Heat

Este es mi segundo fanfic en el que los miembros de TOKIO son los protagonistas, y una chica, por supuesto.

Bueno, en realidad es más de una chica. Son un grupo de amigas que se van a Japón de vacaciones y terminan en un albergue de mala muerte. Y allí conocen a un grupo de chicos muy divertidos pero ellas, evidentemente, no saben que son famosos porque son unas extranjeras que no entienden de nada japonés. La protagonista, vamos a llamarla Ko-chan, se fija en uno de ellos en concreto y parece ser que es reciproco.

Iba a ser una historia corta, de 4 capitulos como Holidays, pero al final termino siendo 3 historias de 4 capítulos cada una. Me puse a escribir y no pude parar, las cosas de la vida… Os dejo una imagen que hice con el photoshop de andar por casa que sé, y que viene bien para la historia. Podría ser alguna escena.

Así, con estos pelos, es como me lo imagino durante todo el fanfic. Para que os metáis en la historia mejor.

(efectivamente, a Nagase le gustan las camisetas de Rugby xD)
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PARTE 1

 1

El lugar dejaba tanto que desear que le entraron ganas de tirarse de los pelos. No solo tuvo que pasar por un viaje movidito y larguísimo, encima el hostal no era lo que decían en los anuncios de Internet. Era bastante peor. Estaban aún en recepción pero saltaba a la vista que se encontraba en un estado deplorable. Sus compañeras de viaje comprobaban la reserva mientras ella sacaba el dinero. Le hacía mucha ilusión estar en Japón y todo el tema, pero estaba tan cansada que solo quería irse a la cama. Además hacía un calor horroroso. Se quitó la chaqueta, quedándose solo con una camiseta de tirantes y sintiendo la mirada del recepcionista clavarse en su escote. Suspiró y se sentó en unos sillones situados justo detrás de ella. Justo enfrente ascendían las escaleras que daban a las habitaciones y el pasillo a su derecha daba al comedor, del que les venía un escándalo de voces. Tendría que ser un grupo de chicos muy revoltosos para la que estaban formando con sus carcajadas. Aunque no sonaban para nada a voces de adolescentes, más bien de adultos. Se quedó con la duda porque sus compañeras la llamaron para, por fin, subir a las habitaciones. El dormitorio se componía de un buen puñado de literas colocadas de forma y manera que no cabía otra cosa que no fueran ellas y su equipaje. El grupo lo conformaban cuatro chicas, de veintiuno la más joven a veintinueve la más mayor. Ella tenía veinticinco y no sentía que le quedaran cinco años para los treinta. Se sentía mucho más joven y con ganas de comerse el mundo. Aunque en ese momento lo único que quería ver de cerca era la almohada. Se turnaron para ir al servicio y a ducharse la que quisiese. Ella se dejó para el final.

– Hay un grupo de tíos que no paran de armar jaleo a dos habitaciones de aquí, se lo parecen estar pasando bien, ¿nos acercamos? – propuso una de sus amigas al venir de la ducha.

– Haced lo que queráis, yo de momento voy al servicio – Se levantó de la cama, cogiendo la llave de la habitación.

– Es la habitación 217, pásate, no seas tonta. Ya descansarás, mujer.

Las dejó llamando a la puerta de esos tipos, presentándose. En el servicio se cambió de ropa, poniéndose unos pantalones mucho más cortos y frescos que los que llevaba y una camisa de tirantas más fina aún. El hostal carecía de aire acondicionado, se moría de calor así que se mojó el pelo inclinándose en la ducha. Observó el cuarto de baño mientras se secaba; Solo consistía en una habitación cuadrada con un váter, un lavabo con su espejo y una placa de ducha más bien antigua. Las paredes fueron pintadas de un color verde pistacho lo que parecía hace siglos y las losas estaban levantadas casi todas. Esperaba no encontrarse con arañas ni nada parecido en la cama.

            Desde donde estaba escuchaba el jaleo que tenían formado. Esperaba que después cerrasen la puerta porque ella quería dormir. Giró la esquina que daba al pasillo de las habitaciones y se chocó de frente con un hombre altísimo, haciendo que casi toda la ropa y aparatos que llevaba en las manos se le cayesen al suelo.

