Holidays

Este fue el primer fanfic que escribí basado en TOKIO. La verdad es que cuando lo hice no conocía tanto a los miembros del grupo y a lo mejor metí la pata con algo, pero me gustó tanto como me quedó que la verdad, no pienso cambiar nada.
Para hacer una breve introducción a la historia, diré que se trata de una chica que hace un viaje con el fin de encontrarse a si misma y de olvidar el pasado. Y en un golpe de suerte, algunos dirían que el destino, se encuentra con los miembros de su grupo favorito, que casualmente van de viaje al mismo sitio que ella. Lo escribí después de ver un especial de TOKIO en el que todos se iban de excursión juntitos y claro, mi imaginación se disparó xD
Si os da curiosidad ya sabéis que tenéis que hacer ^-^ Y por cierto, está ilustrado. Se me ocurrió poner links a fotos y gifs conforme iba escribiendo, así me parece más divertido.
Os dejo una imágen de como me lo imagino en este fanfic. Ay, que ‘guapérrimo’ que es ❤

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Ohayo!
Las gotas de humedad que resbalaban por la ventana del tren bala en el que viajaba, caían así como sus lágrimas. Por más que se intentaba convencer de que estaba haciendo ese viaje para olvidar y para encontrarse a si misma, no se lo podía quitar de la cabeza. Era el viaje que habría hecho con él y ahora lo hacía sola. Se centró en escuchar las conversaciones para apartar los pensamientos tristes, intentando comprender lo que decían ya que no era su lengua nativa y aunque lo había perfeccionado, el japonés era un idioma que se le resistía. Y más teniendo en cuenta que cada persona tenía su forma de hablar y su propio acento. Si algo había aprendido de los viajes al extranjero, era que todo lo que aprendes en una escuela de idiomas apenas se pone en práctica en una conversación real. Aun así, la musicalidad de ese idioma le encantaba, se podía llevar horas escuchando a los nipones hablando, embelesada aunque no llegara a entender todo lo que se decía. Junto a ella había sentada una pareja, no debían de llevar mucho tiempo juntos por lo cariñosos que se mostraban y volvió a sentir esa punzada de dolor. Sin poder evitarlo las lágrimas se le escapaban, rodando por sus mejillas llenas de pena y de nostalgia. Quería olvidar, pero no sabía como, todo le recordaba a él…

Por la puerta que quedaba frente a ella, entraron un grupo de chicos bastante escandalosos, cosa bastante inusual en ese país. Todo el vagón les observaba mientras ella miraba por la ventana, intentando esconderse bajo la bufanda y el gorro que tenía puestos para pasar desapercibida. Sin embargo uno de ellos se paró a su lado. Era el más escandaloso de todos. Se agachó y la llamó, hora de practicar el idioma… aunque fuese para decirle que se fuera al diablo.

