Lucky Beats (M)

Uhuhuhhhh! Bueno, otro más de TOKIO, ¡Pero! No de Nagase. Esta vez el protagonista es este señor tan tan TAN sexy, Matsuoka Masahiro:

Aunque en la historia la mayor parte del tiempo es “Mabo” que es su apodo. Pues bien, está escrita de dos colores porque está escrita desde el punto de vista de los dos: Mabo Mia ♥ Los capítulos son larguitos y son 4. ¡Espero que os guste!
 
PD: Me he portado mal y he hecho una versión de este fanfic con Nagase, curios@s, mirad aquí
_________________________________________________________________________
1
 
Estaba cansado, no habíamos hecho gran cosa hoy pero estaba saturado de trabajo. Entré en la habitación del hotel y cerré la puerta. Justo entonces escuché la risita, su risita. Me di la vuelta suspirándo, poniéndome bien las gafas para verlo salir con los pantalones y los calzoncillos por los tobillos de detrás de la cortina. Otra vez me había hecho lo mismo.
– ¡Matsu-nii nos vamos de fiesta!
– Nagase… tápate hazme el favor – dije riéndome. Dio una carcajada y se puso bien la ropa.
– En serio, los chicos están en recepción. Para un día que podemos estar todos juntos ni se te ocurra quedarte solo en la habitación.
– Te juro Nagase que no sé como lo haces – le dije sorprendido.
– ¿El qué? – dijo poniéndose bien los calzoncillos, metiendo la mano por dentro de los pantalones.
– Nada, da igual. Deja que me duche y ahora mismo bajo con vosotros.
Asintió y se fue de la habitación. Era increíble, le acababa de dejar su última novia y siempre tenía esa actitud alegre. En cierta manera le envidiaba… Lo que no envidiaba era que su vida amorosa fuese pública, de la mía al menos no se sabía nada. Me metí en la ducha, quitándome la ropa sin mirarme al espejo y me quedé pensando bajo el chorro de agua caliente. No entendía como podía haber terminado tan mal con Naoko, no lo entendía. Estábamos bien y de repente, por una tontería se fastidio todo… suspiré. Suponía que antes de intentar mudarte con alguien tenías que conocerlo a fondo.
_____________________________________________________________________
Acababa de empezar la noche, entramos en el karaoke con ganas de disfrutar como nunca. Nos sentamos junto a la barra y entre gritos, para hacernos entender sobre los cánticos de un señor borracho, pedimos nuestras consumiciones a una camarera un poco confundida. Nuestro japonés daba pena pero su inglés era horrible. No sé como siempre nos terminábamos entendiendo con la gente, probablemente le teníamos que dar las gracias a Nan.
– Vale, tenemos que monopolizar los micrófonos desde ya ¿eh? – les dije.
– No es que haya mucha gente – me dijo Nan – pero podrían molestarse ¿No?
– ¡Pues si se molestan que se molesten! – dijo Lu, como siempre ignorando lo que los demás pudiesen pensar – dame el libro que soy la primera en cantar.
– No bonita no, te relajas y te callas. El primero soy yo – Seth, el único chico del grupo, le quitó el libro de las canciones.
– No hay ningún hombre atractivo, que rollazo. Son todos señores, empresarios viejos y borrachos – dijo Nan apoyada en la barra, suspirándo con fastidio
– Bueno, mira, la noche es larga. Quién sabe si entra el clon de Massu[1]por la puerta – le dije a la chica, a la que se le escapó una sonrisita de inmediato – es la primera vez que voy a un karaoke así público. A los que he ido eran en habitaciones cerradas.
– Pues ahora podemos mostrar nuestras habilidades vocales – dijo Lu
– Sí, sobre todo las tuyas – le contesté riéndome.
– Ninguno os sabéis la canción, pero me da igual cantar solo – Seth ya estaba poniendo la siguiente canción porque nadie cantaba. Para variar, había puesto una de Tokyo Jihen, su grupo japonés preferido. Nos limitamos a observarle mientras cantaba y a animarle, porque la verdad es que no teníamos ni idea. Las chicas que había en el karaoke no le quitaban los ojos de encima, las traía locas. Me daban lástima, no tenían ni una oportunidad con él, Seth era gay. Cuando acabó se sentó con una sonrisita orgullosa.
– Perfecto, deslumbrante. A aquellas de allí se les han caído las bragas – le dije señalándole al grupo de chicas que le observaban. Cuando las miró se volvieron con risitas de quinceañeras.
– Ogggghhhh – dijo poniendo los ojos en blanco – siempre igual. ¿Y dónde están los machos samuráis? No he visto casi ninguno desde que hemos llegado.
– Eso digo yo – dijo Nan dándole la razón – Mia, la próxima la cantamos juntas – me dijo – vete preparando.
Cogí un micro y sonreí al escuchar los primeros acordes de “Chankapana” de NEWS. Tenía la impresión de que iba a poner esa. Lu empezó a bailar como buena payasa que era mientras que Seth se reía. Nos dividimos a los cantantes en dos mitades y empezamos con la actuación. La primera de las muchas que iban a ocurrir en nuestro grupo esa noche.
__________________________________________________________________
Desde la calle me llegaba el sonido de la música, la gente hoy estaba realmente animada y lo agradecía porque era lo que necesitaba. Una de las pocas relaciones en la que tenía puestas esperanzas de futuro había acabado de manera oficial hacía unos días. Daba la impresión, o me la daba a mi, que todas terminaban huyendo aunque al principio fuera tan “maravilloso”. Estaba deseando encontrar a una que de verdad lo diese todo y que no tuviese miedo de quedarse conmigo, que no tuviese problemas personales extraños que poner como excusa. Nagase me sacó de mis pensamientos empujándome para entrar y sacándome la sonrisita de costumbre. Vi al fondo del bar a dos chicas con el micrófono, concentradas en cantar la canción que creía recordar era de NEWS. Miré el video del karaoke y efectivamente, Tegoshi estaba bailando. Ese niño había cambiado una barbaridad. Nos sentamos, mirando como cantaban las chicas y como las animaban dos personas detrás de ellas que supuse venían en el mismo grupo. Una de las que tenían el micrófono llevaba un trajecito negro interesante, bastante corto, y acababa de terminar la canción con un grito que nos sorprendió. Leader se levantó y se fue a pedir nuestras bebidas; Gussan y Taichi se pusieron a mirar la lista de canciones y Nagase no les quitaba la vista de encima al grupo que estaba cantando.
– Gaiyin – me dijo señalando con la cabeza, sonriendo.
– ¿En el karaoke? ¿Cantando en japonés? – dijo Taichi volviéndose en su asiento para mirarles. La siguiente canción que pusieron no la conocía.
– Ah, ¿Yamashita-kun? – dijo Gussan mirando la pantalla.
– Mira, mira – les dije señalando a las chicas sonriendo, no paraban de bailar y de hacer tonterías mientras cantaban. Parecía un grupo divertido, les daba igual si las miraban y no paraban de reírse. Me encantaba ver a las mujeres reírse, sobre todo con faldas tan cortas. La chica del traje negro estaba demasiado lejos como para verla bien, pero parecía bonita. Y parecía tener un cuerpo interesante, pero como tenía una chaquetita gris por encima no la veía bien. Me gustaba su pelo, largo y ondulado, era una mujer interesante.
– Aquí están – dijo Leader soltando las cervezas en la mesa. Le dimos las gracias y le metí prisa para que se sentase, quería verla bien. Nagase se rió.
– ¿Cuál te ha gustado? – me dijo
– La de negro – miré a mi amigo y le vi sonreír – La de las botitas. La que está al lado de la japonesa.
– Esa no es japonesa – dijo Leader entrecerrando los ojos – o yo creo que no. No lo sé – era bastante delgada y tenía puesta una faldita negra y una camisa de botones blanca, y con ese pelo negro parecía asiática pero…
– ¿Ya estáis mirando a mujeres? – dijo Gussan riéndose
– Sí – dije mirando de nuevo a la chica de negro – tú entretente buscando algo para cantar mientras nosotros nos recreamos la vista.
De repente, al acabar esa canción, se puso a dar saltitos diciendo algo en su idioma y cogiendo el micrófono con la que parecía asiática y cuando empezó la siguiente canción nos miramos sorprendidos. Era nuestra, ‘Seisyun’. Así que nos conocían… no sabía si era bueno o malo. Empezó a cantar la otra, imitando a Nagase, no pude evitar dar una carcajada. La chica de negro imitaba a Gussan y bastante bien, tenían que ser realmente divertidas. Las partes altas las hacía mi chica, no podía pensar en ella en esos términos porque no la conocía pero aún así lo estaba haciendo. Luego siempre me pasaba lo que me pasaba, pero no podía evitar ilusionarme. Cuando me quise dar cuenta, estábamos los 5 mirándolas con una sonrisa. Hacía mucho que no nos juntábamos para salir, siempre que nos veíamos era por motivos de trabajo y estaba contento de estar con ellos. En un punto de la canción, la chica se acercó a la pantalla y se puso a cantarle a nuestros dobles virtuales, tirándoles besos. Me llevé una mano a la boca sonriendo.
– Oe, Mabo, tienes que acercarte a ella – me dijo Nagase
– No sé – una cosa era mirarla de lejos, otra arriesgarme. Y no estaba en condiciones de escuchar un no por respuesta en esos momentos.
– Venga ya, mírala, no para de mirarte en el video y de morderse el labio. Le gustas, claramente – dijo Taichi. Resoplé.
– Si es fan de TOKIO no se va a negar – dijo Gussan sonriéndome – deberíamos de acercarnos todos, se iban a volver locas.
– Espera a que canten unas canciones más, he venido a estar con vosotros – dije
– A lo mejor dentro de dos canciones se han ido – dijo Leader
– No tienen pinta de querer irse – dijo Taichi. Haciendo un gestito con la cabeza cuando empezó la siguiente canción – ¿Qué es esto?
– Ni idea… – dijo Gussan. Miramos pero no cantaban las chicas, era un grupo de señores enchaquetados y borrachos como cubas. De repente vi como Nagase subía el teléfono y apuntaba a las chicas, haciendo una foto.
– Mira, ahora puedes verla bien – hizo la foto con zoom y la observé con detenimiento. Tenía unas buenas piernas, formas muy femeninas, no estaba nada acostumbrado a ver mujeres así y me llamó la atención. Me daba la impresión de que sus pechos también eran grandes pero con la chaquetita no podía decirlo con seguridad. No le veía bien los ojos pero tenía una sonrisa muy linda.
– ¿Nos sentamos en esa mesa de ahí? Estaremos más cerca – dijo Gussan. Nos trasladamos en un momento, con las bebidas y todo. Me puse la mano ante la cara mirando hacia el lado cuando me di cuenta que el chico de su grupo nos miraba. No quería que nos reconociese, no aún.
– Oye, yo quiero cantar algo – dijo Nagase quitándose la gorra para ponerse bien el pelo.
– Espera – le dije mirando a las chicas de nuevo, que aplaudían a los señores que habían  acabado la canción. Ahora estaba bastante más cerca, podía verla con más claridad y ya estaba poniendo la siguiente canción. Se me dibujó una sonrisa en los labios al escuchar que era ‘Autumn’.
– Como no te acerques ahora y te pongas a cantar con ella te juro que dejo de hablarte – me dijo Nagase mientras la observábamos menear las caderas mientras cantaba.
Era hipnótico. Se echó la melena hacia un lado mientras cantaba apasionada a sus amigas, que la animaban. Cada vez que subía la pierna para ponerla en la barra del taburete se le resbalaba el traje hacia atrás y me ponía nervioso. Estaba cantando en susurros con ella, me preguntaba que haría si me viese, me gustaría saber su reacción si me levantaba y la besaba allí delante de todos. En la parte instrumental se quito la chaqueta, haciendo reales mis sospechas.
______________________________________________________________________
Justo cuando termine el estribillo, sentí los dedos de Lu apretarme el brazo, girándome hacia la mesa de al lado. Entonces les vi. Pero no podía ser, de todos los bares de Tokio… y me estaban mirando ¿Me estaban mirando de verdad? Sentía como Lu me empujaba y como Nan se reía como una histérica soltando un ‘NO ME JODAS’. Seth preguntaba que estaba pasando porque no se enteraba. Estaban los cinco allí, pero era Mabo el que me comía con los ojos sonriendo. Me dejé caer en el taburete porque las piernas no me sostenían, con una risa nerviosa e incontrolable y la mano en la boca, mirándole con los ojos como platos.
            No me pude mover en un buen rato, solo pude observarle por más que me decían mis amigas que tenía que acercarme. Cuando empezó el siguiente estribillo, Mabo se acercó cantándome. Cantándome a mí. Me pasó un brazo por los hombros y me acercó el micrófono para que cantase con él, pero no podía, solo podía mirarle. Sus gestos, sus labios tan cerca del micrófono, como juntaba el ceño y cerraba los ojos en las partes más altas. Sonreía de vez en cuando mirándome de reojo y subiéndome la tensión. Seguía el ritmo con su mano en mi hombro, tenía tantas ganas de tocarle…. En la última estrofa me quedé con la boca abierta escucharle cantar el final. Me mordí el labio y después de decirle con la poca voz que me salió ‘Hug?’ sonrió de oreja a oreja y le pasé los brazos por la cintura, abrazándole con fuerza. Aspiré cuando sentí sus manos en mi espalda y sentí que la gente se movía y se saludaba, pero para mi solo existía él en ese momento. Me separé de su cuerpo, sin querer realmente, respirando como si hubiese corrido una maratón.
– ¿Cómo te llamas? – me dijo en inglés, sonriéndome, lo que hacía difícil pensar con claridad.
– Mia – me miró con una sonrisa irresistible.
– No hace falta que nos presentemos ¿no? – dijo Taichi, negué con la cabeza, sonriendo.
Me presenté al resto de miembros del grupo, Nagase estaba increíblemente guapo también, quitaba el aliento. No le podía quitar la vista de encima a ninguno de los dos. Cuando vi que Mabo se acercaba a Lu me puse un poco tensa porque a ella también le encantaba. Si una cosa tenía clara era que me negaba a conocerle, que mostrase interés por mí y ver como se lo ligaba otra. A mi me gustaba muchísimo más, sería totalmente injusto teniendo en cuenta que era el único de los 5 que me había hecho caso. Tenía que hacer algo, pero no sabía que. Me daba vergüenza cantar ahora que estaba con ellos, pero agarré a Gussan de la camiseta.
– Quiero cantar contigo – Me sonrió asintiendo y se puso a mirar las canciones a mi lado. Él también era tan guapo que me costaba muchísimo estar tranquila.
– ¿Quieres cantar ‘Love you Only’? – me dijo en inglés, todos hablaban inglés, incluido Nagase, aunque no se le entendía muy bien. En ese momento, Mabo estaba hablando con Lu.
Puso la versión antigua, se sentó a mi lado con el micrófono y empezó a cantar, yo le hacía los coros. Era como un sueño estar cantando con él. Me dijo que cantase las partes de Nagase y le hice caso. Cantaba tan bien…
_____________________________________________________________________
Estaba nervioso, me miraban e intentaba entenderles pero me costaba mucho. Una de ellas hablaba japonés bastante mejor que el resto y estaba casi todo el rato traduciendo. Sentía la mirada de la que parecía asiática constantemente, estaba claro que le gustaba. Miré a Mia y estaba cantando con Gussan. Me sentí inquieto pero luego recordé que el estaba casado y no había peligro. Pero Taichi también se enganchó a la chica agarrándola por los hombros y haciéndola sonreír. Eso ya no me hacía tanta gracia. “¿Y por qué pensaba en ella como si fuera de mi propiedad?” Cogí el libro de las canciones, tenía que hacer algo para acercarme pero como no sabía que hablar con ella iba a recurrir a lo que le gustó tanto antes, cantar. Sentí una mano en mi espalda, Nagase me miraba con el ceño fruncido.
– ¿Qué haces perdiendo el tiempo? Acércate.
– Está cantando con Gussan y Taichi.
– ¿Y qué? Canta con ella, quítale el micrófono, déjala sin habla – tragué saliva, mirando indeciso hacia el lado – ¿Qué te pasa? No pareces tú… mírala y sonríe como haces siempre con todas – le hice caso, la miré, sonreí y me devolvió la sonrisa aparentemente nerviosa, mirando al suelo y mordiéndose el labio – Mabo, está loca por ti.
– Ya voy, vale, pero déjame en paz, estorbo – dije riéndome y acercándome a ella. Ya habían acabado la canción y tenía el libro en las manos de nuevo. Se lo quité, sin mirarla para no ponerme más nervioso, pero sentí como ella me miraba – ¿Pongo algo de TOKIO?
– Yo… – la miré a los ojos, la vi coger aire y soltarlo con una risita, parecía que se le había olvidado lo que iba a decir. Le sonreí, pero eso pareció empeorar las cosas, se llevó una mano a la cara frotándosela, y después de dar un gemidito me miró de nuevo, haciéndome reír – quiero cantar ‘Mr. Travelling Man’ contigo.
– Ah, vale – mientras ponía la canción vi como sonreía de oreja a oreja, tenía unos ojos preciosos, especialmente cuando sonreía.
Empecé a cantar, ella cantaba conmigo, pero me dejó cantar la primera estrofa. La miraba de vez en cuando y la veía mover sus bonitos labios susurrando la letra de la canción mientras miraba los míos, apretando el micrófono con fuerza. No me quitaba los ojos de encima, cada vez que la miraba ya me estaba mirando y cuando nuestras miradas se cruzaban siempre daba un respingo y sonreía nerviosa. A la mitad de la canción aparecieron Taichi y Nagase para cantar con ella que no paraba de sonreír y de reírse de las cosas que hacían. Se estaban llevando toda la atención, eso no podía ser, me estaban dando problemas. Cuando le canté susurrando al oído, la chica cerró los ojos y giró su cara hacia mí, haciendo que rozara su mejilla con mi nariz. Olía tan bien y su piel era tan suave que me entraron ganas de acariciarle el cuerpo entero. Nagase se rió a carcajadas y le levantó un brazo, tenía todos los pelos de punta. Me gustó mucho esa reacción por su parte y le pasé la mano por la cintura mientras cantaba el final de la canción.
_____________________________________________________________________
– Gracias – le susurré al acabar – esto es…no sabes, no tienes ni idea de lo que significa para mí que cantéis conmigo.