– Lo siento mucho – se disculpó de inmediato con una voz grave y se agachó a recoger sus cosas. Ella se quedó de pie agarrando como podía lo que no se le había caído – ¿Quieres que te ayude con eso?

– No hace falta, ponlo aquí – señaló con la barbilla el montoncito de cosas que tenía en las manos.

– ¿Tú también eres de la 209?

– Eh… sí – Lo primero que se le vino a la mente al mirarle fue lo bonita que era su boca.

– Venga, te llevo esto. Ya que te lo he tirado al menos deja que te ayude.

Observó a ese hombre de espaldas camino a su dormitorio. Los mechones de su pelo caían desordenados, ondulados y negros, se notaba que era de estos momentos en los que a un hombre le estaba creciendo por dejárselo largo a propósito. Pero le quedaba bien. No era para nada feo. Abrió la puerta con una mano y entró en la habitación seguido de ella que fue hacia su cama a soltar las cosas.

– Gracias – Le sonrió, recuperando el resto de las manos de ese hombre.

– No es nada, ¿vas ahora a nuestra habitación? Tus amigas están allí.

– Ahm… – Ahora que lo miraba con más detenimiento se daba cuenta de que no es que no fuera feo, es que era mortalmente guapo. De estos hombres que son tan atractivos que da hasta vergüenza mirarlos.

– Tus amigas han dicho que estás cansada, pero podrías pasarte si quieres.

– No… no gracias. En otro momento. Acabo de venir de un vuelo de 15 horas.

– Nosotros estamos aquí mañana por la noche también. Espero que estés descansada y nos vemos. – Le sonrió. Ella se derritió y le devolvió la sonrisa más estúpida que sabía poner.

– Vale – Genial, estaba quedando horrible, ¿qué tenía? ¿15 años?

– Oye – se giró al llegar a la puerta de la habitación – Iba a fumarme un cigarro tranquilo. Con estos uno no puede tener ni un momento de descanso. Si quieres venir…

– No sé – La miraba con una ceja levantada, esperando la excusa – Ahora que lo dices tengo un poco de hambre

– Vale, tú ve bajando, voy a por una cosa a la habitación.

Suponía que sus amigas se iban a quedar hasta tarde con los otros chicos, las conocía y les encantaba una fiesta. De ella no se podía decir lo mismo y además con gente nueva, en un país extranjero… Y si encima tenía en cuenta su aspecto físico, menos ganas le daban de que la viesen. No es que se valorase mucho en realidad, ya le costaba estar junto a ese chico sin sentirse un tanto incómoda. Cada vez que le miraba no podía evitar preguntarse en qué demonios estaba pensando para querer estar con ella. Debía estar realmente aburrido. Al llegar a recepción vio que podía comprar botes de ramen instantáneo y que en la cocina podía usar un calentador de agua, así que tenía la cena resuelta. La cocina daba a un jardín trasero no muy grande, pero con el calor que hacía se agradecía enormemente el frescor de la noche. No vio a nadie, suponía que debido a la hora que era, y se sentó en el escalón con el bote de ramen a esperar a que estuviese listo.

– ¡Aquí estas! – escuchó su voz a su espalda – Qué bien se está aquí – se sentó a su lado, dejando en el suelo una guitarra.

– Me voy a morir de calor con esto, pero era lo único que se me apetecía – Le enseñó el bol de ramen

– ¿Te molesta si fumo? – negó con la cabeza al verle sacar el cigarro.

Lo encendió y se lo dejó en la boca, cogiendo la guitarra. La trataba con mucha delicadeza y suavidad, casi la mimaba. Pasó sus dedos por las cuerdas y al hacerlas sonar puso un gesto de desagrado. Solo le llevó dos minutos afinarla, el tiempo que tardó el ramen en estar listo.

– ¿Alguna petición? – Se quedó con el ramen de camino a la boca, negando con la cabeza.

– ¿Hace mucho que tocas la guitarra? – Le preguntó ella al escuchar los primeros acordes de una canción que desconocía. Dio una carcajada.

– Unos años, sí. – La chica se le quedó mirando extrañada – Es una de las cosas que más me gusta hacer, tocar a esta hermosura. Bueno, tengo otra hermosura esperándome en casa.