– Ohayo lady, Are you allright? – por lo menos la primera frase la entendió a la perfección, se la dijo en inglés o algo similar.
– Sí – dijo ella, siempre nerviosa cuando tenía que hablar con un nativo. Controlara o no el idioma y estuviese en el país que estuviese. No quería mirar al chico, solo quería que se sentase en su sitio y la dejara tranquila – no es nada.
– Estás llorando, y en este viaje no se llora. ¡Taichi! – Llamó a uno de sus amigos, ella se enroscó aún más en su caparazón. ¡Que molestos eran! aunque la voz le resultaba tremendamente familiar – Ayúdame a animar a esta chica
– ¿Gaijin? – No se sentía ofendida a pesar de que la palabra daba ese sentido. Era la manera general de llamar a los extranjeros y ella lo era. El tal Taichi se sentó frente a ella saludándola con una mano. Le miró de reojo. Tuvo que mirar otra vez, no se creía a quién tenía delante.
– No puede ser – dijo ella.
– ¿Me reconoces? – le dijo Taichi. Ya creía que le reconocía, era miembro de su banda japonesa favorita. Ella asintió con la cabeza e hizo una conexión rápida de ideas; la voz de ese chico… no podía ser. Al volverse a su izquierda a mirar al primero que se le acercó, el corazón le empezó a latir desbocado ¡No podía ser! Se llevó una mano a la boca.
– ¡Nos reconoce! ¡Tenemos fans fuera de Japón, Mabo! – Se dio la vuelta en el asiento. Estaban todos, todos los del grupo. ¿Empezaba a cambiar su suerte? 
– ¿En serio? – Matsuoka se sentó junto a Taichi – ¡Genial!…
– Esto es… – la pena estaba desapareciendo, empujada sin miramientos por la euforia y los nervios que sentía pellizcándole el estómago.
– Ya no llora – dijo Shigeru encaramado justo tras ella – ¡Misión cumplida!
– Alguna lágrima le queda – Dijo Tatsuya señalándola, que estaba junto a Shigeru en el asiento de atrás. 
– Espera – Nagase le pasó las yemas de los dedos por las mejillas, limpiándole las lágrimas y dejando a la chica embobada, con la boca abierta. Con una sonrisa le dijo – mejor.
– Oe, Nagase, no le hagas esas cosas que perdemos protagonismo – dijo Taichi, era incluso más lindo de lo que suponía al verlo en la pantalla de su ordenador – ¿Dónde vas?
– A Kyoto – no se creía aún la situación. No podía ser cierta. Había soñado con conocerlos algún día en el backstage de un concierto, pero nunca se habría imaginado encontrárselos en una situación como esa.
– Nosotros también – dijo Tatsuya – Se podría venir ¿No líder? – le preguntó a Shigeru – Así se animaría seguro – él también era más guapo en persona, sobre todo si le sonreía.
– No, no. No quiero ser una molestia – estaba muriéndose de ganas pero sabía como eran los japoneses y no se pensaba aprovechar de la situación. Si estaban allí todos era por trabajo ¿no?
– No es molestia – le dijo Shigeru – a mí no me molesta desde luego ¿A vosotros? – todos negaron con la cabeza. Su sonrisa era la más amigable y cálida de la de todos del grupo.
– Siempre es bueno que haya una mujer que nos controle un poco – dijo Mabo con su curiosa voz, a él no le gustaría pero a ella le encantaba, sobre todo cuando cantaba – la última vez nos echaron la bronca en el albergue ¿Os acordáis?
– La posadera estaba totalmente cabreada – dijo Nagase riendo a carcajadas. No lo pudo evitar, y una sonrisa enorme se dibujó en su rostro al escuchar la alegría con la que se reían todos. La risa de Nagase le encantaba; el sonido, su sonrisa, sus ojos alegres…
– ¡Esa cara está muchísimo mejor! ¿Cómo te llamas? – Les dijo su nombre, con el que tuvieron algunos problemas de pronunciación y que dio para más risas. Todo era risas con ellos, ella lo sabía. Era el grupo con mejor sentido del humor que había visto en su vida y era definitivamente lo que necesitaba.
– ¿Y por qué has venido a Japón? – le preguntó Tatsuya 
– Siempre me ha gustado mucho este país. Por cierto, lo siento mucho si no pronuncio bien o me equivoco…
– Se entiende, yo con eso me conformo.
– Nagase, déjala hablar – dijo Mabo, riñéndole como de costumbre.
– Tenía este viaje pendiente por hacer con una persona, pero me dejó y… – siempre le costaba hablar de ello, aunque fuera con su grupo favorito.
– ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!! – Exclamó Taichi encaramándose en la mesa que separaba su asiento del de ella y haciendo que todo el vagón les mirase – ¡No llores otra vez! – Se tocó la cara asombrada y era verdad, estaba llorando de nuevo.
– Nagase, haz eso de quitarle las lágrimas – le dijo Mabo sonriente – se le pasa seguro.
– No me gusta ver a una mujer llorar – dijo el aludido, sacándose las manos de los bolsillos y limpiándole la lágrima solitaria que se le había escapado con sus dedos de nuevo – me pone nervioso – dijo mirándola a los ojos. Ella sí que se puso nerviosa.
A pesar de que tenía una cara de dormido increíble – eran las 8 de la mañana – la mirada de ese hombre la tenía hipnotizada. Se sentía derretirse bajo esos ojos negros. Si le pasaba cuando lo miraba en su casa, a través de una pantalla, ahora que lo tenía delante la sensación se multiplicaba volviéndose el doble de intensa. El le dedicó una de esas sonrisas de medio lado que tantas veces le había visto a hacer, ella intentó devolvérsela, pero estaba demasiado nerviosa.
– Esto ha sido raro – dijo Taichi riendo – ¡Shigeru! ¿Dónde vamos primero cuando lleguemos?
– No lo sé, ya lo veremos cuando estemos allí – dijo Shigeru
– ¿Qué manera es esta de organizar un viaje? – dijo Mabo.
Se pusieron a hablar, a bromear entre ellos. No lo entendía absolutamente todo, pero estaba claro que el curso intensivo de japonés que había hecho justo antes de irse de viaje le había venido muy bien. Entendía lo esencial. Se sorprendió de lo rápido que la integraron en el grupo, aún cuando ella se sentía un poco fuera de lugar. Antes de que se dieran cuenta, habían llegado a su destino. Se pusieron en pie y se bajaron haciendo ruido, como siempre. Una vez fuera los miró con más detenimiento: Taichi y Shigeru eran tan bajitos y menudos como se los imaginaba, realmente todos estaban bastante delgados aunque no lo podría decir con seguridad por los abrigos que llevaban puestos;Tatsuya era un poco más alto que ella, pero es que la diferencia de ellos tres con la altura de Mabo y Nagase era patente; Ambos eran altísimos, tenía que mirar hacia arriba para hablar con ellos. Los cinco estaban llenos de energía, excitados con el viaje. Eran como niños pequeños cuando los sacas de excursión y Shigeru era como el profesor que intentaba controlarlos.
– ¿Qué hacemos? – dijo Tatsuya mirando a su alrededor – a por el coche de alquiler como la otra vez ¿No?
– Pero esta vez conduces tú – le dijo Taichi – y el alcohol me lo bebo yo.
– ¿Sabes conducir? – le preguntó Shigeru a la chica
– Y aunque supiese, aquí todo está al revés – dijo ella negando su participación en el asunto con las manos y la cabeza.
– Pues nada, a piedra papel y tijeras – dijo Nagase. Al final perdió Mabo que aunque se quejó una y otra vez, le tocaba conducir.
Fueron a la oficina de alquiler de coches y estuvieron rellenando los papeles. Realmente fue Shigeru el que los rellenó bajo las burlas de los otros chicos mientras ella no podía parar de reír. No había pasado si quiera unas horas con ellos y ya le dolían los músculos de la cara de la risa. No recordaba cuando fue la última vez que se lo pasó tan bien. Una vez tuvieron el coche, se fueron metiendo dentro alborotadamente. Ella se vio sentada de repente en el asiento de atrás, en el centro, entre Taichi y Tatsuya. Nagase se tumbó en el asiento de atrás de ellos cuan largo era, Mabo conducía y Shigeru iba de copiloto. Por el camino se iban asombrando de todo lo que veían y la chica iba haciendo fotos de casi todo. Quería hacerles fotos a ellos pero no se atrevía, no quería que la tomaran por una fan más, así que aguantó las ganas. Por el camino planearon lo que iban a hacer: Se iban a desplazar a la parte rural de la ciudad donde había unas termas, un sitio excelente para comer y además tenía karaoke. Ir a un karaoke con los miembros de su grupo favorito… aún no se creía su suerte. Eso si no la echaban antes, claro.
– ¡Qué bonita! – dijo ella al ver una pagoda enorme que les quedaba detrás, pero desde donde estaba no podía hacer bien la foto. Tendría que hablar con él directamente si quería una foto de ese lugar – Nagase-san, ¿Puedes hacer tú la foto? – cuando la miró, sintió como sus mejillas se encendían. No podía reaccionar así cada vez que le hablase, se sentía totalmente estúpida.
– Sí claro – se volvió e hizo la foto, después se giró y dijo la típica frase que dicen los japoneses antes de una foto – ¿Cuánto es tres menos uno?
– Niiiiiiiiii* – dijeron Tatsuya y Taichi mirando la cámara con una amplia sonrisa. A ella solo le dio tiempo a sonreír nerviosamente haciendo el símbolo de la victoria con los dedos. Entonces, Nagase giró la cámara y se hizo una foto a si mismo, poniendo caras. Riéndose le devolvió la cámara. Probablemente el no lo apreció, pero el simple hecho de que le rozara con las puntas de los dedos le aceleró considerablemente las pulsaciones. Miró las fotos y no pudo evitar reírse.
– Siempre salís perfectos – les dijo – no sé cómo lo hacéis. 
– No siempre – dijo Nagase, pasando los brazos por encima de sus hombros para alcanzar la cámara y pasar la foto. Olía a una mezcla de tabaco y colonia, aunque realmente le habría dado igual a lo que oliese, le habría gustado lo mismo. En ese momento, si giraba la cara, le podría dar un beso. Sentía su respiración en la mejilla – mira.
– ¿Qué haces con esa cara? – Le dijo Taichi riéndose a carcajadas con Tatsuya.
– ¡Mira Shigeru! – Nagase le dio la cámara y se puso derecho, alejándose de ella que se acordó de que tenía que respirar con normalidad. Shigeru y Mabo también se reían a carcajadas de la cara de su amigo.
– ¿Pongo música? – dijo Shigeru cuando se tranquilizaron. Aprobaron la idea y de repente todos hablaban a la vez con las propuestas que tenían. Shigeru le pasó una caja con CD’s. A la chica se le ocurrió una cosa que sabía que a Nagase le gustaría, aunque no se atrevía a hacerlo, quizás se daba cuenta y la tomaba como una tonta fan más que quería llamar su atención.
– Pon este, el inglés se me da mejor que el japonés. – le dio un CD de Aerosmith que estaba mezclado con los demás. Sabía que a el le encantaba ese grupo.
– ¡Sí, ese! – Dijo Nagase – ustedes no sabéis de música, escuchadla a ella – todos se quejaron, no querían música en inglés. Terminaron poniendo un antiguo CD de ellos mismos y criticándose los unos a los otros. La chica iba tarareando las canciones, muchas no se las sabía, pero conocía el ritmo perfectamente.
– ¿Y cómo es que conoces nuestro grupo? – Le preguntó Taichi cuando se dio cuenta de que las cantaba – ¿Por Internet?
– No puedo contarlo, me da vergüenza – no les podía decir que su interés comenzó por saber más de Nagase, no quería que él la viera como una fan-girl, por mucho que lo fuese.
– ¿Ehhhhh? No, ahora me da más curiosidad – dijo Mabo riéndose, los demás le dieron la razón.
– Realmente os empecé a conocer por los doramas. Veía algunos por Internet subtitulados y un día empecé a ver My Boss, My Hero – en ese punto, todos hicieron “Aaaahhh” señalando a Nagase, la chica se estaba muriendo de la vergüenza – y el ending me gustó mucho, así que lo busqué y os encontré. Al principio no me podía creer que el actor fuera el cantante, no tiene nada que ver la voz de yakuza con la voz cuando canta – dijo riéndose y haciendo que los demás se rieran
– No es raro que nos conozcas por esa canción, es de las más famosas que tenemos – dijo Tatsuya.
– Y no es ni nuestra – dijo Mabo riéndose.
– Después empecé a ver más videos y a escuchar más canciones, vi muchos doramas de Nagase-san, un dorama de Mabo-san…
– ¿Cuál? – le preguntó el aludido mirándola por el espejo retrovisor con sus ojos castaños.
– Yasuko to Kenji, me encantó. Me reí muchísimo. – Mabo le dedicó una sonrisa de oreja a oreja. El también era guapísimo. ¿Qué pasaba con estos tíos? Pensó cada vez más nerviosa.
– ¿Qué otros doramas míos has visto? – le preguntó Nagase, apoyado con la barbilla en el asiento, justo detrás de ella
– Ehm… Ikikeburo West Gate Park, Big Money, Unubore DekaTiger and Dragon y empecé a ver Mukodono. Y después empecé a ver programas de la televisión en los que salíais desde pequeños y me lo pasaba realmente bien. No sois como los demás grupos de música.
– Gracias – le dijeron – todas las fans deberían ser como tú – le dijo Shigeru – tú por lo menos no te pones a gritar y a intentar tocarnos como sea – todos se rieron. Ella pensó “No será porque no tenga ganas…”
Llegaron a su destino, el sitio era precioso, totalmente campestre. Estaba encantada, era mejor que las vacaciones que tenía planeadas, muchísimo mejor teniendo en cuenta la compañía. Los chicos se adelantaron porque ella iba haciéndole fotos a todo, se paró con un gato que se encontró por el camino e iba saludando a la gente que se cruzaba. Cuando se quiso dar cuenta, les había perdido el rastro. Caminó un poco más rápido, esperando no haberlos dejado detrás cuando la agarraron por el brazo. Era Nagase. Se preguntaba como tendría el pelo de largo, parecía que le asomaba por debajo del gorro de tela que tenía puesto pero no estaba segura.
– ¿Dónde vas? es aquí – señaló con la cabeza a un local que había en una calle justo detrás de él.
– ¿Y los demás? – Si cuando estaba con todos se ponía nerviosa, ahora que estaban ellos solos…
– Dentro, yo ahora voy – le dijo señalándo el cigarro que estaba fumándose
– Ah – se quería quedar a esperarle, pero no quería ser pesada. Entonces vio la oportunidad que estaba buscando. Había un perro en la puerta del local y la miraba con ojos amistosos. Se acercó y se agachó a acariciarle.
– Kawaii – dijo el, rascándole entre las orejas y poniéndose en cuclillas junto a ella – así que… ¿Te interesaste en el grupo por Sorafune o por otro motivo?
– ¿Por qué otro motivo iba a ser? – dijo ella nerviosa, mirando al perro. La había pillado y no quería ni mirarle, tenía miedo de salir ardiendo de repente si lo hacía.
– No sé, por el mismo motivo que te pones tan nerviosa cuando te hablo.
Se quedó sin palabras. No sabía si se estaba riendo de ella o si se lo preguntaba de verdad. Era evidente que le atraía Nagase, y muchísimo. Los mismos miembros del grupo se habían dado cuenta, Mabo el primero, tampoco había que ser muy inteligente. Pero no se sentía capaz de decírselo a él, a parte que no le veía sentido alguno decirle que le gustaba con la cantidad de fans que tenía que tener. Estaría más que acostumbrado a volverlas a todas locas y a declaraciones de amor espontáneas.
– No llores de nuevo ¿Vale? pero fuese quién fuese esa persona que te ha hecho daño, no merece la pena. Vente con nosotros y sigue riéndote, la vida no está para pasarlo mal y mirar atrás.
– Vale – dijo. Reunió valor y le miró. Le sonrió y le dio la última calada al cigarro, tirando la colilla lejos y echando el humo hacia el lado. Se quedó embobada mirándole los labios carnosos, y él lo tuvo que notar porque se rió sin dejar de mirarla. – ¡Lo siento! – dijo ella poniéndose colorada de nuevo y sonriendo tímidamente. Se sentía totalmente estúpida, esa actitud no iba con ella. Se puso de pie y él también.
– Eres realmente kawaii – No se podía creer que se lo estuviese diciendo a ella – ¿Puedo hacer algo para que estés más feliz? 
– Solo dejad que pase el día con vosotros por favor – dijo inclinándose – eso me haría muy, muy feliz.
– Pero eso ya vas a hacerlo, digo algo más que eso – Dijo poniendo cara interesante. No le podía estar dando ese sentido, tenía que ser una equivocación suya. Se le ocurrieron mil cosas que podría hacer para hacerla más feliz, pero no pensaba decírselas. En su lugar se rió nerviosamente, esperando a que se le ocurriese lo que tenía en mente, aunque probablemente pedía mucho. 
– ¿Entráis o no? Hay termas, y me están metiendo prisa – dijo Shigeru sacando la cabeza por la puerta del albergue – además, creo que como se queden más tiempo en la entrada lo parten todo.
 Konnichiwa!
 