– Te gusta nuestra música mucho ¿No? – me preguntó alzando las cejas, no se enteraba. Ahí estaba, de pie ante mí, con los brazos cruzados y sin saber que me estaba muriendo.
– Sí, realmente me encantáis vosotros – dije señalando a los chicos. Sonrió mirando al suelo y volvió a mirarme – y tú eres de mis favoritos – le tenía que decir las cosas claras, se tenía que enterar desde el principio con que intenciones iba antes de que se me adelantasen. Se rió brevemente echando la cabeza hacia atrás.
– ¿En serio? – asentí cruzándome de brazos yo también y mordiéndome la uña del pulgar mientras le miraba sonriendo. Entonces escuché que empezaba una canción de Arashi que me sabía y miré a Nan por si la había puesto ella. Ella me miraba señalando a las chicas de la otra mesa.
– ¿Otra vez Arashi? – Dijo Taichi hablando con Leader – ¡Están por todas partes! – cuando se giró y me vio cantando me miró fingiendo estar enfadado – ¿Tú no eras fan de TOKIO?
– Y lo soy – le dije riéndome – pero esta canción me gusta.
– Sí claro, a ti lo que te gusta es Matsujun – dijo Leader – arrugué la nariz con disgusto, negando con la cabeza y haciendo un gesto con la mano.
– No, nada. Los únicos que me parecen lindos son Sho-san y Ohno-san. Matsujun no me gusta nada.
– ¿No te gustan los chicos de Arashi? – me dijo Gussan contrariado.
– No, son muy… niños. A mi me gustan más hombres, más masculinos – Taichi me miró con las cejas levantadas – tu eres la excepción – le dije. Sonrió satisfecho, haciéndome reír.
– ¿Cómo te gustan los hombres? – me preguntó Mabo aún con los brazos cruzados, esa era una respuesta muy fácil de responder.
– Como tú – abrió mucho los ojos y se rió – ¿Qué? Es verdad, eres alto, tienes las manos grandes…
– Que directa – dijo Gussan riéndose. Después de esa canción pusieron ‘Sorafune’ y vi a Lu coger un micrófono, con Nagase sentado a su lado. La vi cantar la primera mitad de la canción y yo la canté desde mi sitio. Me volví hacia Mabo y le vi cantando también, mirando el video.
– En este video estás increíble – le dije mirando su perfil, me encantaba su perfil.
– Hace ya unos años… – dijo doblando la cabeza
– No es porque estés más joven, ahora sigues siendo guapo. Pero te faltaba la perilla – me quedé mirándole de nuevo, le observaba mirarse a si mismo con el ceño fruncido. Le quería preguntar una cosa aunque no me atrevía, pero me pudo la curiosidad – ¿Y a ti, cómo te gustan las mujeres?
– No creo que tenga un tipo fijo, pero tienen que ser sexys, extrovertidas y tener iniciativa, que tomen las riendas del asunto – dijo asintiendo – eso es indispensable.
No me terminó de convencer su descripción porque no sabía si me consideraba lo primero. Me quedé pensando, mirándome lo que se me veía de rodillas por debajo del traje. Seguro que si me comparaba con sus ex novias (que suponía que el consideraba sexys o no lo habrían sido) entonces no tenía mucho que hacer. Le miré y me estaba mirando el borde de la falda, las piernas y fue subiendo su mirada por mi cuerpo, parándose en mis pechos, hasta llegar a mi cara, haciéndome sentir incómoda y nerviosa al mismo tiempo. Sonreí y me miré las manos sin saber que pensar, él sonreía también, no sabía que hacer. Escuché que Nagase le llamaba para cantar una canción con él y vi como Lu se lo comía con los ojos. No podía culparle de nada, era totalmente lógico que se volviese loca por él con lo guapísimo que estaba con esa camisa morada y esos pendientes. Parecía que se iba a ir a tocar en cualquier momento con los pantalones negros apretados que tenía puestos. No sé porqué cuando se empezó a alejar de mi lado para ir con Nagase le agarré de la muñeca, fue un movimiento involuntario. Se paró y me miró, esperando a que le dijese algo, pero no tenía nada que decirle a parte de ‘No te acerques a ella que le gustas y me pongo celosa’ así que me callé, sonreí y negué con la cabeza, soltándole. Se quedó mirándome y se me acercó despacio.
___________________________________________________________________
– ¿Qué pasa? – la miré con curiosidad
– Nada, nada, Nagase te espera para cantar, venga – me dijo haciéndome gestitos con las manos. Pero sí que pasaba algo, si no, no me hubiese parado.
– ¿Por qué no me lo dices?
– Porque no hay nada que decir – me miró con una expresión que no supe descifrar.
– Ahora cuando vuelva me lo cuentas – le dije alejándome de ella, que apretó los labios y suspiró. No sabía que le pasaba pero se quedó callada un rato mirándome con esa expresión y no tenía ni idea de que pasaba por su cabeza. A lo mejor se había ofendido por algo, pero no entendía porque. La descripción de mujer ideal encajaba perfectamente con ella, no sabía que le tenía tan inquieta.
– Me dicen por aquí de cantar ‘Transistor Glamour Girl’– me dijo Nagase señalando a Lu, que me sonreía. Miré hacia atrás y vi a Mia charlando animadamente con Taichi, se le estaba acercando demasiado…
– Vale, ¿los tres? – Nagase asintió – no prometo que vaya a llegar a los altos…
Empezamos a cantar. Le deje a Nagase la primera estrofa y cantó la otra chica la segunda, dejándome el estribillo todo para mi. Sentí a alguien sentarse a mi lado después de que Nagase diese el grito de antes de la parte instrumental, y cuando miré vi a Mia apoyada en la mesa con el codo y mirándome con una sonrisita. Lo que sea que le pasaba ya no importaba. Me acerqué cantándole sin el micro, escuchando a Nagase y a la otra chica cantar. Ella se rió nerviosa y le hice gestos con la mano para que se acercase mientras decía ‘C’mon, c’mon, c’mon, c’mon, c’mon, c’mon’ La levanté de la silla y me la puse delante, con la mano en su cintura y el micrófono en la otra, cantándole, a ver si así pillaba la indirecta. Me la pegué un poco al cuerpo poniéndole la mano en la espalda, era agradable sentirla tan cerca pero tampoco quería pasarme de listo y que se molestase. Puso sus manos en mi pecho y me miraba mordiéndose el labio, parecía feliz y eso me gustaba. La dejé cantar algunas frases del final de la canción, pero se reía de los gestos y los bailes que yo hacía más de lo que cantaba. Cuando acabo la canción solté el micrófono y la miré, esperando su reacción. Sonreía de oreja a oreja mirando hacia arriba. Era muy bajita, si quería besarla me iba a tener que agachar.
– Hay una cosa que me tiene intrigado – le dije poniéndome serio, acercándola un poco más ya que me di cuenta de que no le molestaba en absoluto – me gustaría saber que pasaría si te diese un beso delante de todo el mundo.
___________________________________________________________________
No supe como tomarme eso tampoco. ¿Quería besarme solo para hacer el experimento? ¿Para ver mi reacción y reírse un rato? ¿O porque de verdad tenía ganas de besarme? Me reí nerviosa, no sabía que estaba pasando ni cual era la finalidad de todo esto, pero si quería besarme no iba a negarme. Me puso la mano en la barbilla y me miró a los ojos mientras se agachaba sobre mí, quedándose tan cerca que me rozaba con su nariz. Estaba de espaldas al resto de la gente y con lo alto que era me tapaba, por lo que no se daban cuenta de lo que estaba pasando. Las pulsaciones se me aceleraron hasta lo imposible y los bellos se me pusieron de punta cuando sentí sus dedos enredarse en mi pelo. Me dio un beso en la comisura de los labios mientras me agarraba de su camisa con fuerza, con los ojos cerrados. Apreté los dientes y giré la cara, rozando mis labios con los suyos cuando se separaba de mí. Se quedó mirándome igual de cerca, sonriendo. No sabía si iba a molestarse conmigo pero no iba a dejar pasar la oportunidad. Me puse de puntillas y le besé, solo apreté mis labios a los suyos y ni si quiera los movía, pero estaba realmente nerviosa.
– No se que tienes que me has vuelto loco desde que te he puesto los ojos encima – me susurró. Me excitó tanto como sonó su voz, quebrada y llena de deseo, que volví a besarle de nuevo de la misma manera.
– Matsuoka san – quería decir su nombre y besarle a la vez, quería dejarle ver lo caliente que me ponía, lo que me excitaba, lo muchísimo que me gustaba. Sentí sus manos en mis caderas y sin poder evitarlo lamí sus labios.
Y su reacción fue increíble. Sentí como si me engancharan algo en el estómago y tirasen hacia arriba cuando me metió la lengua en la boca, respirando entrecortadamente, apretándome con sus manos. Sus besos eran suaves pero exigentes, me hizo mojar las bragas de tal manera que desee sentir sus dedos apretarme con fuerza en la entrepierna. Cuando me puso la mano en la espalda, juntándose a mi cuerpo del todo, noté a la altura de mi ombligo su erección, y tuve que esforzarme por no bajar la mano y tocarla delante de todo el mundo. Se separó de mí cuando los demás se dieron cuenta de lo que estaba pasando y empezaron a decirnos cosas. Me reí, pero no se me iba de la cabeza la idea de sentir su erección en condiciones.
– Voy al servicio – alcé las cejas mirándole, dejando mis intenciones claras y me alejé sin mirar a mis amigas a pesar de que escuchaba a Lu llamarme. Me metí dentro y esperé. Iba todo muy rápido, pero es que tampoco quería perder el tiempo.
_____________________________________________________________________
Resoplé mirando como se alejaba con ese contoneo de caderas, ese traje negro tan corto, la melena cayéndole por la espalda… tenía más ganas de verla desnuda que de respirar. Me acerqué a la mesa de los chicos, quitándole la bebida a Gussan y bebiéndomela yo. Era coca-cola simplemente, pero necesitaba beber algo.
– Parece ser que va todo bien ¿eh? – me dijo Nagase. Me reí, quitándome las gafas pasándome la mano por los ojos.
– Yosh[2]! – Dije haciendo como si me estirase para echar fuera un poco los nervios – hasta luego.
Me despedí de el con el saludo militar y le dejé riéndose a carcajadas mientras los demás preguntaban que pasaba. Agradecía que no dijese nada, aunque nos vieron, pero dudaba mucho que se les ocurriese que íbamos a hacer lo que íbamos a hacer. Me quedé ante el servicio femenino, comprobando que no hubiese nadie dentro. Empujé la puerta con cuidado y al asomar la cabeza sentí como tiraba de mi muñeca. La chica me metió en el baño del fondo, cerrando con pestillo y sentándome en el retrete. Se puso de rodillas frente a mi y me abrió la bragueta, sacando mi miembro y observándolo mientras susurraba ‘deka[3]…’ Sin pensárselo dos veces pasó su lengua de abajo a arriba, sin dejarse ni una sola parte de mi sexo por lamer, dándome un placer sutil que me estaba matando. Quitó la papelera del fondo y la pasó por debajo al servicio de al lado, para poder sentarse a horcajadas sobre mi. Me agarró de la nuca, besándome de nuevo con pasión, moviendo las caderas. Ella llevaba totalmente el control, al menos de momento. Le metí las manos por debajo del traje, agarrándola del trasero y pegándola a mi cuerpo. Dejó de besarme unos instantes para meter su mano dentro de mis calzoncillos, mirándome a los ojos y mordiéndose el labio. Ahogué un gemido que estuvo a punto de escapárseme y en su lugar expulsé el aire entre dientes, resoplando al sentir su mano apretarme con fuerza. Hacía bastante tiempo que una mujer no me ponía tan cachondo, tenía tantas ganas de follármela que podría partirle la ropa allí mismo.
            Pero opté por rozarle por encima de las bragas con los dedos, y estaba empapada lo que me puso más cachondo todavía. Vi como apretaba los dientes y tiré de su ropa interior hacia un lado para tocarla directamente mientras ella me masturbaba despacio. Se puso de pie y la acerqué a mí poniendo una mano en la parte baja de su espalda, rozándome con ella delicadamente. Cuando la escuché gemir con los labios apretados no pensé y actué. La agarré de las caderas subiéndole la falda, agachándome frente a ella y tras mover sus braguitas hacia un lado, le pasé la lengua por su sexo, húmedo y dulce. Su olor me excitó tanto que creí estar a punto de correrme. La chica tembló entera, agarrándome del pelo y susurrando mi nombre mientras mi lengua la lamía frenéticamente. Me llevé la mano a los pantalones y saqué la cartera a toda prisa, ella me observaba apretándose los pechos, lamiéndose los labios y tocándose a si misma. Me puse el condón todo lo rápido que pude, y la puse de espaldas a mí con las manos apoyadas en la puerta. Le subí la falda de nuevo y le bajé las bragas, y después de rozarla unas cuantas veces con mi erección la penetré despacio. Era delicioso sentir como me apretaba, como me recibía. Me gustaba verla ponerse tensa, como apretaba los dedos contra la puerta y su boca abierta en un grito sordo. Jadeábamos mientras me movía despacio en ella mirando como entraba y salía de su cuerpo, empapándome. No iba a durar mucho, y menos cuando la escuché gemir mi nombre de esa manera. Le metí los dedos en la boca para que los mordiese y no hiciese ruido mientras la embestía con ganas, hasta el fondo. Me incliné hacia adelante, apartando su pelo hacia un lado y besé su cuello. Saqué mis dedos de su boca para agarrarle el pecho y empezó a susurrarme ‘iku’ sin parar. Le quería decir que yo también pero lo estaba sintiendo tan intensamente que no podía hablar. Me apreté con fuerza contra ella, sintiendo la humedad de su entrepierna, sintiéndola cada vez más apretada y no paró de moverse cuando a mi se me tensaron los músculos quedándome inmóvil, haciendo que tuviese un orgasmo mejor del que me esperaba.
___________________________________________________________________
Se dejó caer en el retrete agarrándome de las caderas y sentándome sobre su cuerpo después de quitarse el preservativo. Eché mi cabeza hacia atrás, apoyándola en su hombro, notando como se nos normalizaba la respiración a ambos. Aunque había sido breve, había sido tan intenso que estaba exhausta. Noté su mano en la pierna y descubrí que me seguía poniendo nerviosa sentir contacto con el. A pesar de que acabábamos de follar como animales, rozar sus manos no favorecía a que mis pulsaciones se normalizaran en absoluto. Se me escapó una risita por lo ridículo de la situación. El también se rió.
– ¿De qué te ríes? – me susurró al oído, pasándome su boca por el lóbulo de la oreja, lamiendo mis argollas.
– De la situación, de que aunque esté sentada encima de tu cuerpo desnudo me ponga nerviosa solo porque me pongas una mano en la pierna. Es ridículo.
– A mi me parece adorable – dijo besándome en la mejilla. Me senté derecha y me agaché subiendo mi ropa interior. Una vez de pie me di la vuelta y le vi con las caderas levantadas, sin ponerse en pie, subiéndose los pantalones sin abrochárselos. Se volvió a dejar caer, pasándose una mano por los ojos con las gafas en la mano.
– ¿Cómo te has despeinado tanto? – le dije haciendo un intento de ponerle bien el mechón de pelo que tenía por la cara. Me miró no pude evitar sonreírle cuando me sorprendieron un grupo de mariposas que de repente revoloteaban por mi estómago. ¿Cómo podía sentir tanto por el? Solo había sido sexo…
– Y yo que se… ahora me peino.
– No, no, quédate así mejor. Me encanta verte despeinado – no podía apartar mis ojos de su rostro que me observaba totalmente relajado, con los labios entre abiertos – ¿Puedo besarte otra vez? – me moría de ganas pero no sabía si quería quedarse solo, que le tocase o que quería. Se levantó sonriendo y se le cayeron los pantalones hasta las rodillas, lo que me hizo reír. Me pegó contra la puerta, cogiéndome en peso, juntando suavemente sus labios con los míos una, otra y otra vez – me encanta tu boca – le susurré, acariciando sus labios con mis dedos. Los mordió, haciéndome reír de nuevo.
– No me pidas permiso, bésame cuando quieras – me dio un beso lento y profundo, y le puse las manos en la cara, acariciándole mientras suspiraba. Escuché que se abría la puerta del baño, pero no dejó de besarme por ello. Yo tampoco quería separarme de el, así que ignoré a la gente y le apreté la cintura con mis piernas.
– ¿Mia? ¿Estás aquí? – eran mis amigas, sentí como Mabo sonreía mientras me besaba. Me dio un pellizco en el culo haciéndome dar un gritito – ¿Mia? – Lu volvió a llamarme, y escuché la risa de Nan.
– Ahora voy – les dije en mi idioma intentando no reírme. La escuché entrar en el baño de al lado haciendo mucho ruido.
– Te vas a caer – le dijo Nan riéndose, miré hacia arriba, viéndome venir la idea de esta loca.
– ¿Estás bien? – dijo asomándose por arriba, Mabo también la miraba. La chica abrió la boca cuando nos vio tan juntos.
– Si no te importa, estoy en ropa interior – le dijo a Lu, que pegó una carcajada y se cayó de donde estaba apoyada. Nan y yo también nos reíamos a carcajadas.
– ¿¡Estás bien!? – le pregunté entre risas, Mabo me miraba con una ceja levantada. Escuché como salían del servicio, Lu quejándose y Nan riéndose. – ¿Nos vamos con los demás? – asintió, besándome de nuevo con una ternura increíble.
Contrastaba muchísimo como se estaba comportando en ese momento teniendo en cuenta como acababa de follarme. Abrí la puerta y me miré en el espejo del baño, comprobando que tenía la ropa puesta en su sitio y ninguna mancha extraña. Mabo se intentó arreglar el pelo echándoselo hacia atrás pero dio el mechón rebelde por perdido. Le agarré del trasero cuando salía del baño y me miró riéndose. Cuando mis amigas me vieron venir casi se me tiran encima, Seth incluido.
– ¿Te lo has follado? –  me preguntó Lu sin cortarse un pelo, asentí
– Pero cuando llegasteis habíamos terminado, tenía la ropa puesta pero se le habían caído los pantalones – dije riéndome
– ¡Que hija de puta! – me dijo Seth sonriendo con la boca abierta
– Y supongo que bien, ¿No? – me dijo Nan. Empecé a reírme sin poder controlarme, porque solo de recordar lo que había pasado me estaba excitando de nuevo.
– Lo que más me ha matado de toda la historia son los ruiditos que hace, y que es una bestia.
– ¿Qué si o qué? – dijo Lu dando una carcajada mientras nos acercábamos a los chicos.


