más cálidos, o al menos lo habían sido hasta el momento – ¿Ha pasado algo raro entre vosotros?

– No es que pueda contártelo, la verdad – Sonrió ligeramente – Es privado.

– Yuu me lo cuenta todo, ya sé qué habéis y qué no habéis hecho y oye, me parece normal – No podía estar hablando de eso con mi suegro, era demasiado raro – O al menos con la edad que tenéis es normal. Si tienes algún problema deberías de hablarlo con él.

– La cosa es… que no es normal. No sé qué le pasa a Yuu pero no se comporta como esperaba que fuese a comportarse cuando llegáramos a este punto. A lo mejor es que yo soy inocente y me creo que el sexo es de otra manera, no lo sé.

– ¿Te trata mal? – Le di un sorbo al té, estaba tremendamente fuerte.

– No, no, no. No es que me trate mal exactamente. Es bueno conmigo – Me acordé de lo de esa mañana – Casi siempre – Tsuyoshi me miraba serio – A veces es un poco brusco.

– Si no sabe hacer las cosas bien tienes que decírselo.

– Me dices lo mismo que mi madrastra, el problema es que yo tampoco sé hacer las cosas bien. Yuu es el primero y… – Le miré. Me escuchaba atento y de repente me estaba muriendo de vergüenza – No debería de hablar estas cosas con usted, lo siento.

– Como quieras – Se levantó y dejó la taza de té vacía en el fregadero.

– Voy a esperar a Yuu en su cuarto.

Me fui escaleras arriba con la taza de té y me senté en el escritorio de mi novio. En el corcho de la pared tenía fotos conmigo y con más gente de la clase. Suspiré y me levanté, inquieta. Me puse a mirar las cosas que tenía en su mesa de noche pero no encontré nada raro. En la calle escuché una moto que aparcaba cerca de la casa y me puse nerviosa solo de saber que había llegado ya. Unos minutos después escuché pasos en la escalera, pero me quedé de espaldas a la puerta, mirando al corcho de nuevo con los brazos cruzados. Quería que supiese lo enfadada que estaba, que se diese cuenta antes de empezar a hablar.

            La puerta de la habitación se abrió y no dijo nada, al principio se quedó quieto donde estaba. Le escuché acercarse a mí y sentí como me pasaba las manos por la cintura. Buena manera de empezar a disculparse. Se agachó pegándose a mi cuerpo y después de quitar mi melena de en medio con los dedos cerré los ojos al sentir sus gruesos labios en mi cuello. Nunca me había besado de esa manera, tenía todos los vellos de punta por sus caricias y se me estaba empezando a olvidar el motivo de mi enfado. Sus dedos metiéndose por debajo de mi camisa me hicieron respirar más rápido, acariciándome la barriga y subiendo. Me agarró de la cintura con la otra mano pegando mi trasero a su entrepierna. Se le había puesto durísima y me excité muchísimo cuando empezó a rozarse. Pareció notarlo y me pasó la lengua por el lóbulo de la oreja, haciendo que se me escapase un gemidito.

– Yo puedo enseñarte todo lo que necesitas saber – Cuando me susurró al oído me quedé unos segundos sin saber qué hacer. No era Yuu, era Tsuyoshi. Saqué su mano de debajo de la camiseta y me di la vuelta apoyándome en el escritorio, mirándole sin saber cómo reaccionar.

– Señor Yamato, yo no…

– ¿Creías que era Yuu? – Susurró con una ceja levantada – Yuu no es capaz de hacerte ni la mitad de cosas que se me ocurren cada vez que te miro.

Se me estaba acercando despacio, yo estaba petrificada, agarrando con fuerza el borde del escritorio. Quería decirle que no se acercase más pero en su lugar miré los labios de Tsuyoshi, tan gruesos como los de Yuu. Y probablemente él lo interpretó mal porque de repente lo tenía encima, con las manos apoyadas en el escritorio a cada lado de mi cuerpo y rozando mi boca con la suya. No podía hacer otra cosa que no fuese respirar como si faltara el aire en la habitación, aspirando su aliento, sintiendo la punta de su lengua rozarse con mis labios. Tenía que mirar hacia arriba porque él también era muy alto y no sabía por qué no le alejaba de mí, es más, de repente me estaba besando y yo le estaba devolviendo el beso. Y se notaba que sabía lo que hacía, solo el roce de su lengua con la mía me hizo mojar las bragas de una manera exagerada. Sentí una descoordinación total: mi mente me gritaba que me fuese corriendo a mi casa; mis manos subieron por los brazos de Tsuyoshi hasta sus hombros, apretándolos con fuerza conforme nos besábamos con más ganas. Y a la misma vez que sentí sus dedos acariciarme la espalda escuché que la puerta de la calle se cerraba.

– ¿Hola? ¿Lucy? – Escuché a Yuu escaleras abajo.

Tsuyoshi se separó de mí despacio sacando su lengua de mi boca, rozando mis labios con ella despacio. Salió de la habitación de espaldas, sin quitarme la vista de encima. Me miraba de arriba abajo mientras se pasaba la mano por la bragueta, colocándose bien la erección que le provocó mi cuerpo.

– Yuu, tienes visita – Le dijo una vez salió de la habitación. Me di la vuelta y me senté en la silla del escritorio, dándole un sorbo a la taza de té e intentando tranquilizarme.

– Hola – Mi novio me saludaba con una sonrisa y yo no podía mirarle a la cara. Cerró la puerta de la habitación y se sentó en el filo de la cama, junto a mí – Oye, siento mucho lo de esta mañana. No sé en qué estaba pensando.

– Yo tampoco – Respondí después de aclararme la garganta – Pero no vuelvas a hacerlo.

– Te lo prometo. No quería hacerte daño. Lucy, sabes que te quie–

– ¿Dónde estabas? – Le corté, quería hablar las cosas. Ya pensaría más tarde en lo que yo había hecho. Además, no iba a soportar la culpabilidad si me soltaba un “te quiero”

– Con Jimmy – Me miraba extrañado – ¿No te lo ha dicho mi padre?

– Sí, pero también me ha dicho que estabais haciendo un trabajo y ahora mismo no hay puesto ninguno. ¿Qué está pasando Yuu? – Se quedó mirándome sin decir nada, miró al techo resoplando y se rio.

– Era un trabajo de verdad, de los que pagan. Estábamos repartiendo propaganda.

– ¿Me estás mintiendo? – Sabía que no era la más indicada para preguntarle eso en estos momentos pero tenía que saber las cosas como eran.

– No seas tonta, ven aquí – Me cogió de la mano pero me solté.

– No Yuu, aquí pasa algo raro. No es normal ese “cállate” que me soltaste esta mañana, ni esas maneras tan bruscas.

– Lo sé, lo siento – Su sonrisa dio paso a un gesto avergonzado.

– Solo quiero que sepas que algo así no va a volver a pasar, no voy a tolerar que me trates de esa manera – Me levanté de la silla, cogiendo mi chaquetón – Me voy, tengo cosas que hacer.

Me marché de la habitación sin más. No quería hablar con él en esos momentos y tampoco quería besarle o me iba a sentir demasiado culpable por lo que acababa de pasar con su padre. Al salir de la casa me acordé de que mi coche no me iba a llevar a ninguna parte.

– ¿Te llevo? – Miré a Tsuyoshi sin poder creérmelo. Allí estaba, apoyado en el marco de la puerta de su casa como si no pasase nada.

– No – Le paré con un gesto de mi mano – No te acerques – Susurré mirando al suelo.

– ¿Y cómo te vas a ir? – Se metió dentro de su coche y arrancó, esperando a que yo me subiese con él. Miré hacia arriba y vi a Yuu asomado por la ventana de su cuarto.

– Ni me mires – Le ordené a Tsuyoshi montándome en el coche, mirando por la ventanilla mientras me ponía el cinturón.

– Como quieras,  ¿has hablado con Yuu?

– No como debería – no sabía por qué me había besado tan de repente  pero no paraba de darle vueltas. Y ahora no podía estar a su lado como si nada.

– Entonces habéis follado – Le miré expulsando el aire, incrédula – Ahora entiendo tu frustración. Yo me he llevado más tiempo solo besándote.

– ¿No te importa que sea tu hijo? ¿No tienes vergüenza? Y no, no hemos hecho nada.

– No es que no me importe, es que él no te cuida como debería. O al menos no como te mereces, eso está claro. De hacerlo no me habrías besado con tantas ganas – Miré por la ventanilla, estaba muy nerviosa – Tienes que hablar con él. Soluciona las cosas.

Cuando llegué a mi casa me bajé del coche sin decirle nada, sin mirarle, directa hacia mi habitación. Me apoyé en la puerta de mi cuarto resoplando mientras escuchaba su coche alejarse. Me estaba costando asimilar todo lo que estaba pasando, era demasiado confuso y ya no sabía ni lo que sentía. ¿Me había besado solo para demostrarme que lo mío con Yuu no iba bien o qué? Me puse un camisón y me senté en mi escritorio, sacando las cosas del instituto. Al sacar el bolígrafo del estuche me lo llevé a la boca, como siempre. Aún  estaba excitada, me había dejado con tantas ganas de sexo que no sabía qué hacer conmigo misma. Miré el bolígrafo y me lo pasé despacio por encima de las braguitas. Por inercia pensé en Yuu, como hacía siempre: en su cuerpo, en cómo me besaba, su voz, sus manos… Cuando me quise dar cuenta estaba pensando en las de Tsuyoshi bajo mi camiseta. Fantaseé con qué habría pasado de no llegar Yuu y en que me penetraba con esa monstruosidad gruesa que había sentido tan dura en mi trasero. Apenas tardé en correrme, tumbada en la mesa con las piernas apretadas y ahogando un gemido nacido desde lo más profundo de mi ser.

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¡Hola, hola Tsuyoshi!
 

2

Esa noche apenas dormí. Por una parte me sentía mal por Yuu porque aunque me tratase como me trató en el gimnasio no se merecía que le pusiese los cuernos, y menos con su padre. Por otra parte estaba la idea de que Tsuyoshi lo había hecho para que me diese cuenta de que no sentía por Yuu lo que yo pensaba, y la verdad es que comenzaba a tener mis dudas. Si de verdad le quisiese no habría dejado que me besase, y menos aún me habría puesto a fantasear con él. Desesperada y harta de dar vueltas en la cama, miré mi despertador y me di cuenta de que solo faltaban 10 minutos para que sonara la alarma. Me levanté y me vestí, desayuné con tranquilidad y me fui a clase en autobús. Era un problema no tener el coche, esperaba que estuviese pronto arreglado.

En clase, Yuu me miraba preocupado desde su asiento y yo no podía evitar apartar la vista. No porque estuviese enfadada, es que la culpabilidad me estaba matando. Me sentía realmente mal por lo que había pasado, Yuu no se lo merecía. Aun sabiéndolo, no hablé con él en todo el día. Almorcé casi sin darme cuenta de qué me llevaba a la boca, no tenía apetito. Y no pasó mucho rato hasta que le puse remedio a esa situación, en mi casa me estaba volviendo loca de tanto pensar. Fui en bicicleta hasta la casa de Yuu porque teníamos que hablar de muchas cosas, de nuestra relación en general. Al llegar al porche, escuché que tenía música puesta a todo volumen en su cuarto. Llamé al timbre pero no abrían, suponía que con el escándalo no se enteraba. Insistí dos veces más hasta que me pusieron la mano en el hombro.

– Ya abro yo – Tsuyoshi acababa de llegar y me apartó de la puerta con una sonrisa. Me alejé de él todo lo que pude, sin mirarle – Cualquier día nos denuncian por culpa de este niño – Cogió una escoba que tenían en la entrada y dio golpes en el techo, la música paró casi al instante – ¡Ha venido Lucy a verte, baja de una vez! – Me miró sonriendo – Me va a llevar un día más tener tu coche a punto, lo siento.

– No te preocupes, muchísimas gracias.

– Ese coche tiene muchos años – Se acercó un poco más y me susurró – Me pregunto cuántas veces habrás hecho “cositas” en el – Me centré en no mirarle, pero era complicado.

Olía tanto a hombre que me estaba sintiendo tentada a hundir la nariz en su cuello, eso era algo que no me pasaba con Yuu, que siempre olía a colonia. Sin entender bien por qué, el olor de Tsuyoshi me atraía muchísimo, excitándome. Al mirarle me encontré con su sonrisa traviesa. Un mechón de ese pelo negro que tenía le caía junto la mejilla. Me miró la boca y miré la suya, había tanta tensión sexual en el ambiente que casi se podía tocar. Yuu tardó un rato en bajar en el que Tsuyoshi recorrió mi cuerpo con sus ojos varias veces, poniéndome histérica al lamerse los labios. Escuché que bajaban dos pares de pies.

– Perdona Lucy, no me había enterado con la música – Se disculpó Yuu, seguido de Jimmy.

– Nos vemos mañana – Le dijo a Yuu – Hasta otro día señor Yamato – Se despidió de mí con la cabeza, de malas maneras.

– ¿Subes? – Asentí y fui tras mi novio, sintiendo la mirada de Tsuyoshi seguirme escaleras arriba. Me habría gustado que él me siguiese escaleras arriba. Tenía la videoconsola puesta, habría estado jugando con Jimmy y se cabrearía por tener que irse al llegar yo. Que le den por culo, pensé.

– ¿Me has perdonado? – Suspiré y miré al techo. Era una zorra.

– No van bien las cosas entre nosotros Yuu.

– ¿Por qué dices eso? – Preguntó serio.

– Al menos por mi parte las cosas no están bien.

– ¿Es por el sexo? – Alcé las cejas. Por lo menos se había dado cuenta.

– No es solo por eso, son más cosas. No me siento igual contigo porque tú no estás igual conmigo. Y yo también he cambiado.

– No, Lucy, no digas eso. Lo del gimnasio fue un error, un impulso que lamento muchísimo. No quiero que nuestra relación se estropee por un solo error.

Me puso su mano en la mejilla y me besó con dulzura, mirándome a los ojos. Suspiré mientras me abrazaba, no sabía cómo salir de esa situación, no quería hacerle daño pero estaba viendo que de una manera u otra lo iba a hacer. Si cortaba con él le iba a joder y si seguía a su lado pensando en Tsuyoshi…  Sentí sus manos bajar por mi espalda, agarrándome del trasero. Entonces me miró, y al ver sus ojos color miel clavarse en los míos me entraron ganas de perdonárselo todo. La carne es débil, dicen… Comenzó a besarme, tumbándome en la cama y poniéndose sobre mi cuerpo. Me sentí culpable al sentir sus labios y comprarlos con los de Tsuyoshi, pero estaba tan caliente que no quise pararle.

Para no variar en su manera de hacer las cosas últimamente, se bajó los pantalones con prisas y de seguido me bajó a mí los míos. Sentí sus dedos en mi entrepierna y me miró asombrado, sonriendo

– ¿Ya estás tan mojada? – Me sentí fatal, pero por una vez en su vida Yuu estaba haciendo las cosas bien y yo estaba tan cachonda por culpa de su padre que no pude más que gemir al notar sus dedos rozarme.

Metió uno en mi cuerpo y aunque prácticamente entró solo seguía sin hacerlo con delicadeza. Acaricié su erección despacio, sacándola de sus pantalones, mientras él me masturbaba con sus dedos. Me estaba gustando, me estaba gustando bastante. Empecé a sonreír con los ojos cerrados cuando le escuché gemir, y le miré justo para recibir en la cara un chorreón de su esperma.

– No me lo puedo creer – Susurré escupiendo – Esto ya es… – Se echó hacia un lado, mirándome un poco avergonzado.

Me limpié con las sábanas de su cama y me puse en pie, poniéndome bien los pantalones. No sabía si reírme o si llorar de la desesperación. Tras mirarme en el espejo y asegurarme de que no tenía nada más manchado, me fui de su habitación y de su casa, alegrándome de no haberme encontrado a Tsuyoshi por el camino. Era lo que me faltaba. Nunca en mi vida había pedaleado con tanta rabia.

A la mañana siguiente, después de pasar una noche horrorosa en la que no paré de pensar en lo hija de puta que era, Yuu me llamó para decirme que me recogía en la moto para ir a clase. Fue todo muy raro, apenas me miraba a la cara y yo hacía más de lo mismo. Cada uno nos avergonzábamos de algo totalmente distinto, tenía que hablar con él ese mismo día de una vez por todas, sin dejarme llevar por su cara bonita. A la hora del descanso le vi salir de clase a toda prisa, con mala cara y con Jimmy. Fui tras ellos sin que se dieran cuenta hasta un lugar apartado del instituto. Me quedé totalmente en silencio cuando les escuché hablar.

– Ya no sé qué hacer con Lucy – Dijo Yuu – No quiero hacerle daño, bueno, más daño del que ya le he hecho. Pero no sé cómo decírselo.

– Yo creo que cuanto más lo retrases peor – Contestó su mejor amigo – No está bien mentir tanto tiempo – No era la única mentirosa después de todo. Y yo agobiándome

– ¿Y a ti te da igual? ¿No importa lo que digan?

– A mí siempre me ha dado igual, eres tú el que tiene problemas – Se quedaron callados – ¿Alguna vez te ha gustado de verdad Lucy?

– Claro que sí, y me sigue gustando. Es una chica increíble y preciosa, ya lo sabes.

– Sí… bueno – De verdad que no soportaba a ese imbécil.

– Tienes ojos en la cara, no me puedes decir que no es bonita.

– Está gorda – Me entraron ganas de tirarle algo. Más que por el intento de insulto por el desprecio que noté en su voz.

– Tú lo que tienes es envidia – Yuu se rio tan alegremente que me sorprendió.

No lo pude evitar y me asomé. Casi me dio algo cuando les vi besarse tórridamente, apasionados, con tanto deseo y tocándose como Yuu nunca me había tocado a mí. Le miraba de una manera totalmente diferente a como me miraba. Ahora lo entendía todo. Aún en shock, me di la vuelta y me fui hacia la clase, sintiéndome un poco menos zorra. Sabía que no todo había sido una farsa por lo que Yuu acababa de decir, pero estaba claro el motivo de que fuera tan malo en el sexo, al menos conmigo. No le excitaba en absoluto. Me quería y le gustaba, sí, pero no como pareja. Cuando al rato le vi entrar en clase no supe cómo reaccionar. Jimmy me miraba enfadado al ver que Yuu se sentaba junto a mí. También entendía ahora esas miraditas asesinas.

– Creo que tenemos que hablar.

– No hace falta, os acabo de ver juntos – Se quedó blanco, más de lo que ya era – Lo único que lamento de todo esto es que no me lo hayas dicho antes – Mascullé – Me siento usada.