Entraron dentro resoplando por el cambio de temperatura. Fuera hacía más bien frío y en el interior del albergue hacía una temperatura perfecta. Se desabrocharon las chaquetas y se acercaron al mostrador. La chica seguía haciendo fotos de todo y para su alegría en más de una se colaron los chicos, posando y poniéndole caras a la cámara. Taichi, Mabo y Nagase eran los más alborotadores. Tatsuya aparentaba no serlo pero terminaba sucumbiendo a las tonterías de los demás y Shigeru intentaba hablar con la señora de recepción.
 
– ¡Shhh! ¡Ruidosos! – les dijo la chica intentando que disminuyeran el volumen, lo que hizo que Mabo la cogiera en peso por las piernas y se la echara al hombro, haciéndole gritar del susto y ponerse muy nerviosa al tocarle.
– Son 1.800 yenes cada uno, así que ya sabéis – dijo Shigeru por encima del jaleo.
– No, no, no, piedra papel tijera – dijo Nagase – si yo tuve que pagar un almuerzo y una excursión la última vez merezco que me lo devolváis – Jugaron, ella incluida después de que Mabo la pusiera de nuevo en el suelo, disculpándose. Perdió Tatsuya.
– No hace falta que pagues mi parte – le dijo ella sacando el monedero.
– No, no, el que pierde paga – le dijo Taichi tirándole el monedero en la mochilita de nuevo.
Menos mal que no perdió ella, no le quedaría dinero para nada más si hubiera tenido que pagarlo. Tatsuya se fue con Shigeru al mostrador y terminaron de hacer los papeles para su estancia allí. Mientras, Mabo se había acercado a un grupo de chicas que tampoco eran japonesas y se puso a decirles tonterías. Una de ellas se reía tímidamente sin quitarle la vista de encima. Se fueron hacia las termas tirando de Mabo que se despedía lanzándoles besos a las chicas. Fueron guiados por una de las dueñas del albergue que les señaló una puerta, diciéndoles que a partir de ahí ella no podía pasar porque era privado para los usuarios. Se lo tuvo que asegurar Taichi porque no entendía el acento de esa zona. Al llegar todos hicieron exclamaciones y la miraron riéndose con la mano en la boca. Estaban ante un cartel lleno de kanjis que ella no entendía.
– ¿Qué pasa? – preguntó un poco cohibida.
– Son baños mixtos – aclaró Mabo.
– ¡Ah! – Ella también se llevó una mano a la boca – pero…
– Pero nada – dijo Taichi empujándola hacia dentro – nos ponemos toallas y no pasa nada. Más se vería si fuéramos a la playa ¿no?
Se metió en un probador para mujeres y se quitó la ropa. En realidad le daba muchísima vergüenza. ¿Y si se le bajaba la toalla? Aunque no se le bajase la verían con apenas ropa, ¿Qué pensarían? ¿Les disgustaría su cuerpo lleno de curvas o les gustaría por lo exótico? ¿Cuál sería la reacción de Nagase? Se estaba poniendo de los nervios. Miraba la puerta, indecisa, no sabía si salir o quedarse mejor donde estaba. Quizás ellos no estarían cómodos con una mujer medio desnuda al lado… Escuchó que Taichi la llamaba tras la puerta.
– ¿Estás bien?
– Sí…
– ¿Vienes o no?
– No quiero incomodaros, no contabais con una mujer en el grupo – escuchó a uno de ellos maldecir de fondo y que se acercaban hasta donde ella estaba.
– ¿Estás lista o no? – le dijo Nagase tras la puerta. Se miró a si misma, solo con la toalla puesta alrededor del cuerpo. Tenía una mano frente a sus pechos, tampoco quería que se le notasen mucho, se moría de la vergüenza. Otra en su lugar habría salido totalmente escotada, pero ella no podía hacerlo. Además la toalla era corta y le llegaba por encima de las rodillas. ¿Se le vería el trasero?
– Sí, estoy lista… pero… – Sin dejarle decir nada más, Nagase abrió la puerta, solo con la toalla puesta en la cintura y la agarró del brazo, separándoselo del pecho y dejando al descubierto su escote. Se quedó mirándola y la soltó de repente. Ahora que se había quitado el gorro que había llevado toda la mañana vio que tenía el pelo más largo de lo que parecía. Le llegaba casi por los hombros y lo tenía despeinado.
– No seas tonta y ven ya con nosotros – dijo Taichi tirando de su brazo hacia las termas. Nagase se quedó detrás. Se moría de la vergüenza. Se agarraba la toalla con la otra mano todo lo fuerte que podía. Al llegar a las termas vio que ya estaban todos dentro y Taichi se estaba metiendo, muy despacio.
– ¿Qué pasa? – Le dijo Mabo que se le iban los ojos a los pechos, aunque se los estaba tapando, le estaba poniendo histérica –  ¿Es la primera vez que vienes a unas termas?
– Sí – metió un pie en el agua, estaba ardiendo ¿Cómo podían estar dentro tan tranquilos? La diferencia térmica del exterior con el agua era bestial, suponía que en eso estaba la gracia. Nagase pasó por su lado y se metió. Ella fue detrás, aguantando el calor y agachándose despacio.
– Aguanta, te acostumbras rápido – le dijo Shigeru, tumbado con los brazos rodeando las rocas del borde. Mabo y Tatsuya empezaron a echarle agua a Taichi, que aún no se había metido del todo.
– ¡Ah! ¡Quema! ¡Ah! ¡Paraaaa! – se cayó al agua y la puso perdida. Si que era verdad que quemaba, de hecho hasta dio un gritito, pero se armó de valor y se sentó, un poco apartada de los chicos, siempre con las manos ante los pechos. Mabo la llamó con la mano.
– ¡No te pongas tan lejos!
– No de verdad, estoy bien aquí…
– Entonces nos movemos nosotros
Tatsuya se puso a su lado y Mabo al otro riéndose y salpicando agua por todas partes. La chica se sentó sobre sus piernas y se agarró firmemente la toalla, escondiendo sus curvas o al menos intentándolo. Si se le ponían tan cerca no estaba segura de poder articular dos palabras seguidas. Taichi se puso bocabajo frente a ella, mirándola con la barbilla apoyada en sus manos. Shigeru se puso junto a Tatsuya a su izquierda y Nagase se sentó junto a Mabo, sin mirarla
– Sigo sin creerme que nos conozcan fuera de Japón – dijo Taichi – ¿Conoces más grupos?
– Me gustan mucho también High and Mighty Color, Naitomea, Wagakki band, Omnyouza, Kanjani8 y Uverworld
– ¿No te gustan los grupos de chicas? Como AKB o Ayumi – preguntó Shigeru
– No, no me gustan nada – miró de reojo a Nagase. Ni se inmutó al escuchar el nombre de su exnovia, menos mal – pero si me gusta Utada Hikaru. Y las voces de Mika Nakashima y Ai Otsuka son preciosas.
– ¿Cuál es tu favorito? – Le dijo Taichi – ordena del que menos te gusta al que más.
– El que más Tokio…
– No… ¡Digo de nosotros! – dijo señalando al grupo.
– No puedo responder eso…
– ¡Claro que no puede! No le pidas esas cosas, baka – dijo Mabo echándole agua.
– ¿Qué? Es un ranking de popularidad… – le contestó él.
– Pero si puede decirnos qué le gusta más de cada uno – dijo Gussan sonriendo. Se lo pensó un poco pero la chica terminó asintiendo. Miró a Nagase que estaba totalmente callado, parecía molesto y se miraba las manos, muy serio.
– ¡Yo primero! – dijo Taichi. Estaba realmente ansioso por saber la opinión que tenía sobre él, le daba curiosidad el motivo de ese interés.
– ¿Tú? Pues no sé, te veo como el más lindo del grupo y además estás muy loco. Siempre me río muchísimo contigo en los videos que veo y ahora que te he conocido me he convencido de que eres el más alegre.
– Satisfecho – dijo el, con una sonrisa de oreja a oreja – Ahora Tatsuya.
– Eres muy habilidoso y el que tiene la voz más bonita.
– ¿¡Haaaaa!? – dijo Nagase, haciéndoles reír a todos.
– Y además también muy guapo – dijo un poco avergonzada de estar diciéndole todo eso a ellos. Era un poco embarazoso decir las cosas que pensaba de ellos desde hacía tanto – me encanta el aspecto que te dan los pendientes. Y tu forma de mirar es… interesante.
– Gracias – le dijo el con una sonrisa – ahora Shigeru.
– Es como el orden del grupo dentro del caos, es el más artista de todos, no os ofendáis por favor – dijo ella riendo ya que todos empezaron a quejarse – y tiene la sonrisa más amigable. Y bailas muy bien, me sorprendió, la verdad.
– Eso ha sido una crítica excelente la podríamos contratar para publicidad – dijo el aludido haciéndoles reír.
– Ahora yo – dijo Mabo mirándola desde arriba. Seguía siendo más alto que ella estando sentado incluso.
– Tú eres… guay. Divertido y muy atractivo. – Mabo le guiñó el ojo haciendo que sus pulsaciones se aceleraran – Y… y bastante adorable aunque seas tan altísimo y me gusta mucho como cantas, por si me preguntas – Mabo se dio con la palma de la mano en la frente.
– A mi no, pero si a ti te gusta… ¿Y Nagase? – la chica le miró, él no levantaba la vista. Ahora se dedicaba a tirar lejos piedrecitas del borde de las termas. Tenía tantas cosas que decir y sin embargo no sabía por donde empezar o qué decirles exactamente.
– Nagase-san… – incluso decir su nombre en voz alta la ponía nerviosa – me gusta mucho tu voz cuando cantas, y que no tienes sentido del ridículo – cuando dijo eso todos se rieron asintiendo – tienes una risa que se contagia, una voz muy masculina, aunque te cambie cuando cantas. Me encanta como actúas, me río muchísimo, y haciendo de yakuza es ridículo lo atractivo que llegas a ser. Es que eres exageradamente guapo y tienes una mirada increíble y unas manos perfectas y muy grandes, y-
– Oye, oye, ¿Por qué de él dices más cosas que de el resto? – Dijo Mabo – eso no es justo, yo también tengo las manos grandes y no has dicho nada de ellas.
– Ya tienes la respuesta a tu pregunta de cual es su favorito Taichi – le dijo Shigeru riéndose.
– Ay no… – la chica se puso ambas manos en la boca, avergonzada mientras todos se reían a carcajadas.
Nagase la miraba de reojo sonriendo un poco. “¿Estaba avergonzado?”Volvió a mirarla con la boca entre abierta. Le miraba los pechos. Con la charla se le había olvidado taparse y al llevarse las manos a la boca se los había juntado con los brazos, lo que provocó que su escote pareciese aun más exuberante aún de lo que ya era. Volvió a tapárselas con las manos. Mabo, que se había dado cuenta de toda la situación, empezó a reírse a carcajadas empujando a Nagase que le gritaba que se estuviese quieto, mientras los demás le miraban extrañados.
– Creo que deberíamos de irnos a comer ya, me estoy empezando a marear – dijo Nagase levantándose.
– ¿A marear? Si claro – Mabo tiró de su toalla y se la habría quitado de no ser porque él la agarró y se tiró al agua de las termas, salpicándolos a todos.
Mabo se puso de pie y les hizo gestos a los demás para que se fueran de allí mientras Nagase estaba tumbado en el agua con la toalla medio quitada. Todos se fueron corriendo a cambiarse y una vez en el vestuario escuchó desde fuera los gritos y las risas. Nagase seguía tumbado en el agua de lado, mirando hacia ella y tapándose como podía con la toalla, intentando ponérsela bien. La chica se fue a levantar, pero se dio cuenta de que con el agua la toalla se le había pegado más a la piel, marcándole las curvas muchísimo. Le dio tanta vergüenza sentir la mirada de Nagase recorrer su cuerpo que volvió a sentarse.
– ¿Estás mareada? 
– No, es… no es nada. Oye, lo siento.
– ¿Por qué? – le preguntó sin mirarla. No sabía si había hecho algo pero como parecía molesto con ella se lo dijo.
– Quizás te he incomodado. Sabía que no tendría que estar aquí, os lo habríais pasado mejor sin mí.
– No digas tonterías, baka.
– Mira como se lo están pasando ahí dentro – dijo ella – Deberías irte con ellos, te lo estás perdiendo – Si él se iba, ella podría levantarse con toda tranquilidad sin pasar la vergüenza de que la mirase.
– No puedo…
– ¿Cómo?
– Que no puedo.
– ¿Por qué?
– No voy a explicártelo – dijo riéndose – ¡Aaaaahhh! Esto es horrible – dijo riéndose aún más – deberías ser tú la primera en irte.
– Vale – se levantó sin dejarle decir nada más, avergonzada como nunca en su vida.
Algo había hecho que él no se sentía para nada cómodo a su lado. Se sintió triste de nuevo. La ilusión de su vida era conocerle y llevarse bien con ñel y su actitud de fan lo había estropeado todo. Él no quería que ella le mirase levantarse, por eso no se movía de allí hasta que ella no se fuese. La chica iba despacio porque ni quería caerse ni que se le cayese la toalla, sería lo que le faltaba. Cuando estaba abriendo la puerta para entrar en el vestidor femenino, totalmente abochornada, lo sintió detrás de ella y se dio la vuelta. El agarró el pomo y cerró arrinconándola con ambas manos a cada lado de su cabeza.
 La chica tenía ambas manos apretadas contra la toalla a la altura del pecho, Nagase la miraba a los ojos, muy cerca, con la boca entre abierta y muy serio. Estaba empapado, una gota de agua le resbalaba por la cara y fue a parar a sus labios, por los que se pasó la lengua. La chica tragó saliva, estaba temblando entera. Siempre pensó que de estar en una situación así se tiraría a sus brazos, pero no podía moverse y él tampoco se movía. Observó su cuerpo, estaba delgado pero fuerte, y la toalla también se le pegaba al cuerpo por el agua, dejando ver muy pegada a la tela una gran erección. Los rumores eran ciertos. La chica se sonrojó y le miró a la cara, estaba sonriendo. Por eso no podía levantarse. El se inclinó y le susurró al oído.
– Me encantan las chicas con un cuerpo como el tuyo – Al acercarse a ella sintió perfectamente su erección y su respiración en el cuello. Como siguiese así iba a tener un orgasmo sin ni siquiera tocarle – te estaba diciendo que deberías irte rápido porque no me voy a poder contener – la miró a los ojos de nuevo, haciendo que a la chica le temblasen las piernas.