[1] Miembro de NEWS
[2] ¡Vale! ¡Vamos!
[3] Enorme…

2

La vi hablar con sus amigos muy animada, riéndose muchísimo, y aunque no tenía ni idea de que estaban hablando yo también sonreía. Me senté con los demás después de pedirle al camarero un trago porque estaba seco. Nagase me miró con las cejas levantadas.
– ¿Estaba o no estaba loca por ti? – Me dijo con una sonrisita – ¿Cómo ha ido? – susurró
– Muy bien, pero me ha sabido a poco – la miré y como siempre ya me estaba mirando con esa sonrisa vergonzosa en el rostro. No entendía como podía comportarse así y ser tan guarra cuando estábamos a solas.
– Llévatela a tu casa.
– Ya lo estaba pensando pero…
– Pasa la noche con ella, no se va a negar. Verás que cuando se lo digas moja las bragas otra vez.
– ¿De qué estáis hablando? – dijo Gussan de repente atento a la conversación.
– Mabo, que se nos ha enamorado – dijo Nagase dándole un trago a su cerveza. Gussan me miró sorprendido.
– ¿La de negro?
– No estoy enamorado, nadie se enamora en 2 horas.
– Por algo se empieza – me dijo – así empecé yo con mi mujer.
– ¿Se empieza? Si ya se la ha follado – dijo Nagase riéndose
– ¿¡Cuándo!? – Gussan se reía también, veía a Mia venir hacia nosotros y no quería que escuchase la conversación porque no quería ofenderla. Aunque no sabía si entendía muy bien mi idioma.
– Hace un momento, en el servicio
– ¿Os podéis callar ya? – la miré justo cuando estaba empezando una canción que me era familiar, la vi mirar la pantalla y que después cerró los ojos con cara de fastidio. Vi como les decía algo a sus amigos y salía del karaoke.
Fui tras ella y me la encontré apoyada en la pared con los brazos cruzados, mirando al suelo, seria. Me acerqué a Mia y le tuve que poner la mano en el hombro para que se percatase de mi presencia.
– ¿Estás bien? – fue a decir algo, pero vi como dudaba y al final se quedó callada negando con la cabeza.
– No es nada, es solo que… esa canción me recuerda mucho a un ex novio y las cosas están demasiado recientes, la verdad.
– ¿Sigues enamorada? – Negó con la cabeza, tranquila
– Entiendo que lo interpretes así, pero no, es más bien que no me hace sentir cómoda. Me hace recordar cosas – miró al suelo poniendo una expresión que no me gustaba nada en una mujer, mucho menos en una que me gustaba – y me siento mal. Muchos años y muchas mentiras podría decirse – suspiró aún mirando al suelo. Le apreté el hombro y me miró con los ojos húmedos y tristes – ah, lo siento, no quería… no tendría que hablar de estas cosas contigo.
– No pasa nada – le dije – va a ir todo bien, verás como de ahora en adelante te empiezan a salir las cosas como tu quieres – le pase el brazo por los hombros y la pegué a mi, abrazándola.
– Muchas gracias – ahora me sentía más sensible que antes, a esta niña le había pasado lo mismo que a mi. Me paso los brazos alrededor de la cintura, poniendo las manos en mi espalda, apretando su cabeza contra mi hombro. De verdad me gustaba estar así con ella, me sentía tranquilo. Y hacía bastante que nadie me daba un abrazo así.
– Todo el mundo hemos pasado por cosas como esas – le dije separándome un poco.
Me enseñó su mano derecha, se veía claramente la marca de un anillo y la miró torciendo la boca, los recuerdos también eran algo doloroso para ella. Se me ocurrió la disparatada idea de que podíamos curar nuestras heridas juntos, pero era una tontería, acababa de conocerla y no sabía nada de ella. Aun así, agarré su mano con la mía y le besé los dedos mirándola a los ojos. Se me quedó mirando con los labios entreabiertos, reteniendo la respiración, y me puso esa misma mano en la mejilla, estirándose y besándome en los labios. Fue un beso muy breve y se quedó mirándome a los ojos después, suspirándo. Me dijo algo en su idioma.
– ¿Me lo traduces? – se negó sonriéndome, pero me daba la impresión de que no sonreía con los ojos – ¿Por qué?
– Porque no quiero que te vayas todavía y si te lo digo te vas a ir.
_____________________________________________________________________
Me miró extrañado, era tan guapo que hasta dolía.
– No me pienso ir sea lo que sea que me has dicho. Y quiero saberlo, porque creo que era una cosa pero no estoy seguro.
– Si tú no sabes nada de español…
– No, pero por como me has mirado puedo averiguarlo – le miré, me miró, no sabía que decir. No sabía que hacer.
Me separé de él suspirándo y apoyé mis brazos en la barandilla de metal que separaba la acera de la carretera, dándole la espalda, intentando ordenar en mi cabeza lo que iba a decirle para que no se asustara mucho. Se apoyó el también con un brazo, agachándose y girando la cara para mirarme. Sonreí, aunque no me sentía con muchas ganas. No podía mirarle a los ojos para decirle lo que iba a decir, así que mire a los coches y a mis manos, alternando de uno en otro.
– Tienes que entender que aunque realmente nos hemos conocido hoy yo… y va a sonar raro lo diga como lo diga, te llevo conociendo desde hace dos años, más o menos – me paré para ver como reaccionaba, simplemente me miraba con curiosidad, queriendo saber más. – y en esos dos años he conocido tu personalidad por las cosas que dice la gente sobre ti, las cosas que te gustan y las que no, y he visto tantas fotos y videos que… no se… es como si te conociera, aunque todo es un poco frívolo porque no es conocerte de verdad – volví a mirarle, miraba hacia un lado, pensativo – ¡Esto es demasiado raro! Déjalo anda – no entendía porque le estaba explicando eso, no quería ni mirarle, había metido la pata hasta el fondo y ahora se pensaría que soy una loca acosadora. Y encima tenía ganas de llorar, suponía que de tantas emociones acumuladas.
– No – me puso la mano en la mejilla, acariciándome con su dedo, haciendo que le mirase – quiero saber que me has dicho.
– Ya lo sabes, no hace falta que te lo diga.
– Quiero oírlo
– ¿Para qué? – Sentía que me iba a poner a llorar de un momento a otro, que situación más estúpida. Que manera de estropear una noche perfecta.
– Vamos a decir que por curiosidad – seguía acariciándome la mejilla. Cada vez que intentaba decirlo en voz alta, en su idioma, se me quedaba atascado en la garganta.
– Creo que… no se hace un momento cuando me has abrazado he sentido que te quería, eso es todo – al final se lo dije mirando hacia el lado, no pude hacerlo mirándole a los ojos – Es que… todo ha sido siempre platónico, Matsuoka-kun, durante estos años siempre ha sido algo que pensaba que era imposible e inalcanzable pero ahora tengo tu mano en la mejilla y… – la agarré y cerré los ojos – estoy a tu lado y no pensaba que fuese a sentir esto tan pronto – no decía nada, no se movía – yo solo quería darte una noche inolvidable y ahora te he dado un problema en el que pensar – solté una risa irónica – que le vas a partir el corazón a una fan. Lo siento – solté su mano sintiéndome fatal y me separé de la barandilla con la intención de meterme en el karaoke. O en un boquete y no salir nunca más, las dos opciones eran viables.
Escuché que susurraba algo en japonés, pero no lo entendí y me quedé parada a medio camino. Miré hacia atrás, intrigada pero asustada de saber cual era su reacción. Le vi con las manos en la cara, frotándosela y pasándoselas luego por el pelo, muy serio. Cuando levantó los ojos del suelo no le pude retener la mirada, dirigí la vista al suelo y suspiré alejándome de el. La había liado tantísimo… podría haber sido una noche espectacular y lo tuve que arruinar siendo sincera. Solo se me escapó una lágrima pero justo antes de que pudiera limpiármela sentí que tiraba de mí cogiéndome de la mano. Me agarró de la nuca y me besó con fuerza, sin soltarme la mano y entrelazando sus dedos con los míos.
_____________________________________________________________________
Sentía su aliento dulce en mi boca, su tímida lengua rozándose con la mía. Abrí los ojos sin dejar de besarla y observé como levantaba las cejas, estaba totalmente a mi merced, dejada caer en mis brazos, apretándome fuerte con sus manos. Podía sentir perfectamente lo que ella me acababa de explicar, me daba cuenta de que no me estaba mintiendo y le había costado decírmelo, pero me gustó mucho saber que alguien se sentía así por mí. Seguí besándola un poco más, disfrutando de sus labios, de sus caricias en mi mano con su dedo gordo, del roce de sus dedos en el mentón. Cuando dejé de besarla se quedó con los ojos cerrados, pasándose la lengua por los labios, que apretó y se mordió. Nagase tenía razón, estaba loca por mí, cualquiera podría darse cuenta.
– ¿Cuándo te vas? – Le pregunté – porque no vas a estar en Japón eternamente ¿no?
– Dentro de dos días… – Dijo en un suspiro, y seguía sin mirarme. No se que tenía de interesante el suelo, pero no me miraba a los ojos.
– Quiero pasarlos contigo – y entonces reaccionó, me miró, se le abrió la boca de la sorpresa, no se que esperaba que le dijese pero eso desde luego no – solo conozco de ti tu físico y aunque eso ya me gusta muchísimo quiero saber como eres.
– ¿Por qué? – me reí, no entendía como me podía hacer esa pregunta.
– Porque nadie se me ha declarado como lo has hecho tu, nunca lo había sentido tan real y quiero aprovechar esto. Quiero ser tu amigo y… ya veremos que pasa.
– ¿Y quieres estar estos dos días conmigo? Pero yo solo tengo reservado el hotel para hoy. Mañana nos íbamos a Okinawa.
– Había pensado que te podías quedar en mi casa – la chica se llevó una mano a la boca, justo en ese momento salieron dos de sus amigos (el chico y la que parecía japonesa) para fumarse un cigarro. Cuando nos vieron nos saludaron con una sonrisita. La chica, al ver a Mia, le dijo algo en español, y ella le contestó. Su amiga se sorprendió y me miró, yo no entendía nada.
– ¿Se va a ir contigo? ¿A tu casa? – me encogí de hombros.
– Si ella quiere… – Mia se llevó las manos a la cara, riéndose y poniéndose de cuclillas en el suelo.
– ¿¡Qué si quiero!? – se tiró a mis brazos, literalmente. Riéndome la cogí en peso agarrándola del trasero mientras me abrazaba. – Te vas a arrepentir de esto – me dijo mirándome mientras se apartaba los mechones de pelo de la cara – vas a terminar harto de mi. No te voy a dejar tranquilo.
– Eso es lo que quiero – me agarró con las dos manos de la nuca y me metió la lengua en la boca con tantas ganas que me excité de inmediato – cuando quieras nos vamos.
– Antes me vas a cantar una canción – dijo sonriéndome mientras me besaba.
– Puedo cantártela en casa si quieres – le susurré al oído, sabiendo que la convencería – en la cama, desnudos – empezó a reírse nerviosa cuando le apreté el trasero con fuerza mientras le rozaba los labios con la punta de mi lengua.
– Matsuoka… – dijo mi nombre casi gimiendo, lo que me puso más cachondo todavía –tengo… tengo que coger la chaqueta.
– Dile a Leader y a los demás que nos vamos.
La puse de pie en el suelo y se fue hacia adentro, miré a sus amigos que me sonrieron de lejos mientras fumaban, un tanto incómodos. Volvió a salir, con la fina chaqueta puesta, sin abrochar. Se acercó a sus amigos y les dijo algo en español y se despidieron con dos besos de ella, despidiéndome a mí con la cabeza. Le puse una mano en la espalda y nos acercamos a la carretera con la suerte de que un taxi venía hacia nosotros, libre en ese momento. Le di la dirección de mi casa y entramos, sentándonos en la parte de atrás. Le puse la mano en el muslo y empecé a acariciárselo.
____________________________________________________________________
Agarré su mano y la hice subir por mi pierna hasta meterla por debajo de la falda del traje, mirándole. Se le dibujó lentamente una sonrisa en el rostro, e igual de despacio, levantó su mirada de mi cuerpo hasta mirarme a los ojos de tal manera que parecía que me observaba hasta el alma. Cada vez que hacía eso sentía como se me aflojaba todo. Giró su muñeca y estiró los dedos, pasándomelos suavemente por encima de la ropa interior. Tuve que morderme para no gemir. Me pasó los labios muy despacio por el cuello y me susurró:
– Dime, ¿Qué quieres que hagamos cuando lleguemos? – respiré como pude, seguía tocándome y cada vez me gustaba más.
– Quiero quitarte la camiseta, quiero tocar tu pecho desnudo – le susurré. Esperaba que el taxista no entendiese inglés – quiero que… – tuve que parar de hablar porque se me iba escapando un gemido. Mabo no paraba de besarme el cuello y le agarré del brazo con fuerza y los ojos cerrados – quiero abrazarte sin ropa, sentirte cerca. Quiero que me susurres al oído mientras me la metes despacio, quiero que… Matsuoka voy a correrme, para…
Pero no paró, en su lugar empezó a besarme, tumbándome contra la puerta del taxi, sin importarle que nos estuvieran mirando. Enredó su lengua con la mía mientras movía sus dedos rápido y con suavidad, empapándome. Cada vez me costaba más estar quieta y no gemir, me agarró de la cintura para inmovilizarme con la mano que tenía libre. El orgasmo me llegó de repente, fue una explosión de placer que me hizo doblarme. Apreté los dientes contra su cuello, respirando con dificultad y clavándole las uñas en su espalda. Seguía tocándome mucho más despacio, el orgasmo no acababa nunca y cuando me creía que iba a parar, metió la mano dentro de mis bragas y uno de sus largos dedos en mi cuerpo. Le miré riéndome, negando con la cabeza, lo estaba poniendo todo perdido: el coche, mis bragas, su mano…y el parecía estar pasándoselo de miedo, curioseando dentro de mi. Miró por la ventanilla y sacó su mano de mi ropa interior. Se miró los dedos medio e índice y los frotó con el dedo gordo, sorprendido de lo manchados que estaban. Se me abrió la boca cuando le vi lamerlos mirándome a los ojos, realmente era tan pervertido como parecía, y me encantaba. Sacó la cartera de sus pantalones y me la dio sonriendo.
– No puedo sacar el dinero con la mano así, cógelo tu que hemos llegado – justo en ese momento el taxi se paró y saqué de su cartera (bastante llena) lo que me pidió. Tan pronto como nos dio el cambio salimos del coche, Mabo riéndose. – Te ha mirado de arriba abajo
– ¿Y te extraña? Me has hecho correrme delante de él, todavía me cuesta hablar…
– Se pondrá a oler el asiento cuando se aleje, pensando en ti – dio una carcajada al ver mi cara de asco. Me metió en un edificio que no parecía tener nada de especial, llamó al ascensor, que resultó estar en la planta baja, y entramos.
– Nunca había hecho algo así – le dije quitándome la chaqueta, ahí dentro no hacia nada de fresco, se estaba muy bien.
– ¿Y te ha gustado? – asentí. Se movió inquieto, encogiendo la cara y llevándose la mano a la entrepierna – que ganas tengo de quitarme los pantalones.
– ¿Tan dura la tienes? – dije mirándole la bragueta con descaro, desde luego bulto había. Acerqué mi mano y pasé los dedos despacio por encima, si que la tenía dura. Levanté la cara para mirarle a los ojos, me lo encontré con una ceja levantada. Volvió a apretar sus labios a los míos con su mano en mi espalda, su lengua me rozaba de vez en cuando mientras pasaba mi mano por encima del cuero de sus pantalones.
El ascensor se paró y cogiéndome de la mano me llevó hasta la puerta de su casa. Se quitó los zapatos sin desabrocharlos pero yo me tuve que agachar a quitarme los cordones de las botitas. Cuando me quité la primera y empecé a desabrochar la segunda, su camiseta cayó a mi lado. Miré hacia arriba y le vi con el torso desnudo, quitándose la correa y el primer botón del pantalón. Tan pronto como me quité el otro zapato, me giré hacia el, aún de rodillas, y le bajé la cremallera besando sus oblicuos y debajo de su ombligo. También besé su erección por encima de la ropa interior y el me acarició el pelo, observándome. Le pasé la mano con suavidad por todo su miembro, tirando del elástico de los calzoncillos y dejando al descubierto la punta de este. Mientras seguía moviendo mi mano sobre la tela, le pase la lengua despacio por su carne, suave y rosada. Juntaba levemente sus cejas cada vez que le daba con la lengua, tiré de su ropa interior hacia abajo y le lamí mirándole con deseo. La agarré con la mano, acariciándole, metiéndomela en la boca y escuchándole gemir. Estaba caliente, la sentía latir contra mi lengua, y me obligué a metérmela hasta la garganta. Empezó a mover sus caderas al mismo ritmo que yo movía mi mano. Me la saqué de la boca, pero seguí masturbándole observando sus gestos. Me llevé la mano hacia el lateral del traje y bajé como pude la cremallera, quitándome las tirantas en movimientos rápidos. Cuando me volvió a mirar, el traje ya estaba en el suelo y yo estaba de rodillas ante el solo con la ropa interior. Me llevé una mano a la espalda y me quité el sujetador, me miraba hipnotizado. Junté mis pechos con mis manos y metí su erección entre ellos, lamiendo el glande en círculos mientras que el movía las caderas hacia delante y hacia atrás.
– Mia chan… no voy a llegar a la cama como sigas así
– Bueno, tu tampoco paras cuando te lo pido – le dije sonriendo
– Pero quiero follarte… – si, pero no paraba de moverse.
– Ya tendrás tiempo para hacerlo en estos dos días, ahora, quiero que te corras.
