Music

Pueeees otro fanfic de TOKIO, y es que no se me paran de ocurrir maneras diferentes de acabar en la cama con Nagase xD Esta vez, el viaje a Japón es realizado por 4 amigas que se conocen en una red social, tumblr, y se van a un karaoke. Y ¿A qué no os imaginais a quién se encuentran? Seguro que si.

Creo que al ser el último fanfic que he escrito sobre el grupo es el que más se acerca a la realidad de como son estos chicos. Claro está que no los conozco en persona y me dejo llevar por lo que veo en los programas, pero yo creo que es el mejor ambientado. A mi me ha encantado escribirlo y me ha dado momentos de sofocos calenturientos, a ver si os pasa lo mismo.
¿Y cómo me imagino a Nagase en este fanfic? Pues así, tranquilidad que no os dejo con la duda.
Y este de gratis porque… en fin… unf ♥

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-1-
            Llevaba solo dos días con Bas, Nat y Cas, y ya me sentía como si las conociese de toda la vida. Nos habíamos conocido por Internet y habíamos hecho una quedada para vernos nada más y nada menos que en Japón. ¿Y por qué ese país? Pues porque era el lugar de origen de nuestros ídolos y debido a esos ídolos era que nos conocíamos. Cada una era de un lugar del mundo: Bas era norteamericana, Cas era de Malasia. Nat era mejicana y yo española. Por suerte, dominábamos el inglés y no teníamos problemas para comunicarnos, y también sabíamos defendernos en japonés, (sobre todo Bas) así que mejor que mejor. Los nombres eran debido a sus nicks en la red social, era mucho más fácil recordarlos así que con los reales.
            Habíamos recorrido media isla, empezamos por el sur e íbamos subiendo a medida que pasaban los días, y ese día en concreto estábamos realmente excitadas porque le tocaba el turno a Tokio. Y no era para menos, era donde teníamos más posibilidades de encontrarnos con el que era el grupo que nos unió, que curiosamente también se llamaba TOKIO, aunque realmente no contábamos con ello. Pero soñar era gratis a fin de cuentas…
– Yo quiero ir a Shibuya, como me encuentre a Joshima comprando en una tienda me da algo – dijo Bas  dando saltitos, totalmente excitada.
– Deberíamos de acercarnos a los estudios de los Johnny’s mañana por la mañana, a ver si los pillamos por allí – propuso Cas, mirando un mapa.
– Y si no siempre nos podemos encontrar con otros, que los hay tremendamente apetecibles – dije riéndome
Vimos la ciudad, nos pusimos en modo “fan girl” al ver en una tienda de música merchandising de TOKIO y nos gastamos lo indecible en cosas de ellos. Miré la portada de uno de sus muchos discos y me quedé pensando.
– ¿Qué harías si te encontraras con Mabo? – le pregunté a Nat
– Yo que sé, no sé si le saltaría a los brazos o si me quedaría mirándole como una tonta.
– Si yo me encontrara a Joshima te puedo asegurar que iba a hacer lo posible por que se fijase en mí – dijo Bas – estoy decidida.
– Seguro que en ti se fijaría, con eso de ser rubia y los ojos azules – dijo Cas – Pero seguro que tienen pareja
– ¿Y desde cuando ha sido eso un problema? – Le contesté – te lo juro, si tuviera la oportunidad de acostarme aunque solo fuese una vez con Nagase moriría feliz.
– Ese hombre tiene que ser una bestia en la cama – dijo Cas riéndose
– Y Mabo… seguro que se mira al espejo mientras te hace de todo, como el de American Psycho, pues igual – Nat se mordía el labio mientras las demás nos reíamos dándole la razón.
Nos llevábamos el día soñando despiertas, ya que estábamos donde estábamos y por lo que estábamos, podíamos permitirnos actuar así aunque solo fuese unos días. Al caer la tarde fuimos a registrarnos y a dejar nuestras cosas en el hotel. Y de paso a cambiarnos de ropa para salir. Sabíamos que siendo occidentales jugábamos con la baza de ser exóticas, y unas más que otras. Tanto Nat como yo, teníamos material para lucir escote y no nos cortamos un pelo a la hora de vestirnos. Bas escogió un conjunto que se compró esa mañana en Shibuya, muy al estilo japonés, con una faldita y una chaquetita a juego, todo en un todo verde muy claro.
– Seguro que si Leader me viese, se casaba conmigo – dijo suspirando y arreglándose los rizos rubios.
– Ese hombre es rarísimo – dijo Nat que por lo que se había puesto parecía que iba a rodar un videoclip de rock. Llevaba una chaqueta con tachuelas negra y una falda realmente corta también negra. La excepción era una camisa de tirantas atada al cuello  de un tono lavanda muy claro que dejaba el ombligo a la vista y contrastaba muchísimo con su piel oscura – lleva tantos años viviendo solo…
– Le gustará la soledad – Cas era la que iba vestida más normal. Llevaba una camisa celeste palabra de honor y unos leggings negros con unos tacones del mismo tono que la camisa. Cuando me vio salir del cuarto de baño dio una carcajada – ¿De verdad nos hemos vestido con los colores de los sempais[1]?
– Nunca se sabe, probablemente no tengamos suerte pero siempre nos podemos encontrar con un grupo de chicos guapos ¿no? – le contesté. Llevaba unos botines negros, pantalones de cuero totalmente ajustados y una camiseta de tirantes con un escote bastante generoso que imitaba a un corsé color rojo sangre. Por encima me puse un jersey muy fino, holgado y rojo que me llegaba casi por las rodillas, enseñando un hombro y transparentando un poco lo de debajo – ¿Sabéis? Deberíamos ir a un karaoke antes que nada, y después nos vamos donde queráis – dije recogiéndome la larga melena en un moño, dejando a la vista los hombros.
– Ohhh sí, ¡A cantar canciones de TOKIO hasta quedarnos sin voz! – dijo Bas asintiendo.
A las chicas les encantó la idea, así que nos pusimos en marcha. Lo bueno que tenía la relación entre las cuatro es que a cada una le gustaba un miembro del grupo diferente. Aunque bien era verdad que encontrábamos a todos tremendamente apetecibles, cada una tenía su favorito: A Bas le encantaba Joshima, el líder y el más raro del grupo y era algo por lo que las demás siempre se estaban metiendo con ella; a Nat le volvía loca Mabo, su chulería y sus maneras de tipo duro (en el fondo sabíamos que era un cacho de pan); a Cas le gustaba muchísimo Taichi y su carita de bueno, aunque fuese el que estaba más loco del grupo. Siempre estaba haciendo el tonto con Nagase que era el desastre, el niño grande, pero sin embargo el más masculino de los cinco, y era por el que yo perdía la cabeza. Con Gussan simplemente habíamos perdido la esperanza; estaba casado por muy lindo que fuese y por muy bueno que estuviese.
Preguntamos en recepción por un karaoke en condiciones y nos dieron la dirección de uno que nos encantó. Era de estos privados, en los que te metes en una habitación y ordenas cosas para comer y beber mientras cantas. Agradecía enormemente la presencia de Bas, ya que más de una vez nos salvó la vida a la hora de entender lo que decían. Me defendía en japonés, pero ni mucho menos como ella…Estaba lleno de gente de nuestra edad pero también nos encontramos a muchos hombres de negocios que nos miraban de arriba abajo, borrachos como cubas, y nos decían de todo.
            La sala privada era rectangular, bastante amplia, con la televisión a la izquierda de la puerta, una mesa en el centro y sofás a la derecha. El suelo estaba enmoquetado así que pensamos que estaba ideado por si había reuniones grandes de gente. Incluso había una especie de telefonillo por el cual podíamos pedir comida o bebida a recepción. Cuando nos sentamos en la espaciosa sala (iba a salir un poco caro pero merecía la pena) con las cosas para picar y las bebidas, nos pusimos a mirar el libro con las canciones.
– ¡Hay un montón de canciones de TOKIO! – Dijo Cas – mira, si no están todos los singles falta poco, y hay muchas que no me esperaba que fueran a estar…
Love You Only y Message son obligadas – dijo Bas  con el micrófono en la mano – y  ya estoy poniendo yo la primera.
– Mira que eres rápida – dijo Nat cogiendo el otro micrófono – La versión de 2004 espero…
– No, la primera, la del 94
– Aquí no se canta sentada ¿Eh? La que coja el micrófono se pone de pie y actúa – dije – eso si podemos apartar la vista del video claro…
– ¡Aaaaaayyyy! – Dijo Cas – no voy a poder cantar mirándoles la carita…
Pero al final sí que pudimos. Al principio reíamos más que cantábamos por aquello de la vergüenza, pero tres canciones después ya cantábamos con pasión, las cuatro a la vez aunque solo tuvieran el micrófono dos de ellas. En medio de mi interpretación con Bas de “Kibou” llamaron a la puerta del karaoke. Vi por el rabillo del ojo como Nat se levantó del sillón y tragándose los aperitivos que tenía en la boca a toda prisa abrió la puerta.
– ¿Quién ha pedido pizza? – dijo volviéndose a las chicas porque había un chico de los que vieron en recepción sosteniendo una.
– ¡Yo! – dijo Bas con el micrófono en la mano y dando un grito.
El japonés se estaba riendo aunque no se sabía muy bien si era de mi interpretación musical o del grito de Bas  Esta le cedió el micro a Cas y fue a recoger la pizza y a darle el dinero al chico. Le sugirió quedarse con ellas porque la verdad es que era bastante lindo, pero evidentemente les dijo que no. Cuando estaba en lo mejor de la canción y Bas se disponía a cerrar la puerta, escuché una voz de hombre preguntando algo como “¿Quién tiene tan buen gusto musical?” y acto seguido escuché a Cas dar un gritito. Al volverme hacia la puerta el corazón casi se me sale por la boca. Kokubun Taichi, el teclista de TOKIO, estaba asomado con una sonrisa. Llevaba una camisa de cuadros azul y blanca y unos pantalones vaqueros. No había visto una cara más amigable en mi vida.
– ¡Ay Dios mío! – dijo Nat con la mano en el pecho
– ¡Mentira! ¡No me lo creo! – dijo Bas junto a la puerta dando saltitos también. A mí se me había colocado la sonrisa en la cara y no había manera de hacerla desaparecer.
– ¿Puedo pasar? – Dijo Taichi – no se ve todos los días un grupo de gaijins[2] que les guste nuestra música.
– ¡Por supuesto! – Bas se echó hacia un lado – Pero… ¿Estás solo?
– No, que va, vengo con estos tres… – se asomó al pasillo y llamó a gritos a alguien – ¡Ahora mismo vengo!
Taichi se fue corriendo y nos quedamos en silencio, aún impactadas. Cuando nos miramos, empezamos a reírnos totalmente histéricas.
– ¡Ni todos los gifs del mundo podrían expresar ahora mismo mis sentimientos! – dijo Cas sentándose en una silla y cogiendo su refresco con una mano temblorosa.
– ¡No te puedes quedar quieta, haz lo que sea por que se fije en ti! – le dijo Bas
– ¡Es más fácil decirlo que hacerlo!
– ¿A quién traerá? – Me dolía hasta la barriga de los nervios de imaginarme que Nagase pudiese presentarse en esa habitación
– Yo con que venga Mabo… – dijo Nat. Escuchamos voces en el pasillo y Bas se asomó.
– ¿Pero no teníamos esa habitación? – no lo podía saber seguro pero juraría que esa voz era la de Joshima, el líder del grupo. Miré a Bas  que se le pusieron los ojos como platos, la misma expresión que se le quedó (efectivamente) a Leader cuando miró dentro de la habitación. Se rió vergonzosamente y nos saludó con la cabeza. Bas le miraba con la boca abierta de arriba abajo. Llevaba unos pantalones negros apretados y una camisa color burdeos de botones. Iba bastante normal para como se vestía normalmente y tenía el pelo más largo de lo que me esperaba.
– Entra de una vez, no nos vamos a quedar en el pasillo para siempre ¿No? – Mabo entró detrás y Nat ahogó un grito. Era muchísimo más guapo en la vida real y a diferencia de Leader, nos saludó como si fuera lo más normal del mundo. Al mirarle se me escapó un “kakoii”[3] Llevaba unas gafas de pasta puestas y el pelo recogido en una coleta. Por supuesto la camisa que llevaba era morada, con el cuello en pico, y tenía una chaqueta de cuero en la mano.
– ¿Y dónde está el que falta? – dijo Taichi entrando – ¿No ha llegado todavía?
– Para variar – dijo Mabo sentándose junto a Nat, ajeno a que a la chica era probable que le diera un infarto de un momento a otro – se habrá ido a dar una vuelta y ahora vendrá cuando le de la gana, ya sabes como es. Cuando coge la moto pasa de todo.
– ¿La moto? – susurré. Cas me dio un empujoncito sonriendo de oreja a oreja. Si hablaban de alguien en moto no podía ser otro que Nagase. Como apareciese por esa puerta me moría allí mismo.
– ¿Y Tatsuya-san? – dijo Cas
– Gussan me ha dicho que no puede venir, al menos de momento. Algo de una cena familiar. – Le contestó Taichi – ¿puedo? – le pidió el micrófono a la chica que se lo iba a dar a sonriendo, pero fui más rápida.
– Coge este, cantad los dos juntos, yo ahora mismo no puedo cantar, la verdad. – Cas me miró susurrándome “gracias”, cediéndome el sitio para ponerse de pie junto a Taichi.
– ¿De verdad está bien que estemos aquí? – dijo Joshima mientras se sentaba, parecía avergonzado.
– Sí, sí, sí, no hay problema ninguno. Es más, quedaos por favor – dijo Bas sentándose junto a él. Taichi se rió de la cara de Joshima que dio un respingo al ver todo lo que se le acercaba Bas.
– ¿Nos entendéis bien? – preguntó Mabo a Nat. La chica asintió, pero no podía articular palabra. – ¿De dónde sois?
Nos presentamos y dijimos de donde éramos. Cada vez que decíamos un sitio diferente los chicos respondían con un sugoi[4] o algo parecido. Y cuando les explicamos el porqué de esa reunión en Japón, no se lo creían.
– ¿Sois amigas gracias a nosotros? – Dijo Taichi – ¡Eso es genial!
– Es increíble, me alegro muchísimo que ayudemos a unir a la gente, me hace sentir realmente bien – dijo Joshima
– ¡No te pongas tan profundo! – Mabo le dio con la mano en la frente haciendo que todas se riesen. Era tan raro ver eso en directo después de haberlo visto tantas veces en el ordenador…
– Bueno, yo quiero cantar. Ponme una canción, me atrevo con lo que sea – le dijo Taichi a Cas, que se rió sin poder ocultar sus nervios.
– Ay, un segundo que busque algo… – al coger el libro con las canciones vi que le temblaba el pulso más que antes.
Estábamos todas pletóricas, pero yo no estaba contenta del todo. Sí que era verdad que me encantaba estar con ellos, era un sueño hecho realidad y era mejor de lo que me había imaginado, pero sin Nagase… ojalá fuese, ojalá no le saliesen otros planes. Aunque con la mala suerte que tenía no me extrañaría nada que algo así me pasase. Era un tanto extraño estar con ellos porque era como si les conociese de siempre, y no podía parar de sonreír. Taichi y Cas empezaron a cantar “Message” y los demás cantaban con ellos o charlaban. Para lo extrovertida que se mostraba Cas antes, ahora que estaba junto a su bias [5] parecía otra. Y cuando Taichi se acercó a ella para cantar su parte se puso tan roja que provocó en los demás una carcajada general.
– ¿Es así de tímida o es que le encanta Taichi? – les preguntó Mabo cuando acabaron de cantar. Cas no sabía donde meterse.
– Es lo segundo, cada una tenemos a nuestro favorito – dijo Bas
– ¡Cállate! – dijo Cas dándole un puntapié.
– ¡Venga ya! Seguro que estáis acostumbrados a que os digan cosas de estas – le dijo Bas a Joshima
– Bueno, en los conciertos nos gritan mucho, pero así en privado nunca me ha pasado
– Pues tú eres mi ichiban[6] – le dijo Bas poniéndole la cara más tierna que sabía ponerle y dándole con un dedo en el hombro. Joshima se rió tímidamente, estaba claro que no se lo esperaba.
– ¿Y a quién le gusto yo? – Dijo Mabo mirando a Nat, que le miraba sin decir ni media y a mí. Señalé a la chica con una sonrisita y Mabo la miró – ¿A ti? Ya sabía yo que se te veía una chica inteligente.
– Eh… – Iba a decirle algo pero Mabo le pasó un brazo por detrás de los hombros y en lugar de hablar se quedó mirándole con la boca abierta – no puedo con esto – dijo en español hundiendo la cara entre las manos y riéndose. Me reí con ella mientras los demás las miraban extrañados.
Mi oportuno teléfono empezó a sonar e intenté hablar allí mismo pero con el escándalo era imposible, y eso que no estaban ni cantando. Me fui al pasillo y me alejé un poco de la puerta, dejándola encajada. Era mi familia preguntándome que tal el día, si me lo pasaba bien y si necesitaba algo; tan atentos como siempre. Mientras hablaba animadamente escuché que habían salido algunos al pasillo y que estaban haciendo cosas y como no me enteraba bien me alejé un poco más. Al final me llevé un cuarto de hora hablando, esperaba no haberme perdido nada interesante.
            Cuanto más me acercaba a la habitación, que tenía la puerta encajada, mejor me llegaba el sonido. Y cuando me quedaba un tramo di una carrerita porque la voz que estaba cantando “Julia” se parecía demasiado a la de Nagase. Pero al entrar vi que eran Bas y Nat las que estaban cantando, tenía tantas ganas de verle que ya estaba imaginando cosas. Por suerte se levantaban para cantar porque no había sitio para todos, de hecho en el sitio que yo estaba antes, justo frente por frente a la puerta por si llegaba Nagase (para verlo bien pronto), estaba ocupado por Mabo, así que me senté junto a la puerta mirando a mis compañeras cantar. Uno de los chicos tenía una colonia que me estaba matando de lo bien que olía, realmente no sabía si era colonia u olor corporal, pero olía tantísimo a hombre que…
– Oye – Cas me llamó riéndose y señalando a mi izquierda.
– ¿Qué pas… – Me quedé a media frase porque de la impresión solo pude aspirar aire al ver que a mi lado estaba sentado Nagase, con una sonrisa de oreja a oreja y una gorra puesta. Tenía un micrófono en la mano, así que no me había equivocado. Al ver que me llevaba una mano a la boca mientras daba un gemidito se rió brevemente.
– Encantado – dijo ofreciéndome la mano. Obviamente no perdí el tiempo y se la di. Tenía que estar flipando con la cara que se me había quedado de idiota
– Encantada – dije con un hilo de voz, mirándole la mano y apretándosela todo lo fuerte que podía.
– Es su favorito ¿no? – le dijo Taichi a Cas, que asintió, haciendo que Nagase se riese de nuevo con esa risita tonta que tenía.
No podía apartar los ojos de él. Tenía puesta una camiseta de mangas cortas amarilla, con una muñequera negra en la mano derecha, como siempre y no sé porqué ese detalle me encantó; también tenía puestos unos pantalones oscuros y anchos de tela. De pie debía ser más alto de lo que me imaginaba porque tenía unas piernas muy largas y sus manos eran grandes y cálidas. Grandes no, enormes, eran pornografía pura, me excité solo de mirarlas y de imaginarme todo lo que me podía hacer con ellas. Cuando me soltó la mano, me quedé mirándole sonriendo como una estúpida pero me daba igual, cada segundo que tuviese para mirarle iba a aprovecharlo. No pensaba perder esa oportunidad y le observaba en todo detalle. Desde el color marrón casi negro de sus ojos, pasando por su boca y esa barba tan sexy que se había dejado últimamente, hasta el lunar junto a su ojo derecho.
– Otra vez – le dije ofreciéndole la mano de nuevo, quería volver a tocarle. Nagase se rio más abiertamente y en lugar de darme la mano abrió los brazos haciéndome gestitos para que me acercara. No me lo pensé dos veces y casi me tiré encima de él abrazándole por el cuello todo lo fuerte que podía – Ay, ay, ay, no puedo con esto, me voy a morir aquí mismo ¡¡Pero que bien huele!!  – dije en inglés, a toda velocidad y sin soltarle, haciendo que las chicas se riesen a carcajadas. Sentí las manos de Nagase en mi espalda y mi cintura, apretándome a él, y cuando mis pechos se apretaron contra su cuerpo y los notó se quedó quieto.
– ¡Ah! – me agarró de los hombros y me separó, mirándome. Se le dibujó una sonrisita de medio lado y volvió a abrazarme – kimochi[7]… – sonaba como si estuviera sonriendo y Taichi dio una carcajada mientras Mabo preguntaba qué pasaba. Apoyé la cara en su cuello y tras aspirar todo lo que pude su olor, di un gritito.