Se mojó los labios de manera totalmente sugerente y se acercó a ella muy despacio. Quería agarrarle del cuello y besarle hasta que no supiera donde estaba, pero no se podía mover. El rozó su boca con la de ella, muy despacio, saboreando el momento, sintiendo ambos el cosquilleo del aliento uno del otro. Nagase le puso una mano en la cara a la chica y le rozó los labios con la yema del dedo. Ella pasó la lengua despacio por su dedo, haciendo que a él se le abriera la boca de la sorpresa o de la excitación, no estaba muy segura, y se lo metió en la boca, mirándole todo lo lascivamente que pudo.
Mabo llamaba a Nagase a gritos desde el vestuario, y este se separó de ella con una sonrisa de oreja a oreja, dejándola contra la puerta, de piedra, y con un sofoco más grande que el que le había dado meterse en las termas. Lo escuchó gritarle a Mabo, golpes y a este quejándose y riéndose. No sabía a que estaba jugando, pero definitivamente estaba jugando con fuego. Se metió en el vestuario, totalmente sofocada. Ahora que sabía lo que provocaba en el no se iba a volver a quedar quieta. En cuanto tuviera ocasión, iba a aprovecharla. Estaba totalmente segura, siempre que la persona que le gustaba mostraba interés en ella se le hacía totalmente fácil tontear descaradamente fuese quién fuese. Siempre le había pasado.
Quizás esa habría sido la ocasión de oro, quizás no se le presentaba otra, pero desde luego si no pasaba nada más, se iba a quedar con la satisfacción de haberle provocado una erección. Se cambió pensando en todo lo que le habría hecho él a ella y ella a él en ese mismo sitio, preguntándose porqué la dejó a medias. Pero las ganas no le faltaban… Lo que no sabía era como reaccionar  ahora. ¿Y si le había contado algo a los demás? ¿Qué harían ellos? Una vez vestida, con el pelo seco y sin el abrigo – como se lo pusiera se moría de calor – salió al recibidor. Fuera de las duchas hacía un poco de frío. El jersey rojo que llevaba no era suficiente y le quedaba realmente pegado al cuerpo, como los vaqueros azules oscuros. ¿Le volvería a mirar los pechos? Esperaba que sí, esperaba que se calentase tanto que no aguantase las ganas. Ella era consciente de sus curvas y vestida ganaba más que totalmente desnuda porque no se le notaba la barriguita. No tenía mucha, pero lo suficiente para que a ella no le gustara nada. Entonces le volvió a recordar, el motivo de su viaje, pero no, se negaba a pensar en él y menos en un momento tan eufórico como ese. Los buscó por el patio pero no los veía por ninguna parte hasta que los escuchó de lejos, y les dio el encuentro.
– ¡Por fin! – Dijo Tatsuya – me estaba quedando helado aquí.
– Lo siento – dijo ella.
– Vamos adentro, me muero de hambre – dijo Shigeru y se metió dentro seguido de Tatsuya.
La chica miró a Nagase, que le sonrió con una expresión divertida en el rostro después de mirarla de arriba abajo con detenimiento y decirle“Konnichiwa!”.Riéndose a carcajadas y negando con la cabeza se metió dentro. No sabía exactamente como interpretarlo.
– Lo siento mucho si te ha molestado – le dijo Mabo que aún tenía el pelo mojado, entrando con ella y señalando con la cabeza a Nagase – es demasiado impetuoso.
– ¿Te lo ha contado? – Mabo alzó una ceja y se rió.
– Me ha dado una paliza por llamarle.
– Pues no entiendo porqué, podría haberte ignorado – Mabo dio una carcajada tan grande que hizo que todos se volvieran a mirarle, sonrientes.
Nagase le miraba como si se hubiera perdido algo porque la chica también se reía a carcajadas. Definitivamente estaba siendo uno de los mejores días de su vida. No le importaba que terminara la noche en sexo o no, se sentía tan feliz… Además, cuanto más hablaba con ellos menos le costaba entenderlos. Siempre le pasaba con los idiomas, al principio se trababa un poco pero una vez se acostumbraba a pensar en el idioma todo fluía. Se sentaron a la mesa y pidieron la carta. La chica no sabía que eran muchas de las comidas que ofrecían y se las tuvieron que explicar y de paso le aconsejaron. Pero, como ya sabía de antemano, terminó pidiendo Udón.
– ¡Oishii! – dijo cuando lo probó. Realmente era el mejor udón que había probado en su vida.
– Déjame probarlo – le dijo Nagase, que estaba sentado frente a ella. Cogió un trozo pequeño de pollo con los palillos y uno de los muchos fideos y se lo acercó con cuidado. El se lo comió con los ojos cerrados, saboreándolo y pasándose la lengua por los labios.
– ¿No es bonito? – Dijo Taichi – dale de comer a tu favorito, discrimínanos, ¡Muy bien! – dijo fingiendo estar enfadado.
– ¡Ay no! – Dijo ella – si quieres tu también… – después de dudarlo un poco Taichi asintió haciéndoles reír a todos.
Disfrutaron de un almuerzo agradable, gastándose bromas, compartiendo la comida y sobre todo riendo muchísimo. Mabo no paraba de guiñarle el ojo a la chica extranjera que estaba sentada en la mesa de al lado de ellos. La chica le sonreía tímidamente y apenas mostraba atención a la conversación que mantenía con su amiga. Comieron hasta casi reventar; después del baño les sentó de maravilla.
– ¡Quiero algo dulce! – dijo Nagase mirando la carta.
Ella se levantó disculpándose para ir al servicio y aprovechando que todos hablaban de sus cosas y no les prestaban atención se puso al lado del chico, agachándose para mirar la carta también y arrimándose a el hasta que sus pechos quedaron presionados contra su brazo. El se los miró se rió por lo bajo mirando la carta de nuevo. Era lo que quería, se acabaron los miramientos y las tonterías de no querer parecer una fan desesperada por tocarle. Estaba dispuesta a lo que fuese para volverle loco de nuevo.
– Si hay mochi, quiero de chocolate – dijo buscando con el dedo en la carta. Su cara quedaba a la altura de la de él, así que prácticamente le estaba susurrando al oído.
– ¿Te gusta el mochi? – dijo el sin mirarla
– Me encantan las cosas dulces, así que pídete algo muy dulce – se volvió y le dijo al oído descaradamente y rozándole con los labios – odio el sabor del tabaco, aunque no me importaría si viene de ti.
Se puso derecha después de notar que a él le daba un escalofrío por sentir cosquilleo de su aliento en la oreja y se fue al baño, que estaba en una sala aparte. Una vez allí cerró con pestillo y se sentó en la taza del retrete riéndose nerviosa y empezó a dar saltitos. No tenía ganas de ir al baño realmente, era una excusa. Se le había olvidado lo que eran los nervios de tontear con alguien, no se acordaba de que era capaz de hacer esas cosas. Estaba volviendo a ser la que era, no era propio de ella quedarse como una estatua, aunque por hacer esas cosas ahora estaba histérica. Le tomó un buen rato tranquilizarse.
Cuando salió del baño se encontró con que Nagase la estaba esperando junto a la puerta. No se lo esperaba, intentó que no se le notase la sonrisa que se le asomaba sola a los labios. Tenía una cereza en la mano y una sonrisa traviesa en el rostro. Se preguntó de donde había sacado esa fruta en esas fechas. Se la llevó a la boca, escupió el hueso, se pasó la lengua por los labios y se acercó a ella.
– ¿Ahora está lo suficientemente dulce? – dijo señalándose la boca
– No lo sé – dijo encogiéndose de hombros, tentándole. No podía evitar sonreír por más que quisiera. Volvió a arrinconarla contra la pared, apoyando los antebrazos y acercándose muchísimo a ella.
– Nunca me habían dicho en público nada tan atrevido como lo que me has dicho antes.
– Eso es porque nunca antes habías conocido a una gaiyin como yo – dijo mirándole la boca. Le agarró del cuello de la camisa y le pasó la lengua por los labios entreabiertos. Nagase dio un respingo y respiró hondo sin expulsar el aire – Estoy segura de que esto no lo haría una japonesa – le dijo la chica con sus labios apenas rozándose – y sí, estás lo suficientemente dulce – Nagase se rió y se separó de ella, mirándola asombrado.
– Te haría el amor ahí mismo – le dijo a la chica señalándola con la mano, que casi se le sale el corazón por la boca con la declaración de intenciones.
– Aquí estoy – dijo ella encogiéndose de hombros otra vez e intentando esconder el temblor de piernas que le había dado de nuevo.“Por favor, méteme en el cuarto de baño” pensaba una y otra vez.
– ¿No vas a sonrojarte ni si quiera un poco? – dijo el riéndose otra vez.
– Por dentro me estoy muriendo, pero no se nota. Si no vas a hacer nada, voy a comerme mi mochi. Si me disculpas…
Se fue al comedor de nuevo, esta vez fue ella la que le dejó plantado y por dentro iba dando gritos de euforia aunque por fuera parecía de lo más calmada. Dos bolitas de mochi de chocolate la esperaban en la mesa.
– Había tres, pero me he comido una – dijo Taichi riéndose – y menos mal que has venido, me las habría comido todas.
– ¿Pero no decías que no podías más? – le dijo Mabo.
– Algo dulce siempre sienta bien – dijo Nagase volviendo a su silla y mirándola sonriente.
Los Mochis estaban deliciosos, tal y como le dijo Taichi. Los disfrutó despacio, saboreándolos, recreándose en el sabor y la felicidad que le daba el chocolate. Sentía como Nagase la miraba de vez en cuando, tenía toda su atención centrada en ella, no se lo terminaba de creer. Su ídolo, su amor platónico desde hacía varios años y lo tenía delante y atento a ella. Le miró una de las veces que notó que la estaba mirando y le sonrió.
– ¿Quieres? – dijo señalando los Mochis.
– Si no te importa…
– Pero acércate, no quiero que se me caiga por el camino, sería un desperdicio.
– Como se caiga me lo como yo – dijo Taichi, al que ya le había dado la otra mitad de otro de los Mochis, haciendo que todos se riesen. Nagase acercó su silla y la puso junto a ella. Fue a cogerlo él pero ella le dio un golpe con la mano.
– ¡Oe! ¿No me ibas a dar?
– Sí. Te lo voy a dar. – Cogió la mitad del mochi que le quedaba y se lo acercó a la boca con los dedos. El resto de los chicos lanzaron exclamaciones y se daban codazos mirándolos. Nagase abrió la boca y cogió con los dientes y la lengua el pedacito de pastel, chupando los dedos de la chica que sintió un hormigueo en la parte baja del estómago mientras le clavaba la mirada.
– ¿Qué está pasando? – dijo Taichi riéndose con todos los demás
– Nagase, no hagas esas cosas en público – le dijo Shigeru un poco avergonzado pero riéndose como el que más.
¡Oishii! – Dijo Nagase poniéndose de pie – ¿Dónde vamos ahora?
– Me han dicho en recepción que hay unas casas tradicionales por aquí – dijo Tatsuya – si queréis podemos dar una vuelta.
– Me parece buena idea así nos relajamos – dijo Mabo poniéndose de pie y poniéndole la mano en el hombro a Nagase, que se rió con su amigo.
Se levantó y volvió a abrigarse, aunque a esa hora ya no hacía tanto frío como por la mañana y había entrado en calor con todo lo que le estaba pasando con Nagase. Iba delante de ella, hablando con Mabo de lo mucho que a este le gustaba la chica extranjera con la que estaba coqueteando. El frescor le sentó de maravilla, sacó la cámara y fue echándole fotos a todos los paisajes y animalitos lindos que se iba encontrando. El ir con la cámara era una ventaja porque así los chicos tenían su tiempo a solas sin tener que estar pendientes a ella y ella podía disfrutar de su compañía sin molestarles. De vez en cuando, en los momentos que se quedaban en silencio, les llamaba y les hacía una foto a ellos bien posando como personas normales o haciendo tonterías, que era lo más común. Después de lo que le había pasado con Nagase había perdido toda la vergüenza. Shigeru se quedó rezagado en un punto del viaje leyendo un cartel informativo para los turistas y se puso a caminar junto a ella.
– Veo que te sientes mucho mejor que esta mañana
– Claro que sí, muchísimas gracias por dejarme venir con vosotros – sentía que no se lo iba a agradecer lo suficiente
– No hace falta, nos encanta conocer gente nueva – le dijo el sonriéndole cálidamente. Su tranquilidad y su buen humor eran totalmente contagiosos, era imposible estar triste junto a alguien como Shigeru.
– Cuando le cuente esto a mis amigas no se lo van a creer – dijo ella sonriendo
– Sobre todo lo que te está pasando con él – dijo señalando a Nagase, que había cogido en hombros a Taichi e iban corriendo cuesta abajo.
– Sí…  – se volvió a poner nerviosa al acordarse de aquel momento en las termas. Había sido uno de los momentos más excitantes de su vida
– Ten cuidado, es demasiado apasionado.
– Bueno, quizás es él quien tiene que tener cuidado – Shigeru dio una carcajada
– Que diferentes sois las occidentales, seguro que por eso le has gustado tanto.
– ¿Tanto?
– Después de las termas no paraba de hablar de ti. Tuvimos que agarrarlo para que no se fuera de vuelta a tu vestuario.
– ¿¡Por qué hicisteis eso?! – dijo ella dando un patada de rabia en el suelo.
– Pensé… – Shigeru estaba realmente confuso – pensamos que no era lo adecuado, que podrías molestarte.
– ¡No! ¿Molestarme? Si no entré en vuestro vestuario detrás suya era porque estabais todos los demás desnudos…
– Realmente no tienen nada que ver las occidentales – dijo riéndose – ¿me costará mucho trabajo casarme con una gaiyin?
 
