Lucky Beats (N)

Bueno, pues me he portado mal xD No he podido evitarlo y he hecho una versión del Lucky Beats original, pero con Nagase.

ERA INEVITABLE.

HAND PORN ♥
Es igual pero diferente. No tiene el mismo final aunque pasan más o menos las mismas cosas. Cambian algunos nombres, donde antes estaba Mabo ahora está Nagase y al revés. Me he tenido que comer un poco el coco para que quedase bien pero estoy contenta con el resultado.
La protagonista no se llama Mia, se llama Tiffani, sus amigos le llaman Tiff y Nagase la llama Tifa (Y ES LO QUE HAY, DEJADME SER FELIZ JODER JASHDSKJHDGASHGDADGJG)
Espero que apreciéis los cambios. Nunca es tarde para leer un poco más de porno ¿No? 😉
______________________________________________________________________

1

Acababa de empezar la noche, entramos en el karaoke con ganas de disfrutar como nunca. Nos sentamos junto a la barra y entre gritos, para hacernos entender sobre los cánticos de un señor borracho, pedimos nuestras consumiciones a una camarera un poco confundida. Nuestro japonés daba pena pero su inglés era horrible. No sé como siempre nos terminábamos entendiendo con la gente, probablemente le teníamos que dar las gracias a Nan.
– Vale, tenemos que monopolizar los micrófonos desde ya ¿eh? – les dije.
– No es que haya mucha gente – me dijo Nan – pero podrían molestarse ¿No?
– ¡Pues si se molestan que se molesten! – dijo Lu, como siempre ignorando lo que los demás pudiesen pensar – dame el libro que soy la primera en cantar.
– No bonita no, te relajas y te callas. El primero soy yo – Seth, el único chico del grupo, le quitó el libro de las canciones.
– No hay ningún hombre atractivo, que rollazo. Son todos señores, empresarios viejos y borrachos – dijo Nan apoyada en la barra, suspirándo con fastidio
– Bueno, mira, la noche es larga. Quién sabe si entra el clon de Massu[1]por la puerta – le dije a la chica, a la que se le escapó una sonrisita de inmediato – es la primera vez que voy a un karaoke así público. A los que he ido eran en habitaciones cerradas.
– Pues ahora podemos mostrar nuestras habilidades vocales – dijo Lu
– Si, sobre todo las tuyas – le contesté riéndome.
– Ninguno os sabéis la canción, pero me da igual cantar solo – Seth ya estaba poniendo la siguiente canción porque nadie cantaba. Para variar, había puesto una de Tokyo Jihen, su grupo japonés preferido. Nos limitamos a observarle mientras cantaba y a animarle, porque la verdad es que no teníamos ni idea. Las chicas que había en el karaoke no le quitaban los ojos de encima, las traía locas. Me daban lástima, no tenían ni una oportunidad con el, Seth era gay. Cuando acabó se sentó con una sonrisita orgullosa.
– Perfecto, deslumbrante. A aquellas de allí se les han caído las bragas – le dije señalándole al grupo de chicas que le observaban. Cuando las miró se volvieron con risitas de quinceañeras.
– Ogggghhhh – dijo poniendo los ojos en blanco – siempre igual. ¿Y donde están los machos samuráis? No he visto casi ninguno desde que hemos llegado.
– Eso digo yo – dijo Nan dándole la razón – Tiff, la próxima la cantamos juntas – me dijo – vete preparando.
Cogí un micro y sonreí al escuchar los primeros acordes de “Chankapana” de NEWS. Tenía la impresión de que iba a poner esa. Lu empezó a bailar como buena payasa que era mientras que Seth se reía. Nos dividimos a los cantantes en dos mitades y empezamos con la actuación. La primera de las muchas que iban a ocurrir en nuestro grupo esa noche.
____________________________________________________________________
Desde la calle me llegaba el sonido de la música, la gente hoy estaba realmente animada y lo agradecía porque era lo que necesitaba. Mi segunda relación en la que tenía puestas esperanzas de futuro había acabado de manera oficial hacía unos días. Su agencia lo había anunciado públicamente, haciéndome sentir un tanto avergonzado. Daba la impresión, o me la daba a mi, que todas terminaban huyendo aunque al principio fuera tan “maravilloso”. Estaba deseando encontrar a una que de verdad lo diese todo y que no tuviese miedo de quedarse conmigo, que no tuviese problemas personales extraños que poner como excusa. Como siempre, Mabo me sacó de mis pensamientos empujándome para entrar y sacándome la sonrisita de costumbre. Vi al fondo del bar a dos chicas con el micrófono, concentradas en cantar la canción que creía recordar era de NEWS. Miré el video del karaoke y efectivamente, Tegoshi estaba bailando. Ese niño había cambiado una barbaridad. Nos sentamos, mirando como cantaban las chicas y como las animaban un grupo justo detrás de ellas. Una de las que tenían el micrófono tenía un trajecito rojo interesante, bastante corto, y acababa de terminar la canción con un grito que nos sorprendió. Leader se levantó y se fue a pedir nuestras bebidas, Gussan y Taichi se pusieron a mirar la lista de canciones y Mabo no les quitaba la vista de encima al grupo que estaba cantando.
– Gaiyin – me dijo señalando con la cabeza, alzando las cejas como hacía tan a menudo.
– ¿En el karaoke? ¿Cantando en japonés? – dijo Taichi volviéndose en su asiento para mirarles. La siguiente canción que pusieron no la conocía.
– Ah, ¿Yamashita-kun? – dijo Gussan mirando la pantalla.
– Mira, mira – les dije señalando a las chicas sonriendo, no paraban de bailar y de hacer tonterías mientras cantaban. Parecía un grupo divertido, les daba igual si las miraban y no paraban de reírse. Me encantaba ver a la gente reírse, especialmente a las mujeres. La chica del traje rojo estaba demasiado lejos como para verla bien, pero parecía bonita. Y parecía tener un cuerpo interesante, pero como tenía una chaquetita negra por encima no la veía bien.
– Aquí están – dijo Leader soltando las cervezas en la mesa. Le dimos las gracias y le metí prisa para que se sentase, no veía a la morena y quería verla bien. Mabo se rió.
– ¿Cuál te ha gustado? – me dijo
– La de rojo – miré a mi amigo y le vi sonreír – La morena de las botitas negras. La que está al lado de la japonesa.
– Esa no es japonesa – dijo Mabo entrecerrando los ojos – o yo creo que no. No lo se – era bastante delgada y tenía puesta una faldita negra y una camisa de botones blanca, y con ese pelo negro parecía asiática pero…
– ¿Ya estáis mirando a mujeres? – dijo Gussan riéndose
– Si – dije mirando de nuevo a la chica de rojo – tú entretente buscando algo para cantar mientras nosotros nos recreamos la vista.
De repente, al acabar esa canción, se puso a dar saltitos diciendo algo en su idioma y cogiendo el micrófono con la que parecía asiática y cuando empezó la siguiente canción nos miramos sorprendidos. Era nuestra, ‘Seisyun’. Así que nos conocían… no sabía si era bueno o malo. Empezó a cantar la otra, imitándome, no pude evitar dar una carcajada. La chica de rojo imitaba a Gussan y bastante bien, tenían que ser realmente divertidas. Las partes altas las hacía mi chica, no podía pensar en ella en esos términos pero aún así lo estaba haciendo. Cuando me quise dar cuenta, estábamos los 5 mirándolas con una sonrisa. Hacía mucho que no nos juntábamos para salir, siempre que nos veíamos era por motivos de trabajo y estaba contento de estar con ellos. En un punto de la canción, la chica se acercó a la pantalla y se puso a cantarle a mi doble virtual, tirándole besos. Me llevé una mano a la boca sonriendo.
– Oe, Nagase, tienes que acercarte a ella – me dijo Mabo
– No sé…
– Venga ya, mírala, no para de mirarte en el video y de morderse el labio. Le gustas, claramente – dijo Taichi. Resoplé.
– Si es fan de TOKIO no se va a negar – dijo Gussan sonriéndome – deberíamos de acercarnos todos. Se iban a volver locas.
– Espera a que canten unas canciones más, he venido a estar con vosotros – dije
– A lo mejor dentro de dos canciones se han ido – dijo Leader
– No tienen pinta de querer irse – dijo Mabo. Haciendo un gestito con la cabeza cuando empezó la siguiente canción – ¿Qué es esto?
– Ni idea… – dijo Gussan. Miramos pero no cantaban las chicas, era un grupo de señores enchaquetados y borrachos como cubas. De repente vi como Mabo subía el teléfono y apuntaba a las chicas, haciendo una foto.
– Mira, ahora puedes verla bien – le dio al zoom a su teléfono y observé a la chica. Tenía unas buenas piernas, formas muy femeninas, no estaba nada acostumbrado a ver mujeres así y me llamó la atención. Me daba la impresión de que sus pechos también eran grandes pero con la chaquetita negra no podía decirlo con seguridad. No le veía bien los ojos pero tenía una sonrisa muy linda.
– ¿Nos sentamos en esa mesa de ahí? Estaremos más cerca – dijo Gussan. Nos trasladamos en un momento, con las bebidas y todo. Me llevé la mano al filo de la gorra, intentando que no se me viese la cara, cuando me di cuenta que el chico de su grupo nos miraba. No quería que nos reconociese, no aún.
– Oye, yo quiero cantar algo – dijo Mabo
– Espera – le dije mirando a las chicas de nuevo, que aplaudían a los señores ahora que había acabado la canción. Ahora estaba bastante más cerca, podía verla con más claridad y ya estaba poniendo la siguiente canción. Se me dibujó una sonrisa en los labios al escuchar que era ‘Archive’.
– Como no te acerques ahora y te pongas a cantar con ella te juro que dejo de hablarte – me dijo Mabo mientras la observábamos menear las caderas mientras cantaba.
Era hipnótico. Se echó la melena hacia un lado mientras cantaba apasionada a sus amigas, que la animaban. Cada vez que subía la pierna para ponerla en la barra del taburete se le resbalaba el traje rojo hacia atrás y me ponía nervioso. Estaba cantando en susurros con ella, me preguntaba que haría si me viese, me gustaría saber su reacción si me levantaba y la besaba allí delante de todos. En la parte instrumental se quito la chaqueta, haciendo reales mis sospechas. Me reí nervioso, quería acercarme, quería hablarle, pero no sabía como iba a reaccionar. Deseé en esos momentos no ser tan vergonzoso y ser un poco más como Mabo. Pero se me ocurrió otra cosa un poco más divertida. Cogí el libro de las canciones mientras sonreía sin poder evitarlo.
______________________________________________________________________
Cuando acabé la canción escuché a mis amigas aplaudirme, incluso escuché vítores de la mesa de al lado. Me dio un poco de vergüenza y bebí un sorbo de mi coca-cola, mirando al suelo.
– Hay un tío sentado por ahí detrás con gafas que está tremendo – dijo Seth
– ¿Y tiene pinta de gay? – le preguntó Nan
– No sé, aunque está con sus amiguitos. A lo mejor lo son todos –  contestó el sonriendo maliciosamente.
En ese momento el corazón me dio un saltito al escuchar ‘Aishiteru, un Aishiteru’. Me preparé después de recuperarme de la impresión de la primera frase de esa canción y baile esa primera parte como hicieron ellos en el video. Automáticamente escuché una carcajada general de la mesa de al lado. Me volví a las risas y a la voz que estaba cantando esa canción porque se parecía tantísimo a la de Nagase que me puse hasta nerviosa. Sentí los dedos de Lu apretarme el brazo justo cuando le vi. Era el. Pero no podía ser, de todos los bares de Tokio… y me estaba mirando ¿Me estaba mirando de verdad? Sentía como Lu me empujaba y como Nan soltó un ‘NO ME JODAS’ mientras se reía también. Seth preguntaba que estaba pasando porque no se enteraba. Estaban los cinco sentados, cantando, Mabo junto a Nagase haciéndole los coros. Me dejé caer en el taburete porque las piernas no me sostenían, con una risa nerviosa e incontrolable y la mano en la boca, mirándole con los ojos como platos.
            No me pude mover en un buen rato, solo pude observarle por más que me decían mis amigas que tenía que acercarme. Cuando acabó la segunda estrofa, Mabo le empujó y Nagase se levantó riéndose, mirándome tímidamente (algo que no me cuadraba con la imagen que tenía de él) y se acercó cantándome. Cantándome a mí. Me pasó un brazo por los hombros y me acercó el micrófono para que cantara con él, pero no podía, solo podía mirarle. Sus gestos mientras cantaba, sus labios tan cerca del micrófono, como juntaba el ceño y cerraba los ojos en las partes más altas. Sonreía de vez en cuando mirándome de reojo y subiéndome la tensión. Seguía el ritmo con su mano en mi hombro, tenía tantas ganas de tocarle…. En la última estrofa me quedé con la boca abierta escucharle decir ‘Aishiteru, un aishiteru…’ de nuevo mientras me miraba bastante cerca. Lu se moría de la risa. Me mordí el labio y después de decirle con la poca voz que me salió ‘Hug?’ sonrió de oreja a oreja y le pasé los brazos por la cintura, abrazándole con fuerza. Aspiré cuando sentí sus manos en mi espalda y sentí que la gente se movía y se saludaba, pero para mi solo existía él en ese momento. Me separé de su cuerpo, sin querer realmente, respirando como si hubiese corrido una maratón.
– ¿Cómo te llamas? – me dijo en un inglés muy raro, sonriéndome, lo que hacía difícil pensar con claridad.
– Tiffany. Ellos me llaman Tiff pero si quieres puedes llamarme Tifa, es más fácil para ti… ¿No? – me miró alzando las cejas
– ¿Cómo la del Final Fantasy? – asentí, sabía que le gustaban los videojuegos. Sabía muchas cosas de él pero quería saber más. Lo que quería por encima de todo era tocarle de nuevo.
– No hace falta que nos presentemos ¿no? – dijo Taichi, negué con la cabeza, sonriendo.
Me presenté al resto de miembros del grupo, Mabo estaba increíblemente guapo también, quitaba el aliento y Lu no le quitaba la vista de encima. Cuando vi que Nagase se acercaba a ella me puse un poco tensa porque a ella también le gustaba. Si una cosa tenía clara era que me negaba a conocerle, que hubiera mostrado interés en mí y tener que ver como ella se lo ligaba. Sería totalmente injusto. Tenía que hacer algo, pero no sabía que. Me daba vergüenza cantar ahora que estaba con ellos, pero agarré a Gussan de la camiseta.
– Quiero cantar contigo – Me sonrió asintiendo y se puso a mirar las canciones a mi lado. Él también era tan guapo que me costaba muchísimo estar tranquila.
– ¿Quieres cantar ‘Love you Only’? – me dijo en inglés, todos hablaban inglés, aunque no sabía si llamar inglés a lo que Nagase estaba intentando hacer. En ese momento estaba hablando con Lu que no le quitaba el ojo de encima.
Puso la versión antigua, se sentó a mi lado con el micrófono y empezó a cantar, yo le hacía los coros. Era como un sueño estar cantando con él. Me dijo que cantase las partes de Nagase y le hice caso. Cantaba tan bien…
_____________________________________________________________________
Estaba nervioso, las chicas me miraban e intentaba entenderlas pero me costaba mucho. Una de ellas hablaba japonés bastante mejor que el resto y estaba casi todo el rato traduciendo. Sentía la mirada de la que parecía japonesa constantemente, estaba claro que le gustaba. Miré a Tifa, que curiosamente se parecía a la Tifa del juego, y estaba cantando con Gussan. Me sentí inquieto pero luego recordé que era Gussan, el estaba casado y no había peligro. Pero Taichi también se enganchó a la chica agarrándola por los hombros y haciéndola sonreír. Eso ya no me hacía tanta gracia. Cogí el libro de las canciones, tenía que hacer algo para acercarme pero como no sabía que hablar con ella iba a recurrir a lo que mejor me salía, que era cantar. Seguro que eso le gustaba, y no tenía que forzarme en sacar una conversación. Sentí una mano en mi espalda, Mabo me miraba con el entrecejo fruncido.
– ¿Qué haces perdiendo el tiempo? Acércate.
– Está cantando con Gussan y Taichi.
– ¿Y qué? Canta con ella, quítale el micrófono, déjala sin habla – tragué saliva, mirando nervioso hacia el lado – a veces me desesperas… mírala y sonríele – le hice caso, la miré, sonreí y me devolvió la sonrisa aparentemente nerviosa, mirando al suelo y mordiéndose el labio – Nagase, está loca por ti.
– Ya voy, vale, pero déjame en paz. Me pones tu más nervioso que ella – dije riéndome y acercándome a la chica. Ya habían acabado la canción y tenía el libro en las manos de nuevo. Se lo quité, sin mirarla para no ponerme más nervioso, pero sentí como ella me miraba – Ehm, ¿Pongo algo de TOKIO?
– Yo… – la miré a los ojos, la vi coger aire y soltarlo con una risita, parecía que se le había olvidado lo que iba a decir. Le sonreí, pero eso pareció empeorar las cosas, se llevó una mano a la cara frotándosela, y después de dar un gemidito me miró de nuevo, haciéndome reír – quiero cantar ‘Haneda Kuukou’ contigo.
– Ah, vale. – mientras ponía la canción vi como sonreía de oreja a oreja, tenía unos ojos preciosos, especialmente cuando sonreía.
Empecé a cantar, ella cantaba conmigo, pero me dejó cantar la primera estrofa. La miraba de vez en cuando y la veía mover sus bonitos labios susurrando la letra de la canción mientras miraba los míos, apretando el micrófono con fuerza. No me quitaba los ojos de encima, cada vez que la miraba ya me estaba mirando y cuando nuestras miradas se cruzaban siempre daba un respingo y sonreía nerviosa. A la mitad de la canción apareció Taichi para hacer los coros con ella que no paraba de sonreír y de reírse de las cosas que el hacía. Se estaba llevando toda la atención, eso no podía ser, me estaba dando problemas. Cuando le susurré ‘Aa tada de sae baka na ore, baby kono koi hajimatte mo inai[2]’ al oído, la chica cerró los ojos y giró su cara hacia mi, haciendo que rozara su mejilla con mi nariz. Su pelo olía tan bien… me hizo preguntarme como olería su cuello. Taichi se rió a carcajadas y le levantó un brazo, tenía todos los pelos de punta. Me gustó mucho esa reacción por su parte, le pasé la mano por la cintura mientras cantaba el final de la canción, acercándome un poco más a ella.
_____________________________________________________________________
– Gracias – le susurré al acabar la canción – esto es…no sabes, no tienes ni idea de lo que significa para mí.
– Te gusta nuestra música mucho ¿No? – me preguntó rascándose la nariz, no se enteraba. Ahí estaba, de pie ante mí, con los brazos cruzados y sin saber que me estaba muriendo.