Me agarró del pelo, obligándome a metérmela en la boca, gimiendo entre dientes. Lo hice lo mejor que pude, rápido y profundamente, pasando las uñas con suavidad por sus testículos. Casi me ahogo cuando eyaculó en mi boca, no me lo esperaba porque apenas estaba haciendo ruido. Hasta que dio un gemido largo, apoyando la mano en la pared de enfrente sin soltarme del pelo. Me lo tragué todo y cuando acabó me encargué de que no quedara ni una gota fuera. Me limpié la boca con el dorso de la mano, mirándole cuando me soltó el pelo, riéndome. Seguía apoyado con la mano en la pared, respirando cansado, pasándose una mano por la frente con los ojos apretados. Me levanté y le di un beso en la mejilla.
___________________________________________________________________
– Necesito tumbarme – la cogí de la mano después de colocarme bien los calzoncillos y me la llevé por el pasillo a la izquierda, hasta el fondo de este. Tras la puerta estaba mi habitación, muy poco decorada, en tonos blancos y negros. Me dejé caer en la cama y la arrastré a mi a su lado – deberíamos de haber follado – le dije, cogiendo una botella de agua que tenía en la mesa de noche – una vez vale, dos, sin problema, pero 3 veces la misma noche no creo que vaya a poder…ya no tengo 20 años…
– No pasa nada – me dijo ella dejando caer su cabeza en mi hombro – tómatelo como un intercambio de orgasmos.
– Pero el mío ha sido mejor que el tuyo – la sentí reírse
– Eso lo dirás tu… – me besó el cuello con dulzura y dejó ahí su cara. Su respiración me hacia cosquillas – probablemente una de las cosas que más voy a disfrutar estos dos días es dormir contigo. Sentirte a mi lado al cerrar los ojos y que seas lo primero que vea cuando los abra – me acariciaba el pecho con las puntas de los dedos, aún estaba acelerado por lo que me acababa de hacer.
– Has estado con muchos hombres ¿verdad? – le dije
– No te creas, solo he hecho el amor con uno, con dos si te cuento. Pero fue el que me lo enseñó todo.
– Pues fue un gran maestro – dije riéndome, tenía mucha habilidad con la lengua y las manos, y que se lo tragase todo me gustó tanto o más que el orgasmo en si mismo.
– Si, y un hijo de puta mentiroso – le pasé los dedos por la espalda y dio un gemidito pegándose más a mi cuerpo – ay si… cosquillitas… – seguí acariciándola un buen rato, disfrutando de la relajación del momento. Me encantaba estar tan cerca de su cuerpo desnudo, estaba calentita, era muy agradable.
Daba suspiros de vez en cuando, con su mano apoyada en mi pecho y de repente noté su respiración demasiado tranquila. La miré y estaba dormida, con los labios entreabiertos. Me reí en silencio y me giré despacio para apagar la luz y sacar las sábanas de debajo de su cuerpo. Se quejó un poco y se dio la vuelta, aún con las braguitas puestas. Una vez tapada le pasé el brazo por la cintura y me pegué a ella. Apenas tardé en quedarme dormido yo también, me había dejado exhausto.
_______ . ________
Y dormí tan bien que cuando me desperté me sentía totalmente descansado. De repente noté cosquillas en la cara, pero no eran desagradables, eran de las que querías que no parasen. Sonreí con los ojos cerrados y sentí como apretaba sus labios brevemente con los míos. La agarré de la nuca y la abracé con fuerza, poniéndole una mano en la espalda. La sentí suspirar en mi cuello, sus manos alrededor de mi cintura apretándome la espalda. Me pasó una pierna por encima y empezó a darme besos por toda la cara, haciéndome reír.
– Ohayo… – me susurró, apartándome el pelo de delante de los ojos cuando los abrí. Se le habían quedado dos sombras oscuras bajo los ojos del maquillaje, y me reí otra vez. Estaba realmente bonita, y era bueno que estuviese bonita nada más despertarse a pesar de tener el maquillaje corrido.
– ¿Qué quieres hacer hoy? – le dije intentando arreglarle el estropicio con las yemas de los dedos.
– Me da igual mientras esté contigo – dijo ella – tengo que tener una cara horrible, y no tengo aquí el maquillaje.
– ¿Y para que quieres tu maquillaje? Estás linda como estás – sonrió apartando la mirada – ¿Cómo puede darte vergüenza que te diga esto después de hacerme cosas como la de ayer?
– No es lo mismo – me dijo mirándome de nuevo – ayer solo pensaba en hacerte sentir bien, y ahora me estas diciendo esas cosas de repente y no me las espero – escuché como le sonaban las tripas y no pude evitar dar una carcajada.
– ¿Vamos a desayunar? – le dije aún riéndome
– No estaría mal… – sonreía mordiéndose el labio, avergonzada y apretando la sabana contra sus pechos. Me entraron ganas de tocarlos, unas ganas horrorosas de verlos. Me acerqué a ella poniéndole la mano en la cintura y la besé despacio, tirando de la sabana hacia abajo.
Me miró a los ojos, pasándose la lengua por los labios con las manos ante los pechos donde antes estaba la sábana. Pasé mis dedos despacio por su hombro y los bajé por su brazo, cogiéndola de la muñeca y poniendo su mano en mi cara. Me pasó el dedo gordo por los labios y se lo mordí y lamí muy despacio mientras me miraba llena de deseo. Miré sus pechos parándome a observar sus pezones por los que pasé despacio mis dedos, en círculos. Me agaché sobre su cuerpo, pasándole la boca por cada centímetro de su piel que me iba encontrando, escuchando su respiración agitada y sintiendo sus dedos enredarse en mi pelo. Los lamí despacio, agarrándolos con ambas manos. Sentí como sus pezones se ponían duros en mi boca y le toqué suavemente por encima de las bragas, escuchándole dar leves gemidos. Terminé mordiéndole los pezones con fuerza y tirando de ellos hasta que se quejó de dolor. Sonreí.
– Lo siento – le dije – me he emocionado
– Hazlo otra vez – dijo abriendo sus piernas y tirando de mí para que me colocase entre ellas, cosa que hice sin dudar.
Le pellizqué los pezones, girándolos entre mis dedos y mirando su expresión, mezcla de dolor y placer. Me agarró de la nuca y me volvió a besar con esas ganas con las que siempre me besaba, de esa manera que tanto me gustaba. Cada vez que nuestras lenguas se encontraban anulaba mi capacidad de razonar y solo quería tocar, sentirla, hacerla mía. Bajé las manos por su cuerpo y enganché mis dedos a sus bragas, tirando de ellas hacia abajo. Levantó las caderas para facilitarme el trabajo y solo dejé de besarla para quitárselas y tirarlas hacia un lado.
____________________________________________________________________
Se tumbó sobre mi cuerpo, tocándome con sus manos y derritiéndome con cada beso que me daba. Bajé mi mano y acaricié su erección, mordiéndole la barbilla cuando echó la cabeza hacia atrás dando un pequeño gemido. Se bajó los calzoncillos poniéndose de rodillas en la cama, sin ni si quiera quitárselos, y abrí más las piernas, observándole.
– Tócate – le dije mientras me acariciaba el clítoris a mi misma, excitándome al ver la sonrisita que se le dibujó en el rostro – despacio… – me hizo caso, se la acarició mirándome de arriba abajo, lamiéndose los labios y respirando excitado. Se acercó un poco a mí y me rozó con la punta de su miembro, sin dejar de masturbarse. Estaba tan mojada que sin querer, una de las veces que la pasó de arriba abajo, se apretó más de la cuenta contra mí y la metió en mi cuerpo. Solo fue la punta pero la sentí tan intensamente que se me escapó un gemido. Se tumbó sobre mi, aún rozándose y empezó a besarme de una manera totalmente lujuriosa.
– Quieres que te folle, ¿Verdad? – me dijo susurrando contra mi boca y solo pude asentir, agarrada de su espalda, moviendo mis caderas e intentando en vano que entrase en mi cuerpo – ¿Fuerte? – volví a asentir, gimiendo al sentir como entraba, pero volvió a sacarla.
– Para de hacer eso – sentía mi entrepierna ardiendo, empapada, y tan sensible que cualquier roce me volvía loca. Y él no paraba de rozarse, de jugar y de sonreír.
Mientras seguía masturbándose puso sus dedos en mi clítoris, acariciándolo de tal manera que me hizo gemir y clavarle las uñas. Empujaba con su miembro para entrar en mi cuerpo, pero no lo hacía. Nunca me habían hecho nada igual, nunca había estado tan caliente como en ese momento. Observaba con detenimiento mi cuerpo, de hecho se separó de mí para observarme, no despegaba sus ojos de mi entrepierna. Cuando me agarré a la almohada, gimiendo y levantando mis caderas en un orgasmo que me recorrió el cuerpo de escalofríos de pies a cabeza, el también gimió. Se agachó entre mis piernas y empezó a lamerme, pasándome las manos por los muslos, agarrándome los pechos. Sentía su lengua en todas partes a la vez, no la dejaba quieta en un sitio, lamía todo lo que estaba a su alcance.
– Voy a parar un poco, no quiero correrme todavía y… – dijo poniéndose de nuevo de rodillas, agarrándosela. Se le había escapado una gota, solo una. La recogí con mis dedos y me la llevé a la boca, mirándole e intentando respirar al mismo tiempo –Hacía mucho tiempo que no me sorprendía una mujer en la cama – se tumbó sobre mi y sentí sus dedos apretarme la entrepierna – más o menos desde mis primeras veces, y de eso hace ya tiempo…
Me pasó la lengua por el cuello mientras metía despacio uno de sus largos dedos en mi cuerpo y al comprobar que entraba perfectamente metió otro más. Cuando los metió hasta el fondo, apretó las puntas de los dedos hacia arriba, moviéndolas en círculos. Me susurraba cosas en japonés que a pesar de no entenderlas me excitaron muchísimo. Me agarró de la cara con su mano izquierda, metiéndome los dedos en la boca y con los dedos que me estaba tocando se rozó su miembro, mojándolo con lo que hizo salir de mi entrepierna y empujando para entrar en mi cuerpo.
– Voy a hacerte gritar hasta que te quedes sin voz – me susurró mientras me penetraba despacio, y ya lo estaba consiguiendo. Se me pusieron todos los bellos de punta y grité al sentirle, lamiendo sus dedos. Me agarró de la nuca y me besó con fuerza mientras se movía en mi interior despacio, enorme, llenándome y gimiendo el también. 
– Mabo… – gemí temblorosamente cuando me penetró hasta el fondo, sintiendo tanto placer que me costaba pensar. Me miró a los ojos, jadeando.
– Dilo otra vez – Me dijo, pasándome un dedo por los labios.
– Mabo – cuando lo dije cerró los ojos y se movió despacio en mi interior.
– Me encanta como suena en tus labios… gímelo, grítalo – de repente me embestía sin cuidado, agarrándome de las caderas, mirándome a los ojos con los labios entreabiertos por los que pasé mi lengua.
 Apenas podía respirar entre los gemidos y jadeos, pero le complací porque a mi también me encantaba gritar su nombre. Y lo gemía sin parar y el cada vez se emocionaba más, gimiendo también, apretando los dientes. Tuve un orgasmo tremendamente intenso cuando me mordió el cuello, apretando sus caderas a las mías con fuerza. Me la sacó y empezó a masturbarse con rapidez, con los ojos cerrados. Estaba apoyado en la cama con un brazo, con sus labios pegados a los míos, y gimió en mi boca al eyacular, gimió mi nombre. Mientras veía como se moría de placer le mordí el labio y le acaricié la nuca con las uñas, sintiendo su esperma derramarse por mi pecho. Se quedó suspendido sobre mi cuerpo un buen rato, jadeando, con los ojos cerrados. Cuando los abrió me sonrió y me beso tiernamente, solo una vez, pero despacio.
– Me pones demasiado cachondo – dijo riéndose, tenía el pelo despeinado y al no tener gomina puesta le caía por delante de los ojos – no puedo controlarme
– Me gusta que te descontroles – le dije besándole – me encanta.
– Creo que deberíamos de ducharnos – me miró y resopló – espera aquí un momento, ahora vengo por ti.
Vi como se levantaba de la cama, colocándose los calzoncillos de cualquier manera. Aún no me creía lo que me estaba pasando, por más que me miraba y me veía toda manchada de su esperma, me costaba trabajo creerlo. Le escuché hacer cosas por la casa y volvió cuando me estaba empezando a entrar frío.
– Perdona pero tenía que preparar unas cuantas cosas – me pasó un brazo tras la espalda, otro bajo las piernas y me cogió en peso
– Menos mal, porque no creo que pueda andar después de lo que me has hecho.
– ¿Entonces te ha gustado? – dijo empujando la puerta del baño con el hombro, la bañera se estaba llenando pero me dejo caer delante de la ducha, que estaba aparte.
– Me ha encantado, no entiendo como me preguntas, parece que no me has visto.
– Estaba demasiado concentrado en lo que estaba sintiendo como para darme cuenta de nada – dijo riéndose mientras se quitaba los calzoncillos, abriendo la ducha. Se metió debajo, suspirándo, y una vez enjuagado tiró de mi mano y me puso debajo.
– ¡Ay que me quemo! – el agua salía ardiendo, y a pesar de que me gustaba ducharme con el agua caliente eso era demasiado. Se rió de mí entre mechones de pelo mojado y la puso un poco más fría
_________________________________________________________________
Nos enjabonamos el uno al otro sonriéndonos, ella me miraba mucho y me besaba tiernamente de vez en cuando. Estaba encantado con ella o por lo menos con lo poco que conocía: era una bestia en la cama y tierna fuera de ella; me miraba con ese cariño que no encontraba desde hacía mucho tiempo e incluso se avergonzaba si le decía cosas bonitas. Necesitaba a una chica así a mi lado, pero claro, tenía que conocerla mejor. Una vez limpios me metí en la bañera y esperé pacientemente a que ella también entrase, quejándose de lo caliente que estaba. Se sentó mirándome de frente y le hice gestos con las manos para que se acercase y se tumbase conmigo. Con una sonrisa de oreja a oreja se me acercó y apoyó su cabeza en mi hombro, dando un suspiro larguísimo.
– Bueno, vamos a empezar a conocernos por lo más básico y necesario – me miró con curiosidad, sentándose derecha. El agua le cubría justo hasta los pechos – ¿Hay algo que no te guste hacer en la cama? ¿O que yo haga? – le dije
– Eso es lo más básico y necesario ¿No? – Me dijo riéndose – pues ahora que lo dices, solo me gusta tener sexo por los dos agujeros que has usado. El tercero no… – puso cara de dolor, me reí.
– Vale, puedo vivir con eso. ¿Nada más? – se quedó pensando un ratito, mirando hacia el lado.
– No, creo que no… a ver, no me gustan las cosas raras en exceso tampoco… pero todo lo que sea dentro de lo normal de lo que podamos hacer los dos… porno y juguetes también los incluyo.
– Es bueno saberlo – le dije, encantado con la idea de añadir cosas – ¿Incluso disfraces?
– Oh, me encanta hacer cosplay, pídemelo y me visto de lo que quieras – estaba realmente entusiasmada y yo también, se me ocurrieron muchas cosas.
– Te gusta mucho el sexo ¿Verdad? – me miró, su sonrisa desapareció un poco y se mordió el labio asintiendo – no, no te lo tomes mal, me encanta porque a mi también me gusta mucho.
– ¿Hay algo que a ti no te guste? – Me preguntó con curiosidad – no se apenas nada sobre ti de este tema…
– ¿Qué no me guste? Pues no me gustaría que te quedases callada, me gusta que me digas cosas – sonrió asintiendo.
– ¿Y algo que te guste mucho? ¿O algo que quieras hacer?
– Me gusta hacerlo en sitios raros y en momentos inesperados, no se, eso de “aquí mismo” me encanta.
– Por ejemplo en un baño público – me sonrió alzando una ceja – o en un taxi.
– O en el sofá, la terraza, después de un concierto… – le dije imaginándome situaciones.
– Sobre la encimera de la cocina mientras haces de comer – su mirada cambió por completo, sorprendiéndome la expresión de deseo que encontré en sus ojos – me estoy calentando otra vez – dijo riéndose a carcajadas – ¡Pero es que no puedo evitarlo mirándote a los ojos!
– ¿Nunca tienes fin? – le dije riéndome de su risa
– Ese es un problema que tengo, que siempre tengo ganas de más – no veía donde estaba el problema, la miré sin entender – mi ex me rechazaba bastante a menudo diciéndome que estaba cansado y que si estaba enferma y cosas de esas. Decía que no le dejaba respirar tranquilo – se miró las manos, poniéndose un poco seria, ahora veía donde estaba el problema – es solo que me gusta el sexo, nada más.
– A mi también me han dicho esas cosas demasiado a menudo
– Yo no te las voy a decir – me dijo de inmediato, mirándome a los ojos – créeme, siempre voy a querer darte sexo, en cualquier momento – y la creía, sin lugar a dudas – Hay una cosa que quiero hacer, hablando de eso – la miré esperando a que me contase su idea – me gustaría lamértela mientras tocas la batería – se me abrió la boca y me tuve que quedar mirándola como un estúpido, no me esperaba que me dijese eso.
– Siempre he querido que me hagan eso, pero nunca lo he pedido
– ¿En serio? – asentí
– Vamos a llegar a un acuerdo, tú me haces eso que me has dicho y yo te follo en la encimera de la cocina. Y susurrándote, que no se me ha olvidado – se apoyó con su mano en mi pecho para besarme despacio pero con una lujuria escondida tras su mirada.
Le puse la mano en la nuca, acariciando su cuello y su pelo mojado mientras la besaba despacio. La apreté contra mí pasándole el otro brazo por la espalda y ella se tumbó sobre mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo mientras la tuve entre mis brazos, lo único que supe de verdad era que sus besos eran tremendamente adictivos.
– Mabo, me estoy mareando – me dijo cerrando los ojos.
– Es por el calor – Mia se rió.
– Es verdad, tu te desmayaste en una, lo leí en internet.