– Lo siento – dije cuando me separé de él, sin parar de sonreír.
– No pasa nada, eres divertida – me moría, me iba a morir allí mismo sin remedio.
– Y una vez hechas las presentaciones os quiero ver cantando ya. – dijo Taichi
– Una de la dos no cabemos – dijo Bas, no hay sillones suficientes
– Eso lo arreglo yo – dijo Mabo tirando de la mano de Nat y sentándosela en sus piernas. Le puso las manos en la cintura y ella se las agarró, haciendo que él la abrazara desde atrás. La chica suspiró mirando al cielo mientras Mabo se reía – Propongo una cosa – dijo cogiendo el micrófono de las manos de Nat – ¿Porqué no cantamos canciones a dúo?
– Esto me supera – dije riéndome
– No tenéis ni idea de lo importante y de lo especial que es esto para nosotras – dijo Bas dando saltitos – yo no sé ellas pero yo desde luego es que no me podía imaginar una situación mejor en mi vida.
– Y yo que me creía que estaba viejo y que ya no le gustaba a las chicas – dijo Joshima riéndose cuando Bas se sentó a su lado, arrimada a él todo lo que podía.
– Y lo estás, pero es que con ella has tenido suerte – le dijo Nagase con una sonrisita.
– Vale, es bastante evidente quien canta con quién ¿No? – dijo Taichi. Cuando miré a mi alrededor me di cuenta de que prácticamente estábamos sentados por parejas – ahora a ver si no nos peleamos por las canciones.
– ¡Venga ya! Si hay un montón… – dijo Cas cogiendo el libro. Parecía que después de cantar se le había pasado un poco la vergüenza. Yo no paraba de mirar de tanto en tanto a Nagase. No me creía aún que estaba sentada a su lado y que podía mirarle de cerca. Y su olor me estaba matando, tenía unas ganas de tocarle otra vez horrorosas.
– ¿Tienen que ser de TOKIO? – Dijo Mabo – porque mi voz no llega apenas al tono de Nagase.
– No te preocupes – le dijo Nat, era la primera vez que se dirigía a el directamente – vamos a cantar “Autumn” y me niego a cantar contigo otra que no sea esa.
– ¿En serio? Bueno, entonces sin problema – al guiñarle Mabo el ojo, Nat dio una risita de quinceañera.
– Pues entonces nosotros cantamos “More” – le dijo Bas a Joshima
– Yo no sé porqué escribí esa canción – los chicos dieron una carcajada –  ¡Y me da vergüenza cantarla contigo que eres americana!
– Venga ya, yo te enseño a pronunciar correctamente. El secreto está en como mover la boca y donde pones la lengua – Bas le guiñó el ojo, Joshima se quedó mirándola sin saber qué hacer. Los otros tres no podían parar de reírse.
– Vale, yo quiero cantar “Bulldog” – dijo Cas mirando a Taichi que sonrió asintiendo.
– Ahh… esa me encanta – dije.
– ¿La querías cantar conmigo? – me preguntó Nagase. Durante unos segundos, mi cerebro se bloqueó y solo podía mirarle con la boca entreabierta
– No – le dije cuando pude reaccionar – quiero cantar “Transistor G. Girl
– Sí que lo tienes claro – Nagase me sonrió, no sabía como podía estar sin tirarme encima – ¿Y por qué esa?
– Porque te pones especialmente pornográfico cuando la cantas – le dijo Mabo riéndose – seguro que es por eso – me reí por no tirarle algo a Mabo, y es que había dado en el clavo. Sentí como se me subían los colores.
– No le falta razón… – dijo Bas – en una de las actuaciones que he visto por Internet te pusiste pegadísimo a una de las bailarinas y en otra le diste un lametón al micrófono. Y no me hagas hablar del vídeo…
– Entonces habrá que esforzarse – dijo Nagase sonriéndome para después mirar la mesa y fruncir el ceño – ¿Se puede saber por qué no hay alcohol aquí?
– Pide cervezas anda – le dijo Mabo. Nagase se inclinó sobre mí, haciendo que mis pulsaciones enloquecieran y cogió el telefonillo para pedir las bebidas, sentándose de nuevo en su sitio con el cordón por delante de mí. Fue preguntándoles que querían y lo iba pidiendo y además se pidió una hamburguesa.
– No tenemos tanto dinero… – me dijo Cas
– No te preocupes, de esto nos encargamos nosotros. – le dijo Taichi
– Ahora jugamos a janken[8] y ya está – dijo Mabo
– Sabía que ibais a hacer eso – dijo Nat sonriendo.
– No sé si es porque os conocemos bien pero sois bastante predecibles – le dije a Mabo
– ¡Vale! – dijo Nagase inclinándose de nuevo sobre mi para colgar. Esa vez si se dio cuenta de mi reacción porque me quedé mirándole la boca fijamente. Se pasó la lengua rápidamente por los labios y le miré a los ojos. Me estaba poniendo como una moto sin saberlo… ¿O sí lo sabía? – ¿Quién canta primero? – dijo cuando se sentó derecho, como el que no quiere la cosa.
Como era de esperar, Bas se puso de pie tirando de la mano de Joshima. Al ponerse los dos juntos se dieron cuenta de que ella era un poco más alta, lo que les resultó un tanto extraño y a Mabo le pareció lo más divertido del mundo. Lo que sí provocó la risa a los demás era escuchar la pronunciación de Bas y después la de Leader, desde luego el inglés no era lo suyo. Nat se quitó la chaqueta y a pesar de haber espacio de sobra, seguía en las piernas de Mabo, que no parecía molesto en absoluto. Cada vez que miraba tenía las manos en una parte diferente de la chica, y ella estaba encantada. Me moría de envidia pero no porque le estuviera tocando Mabo, (aunque también estaría bien), sino porque Mabo respondía a Nat, estaba coqueteando con ella. Incluso Taichi le estaba haciendo ojitos a Cas. Y bueno, Joshima cantaba con Bas cada vez más cerca, estaba totalmente segura de que esos dos terminaban, al menos, liados.
– Y pretendía que la cantases tú en el CD – le dijo Taichi a Nagase señalando a Joshima, totalmente emocionado con la canción.
– ¿Yo? ¿En inglés? Mucho es que canté “Knocking on Heaven’s Door” en el umplugged, no me pidas más.
– ¿Ninguno sabéis nada de español? – les preguntó Nat
– Nagase-san sabe decir adiós– dije mirándole y acordándome de un programa que había visto.
– Y muchas gracias – lo dijo de una manera que tanto Nat como yo nos tuvimos que reír – pero tú puedes enseñarme ¿no?
– ¿Yo? Sí claro – tenía que dejar la vergüenza a un lado si quería que Nagase se fijase en mí – te enseño lo que quieras – le eche un poquito de cara y le guiñé el ojo. Nagase y Mabo se rieron automáticamente.
– Vale, nosotros nos vamos, creo que sobramos – dijo Taichi haciendo como el que se iba.
– De eso nada que estos dos ya han terminado y quiero cantar – le dijo Cas agarrándole de la manga de la camisa hasta la parte de adelante del karaoke.
– ¡Uy, vale, vale! – Le quitó el micro a Joshima que se reía porque Mabo y Nat no paraban de aplaudir – ¿Solo hay dos micrófonos?
– Aquí hay otro – dijo Bas mirando debajo de la mesa
– Es que no quiero que te quedes con ganas de cantarla – me dijo Taichi
– No, no, pero esta es vuestra…
– Haz las partes de Nagase-san – dijo Cas – yo hago las de Tatsuya-san y que Taichi-san que haga las suyas
– Kun… – dijo Taichi
– ¿Cómo? – Cas le miró con una sonrisita
– Taichi kun, -san es muy serio y aquí no estamos serios para nada.
Se sonrieron mutuamente, y no sabía si era por las ganas que tenía de que pasase pero veía que podía surgir algo entre cualquiera de las chicas y sus bias. Pero no me daba la misma impresión con Nagase… el iba más a su rollo. Sabía que él no estaba igual de cómodo cuando había mujeres alrededor porque no estaba acostumbrado, algo tenía que hacer para que se relajase y fuese él mismo. Justo antes de poner la canción llamaron a la puerta y entró un chico con las bebidas y con la hamburguesa. Me dieron un micrófono y pusieron la canción. Me tenía que poner de espaldas a Nagase para ver la pantalla, me daba rabia pero bueno… al menos le sentía detrás mía. Empecé a cantar pero no me levanté para dejar a Cas sola con Taichi, que la agarró y empezó a bailar con ella haciendo tonterías. Cas no podía ni cantar su parte de lo que se estaba riendo. Cuando acabó la primera parte de la canción en la que yo cantaba, escuché a Nagase decir “Sugoii!” [9]con la boca llena. Me di la vuelta y le miré para ver que casi se había comido la hamburguesa y me estaba sonriendo. Se había manchado con algo la cara, así que cogí una servilleta y le limpié con cuidado devolviéndole la sonrisa como una tonta, es que se me aflojaba todo el cuerpo cuando me sonreía. En la última estrofa le escuché cantar por lo bajo y me puso los pelos de punta con esos susurros.
– Que rabia me da que no esté Tatsuya – dije suspirando – me encantaría cantar “Ambitious Japan” con él.
– A lo mejor después puede venir – dijo Mabo
– No sé yo – dijo Joshima – si está con cosas de familia lo tiene complicado.
– Pues sí, es el que falta… – dijo Nat – con lo bien que canta…
– Pues no está, y tienes a uno que canta peor pero con más ganas – le dijo Mabo – ¿Quieres cantar ya o luego?
– No, no, venga. – Nat se levantó y Mabo le miró el culo descaradamente. Hizo un gestito de aprobación y se levantó tras ella.
Nagase dio una carcajada y no se me pasó la miradita que le echó al escote de Nat. Iba a tener que hacer algo por remediarlo… pero no era el momento, iba a ser un poco descarado si de repente me quitaba el jersey y me quedaba esperando que él me mirase. Ya haría algo en un ratito cuando cantásemos… Cuando empezó la canción las chicas estaban atentas a Mabo, no era algo común verlo cantar y si encima iba a ser en directo no queríamos perdérnoslo. Desde luego estaba hecho un seductor, a Nat la tenía loca pero es que las demás tampoco le quitábamos la vista de encima.
– ¿No quieres nada de beber? – me preguntó Nagase
– Ehh… – se me olvidó Mabo y todo en un segundo, miré a la mesa, solo había cerveza y una botella de vodka – no sé, ¿No hay nada para mezclar el vodka?
– Sí – cogió del suelo una botella de refresco y se puso a prepararme la bebida
– No querrás emborracharme ¿no? – le susurré sonriendo
– No, no, es que están todos bebiendo menos tú, ¡mira estos dos!
Señaló a Mabo y a Nat, estaban ya cantando casi el final de la canción y el la tenía agarrada por la cintura de espaldas a su cuerpo. Nat no podía estar más colorada. Es que de hecho apenas cantaba, se pasó más rato mirándole que otra cosa. Cuando acabaron de cantar, Mabo se la volvió a sentar encima y les dieron los micrófonos. Me puse nerviosa al momento y más cuando noté como Nagase me daba empujoncitos para que me levantara.
– ¿Quién empieza a cantar? – me dijo mientras las chicas ponían la canción. Ninguna estaba muy atenta a lo que cantaban las otras pero la verdad es que no les podía decir nada. Estaban más centradas en ellos que en otra cosa.
– Tú – dije, aunque no sabía si iba a poder cantar después de verle cantar a él, delante de mí, y esta canción.
Nagase dio hasta el grito del principio y me agarró de la mano nada más empezar a cantar. Me estaba cantando a mí, y con esa cara de chulo… después de la primera estrofa empecé a cantar e intenté cantarle a él, pero me costaba mirarle a la cara y pronunciar correctamente al mismo tiempo. En la siguiente parte de la canción opté por bailar un poco hasta el estribillo porque estaba tan nerviosa que no me salía la voz. Me estaba entrando calor por momentos, así que pensé que ahora no estaría mal quitarme el jersey. Al decir la última frase del estribillo, Nagase me miró y me puso la mano en el mentón, haciendo que le mirase. No salí ardiendo de milagro. Le di el micro a el un momento y me quité la parte de arriba tirándola al sillón. Al ir a pedirle mi micro, vi que ya no lo tenía, lo había puesto detrás del monitor. Y también vi que le estaba costando mirarme a la cara desde que me quedé solo con la camiseta de debajo puesta, se le iban los ojos hacia mi escote. Perfecto.
            Me agarró de la cintura y se puso a cantar con el mismo micrófono realmente cerca las últimas frases del estribillo, y no me lo pensé dos veces, tenía que llamar su atención y tenía que ser ya. Cuando la canción decía “Ore no transistor glamour girl…” le quité la gorra y la tiré al suelo, a mi espalda. Justo en la última frase de canción me di la vuelta y me agaché a coger la gorra, y como estaba tan pegada a él, al agacharme le rocé la entrepierna con mi trasero. Al mirar sobre mi hombro le vi reírse pasándose una mano por los ojos y escuché a una de las chicas decir “¡¡No me lo creo!!” Al acabar la canción me di la vuelta y le iba a dar la gorra, pero me lo pensé dos veces.
– ¿No me la vas a dar? – Me dijo mientras me empujaba suavemente hacia el sofá
– Es que no entiendo porque te la pones si tienes el pelo perfecto
– Deberían de prohibírtelas – le dijo Bas mientras miraba el libro con las canciones – y la gomina también, ¡Deja esa melena al viento!
– Ahhh, es que me molesta en los ojos – chasqueé la lengua, pero le di la gorra. Tal y como la cogió la tiró al suelo, detrás mía – Oe, se ha caído, cógela. – Bas dio una carcajada y yo me quedé mirándole con una ceja levantada.
– No se ha caído, la has tirado – le dije, dándome la vuelta y cogiendo la gorra. Pero agachándome de una manera mucho más discreta. Puso cara de fastidio mientras se reía y se sentó en el mismo sitio de antes.
– Vale, yo voy a cantar ahora “Mr. Travelling Man” el o la que quiera que coja otro micrófono – dijo Bas  Cas se levantó y fue detrás de ella. Nat estaba muy ocupada charlando con Mabo.
Me puse a arreglarme porque con el baile se me habían salido los pelos del moño. Mientras, miraba a las chicas cantar y cantaba con ellas. Cuando llevaban más de la mitad de la canción, sentí unas cosquillitas en la nuca y tuve un escalofrío que me hizo encogerme. Escuché la risita tonta de Nagase, así que le miré.
– Tienes un cuello bonito
– Tú también – le dije, y se rió.
– Así que… eres española – me estaba dando conversación, la cosa iba definitivamente mucho mejor.
– Sí, ¿has ido alguna vez a España?
– No, pero – no me enteré de nada de lo que me dijo después porque estaban cantando a gritos, y se lo indiqué con gestos. Para terminar de matarme de los nervios se inclinó sobre mí y me habló al oído – decía que visto lo visto voy a tener que ir a visitarte.
– ¿Visto lo visto? – le dije. Se había quedado bastante cerca, estaba tan tentada de besarle… pero no me atrevía, eso era ir demasiado rápido y a Nagase no le gustaban los besos en público.
– Bueno – volvió a hablarme en el oído – si las mujeres en España sois así no quiero perdérmelo.
– Siento decirte que no todas son así – no podía evitar mirarle la boca. Cuando me fui a acercar para hablarle al oído me falto poquísimo para besarle en vez de hablarle, y no por la tentación sino porque giró un poco la cara hacia mí pasándose otra vez la lengua por los labios y dejándolos entreabiertos – Que no se te pase por la cabeza que todas las españolas tienen estas que yo tengo y que tú miras tanto – le escuché reírse mientras me agarraba los pechos a mí misma – y es bastante raro que les gusten los asiáticos, así que lo siento mucho pero te vas a tener que conformar conmigo.
Le miré encogiéndome de hombros, él me sonreía, y le di la espalda para cantar el final de la canción. Me costó la vida no seguir mirándole pero me quería hacer un poco de rogar. Sentí que se acercaba a mí, suspirando.
– Oye, lo siento si te he ofendido
– ¿Ofendido? – Le dije riéndome – ¿Eres tonto?
– ¡Vale! – Dijo Bas cuando acabó su interpretación – exijo que cantéis una canción – señaló a Nagase y a Joshima – y creo que te va a encantar mi propuesta – me dijo riéndose.
– Tú dirás – le dijo Nagase
– Espera que la pongo… – tras darles los micrófonos y sentarse junto a Joshima, Bas buscó la canción y la puso. En cuanto escuché los primeros acordes empecé a reírme.
– ¡De todas las canciones de TOKIO y se te ocurre que canten esta! ¡Tú quieres matarme! – le dije.
– Yo tengo que verlos cantando “100% so Kamone” antes de irme – dijo Bas – y callaos que quiero ver y oír esto bien.
Yo también quería ver y oír esto bien, sobre todo la primera mitad, que era la de Nagase. Le miré mordiéndome las uñas mientras cantaba, de vez en cuando me miraba, de vez en cuando cerraba los ojos. Me estaba volviendo loca y no podía mirar a otra parte. Estaba atenta a todo: a su boca, a sus respiraciones, a sus gestos, a sus manos… Yo también susurraba la letra de la canción mirándole cantar y cuanto más se acercaba al final de la estrofa más me miraba. Al final puso su mano al lado de mi cabeza en el sofá, se inclinó sobre mí y me cantó tan cerca “Abunai love motion” que de no ser por el micrófono me habría rozado los labios con los suyos. Se separó de mí riéndose tontamente, pero yo no podía quitarle la vista de encima y resoplé cuando me acordé de expulsar el aire de los pulmones. Escuché a las chicas reírse mientras decían “Normal, es que la entiendo” mientras cogía la bebida y le daba un buen trago. Nunca en mi vida había estado tan nerviosa y cachonda al mismo tiempo. Miré como Joshima cantaba su parte pero seguía de los nervios y no me podía concentrar. La cara de Bas suponía que reflejaba la mía mientras Nagase estaba cantando, y en el “Abunai love motion”, Leader hizo lo mismo con ella. Solo que Bas se le tiró encima cuando acabó y le plantó un beso allí mismo. Todas nos llevamos las manos a la boca y los chicos dieron gritos de sorpresa.
– Mabo, vamos a cantarla nosotros también – le dijo Taichi riéndose
– No seáis tontos, no hace falta una canción como excusa para hacer eso – dijo Cas, hablando sin pensar. Cuando vio que Taichi la miró con las cejas levantadas se rió poniéndose una mano en la boca
-Hmm… creo que deberíamos irnos a algún otro sitio – dijo Mabo – algo más reservado.
– Podemos irnos a mi casa – dijo Nagase, las tres que no estábamos tan ocupadas como Bas  nos miramos nerviosas “¿Qué estaban sugiriendo exactamente?
– Pero no cabemos todos en mi coche – dijo Mabo contando con los dedos. Joshima y Bas se decían cosas entre risas mientras los demás hablaban. Estaba segura de que tenía que ser la mujer más feliz del mundo en ese momento.
– No te preocupes, traigo la moto – dijo Nagase – siempre llevo dos cascos, que nunca se sabe.
– Vale, pues coge las bebidas Cas – dijo Taichi dándole a la chica una palmadita en la pierna. – Venga vosotros dos, que nos vamos.
– Ya nos vemos mañana – dijo Joshima agarrando a Bas de la cintura sin mirar a los demás
– Vaaaaaaale, pues nada, tú te pierdes la fiesta – dijo Mabo
– Nah – contestó Bas – va a tener su fiesta personal. – la chica se le tiró de nuevo a los brazos del guitarrista, que se rió apretándola contra él.
Salieron de allí riéndose y cruzándose con borrachos que les decían cosas. Por el pasillo, uno de ellos agarró a Nagase y empezó a cantar algo incomprensible. Lo mejor es que los chicos le siguieron el rollo. Al salir fuera, Nagase me miró y frunció el ceño.
– Vas a tener frío – me dijo
– ¿Pero qué dices si hace un montón de calor? – y tanto que hacia calor… sobre todo después de la última canción.
– En la moto hace frío aunque sea verano – de alguna manera esperaba que me dijese de llevarme en la moto pero no me esperaba que lo diese por sentado. Me puse tan contenta que tenía ganas de dar saltos.
– Ah, no te preocupes – dije con una sonrisa de oreja a oreja – me agacho detrás de ti y no me da el viento, si eres altísimo.
Y de verdad que lo era, tenía que alzar el rostro para mirarle a la cara cuando estaba de pie junto a él. Nos separamos de los demás porque había dejado la moto un poco más lejos y se me hizo rarísimo andar los dos solos. La gente nos miraba, suponía que era porque le reconocían. Cuando se paró junto a su moto me sorprendí, esperaba una más grande y era una moto normal y corriente. Se quitó la gorra y me la dio, poniéndose el casco y dándome otro.
– Vamos, sube – dijo poniendo la moto a mi lado. Me puse el casco y me subí tras él devolviendole la gorra, que se guardó en uno de los muchos bolsillos de la chaqueta. Era todo tan irreal… no me creía mi suerte.