– ¿Usada? No – Me cogió las manos – Yo no quería que te sintieses así, cuando empecé a salir contigo de verdad sentí que te quería. Pero supongo que he confundido sentimientos.

– ¿Ahora me vas a venir con que has confundido amistad con amor? ¿En qué punto de nuestra relación te diste cuenta de que te gustaban más las pollas que los coños? ¿Me lo explicas?

– Lucy – Miró a los lados, pero en la clase solo estábamos nosotros tres y el grupo de empollones que no le hacía daño a nadie – Es desde hace poco, te lo juro. No quería mentirte, pero tampoco quería perderte – Me reí, si él supiera… – Sé que ahora te pido mucho – Parecía que se iba a poner a llorar de un momento a otro, me estaba dando hasta lástima – Pero no quiero perder tu amistad. Significa muchísimo para mí.

– Creo que nos deberíamos de llevar un tiempo sin relacionarnos. Yo al menos lo necesito.

– Lo siento tanto Lucy… no te mereces esto.

– Claro que no me lo merezco – Me levanté de la silla enfadada y dolida. Me fui directa a Jimmy, que me miró encogiéndose en el asiento. Me quité la alianza y se la tiré a la cara – Felicidades. Y no estoy gorda, estoy buenísima, gilipollas.

Cogí mis cosas y salí de clase. Yuu me intentó parar por el camino pero le miré de tal manera que me soltó el brazo. Fui andando hasta mi casa, me llevó casi una hora pero me sentó bien pensar, estar yo sola conmigo misma. Eché unas cuantas lagrimitas de rabia y me quedé un poco más tranquila, tampoco tenía planeado llevarme la vida deprimida por alguien que me había engañado tan descaradamente. Sabía que estaba siendo un poco hipócrita porque yo también le estaba engañando, al menos en mis fantasías sexuales,  pero ya no me sentía tan mal por lo de Tsuyoshi. Al llegar a casa me encontré a Sarah sentada en el salón con algo en las manos y cara de preocupación. Se me olvidaron mis problemas en un instante.

– ¿Hoy has acabado las clases antes? – Preguntó poniéndose de pie y guardándose lo que fuese en los bolsillos.

– ¿Qué era eso? – Evadí su pregunta lanzando yo otra. Me miró suspirando, metiendo la mano de nuevo en los pantalones. Lo que me dio fue un test de embarazo.

– Es positivo – Me quedé en silencio sin saber si alegrarme por ella o no.

– ¿Enhorabuena? Es que no te veo muy contenta…

– ¿Cómo crees que va a reaccionar tu padre? ¿Le hará ilusión o no? ¿A ti qué te parece?

– ¿A mí? Es bueno siempre que tú quieras, creo yo. Tienes una relación estable con mi padre, estás viviendo con nosotros y nos gustas… sería algo que os uniera definitivamente. No sé por qué mi hermano no iba a querer tener una madre de nuevo y que se quedase para siempre – Sarah se levantó del sofá dándome un abrazo fuerte y cariñoso.

– Muchas gracias, no sabes lo que valoro que me digas esas cosas. Es muy importante para mí.

– No pasa nada – Era una mujer adorable, realmente lo era –  ¿Vas a tenerlo entonces?

– Tengo que hablar antes con tu padre, pero muchas gracias por escucharme – Me sonrió, también era preciosa. No me extrañaba que mi padre se hubiese enamorado de nuevo – Oye, ¿cómo has venido? ¿Te ha traído Yuu?

– No, he venido andando.

– ¿Hablaste con él? Ayer no saliste del cuarto desde que llegaste.

– He hablado con él ahora y se acabó, ya no estamos juntos – Sarah me miró con lastima.

– ¿Solo por el sexo? – Me reí, negando con la cabeza.

– No, si fuese solo eso… Yuu es homosexual y me estaba engañando con su amigo – Al ver la expresión de Sarah no pude evitar dar una carcajada – Eso explica muchas cosas. Lo he visto con mis propios ojos, es como es y punto. Pero ahora quiere que sigamos siendo amigos y la verdad…

– No quiero menospreciar tus sentimientos pero teniendo la edad que tienes estoy segura de que vas a encontrar a otra persona en poco tiempo. Solo estuviste cuatro meses con Yuu, pasará pronto – Sabía que tenía razón, no era la primera vez que me dejaban y esta casi que lo vi venir – ¿Sabes qué tendrías que hacer? Buscar a otro tío que estuviese más bueno y tirártelo – Me llevé las manos a la cara, resoplando y pensando en Tsuyoshi. Llamaron al timbre y se levantó Sarah a abrir. En menos de un minuto estaba en el salón de nuevo.

– Hay un hombre asiático preguntando por ti en la puerta ¿Tiene algo que ver con Yuu? Es muy guapo – Me levanté, con un nudo en el estómago de los mismos nervios. “Hablando del rey de Roma…” Tsuyoshi me dedicó una sonrisita de lado con las llaves de mi coche en la mano.

– Ya lo tienes a punto – Me mordí el labio. Yo sí que estaba a punto.

– Ah, gracias, que rápido – Salí con él porque sabía que Sarah estaba escuchando y me daba vergüenza – ¿Cuánto te debo?

– Por eso no te preocupes, ya lo hablaremos – Encaró una ceja.

– Tsuyoshi, lo del otro día…

– ¿Hablaste con Yuu? – Me cortó a media frase. Asentí – ¿Y?

– No ha ido bien. Él tiene otras cosas en la cabeza ahora mismo que no soy yo.

– Más que en la cabeza yo diría en otra parte ¿Te lo ha contado todo?

– ¿Lo sabías? – Le miré con asombro, si lo sabía me lo podría haber dicho antes.

– Me lo dijo el otro día cuando llegué a casa después de dejarte aquí. Se desmoronó y me lo contó todo. Estaba aterrado con la idea de que renegase de él. Lo que no sé es como va a reaccionar su madre – Esa mujer para mí era una extraña, estaban divorciados y nunca la había visto – Y supongo que ahora no quieres saber nada de Yuu…

– No me agrada la idea de verle ahora mismo, no.

– No hables de él con tanto desdén, tú no eres ninguna santa – Me miró de arriba a abajo de una manera que me dejó sin argumentos. Al verme mirar hacia otro lado se rio.

– No le habrás dicho nada a Yuu, ¿verdad?

– ¿Quieres que lo sepa? – No tenía vergüenza ninguna.

– No. Fue una cosa puntual, pasó y ya está. No tiene más explicación que esa.

– ¿Estás sola? – Me sorprendía cada vez más a cada palabra que salía de su boca.

– No, está mi madrastra.

– ¿Y tu padre?

– No viene hasta la tarde, y mi hermano no… – Dejé de hablar al verle acercarse a mí, con esa mirada tan peligrosa, arrinconándome contra la puerta al apoyarse en esta con una mano. Se quedó a centímetros de mi boca.

– No ha sido algo puntual y lo sabes. Te mueres de ganas por saber qué soy capaz de hacerte, lo sé, lo noté. Cuando te besé temblabas – Su sonrisa era constante, mis latidos ensordecedores.

– Me cogiste por sorpresa, no fue nada más que eso – Sentí sus dedos rozando los míos – No te pienses que me pones tan nerviosa.

– Me agarraste de los hombros y me acercaste a ti, ¿también me lo estoy inventando?

– Estaba confusa – No podía evitar mirarle la boca, si le miraba a los ojos me costaba pensar – Hablas mucho y haces poco. Esa es la impresión que me das.

No quería provocarle, pero era lo que realmente pensaba y resulta que tengo el problema de decir lo que pienso. Su lengua se deslizó por sus gruesos labios, abriéndolos y acercando su boca a la mía. Cuando me besó dulcemente apenas podía respirar, se me pusieron todos los vellos de punta al sentir su mano acariciarme el brazo. Apreté los puños contra mis piernas.

– Espero que le perdones pronto – Rozó mis labios con las yemas de sus dedos – me gustaría ver este cuerpo que tienes rondar por mi casa – Bajó su mano hasta mi cintura mientras me agarraba de la nuca con la otra, oliéndome el pelo, expulsando el aire en mi cuello, excitándome de una manera exagerada – ¿Te has tocado esta noche pensando en mí? Porque yo sí lo he hecho pensando en ti, y me encantó imaginarte desnuda – Susurró. Me sentí tan avergonzada que le di un empujón, apartándole. Él se quedó mirándome sonriente.

– Gracias por lo del coche – Me di la vuelta para entrar en mi casa.

– He acertado, ¿a que sí?

Cerré la puerta a mis espaldas, dejándome caer en ella y resoplando. Me pasé las manos por la cara, respirando hondo. Tenía que hacer las cosas bien, tenía que tener autocontrol, no me podía dejar llevar de esta manera ¿Por qué de repente solo tenía a Tsuyoshi en la cabeza?

– ¿Qué acaba de pasar? – Preguntó Sarah mirándome con la boca abierta.

– ¿Lo has visto?

– Lo he oído, he abierto la ventana del salón para cotillear, lo siento – Me pasé una mano por la cara, indecisa. Fui al salón con ella.

– Mira, como no se lo cuente a alguien me va a dar algo. Antes, he estado a punto de ir a casa de Yuu en vez de aquí. No era para verle a él, sigue en clase. No te escandalices mucho, pero el otro día entré en su casa a esperarle y me quedé a solas con su padre, el que acaba de venir, y nos besamos. Y ahora–

– Espera, espera, espera – Sarah se sentó en el sofá y me sentó a su lado – A ver que yo me entere. Tu novio es gay, y tú te has liado con su padre. ¿Y pretendías ir a liarte con él de nuevo?

– ¡Ya sé que está mal! Tiene que tener cerca de los 40 pero es que te juro que jamás he sentido nada igual que cuando me besó. Noté las ganas que tenía de estar cerca de mi cuerpo, fue tan… sexual – Sarah me miraba con una sonrisita –  No sé decirte, me gustó tanto ese beso que no me lo puedo quitar de la cabeza, y me siento mal por ello.

– ¿Por qué? Yuu te ponía los cuernos con un hombre y tú con su padre que por otra parte es comprensible teniendo en cuenta lo bueno que está. Yo lo veo totalmente justo. Y por lo de la edad no te preocupes más. Me llevo 20 años con tu padre Lucy, parece que se te olvidan las cosas. He estado con bastantes chicos, y te aseguro que ninguno me ha hecho sentir las cosas que me ha hecho sentir él. Será la experiencia.

– No necesito detalles, gracias. Entonces, ¿crees que debería verle otra vez? No sé qué hacer, no sé cómo hacer las cosas bien.

– No se trata de lo que está bien o lo que está mal. Creo que deberías hacer lo que te haga sentir bien y que le den por culo al mundo si no le gusta.

Tener a Sarah cerca era una gran ventaja, era la amiga que nunca tuve. Se lo podía contar todo que no me juzgaba y cuando lo hacía, era por mi bien. Cuando llegó mi padre, justo antes de almorzar, se metieron juntos en la habitación y salieron al poco rato, sonrientes, diciéndole a mi hermano pequeño que si quería un hermanito. Se volvió loco de alegría. Me metí en mi habitación después de comer y me tiré en la cama. Era viernes y los viernes normalmente los pasaba con Yuu. Pero ahora… ahora no paraba de pensar en Tsuyoshi, y me enfadaba la situación. Me eché una siesta larguísima y me llevé toda la tarde jugando a videojuegos, con el teléfono apagado. La noche y el sábado entero me los pasé casi igual, saliendo del cuarto solo a comer y al servicio. Necesitaba pasar un tiempo a solas, pensando en mis cosas, intentando no pensar ni en Yuu ni en su padre. Pero el domingo, al despertarme, encendí el teléfono móvil y me sorprendí porque jamás había tenido tantas llamadas perdidas. Todas de Yuu, por supuesto. Suspiré aún debajo de las mantas y le llamé.

– Lucy, por fin… ¿Cómo estás?

– Medio dormida ¿Qué quieres? – No tenía derecho a enfadarme con él.

– Hablar contigo, no quiero dejar las cosas así, ¿puedes venir a mi casa?

– ¿A tu casa? – Pensé en Tsuyoshi y me puse nerviosa de inmediato – ¿No puede ser en otro sitio?

– ¿Qué tiene de malo mi casa?

– Nada – Más me valía no hacerle ver que algo pasaba, no quería preguntas que le llevaran a deducir nada – Esta tarde nos vemos.

– Vente a almorzar. Es domingo y mi padre no trabaja así que va a hacer de comer y ya sabes lo buenísimo que es cocinando – Me llevé una mano a la frente, pensando con los ojos cerrados. Me encantaba la cocina japonesa y él lo sabía, pero tener que estar con los dos en el mismo sitio y al mismo tiempo…

– Vale, me ducho y voy para allá.

– Gracias por no odiarme mucho.

– Vete a la mierda Yuu.

Le colgué y me giré en la cama, mirando un peluche que me había regalado él. Le tiré el teléfono y me levanté, rascándome la cabeza y poniéndome bien las bragas. Cogí la ropa limpia que me iba a poner y me metí en la ducha. Estaba enfadada con Yuu pero al mismo tiempo seguía sintiéndome mal por haberle engañado, los remordimientos no me dejaban tranquila. Entonces me acordé de que el día anterior cuando fui a verle tardó mucho en recibirme, y estaba con Jimmy. Me empecé a reír, los dos éramos unas zorras mentirosas. No sabía cómo lo iba a hacer para aguantar el tipo pero si de verdad quería tener algo con Tsuyoshi, aunque solo fuese físico, tenía que saber enfrentarme a una situación como esa, los dos juntos en la misma habitación y que no se notase nada. No tenía ni idea de cómo podía haberme metido en ese lío, y lo peor es que estaba deseando llegar a su casa para ver qué pasaba. Al salir de la ducha me encontré a mi padre desayunando con mi hermano y Sarah. Les sonreí, cogí un batido de chocolate del frigorífico y me lo bebí casi de golpe. Me comí unas cuantas galletas y me fui a lavarme los dientes, a conciencia. Me llevé hasta un paquete de chicles para el camino, nunca se sabía. Cada vez más nerviosa, me despedí de ellos en la cocina.

– ¿Dónde vas? – Me preguntó mi padre

– A casa de Yuu, me han invitado a almorzar y su padre nos va a hacer la comida – Sarah me miró alzando las cejas, ocultando una sonrisita divertida detrás de la taza de chocolate caliente.

– ¿Pero no habíais cortado?

– Sí. Nos vemos luego.

 

Salí de la casa con unas ganas de reírme horrorosas de los mismos nervios que sentía. Conduje con la radio puesta e intentando prestar atención a la carretera pero empecé a fantasear con todo lo que podía ocurrir: Podía no pasar nada; podía enfadarme tanto con algo que me dijese Yuu que me terminase yendo de la casa hecha una furia; podía solucionarse todo y comer con ellos como si no pasara nada; y podía pasar que mientras que Yuu fuese al servicio, Tsuyoshi me follase en la mesa tirando los platos de comida al suelo con cada embestida que me daba. A pesar de que era invierno empecé a sentir calor, sobre todo entre mis muslos. Al bajarme del coche miré al segundo piso, al cuarto de Yuu, y le vi asomarse saludándome desde arriba. Abrió la puerta de la entrada antes de que yo llegase y me recibió con un abrazo enorme, de los que él siempre me daba. Y me encantaban porque al ser tan alto me podía acurrucar en su pecho, era reconfortante.

– Te he echado de menos – Yo también le había echado de menos, bastante.

– No me trates como si fuera tu novia.

– Lo siento, estoy acostumbrado a tratarte así. Para mí, nada ha cambiado – Ignoré ese comentario y me metí en la casa tras él.

– ¿Ya has hecho oficial lo tuyo con Jimmy? – Me quité los zapatos en el rellano para ponerme las zapatillas que siempre tenía por allí para mí.

– No. Se ha enfadado conmigo.

– ¿Por qué si puede saberse? – Yo me enfadé con Jimmy. Era un niñato estúpido, eso es lo que era. No me gustó nada ver a Yuu con esos ojos tristes.

– Vamos a mi cuarto, no quiero hablar de esto aquí en medio, mi padre es un cotilla –Subí las escaleras tras él pero al llegar arriba se paró en seco – ¿A ti qué te pasa que nunca tienes frío? Lucy está en casa, ponte algo por encima.

– No creo que se asuste.

El corazón se me aceleró al escucharle y se volvió loco al ver a Tsuyoshi salir del cuarto de baño solo con la toalla puesta alrededor de la cintura. Pasó por nuestro lado con el pelo empapado peinado hacia atrás, camino a su habitación. Me saludó cordialmente, sin decir ni hacer ningún gesto raro y yo intenté no mirarle por muchas ganas que tuviese. Pero caí en la tentación, le miré y le pillé mirándome el culo. Me miró a los ojos y me sonrió, poniéndome nerviosa de nuevo.

– Lo siento – Dijo Yuu cerrando la puerta del cuarto – Ya sabes como es.

– Ya – Me senté en el borde de la cama y al borde de la histeria. Yuu se sentó a mi lado. Después de relajarme un poco  le pregunté – ¿Qué ha pasado?

– Está celoso – No me miraba a la cara, miraba a la moqueta con una expresión triste – No quiere que siga viéndote y cuando se ha dado cuenta de que me he llevado todo el fin de semana intentando ponerme en contacto contigo me ha dicho que tengo que elegir entre alguno de vosotros dos.

– Yuu, no quiero juzgar sin conocer todos los detalles, pero creo que una persona que te quiere no te da a elegir sabiendo que tú lo vas a pasar mal elijas lo que elijas. Pero por otra parte puedo entenderle – Me miró, me jodían mucho esos ojos tristes – No puedes pretender estar igual que siempre conmigo si ahora estás con otra persona. Soy tu ex novia, es normal que se ponga celoso.

– Pero también eres mi mejor amiga. No hay nadie que me entienda como tú, por eso no quiero perderte. Sé que es egoísta por mi parte pero…

– Lo es – Admití.

– Lucy, yo no quiero renunciar a ti por nadie. Te quiero en mi vida, y me da igual cómo se ponga Jimmy.

– Mira, mañana hablo con él. Creo que le debo una disculpa por tirarle el anillo a la cara, no estuvo bien. Pero él a mí también tiene que pedirme disculpas – Asintió.

– Y tú… ¿Estás bien?

– Sí, no te preocupes por mí. Soy más dura que tú, siempre lo he sido.