Me rei y la ayudé a salir, no quería que se desmayase el primer día de estar conmigo, sería un tanto catastrófico. Al abrir la puerta del baño respiró un poco aliviada y la llevé hasta mi cuarto, sentándola en la cama frente a la ventana que abrí para que le diera el aire fresco – es que tampoco hemos desayunado.

3

Se estaba portando tan bien conmigo… era el novio perfecto, o al menos esa era la cara que me estaba mostrando. Tenía que tener en cuenta que en tan pocas horas no me había dado tiempo a conocer su lado malo, si es que lo tenía.
– ¿Te gustan los quito cato?
– ¿Los qué?
– Los quito cato, tienes que comer algo con azúcar ¿No hay de eso en tu país? – se levantó y se fue para volver al poco tiempo con algo rojo en la mano y cuando me lo dio pegué tal carcajada que se me quedó mirando extrañado.
– ¡Soy idiota! Quito cato… ¡Kit-Kat! – no paraba de reírme y el me miraba avergonzado – de verdad, que problemas tenéis los japoneses con las palabras que acaban en consonante…
– Bueno, nos entendemos en inglés ¿no?
– Si, si, gracias, me encantan. – lo abrí y me lo comí con ganas
– ¿Cuál es tu comida favorita? – me preguntó de repente
– Diría que tú – le dije esperando su reacción, que fue una carcajada – pero realmente… japonesa creo que el takoyaki. O el udón, no se seguro. Quiero que me hagas de comer.
– Hoy mismo, para almorzar – me dijo sonriendo – que por cierto, deberías de llamar a tus amigos para que te diesen tus cosas. Solo tienes tu traje aquí.
– Es verdad… – se me habían olvidado por completo, me sentí un poco culpable y me levanté agarrándome la toalla hasta la entrada de la casa, que fue donde lo dejamos todo. Cogí las cosas en un puñado y las dejé en su cama. Mientras que el se vestía con ropa nueva y metía a lavar la sucia, yo me volví a poner la misma ropa del día anterior y llamé a mis amigas
¿Si? ¿Sigues viva? – era Nan
– Algo así – dije riéndome y mirándole, hablando en español – cada segundo que estoy a su lado lo paso de los nervios. Cada vez que me besa me muero, te puedes hacer una idea supongo…
Que asco me das – me reí, Mabo me miró sentándose a mi lado
– Oye, necesito mi maleta
Ya me suponía que me ibas a llamar para eso, y menos mal porque el del hotel nos dijo que no la iba a guardar para siempre. Está en casa de Nagase, dijo que os llamaría pero por lo que veo no lo ha hecho.
– Ah, pues no – me quedé un rato hablando con ella, preguntándoles que tal les iba todo y contándole las cosas que quería saber. Mabo me observaba, sonriendo cuando yo sonreía, poniendo cara de curiosidad cuando escuchaba su nombre. Cuando colgué me besó, sorprendiéndome.
– Le habrás contado cosas buenas de mi ¿no?
– No hay nada malo que contar, me lo estaría inventado – dije sonriendo – me han preguntado que tal eres en la cama y les he dicho que no puedo estar de pie – se rió, acariciándome la cara con el dorso de su mano. Me estaba volviendo loca, si antes sentía que le quería ahora sentía que me moría por el.
– Me gusta escucharte hablar en español, ¿vas a enseñarme?
– Antes me tienes que enseñar japonés – asintió – por cierto, mis cosas las tiene Nagase-san, no me preguntes porque, no lo se.
– Ahora mismo le llamo y te cambias si quieres. Aunque por mi déjate ese traje puesto, me gusta mucho – me puso la mano en la pierna y volvió a besarme. Le acaricié su mejilla mientras el acariciaba mi lengua con la suya – no se que me pasa que no puedo parar de besarte.
– Pues no pares – volvió a besarme de nuevo, poniendo su mano en mi cintura. Pasé una pierna a cada lado de su cuerpo y me senté sobre el, pasando mis brazos por su cuello, besándole con cariño – me gustas tantísimo… – le susurré con los ojos cerrados.
– Como sigas susurrándome en español voy a terminar enamorándome de ti – le miré a los ojos, me sonreía y estaba tan tranquilo después de soltarme lo que me había soltado.
– Te quiero, te quiero tanto que voy a explotar – empecé a decirle todo lo que se me venía a la cabeza en español entre besos, escuchándole reírse. Finalmente le dije de forma y manera que el me entendiese – voy a hacer todo lo posible en lo que me queda de tiempo contigo para que eso pase.
– Lo único que quiero es que seas tu misma – dijo poniéndome el pelo tras las orejas – sospecho que es la manera más rápida de que me enamores.
– Eres mejor de como te imaginaba – le dije – no sabes lo feliz que me estás haciendo al dejarme estar contigo.
_____________________________________________________________________
– No es un sacrificio – me giré cogiendo el móvil y llamé a Nagase.
¡Buenos días!
– Hola, oye, ¿Estás ocupado? – Mia me observaba con su sonrisita alegre. Probablemente no entendía nada de lo que decía pero estaba realmente atenta.
– No, supongo que para que te lleve las cosas de la chica ¿no?
– Si no te importa…
– Vale, pero solo si me invitas a comer
– Un momento – aparté el teléfono y la miré – ¿Te importa que coma Nagase con nosotros?
– ¿¡En serio?! – casi se me cae de las piernas – ¡Por supuesto!
– Ahora nos vemos – colgué y me levanté de la cama con ella en brazos, dejándola en el suelo después de besarla de nuevo. Nos fuimos a la cocina y saque la carne del congelador – ¿Te gusta cocinar?
– Me entretiene – dijo curioseando dentro del frigorífico cuando lo abrí – pero prefiero comer, eso si que me gusta – a mi si que me gustaba, pero ella, y cada vez más.
– Cuando te haces de comer tú mismo siempre sabe mejor.
– Bueno, eso es porque tú eres un experto – le pedí que cortara las verduras y al ver lo lentísima que era no pude evitar reírme. Parecía que se iba a cortar de un momento a otro y le quité el cuchillo.
– No te rías de mi… – dijo mirándome avergonzada
– Es que eres muy torpe – me dio un empujoncito en los hombros cuando vio lo rápido que cortaba yo las cosas. La miré y le agarré el mentón, dándole un beso en la mejilla y sonriéndole. Se rió nerviosa, mirando al suelo. Me la iba a empezar a comer a besos justo cuando llamaron al timbre.
Fui a abrir la puerta y le vi con la maleta de Mia, con su habitual sonrisa de oreja a oreja. Entramos y ella le recibió visiblemente nerviosa.
– ¿A que huele? Ya tengo hambre – dijo Nagase
– Pues te vas a tener que esperar – le dije – Mia, tus cosas están ahí por si quieres cambiarte.
– Arigato – estaba mucho más tensa que antes, cogió su maleta y se la llevó al baño.
– ¿Qué tal? – me preguntó tan pronto como cerró la puerta
– Demasiado bien – le dije sentándome en una de las sillas de la cocina, suspirándo – por ahora es todo perfecto, es más de lo que puedo pedir. Siempre me está sonriendo, mirándome con esos ojos… no se explicarlo, veo que está feliz a mi lado.
– Te ha cambiado la mirada – me dijo Nagase con una sonrisita – no tienes nada que ver con como estabas ayer. Desprendes energía y joder, ¡No puedo evitar sonreír al mirarte!
– Pero en realidad estoy acojonado – le dije – no quiero que me pase otra vez lo mismo.
– Mabo, no seas imbécil. No puedes pensar así.
– Lo se, pero tampoco puedo evitarlo… – Nagase puso los ojos en blanco y se comió un trozo de zanahoria.
___________________________________________________________________
Entré en la cocina un ratito después, tras escucharles hablar en japonés a escondidas. No entendí gran cosa, solo que Mabo dijo mi nombre varias veces, kawaii, sugoii, pantsu y que Nagase se reía. Hablaban muy animadamente, me encantaba escucharles. Cuando me puse frente a ellos, Nagase me miró de arriba abajo aún riéndose de algo que acababa de decir. Me había puesto las mismas botitas, unos pantalones vaqueros cortos y una camiseta de guns n’ roses negra y suelta que me dejaba un hombro al aire. Se quedó unos instantes mirándome de arriba abajo hasta que Mabo le dio un empujón chasqueando la lengua.
– Espero que te guste la ternera porque el yakiniku que hace Mabo es bestial – me dijo Nagase. Cuando se quitó la gorra me quedé mirándole sin poder evitarlo.
– Si, por eso no te preocupes, le gusta la carne – dijo Mabo. Nagase le miró con las cejas levantadas y le dijo algo en japonés. Mabo dio una carcajada enorme y me reí solo de escucharle pero al verme la cara de no enterarme de nada me lo tradujo – me ha dicho que si ya me he has demostrado lo que te gusta la carne.
– ¡No se lo digas! – dijo Nagase mirándome, me reí mirando hacia el lado y negando con la cabeza.
– No va a enfadarse por eso, no te preocupes, y habla en inglés que no nos entiende.
– ¿Qué estás haciendo? – le dije a Mabo sentándome en una silla frente a Nagase. Tenía la manga que caía por hombro más baja de lo normal y se me veía la redondez del pecho. Mabo tiró de la camiseta hacia arriba, antes de que Nagase se diese cuenta. Le miré levantando una ceja y la dejé caer por mi hombro de nuevo.
– ¿Hay algo de la comida japonesa que no te guste? – preguntó Nagase. Me quedé pensando unos segundos, observando como Mabo miraba a un lado, ceñudo.
– Como no lo he probado todo no se si hay algo que no me guste – dije riéndome e ignorando lo que acababa de pasar – pero las cosas más tradicionales si que me gustan. Me encantan además.
– Mejor – dijo Mabo que nos puso por delante una tabla con maki de salmón que tenía una pinta estupenda – Id comiendo, yo me he comido como la mitad mientras los hacía – nos dio el wasabi y la soja. Nagase no se lo pensó dos veces.
– Itadakimasu – dijo metiéndose uno en la boca. Yo también cogí uno y cuando lo probé di hasta un gemidito, haciendo que los dos me mirasen asombrados.
– ¡Uuuumai Matsuoka-san! – le dije
Después nos dio una sopa de Miso que estaba incluso más buena y para acabar nos dio el yakiniku, lo que terminó matándome. Cuando acabamos los tres de comer estaba tan llena que iba a explotar.
– Ha sido el mejor almuerzo que he comido desde que llegué a Japón – le dije – la que termine casándose contigo tiene mucha suerte
– Gracias – me dijo sonriendo
– Y con la mejor compañía del mundo – dije mirando a Nagase, era también guapísimo, se me tuvo que poner cara de estúpida.
– Voy a al servicio, ahora vengo – Mabo se levantó de repente, tirando la servilleta de malas maneras en la mesa. Me sobresaltó lo bruscamente que se fue de la cocina y me quedé mirando como se iba.
– ¿Está enfadado? – le pregunté a Nagase
– Me parece que se ha puesto celoso – dijo sonriendo
– ¿Celoso? – Que yo pudiera poner celoso a Mabo con alguien era algo que no me entraba en la cabeza – lo dudo.
– ¿Y por qué no?
– Porque… solo me conoce de un día y además salta a la vista que estoy loca por el. Habría que ser tonto para no darse cuenta. Y lo sabe, se lo he dicho…
– No es que se fíe mucho de las mujeres – dijo Nagase – no ha tenido mucha suerte y supongo que el problema es que no quiere llevarse otro desengaño. Está demasiado alerta pero está ilusionado contigo. Y lo de que solo te conoce de un día… tu le quieres sin conocerle también, te lo recuerdo – me mordí el labio, sintiéndome alterada de repente.
– ¿Eso te ha dicho? ¿Qué está ilusionado?
– No exactamente, pero se le nota. Oye, hazme un favor – me miró serio, a los ojos, poniéndome nerviosa, realmente nerviosa, que mirada tenía ese hombre – No le hagas daño, ¿Vale? Si vas en serio… que sea de verdad. No se merece pasarlo mal, es buena persona.
– ¿Si voy en serio? – Me reí – nunca he querido algo con tantas ganas en toda mi vida, nunca he estado tan feliz. Si el… – tragué saliva – si quisiera quedarse conmigo… no hay nada que me hiciese más feliz que estar a su lado – Nagase miraba su plato dándole vueltas al palillo con una sonrisita.
– Vete con el mientras recojo esto – dijo levantándose
– Déjame ayudarte – me quitó los platos de la mano
– No, ni se te ocurra. Ve a decirle lo mucho que le quieres antes de que piense más de lo necesario.
Cuando me acerqué al servicio le vi de espaldas frente a su cama mirando mi maleta. Se colocó bien las gafas y dio un suspiro.
_________________________________________________________________
Sabía que probablemente estaba exagerando las cosas pero no me sentí nada bien cuando le dijo eso a Nagase. En cierta manera me molestó que le gustase tanto su compañía, por muy buena que fuese. Pero lo peor fue la sonrisa que se le escapó cuando el la miró, sentí que sobraba en esa mesa. Quizás me había ilusionado demasiado pronto… Sentí que me agarraban de la manga de la camisa y al mirar hacia el lado la vi mirándome sonriente. Se la devolví sin poder evitarlo y se coló por debajo de mi brazo, pasando los suyos por mi cintura y abrazándome con fuerza.
– Masahiro-kun – el corazón me dio un salto al escucharla llamarme por mi nombre, no estaba nada acostumbrado. Le hice un ruidito para hacerle saber que la estaba escuchando – nada, solo quería decir tu nombre en voz alta. No me creo todavía que esté contigo.
– ¿De verdad me quieres? – la pregunta me salió sola, sin pensarla. Mia me miró con el ceño fruncido.
– Claro que si. ¿He hecho algo para que lo dudes?
– Supongo que no – dije suspirándo. Me puso las manos en el pecho y se alejó de mí.
– ¿Supones? Si he hecho algo que te ha molestado quiero saberlo para no hacerlo más.
– Es solo que no me gusta que le sonrías a Nagase como me sonríes a mí. Bueno, ni a el ni a ningún otro hombre – le dije fastidiado, realmente me molestaba.
– Baka, no te preocupes por eso – me dijo con una sonrisa, poniéndome las manos en la cara y acercándose a mí. Suspiré mirando al suelo.
– Eso ya me lo han dicho antes y no terminó muy bien el asunto – quitó sus manos de mi cara, alejándose de nuevo. La miré y la encontré seria, con los labios entre abiertos.
– No me compares con otras, ni se te ocurra – miré hacia los lados intentando encontrar una manera de justificarme – no es justo que pagues lo que te han hecho esas zorras conmigo, yo no voy a hacerte daño. Te lo creas o no. Y que sepas que me ponen enferma los celos, no los soporto – quise decirle algo pero no me dejaba hablar – y menos si vienen de ti, es ridículo. Tú de entre todos los hombres eres el que menos motivos tienes para estar celoso. Me levantaba y me acostaba contigo en el pensamiento sin si quiera conocerte, y ahora mismo… no puedo medir lo que te quiero. Es simplemente imposible – Resoplé cerrando los ojos y me apoyé en la barandilla con las manos en la cara.
– Lo siento… – susurré negando con la cabeza – me niego a volver a pasarlo mal.
– ¿Qué quieres decir con eso? – la miré, tragó saliva. Tenía los brazos cruzados y me miraba con los ojos llorosos – ¿Cómo que te niegas? – No me salían las palabras, lo que quería decirle – ¿Quieres que me vaya? – dijo con un hilo de voz.
– No… – Me acerqué a ella y le pasé los brazos por la espalda, apretándola contra mi pecho – Lo único que quiero es a una mujer que se quede a mi lado, que piense que nuestro amor es lo más importante en su vida. ¿Es pedir mucho?
– No lo es – sentí como expulsaba todo el aire de sus pulmones agarrándome de la camiseta con su cabeza apoyada en mi pecho – ¿Qué tengo que hacer para que me creas? Quiero estar contigo, lo quiero más que nada en este mundo. Dame la oportunidad y te prometo que te voy a hacer muy, muy feliz. Mabo… – levantó la cabeza para mirarme, me sentí realmente mal cuando vi que estaba a punto de llorar – por favor… créeme – le puse la mano en la nuca y besé sus labios.
– No quería hacerte sentir mal, lo siento mucho – No supe que más decirle, suspiré y la abracé de nuevo. Se quedó en silencio, no decíamos nada, solo nos abrazábamos. Cuando nos separamos y la miré, sorbió por la nariz escandalosamente, limpiándose la cara con las manos. Chasqueé la lengua – ¿Te convences ya de que no soy lo que creías que era?
– No me esperaba que fueras celoso.
– Normalmente no lo soy, no se que me ha pasado.
– Oe, Mabo – Nagase me llamaba desde la cocina – tenemos que ir pensando en irnos.
– Ah, si, es verdad. Voy – me agaché y poniéndole una mano en la mejilla rocé mis labios con los suyos, sin llegar a besarla. Fue ella la que me agarró y se apretó contra mi, suspirándo. Sentí como sus labios se curvaban en una sonrisa. Me volvía loco con tan poco…
– ¿Dónde tenéis que ir? – me dijo.
– A trabajar – alzó las cejas andando junto a mi – ¿has venido en moto?
– Si claro. ¿Vamos ya? – dijo Nagase y asentí saliendo de la casa.
– ¿Dónde vamos? – dijo ella, parecía nerviosa.
– No creo que nos lleve mucho tiempo, es para rodar un anuncio promocionando el cd nuevo – le dijo Nagase
– Entonces vais a estar todos ¿No? – Asentí y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja – ¿Puedo mirar desde lejos?
– Claro que si – le dije – si no te habría llevado a casa.
Me senté en el coche con ella de copiloto. La miré mientras ella observaba a Nagase montarse en la moto, tardó un poco en darse cuenta de que la estaba mirando y cuando lo hizo me dedicó una sonrisa que me derritió. Me estaba empezando a gustar en serio, no sabía si asustarme o alegrarme.
__________________________________________________________________
Encendió la radio y se puso a cantar y tararear casi todas las canciones que salían. Me volvía loca escucharle hablar en su idioma, tenía que aprender cuanto antes mejor. Tenía los nervios destrozados a esas alturas, no pude evitar llorar antes en casa de Mabo a pesar de intentar evitarlo. Pero es que me dio un susto enorme cuando me creí que ya no quería nada más. Nagase se metió en un parking y no tardaron mucho en aparcar. Cuando subimos en el ascensor y llegamos a los pasillos de las oficinas ahogue un gritito contra mi mano.
– ¿Qué pasa? – me dijo Nagase, Mabo también me miraba
– Estamos en los estudios de los Johnny’s… ¿Verdad? – Nagase asintió como si nada.
Lo iba mirando todo con los ojos como platos, atenta por si veía alguna cara conocida. Cada vez que saludaban a alguien me daba un saltito el corazón pero nunca era nadie conocido. Llegamos hasta lo que parecían unas oficinas más privadas, en la puerta había un cartelito que decía “TOKIO”. Al entrar, Leader estaba sentado en una mesa blanca con su teléfono móvil en la mano y Gussan se miraba el pelo en un espejo. Empezaron a hablar en japonés, era como ver los programas de la televisión pero en directo. Me saludaron con una sonrisa, asombrados de verme por allí.
– Voy a vestirme y a que me maquillen y ahora vengo ¿Vale? – me dijo Mabo quitándose la chaqueta. Asentí, se me quedó mirando y me dio un beso en la frente, acariciándome el hombro con su mano. Sonriendo, se fue de allí. Al poco tiempo llegó Taichi.
– ¡Hola! – Me dijo en inglés – ¿Has venido con Matsuoka? – asentí.
Les miraba hablar, mucho más tranquilos de lo que se veían ante las cámaras. Miré a mi alrededor y vi que había muchos objetos personales por todas partes, suponía que de ellos. Mabo no tardó mucho en volver, y cuando le vi entrar por la puerta me quedé con la boca abierta. Se había puesto el pelo de punta y tenía una camiseta normal y corriente puesta, con una chaqueta y unos vaqueros. Pero era el conjunto lo que lo hacía irresistible, y esos pendientes le daban un aspecto de “malo” que me encantó. Tenía unas ganas de tocarle que me estaba muriendo pero en su lugar tragué saliva y le sonreí cuando me hizo un gestito con la cabeza para que les acompañara. Fui a su lado sin parar de mirarle de reojo. Estaba totalmente excitada solo con verle tan arreglado. Llegamos a un plató y me indicó que me sentase en unas sillas detrás de las cámaras. Había unas banquetas en las que ellos se sentaron y grabaron el spot en un cuarto de hora. Sabían a que iban y se notaba que tenían ganas de acabar. Fueron riéndose y charlando hasta donde yo estaba y no le podía quitar la vista de encima a Mabo, era como un imán. Cuando íbamos de vuelta a su vestuario sentí como buscaba mis dedos con los suyos, enganchándolos, dándome la mano en cierta manera.
– ¿Tienes que cambiarte? – le dije sin poder evitarlo cuando entraron en el vestuario.
– No, esta ropa es mía – se puso bien las gafas con un dedo.
– Mejor – dije mirándole de arriba abajo con descaro mientras me mordía el labio. Se miró a si mismo y luego a mi pasándose la lengua por los labios. Sentía que iba a salir ardiendo de un momento a otro y más cuando me sonrió con ese gesto tan perverso.
Me cogió de la mano y comprobando que los demás no se dieran cuenta me metió tras una esquina, empujándome contra la pared y riéndose. Cuando le puse las manos en el pecho mi corazón empezó a latir desbocado. Le tocaba ansiosa sus fuertes brazos, los hombros, mirándole y sintiéndome cada vez más nerviosa. El se dejaba hacer, observándome. Subí su camiseta y le acaricié por debajo, su piel estaba caliente y tersa, me entraron ganas de desnudarle y que me hiciera de todo. Le miré y me lo encontré mirándome el escote porque al subir las dos manos por su pecho me las había juntado con los brazos y se veían realmente grandes. Cuando sentí sus dedos recorrerme desde el hombro hasta el cuello tuve que reprimir un gemido y cuando me miró a los ojos, con deseo, sentí como me temblaban las piernas.
– Los pantalones me aprietan otra vez – me dijo susurrando con su mano en mi cuello, acercándose despacio y mirándome los labios.
– Mejor no te cuento como tengo las bragas – le contesté.
Se mordió el labio negando con la cabeza y me agarró del pelo de la nuca y de una pierna, pegándome a la pared y casi ahogándome con su lengua. Seguía con mis manos bajo su camiseta pero las saqué para agarrarle de la nuca cuando me levantó en peso, rozándose conmigo, respirando con dificultad mientras nos saboreábamos con furia. Me metió las manos bajo mi camiseta y me apretó los pechos con fuerza, aguantándome contra la pared con sus caderas y su cuerpo. Entrelacé mis piernas a su cintura e intenté no gemir cuando sentí sus dedos rozarme los pezones bajo el sujetador.
____________________________________________________________________
Lamió mis labios entreabiertos, yo le mordía el cuello, pasaba mis manos por su cuerpo sin parar de rozarme. Lo único que quería era sentir su piel, su calor, quería estar dentro de ella de nuevo. La suavidad lujuriosa con la que me acariciaba me volvía loco, los pequeños gemidos que se le escapaban, sus labios dulces y exigentes.
– Deberíamos de irnos – me dijo cuando dejé su boca libre unos instantes.
– Podría follarte aquí mismo – pasé mis manos por sus muslos mirándole a los ojos, ella abrió la boca para decir algo pero no le salía.
– No voy a decirte que no, si empiezas… no puedo pensar cuando me miras así – pasé la lengua despacio por su cuello, desde la clavícula hasta el lóbulo de su oreja – Mabo… no…
– Sabes que voy a reventarte después ¿Verdad? – le dije al oído tremendamente excitado al escuchar como gemía mi nombre – vete preparando.
Después de besarle el cuello una última vez la dejé caer en el suelo, me miró riéndose con la boca abierta y negando con la cabeza.
– No puedes hacer esto – dijo echándose la melena hacia atrás.
– Eh, nos hemos calentado mutuamente, tu me tocas el pecho, yo te toco el pecho – de repente su teléfono empezó a sonar y lo cogió hablando en español, aún riéndose.