[1] En TOKIO cada color se asocia a un miembro del grupo: Amarillo – Gussan; Verde – Joshima; Azul – Taichi; Morado – Mabo; y Rojo – Nagase.
[2] Extranjeras, gente de fuera de Japón (sobre todo occidentales)
[3] Es tan guay!/Es tan guapo!
[4] ¡Genial!
[5] En Internet, para definir a tu favorito de un grupo se dice que es tu bias.
[6] El primero, el número uno para ella. Su favorito.
[7] Que agradable…
[8] Piedra, papel, tijeras.
[9] Genial!
– 2 –
Le puse las manos en la cintura pero tampoco quería tocarle mucho. Pero es que llevaba razón, por más que me encogiese tras él y aunque estaba realmente calentito, hacía frío en la moto; suponía yo que debido a la humedad que hacía esa noche. No me quedaba más remedio que abrazarle más y pegarme a él y no quería pasarme de lista pero es que me estaba empezando a congelar. Cuando paró en un semáforo, se abrió los bolsillos de la chaqueta y me agarró de las muñecas, metiendo mis manos dentro.
– ¿Vas bien? – me preguntó
– Sí, aunque es verdad que hace frío – Sonreí y le apreté fuerte, al momento noté como se reía.
No tardamos mucho más en llegar y aunque me estaba muriendo de frío, no quería bajarme porque estaba tan cerquita… La aparcó en la calle, frente a un edificio alto y lujoso. Me bajé de la moto y me quité el casco, mirando hacia arriba con la boca abierta porque si las terrazas eran enormes no me podía imaginar el interior. Estaba helada, esperaba que no tardásemos mucho en meternos dentro porque tenía que entrar en calor.
– Estos van a tardar en llegar – me dijo quitándose el casco – Voy a ver si puedo ponerme en contacto con Gussan… – me miró con el teléfono en la mano y frunció el ceño. Se guardó el móvil en el bolsillo del pantalón y se quitó la chaqueta, poniéndomela sobre los hombros – Te lo dije, te dije que ibas a tener frío.
– Gracias – me quedé sonriéndole, es que no podía evitarlo, se me caía absolutamente todo.
Fue andando hacia la casa mientras toqueteaba el teléfono. Entramos en una recepción enorme y pulcra, me daba hasta cosa andar por allí con los zapatos de la calle. Llamó al ascensor mientras se quejaba. Me puse la chaqueta bien y acercármela a la nariz casi me da algo. Cerré los ojos sin darme cuenta y aspiré. Al echar el aire, sonreí.
– No me contesta, ¿Tan larga es la cena? – me dijo
– Querrá pasar tiempo con su familia, es normal
– Sí, claro que lo es, supongo… – Nos metimos en el ascensor y pulsó el número 12, guardándose el teléfono en el bolsillo. Se toqueteó los pantalones y me miró – las llaves están en el bolsillo, ¿me las das? – toqué la chaqueta, que me quedaba enorme, y en uno de los bolsillos de arriba estaba la llave. Tenía las llaves de la casa de Nagase en la mano, no pude evitar reírme al pensarlo.
– ¿Qué es tan gracioso?
– Nada, da igual, cosas mías – miré y todavía íbamos por el 7º, no sabía donde mirar ni como ponerme. Le miré, me estaba observándo y automáticamente aparté la vista. Me ponían tan nerviosa sus ojos que no podía ni fingir estar tranquila. No podía dejar las manos quietas en un sitio, me tocaba el pelo, me miraba las uñas, suspiraba, resoplaba y el ascensor que no llegaba. Y cuando llegásemos iba a estar sola, con él, en su casa, que alguien me diera una silla que me caía.
– ¿Estás bien? – me puso una mano en el hombro inclinándose un poco hacia mí y le miré.
– No – fue lo primero que me salió – sí – me reí, íbamos por el 10º
– No te estarás poniendo enferma ¿No? – Me puso el dorso de su mano en la frente, mirándome a los ojos y acercándose a mí – estás caliente…
– Normal… – susurré, en mi idioma, no podía apartar los ojos de su boca, él se acercaba, se acercaba demasiado, a la mierda, ¡Le iba a besar! pero el ascensor hizo “PLIN” y llego al 12º piso.
Nagase se enderezó y me puso la mano en la espalda, guiándome hasta la puerta de su casa. No le podía mirar a la cara o le iba a morder allí mismo. Me quité la chaqueta porque estaba empezando a sudar y me paré junto a él, esperando que abriese la puerta. Nada más entrar me quité los zapatos y me puse unas zapatillas que me ofreció tras quitarme la chaqueta de las manos.
– Pasa al salón, por ahí – me señaló la primera puerta a la derecha. A la izquierda había un pasillo – ahora mismo vengo.
Entré y mire a mi alrededor. La casa era más bien grande, aunque tampoco exagerada. Aun así era demasiado grande para solo una persona, en invierno tenía que ser fría… a la derecha de la puerta del salón estaba la cocina, justo enfrente una mesa con sillas para comer y a la izquierda el sofá con la televisión delante. Como no sabía qué hacer y no quería parecer muy descarada, me quedé de pie mirando por la ventana. El suelo estaba enmoquetado y mullido, y miré hacia la calle para ver si los veía venir. Sentí una mano en mi hombro.
– Siéntate, no te quedes de pie – al darme la vuelta me sobresalté de lo cerca que estaba. Asentí con una sonrisa nerviosa, odiaba estar tan tensa pero no podía evitarlo – Oye – me dijo sentándose a mi lado y echándose un mechón de pelo que le caía por la cara hacia el lado – relájate, ¿Por qué sigues nerviosa? Creía que después de lo que me hiciste en el karaoke se te había pasado…
– Ahm – tenía la boca seca – estoy asimilando todavía que os hemos encontrado, déjame empezar a asimilar que he cantado contigo, que me has llevado en moto y que estoy sentada en el sofá de tu casa.
– Si no supieses quien soy a lo mejor no estabas en mi casa.
– Si no supiese quién eres… – negué con la cabeza –  estaría en tu casa y mi actitud sería otra totalmente distinta.
– ¿Cómo sería? – se apoyó con el brazo en el sofá, mirándome. Era increíble lo diferente de nuestras posturas; él estaba sentado en una pierna, con una sonrisa en el rostro y relajadísimo, mirándome mientras que yo estaba sentada con la espalda en el sofá, orientada hacia el frente, con las piernas juntas y los brazos cruzados bajo los pechos.
– Bueno – di una risita nerviosa – sería más como Bas, más extrovertida. Y lo mejor es que siempre he pensado que si alguna vez te conociese esa iba a ser mi actitud, porque siempre he sido así con los hombres.
– Sería interesante verte así – me puso un mechón de pelo que se me había escapado tras la oreja – llevas toda la noche mirándome la boca – me costaba tragar saliva
– Ya… – y seguía en ello – Pero es que cada vez que te miro a los ojos se me olvida que sé hablar – pero claro, mirarle a la boca me hacía pensar constantemente en las ganas de besarle que tenía.
– Oe – se rió – relájate – hasta que no me puso una mano en la pierna no me di cuenta de que la estaba moviendo sin parar. Su mano, en mi pierna, y la dejo ahí.
– Tienes que estar acostumbrado a esto ¿A cuántas fans has metido en tu casa?
– A unas cuantas, extranjera tú eres la primera. Y también eres la primera con la que hablo tanto tiempo seguido.
– ¿Y eso por qué?
– Porque la mayoría no hablan, solo usan monosílabos y van a lo que van. Tú por lo menos me dices lo que piensas y al decirme lo que piensas veo lo nerviosa que te pongo. Y me divierte muchísimo, me lo estoy pasando bastante bien – se quedó mirándome en silencio y se le veía en la cara que se estaba divirtiendo. Me quedé pensando en las ganas que tenía de tocarle…Acerqué una mano hacia su cara.
– ¿Puedo…? – le dije
– Supongo que sí – me respondió con una risita y encogiéndose de hombros.
Me giré un poco para mirarle mejor, y le pasé la yema de los dedos por la mandíbula. Su barba pinchaba, pero cuando los subí para tocar el lunar junto a su ojo derecho tenía la piel realmente suave. Me mordí el labio y le miré a los ojos, el me miraba con curiosidad y no pude mantenerle mucho tiempo la mirada. Al darse cuenta se rió. Le pasé los dedos entre su pelo negro y más suave de lo que me esperaba, no pude reprimir un suspiro.
– Esa es otra diferencia entre tú y las demás, nunca me habían pedido permiso para tocarme porque directamente no me tocaban hasta que no estaban en la cama ¿Te puedo pedir una cosa? – me dijo
– Lo que sea – alzó una ceja y se rió
– Solo te iba a pedir que te soltases el pelo, pero es bueno saber que te puedo pedir cualquier cosa.
No dejé de tocarle el pelo y con la otra mano me quité las horquillas, dejando que me cayera la melena sobre los hombros. De tenerla recogida se me había quedado ondulada y Nagase pasó sus dedos suavemente entre ella, provocándome un escalofrío. De repente me miró a los ojos de tal manera que sentí el corazón en la garganta y se inclinó sobre mí mirándome la boca. Estaba tan cerca que aspiré su aliento y no me pude contener, apreté mis labios contra los suyos, tan cálidos, estaban hechos para ser besados. Me separé de él un tanto avergonzada, no se movía, me miraba la boca serio. Quizás me había excedido… Tragué saliva e iba a pedirle perdón, pero entonces se acercó a mí y me beso con más ganas y apretándome con sus labios más y durante más tiempo. Me agarró el muslo con fuerza y me puso la mano en la nuca, besándome con más ganas aún, pellizcando mis labios con sus dientes. Le pasé la punta de la lengua por los suyos, nunca había disfrutado tantísimo con solo besar a alguien. Cuando de repente rocé su lengua con la mía (no tenía mariposas en el estómago, tenía un zoológico) noté como mis bragas se humedecían al instante y no pude reprimir un gemidito agarrándole del pelo y de la camiseta. Se separó de mí y me miró con tanto deseo que me sentí desnuda ante él. Tiró del jersey hacia arriba y me lo quitó, dejándolo caer en el suelo. Poniéndome sus manos en la cintura, me subió despacio la camisa de tirantas, mirándome con esos ojos lujuriosos y echándome hacia atrás en el sofá. En ese momento ambos dimos un respingo porque llamaron a la puerta escandalosa e insistentemente. Me sentía incluso mareada de los nervios que me habían entrado a causa de la última mirada que me había dedicado. Se quejó y miró hacia la puerta de la calle.
– ¿Abro?
– Sí, ve a abrir – le dije intentando ponerme decente y agachándome para coger el jersey.
– Después seguimos – me dijo señalándome mientras se levantaba del sofá.
Y tanto que íbamos a seguir… apenas me había dado tiempo a saborear sus besos. Cuando me dejó sola en el salón, respiré hondo y me senté derecha, intentando ponerme bien el pelo y hacer como si no hubiese pasado nada, pero me temblaba el pulso.Vi a las chicas entrar con una sonrisa de oreja a oreja y me levanté del sofá. Las dos dieron una carrerita y se me acercaron susurrando en inglés, en el rellano escuchaba a los chicos reírse.
– Nagase nos ha dicho oportunos, ¿Ha pasado algo? – preguntó Nat, solo pude asentir
– ¿Lleváis mucho tiempo solos? – Dijo Cas. Intenté hablar pero me salió una risa nerviosa
– Ahora mismo no puedo – dije llevándome una mano a la boca y riéndome, un tanto histérica.
– ¿Os habéis besado? – me dijo Cas susurrando aún más. Asentí y las chicas se rieron igual que me estaba riendo yo.
– Parecemos idiotas – dijo Nat – estamos perdiendo el tiempo Cas, hay que hacer algo ya con estos dos.
– La verdad es que yo no he podido hacer nada – dije – lo ha hecho todo él porque estaba de los nervios, no podía ni mirarle con tranquilidad.
– ¿Qué tal besa? – me preguntó Nat. Le miré significativamente y volvimos a reírnos dándonos empujones.
– Ya basta, que nos van a echar de aquí – les dije con una sonrisa de oreja a oreja, mirando como entraban en el salón. Mabo puso las botellas de alcohol en la mesa con una sonrisa.
– Oe, Nagase – le dijo – ¿Dónde tienes los vasos? Se me ha ocurrido una idea buenísima.
– Ah, un momento.
– No empecéis sin mí, ahora vengo – dijo Taichi saliendo del salón, y gritó desde lejos – ¿El baño era la primera a la izquierda no?
– Sí, a ver donde vas a terminar meando – le dijo Nagase.
– ¿No nos enseñas tu casa? – Dijo Cas – si se puede claro…
– Sí, sí – nos llevó por el pasillo y nos dijo que donde estaba Taichi era el baño, la puerta del fondo era su habitación (las chicas me miraron cuando entramos, yo me hice la loca) y la de en frente del baño era donde tenía las guitarras y el ordenador.
– Oh… ¿Me puedo conectar un momento? – dijo Nat mientras miraba asombrada la colección de guitarras. Nagase asintió y señaló la silla del ordenador.
– ¿En serio? – le dije
– Tengo que entrar en tumblr un momento.
Una vez conectada, escribió un mensaje en tumblr que decía: “Estado de la misión – Bas  Completada; Cas & Nat: sdjkahdjsa” Puso mi nombre y me dejó escribir como me sentía y puse: “Motores a punto” Una vez publicado nos miramos con sonrisas cómplices y noté que los chicos estaban a nuestra espalda. Nat no se había dado cuenta y estaba mirando su blog.
– ¿Qué es eso? – dijo Mabo
– Es una especie de red social en la que cada una tenemos un blog y publicamos fotos y videos de cosas que nos gustan. – le dijo Cas poniéndose delante de la pantalla.
– En nuestro caso de TOKIO, es donde nos conocimos las cuatro – le dije yo. Nagase se asomó.
– ¿Y ese de quién es? – preguntó Taichi que acababa de salir del baño y le pasó el brazo por los hombros a Cas. A la chica se le dibujó una sonrisa al instante.
– Mio – contestó Nat.
– ¿Por qué no nos lo enseñáis? – dijo Nagase
– ¡NO! – dije automáticamente. Los chicos se me quedaron mirando extrañados – es un poco… no os va a gustar. Vámonos al salón. – Nagase y Taichi me apartaron acercándose al ordenador, Mabo ya estaba junto a Nat, riéndose y sorprendiéndose de las cosas que veía.
– ¿Mrs. Matsuoka[1]? ¿En serio? – Nat se rió poniéndose las manos en la cara
– Ahora tenemos más ganas de ver que escondéis – dijo Taichi con una risita
– No escondemos nada, es que puede ser un poco incómodo – dijo Cas mirándome nerviosa. Se giró hacia mí y me susurró – se van a pensar que somos unas acosadoras y que estamos locas.
– Lo sé, por eso no quiero que lo vean, pero a Nat le da igual – le dije –  ¡Mírala, que se ha metido en el mío…! ¡Sal de ahí! – le di clic donde primero pillé, que resultó ser el blog que menos quería que se abriese.
– ¿Pero esto que es? – dijo Mabo riéndose.
– Son confesiones sexuales que hace la gente sobre los Johnny’s – dijo Nat con una mano en la boca.
– ¿Y yo estoy por ahí? – dijo Mabo, interesadísimo de repente.
– Sí, sí, espera que te busco… había una de que tenías que ser una bestia en la cama o algo así – esa era mía, que vergüenza más grande… aunque Mabo estaba encantado –  si estáis prácticamente todos…
– Seguro que las de Mabo las has escrito tú – le dije como venganza a Nat, y justo cuando estaba bajando por la página web aparecieron dos mías de Nagase y tan pornográficas que me entraron ganas de irme del cuarto.
– Puede ser que haya escrito alguna, pero tú has escrito todas las de Nagase-san, como estas dos – dijo Nat con una sonrisa. Me estaba poniendo como un tomate.
– Menos mal que no las entiende… – le dije a Taichi que me estaba mirando levantando las cejas. Y menos mal que eran confesiones anónimas…
– Que no hable inglés no significa que no lo entienda – dijo Nagase – Déjame ver eso
Se puso a leerlas, y Nat llevaba razón, el 98% de las confesiones sobre Nagase eran mías. Una era
            “Desde que descubrí que a Nagase le encanta la leche condensada, fantaseo constantemente con él lamiéndola en mi cuerpo desnudo. Y quiero que lo haga despacio, mirándome a los ojos con una sonrisita traviesa”
 Y la otra, que era todavía peor, decía:
            “Nagase Tomoya es mi bias porque es muy masculino. Cada vez que pienso en sus enormes manos le imagino susurrándome mientras me agarra de las muñecas ‘No puedes irte, ahora eres mía’ Quiero que me mire salvajemente   mientras me pasa sus labios carnosos por mi cuerpo y quiero que me folle sin miramientos, gruñendo y gimiendo hasta que duela”
Cuando vi que eran esas dos, me lleve una mano a los ojos resoplando. Las había mucho menos pornográficas pero claro, le tuvo que enseñar esas dos… Cuando acabó de leer se volvió hacia mí, riéndose con los ojos muy abiertos y señalando el ordenador. Mabo no paraba de reírse y Taichi buscaba una que hablase sobre él.
– No tienes pruebas de que yo lo haya escrito, no me mires así – fue lo único que pude decirle, y ni si quiera le pude mirar a los ojos. Credibilidad 0
– ¿Entonces no es verdad? – Me dijo acercándose, mirándome a los ojos. Retrocedí un poco por inercia, en realidad lo que quería era acercarme – ¿No lo piensas? ¿No quieres hacer esas cosas? – Me echó un vistazo tranquilamente al escote y volvió a mirarme a los ojos, con esa sonrisita permanente en la cara.
– No es eso… – me puso una mano en la cintura y se inclinó hacia mí, se tenía que agachar bastante para poner su boca a la altura de mi oído.
– Siempre he querido hacer lo de la leche condensada – me susurró, apoyé mis manos en su pecho y cerré los ojos, oliéndole el cuello – si no ha sido cosa tuya lo de esa página de Internet voy a tener que buscar a otra chica para hacerlo ¿no? – Se separó de mí y salió de la habitación – ¿Vamos a beber o qué? – Me quedé en el cuarto mirando al suelo con la respiración agitada. Me di la vuelta y le seguí por el pasillo.
– Bueno, puede ser que esa sí la haya escrito yo – dije. Se dio la vuelta y vino hacia mí con determinación, agarrándome de las muñecas y poniéndome contra la pared del pasillo bruscamente, mirándome como lo hizo en el sofá. Los demás se reían a carcajadas de las confesiones que estaban leyendo dentro de la habitación.
– ¿Y estás segura de que la otra no es tuya? – Me rozó el mentón con sus labios – Porque estoy dispuesto a hacerla realidad – Me olió el cuello mientras me rozaba con los labios, respirando sonoramente. Me dejaba tiempo para contestar, pero si al mismo tiempo me pasaba la boca por una parte diferente del cuerpo no iba a ser capaz de decir nada – Yo creo que sí, creo que lo has escrito tú – me dijo en un susurro con esa voz tan masculina, contra mi boca – yo creo que quieres que te reviente aquí mismo, contra la pared.
No podía apartar la vista de sus labios pero cuando me dijo eso le miré a los ojos. Estaba tan cachonda que no podía ni pensar, solo quería tocarle pero no me soltaba las manos. Me eché hacia adelante y le besé, obligándole a abrir los labios con mi lengua  porque necesitaba darle un beso en condiciones. Pero tampoco me dejaba besarle, se limitaba a alejarse de mí y a mirarme sonriendo a una distancia que no podía tocarle. Eso sí, acercó sus caderas a las mías y se rozó un poco mientras me miraba los pechos pasándose la lengua por los labios. Notaba su erección, necesitaba tocarle pero me agarraba tan fuerte contra la pared que incluso me dolían las muñecas. Llamaron al timbre de nuevo y ante mi exasperación, Nagase dio una carcajada.
– Espero que no se convierta en una constante eso de interrumpirnos – me dijo soltándome.
– Espera – le agarré del brazo cuando se dio la vuelta para abrirle a quien fuese y el me sonrió alzando una ceja.
– ¿Se te han pasado los nervios?
– Vete a la mierda – le empujé contra la pared haciéndole reír y poniéndome de puntillas le hice agacharse un poco tirando de su cuello para besarle, besarle de verdad. Cuando noté su lengua en mi boca sentí un pellizco en el estómago y algo bastante diferente en otra parte de mi cuerpo. Era cálida, juguetona, sus besos me sabían a gloria y estaba claro que tenía mucha experiencia. Con la mano que tenía libre le agarré esa erección que tantas ganas tenía de tocar, aunque me sobraba la ropa que había en medio – Así que no era mentira lo que dicen sobre tu… – se la agarré con más fuerza y apretó los dientes subiendo el labio, con un ruidito siseante – ‘tamaño’…