– Ah – Ya decía ella, era imposible que no tuviese a una chica en casa.

– Me encanta montar en ella, es tan emocionante… se siente tan bien, tan libre.

– ¿Estamos hablando de una persona? Porque en ese caso me estás contando demasiado, la verdad.

– ¿Qué? No – apartó la idea con la mano – Es mi moto. Es mi niña mimada. No hay ninguna niña de carne y hueso a la que mimar ahora mismo.

Se encogió de hombros y siguió tocando. Empezó a susurrar la letra de una canción que tenía pinta de sonar muy bien. Se comió el ramen escuchándole y observándole absorto en la canción, tocando más para sí mismo que para ella con una voz bastante bonita además, ¿es que era perfecto o qué coño estaba pasando? Cuando acabó y miró el cigarro dio una carcajada, se había consumido solo.

– Erais tú y tus compañeros los que estabais antes riéndo en la cocina, ¿verdad?

– Si – Se rascó la cara, pestañeando dos veces con fuerza. Supuso que era un tic y le pareció de lo más adorable – ¿Hicimos mucho ruido?

– Algo escandalosos sí que sois.

– Es que cuando tenemos un tiempo para estar juntos y a solas nos descontrolamos, si ya lo hacemos cuando trabajamos ahora que estamos a nuestro aire se nos va de las manos.

– ¿Os conocéis de hace mucho tiempo?

– Si, unos… dieciocho años más o menos.

– Vaya, toda la vida prácticamente.

– En los momentos importantes de la vida sí que hemos estado juntos, eso es verdad ¿Y tú? Tus amigas son también bastante escandalosas, ¡Y extrovertidas!

– Si, nos pasa más o menos lo mismo que a vosotros cuando estamos juntas y bueno, en mi país tendemos a hablar más fuerte de lo normal, nos lo dicen en todas partes.

– Sois totalmente diferentes a las japonesas desde luego, tanto de manera de actuar como físicamente – Le echó un vistazo rápido señalando con un dedo el camino que hicieron sus ojos. La chica sonrió incómoda, mirando al suelo con los codos apoyados en las piernas y mordiéndose las uñas – ¿Te he ofendido? Lo siento mucho

– No te preocupes, si es verdad – admitió sin mirarle porque tras ese comentario no se le apetecía en absoluto estar allí. Qué horror, que vergüenza. No hacía falta ser tan directo.

– Pero no era mi intención – se agachó hacia ella, entrando en su campo de visión – Era más bien lo contrario.

La chica le miró aún con la mano ante la boca, directamente a los ojos. Tenía una mirada intensa, penetrante. Le daba la impresión de que ocultaba algo de lascivo tras esos ojos oscuros, como si pudiera desnudarla con la mirada. La observaba en silencio, con una sonrisita traviesa. Parecía estar averiguando lo que ella estaba pensando. Se pasó la lengua por los labios, fue un gesto rápido pero hizo que el corazón le empezase a latir desbocado en el pecho. Quería besarle, quería tocarle, quería agarrarle del pelo y hacerle barbaridades allí mismo. Pero no lo conocía de nada, a saber quién era y qué escondía realmente tras esos ojos negros. Escuchó voces que se aproximaban a la cocina, risitas por lo bajo. Muy a su pesar, apartó la vista del que tenía al lado y miró atrás, saludando a sus amigas que la miraban desde la cocina riendo tontamente.

– ¿No decías que tenías sueño mentirosa?

– Y estoy cansada, pero me entró hambre.

– ¡Ya! ¡Hambre! – rio otra de sus amigas en su idioma. El desconocido las miraba con una sonrisa en la cara pero sin entender nada.

– ¿Y que hacéis vosotras aquí?

– Cenar, como tú – Una de ellas le enseñó el ramen que tenía en las manos – Bueno, como tú no – Miró a ese tipo descaradamente.

– ¿Y los demás? – preguntó él.

– Se han quedado en el cuarto, estaban preguntando por ti. Eres Tom san, ¿no?

– ¿Tom san? – Tras una sonrisita divertida dio una carcajada aguda y breve – Supongo que sí.