– Sí, realmente me encantáis vosotros – dije señalando a los chicos. Sonrió mirando al suelo, no me terminaba de acostumbrar a verlo tan tímido. Volvió a mirarme – especialmente tú – le tenía que decir las cosas claras, se tenía que enterar desde el principio con que intenciones iba antes de que se me adelantasen. Se rió escandalosamente echando la cabeza hacia atrás.
– ¿En serio? – asentí cruzándome de brazos yo también y mordiéndome la uña del pulgar mientras le miraba sonriendo. Vi como se le desvió la mirada a mi escote y sonreí más aún. Entonces escuché que empezaba una canción de Arashi que me sabía y miré a Nan por si la había puesto. Ella me miraba señalando a las chicas de la otra mesa.
– ¿Otra vez Arashi? – Dijo Taichi hablando con Leader y Gussan – ¡Están por todas partes! – cuando se giró y me vio cantando me miró fingiendo estar enfadado – ¿Tu no eras fan de TOKIO?
– Y lo soy – le dije riéndome – pero esta canción me gusta.
– Sí claro, a ti lo que te gusta es Matsujun – arrugué la nariz con disgusto, negando con la cabeza y haciendo un gesto con la mano.
– No, nada. Los únicos que me parecen lindos son Sho-san y Ohno-san. Matsujun no me gusta nada.
– ¿No te gustan los chicos de Arashi? – me dijo Gussan contrariado.
– No, son muy… niños. A mi me gustan más hombres, más masculinos – Taichi me miró con las cejas levantadas – tú eres la excepción – le dije. Sonrió satisfecho, haciéndome reír.
– ¿Cómo te gustan los hombres? – me preguntó Nagase aún con los brazos cruzados, esa era una respuesta muy fácil de responder.
– Como tú – abrió mucho los ojos y se rió – ¿Qué? Eres mi prototipo de hombre, y cuando tenías el pelo rizado eras perfecto.
– Que directa – dijo Gussan riéndose. Después de esa canción pusieron ‘Mr.Travelling Man’ y vi a Lu con un micrófono, con Mabo sentado a su lado. La vi cantar la primera mitad de la canción y yo la canté desde mi sitio. Me volví hacia Nagase y le vi cantando también, mirando el video.
– Ahí es cuando digo que estabas más guapo – le dije mirándole, chasqueó la lengua.
– Hace ya unos años… – dijo doblando la cabeza
– No es porque estés más joven, ahora sigues siendo guapo. Es el pelo… no se, como te caía por la cara. Pero te faltaba la barba – me quedé mirándole de nuevo, le observaba mirarse a si mismo con el ceño fruncido. Le quería preguntar una cosa pero no me atrevía, aunque al final me pudo la curiosidad – ¿Y a ti, cómo te gustan las mujeres?
– No creo que tenga un prototipo fijo, pero tienen que ser sexys, extrovertidas y tener buen sentido del humor – dijo asintiendo – eso es indispensable.
No me terminó de convencer su descripción porque no sabía si me consideraba lo primero, lo otro sabía que lo era. Me quedé pensando, mirándome lo que se me veía de rodillas por debajo del traje. Si me comparaba con sus ex novias (que suponía que el consideraba sexys o no lo habrían sido) entonces no tenía mucho que hacer. Además, yo sabía que le gustaban las mujeres con los labios gruesos y atractivos y mi labio superior no era ni grueso ni atractivo, era más bien normal tirando a fino. Pero que se le iba  hacer… Le miré y me estaba mirando el borde de la falda, las piernas y fue subiendo su mirada por mi cuerpo, parándose en mis pechos unos segundos, hasta llegar a mi cara, haciéndome sentir incómoda y nerviosa al mismo tiempo. Sonreí y me miré las manos sin saber que pensar, él sonreía también, no sabía que hacer. Escuché que Mabo le llamaba para cantar una canción con él y vi como Lu se lo comía con los ojos. No podía culparle de nada, era totalmente lógico que se volviese loca por el con lo guapísimo que estaba con esa camiseta de mangas cortas y esa gorra. Parecía que se iba a ir a patinar en cualquier momento con esos tenis y los pantalones anchos. No sé porqué cuando se empezó a alejar de mi lado para ir con Mabo le agarré de la muñequera negra que tenía puesta, fue un movimiento involuntario. Se paró y me miró, esperando a que le dijese algo, pero no tenía nada que decirle a parte de ‘No te acerques a ella que le gustas y me pongo celosa’ así que me callé, sonreí y negué con la cabeza, soltándole. Se quedó mirándome y se acercó a mí despacio.
____________________________________________________________________
– ¿Qué pasa? – la miré con curiosidad
– Nada, nada, Mabo te espera para cantar, venga – me dijo haciéndome gestitos con las manos. Pero sí pasaba algo, si no, no me hubiese parado.
– ¿Por qué no me lo dices?
– Porque no hay nada que decir – me miró con una expresión que no supe descifrar.
– Ahora cuando vuelva me lo cuentas – le dije alejándome de ella, que apretó los labios y suspiró. No sabía que le pasaba pero se quedó callada un rato mirándome con esa expresión y no tenía ni idea de que pasaba por su cabeza. A lo mejor se había ofendido por algo, pero no entendía por qué. La descripción de mujer ideal encajaba perfectamente con ella, no sabía que le tenía tan inquieta.
– Me dicen por aquí de cantar ‘Transistor Glamour Girl’ – me dijo Mabo señalando a la otra chica, que me sonreía. Miré hacia atrás y vi a Tifa charlando animadamente con Taichi, se le estaba acercando demasiado.
– Vale, ¿los tres? – Mabo asintió.
Empezamos a cantar. Le deje a Mabo la primera estrofa y cantó la otra chica la segunda, dejándome el estribillo todo para mi. Sentí a alguien sentarse a mi lado después de dar el grito de antes de la parte instrumental, y cuando miré vi a Tifa apoyada en la mesa con el codo y mirándome con una sonrisita. Lo que sea que le pasaba ya no importaba. Me acerqué cantándole sin el micro, escuchando a Mabo y a la chica cantar. Ella se rió nerviosa y le hice gestos con la mano para que se acercase mientras decía ‘C’mon, c’mon, c’mon, c’mon, c’mon, c’mon’ La levanté de la silla y me la puse delante, con la mano en su cintura y el micrófono en la otra, cantándole, a ver si así pillaba la indirecta. Me la pegué un poco al cuerpo poniéndole la mano en la espalda, era agradable sentirla tan cerca. Puso sus manos en mi pecho y me miraba mordiéndose el labio, parecía feliz y eso me gustaba. Le dejé cantar algunas frases del final de la canción, pero se reía de los gestos y los bailes que yo hacía más de lo que cantaba. Cuando acabo la canción solté el micrófono y la miré, esperando su reacción. Sonreía de oreja a oreja mirando hacia arriba, era muy bajita, si quería besarla me iba a tener que agachar.
– Hay una cosa que me tiene intrigado – le dije riéndome y mirando hacia el lado, acercándola un poco más al ver que a ella no le disgustaba estar tan cerca – me gustaría saber que pasaría si te diese un beso delante de todo el mundo.
___________________________________________________________________
No supe como tomarme eso tampoco. ¿Quería besarme solo para hacer el experimento? ¿Para ver mi reacción y reírse un rato? ¿O porque de verdad tenía ganas de besarme? Me reí nerviosa, no sabía que estaba pasando ni cual era la finalidad de todo esto, pero si quería besarme no iba a negarme. Me puso la mano en la barbilla y me miró a los ojos mientras se agachaba sobre mí, quedándose tan cerca que podía sentir su respiración en la cara. Estaba de espaldas al resto de la gente y con lo alto que era me tapaba, por lo que no se daban cuenta de lo que estaba pasando. Las pulsaciones se me aceleraron hasta lo imposible y los bellos se me pusieron de punta cuando sentí sus dedos enredarse en mi pelo. Me dio un beso en la comisura de los labios mientras me agarraba de su camisa con fuerza, con los ojos cerrados. Apreté los dientes y giré la cara, rozando mis labios con los suyos cuando se separaba de mí. Se quedó mirándome igual de cerca, sonriendo. No sabía si iba a molestarse conmigo pero no iba a dejar pasar la oportunidad. Me puse de puntillas y le besé, solo apreté mis labios a los suyos, ni si quiera los movía, pero lo estaba disfrutando muchísimo.
– No sé que tienes que me has vuelto loco desde que te he puesto los ojos encima – me susurró. Me excitó tanto como sonó su voz grave, quebrada y llena de deseo, que volví a besarle de nuevo de la misma manera.
– Nagase – quería decir su nombre y besarle a la vez, quería dejarle ver lo caliente que me ponía, lo que me excitaba, lo muchísimo que me gustaba. Sentí sus manos en mis caderas, apretándome, y sin poder evitarlo lamí sus labios gruesos.
Y su reacción fue increíble. Sentí como si me engancharan algo en el estómago y tirasen hacia arriba cuando me metió la lengua en la boca, respirando entrecortadamente, apretándome con sus enormes manos. Su lengua era suave, me besaba sin prisas y me hizo mojar las bragas de tal manera que desee sentir esos mismos dedos apretarme con fuerza en la entrepierna. Cuando me puso la mano en la espalda, juntándose a mi cuerpo del todo, noté a la altura de mi ombligo su erección, y tuve que esforzarme por no bajar la mano y tocarla delante de todo el mundo. Se separó de mí cuando los demás se dieron cuenta de lo que estaba pasando y empezaron a decirnos cosas. Me reí, pero no se me iba de la cabeza la idea de sentir su erección en condiciones.
– Voy al servicio – alcé las cejas mirándole, dejando mis intenciones claras y me alejé sin mirar a mis amigas a pesar de que escuchaba a Lu llamarme. Me metí dentro y esperé. Iba todo muy rápido, pero es que tampoco quería perder el tiempo.
_____________________________________________________________________
Resoplé mirando como se alejaba con ese contoneo de caderas, ese traje rojo tan corto, la melena negra cayéndole por la espalda… tenía más ganas de verla desnuda que de respirar. Me acerqué a la mesa de los chicos, quitándole la bebida a Gussan y bebiéndomela yo. Era coca-cola simplemente, pero necesitaba beber algo.
– Parece ser que va todo bien ¿eh? – me dijo Mabo. Me reí, quitándome la gorra soltándola en la mesa, pasándome la mano por el pelo.
– Yosh[3]! – Dije haciendo como si me estirase para echar fuera un poco los nervios – hasta luego.
Me despedí de el con el saludo militar y le dejé riéndose a carcajadas mientras los demás preguntaban que pasaba. Agradecía que no dijese nada, aunque nos vieron, pero dudaba mucho que se les ocurriese que íbamos a hacer lo que íbamos a hacer. Me quedé ante el servicio femenino, comprobando que no hubiese nadie dentro. Empujé la puerta con cuidado y al asomar la cabeza sentí como tiraba de mi muñeca. La chica me metió en el baño del fondo haciéndome reír con sus prisas, cerrando con pestillo y sentándome en el retrete. Se puso de rodillas frente a mi y me abrió la bragueta, sacando mi miembro y observándolo mientras susurraba ‘deka[4]…’ visiblemente asombrada. Pasó su lengua de abajo a arriba, sin dejarse ni una sola parte de mi polla por lamer, tan despacio que me daba un placer sutil que me estaba matando. Quitó la papelera del fondo y la pasó por debajo al servicio de al lado, para poder sentarse a horcajadas sobre mi. Me agarró de la nuca, besándome de nuevo con pasión, moviendo las caderas. Ella llevaba totalmente el control, al menos de momento. Le metí las manos por debajo del traje, agarrándola del trasero y pegándola a mi cuerpo. Dejó de besarme unos instantes para meter su mano dentro de mis pantalones de nuevo, mirándome a los ojos mientras susurraba “Me encanta, Nagase…” Ahogué un gemido que estuvo a punto de escapárseme y en su lugar expulsé el aire entre dientes, resoplando al sentir su mano apretarme con fuerza. Hacía bastante tiempo que una mujer no me ponía tan cachondo, tenía tantas ganas de follármela que podría partirle la ropa allí mismo.
            Pero opté por rozarle por encima de las bragas con los dedos, y estaba empapada lo que me puso más cachondo todavía. Vi como apretaba los dientes y tiré de su ropa interior hacia un lado para tocarla directamente mientras ella me masturbaba despacio cerrando los ojos y respirando cada vez más rápido. Se puso de pie y la acerqué a mí poniendo una mano en la parte baja de su espalda, rozándome con ella delicadamente. Cuando la escuché gemir con los labios apretados no pensé y actué. La agarré de las caderas subiéndole la falda, agachándome frente a ella y tras mover su ropa interior hacia un lado, le pasé la lengua por su sexo, húmedo y dulce. Su olor me excitó tanto que creí estar a punto de correrme. La chica tembló entera, agarrándome del pelo y susurrando mi nombre mientras mi lengua la lamía frenética. Me llevé la mano a los pantalones y saqué la cartera a toda prisa, ella me observaba apretándose los pechos, lamiéndose los labios y tocándose a si misma. Me puse el condón todo lo rápido que pude, y la puse de espaldas a mí con las manos apoyadas en la puerta. Me levanté, le subí la falda de nuevo y le bajé las bragas, y después de rozarla unas cuantas veces con mi erección la penetré despacio. Era delicioso sentir como me apretaba, como me recibía y entré sin problemas. Me gustaba verla ponerse tensa, como apretaba los dedos contra la puerta y su boca abierta en un grito sordo. Jadeábamos mientras me movía despacio en ella, no iba a durar mucho, y menos cuando la escuché gemir mi nombre de esa manera. Le metí los dedos en la boca para que los mordiese y no hiciese ruido mientras empecé a embestirle con ganas, hasta el fondo. Me incliné hacia adelante, apartando su pelo hacia un lado y besé su cuello. No paraba de gemir, me estaba volviendo loco. Saqué mis dedos de su boca para agarrarle el pecho y empezó a susurrarme ‘iku, más fuerte, iku…’ sin parar. Le quería decir que yo también pero lo estaba sintiendo tan intensamente que no podía hablar. Me apreté con fuerza contra ella, sintiendo la humedad de su entrepierna, sintiéndola cada vez más apretada y no paró de moverse cuando a mi se me tensaron los músculos quedándome inmóvil, haciendo que tuviese un orgasmo mejor del que me esperaba.
___________________________________________________________________
Se dejó caer en el retrete agarrándome de las caderas y sentándome sobre su cuerpo después de quitarse el preservativo. Eché mi cabeza hacia atrás, apoyándola en su hombro, notando como se nos normalizaba la respiración a ambos. Aunque había sido breve, había sido tan intenso que estaba exhausta. Noté su mano en la pierna y descubrí que me seguía poniendo nerviosa sentir contacto con él. A pesar de que acabábamos de follar como animales, rozar sus manos no favorecía a que mis pulsaciones se normalizaran en absoluto. Se me escapó una risita por lo ridículo de la situación. Él también se rió.
– ¿De qué te ríes? – me susurró al oído, pasándome su boca por el lóbulo de la oreja, lamiendo mis argollas. Me abrazó pasándome un brazo por la cintura.
– De la situación, de que aunque esté sentada encima de tu cuerpo desnudo me ponga nerviosa solo porque me pongas una mano en la pierna. Es ridículo.
– A mi me parece adorable – dijo besándome en la mejilla y apretando mi muslo con su mano. Me senté derecha en sus piernas y me agaché subiendo mi ropa interior. Una vez de pie me di la vuelta y le vi con las caderas levantadas, sin ponerse en pie, subiéndose los pantalones sin abrochárselos. Se volvió a dejar caer, pasándose una mano por los ojos.
– ¿Dónde has dejado la gorra? – le dije haciendo un intento de ponerle bien el pelo que tenía por la cara. Cuando me miró no pude evitar sonreírle mientras sentía las dichosas mariposas en el estómago. ¿Cómo podía sentir tanto por él de repente?
– La tiene Mabo, creo. Ahora me la pongo
– No, no, quédate así mejor. Me encanta verte con el pelo suelto – no podía apartar mis ojos de su rostro que me observaba totalmente relajado, con los labios entre abiertos – ¿Puedo besarte otra vez? – me moría de ganas pero no sabía si quería quedarse solo, que le tocase o que quería. Se levantó sonriendo y se le cayeron los pantalones hasta las rodillas, lo que me hizo reír. Me pegó contra la puerta, cogiéndome en peso, juntando suavemente sus labios con los míos una, otra y otra vez – me encanta tu boca – le susurré, acariciando sus labios con mis dedos – es perfecta – me mordió suavemente las puntas de los dedos, haciéndome reír de nuevo.
– No me pidas permiso, bésame cuando quieras – me dio un beso lento y profundo, y le puse las manos en la cara, acariciando su barba y su pelo mientras suspiraba. Escuché que se abría la puerta del baño, pero no dejó de besarme por ello. Yo tampoco quería separarme de él, así que ignoré a la gente y le apreté la cintura con mis piernas.
– ¿Tiff? ¿Estás aquí? – eran mis amigas, sentí como Nagase sonreía mientras me besaba. Me dio un pellizco en el culo haciéndome dar un gritito – ¿Tiff? – Lu volvió a llamarme, y escuché la risa de Nan.
– Ahora voy – les dije en mi idioma intentando no reírme. La escuché entrar en el baño de al lado haciendo mucho ruido.
– Te vas a caer – le dijo Nan riéndose, miré hacia arriba, viéndome venir la idea de esta loca.
– ¿Estás bien? – dijo asomándose por arriba, Nagase también la miraba. La chica abrió la boca cuando nos vio tan juntos.
– Si no te importa, estoy en ropa interior – le dijo a Lu, que pegó una carcajada y se cayó de donde estaba apoyada. Nan y yo también nos reíamos a carcajadas.
– ¿¡Estás bien!? – le pregunté entre risas, Nagase me miraba con ojos alegres. Escuché como salían del servicio, Lu quejándose y Nan riéndose. – ¿Nos vamos con los demás? – asintió, besándome de nuevo con una ternura increíble.
Contrastaba muchísimo como se estaba comportando en ese momento teniendo en cuenta cómo acababa de follarme. Abrí la puerta y me miré en el espejo del baño, comprobando que tenía la ropa puesta en su sitio y ninguna mancha extraña. Nagase se intentó arreglar el pelo pero lo dio por perdido, mirándose y suspirando. Le agarré del culo cuando salía del baño y me miró riéndose. Cuando mis amigas me vieron venir casi se me tiran encima, Seth incluido.
– ¿Te lo has follado? –  me preguntó Lu sin cortarse un pelo, asentí
– Pero cuando llegasteis habíamos terminado, tenía la ropa puesta pero se le habían caído los pantalones – dije riéndome
– ¡Que hija de puta! – me dijo Seth sonriendo con la boca abierta
– Y supongo que bien, ¿No? – me dijo Nan. Empecé a reírme sin poder controlarme, porque solo de recordar lo que había pasado me estaba excitando de nuevo.
– Lo que más me ha matado de toda la historia son los ruiditos que hace, y que es una bestia.
– ¿Qué si o qué? – dijo Lu dando una carcajada.