– Esto me gusta más – me dijo susurrando mientras me pasaba suavemente las manos por el trasero y acercaba sus caderas a mi mano. Volvió a besarme con ganas, haciéndome gemir, casi levantándome del suelo. Aflojé la fuerza de mi mano y la metí dentro de sus pantalones, pero no por dentro de sus calzoncillos. Ahora la notaba muchísimo mejor y cuando empecé a moverla despacio y de arriba abajo por su miembro fue él quien gimió. Abrió la boca con las cejas fruncidas en un gesto de placer y los ojos cerrados mientras yo le mordía el labio, y volvieron a llamar a la puerta.
– ¡¡URUSAI!! [2] – Dijo dando un cabezazo de rabia contra la pared. Di una carcajada y me separé de él porque escuché como los demás venían hacia el pasillo y a Mabo quejándose de que porqué no abríamos la puerta.
– Ve a abrir, que están esperando. Después seguimos – le dije en venganza sacando la mano de sus pantalones.
Me metí en el salón sintiendo como me observaba y me senté en el mismo sitio de antes. Necesitaba cambiarme de ropa interior, estaba tan caliente que incluso el roce de mis piernas me excitaba. Me pasé las manos por la cara para intentar despejarme pero me olían muchísimo a él, sobre todo la mano derecha, que era la que le había metido en los pantalones… y me excitó tanto olerlo que se me escapó una risita nerviosa. Estaba segura de que en el momento en el que me tocase iba a tener un orgasmo instantáneo, no era normal lo que me temblaba el pulso. Me levanté y me metí en la cocina, echándome un vaso de agua y me planteé echármelo por la cabeza. Escuché jaleo en el pasillo y cuando me sentí un poco más calmada fui a ver que pasaba. Se me dibujó una amplia sonrisa y el corazón me dio un saltito al ver que Gussan estaba allí.
– Al final te has escapado ¿eh? – le dijo Mabo
– Se han quedado a dormir en casa de sus abuelos, mi mujer incluida, y como sabía que la teníais montada no quería perdérmelo – dijo Gussan con los brazos cruzados. Cuando me quise dar cuenta, las tres estábamos mirándole los brazos con cara de querer tocarle.
– Has llegado en un momento buenísimo – dijo Taichi – antes que nada vamos al salón y te presento a las chicas, aunque falta una.
– ¿Qué falta una? – dijo Gussan
– Sí, ¿Y no te falta nadie más? – dijo Mabo riéndose
– Ahora mismo Nagase, que ha desaparecido… – cuando llegó a la conclusión de lo que le estaban diciendo se le pusieron los ojos como platos – ¿Joshima? ¿En serio?
– Y con una americana – le dijo Mabo – si no lo hubiese visto no me lo creería.
Gussan se reía a carcajadas solo de imaginárselo. Nos presentamos, me parecía increíble lo guapísimo que era él también, (de esa noche no salía viva), y nos sentamos en el salón. Como no cabíamos todos en el sofá Mabo y Nat se sentaron a mi lado en la alfombra y al otro lado, en el sofá, tenía a Gussan. Junto a él estaban Cas y Taichi.
– Oye – me dijo Nat en español y susurrando – ¿Dónde te metiste? Perdona si soy metiche[3] pero cuando te busqué desapareciste con este y no quisimos ir detrás.
– Creo que hemos pasado a otro nivel…
– ¿¡A poco?![4] – di una carcajada, me encantaban sus expresiones
– Si no hubiese llamado a la puerta de nuevo a saber dónde estábamos. Me da a mí que está tardando tanto porque se está quedando tranquilo.
– No… – Cuando pasó un buen rato, me dio golpecitos al verlo entrar en el salón. Nagase me miró y me dedicó una sonrisita de medio lado cuando iba hacia la cocina. Las dos nos reíamos a carcajadas, yo estaba soltando todos los nervios acumulados. Me venía tremendamente bien tener a alguien que hablase mi idioma.
– Y tú a ver si te tiras encima suya de una vez – le dije señalando a Mabo con la cabeza que nos miraba con cara de no enterarse de nada.
– ¡No seas tan descarada! Y no es fácil, me da pena[5], no quiero que me rechace.
– No te va a rechazar, ¡Si no para de mirarte el culo y las tetas!
– ¡Ay ya, no mames! – me dijo dándome un empujón y haciéndome reír. Nagase soltó los vasos en la mesa mirándonos a las dos con curiosidad.
– Bueno, ya basta de hablar en español que no me entero – dijo sentándose entre Nat y yo en la alfombra. Me miró otra vez con una sonrisita, apoyándose hacia atrás con las manos en la alfombra, una de ellas por detrás de mi espalda. Cuando estuvo distraído con otra cosa me arrimé a él discretamente.
– Antes de tu genial idea, que tiene que ver con emborracharnos, estoy seguro – dijo Taichi a Mabo – tengo una propuesta que hacer. Un juego.
– Yo juego – dijo Cas levantando la mano con una sonrisa de oreja a oreja – me da igual a que.
– Esa es la actitud – Taichi le guiñó un ojo – Nagase, una baraja de cartas por favor.
– Ahí, dentro del cajón de la mesa que está por tu lado Gussan – dijo este.
 Gussan se agachó un poco y abrió un cajón. Me acerqué con curiosidad para mirar dentro, y vi que estaban los mandos de la televisión, unas púas de guitarra y algunas revistas. Como no encontraba las cartas levantó el montoncito de revistas, y las de abajo eran pornográficas. Me giré y le miré riéndome con maldad con la mano ante la boca, algo así como “fufufufu…” Gussan se rió y se me pegó su risa, era muy contagiosa.
– ¿Qué pasa? – dijo Nagase
– ¿Aquí es donde vienes a pasártelo bien cuando estas solo no? – le susurré al oído – con una televisión así de grande yo no usaría revistas.
– No te tengo a ti para inspirarme todos los días – me dijo al oído. Se separó de mí, aunque no mucho porque se quedó bastante cerca y me miró de arriba abajo con detenimiento – por desgracia…
– Yo solo lo digo, como dato curioso – le susurré dándole con un dedo en el pecho – he llegado a un punto en el que esas miradas son peligrosas y me da igual quién esté delante – se rió mientras susurraba “uuuhhh”
– Oye, oye, que yo también quiero enterarme – dijo Mabo asomándose al cajón por encima de la mesa.
– Siéntate de una vez – dijo Nagase empujándole hacia atrás – no hay nada ahí que no hayas visto antes.
– Aquí están – dijo Gussan dándole las cartas a Taichi.
– Vale, somos 6 ¿No? Pues sacamos 5 cartas y el as de picas. Esto es simple, cada vez que una persona saque el as se le hace una pregunta y si no quiere contestarla tiene que hacer un reto
– Parece que estás presentando un programa – le dije
– ¿Quién hace las preguntas? – dijo Nat
– El que quiera, al que se le ocurra una primero
– Esto va a ser interesante – dije con muchísimas preguntas rondándome la cabeza.
Taichi puso las cartas boca abajo y las mezcló. Las dejó ahí y a la de tres cada uno cogimos una. Cas se llevó una mano a la boca dándole la vuelta a su carta, tenía el as.
– No os paséis con las preguntas que soy la prim-
– ¿Eres virgen? – le dijo Taichi dejándola a media frase. La chica se quedó mirándole.
– No… ¿Es eso un problema?
– Para nada – le dio con el codo alzando las cejas y Cas le dio un empujón, riéndose como todos. Volvimos a mezclar las cartas, esta vez le tocó a Gussan. Nos quedamos pensando un rato
– Vale – dijo Cas – ¿Dónde ha sido el sitio más raro en el que has tenido sexo y con quién?
– Oye, empezamos fuerte ¿eh? – dijo Gussan
– Es que no se andan por las ramas – contestó Mabo
– Vosotros tampoco – dijo Cas señalando a Taichi
– Pues… creo que en la ducha después de un concierto, con una fan. Lo mejor es que era la casa de uno de los miembros del grupo.
– ¿Cómo? – Dijo Nagase – ¿Y cómo es que no nos hemos enterado de nada? – Gussan se encogió de hombros.
– Ha sido discreto y no ha dicho nada.
– Pues si no es vuestra casa tiene que ser la de Joshima, seguro – dijo Nat – y el pobre no sabía donde meterse en el momento, es que lo veo
– Me estoy empezando a asustar, nos conocéis demasiado bien… – dijo Mabo mirándola
– Hemos pasado muchas horas viendo Dash, 5LDK y entrevistas como para no conoceros – le contestó ella – sabemos lo que os gusta y lo que no. ¿Por qué te crees si no que vamos vestidas como vamos?
– No me lo puedo creer – dijo Gussan riéndose
– Créetelo, estaba entre esta y una camiseta de Guns N’ Roses – le dije
– ¿En serio? – Me dijo Nagase – pensáis en todo…
– Siempre cabía la posibilidad de encontraros, pero no pensábamos que fuese a pasar de verdad… – dijo Nat.
– Conmigo has acertado, desde luego – le dijo Mabo poniéndole una mano en la pierna. Vi como dejaba que sus dedos se colasen por debajo de la falda. Nat cogió aire y lo exhaló con una risita nerviosa.
– Bueno, bueno vamos a seguir – dijo Taichi, barajando las cartas de nuevo. Al siguiente turno, Nagase tiró en la mesa el as boca arriba. Tenía tantas cosas que quería preguntarle que en el momento no me salía ninguna.
– Yo tengo una pregunta – dijo Nat riéndose y adelantándose a mis intenciones. Miró a Nagase pero no pudo hablar porque le dio la risa floja. No tenía muy claro si era por la mano de Mabo o por la pregunta.
– Me está empezando a dar miedo – dijo él
– No, no, ya. ¿Cuándo ha sido la última vez que te has masturbado? – la miré resoplando y ella me devolvió la mirada, riéndose mientras que Nagase hacía como el que pensaba y los chicos soltaban exclamaciones de sorpresa.
– Hace cinco minutos… más o menos – lo dijo tan tranquilo que me sorprendió
– ¿Pero qué? – dijo Mabo mirándole asombrado. Nat me miró y dio una carcajada.
– ¡Nagase! ¡Que estábamos aquí! – le dijo Taichi
– Lo sé, pero era una urgencia, créeme.
– ¿En serio no podía esperar? ¿Qué te ha hecho llegar a ese punto? – dijo Gussan, que no se había enterado de nada. Nagase me señaló poniendo morritos. Gussan me miró asombrado y luego volvió  a mirar a Nagase – ¡¿Y te has ido solo?! – me tuve que reír con esa contestación, me sentí halagada.
– No entiendes nada – dijo Nagase – era un calentamiento – me quedé mirándole incrédula con una ceja levantada mientras Taichi se reía. Nagase se inclinó y me dijo al oído – si no hacía algo iba a durar después contigo menos de 5 minutos, créeme, estaba demasiado cachondo. Y quiero durar bastante más… el problema es que sigo cachondo – yo estaba mirando al suelo intentando no poner ninguna cara porque los demás me observaban, pero al decirme eso cerré los ojos y suspiré, las chicas se rieron al momento –  tengo unas ganas de tocarte… – sentí sus dedos en la espalda.
– ¡Shh! No, no me vale, te podría haber ayudado – le dije separándole de mí. Mabo no paraba de reírse tampoco – baka… – Barajé las cartas y le volvió a tocar a Cas. De nuevo, Taichi fue rapidísimo.
– ¿Has hecho alguna confesión de estas pornográficas sobre mí? – le dijo Taichi
– Sí, sobre tus manos y un piano pero no te voy a contar los detalles… evidentemente
– No hace falta, luego le ponemos en práctica, sigamos – era increíble con la naturalidad con la que hablaba de estos temas con ella, que por otra parte se puso como un tomate. Seguía pensando que no se daban cuenta de lo excitadas que estábamos por estar a su lado, para ellos era como si nada pero… Al darle la vuelta a la carta tragué saliva y se la enseñé a los demás.
– Uhuhuhuhuuu – dijo Nagase riéndose y poniéndose derecho
– Se me ha ocurrido una pregunta… pero no vas a querer contestarla – dijo Mabo barajando las cartas
– Tú suéltalo – le dije
– ¿Has tenido fantasías con más de un miembro del grupo? A la vez, quiero decir…Y en caso afirmativo quiero nombres
– ¿Cómo le preguntas eso? – dijo Gussan
– No voy a contestar… – las había tenido, y Mabo era el segundo protagonista normalmente.
– Evidentemente – dijo Cas riéndose.
– Entonces hay que ponerte un reto – dijo Nagase mirándome. Veía en su cara como estaba maquinando algo, pero Mabo se levantó.
– Estaba todo pensado, hay una cosa de la que quiero ser testigo – se levantó y se fue a la cocina. Cuando volvió tenía en la mano un tarro de leche condensada y una cuchara.
– No, ni hablar, no, no, no – sentía como me ponía colorada por momentos. Gussan no sabia la historia, así que Taichi le puso al día de lo que estaba pasando. Al momento, todos empezaron a reírse, Nagase dio una carcajada aplaudiendo y Cas se llevó las manos a la boca mirando a Taichi totalmente sorprendida con la situación.
– Mira, así está la cosa – me dijo Mabo poniendo la latita en la mesa frente a mí, Nagase estaba de rodillas a mi lado, sonriendo como un niño pequeño al que le dan un juguete nuevo – o me contestas o tienes que quedarte quieta, sin moverte y sin tocarle, mientras Nagase te limpia esto, ya sabes cómo y ya sabes de dónde. Lo escribiste tú, así que…
– ¿Delante de todo el mundo? – Mabo asintió – ¡Sois unos pervertidos!
– Efectivamente – dijo Taichi
– Menos mal que he venido – dijo Gussan
– Venga, yo te la echo por encima – dijo Nagase. Le miré y es que no me lo creía.
– Una cosa – dijo Nat riéndose  estaba más involucrada incluso que los chicos – creo que deberías de juntártelas, para que no se escurra para abajo.
– No me puedo creer que esté haciendo esto… – dije mientras me giraba mirando a Nagase para que me echase eso por encima y me recogía el pelo de cualquier manera. Me moría de vergüenza y estaba más que nerviosa, pero es que estaba deseando que Nagase hiciese eso que tantas ganas tenía de hacer.
– Mis dos cosas favoritas de una vez – dijo el. Estaba a la derecha de todo el mundo y frente a mí, estaba Nagase, que ya tenía la lata en la mano – ¿Para qué es esta cuchara?
– Para que no le eches el tarro entero, baka – le dijo Mabo
– Te advierto que está fría… – Me dijo. Me senté con las piernas hacia un lado bajo mi cuerpo y me junté los pechos. Nagase tiró de mi camiseta para que el escote fuese más grande y casi se me salen – es para tener más espacio donde trabajar.
Se pasaba la lengua por los labios riéndose, nervioso. Cuando me cayó el chorreón encima dí un gritito echando la cabeza hacia atrás. No estaba fría, estaba helada, los pezones se me endurecieron al instante. Cuando me echó el segundo chorreón, desde la barbilla, eso empezó a bajar por mi escote y por más que me las apretaba se me coló por en medio y me llegó hasta el ombligo. No llegó más allá porque Nagase me tumbó hacia atrás empujándome por los hombros. Soltó la lata y dejó una de sus manos en mi hombro derecho pero la otra me la puso en la cintura, inclinándose sobre mí. Cuando noté su lengua en mi pecho, me tuve que morder el labio para no dar un gemido, era lo que me faltaba y los demás se reían sin parar. Al principio tenía los ojos cerrados porque me moría de la vergüenza, pero cuando los abrí le vi poner una pierna a cada lado de mi cuerpo, poniéndose casi encima de mí y me agarró con ambas manos de la cintura. Lamía mi escote mirándome con una cara de perversión que no le había visto nunca. Tenía unas ganas de agarrarle de pelo y de besarle que me moría, quería que me hiciese de todo allí mismo, que me cogiese en brazos y me llevase a su cama. El contraste del frío con sus labios ardientes me estaba volviendo loca, y cuando bajó por mi cuerpo, subiéndome la camiseta hasta los pechos (no se me vio nada de milagro) y empezó a lamerme hacia abajo no lo pude evitar, tuve que agarrarle del pelo.
– ¡Estate quieto! – Le intenté alejar de mí pero me tenía bien agarrada – ¡No sigas por ahí! – di un gritito y me revolví entera cuando me mordió la cintura. Los demás se partían de risa pero yo lo estaba pasando mal. Para ser sincera, bien y mal al mismo tiempo – Me he puesto perdida – dije tocándome la barbilla y poniéndome derecha, estaba pringosa
– Espera, espera – me agarró las manos y me las puso a la espalda, pasándome su boca desde la base del cuello hasta la barbilla y haciéndome gemir otra vez de la sorpresa. Se me arrimó tantísimo, agachado sobre mi cuerpo para pasar su boca por donde aun quedaban restos de la leche condensada, que mis pechos se apretaban contra él. Para mi sorpresa, no dejó de subir su boca al llegar a la barbilla por segunda vez, siguió y me besó delante de todos. Sus besos estaban dulces, y eran lentos e intensos.
– ¡Irse a la habitación! – dijo Mabo tirándonos un cojín y haciendo que nos separásemos.
– No me lo digas dos veces – dijo Nagase mirándome serio, me quedé mirándole a los ojos pero sentí como otro cojín me daba en la cara.
– ¡Oye, es tu culpa! – Le dije a Mabo cuando Nagase me soltó las manos – ¿No querrás que me quede quieta no? – le tiré el cojín de vuelta mientras Nagase se levantaba. Al momento vino de la cocina con servilletas y me las dio para que me limpiase.
– Necesito alcohol, ya – dijo Taichi.
– Pues entonces vamos a hacer lo que yo quería. No sé cómo se llama en vuestro país, pero aquí el nombre es “Yo nunca”. Por turnos vamos haciendo afirmaciones y el que haya cumplido esa afirmación, se bebe un chupito.
– Voy a terminar borracha… – dijo Cas
– Esa es la idea – le dijo Taichi, pasándole una mano por la cintura.
Ella le miró mordiéndose el labio. Estaba la cosa a punto de explotar por todas partes, y Gussan en medio, el pobre… aunque parecía estar pasándoselo de miedo. Nagase se levantó de nuevo y fue a por más botellas de alcohol, “por si hacían falta” dijo. Teníamos un vaso lleno de vodka cada uno por delante, nos miramos y nos reímos.
– Venga, empiezo yo – dijo Taichi – “Yo nunca he tenido sexo con más de una persona a la vez” – Todos los chicos menos Gussan bebieron, Cas también.
– ¿Ehhh? – le dijo él
– ¿Qué te sorprende tanto? – le dijo ella arrugando la cara a causa del sabor del alcohol.
– Este juego es mejor que el mío – dijo Taichi riéndose
– Pues claro… – le contestó Mabo
– Vale – dijo Cas de repente –  “yo nunca he tenido sexo en un lugar público” – todos menos Taichi y Gussan bebieron, yo incluida.
– ¿Dónde? – me dijo Nagase
– En la playa, en un campo y casi en un cine. Tatsuya san, no me imaginaba que fueras tan buen chico, a este paso no vas a beber nunca.
– Es que siempre he tenido donde hacerlo, no me ha hecho falta irme a la calle
– No se trata de eso – dijo Mabo – se trata de que cuando te entran ganas no te da la gana de esperar a llegar a casa.
– Tengo una, tengo una… – dijo Nat – Yo nunca tendría sexo con alguien del mismo sexo – solo bebí yo. Cuando me di cuenta me arrepentí porque todos se me quedaron mirando asombrados, sobre todo Nagase
– Nunca se sabe… – dije
– Sugoi… – se rió pasándose la mano a la boca – “yo nunca le daría sexo oral a un hombre hasta el final” – me dijo mirándome. Bebí mirándole a los ojos, como las otras dos chicas. La sonrisa de Nagase era cada vez más amplia.
– Mira que irte antes solo a pajearte… – dijo Gussan
– Creo que son las mejores fans que nos hemos podido encontrar – le dijo Mabo a Taichi riéndose
– Y yo creo que todavía no os habéis enterado de lo muchísimo que nos gustáis – dijo Nat
– Vale, pues vamos a comprobarlo – dijo Mabo – “yo nunca me he masturbado pensando en un miembro de TOKIO” – Cas bebió mirando al techo, Nat bebió mirando a Mabo a los ojos, que resopló y se puso de pie, nervioso, para volver a sentarse junto a la chica – ¿En serio? – Nat asintió con una sonrisa malvada. Yo me quedé mirando el vaso.
– No seas mentirosa y bebe de una vez – me dijo Cas
– Si no es por mentir – miré la mesa y resoplé – es que con un vaso no me basta – Bebí a morro de la botella y escuché a Nagase dar una de sus estridentes carcajadas, aplaudiendo.
– ¿Tantas veces? ¿En serio? – me dijo aún riéndose. Cuando conseguí tragarme el alcohol sin vomitar le miré asintiendo.
Se hicieron muchas más preguntas y pasaron muchas cosas (algo sobre Taichi con el culo al aire…) el problema, es que a partir de ese momento, no me acuerdo bien de absolutamente nada de lo que había pasado esa noche en esa casa.