– Bueno, también quería disculparme por el tema del sexo. Es que si no pensaba en otra cosa no podía hacerte el amor y no quería que pensases que no te quería – Miré al suelo resoplando por la nariz – He hecho las cosas muy mal, lo siento.

– O sea, que te ponías caliente mirando a Jimmy y luego me follabas pensando en él – me molesté, pero luego me acordé de que yo hice lo mismo la última vez que hicimos “algo”, solo que en vez de con un amigo, con su padre – Mira, vamos a dejar el tema. No ha podido ser, qué se le va a hacer, es un desperdicio para las heterosexuales que seas tan maricón pero bueno – Dio una carcajada y me abrazó.

– No te merezco, nunca te he merecido – Se separó de mí y me dio con el dedo en la mejilla – Te mereces tener a tío de estos que te dejan sin respiración.

– Ya, a ver qué pasa – Sonreí pensando en el que estaba probablemente desnudo en la habitación de al lado.

– ¿Vamos a jugar a algo al salón mientras mi padre prepara el almuerzo? – Cogió la consola, por lo que le ayudé a llevar los cables y los mandos.

– ¿Qué te dijo cuando lo supo? – Le pregunté mientras bajábamos la escalera.

– ¿Literalmente? Que le importaba una mierda dónde metía la polla mientras que fuese feliz. Pero que ya me valía haberte tenido engañada, me ha echado él una bronca por eso más grande que la tuya. A veces me da la impresión de que a mi padre le gustas más de lo que a mí nunca me has gustado – Se rio tontamente encendiendo la videoconsola. Me dejé caer en el sofá, riéndome nerviosa. Si él supiese…

 

3

Nos pasamos la mañana jugando y riéndonos como si aún estuviéramos saliendo juntos, solo que entre medio no había besos ni cariñitos. Solo jugábamos, nos reíamos y charlábamos. Escuchamos a su padre llamarnos desde la cocina, llevaba un rato oliendo de miedo y a esas alturas de la mañana estaba muerta de hambre. No quería ni mirarle a pesar de tenerle justo al lado cuando me senté en la cocina. Probablemente ninguno de los dos se dio cuenta, pero di un respingo cuando me rozó el brazo con su mano al ponernos por delante unos tazones de ramen más grandes que mi cabeza.

– Papá, cada vez lo haces mejor – Yuu cogió los palillos y lo probé. Estaba tan bueno que di saltitos en la silla – Mírala, está encantada.

– ¿Ya está todo bien entre vosotros? ¿Has sentado la cabeza y has dejado a ese mierdecilla por ella de nuevo o qué?

– Papá…

– No te preocupes, lleva razón, es un mierda. Yo valgo bastante más que él por mucho que te duela – Tsuyoshi se rio de mi comentario y le miré de reojo. Tenía una sonrisa preciosa, no entendía como no me había fijado antes en él, era bastante más atractivo que Yuu. Y casi tan alto como su hijo, cosa rara en un asiático. Me pilló mirándole.

– ¿Qué tal va el coche? – Me dio un golpecito en el brazo.

– Perfecto, mucho mejor que antes. Gracias otra vez.

– Nada, nada, sin compromiso – Hablaba mi idioma a la perfección, pero de vez en cuando se le escapaba el acento japonés.

– Mira tú por donde tienes mecánico gratis.

– No me parece bien, seguro que has tenido que poner piezas nuevas y toda esa historia.

– No te preocupes, en serio – Le miré y me miró a los ojos – Pero si sigues empeñada en pagarme ya veremos cómo lo hacemos – Alzó una ceja – Yo no tengo prisa, eres tú la que quieres hacerlo – Me concentré en comerme la comida sin levantar la vista del plato, como me volviese a mirar de esa manera Yuu se iba a dar cuenta de que pasaba algo, estaba segura – Bueno, pues si no le has dejado, por lo menos dime que es bueno en la cama.

– No voy a hablar de eso contigo…

– ¿A no? Pues bien que me pedías consejo cuando estabas con Lucy.

– No es lo mismo – Miré sorprendida a Yuu.

– Pues o te aconsejó mal o no te enteraste de nada, qué quieres que te diga – Mi ex novio me miró con aspecto desilusionado, su padre ofendido – Lo siento Yuu, las cosas son como son.

– Yo no le aconsejé mal – Había herido el orgullo de Tsuyoshi sin querer.

– ¿Podemos dejar de hablar del tema?

– O sea, que eres virgen homosexualmente hablando.

– Que no voy a hablar de eso contigo – Yuu también se reía. En realidad estaba yendo todo mucho mejor de lo que me esperaba. Mientras mantuviese las distancias y no mirase mucho a Tsuyoshi, todo iba más o menos bien. Cuando acabamos de comer escuchamos el teléfono de Yuu en el piso de arriba. Se levantó y subió las escaleras a toda prisa, chocándose con las paredes al salir corriendo.

– No te has comido ni la mitad del plato – Protestó Tsuyoshi al retirarlo – Creía que te había gustado.

– Y me ha encantado, pero es que no puedo más.

– Seguro que de otras cosas no me dices que no puedes más – Se sentó de nuevo después de dejar los platos en el fregadero.

– No seas tan descarado delante suya – Le dije en un susurro, mirándole brevemente.

– No se da cuenta de nada, está atontado como todos los chicos de vuestra edad. Sigo sin entender cómo podía no darse cuenta de que no te corrías – Suspiré un poco desesperada porque Yuu volviese pero al mismo tiempo deseando que no lo hiciera – ¿Quieres postre? – Se levantó de la mesa y vino hacia mí, no sabía dónde meterme. Y me desilusioné un poco al ver que su destino era al frigorífico, que me quedaba a la espalda.

– No, no sé, ya te he dicho que no puedo más.

– Tenemos de todo: flan, yogurt, fruta, helado, esto… – Me puso la mano en la barbilla y me hizo mirar hacia arriba, inclinándose sobre mí, rozando mis labios con su lengua. Se separó sonriendo – ¿Qué prefieres? – Me levanté de la silla, resoplando.

– Tsuyoshi, con Yuu cerca no.

– ¿Y sin Yuu cerca sí? Me gusta ese cambio de actitud – Esa sonrisita permanente me estaba volviendo loca, mirarle era pensar en sexo, me había metido esa idea en la cabeza y no se iba – Mira, si baja la escalera siempre podemos disimular – Me agarró del trasero y me pegó a él, metiéndome la lengua en la boca sin darme tiempo a protestar. Hacía ruiditos sugerentes mientras me pasaba las manos con suavidad por la espalda, pegándome a su cuerpo. Tras unos segundos en los que ni quise ni pude moverme, le puse las manos en el pecho y le empujé suavemente.

– Voy a ver cómo está Yuu, está tardando mucho – Al darme la vuelta me agarró de la cintura y se rio en mi oído.

– Ya me la has puesto dura otra vez, Lucy – Se rozó contra mi culo, me encantaba como pronunciaba mi nombre. En sus labios sonaba “rushi” con la r suave  – Estás buenísima.

– Tsuyoshi – Le agarré las manos mirándole por encima del hombro y se las quité de mi cintura – Cuando estemos solos – Me besó acariciándome la mejilla y me dejo ir. Y menos mal porque como me hiciese algo más me quedaba en la cocina. Al entrar en el cuarto me encontré a Yuu vistiéndose – ¿Dónde vas?

– Necesito que me hagas un favor – Pidió poniéndose los pantalones vaqueros – A lo mejor vengo ahora con Jimmy, ¿puedes hablar con él?

– Supongo que sí – Una parte de mí pensaba que Yuu se lo merecía por mentirme, pero en el fondo no soportaba la idea de que lo pasase mal – Quieres que le tranquilice y le diga que no soy un peligro, ¿no? – Estos eran puntos de karma asegurados.

– Te lo agradecería muchísimo. Ahora voy a ir a hablar con él, no creo que tarde mucho más de media hora, ¿puedes esperarme aquí?

– Claro que sí – Y tenía planeado como pasar el rato además. Me puse tan nerviosa que no pude evitar que se me escapase la risa. Yuu me miró extrañado – Es solo que todo esto es muy raro, no sé – Me iba a pillar si seguía así.

– Muchas gracias, no sé cómo compensarte.

– Ah, no hace falta – Sin darse cuenta, al irse me estaba haciendo un favor. Y seguro que perdía puntos de karma por lo que estaba haciendo con su padre, pero es que realmente me daba igual todo.

Le acompañé a la salida y le deseé buena suerte mientras estaba atenta al ruido que venía de la cocina, Tsuyoshi lavaba los platos. Cuando Yuu salió, me fui al salón y me asomé por la ventana, escondida tras la cortina. Escuché a Tsuyoshi cerrar el grifo mientras veía a Yuu subirse a su moto.

– Aquí – Le llamé sin dejar de mirar por la ventana cuando le escuché subir las escaleras – Yuu se ha ido a hablar con Jimmy pero dice que en media hora volverá, ¿me escuchas? – Sentí sus manos heladas bajo mi jersey, subiendo despacio hasta mis pechos y haciéndome dar un gritito con el cambio de temperatura – Espera a que Yuu… espera – Pero no esperaba. Me agarró los pechos por encima del sujetador, respirándome en el cuello. Yuu desapareció calle abajo.

– Ojalá que después de tanta comida tengas espacio para mi polla – Me escandalizó con ese comentario, nunca me habían dicho algo tan borde.

No podía parar de reírme, estaba muy nerviosa. Me rozaba con sus dedos los pezones, y al estar tan fríos me los puso duros en un instante. Me subió el jersey y me lo quitó, me estaba muriendo de frío pero sabía que pronto estaría sudando, o al menos eso esperaba. Sentí sus labios besar mi hombro izquierdo, acariciándome con ellos hasta mi cuello. Me quitó el sujetador y me volvió a agarrar los pechos, jugando con mis pezones entre sus dedos. Le escuché reírse entre dientes cuando se me escapó el primer gemido. Me dio la vuelta poniéndome de cara a él y me observó con detenimiento. Tenía la piel de gallina y temblaba ligeramente, la ventana estaba abierta y entraba el fresco de la calle.

– ¿Tienes frío? – Asentí, acercándome a él, apoyando las manos en su pecho y poniéndome de puntillas para besarle.

– Dame calor – Susurré contra su boca. Me abrazó y me besó con ganas, agarrándome del pelo y apretándome con fuerza.

Me llevó de la mano escaleras arriba, hasta su habitación. Era la primera vez que entraba, era espaciosa, con los muebles suficientes y una cama enorme. Me tumbó en ella con delicadeza y se puso sobre mí, de rodillas en la cama mientras me quitaba los pantalones vaqueros. Me dejó solo con las bragas puestas, me hizo abrir las piernas y se colocó entre ellas después de quitarse la camiseta. Estaba tan nerviosa que me costaba respirar con normalidad. Tenía puestos unos pantalones de tela y a través de ellos noté lo que llevaba deseando notar desde hacía unos días. Pasé mi mano por ella, encontrándola increíblemente grande, dura, y caliente.

– No voy a follarte todavía, espera – Me paró con una sonrisa cuando intenté sacársela – ¿O quieres que te folle ya? Tú dirás – Aunque se peinó hacia atrás, algunos mechones de pelo le caían hacia adelante.

– Haz lo que quieras, pero haz algo – Me sorprendió el temblor de mi voz.

Tsuyoshi volvió a besarme con esa boca tan sexy que tenía, su lengua buscaba la mía desesperada y sus dedos se deslizaron hasta mi ombligo. Dejó de besarme para mirar mi expresión al llegar a mi entrepierna. Me tocaba con tres de sus dedos, estirándolos y encogiéndolos por encima de mi ropa interior. Al contrario que Yuu, lo hacía todo con suavidad menos los besos, sus besos eran increíblemente apasionados.

– Cuando estás sola y te masturbas – Me susurró mirándome – ¿Te tocas aquí? – Puso sus dedos en la entrada de mi vagina, apretando. Negué con la cabeza – Entonces aquí…

– Tsuyoshi, quiero que me folles ya – Gemí al sentir sus dedos rozarme el clítoris. Me estaba matando de placer.

– Espera, no vas a disfrutarlo igual si te la meto tan pronto.

– Pero va a llegar Yuu – Gemí de nuevo al notar sus dedos tocarme directamente, por debajo de la ropa interior.

Me ignoró y se agachó entre mis piernas, bajándome las bragas y mirándome fijamente. Puso de nuevo sus dedos donde los tenía y me empezó a masturbar tan delicadamente y despacio que los gemidos se escapaban sin poder retenerlos. Cuando parecía que iba a correrme paraba y me metía sus dedos lentamente. Cuando ya no pude retener más el orgasmo fue cuando me rozó con su lengua. Sentía cómo la movía en círculos muy despacio por encima de mi clítoris. Y le tuve que empapar los dedos que tenía dentro de mí porque fue el orgasmo más intenso que había sentido nunca. Me retorcí agarrando las sabanas con fuerza y a Tsuyoshi del pelo, que tras unos segundos me miró aún entre mis piernas y empezó a penetrarme un poco más rápido con sus dedos.

Desconocía qué me estaba haciendo pero mi excitación no cesaba. Se bajó de la cama y se quitó los pantalones. Me acerqué al filo de esta y mientras él me masturbaba, inclinado ligeramente sobre mi cuerpo, pasé mi mano por su miembro. Era más ancho que el de Yuu, quizás igual o menos largo, pero más grueso. Se la empapé con mi lengua, lamiéndola de arriba abajo, lamiendo también sus testículos y escuchándole gemir cuando usé mis manos. Me acariciaba el pelo con la mano que tenía libre, el hombro, la espalda. Me pasó los dedos por los pechos, apretando mis pezones, pegando sus caderas a mí cuando se la comí con más ansias. Nunca en mi vida había tenido tantas ganas de follar como en ese momento.

– Lucy, para – Me separó de él, sonriendo – Vas a hacer que me corra – Se giró hacia la mesa de noche y cogió un preservativo. No podía despegar mis ojos de su miembro húmedo y enorme, lo deseaba en mi interior. Después de ponérselo volvió a colocarse entre mis piernas, metiendo los dedos de nuevo en mi cuerpo.

– ¿Qué haces?

– No quiero que te duela, deja que haga esto primero.

– Joder Tsuyoshi, estoy cachondísima, no va a dolerme.

Alzó una ceja y se sentó sobre sus rodillas. Me agarró de las caderas, levantándomelas y poniéndome sobre sus piernas. Se inclinó sobre mí, acariciándome los pechos con sus labios sin soltarme las caderas. Le sentí rozarse contra mi entrepierna. Era una sensación intensa, muy placentera, me hacía quererle dentro con más ganas. El tacto de sus dedos era incluso más irresistible que el de sus labios. Me tocaba con cariño, prestando atención a cada parte de mi cuerpo. En un momento determinado de ese vaivén de caderas tan delicioso, se separó un poco más y las movió en un ángulo diferente. Sentí cómo empezaba a penetrarme despacio, sin usar sus manos para meterla en mi cuerpo. O tenía una habilidad increíble o estaba tan mojada que resbaló en mi interior. Solo me metía el glande, yo lo sabía, pero me parecía mucho más. Me miraba tranquilo con sus ojos oscuros, jadeando un poco. Fue cuando la hundió un poco más que le vi juntar las cejas y abrir sus labios.

– Estás muy apretada, ¿Seguro que no te duele? – Preguntó con voz rasgada.

– Más – Fue todo lo que pude decir antes de gemir.

Se pasó la lengua por los labios y me apretó contra él, metiéndomela hasta el fondo. Cerré los ojos y apreté los dientes, me dolió, llevaba razón. Era la postura en la que estaba, la sentía tan adentro que me dolía y él lo sabía. Me miraba mordiéndose el labio y negando con la cabeza. Lo repitió varias veces más, en todas me dolió, aunque cada vez menos. Mi cuerpo se iba acostumbrando a su tamaño y se movía tan bien que no hacía falta ir rápido. Con esas lentas embestidas me hacía estremecerme, mordiéndome los dedos y agarrándome de la almohada. Aumentó la velocidad de sus golpes y cuando terminó de matarme fue al susurrarme cosas en japonés en el oído; algo que siempre quise que Yuu hiciese pero que nunca hizo. Me puso tan cachonda escucharle jadear y gemir que llegué a mi primer orgasmo haciendo el amor, el primero en mi vida, y fue increíblemente largo. Cuando estaba terminando de asimilarlo me sorprendió un segundo, y un tercero, y así sucesivamente mientras Tsuyoshi me embestía cada vez con más fuerza y más rápido. Estaba haciendo tanto ruido que me dio miedo que Yuu llegase y no le escuchásemos. Pero él nos iba a escuchar si llegaba, ya lo creía que sí, media manzana me tenía que estar escuchando. Me agarró del trasero y se dejó caer sobre mi cuerpo, besándome mientras se movía despacio, pero con fuerza, sobre mí. Le abracé, jugando con su lengua, mordiendo sus labios. Le escuché gemir con más ganas en mi boca, apretándome a él con los músculos en tensión, moviéndose muy despacio mientras se corría. Había sido tan diferente… Apoyó su frente contra la mía, jadeando, sudando. Su olor me envolvía y me encantaba estar entre sus brazos. Le pasé los dedos despacio por la espalda y tuvo un escalofrío que le hizo reírse. Me la sacó agarrando el condón, se lo quitó y lo tiró a la papelera que había junto a la mesa de noche después de hacerle un nudo.

– Tápate, te vas a resfriar – Cogió la manta, tapándome con ella mientras él mismo se la echaba por encima – Has gritado demasiado, me he corrido antes por tu culpa.

– Tampoco es que pueda evitarlo – Estaba boca arriba en la cama, con los ojos cerrados, relajándome cada vez más y muy, muy tentada de dormirme.

 

– Entonces tendré que hacerte callar la próxima vez – Me gustó que dijese “la próxima vez”. Le sentí moverse y le sentí sobre mí, su mano en mi muslo y su boca contra la mía. Me giré y le abracé, pasándole la pierna por la cintura y acercándome más a su cuerpo.

– Ya quiero que me folles otra vez – Se rio mientras me besaba.

– Eres una pequeña guarrilla, lo supe en cuanto te vi con esas caderas y esas tetas que tienes – Se apoyó en el codo, mirándome de lado. Estaba pegadísima a él y no parecía molestarle en absoluto. Sentí su mano, ahora cálida, en mi cintura.

– ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?

– Sería las ganas que tenía de verte mirándome con esa cara que pones mientras gimes. Te había imaginado muchas veces, pero ha sido bastante mejor de lo que esperaba.

– ¿Desde cuándo me mirabas con esos ojos? – Se intentaba echar el pelo hacia atrás de nuevo, pero se le había despeinado por completo.