[1] Miembro de NEWS
[2] Incluso en circunstancias normales soy un completo idiota, pero nena, nuestro amor ni si quiera ha despegado
[3] ¡Vale! ¡Vamos!
[4] Enorme…
2
La vi hablar con sus amigos muy animada, riéndose muchísimo, y aunque no tenía ni idea de que estaban hablando yo también sonreía. Me senté con los demás después de pedirle al camarero un trago porque estaba seco. Mabo me miró con las cejas levantadas.
– ¿Estaba o no estaba loca por ti? – Me dijo con una sonrisita – ¿Cómo ha ido? – susurró
– Muy bien, pero me ha sabido a poco – la miré y como siempre ya me estaba mirando con esa sonrisa vergonzosa en el rostro. No entendía como podía comportarse así y ser tan guarra cuando estábamos a solas.
– Llévatela a tu casa y sigue con el tema
– Ya lo estaba pensando pero no sé, a lo mejor solo quería esto
– Pasa la noche con ella, no se va a negar. Verás que cuando se lo digas moja las bragas otra vez.
– ¿De qué estáis hablando? – dijo Gussan de repente atento a la conversación.
– Nagase, que se nos ha enamorado – dijo Mabo dándole un trago a su bebida. Gussan me miró sorprendido.
– ¿La de rojo?
– No estoy enamorado, nadie se enamora en 2 horas.
– Por algo se empieza – me dijo
– ¿Se empieza? Si ya se la ha follado – dijo Mabo riéndose
– ¿Cuándo? – Gussan se reía también, veía a Tifa venir hacia nosotros y no quería que escuchase la conversación porque no quería ofenderla. Aunque no sabía si entendía muy bien mi idioma. Ni si quiera sabía como me entendía cuando le hablaba en inglés.
– Hace un momento, en el servicio
– ¿Os podéis callar ya? – la miré justo cuando estaba empezando una canción que me era familiar, la vi mirar la pantalla y que después cerró los ojos con cara de fastidio mientras que el chico de su grupo se reía dándole empujoncitos. Me miró y en ese momento reconocí la canción – me voy a fumarme un cigarro – le dije a Mabo cogiendo la chaqueta y saliendo del karaoke antes de escuchar más.
Siempre que iba a un karaoke público tenía que salir al menos una canción de Ayumi, y lo entendía porque era muy famosa, pero no me sentía a gusto escuchando las letras. Además tenía ganas de fumar. Me encendí el cigarro al salir y me apoyé contra la pared del local, en el lado opuesto a la luz de la farola, con una mano en el bolsillo. Vi a alguien salir con el rabillo del ojo pero no le presté atención, no al menos hasta que me agarraron de la manga de la chaqueta.
– ¿Estás bien? – me dijo Tifa en japonés, mirándome preocupada
– Sí, ¿Por qué no iba a estarlo? – miró hacia el lado y se encogió de hombros
– No sé, has salido corriendo – miré hacia adelante, al tráfico que pasaba frente a mi dándole una calada al cigarro. Cuando volví a mirarla se miraba las manos, inquieta.
– ¿Y tú estás bien? – fue a decir algo, pero vi como dudaba y al final se quedó callada negando con la cabeza.
– No es nada, es solo que… ¿Por qué has reaccionado así al escuchar una canción de ella? – se había dado cuenta, y no sé de que me extrañaba – has salido casi corriendo.
– No me gusta escuchar su música.
– Sigues enamorado – negué con la cabeza, tranquilo.
– Entiendo que lo interpretes así, pero no, es más bien que no me hace sentir cómodo. Me hace recordar cosas – miré al suelo, sintiendo ese peso de nuevo sobre mis hombros – y… me siento mal. Esas canciones, a veces me las dedicaba y ahora sé que no eran reales, era todo mentira. Y también me acuerdo de Aibu y de todo lo que ha estado pasando estos meses… – suspiré aún mirando al suelo. Sentí su mano apretarme el hombro y alcé la vista para encontrarme con unos ojos preocupados – ah, lo siento, no tendría que hablar de estas cosas contigo.
– No pasa nada – me dijo ella con una sonrisa preciosa – va a ir todo bien, verás como de ahora en adelante te empiezan a salir las cosas como tu quieres – le pase el brazo por los hombros y la pegué a mi, abrazándola.
– Muchas gracias – ahora me sentía más sensible que antes, esa niña me había dicho justo lo que necesitaba escuchar. Me paso los brazos alrededor de la cintura, poniendo las manos en mi espalda, apretándose contra mi hombro. De verdad me gustaba estar así con ella, me sentía tranquilo. Y hacía bastante que nadie me daba un abrazo así.
– Todo el mundo hemos pasado por cosas como esas – me dijo separándose un poco.
Me enseñó su mano derecha, se veía claramente la marca de un anillo y la miró torciendo la boca, los recuerdos también eran algo doloroso para ella. Se me ocurrió la disparatada idea de que podíamos curar nuestras heridas juntos, pero era una tontería, acababa de conocerla y no sabía nada de ella. Aun así, agarré su mano con la mía y le besé los dedos mirándola a los ojos. No sé por qué lo hice, simplemente sentí el impulso de darle cariño. Se me quedó mirando con los labios entreabiertos, reteniendo la respiración, y me puso esa misma mano en la mejilla, estirándose y besándome en los labios. Fue un beso muy breve y se quedó mirándome a los ojos después, suspirándo. Me dijo algo en su idioma.
– ¿Me lo traduces? – se negó sonriéndome, pero me daba la impresión de que no sonreía con los ojos – ¿Por qué?
– Porque no quiero que te vayas todavía y si te lo digo te vas a ir.
_____________________________________________________________________
Me miró frunciendo el ceño, era tan guapo que hasta dolía.
– No me pienso ir sea lo que sea que me has dicho. Y quiero saberlo, porque creo que era una cosa pero no estoy seguro.
– Si tú no sabes nada de español…
– No, pero por como me has mirado puedo averiguarlo – le miré, me miró, no sabía que decir. No sabía que hacer.
Me separé de él suspirándo y apoyé mis brazos en la barandilla de metal que separaba la acera de la carretera, dándole la espalda, intentando ordenar en mi cabeza lo que iba a decirle para que no se asustara mucho. Se apoyó él también con un brazo, agachándose y girando la cara para mirarme. Sonreí, aunque no me sentía con muchas ganas. No podía mirarle a los ojos para decirle lo que iba a decir, así que mire a los coches y a mis manos, alternando de uno en otro.
– Tienes que entender que aunque realmente nos hemos conocido hoy yo… y va a sonar raro lo diga como lo diga, te llevo conociendo desde hace dos años, más o menos – me paré para ver como reaccionaba, simplemente me miraba con curiosidad, queriendo saber más. – y en esos dos años he conocido tu personalidad por las cosas que dice la gente sobre ti, las cosas que te gustan y las que no, y he visto tantas fotos y videos que es como si te conociera, aunque todo es un poco frívolo porque no es conocerte de verdad – volví a mirarle, miraba hacia un lado, pensativo, tiró el cigarro a la carretera – y también sé lo que has pasado con las mujeres y verte así ahora, después de saber… no sé, me entristece en cierta manera ver esa mirada en tus ojos. Estoy acostumbrada a verte sonreír, siempre alegre y de buen humor pero ahora yo quiero que sonrías… – me miraba y no sabía decir si molesto, extrañado o asombrado –  ¡Esto es demasiado raro! Déjalo anda – no entendía porque le estaba explicando eso, no quería ni mirarle, había metido la pata hasta el fondo y ahora se pensaría que soy una loca acosadora. Y encima tenía ganas de llorar, suponía que de tantas emociones acumuladas.
– No – me puso la mano en la mejilla, acariciándome con su dedo, haciendo que le mirase – quiero saber que me has dicho.
– Ya lo sabes, no hace falta que te lo diga.
– Quiero oírlo
– ¿Para qué? – Sentía que me iba a poner a llorar de un momento a otro, que situación más estúpida. No entendía sus intenciones.
– Para que esa expresión que no te gusta ver en mi cara desaparezca, aunque solo sea una noche – seguía acariciándome la mejilla. Cada vez que intentaba decirlo en voz alta, en su idioma, se me quedaba atascado en la garganta.
– Aishiteru – al final se lo dije mirando hacia el lado, no pude hacerlo mirándole a los ojos – hontoni aishiteru[1] – no dijo nada, no se movió – Es que… todo ha sido siempre platónico, Nagase-kun, durante estos años siempre ha sido algo que pensaba que era imposible e inalcanzable pero ahora tengo tu mano en la mejilla – la agarré y cerré los ojos – estoy a tu lado y no pensaba que fuese a sentir esto tan pronto – seguía en silencio y no me atrevía a mirarle – yo solo quería que fueses feliz y ahora te he dado otro problema en el que pensar – solté una risa irónica – que le vas a partir el corazón a una fan. Lo siento – solté su mano sintiéndome fatal y me separé de la barandilla con la intención de meterme en el karaoke. O en un boquete y no salir nunca más, las dos opciones eran viables.
Escuché que susurraba algo en japonés, pero no lo entendí y me quedé parada a medio camino. Miré hacia atrás, intrigada pero asustada de saber cual era su reacción. Le vi con las manos en la cara, frotándosela y pasándoselas luego por el pelo, muy serio. Cuando levantó los ojos del suelo no le pude retener la mirada, dirigí la vista al suelo y suspiré alejándome de él. La había liado tantísimo… podría haber sido una noche espectacular y lo tuve que arruinar siendo sincera. Solo se me escapó una lágrima pero justo antes de que pudiera limpiármela sentí que tiraba de mí cogiéndome de la mano. Me agarró de la nuca y me besó con fuerza, sin soltarme la mano y entrelazando sus dedos con los míos.
_____________________________________________________________________
Sentía su aliento dulce en mi boca, su tímida lengua rozándose con la mía. Abrí los ojos sin dejar de besarla y observé como levantaba las cejas, estaba totalmente a mi merced, dejada caer en mis brazos, apretándome fuerte con sus manos. Podía sentir perfectamente lo que ella me acababa de explicar, me daba cuenta de que no me estaba mintiendo y le había costado decírmelo, pero me gustó mucho saber que alguien se sentía así por mí. Seguí besándola un poco más, disfrutando de sus labios, de sus caricias en mi mano con su dedo gordo, del roce de sus dedos en el mentón. Cuando dejé de besarla se quedó con los ojos cerrados, pasándose la lengua por los labios, que apretó y se mordió. Mabo tenía razón, estaba loca por mí, cualquiera podría darse cuenta.
– ¿Cuándo te vas? – Le pregunté – porque no vas a estar en Japón eternamente ¿no?
– Dentro de dos días… – Dijo en un suspiro, y seguía sin mirarme. No se que tenía de interesante el suelo, pero no me miraba a los ojos.
– Quiero pasarlos contigo – y entonces reaccionó, me miró, se le abrió la boca de la sorpresa, no se que esperaba que le dijese pero eso desde luego no – solo conozco de ti tu físico y aunque eso ya me gusta muchísimo quiero saber como eres.
– ¿Por qué? – me reí, no entendía como me podía hacer esa pregunta.
– Porque nadie me ha dicho aishiteru como me lo has dicho tu, nunca lo había sentido tan real y quiero aprovechar esto. Quiero ser tu amigo y ya veremos que pasa.
– ¿Y quieres estar estos dos días conmigo? Pero yo solo tengo reservado el hotel para hoy. Mañana nos íbamos a Okinawa.
– Había pensado que te podías quedar en mi casa – la chica se llevó una mano a la boca, justo en ese momento salieron dos de sus amigos (el chico y la que parecía japonesa) para fumarse un cigarro. Cuando nos vieron nos saludaron con una sonrisita. La chica, al ver a Tifa, le dijo algo en español, y ella le contestó. Su amiga se sorprendió y me miró, yo no entendía nada.
– ¿Se va a ir contigo? ¿A tu casa? – me encogí de hombros.
– Si ella quiere… – Tifa se llevó las manos a la cara, riéndose y poniéndose de cuclillas en el suelo.
– ¿¡Qué si quiero!? – se tiró a mis brazos, literalmente. Riéndome la cogí en peso agarrándola del trasero mientras me abrazaba. – Te vas a arrepentir de esto – me dijo mirándome mientras se apartaba los mechones de pelo negro de la cara – vas a terminar harto de mi. No te voy a dejar tranquilo.
– Eso es lo que quiero – me agarró con las dos manos de la nuca y me metió la lengua en la boca con tantas ganas que me excité de inmediato – cuando quieras nos vamos.
– Antes me vas a cantar una canción – dijo sonriéndome mientras me besaba.
– Puedo cantártela en casa si quieres – le susurré al oído, sabiendo que la convencería – en la cama, desnudos. Tú, yo y la guitarra – empezó a reírse nerviosa cuando le apreté el trasero con fuerza mientras le rozaba los labios con la punta de mi lengua.
– Nagase… – dijo mi nombre casi gimiendo, lo que me puso más cachondo todavía –tengo… tengo que coger la chaqueta.
– Dile a Mabo y a los demás que nos vamos.
La puse de pie en el suelo y se fue hacia adentro, miré a sus amigos que me sonrieron de lejos mientras fumaban, un tanto incómodos. Volvió a salir, con la fina chaqueta puesta, sin abrochar. Se acercó a sus amigos y les dijo algo en español y se despidieron con dos besos de ella, despidiéndome a mí con la cabeza. Le puse una mano en la espalda y nos acercamos a la carretera con la suerte de que un taxi venía hacia nosotros, libre en ese momento. Le di la dirección de mi casa y entramos, sentándonos en la parte de atrás. Le puse la mano en el muslo y empecé a acariciárselo.
____________________________________________________________________
Agarré su mano y la hice subir por mi pierna hasta meterla por debajo de la falda del traje, mirándole. Se le dibujó lentamente una sonrisa en el rostro, e igual de despacio, levantó su mirada de mi cuerpo hasta mirarme a los ojos de tal manera que parecía que me observaba hasta el alma. Cada vez que hacía eso sentía como se me aflojaba todo. Giró su muñeca y estiró los dedos, pasándomelos suavemente por encima de la ropa interior. Tuve que morderme para no gemir. Me pasó los labios muy despacio por el cuello y me susurró:
– Dime, ¿Qué quieres que hagamos cuando lleguemos? – respiré como pude, seguía tocándome y cada vez me gustaba más.
– Quiero quitarte la camiseta, quiero tocar tu pecho desnudo – le susurré. Esperaba que el taxista no entendiese inglés – quiero que… – tuve que parar de hablar porque se me iba escapando un gemido. Nagase no paraba de besarme el cuello y le agarré del brazo con fuerza y los ojos cerrados – quiero abrazarte sin ropa, sentirte cerca. Quiero que me cantes algo al oído mientras me la metes despacio, quiero que… Nagase voy a correrme, para…
Pero no paró, en su lugar empezó a besarme, tumbándome contra la puerta del taxi, sin importarle que nos estuvieran mirando. Enredó su lengua con la mía mientras movía sus dedos rápido y con suavidad, exactamente igual que si estuviera rozando las cuerdas de una guitarra, empapándome. Cada vez me costaba más estar quieta y no gemir, me agarró de la cintura para inmovilizarme con la mano que tenía libre. El orgasmo me llegó de repente, fue una explosión que me hizo doblarme. Apreté los dientes contra su cuello, respirando con dificultad y clavándole las uñas en su amplia espalda. Seguía tocándome mucho más despacio y el orgasmo no acababa nunca, y cuando me creía que iba a parar, metió la mano dentro de mis bragas y uno de sus largos dedos en mi cuerpo. Le miré riéndome, negando con la cabeza, lo estaba poniendo todo perdido: el coche, mis bragas, su mano…y el parecía estar pasándoselo de miedo, curioseando dentro de mi. Miró por la ventanilla y sacó su mano de mi ropa interior. Se miró los dedos medio e índice y los frotó con el dedo gordo, sorprendido de lo manchados que estaban. Se me abrió la boca cuando le vi lamerlos mirándome a los ojos, realmente era tan pervertido como decían, y me encantaba. Sacó la cartera de sus pantalones y me la dio sonriendo.
– No puedo sacar el dinero con la mano así, cógelo tu que hemos llegado – justo en ese momento el taxi se paró y saqué de su cartera (bastante llena) lo que me pidió. Tan pronto como nos dio el cambio salimos del coche, Nagase riéndose. – Te ha mirado de arriba abajo
– ¿Y te extraña? Me has hecho correrme delante de él, todavía me cuesta hablar…
– Se pondrá a oler el asiento cuando se aleje, pensando en ti – dio una carcajada al ver mi cara de asco. Me metió en un edificio que no parecía tener nada de especial, llamó al ascensor, que resultó estar en la planta baja, y entramos.