Siguieron el camino hasta lo que al final resulto ser un templo, los chicos llegaron mucho antes que ellos dos y los estaban esperando impacientes en la puerta. Shigeru les pidió por favor que intentaran comportarse a lo que le respondieron riéndose. Esperaba que no partiesen nada. El templo era precioso. Tenía unos jardines increíblemente bonitos y daba la impresión de que en cualquier momento iba a aparecer un samurai por una esquina. No paraba de hacer fotos, mientras los chicos, también asombrados, le iban indicando cosas dignas de salir en el reportaje que estaba haciendo.
Al salir, se encontró con una de esas máquinas de refrescos que tantas veces había visto en los animes. Había una de bebidas frías y otra de bebidas calientes. Antes de que pudiera sacar lo que quería, Tatsuya se le adelantó y lo pagó el por ella. Sacó un te verde de una de las máquinas que le sentó de maravilla con el frío que hacía y ella se lo agradeció varias veces.
De repente se encontraron con una excursión de un colegio, todos vestidos iguales pero con los zapatos y las mochilas de colores llamativos, para que se les diferenciara. Dos de ellos, un niño y una niña, al verla se acercaron corriendo y se pusieron a hacerle preguntas en inglés. Ella estaba encantada mientras que los demás esperaron a que los niños terminaran.
 
– Son deberes que les ponen cada vez que salen de excursión – le dijo Tatsuya – tienen que preguntarles algunas cosas a extranjeros y como por aquí no hay muchos te han usado a ti.
– Ya veo… creo que los niños japoneses son los más kawaii del mundo. Tienen unas caras tremendamente adorables.
– ¿Y los adultos no? – le dijo el riéndose
– ¡Claro que sí! – Dijo ella sonriendo – ¿Pero has visto la cara de esa chica? Me encantaría tener una igual
– Pues tienes que buscar un padre de aquí
– Y no creo que muchos estén dispuestos a casarse con una gaiyin como yo.
– Te sorprenderías de cuantos lo harían. Y no sé si casarse – dijo el señalando a Nagase – Pero él parece bastante interesado en ti.
– Ya me he dado cuenta
– Me suponía que así era, si no, no le habrías dado el mochi como se lo has dado.
 
Se rieron juntos y se acercaron al grupo. Eran todos tan agradables… así daba gusto viajar y conocer gente, si encima eran tus ídolos, mejor que mejor. Mabo propuso ir al bosque de bambú cercano y allí fueron. Ninguno se esperaba que fuese a ser tan espectacular. Los árboles crecían realmente altos y tanto ellos como la chica estaba viendo que se iba a quedar sin batería como siguiese haciendo tantas fotos. De repente Nagase le quitó la cámara.
 