[1] Por si no os acordais, el nombre de Mabo completo es Matsuoka Masahiro
[2] ¡¡Cállate!!
[3] Cotilla en mexicano
[4] Expresión de asombro en mexicano, como ¿en serio?

[5] Me da verguenza

-3-
Lo primero que vi al abrir los ojos fue un par de pies junto a mi cabeza y lo primero que escuché fueron ronquidos estruendosos. Eran tan escandalosos que no sabía ni como había podido dormir… también noté que me dolía la cabeza y que tenía la boca seca. Estaba en una cama que no conocía y en un cuarto que no conocía… ¿O sí? Miré un poco mejor y sí que lo conocía, era el cuarto de Nagase. Miré al dueño de los pies, y me llevé una sorpresa al ver que era Gussan, dormido boca abajo. Estaba tapada con la sábana y miré debajo, tenía puesto solo el sujetador y las bragas…y estaba con Gussan en la cama…y Gussan estaba en calzoncillos… Pensé de todo en un segundo, me dio tiempo a ponerme histérica y entonces me di cuenta que los ronquidos no venían de Gussan, venían de mi izquierda, pero a mi izquierda lo que había era suelo… Me asomé por el borde de la cama tapándome con la sábana y vi a Nagase tumbado en la moqueta con la boca entreabierta, el pelo enredado de una manera desastrosa y en calzoncillos también. Tenía una mano en el pecho y la otra sobre la cabeza. Empecé a reírme y al moverme Gussan hizo un ruidito rarísimo, lo que me hizo reírme más. Terminó quejándose y frotándose la cara. Cuando abrió los ojos dándose la vuelta en la cama, casi se cae por el otro lado y me miró agarrándose del colchón con los ojos de par en par. No pude evitar dar una carcajada.
– ¿Qué pasa? – Dijo riéndose y sentándose en la cama, pasándose una mano por los ojos -¿Qué hora es? – Los ronquidos pararon.
– No tengo ni idea, no entiendo nada, ¿Qué hacemos tú y yo en la cama? – una mano enorme apareció a mi lado, agarrándose de la sábana – ¡Estate quieto, no tires que estoy en ropa interior, imbécil!
– ¿Eh? – Nagase se sentó en el suelo y me miró, apartándose el pelo de la cara como podía – ¿Por qué? ¿Y por qué estás con Gussan y no conmigo? – me encantaba esa manera que tenía de hablar siempre, poniendo morritos como si estuviera enfadado. Me acababa de despertar y ya estaba con lo mismo…
– ¡Y yo que sé! No me acuerdo de nada – en realidad me gustó que se ofendiese porque no estaba con él.
– Cuando me asomé al cuarto ya estabais así – dijo Gussan bostezando y estirándose – te tapé y como había sitio en la cama me acosté a dormir. No te molesta ¿no? – negué con la cabeza, lo agradecía. Solo de pensar en las manos de Gussan tan cerca de mi cuerpo me puso nerviosa. Pensé que no tenía que ser bueno estar tan nerviosa tanto tiempo seguido, pero es que no me terminaba de acostumbrar a estar cerca de ellos. Y menos de Nagase.
– ¿Y por qué no te quedaste en el salón? – preguntó él
– Porque estaba Mabo con esta chica, la mejicana, y estaban muy ocupados.
– ¿Con Nat? Me alegro por ella – le dije, al menos ella sí que había hecho lo que pretendía. Yo si lo había hecho no me acordaba – ¿Y Taichi-san?
– Lo último que sé de él es que estaba dándose un baño con la otra, y a ella se le escuchaba bastante alegre.
– Claro que estaba alegre, como para no estarlo…
– ¿Hicimos algo? – Me dijo Nagase de repente, dándome dos golpecitos en el brazo – no me acuerdo…
– Pues yo tampoco, lo último que recuerdo es estar jugando a “yo nunca” y algo de que Taichi-san se bajó los pantalones mientras cantaba… y no sé qué de unos hielos y Matsuoka-san – no me sentía con la confianza suficiente como para llamarle Mabo y lo mismo me pasaba con Gussan – Yamaguchi-san, tú que pareces acordarte de todo, ¿Hicimos algo?
– Creo que no – dijo él – y me acuerdo de todo porque no bebí como vosotros ni me emborraché tantísimo. Y deja los formalismos, hemos dormido en la misma cama – me dijo riéndose.
– Yo me acuerdo de venirme contigo al cuarto – me dijo Nagase mientras se intentaba arreglar el pelo – y me acuerdo de estar en la cama contigo pero es que no sé…
– ¿Dónde está mi ropa? – miré a mi alrededor pero no la veía por ninguna parte
– No lo sé… toma, ponte esto mientras – me dio la camiseta que tuvo puesta el día anterior y me la puse tapándome con la sábana como podía
– Gracias, porque tengo que ir al baño – me destapé y me levanté intentando no pisar a Nagase. La camiseta me llegaba casi por las rodillas así que realmente no se me veía nada.
– Espera – me agarró de la mano – métete en ese baño porque a saber si los otros dos siguen dentro del grande.
Cuando pasé por encima suyo, subió la camiseta un poco y miró debajo. Le dí un golpe en la mano no porque me molestase, sino porque Gussan estaba mirando y soltó una risita tonta. Me metí en el baño que tenía en su cuarto y después de quedarme tranquila, (me iba a reventar la vejiga), me paré a mirarme en el espejo. Tenía una cara horrorosa y no digamos los pelos, la pintura se me había corrido e intenté arreglarme todo lo que pude. Habría dado lo que fuese en ese momento por tener un cepillo de dientes, pero como no tenía me limité a usar agua y pasta de dientes con un dedo. Al salir, Nagase estaba tumbado en la cama con una lata de coca cola en la mano y Gussan estaba esperando para entrar, así que le dejé paso. Se me quedó mirando y sonrió.
– Creo que es con la primera que te acuestas, o pretendes acostarte, que tiene la misma cara por la noche que por la mañana – le dijo a Nagase
– ¿Qué misma cara? – Le dije – ¿Tú me has visto bien?
– Sí, pero tus ojos son tuyos, tu pelo también y evidentemente no te has puesto relleno.
– ¿Pero ustedes que os acostáis con muñecas desmontables o qué? – los dos se rieron – que miedo…
– ¿Te importa que me de una ducha rápida? – le preguntó a Nagase
– Haz lo que te de la gana
Gussan se metió en el baño y yo me quedé en el cuarto sin saber qué hacer. Me quería tumbar junto a él en la cama pero es que estaba tumbado en diagonal y no cabía por ninguna parte. Para tumbarme a su lado tenía que darle la vuelta a la cama y como no sabía cual iba a ser la reacción de Nagase si lo hacía, opté por sentarme en el filo como pude. Nagase abrió los ojos y me ofreció la lata. Tenía tanta sed que casi me bebí la mitad de esta. Se la ofrecí de vuelta pero me negó con la mano.
– Déjala en la mesa de noche – Hice lo que me decía y después tiró de mí – ven, túmbate – sonriendo, me tumbé con las manos en su pecho desnudo, mirándole y empezando a acelerarme. Solo tenía puestos los calzoncillos, era todo tan tentador…le pasé los dedos por el pecho, acariciándole.
– ¿De dónde has sacado la lata? – le dije riéndome de su cara de dormido mientras bostezaba hacia un lado.
Subí una pierna hasta ponerla por encima de su cintura y no porque quisiera provocarle, (aunque cuando me di cuenta pensé que era una buena idea), sino porque estaba más cómoda.
– Ese mueble de ahí es una neverita – me puso la mano en el muslo y la fue subiendo despacio, acariciándome hasta mi trasero y metiéndola por debajo de la camisa.
– Me da rabia no acordarme de lo de ayer – me puse el pelo hacia un lado, me daba calor al caerme por la espalda. Nagase no me quitaba la vista de encima, estaba encantada.
– Yo tampoco me acuerdo, no sé qué hicimos si es que hicimos algo, aunque yo creo que nos quedamos dormidos – sentí sus dedos pasar por el borde de las braguitas, me estaba poniendo histérica, pero no quería que lo notase – lo que de verdad no entiendo es qué hacía yo en el suelo…
– Si he hecho algo contigo y no me acuerdo es para matarme – dejé caer la cabeza en su hombro porque lo que quería era estar más cerca.
 – A mí también me gustaría acordarme… solo me acuerdo de besarte – Escuché el grifo de la ducha abrirse y a mis pulsaciones volverse locas
– ¡Me abofetearía a mí misma! Llevaba queriendo que esto pasara desde que te vi quitarte la camiseta en ‘My Boss My Hero’ y mira como he acabado. ¡Es desesperante! – dio una carcajada.
– ¿Y por qué desde ese dorama y no antes? – enganchó uno de sus dedos en el elástico de mis bragas y tiró, pasando el dedo por el borde de abajo
– Porque es el primero que vi en el que actuabas. Sakaki Makio es el hombre más sexy del mundo – dije aún contra su cuello ignorando sus manos. Seguía oliendo de maravilla.
– ¿Y dónde dejas a Nagase Tomoya?
– Ese, cuando actúa haciendo de yakuza, es el segundo hombre más sexy del mundo.
– Ah ¿Sí? – me agarró del trasero con ambas manos y me puso boca arriba en la cama, tumbándose sobre mí y tapándonos a ambos con la sábana – Oe… – me dijo mirándome totalmente serio y me empecé a reír, nerviosa, no me podía creer que me estuviera hablando con acento yakuza, me iba a dar algo. Y tan poca ropa, él entre mis piernas – te voy a dar tal paliza que no te vas a poder mover en una semana, kisama[1]
Movió despacio una de sus manos hacia mi entrepierna, mirándome a los ojos con esa cara de mafioso que ponía. Le agarré de los hombros y eché la cabeza hacia atrás reprimiendo un gemido mientras él me rozaba suavemente con sus dedos haciéndome jadear. Estaba sobre mí, de rodillas en la cama con una mano apoyada junto a mi hombro izquierdo. Rozaba mis labios con los suyos sin besarme, mirándome entre mechones de pelo negro. Observaba mi expresión mientras me tocaba sin parar, muy suave y siempre por encima de las bragas.
– ¿Qué te pasa? – me dijo en susurros. Metió sus dedos por dentro de la ropa interior y cuando me tocó directamente me hizo gemir sin poder evitarlo – ¿Cómo se siente? ¿Ahora entiendes por qué no pude aguantarme ayer después de lo que me hiciste?
– No pares… – le dije como pude. Me pasaba sus dedos por mi sexo dese abajo y cuando me rozó el clítoris levanté las caderas – Nagase…
– ¿Ahí? – Asentí, jadeando contra su boca – vale, creo que Gussan va a salir pronto así que…
Me besó profundamente, tumbándose un poco más sobre mí y agarrándome del pelo. Empezó a rozarme un poco más rápido pero igual de suave y pasé una pierna por su cintura. No podía dejar las caderas quietas, le agarré del pelo mientras le besaba,  y le clavé las uñas en el brazo. Cuando llegué al orgasmo, que fue casi enseguida, gemí en su boca, me estremecí sin control de pies a cabeza y apreté su mano contra mi cuerpo. Llegó a un punto que se me hizo insoportable y pareció darse cuenta porque sacó su mano de donde la tenía para ponerla en mi cadera.
– No sabes las ganas que tengo de hacerte gritar – dijo mientras se rozaba conmigo moviendo sus caderas. Solo de pensar que nos separaban dos trozos finos de tela…
– Pues hazlo… – bajé la mano por su pecho e intenté alcanzar su miembro, pero solo llegué a tirar del borde de sus calzoncillos porque no me dejó. Ahora estaba más cachonda que antes.
– Más vale que te calmes o Gussan se va a dar cuenta – no podía parar de jadear, estaba sudando y probablemente estaba colorada. Sonriendo, se estiró hacia el lado y cogió la coca cola de la mesa de noche – bebe anda…
– ¿Qué me calme? – Se rió – Esto es… – bebí, aún bajo su cuerpo – me importa bastante poco que se de cuenta.
– Tenemos todo el día, es más divertido si vamos despacio – no paraba de sonreírme, no entendía como podía estar tan tranquilo, notaba lo que tenía entre las piernas.
– No quiero ir despacio –  dejé la lata otra vez donde estaba, nos destapé y le tumbé boca arriba en la cama, sentándome sobre él, rozándome con su erección. Me quité el sujetador sin quitarme la camiseta, notando como se clavaban sus ojos en mí. Le cogí las manos y las puse en mis pechos por encima de la camiseta y tragó saliva mientras me rozaba los pezones. De lejos escuché un teléfono sonar.
– Son… son más grandes de lo pensaba – me acarició con sus manos despacio, apretándolas suavemente. Escuché a gente quejarse fuera del cuarto – creía que el sujetador tenía–
– No, son mías… bueno, ahora mismo son tuyas. – el grifo de la ducha se cerró y escuché pasos acercarse al cuarto, pero no dejaba de rozarme con él. ¿Se pensaba que me iba a quedar yo sola con el calentón? Ni hablar…
– Y tanto que son mías
Nagase se sentó y poniéndome una mano en la espalda me besó con tantas ganas que me hizo doblarme hacia atrás, apretándome el pecho que tenía en la otra mano. Justo cuando le agarré con fuerza de donde yo quería escuché cómo Gussan salía del baño y cómo la puerta del cuarto se abría. Nagase dejó de besarme y miré hacia la puerta para automáticamente empezar a reírme a pesar de lo caliente que estaba. Nat estaba plantada allí con mi teléfono en la mano, mirando desconcertada el conjunto que hacíamos Nagase y yo tan juntos en la cama y Gussan, con solo una toalla en la cintura.
– ¡Hola Nat-chan! – Dijo Gussan metiéndose un dedo en la oreja para sacarse agua – Nagase te cojo ropa interior.
– Sí… – tragó saliva de nuevo y le miré, sonriendo con malicia – ya te he dicho que hagas lo que te de la gana… – no sabía si eso me lo estaba diciendo a mí o a Gussan porque me miró con deseo los labios y después a los ojos.
– ¿Molesto? – dijo la chica en la puerta
– Hola Nat – le dije intentando sonar normal, mirándola sobre mi hombro. Nagase había bajado sus manos hasta mis caderas y las había dejado ahí apoyadas, pero yo le tenía bien agarrado – ¿Quién me llama?
– Ehh… tu madre, creo… – me di la vuelta y me bajé de la cama como pude, aún me temblaban las piernas – Ya la llamo luego ¿Ha llamado muchas veces?
– Unas cuantas, las primeras las ignoramos pero te lo he traído antes de que Matsuoka-kun lo tirase por la ventana – me dio el teléfono y escuché a Nagase resoplar tumbándose en la cama. Me giré para mirarle. – vaya, vaya lo que esconde… – dijo Nat en español mirándole. Como solo tenía puestos los calzoncillos se notaba perfectamente la erección que tenía. La que yo le había provocado y de la que en cierta manera me sentía orgullosa.
– Pues todavía no he hecho nada de provecho con ella…
– ¿Pero no dormiste con él? – la miré con cara de fastidio – pues no para de comerte con los ojos…
– Ayer nos quedamos dormidos por culpa de la borrachera – Nat me miró negando con la cabeza – aunque por su culpa ahora mismo me cuesta estar de pie, se nota que toca la guitarra a menudo, no sé si me entiendes… – nos reímos juntas mientras que Gussan nos miraba con curiosidad.
– Ponte algo por encima – le dijo Nat – deja de provocarnos con ese cuerpo de surfero sexy y casado que tienes.
– Os gusta ¿Eh? – dijo acercándose con una risita, eran todos igual de pervertidos – Nagase, ¿te importa que me la quede? – dijo pasándonos un brazo por encima a cada una. No perdí el tiempo y me agarré, estaban tan duros como me los imaginaba.
– Vete con tu mujer y estate quieto, como Mabo te vea te corta las manos. Ya sabes lo posesivo que es con las mujeres.
– Me visto y voy a comprar el desayuno – dijo Gussan – porque no creo que ninguno vayáis a tener ganas de arreglaros y de salir…
– Voy a despertar a Matsuoka-kun, que ahora alguien mire donde está Taichi-san porque no tengo ni idea – dijo Nat saliendo del cuarto.
– Ahora voy – dijo Nagase sentándose en la cama y dándole el último sorbo a la lata – no te me acerques más en un rato – me dijo señalándome. Me quedé parada a medio camino de la cama, un poco cortada porque no me esperaba que me dijese eso.
– Vale… – me miró fijamente, tan serio que no pude retenerle la mirada – te juro que no sé dónde he metido los pantalones – no sabía qué decirle después de lo que me había soltado así que me puse a darle vueltas al cuarto buscando mi ropa, sin éxito. Cuando le miré, seguía con los ojos fijos en mi – ¿Qué pasa? Deja de mirarme así y ve a buscar a Taichi-san
– ¿Te molesta?
– Me pone nerviosa, ¿He hecho algo que no deba? – estaba realmente preocupada pero a él se le escapó una sonrisita.
– Bueno, voy a bajar – dijo Gussan saliendo del baño. Nagase asintió – ¿Qué compro?
– ¡Mochi! – Le dije – y si puede ser de chocolate, mejor.
– Yo que sé… cualquier cosa dulce me vale – le dijo
– Ya, si ya me he dado cuenta de que te gustan los dulces – se rió y salió del cuarto cerrando la puerta. Aproveché para mirarme en el espejo de esta.
– Me da vergüenza irme así con los demás… – dije tirándome de la camiseta. Vi en el reflejo que Nagase se me acercaba pero me hice la tonta.
– No sé qué problema hay – se quedó detrás de mí y me puso las manos en las piernas para después subirlas, metiéndomelas debajo de la camiseta. Hundió su nariz en mi cuello besándolo dulcemente, y subiendo la mano le acaricié el pelo.
– ¿No querías ir despacio? – le dije susurrando, me tenía absolutamente a sus pies y eso que ni siquiera estaba tocándome los pechos.
– Eso estoy haciendo – se me pusieron los bellos de punta al sentir su aliento – si hubiese ido rápido, ayer cuando estábamos en el salón no habría abierto la puerta.
– Si te lo hubiese pedido – dije mirándole a los ojos – ¿te habrías quedado allí? – asintió, fui estúpida el día anterior…
– ¡¡Nagaseeeeeeee!! ¡¿Dónde están las pastillas para la cabeza?! – aulló Mabo desde el salón. Nagase dio una carcajada.
– ¡Pero no grites que te va a doler más, baaaka! – le contestó Nat
– ¡Ya voy! – Sacó las manos de donde las tenía y me puso una de ellas en la cara, poniéndome de frente a él y besándome – no sabes las ganas que te tengo
– Y yo no sé a qué estás esperando – le agarré el trasero pegándolo a mí
– Me lo paso bien, después verás como te gusta más de lo que te imaginabas – dijo separándose de mí y cogiendo unos pantalones del armario.
Un poco desilusionada, abrí la puerta y me fui al salón para encontrarme a Mabo con un cojín en la cara y a Nat cerrando las cortinas. Estaba todo hecho un desastre, sucio y revuelto. Había sabanas por todas partes y cojines desperdigados, dos botellas de alcohol vacías y en la mesa, atrayendo las miradas, el envoltorio de un preservativo.
– Esas cosas se tiran – le dije a Nat
– ¡Uy! – dijo ella riéndose, le dí un empujón cuando pasaba por mi lado cogiéndolo y llevándolo a la cocina
– ¡Me lo tienes que contar! – le dije en español
– Espero que hayas dormido bien porque tu teléfono no me ha dejado – cuando Mabo se quitó el cojín de la cara vi que tenía muy mal aspecto
– ¿Estás bien? – le dije riéndome
– No. No estoy bien, quiero una pastilla y quiero dormir pero aquí es imposible.
– Toma la pastilla y si quieres dormir vete a tu casa – le dijo Nagase. No se había puesto camiseta y se me iban los ojos detrás. A Nat también, normal. Puso en la mesa varias botellas de agua.
– ¿Dónde está Taichi? – Le dijo Mabo sentándose para coger la pastilla – ¿Y Gussan?
– Gussan ha ido a por el desayuno y a Taichi lo acabo de despertar, estaba dormido en el suelo del cuarto de las guitarras con Cas – suspiré y le miré con cara de fastidio, pero no pareció notarlo.
– Mira que eres tonto – le dijo Nat a Nagase mirándole de arriba abajo
– ¿Eso es a mí? – dijo el sonriéndole
– ¿Sabes la cantidad de books de fotos sin camiseta que habrías vendido si no te hubieses hecho eso en el pecho? – Nagase puso cara de fastidio arrugando la nariz y miró a otra parte. Sin embargo, Mabo se rió y yo asentí sonriendo.
– Nat-chan, ven aquí – Mabo la agarró de la mano y la sentó con la espalda apoyada en el brazo del sofá. Se dejó caer sobre ella, con la cabeza en sus pechos – esto es gloria…
– Nada, nada, tú ponte cómodo – Nat hacía como si estuviese molesta pero se quedó mirándole con una sonrisa de lo más dulce en la cara. Le empezó a acariciar las mejillas y a Mabo se le dibujó una sonrisa.
– Oe, siéntate – me dijo Nagase, que estaba mirando una revista de coches sin prestarme realmente atención. Le miré más fastidiada aún y me senté a su lado en la moqueta mirando frente por frente al sofá, apoyando la espalda con el mueble de la televisión que tenía detrás. Tiré hacia abajo de la camiseta y apoyé mis brazos en las rodillas mirando de reojo a Nagase mientras leía.
– Ohaaaaaayooooo[2]… – un despeinado y somnoliento Taichi se asomaba al marco de la puerta del salón, sin camiseta y frotándose los ojos. Cas entró detrás, reliada en una sábana. Se sentó en la moqueta con la espalda apoyada en el sofá frente a mi y me sonrió con cara de dormida y satisfecha. Hice un ruidito de queja y dejé caer la cabeza en los brazos.
– ¿Qué te pasa? – me preguntó Cas.
– Que no es justo – le dije sin mirarle
– ¿El qué? – levanté la vista y miré como estaba Nat con Mabo y después señalé a Nagase con la cabeza. Cuando se dio cuenta de lo que le estaba diciendo, Cas hizo un mudo “Aaaaaaaaah” y con los dedos señaló a Nagase y después a mí – ¿Nada de nada? – me susurró
– Algo sí, pero no del todo – le dije
– ¿Cómo? – dijo Nagase
– Nada – contesté. Se me quedó mirando con el ceño fruncido, suspiré cuando le miré a los ojos, tenía tantas ganas de tocarle y sobre todo de que me tocara…
– ¿Qué está pasando? – Dijo Taichi – oye ¿Y Gussan? – en ese momento llamaron a la puerta.
– Ahí está – dije – con el desayuno.
A Taichi se le iluminó la cara y fue corriendo a abrir la puerta. Cas se rió tontamente y se quedó mirándose las manos, pensando en sus cosas. Apoyé la cara en mi mano izquierda, la que estaba más cerca de Nagase, y suspiré mirando como movía los dedos de los pies mientras se leía la revista. Me daba rabia, las dos se veían totalmente satisfechas y contentas y yo seguía igual de caliente que el día anterior y encima Nagase no me hacía ni caso. Volví a suspirar involuntariamente y soltó la revista en la mesa. Cuando miré hacia el lado vi que me estaba mirando de cerca, ceñudo.
– ¿Te pasa algo? Si te encuentras mal te acompaño al servicio…
– No, no – me puse derecha – estoy bien
– ¿Y esos suspiros? – me quedé mirándole.
Sus ojos oscuros, su boca entreabierta, el pelo cayéndole a ambos lados de la cara…esa cara… Volví a suspirar y en un impulso me acerqué a él besándolo en la mejilla. Cuando le miré estaba sonriendo.
– ¿A qué le estás dando vueltas? – me pasó un brazo por los hombros y me pegó a su pecho. Desde el rellano escuché a Taichi decir “sugoooooi” cuando le abrió la puerta a Gussan, era lo mismo que estaba yo pensando
– A nada, solo suspiro.
– Mentirosa – me dijo al oído. Puso su otra mano por debajo de mi muslo, bajándola hasta rozarme por encima de las braguitas con las yemas de los dedos – esto es lo que tú quieres – se me escapó una risita nerviosa y le aparté sus dedos curiosos de un manotazo.
– Aquí no – le dije susurrando. Nat me miró de inmediato y sonrió.
– ¡Pasteles! – dijo Taichi poniendo un paquetito en la mesa
– No sabía qué os gustaba y qué no, así que he comprado de todo – dijo Gussan
– ¿Había mochi? – dije mirando la cajita
– Ah… me muero de hambre – Nagase abrió la caja sin esperar a los demás – ¡Jujujuju! Este para mí – cogió el más grande, con más nata y con más aspecto de engordar.
– Que asco, no puedo ni mirarlos – dijo Mabo poniéndose la mano en los ojos
– Con lo duro que pareces… – dijo Nat riéndose – dame ese, el rosa – cogí un mochi de chocolate bastante grande y le dí a Nat el que me pedía.
– Hay tantos y son tan bonitos que no sé cual coger – dijo Cas
– ¡Esto sabe a gloria! – dije cuando lo probé. Por dentro tenía mousse de chocolate y estaba tremendamente bueno
– ¿No has comprado demasiados Yamaguchi-san? – dijo Cas
– No, coged los que queráis, yo me he comido el mío mientras venía – dijo riéndose.
– Ummmfpfpfff – miré al origen del ruido y vi a Nagase sonriendo completamente feliz, limpiándose las comisuras de la boca con los dedos. El pastel que cogió tenía tanta nata, crema y era tan grande que me dio fatiga solo de mirarlo.
– ¿Pero como puedes comer tantísimo? – le dijo Cas
– ¿Tú has visto a todo lo que tiene que darle energías? – le contesté
– Y lo que no se ve… – dijo Nat mirándome y riéndose. Dimos una carcajada y Mabo la miró con cara de ofendido – no me mires así, sabes que es verdad
– Por eso te miro así, porque para saberlo has tenido que mirar
– Venga ya Matsuoka-kun, eso lo sabe cualquiera que haya visto los anuncios de Gunze – dijo Cas
– Los de calzoncillos ¿no? – dije sonriendo
– ¡Mira que bien lo sabes! – me dijo chocando la mano conmigo. Miré a Nagase y se estaba mirando dentro de los pantalones. Me asomé descaradamente pero no me dejó ver nada.
– Oe, eres curiosa ¿Eh? – Le sonreí y me devolvió la sonrisa
– ¿Sabes que es lo que deberíamos hacer ahora? Ver una película – dijo Taichi – Nagase, pon algo – el aludido se le quedó mirando extrañado y soltó una risita
– ¿Porno?
– ¡No idiota! – Mabo le tiró una zapatilla
– Estábamos hablando de lo que tengo entre las piernas ¡Es normal que lo asocie!
– Venga ya, pon algo y cállate…
– Levántate tú y busca lo que quieras ver.
– Yo me voy a casa – dijo Gussan
– ¡Ay no! – dijo Cas
– Tiene una familia que mantener – dijo Taichi chupándose los dedos
– Deja de decir tonterías durante un ratito – le dijo Cas riéndose – me duele la barriga de reírme ayer.
– A lo mejor nos podemos ver para cenar, y llamamos a Leader, que a saber donde anda
– Pasándoselo bien – dijo Mabo – nos vemos luego.
Gussan se despidió y Taichi se puso a buscar una película. Cas se puso más cómoda y estiró la sábana para que el se pusiera a su lado. Nagase puso la espalda también pegada al sofá y agarró la sábana que tenía más cerca. Después me agarró de la mano y tiró de mí hasta que me puso a su lado, pasándome un brazo por los hombros. Ver una película así con él… en su casa… estaba viviendo una serie de cosas que no iba a olvidar jamás. Apoyé la cabeza en su hombro y dí un suspiro enorme.
– Mabo, se me están durmiendo las piernas – le dijo Nat, miré hacia la izquierda porque estábamos apoyados a la altura de los pies del baterista.
– Espera – se incorporó y cuando la chica sacó las piernas por fuera del sofá se tumbó tras ella, abrazándola por la cintura y tumbándola delante de él – ¿Mejor?
– Sí… – le chica volvió la cabeza y Mabo la besó. Le besaba con tantas ganas que me dio vergüenza mirar, además de envidia.
– Esto está tan oscuro que podríamos ver una de miedo… – dijo Taichi
– ¡Ay sí, me encantan! ¿Está “Ringu”? – le pregunté
– No he visto la versión japonesa – dijo Cas. Taichi se volvió mirándola sorprendido
– Pues “Ringu” vamos a ver – puso la película en el DVD y encendió la tele, sentándose junto a Cas – Nagase hizo un dorama muy malo de la película
– No era tan malo… – dijo este
– Sí, sí que lo era – dijimos Mabo y yo a la vez, riéndonos.
– Lo vi porque salías tú, que si no, no me molesto – le dije – y mira que me gustan las cosas de miedo pero es que…
– Oe – Nagase me llamó, dándome un pellizco en la cintura – ¿me dejas probarlo?
– ¿El qué? – me daba igual lo que me estaba pidiendo, le iba a decir que sí
– El mochi
– ¿Por qué no me lo has dicho antes? Ya me lo he com–
No pude decir nada más porque de repente tenía su lengua en la boca. Aspiré por la nariz y me dejé besar, y cuando me pasó la mano suavemente por la cara sentí que me derretía, literalmente. Empezaron los títulos de la película, pero él seguía besándome, apretando suavemente sus labios con los míos. Bajó su mano, acariciando mi cuello, pasándola por mi hombro, rozándome el pecho y parándose a pellizcarme muy suavemente el pezón. Cuando noté que su mano seguía bajando dejé de besarle y le miré, suspirando y con todos los vellos de punta.
– No me vas a dejar ver la película ¿Verdad? – le dije
– Ya paro – dijo sacando su mano de debajo de la sábana. Se la agarré
– ¿Y si prefiero perdérmela?
– ¿Por qué no te pones como te pusiste esta mañana en la cama? Estaba muy cómodo – Se puso varias almohadas detrás de la cabeza para ver bien la película. Yo me apoyé en su pecho, con la pierna por encima suyo, mirando hacia la televisión. Cuando me apretó contra él, me sentí la mujer más feliz del mundo.
– A ver, porque a mí el terror japonés me da mucho miedo – dijo Cas arrebujándose contra Taichi
– Ten cuidado porque tienes a una Sadako al lado tuya – le dijo él señalándome. Me dejé caer los pelos por la cara y estiré una mano hacia Cas, que me apartó de un golpe.
– ¡Estate quieta!
– Ya te asustaré, ya…
Nos pusimos a ver la película y durante un ratito solo pensé en lo bien que estaba, agarrada a una de esas enormes manos que tanto me gustaban. Estaba apoyada en su hombro izquierdo, y agarraba su mano derecha contra mi pecho. Al pasar un ratito, cuando miré hacia las parejas que tenía al lado me encontré que Cas y Taichi estaban dormidos y que Mabo estaba casi encima de Nat, besándola y riéndose, con las manos quién sabe dónde. Yo tampoco duré mucho tan tranquila. Miré a Nagase, estaba dando cabezadas mientras veía la película y era normal, estábamos tan calentitos y cómodos… Por eso pensé que era hora de que se espabilase.
            Solté su mano y la bajé por su pecho despacio, acariciándole hasta sus pantalones. Inmediatamente, Nagase subió un poco más la sábana poniéndose un poco tenso. Me quedé acariciándole por debajo del ombligo, sin tocar más allá y miré hacia arriba para besarle el cuello muy suavemente. Hacía como el que no se daba cuenta de nada, pero escuchaba sus latidos y cada vez iban más rápidos. Bajé un poco la pierna que tenía encima de él y rocé en círculos con mis dedos la punta de su miembro sobre su ropa. Noté que empezaba a respirar un poco más rápido y le pasé la mano de arriba a abajo, igual que el día anterior en el pasillo, una y otra y otra vez, muy despacio. Cada vez la tenía más dura y mientras miraba sin ver la película, metí la mano por dentro de sus pantalones y de su ropa interior, tocándole directamente; piel con piel. Se agitó un poco y cogió aire entre dientes al notar mis dedos en su cuerpo. Estaba durísima, caliente y enorme, tenía ganas de hacerle de todo, quería verla, quería rozarla con mi cuerpo. Seguí masturbándole, ahora sin nada de por medio, con la cabeza apoyada en su pecho y escuchando los latidos acelerados de su corazón.
– La quiero dentro… – le susurré, mordiéndole el lóbulo de le oreja
– Mira, se acabó – me hizo sacarle la mano de los pantalones, se puso de pie levantándome y empujándome me sacó del salón
– Ya era hora, no sabía qué más hacerte para provocarte – le dije riéndome mientras cerraba la puerta.
– ¿Provocarme? – se paró a la mitad del pasillo y me volvió a empujar contra la pared, pero de espaldas a él – creo que nunca en mi vida había estado tan caliente como ahora.
– Tengo mis expectativas muy altas, espero no decepcionarme – le dije.
Me agarró de las caderas y empezó a rozarse con mi trasero, metiendo su mano en mi entrepierna, que seguía sensible de antes. Me hizo temblar un poco pero me recompuse, y aunque me moría de los nervios tenía tantísimas ganas de tocar su cuerpo desnudo que no me lo pensé dos veces. Me di la vuelta y le agarré del borde los pantalones, poniéndome de rodillas en el suelo, y me daba igual si alguien tenía que ir al baño y nos veía, no pensaba esperar más.
            Cuando rocé su miembro con los labios, gimió y me agarró del brazo, mirándome. Si normalmente mirar sus expresiones en las fotos me excitaba, verlo tan cachondo, mirándome a mí, me volvió loca. Sin miramientos me metí hasta donde pude su miembro en la boca, haciéndole jadear. Me agarró del pelo y susurró mi nombre, no paraba de hacer ruiditos, me estaba poniendo mala. Subía y bajaba con mi boca y movía mi lengua en círculos, sintiéndole cada vez más duro, más excitado. Me metía prisa, me decía que parase, me apretaba, me acariciaba. Estaba descontrolado. Me agarró y cogiéndome en brazos me llevó hasta su cuarto. Cerró la puerta empujándola con el pie mientras me besaba y me agarraba con fuerza del trasero. Al tumbarme en la cama tiró de la camiseta y me la quitó, para después hundirse entre mis pechos apretándolos, mordiéndolos y lamiéndolos. Le acariciaba el pelo de la nuca mientras miraba como me tocaba, como me mordía. Se humedeció los labios y me dedicó una sonrisa de medio lado que terminó de matarme.
No dio rodeos de ningún tipo, se agachó entre mis piernas y bajándome un poco las bragas, me pasó la lengua por mi sexo con tantas ganas que no pude evitar gemir agarrándole del pelo. Ya no había momentos dulces, ni me tocaba suavemente, estaba cegado por la lujuria y yo estaba encantada. Me estaba dando tan fuerte y tan deprisa con su lengua, y yo estaba tan sensible a esas alturas que apenas tardé en llegar al orgasmo. Y cual fue mi sorpresa cuando justo en ese momento comenzó a lamerme más despacio, mirándome a los ojos y agarrándome de los pechos,  provocando que el orgasmo fuese eterno. Se apoyó en la mesilla de noche, abriendo el primer cajón, sacando un preservativo y tengo que decir que nunca había visto a ningún hombre ponerse uno tan rápido.
            Se terminó de quitar la poca ropa que tenía y agarrándose su miembro, me puso de espaldas a él, bajándome la ropa interior hasta las rodillas. Estaba tan nerviosa que parecía mi primera vez, y la tenía tan grande que me daba miedo a que me doliese como si lo fuera. Cuando le sentí apretarse contra mí me mordí el labio y cuando finalmente entró en mi cuerpo no pude evitar gritar de placer. Le sentía caliente dentro de mí, me quemaba, le quería más adentro. Le miré y tenía los ojos cerrados, movía sus caderas despacio, sin penetrarme del todo, apenas rozándome con las yemas de sus dedos. No paraban de darme escalofríos cada vez que se movía dentro de mí, tenía todos los vellos de punta, se inclinó sobre mi cuerpo y pasó su boca por mi espalda, besándome hasta el cuello. Tenía mis manos en las suyas, agarrándome las caderas.
– Nagase… motto fukaku [3]– le dije como pude.
– ¿Estás segura? No quiero hacerte daño…
– Sí… quiero… quiero que-
No pude decir nada más porque me embistió tan fuerte que lo siguiente que salió de mi boca fue un gemido. Nunca había sentido nada tan intenso (ni tan enorme) y si bien era cierto que me dolió, tampoco quería que parase. No me daba rápido, me daba despacio y le escuchaba gruñir de placer en mi oído cada vez que me penetraba hasta el fondo, lo que me puso más caliente aún. No podía parar de gemir su nombre y el cada vez se movía más rápido. No quería acabar nunca pero le notaba cada vez más duro en mi interior y no creía que él fuese a durar demasiado. Llevábamos reteniéndonos demasiado tiempo, aunque él llevaba razón, estaba siendo mucho mejor de lo que me imaginaba. Se agarró al cabecero de la cama y ahora sí me daba mucho más rápido, haciéndome gemir mucho más y gimiendo el también. Me la sacó de repente y agarrándome por la cintura me atrajo hasta él, que estaba sentado en la cama sobre sus piernas. Me di la vuelta y me senté mirándole de frente.
– No puedo aguantar mucho más – me dijo
– Hay una cosa que tengo que hacer y me da igual lo que digas, voy a hacerlo – dije contra su boca, agarrándole la erección y quitándole el condón.
– ¿Qué haces?
– Quiero sentirte, sentirte de verdad.
– Pero-
Le callé besándole. Sabía que en el momento en el que me penetrase sin el preservativo no se iba a quejar más. Acerqué mis caderas a las suyas y sin soltarle, me rocé contra él. La sensación era increíble, y cuando le metí en mi cuerpo le tuve que agarrar de los hombros porque se me temblaban tanto las piernas que no podía sostenerme apenas. No deje que me penetrara del todo, me movía rápido pero sutilmente sobre él, que tenía la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta, jadeando sin parar. Cuando me dejé caer del todo y sentí que me penetraba hasta el fondo, Nagase me miró, apretando los dientes y mi trasero con sus dedos. No era comparable lo que estaba sintiendo ahora con lo de antes, era muchísimo más intenso y le notaba rozarse en mi interior perfectamente una y otra, y otra vez. No me dejó encima mucho más rato a pesar de que me movía con ganas. Subió sus manos por mi cuerpo y me tumbó en la cama, empujándome con sus manos en mis pechos. Me agarró las muñecas y me las puso sobre la cabeza, y me susurró contra mi boca:
– No puedes irte, ahora eres mía – me reía a la vez que gemía, no sabía como podía acordarse de eso, pero me volvió loca. Y al mirarle y verle sonriendo, también vi lo bien que se lo estaba pasando.
Me dio incluso más fuerte que antes, con la boca entreabierta, gimiendo y jadeando, y no me soltaba las muñecas. A esas alturas no sabía cuantos orgasmos había tenido porque me llegaban sin parar uno detrás del otro. De repente me soltó de las muñecas, me agarró las piernas y las subió contra mi cuerpo y me embistió tan fuerte que estaba segura de que no iba a aguantar más. Me estaba empezando incluso a doler de lo fuerte que me estaba dando pero no me pensaba quejar, me gustaba más que me dolía. Le ví y le oí susurrar entre dientes “iki-so-da… kimochi” una y otra vez hasta que se separó de mí y empezó a tocarse a si mismo, gimiendo, temblando y apoyándose con la otra mano en la cama, echándomelo todo encima. Sus músculos temblaban y las venas de su cuello se marcaban mientras manchaba mi cuerpo. Cuando acabó se agachó por el borde y me dio la camiseta para que me limpiase, y fue lo que hice. Se tumbó a mi lado, estaba sudando entero y jadeaba con la boca abierta y los ojos cerrados, con un brazo doblado sobre la cabeza. Me puse de lado en la cama para mirarle, pero no quise tocarle porque no sabía como era después de follar. Cada hombre era un mundo.
– Estás loca – me dijo – estoy loco. No sé porqué te he dejado que me quitaras el condón
– Te ha gustado mucho más, no digas tonterías
– Claro que sí – me dijo mirándome – pero es una locura
– Iba a ser una vez en la vida Nagase, no iba a desaprovechar la oportunidad.
– No sabes cómo me alegro de haberme encontrado contigo en el karaoke – se giró hacia mí y poniéndome una mano en la mejilla me besó dulcemente en los labios – si me dejas dormir un rato luego puedes venir a por más.
– Me parece una idea buenísima, yo también tengo sueño… estoy reventada.
– ¿He cumplido tus expectativas entonces?
– Las has superado – volvió a besarme sonriendo y me tumbé de espaldas a él, que me abrazó tapándome con la sábana.