– Nunca había hecho algo así – le dije quitándome la chaqueta, ahí dentro no hacia nada de fresco, se estaba muy bien.
– ¿Y te ha gustado? – asentí, se movió inquieto, encogiendo la cara y llevándose la mano a la entrepierna – que ganas tengo de quitarme los pantalones.
– ¿Tan dura la tienes? – dije mirándole la bragueta con descaro, desde luego bulto había. Acerqué mi mano y pasé los dedos despacio por encima, si que la tenía dura. Levanté la cara para mirarle a los ojos, me lo encontré con una ceja levantada. Volvió a apretar sus labios a los míos con su mano en mi espalda, su lengua me rozaba de vez en cuando mientras pasaba mi mano por encima de la tela vaquera de sus pantalones.
El ascensor se paró y cogiéndome de la mano me llevó hasta la puerta de su casa. Abrió y me encontré con algo que ya tenia yo estructurado de hacía tiempo en mi mente. Se quitó los zapatos sin desabrocharlos pero yo me tuve que agachar a quitarme los cordones de las botitas. Cuando me quité la primera y empecé a desabrochar la segunda, su camiseta cayó a mi lado. Miré hacia arriba y le vi con el torso desnudo, quitándose la correa y el primer botón del pantalón. Tan pronto como me quité el otro zapato, me giré hacia el, aún de rodillas, y le bajé la cremallera besando sus oblicuos y debajo de su ombligo. También besé su erección por encima de la ropa interior y el me acarició el pelo, observándome. Le pasé la mano con suavidad por todo su miembro, tirando del elástico de los calzoncillos y dejando al descubierto la punta de este. Mientras seguía moviendo mi mano sobre la tela, le pase la lengua despacio por su carne, suave y rosada. Juntaba levemente sus cejas cada vez que le daba con la lengua, tiré de su ropa interior hacia abajo y le lamí mirándole con deseo. La agarré con la mano, acariciándole, metiéndomela en la boca y escuchándole gemir. Estaba caliente, la sentía latir contra mi lengua, y me obligué a metérmela hasta la garganta. Empezó a mover sus caderas al mismo ritmo que yo movía mi mano. Me la saqué de la boca, pero seguí masturbándole observando sus gestos. Me llevé la mano hacia el lateral del traje y bajé como pude la cremallera, quitándome las tirantas en movimientos rápidos. Cuando me volvió a mirar, el traje ya estaba en el suelo y yo estaba de rodillas ante el solo con la ropa interior. Me llevé una mano a la espalda y me quité el sujetador, me miraba hipnotizado. Junté mis pechos con mis manos y metí su húmeda erección entre ellos, lamiendo la punta en círculos mientras que el movía las caderas hacia delante y hacia atrás.
– Tifa chan… no voy a llegar a la cama como sigas así
– Bueno, tu tampoco paras cuando te lo pido – le dije sonriendo
– Pero quiero follarte… – si, pero no paraba de moverse.
– Ya tendrás tiempo para hacerlo en estos dos días. Ahora quiero que te corras
Me agarró del pelo, obligándome a metérmela en la boca, gimiendo entre dientes. Lo hice lo mejor que pude, rápido y profundamente, pasando las uñas con suavidad por sus testículos. Casi me ahogo cuando eyaculó en mi boca, no me lo esperaba porque apenas estaba haciendo ruido. Hasta que dio un gemido largo, apoyando la mano en la pared de enfrente sin soltarme del pelo. Me lo tragué todo y cuando acabó me encargué de que no quedara ni una gota fuera. Me limpié la boca con el dorso de la mano, mirándole cuando me soltó el pelo, riéndome. Seguía apoyado con la mano en la pared, respirando cansado, pasándose una mano por la frente con los ojos apretados. Me levanté y le di un beso en la mejilla.
___________________________________________________________________
– Necesito tumbarme, necesito un cigarro… – la cogí de la mano después de colocarme bien los calzoncillos y me la llevé por el pasillo a la izquierda, hasta el fondo de este. Tras la puerta estaba mi habitación, y la vi observar las guitarras que tenía en la pared con curiosidad. Me dejé caer en la cama y la arrastré a mi a su lado, apretándola contra mi – deberíamos de haber follado – le dije, cogiendo un cigarro del paquete que tenía en la mesa de noche, encendiéndomelo – una vez vale, dos, sin problema, pero 3 veces la misma noche no creo que vaya a poder. Ya no tengo 20 años…
– No pasa nada – me dijo mientras apoyaba su cabeza en mi hombro – tómatelo como un intercambio de orgasmos.
– Pero el mío ha sido mejor que el tuyo – la sentí reírse.
– Eso lo dirás tu… – me besó el cuello con dulzura y dejó ahí su cara. Su respiración me hacia cosquillas – probablemente una de las cosas que más voy a disfrutar estos dos días es dormir contigo. Sentirte a mi lado al cerrar los ojos y que seas lo primero que vea cuando los abra – me acariciaba el pecho con las puntas de los dedos, aún estaba acelerado por lo que me acababa de hacer.
– Has estado con muchos hombres ¿verdad? – le dije
– No te creas, solo he hecho el amor con uno, con dos si te cuento. Pero fue el que me lo enseñó todo.
– Pues fue un gran maestro – dije riéndome, tenía mucha habilidad con la lengua y las manos, y que se lo tragase todo me gustó tanto o más que el orgasmo en si mismo.
– Si, y un hijo de puta mentiroso – le pasé los dedos por la espalda y dio un gemidito pegándose más a mi cuerpo – ay si… cosquillitas… – seguí acariciándola un buen rato, disfrutando de la relajación del momento mientras terminaba de fumarme el cigarro. Me encantaba estar tan cerca de su cuerpo desnudo, estaba calentita, era muy agradable.
Daba suspiros de vez en cuando, con su mano apoyada en mi pecho y de repente noté su respiración demasiado tranquila. La miré y estaba dormida, con los labios entreabiertos. Me reí en silencio y me giré despacio para apagar la luz y sacar las sábanas de debajo de su cuerpo. Se quejó un poco y se dio la vuelta, aún con las braguitas puestas. La forma de su cintura y sus caderas era preciosa. Una vez tapada le pasé el brazo por la cintura y me pegué a ella, que entrelazó sus dedos a los míos apretando mi mano contra su pecho, suspirándo. Apenas tardé en quedarme dormido yo también, me había dejado exhausto.
_______ . ________
Y dormí tan bien que cuando me desperté me sentía totalmente descansado. De repente noté cosquillas en la cara, pero no eran desagradables, eran de las que querías que no parasen. Sonreí con los ojos cerrados y sentí como apretaba sus labios brevemente con los mios. La agarré de la nuca y la abracé con fuerza, poniéndole una mano en la espalda. La sentí suspirar en mi cuello, sus manos alrededor de mi cintura apretándome la espalda. Me pasó una pierna por encima y empezó a darme besos por toda la cara, haciéndome reír.
– Ohayo… – me susurró, apartándome el pelo de delante de los ojos cuando los abrí. Se le habían quedado dos sombras oscuras bajo los ojos del maquillaje, y me reí otra vez. Estaba realmente bonita, y era bueno que estuviese bonita nada más despertarse a pesar de tener el maquillaje corrido.
– ¿Qué quieres hacer hoy? – le dije intentando arreglarle el estropicio con las yemas de los dedos.
– Me da igual mientras esté contigo – dijo ella – tengo que tener una cara horrible, y no tengo aquí el maquillaje.
– ¿Y para que quieres tu maquillaje? Estás linda como estás – sonrió apartando la mirada – ¿Cómo puede darte vergüenza que te diga esto después de hacerme cosas como la de ayer?
– No es lo mismo – me dijo mirándome de nuevo – ayer solo pensaba en hacerte sentir bien, y ahora me estas diciendo esas cosas de repente y no me las espero – escuché como le sonaban las tripas y no pude evitar dar una carcajada.
– ¿Vamos a desayunar? – le dije aún riéndome
– No estaría mal… – sonreía avergonzada y apretando la sabana contra sus pechos. Me entraron ganas de tocarlos, unas ganas horrorosas de verlos. Me acerqué a ella poniéndole la mano en la cintura y la besé despacio, tirando de la sabana hacia abajo.
Me miró a los ojos, pasándose la lengua por los labios y con las manos ante los pechos donde antes estaba la sábana. Pasé mis dedos despacio por su hombro y los bajé por su brazo, cogiéndola de la muñeca y poniendo su mano en mi cara. Me pasó el dedo gordo por los labios y se lo mordí y lamí muy despacio mientras me miraba llena de deseo. Miré sus enormes pechos parándome a observar sus pezones por los que pasé despacio mis dedos, en círculos. Me agaché sobre su cuerpo, pasándole la boca por cada centímetro de su piel que me iba encontrando, escuchando su respiración agitada y sintiendo sus dedos enredarse en mi pelo. Lamí despacio sus pechos, agarrándolos con ambas manos. Sentí como sus pezones se ponían duros en mi boca y le toqué suavemente por encima de las bragas, escuchándole dar leves gemidos. Terminé mordiéndole los pezones con fuerza y tirando de ellos hasta que se quejó de dolor. Sonreí.
– Lo siento – le dije – me he emocionado
– Hazlo otra vez – dijo abriendo sus piernas y tirando de mí para que me colocase entre ellas, cosa que hice sin dudar.
Le pellizqué los pezones, girándolos entre mis dedos y mirando su expresión, mezcla de dolor y placer. Me agarró de la nuca y me volvió a besar con esas ganas con las que siempre me besaba, de esa manera que tanto me gustaba. Cada vez que nuestras lenguas se encontraban anulaba mi capacidad de razonar y solo quería tocar, sentirla, hacerla mía. Bajé las manos por su cuerpo y enganché mis dedos a sus bragas, tirando de ellas hacia abajo. Levantó las caderas para facilitarme el trabajo y solo dejé de besarla para quitárselas y tirarlas hacia un lado.
____________________________________________________________________
Se tumbó sobre mi cuerpo, tocándome con sus enormes manos y derritiéndome con cada beso que me daba. Bajé la mano y acaricié su enorme erección, mordiéndole la barbilla cuando echó la cabeza hacia atrás dando un pequeño gemido. Se bajó los calzoncillos poniéndose de rodillas en la cama, sin ni si quiera quitárselos, y abrí más las piernas, observándole.
– Tócate – le dije mientras me acariciaba el clítoris a mi misma, excitándome al ver la sonrisita que se le dibujó en el rostro – despacio… – me hizo caso, se la acarició mirándome de arriba abajo, lamiéndose los labios y respirando excitado. Se acercó un poco a mí y me rozó con la punta de su miembro, sin dejar de masturbarse. Estaba tan mojada que sin querer, una de las veces que la pasó de arriba abajo, se apretó más de la cuenta contra mí y la metió en mi cuerpo. Solo fue la punta pero la sentí tan intensamente que se me escapó un gemido. Se tumbó sobre mi cuerpo, aún rozándose y empezó a besarme de una manera totalmente lujuriosa.
– Quieres que te folle, ¿Verdad? – me dijo susurrando contra mi boca y solo pude asentir, agarrada de su espalda, moviendo mis caderas e intentando en vano que entrase en mi cuerpo – ¿Fuerte? – volví a asentir, gimiendo al sentir como entraba, pero volvió a sacarla.
– Para de hacer eso – sentía mi entrepierna ardiendo, empapada, y tan sensible que cualquier roce me volvía loca. Y él no paraba de rozarse, de jugar y de sonreír.
Mientras seguía masturbándose puso sus dedos en mi clítoris, acariciándolo de tal manera que me hizo gemir y clavarle las uñas. Empujaba con su miembro para metérmela, pero no lo hacía. Nunca me habían hecho nada igual, nunca había estado tan caliente como en ese momento. Observaba con detenimiento mi cuerpo, de hecho se separó de mí para observarme, no despegaba sus ojos de mi entrepierna. Cuando me agarré a la almohada, gimiendo y levantando mis caderas en un orgasmo que me recorrió el cuerpo de escalofríos de pies a cabeza, el también gimió. Se agachó entre mis piernas y empezó a lamerme, pasándome las manos por los muslos, agarrándome los pechos. Sentía su lengua en todas partes a la vez, no la dejaba quieta en un sitio, lamía todo lo que estaba a su alcance. Apreté sus manos contra mi cuerpo, sus enormes y dominantes manos.
– Voy a parar un poco… no quiero correrme todavía y… – dijo poniéndose de nuevo de rodillas, agarrándose la erección. Se le había escapado una gota, solo una. La recogí con mis dedos y me la llevé a la boca, mirándole e intentando respirar al mismo tiempo –Hacía mucho tiempo que no me sorprendía una mujer en la cama – se tumbó sobre mi y sentí sus dedos apretarme para entrar en mi cuerpo– más o menos desde mis primeras veces, y de eso hace ya tiempo…
Me pasó la lengua por el cuello mientras me metía despacio uno de sus largos dedos y al comprobar que entraba perfectamente metió otro más. Cuando los metió hasta el fondo, apretó las puntas de los dedos hacia arriba, moviéndolas en círculos. Me susurraba cosas en japonés que a pesar de no entenderlas me excitaron muchísimo. Me agarró de la cara con su mano izquierda, metiéndome los dedos de su otra mano en la boca y con los dedos que me estaba masturbando se rozó su miembro, mojándolo y empujando para entrar en mi cuerpo.
– Voy a hacerte gritar hasta que te quedes sin voz – me susurró mientras me penetraba despacio, y ya lo estaba consiguiendo. Se me pusieron todos los vellos de punta y grité al sentirle, lamiendo sus dedos. Me agarró de la nuca y me besó con fuerza mientras se movía en mi interior despacio, enorme, llenándome y gimiendo el también.  
– Tomoya… – gemí temblorosamente cuando me penetró hasta el fondo, sintiendo tanto placer que me costaba pensar. Me miró a los ojos con el ceño fruncido, jadeando.
– Dilo otra vez – Me dijo, pasándome un dedo por los labios.
– Tomoya – cuando lo dije cerró los ojos y se movió despacio en mi interior.
– Me encanta como suena en tus labios… gímelo, grítalo – de repente me embestía sin cuidado, agarrándome de las caderas, mirándome a los ojos con una sonrisa por la que pasé mi lengua.
 Apenas podía respirar entre los gemidos, pero le complací porque a mi también me encantaba gritar su nombre. Y lo gemía sin parar y el cada vez se emocionaba más, gimiendo también, apretando los dientes. Tuve un orgasmo tremendamente intenso cuando me mordió el cuello, apretando sus caderas a las mías con fuerza. Me la sacó y empezó a masturbarse con rapidez, con los ojos cerrados. Estaba apoyado en la cama con un brazo, con sus labios pegados a los míos, y gimió en mi boca al eyacular, gimió mi nombre. Mientras veía como se moría de placer le mordí el labio y le acaricié la nuca con las uñas, sintiendo su esperma derramarse por mi pecho. Se quedó suspendido sobre mi cuerpo un buen rato, jadeando, con los ojos cerrados. Cuando los abrió me sonrió y me beso tiernamente, solo una vez, pero despacio.
– Me pones demasiado cachondo – dijo riéndose – no puedo controlarme
– Me gusta que te descontroles – le dije besándole – me encanta.
– Creo que deberíamos ducharnos – me miró y resopló – espera aquí un momento, ahora vengo por ti.
Vi como se levantaba de la cama, colocándose los calzoncillos de cualquier manera. Aún no me creía lo que me estaba pasando, por más que me miraba y me veía toda manchada de su esperma, me costaba trabajo creerlo. Le escuché hacer cosas por la casa y volvió cuando me estaba empezando a entrar frío.
– Perdona pero tenía que preparar unas cuantas cosas – me pasó un brazo tras la espalda, otro bajo las piernas y me cogió en peso
– Menos mal, porque no creo que pueda andar después de lo que me has hecho.
– ¿Entonces te ha gustado? – dijo empujando la puerta del baño con el hombro, la bañera se estaba llenando pero me dejo caer delante de la ducha, que estaba aparte.
– Me ha encantado, no entiendo como me preguntas, parece que no me has visto.
– Estaba demasiado concentrado en lo que estaba sintiendo como para darme cuenta de nada – dijo riéndose y abriendo la ducha. Se metió debajo, suspirándo, y una vez enjuagado tiró de mi mano y me puso debajo.
– ¡Ay que me quemo! – el agua salía ardiendo, y a pesar de que me gustaba ducharme con el agua caliente eso era demasiado. Se rió de mí entre mechones de pelo mojado y la puso un poco más fría.