– No tienes ninguna foto tuya – dijo haciéndole una foto sin dejarla reaccionar – ponte por ahí con ellos. ¡Eh, foto! – les llamó y se pusieron junto a ella. Nagase dejó la cámara apoyada en el tronco de un árbol y después de poner el temporizador salió corriendo y se tiró al suelo frente a ellos, posando espectacularmente. Al verle, los demás también pusieron poses raras (como solían hacer) y ella les imitó. Cuando miraron el resultado de la foto no pudieron evitar reírse, no tenía desperdicio.
– Quizás no tengáis ganas, de ser así lo entiendo – dijo ella – pero me gustaría hacerme una foto con cada uno de vosotros por separado…
– ¡Por supuesto! Yo las hago, tengo alma de fotógrafo – dijo Nagase haciendo el payaso como siempre – aunque ya es de noche prácticamente…
– Konbanwa!
Se hizo una foto con cada uno de ellos, totalmente sonriente. Apenas la tocaban, aunque Taichi hizo un corazón con su mano y la de ella, lo que hizo que saliese riéndose más de lo normal en esa foto. Nagase no paraba de sonreír mientras las hacía y cuando le tocó a él le dio la cámara a Mabo. Ella se le arrimó muchísimo, e intentó salir lo mejor posible, quería que esa foto fuera perfecta. Pensaba imprimirla y ponerla en su habitación. Y a Nagase se le ocurrió la genial idea, en el último momento, de darle un beso en la mejilla y agarrarla por los hombros con el brazo. Miró como había salido la foto después de reírse por el incidente. Era perfecta. Y se sorprendió de ver esa felicidad en sus propios ojos después de tanto tiempo viéndolos tristes en el reflejo del espejo. Miró a los chicos, y cuando se aseguró que todos la miraban – porque iban andando y ella se quedó detrás – se inclinó ante ellos.
 
– Muchísimas gracias – dijo aún inclinada – muchísimas gracias por ser tan buenos conmigo y hacerme pasar este día tan perfecto.
– No digas tonterías, nos encanta que estés aquí – dijo Taichi
– Eres la mejor fan que se puede pedir – le dijo Mabo – así que no nos des las gracias.
– Vamos – Shigeru fue hacia ella y le puso la mano en el hombro
– Nos estás poniendo incómodos – dijo Tatsuya riéndose. La chica se irguió y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, riéndose y llorando al mismo tiempo.
 
Entre las lágrimas vio que Nagase chasqueaba la lengua levantando el labio, como le vio hacer varias veces en los doramas, tiró el cigarro y Mabo lo pisó, chillándole que si quería provocar un incendio forestal y haciéndola reír más aun. Se acercó a ella, la agarró de la cara, se agachó y la besó fuerte en los labios. Al principio, de la impresión, se quedó quieta dejándose hacer mientras escuchaba a los demás reírse y decir “Sugeeeeee*!!”. De hecho, parecía un beso de dorama, tan estático, tan sencillo… Se alejó de ella un poco, poniéndose derecho.
 
– Siento el sabor a tabaco – le dijo sonriéndole dulcemente
– No he podido saborearte – dijo ella en susurros, no tan dulcemente.
 
Consiguió reaccionar, se puso de puntillas y le agarró la cara con las manos ella también, devolviéndole el beso con pasión, besándole una y otra vez. Le daba igual el sabor a tabaco, eran su boca carnosa lo que necesitaba sentir, jugando con la suya. Las puntas de sus lenguas rozándose esporádicamente, los bocaditos fugaces en los labios. Nagase puso las manos en su cintura y la acercó a él mientras Mabo y Taichi reían y les gritaban cosas como “Gambare!*” o “Homerun, Nagase!!”. Era imposible concentrarse así que terminaron besándose entre risas. Le volvió a borrar, por tercera y esperaba que última vez, las lágrimas del rostro a la chica y se fue corriendo tras los chicos al grito de “Temerraaaa!!!!*”. No pudo evitar reírse a carcajadas al ver la escena mientras se ponían en camino de vuelta al albergue. No podía ser más feliz.
         Al llegar estaban agotados, unos más que otros, ya que se habían llevado medio camino corriendo. Cenaron mucha menos cantidad de comida que consistió básicamente en una sopa de miso, bolas de arroz y takoyaki. Menos en el caso de Mabo, que parecía no tener fondo.
 
– ¿No paras de comer nunca? – le dijo Tatsuya
– Estoy llenando el vacío que ha dejado mi amor – dijo señalando la mesa en la que estaban las extranjeras sentadas esa mañana. – como la vuelva a ver me la llevo al cuarto.
 
Al terminar de comer, esta vez sin incidentes de cuartos de baño, se fueron a la zona de karaoke, que para suerte de todos era privada. Ya llamaban la atención de vez en cuando de algún grupo de personas, al fin y al cabo eran estrellas en su país. Lo último que querían era que les escucharan cantar, entonces sí que sería imposible no tener a gente alrededor. Las habitaciones eran insonorizadas, así que se podían permitir hacer todo el ruido que quisieran. Estaba muerta de nervios y de vergüenza al mismo tiempo: Estaba nerviosa porque tenía que cantar en un idioma extranjero frente a sus estrellas favoritas que para colmo, todos cantaban estupendamente; Y su grupo favorito iba a cantar delante de ella, casi exclusivamente, era más de lo que podía pedir. Pidieron bebidas alcohólicas y empezaron a beber un poco antes de cantar.
 
– ¿Cerveza para todos? – preguntó Mabo que fue quien iba a por el alcohol
– No me gusta, prefiero algo dulce – dijo ella
– Ah sí – dijo Nagase – si no te gusta el sabor de la cerveza yo también quiero algo dulce – todos se rieron por el comentario, a ella le sacó un poco los colores pero no quería que se lo notase.
– Hay muchísimas canciones – dijo Shigeru, que estaba mirando el libro con la lista junto a Tatsuya
– Las hay de tu amiga Ayumi – le dijo Taichi a lo que ella le puso cara de asco por respuesta, Nagase se rió.
– Hablando de Ayumi, ¡Ah! gracias Mabo – le dijo interrumpiéndose de lo que estaba diciendo porque justo entonces Mabo entraba por la puerta con una caja de cerveza y dos Daikiris. A la chica le costaba tragar saliva y se imaginó mil cosas que podría decirle sobre ella y que no quería saber – ¿Las tuyas son de verdad?
– ¿Las mías? ¿Mis qué? – los chicos dieron una carcajada, Mabo se reía tanto que se tiró al suelo.
– ¡Tus oppai! – le dijo Taichi. La chica se miró los pechos y entonces ella también se rió, pillando el juego de palabras que había hecho.
– ¡¡Hablando de Ayumi!! – decía Mabo, llorando de la risa con Nagase que hasta aplaudía – ¡Si serás cabrón!
– La pobre es entera de plástico – dijo Nagase a modo de explicación, cogiendo aire como podía por culpa de la risa que le entró
– Está buena, pero sinceramente Nagase, las prefiero de verdad – le dijo Shigeru
– Y menos drogadictas – dijo Tatsuya
– Por favor, ¿otra vez a lincharla? ¿No nos vamos a cansar nunca? – Dijo Taichi – ¿No se ha cansado ella ya lo suficiente de que le den por todas partes?
 
Mabo y Nagase no podían reírse más de lo que se estaban riendo y ella se reía a carcajadas de verlos. Y eso que durante un instante había pensado que iba a compararla con ella o le iba a decir que habían vuelto o algo de eso. Cuando consiguieron tranquilizarse y Nagase volvió a sentarse a su lado – también había acabado por los suelos – le volvió a preguntar.
 
– En serio, no pasa nada si son de mentira y no respondas si te ofende, pero me da curiosidad.
– No, son mías.
– ¿De verdad? – Mabo se las miraba descaradamente – ¡Ni hablar! Eso tiene que ser el sujetador
– No, se lo pregunto porque la vi en las termas y no es relleno – dijo Nagase riéndose de nuevo.
– ¿No tienes hermanas? – dijo Taichi riéndose y haciéndola reír a ella.
– Sí, pero no creo que te gusten ninguna de las dos. Lo que sí tengo es una amiga con las piernas muy largas que quizás te guste
– No me gustan las chicas más altas que yo
– Ni a mi – dijo Mabo, que señaló su cuerpo de metro noventa y aún tenía la risa floja, volviendo a reírse a carcajadas con los demás.
 
Brindaron un par de veces y después de que Mabo fuera de nuevo a por más alcohol – el daiquiri estaba realmente delicioso pero no quería beber más o se iba a emborrachar por su falta de costumbre – cogió el libro de la lista de las canciones.
 
– Venga – Tatsuya fue el primero en coger el micrófono – dime tú qué quieres que cante, ya que me dijiste que mi voz era la más bonita…
– Urusai!! – Le dijo Nagase tirándole un cojín – yo soy el vocalista del grupo ¿Por qué no soy yo el de la voz bonita?
– Tú también tienes la voz muy bonita – le dijo ella, él le dedicó una sonrisa que la derritió
– Pero la mía es más bonita – recordó Tatsuya.
– Muérete – le dijo Nagase riéndose.
– Hmmm… Te iba a pedir que cantaras “Reply”, pero es una balada y se van a aburrir, así que quiero que todos cantéis “Minna de Wahaha!” 
– No puedo cantar eso de nuevo – dijo Mabo – es horrible, no sé cómo se nos ocurrió
– Es divertida y cantáis todos – dijo ella riéndose – y quiero que tú – le dijo a Nagase – hagas el movimiento de caderas que haces en el video.
– No me pidas eso… – dijo riéndose a carcajadas
– Soy la que compra vuestros discos así que ya sabéis. – riéndose les señaló la tele y los micrófonos. Era genial estar con ellos, y lo mejor es que le siguieron el juego.
 
Al principio estaban un poco tensos pero terminaron cantándola totalmente apasionados, y ella también la cantó con ellos. Nagase incluso hizo su movimiento de caderas. Cuando acabaron se sentaron riéndose y aplaudiendo.
 