– Casi desde que te vi por primera vez. Solo que al principio me sentía mal porque eras la novia de mi hijo y además menor de edad. De hecho esto está de todo menos bien.

– Tampoco tiene por qué enterarse nadie, pero no te voy a perdonar que me hicieses sentir como una zorra estando con Yuu. Podrías haber esperado.

– No te habría besado si las cosas entre vosotros hubieran estado bien, sospechaba que Yuu te engañaba, por eso me lancé. Te he hecho pensar en otras cosas así que al final me lo vas a tener que agradecer y todo.

– ¿Y qué te hizo pensar que yo iba a reaccionar bien?

– No tenía ni idea de cuál iba a ser tu reacción. Bien podrías haberme demandado, pero por suerte te gustó que te acosase un poco.

– No me había planteado nada de esto hasta que no me besaste. Ni se me pasaba por la cabeza y por supuesto no me daba cuenta de que tú lo hacías.

– Como para no hacerlo – Me apretó el muslo que tenía sobre sus piernas – Te follaría otra vez – Susurró contra mi boca.

– Pues hazlo.

 

Tiré de él hasta tumbarle sobre su cuerpo. Me agarró del trasero mientras movía mis caderas sobre su miembro, en esos momentos lánguido. Le besé poniendo mi mano en su mentón, me pinchaba con su barba pero sus besos eran dulces, suaves. Se volvían apasionados conforme yo empezaba a gemir. Rozaba mi clítoris contra su cuerpo y cada vez estaba más mojada. Otra vez.

– Espera – Me agarró de las caderas y se quedó en tensión, mirando hacia un lado con el ceño fruncido – Vístete, Yuu acaba de llegar.

Yo no había escuchado nada pero si él lo decía le iba a hacer caso. Pegué un salto de la cama y me puse las bragas y los pantalones en un tiempo record. Él se puso los pantalones sin molestarse en buscar los calzoncillos y la camiseta en un segundo. No encontraba mi jersey, lo buscaba por todas partes, y el sujetador tampoco. Escuché la puerta de la calle.

– ¡Tsuyoshi! – Le grité en un susurro – ¡Mi sujetador y el jersey están en el salón!

– ¿Papá? ¿Lucy? – Yuu nos llamaba desde la puerta, se estaría cambiando los zapatos. Tsuyoshi miró hacia los lados, pensando. De repente se fue a su armario y me tiró un jersey.

– Ponte esto y vete al cuarto de baño. Te has manchado lavando los platos y tu jersey se está secando, ¿vale? – Asentí mientras le vi salir del cuarto a toda prisa.

Al salir, cerré la puerta de la habitación y me metí en el servicio andando de puntillas. Esperé un poco hasta que los escuché subir. Mientras tanto me dediqué a ponerme bien el pelo y a oler su ropa. Seguro que tenía que oler a él entera. Sonreí para mí misma, loca de contenta.

– ¿Lucy? – Yuu llamó a la puerta

– Pasa – Hice como la que me miraba las ojeras en el espejo.

– ¿De verdad eres tan patosa?

-¡No te metas conmigo imbécil! – Le empujé afectuosamente al salir del baño. Me encontré con Jimmy de frente, con los brazos cruzados y cara de asco – Hola – El hizo algo como “hmmmm” y Yuu nos llevó a su habitación.

– ¿Crees que podremos hablar como personas civilizadas? – Le preguntó a su novio, que le miró brevemente y de muy malas maneras. No me gustaba nada ese tipo, pero por Yuu iba a tragarme lo que pensaba.

– Mira, siento mucho haberte tirado el anillo de esa manera, no estuvo bien. – Empecé diciendo, no me miraba. Iba a necesitar paciencia – Y quiero que sepas que entre Yuu y yo no hay nada más que amistad – Hizo un ruidito despectivo – Yuu yo así no puedo.

– ¿A quién quieres engañar? – Al fin Jimmy me hablaba. No sabía si era la primera vez – Te sigue gustando, se te nota.

– Claro que me gusta, está bueno – Me miró alzando las cejas – Pero eso no quiere decir que me vaya a meter en vuestra relación.

– ¿Y qué me lo asegura?

– Yo… he empezado a verme con otra persona – No sé por qué lo dije, pero lo dije.

– ¿Con quién? – Preguntó Yuu asombrado

– No importa, no es serio, creo que solo es físico. De todas maneras, yo soy amiga de Yuu antes de haber sido su novia, y mientras él no diga lo contrario lo voy a seguir siendo. Y si te molesta lo siento mucho, pero tienes un problema de autoestima – Me miraba cada vez más ofendido – Es más, me debes una disculpa.

– Le dijiste gorda – Le recordó Yuu.

– Ella sabe que no lo está y sabe por qué lo dije. ¡Igual que sabe por qué estoy celoso y sabe que tengo motivos!

– Mira Yuu, he hecho lo que he podido, si él no quiere enterarse…

– Preséntame a tu novio nuevo – Exigió.

– No – Me estaba volviendo experta en meterme en líos.

– Claro que no, porque no existe.

– Ya lo creo que existe, es muy real. Pero no tengo por qué darte explicaciones de mi vida privada. Si quieres mandar a la mierda tu relación con Yuu solo porque te dan ataques de celos tú sabrás, pero es un buen chico y como lo vea sufrir te juro que–

– Lucy, ya, déjalo – Me interrumpió mi amigo..

– Me voy al salón, a esperar a que… mi jersey se seque.

Salí de la habitación y me fui al salón. Me encontré a Tsuyoshi medio dormido en el sofá con la televisión puesta. Mi jersey estaba dejado caer en una silla, con una mancha enorme en el filo de abajo.

– ¿En serio has tenido que mancharlo? – Dio un respingo y me sonrió.

– No habría sido creíble.

– ¿Y mi sujetador?

– Debajo del jersey ¿Dónde están?

– Arriba, discutiendo. Ahora tengo que esperar de verdad a que se seque.

– Ven aquí mientras tanto – Dio golpes en el sofá para que me sentara a su lado. Cogí el sujetador, quitándome las mangas del jersey para ponérmelo.

– Ese tío es un imbécil – Cuando me eché hacia atrás me pasó el brazo por la cintura – Está empeñado en que Yuu le va a engañar conmigo.

– Ya se le pasará, y si no se le pasa ya le dejará Yuu.

– Desde luego con lo guapo que es encuentra novio pronto seguro.

– ¿Tan guapo te parece? – Le miré riéndome.

– Claro que me parece guapo, si no, no habría salido con él.

– Si te lo pidiese, ¿volverías? – Negué con la cabeza.

– Me he dado cuenta de que es poca cosa para mí – Agarré su entrepierna despacio – Y además, dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo – Dio una carcajada mientras me acariciaba el brazo con las yemas de los dedos.

– Tú sí que eres un diablo, ¿no decías que con Yuu cerca no?

– Yuu está entretenido – Me puse sobre él. Sabía que era una locura pero le veía sonreírme tanto que no dejé de tocarle. Además, se le estaba poniendo dura otra vez.

– Como sigas así voy a tener que desnudarte.

– Es lo que pretendo – Susurré masturbándole por encima de la ropa.

– No nos va a dar tiempo a disimular, te tendría que quitar los pantalones.

– Si me pones de espaldas no – Me quitó de encima suyo y me sentó en el sofá.

– Vamos a dejarlo para después, aunque ganas no me faltan –  Suspiré fastidiada y me dejé caer en el sofá. Se me escapó un bostezo enorme. En la televisión estaban echando un documental aburridísimo.

De lo siguiente que me acuerdo es de escuchar la risa de Yuu. Abrí los ojos y le vi mirándome en la puerta del salón con una sonrisita, Jimmy me miraba con una ceja levantada. Me puse derecha intentando no parecer culpable, Tsuyoshi también se había quedado dormido y por lo visto me había tumbado en su hombro y él me estaba agarrando la cintura.

– ¿Todo bien? – Tsuyoshi se despertó y nos miró sin saber que estaba pasando.

– Oye, no hagas esas cosas – Yuu se reía, señalándome – Tu novio se va a poner celoso.

– ¿Tu novio? ¿Ya tienes novio? – Preguntó Tsuyoshi estirándose – No perdéis el tiempo, desde luego – Me dio un codazo.

– ¿Es guapo? – Me preguntó Yuu sentándose frente a mí.

– Sí, pero no quisiera hablar de él, en realidad es solo físico, ya te lo he dicho.

– ¿Te trata bien? – Miré a Tsuyoshi y asentí aguantando la risa – Y segura de que no es gay, ¿verdad?

– Sí, sí, totalmente segura. Es muy bueno en la cama – Sonrió, pagado de sí mismo.

– ¿Cuándo le has conocido? – Quiso saber Yuu.

– ¡Bueno ya basta con el interrogatorio! Mi jersey tiene que estar seco, voy a cambiarme.

Lo cogí y aunque estaba un poco húmedo me fui al cuarto de baño. Me cambié rápidamente y me puse bien el pelo. Doblé el jersey de Tsuyoshi y lo deje en su cama desecha. Al mirar al frente vi en la mesa de noche el envoltorio del condón, lo tire a la papelera. Si lo hubiera visto Yuu le habría hecho preguntas difíciles de responder. Al volver al salón los vi encender la consola.

– ¿Jugamos? – Jimmy ni me miraba

– No puedo, me he pegado el fin de semana sin hacer nada y se me ha acumulado todo para hoy. Me voy a casa ya.

– Entonces nos vemos mañana – Se levantó y me dio un abrazo.

– Hasta luego Jimmy – Y de respuesta otra vez un “hmm”. Iba hacia la puerta de la calle cuando escuche ruido en la cocina. Me volví sobre mis pasos y me metí en ella, encontrándome a Tsuyoshi removiendo su té mientras bostezaba – Me voy, gracias por el almuerzo – Me miró y se acercó a mí, asomándose primero al pasillo. Me dio un besito lento y cariñoso.

– Dale un beso a tu “novio nuevo” de mi parte cuando le veas – Le puse una mano en la mejilla y le devolví el beso con una sonrisita.

– Siento haberles dicho eso pero no sabía cómo convencer a Jimmy de que no quiero ya nada con Yuu.

– No te preocupes, ya te he dicho que están idiotizados. No se enteran de nada.

– Pues ya nos veremos – Al salir de la cocina, escuche que se acercaba.

– Y espero que pronto – Ronroneó en mi oído. Me estaba abrazando desde atrás – Me ha encantado follar contigo y se me ocurren muchas más maneras de hacerlo.

– ¿De verdad me vas a poner cachonda antes de irme? – Moví mi trasero contra su entrepierna. Me pegó un tirón del pezón y me soltó, dándome un manotazo en el culo mientras se reía.

– Vete ya y deja de provocarme.

4

La siguiente semana tuvimos tanto trabajo que solo pude ver a Yuu en clase, lo que significó que tampoco vi a su padre. Solo quedaban unos 10 días para navidad y estábamos de exámenes finales de trimestre. Pero me negaba a pasar tanto tiempo sin verle, ese fin de semana iba a su casa sí o sí. Intenté hacer todo el trabajo de clase el viernes, aunque tendría que dejar el domingo para estudiar, y el sábado por la mañana me colé en su casa. Al llegar al porche, me quedé con el dedo cerca del timbre sin llamar, me pararon las voces airadas de ambos. Me dio la impresión de que Yuu estaba discutiendo con su padre, y mucho. Me iba a dar la vuelta para irme cuando abrieron la puerta de par en par. Me encontré con Yuu de frente, que casi me tira al suelo al intentar salir con rabia.

– Oye, oye ¿Qué pasa? – Le seguí al recuperar el equilibrio, viéndole andar hacia su moto resoplando y maldiciendo por lo bajo. No me miró. Me pregunté si se habría enterado de lo mío con Tsuyoshi.

– ¿Puedo ir a tu casa? – Se dio la vuelta a la mitad del camino suponiendo un alivio para mi mente paranoica. Pero esos no eran los planes que tenía.

– Claro. Métete en el coche.

– ¡Yuu! ¡¿Dónde vas?! – Tsuyoshi se asomó a la puerta.

– A casa de Lucy. Avísame cuando se haya ido.

– Como quieras y muchas gracias por dejarme solo con ella – Su voz desprendía ironía, sus ojos un enfado considerable – Pásatelo bien – Cerró de un portazo, sin mirarme siquiera.

Me fui hasta el coche, Yuu estaba dentro con los brazos cruzados y mirando por la ventana. Tenía un tic nervioso en la pierna y no paraba de resoplar enfadado, me estaba poniendo histérica. Al llegar a mi casa, Sarah le saludo, quedándose contrariada al ver que no se lo devolvía. Le hice un gesto indicándole que no era el mejor momento y le dije que se quedaba a almorzar. Una vez en mi cuarto se sentó en la cama, apoyando la espalda en la pared.

– Siento haberte metido en esto.

– ¿Me cuentas que ha pasado? – Me senté a su lado, cogiéndole la mano.

– Mi madre, que va a ir esta tarde a mi casa.

– ¿Y? – Me miró alzando una ceja – Nunca me has hablado de ella, no sé qué pasa.

– No te he hablado de ella porque no hay mucho de qué hablar. Se fue con otro hombre más joven cuando yo tenía 8 años y me dejó solo con mi padre. Solo he sabido cosas de ella cuando se trataba de pagar algo mío, que si no fuera por los jueces ni siquiera eso hacía – Hablaba con desprecio, notaba la furia que le daba la situación – Y ahora… – Se rio despectivamente – Ahora quiere hablar con nosotros porque cumplo 18 años. Supongo que  para saber si tiene que seguir poniendo dinero, que es lo único que le importa.

– ¿Nunca has hablado con ella?

– No. Ni pienso hacerlo. No se merece mi simpatía. ¿Quería una vida de libertades y ser siempre joven? Me parece perfecto pero a mí me ha perdido. Y a mi padre le ha hecho mucho daño, bastante más que a mí. Entiendo que se quisiera ir si no era feliz, pero todo acto tiene sus consecuencias.

– Tuvo que ser complicado

– Fue horrible. Imagina que de repente tu madre se va de casa porque quiere, sin dar explicaciones. Los dos pensamos que fue por nuestra culpa, hasta que con el tiempo llegamos a la conclusión de que simplemente es una zorra egoista.

– No digas eso Yuu, es tu madre, ¿y tu padre no ha estado con más mujeres?

– No, que yo sepa. Desde luego nunca ha metido a ninguna en casa diciendo que iba a ser mi madre ni nada por el estilo. Se llevó muchos años de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y cuando estaba conmigo sonreía, como siempre, pero no era de verdad.

– ¿Cómo te dabas cuenta con solo 8 años Yuu? Es demasiado complejo para que lo entendieses.

– Y no lo entendía, pero ahora sí lo entiendo. Me acuerdo de cosas. Y precisamente porque sé que mi padre lo ha pasado tan mal no entiendo que acceda a invitarla a mi casa. Es… – cerró los puños con furia, apretando los dientes.

– Entiendo que no quieras verla, pero no deberías de haber dejado a tu padre solo en esta situación.

 

No dijo nada, solo negó con la cabeza. No supe qué más decirle, desde luego era una situación complicada y para ser sincera ni quería ni debía meterme. Me resultó extraño eso de que Tsuyoshi no hubiese estado con más mujeres desde su divorcio, teniendo en cuenta lo apasionado que era seguro que había tenido sus más y sus menos con alguna. Pero llevaba realmente 10 años solo, sin una relación… quizás no le hacía falta pero me resultó chocante. Cuando se le pasó un poco y conseguí sacarle una sonrisa nos llamaron a comer. Sarah y mi padre le preguntaron de todo y él respondía pacientemente. Era tan educado que daba hasta cosa. Al acabar nos metimos en mi cuarto y jugamos a videojuegos hasta que su padre le llamó al teléfono informando que ya se había ido su madre.

– Supongo que querrás hablar con tu padre a solas de lo que haya pasado, ¿no?

– No, ven conmigo, si me quedo solo con él vamos a terminar discutiendo.

– ¿De verdad? – Lo último que quería era meterme en una pelea familiar, pero Yuu casi me suplicaba – ¿Y Jimmy? – Le pregunté camino a su casa.

– En una comida con su familia, no te habría molestado de haber estado el disponible.

– No me molestas imbécil, ¿si no estoy para esto entonces para qué? – Sonrió y suspiró. Se quedó un ratito pensando y de repente empezó a reírse solo.

– ¿Sabes? Jimmy dice que tu novio es mi padre – Transforme un ruido de asombro en una risa y casi terminamos empotrados en una rotonda.

– ¿Te imaginas? – Bromeé riéndome nerviosa.

– Serías mi madrastra – Se quedó callado y antes de bajarnos del coche me preguntó – ¿Y me vas a presentar a tu novio o no?

– No es mi novio exactamente solo ha sido un encuentro físico. Era para que Jimmy se callase la boca – Mentirle desde luego no le estaba mintiendo.

Abrió la puerta y entró cambiándose de zapatos con una rapidez que siempre me asombraba. Yo tardaba el doble. Le escuché saludar a su padre en el salón y al parecer le contestó de buenas maneras.

– Se ha quedado a comer, supongo.

– Sí, y te lo creas o no ha venido con su nuevo marido – No nos miraba, se centraba en el televisor. Parecía cansado. O triste.

– ¿Se ha casado otra vez?

– Y está embarazada – Le dio un sorbo a la lata de coca cola que tenía en la mano. Yuu se quedó callado mirándole. Tsuyoshi le miró alzando las cejas y cuando me vio me sonrió.

– Tienes que estar de broma – Su padre negó con la cabeza. Yuu se rio, pero no era una risa alegre, se pasó la mano por el pelo y se dio la vuelta, yendo escaleras arriba hacia su habitación.

– Ve a hablar con él, ahora le vas a hacer falta – Suspiré dándome la vuelta para subir a su cuarto – Muchas gracias por estar a su lado, te necesita.

Subí las escaleras y llamé tímidamente a la puerta de su habitación, no contestaba. Volví a llamar y abrí despacio. Me lo encontré sentado mirando por la ventana, con las piernas subidas en la silla y rodeándoselas con los brazos. Cuando le puse una mano en el hombro la agarró, pero apartó la cara hacia el lado contrario de donde yo estaba. No dije nada, solo estuve ahí. Se giró y me abrazó por la cintura, suspirando, y tal que así nos quedamos un buen rato hasta que se calmó un poco.

– ¿Por qué me odia tanto?

– Yuu, no creo que te odie – Susurré acariciándole el pelo, era tan suave que me daba hasta envidia – ¿Era joven cuando te tuvo?