[1] Te quiero de verdad

 

3

Nos enjabonamos el uno al otro sonriéndonos, ella me miraba mucho y me besaba tiernamente de vez en cuando. Estaba encantado con ella o por lo menos con lo poco que conocía: era una bestia en la cama y tierna fuera de ella; me miraba con ese cariño que no encontraba desde hacía mucho tiempo e incluso se avergonzaba si le decía cosas bonitas. Necesitaba a una chica así a mi lado, pero claro, tenía que conocerla mejor. Una vez limpios me metí en la bañera y esperé pacientemente a que ella también entrase, quejándose de lo caliente que estaba. Se sentó mirándome de frente y le hice gestos con las manos para que se acercase y se tumbase conmigo. Con una sonrisa de oreja a oreja se me acercó y apoyó su cabeza en mi pecho, dando un suspiro larguísimo.
– Bueno, vamos a empezar a conocernos por lo más básico y necesario – me miró con curiosidad, sentándose derecha. El agua le cubría justo hasta los pechos – ¿Hay algo que no te guste hacer en la cama? ¿O que yo haga? – le dije
– Eso es lo más básico y necesario ¿No? – Me dijo riéndose – pues ahora que lo dices, solo me gusta tener sexo por los dos agujeros que has usado. El tercero no… – puso cara de dolor, me reí.
– Vale, puedo vivir con eso. ¿Nada más? – se quedó pensando un ratito, mirando hacia el lado.
– No, creo que no… a ver, no me gustan las cosas raras en exceso tampoco… pero todo lo que sea dentro de lo normal de lo que podamos hacer los dos… porno y juguetes también los incluyo.
– Es bueno saberlo – le dije, encantado con la idea de añadir cosas – ¿Incluso disfraces?
– Oh, me encanta hacer cosplay, pídemelo y me visto de lo que quieras – estaba realmente entusiasmada y yo también, se me ocurrieron muchas cosas.
– Te gusta mucho el sexo ¿Verdad? – me miró, su sonrisa desapareció un poco y se mordió el labio asintiendo – no, no te lo tomes mal, me encanta porque a mi también me gusta mucho.
– ¿Hay algo que a ti no te guste? – Me preguntó con curiosidad – no se apenas nada sobre ti de este tema…
– ¿Qué no me guste? Pues no me gustaría que te quedases inerte, me gusta que te muevas, que me digas cosas. Me encanta que me pidas cosas – sonrió asintiendo.
– ¿Y algo que te guste mucho? ¿O algo que quieras hacer?
– Me gusta hacerlo en sitios raros y en momentos inesperados, no se, eso de “aquí mismo” me encanta.
– Por ejemplo en un baño público – me sonrió alzando una ceja – o en un taxi.
– O en la cocina, o en el sofá, la terraza, después de un concierto… – le dije imaginándome situaciones.
– Sobre un coche en el garaje y tu lleno de grasa de tus motos – su mirada cambió por completo, sorprendiéndome la expresión de deseo que encontré en sus ojos – me estoy calentando otra vez – dijo riéndose a carcajadas – ¡Pero es que no puedo evitarlo mirándote a los ojos!
– ¿Nunca tienes fin? – le dije riéndome de su risa
– Ese es un problema que tengo, que siempre tengo ganas de más – no veía donde estaba el problema, la miré sin entender – mi ex me rechazaba bastante a menudo diciéndome que estaba cansado y que si estaba enferma y cosas de esas. Decía que no le dejaba respirar tranquilo – se miró las manos, poniéndose un poco seria, ahora veía donde estaba el problema – es solo que me gusta el sexo, nada más.
– A mi también me han dicho esas cosas demasiado a menudo
– Yo no te las voy a decir – me dijo de inmediato, mirándome a los ojos – créeme, siempre voy a querer darte sexo, en cualquier momento – y la creía, sin lugar a dudas.
– Otra cosa que me gusta muchísimo, y más sabiendo lo bien que lo haces – Se le dibujó una sonrisita en los labios – me encanta el sexo oral, me pone muy cachondo.
– Hay una cosa que quiero hacer, hablando de eso – la miré esperando a que me contase su idea – me gustaría lamértela mientras tocas la guitarra – se me abrió la boca y me tuve que quedar mirándola como un estúpido, no me esperaba que me dijese eso.
– Siempre he querido que me hagan eso, pero nunca lo he pedido
– ¿En serio? – asentí
– Vamos a llegar a un acuerdo, tú me haces eso que me has dicho y yo te follo en mi garaje con aerosmith de fondo. Y cantándote, que no se me ha olvidado.
– También puedes cantar mientras te la como – se apoyó con su mano en mi pecho para besarme despacio pero con una lujuria escondida tras su mirada – si es que puedes, claro.
Le puse la mano en la nuca, acariciando su cuello y su pelo mojado mientras la besaba despacio. La apreté contra mí pasándole el otro brazo por la espalda y ella se tumbó sobre mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo mientras la tuve entre mis brazos, lo único que supe de verdad era que sus besos eran tremendamente adictivos.
– Nagase, me estoy mareando – me dijo cerrando los ojos.
– Es por el calor – la ayudé a salir, no quería que se desmayase el primer día de estar conmigo, sería un tanto catastrófico. Al abrir la puerta del baño respiró un poco aliviada y la llevé hasta mi cuarto, sentándola en la cama frente a la ventana que abrí para que le diera el aire fresco – es que tampoco hemos desayunado.
_______________________________________________________________
Se estaba portando tan bien conmigo… era el novio perfecto, o al menos esa era la cara que me estaba mostrando. Tenía que tener en cuenta que en tan pocas horas no me había dado tiempo a conocer su lado malo, si es que lo tenía.
– ¿Te gustan los quito cato?
– ¿Los qué?
– Los quito cato, tienes que comer algo con azúcar ¿No hay de eso en tu país? – se levantó y se fue para volver al poco tiempo con algo rojo en la mano y cuando me lo dio pegué tal carcajada que se me quedó mirando extrañado.
– ¡Soy idiota! Quito cato… ¡Kit-Kat! – no paraba de reírme y el me miraba avergonzado – de verdad, que problemas tenéis los japoneses con las palabras que acaban en consonante…
– Bueno, nos entendemos en inglés ¿no? Más o menos
– Si, si, gracias, me encantan. – lo abrí y me lo comí con ganas. El se comió dos en el tiempo que yo me comí el mío.
– ¿Cuál es tu comida favorita? – me preguntó de repente
– Diría que tú – le dije esperando su reacción, que fue una carcajada estridente, como me esperaba, me encantaba su risa – pero realmente… japonesa creo que el takoyaki. O el udón, no se seguro. Quiero que me lleves a comer yakiniku a tu sitio favorito.
– Hoy mismo, para almorzar – me dijo sonriendo – que por cierto, deberías llamar a tus amigos para que te diesen tus cosas. Solo tienes tu traje aquí.
– Es verdad… – se me habían olvidado por completo, me sentí un poco culpable y me levanté agarrándome la toalla hasta la entrada de la casa, que fue donde lo dejamos todo. Cogí las cosas en un puñado y las dejé en su cama. Mientras que el se vestía con ropa nueva y metía a lavar la sucia me volví a poner la misma ropa del día anterior y llamé a mis amigas
¿Si? ¿Sigues viva? – era Nan
– Algo así – dije riéndome y mirándole, hablando en español – cada segundo que estoy a su lado lo paso de los nervios. Cada vez que me mira me muero, te puedes hacer una idea supongo…
Que asco me das – me reí, Nagase me miró sentándose a mi lado
– Oye, necesito mi maleta
Ya me suponía que me ibas a llamar para eso, y menos mal porque el del hotel nos dijo que no la iba a guardar para siempre. Está en casa de Mabo, dijo que os llamaría pero por lo que veo no lo ha hecho.
– Ah, pues no – me quedé un rato hablando con ella, preguntándoles que tal les iba todo y contándole las cosas que quería saber. Nagase me observaba, sonriendo cuando yo sonreía, poniendo cara de curiosidad cuando escuchaba su nombre. Cuando colgué me besó, sorprendiéndome.
– Le habrás contado cosas buenas de mi ¿no?
– No hay nada malo que contar, me lo estaría inventado – dije sonriendo – me han preguntado que tal eres en la cama y les he dicho que no puedo estar de pie – se rió, acariciándome la cara con el dorso de su mano. Me estaba volviendo loca, si antes sentía que le quería ahora sentía que me moría por el.
– Me gusta escucharte hablar en español, ¿vas a enseñarme?
– Antes me tienes que enseñar japonés – asintió – por cierto, mis cosas las tiene Matsuoka-san, no me preguntes porque, no lo se.
– Ah, pues vamos a su casa, la recogemos y te cambias si quieres. Aunque por mi déjate ese traje puesto, me gusta mucho – me puso la mano en la pierna y volvió a besarme. Le acaricié la mejilla mientras el acariciaba mi lengua con la suya – no se que me pasa que no puedo parar de besarte.
– Pues no pares – volvió a besarme de nuevo, poniendo su mano en mi cintura. Pasé una pierna a cada lado de su cuerpo y me senté sobre el, pasando mis brazos por su cuello, besándole con cariño – te quiero tanto… – le susurré con los ojos cerrados.
– Como sigas susurrándome en español voy a acabar enamorándome de ti – le miré a los ojos, me sonreía y estaba tan tranquilo después de soltarme lo que me había soltado.
– Te quiero, te quiero tanto que voy a explotar – empecé a decirle todo lo que se me venía a la cabeza en español entre besos, escuchándole reírse. Finalmente le dije de forma y manera que el me entendiese – voy a hacer todo lo posible en lo que me queda de tiempo contigo para que te enamores de mi.
– Lo único que quiero es que seas tu misma – dijo poniéndome el pelo tras las orejas – sospecho que es la manera más rápida de que me enamores.
– Eres mejor de como te imaginaba – le dije – no sabes lo feliz que me estás haciendo al dejarme estar contigo.
_____________________________________________________________________
– No es un sacrificio, créeme – me levanté de la cama cogiéndola en peso, y no se lo esperaba porque se agarró de mi cuello dando un gritito – ¿Vamos en moto?
– ¡Si! – Se le iluminaron los ojos de la ilusión – voy a conocer a ‘Tom[1]’ también.
– ¿Pensabas que no te iba a llevar en moto en estos días? – la dejé caer en el suelo y llamé a Mabo.
¡Buenos días!
– Hola, oye, ¿Estás ocupado? – Tifa se sentó de nuevo en la cama y se puso a observarme, con esa sonrisita alegre. Probablemente no entendía nada de lo que decía pero estaba realmente atenta.
– No, supongo que para venir a por las cosas de la chica ¿no?
– Si, ¿nos pasamos ahora o más tarde?
– Os podéis venir ahora si queréis, ¿Os hago algo de comer y os quedáis a almorzar?
– Un momento que le pregunto – aparté el teléfono y la miré – dice Mabo que si quieres almorzar en su casa, hace el de comer.
– ¿¡En serio?! – incluso se levanto de la cama – ¡Por supuesto! – Agarró el teléfono y se lo puso en la oreja – ¡Arigato Matsuoka-san! – vi como sonreía y me dio el teléfono de vuelta.
– Oe, ¿Qué le has dicho?
– Nada malo, le he dicho que se va a chupar los dedos, y sabes que no es mentira.
– Bueno, bueno, ahora nos vemos – colgué y cogí del armario mi chaqueta de la moto y un casco que le dí a ella. No paraba de sonreír, me transmitía su alegría. – ¿Nos vamos?
Asintió y me siguió hasta la salida de la casa. En el ascensor se miró en el espejo y se puso bien el pelo, no se para que porque se le iba a despeinar. La llevé hasta la moto y me puse la chaqueta, abriendo el sillín y sacando mi casco. Ella me observaba en silencio, y observaba también la moto mientras pasaba su mano por el manillar.
– ¿Te gustan las motos? – le pregunté
– Si me preguntas si entiendo de motos, no, no tengo ni idea – dijo riéndose – Pero me encanta montar en moto, aunque tampoco sepa llevarlas, siempre me han llevado. Es esa sensación de volar… no se, me gusta. – a mi si que me gustaba, pero ella, y cada vez más.
– Pues si la llevas tu mejora mucho.
– Bueno, es que a ti todo lo que tenga ruedas te encanta – me reí, era cierto.
Saqué la moto de su sitio y me subí, diciéndole que se montase detrás de mí después de arrancarla. No me solía gustar ir con nadie detrás, pero me gustó sentir sus bracitos rodeándome y cómo se apretaba contra mi espalda. Le apreté cariñosamente la mano y arranqué. Realmente la casa de Mabo estaba cerca, pero tenía ganas de coger la moto y se me ocurrieron algunos planes para la vuelta que a Tifa le iban a encantar. Cuando llegamos y se bajó, me empecé a reír a carcajadas porque por más que se pelease con el casco no conseguía quitárselo. Después de quitarme el mío me acerqué y se lo quité, aún riéndome.
– No te rías de mi… – dijo empujándome – es difícil de quitar.
– No lo es, es que tu eres muy torpe – me dio un empujoncito en los hombros cuando me di la vuelta. La miré y le agarré el mentón, dándole un beso en la mejilla y sonriéndole. Se rió nerviosa, mirando al suelo. Me la iba a empezar a comer a besos justo cuando escuché un silbido.
– ¡¿Vais a subir o que?! ¡Te he escuchado reírte desde dentro! – Mabo se asomaba desde el balcón de su casa, que era considerablemente más grande que la mía. Entramos, ella visiblemente nerviosa, y Mabo nos recibió en la puerta.
– ¿A que huele? Ya tengo hambre – le dije
– Pues te vas a tener que esperar – me dijo el – Tifa, tus cosas están ahí y el baño está ahí detrás por si quieres cambiarte.
– Arigato – estaba mucho más tensa que antes, cogió su maleta y se la llevó al baño.
– ¿Qué tal? – me preguntó tan pronto como cerró la puerta
– Demasiado bien – le dije sentándome en una de las sillas de la cocina, suspirándo – por ahora es todo perfecto, es más de lo que puedo pedir. Siempre me está sonriendo, mirándome con esos ojos… no se explicarlo, veo que está feliz a mi lado.
– Te ha cambiado la mirada – me dijo Mabo con una sonrisita – no tienes nada que ver con como estabas ayer. Desprendes energía y joder, ¡No puedo evitar sonreír al mirarte!
– Pero en realidad estoy acojonado – le dije – no quiero que me pase otra vez lo mismo.
– Nagase, no seas imbécil. No puedes pensar así.
– Lo se, pero tampoco puedo evitarlo… – Mabo puso los ojos en blanco y siguió cocinando.
___________________________________________________________________
Entré en la cocina un ratito después, tras escucharles hablar en japonés a escondidas. No entendí gran cosa, solo que Nagase dijo mi nombre varias veces, kawaii, sugoii, pantsu y que Mabo se reía. Hablaban muy animadamente, me encantaba escucharles.
Cuando me puse frente a ellos, Nagase me miró de arriba abajo aún riéndose de algo que acababa de decir. Llevaba las mismas botitas, unos pantalones vaqueros cortos y una camiseta de guns n’ roses negra y suelta que me dejaba un hombro al aire. Se quedó unos instantes mirándome hasta que Mabo le dio un empujón riéndose.
– ¿Comes carne? – me preguntó Mabo
– Si, por eso no te preocupes – dijo Nagase. Mabo le miró con las cejas levantadas y le dijo algo en japonés. Nagase dio una carcajada enorme, de esas que le salían agudas. Me reí solo de escucharle pero al verme la cara de no enterarme de nada me lo tradujo – me ha dicho que si ya me he has demostrado lo que te gusta la carne.
– ¡No se lo digas! – dijo Mabo mirándome, me reí mirando hacia el lado y negando con la cabeza.
– No va a enfadarse por eso, no te preocupes, y habla en inglés que no nos entiende.
– ¿Qué estás haciendo? – le dije a Mabo sentándome en una silla frente a Nagase. Tenía la manga que caía por hombro más baja de lo normal y se me veía la redondez del pecho. Nagase tiró de la camiseta hacia arriba, antes de que Mabo se diese la vuelta. Le miré levantando una ceja y la dejé caer por mi hombro de nuevo.
– ¿Hay algo de la comida japonesa que no te guste? – me quedé pensando unos segundos, observando como Nagase miraba a un lado, ceñudo.
– Como no lo he probado todo no se si hay algo que no me guste – dije riéndome e ignorando lo que acababa de pasar – pero las cosas más tradicionales si que me gustan. Me encantan además.
– Mejor – nos puso por delante una tabla con maki de salmón que tenía una pinta estupenda – id comiendo, yo me he comido como la mitad mientras los hacía – nos dio el wasabi y la soja. Nagase no se lo pensó dos veces.
– Itadakimasu – dijo metiéndose uno en la boca. Yo también cogí uno y cuando lo probé di hasta un gemidito, haciendo que los dos me mirasen asombrados.
– ¡Uuuumai Matsuoka-san! – le dije
– ¿Honto? Me alegro de que te guste.
Después nos dio una sopa de Miso que estaba incluso más buena y para acabar nos dio takoyaki, lo que terminó matándome. Cuando acabamos los tres de comer estaba tan llena que iba a explotar.
– Ha sido el mejor almuerzo que he comido desde que llegué a Japón – le dije – la que termine casándose contigo tiene mucha suerte
– Gracias – me dijo sonriendo
– No, no, gracias a ti – era también guapísimo, se me tuvo que poner cara de estúpida.
– Voy a fumar, ahora vengo – Nagase se levantó de repente sacándose el paquete de tabaco de los pantalones. Me sobresaltó lo bruscamente que se fue de la cocina y me quedé mirando como salía a la terraza.
– ¿Está enfadado? – le pregunté a Mabo
– Me parece que se ha puesto celoso – dijo sonriendo – ten en cuenta que el no sabe cocinar.
– ¿Celoso? – Que yo pudiera poner celoso a Nagase con alguien era algo que no me entraba en la cabeza – lo dudo.
– ¿Y por qué no?
– Porque… solo me conoce de un día y además salta a la vista que estoy loca por el. Habría que ser tonto para no darse cuenta. Y lo sabe, se lo he dicho…
– No es que sea muy inteligente – dijo Mabo riéndose – pero supongo que el problema es que no quiere llevarse otro desengaño. Está demasiado alerta, ya sabes que últimamente no le ha ido muy bien y está ilusionado contigo. Y lo de que solo te conoce de un día… tu le quieres sin conocerle también, te lo recuerdo – me mordí el labio, sintiéndome alterada de repente.
– ¿Eso te ha dicho? ¿Qué está ilusionado?
– No exactamente, pero se le nota. Oye, hazme un favor – me miró serio, a los ojos, poniéndome nerviosa, que guapísimo era – No le hagas daño, ¿Vale? Si vas en serio que sea de verdad. No se merece pasarlo mal, es buena persona.
– ¿Si voy en serio? – Me reí – nunca he querido algo con tantas ganas en toda mi vida, nunca he estado tan feliz. Si el… – tragué saliva – si quisiera quedarse conmigo no hay nada que me hiciese más feliz que estar a su lado – Mabo miraba su plato dándole vueltas al palillo con una sonrisita.
– Vete con el mientras recojo esto – dijo levantándose
– Déjame ayudarte – me quitó los platos de la mano
– No, ni se te ocurra. Ve a decirle lo mucho que le quieres antes de que piense más de lo necesario.
Cuando me acerqué a la terraza le vi de espaldas, echando el humo hacia arriba con los brazos apoyados en la barandilla. Se rascó la frente con la misma mano que sostenía el cigarro y dio un suspiro.
_________________________________________________________________
Sabía que probablemente estaba exagerando las cosas pero no me sentí nada bien cuando le dijo eso a Mabo. En cierta manera me molestó que le gustase tanto su comida, por muy buena que estuviese. Pero lo peor fue la sonrisa que se le escapó cuando el la miró, sentí que sobraba en esa mesa. Quizás me había ilusionado demasiado pronto… Sentí que me agarraban de la manga de la camisa y al mirar hacia el lado la vi mirándome sonriente. Se la devolví sin poder evitarlo y se coló por debajo de mi brazo, pasando los suyos por mi cintura y abrazándome con fuerza.
– Tomoya-kun – el corazón me dio un salto al escucharla llamarme por mi nombre, no estaba nada acostumbrado. Le hice un ruidito para hacerle saber que la estaba escuchando – nada, solo quería decir tu nombre en voz alta. No me creo todavía que esté contigo.
– ¿De verdad me quieres? – la pregunta me salió sola, sin pensarla. Tifa me miró con el ceño fruncido.
– Claro que si. ¿He hecho algo para que lo dudes?
– Supongo que no – dije suspirándo. Me puso las manos en el pecho y se alejó de mí.
– ¿Supones? Si he hecho algo que te ha molestado quiero saberlo para no hacerlo más.
– Es solo que no me gusta que le sonrías a Mabo como me sonríes a mí. Bueno, ni a el ni a ningún otro hombre – le dije fastidiado, realmente me molestaba. No entendía muy bien porque la sentía tan “mía” si solo la conocía de un día, pero no me gustaba que otro fuese su centro de atención.
– Baka – me dijo con una sonrisa, poniéndome las manos en la cara y acercándose a mí – jamás le voy a sonreír a ningún hombre como a ti porque ninguno me hace sentir lo mismo que tu – suspiré mirando al suelo.
– Eso ya me lo han dicho antes y no terminó muy bien el asunto – quitó sus manos de mi cara, alejándose de nuevo. La miré y la encontré seria, con los labios entre abiertos.
– No me compares con ellas, ni se te ocurra – miré hacia los lados intentando encontrar una manera de justificarme – no es justo que pagues lo que te han hecho esas zorras conmigo, yo te quiero de verdad. Te lo creas o no. Y que sepas que me ponen enferma los celos, no los soporto – quise decirle algo pero no me dejaba hablar – y menos si vienen de ti, es ridículo. Tú de entre todos los hombres eres el que menos motivos tienes para estar celoso. Me levantaba y me acostaba contigo en el pensamiento sin si quiera conocerte, y ahora mismo… no puedo medir lo que te quiero. Es simplemente imposible – Resoplé cerrando los ojos y me apoyé en la barandilla con las manos en la cara.
– Lo siento… – susurré negando con la cabeza – me niego a volver a pasarlo mal.
– ¿Qué quieres decir con eso? – la miré, tragó saliva. Tenía los brazos cruzados y me miraba con los ojos llorosos – ¿Cómo que te niegas? – No me salían las palabras, lo que quería decirle – ¿Quieres que me vaya? – dijo con un hilo de voz.
– No… – Me acerqué a ella y le pasé los brazos por la espalda, apretándola contra mi pecho – Lo único que quiero es a una mujer que se quede a mi lado, que piense que nuestro amor es lo más importante en su vida. ¿Es pedir mucho?
– No lo es, porque es lo que yo siento – sentí como expulsaba todo el aire de sus pulmones agarrándome de la camiseta con su cabeza apoyada en mi pecho – ¿Qué tengo que hacer para que me creas? Quiero estar contigo, lo quiero más que nada en este mundo. Dame la oportunidad y te prometo que te voy a hacer muy, muy feliz. Nagase… – levantó la cabeza para mirarme, me sentí realmente mal cuando vi que estaba a punto de llorar – por favor… créeme – le puse la mano en la nuca y besé sus labios.
– No quería hacerte sentir mal, lo siento mucho – No supe que más decirle, suspiré y la abracé de nuevo. Se quedó en silencio, no decíamos nada, solo nos abrazábamos. Cuando nos separamos y la miré, sorbió por la nariz escandalosamente, limpiándose la cara con las manos. Chasqueé la lengua – ¿Te convences ya de que no soy lo que creías que era?
– No me esperaba que fueras celoso.
– Normalmente no lo soy, no se que me ha pasado.
– Oe, Nagase – Mabo me llamaba desde dentro – tenemos que ir pensando en irnos.
– Ah, si, es verdad. Voy – me agaché y poniéndole una mano en la mejilla rocé mis labios con los suyos, sin llegar a besarla. Fue ella la que me agarró y se apretó contra mi, suspirándo. Sentí como sus labios se curvaban en una sonrisa. Me volvía loco con tan poco…
– ¿Dónde tenéis que ir? – me dijo.
– A trabajar – alzó las cejas y se metió conmigo en la casa – ¿nos llevas en coche? – le pregunté a Mabo
– Si claro, es lo que tenía pensado. ¿Vamos ya? – asentí saliendo de la casa.
– ¿Dónde vamos? – dijo ella, parecía nerviosa.
– No creo que nos lleve mucho tiempo, es para rodar un anuncio promocionando el cd nuevo – le dijo Mabo
– Entonces vais a estar todos ¿No? – Asentí y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja – ¿Puedo mirar desde lejos?
– Claro que si – le dije – si no te habría llevado a casa.
Me senté junto a Mabo de copiloto. La miré por el espejo retrovisor, tardó un poco en darse cuenta de que la estaba mirando y cuando lo hizo me dedicó una sonrisa que me derritió. Me estaba empezando a gustar en serio, no sabía si asustarme o alegrarme.
__________________________________________________________________
Se llevaron un rato hablando en japonés y yo disfrutando de su acento y de sus risas. Me volvía loca escucharle hablar en su idioma, tenía que aprender cuanto antes mejor. Me senté detrás del asiento de Mabo, para observar a Nagase mientras hablaba con el. Cuando llevaban un buen rato hablando miró hacia atrás y me encontró mirándole. Me sonrió y me derretí, como de costumbre. Tenía los nervios destrozados a esas alturas, no pude evitar llorar antes en casa de Mabo a pesar de intentar evitarlo. Pero es que me dio un susto enorme cuando me creí que ya no quería nada más conmigo. Mabo se metió en un parking y no tardó mucho en aparcar el coche. Cuando subimos en el ascensor y llegamos a los pasillos de las oficinas ahogue un gritito contra mi mano.
– ¿Qué pasa? – me dijo Nagase, Mabo también me miraba
– Estamos en los estudios de los Johnny’s… ¿Verdad? – Nagase asintió como si nada.
Lo iba mirando todo con los ojos como platos, atenta por si veía alguna cara conocida. Cada vez que saludaban a alguien me daba un saltito el corazón pero nunca era nadie conocido. Llegamos hasta lo que parecían unas oficinas más privadas, en la puerta había un cartelito que decía “TOKIO”. Al entrar, Leader estaba sentado en una mesa blanca con su teléfono móvil en la mano y Gussan se miraba el pelo en un espejo. Empezaron a hablar en japonés, era como ver los programas de la televisión pero en directo. Me saludaron con una sonrisa, asombrados de verme por allí.
– Voy a vestirme y a que me maquillen y ahora vengo ¿Vale? – me dijo Nagase quitándose la chaqueta. Asentí, se me quedó mirando y me dio un beso en la frente, acariciándome el hombro con su mano. Sonriendo, se fue de allí. Al poco tiempo llegó Taichi.
– ¡Hola! – Me dijo en inglés – ¿Has venido con Nagase? – asentí.
Les miraba hablar, mucho más tranquilos de lo que se veían ante las cámaras. Miré a mi alrededor y vi que había muchos objetos personales por todas partes, suponía que de ellos. Nagase no tardó mucho en volver, y cuando le vi entrar por la puerta me quedé con la boca abierta. Tenía puesto un jersey rojo, fino y de mangas largas que le quedaba pegadísimo. Tenía unas ganas de tocarle que me estaba muriendo pero en su lugar tragué saliva y le sonreí cuando me hizo un gestito con la cabeza para que les acompañara. Fui a su lado sin parar de mirarle de reojo; su espalda parecía mucho más amplia, su pecho más grande y sus brazos… sus manos… Estaba totalmente excitada solo con verle con ese jersey. Llegamos a un plató y me indicó que me sentase en unas sillas detrás de las cámaras. Había unas banquetas en las que ellos se sentaron y grabaron el spot en un cuarto de hora. Sabían a que iban y se notaba que tenían ganas de acabar. Fueron riéndose y charlando hasta donde yo estaba y no le podía quitar la vista de encima a Nagase, era como un imán. Cuando íbamos de vuelta a su vestuario sentí como buscaba mis dedos con los suyos, enganchándolos, dándome la mano en cierta manera.
– ¿Tienes que cambiarte? – le dije sin poder evitarlo cuando entraron en el vestuario.
– No, esta ropa es mía – se echó un mechón de pelo rebelde hacia atrás, con los demás. Pero volvió a caerle hacia adelante.
– Mejor – dije mirándole de arriba abajo con descaro mientras me mordía el labio. Se miró a si mismo y luego a mi pasándose la lengua por los labios. Sentía que iba a salir ardiendo de un momento a otro y más cuando me sonrió con ese gesto tan perverso.
Me cogió de la mano y comprobando que los demás no se dieran cuenta me metió tras una esquina, empujándome contra la pared y riéndose. Cuando le puse las manos en el pecho mi corazón empezó a latir desbocado. Le tocaba ansiosa sus brazos, los hombros, mirándole y sintiéndome cada vez más nerviosa. El se dejaba hacer, observándome. Subí su jersey y le acaricié por debajo, su piel estaba caliente, me entraron ganas de desnudarle y que me hiciera de todo. Le miré y me lo encontré mirándome el escote porque al subir las dos manos por su pecho me las había juntado con los brazos y se veían realmente grandes. Cuando sentí sus dedos recorrerme desde el hombro hasta el cuello tuve que reprimir un gemido y cuando me miró a los ojos, con deseo, sentí como me temblaban las piernas.
– Los pantalones me aprietan otra vez – me dijo susurrando con su mano en mi cuello, acercándose despacio y mirándome los labios.
– Mejor no te cuento como tengo las bragas – le contesté.
Se mordió el labio negando con la cabeza y me agarró del pelo de la nuca y de una pierna, pegándome a la pared y casi ahogándome con su lengua. Seguía con mis manos bajo su jersey pero las saqué para agarrarle del pelo cuando me levantó en peso, rozándose conmigo, respirando con dificultad mientras nos saboreábamos con furia. Me metió las manos bajo la camiseta y me apretó los pechos con fuerza, aguantándome contra la pared con sus caderas y su cuerpo. Entrelacé mis piernas a su cintura e intenté no gemir cuando sentí sus dedos rozarme los pezones bajo el sujetador.
____________________________________________________________________
Lamió mis labios, le encantaba hacer eso y a mi me mataba. Yo le mordía el cuello y pasaba mis manos por su cuerpo sin parar de rozarme. Lo único que quería era sentir su piel, su calor, quería estar dentro de ella de nuevo. La suavidad lujuriosa con la que me acariciaba me volvía loco, los pequeños gemidos que se le escapaban, sus labios dulces y exigentes.
– Deberíamos irnos – me dijo cuando dejé su boca libre unos instantes.
– Podría follarte aquí mismo – pasé mis manos por sus muslos mirándole a los ojos, ella abrió la boca para decir algo pero no le salía.
– No voy a decirte que no, si empiezas… no puedo pensar cuando me miras así – pasé la lengua despacio por su cuello, desde la clavícula hasta el lóbulo de su oreja – Tomoya… no… – decía que no pero se apretó más contra mi cuerpo.
– Sabes que voy a reventarte después ¿Verdad? – le dije al oído tremendamente excitado al escuchar como gemía mi nombre – vete preparando.
Después de besarle el cuello una última vez la dejé caer en el suelo, me miró riéndose con la boca abierta y negando con la cabeza.
– No puedes hacer esto – dijo echándose la melena hacia atrás.
– Eh, nos hemos calentado mutuamente, tu me tocas el pecho, yo te toco el pecho – de repente su teléfono empezó a sonar y lo cogió hablando en español, aún riéndose.