Se puso en pie con la guitarra en la mano y la chica se le quedó mirando. ¡Maldita sea la hora a la que a sus amigas se les ocurrió presentarse en la cocina! Aunque en realidad mejor, no sabía lo que podría haber pasado, al menos por su parte. El chico le ofreció la mano para que se levantase y ella se la cogió sonriéndole. Eran unas manos cálidas, enormes y fuertes, unas manos que te podrían obligar a hacer cualquier cosa. Sintió que la sangre se acumulaba en sus mejillas, tenía que dejar de pensar de esa manera, pero es que no podía evitarlo.

– Entonces, espero encontrarte mañana por aquí, he pasado un rato agradable.

– Yo también – se le escapaban las sonrisas, se sentía estúpida – Buenas noches – Le sonrió una vez más y se despidió de las demás chicas con la mano. Una vez escucharon que subía las escaleras, sus amigas fueron hacia ella riéndose y dándole golpes.

– ¿Se puede saber qué era eso? ¿Qué coño ha pasado?

– ¡Ligonaaa! Anda que calladito te lo tenías…

– Dejaos de tonterías, no ha pasado nada, solo hemos hablado un ratito y él ha tocado la guitarra mientras cenaba.

– ¿Ha tocado para ti? – Se miraron entre ellas con una sonrisa más amplia.

– No para mí, para él. Dejadlo ya que parecéis tontas – Tonta parecía ella, que no podía parar de sonreír como una idiota.

– Di lo que quieras pero te tiene loca.

Ignorando a las petardas de sus amigas fue hacia el piso superior, pero antes de irse a la cama fue al servicio, evitando la molestia de levantarse por la noche. Llamó a la puerta y al ver que no contestaba nadie, la abrió. Se quedó paralizada al ver que Tom estaba dentro, delante del espejo y secándose el pelo con una toalla. Solo tenía puestos unos pantalones de chándal y unos cascos, escuchando música. Se volvió al darse cuenta de su presencia en la puerta.

– ¡Lo siento! No contestaba nadie, lo siento – Mientras que a ella parecía que se le iba a salir el corazón, él estaba de lo más tranquilo por mostrarse medio desnudo.

– Ah, no, no pasa nada, no me he enterado – se quitó los auriculares – Ya mismo acabo – cogió una bolsa llena de ropa del suelo, dejando caer la toalla en sus hombros. Para salir del servicio tuvo que pasar muy pegado a ella, el pasillo era muy estrecho. Se paró mirándola de frente, aunque más bien era hacia abajo porque le llegaba a la altura a los hombros – Ten cuidado con el pestillo, lo he echado y has abierto sin problemas, creo que está roto.

– Lo tendré en cuenta – Le caían los mechones azabache despeinados ante los ojos y aún tenía la piel húmeda de la ducha. La miraba con los labios entreabiertos. Parecía que quería decirle algo, pero no lo terminaba de hacer.

– Buenas noches, Ko-chan – Se despidió tras una breve risita.

¿Ko? ¿Le acababa de llamar pequeña? La verdad es que no le había preguntado ni su nombre y ella sabía que se llamaba Tom por lo que habían dicho sus amigas. Si no fuera por eso, no sabría de él más que lo que habían hablado en una hora, o lo que era lo mismo, nada. Y aun así, esa noche se acostó visualizando su sonrisa, sus manos, y el sonido de su voz.

 

2

Al día siguiente se levantó de un humor excelente. Ni se inmutó cuando sus compañeras entraron en la habitación porque quedó dormida al instante. Terminó de arreglarse la primera, como siempre, así que se marchó al piso de abajo. Miró en la cocina y en todas partes, pero los chicos no estaban. Fueron a ver la ciudad como buenas turistas que eran, sorprendiéndose con todo y con lo diferente de sus costumbres, paisajes y gastronomía. Se apuntaron a una excursión al campo, echaron muchísimas fotos y volvieron cuando empezaba a caer la noche, reventadas. Nada más entrar en el hostal escuchó el mismo jaleo que la noche anterior. Las chicas se miraron sonrientes y fueron hacia la cocina, pero las agarró de los brazos.

– Espera, ¿y si los incomodamos? A lo mejor quieren estar solos.

– No seas tonta, vamos a cenar con ellos.

– Eso, puede ser que mañana ya no estén y me han caído muy bien.