Salí de donde estaba y me acerqué a la mesa, sentándome en la silla que tenía más cerca, resoplando e intentando pensar en otra cosa para que se me bajara lo que tenía entre las piernas. Leader me miraba con una ceja levantada.
– ¿Dónde estabas? – me dijo dejando el teléfono en la mesa
– Ocupado, hablando unas cosas
– Ya, si, hablando – dijo riéndose – por eso estás despeinado ¿no? – me pasé una mano por el pelo y me di cuenta de que se me había despeinado por atrás. Me reí, sintiéndome culpable pero divertido a la vez. Me volví hacia atrás al escuchar a Mia hablar un poco más alto de lo normal, airada. La vi salir de detrás de la esquina guardándose el móvil en los pantalones y negando con la cabeza, enfadada – ¿Qué ha pasado?
– Nada, que una de mis amigas, en fin… si le puedo llamar así, es una estúpida y se ha enfadado conmigo por quedarme contigo. Me acaba de llamar echándome la bronca porque dice que les he dejado tirados. ¿¡Qué más les dará?! Son 3, se pueden entretener ellos solos…
– Si es un problema puedo llevarte con ellos, ya nos vemos después… – me miró alzando las cejas
– Después cuando, ¿Cuándo vuelva a España? – Ese comentario me hizo sentir angustia, España estaba muy lejos – además, no te preocupes, lo que está es celosa. También le gustas… pero no como a mí, eso puedo asegurártelo.
Me sentí un poco incómodo. Miré a Mia y la vi un poco más seria de lo normal mientras observaba a Taichi y a Gussan hablar. Nagase nos propuso irnos a casa y la verdad es que tenía ganas de estar a solas con ella, pero no se le iba esa expresión. Cuando doblamos una de las muchas esquinas de los largos pasillos del edificio vi que Gussan se chocó con alguien de frente. Al principio me reí, pero cuando vi que se trataba de Naoko se me quitaron las ganas de reírme.
– ¿Quién es? – preguntó ella al ver que la miré y resoplé.
– Mi ex novia, trabaja aquí.
Sentí que los dedos de Mia entrelazándose a los míos con urgencia, la miré de reojo y vi como sacaba pecho, poniéndose derecha y mirando hacia adelante. Naoko me saludó brevemente con la cabeza y no se me escapó como su mirada se paró en Mia, en nuestras manos y en Mia otra vez. La volví a mirar de reojo y vi como le dedicaba una sonrisa encantadora a mi ex, apretándome la mano más fuerte de lo normal. Una vez llegamos al coche, la miré atentamente.
– ¿Por qué has hecho eso? – le pregunté con una sonrisita.
– ¿El qué? – dijo ella como si no supiese nada mientras se ponía el cinturón.
– Sonreírle – me miró echándose la melena hacia un lado, se me desviaron los ojos a su hombro desnudo pero volví a fijarlos en su cara.
– Quiero que sepa que sé quien es, y quiero que sepa que si está en mi mano no te voy a dejar escapar. Pero en el fondo tenía ganas de tirarle un ladrillo a la cara – miró por la ventana. Seguía seria.
Y no habló conmigo en todo el camino, la observaba con el rabillo del ojo como miraba por la ventana pensativa.
_________________________________________________________________
Iba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de que se había quedado parado mirándome. Estaba apoyada en la pared del ascensor con los brazos cruzados y el me miraba con las llaves en la mano, ceñudo. Hasta que no estuvimos dentro de la casa, en su cuarto, no volví a mirarle.
– ¿Qué hacemos ahora? – le dije
– Hablar – contestó el, serio. Me dio miedo lo que pudiese decirme, quizás le había ofendido con lo que dije de su ex, pero era lo que se merecía esa zorra por haberle hecho daño. Le seguí hasta el salón y me senté a su lado en el sofá. Suspiró, echándose hacia detrás. Dejó caer su brazo por detrás de mi espalda – me dices que odias los celos pero tú eres la primera que te pones celosa.
– No me pongo celosa – me salió automático – es que… no me gusta…
– ¿El qué no te gusta?
– Sentirme así – me miraba esperando que me explicase. Agarré un cojín y lo apreté intentando relajarme – cuando me has dicho quien era me he puesto nerviosa, he tenido miedo de que… – trague saliva – de que al verla te acordases de cosas y que de nuevo quisieras… no se…
– ¿Dejarte de lado por ella o algo así? – Asentí sin mirarle – Oye, no quiero que pienses eso – se sentó derecho y me puso una mano en el mentón, haciendo que le mirase a la cara y volviendo a mi corazón loco. Me dio un beso en la mejilla y dejó su frente apoyada en la mía. Suspiró y me miró a los ojos – mira, vamos a hacer una cosa – se sentó con la espalda apoyada en el brazo del sofá, mirándome de frente – vamos a plantearnos situaciones incómodas o que tu pienses que sería algo difícil y nos decimos como reaccionaríamos. Pero sinceramente, sin miedo a saber que pensará el otro ¿Vale?
– Si, vale – sonrió ligeramente, pero se le notaba que estaba preocupado – empieza tú porque no se… no se que decirte.
– Vale, era lo que pensaba hacer. Imagina que tengo que ir a una fiesta y te llevo conmigo, y en esa fiesta está alguna de mis ex novias – no pude evitar la mueca de disgusto que me salió – y en un punto de la noche, se acerca a hablarme. Sonriente y con un traje que le queda de muerte, pero tú estas a mi lado. ¿Qué harías?
– Arrimarme a ti, supongo. Agarrarte y no soltarte.
– ¿Y qué sentirías?
– Solo de imaginármelo me estoy angustiando – frunció el ceño – no se exactamente que sentiría si viese a la misma de hace un rato acercarse a ti con su cuerpo perfecto y su cara de muñeca. Probablemente me metería en un boquete a llorar al verme a su lado o algo así porque evidentemente no te voy a decir que no les hables, eso no es cosa mía, por más que me moleste. – se quedó callado unos instantes mirándome, igual de serio.
– Vale, eso de que no es cosa tuya es discutible si tenemos en cuenta que estamos juntos pero valoro mucho que no me impongas cosas. Lo que no me gusta es eso de… meterte en un boquete a llorar, ¿A que viene eso?
– Por favor Mabo, ya me siento ridícula intentando algo contigo no me quiero imaginar si la tuviera delante para compararme – me miró asombrado, resoplando.
– ¿Qué te sientes ridícula? ¿Por qué?
– ¡Porque eres Matsuoka Masahiro! ¿Tengo que recordarte que eres lo que cualquier mujer querría? Eres guapísimo, estas realmente bueno, eres impresionante en la cama y además me haces reír. Eso sin contar que además cantas y tocas la batería y bueno, también eres famoso y rico… aunque eso me da igual – dije haciendo un gesto con la mano – de hecho preferiría que no lo fueses – su expresión cambió un poco no supe decir si en sorpresa o en que – y yo no soy… ¡Soy solo yo!
– ¿Solo tu? No me gusta que pienses así, no te valoras lo suficiente.
– Porque no pienso que yo sea suficiente para ti, probablemente cuando se te pasen las ganas de follarme ya no te pareceré tan fantástica – me miraba enfadado pero yo sabía lo que estaba diciendo.
– ¿Las ganas de follarte? – Negó con la cabeza mirando hacia un lado – ¿Para eso piensas que te tengo aquí? Y además, ¿qué tengo yo de especial como para merecerme algo que según tu tiene que ser lo mejor de lo mejor?
– No seas ridículo, todo el mundo sabe lo buena persona que eres… – no parecía convencido.
– Aunque yo fuera una persona maravillosa como tú crees… ¿Qué te hace pensar que tú no eres suficiente?

– Salta a la vista – dije mirando hacia un lado, intentando no llorar. Otra vez.

 