– ¿Y eso qué tiene que ver? Hay madres jóvenes que adoran a sus hijos, no los dejan solos cuando más las necesitan, ¿por qué a este sí le quiere y a mí no?

– ¿De dónde sacas que a ti no te quiere?

– De su ausencia – Se separó de mí y limpiándose las lágrimas de la cara con rabia – Espero que no haga lo mismo de nuevo, esto no se lo deseo a nadie.

– No pienses más en el tema, no puedes hacer nada además de hablar con ella.

– Gracias Lucy – Me miró con una sonrisa triste – De verdad que no sé qué haría sin ti. Tú y mi padre sois las personas más importantes para mí.

– ¿Y Jimmy? – Torció el gesto

– No estoy muy seguro de que quiera estar con él – No me sorprendía en absoluto – Creo que no es lo buena persona que yo pensaba.

– Yo creo que no te merece. Búscate a uno más guapo, igual de alto que tú. Que saque buenas notas, tenga dinero y un futuro asegurado. Haced que se quieran morir cuando os vean juntos – Se rio mirando al suelo.

– Serias una buena madre, ¿no te gusta mi padre de verdad? – Me quedé mirándole con las cejas levantadas, no sabía si decirle si sí o si no, no sabía qué intentaba decirme – No sé, eso de que os quedarais dormidos tan juntos…

– Eso fue porque se me cayó la cabeza sobre él, Yuu no seas tonto – Me volví a reír – Es una locura.

– Sí que lo es, eres menor, mi padre tiene 38 años, en fin… – Se rascó la cara, pensando – Aunque te lo digo, le vendrías muy bien.

– ¿Me estás diciendo que quieres que me líe con él? – Se encogió de hombros.

– No me importaría la verdad. Y creo que le gustas.

– ¿Se lo has preguntado?

– No, pero se lo voy a plantear si tanto interés tienes, a ver qué dice.

– No es que tenga interés, no me malinterpretes.

– Oye, es mi padre pero soy consciente de que es atractivo. Tenga la edad que tenga. Dios, me encantaría ver la cara de mi madre si se enterase de que sale con una chica 20 años más joven.

– 21, y no estamos saliendo imbécil.

– Sí, ya, solo ha sido un polvo.

Le dí un empujón riéndome. En realidad quería decírselo pero como no sabía cuál iba a ser la reacción de Tsuyoshi no dije nada. Ya hablaría con él del tema. Se levantó suspirando, me encantaba ver que era capaz de hacerle sonreír. Nos fuimos al salón y se sentó junto a su padre. Yo me quedé en un sillón aparte, con la excusa de que no cabíamos los tres.

– Entonces que, ¿vas a traer a tu novio para que le demos la aprobación?

– Déjalo ya Yuu, no es nada serio, ya te lo he dicho – Tsuyoshi me miró de reojo. Daría cualquier cosa por saber qué estaba pensando.

– Seguro que te gusta más de lo que quieres admitir.

– No, ha sido sexo y solo una vez. Nada más – Me sentía excesivamente incómoda con la situación, estaba deseando cambiar de tema.

Nos quedamos en el salón charlando lo que quedaba de tarde, aunque más bien hablábamos Yuu y yo y su padre de vez en cuando hacia un comentario de algo que Yuu había dicho. Yo era inexistente, lo cual me daba rabia porque el otro día no me dejaba tranquila. A lo mejor era porque no quería que Yuu lo notase, pero…Probablemente cuando volviese a ponerse cachondo me iría buscando de nuevo, y no me molestaba porque también era lo que yo quería.

– Yo me voy ya, se me ha hecho tarde y tengo que cenar y todo

– ¿Por qué no te quedas? – Me pidió mi amigo – Nunca te has quedado aquí.

– ¿Y qué va a decir tu novio? Si se entera te va a caer una buena.

– Que le den, quiero que te quedes. Pedimos algo de comer de la calle, nos ponemos una peli y la vemos aquí entre las mantas, ¿se puede? – le preguntó a su padre.

– A mí me parece bien, lo que queráis – Se mostraba apático, me hacía sentir mal.

– Creo que mejor lo dejamos para otro día.

– ¡Venga ya! – Tiró de mi brazo y me sentó en el sofá, a su lado – Voy a por las propagandas y miramos las ofertas, ¿de dónde pedimos? – Nos decía las posibles opciones desde la cocina. Me dejó sola en el sofá con Tsuyoshi, que no me hacía ni caso.

– ¿Por qué estás así conmigo?

– Estoy normal.

– Y una mierda normal – Me miró y me encontró de brazos cruzados.

– Como no me contestáis – Dijo Yuu entrando en el salón – Voy a pedir pizza. Échate a un lado.

– No, ponte tú en medio – No quería estar cerca de Tsuyoshi, estaba enfadada.

– Venga ya Lucy, el teléfono está a tu lado. Échate para allá – Me empujó hacia el lado riéndose y me tuve que mover, pero no pensaba acercarme a él.

Pidió las pizzas e hizo lo que prometió; puso una película y cogió una manta con la que nos tapamos los tres. La verdad es que se estaba bien, pero habría estado mejor si ambos me tratasen con normalidad. Tsuyoshi se tensó y me ignoró incluso más, rehuía todo contacto conmigo. Era desesperante. Y para colmo de males la película era un poco mala. Me acurruqué entre los dos, apoyada en el hombro de Yuu. Después de la comida me entró sueño, por ello cerré los ojos para descansarlos y Yuu se dio cuenta. Me hice la dormida.

– Eh, mira – Noté que golpeaba a Tsuyoshi. Yuu se rio intentando no hacer ruido – No hay una vez que vea una película con ella que no se duerma – Se quedaron en silencio un rato hasta que su padre le preguntó.

– ¿Dónde va a dormir?

– En mi cama, yo duermo en el salón. A no ser que quieras dormir con ella, claro –Escuché a Tsuyoshi decir “¿Ehh?” y a Yuu reírse de nuevo – Te gusta mucho, ¿a que sí? – No escuché la respuesta, pero sentí su mano en mi tobillo por debajo de la manta.

– Siempre te he dicho que sería la novia perfecta y ya sabes que me encanta físicamente. Pero tiene novio, aunque solo sea para sexo – Puso énfasis en la palabra ‘solo’, quitando la mano de donde la tenía – Además, seamos realistas. Tiene 17 años, es una tontería.

– Pues no te creas, la gente de la clase… no son su tipo. Tú eres mucho más su tipo. Además le he preguntado si le gustas y me parece que sí.

– ¿Y si no le gusta la gente de su edad por qué salió contigo?

– Yo no soy como los demás y lo sabes. Lo que te pasa es que no quieres ilusionarte – Otra vez se quedaron en silencio – Papá, creo que te mereces ser feliz con una mujer.

– No eres realista Yuu, las cosas no son tan fáciles – Suspiró – No se trata de un “me gustas, me quedo contigo” y menos con Lucy. Ella quiere unas cosas en la vida y yo otras, solo tienes que ver la edad que nos llevamos.

– ¿Y tú qué sabes de las metas que tiene ella? No sabes lo que siente ni lo que piensa.

– Sé que ahora mismo no quiere una relación seria, al menos eso es lo que deduzco de lo que ha dicho – Tsuyoshi resopló, moviéndose inquieto.

Me empecé a preguntar si se había molestado por eso que dije de solo tener sexo. Ni siquiera me había parado a pensar qué sentía por él. Estaba claro que al pensar en su cuerpo me excitaba y verle me hacía sentir el impulso de saltarle al cuello, pero más allá de eso… no le conocía realmente. Sabía que era una persona agradable y amable porque conmigo siempre lo había sido, pero como nunca me había parado a hablar con él no tenía muy claro si podría llegar a ser más. Atracción física seguro que había, a montones, y quizás algo más, porque si no, no me habría dolido esa actitud que tenía hacia mí. Se quedaron callados otro rato y los sentí estirarse, por lo que supuse que la película había acabado.

– ¿Entonces vas a dormir con ella o no? – Yuu bostezó ruidosamente – Yo creo que no se negaría – No estaba yo tan segura – ¿La despierto? – Sentí una mano en mi hombro y dejé que me zarandeara un poco. Abrí los ojos como la que no sabía qué estaba pasando – Te ha gustado la peli, ¿eh?

– Era bastante mala, la próxima vez la elijo yo – Sonreí, frotándome los ojos.

– ¿Dónde vas a dormir?

– Aquí mismo, déjame estas mantitas y dame un cojín.

– No vas a dormir aquí ni de broma, vete a mi cama.

– Yuu, no cabemos los dos en tu cama.

– Yo duermo aquí.

– Sí claro, con medio cuerpo fuera del sofá. Es muy pequeño para ti, tonto.

– Mi cama es grande – Mencionó Tsuyoshi. Yuu intentaba esconder una sonrisita que se me escapó una sin quererlo – Podéis dormir los dos ahí y yo duermo en tu cama, Yuu.

– No es necesario – Me agarré de la manta, escondiendo la molestia como pude – Duermo aquí, de verdad, voy a estar bien.

– Como quieras – Tsuyoshi se levantó, saliendo del salón.

– ¿Será imbécil? – Susurró Yuu. Me sentía fatal –  Este hombre es tonto, está deseando dormir contigo, no lo entiendo…

– Déjalo, de verdad. Estoy cansada – Me quité los pantalones y me tumbé en el sofá, poniendo bien los cojines y tapándome con la manta – Hasta mañana Yuu.

– No me gusta que duermas aquí, hace frío.

– No pasa nada, estoy cómoda.

– ¿Y esa cara?

– Hablamos mañana – Me tapé, cerrando los ojos.

– ¿Te has enamorado de mi padre o qué? – No contesté, no quería hablar del tema – Como quieras. Siempre haces lo mismo, como no quieras hablar de algo es imposible sacarte lo que piensas. Buenas noches, tontita – Me dio un beso en la frente y se marchó escaleras arriba.

Le escuché hablar con su padre pero no entendía bien lo que decían. Al poco rato sus dos puertas se cerraron y me sentí terriblemente sola. Era una tontería, tenía a mi mejor amigo escaleras arriba pero aun así me sentí muy sola. A Yuu nunca le gusté realmente, por lo que la única relación en condiciones que tuve en mi vida fue un fracaso. Y ahora con Tsuyoshi no sabía si era que estaba acojonado de sentir algo más, que ya me había usado para lo que quería y no era necesaria o qué pasaba. Pero, ¿y si él también estaba pensando en mí en ese momento? Sentí el impulso de colarme en su habitación y meterme en su cama a la fuerza, pero si me echaba no iba a aguantar la vergüenza. Lo que no podía hacer era dedicarme a dar vueltas en la cama pensando en lo mismo una y otra vez, así no me iba a dormir en la vida.

Me levanté y me fui a la cocina a por un vaso de agua. Me lo bebí casi de golpe y me quedé mirando por la ventana al jardín trasero. Escuché que alguien se levantaba para ir al servicio, apagué la luz de la cocina y me volví a acostar en el sofá antes de que se dieran cuenta de que estaba despierta. Y justo cuando me estaba tapando escuché pasos amortiguados por la moqueta de la escalera. A la mitad se quedó parado, pero luego siguió. Estaba casi segura de que era Tsuyoshi, por lo que resoplé más nerviosa de lo que admitiría. Quería que viniese pero no quería, estaba enfadada con él, se había comportado como un imbécil toda la tarde. La puerta del salón crujió ligeramente cuando la abrió, pero esta vez no me hice la dormida. Me giré y encendí la lamparita.

– ¿Qué pasa?

– Venía a preguntarte si tenías frío – Empezó a hablarme mirándome a la cara pero luego apartó sus ojos negros de los míos.

– ¿No puedes dormir?

– ¿Y tú qué haces despierta? Estabas dormida hace un momento.

– O no – Lo que estaba era molesta, realmente molesta. A lo mejor me estaba pasando de borde, pero creo que era lo que se merecía por cómo me había hecho sentir esa tarde.

– Lucy, no lo entiendo – Negaba con la cabeza mirando hacia el lado, cruzado de brazos y también nervioso.

– ¿El qué no entiendes?

– Cuando estuviste conmigo, cuando acabamos de follar el otro día, no sé, me dio la impresión de que… – Se quedó callado, apretando los labios.

– ¿De qué? Dilo.

– Da igual, buenas noches.

– Oye, no puedes venir, soltarme eso, pretender irte y que yo me duerma – Pasó de mí, de vuelta a su habitación. Furiosa, me levanté de la cama y le seguí. Me cerró la puerta de su cuarto en la cara. Agarré el pomo y entré, cerrando a mi espalda. Iba hacia su cama pero se paró y me miró – ¿Cuál es tu problema? – Le solté. Chasqueó la lengua, mirándome las piernas con detenimiento y después a los ojos. El corazón me dio un salto en el pecho, su mirada me alteraba hasta el punto de perderme en el hilo de mis pensamientos.

– No quiero volver a tocarte pero me voy a volver loco si no lo hago.

– Yo sí que no entiendo las cosas. El otro día me dijiste que estabas deseando verme de nuevo y cuando lo haces te portas así conmigo. ¿Qué he hecho? ¿Qué ha cambiado?

– Todo – Se acercó a mí, tirando de mi brazo.

Me puso las manos en la espalda, agachándose para besarme apasionadamente. Me hizo dar gemiditos con esos besos tan intensos. Me apretaba a él con fuerza y le pasé las manos por el pecho, por los hombros, por su nuca, agarrándole del pelo mientras me besaba. Sin decir nada más me llevó hasta su cama, tumbándose sobre mi cuerpo, acariciando mis muslos y mi pelo sin parar de besarme. Me quitó las braguitas con una sola mano, alcé las caderas para ayudarle sin dejar de acariciarle y de mirarle mientras me mordía los labios. Le quité la camiseta a pesar del frío que hacía porque me encantaba tocar su pecho desnudo. Su piel tenía un tono más bronceado de lo normal y estaba fuerte, su espalda era enorme y los músculos de sus brazos se tensaban cada vez que apretaba alguna parte de mi cuerpo. Me paré a observar sus manos, cómo me acariciaban, cómo me agarraban con fuerza contra la cama sin dejar que me moviese. Me sostuvo ambas muñecas sobre la cabeza con una sola mano y metió los dedos de la otra entre mis labios menores, abriéndome el coño y haciéndome jadear.

Se agachó un poco y me subió la camiseta, para jugar con mis pezones. Los acariciaba con la lengua y los dedos dulcemente, los besaba y tiraba de ellos con sus dientes hasta que los tuve durísimos. Dejó de tocarme para rozarme con su erección, la pasaba despacio entre los labios mayores, guiándola con su mano. Me soltó las muñecas para agarrarme de las caderas, y no podía apartar los ojos de él, gimiendo tímidamente con los labios apretados, intentando no hacer ruido. Al vérsela mojada, tan dura y enorme deseé tocarla, así que bajé mi mano por su pecho y besándole se la acaricié. Cerró los ojos y tragó saliva, gimiendo en mi boca mientras le daba placer. Ardiente, firme y tan agradable al tacto; la quería dentro. Le agarré del trasero con mi otra mano, acercándole y metiéndomela despacio. Susurró mi nombre al entrar en mi cuerpo hasta el fondo, respirando profundamente con la cara pegada a mi cuello. Jadeos, gemidos contenidos, la piel de gallina, tirones de pelo, arañazos y músculos tensos; así nos pasamos casi una hora. Le obligué a mirarme a los ojos mientras le sentía en mi interior, mientras me provocaba orgasmos intensos que me empapaban los muslos. Acabé sobre su cuerpo, me separé de él y le obligué a quedarse tumbado, agachándome entre sus piernas y metiéndomela en la boca.

Adoraba sentirla húmeda al tacto, con un sabor de lo más dulce, y suave por culpa de mis orgasmos. Me gustaba mirarla mientras deslizaba suavemente esa fina piel hacia abajo y hacia arriba, me encantaba oírle gemía con los dientes apretados y la cabeza echada hacia detrás, apretándome el brazo. Me fascinaba escuchar cómo susurraba “me estás matando”, quería que se corriese en mis manos, en mi boca, sobre mi cuerpo. En ningún momento fui más rápido, siempre a ese ritmo, despacio y relajado, observando cómo cada vez respiraba más profundamente, cerrando los ojos con fuerza. Me agarró de la nuca y me hizo lamérsela hasta el fondo justo cuando se iba a correr. La sacaba y la metía en mi boca usando también mis manos, que se llenaron de su esperma. No me manchaba solo a mí, pero parecía no importarle, estaba demasiado concentrado en gemir lo más bajito posible. Al acabar se la solté sacudiendo la mano, salpicando, riéndome y, mirándome los dedos manchados.

– ¿Qué ha pasado? – Pregunté con guasa y ganas de reírme. Levantó la cabeza de la almohada para mirarme, se rio y la dejó caer de nuevo.

– Te odio Lucy.

– Yo también a ti, pero dame algo para limpiarme – Una vez tuve las manos y la boca limpias me quedé mirándole de pie a los pies de la cama.

– ¿Qué haces ahí? Métete en la cama de una vez que vas a coger frío.

– ¿No te molesta si duermo contigo?

– No, venga, quiero taparme bien – Me tumbé a su lado, sonriente.

–  Qué calor tengo…

– No me extraña, estás ardiendo – Se giró mirándome de lado en la cama. Observaba mi rostro sin decir nada, pasando las yemas de sus dedos con suavidad por la parte baja de mi espalda. Cuanto más le miraba, más atractivo me parecía y caí en la cuenta de que era la primera vez que iba a dormir con un hombre.

– Yuu nos va pillar.

– Lo dudo, siempre se levanta muy tarde – Me besó en la frente y pasó su otro brazo por debajo de mi cabeza, pegándome a su pecho.

– Qué bien se está – Apreté las manos contra mi pecho, sintiéndome totalmente recogida por sus brazos, calentita y tranquila. Suspiró.

– Echaba tantísimo de menos sentirme así…

Pensé en preguntarle por cómo se había comportado durante todo el día y sobre las cosas que me había dicho, pero estaba tan a gusto en ese momento y tan relajada que no tenía ni ganas de hablar. El último pensamiento que recuerdo de esa noche fue que me había dejado la lamparita del salón encendida.

 

5

– Papá – Yuu me despertó, llamaba a la puerta – Papá está llamando de un número de teléfono rarísimo a mi móvil – Zarandeé a Tsuyoshi que estaba dormido de espaldas a mí hasta que hizo un ruido de queja.

– Yuu dice que te llaman por teléfono – Le susurré. Se levantó de la cama poniéndose los calzoncillos y salió de la habitación.