Sin estar muy segura de si la idea era buena las siguió. Ella también quería estar con ellos, bueno, con ellos no, con Tom. Pensó en el más veces de las que le hubiera gustado en el día y realmente estaba deseando verle de nuevo. Cuando entraron en la cocina los encontraron riéndose a carcajadas, grabándose con una cámara de video. Se desinfló al ver que Tom no estaba… Al verlas entrar las saludaron muy alegremente, haciéndoles una fiesta. Uno de ellos, alto, con el pelo de punta y gafas, se levantó y les dio un abrazo una a una.

– Esto es lo que hacéis en Europa, ¿no?

– En realidad es así – Su amiga se agarró de sus hombros, dándole dos besos.

– No me voy a acostumbrar a esto nunca – Se pasó la mano por los ojos, riéndose avergonzado.

– Coged sillas y sentaos por aquí, ¿habéis cenado? – preguntó el más bajito de ellos.

– No, íbamos a cenar ahora.

– ¡Ah! A ti no te conocemos – Un chico teñido de rubio y con dos pendientes en la oreja izquierda le dedicó una sonrisa muy bonita al percatarse de su presencia.

– ¡Ko chan! – Tras un salto mortal de su corazón se dio la vuelta. Tom le sonreía con lo que parecían 5 bentos en las manos.

– ¡¡Aaaaaaahhh!! Ko chaaan – La comprensión llegó a los ojos de sus compañeros pero sus amigas parecían contrariadas, no se enteraban de nada. Y ella también estaba confusa, ¿les había hablado de ella?

– Hola – Le saludo inclinándose y riéndose con la reacción de los demás y la de Tom, que parecía molesto – Deja que te ayude.

– Pero ten cuidado, como se caigan te matan – Le dio los dos bentos de arriba. Tenían los nombres escritos en la tapa: “Shigeru”, “Nagase

– No nos atreveríamos a tocarle un pelo a Ko-chan – Admitió el de las gafas

– ¡¡Urusai!! –Tom le puso de malas maneras un bento delante con el nombre “Mabo”. En el del chico rubio ponía “Tatsuya” y en el otro, que pertenecía al bajito, ponía “Taichi” – Gracias – Tom cogió el que ponía “Nagase”, dándole al que parecía más mayor de ellos el que decía “Shigeru”. Cuando abrieron los bentos y vieron la comida, no pudieron evitar que se les hiciera la boca agua, asombradas con la buena pinta que tenían.

– Sentaos por aquí, podemos compartirlos – propuso Taichi.

Las chicas cogieron palillos de la cocina y se sentaron. Dos de ellas entre Mabo y Taichi, la otra entre Mabo y Shigeru. Solo quedaban dos sillas, una frente a Tom y otra a su lado, entre él y Tatsuya. Tenía intención de sentarse a su lado, pero una de las chicas, la más mayor, fue más rápida. Intentando que no se le notase el fastidio se sentó frente a él, entre Taichi y Tatsuya.

– ¿Entonces? – Le preguntó su amiga – ¿Que te llamo Tom, o Nagase?

– Nagase – Se inclinó con una sonrisa. Sintió celos, celos que no debería sentir porque eran totalmente sin fundamento. Pero es que ella sabía que le gustaba, no entendía qué estaba haciendo.

– Dile a tu mujer que muchas gracias Tatsuya – Shigeru comía entre gestitos de placer.

– Qué suerte tienes – admitió Taichi probando la carne – ¡UMAI! Está buenísimo…

– Coge lo que quieras – Le ofreció Tatsuya – Mi mujer siempre se pasa haciendo estas cosas y hace de más.

– Muchas gracias – Le daba un poco de apuro comer del bento que le había preparado su mujer, pero tenía tan buena pinta y ella tantísima hambre…

– ¿Os ha gustado la ciudad? – Les preguntó Taichi. Asintieron, explicando cada una lo que más le había gustado.

– Y todo el mundo es muy amable – Añadió la que estaba sentada junto a Tom – Y siempre es agradable estar con gente así – ¿Era cosa suya o le estaba poniendo ojitos? No lo sabía, pero no se sentía con oportunidades ante ella, era más espectacular en todos los sentidos y siempre se llevaba de calle a quién le gustase. Si le había puesto la vista encima a Tom y era recíproco no tenía nada que hacer. De serlo tampoco querría meterse.