Salí de donde estaba y me acerqué a la mesa, sentándome en la silla que tenía más cerca, resoplando e intentando pensar en otra cosa para que se me bajara lo que tenía entre las piernas. Leader me miraba con una ceja levantada.
– ¿Dónde estabas? – me dijo dejando el teléfono en la mesa
– Ocupado, hablando unas cosas
– Ya, si, hablando – dijo riéndose – por eso estás despeinado ¿no? – me pasé una mano por el pelo y me di cuenta de que lo tenía levantado por atrás. Me reí, sintiéndome culpable pero divertido a la vez. Me volví hacia atrás al escuchar a Tifa hablar un poco más alto de lo normal, airada. La vi salir de detrás de la esquina guardándose el móvil en los pantalones y negando con la cabeza, enfadada – ¿Qué ha pasado?
– Nada, que una de mis amigas, en fin… si le puedo llamar así, es una estúpida y se ha enfadado conmigo por quedarme contigo. Me acaba de llamar echándome la bronca porque dice que les he dejado tirados. ¿¡Qué más les dará?! Son 3, se pueden entretener ellos solos…
– Si es un problema puedo llevarte con ellos, ya nos vemos después – me miró alzando las cejas
– Después cuando, ¿Cuándo vuelva a España? – Ese comentario me hizo sentir angustia, España estaba muy lejos – además, no te preocupes, lo que está es celosa. También le gustas, pero no como a mí, eso puedo asegurártelo.
Me sentí un poco incómodo. Miré a Tifa y la vi un poco más seria de lo normal mientras observaba a Taichi y a Gussan hablar. Mabo nos propuso irnos a casa y la verdad es que tenía ganas de estar a solas con ella, pero no se le iba esa expresión. Cuando doblamos una de las muchas esquinas de los largos pasillos del edificio vi que Gussan se chocó con alguien de frente. Al principio me reí, pero cuando vi que se trataba de Aibu se me quitaron las ganas de reírme. Sentí los dedos de Tifa entrelazándose a los míos con urgencia, la miré de reojo y vi como sacaba pecho, poniéndose derecha y mirando hacia adelante. Aibu me saludó brevemente con la cabeza y no se me escapó como su mirada se paró en Tifa, en nuestras manos y en Tifa otra vez. La volví a mirar de reojo y vi como le dedicaba una sonrisa encantadora a mi ex, apretándome la mano más fuerte de lo normal. Una vez llegamos al coche, me giré en el asiento para mirarla.
– ¿Por qué has hecho eso? – le pregunté con una sonrisita.
– ¿El qué? – dijo ella como si no supiese nada mientras se ponía el cinturón.
– Sonreírle – me miró echándose la melena hacia un lado, se me desviaron los ojos a su hombro desnudo pero volví a fijarlos en su cara.
– Quiero que sepa que sé quien es, y quiero que sepa que si está en mi mano no te voy a dejar escapar. Pero en el fondo tenía ganas de tirarle un ladrillo a la cara – Mabo se rió de su comentario, ella no, ella miró por la ventana. Seguía seria.
Y no habló con nosotros en todo el camino, la observaba por el espejo retrovisor y la veía pensativa mirar por la ventana. Mabo nos bajó la maleta y mi casco en un segundo, nos despedimos de el y nos montamos en la moto sin hablar apenas.


[1] “TOM” es el nombre que lleva en su traje de motero cuando va a correr en competiciones.

4
 
Iba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de que se había quedado parado mirándome. Estaba apoyada en la pared del ascensor con los brazos cruzados y el me miraba con las llaves en la mano, ceñudo. Hasta que no estuvimos dentro de la casa y solté la maleta en su cuarto no volví a mirarle.
– ¿Qué hacemos ahora? – le dije un poco tensa.
– Hablar – contestó el, serio. Me dio miedo lo que pudiese decirme, quizás le había ofendido con lo que dije de Aibu, pero era lo que se merecía esa zorra por haberle hecho daño. Le seguí hasta el salón y me senté a su lado en el sofá. Suspiró, echándose hacia detrás y pasándose las manos por el pelo. Dejó caer su brazo por detrás de mi espalda – me dices que odias los celos pero tú eres la primera que te pones celosa.
– No me pongo celosa – me salió automático – es que… no me gusta…
– ¿El qué no te gusta?
– Sentirme así – me miraba esperando que me explicase. Agarré un cojín y lo apreté intentando relajarme – cuando la he visto… me he puesto nerviosa, he tenido miedo de que… – trague saliva – de que al verla te acordases de cosas y que de nuevo quisieras… no se…
– ¿Dejarte de lado por ella o algo así? – Asentí sin mirarle – Oye, no quiero que pienses eso – se sentó derecho y me puso una mano en el mentón, haciendo que le mirase a la cara y volviendo a mi corazón loco. Me dio un beso en la mejilla y dejó su frente apoyada en la mía. Suspiró y me miró a los ojos – mira, vamos a hacer una cosa – se sentó con la espalda apoyada en el brazo del sofá, mirándome de frente – vamos a plantearnos situaciones incómodas o que tu pienses que sería algo difícil y nos decimos como reaccionaríamos. Pero sinceramente, sin miedo a saber que pensará el otro ¿Vale?
– Si, vale – sonrió ligeramente, pero se le notaba que estaba preocupado – empieza tú porque no se… no se que decirte.
– Vale, era lo que pensaba hacer. Imagina que tengo que ir a una fiesta y te llevo conmigo, y en esa fiesta está Ayumi, o Aibu, cualquiera de las dos – no pude evitar la mueca de disgusto que me salió – y en un punto de la noche, se acerca a hablarme. Sonriente y con un traje que le queda de muerte, pero tú estas a mi lado. ¿Qué harías?
– Arrimarme a ti, supongo. Agarrarte y no soltarte.
– ¿Y qué sentirías?
– Solo de imaginármelo me estoy angustiando – frunció el ceño – no se exactamente que sentiría si viese a Ayumi acercarse a ti con su cuerpo perfecto y su cara de muñeca. Probablemente me metería en un boquete a llorar al verme a su lado o algo así porque evidentemente no te voy a decir que no les hables, eso no es cosa mía, por más que me moleste. – se quedó callado unos instantes mirándome, igual de serio.
– Vale, eso de que no es cosa tuya es discutible si tenemos en cuenta que estamos juntos pero valoro mucho que no me impongas cosas. Lo que no me gusta es eso de… meterte en un boquete a llorar, ¿A que viene eso?
– Por favor Nagase, ya me siento ridícula intentando algo contigo no me quiero imaginar si la tuviera delante para compararme – me miró asombrado, resoplando.
– ¿Qué te sientes ridícula? ¿Por qué?
– ¡Porque eres Nagase Tomoya! ¿Tengo que recordarte que eres lo que cualquier mujer querría? Eres guapísimo, estas realmente bueno, eres impresionante en la cama y además me haces reír. Eso sin contar que además cantas y tocas la guitarra y bueno, también eres famoso y rico… aunque eso me da igual – dije haciendo un gesto con la mano – de hecho preferiría que no lo fueses – su expresión cambió un poco no supe decir si en sorpresa o en que – y yo no soy… ¡Soy solo yo!
– ¿Solo tu? No me gusta que pienses así, no te valoras lo suficiente.
– Porque no pienso que yo sea suficiente para ti, probablemente cuando se te pasen las ganas de follarme ya no te pareceré tan fantástica – me miraba enfadado pero yo sabía lo que estaba diciendo.
– ¿Las ganas de follarte? – Negó con la cabeza mirando hacia un lado – ¿Para eso piensas que te tengo aquí? Y además, ¿qué tengo yo de especial como para merecerme algo que según tu tiene que ser lo mejor de lo mejor?
– No seas ridículo, todo el mundo sabe lo buena persona que eres… – no parecía convencido –  las letras de tus canciones reflejan mucho de ti, estoy segura.
– Aunque yo fuera una persona maravillosa como tú crees… ¿Qué te hace pensar que tú no eres suficiente?
– Salta a la vista – dije mirando hacia un lado, intentando no llorar. Otra vez.
______________________________________________________________
– Pues yo no lo veo tan evidente – le dije con los brazos cruzados, estaba realmente molesto con su actitud. No me gustaba como se veía a si misma a mi lado.
– ¡Nagase, mírame! – Se señalaba – No tengo un cuerpo perfecto, mucho menos una cara perfecta. No se que te ha atraído de mi, ¡¡No lo entiendo!! Solo soy una gaijin obsesionada contigo, yo no… – se mordió el labio, tragando saliva y mirando hacia arriba.
– No sabes lo equivocada que estás. En todo – no me miraba a la cara de nuevo, con el cojín apretado fuertemente entre sus manos – no es solo que tengas un cuerpo realmente sexy y una cara preciosa, que la tienes – chasqueó la lengua mirándose las rodillas – es tu actitud conmigo, tu forma de ser. Vale, es posible que seas una gaijin obsesionada, eso no te lo niego, pero eres la primera que me confiesa lo que siente con tanta sinceridad. Y eso me ha gustado mucho, me ha hecho sentirme querido otra vez y no quiero dejar pasar esta oportunidad solo por tus inquietudes – se llevó las manos a la cara y de sus labios salió un sollozo tan grande que tembló entera.
Me acerqué a ella un poco asustado por su reacción y la abracé, acariciando su pelo y besándolo. Tardó un poco en parar de llorar y no me abrazaba ni se quitaba las manos de la cara, solo se dejaba caer en mi hombro. Cuando sentí sus manos en mi pecho escuché como me susurraba “Gomen ne” mientras sorbía por la nariz. La apreté aún más fuerte contra mi, suspirándo.
– ¿Qué acaba de pasarte? – le pregunté
– No me lo esperaba – dijo con la voz tomada – sigo sin entenderlo pero si tu dices que quieres seguir con esto…
– Es que dos días son muy pocos para conocerte – tenía mi barbilla apoyada en su cabeza pero se separó de mi pecho y me miró a los ojos.
– Aishiteru, Tomoya-kun – sentí como si algo me presionara el pecho. Me asusté. Suspiré y le puse la mano en la mejilla. Ella cerró los ojos y la apretó con su mano, que se veía ridículamente pequeña junto a la mía
– No es lo mismo, y lo sé, pero… daisuki, Tifa-chan – abrió los ojos y se le separaron los labios, conteniendo la respiración.
– ¿Qué no es…? Dímelo otra vez – me apretaba la mano tremendamente fuerte para ser tan pequeña. Me reí y le dí un beso muy breve en los labios. Apenas separándome de ella se lo repetí.
– Daisuki, Tifa-chan. Hontoni daisuki – me pasó los brazos por los hombros y me dio un abrazo tan fuerte que casi me lastimaba. Empecé a reírme a carcajadas cuando la escuché decir una sarta de palabras en español a toda velocidad – si que eres una fan histérica – le dije.
– Y tú eres mi persona favorita y siempre lo serás Tomoya-kun – nunca me habían dicho nada parecido, estaba viviendo cosas nuevas con ella y eso me gustaba muchísimo – por cierto, me debes una canción – dijo frotándose los ojos.
– No se me había olvidado, espérame aquí – me levanté y fui a por la guitarra acústica. Cogí una púa y me senté a su lado, contento de que sonriese de nuevo.
– Quiero que me toques dos – dijo ella pasando los dedos por la guitarra
– ¿No era una, tramposa? – me reí mientras la afinaba en condiciones.
– Los intereses, llevas un día de retraso – dijo con una sonrisa, poniéndose el pelo tras las orejas. No lo pude evitar y le dí un beso, más breve de lo que quería pero es que si no iba a tirar la guitarra lejos para agarrarla a ella – primero quiero que toques “Neighbor” y después “Hikari no Machi
– ¿Algún motivo en especial?
– No, que me encantan. Bueno, la segunda si lo tiene, pero después de que la toques te lo cuento.
Asentí y empecé a tocar. Ella me miraba con fascinación, estaba acostumbrado a ver esa cara en el público cuando dábamos un concierto, pero era muy diferente tocar solo para una persona. Estaba incluso un poco nervioso. Pero cuando vi que ella también cantaba se me pasó esa sensación. Cuando llegué a la frase de “Zutto kimi dake mitsumete itai yo” la vi mirarme con la boca abierta y que tragaba saliva. Cada vez que la miraba me sonreía tímidamente. Cuando acabé la canción me dio un corto aplauso entre risas, se puso de rodillas y me dio un beso cariñoso apoyándose en el sofá.
– Es que esta canción… cada vez que la escuchaba cerraba los ojos y te imaginaba cantándomela. Porque es preciosa, es… creo que es mi favorita de TOKIO – me quedé mirándola sonriente, era una canción mía y me hizo ilusión que me dijera eso – venga, ahora la otra, y ni se te ocurra parar de cantar.
Me estaba viendo venir sus ideas y no pude ocultar la risa tonta que se me escapó. No había terminado de cantar la primera estrofa y la vi arrodillarse ante mí en el sofá. Me eché hacia atrás cuando tiró de mi cinturón y me fue un poco difícil seguir cuando me miró con esos ojos enormes y castaños acariciándome con sus uñas sobre los calzoncillos. Me crecía a una velocidad asombrosa, y más cuando ví que ella pegaba su nariz y olía con los ojos cerrados. Cuando volvió a mirarme se mordió el labio y creo que fue lo que de verdad me terminó de poner cachondo. Bajó los calzoncillos y me la agarró, para entonces ya iba por la segunda estrofa y no sabía como lo estaba haciendo sin equivocarme. Pasó su lengua por el glande, despacio, siempre mirándome, y lo mordió con delicadeza, haciendo que me temblara la voz. Cuando me rozó con sus labios y su lengua quise tirarlo todo por los aires y arrancarle la ropa a tirones, pero seguí tocando. La vi escupir en mi miembro y pasó su mano despacio, de arriba a abajo, dándome tanto placer que cerré los ojos.
___________________________________________________________________
Estaba aguantando muy bien, casi iba por el final de la canción y solo le tembló la voz un par de veces. Por más que pasaba mi lengua por su miembro, durísimo y caliente, no paraba de cantar, aunque hacía unos gestos con la cara que me estaban matando. Pero cuando me la metí hasta la garganta, varias veces y rápido, gimió. Aguantó hasta la mitad del último estribillo. Dejó la guitarra para agarrarme a mí de la nuca y del brazo, tumbándome bruscamente en el sofá, invadiendo mi boca agresivamente con su lengua. Subí su jersey sin dejar de besarle, quitándoselo y tirándolo atrás de cualquier manera. Subió mi camiseta y hundió su cara entre mis pechos, mordiéndome y haciéndome jadear. Le agarré la mano y lamí sus dedos con lujuria, sus largos y hábiles dedos.
Mientras me desabrochaba los pantalones cortos estiré mi mano y la moví por su erección un par de veces. Me miró lamiéndose los labios cuando tiró hacia arriba de mis pantalones, quitándomelos. Se inclinó entre mis piernas y al igual que yo hice antes, me olió con intensidad, cerrando los ojos y expulsando el aire por la boca, rozándome por encima de las braguitas con su nariz.
– No sabes lo bien que hueles… no tienes ni idea de lo cachondo que me pone.
– A lo mejor te gusta más mi sabor – le dije tentándole. Me sonrió, lamiéndome sin cortarse un pelo por encima de las bragas, haciéndome gemir y poniéndome realmente caliente.
Puso sus dedos justo encima de mi clítoris y los movió delicadamente en círculos, apretando solo un poco. Pasaba el pulgar de su otra mano por encima de mi vagina, sin quitarme si quiera la ropa interior. No podía parar de gemir, le miraba y le veía con esa expresión de lujuria susurrando en japonés y besándome las ingles. Cuando tuvo los dedos empapados se decidió a quitarme las bragas también y lamió todo lo que se iba encontrando con ansia, dando roncos gemidos mientras le agarraba con fuerza del pelo. Puso sus manos en mis piernas, subiéndolas mientras me pasaba muy rápido y muy por encima la lengua de abajo a arriba por mi clítoris, haciéndome gemir su nombre, casi gritando cuando llegue al orgasmo. Subió, colocando sus caderas entre mis piernas sin soltarlas y agarré su miembro, metiéndolo en mi cuerpo que lo aceptó de inmediato. Me la metía hasta el fondo, mirándome desde arriba con los labios entreabiertos entre una maraña de pelo. Como tenía las caderas levantadas, si miraba hacia abajo veía perfectamente como me penetraba.
– Motto hayaku, hayaku… – le susurré como pude. Gruñó y me agarró del trasero, tumbándose sobre mí y dándome tan rápido que no podía distinguir cuando acababa un orgasmo y empezaba el siguiente.
Me hizo sudar, me hizo gemir y jadear hasta que me dolía la garganta. No paraba de morderme por todas partes y yo no podía evitar clavarle las uñas en la espalda. Después de provocarme un orgasmo realmente largo en el que me penetró profundamente apenas moviéndose, se tumbó sobre mí, cansado. Pero aun no había acabado, lo notaba, seguía durísima y enorme en mi interior.
– ¿Quieres que me ponga encima? – le dije respirando con dificultad
– Eres perfecta – me dijo sonriendo – me encanta poder follarte así. Nunca… nunca puedo follar como quisiera porque a todas les duele pero tu…
– Yo solo quiero más, Nagase – le dije sentándole – ya te dije que no te iba a dejar tranquilo. Te lo advertí, es difícil saciarme – Me rocé despacio con su miembro, moviendo mis caderas con una pierna a cada lado de su cuerpo. Cuando se la agarré y la pasé por la entrada de mi vagina se quejó.
– No hagas eso, es demasiado… me gusta demasiado y no puedo soportarlo…
– Es tan grande y tan caliente – le susurré contra su boca – me gusta tanto como me llena – dije mientras le sentía entrar, Nagase me miraba con la boca abierta – me vuelve loca – dije cabalgándole, moviendo mis caderas despacio, sacándola y metiéndola de nuevo en mi cuerpo – Tomoya… kimochi…
– Voy a correrme – y lo noté, noté que iba a correrse, pero no quería parar, me estaba gustando muchísimo y cada vez más – voy a correrme dentro…
– Si – le besé y le hice agarrarme de las caderas con sus enormes manos. Me movía lentamente sobre el pero sentí como poco a poco iba llegando al orgasmo. Me apretó con los dedos, gimiendo con los ojos cerrados fuertemente y la cabeza echada hacia atrás. Al mismo tiempo tuve un orgasmo tremendamente intenso y gemí una última vez contra su cuello mientras el me apretaba a su cuerpo en tensión. No dejé de moverme hasta que no noté que se relajaba, hasta que no le vi aflojar la mandíbula aspirando aire con su boca pegada a la mía. – Mañana tenemos que ir a una farmacia – le dije sonriendo.
– Tenía que hacerlo, lo siento, quería sentirlo.
– No te disculpes, yo también quería.