– Ni si quiera sé qué hace esta canción en la lista, luego voy a quejarme en recepción – dijo Shigeru
– Puedo cantar siete más y seguiré teniendo la voz más bonita que tú, Nagase
– Si pero no tienes esto – dijo moviendo las caderas muy cerca de ella que se le fueron los ojos, acordándose de lo que vio marcado en la toalla de las termas y haciéndola entrar en calor.
– Para ya, Nagase-san – le dijo a gritos tapándose los ojos con las manos. El se rió y se dejó caer en el sillón junto a ella cogiendo el libro con las canciones
– Ahora te voy a poner yo una canción – buscó con el dedo y se le dibujó en el rostro una sonrisa maliciosa – y me la vas a cantar a mí. Venga.
 
Le dio el micrófono y la hizo levantarse. Se sentía un poco nerviosa, pero vio que el también cogía un micrófono, aunque se quedaba sentado y mirándola de frente. Al empezar la canción se rió. Era “Pink” de Aerosmith. Empezó a cantarla un poco abochornada, pero la animaban tanto que no pudo evitar dejarse llevar y pasárselo bien. Además Nagase estaba cantando más alto que ella. Al llegar al estribillo, a una frase que decía: “Y creo que todo va a ir bien, no importa lo que hagamos esta noche” se sentó en sus piernas y le pasó un dedo por la cara, haciendo que los demás gritaran y la animaran más aún. Nagase se puso a reírse y tuvo que dejar de cantar. Giró su cuerpo aún sentada sobre él y le puso el trasero prácticamente en la cara al levantarse sensualmente. Si algo sabía hacer bien, era volver loco a un hombre con sus curvas.
Y parecía que en el funcionaba, pues se quedó con la boca abierta. Mabo se reía aplaudiendo en el sofá justo detrás de Nagase, por lo que tuvo una buena perspectiva de su trasero también. Siguió cantando y pasándoselo bien, pero para la siguiente estrofa entera se sentó de nuevo sobre Nagase, con una pierna a cada lado de sus caderas y agarrándole del pelo hacia atrás. El dejó de cantar, y ella le cantó muy cerca de su boca, todo lo sexy que pudo: “Quiero ser tu amante, y envolverte en una goma rosa como las sábanas en las que nos vamos a acostar” Nagase la agarró del trasero y se acercó a ella para besarla pero ella se levantó y siguió cantando, intentando ignorar a su cuerpo que le gritaba para que volviese a los brazos del chico.
Al terminar la canción, hizo una reverencia ante los aplausos de todos los demás y se sentó junto a él, que la miraba sintiéndose derrotado por lo que el creía que sería algo por lo que ella se avergonzaría. Cantaron más canciones que ella no conocía y otras de Tokio que se sabía de memoria. Y cuando llevaba un buen rato sin cantar, Taichi le tiró el libro con las canciones.
 
– Ahora canta tu algo de Tokio
– Lo tengo clarísimo, pero Nagase tiene que cantarla conmigo. Por su culpa soy fan de vuestro grupo…
– Aaaaaaaaaaah, ¡Sorafune! – dijo Shigeru.
– No sé si voy a tener voz ya – dijo Nagase – pero la he cantado tantas veces que no creo que me mate una vez más. Déjame las partes menos agudas.
 
Fue extraño que cuando la canción comenzó, sintió esa sensación en el estómago que siempre le daba al escuchar las primeras notas. Esos nervios porque sabía que después de esa música, sonaba la voz del hombre que más la excitaba del mundo, y ahora lo tenía sentado a su lado, con el pelo suelto, enredado y sonriéndole mientras la escuchaba cantar. Tras las primeras frases le susurró “Sugeee*…” con una sonrisa. Le encantaba verle sonreír, le volvía loca. Siguió cantando a la perfección, se sabía la canción de memoria y la había cantado muchas veces en su mente y en su cuarto.
También se sabía el videoclip de memoria, así que en los momentos que sabía que alguno de ellos salía más sexy de lo normal miraba la pantalla y luego los miraba a ellos diciendo: Taichi Sexy”, “Shigueru Sexy”, “Tatsuya Sexy”, “Mabo, Sexy, Sexy!” Les hizo reír a todos pero Nagase preguntaba “¿Y mi parte sexy?” Ella le hizo un gesto con las manos para que se esperase. Justo antes de un momento del video, en el que Nagase salía sentado en una silla y mirando a la cámara con aspecto amenazador, miró al de verdad que estaba sentado a su lado y le dijo “Sexy, sexy, sexy, sexy MUY SEXY”, haciendo que todos se riesen a carcajadas. Nagase miró el video, era una parte instrumental en la que estaban en ese momento pero sabía que escena tocaba después y le brillaron los ojos sonriendo malignamente.
 
– Me da miedo esa cara – dijo Shigeru riéndose, mientras Nagase se sentaba en la mesa de té frente a la chica, con el micrófono en una mano y agarrándole a ella del mentón con la otra para acercar su cara a la suya. Le cantó la escena entera mirándola a los ojos y a la boca, con la misma expresión que en el video y los mechones de pelo cayéndole sobre los ojos.
– Creo que le va a dar algo malo – dijo Taichi señalándola, la chica respiraba totalmente acelerada, hipnotizada por los ojos negros de Nagase.
– ¿Nos hará falta un médico? – dijo Mabo siguiéndoles el juego y riéndose, observándolos.
 
A Nagase no le dio tiempo a terminar la estrofa entera, la chica le agarró del cuello de la camisa y tiró de el, que dejó caer el micro hacia un lado y la besó fuertemente en los labios poniéndose de rodillas en el suelo frente a ella y abrazándola por la cintura. Lo que ella quería realmente era meterle la lengua hasta la campanilla, literalmente, pero ya le parecía suficiente falta de respeto a los demás lo que estaba haciendo. Pero es que… tampoco le ponía las cosas fáciles. Cuando se pudo controlar se separó de él, que se rió, se puso de pie y saludó al público porque acababa de terminar la canción.
 
– Ha sido la mejor interpretación de sorafune de la historia – dijo Tatsuya sonriendo.
– Oye Shigeru – dijo Taichi – ¿Tenemos las habitaciones? Estoy muerto de sueño… – El alcohol los tenía derrotados, aunque ella se sentía llena de energía, sobre todo después de lo que había pasado.
– Sí, tenemos que ir a recepción a preguntar – dijo Shigeru, también medio dormido.
 
Se levantaron e intentaron que todo quedara un poco presentable, dentro del desorden reinante que quedó a su paso. Salieron, Nagase aún tarareando sorafune y sonriéndole de vez en cuando. No sabía que iba pasar esa noche, aunque estaba casi segura de que iba a conseguir lo que pretendía no podía asegurar al 100% que el fuera en serio con eso de tener sexo con ella. Siempre pecaba de desconfiada y de insegura en todo y hasta que no tenía las cosas en la cara, no las admitía.
Mientras Shigeru pedía las habitaciones puestas a su nombre, sintió como la mano de Nagase le rozaba el trasero, agarrándoselo y pellizcándoselo. Ella le miró, hacía como si la cosa no fuese con él, haciéndola reír. Una señora los acompañó a sus habitaciones: eran 6 pequeñas, una para cada uno, todas con los futones extendidos. Se pararon al ver que Mabo no estaba. Le vieron al final del pasillo, hablando con la chica extranjera que ya estaba lista para irse a dormir a su cuarto. De repente, la cogió de la mano y la metió en su cuarto. Antes de cerrar la puerta corredera de su habitación, les guiñó un ojo. Nagase dio una carcajada y se puso a hacer gestitos con Taichi. Se metieron cada uno en su habitación, dándose las buenas noches y lamentando que no hubiese una habitación grande para todos. Ella les despidió sintiéndose un poco decepcionada, ya que no era lo que se esperaba. Se metió en su habitación y se empezó a quitar la ropa para ponerse el yukata. Era la primera vez que se ponía uno, así que le costó un poco y también era la primera vez que dormía en un futón y en una casa tradicional. Era una habitación muy sencilla, muy vacía. Abrió la ventana y dejó que la luz de la luna entrara en el cuarto. Aunque hacía frío, debajo de las mantas estaba realmente calentita y lo suficiente iluminada para dormir tranquila.
De repente, verse en ese silencio después de estar con ellos todo el día, le hizo sentirse realmente sola. Apagó la luz y se metió en el futón, boca arriba. No se escuchaba ningún ruido, a parte de los vagos ecos que llegaban de la recepción y el comedor. No podía dormir, estaba muy molesta, sus sospechas referentes a Nagase se habían confirmado. Solo estaba tonteando. En fin… si no estaba para ella acostarse con él, tampoco podía hacer nada… De repente empezó a escuchar un ruidito constante, y a ese ruidito se le añadieron unos gemiditos tímidos. Era Mabo con esa chica, se moría de la envidia. Esa debería ser ella, llevaba todo el día tonteando con Nagase y ahora se tenía que contentar con escuchar a alguien hacer el amor.
Se estaba empezando a desesperar cuando oyó que algo se arrastraba, como si se abriese y se cerrase una puerta corredera. Cerró los ojos con fuerza y deseó que los pasos que se escuchaban por el pasillo se parasen en su puerta y efectivamente, volvió a escuchar ese sonido de arrastre pero esta vez en la puerta de su habitación. Sintió que se movían cerca de ella y que se tumbaban a su espalda. El corazón cada vez le latía más rápido y se hizo la dormida, para jugar un poco. El olor a fresa le hizo abrir los ojos.
___________________________________________
*Gambare: ¡Animo!
*Sugee: Genial!
*Temerra!!: Cabrones!

 
Oyasumi!