[1] Puta, zorra
[2] Buenos dias (ohayo)
[3] Más profundo

-4-
Cuando me desperté con un sobresalto era de noche y al tocar a mi lado en la cama no había nadie, estaba sola. No sabía porqué me había despertado bruscamente hasta que escuché una risita a mis pies. Cuando miré, vi un bulto y al mirar bajo la sábana vi a Nagase riéndose.
– El salto que has dado cuando te he tocado… – me dijo. Se estaba masturbando delante de mi cuerpo desnudo, no supe como reaccionar – Buenos días – Me puso las manos en las piernas mientras las abría y se colocó entre ellas, apretándome contra la cama sin dejarme levantar las caderas.
– Tomoya-kun, espera…
– No quiero, dijiste que querías que te follase sin miramientos ¿no? – Se pasó la lengua por la mano y se humedeció su miembro – y ya estoy siendo bueno al hacer esto para que no te duela demasiado.
– Tomoya… – empezó a rozarme con el glande, deslizándolo entre mis labios mayores, yo quería levantar las rodillas al menos para ponérselo más fácil, pero no me dejaba. A pesar de que me quedé satisfecha antes, seguía con unas ganas horribles de sentirle en mi interior de nuevo.
– Esto es lo que más me gusta – me dijo – siempre estás empapada.
– Es culpa tuya… – se apretó contra mi cuerpo y entró bruscamente dando un único gemido ronco y grave – ¡Ay! ¡Ten cuidado!
– No – sonrió – voy a ser de todo menos cuidadoso. Y más sabiendo que siempre estás tan dispuesta… Y esto… como me gustan – me pasó la lengua por el pezón de un pecho mientras me lo agarraba con fuerza.
Cada vez que sus caderas chocaban con las mías penetrándome profunda y lentamente, expulsaba el aire entre dientes, gimiendo con ese sonido ronco, como un gruñido. Yo me quejaba porque me pinchaba y porque me estaba mordiendo con fuerza los pezones, pero cuanto más se movía, más me gustaba, y cuanto más me gustaba más rápido iba. Era un círculo vicioso. Me dejó levantar las piernas y las puse alrededor de su cintura, gritando su nombre ahora que le sentí realmente en mi interior. Siguió moviéndose salvajemente sin parar durante, al menos, 10 minutos seguidos, besándome y mordiéndome, pasando sus manos por todo mi cuerpo, hasta que se dejó caer encima de mí, con su cara en mi cuello.
– Ah… no puedo más, no tengo… no puedo… – interiormente lo agradecí porque me dolía absolutamente todo.
– Pero no has terminado – aún estaba dentro de mi cuerpo pero no se movía.
– Tu sí ¿no? – le acaricié el pelo de la nuca, riéndome.
– Tomoya, por favor ¿no me estás escuchando gritar? Anda – le tumbé boca arriba en la cama, sudaba más que antes – relájate un rato – bajé por su cuerpo besándole
– ¿De verdad me estás diciendo que me relaje cuando vas a … – dijo algo como ‘ummmmhhhpffff’ cuando le pasé la lengua, mirándole – ten cuidado que estoy a punto…
– Avísame – me miró y después cerró los ojos, agarrándome del pelo.
Al principio no use las manos, solo mis labios y mi lengua, muy despacio, observándole respirar cada vez más rápido. De vez en cuando susurraba mi nombre y cuando lo hacía intentaba metérmela entera en la boca, pero era imposible, era demasiado grande. Cuando empecé a usar mis manos también, empezó a mover las caderas y a apretarme contra él. Apenas podía respirar y le sentía mirarme, cada vez más excitado dentro de mi boca.
– Ya… ya… quítate… – pero no me quité, seguí. Lo único que quería era estar atenta a cuando iba a pasar para que no me cogiera por sorpresa. Para no tener que notarlo mucho en mi boca, me metí su miembro profundamente, casi hasta la garganta. Le escuché gemir y le miré como pude porque me estaba agarrando del pelo tan fuerte que no podía girar la cabeza. Estaba totalmente tenso, con la cabeza hacia detrás y los dientes apretados. Gritó mi nombre roncamente cuando eyaculó y supe que acabó cuando me soltó del pelo – eres… tú… me has dejado oficialmente seco. No voy a… no voy a poder tener hijos nunca.
– Que tonto eres – dije riéndome – ¿sabes ya dónde está mi ropa?
– Creo haberla visto en el salón – tenía las manos en el pecho y todavía estaba sofocado
– ¿Me la puedes traer ahora?
– Sí, ve duchándote, ahora cuando pueda moverme te la traigo.
Me levanté de la cama y me metí en el baño, antes de cerrar la puerta le vi mirarme de arriba abajo. Con una sonrisa de oreja a oreja me metí en la ducha y cuando estaba enjabonándome el pelo le escuché abrir la puerta.
– Aquí tienes tu ropa, estaba en el cuarto de las guitarras pero no sé porqué…
– ¿Estás seguro de que ayer no lo hicimos?
– Lo habríamos notado ¿no? Y Gussan se habría enterado – se metió en la ducha y me puso las manos en la cintura. Me di la vuelta cuando me quité el jabón del pelo y le miré, estaba guapísimo tan despeinado. Le pasé la ducha y cuando se echó el agua por encima no pude evitar mirarle embobada. Se echó el pelo hacia atrás y me miró sonriendo – ¿Qué pasa?
– Muchas gracias – le dije
– ¿Por qué exactamente? – las gotas de agua le caían por el pecho y las toqué con mis dedos, siguiendo el camino que hacían
– Por dejarme meterme en tu cama y vivir esto contigo.
– Mira – cerró el grifo y me puso las manos en la cintura – no me des las gracias porque era evidente que iba a pasar esto. Desde que vi tu reacción al verme supe que si te llevaba a la cama lo iba a pasar especialmente bien porque ibas a disfrutar muchísimo, y cuando hiciste lo de la gorra… me entraron ganas de meterte en el baño del karaoke y hacerte de todo – me dijo riéndose.
– Eso fue totalmente espontáneo – le dije – tenía que llamar tu atención de alguna manera.
– Llamaste mi atención desde que te vi entrar por la puerta – me dijo – si me hubiesen dicho que era otra mi fan me habría seguido fijando en ti de todas formas. Eres muy bonita. Y tienes un cuerpo que me encanta. Y me gustan tus ojos, como me miras.
– ¡Cállate ya! – Le dije – me va a costar la vida separarme de ti, baka.
Sonreí tontamente y apoyé mi cara contra su pecho, sintiendo como se me subía la sangre a la cara. No cabía en mí de felicidad y me dio un beso en la mejilla, lo que me hizo más feliz aún. Me separé de él y le dejé ducharse, saliendo yo y vistiéndome con mi ropa por fin. Misteriosamente estaba limpia y no tenía ningún desperfecto. Me miré en el espejo e intenté arreglarme, con lo poco que tenía.
– ¡AH! – Dije cuando me miré el pecho – ¡¿Qué me has hecho?! Parezco un dálmata…

Dio una carcajada y en el fondo me gustó tener esas marcas hechas con su boca en el cuerpo. Era una prueba de lo que había pasado. Apenas tardó en ducharse y cuando salió yo ya estaba “arreglada” o algo así. Se secó entero y se pasó la toalla por el pelo, secándoselo y revolviéndoselo. Me miró con el pelo alborotado y riéndose como un niño pequeño. Realmente era perfecto.
– ¿Te puedo pedir un último favor? – observé como se vestía apoyada en la puerta del baño
– Supongo que sí – dijo mientras se  ponía los pantalones.
– ¿Puedes… cantarme algo con la guitarra?
– Ah… – sonrió mientras se los abrochaba – sí claro. ¿Alguna canción en especial?
– Realmente no, es solo que me haría feliz verte cantar solo para mí.
– Ve pensando en la canción y yo te la canto – sonreí mordiéndome el labio, todo era extremadamente perfecto, por eso iba a durar tan poco. Pero no podía ponerme a pensar en eso, tenía que disfrutar del momento – me muero de sed, ¿Puedes darme una botella de agua de la nevera?
– Ahora mismo, yo también estoy seca – le dejé resoplando y mirándose el pelo frente al espejo y me di la vuelta, sacando dos botellas de la neverita que estaba hasta arriba de coca cola, agua y cosas dulces variadas. Cuando volví al baño vi que no se había hecho nada en el pelo a parte de peinarlo, pero seguía mirándose insatisfecho.
– No sé qué hacerme…
– Nada, quédate así. Es cómo estás mejor – dije después de beber.
– ¿Estoy guapo? – dijo cogiendo la botella de agua y bebiéndosela casi entera de golpe. Le miré de arriba abajo: los vaqueros le quedaban perfectos y la camiseta negra que se puso parecía hecha para él. Me acerqué y le quité la camisa de cuadros que se puso por encima.
– Estás… – no me salían las palabras me quedé mirándole sin saber que decir y al final hice un ruido poco humano.
– Me tendría que afeitar un poco – se miró en el espejo
– No, definitivamente no. Así, perfecto – me miró con una sonrisita satisfecha en la cara, y después me miró de verdad, de arriba abajo
– No puedo evitar pensar en ti desnuda – se acercó y me pegó a la puerta – te voy a echar de menos ¿eh?
– No me digas esas cosas – le dije en susurros mirándole la boca conforme se acercaba a mí. Olía tan bien que me estaba mareando y cuando me besó sentí como si flotara. No es que fuese como si flotase, es que me cogió en brazos y me levantó del suelo.
Nos reímos y salimos del baño, me llevó de la mano al cuarto de las guitarras. Llamó a los chicos pero por lo visto se habían ido, dejándonos solos. Yo me tenía que reunir con las chicas, pero ya lo pensaría luego. Al día siguiente seguíamos nuestro viaje y ellos probablemente tendrían que trabajar. Cogió una guitarra acústica marrón que le había visto utilizar en algunos programas en directo y comprobó que estaba afinada.
– Tú dirás… – me dijo
– ‘Hikari no Machi’
Asintió y se sentó en un sillón que había en el cuarto y yo me senté a su derecha, en el apoyabrazos de este. Nagase se me quedó mirando y echando la guitarra a un lado tiró de mí y me hizo caer en su regazo, con las piernas colgando por el lado del sofá
– Así no puedes tocar – le dije riéndome
– ¿Cómo que no? Solo es que la guitarra está un poco más lejos, por lo demás…
Me giré, apoyando la espalda en su pecho, su boca me quedaba por encima de mi hombro izquierdo. Apretó la guitarra contra mi cuerpo y colocó las manos para empezar a tocar. No sabía si mirarle las manos o la boca mientras cantaba, era demasiado. Estaba cantando para mí, notaba las vibraciones de la guitarra en mi regazo y la vibración de su voz en mi espalda. Además me cantaba tan cerca que si me estiraba solo un poco podía besarle. Me quedé sin habla durante toda la canción, observando como cantaba con los ojos cerrados y como acariciaba las cuerdas de la guitarra con sus enormes manos. En la última frase de la canción abrió los ojos y me miró con una sonrisita, me quedé mirándole mordiéndome el labio y negando con la cabeza. No se hacía una idea de lo loca que me volvía, no lo iba a entender jamás. Dejó la guitarra a un lado y me hizo girarme de nuevo.
– ¿Satisfecha? – asentí, quería besarle otra vez, pero no quería ser pesada. Y me tuvo que ver la intención en la cara porque se rió y poniéndome una mano en la cintura me besó tan dulcemente que solté un suspiro larguísimo. Nos interrumpió su teléfono – ¿Moshi moshi? Ah, sí, ya vamos, ahora nos vemos. – Me miró – era Gussan, están en restaurante de por aquí, ¿Te importa si vamos mejor en moto?
– ¡A mí qué me va a importar! Lo que tú quieras… – dije levantándome.
Nos fuimos de la casa después de recogerla un poco y bajamos por el ascensor. Ahora el camino se me hizo mucho más corto porque no quería irme, quería estar con el, le quería agarrar de la mano y reclamar que era mío aún sabiendo que no podía ser. Comprobé que lo tenía todo antes de salir del edificio y me llevó hasta la moto.
– Tú tienes motos más grandes que esta ¿Verdad? – le pregunté poniéndome el casco
– Sí, pero no me gusta cogerlas para trayectos tan cortos. Te tengo que dar una vuelta en mi favorita, ¿Cuánto os quedáis en Japón?
– 5 días más, pero vamos a estar por el norte. No vamos a volver a Tokio hasta el último día y es para coger el avión de vuelta.
– Ah – parecía contrariado – bueno, puedo acercarme yo en moto, si no tengo mucho trabajo… O si no, otra vez será.
Se puso el casco y le miré sabiendo que eso no iba a pasar nunca, pero no iba a pedir más. Me daba por satisfecha con todo lo que había vivido con él. Un día antes me habría reído ante la idea de que Nagase me mirase y no solo me había mirado si no que conocía todos los rincones de mi cuerpo y yo los suyos, era mucho más de lo que podía pedir cualquier fan. El trayecto se me hizo cortísimo, probablemente porque lo fue, y al llegar guardó mi casco en la moto y se llevó el suyo en la mano.
– Eeeeeeyyyy – dijeron los chicos cuando nos vieron llegar
– ¡Por fin! Os estábamos esperando para pedir – dijo Taichi
– Oe, ¡Leader! Estás feliz ¿eh? – Dijo Nagase dando una carcajada estridente – ¡Mira que sonrisa!
– Eso puede ser porque, lo siento chicas – dijo Bas – pero el resto del viaje lo hacéis solas. Me quedo con él.
– ¿¡Cómo que te quedas con él?! – dijo Nat
– Sí, se va a trasladar a mi casa – dijo Joshima
– ¡Me alegro un montón! – le dije sentándome junto a Taichi, desde luego era para estar contenta.
– Menos mal, ya me estaba asustando de que Leader no hubiese encontrado una novia a estas alturas – dijo Gussan – ¡No puedo ser yo el único casado!
– No será porque algunos no lo hayamos intentado – dijo Nagase mirando la carta. Resoplé, él me miró – ¿Qué pasa?
– Que hay que ser imbécil para decirte que no. O para dejarte – me miró levantando las cejas, no entendía que le sorprendía
– ¿Tan bueno es en la cama? – me dijo Mabo con una sonrisita, guiñándome el ojo.
– ¡¡Mmmmhhhhh!! – dije mirando al cielo. Después miré a Mabo, seria – Sí, increíble – dio una carcajada y yo también. Miré de reojo a Nagase y le vi sonriendo, pagado de sí mismo.
– Tú te quedaste sordo o algo viendo la película – le dijo Taichi – porque los gritos se escuchaban desde el primero – me llevé una mano a la boca, mirando a Nagase que me sonreía de lado mirándome por encima de la carta – los de los dos – dijo Taichi señalándonos. Cas asintió riéndose, me moría de la vergüenza pero no me arrepentía de nada.
– Vamos a comer ya, ¿vale? – miré la carta pero había algunos kanjis que no entendía y a las chicas parecía pasarle lo mismo.
Al final terminé pidiéndole ayuda a Taichi, porque a saber si Nagase sabía leerlos, y me pedí un plato de pescado que no conocía. Estaba delicioso, como prácticamente todo lo que había comido desde que estaba en el país. La cena pasó volando, charlando con los chicos que nos contaron cosas de otros Johnnys y cosas sobre ellos que no salían en ninguna parte. Como por ejemplo las cosas que hacían en los vestuarios o cuando no les grababan, me sentía muy afortunada ese día. Bas y Nat se levantaron para ir al servicio y vi como Cas me hacía un gestito con la cabeza para que les siguiese. Una vez dentro empezamos a hablar en inglés.
– Quiero detalles, quiero saber como son en la cama y lo quiero saber ya – dijo Bas con una sonrisa
– ¡Anda! ¡Empieza tú que Leader es el que me da más curiosidad! – le dijo Cas
– Es… tranquilo, se deja hacer, y es muy cariñoso, pero tiene una habilidad con las manos… no sé cómo lo hace pero es impresionante.
– ¿Qué me vas a contar? – Le dije riéndome – entre guitarristas anda la cosa.
– ¿Y tiene aguante? – dijo Nat
– El suficiente para quedarme más que satisfecha
– A Mabo parece que le dan cuerda, nos llevamos horas con el mismo condón, no sé como lo hace – dimos una carcajada – me duele todo, literalmente. Me duele al sentarme, me duele al reírme…
– ¿Es muy brusco? – le pregunté
– No, pero es muy… persistente, no se explicarlo. Y dice un montón de cosas sucias…
– ¿Y Taichi? – le pregunté a Cas, que puso cara de ternura al instante
– Taichi es divertido, me reí un montón mientras estábamos haciéndolo y me sorprendí con lo que tenía entre las piernas. Y sabe usarlo ¿eh?
– ¿En serio? – Dijo Bas – ¿Taichi? Bueno… viendo sus manos no sé de qué me extraño
– El que lleva ahí un paquete curioso es Nagase – dijo Nat empujándome – lo vi en la cama en calzoncillos después de que esta hubiera estado encima suya – dijo señalándome – y madre mía de mi vida…
– ¿De verdad es tan, tan bueno en la cama como le has dicho a Mabo? – me dijo Cas
– A ver, no es de larga duración como Mabo porque es más una cuestión de…. intensidad, sí esa es la palabra.
– ¿Cómo que de intensidad? – preguntó Cas
– Que te revienta… ¿No? – pregunto Bas
– Exacto, es muy brusco y muy, muy apasionado. Y sí, es enorme, es… me están entrando ganas de ir a buscarle – dije riéndome – por cierto, mirad, no se ha visto porque no me he quitado el jersey – me bajé el cuello y les enseñé mi escote lleno de chupetones a las chicas.
– Pero ¿Qué…?
– De los muslos para arriba estoy llena – dije riéndome – si es que cuando os dijo que es apasionado…
– ¿Os dais cuenta de lo que nos ha pasado? – dijo Nat – quiero decir, a ver, que nos los hemos tirado… que Bas va a vivir con Leader. Esto es muy fuerte…
– Yo creo que nos deberíamos volver un día antes a Tokio, quiero ver a Taichi otro día más antes de volver – dijo Cas
-Yo por mi encantada – dije
– Ahora lo hablamos con ellos – dijo Bas – espero que no tengan mucho trabajo
– Sí, tampoco se trata de molestarles… – dijo Nat – pero fíjate lo que te digo que uno de los momentos que más he disfrutado con él es cuando estábamos viendo la película
– Sí ¿Verdad? – dijo Cas.
– Yo me he duchado con Leader – dijo Bas
– Y yo con Nagase – le dije riéndome y chocando los cinco con ella – y me ha cantado ‘Hikari no Machi’ con la guitarra, y a vosotras no – le saqué la lengua.
– ¿¡Cómo?! ¡Exijo un concierto privado! – Dijo Bas– esta noche Joshima me canta algo, vamos que sí…
– Mujer, tendrás días para que te cante – le dijo Nat – que envidia me das, asquerosa…
Riéndonos nos fuimos de vuelta con los chicos que cuando nos vieron venir se pusieron derechos y dejaron de hablar de lo que sea que estaban hablando, riéndose a carcajadas.
– Oye, oye, ¿Qué está pasando aquí? – dijo Bas
– No os pongáis así porque habéis hablado de nosotros en el baño seguro – dijo Mabo
– ¿Y quién te ha nombrado a ti el centro del universo? – contestó Nat
– Él mismo – dije riéndome. Nagase dio una carcajada
– Te tienen calado ¿Eh? – le dijo a Mabo.
– Estábamos hablando de que estamos muy sorprendidos de cómo han resultado estos dos días – dijo Leader.
– No me esperaba que me lo fuese a pasar tan bien – dijo Taichi mirando a Cas.
– No quiero irme… – dijo ella, lo dijo mirando a Taichi con tal cara de pena que le dio un abrazo.
– Hemos pensado veros a todos otra vez en 4 días – dijo Bas – ¿Sería posible?
– No lo sé… – Joshima miró a los demás – es que no sé si tenemos trabajo. Cada uno tenemos nuestras cosas y… es que no lo sé.
– A mí también me gustaría ¿eh? – Dijo Mabo – podemos intentarlo
Miré a Nagase, estaba callado y serio, doblando la esquinita de la servilleta que tenía delante. No se daba cuenta de que le miraba y yo no sé cuanto tiempo me quedé mirándole, hasta que suspirando levantó la vista.
– ¿Qué pasa? – le pregunté
– Nada, pensaba en… cosas… – dijo mirando la servilleta de nuevo. Le puse la mano en el hombro y cuando me miró de nuevo le sonreí.
– Sea lo que sea no te preocupes, va a ir bien. – Se me quedó mirando tan intensamente que sin darme cuenta fui yo la que acabó suspirando. Tuve que mirar a otra parte porque de repente me entraron unas ganas de ponerme a llorar horrorosas. No quería irme yo tampoco, quería quedarme con él, pero no se lo iba a decir. Me agarré al borde de mi jersey cerrando los puños con fuerza, y poniendo mi mejor sonrisa me lo tragué todo.
– Nos tendríamos que ir ya al hotel, mañana salimos temprano – dijo Nat
– Y yo tengo que ir a por mis cosas – dijo Bas
– ¿Puedo hablar contigo un momento? – Leader se levantó y a Bas se le cambió la cara. Él se rió – no, no es malo, no me mires así.
– ¡No le digas esas cosas a una mujer! – le dijo Mabo
Mientras nos levantábamos para salir del restaurante (pagaron ellos por supuesto), Joshima se llevó a Bas a parte. Empezaron a hacer bromas de que si ya le había comprado el anillo o de que iban a echar un rapidito en el baño. Nagase volvía a reírse con los demás, había sido una cosa de un momento, no tenía que preocuparme por él. Se ofreció a llevarme en moto hasta el hotel y yo no le dije que no, aunque iba a pasar frío de nuevo. Se montó después de darme el casco y en un abrir y cerrar de ojos estábamos allí, no me dio tiempo ni a disfrutar el estar abrazada a él.
– Gracias por traerme – le dije. Se quitó el casco y se bajó de la moto para dame un abrazo – y gracias por todo otra vez. No lo voy a olvidar nunca.
– Espero poder verte en 4 días – sin soltarme me besó, haciéndome sentir de nuevo ese pellizquito en el estómago al notar su lengua – de verdad que lo espero – dijo poniéndome el pelo tras la oreja, mirándome a los ojos. Tenía mis manos en su pecho y no podía dejar de mirarle, no quería dejar de mirarle nunca – Mi cama va a estar muy vacía – dijo con cara de fastidio.
– No seas tonto, las chicas se pelean por estar contigo. No tienes porqué estar solo – vi a las chicas bajarse de un taxi, me saludaron y les indique que esperasen – hazme un favor…
– Tú dirás
– Deja de salir con zorras que parecen de plástico y búscate a una que te quiera de verdad – se rió mirando hacia el lado, escéptico.
– ¿Y dónde encuentro yo eso?
– Al final va a ser verdad que eres el tonto del grupo – le dije apoyando por última vez mi cabeza en su pecho – estamos por todas partes, baka, pero tu solo te fijas en las que son llamativas y así te va.
– ¿Estamos? Oye…
– Me voy ya – dije separándome de él – o no me voy nunca. Te veo en 4 días – le sonreí y me dirigí sin más hacia la puerta del hotel.
– Espera – me agarró del brazo y me dio su gorra – la tenía en la chaqueta, es la del otro día… por si no te veo más, quiero que te la quedes como recuerdo.
– No me voy a olvidar – me reí, es que no se enteraba de nada – pero yo no tengo nada para darte…
– Ya me has dado todo lo que necesitaba – volvió a besarme dulcemente e intenté quedarme con la sensación de sus cálidos labios en la memoria.
Volvió a sonreírme de esa manera tan atractiva. Abrí la boca para decirle algo, pero me callé mejor. Me notaba demasiado sensible y no quería que me viese llorar ni nada parecido, quería que me viese contenta. Así que sonreí como pude y me dí la vuelta despidiéndome con la mano. Me metí en el hotel ignorando a las chicas, en el ascensor y en la habitación esforzándome en contenerme y me encerré en el baño para soltarlo todo. Sí que era verdad que estaba contenta pero me mataba que esa felicidad durase tan poco, y encima él se portaba tan bien conmigo… era insoportable que fuese tan perfecto y que no me pudiese quedar a su lado. Era el hombre de mi vida, estaba segura. Cuando ya me estaba calmando escuché a las chicas entrar en la habitación, llamándome.
– ¿Estás bien? – dijo Nat llamando a la puerta del baño
– Sí, ahora mismo salgo – No había llorado mucho por lo que realmente no se me notaba. Pero al salir del baño vi a Cas llorando como una niña pequeña. Tragué saliva.
– ¿Qué te pasa? – le dije sentándome a su lado en la cama
– Que voy a echar a Taichi muchísimo de menos… – volví a tragar saliva y le pasé el brazo por los hombros.
– Al final me voy con vosotras – dijo Bas sentándose en su cama – Joshima me ha dicho que venga y que no me pierda la experiencia.
– Y tú le haces caso como su esposa obediente que eres ¿no? – Dijo Nat – voy a ducharme.
– Yo me voy a meter ya en la cama, estoy cansada – me cambié de ropa sin decir ni media, escuchando lo que hablaban las demás y me acosté, con la gorra de Nagase en las manos.
Cuando me la llevé a la nariz, cerré los ojos y parecía como si estuviese conmigo. Me tapé con la manta hasta la cabeza y me quedé dormida con la gorra agarrada fuertemente contra mi pecho. Olvidarle iba a ser más difícil de lo que yo pensaba.
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Los siguientes días que estuvimos de viaje, teníamos planeado ir a Nigata, Sendai y Fukushima. Íbamos a ir también a Sapporo pero tuvimos que dejarlo si queríamos volver un día antes a Tokio. Dudaba mucho que fuera a volver a verles, seguro que iban a estar muy ocupados, al fin y al cabo era entre semana y tenían muchas cosas que hacer. Y aunque decían que tenían ganas de vernos su vida profesional estaba antes, evidentemente. Bas nos estuvo poniendo los dientes largos los 3 días porque Joshima no paraba de llamarla por teléfono para preguntarle como estaba o simplemente para hablar con ella. Nos alegrábamos por ella pero al mismo tiempo daríamos cualquier cosa por estar en su lugar, cada una con el suyo claro. Comimos cosas deliciosas, vimos y estuvimos en sitios preciosos y nos hicimos muchísimas fotos. Cuando estábamos almorzando al tercer día en Fukushima caí en la cuenta.
– ¿Alguien hizo fotos cuando estuvimos en el karaoke? – pregunté
– ¿No te lo he dicho? – Dijo Nat riéndose – hay bastantes, y hay videos comprometedores, pero eso no lo pueden saber ellos…
– ¿Qué vídeos?
– ¿Te acuerdas de la leche condensada? – dijo riéndose
– No – dijo Bas mientras yo me llevaba una mano a la boca, ella no había estado delante y no sabia de que hablábamos – quiero ver eso, sea lo que sea. – Nat buscó el vídeo en su cámara y nos la dejó. No me di cuenta de lo que se estaban riendo cuando me estaba pasando, estaba tan concentrada en el que lo demás me sobraba.
– Ahora me arrepiento de no haber estado – dijo Bas– pero no me arrepiento de lo que hice esa noche.
– Creo que ninguna nos arrepentimos – dijo Cas soltando los palillos – y menos mal que hay fotos. No sé cuantas veces las voy a ver…
– No podemos subir ninguna a Internet ¿no? – dije
– No deberíamos – dijo Nat pensativa – en fin, es la vida privada de ellos, a no ser que nos den permiso – Su vida privada… formé parte de su vida privada, era raro pensarlo.
– ¿Vamos a ir ahora a buscar la granja Dash? – preguntó Cas. La granja fue construida poco a poco por ellos y tenían un programa en la televisión en la que salían aprendiendo cosas nuevas del campo cada día. Y ya que estábamos allí no podíamos dejar de ir.
– ¡Claro que sí! Ahora llamo a Joshima y le pregunto cómo llegar. Con un poco de suerte están allí trabajando – dijo Bas cogiendo el teléfono.
– No lo creo – le dije – aunque después de lo del karaoke me espero cualquier cosa…
– Oe, ¿Te pillo mal? – Le preguntó Bas – ¿Dónde estás? ¿Conduciendo?…Ahm… ¿yo? almorzando, que queríamos ir a la granja y… pues no sé dónde estamos ¿Cómo se llama esto? – nos preguntó. Le dijimos el nombre del restaurante y se lo dijo a Leader – Ah vale, vale pues en una hora vamos para la granja entonces, ¿eh? Eso. Vale, adiós.
– ¿Está muy lejos? – preguntó Nat
– No, pero dice que nos esperemos un rato porque ahora estarán trabajando los de la villa y a lo mejor molestamos.
Suspiré mirando lo que me quedaba en el plato. Me lo estaba pasando de miedo, estaban siendo las mejores vacaciones imaginables (exceptuando las avispas japonesas, que horror) pero tenía esa sensación de que me faltaba algo todo el tiempo. Le cogí la cámara a Nat mientras charlábamos y fui mirando las fotos. Vi fotos de cosas que me acordaba, vi fotos de cosas de las que, si no fuera porque las estaba viendo, juraría que yo no las había vivido. Y todo el rato con una sonrisita permanente en la cara. Pero en realidad me dolía un poco verlas, habían sido unas noches fantásticas pero nada fue real o al menos el no lo sintió tan real como yo. Fui una chica más que se metió en su cama y como eso no iba a cambiar me prometí a mí misma que si volvía a verle no le dejaría tocarme ni hacerme nada que no fuera amistoso. No quería que me costase más trabajo volver al mundo real de lo que ya me estaba costando.
– Oye, ya ha pasado una hora – dijo Cas al rato – me duele el culo de estar sentada aquí, ¿Nos vamos ya?
– Espera – dijo Bas mirando hacia la puerta del restaurante – vamos a esperar un poco más…
– Aquí pasa algo – dijo Nat mirándola con los ojos entrecerrados – van a venir ¿Verdad?
– No van a venir, al menos no en plural, vámonos – dijo con una sonrisa. Nos volvimos y en la puerta esta Joshima, sonriente.
– Hola chicas – nos dijo – vamos, os llevo a la granja.
– ¿Has venido solo por esto? – le preguntó Nat
– No, iba a venir de todas maneras, y ya que me dijo ella que queríais ir os llevo yo y así os lo puedo enseñar todo sin problemas.
Nos subimos en su coche, Bas delante y las demás detrás, y la verdad es que no quedaba muy lejos pero estaba un poco escondida. Estar allí después de haberla visto tantas veces en la televisión se nos hizo muy raro. La gente saludaba a Joshima con muchísima felicidad, nos enseñó los cultivos, la casa y cosas que habían creado ellos mismos. Después nos sentamos en el porche y Joshima nos preparó té.