____________________________________________________________________
Era definitivo, era mi otra mitad sexualmente hablando. Nos gustaban las mismas cosas, pensábamos igual en la cama y se movía de una manera impresionante. Desee con todas mis fuerzas que fuera tan perfecta como parecía mientras le apartaba el pelo de la cara, mirando su sonrisa. No entendía como se le podía pasar por la cabeza que no fuese sexy o guapa cuando era preciosa.
– Tienes unos ojos enormes – le dije – me encantan. Me encantas. – la abracé mientras me besaba con sus manos en mi cara.
– ¿Sabes? Muchas veces cuando me masturbaba a solas en mi casa, después de haber visto un concierto o un dorama tuyo, te imaginaba cantándome ‘Hikari no Machi’ mientras te tocaba. Y lo que pasaba después ha sido más o menos como en mi fantasía.
– ¿He cumplido una de tus fantasías sexuales? Pues ya somos dos – le dije – siempre quise hacer el amor con una española.
– ¿En serio? – Me dijo riéndose – ¿Por qué?
– Tenéis fama de calientes, los españoles en general. Y joder, es verdad – dije riéndome yo también – ninguna mujer me había dicho tantas cosas sucias mientras me follaba. Y eso sin contar lo que susurras en español, que a saber…
– Tu también me susurras en japonés pero me da igual no entenderte porque me pones muchísimo – cada vez que la veía ponerse el pelo tras las orejas me entraban unas ganas irrefrenables de besarla. Y no me corté, le dí un beso enorme, tumbándola hacia atrás aún en mis piernas.
– Vamos a intentar una cosa – le dije agarrándola del trasero – sujétate bien a mi – Me pasó los brazos alrededor del cuello y las piernas por la cintura, pegándose a mí cuerpo. Apoyándome en el sofá me levanté, sin sacársela.
– Lo vas a manchar todo – dijo pegando sus caderas a las mías, riéndose.
– Intenta no reírte – dije dando una carrerita cuidadosa hasta el baño, con éxito. Una vez dentro la dejé en el suelo y le resbaló mi esperma por las piernas – te prometo que a la próxima me pongo un condón pero es que…– se rió quitándose la camiseta y abriendo la ducha. Le pasé las manos por la cintura pegándome a ella y besándole el cuello mientras se limpiaba de espaldas a mi – tienes muy poca ropa aquí, si quieres mañana vamos a comprarte algo – se giró y me miró con una sonrisa.
– ¿De verdad quieres que me quede contigo? – asentí. Aunque tuviese que estar todo el día hablando en inglés. Ya aprenderíamos el idioma el uno del otro, eso era lo de menos – ¿Y si no sale bien?
– Va a salir bien, lo se – me abrazó bajo el chorro de la ducha y fue un abrazo larguísimo.
Ella terminó de ducharse primero y se fue a vestirse. Me duché rápidamente, y me puse la toalla en la cintura, yendo hacia la habitación. Me la encontré solo con unos pantalones cortos de tela puestos, mirando dentro de mi armario.
-¿Estos son los pijamas? – me dijo señalando unas camisetas
– Si, ¿No tienes en tu maleta?
– Si, claro que tengo, pero quiero ponerme una camiseta tuya, ¿Puedo?
– Tú sabías que eso me gusta ¿no? – le dije riéndome
– No – me miraba sorprendida pasándose una camiseta amarilla de mangas cortas por la cabeza. Se sacó la melena de dentro y se miró a si misma.
– Cuando las mujeres estáis más guapas es con algo de andar por casa puesto, y recién levantadas – me acerqué a ella y le puse las manos en el trasero, acariciando el borde de sus pantalones por debajo de mi camiseta, que le llegaba a las rodillas.
– Te estaría besando todo el día – me dijo mirándome los labios, pasando sus manos por mi pecho desnudo.
– ¿Qué te lo impide? – me incliné sobre ella y rocé sus labios con los míos, pellizcándolos, sintiendo la punta de su lengua cuando se los humedeció. Ambos dimos un respingo cuando llamaron al timbre – ¿Puedes ir tu? Me pongo los pantalones y en seguida voy.
Asintió y salió del cuarto. Me vestí a toda prisa pero apareció antes en la puerta del dormitorio, seria y agarrándose del filo de la camiseta. Suspiró y miró hacia un lado.
– Es Aibu-san – la miré extrañado ¿Qué hacia aquí? – No me ha… no me ha dado tiempo a decir nada y ha entrado – me puse una camiseta y le besé el pelo antes de salir de la habitación. Me la encontré de pie en el salón, con ese aspecto molesto que me era tan familiar. Cuando me vio levantó las cejas, sonriendo.
– Venía a traerte unas cuantas cosas que tenías en mi casa, y la llave de la tuya, que aún la tenía ¿Te pillo mal?
– Podrías haber llamado.
– ¿Quién es? Estabas con ella esta tarde. ¿Es una groupi? – dijo riéndose.
– No, es mi novia
____________________________________________________________________
Estaba claro que yo todavía no entendían muy bien japonés porque me había parecido escuchar, escondida tras la puerta como estaba, que le decía que yo era su novia. Escuché que de los labios de esa zorra salía una risita sarcástica, no sabía que tenía de divertido. Cuando le abrí la puerta me miró como te miran las “chicas perfectas del instituto”, esa misma mirada de “pobrecilla…”. Sabía que no debía estar escuchando, igualmente no me enteraba de mucho, solo de cosas sueltas, pero me parecía que Nagase estaba molesto. De repente alzaron un poco la voz y me sentí más culpable aún de estar escuchando.
– ¿Y le has contado ya que no puedes casarte? – me sorprendí al escuchar a su ex hablar en inglés, y también por el contenido de la frase.
No se escuchó nada durante unos segundos, hasta que le escuché a él soltar el aire por la nariz y que le decía algo muy bajito a ella. La escuché suspirar y que le pedía perdón, seguían susurrando. Me di la vuelta y me metí en el cuarto de Nagase, andando nerviosa y deseando que Aibu se fuese de allí. Me senté en su cama esperando y de repente empezó a vibrar su teléfono. Le estaban llamando así que me acerqué al salón, con rapidez. No escuchaba nada, durante un rato no escuché nada y me inquieté. Quería mirar, pero me daba miedo ver algo que no quisiera, pero apreté el móvil y empujé la puerta. No se exactamente que sentí cuando me los encontré abrazados, ella con los brazos alrededor de su cintura y el con las manos en sus hombros, mirando hacia el lado contrario a donde yo estaba. Aibu tenía los ojos cerrados y suspiró, los abrió mirando al suelo, dijo algo en un susurro y el le contestó, y no es que quisiera verlo, es que no podía moverme. Ella miró hacia arriba, le puso una mano en la mejilla y le besó la comisura de los labios. Mi primer impulso fue tirarme encima de ella pero cuando vi que Nagase sonreía… Ya no vibraba el móvil, me di la vuelta y cerré la puerta con cuidado. Dejé su teléfono donde estaba, su camiseta en su sitio y me puse una mía. Guardé mis cosas, aguantándome las ganas de llorar. No es que fuera a necesitar una explicación y de haberla no sabía si quería escucharla. Me puse una chaqueta y me fui hacia la salida de la casa. Al pasar por el salón la escuché reírse, que Nagase decía algo y claramente se le notaba en la voz que se estaba riendo. Me senté en la entrada a ponerme los zapatos y justo cuando iba a abrir la puerta escuche un susurro a mi espalda. Miré hacia atrás y la vi, con su bolso y su cuerpazo, perfecta. Me miraba con cara de sorpresa, yo con mis patéticas lágrimas de despecho manchándome la cara.
– ¿Dónde vas? – me dijo en inglés señalando la maleta, con cara de preocupación. “Falsa de mierda…” pensé.
– Dile a To… a Nagase-san que no me siga. No es necesario, siento haberme metido donde no me llaman.
Me incliné despidiéndome de ella y cerré la puerta con fuerza. No quise esperar el ascensor así que corrí escaleras abajo, cargando con la maleta en mi hombro. Había sido una imbécil al pensar que a el se le pudiera ocurrir quedarse conmigo, el era quien era y me había hecho ilusiones solo por follar unas cuantas veces. Me sorprendía como podía haber sido tan estúpida, tan inocente. Llamé a Seth que me contestó alarmado al escucharme llorar y quedé con ellos en que nos veríamos al día siguiente en el aeropuerto. Nada más salir de la casa cogí un taxi y no miré atrás. No quería saber nada, no quería meterme en su vida y ser un estorbo, y por lo que había visto, claramente lo era. Si tenía que escuchar sus explicaciones, no iba a poder soportarlo.
             Por suerte, todas las lágrimas que tenía dentro las eché antes de reunirme con mis amigos. No dormí apenas, solo daba vueltas en las sillas incómodas mientras la gente pasaba por mi lado. Al llegar todos me hicieron algunas preguntas evidentes pero al ver que yo no quería contestar me dejaron tranquila. Cuando fui a embarcar guardé la esperanza de escucharle llamarme en el último momento, que me buscase y me retuviese con el. Pero no pasó, tenía que dejar de engañarme de una vez. Lo único que me quedaba era la experiencia y el recuerdo de haberme sentido amada por una vez por la persona a la que más quería en este mundo. Aunque no sabía si tenerlo y perderlo era mejor que no haberlo tenido nunca.
__________________________________________________________________
No entendía como había sido tan imbécil y no le había pedido ni su teléfono ni su correo ni nada en absoluto. Por lo que me contaron los chicos solo sabía de qué ciudad era exactamente y me estaba planteando coger el primer vuelo que me dejase en su país e ir a buscarla. Antes de nada la busqué por todos los aeropuertos, corriendo sin parar, pero no la encontré, había demasiados y eran muy grandes. Me maldije miles de veces por no habérmela llevado al salón conmigo cuando vino Aibu, lo malinterpretó todo, y lo peor es que no me dejó tiempo a explicarme. Pero la entendía, no se como habría reaccionado en su lugar pero desde luego no habría sido nada bueno. Me senté en el bordillo de la acera, con las manos en la frente e intentando pensar una manera de encontrarla cuando sentí una mano en mi hombro. Al mirar hacia arriba vi a Taichi y a Matsuoka. No la habían encontrado tampoco… suspiré, mirando con tristeza a la gente que iba y venía.
– Lo siento – dijo Mabo
– Era ella – les dije encendiéndome un cigarro – simplemente, era ella la definitiva, y la he dejado escapar.
– Yo creo – dijo Taichi sentándose a mi lado – que si de verdad quieres estar con ella vas a hacer todo lo que esté en tu mano.
– Pero no se donde vive… no se nada – dije desesperado.
– Sabes que vive en una ciudad que por lo que hemos visto en Internet es realmente pequeña, sabes que estaba en la universidad, todos estaban en la misma clase. Puedes empezar buscando por ahí – me dijo Mabo
– ¿Y que hago con el trabajo?
– Ya nos buscaremos una excusa con Johnny san, le decimos que son temas familiares. Nadie tiene porque enterarse – me contestó Mabo
No me lo tuve que pensar mucho, a pesar de no conocerla prácticamente sentía que ella era la única que iba a quedarse a mi lado si se lo pedía. Y de verdad quería estar a su lado, su presencia me hacía feliz. Me fui a mi casa e intenté dormir un poco porque el viaje que me esperaba era largo pero no lo conseguí, me sorprendió la luz del sol y seguía dando vueltas en la cama. Me levanté y metí lo esencial en una mochila. Volví al aeropuerto y cogí un avión que me dejaba lo más cerca posible a donde ella vivía. Fui en un continuo duerme y despierta, sin descansar realmente en un viaje que se me hizo eterno. Al llegar estaba amaneciendo, era demasiado temprano. Tuve que coger un tren hasta su ciudad, y al llegar estaba realmente perdido. Tardé un buen rato en encontrar a alguien que me entendiese en inglés hasta que me indicaron como llegar hasta las distintas facultades que había en la ciudad. Era pequeña, no tardé mucho en llegar, y de haberme parado a mirarla era una ciudad bonita. Estaba empezando a sentirme cansado de buscar sin saber realmente lo que estaba mirando cuando de entre la multitud vi a una de sus amigas. La llamé desde lejos, no podía perderla de vista. Al verme abrió muchísimo los ojos y se quedó donde estaba.
– ¿Dónde está Tifa? ¿Dónde puedo encontrarla?
– Aquí no, su facultad está ahí detrás – el alivio que supuso para mi mente en tensión escucharla hablar en japonés fue indescriptible – ven, te llevo. ¿Qué haces aquí?
– Tengo que hablar con ella
– No se si va a estar, supongo que sí porque tenía que hacer unos exámenes por estas fechas y estará en la biblioteca estudiando.
– Muchas gracias Nan.
Me llevó hasta la puerta de su facultad y me dijo donde estaba la biblioteca, me deseó suerte y me despidió con una sonrisa. Entré intentando no hacer ruido, mirando todas las mesas y a la gente que me miraba extrañada, pero no veía ninguna cara conocida. Salí de allí y empecé a dar vueltas. Miré en los patios pero no ví nada y al meterme en una cafetería me encontré de frente con el chico. Entrecerró los ojos mirándome y a su lado estaba la otra chica, que dio un saltito cuando me vio.
– ¿Dónde está Tifa? – dije casi sin aliento.
– Se acaba de ir – me dijo el – espera que la llamo… – cogió el teléfono y empezó a marcar
– No le digas que estoy aquí – le dije – a lo mejor no quiere verme.
– Mira, si has venido hasta aquí por ella que menos que te escuche. – le vi hablar por teléfono y cuando colgó me llevó hasta la salida del edificio. Cada vez estaba más nervioso – solo tienes que seguir hacia adelante y te la encontrarás de frente.
– Gracias, muchas gracias – me dio un empujón sonriéndome y salí casi corriendo en la dirección que me decía. Llegué hasta una rotonda y allí estaba, sentada en una parada de autobús con una mochila entre las piernas, con los cascos puestos y muy seria.
_________________________________________________________________
No sabía que quería ahora Seth, lo único que yo quería era irme a mi casa y meterme en la cama. Estaba cansada, no quería estudiar más, no tenía ganas de nada. Y tener TOKIO puesto en los cascos no ayudaba en absoluto. Me los quité y los guardé en el bolsillo de los vaqueros. Me puse de pie, poniéndome la mochila en el hombro cuando alguien se abalanzó sobre mí, asustándome y dándome un abrazo enorme. No era Seth, eso estaba claro. Entonces su olor me inundó, esa mezcla de colonia, tabaco y algo más que me puso los vellos de punta, no podía ser el. Se separó de mí y me miró con sus ojos oscuros, tristes. El corazón me empezó a latir a toda velocidad y tuve que tragar saliva para no ponerme a llorar.
– ¿Qué haces aquí? – dije en un susurro
– Déjame explicarme – no es que pudiese hablar de todas maneras, el impacto de verle frente a mi fue demasiado grande. Me agarró de las manos mientras me hablaba. Sus manos de nuevo – se estaba despidiendo de mí, como una amiga y nada más. Y como me dijo un par de cosas enfadada que me hicieron daño, se estaba disculpando. Pero me dijo que te cuidase y me deseó que fuéramos felices.
– A mi no me pareció eso – dije dejando de mirarle a los ojos – para nada.
– Debería de haberte llevado conmigo al salón – estaba intentando no dejarme llevar por lo que realmente sentía, me dolió mucho lo que vi en ese momento. Pero no podía soportar su manera de mirarme, rogándome – lo siento mucho, lo siento muchísimo de verdad. Tifa chan, perdóname.
– ¿Has venido hasta aquí solo para decirme eso? – Asintió. Tenía unas ojeras enormes y estaba más blanco de lo normal – Tienes mal aspecto…
– Solo estoy cansado – dijo pasándome un dedo por la mejilla, curvando sus labios en lo que parecía una sonrisa
– ¿Has venido aquí desde el aeropuerto? ¿Directamente? – Volvió a asentir cuando vi que llegaba el autobús – vamos a mi casa, duerme un rato y ya hablamos después.
Se pasó una mano por los ojos mientras subía detrás de mí en el transporte, pagué su billete y nos sentamos al fondo del todo. Le dejé sentarse junto a la ventanilla, para que se apoyase en ella y le dí agua de una botellita que llevaba. Realmente tenía mal aspecto, parecía que iba a desmayarse de un momento a otro. Cerró los ojos y se apoyó contra la ventana, agarrándome con fuerza de la mano. Estar con el de nuevo… justo cuando había aceptado que todo se había acabado. Que hubiese viajado a tientas para encontrarme… Fui una estúpida, fui tonta al irme de esa manera. Me llevé todo el camino mirándole, acariciando su mano. Lo tuve que despertar al llegar a la parada y fue andando, yo creo que por inercia, hasta mi casa. En el ascensor volvió a abrazarme, susurrándome que me quedase con el. Lo metí en mi casa y se quitó los zapatos en la entrada, haciéndome sonreír. Le llevé hasta mi cuarto y le hice tumbarse en mi cama.
– ¿Quieres algo? – le dije de cuclillas junto a el que se giró para mirarme.
– A ti… no te vayas… – me acarició la cara y no lo pude evitar, me incliné sobre el y le besé en los labios, sus gruesos e irresistibles labios – quiero estar contigo. No te vayas Tifa-chan, quédate conmigo.
Me metí en la cama junto a el, dejando que me cogiese entre sus brazos, sintiendo su calor, besándole dulcemente de nuevo. Claro que me iba a quedar con el, sin duda alguna. Incluso me asustaba lo rápido que me latía el corazón cada vez que me miraba a los ojos. Puso su cara bajo mi cuello y me abrazó con fuerza, suspirándo. Se quedó dormido en mis brazos y sin darme cuenta yo también. Cuando me desperté estábamos en la misma posición. Me levanté de la cama sin hacer ruido y fui a la cocina, donde me encontré a mi madre. Le expliqué la situación, y aunque al principio no le gustó, por aquello de no conocerle, terminó por aceptarlo. Mientras almorzaba me llamó Seth, tan oportuno como siempre.
– ¿Qué ha pasado? – fue lo primero que me dijo
– Me ha explicado lo que pasó, por lo visto lo malinterpreté todo.
– ¿Lo ves imbécil? Te lo dije, que eres tu muy rápida. ¿Y que tal?
– Está durmiendo en mi cama, estaba muerto del viaje. Vino directamente desde el aeropuerto.
– Pobrecito… más te vale cuidarle bien, es muy grande lo que ha hecho solo por ti, Tiff.
Cuando acabé de almorzar me fui a la habitación y me senté a los pies de la cama, con el ordenador en las piernas a esperar a que se despertarse. De vez en cuando le miraba, no me creía la situación, era totalmente surrealista. Y no sabía si creerme sus palabras… aunque teniendo en cuenta el viaje que había hecho, probablemente sin dormir, era para plantearme que estuviera siendo totalmente sincero.