4

– Pues yo no lo veo tan evidente – le dije con los brazos cruzados, estaba realmente molesto con su actitud. No me gustaba como se veía a si misma a mi lado.
– ¡Mabo, mírame! – Se señalaba – No tengo un cuerpo perfecto, mucho menos una cara perfecta. No se que te ha atraído de mi, ¡¡No lo entiendo!! Solo soy una gaiyin obsesionada contigo – se mordió el labio, tragando saliva y mirando hacia arriba.
– No sabes lo equivocada que estás. En todo – no me miraba a la cara de nuevo, con el cojín apretado fuertemente entre sus manos – no es solo que tengas un cuerpo realmente sexy y una cara preciosa, que la tienes – chasqueó la lengua mirándose las rodillas – es tu actitud conmigo, tu forma de ser. Vale, es posible que seas una gaiyin obsesionada, eso no te lo niego, pero eres la primera que me confiesa lo que siente con tanta sinceridad. Y eso me ha gustado mucho, me ha hecho sentirme querido otra vez y no quiero dejar pasar esta oportunidad solo por tus inquietudes – se llevó las manos a la cara y de sus labios salió un sollozo tan grande que tembló entera.
Me acerqué a ella  poco asustado por su reacción y la abracé, acariciando su pelo y besándolo. Tardó un poco en parar de llorar y no me abrazaba ni se quitaba las manos de la cara, solo se dejaba caer en mi hombro. Cuando sentí sus manos en mi escuché como me susurraba “Gomen ne” mientras sorbía por la nariz. La apreté aún más fuerte contra mi, suspirándo.
– ¿Qué acaba de pasarte? – le pregunté
– No me lo esperaba – dijo con la voz tomada – sigo sin entenderlo pero si tu dices que quieres seguir con esto…
– Es que dos días son muy pocos para conocerte – tenía mi barbilla apoyada en su cabeza pero se separó de mi pecho y me miró a los ojos.
– Aishiteru, Masahiro-kun – sentí como si algo me presionara el pecho. Me asusté. Suspiré y le puse la mano en la mejilla. Ella cerró los ojos y la apretó con su mano, que se veía ridículamente pequeña junto a la mía – no es lo mismo, y lo sé, pero… daisuki, Mia-chan – abrió los ojos y se le separaron los labios, conteniendo la respiración.
– ¿Qué no es… Dímelo otra vez – me apretaba la mano tremendamente fuerte para ser tan pequeña. Me reí y le dí un beso muy breve en los labios. Apenas separándome de ella se lo repetí.
– Daisuki, Mia-chan. Hontoni daisuki – me pasó los brazos por los hombros y me dio un abrazo tan fuerte que casi me lastimaba. Empecé a reírme a carcajadas cuando la escuché decir una sarta de palabras en español a toda velocidad – si que eres una fan histérica – le dije.
– Oye… ¿No tendrás una batería por aquí no? – La miré con una ceja levantada – es que me encantaría verte tocar.
Me levanté y me la llevé de la mano hasta una habitación insonorizada que tenía solo para la batería. Cuando la vio se le abrió la boca de la sorpresa y pasó los dedos por los platillos, mirándome contenta mientras se mordía el labio.
– ¿Puedes tocar Sonic Drive?
– Claro que si – me fui hasta el equipo de música y busqué el album “Harvest”. Lo puse y lo dejé preparado. Me senté en la batería, comprobando que todo estuviese en su sitio y cogí las baquetas, haciéndolas girar en mis dedos. Le guiñé el ojo a Mia que me miraba asombrada y feliz – dale al play cuando quieras.
– Quiero que me toques dos
– ¿No era una, tramposa? – me reí mientras la miraba.
– Los intereses, llevas un día de retraso – dijo con una sonrisa, poniéndose el pelo tras las orejas.
– ¿Algún motivo en especial para esta?
– No, que me encanta.
Asentí y empecé a tocar. Ella me miraba con fascinación, estaba acostumbrado a ver esa cara en el público cuando dábamos un concierto, pero era muy diferente tocar solo para una persona. Estaba incluso un poco nervioso. Pero cuando vi que ella cantaba se me pasó esa sensación. Cada vez que la miraba me sonreía tímidamente. Cuando acabé la canción me dio un corto aplauso entre risas, se acercó a mi y me dio un beso cariñoso.
– Es genial verte tocar en directo, me tenéis que dar entradas gratis para el próximo concierto porque tiene que ser alucinante.
– Por supuesto – le dije sonriendo – venga, ahora la otra.
– “Julia” – dijo buscando el cd correcto – y ni se te ocurra parar de tocar.
Me estaba viendo venir sus ideas y no pude ocultar la risa tonta que se me escapó. No había terminado de tocar la primera estrofa y la vi arrodillarse junto a mí. Me eché hacia atrás cuando tiró de mi cinturón y me fue un poco difícil seguir cuando me miró con esos ojos enormes y castaños acariciándome con sus uñas sobre los calzoncillos. Me crecía a una velocidad asombrosa mientras me la tocaba. Cuando volvió a mirarme se mordió el labio mirándome de tal manera que creo que fue lo que de verdad me terminó de poner cachondo. Bajó los calzoncillos y me la agarró, para entonces ya iba por la segunda estrofa y no sabía como lo estaba haciendo sin equivocarme. Se coló entre mis piernas, haciéndome un poco difícil seguir tocando y se pegó a mi cuerpo. Pasó su lengua por el glande, despacio, y lo mordió con delicadeza, haciendo que me temblaran las piernas. Cuando pasó sus labios y su lengua de abajo a arriba quise tirarlo todo por los aires y arrancarle la ropa a tirones, pero seguí tocando. La sentí escupir en mi miembro y pasó su mano despacio mientras me besaba junto al ombligo, dándome tanto placer que cerré los ojos.
___________________________________________________________________
Estaba aguantando muy bien, casi iba por el final de la canción y solo le tembló la pierna un par de veces. Por más que lamía y que pasaba mi lengua por su miembro no paraba de tocar, aunque hacía unos gestos con la cara que me encantaban. Pero cuando me la metí hasta la garganta, varias veces y rápido, gimió. Aguantó hasta la mitad del último estribillo. Dejó las baquetas para agarrarme a mí de la nuca y del brazo, sentándome sobre el, invadiendo mi boca agresivamente con su lengua. Subí su camiseta sin dejar de besarle, quitándosela y tirándola atrás de cualquier manera. Subió mi camiseta y hundió su cara entre mis pechos, mordiéndome y haciéndome jadear. Le agarré la mano y lamí sus dedos con lujuria, sus largos y hábiles dedos.
Mientras me desabrochaba los pantalones cortos bajé mi mano y la moví por su erección un par de veces. Me miró lamiéndose los labios cuando me puso de pie, quitándome los pantalones. Se inclinó entre mis piernas y me rozó por encima de las braguitas con su nariz.
– No se cuanto voy a durar pero se que te va a gustar.
– No me importa pero tócame ya – le dije. Me sonrió, lamiéndome sin cortarse un pelo por encima de las bragas, haciéndome gemir y poniéndome realmente caliente.
Puso sus dedos justo encima de mi clítoris y los movió delicadamente en círculos, apretando solo un poco. Pasaba el dedo gordo de su otra mano por encima de mi vagina, sin quitarme si quiera la ropa interior. No podía parar de gemir, le miraba y le veía con esa expresión de lujuria. Cuando tuvo los dedos empapados se decidió a quitarme las bragas también y lamió todo lo que se iba encontrando con ansia, dando roncos gemidos mientras le agarraba con fuerza de la nuca. Puso sus manos en mis piernas, subiéndolas mientras me pasaba muy rápido y muy por encima la lengua de abajo a arriba por mi clítoris, haciéndome gemir su nombre, casi gritando cuando llegue al orgasmo. Se puso de pie y me pegó contra la pared, colocando sus caderas entre mis piernas sin soltarlas y agarré su miembro, metiéndolo en mi cuerpo que lo aceptó de inmediato. Me la metía hasta el fondo, mirándome desde arriba con los labios entreabiertos. Me cogió en peso, y observé como se le tensaban los músculos de sus brazos.
– Motto hayaku, hayaku… – le susurré como pude. Gruñó y me agarró del trasero, tumbándose sobre mí y dándome tan rápido que no podía distinguir cuando acababa un orgasmo y empezaba el siguiente.
Me hizo sudar, me hizo gemir y jadear hasta que me dolía la garganta. No paraba de morderme por todas partes y yo no podía evitar clavarle las uñas en la espalda. Después de provocarme un orgasmo realmente largo en el que me penetró profundamente apenas moviéndose, se dejó caer conmigo encima en la banqueta de la batería. Pero aun no había acabado, lo notaba, seguía durísima y enorme.
– ¿Quieres que siga? – le dije respirando con dificultad, acariciándosela despacio.
– Eres perfecta – me dijo sonriendo – me encanta poder follarte así. Nunca… nunca puedo follar como quisiera porque a todas les duele pero tu…
– Yo solo quiero más, Mabo – le dije colocándome bien – ya te dije que no te iba a dejar tranquilo. Te lo advertí, es difícil saciarme – Me rocé despacio con su miembro, moviendo mis caderas con una pierna a cada lado de su cuerpo. Cuando se la agarré y la pasé por la entrada de mi vagina se quejó.
– No hagas eso, es demasiado… me gusta demasiado y no puedo soportarlo…
– Es tan grande… tan caliente – le susurré contra su boca – me gusta tanto como me llena… – dije mientras le sentía entrar, Mabo me miraba con la boca abierta – me vuelve loca – dije cabalgándole, moviendo mis caderas despacio, sacándola y metiéndola de nuevo en mi cuerpo – kimochi…
– Voy a correrme – y lo noté, noté que iba a correrse, pero no quería parar, me estaba gustando muchísimo y cada vez más – voy a correrme dentro…
– Si – le besé y le hice agarrarme de las caderas con sus fuertes manos. Me movía lentamente sobre el pero sentí como poco a poco iba llegando al orgasmo. Me apretó la cintura con los dedos, gimiendo, con los ojos cerrados fuertemente y la cabeza echada hacia atrás. Al mismo tiempo tuve un orgasmo tremendamente intenso y gemí una última vez contra su cuello mientras el me apretaba a su cuerpo en tensión. No dejé de moverme hasta que no noté que se relajaba, hasta que no le vi aflojar la mandíbula aspirando aire con su boca pegada a la mía. – Mañana tenemos que ir a una farmacia – le dije sonriendo.
– Tenía que hacerlo, lo siento, quería sentirlo.
– No te disculpes, yo también quería.
____________________________________________________________________
Era definitivo, era mi otra mitad sexualmente hablando. Nos gustaban las mismas cosas, pensábamos igual en la cama y se movía de una manera impresionante. Desee con todas mis fuerzas que fuera tan perfecta como parecía mientras le apartaba el pelo de la cara, mirando su sonrisa. No entendía como se le podía pasar por la cabeza que no fuese sexy o guapa cuando era preciosa.
– Tienes unos ojos enormes – le dije – me encantan. Me encantas. – la abracé mientras me besaba con sus manos en mi cara.
– ¿Sabes? Muchas veces cuando me masturbaba a solas en mi casa, después de haber visto un concierto o un video, me imaginaba más o menos lo que acaba de pasar.
– ¿He cumplido una de tus fantasías sexuales? Pues ya somos dos – le dije – siempre quise hacer el amor con una española.
– ¿En serio? – Me dijo riéndose – ¿Por qué?
– Tenéis fama de calientes, los españoles en general. Y joder, es verdad – dije riéndome yo también – ninguna mujer me había dicho tantas cosas sucias mientras me follaba. Y eso sin contar lo que susurras en español, que a saber…
– Tu también me susurras en japonés pero me da igual no entenderte porque me pones muchísimo – cada vez que la veía ponerse el pelo tras las orejas me entraban unas ganas irrefrenables de besarla. Y no me corté, le dí un beso enorme, tumbándola hacia atrás aún en mis piernas.
– Vamos a intentar una cosa – le dije agarrándola del trasero – sujétate bien a mi – Me pasó los brazos alrededor del cuello y las piernas por la cintura, pegándose a mí cuerpo. Apoyándome en la batería me levanté, sin sacársela.
– Lo vas a manchar todo – dijo pegando sus caderas a las mías, riéndose.
– Intenta no reírte – dije dando una carrerita cuidadosa hasta el baño, con éxito. Una vez dentro la dejé en el suelo y le resbaló mi esperma por las piernas – te prometo que a la próxima me pongo un condón – le dije mientras me desnudaba – pero es que…– se rió quitándose el sujetador y abriendo la ducha. Le pasé las manos por la cintura pegándome a ella y besándole el cuello mientras se limpiaba de espaldas a mi – tienes muy poca ropa aquí, si quieres mañana vamos a comprarte algo – se giró y me miró con una sonrisa.
– ¿De verdad quieres que me quede contigo? – asentí. Aunque tuviese que estar todo el día hablando en inglés. Ya aprenderíamos el idioma el uno del otro, eso era lo de menos – ¿Y si no sale bien?
– Va a salir bien, lo se.
Ella terminó de ducharse primero y se fue a vestirse. Me duché rápidamente, y me puse la toalla en la cintura, yendo hacia la habitación. Me la encontré solo con unos pantalones cortos de tela puestos, mirando dentro de mi armario.
-¿Estos son los pijamas? – me dijo señalando unas camisetas
– Si, ¿No tienes en tu maleta?
– Si, claro que tengo, pero quiero ponerme una camiseta tuya, ¿Puedo?
– Tú sabías que eso me gusta ¿no? – le dije riéndome
– No – me miraba sorprendida pasándose una camiseta morada de mangas cortas por la cabeza. Se sacó la melena de dentro y se miró a si misma.
– Cuando las mujeres estáis más guapas es con algo de andar por casa puesto, y recién levantadas – me acerqué a ella y le puse las manos en el trasero, acariciando el borde de sus pantalones por debajo de mi camiseta, que le llegaba a las rodillas.
– Te estaría besando todo el día – me dijo mirándome los labios, pasando sus manos por mi pecho desnudo.
– ¿Qué te lo impide? – me incliné sobre ella y rocé sus labios con los míos, pellizcándolos, sintiendo la punta de su lengua cuando se los humedeció. Ambos dimos un respingo cuando llamaron al timbre – ¿Puedes ir tu? Me pongo los pantalones y en seguida voy.
Asintió y salió del cuarto. Me vestí a toda prisa pero apareció antes en la puerta del dormitorio, seria y agarrándose del filo de la camiseta. Suspiró y miró hacia un lado.