– Muchísimas gracias por todo – le dije – ¿No tenías nada que hacer hoy?
– No, ya hice mis cosas por la mañana y me he tomado la libertad de no trabajar el resto del día ni mañana.
– ¿Vas a estar con nosotras entonces? – preguntó Cas
– Sí, y los demás lo están intentando pero no sé yo… ¡Ah! ¡Mira quién viene! – dijo señalando al frente.
Al mirar, el corazón me dio un salto tan grande en el pecho que me asustó. Se me escapó entre los labios un susurrante “Tomoya…” mientras él se acercaba a nosotras saludando con la mano. De verdad pensaba que nunca más lo iba a ver. Sentí como las chicas me miraban.
– Eeeeyyyy – dijo Nagase soltando el casco en el suelo del porche.
– ¿No tienes calor con esa chaqueta puesta? – le dijo Leader que se abanicaba con un pai-pai
– Ahora sí, pero es que vengo en la moto – dijo quitándosela
– ¿Desde Tokio? – preguntó Nat
– Sí, solo son dos horas – se pasó los dedos por el pelo, echándoselo hacia atrás. Me miró sonriendo pero le aparté la mirada tragando saliva, estaba de los nervios.
– Y media – dijo Leader – ¿Cómo te has enterado de que estábamos aquí?
– Me avisó Mabo, me ha dicho que te diga que lo siente mucho pero que hasta mañana está ocupado – le dijo a Nat – y a Taichi le pasa lo mismo. Está grabando un “Premium[1]” con no me acuerdo quién…
– ¿Qué manera es esa de escuchar lo que te dice la gente? – le dijo Leader riéndose.
– No me puedo acordar de los nombres de todos los kohai[2], es simplemente imposible – dijo sentándose junto a Leader, frente a mí – Yo también quiero té ¿No hay para mí?
– Corre, ve a prepararle un té que está muerto de sed – me dijo Nat sonriendo. No quería ni mirar a Nagase y sentía que él me estaba mirando. Me iba a costar eso de no dejar que me tocase más de lo que me creía.
– Ya voy yo – dijo Leader levantándose como podía.
– Te tiene que gustar muchísimo ir en moto para estar 2 horas y media conduciendo sin parar – le dijo Cas.
– Sí, es que se me pasa el tiempo volando cuando conduzco. En realidad si lo piensas, la moto es como una mujer.
– ¿Qué dices? – dijo Leader dándole el té mientras se reía, sentándose a su lado. No se me escapó que le cogió la mano a Bas, que suerte tenía.
– Sí, sí. Mira, verás como llevo razón. A las dos hay que cuidarlas mucho, hay que tratarlas con cuidado, pero cuando te montas en ella todo cambia – Otra vez esa sonrisita, no le iba a mirar pero una vez que lo hice ya no le pude quitar los ojos de encima – Todo se vuelve excitante y salvaje y tú te crees que la dominas, pero en realidad es ella la que te domina a ti. Por más que tú quieras ir rápido, si ella se para tú te paras y si ella quiere ir rápido no te queda más remedio que obedecer. Y eso es lo que más me gusta – me clavó la mirada y mi primera reacción fue mirar a la taza de té, pero volví a mirarle – que son peligrosas.
– Bueno, así visto… – dijo Leader. Las chicas miraban a Nagase con la boca entreabierta. Yo miré hacia fuera del porche, a la naturaleza, a ver si me calmaba un poco.
– Madre mía – Cas me puso la mano en el brazo riéndose – estoy viendo todo tipo de tags y de gifs del tumblr [3]en tu cara ahora mismo.
– ¿Por qué hace tantísima calor? – dijo Bas abanicándose con la mano
– Y eso que vamos fresquitas – dijo Nat. Era verdad, todas íbamos en traje. El mío me lo compré en una tienda de la ciudad y tenía unos cordones en el pecho que podía apretar o soltar, dependiendo de lo que yo quisiera que se viese de mi escote.  La única que llevaba pantalones cortos era Nat.
– ¿Vais a dormir aquí esta noche muertas de calor o nos vamos ya de vuelta a Tokio? – les preguntó Nagase.
– No sé, es que tenemos la reserva hecha – contestó Bas – aunque siempre podemos cancelarla
– ¿Y dónde dormimos en Tokio? – Pregunté – porque tú te quedas en casa de Joshima-san pero nosotras…
– Tú te quedas en mi casa – dijo Nagase después de beber té. No era una pregunta, era una afirmación. Pero si me quedaba en su casa mis planes de no tener contacto con él iban a ser inútiles – y si se lo comento a Taichi y a Mabo seguro que vosotras os podéis quedar en su casa.
– ¿Quedarme en casa de Mabo? – Dijo Nat con los ojos como platos – vámonos a Tokio, cancela la reserva.
– Voy a llamar a los chicos a ver si me lo cogen – dijo Leader – si queréis cuando os acabéis el té nos vamos – se levantó y se fue al jardín a hablar por teléfono.
– Vale, primero voy a darme una vuelta por la granja – dijo Nagase levantándose y dejando la taza en el suelo.
– No te comas las fresas[4] – le dijo Bas. Nagase la miró y se rió, después me miró de arriba abajo y se fue hacia la parte de atrás de la granja. Me eché hacia adelante resoplando, pasándome las manos por la cara.
– ¿Qué te pasa? Estás rara con él – me dijo Nat en inglés
– ¿Cómo es que no te has tirado encima suya? – dijo Bas
– No todas somos como tú – le dijo Cas – yo tampoco sé como habría reaccionado de aparecer Taichi por aquí.
– Ignorándolo desde luego no – contestó Bas – déjate ya de tonterías – me dijo
– Bueno, tú déjame a mí con mis decisiones – le contesté
– Haz lo que quieras, pero estás perdiendo un tiempo que no vas a volver a tener – dijo Nat encogiéndose de hombros.
Las chicas se levantaron y yo me levanté con ellas, pensando que era verdad, llevaban razón. No iba a vivir una experiencia como esta nunca más, pero es que precisamente porque era una cosa temporal no quería seguir alargándolo. Hasta la fecha todos los sentimientos por Nagase eran simplemente platónicos, sabía que no podía tenerle. Pero ahora que había pasado todo esto, sin querer, albergué esperanzas y eso era lo peor. Seguía pensando que quizás se enamorase perdidamente de mí aunque en el fondo sabía que no iba a pasar. Me estiré y caminé hacia el jardín delantero, observando a Joshima hablar por teléfono. Se giró hacia nosotras y le vi mirar por encima de mi hombro sonriéndo, y al mismo tiempo escuché a las chicas reírse por lo bajo. De repente, unos brazos me agarraron por la cintura y me levantaron del suelo.
– Chan chaaaaaaan – dijo Nagase riéndose como un idiota. Se me escapó una sonrisita y un gritito por la sorpresa. Precisamente por esta clase de cosas era por lo que me gustaba tantísimo. Era como un niño grande.
– ¿Qué haces? – le dije cuando me soltó, poniéndome el traje derecho.
– Hacerte reír, estás muy seria – me dijo poniendo morritos. Miré al suelo, claro que estaba seria, no paraba de darle vueltas a la cabeza – y estás mucho más guapa cuando me sonríes – sentí una presión en el pecho cuando escuché eso. Me puso una mano en el hombro, besándome en la mejilla, yo cerré los ojos apretándole la mano, dándome cuenta de que el autocontrol no existía cuando estaba con él. Se me quedó mirando, demasiado cerca, pero yo seguía sin mirarle a los ojos – ¿Qué te pasa? Oye, si no quieres quedarte en mi casa no pasa nada, es que pensé que–
– No te preocupes – le dije – no es nada, ya lo hablamos luego cuando lleguemos a Tokio – suspiró, me acarició la cara y se fue con Joshima. Expulsé el aire mirando al suelo, concentrándome en no gritarle a Nagase todo lo que pensaba. Miré hacia delante y vi a Nat mirándome enfadada y acercándose a mí.
– ¿Cómo que ya lo hablaremos? – Me susurró en español – ¿Qué te dio en la cabeza para decirle eso?
– Me gusta demasiado y no quiero seguir así con él porque lo voy a pasar mal
– Por eso lloraste cuando te despediste. No me seas mensa [5]
– No lloré… – dije, pero no soné convincente para nada – bueno déjalo ya 
– No, déjalo tú. Te va detrás, no para de mirarte y de buscarte y tú le estás rechazando. Estás rechazando a tu “amado Nagase” ¿te das cuenta?
– Habla más bajito – le dije mirando hacia atrás, nos miraba extrañado.
– ¡Me vale madre[6]si se entera! Estás siendo… – puso los ojos en blanco y se fue hacia los chicos, enfadada.
– Oe, nos vamos – dijo Joshima. Nagase fue a por su casco y la chaqueta que había dejado en el porche, Nat ya iba hacia el coche – ¿Qué le pasa? – dijo Leader mirándola alterado.
– No tengo ni idea – le dijo Bas – se han puesto a discutir en español y no me he enterado de nada… – Resoplando yo también fui hacia el coche, pero antes de que pudiese llegar Nagase me agarró del brazo.
– Si no te quieres quedar en mi casa lo entiendo pero–
– Yo no he dicho eso… – le dije, más bruscamente de lo que quería y soltándome de él. Hizo como si no le hubiese contestado.
– Te dije que te iba a dar una vuelta en la otra moto, así que tú te vienes conmigo. Digas lo que digas.
– Nagase, ten cuidado – dijo Joshima – me da la impresión de que va a llover.
– No te preocupes – dijo él, llevándome de la mano hacia su moto – si llueve me paro, aunque llegue más tarde.
– ¿Y mis cosas? – le dije
– ¡Ya me encargo yo! – me dijo Bas.
Mi mano era diminuta dentro de la suya y me agarraba tan fuerte que me hacía daño. No sabía si estaba enfadado por mi actitud, me estaba arrepintiendo de como me comporté. Entonces la vi, esa sí era la moto que me esperaba. Era grande, azul y negra y preciosa. Levantó el sillín, sacó un casco y una chaqueta y me dio las dos cosas.
– Me he asegurado de que no pases frío ahora – me dijo poniéndose su chaqueta – aunque con esa falda tan corta no te aseguro nada. Ten cuidado de que no se te vea la ropa interior cuando te subas.
Se subió en la moto y me hizo un gesto para que me subiese. Suspirando, y haciendo malabarismos para que no se me viese todo, me subí tras él, agarrándole de la cintura.


[1] Un programa de entrevistas que presenta Taichi
[2] Lo contrario que sempai, alguien menor que tú que puede aprender cosas de ti.
[3] Por poner un ejemplo: “Drowning in feelings” “I just can’t” “Do me” Son algunas de las cosas que podía estar pensando la protagonista en ese momento
[4] En un episodio de Dash, Nagase se comió todas las fresas de la plantación y no le dejó ni una a nadie.
[5] Tonta
[6] Me importa poco, me importa un carajo.