 

Tenía la cara de Nagase junto a la suya, le miraba de lado y sonriente, apoyado en una mano y tumbado en su futón sin taparse. Tenía un chicle en la boca, de fresa por el olor, y el yukata puesto pero no cerrado del todo. Ella se rió pasándose una mano por los ojos. Había venido, lo tenía al lado, en su cama, y sobraban las palabras. De un bolsillo del yukata sacó el envoltorio de la goma de mascar, se la sacó de la boca y lo tiró a un lado después de envolverlo. Levantó la manta y se metió dentro del futón, agarrándola por las caderas y pegándola a su cuerpo, mirándola a los ojos. Ella apenas podía respirar de lo excitada que estaba, y eso que aún no había empezado a tocarle.
 – Quiero hacer esto realmente despacio – dijo él pasándole los labios por el cuello y mordiéndole el lóbulo de la oreja – quiero disfrutarlo, llevo deseándolo todo el día – le dijo al oído con una voz que le hizo mojar las bragas de tal manera que pensó que tenía que cambiarse. Y seguía sin haberla tocado aún.
– Hazme lo que quieras, senpai – le dijo ella susurrando y metiendo las manos por dentro de su yukata. Tocándole el pecho, clavándole las uñas cuando el le mordía el cuello.
Le empujó y le pasó una pierna a cada lado de su cintura, intentando abrirse el yukata que tanto le había costado cerrar. El se sentó, le aparto sus torpes manos y siguió desvistiéndola, muy despacio y comiéndosela con la mirada. Al bajarle el yukata por los hombros, dejando sus pechos al aire, suspiró y se pasó la lengua por los labios. Le puso una mano en la nuca y la otra en la cintura desnuda y la besó profundamente. ¡Por fin saboreaba su lengua! Apenas podía respirar de lo intenso que era el beso y de lo fuerte que la abrazaba. Besaba increíblemente bien, ella no paraba de morderle los labios y él la agarró del pelo, intentando en vano besarla más profundamente de lo que ya lo estaba haciendo. Ella empezó a mover sus caderas contra las suyas, agarrándose con las piernas a su cintura. El subió las manos hasta sus pechos, pellizcándole los pezones con fuerza y haciéndola gemir un poco. Sacó las piernas de debajo de la chica y se tumbó sobre ella que le quitaba el yukata sin dejar de besarle. No tenía nada debajo. La agarró de las caderas y se empezó a rozar con ella, por encima de sus braguitas y volviéndola loca con la sensación. Nagase estaba totalmente excitado, hacía ruiditos roncos de placer mientras ella le mordía el cuello, salado por el sudor.
          El chico se puso de rodillas y tiró de sus bragas, quitándoselas y dejándola totalmente desnuda a ella también. Se quedó mirándola de arriba abajo mientras se tocaba a si mismo despacio, pasándose la lengua por los labios. Le rozó la entrepierna con un dedo, mirándola a los ojos. Puso el dedo gordo en su clítoris y presionó, haciéndola retorcerse del placer. Se agachó y pasó su lengua despacio, de abajo a arriba por su sexo. Ella le agarraba del pelo y le miraba, tenía los ojos cerrados. No sabía cuantas veces se había imaginado eso cuando se daba placer a solas a si misma, pero desde luego era mucho mejor sentirlo en la realidad. Le rozaba suavemente con su lengua, cambiando la dirección y la presión, volviéndola totalmente loca. La chica se mordía el labio pero no podía evitar gemir de vez en cuando. Cuando aceleró el ritmo y la presión de su lengua, ella apenas podía respirar. Jadeaba sin parar hasta que llegó a un orgasmo tremendamente intenso que llevaba reteniendo desde esa mañana y  que le hizo gritar su nombre entre dientes.
Subió besándole la barriga, pasando su lengua por sus pezones erectos y mordiéndoselos, mirándola a los ojos. Siguió besándola por el cuello, su mentón, la comisura de la boca y finalmente le besó los labios con pasión. Se separó de ella y le metió dos de sus largos dedos en la boca, que ella chupó totalmente excitada. Bajó su mano hasta su entrepierna y le metió ambos dedos despacio, dentro de ella que le agarraba del cuello mordiéndose el labio y levantando las caderas. Comenzó moviendo sus dedos despacio, mirando su expresión extasiada de placer y mordiéndole los pezones de vez en cuando. De repente se puso de rodillas y empezó a mover su mano tan fuerte que la chica tuvo que morderse un dedo para que no se escucharan demasiado sus gemidos. Le estaba tocando justo donde tenía que hacerlo, el placer era tan intenso que no podía parar de mover las caderas. Le miró, él también se estaba tocando mientras la tocaba a ella y la miraba de arriba abajo.
          Ciega de lujuria, se incorporó en el futón y se arrodilló ante él, agarrando su tremenda erección y pasando la lengua despacio de abajo a arriba. Jugó dando vueltas a su lengua por la punta de su miembro mientras resoplaba y daba graves y cortos gemidos de placer. Nagase le puso una mano en la cabeza a la chica e hizo que se metiera su miembro en la boca, despacio, siempre con cuidado de no hacerle daño con los dientes. Tuvo un espasmo que le hizo doblarse hacia delante cuando ella aumentó el ritmo. La agarraba fuertemente del brazo mientras que con la otra mano le aguantaba el pelo. Cuando notó que su miembro estaba más duro de lo normal y que él jadeaba con los labios apretados, paró. El la miró, totalmente excitado, la lujuria reflejada en sus ojos.
La empujó por los hombros y la tumbó en el futón, de frente a él, y tiró de ella por sus caderas pegándose todo lo que podía. El seguía de rodillas, agarrándose la erección y rozándose con sus labios menores, empapándose en la excitación de la chica. Se inclinó un poco sobre ella y con su mano, fue penetrándola despacio, con los labios entre abiertos y los dientes apretados mientras susurraba“Kimochi…”. Sentía la presión que hacía en ella, sentía como su cuerpo pedía a gritos que entrara, pero no quería moverse, quería dejarle a el que le hiciese lo que quisiese. No la penetró hasta el fondo, solo se movía un poco dentro de ella, volviéndola loca, lamiendo sus labios y jadeando uno en la boca del otro. Ella le miró a los ojos y le susurró gimiendo:“Fukaku… Tomoya …”
La agarró de las caderas fuertemente y la penetró hasta el fondo, jadeando con fuerza y cerrando los ojos con las cejas arqueadas. La penetró bruscamente una y otra vez, ella se agarró de sus hombros y se los mordió, pasándole las piernas por la cintura para que se tumbase sobre ella. Le sentía dentro, le estaba dando un placer indescriptible, un orgasmo se le unía con el siguiente y no paraba de disfrutar. Nagase le susurraba en el oído sin parar“Kimochi”y su nombre, que cada vez que lo escuchaba de sus labios la hacía derretirse.
De repente se puso de rodillas de nuevo y la puso de espaldas a el, levantándole el trasero hasta su altura y agarrándola de la cintura. La volvió a penetrar, agarrándola con fuerza con sus grandes manos. La embestía violentamente sin parar mientras la agarraba del pelo y la chica tuvo que morder el futón para que no se enterasen de sus gemidos todo el albergue. Lo sentía muy dentro de ella, incluso le dolía un poco, pero era una sensación tan intensa como placentera. No quería que parase nunca. Nagase la puso derecha, haciendo que se sentase sobre el con una pierna a cada lado de su cuerpo y siguió penetrándola de espaldas. Le mordía el cuello y le agarraba los pechos con fuerza mientras ella movía las caderas despacio. El bajó su mano hasta su clítoris y empezó a tocarla, estaba tan sensible que se hacía hasta insoportable, pero los orgasmos empezaron a ser mucho más intensos.
Entonces, ella le susurró “Hayaku” varias veces hasta que aumentó de velocidad. También notó como el crecía en su interior y que la apretaba más fuerte de lo normal. El le susurró en el oído “i-ku…” con los dientes apretados y ella sabía lo que venía, ya lo había notado antes de que se lo dijese. La agarró de las caderas, y la giró poniéndola frente a él tumbándose sobre ella de nuevo y besándola apasionadamente. La penetró profunda y fuertemente varias veces, con el cuerpo totalmente tenso y gimiendo en su oído mientras ella le clavaba las uñas en la espalda. Le sintió desbordarse en su interior, creía que era la mejor sensación que había sentido nunca.
          Cuando acabó, se tumbó a su lado, pegándola a su cuerpo para no sacar su miembro de dentro de ella. Seguía apretándola contra él, jadeando, totalmente exhausto. Ella le apartó el pelo de delante de los ojos y observó su rostro a la luz de la luna, relajado, sudoroso, satisfecho. Era tremendamente guapo, le pasó un dedo por el lunar que tenía junto a su ojo izquierdo, siempre había querido tocarlo. También le pasó los dedos por el contorno de su mandíbula, le encantaba, era simplemente el rostro perfecto. Abrió los ojos y la miró, clavándole esa intensa mirada que hacía que algo saltara en su estómago. Pensaba que como siguiese un par de días más a su lado terminaría tan enamorada de él que si no lo tenía cerca no podría ni respirar, pero como eso tampoco iba a pasar, no se preocupó más que por lo que tenía delante, tenía que vivir el momento.
 – Nunca había estado con una mujer que se moviese tanto – le dijo sonriendo
– No tengo yo la culpa de que las japonesas sean unas estiradas que no se mueven cuando hacen el amor. – Pegó una carcajada tan grande que escuchó como le llamaban la atención del cuarto de al lado, mandándole a callar. Si las paredes eran tan finas…
– Se han tenido que enterar de todo – dijo él, como leyéndole el pensamiento
– ¿Y con qué cara les miro yo mañana?
– Con la que tienes – dijo, pasándole el dorso de la mano por su mejilla.
– No hagas esas cosas – le dijo ella, totalmente embobada mirándole
– ¿Por qué?
– Vas a hacer que me enamore de ti, y eso no es bueno
– ¿Por qué no es bueno?
– Porque mañana nos vamos a separar y yo tengo que volver a mi país pronto.
– ¿De verdad TIENES que volver a tu país?
– ¿Me estas sugiriendo que me quede contigo?
– Te lo estoy pidiendo – dijo besándola – creo que es amor a primera noche de sexo.
 Ahora la que dio la carcajada fue ella, en eso no podía estar más de acuerdo, había sido la experiencia sexual de su vida. Se quedaron mirándose en silencio, sonriendo. El seguía acariciándole la cara y de repente empezó a cantar en susurros “Kimi dake ni” Ella le miraba con los labios entre abiertos, era como un sueño del que no quería despertar, pero con las caricias se le cerraban los ojos y tampoco quería dormirse. Pero sin poder evitarlo se quedó dormida, acurrucada junto a él y con una sonrisa, como hacía tantísimo tiempo que no dormía.
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