– Es tu ex novia – la miré extrañado ¿Qué hacia aquí? – No me ha… no me ha dado tiempo a decir nada y ha entrado, está en el salón – me puse una camiseta y le besé el pelo antes de salir de la habitación. Me la encontré de pie, con ese aspecto molesto que me era tan familiar. Cuando me vio levantó las cejas, sonriendo.
– Venía a traerte unas cuantas cosas que tenías en mi casa, y la llave de la tuya, que aún la tenía ¿Te pillo mal?
– Podrías haber llamado.
– ¿Quién es? Estabas con ella esta tarde. ¿Es una groupi? – dijo riéndose.
– No, es mi novia
____________________________________________________________________
Estaba claro que yo todavía no entendían muy bien japonés porque me había parecido escuchar, escondida tras la puerta como estaba, que le decía que yo era su novia. Escuché que de los labios de esa zorra salía una risita sarcástica, no sabía que tenía de divertido. Cuando le abrí la puerta me miró como te miran las “chicas perfectas del instituto”, esa misma mirada de “pobrecilla…”. Sabía que no debía estar escuchando, igualmente no me enteraba de mucho, solo de cosas sueltas, pero me parecía que Mabo estaba molesto. De repente alzaron un poco la voz y me sentí más culpable aún de estar escuchando.
– ¿Y le has contado ya que no puedes casarte? – me sorprendí al escuchar a su ex hablar en inglés, y también por el contenido de la frase.
No se escuchó nada durante unos segundos, hasta que le escuché a él soltar el aire por la nariz y que le decía algo muy bajito a ella. La escuché suspirar y que le pedía perdón, seguían susurrando. Me di la vuelta y me metí en el cuarto de Mabo, andando nerviosa y deseando que se fuese de allí. Me senté en su cama esperando y de repente empezó a vibrar su teléfono. Le estaban llamando así que me acerqué al salón, con rapidez. No escuchaba nada, durante un rato no escuché nada y me inquieté. Quería mirar, pero me daba miedo ver algo que no quisiera, pero apreté el móvil y empujé la puerta. No se exactamente que sentí cuando me los encontré abrazados, ella con los brazos alrededor de su cintura y el con lass manos en sus hombros, mirando hacia el lado contrario a donde yo estaba. Ella tenía los ojos cerrados y suspiró, los abrió mirando al suelo, dijo algo en un susurro y el le contestó, y no es que quisiera verlo, es que no podía moverme. La chica miró hacia arriba, le puso una mano en la mejilla y le besó la comisura de los labios. Mi primer impulso fue tirarme encima de ella pero cuando vi que Mabo sonreía… Ya no vibraba el móvil, me di la vuelta y cerré la puerta con cuidado. Dejé su teléfono donde estaba, su camiseta en su sitio y me puse una mía. Guardé mis cosas, aguantándome las ganas de llorar. No es que fuera a necesitar una explicación, estaba bastante claro que se había quedado conmigo como quería. Me puse una chaqueta y me fui hacia la salida de la casa. Al pasar por el salón la escuché reírse, que Mabo decía algo y claramente se le notaba en la voz que se estaba riendo también. Me senté en la entrada a ponerme los zapatos y justo cuando iba a abrir la puerta escuche un susurro a mi espalda. Miré hacia atrás y la vi, con su bolso y su cuerpazo, perfecta. Me miraba con cara de sorpresa, yo con mis patéticas lágrimas de despecho manchándome la cara.
– ¿Dónde vas? – me dijo en inglés señalando la maleta, con cara de preocupación. “Falsa de mierda…” pensé.
– Dile a Matsuoka-san que no me siga. No es necesario, siento haberme metido donde no me llaman.
Me incliné despidiéndome de ella y cerré la puerta con fuerza. No quise esperar el ascensor así que corrí escaleras abajo, cargando con la maleta en mi hombro. Había sido una imbécil al pensar que a el se le pudiera ocurrir quedarse conmigo, el era quien era y me había hecho ilusiones solo por follar unas cuantas veces. Me sorprendía como podía haber sido tan estúpida, tan inocente. Llamé a Seth que me contestó alarmado al escucharme llorar y quedé con ellos en que nos veríamos al día siguiente en el aeropuerto. Nada más salir de la casa cogí un taxi y no miré atrás. No quería saber nada, no quería meterme en su vida y ser un estorbo, y por lo que había visto, claramente lo era. Si tenía que escuchar sus explicaciones, no iba a poder soportarlo. Lo único que me quedaba era la experiencia y el recuerdo de haberme sentido amadaa una vez por Matsuoka Masahiro. Aunque no sabía si tenerlo y perderlo era mejor que no haberlo tenido nunca.
__________________________________________________________________
Me maldije miles de veces por no habérmela llevado al salón conmigo cuando vino Naoko, lo malinterpretó todo, y lo peor es que no me dejó tiempo a explicarme. Pero la entendía, no se como habría reaccionado en su lugar pero desde luego no habría sido nada bueno. Me senté en el bordillo de la acera, con las manos en la frente e intentando pensar una manera de encontrarla cuando sentí una mano en mi hombro. Al mirar hacia arriba vi a Taichi y a Nagase.
– Era ella – les dije mirando a Nagase encenderse un cigarro – simplemente, era ella la definitiva, y la he dejado escapar.
– Yo creo – dijo Taichi sentándose a mi lado – que si de verdad quieres estar con ella vas a hacer todo lo que esté en tu mano.
– Pero no se donde puede estar… no se nada – dije desesperado.
– Se ha ido con la maleta ¿No? ¿Te dijo donde iban a estar sus amigos? – dijo Nagase
– En Okinawa, no creo que se haya ido hasta allí ¿No?
– Puede estar en el aeropuerto – dijo Taichi – vamos, muévete, te llevamos en el coche.
No tenía muchas esperanzas de encontrarla, se iba al día siguiente y para eso no quedaban muchas horas. Vi a Nagase toquetear su teléfono mientras echaba el humo por la ventanilla del coche.
– Vale, salen vuelos a España mañana por la mañana uno a las 9, otro a la 13:00 y otros dos a las 20:00 y a las 23:15. ¿No tienes ni idea en cual va?
– No – dije desesperado. Cuando llegamos al aeropuerto salimos corriendo cada uno en una dirección, mirando por todas partes. Cuando llevábamos 20 minutos buscando empecé a darme por vencido, totalmente derrotado. No me explicaba como había tenido tanta mala suerte. Mi teléfono empezó a sonar y lo cogí con desgana, era Taichi.
– La he encontrado, está dormida en la terminal 2 – me explicó donde estaba exactamente y salí disparado hacia allí. Nunca en mi vida había corrido tantísimo. Cuando llegué estaba allí con Nagase que me miraba con una sonrisita.
– Os esperamos en el coche – dijo susurrando y riéndose.
Me agaché junto a las sillas del aeropuerto, estaba usando su chaqueta de almohada. Respiraba tranquila, con los labios entreabiertos, profundamente dormida. Le di un beso en la frente para no despertarla muy bruscamente, pero igualmente abrió los ojos sobresaltada, sentándose en los asientos y mirando al suelo automáticamente cuando me vio, muy seria.
– ¿Qué haces aquí? Tu chica debe estar sola
– No es mi chica, no se que has visto pero…
– He visto que te besaba, eso he visto – le iba a contestar pero no me dejó – y eso no habría sido malo si hubieses reaccionado de otra manera, no sonriéndole. Para mi está bastante claro – Lo peor es que no me gritaba, ni siquiera me miraba.
– Mia, déjame explicarte las cosas.
– No se si quiero escucharlas – no le hice caso y me senté a su lado.
– Al principio Naoko estaba enfadada, se puso celosa porque decía que era muy pronto como para que tuviese novia de nuevo.
– ¿Y a ella que coño le importa?
– Eso le dije, pero como no quería despedirme de ella de malas maneras estuvimos hablando y al final le hice entrar en razón. Por lo visto ella también ha encontrado a alguien y sospecho que antes de que lo dejásemos, pero esa es otra historia. El beso me lo dio después de desearme que me fuese lo mejor posible contigo, baka.
_____________________________________________________________________
Quería creerle. Lo quería con más ganas que nada en mi vida, pero no sabía si fiarme. Me habían engañado tantas veces y tanta gente que me costaba fiarme de el. Su explicación tenía sentido realmente, pero… Le miré, me miraba triste, preocupado.
– No sabes lo mal que me sentí cuando Naoko me dijo que te habías ido, cuando salí de casa te vi montarte en el coche y no me dio tiempo a seguirte.
– Imagina como me sentí yo
– Ya lo se, lo se. Lo siento mucho – me pasó las manos por la cintura y apoyó su cara en mi cuello – no te vayas de mi vida por favor. Quédate conmigo – me apretó contra el con fuerza.
– ¿Me prometes que ella no es nada para ti? – se separó de mi y me puso una mano en el pelo, observando mi rostro con una sonrisita
– Si quieres la llamo por teléfono y que te lo explique ella
– No hace falta. Voy a creerte, en fin, una relación sin confianza no es nada ¿No? – sonrió, estaba guapísimo. Me besó con ternura, apretándome a el y abrazándome – una cosa, ¿Por qué no puedes casarte?
– Ah, eso… es que en la agencia de los Johnny’s si hay un miembro del grupo casado los demás no pueden casarse. ¿Es un problema?
– No pero es injusto. Mientras que pueda estar a tu lado eso no me importa – me sonrió.
– Taichi y Nagase nos están esperando, ¿Nos vamos? – asentí. Sentía los ojos cansados entre el sueño y lo que lloré antes, me pregunté si se me notaba. Le dejé un mensaje a Seth en el móvil diciéndole que falsa alarma, que se volvieran a España sin mi, que ya le contaría. Estaba segura que en cuanto lo leyese iba a llamarme. Al llegar al coche, los dos me sonrieron contentos. Mabo y yo nos sentamos atrás.
– La próxima vez pregunta – me dijo Taichi – no sabes el sueño que tengo por tu culpa
– Lo siento – les dije – siento si os he causado problemas
– No te preocupes, están aquí porque quieren.
– De nada ¿Eh? – le dijo Nagase haciéndome reír.
– Antes de ir a mi casa pásate por una farmacia – Después de dar una carcajada me tumbé en el pecho de Mabo y a pesar de que iban charlando y riéndose, me relajé tantísimo después de lo que había pasado que me quedé dormida.
______________________________________

1 año y medio después

Estaba sentada en el salón, con el portátil por delante y haciendo mis ejercicios de escritura. Ya el idioma más o menos hablado lo iba dominando pero la escritura era otro cantar. El hiragana me lo sabía, con el katakana tenía algunos problemas pero los kanjis… me traían por la calle de la amargura. No para de mirar el reloj, eran ya las 2 de la madrugada y me estaba empezando a entrar sueño. Me abrí otra lata de coca cola y seguí a lo mío poniéndome bien el camisón. Cuando estaba con una frase especialmente difícil escuché el pestillo y me levanté casi tirándolo todo por los aires. Llevaba cerca de un mes sin verle por la gira que estaban haciendo, solo habíamos hablado por teléfono y cuando le vi en la puerta con las maletas me tiré a sus brazos.
_________________________________________________________________
– ¡Okaidi Mabo kun! – me dijo besándome por todas partes. Solté las maletas y la cogí en peso, cerrando la puerta con el pie – te he echado muchísimo de menos.
– No hacía falta que te quedases levantada baka, te iba a despertar de todas maneras.
Ni si quiera me quité los zapatos. Fuí todo el pasillo dándole besos apasionados, sonriendo y riéndome de lo contento que estaba hasta llegar a la cama. No paraba de susurrar su nombre mientras le acariciaba los muslos, mirándole a los ojos con deseo, mordiéndole los labios. Se bajó las bragas con prisas mientras yo me bajaba mi ropa interior, sin desnudarse ni desnudarme. Me lamí la palma de la mano y me la mojé para que no le doliese al metérsela. Cuando estuvo dentro gemí con ganas, sonriendo, y ella no paraba de dar pequeños gemiditos en mi oído. Le acaricié el clítoris mientras la embestía con fuerza, mordiéndole y apretándole los pezones porque no sabía si le iba a dar tiempo a correrse. Una de las mejores sensaciones del mundo era estar dentro de ella y ver como disfrutaba, eran mis momentos favoritos del día. Realmente llevaba un mes sin hacer nada y ese primer contacto lo estaba sintiendo de una manera brutal. Tuvo, que yo me diese cuenta, dos orgasmos casi al mismo tiempo y justo después no lo pude retener más y me corrí, sin preocuparme por sacarla. Fue increíble.
– ¿Otra vez? – me dijo riéndose cuando me dejé caer sobre ella.
– No sabes lo a falta que estaba, no me lo puedes echar en cara.
– No lo pensaba hacer, se que después hay más – suspiré mirándole y dándole un beso.
– ¿Qué tal la gira? Porque el primer concierto fue espectacular…
– Larga, pero genial. Tenemos unas fans increíbles y había gente de todas partes.
– ¿Se te han insinuado mucho esas guarrillas?
– Ya sabes que si, eso es inevitable teniendo delante a alguien como yo – le dije con una ceja levantada. Me dio un manotazo en el hombro, arrugando la nariz – pero las he ignorado a todas.
– Ya sabes que luego le pregunto a Leader, no me mientas.
– No te miento, solo tengo ojos para ti – le di un beso con ganas, la sentía sonreir – Aishiteru, baka.
– Aishiteru mo – dijo sonriendo como siempre que le decía lo mucho que la quería.
Mia había cambiado mi vida por completo en solo un año. Mis costumbres, mi rutina, incluso mi forma de ser. No paraba de pensar en ella cuando no estaba a su lado e incluso me planteé hablar con Johnny san por si había alguna manera de que nos casásemos. Pero como ella me dijo aquel día, mientras que pudiéramos estar juntos, todo estaba bien.
Anuncios

2 comentarios en “Lucky Beats (M)

  1. Ahhhhh!!!Ahhhhh!!!es hermoso…♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥Mabo!!!!!!!!!!!Maboooo!!!♥♥♥♥…yo tambien melo imaginaba asi…xDDDD…Fuuu!!que casi me desangro en repetidas ocasiones!!!Me encanto!!me encanto!!!!!!!!\(^ ^)/♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s