-5-
Desde luego si lo que no quería era tocarle mucho, fracasé estrepitosamente. Iba tan rápido que no me atrevía a soltarle, tenía las piernas heladas y la falda se me levantó casi desde que arrancó. Por suerte, al ir tras él no se me veía nada pero no sentía las piernas por el frío. Cada vez había más nubes y cada vez hacía más frío, pero Nagase no paraba y yo intentaba pegarme más a él, cosa imposible. De repente empecé a notar gotas de agua en las piernas y cuando me quise dar cuenta, estaba cayendo un chaparrón que me caló viva. Nagase, por fin, redujo la velocidad considerablemente y se salió de la carretera principal para meterse en una especie de pueblo que había en el camino. Nos paramos frente a lo que parecía una posada y se iba riendo porque cada vez llovía más fuerte, pero yo estaba helada. Me dolían las piernas, se me habían quedado dormidas y me dolían al andar.
– ¡Espera, Nagase-kun!, ¡no corras que no puedo! – me estaba frotando las piernas, me daba igual mojarme un poco más, total, estaba empapada.
– ¡Vamos! – Me puso un brazo en la espalda y me pasó el otro bajo las piernas, cogiéndome en peso y corriendo hacia el interior, riéndose sin parar – ¡Sumimaseeeen[1]! – dijo sin soltarme. Al momento, una señora muy bajita y arrugada nos dio el encuentro.
– ¡Por favor, pasa! Mira como os habéis puesto…
– Es que no quiero ensuciarle nada – dijo él, aún riéndose.
– No pasa nada, entra. ¿Qué le pasa a la chica?
– Se me han quedado las piernas dormidas – le dije, Nagase dio otra carcajada
-¿Vais a esperar a que pase el temporal o vais a reservar habitación?
– Eeehm… – Nagase me miró. No sabía qué decirle ni qué hacer, me quedé mirando como una gota de agua le resbalaba por la cara hasta su boca – ahora lo hablamos – dijo finalmente a la señora – ¿Puedes ponerte de pie?
– Sí, lo que no podía era correr – le dije cuando me dejó en el suelo. Me dolían las piernas una barbaridad.
– Lo primero que vais a hacer es meteros en el baño, vais a coger un resfriado – Dijo la señora – ya me decís lo que sea después. No viene mucha gente por aquí desde lo del tsunami y se agradece mucho cuando hay clientes. Es que sois los únicos hoy, no sé si es por lo que os he dicho o porque es entre semana. Bueno, ya, que me voy por las nubes y tu novia se muere de frío – le dijo a Nagase cuando se percató de que estaba temblando. No le corrigió lo de ‘tu novia’ – Os voy a preparar la cena, para cuando salgáis.
– Muchísimas gracias – le dije a la señora apartándome el pelo mojado de la cara cuando me incorporé.
-Vamos, vamos – me dijo Nagase empujándome hacia los baños – que tengo frío.
– Yo no sé cómo va esto… – le dije – nunca he estado en un baño público.
– No te preocupes, si vamos a entrar juntos
– ¿Juntos?
– No es la primera vez ¿No?
– No, pero es que la ducha de tu casa es occidental
– La de mi cuarto, la otra no. A ver si te metes ahí conmigo la próxima vez.
No entendía porqué me decía esas cosas si sabía que no iba a estar más con él, me ponía de los nervios. Entramos a una zona de taquillas aunque todas estaban vacías, tal y como dijo la mujer. Nagase cerró la puerta y empezó a desvestirse nada más entrar. Estaba nerviosa, sabía que iba a pasar algo o que por lo menos lo iba a intentar, y tenía tanto frío que de lo último que tenía ganas era de quitarme la ropa. Aún así me quité las botitas y el traje, que parecía marrón en vez de rojo por la de agua que me había caído encima. Intenté quitarme la cremallera pero no llegaba.
– Nagase-kun – me miró, ya estaba en ropa interior – no puedo sola.
– Voy, voy – se me fueron los ojos detrás de él sin poder evitarlo, tenía unas ganas de que me tocase horrorosas. Me bajó la cremallera y enganchó sus dedos en las tirantas del traje, bajándomelo. Se quedó a mi espalda mientras yo me lo quitaba y me ayudó a desabrocharme el sujetador. Cuando me lo quité le sentí pegarse a mí, pasándome las manos por la cintura.
– ¡Estate quieto que las tienes heladas! – tenía toda la piel de gallina. Pero había una parte de su cuerpo que estaba bastante caliente. Y dura – Me voy a poner mala, ¿Podemos entrar ya en los baños?
– Malo estoy yo – me susurró al oído, me pegué a él sin darme cuenta, cerrando los ojos – desde que te he visto con ese traje – enganchó sus dedos en mis braguitas y las bajó – pero vamos ya a las duchas, que no quiero que te resfríes – por el tono de su voz noté que estaba sonriendo.
Me agaché para coger la ropa que me había quitado y sin mirarle la estiré en el suelo junto a una estufa. Cogí una toalla y me la enrolle alrededor del cuerpo, él hizo lo mismo y fue tan tranquilo hacia la zona de duchas. Se sentó en uno de los taburetes después de cerrar la puerta y yo me puse a su lado.
– Mira, es simple. Te enjuagas con jabón, te lavas bien, y después te metes ahí dentro. Sin la toalla, eso es importante.
– ¿Por qué tú lo dices o por que es así?
– Porque es así – me dijo señalando un cartel con kanjis que no entendía. No me quedaba más remedio que creerle – si quieres meterte con toalla tienes que ir a por una limpia.
Eso cambiaba las cosas… Me enjaboné como pude sin quitarme la toalla que tenía puesta, no quería provocarle más de lo necesario. Cuando me dí con el agua caliente de la ducha, las piernas me empezaron a picar y se me pusieron coloradas por el cambio de temperatura. Cuando me escuchó quejarme me miró, sonriendo.
– La próxima vez te traigo mi traje de motorista entero y así no pasas frío seguro.
– Que pesado con la próxima vez… – dije en susurros
– ¿Eh?
– Nada – Una vez enjuagada me levanté y dejé la toalla en el taburete. Cogí una nueva y me metí dentro. Noté como Nagase me miraba de arriba abajo sin pudor ninguno y me fui hacia el baño. Tal y como metí la mano la saqué – ¡Es imposible que me meta aquí dentro!
– ¿Por qué? – me dijo riéndose
– ¡Está ardiendo!
– Entra poco a poco. No quieras hacerlo todo rápido, como te pasa siempre – miré hacia el lado suspirando, escondiendo la sonrisa que se me había escapado. Nagase dio una carcajada.
Se metió en el baño susurrando “que caliente…”, pero se metió. Yo no tenía valor. Apreté los dientes y metí los pies. Inmediatamente empecé a refregármelos porque me pinchaban. Me puse de rodillas y poco a poco me fui sentando. Nagase estaba desnudo, con los brazos apoyados en el borde y tumbado con los ojos cerrados. Tenía el pelo echado hacia atrás y desde donde yo miraba, sus labios parecían más gruesos y atractivos de lo que ya eran. Me moría de ganas por ponerme sobre él y besarle, pero me contuve. Iría con mi plan hasta el final… o hasta que pudiese al menos. Cuando me senté, resoplando, abrió los ojos y se acercó a mí, pasándome un brazo por la espalda sobre el borde del baño.
 – ¿Me vas a contar qué te pasa o vas a seguir evitándome? – eso no me lo esperaba
– No te estoy evitando, es que… – no sabía como explicárselo sin resultar demasiado dramática – es solo que no quiero que después la despedida sea más difícil
– No lo entiendo – miré hacia el lado contrario de donde él estaba y me encontré con un espejo. Veía como me miraba el cuello, los pechos, las piernas, la cara. Sentí y vi como me pasaba un dedo por la mejilla.
– Es que esto no es lo mismo para ti que para mí – le dije al final girando la cara hacia él pero sin mirarle a los ojos. Me limité a mirarle el pecho, y contuve las ganas de tocarle.
– ¿Ah no?
– No, no te hagas el tonto. Sabes a qué me refiero – dije un tanto desesperada, negando con la cabeza.
– No, no sé a qué te refieres. Estamos los dos juntos, yo te gusto y tú me gustas y queremos tocarnos. Y no me digas que no quieres tocarme porque es mentira.
– No es que no quiera tocarte – me había leído el pensamiento – el problema es que… sí vale, yo te gusto pero se queda ahí. Y tú no solo me gustas.
– No sé por qué le das tantas vueltas ahora si ya me dijiste hace unos días que me querías – le miré extrañada, sobre todo porque lo dijo con una tranquilidad pasmosa.
– ¿Cuándo te he dicho yo eso?
– Cuando me dijiste que me buscara una que me quisiera de verdad. Me dijiste que estabais por todas partes y me lo dijiste incluyéndote. ¿Eso sí es mentira? – Me quedé sin palabras. Eso se lo dije sin darme cuenta – y además me dejaste ver como que te gustaría casarte conmigo.
– No que me gustaría, a ver, no es que quiera casarme contigo
– ¿No quieres? – me quedé callada, intentando averiguar lo que me quería decir
– Solo digo que dejaron pasar una oportunidad que no deberían haber dejado pasar.
– O sea, que tú no la dejarías pasar – no le iba a decir que se casara conmigo, si es que era lo que pretendía. Me estaba liando.
– Lo que te quiero decir es que yo para ti, y tienes que ser honesto conmigo, solo soy otra a la que has metido en tu cama. De las muchas que se habrán metido.
– Ahí te equivocas.
– ¿En que han sido muchas?
– No, en que eres una más.
– No me vas a comer la cabeza para que me acueste contigo – le dije riéndome sarcásticamente, levantando mis manos y alejándome de él.
– No hace falta que te acuestes conmigo si no quieres, aunque sí que quieres, se te nota en la cara cada vez que me acerco. Pero una cosa quiero dejarte clara. No eres una más.
Le miré sin saber que pensar, quería creerle, no quería más otra cosa en este mundo que creerme lo que me estaba diciendo. Pero me costaba muchísimo. En mi mente vi a Nat gritándome que me tirase a su cuello, pero estaba tremendamente indecisa. Me mordí las uñas mirándome los pies a través del agua turbia del baño. No sabía qué hacer, porque si me dejaba llevar ahora mis sentimientos iban a crecer más aun pero si me alejaba de él a lo mejor terminaba enfadándose conmigo, y tampoco quería eso. Notaba como me miraba, con la cabeza inclinada para verme la cara.
– A lo mejor es una locura – me dijo de repente y le miré, aún mordiéndome las uñas – aunque soy de hacer cosas impulsivamente – se señaló el tatuaje del pecho – pero quiero intentarlo contigo.
– ¿Intentar qué?
– Vente a mi casa. Quédate un tiempo y veamos lo que pasa, como han hecho Joshima y Bas-san
– ¿Te estás quedando conmigo? – si el corazón se me aceleraba más me daba un infarto allí mismo. Se acercó a mí de nuevo, entrelazando sus dedos con los míos.
– Mira, en la cama somos totalmente compatibles, me divierto estando contigo y a ti te encanta estar conmigo y con los chicos. Y presiento que entenderías que me fuese una noche con ellos o con otros amigos míos. Se nota que no eres de esas celosas histéricas, no eres acaparadora ni quieres que tenga mi atención fija en ti todo el rato y eso me gusta mucho. Solo me falta que sepas mi parte mala y que te guste. Si eso funciona, ¿Quién sabe?
– Tú también tendrías que conocer mi parte mala
– Seguro que no es tan mala, tú no sabes lo que he tenido que aguantar.
– Si es una broma no tiene gracia…
– No es una broma, estoy hablando en serio – desde luego estaba serio
– Pero si solo me conoces de un día… no puedes saber si quieres o no quieres que viva en tu casa. No me conoces.
– Dos días, y bueno, pues por eso quiero intentarlo, porque tengo la sospecha de que me va a gustar estar contigo. ¿No te gustaría levantarte y verme por las mañanas?
– ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Claro que me gustaría! Pero… yo… – me miré, se tenía que estar quedando conmigo – yo no soy… no soy el tipo que a ti te gusta.
– ¿Y tú qué sabes? – Me dijo riéndose – Te recuerdo que tú a mí tampoco me conoces, crees que me conoces.
Me llevé las manos a la cara, se me iba a salir el corazón por la boca, estaba nerviosa, no me podía creer lo que me estaba diciendo. Le miré, esperando a que se riese de mí y me dijese en cualquier momento que todo era una broma. Me soltó la mano y la puso en mi mejilla, besándome dulcemente.
– ¿En qué piensas que no quieres decírmelo? – me dijo rozando su nariz con la mía. Me mordí el labio.
– En que te quiero demasiado y no quiero pasarlo mal – de repente y de una manera estúpida me di cuenta de que estaba llorando. Fui a hablar pero no me salía la voz, y fue cuando él se dio cuenta. Se alejó un poco de mí con una expresión de sorpresa pero al momento me apretó entre sus brazos – no sabes lo que es esto para mí.
– Ahora no puedo decirte que sienta lo mismo, pero me gustas mucho, de verdad. Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien con una mujer.
– Entonces vamos a dejar las cosas claras – dije soltándome de su abrazo, limpiándome las lágrimas, suspirando y tranquilizándome a mi misma. Me miraba atento y serio, lo que no mejoraba las cosas para que yo me centrase en lo que le quería decir – No soy ni pienso como una japonesa, no me voy a quedar en casa a hacerte de criada mientras tú te vas de fiesta si es lo que pretendes – se rió y yo no sabía de que se reía, iba totalmente en serio – Sí, claro que te haré de comer y te haré bentos y todo lo que me pidas, pero no voy a estar esclavizada. Me buscaré mi propio trabajo ¿Entiendes por donde voy?
– Sí, y me encanta. Es que no quiero que pienses como una japonesa, quiero que pienses como tú eres. Es lo exótico y es lo que más me llama la atención de ti. ¡¡Y ya estoy harto de hablar!! – dijo dando un grito y haciéndome reír por primera vez desde que llegamos allí. Cuando me vio reírme sonrió de oreja a oreja – ¿Te parece bien o no?
– ¿Cómo no me va a parecer bien? Nagase Tomoya me está diciendo que me vaya a vivir con él, es como… – me llevé las manos a la cara y de repente me sentí eufórica. Pataleé de los mismos nervios que sentía diciendo “Iiiiihhh” mientras le escuchaba reírse de nuevo.
Ahora sí me tiré a sus brazos, sintiendo cómo él me ponía las manos en la espalda y cómo se salía una gran cantidad de agua de la bañera. Le miré a los ojos y le besé, le bese con ganas, le besé sonriendo y él también sonreía. Tiró de mi toalla dejándome desnuda y me agarró del muslo para que pasara mi pierna por su cintura, dejándose caer sobre mí.
– Que ganas tenía de verte sonreír. Que ganas tenía de tocarte – me dijo acariciando mi pierna con su mano, su boca contra la mía, mirándome con deseo. Puse las manos en su pecho al mismo tiempo que sentía la urgencia de rozarme con él – es en lo único que he pensado estos 3 días
– Estamos en un lugar público – le dije, pero cuando empezó a besarme el cuello se me olvidó donde estaba, se me olvidó la compostura, se me olvidó como me llamaba y quién era – Tomoya… espera…
– Tócame – me susurró al oído – quiero sentir tus manos
Me empecé a plantear si me estaba volviendo loca. En menos de cinco minutos pasé de estar a la defensiva a llorar como una idiota, de ahí a una euforia y una felicidad desmesurada y ahora estaba tan cachonda que me estaba empezando a asustar a mi misma. Me cogió la mano y tiró de ella hacia abajo, hasta que toqué con la punta de los dedos su miembro, erecto, ansioso por entrar en mi cuerpo. Le rocé un poco más y susurró mi nombre. Me excitó tanto que acerqué mis caderas un poco más él y se la agarré con fuerza, moviendo mi mano enérgicamente mientras le besaba intensamente. Con la misma fuerza me agarró primero los pechos y después del trasero, poniéndome sobre él y tragando saliva. Me rocé y solo me dio tiempo a sentirle dentro muy brevemente, justo cuando escuché que abrían la puerta del vestuario. Rápidamente me puse de pie en la bañera, temblando ligeramente e intentando esconder lo acelerada que tenía la respiración.
– ¿Está todo bien? – dijo la señora mientras Nagase miraba como salía, cogiendo otra toalla seca y poniéndomela alrededor del cuerpo.
– Sí, muchas gracias
– Tienen la cena preparada, cuando queráis. Sin prisas
– Muchísimas gracias – le dije a la anciana mientras se iba.
– ¡No me dejes así! – dijo Nagase apoyando los brazos en el borde de la bañera cuando me vio salir del baño hacia el vestuario.
– No voy a dejar que nos vea hacer esas cosas en su bañera pública.
Cuando llegué al vestuario y fui a por mi vestido, escuché la puerta cerrarse de un portazo y le vi venir hacia mí sin toalla, empapado y con determinación. No me dejó ni quejarme, me puso contra la pared y me agarró de la cintura, besándome con pasión. Gemí en su boca y gemí de nuevo cuando le sentí rozarse conmigo. Se separó de mí y me puso sus largos dedos en la boca para que los lamiese, y eso hice, excitada como nunca. Me miraba a los ojos con tanta intensidad cuando metió esos mismos dedos en mi cuerpo que me hizo temblar entera, de pies a cabeza. La pared estaba helada y lo estábamos poniendo todo perdido de agua.
– Tomoya por favor, aquí no.
– ¿No? – No comprendía como me podía estar gustando tanto si solo usaba sus dedos, no paraba de retorcerme de placer – tu cuerpo no dice lo mismo. Vas a mancharlo todo, y yo también – dijo mientras se tocaba a si mismo.
– Espera a que estemos en tu casa y entonces ¡Ah! – sacó sus dedos de mi interior para penetrarme despacio y profundamente, expulsando el aire por la nariz con brusquedad, levantándome una pierna. Mi cuerpo estaba tan dispuesto que no tuvo problema ninguno.
– No puedo esperar tanto, tu cuerpo… – me dijo mientras me agarraba en peso del trasero, haciéndome doblar las rodillas y pasarlas por su cintura – Cuanto me gusta hacerte esto…
– Vale pero date prisa – asintió
Intenté no hacer ruido, pero era inevitable que se me escaparan gemidos, aunque era el choque de su cuerpo contra el mío lo que más sonaba en la habitación. Me hacía el amor con tantas ganas que ni si quiera podía besarle porque si no gemía él, gemía yo. Hundió su cara en mi cuello, mordiéndome y poniéndome todos los vellos de punta, y cuando le noté crecer más de la cuenta en mi interior le arañé la espalda reteniendo un gemido que a él no le dio la gana de aguantarse. La sacó de mi cuerpo y siguió rozándose hasta que eyaculó encima de mí, manchándome entera.
– Tomoya…  – me quejé mirándome y riéndome – ¿Cómo puedes echar tanto?
– No pasa nada – dijo jadeando y sonriendo, mirándome entre mechones de pelo mojado – es que llevo estos 3 días aguantando hasta verte – tragó saliva, le costaba hablar – vamos y nos duchamos otra vez.
Me soltó las piernas dejándome de pie y me miré, un poco asqueada. Se rio de mí, y yo di una carrerita hasta la ducha, echándome agua y mirándole, negando con la cabeza. Me besó y me quitó la ducha, limpiándose el también.
– No puedo contigo – me dijo – pero esta noche te dejo satisfecha.
– A ver qué entiendes tú por dejarme satisfecha – le dije, buscándole las cosquillas, intentando no reírme para gastarle una broma. Me miró con el ceño fruncido.
– ¿No te gusta? – se quedó esperando una respuesta mía, respirando aún agitadamente – ¿No te quedas satisfecha con lo que te hago? Yo creía que sí – le vi tan abatido que me dio hasta lástima
– ¿Siempre te crees todo lo que te digan? – le dije secándome y poniéndome de nuevo la toalla alrededor del cuerpo – me encanta lo que me haces, baaaaka.
– Esas bromas no se gastan, esas bromas son de mal gusto – me miró fingiendo estar enfadado y pasó por mi lado poniendo una mano entre ambos para que ni le hablase.
 Y eso hice, ignorarle. Quería ver si de verdad le interesaba estar conmigo, si de verdad quería. Cogí la ropa interior suspirando, ya estaba seca gracias a la estufa y él también empezó a vestirse, aunque sus pantalones seguían húmedos.
– Te vas a resfriar enseñando tanto, gaijin. – me dijo con desprecio, levantando el labio.
– Es verdad, tengo que aprender de tu infinita sabiduría japonesa, oh senpai – le dije poniéndome el vestido por la cabeza y recogiéndome el pelo ante un espejo. Se puso a mi espalda y me besó la nuca.
– Vamos a comer, me muero de hambre. ¡Me das hambre! – me cogió de la mano y me llevó por el pasillo. Estaba tan feliz de que me diese la mano en público que podría hasta levitar.
– A ver si tienen yakiniku para ti ¿No? – le dije, sabiendo que era su comida favorita
– De ternera – los ojos se le iluminaron ante la mención de carne asada – pero no creo. Probablemente nos sirvan ramen.
Cenamos ramen, efectivamente, mientras la dueña nos observaba con cara tierna desde una butaca. El sitio era muy acogedor, de día y con buen tiempo tenía que ser precioso… miré por la ventana y vi que ya no llovía, de hecho el cielo estaba completamente despejado. Nagase estaba haciendo lo mismo.
– Estamos a medio camino, ¿Quieres que nos vayamos?
– Sí, prefiero dormir en tu casa
– Vale, ahora pago y nos vamos.
– Gracias, la próxima vez–
– No – me dijo señalándome con los palillos – puedes ser todo lo occidental que quieras pero yo te pago las cosas.
– No me voy a quejar – le dije riéndome y metiéndome un pedazo de carne del ramen en la boca – me quedaría en este país solo por la comida. Créeme.
– ¿Y no te quedarías por mí? – me miró apoyándose en una mano mientras sorbía uno de los fideos.
– Por ti me quedaría, y sin comer… bueno Mochis, udón y takoyaki sí comería pero lo demás puedo pasarlo – se rió de nuevo, siempre se estaba riendo. Me encantaba.
– Te voy a llevar a un montón de sitios, quiero enseñarte muchas cosas.
– Quiero verte patinar – le dije – y quiero ver un partido de fútbol tuyo y de Taichi. Y quiero entradas gratis a los conciertos. Y también quiero ir a surfear con Gussan. Y que me presentes a Ikuta Toma, parece simpático.
– Oe, oe, pides muchas cosas ¿Eh?
– Me tengo que aprovechar de la situación, ya sacarás tú algo de todo esto también.
– Mientras sigas con las mismas ganas siempre – me dijo susurrando y poniéndome la mano en la pierna – yo tengo todo lo que necesito. Y ya me limpiarás la casa, la ropa y me harás bentos.
– ¡Pero qué imbécil eres! – le dije dándole golpes en el brazo mientras se cubría y se reía.
La ancianita suspiraba mirándonos, probablemente recordándose a si misma en su juventud, nunca lo supe. Al terminar de comer, Nagase pagó como dijo y salimos del albergue. La moto estaba empapada, sacó un trapo de dentro del sillín y secó el asiento pero aún así, al sentarme di un gritito porque estaba helado.
– Cuando lleguemos a casa me tumbo en tus piernas – dijo tocándomelas en un semáforo – te lo prometo.
– Con una manta, en el salón y viendo una película
– Vale, tenerte contenta va a ser más fácil de lo que me esperaba.
No volvió a llover por suerte para los dos, pero igualmente se me quedaron las piernas dormidas del frío. Cuando llegamos a Tokio y me bajé de la moto me dolía todo después de una hora de carretera sin parar, pero pensé que merecía la pena. Dejó la moto en un garaje en el que había unas cuantas motos más.
– ¿Son todas tuyas? – Asintió – vaya… y yo no puedo ni comprarme una bici nueva
– Ahora sí – dijo quitándome el casco y sonriendo
– No me voy a aprovechar de ti. Al menos no económicamente.
– No te vas a aprovechar – dijo cerrando el garaje y llevándome a su casa – lo vas a disfrutar conmigo. Por cierto, que antes me sonó el teléfono – lo miró y puso cara de circunstancia – Joshima me ha llamado 3 veces.
Le observé mientras hablaba con Leader, riéndose. No me terminaba de creer que estuviese subiendo de nuevo a su casa y menos aún que fuese a ser la mía desde ese día. Era simplemente demasiado para mí, demasiado para asimilarlo. Le agarré fuerte de la mano en el ascensor y apoyé mi cabeza en su pecho, cerrando los ojos y sonriendo. Desde luego si estaba en un sueño me negaba a despertarme. Guardó el teléfono y me pasó el brazo por los hombros, apretándome a él y acariciándome el pelo.
– ¿Qué te han dicho? – le dije aún abrazándole
– Leader estaba preocupado porque no le cogía el teléfono, no le gusta mucho la moto. Las ha ido dejando en casa de Mabo y de Taichi, y dice que mañana me trae la maleta con tu ropa.
– Me tendría que traer un montón de cosas de España
– O te lo puedes comprar de nuevo aquí – dijo saliendo del ascensor y abriendo su casa – vete al salón que voy a dejar todo esto – dijo levantando las chaquetas – Relájate y ponte cómoda, que ahora voy.
Entré en el salón, mucho más recogido que la última vez que lo vi y me dejé caer en el sofá, quitándome las zapatillas. Estaba agotada, tan agotada que de repente me asusté al sentir la mano de Nagase en el hombro porque me había quedado medio dormida.
– ¿Quieres acostarte? – me dijo poniéndose en cuclillas frente a mí, apartándome el pelo de la cara
– No, quiero estar contigo – tiré de su camiseta y le pasé los brazos por los hombros, abrazándole. Se levantó y se tumbó sobre mí, con su cabeza en mis pechos
– Mabo tenía razón, es el sitio más cómodo del mundo – dijo mientras los apretaba con sus manos, haciéndome reír.
– Me da curiosidad, ¿Qué te gusta de mí? – me miró mientras le acariciaba el pelo
– Eres extrovertida, no te callas lo que piensas. Y siempre estás riéndote, me encanta que la gente se ría. Y aunque dices lo que piensas y eres un peligro en la cama, me encanta tu lado tímido y femenino cuando estás conmigo – sonreí bastante satisfecha – es que no entiendo porque dijiste que tú no eras mi tipo de chica.
– Me refería a físicamente – dije un poco avergonzada – no sé, miro a tus ex novias y tienen cuerpos perfectos, todo les queda bien y siempre van divinas… aunque parezcan de plástico.
– No las soportas ¿eh? – me dijo riéndose
– No, sobre todo a la primera, y lo siento pero no puedo evitarlo. No te merecen. Te dejaron solo, son–
– Son el pasado – me dijo – no te preocupes más por ellas.
– ¿Aunque tengas un tatuaje?
– Sí – dijo suspirando – aunque tenga un tatuaje – Suspiré yo también, mirando al techo.
– No es fácil ignorar que han estado. Sobre todo mirándome, las comparaciones son odiosas.
– Pero ¿Qué te pasa con tu cuerpo? Es mucho mejor que el de otras, cuando me dejo caer encima de ti no me clavo huesos por todas partes. Y toque donde toque puedo darte un pellizco – dijo dándome uno en el muslo – y son estas dos son lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo – dijo resoplando entre mis pechos y haciéndome reír – Y me encantan tus ojos – dijo mirándome de nuevo con una sonrisa – me gusta como me miras, esa mezcla de ternura y deseo que tienen siempre… – trepó un poco por mi cuerpo y poniéndome las manos en la cintura me besó tiernamente.
Yo seguía acariciándole el pelo mientras rozaba su lengua con la mía, despacio, apretándome con sus labios suavemente. Cada vez me iba el corazón más rápido, me acariciaba las piernas, subiéndome la falda muy despacio, y me seguía besando con la misma tranquilidad, solo que ahora tenía su lengua en mi boca. Sus cálidas manos recorrían mis piernas, y sus besos aumentaban en intensidad conforme me tocaba. Le separé de mí, quitándole la camiseta y mirándole a los ojos para después pasar las manos por su pecho, besándole de nuevo. Agarré sus manos y le hice tocarme mis pechos, lo hizo suave pero intensamente, rozando mis pezones con sus dedos y poniéndomelos tan duros que incluso molestaban. Me mordió uno a través de la tela, mirándome a los ojos, deshizo los cordones del escote del traje y lo abrió, besándome entre mis pechos, tocándolos con las dos manos y excitándome.
            Volvió a rozar sus labios con los míos, apretándolos esporádicamente y rozándome con su lengua. Volvió a meter las manos bajo mi falda y agarró mi ropa interior, bajándomela y tirando de ella hasta dejarla en el suelo del salón. Busqué con mis manos, sin dejar de besarle, la bragueta de sus pantalones. Le quité el botón, le bajé la cremallera, y con mis pies los bajé, tirando de ellos hacia abajo. Dejó de besarme para escupirse en la palma de la mano y tras rozarse varias veces, le sentí entrar, muy despacio, apretándome y provocándome un escalofrío. Se movía tan lento, saliendo de mí y volviendo a entrar, que incluso me desesperaba, pero me estaba gustando tanto que no podía ni quejarme. Simplemente quería más. Cuando susurró “kimochi” con los ojos cerrados y exhalando aire en mi boca es cuando definitivamente perdí los papeles. A partir de ese momento empecé a tener orgasmos, uno detrás de otro, y eran insoportablemente largos porque me hacía el amor tan despacio que cuando empezaba uno estaba terminando otro. Le agarré del trasero y levanté las caderas, susurrándole que me diera más fuerte, obligándole a penetrarme hasta el fondo al apretarle contra mi cuerpo.
Me agarró la cara, mirándome a los ojos y metiéndome su dedo gordo en la boca, que lamí totalmente excitada. Me hizo caso y me dio lo que quería, no paraba de gemir débilmente contra su boca, y cuando me subió las piernas no pude hacer otra cosa que no fuese gritar. Me penetraba tan profundamente que dolía, pero me gustaba tanto que no podía pensar en otra cosa que no fuese en que quería más. Era peor que una droga, peor que una adicción. Me dio durante tanto tiempo que terminó por agotarse, ya no sabía cómo cogerme ni dónde poner sus manos. Muy bruscamente, me la sacó y bajando por mi cuerpo me pasó su lengua por mi sexo, haciéndome gritar de nuevo. Al mismo tiempo introdujo sus dedos entre mis labios menores mientras me daba frenéticamente placer con su lengua. Le agarré del pelo y le apreté contra mí, gimiendo su nombre, sudando sin parar. Era el amante perfecto. No paró hasta que no llegué al orgasmo entre jadeos y convulsiones y ni si quiera me dejó acabar, me agarró de los brazos y me hizo sentarme sobre su cuerpo.
– No puedo más, te toca
– Déjamelo a mí – le dije poniéndome de rodillas frente a él.
 Se la agarré y le pasé la lengua por todo su miembro, mirando como cerraba los ojos y se agarraba del sofá. Empecé muy despacio, observando sus gestos de placer, observando como me miraba dárselo. Me pasó las manos por la espalda, acariciándome, susurrando “kimochi” de vez en cuando. Se la lamí con más ganas, metiéndomela casi entera en la boca (estaba cogiéndole el truco) y sintiéndole temblar bajo mi cuerpo mientras gemía que no parase. Me puso la mano en la cabeza y me apretó contra él, casi no podía respirar pero notaba lo que le estaba gustando.
– Quiero hacer una cosa y quiero hacerla ya – me dijo, quitándome de encima y volviéndome a tumbar – Me agarró de las caderas y las levantó, acercándose a mí y penetrándome ahora con su miembro tremendamente duro – no puedo más.
– Déjalo salir – le dije agarrándome con ambas manos al sofá, dejándome llevar por él.
– Pero quiero… no quiero parar – dijo con los ojos cerrados y los dientes apretados
– Tomoya – me miró – dentro
– No…
– Es lo que quieres. Y yo quiero sentirlo.
Se inclinó sobre mí y con sus labios rozando los míos susurró sin parar que se corría; yo le contesté “atashi mo[2], Tomoya”. Reprimió un último gemido apretándo los dientes con fuerza y dándome más fuerte que nunca me hizo sentir un orgasmo tan intenso que se me saltaron las lágrimas. Las oleadas de placer me iban desde las rodillas hasta el pecho, transformándose en gemidos. Nunca había sentido nada igual, Nagase se empezó a dejar caer sobre mi cuerpo después de estar unos segundos en tensión sobre mí, ambos temblando, sudando y jadeando. Aún moviéndose levemente en mi interior y dando gemiditos ahogados contra mi cuello. Me besó, sus besos estaban salados del sudor pero seguían siendo los mejores. Dejó de besarme solo para tragar saliva y mirarme a los ojos. Le besé la comisura de los labios, la cara, junto la nariz, el lunar junto a su ojo izquierdo, le besé por todas partes con cariño mientras él sonreía con los ojos cerrados. Y le abracé con fuerza, oliéndole el pelo, dejando fluir mis sentimientos por él sin retenerlos.
– Hacía mucho que no me sentía tan bien – me dijo dejando caer su cara en mi cuello – ¿No me puedo quedar así para siempre?
– A mí no me importaría pero… Tomoya, tengo que advertirte – me miró – es muy posible que en muy poco tiempo me enamore de ti. Aunque si luego no salen las cosas bien lo tenga que pasar mal. No tengo miedo a sentirlo ni a admitirlo. No voy a retenerlo.
– No vas a pasarlo mal, te lo prometo. Y no retengas nada. Eso es lo último que quiero. Quiero que me quieras tanto que no pueda evitar enamorarme de ti yo también. Quiero estar contigo.
Suspiró y se dejó caer en mis pechos, sin ser totalmente consciente del impacto que supuso para mí lo que me acababa de decir. Aún le sentía en mi interior, solo que ahora ya relajado, iba quedándose dormido poco a poco. No sabía qué iba a ser de la relación, no sabía cómo iba a acabar, pero desde luego si seguía como había empezado, iba a resultar insoportable lo feliz que iba a llegar a ser. Me miró y se rió.
– ¿Aishiteru[3]? – me lo dijo con la melodía del principio de la canción ‘Boku no Renai Jijyou to Daidokoro’
– ‘Un, Aishiteru… sunao ni ieta ano hi’[4]– dije continuando la canción.
Sonrió más abiertamente y después de abrazarme con fuerza nos dejamos llevar por el sueño, y fue en ese momento cuando sentí que estaba donde tenía que estar.

The End

[1] Sumimasen: normalmente significa “lo siento” pero en este caso lo está usando para llamar la atención del dueño del establecimiento, para que sepa que necesita de su ayuda.
[2] Yo también
[3] ¿Me quieres?
[4] Si, te quiero. Estos días lo siento, de verdad.
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