– ¿Qué haces levantado? Vete a dormir, es temprano.

– Yo no quería levantarme pero si llaman a mi teléfono desde Japón yo no tengo la culpa.

– ¡Erika chan! – Empezó a hablar en japonés, riéndose y escuché la puerta del cuarto de Yuu cerrarse. Tsuyoshi entró en la habitación de nuevo cerrando la puerta y se sentó en la cama con una sonrisa – Le observé hablar en su idioma, mucho más rápido que en el mío. Sonaba bien, aunque no me enteraba de absolutamente nada. De todas maneras colgó pronto –  Les he cortado porque iban a gastar mucho – Se tumbó de nuevo en la cama, tapándose – Estas navidades las pasamos en Japón, mi hermana se casa.

– ¿En navidad?

– Para los japoneses la navidad está relacionada con el amor, es muy importante estar con tu pareja ese día, más que San Valentín. Es una gilipollez, siempre lo ha sido – Bostezó y me miró – ¿Cómo has dormido?

– Muy bien, creía que ibas a roncar – Sonrió y me pasó el brazo por los hombros, apretándome. Sentí su otro brazo moverse bajo mi cuerpo, sus dedos buscando los míos para agarrarme de la mano. No entendía sus cambios de actitud – ¿Qué te pasó ayer conmigo? – No respondía, estaba muy callado. Le miré y me lo encontré serio.

– Creo que no deberíamos de acostarnos juntos de nuevo – Me esperaba cualquier cosa menos eso – O por lo menos deberíamos parar antes de que alguno de nosotros termine pasándolo mal.

– ¿Por qué íbamos a pasarlo mal? No entiendo lo que me estás diciendo.

– ¿Qué sientes por mí? – Tampoco me esperaba esa pregunta.

– No lo sé, me gustas muchísimo, pero…

– Solo es sexo, ¿no? – Le aparté la mirada – Creo que tendrías que irte al salón antes de que Yuu se levante.

Asentí, sintiéndome mal por él. ¿Cómo podía él sentir cosas por mí en tan poco tiempo? Me levanté de la cama y me vestí con tranquilidad. No quería dejar de tener sexo con Tsuyoshi, pero si había empezado a sentir cosas tampoco quería darle ilusiones. Yo realmente no le quería, solo quería su cuerpo, o al menos eso era lo que sentía de momento. Decirle lo contrario sería engañarle.

– ¿Habría alguna posibilidad de que sintieses algo más por mí?

– No lo sé –  Me volví para mirarle – Supongo que antes tendría que conocerte – Me fui hacia la puerta de su cuarto pero paré cuando vi que se levantaba de la cama.

– Lucy – Se me acercó con la vista fija en el suelo, parecía estar agobiado – Quiero que sepas que estaría dispuesto a intentarlo contigo – Me miró a los ojos, muy serio – Pero no estoy dispuesto a llevarme otra desilusión

– Ahora mismo no puedo prometerte nada.

– La realidad me ha encontrado antes de lo que esperaba – Esbozó un intento de sonrisa.

– ¿A qué te refieres? – Tardó un rato en responder, se demoró observándome.

– En estos años que he estado soltero me he acostado con otras mujeres, normalmente no las conocía apenas y eran encuentros casuales. Nada serio. Pero, creo que el haberme acostado contigo conociéndote, habiendo cariño de por medio, me ha hecho pensar cosas que no debo. Supongo que me he ilusionado – No me retenía la mirada – Has ocupado gran parte de mis pensamientos estos días. Solo pensaba en verte.

– Pero si solo hemos tenido sexo dos veces.

– Yo soy el primero que no lo entiende. Creo que fue el dormir contigo en el sofá lo que me ha hecho pensar en cosas. Parecía que te gustaba mi compañía.

– Y me gusta, no me–

– Cuando digo que te gustaba mi compañía me refiero a que te gustaba estar conmigo en todos los aspectos,  no que era solo sexo.

– Es que hasta ahora mismo es lo que hay entre nosotros.

– Ya, bueno, pero yo no lo siento así – Le miré sin saber qué decir. En el fondo me sentía halagada, me hizo ilusión. Pero por otra parte me sentí mal porque no era correspondido en la manera que él quisiera – Sé que no debería, pero es que… – Negó con la cabeza pasándose una mano por los ojos.

Me miró de nuevo y se inclinó sobre mí, besándome despacio sin tocarme apenas. Me rozó el hombro con sus dedos mientras separaba sus labios de los míos. Suspiró tan cerca de mi boca que me hizo cosquillas con su aliento. Quería seguir besándole pero no quería que equivocase mis intenciones, así que sonreí y me alejé de él, saliendo de la habitación y bajando al salón. Apagué la lamparita y yo también suspiré, tumbándome en el sofá. Por más que quise no pude dormirme, estaba molesta con la situación, odiaba que hubiesen surgido sentimientos tan pronto. Esto se suponía que iba a ser algo divertido, yo no quería que nadie lo pasase mal. Pero en fin, no podía controlar lo que él sentía después de todo. Le escuché rondar la cocina y tras un rato le escuché salir de la casa. Puse la televisión y la miré sin verla realmente. Me llevé toda la mañana pensando hasta que escuché que bajaban las escaleras.

– Buenos días ¿Llevas mucho despierta? – Preguntó mi amigo. Le escuché bostezar mientras miraba la televisión apáticamente – Lo que me extraña es que mi padre siga en la cama, ¿está bien?

– Se ha ido a la calle.

– ¿No te ha dicho dónde? – Negué con la cabeza – ¿Qué te pasa? – Le miré, me observaba preocupado.

– Nada – Intenté sonar convincente. Cuando iba a preguntarme de nuevo escuché la puerta de la calle. Miramos hacia la puerta del salón y Tsuyoshi nos saludó con la cabeza.

– ¿Dónde habías ido?

– A dar una vuelta, ¿habéis desayunado?

– No, pero oye, ¿Quién era esta mañana?

– Ah, tu tía Erika. Estas navidades las pasamos en Japón. Se casa.

– ¿Y cómo pretendes que nos vayamos para allá? Porque tu sueldo no da para mucho.

– Nos pagan los billetes. Por cierto, me han preguntado si tienes pareja y les he dicho que sí.

– ¿Eres imbécil? ¡No me voy a llevar a Jimmy a Japón en navidad y menos como mi pareja!

– Ah, pues… lo siento.

– ¿Y ahora qué hago? – Tsuyoshi se encogió de hombros – ¿Me puedo llevar a Lucy?

– ¿¡A mí?! – Me miró sonriendo de oreja a oreja – ¿A Japón?

– Por favor, no me hagas estar solo con un montón de gente a la que apenas conozco.

– Pero si no tengo idea de japonés, y encima, ¿con tu familia? Qué vergüenza… se van a meter conmigo seguro, por extranjera.

– Anda ya, no seas tonta. Si se meten contigo es por envidia – Me agarró las tetas, haciéndome reír – ¡Menos mal! Estaba asustado de esa cara seria que tenías antes – Miré a Tsuyoshi de soslayo, esquivó mis ojos de nuevo – ¿Se puede venir o no?

– Si sus padres no tienen pegas, supongo que sí.

– Yuu, es una locura…

– No, ahora vamos a ir a tu casa a pedirle permiso a tus padres. Ahora mismo, venga, venga, ¡Tengo unas ganas de enseñarte Tokio que me muero! Te va a encantar.

Me hizo levantarme y vestirme, Tsuyoshi desapareció del salón y no volví a verle. Desayunamos y fuimos a mi casa en mi coche. Me sorprendió con la facilidad que mi padre accedió a que pasase la navidad fuera. La excusa era que se sentían seguros si nos acompañaba su padre. Yuu fue conmigo a mi habitación y me ayudó a coger la maleta de encima de mi armario. Estaba animadísimo y me contagiaba su alegría.

– Te va a encantar el karaoke, y la comida, ¡cómo la echo de menos! Y quizás te ligues a alguno de mis primos, los tengo muy guapos, ¿eh?

-Ya veremos cuando estemos allí – Doblé la ropa interior, metiéndola dentro de la maleta – Nos vamos justo después de salir de clase el viernes que viene, ¿no?

– Ojala pase rápido esta semana.

– ¿Y qué excusa le vas a poner a Jimmy?

– Ninguna, le voy a decir la verdad.

– Se va a enfadar – Se encogió de hombros – Vale, tú sabrás – Abrieron la puerta de mi cuarto sin llamar, era mi padre.

– Mientras Yuu esté aquí, la puerta abierta.

– No seas antiguo – Le riñó Sarah pasando por detrás – Además ya no están juntos.

– No, Lucy tiene un novio nuevo – Sarah se asomó al cuarto.

– ¿Ah sí? ¿El que yo me sé? ¿Sois novios?

– No, no somos novios, y cierra la puerta papá, estamos hablando de nuestras cosas y Nathan se cuela y no nos deja tranquilos – Cerré la puerta y suspiré.

– ¿Por qué no paras de decir que no es tu novio con esa insistencia?

– Porque no lo es. Era solo para sexo y ya ni eso…

– ¿Qué ha pasado?

– Está sintiendo cosas – Mientras que no dijese que era su padre podía hablar tranquilamente – Y dice que no quiere pasarlo mal, así que básicamente me ha dado largas.

– Y supongo que no sientes nada por él.

– No. Al menos de momento no. Es que en realidad no quiero una relación en estos momentos de mi vida. No me siento con ganas. Y con esta persona puede llegar a ser una relación difícil.

– Pero el sexo es bueno, ¿no? – Le miré asintiendo y sonriendo – Pues entonces quédate con eso.

– Pero no voy a tener sexo con él sabiendo que puedo hacerle daño. Si se acabó se acabó, como tú dices me quedo con la experiencia y punto.

No quise tratar más el tema, así que empecé a hablar de los exámenes que nos quedaban. Ni siquiera quería pensar en el asunto, pero cuando le despedí, cené, y me quedé sola, fue inevitable darle vueltas al asunto en la cama. Por una parte me encantaría enamorarme de él y tener una relación en condiciones, seria y duradera. Pero por otra no sabía si quería comprometerme a algo tan serio y tan pronto. Solo tenía 17 años, y él tenía 38, entendía que quisiera algo serio. Lo bueno de tener exámenes es que apenas te dejan tiempo para otra cosa y como el último lo teníamos la última hora del viernes, lo siguiente que me paré a pensar era que tenía que ir corriendo a mi casa para después ir a la de Yuu y que su padre nos llevase al aeropuerto. Me despedí de mi familia como si me fuera un año en vez de tres días, me dieron todo tipo de consejos y me pidieron los teléfonos de Yuu y de Tsuyoshi, por si acaso. Después de comprobar por tercera vez que lo llevaba todo me fui a casa de Yuu y me los encontré esperando apoyados en el coche de su padre, charlando.

– ¡Ya era hora! – Yuu me abrazó visiblemente excitado. Sin embargo, Tsuyoshi se metió en el coche casi sin mirarme. Me ayudó con la maleta y se sentó delante con su padre mientras yo me sentaba detrás – ¿No estás nerviosa?

– No, pero tú me estás poniendo histérica.

No calló en todo el camino, siguió igual en el aeropuerto e incluso cuando íbamos a subir al avión. Tsuyoshi estaba mudo, me saludó brevemente y poco más. Entendía su actitud, pero iba a ser muy incómodo si seguía así todo el viaje. Era un vuelo de trece horas y aunque me iba a pasar más de la mitad durmiendo iba a ser tenso. Una vez dentro del avión, Tsuyoshi se sentó en el pasillo, yo en medio y Yuu en la ventanilla a mi derecha. Soltó exclamaciones cuando el avión arrancó, iba más excitado que los niños que había alrededor. Ni siquiera se dio cuenta de que me agarraba al asiento con más fuerza de lo normal. Me aterraban los despegues, era lo peor del vuelo y lo pasaba francamente mal. Cerré los ojos escuchándole reírse al mirar por la ventanilla. Una mano sobre la mía me sobresaltó.

– Tranquila, no pasa nada – Abrí los ojos ante la sonrisa tranquilizadora de Tsuyoshi.

– No eres piloto, no puedes saberlo – Fue mi contestación histérica. Pero le agarré la mano, cerrando los ojos de nuevo. Hasta que el avión no voló a una altura considerable no me relajé. Cuando le solté le ví estirar los dedos, riéndose.

– Lo llego a saber y te dejo apretar el asiento.

– Gracias – Contesté, alegre de que por fin cambiase su actitud conmigo. Miré a Yuu – Este no se ha dado ni cuenta.

– No sé cómo decirte que los chicos de su edad no se dan cuenta de nada.

El viaje se hizo bastante insoportable. Cada vez que conseguía dormirme anunciaban algo por megafonía y me despertaban. Si no, eran los ronquidos de Yuu y otras veces las turbulencias o las azafatas ofreciéndonos algo. En un punto del vuelo nos pusimos los tres a charlar de qué haríamos al llegar, del jet lag, de la familia que les esperaba y de algunas de sus costumbres. Me enseñaron algunas palabras básicas que no me creía capaz de recordar y se rieron de mi pronunciación, quizás demasiado. Pero apenas duró la conversación, antes de darnos cuenta estábamos dormidos de nuevo. Eran demasiadas horas de viaje y cuando finalmente nos levantamos para bajarnos tenía las piernas agarrotadas y me dolían.

Nada más pisar suelo nipón me quedó claro que estaba en un país totalmente diferente. La gente era increíblemente amable, aunque no entendía nada todos me sonreían y me trataban con delicadeza. Aunque a primera vista eran todos iguales, si uno se paraba a observar eran muy diferentes. La tía de Yuu, Erika, nos recibió en el aeropuerto. Nos saludamos y me preguntó algo que no entendí a lo que Yuu respondió. Era un poco agobiante no entender nada pero a la vez me gustaba escucharles hablar en su idioma. Sobre todo a Tsuyoshi, estaba mucho más relajado y hablaba muy rápido. Nos llevaron en su monovolumen hasta el hotel. Me extrañó no quedarnos en casa de ningún familiar pero no hice preguntas. Reservaron una habitación para mí y otra doble para Yuu y su padre. No sé muy bien qué pasó pero de repente nos estábamos despidiendo.

– ¿Qué han dicho de mí? – Le pregunté a Yuu mientras subíamos.

– Cosas buenas, aunque me han hecho un interrogatorio sobre tu vida.

– Dúchate si quieres, en media hora te venimos a buscar para cenar – Tsuyoshi me dio la tarjeta llave de mi habitación.

Asentí y me metí dentro. La habitación constaba de una cama más o menos grande en un lateral, un escritorio, una televisión, un armario y un baño. Dejé la maleta en el armario y cogí ropa para cambiarme. Me di una ducha rápida, adivinando cual era el champú y cual el gel de cuerpo porque no entendía nada. Antes de que hubiese salido llamaban a la puerta. Me puse la toalla alrededor del cuerpo y abrí.

– Ya voy, un segundito – Era Tsuyoshi, me miró los pechos húmedos a pesar de tener mi mano frente a ellos agarrando la toalla. Miró al suelo y se dio la vuelta.

– Intenta no tardar mucho – Miré hacia a los lados, Yuu no estaba.

– Si quieres puedes ayudarme a secarme – Me daba igual si le afectaba emocionalmente, estaba deseando tener sexo con él de nuevo y sabía que él también quería.

Me miró brevemente y vi la duda en su rostro, pero al final me sonrió nervioso mientras caminaba hacia a su habitación con prisas. Él se lo perdía. Esa noche no hicimos nada especial, simplemente cenamos. Tsuyoshi estaba raro de nuevo. Y no sabía de qué me sorprendía, fue por mi culpa al fin y al cabo.

– ¿Cuándo es la boda? – Pregunté tomándome el postre.

– Mañana – Me dijo Yuu como si fuese evidente.

– ¿Ya? – Asintió – Te recuerdo que no entiendo nada de lo que me decís así que no tenía ni idea.

– Pues es mañana, así que descansa bien. Mi novia tiene que estar perfecta – Se rio guiñándome el ojo.

– Sí, ojala fueses mi novio. Así no pasaba la noche sola.

Lo dejé caer por si a Tsuyoshi se le ocurría la idea de colarse en mi habitación, pero no hubo suerte. Estábamos muy cansados del avión, al menos yo, y me faltó tiempo para meterme en la cama.  Me despertaron unos golpecitos en la puerta demasiado temprano y me levanté de mal humor. Yuu ya estaba vestido y entró en mi cuarto sin invitación. Sacó mi traje de la maleta (que él había escogido) y los zapatos, metiéndome prisa para que me arreglase. Me puso tan nerviosa que tuve que echarle de la habitación, aunque me costó lo suyo. Al terminar, satisfecha con el resultado, salí de la habitación y llamé a la de los chicos. Justo cuando abrían la puerta me pegué un tirón del sujetador sin tirantes, intentando hacer que los pechos no me molestasen porque el traje me los juntaba tanto que me tenían incómoda.

– Yuu, creo que te has pasado. No te debería haber hecho caso – Entré en la habitación sin mirar quién me abría la puerta, ocupada en la tarea de colocármelas en su sitio.

– Yuu está abajo – Me giré y vi a Tsuyoshi con los ojos fijos en mi escote, chasqueé los dedos frente a sus ojos, sonriendo.

– ¿Estoy guapa? – Suspiró alzando las cejas sin decir nada, me lo tomé como un sí – Tú vas muy guapo – Hice como la que le ponía bien la corbata, una excusa para mirarle de cerca – Me gusta cómo te has puesto el pelo, así, tan formal. Siempre vas despeinado, ya era hora.

– Yuu nos está esperando, vamos a llegar tarde.

– No me importaría retrasarme un poco, y por la dirección que toman tus ojos todo el rato diría que a ti tampoco.

– Ya hablé contigo, te dije lo que sentía. No sé por qué insistes en que–

– No puedes echarme los mejores polvos de mi vida y pretender que no quiera más – Susurré con mi mejor cara de perversión – Sabes que vas a caer, si no es ahora es más tarde. Lo sabes.

Ni quería ni podía mirarle a los ojos, mi atención estaba puesta en sus labios y la mente centrada en las ganas horrorosas que tenía de besarle. Tiré de su corbata y apreté mi boca a la suya despacio, rozándole con la lengua muy sutilmente, susurrando su nombre después. Me agarró de los hombros con fuerza y creía que me iba a responder el beso, pero no podía estar más equivocada.

– Estate quieta, para de una vez – Me separó de él.