5

Me despertó algo húmedo y frío rozándose con mi nariz, seguido de una sensación rasposa y un olor extraño. Abrí los ojos y vi un gato negro de ojos verdes mirándome fijamente. Cuando levanté la mano solo me dio tiempo a acariciarle brevemente antes de que el animal se diese la vuelta y se bajase. Estaba oscuro, pero entraba algo de luz por la ventana. No sabía cuanto llevaba durmiendo pero me sentía embotado, con la boca seca. Cuando miré a mí alrededor supuse que estaba en su cuarto, pues había un ordenador en el que yo era el fondo de pantalla. Me senté en la cama, sacando los pies por fuera y poniéndome unas zapatillas que me había dejado. Me bebí media botella de agua que había en la mesa de golpe, sabía extraña. Cogí mi teléfono para ver la hora pero estaba apagado, sin batería. Abrí la puerta con cuidado y me asomé a un pasillo. Justo frente a mí vi un servicio y entré con urgencia, me iba a reventar la vejiga. Al salir, vi que al final del pasillo se reflejaba la luz de un televisor y caminé intentando no hacer ruido, parecía que era tarde y estaba todo en silencio. Llegué a lo que supuse era el salón, y miré por encima de un sofá blanco para encontrarme a Tifa dormida con el mando de la televisión en la mano, tapada con una manta. Me arrodillé a su lado y le besé la mejilla, estaba preciosa. Abrió los ojos sobresaltada.
– ¿Ya estás despierto? ¿Qué hora es? –  estiró su mano y miró en su teléfono – son las 6 de la mañana… – puse mi cara en su cuello, oliendo su pelo.
– ¿He dormido un día entero? – le dije sorprendido, pasándole la mano por la cintura – que calentita estás…
– Eso parece… ¿Tienes hambre? – dijo acariciándome el pelo de la nuca. Cada vez que hacía eso me ponía la piel de gallina.
– ¿Por qué estás en el sofá? – la miré a los ojos, ella suspiró.
– No quería despertarte, estabas roncando – dijo con una sonrisita. Estaba insoportablemente guapa. Besé sus labios despacio, sonriendo al escuchar el ruidito que hizo, parecido a un gemido pero sin serlo. Me senté a su lado y la miré. Estaba sentada sobre una pierna y no tenía puestos pantalones de pijama. Dio un bostezo enorme pasándose las manos por los ojos, claramente estaba muerta de sueño.
– Ven aquí – abrí los brazos echándome hacia atrás en el sofá y ella se tumbó en mi pecho de inmediato, pasándome la pierna por encima de las mías.
Apoyó su mano en mi pecho junto a su cara, y cogí la manta para taparla. Le puse una mano en la espalda y le acaricié la mejilla con la otra, hasta que se quedó dormida. El gato se puso justo detrás de ella, se tumbó y también se durmió. Me estaba muriendo de hambre pero prefería mil veces estar así. Cuando se metió en la cama conmigo fue cuando conseguí relajarme, tantas horas en tensión y pensando en lo mismo me habían dejado agotado. Casi una hora después, escuché que se abría una puerta y me sentí incomodo de inmediato. El gato y yo miramos al pasillo y una señora se asomó, saludándome con una cálida sonrisa. Cuando la vio dormida en mis brazos me preguntó algo en español, y evidentemente no la entendí. Entonces, Tifa se quejó y se despertó. Empezó a hablar con ella y se quedó sentada en el sofá, restregándose los ojos.
– ¿Por qué no sigues durmiendo? – le dije pasándole la mano por la cintura.
– Es igual, va a despertarme más veces, es muy escandalosa. Y además tienes que tener hambre, deja que te haga algo.
– No hace falta, ya me compro algo en la calle – en realidad estaba deseando probar algo cocinado por ella pero no quería hacerle trabajar con el sueño que tenía.
– No importa, ayer hice comida de sobra y solo tengo que calentártela. Supongo que querrás comer en cantidad ¿no? – dijo levantándose y sonriendo. El gato se le acercó hasta su mano. Ella lo cogió en brazos y empezó a decirle cosas en español mientras el animal cerraba los ojos maullando – no te preocupes, ahora me lavo las manos, aunque mi niña está limpia.
– Después me tienes que acompañar a buscar un hotel – le dije
– ¿Para que te vas a gastar dinero?
– No voy a quedarme aquí, no quiero molestar a tu familia. Además, tu cama es muy pequeña y tú no vas a dormir en el sofá.
Admiraba sus piernas y su trasero desde donde estaba mientras que me calentaba la comida en la cocina. No era lo único que se estaba calentando, y es que la camiseta que tenía puesta le llegaba hasta la mitad de las nalgas de una manera muy tentadora. Me puso tenedor, cuchillo y unos palillos muy usados por delante.
– No se que vas a querer usar, no se como vas a comerte esto si no es con un cuchillo – me dijo al ponerme el plato delante. Se me hizo la boca agua al instante al ver una chuleta enorme, con verduras y en una salsa que tenía una pinta irresistible – y lo siento pero solo tengo agua.
_____________________________________________________________
Le miraba con atención cuando se llevó el primer trozo de carne a la boca. Cerró los ojos con fuerza y sonrió. Me miró con una felicidad que contagiaba.
– ¿Esto lo has hecho tu? – Asentí con una sonrisita – umai[1]… – dijo mirando el plato de nuevo. No se lo comió, lo engulló y después se bebió dos vasos de agua seguidos.
– ¿Sigues con hambre? Hay otra… – sonrió vergonzosamente y me levanté a darle la otra chuleta. Las había calentado las dos por si acaso porque me lo veía venir. Cuando se comió la segunda le di la idea de que mojase pan en la salsa, y le encantó. Al terminar se echó hacia atrás suspirándo con las manos en la barriga, mirando por la ventana.
– ¿Eso es la playa? – dijo señalándola
– Si, prácticamente toda la costa de mi ciudad tiene playa, la otra es la bahía. Es como una isla realmente pequeña.
– Quiero ir contigo – dijo con una sonrisa – pero me tienes que llevar a comprarme un bañador porque no me he traído.
– Que de energía tienes – dije dejándome caer en la mesa
– En la playa puedes dormir si quieres. No me digas que no, para una vez que puedo ir por la calle sin que me reconozcan ni me hagan fotos…
– No te voy a decir que no a nada, baka – dije levantándome, iba a coger el plato pero se levantó antes que yo y lo llevó a la cocina – el problema es que es demasiado temprano y ahora mismo no hay nada abierto.
– ¿Y el banco? – dijo después de echarles agua al plato.
– Hasta dentro de una hora está cerrado – mi madre pasó por mi lado y me dio un beso despidiéndose de mi porque se iba al trabajo. Saludó con la cabeza a Nagase, que se inclinó bastante ante ella y le cerré la puerta. No lo pude evitar y se me escapó un bostezo.
– Tu ahora vas a acostarte y dentro de una hora te llamo – me dijo sonriéndome
– ¿Y qué vas a hacer tu mientras?
– Si me dejas un ordenador e Internet estoy bien.
– ¿Estás seguro? – asintió y me fui a mi habitación con el detrás – ¿te puedo pedir una cosa? – le dije al sentarme en la cama. Asintió – ¿Me abrazas hasta que me duerma?
– Lo iba a hacer de todas formas – me metí hacia adentro sonriendo, dejándole hueco para que se tumbase a mi lado. Me pasó el brazo por la espalda y me giré, apoyando mí cabeza en su pecho – ¿estás cómoda?
– Estoy en el cielo – dije suspirándo, apretándome a el con cariño. Me estaba quedando dormida cuando se me vino a la cabeza una cosa que me moría de ganas por saber – Nagase, ¿Por qué no puedes casarte? – chasqueó la lengua y suspiró.
– En los grupos de la Jimusho normalmente solo se puede casar un miembro, y como Gussan está casado…
– Eso no tiene sentido, es injusto
– No, pero es así – me apretó un poco – ¿Es un problema?
– ¿Problema? Mientras me dejes quedarme a tu lado me da igual todo.
– No quiero presionarte – dijo mientras le pasaba una pierna por encima – pero necesito saber si vas a querer volverte a Japón conmigo – me incorporé un poco en la cama y le miré a los ojos, mi mano aún en su pecho.
– Tengo que hacer algunos exámenes antes pero… Nagase, si voy a irme contigo no me puedo ir con dudas. ¿De verdad no hay nada entre Aibu-san y tú?
– Absolutamente nada, le puedes preguntar a ella cuando lleguemos
– No, no es buena idea. Además prefiero creerte a ti. – dije mirando a un lado. Sentí la mano de Nagase subir por mi pierna despacio, acariciándome. Le miré a los ojos de nuevo y le encontré mirándome la boca. Le besé una sola vez, con cariño, suspirándo al mismo tiempo. Su mano subió hasta mi trasero, apretándome de tal manera que no pude evitar rozarme con su pierna – ¿No podemos estar juntos sin que me pongas caliente?
______________________________________________________________
– Lo siento – dije riéndome y subiendo la mano por debajo de la camiseta, acariciándole la espalda – pero llevaba con ganas de hacer eso desde hace un rato.
– Siempre he estado segura en cierta manera de que era capaz de provocarte hasta tal punto que no te pudieses aguantar las ganas de follarme – di una carcajada, estaba en lo cierto – pero nunca pensé que quisieras quedarte conmigo.
– ¿Cómo no voy a querer? Esa manera de pensar, de saber que puedes provocarme hasta que me vuelva loco, es una de las cosas que me encantan de ti. Y esa sonrisa es otra – dije haciendo que sonriese más aún – no se que hombre se podría resistir… ni a tantas curvas… ni a esos ojazos – se rió dejando caer la cabeza en mi hombro.
– No me mires así mientras me dices esas cosas… me pongo histérica – se reía como una adolescente. Me encantaba ponerle así de nerviosa.
– ¿Vas a ser así siempre o te vas a terminar acostumbrando a mi?
– No se, supongo que en algún momento dejare de quedarme en blanco al mirarte a los ojos.
– ¿Qué te pasa con mis ojos? Siempre me dices lo mismo – se volvió a incorporar y me miró, suspirándo.
– Siempre me han gustado mucho los hombres con miradas profundas, que te provoquen algo con solo mirarte. Y la tuya es con diferencia la que más me ha impactado. Y tus manos…
– ¿Mis manos? – saqué la mano de debajo de su camiseta y me la miré, ella la agarró con la suya, observándola y tocándola, comparando el tamaño.
– Son tan masculinas, tan grandes… no sabes la de cosas que me imaginaba solo de verte las manos. Hay una foto en concreto… – se sentó en la cama y cogió el portátil, ya no tenía sueño y yo no paraba de sonreír. Abrió una carpeta de fotos que se llamaba “TOKIO” y dentro de esta había una con mi nombre. Cuando la abrió y vi la cantidad de fotos que había no me lo creía
– ¿Son todas mías? – se rió poniéndose la mano en la boca y asintiendo.
– Y también tengo videos. Conciertos, DASH, 5LDK, entrevistas, doramas… no se, muchas cosas.
– ¿Dash? ¿Qué tienes de dash?
Empezó a ponerme videos de los que ni me acordaba, y nos llevamos toda la mañana viéndolos y riéndonos a carcajadas. De vez en cuando, entre video y video nos parábamos a hablar y a besarnos un ratito, pero después se acordaba de otro video y volvíamos a lo mismo. Así se nos fue la mañana y le propuse comer en la calle. Se vistió, salimos de allí y me llevó a un restaurante de comida típica que me volvió loco. Nos llevamos toda la tarde charlando, paseando por la playa de la mano, aprendiendo cosas el uno del otro.
– La gente va a pensar que estoy loca cuando me vaya contigo – me dijo – siempre he sido muy de costumbres fijas y ahora de repente me voy a Japón.
– ¿De costumbres fijas?
– Si – la puesta de sol estaba siendo preciosa, una de las más bonitas que había visto en mi vida. Nos sentamos en la arena de la playa, casi no había nadie en la zona en la que estábamos. Ella metió los dedos de los pies en la arena, rodeándose las piernas con los brazos. La luz del crepúsculo se reflejaba en sus ojos y en su pelo, no podía apartar mis ojos de ella – me llevé unos cuantos años en los que siempre hacía lo mismo. Estaba en casa buscando cosas de TOKIO o viendo doramas.
– ¿Me buscabas a mi estando con tu novio?
– Si, tuvimos muchas discusiones por eso. Pensaba que de encontrarme contigo le engañaría seguro.
– No le faltaba razón ¿No? – dije riéndome, pero ella estaba seria, mirándose los pies.
– Pues no le habría engañado. Le quería mucho y tu solo eras mi amor platónico. El lo era todo para mí – suspiró – pero no quiero hablar de eso ahora.
Me miró y le pase el brazo por los hombros, acercándola a mí y dándole un beso suave que pretendía ser breve, pero se fue transformando en uno largo e intenso. Cuando me separé de ella ya se había puesto el sol y estaba casi tumbado sobre su cuerpo.
___________________________________________________________________
Nos fuimos de la playa, siempre de la mano. Le acompañe al hotel a que se registrase y casi me obligó a subir con el a la habitación. Se había quedado con una enorme y bastante cara.
– Para un día que voy a estar… – me dijo mirando por la ventana – esto es precioso
– Lo voy a echar de menos – le dije mirando la playa desde el balcón.
– Podemos venir cuando quieras – dijo pasándome la mano por la cintura
– Ah si, se me olvida que eres rico – dije suspirando
– ¿Por qué dijiste que preferías que no fuese famoso? – me dijo de repente, no me lo esperaba
– Porque no me gusta nada la fama. Pero que se le va a hacer, algo malo tenías que tener.
– De no ser por la fama no me habrías conocido – me dijo acertadamente. Me dio un beso en la mejilla y se dio la vuelta – Ve poniéndote cómoda, nos van a traer la cena a la habitación.
– ¿De verdad quieres que me quede contigo?
– ¿De verdad me lo estás preguntando? – dijo riéndose y curioseando en el baño
– Claro que te lo pregunto, mi casa está ahí al lado y a lo mejor prefieres dormir solo.
Me miró a los ojos y sentí como el corazón me pegaba un salto en el pecho. Me tumbó en la cama riéndose y se puso sobre mi cuerpo besándome de nuevo, despacio, tranquilo. Lamía mis labios, los mordía, invadía mi boca con su lengua de repente para volver a besarme con dulzura un momento después. Abrí mis piernas, para que se colocase entre ellas, y le apreté contra mi cuerpo. Solo quería tocarle y que me tocase, sobre todo lo segundo. Le metí la mano bajo su camiseta, acariciando su pecho mientras saboreaba su lengua, respirando excitada. Besé y mordí su mentón mientras le sentí meter las manos bajo mi camiseta, poniéndome los vellos de punta al acariciarme con las yemas de sus dedos. Le agarré del pelo cuando comenzó a acariciar mis pezones con su lengua, sintiendo como se me empapaba la ropa interior. Aunque yo me mostrase ansiosa y un tanto exigente, el seguía tratándome con dulzura. Se quitó la camiseta y me la quitó a mí, pasándome las manos por la espalda y abrazándome con fuerza mientras me besaba.
– Quiero saberlo todo de ti – me dijo mientras me acariciaba la cara – si me preguntan ahora no puedo decir gran cosa. Aunque puedo asegurar que eres cariñosa, apasionada, divertida y muy impulsiva. Y bueno, un poco insegura, cosa que no me gusta nada porque no tienes motivos para serlo
– Supongo que es la gente la que me ha hecho ser así de insegura y desconfiada. No se como te habrá ido a ti en la vida, pero yo estoy tan harta de llevarme desengaños que ya no confío en nadie. En la única persona que confiaba ya por último era en mi ex y me dejó.
– ¿Qué te hizo? – dijo poniéndose serio.
– Según el dijo que se le acabó el amor, que se acabó la chispa de la relación. Yo creo que me engañaba con otra.
____________________________________________________________________
– Creo que de eso sabemos bastante los dos – le dije sonriéndole. Asintió sin dejar de acariciarme el pelo – No se porque me gustas tantísimo…
– Es un gran misterio, si que es verdad – dijo ella riéndose.
– Es simplemente que lo tienes todo. Si, creo que es eso, no hay nada de ti que no me guste.
– Pero encontrarás algo, tarde o temprano.
– Probablemente, pero también me pienso enamorar de tus defectos, así que… – se mordió el labio, mirándome con esos ojos que me inspiraban tantas cosas. Tantos sentimientos a la vez.
– Tomoya, hazme el amor – me susurró. Me provocó un escalofrío al acariciarme la espalda, sus labios apretando los míos con dulzura.
Y con dulzura pensaba hacerlo esta vez. Recorrí su cuerpo despacio con mis manos mientras me besaba, desde sus mejillas a sus piernas, parándome a la mitad del camino para quitarle los pantalones. Ella se dejaba hacer, pero cuando puse mis manos en sus pechos las apretó con las suyas, besándome con deseo. Rocé su cuello con mis labios, despacio, provocándole un gemido y que se le pusieran los vellos de punta, y a la misma vez rocé su sexo con las yemas de los dedos. Sus bragas estaban ya mojadas, y cuanto más le rozaba más se humedecían. Mirándola a los ojos, metí la mano dentro de su ropa interior y ella subió las caderas, abriendo la boca para gemir. Sin embargo, se encontró con mi insaciable lengua. Estaba tumbado de lado junto a ella, besándola sin descanso mientras sentía sus manos recorrer mi pecho, mi cuello y los breves tirones de pelo que me daba cuando apretaba mis dedos un poco más entre la carne rosada de su entrepierna.
            Dejé de besar sus labios para bajar mi boca por su cuerpo, recreándome en todas y en ninguna parte, besando y mordiendo lo que me encontraba, sonriendo al escuchar su risa divertida. Al llegar a donde ella estaba esperando, noté como se tensaba al bajarle la ropa interior, y la ví cerrar los ojos mientras me agarraba del pelo, esperando sentirme. Cuando la rocé con mi lengua vi como arqueaba las cejas, jadeando con intensidad, susurrando algo en español. Estaba ardiendo, dulce y totalmente dispuesta para recibir lo que fuese. Pero antes quería escuchar sus gemidos, quería saborear su cuerpo un poco más. No me di prisa y mientras le daba placer me quité los pantalones y la ropa interior. Ella no pareció enterarse de nada con los ojos cerrados, dando gemiditos tímidos y agarrándome del pelo. De repente empezó a jadear más rápido, a gemir más fuerte y a apretarme más a ella. La tuve que agarrar de las caderas, lamiendo su clítoris despacio en círculos cuando la hice correrse por primera vez esa noche.
– Nagase, hazme lo que quieras – decía jadeando entre gemido y gemido – lo que quieras… pero no pares.
– Quiero que te quedes conmigo para siempre – le dije cuando regresé hasta sus labios, besándola – y que no me dejes nunca.
– Nunca – volvió a gemir al sentirme rozándome con ella. Apoyé el brazo en la almohada sobre su cabeza, acariciándole el pelo, observando sus gestos y lo preciosa que era. Me ayudé con la otra mano para entrar en su cuerpo, muy despacio – Tomoya… te quiero tanto… – dijo mientras me acariciaba la mejilla.
Le hice el amor muy despacio, sintiendo su calor y como me apretaba con su cuerpo. El roce de su piel me volvía loco, miraba como entraba y salía de ella de rodillas en la cama, agarrándola de las caderas. Se agarraba a las sábanas, al cabecero, se lamía los dedos, todo sin parar de gemir y de decirme lo muchísimo que le gustaba. Cada vez que me susurraba “iku” o “kimochi” con ese acento suyo provocaba que a mi también me gustase más y la penetraba un poco más bruscamente, hasta el fondo, solo un par de veces. Salí de su cuerpo, sin poder retener un gemido y la puse de lado. Me tumbé tras ella y agarré su pierna, levantándola y pasando mi erección por su húmeda vagina hasta que entré en su cuerpo. Ambos empezamos a gemir, le hacía el amor profundamente, sin apenas moverme pero sintiendo muchísimo el roce de su cuerpo con el mío. Cuando menos me lo esperaba, me empujó con su cuerpo hasta que me tumbó boca arriba, y aún de espaldas y sentada sobre mí empezó a moverse de una manera insoportablemente placentera. Me excitó muchísimo ver su melena negra cayendo por su espalda y su trasero pegado a mis caderas, moviendose suavemente de adelante hacia atrás. Pasé mis manos por sus pechos y por su cintura hasta dejarlas en sus caderas. Era como si una guitarra se hubiese hecho mujer, era perfecta.
___________________________________________________________________

Sentí sus manos agarrarme con fuerza de las caderas mientras intentaba moverme lo mejor que sabía. La sentía tan profundamente que incluso me dolía, pero no iba a parar, no pensaba hacerlo. Nagase se sentó y me abrazó desde atrás, echándome el pelo hacia un lado para besarme el cuello, acariciando mis muslos y mis pechos, gimiendo en mi oído. Cuando me paré, cansada, me empujó con suavidad hacia delante, poniéndose de rodillas y penetrándome desde atrás. Agarré la manta y ahogué contra ella los tremendos gemidos que me estaba provocando. El placer que me estaba dando era inigualable, quería gritar y reírme a la vez, y cuando me creía que ya no podía ser más intenso, la intensidad aumentaba y tenía un orgasmo incluso más fuerte que el anterior. Me acariciaba la espalda, me besaba el cuello y los hombros sin parar de susurrarme en el oído. Le sentía entrar y salir de mi cuerpo bruscamente, provocándome escalofríos, poniéndome la piel de gallina.
            No entendía nada de lo que me estaba diciendo, pero si sentí como se le tensaban los músculos, y me di cuenta que de repente no decía nada, aguantaba la respiración sin parar de moverse dentro de mí. Le sentí eyacular en mi interior, pegándose a mi cuerpo, abrazándome con fuerza a pesar de que era imposible estar más juntos. Gimió conmigo, con los dientes apretados, expulsando el aire que estuvo reteniendo todo ese rato, clavando sus dedos en mi cuerpo y respirando en mi cuello. Se dejó caer hacia el lado, abrazándome.
– Ven, date la vuelta – me dijo – ahora nos duchamos pero ven aquí… – me giré en la cama, sintiendo como me manchaba los muslos pero ignorándolo. Me rodeó con sus brazos y me besó una y otra vez. Le miré a los ojos, pasando mis dedos por su lunar y por su barba.
– No se si es que me estoy haciendo ilusiones pero estos besos que me das… hacía mucho tiempo que no me besaban con tantas ganas.
– Tifa chan, tengo miedo – me quedé mirándole extrañada – esto va realmente rápido.
– ¿Y ahora te das cuenta de que vamos rápido? – dije riéndome
– Me refiero a lo que estoy sintiendo, si esto sigue así… cada segundo que no esté contigo me va a doler. Físicamente.
– Nagase… – me pasó la mano por el pelo y sonrió
– Koishiteru Tifa chan – dijo en un susurro, como si la palabra misma le asustase. Sentí como se me aceleraba el corazón, me excitó mucho más que cualquier cosa que me hubiese hecho hasta el momento. Quise gritar, quise reírme y quise llorar al mismo tiempo – no te vayas nunca.
– No me dejes irme – le abrace y volví a besarle una y otra y otra vez.
_____________________________________________________________________

7 meses después

Dejé las llaves en el recibidor y me quité los zapatos suspirando con cansancio. Era tan tarde, o tan temprano, que no escuchaba ni un ruido e intenté ser todo lo silencioso que pude. Me fui quitando la chaqueta conforme avanzaba por el pasillo, me desvié un momento al servicio y empujé con cuidado la puerta de la habitación. Me la encontré con la luz de la mesa de noche encendida, debajo de un montón de mantas. Cuando las levanté para mirarla, estaba dormida con la boca abierta y la cara pegada al libro que se estaba leyendo. Intenté no hacer ruido pero no pude evitar reírme. Hizo un ruidito y abrió los ojos, esos ojos castaños que tanto me gustaban.
– Tadaima[2]– le dije acariciándole el pelo – y feliz año – chasqueó la lengua y me echó los brazos al cuello, abrazándome.
– Me he quedado dormida, sin querer pero quería recibirte. Feliz año Tomoya kun – se separó de mi y me miró – ¿Qué haces con la ropa de la calle todavía? Métete en la cama de una vez, tienes cara de sueño.
– Tengo un sueño que me muero – dije quitándome los pantalones vaqueros – y menos mal que se me ha pasado la que llevaba encima.
– ¿Qué tal los demás? – siempre me preguntaba por ellos.
– Bien, Leader y Taichi seguían borrachos cuando me he ido, yo he esperado a que se me pasase un poco – dejé la ropa caer al suelo, no tenía ganas de ponerme a guardar nada – No me quería ir a la cama así que luego me levanto hecho un asco. ¡Por favor que calentita estás! – dije pegándome a ella, abrazándola desde atrás.
– ¡Y tu que frías tienes las manos! – me dijo mientras las agarraba para calentarlas con las suyas. Giró la cara y me beso con cariño. Yo le di unos cuantos besos de regalo en su suave y cálida mejilla mientras ella sonreía. – He visto el countdown[3]¿Por qué habéis tocado Kibou dos veces? – Me reí ya con los ojos cerrados, era increíblemente agradable estar así con ella – os lo juro no lo entiendo. Pero por lo demás me ha encantado. Menos la primera actuación.
– Que tonta eres – la primera en cantar fue Ayumi.
– Cambié de canal, me dio rabia que estuviese en el mismo sitio que tu. Y yo en casa sola, es injusto. El año que viene quiero estar en primera fila para verlo todo.
– Siento mucho que hayas pasado sola el fin de año, pero no puedo hacer nada. Es el trabajo. Te prometo que te consigo meter allí el año que viene.
– Ya lo se baka, no hace falta que te disculpes. Mientras vengas a casa después…
Suspiró y me beso los dedos, poniendo después mi mano junto a su cara. Le encantaba quedarse dormida así y yo estaba tan tranquilo a su lado que no me importaba. No estoy seguro, pero creo que me quedé dormido sonriendo. Y no sería algo raro teniendo en cuenta que desde que ella estaba en mi vida no paraba de sonreír.

[1] Buenísimo
[2] Ya estoy en casa
[3] Programa de año nuevo de los Johnnys
Anuncios

2 comentarios en “Lucky Beats (N)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s