– Joder, que ganas de complicarlo todo, es que no me creo que me estés rechazando porque te gusto mucho. Es más, no me creo eso de que te estás pillando por mí – Conforme iba hablando me iba enfadando cada vez más – Es que es imposible, ¡es imposible que te guste tanto solo por dos polvos! ¡No eres un adolescente, creía que–

– Yo también creía que iba a ser diferente pero no lo es – Me clavaba su mirada, enfadado y encendiendo mi deseo a pesar de sentirme tan rabiosa – No vuelvas a tocarme en lo que queda de viaje Lucy, déjalo ya – Me separé de él y salí de la habitación para encontrarme con Yuu de frente en el pasillo

– ¿Nos vamos? Espero que tus primos y familiares estén buenos porque esta noche pienso follarme por lo menos a uno de ellos.

– ¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo? Se supone que eres mi novia, no puedes hacer eso.

– ¡¡Puedo hacer lo que me dé la gana!!

Sentí a Yuu pararse a medio camino. Seguía andando enfurecida y dolida porque nunca me habían rechazado de esa manera. Me sentía ridícula, pero tenía muy claro que el imbécil era él. Se iba a arrepentir de lo que le había dicho, si de verdad le gustaba se iba a arrepentir mucho. En el taxi, Yuu intentó hablar conmigo pero como no quería pagar mi enfado con él preferí ignorarle. Y él, que me conocía, dejó de intentarlo al poco tiempo. Le preguntó algo a su padre en japonés, que le respondió muy brevemente. Los miré enfadada, sabían que no los entendía, era como tener secretos en mi cara y me molestó. Al bajarme resoplé, los seguí hasta el santuario y se me pasó un poco el enfado al ver lo precioso que era. Me rodeaban mujeres con kimonos aunque para mi alivio, algunas también llevaban trajes. Tsuyoshi se sentó solo al frente, Yuu y yo nos sentamos detrás.

Fue bastante distinto de lo que yo estaba acostumbrada a ver. En un punto de la ceremonia todos bebían de unos platitos que tenían delante y después le daban un sobre a los novios. No le quise preguntar a Yuu por no interrumpir pero me moría de la curiosidad de saber muchas cosas. Cuando acabó la ceremonia, una chica con un traje más provocativo que el mío (aunque con poco material para enseñar) se acercó ilusionada a Yuu hablando en un japonés muy chillón. Se me quedó mirando y no sabría si con respeto o con desprecio.

– ¿Quién era? – Pregunté cuando se alejó.

– ¿Ya me hablas? – Le  miré fingiendo que me hacía gracia – Es mi prima, la hija pequeña mi tía. Se ha quedado de piedra cuando le he dicho que eras mi novia.

– ¿Y cuál es el motivo?

– Tus tetas, vete acostumbrando porque la mitad de los familiares masculinos de mi familia no van a mirar a otra parte. No sabes lo exótica que eres aquí, así que te vas a salir con la tuya, vas a poder tirarte al menos a uno si es lo que quieres – Resoplé y me crucé de brazos – Oye, ¿qué ha pasado? ¿Te has peleado con mi padre por algo?

– No. Eso da igual ahora. ¿No vamos a comer? Me rugen las tripas – Cambié el tema de conversación, no quería hablar de eso.

Fuimos al convite, no supe si Tsuyoshi me prestaba atención o no porque no quería ni mirarle. Como Yuu me prometió, la comida estaba increíblemente buena. Le preguntaba a cada momento qué era cada cosa, cómo me lo comía y qué debía hacer. Me sirvió de intérprete casi toda la noche, la gente quería preguntarme cosas y yo no sabía responder. Una vez almorzamos estuvimos “charlando” (porque yo apenas abría la boca) casi toda la tarde. Lo cierto es que me aburrí bastante por no decir muchísimo, Yuu hablaba y reía con su prima y un chico más y yo me sentía un poco de lado. Miré a la mesa que teníamos enfrente y vi a Tsuyoshi hablando con otros hombres de su edad y más mayores, todos estaban bebiendo. Cuando una mujer pasó junto a la mesa le pidieron que se acercase. Era muy bonita pero no sabía decir qué edad tenía. Señalaron a Tsuyoshi y ella le sonrió. Él le sonrió de vuelta. Cuando empecé a fruncir el ceño mirándome las manos – tengo que admitir que un poco celosa – Escuché una risita. Un chico de más o menos mi edad se había sentado a mi lado. Le saludé con la cabeza y una sonrisa, no  le había visto antes pero era muy atractivo.

– Tu nombre era Lucy-san, ¿verdad?

– Oh, sí – Asentí, contenta de que alguien hablase (o al menos lo intentase) mi idioma.

– Soy el hermano pequeño del novio, Arata.

– Encantada Arata-san.

– ¿Me tengo que creer que eres la novia de Yuu? – Levantó una ceja de una manera muy sexy. No supe qué responder y se rio – Se nota que no lo sois. Apenas te hace caso. Y si lo es, es un novio asqueroso – Susurró.

El chico era muy simpático, quería saber muchas cosas de mí y apenas me miraba las tetas. Además, era el único con el que podía hablar porque Yuu estaba muy ocupado. Cuando al rato volví a mirar a la mesa de Tsuyoshi me encontré que esa mujer se había sentado a su lado y que hablaban muy animadamente. Ella le ponía ojitos, era bastante descarado. Mientras me centraba en mis malsanos pensamientos, la gente de la mesa en la que yo estaba sentada, casi todos de mi edad y la de Yuu, se pusieron en pie con voces animadas. Les miré sin entender nada y antes de que Yuu me lo explicase, Arata se adelantó.

– Nos vamos de fiesta, vienes, supongo – Era difícil decirle que no, era muy guapo.

– Siempre que tú vayas – En ese momento sí que me miró de arriba abajo y yo me reí fingiendo timidez, caminando a su lado hacia la salida. Justo cuando pasábamos junto a Tsuyoshi tuvo la ocurrencia de piropearme.

– Eres realmente preciosa.

Le miré mordiéndome el labio y miré a Tsuyoshi aun riéndome. Me encontré con una mirada gélida, que apartó sin prisas. Lo último que vi es que le ponía la mano en la pierna a esa mujer, que miró a su alrededor nerviosa por su acercamiento atrevido. Y me dio tanta rabia que me entraron ganas de gritar.

 

6

Esperamos fuera del edificio a que llegasen los taxis y esperaba que fuese pronto porque me estaba muriendo de frío. Las chicas y el otro chico se fueron en el primero y me quedé esperando al siguiente con Yuu y Arata. Justo cuando lo vi venir escuché a Tsuyoshi llamar a su hijo.

– Oye, ve con cuidado, ¿llevas dinero?

– Sí papá no te preocupes, esto es infinitamente más seguro que casa.

– Por cierto, ¿vas a volver tarde? – Preguntó con una sonrisita.

– Eso espero – Contestó riéndose.

– Yo también – Los dos se rieron, a mí no me hizo gracia – Ah, Lucy, toma – Se metió la mano en el bolsillo y sacó la cartera. De esta sacó un condón – Sé que Yuu lleva pero como te veo tan dispuesta y probablemente no lleves ninguno… no te preocupes, tengo de sobra – Yuu y Arata se rieron y se fueron hacia el taxi. Tsuyoshi me sonreía, pero yo sabía sus verdaderas intenciones. No le di el gusto de mostrarle lo mucho que me ofendió ese intento de avergonzarme por hacer lo que me daba la gana con mi cuerpo. Lo cogí y me lo guardé en el bolso.

– ¡Gracias! Estás en todo ¿eh? Ah, se me olvidaba – Me acerqué a él cuando los dos chicos ya se habían metido en el taxi. Si quería jugar sucio no iba a ganarme – Ten cuidado cuando se la metas, no vaya a ser que grites mi nombre – Susurré. Su sonrisa de suficiencia se desvaneció, volviendo de nuevo a mirarme con esos ojos fríos.

– No creo que eso vaya a pasar, pero te digo una cosa; si ese niñato te decepciona cuando te folle de cualquier manera en el bar o en un hotelucho, luego no me vengas buscando.

– No te preocupes, ya sé que no tengo que volver a tocarte en lo que queda de viaje.

Le sonreí con falsedad evidente y me metí en el vehículo. A causa de ese enfrentamiento, de las cosas que me dijo y las cosas que le dije, no pude disfrutar con los chicos. Estaba ausente, desganada, me sentía abatida y Yuu se dio cuenta. Justo cuando Arata empezó a envalentonarse para meterme mano discretamente mientras bailábamos, Yuu tiró de mi brazo y me sacó de la multitud. Salimos del bar y me metió en un taxi.

– ¿Qué haces? – Le dio la dirección del hotel al conductor.

– Ahora nos vamos a ir a la habitación y me vas a explicar qué coño te pasa desde esta mañana.

– No quiero hablar del tema, quería quedarme con Arata.

– No, no querías. Se te veía en la cara. Está bueno, no te lo niego, pero no estabas con él, estabas en otra parte.

– No creo que deba hablar contigo de esto…

– Vamos a hablar, me los vas a soltar todo. Ya vale de guardarte las cosas para ti misma Lucy, soy tu amigo.

No quería hablar con él porque sentía que tenía ganas de llorar. Pero no porque me diese pena, es que la situación me daba tanta rabia que no podía soportarlo. Fui en silencio hasta el hotel, hasta su habitación, e incluso estando dentro me costó empezar a hablar. Nos sentamos juntos en la misma cama, yo agarrándome las piernas y él sentado sobre las suyas.

– ¿Me vas a contar qué te ha pasado con mi padre? – Suspiré.

– ¿Te acuerdas de ese novio que folla de maravilla pero que se ha pillado por mí? – Le miré, me miró. Abrió mucho los ojos y cogió aire.

– Mentira… – Negué con la cabeza.

– Esta mañana intenté que se dejase de tonterías y hacer algo, yo que sé, uno rápido o algo así, pero su respuesta fue que no volviese a tocarle.

– ¿Sabes que todavía lo estoy asimilando? ¿Desde cuándo te acuestas con él?

– Desde el día que vino Jimmy a tu casa a hablar contigo. Ese día fue la primera vez.

– Y cuando te quedaste a dormir también, ¿verdad? – Asentí.

– Ese día me dijo que no podíamos seguir viéndonos porque estaba empezando a sentir cosas y, ¿sabes qué? No me lo creo. Creo que ya está cansado de follar conmigo y se pensará que es una manera tierna y guay de quitarme de en medio.

– No, mi padre no es así – Apartó la idea con la mano.

– Eso no puedes saberlo, tú no sabes cómo es con las mujeres.

– Si dice que le gustas mucho es verdad, siempre le has gustado.

– ¿Pero por qué? No tengo nada especial, soy una niña para él, solo hemos follado dos veces, ¿y ya se enamora? Es que no me lo creo, y ahora estará con esa zorra en cualquier esquina dándose el lote.

– Tú ibas a hacer lo mismo con Arata.

– Pero era para darle celos, se supone que el enamorado aquí es Tsuyoshi. Y quería que se arrepintiese, que me pidiese quedarme con él y ya ves. Me da un puto condón. No solo me rechaza por la mañana haciéndome sentir asquerosa – Sentía las lágrimas correr por mis mejillas, me quemaban de la rabia que sentía – Si no que ahora me deja ver que no le intereso realmente. Lo que me hace darme cuenta de que lo que te he dicho de que ya se ha cansado de mi era verdad ¿Por qué todos los hombres me utilizáis Yuu?

– No digas eso… – A mi amigo se le descompuso la cara, abrazándome con fuerza mientras yo me desahogaba en su pecho.

– No quiero que se acueste con esa, quiero que se acueste conmigo. Quiero que me quiera… que me mire a mí nada más.

– ¿Tú le quieres?

– ¿Y de qué sirve si está con otra?

No podía parar de llorar, se me estaba corriendo el maquillaje en la camisa de Yuu y se la estaba poniendo perdida, pero él no me soltaba. Y para colmo de males se abrió la puerta y entró Tsuyoshi agarrando a esa mujer, borracha como una cuba y riéndole las gracias. Me puse derecha y me limpié las lágrimas con prisas, mirándole de reojo. Dejó de reírse y soltó a la desconocida de cualquier manera en la cama de al lado, acercándose a mí.

– ¿Qué te ha pasado? ¿Ha sido ese inútil con el que te has ido? – Estaba ligeramente borracho, se le notaba al hablar. Y olía a alcohol, bastante.

– No, ha sido otro inútil – Le miré a los ojos, se me volvieron a escapar unas cuantas lágrimas que me limpié de nuevo con rabia.

– ¿Por qué no habláis? – Propuso Yuu levantándose – Yo me llevo a esta – Tsuyoshi le miró y asintió. Vi como metía la mano en mi bolso y se llevaba la tarjeta de mi habitación, susurrándome ‘suerte’ sin articular palabra antes de cerrar la puerta.

– Lo siento mucho – Mascullé, limpiándome las lágrimas que se me iban escapando – Estaba dolida, no quería hacerte daño – No decía nada, le miré de reojo y ni si quiera me estaba mirando – No hace falta que te quedes hablando conmigo, dile a Yuu que te traiga de nuevo a tu amiga.

– Yo también lo siento, ha estado mal como me he comportado contigo ahí fuera.

– No, tienes motivos. He sido una zorra, quería joderte y tú me has jodido a mí.

– ¿Por qué lloras? – Se sentó a mi lado donde antes estaba Yuu.

– Porque duele darse cuenta de las cosas y porque estoy harta de que los hombres me utilicen y de ser cambiada por algo mejor cuando se cansan de mí. Y no me digas que no es eso lo que has hecho porque si de verdad me quieres no te habrías puesto a tontear con otra.

– ¿Y qué querías que hiciese? ¿Qué me quedase mirando como un niñato inútil te sacaba los colores con tonterías y cursiladas?

– ¡¡Quería que te lanzases a por mí!! ¡No entiendo por qué te comportas así!

– ¿Y tú? Si se supone que no me quieres más que para follar, ¿a qué viene esto? ¿O contigo o con nadie o qué pasa?

– ¡No lo sé! Me ha… me he puesto enferma cuando te he visto con esa. No quiero que mires a otras, la sola idea de imaginarte haciéndole a otra mujer lo que me has hecho a mí…

– Entonces qué – Se rio despectivamente – ¿Estás enamorada de mi polla? Porque si es así estoy seguro de que las encuentras mejores – Le miré sintiendo como me hervía la sangre y le di un bofetón que hasta me picó la mano. Me levanté de la cama.

– ¡Deja de insinuar de una puta vez que está mal que sienta deseo por ti! ¡Tú eres el que me arrastró a esta obsesión que tengo y no te pareció mal en el momento! ¡Es tu culpa! ¡Yo no quería sentir esto cuando me acosté contigo! ¡Es culpa tuya! – Me fui hacia la puerta para irme a mi habitación pero le sentí levantarse tras de mí, abrazándome por los hombros y suspirando.

– Lo siento, lo siento mucho Lucy-chan – Me apretaba con sus fuertes brazos – No quería decirte eso, no quería ser así contigo. Te quiero muchísimo – se me pusieron los vellos de punta pero no quería darme la vuelta – ¿Qué tengo que hacer para que te enamores de mí? Dímelo, lo que sea – No me podía creer que estuviese llorando, tenía que ser el alcohol – Cuando no te veo duele y cuando estás cerca todo es mejor, siempre todo es mejor contigo. Aunque no me hables ni me mires, solo con estar ahí me haces muy feliz.

– Tsuyoshi… – No me terminaba de gustar que fuese rogando, no era sano. Pero para ser sincera, jamás pensé que nadie sintiese eso por mí, ni que pudiesen sentirlo alguna vez – Deberías acostarte – Le llevé hasta la cama y le senté en ella, quitándole los zapatos. Estaba más borracho de lo que parecía a simple vista, me miraba sonriendo como un idiota, sorbiendo los mocos que se le habían escapado con las cuatro lagrimillas que echó.

– No quiero a ninguna más Lucy, no paro de pensar en ti, me voy a volver loco. Y encima me tientas con tu cuerpo y te tengo que rechazar porque como vuelva a tocarte voy a quererte más y el dolor de no estar contigo va a ser más grande. Pero es que estás tan buena… – Cuando le estaba empujando los hombros para tumbarle en la cama me puso sus enormes manos en la cintura y las fue subiendo despacio hasta agarrarme los pechos con fuerza – Quítate esto, métete en la cama conmigo – Le agarré de las muñecas.

– Duérmete – Le tapé sin quitarle el traje de chaqueta.

– Duerme conmigo – Rogó.

– Otro día – Le tumbé de lado y me senté en la cama frente a él, se le caían los ojos, había bebido mucho.

– Lucy – Murmuró con los ojos medio cerrados – Por favor Lucy, no me dejes solo. Solo he estado enamorado dos veces en mi vida, no me dejes tú también. No sé qué… no sé qué haría…es todo muy…

Se durmió antes de lo que me esperaba, respirando escandalosamente con la boca abierta. Me tumbé en la cama y suspiré, quitándome el sujetador pero quedándome con el traje puesto. Seguía cansada, física y mentalmente. Tenía que pensar en muchas cosas pero en ese momento el sueño era mayor.

Me despertó un ronquido estruendoso y me estremecí, muerta de frío. A pesar saber que ya sería bien entrada la mañana, me tapé. Pero no me dio tiempo a quedarme dormida. Noté como Tsuyoshi se sentaba en su cama quejándose en japonés. Abrí los ojos y le miré. Se pasaba una mano por la cara con los ojos cerrados con fuerza.

– ¿Tanto bebiste ayer? – Pregunté arrebujada entre las mantas.

– ¿Eh? – Me miró como si hubiese visto un fantasma – ¿Qué haces tú aquí?

– ¿No te acuerdas de nada? – Entrecerró los ojos, pensando.

– ¿Dónde está Yuu? ¿Por qué estás en su cama?

– Ayer estuvimos hablando, o lo intentamos, pero estabas tan borracho que te quedaste dormido – Su cara transmitía la confusión que sentía – No hicimos nada sexual, puedes quedarte tranquilo. Tu amiga se fue con Yuu y ni idea de donde está.

– ¿Tú no habías salido a bailar con Yuu y el niñato ese?

– Sí, y por cierto, tu condón está en la cartera. Recuérdame que te lo devuelva – Miró al suelo molesto, pasándose después una mano por los ojos.

– Siento mucho haberte dicho eso, estuvo feísimo.

–  Ya te dije ayer que no pasaba nada, el karma es una puta.

– ¿De qué hablamos ayer?

– Te pedí perdón, me pediste perdón, intenté hablar contigo y explicarte lo que sentía, me insultaste, te pegué, te declaraste diciéndome abiertamente todo lo que sientes por mí de una manera un tanto arrastrada, me metiste mano y te quedaste dormido.

– No sé si quiero que me lo expliques con detalle.

– Lo que tienes que hacer es ducharte y dejarme dormir, estoy reventada.

Asintió levantándose de la cama, le miré coger ropa de la maleta y meterse en el cuarto de baño. Con el ruido de fondo del agua salpicando me quedé dormida de nuevo, pero cuando salió volví a despertarme. Al darse cuenta se sentó en mi cama y se quedó mirándome, poniéndome un mechón de pelo tras la oreja.

– Yuu lo sabe, se lo dije ayer – Se rio brevemente.

– ¿Cómo ha reaccionado?

– Ha flipado un poco pero no se lo ha tomado mal… creo – Se quedó callado, pensando en sus cosas con una botella de agua de la neverita en la mano – Ya no sé qué pensar sobre lo que dices que sientes por mí.

– ¿Por qué dices eso?

– Ayer juraría que lo que te pasaba es que ya no querías saber nada de mí y por eso te fuiste con esa mujer. Pero me dijiste esas cosas y ahora te sientas aquí y me tratas así, y no sé qué pensar, ¿me quieres o no me quieres? Sé sincero.

– ¿Me vas a hacer decirlo en voz alta sin estar borracho? – No me miraba, jugaba con la etiqueta de la botella. La dejó en la mesa de noche y se giró para mirarme a los ojos – Te quiero, y mucho. Demasiado probablemente.

– Nunca se quiere demasiado, eso es una tontería.

– Sí se quiere demasiado cuando no es correspondido.

– ¿Y tú qué sabes? ¿Me has preguntado?

– ¿Me quieres?

– Estoy en ello.

– ¿Eh? No se puede estar en ello, o es sí o es no.

– Oye, la vida no es o blanco o negro, hay tonos de gris y ahora mismo estoy en medio. Dame tiempo. De momento tengo claro que no me da la gana de que te acerques a otras mujeres. Le corto las manos a la que te toque, te lo juro.

– ¿Y eso por qué si no tienes seguro si me quieres o no? – Preguntó con una sonrisita.

– Porque eres mío – Refunfuñé enrabietada – Y punto – Dio una carcajada.

– Vaya por dios, tengo dueña. No tenía pensamiento de irme con ninguna otra, ayer tuve que emborracharme para conseguir meterla en la habitación. Quería ponerte celosa.

– Pues que te den tu medalla, misión cumplida.

– Te besaría – Me pasó los dedos por los labios – Pero huelo a sake.

– Si no fuese por eso ya estarías medio desnudo, pero es que apestas – Llamaron a la puerta, Tsuyoshi se levantó y vi a Yuu quedarse ahí plantado mirándonos sin saber qué decir. Su padre le hizo entrar.

– Yuu, siento haberte mentido pero no sabía cómo iba a sentarte – Mi amigo le miró encogiendo la nariz.

– Hueles fatal. Mamá, vamos a desayunar – Tiró de mi mano, haciéndome reír – ¿Qué haces todavía con el traje puesto? ¿No hicisteis nada ayer? Os dejé de lo más sensible y lloriqueando, lo teníais facilísimo.

– ¿Llorando? – Tsuyoshi me miró alarmado.

– Con la borrachera que llevaba no habría hecho nada, imbécil – Empujé a Yuu al levantarme de la cama – Ni siquiera se acuerda…

– ¿Por qué llorabas? – Preguntó siguiéndome fuera del cuarto – ¿Por mi culpa?

– Deja de preocuparte y vete a desayunar con este – Le di un beso en la mejilla y me metí en mi habitación para ducharme.

Me quedé debajo del chorro un buen rato, pensando en lo que realmente sentía, dándole vueltas. Quería estar con él, quería estar bien. No solo de manera sexual, tenía ganas de que me cogiese de la mano, de charlar durante horas, de aprender de su conocimiento y que él aprendiese de mi juventud, de que me dijese lo bonita que le parecía y lo que me quería. Quería, por una vez, tener un novio de verdad. Y es que me gustaba mucho, su forma de ser sobre todo. Cerré el grifo y me vestí con tranquilidad, me estaba secando el pelo cuando Yuu llamó a mi puerta.

– Vamos a desayunar –                Me pasó un brazo con los hombros, sacudiendo la cabeza y mojándome con su pelo – Mi padre se muere de hambre.

– ¿Me habéis esperado?

– No, Yuu se estaba duchando, tarda más que tú en arreglarse – Tsuyoshi se apoyó en el marco de la puerta, guardándose la llave de su habitación en la chaqueta.

– ¿Me vais a llevar a ver Tokio o qué? – Cogí mis cosas, saliendo de allí.

– Ese era el plan – Asentía mi amigo bajando hacia la cocina – Pero va a estar lleno de gente con eso de que es navidad.

– ¿Hoy es veinticinco? No sé en qué mundo vivo estoy totalmente perdida.

Después de desayunar me llevaron a multitud de sitios y todos me encantaron. Era muy diferente y agradecía a tener a Tsuyoshi como guía, nos llevaba a los mejores lugares. Y se portó conmigo realmente bien, se mostraba muy atento a que entendiese todo en cada momento y cuando Yuu no se daba cuenta me apretaba la mano con cariño. Cenamos en un bar humilde, precisamente por eso mismo la comida estaba incluso más deliciosa que la del catering de la boda.

– Ayer me dejaste sin fiesta – Se quejó Yuu – Y hoy por ser navidad seguro que hay algunas muy gordas. Así que hoy vamos a salir.

– Yo no te pedí que me sacases de la discoteca, fue cosa tuya.

– De nada – Se cruzó de brazos, ofendido. Tsuyoshi empezó a mirarnos al uno y al otro como el que está en un partido de tenis.

– No te tengo que dar las gracias, se te ocurrió que no estaba pasándomelo bien y me sacaste de allí. Y sí me lo estaba pasando bien.

– No estabas bien, estabas todo lo contrario a bien. Pero si no tienes ganas de salir dímelo directamente.

– Es que mañana nos tenemos que volver y vamos a estar muy cansados. Además, te enfadas conmigo seguro si te digo que no.

– No me enfado – Sí se enfadaba, se le veía en la cara.

– Te lo devuelvo cuando estemos en América, te llevo a un bar gay o algo. Dicen que las amigas de los gays son las que mejor se lo pasan.

– ¿En qué sentido? – Preguntó Tsuyoshi entrecerrando los ojos.

– En todos – Fue a decirme algo, pero se calló – ¿Te estás poniendo celoso? – Ahora era Yuu el que nos miraba, con una sonrisita.

– No, no. Me parece que he confundido lo que me has dicho esta mañana entonces. Voy al servicio – Se levantó y noté como Yuu me daba un empujón.

– ¿Qué le has dicho esta mañana que le tiene confuso?

– Cosas – Se encogió de hombros y sonrió.

Tsuyoshi fue callado y serio hasta el hotel, suspirando de vez en cuando y absorto en sus pensamientos. Al llegar, Yuu se quedó en la planta baja para conectarse a un ordenador, quería hablar con Jimmy así que subimos solos. Al ir a entrar en las habitaciones le di con un dedo en el hombro. Me miró serio, con una ceja levantada.

– No te enfades.

– No me enfado – Desde luego, Yuu tenía a quién salir.

– Pues quita esa cara.

– No puedo, es la que tengo.

– Eres imposible – Le dije riéndome, sabía que se le iba a pasar pronto – Voy a cambiarme y a acostarme. Si quieres pasarte a charlar o si te aburres, ahí estoy.

Suspiró y se metió en su habitación. Entré en la mía sonriendo, en realidad me lo había pasado realmente bien y con Tsuyoshi estaba mejor que nunca. Esos enfados por celos me parecían una tontería y además un problema que él tendría que resolver. Destapé la cama y me quité la ropa de la calle. Cuando me iba a poner la parte de arriba del pijama escuché golpecitos rápidos en la puerta. Abrí sin terminar de vestirme, sin nada por arriba pero tapándome con la ropa y un poco nerviosa.

– Creo que tienes una cosa en tu bolso que es mía – Lo señaló, mirándome molesto.

– Pasa, te lo doy ahora mismo – Entró en la habitación y cogí el bolso. Solté la parte de arriba del pijama en la cama, dejando mis pechos al aire. Cerró la puerta con prisas, escandalizado por si alguien me veía. Le ofrecí el condón y lo cogió, pero no se movió de donde estaba, mirándome a los ojos.

– ¿Quieres hablar? ¿Jugar a las cartas? – Le tenté con las manos en las caderas.

– ¿Vas a acostarte con más hombres? ¿Planeas hacerlo?

– No idiota, eres el único con el que quiero acostarme.

– No voy a compartirte, no me va ese rollo. Si dices que yo no puedo, tú tampoco.

– Me parece bien que lleguemos a ese acuerdo pero decídete a irte o quedarte porque me está empezando a entrar frío. ¡Mira lo que ha pasado! – Le cogí la mano y le hice pasar los dedos por mis pezones endurecidos.

– Creo que no deberíamos de hacer nada hasta que estés segura de lo que sientes – Sus acciones eran opuestas a sus palabras, acariciándome el pecho de esa manera experta que le dio la edad. Sin embargo, subió la mano hasta mi cara, sonriéndome.

– ¿En serio? – Me acerqué a él fastidiada. Me pellizcó la barbilla y se rio alegremente.

– ¿Tantas ganas tienes? – Asentí mirándole a los ojos y a la boca.

– Si no vas a hacerme nada de eso, por lo menos duerme conmigo. Cuando volvamos me tendré que ir a mi casa y te echaré de menos.

– Pero no me tientes, ponte algo por encima – Suspiré y me puse la camiseta del pijama. Me porté un poco mal, quitándome los pantalones, metiéndome en la cama y dejándole hueco a mi lado. Apoyó la espalda en la pared y se puso la televisión

– Qué entretenido…

– Aprende japonés, es fácil.

– Oh, sí. Sobre todo porque cada vez que decía algo ayer, Yuu y sus primos se reían de mi acento. Paso.

– Es que tienes un acento gracioso.

– Mira quién fue a hablar… Por cierto, ¿Qué significa ‘kimochi’? Siempre lo dices cuando estamos en la cama.

– Ah – Dejó de mirarme un poco avergonzado – Es como decirte que me gusta.

– O sea, que si hago esto deberías decirlo – Pasé la mano por su entrepierna despacio, tomándome mi tiempo. Me agarró de la muñeca.

– Estate quieta o me voy de aquí – Me mordí el labio.

– Tengo muchas, muchas ganas. Solo con mirarte se me mojan las bragas.

– Cállate ya Lucy – Le puse la mano en la cara y le obligué a mirarme.

– Estoy muy sensible, creo que me correría solo con que me rozases un poco los labios con los dedos, ¿no podrías hacer aunque sea eso?

– Me voy a mi habitación – Intentó levantarse de la cama, pero me senté a horcajadas sobre él, mirándole de frente.

– ¿De verdad voy a tener que hacerlo todo? – Me susurraba que me estuviese quieta sin mucha convicción. Le metí la mano en los pantalones y deslicé la otra bajo mi camiseta agarrándome un pecho – La primera vez que me toqué pensando en ti fue el día que me besaste, con un boli. Estaba deseando que me la metieses. Casi tanto como ahora.

Me agaché sobre él y le besé encendida y cegada por la lujuria, masturbándole despacio, asustada ante la idea de sufrir su rechazo una vez más. Habíamos cambiado posiciones, ahora era yo la que le acosaba sin saber cuál sería su reacción. Me empujó hacia atrás, y me puse en lo peor hasta que vi que se escupía en la mano. Apartó la mía de sus pantalones y se la mojó con su saliva echándome hacia un lado la ropa interior. Me puse de rodillas en la cama sintiendo sus manos en mis caderas que empecé a mover despacio. Me llenaba, me estimulaba, su pelvis chocaba con mi clítoris cuando la metía hasta el fondo, obligándome a jadear un poco más fuerte. No dejaba de besarle, inclinada sobre él como estaba y meciéndome con suavidad, disfrutándole. Su teléfono sonaba, me susurró que lo ignorase. Sus manos arrojaron mi camiseta hacia un lado, hundió la cara entre mis pechos, apretándome la espalda y acariciándola. Nuestros gemidos eran ahogados entre besos y mordiscos.

– Me corro Tsuyoshi – Susurré contra sus labios.

– ¿Sí? – Dobló las rodillas y apoyó los pies en la cama, agarrándome del trasero, moviéndose salvajemente en mi interior – Quiero oírte gritar, estás muy callada.

Y me habría hecho gemir de no ser porque le mordí el cuello, retorciéndome sobre él. Menos de un minuto después, estaban llamando a la puerta de mi habitación con insistencia, y sin embargo no dejaba de follarme, como si no fuera con él la cosa. Pero tampoco dejaban de llamar. Desesperada me levanté de la cama a pesar de las quejas de mi amante, cogí la camiseta y me la puse para abrir la puerta. Tsuyoshi se tapó con la sabana, y resoplé al ver que seguía masturbándose despacio.

– ¿Qué coño quieres Yuu? – Pregunté jadeante al abrir la puerta.

– No puedo entrar en mi habitación, mi padre tiene la llave y no sé dónde está, ¿te he despertado? Al final resulta que Jimmy no se ha enfadado, me ha dicho que–

– No, no me has despertado, toma la llave – Anduve hacia la mesa de noche, cogiéndola para dársela. Se asomó al cuarto y se arrepintió al momento.

– ¿Cómo no se me ha ocurrido? Lo siento.

Le cerré la puerta en la cara y fui hacia la cama quitándome la ropa que me quedaba. Tsuyoshi me agarró del pelo y me hizo agacharme a la fuerza, metiéndomela en la boca, meciendo las caderas. Le agarré del trasero y me la metí hasta la garganta, lamiéndosela hambrienta, sin dejar de mirarle. No hacía apenas ruido, solo respiraba agitadamente y de vez en cuando dejaba escapar de entre sus labios unos sonidos graves que me ponían tremendamente cachonda. Tirando de mi pelo me apartó de él y me tumbó boca abajo en la cama. Metió su mano entre mis piernas y la pasó sin cuidado de arriba hasta abajo, desde mi clítoris hasta la vagina y al revés. Me estimuló la entrada de ésta con el pulgar de esa misma mano mientras se tumbaba sobre mí, rozándose con mi trasero. Me agarraba a la almohada con fuerza, me aplastaba bajo su cuerpo y me costaba respirar.

– ¿Quieres que te folle? – Susurró en mi oído, era un cerdo. Quería que le suplicase.

– Quiero empapártela – Volví la cara, besándole con lujuria y tirándole del pelo. Pasó su mano hacia adelante y me levantó las caderas con la otra. Empezó a masturbarme rozando mi clítoris con sus dedos suavemente. Su boca acariciaba y besaba mi espalda.

– Eres preciosa – Me susurró al oído – Me vuelves loco.

– Métemela mientras me corro – Rogué casi en un grito – Tsuyoshi, kimochi…

Susurró algo en japonés y me embistió con tantas ganas que separaba el cabecero de la cama de la pared. Tuve que morder la almohada para ahogar los aullidos de placer. Sus dedos frotaban mi clítoris, su polla me taladraba, apenas era capaz de mantenerme sobre mis rodillas. Le escuchaba resoplar y gemir débilmente de vez en cuando mi nombre hasta que me pidió que me pusiese sobre su cuerpo. Me agarró de las caderas y me obligó a rozarme con él. Su polla resbalaba entre mis labios mayores y al rozarme el clítoris también me proporcionaba muchísimo placer. Me mecía despacio hasta que eyaculó abundantemente mirando mi cuerpo, apretando mis caderas contra él. Me dejé caer a su lado, aún me temblaban las piernas y me sentía débil y muy cansada, pero feliz.

– No tienes fuerza de voluntad ninguna – Cogí su mano, apretándola entre mis pechos.

– Ningún hombre se aguantaría al acoso que he sufrido por tu parte estos días.

Se levantó y se metió en la ducha, yo me negaba, ya me ducharía de vuelta a casa. Me puse la camiseta y me metí en la cama apagando la televisión. Cerré los ojos y me acosté de lado, esperando a que él llegase. Un poco después se metió en la cama abrazándome desde atrás, pegándome a su cuerpo y oliéndome el pelo. Me susurró algo en japonés para lo que no necesité traducción.

– Yo también –                 Respondí.

– ¿Ya no es solo sexo?

– Di más bien que por culpa del sexo. Y porque eres muy bueno conmigo. Te quiero a mi lado y tú a mí también, y no hay más que hablar.

La verdad es que sobraban las palabras. No sabía qué iba a ser de nosotros en unos años, pero sabía que en ese momento estaba haciendo muy feliz a una persona que se lo merecía. De momento pretendía disfrutar de cada suspiro, de cada mirada, de cada conversación y de cada minuto al lado de ese hombre. El único que realmente me había valorado como mujer, el único que me había hecho sentirme bien conmigo misma. Ya pensaría en el futuro cuando llegase, de momento estaba muy ocupada en esa felicidad que compartíamos.

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11 comentarios en “Not What It Seems

  1. Bueno, creo que antes he comentado pero como no me ha salido nada lo que suele salirme, voy a intentar recrear el comentario de nuevo (y si tienes dos comentarios de golpe, mejor, que te mereces tener más comentarios. Gente rata que no comenta ¬¬¬¬¬¬¬¬¬).

    Resumiendo: el comentario ha estado lleno de gritos y exclamaciones porque solo me ha gustado un poco.

    TAN AWESOME QUE LE PEDIRÍA A DORAEMON EL DOKODEMODOA (la puerta esa que te lleva a donde sea) PARA QUE PUDIERA VIVIR EN TU MUNDO DE FANTASÍA. Aunque no con Nagase, que conste, ¿eh? Love, love, love, love, love & peeeeeeeeeace, chanananaaaaaaaaaaa! (8)

    (el comentario no decía esto exactamente, pero me ha dado por ahí, jujujujuju)

    <3

    Me gusta

  2. Me encanta!! ♡♥♡ Este es el que más me gusta de los que he leido hasta ahora. El papel del padre no me lo esperaba para nada, me ha sorprendido gratamente (será por el atractivo que tiene lo “prohibido”).

    Y las escenas de sexo!!… madre mía de mi vida, qué calores me han entrao!!!

    Conclusión: quiero uno de tus personajes masculinos en mi vida! O como te han comentado por ahí arriba, ojalá pudiera colarme en esas fantasías y no solo por las escenas subiditas de tono :3

    Por tu culpa no paro de ver videos de Japón y sus costumbres! ♥♡♥

    Me gusta

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