– ¿No te gusta? – Le preguntó Tatsuya señalando la comida.

– ¿Eh? No, está muy bueno – Su problema era que sus sentimientos siempre se le reflejaban en la cara, no podía evitarlo.

Mientras comían, Tatsuya, que parecía el más tranquilo de todos, charlaba con ella. Descubrió que sus compañeros le decían Gussan, que le gustaba el surf y que era padre de 2 niños. Ella también le contó sobre sí misma, sin quitarle la vista a su amiga que no paraba de intercambiar miraditas con Tom. Se estaba poniendo mala, rabiosa, incluso un pelín tristona. Es que también parecía tonta, ¿se comportaba así con todas o solo estaba siendo amable? Se había dejado llevar por una cara bonita y un tonteo casual y ya había perdido la cabeza. Todos charlaban con todos muy animados, pero ella no se sentía con ganas de estar allí. Por eso no le gustaba estar con gente, siempre se terminaba sintiendo fuera de lugar. Pero no pensaba irse, quería ver con sus propios ojos si pasaba algo, y ya hablaría con su amiga porque menudo feo le estaba haciendo. El que tampoco abría la boca era Tom, escuchando en silencio y riéndose de tanto en tanto.

– Oe, ¿por qué estás tan callada? – Le preguntó Mabo – ¿Es porque mi presencia te deja sin palabras? – se apoyó en una mano guiñándole un ojo.

– ¿Y por qué me iba a dejar tu presencia sin palabras? No sé si eso te servirá normalmente para ligar porque conmigo no tiene efecto ninguno…

– ¿Aaaahh? – La miró ofendido. Tom dio una carcajada, hablando por primera vez desde hacía un buen rato.

– Eso te pasa por intentar sacarle los colores a una gaiyin, sin ofender – Y esa era la segunda vez que la miraba en toda la noche – Ya sabes que no va con esa intención – Se le dibujó una enorme y estúpida sonrisa en el rostro al escuchar esas palabras, acordándose de lo del día anterior.

– ¿Y por qué contigo si sonríe? – Protestó Mabo. Tom se limitó a reírse encogiéndose de hombros.

– No sé ustedes – Shigeru se levantó – Pero yo me voy a acostar.

– Abuelo, no te vayas – Taichi le miró con cara de pena. Shigeru se rio un poco fastidiado pero al ver que sus amigas también le decían que se quedase se volvió a sentar.

– ¿Tú también te quieres ir? – Tatsuya se había puesto en pie, negando con la cabeza.

– Yo voy a por una cosa, ahora vengo.

– Yo también – Su amiga, la que estaba junto a Tom, se levantó y se fue con Tatsuya.

– Voy a fumar, ahora mismo vengo – Tom señaló el jardín en el que estuvieron el día anterior sentados.

Su amiga se paró a medio camino al ver que él iba hacia el lado contrario, puso una cara rara y se marchó tras Tatsuya, ¿qué pasaba? Mabo y Taichi tenían entretenidísimas a sus otras dos amigas y ella se sentía un poco de lado, aunque como siempre sería su imaginación.

– Ko-chan – Escuchó que Tom la llamaba y el corazón le dio un saltito en el pecho al verle asomando medio cuerpo dentro de la cocina desde la terraza, haciéndole gestos con la mano. Se le acercó, hecha un manojo de nervios – Mira – Le señaló al suelo, un poco alejado entre unos arbustos había un gatito. La chica se puso de cuclillas y lo llamó, maulló una vez y se le acercó despacio, oliéndola de lejos – ¡Venga ya! A mí no me ha hecho ni caso.

– Eso es porque te ve muy grande y además estás fumando, agáchate – Se puso en cuclillas junto a ella y la gata empezó a rozarse contra sus piernas.

– Kawaii… – Le rascó entre las orejas, ante lo que la gata cerró los ojos, acercándole la cabeza. No le extrañaba, ella estaría igual si le acariciase. Le miró, él ya le estaba mirando. Sintió como si se le parase el corazón del sobresalto. Volvió a mirar a la gata de inmediato.

– Tú amiga, esa tan alta que se ha sentado a mi lado, no se anda con rodeos.

– ¿Por qué lo dices? – No se lo podía creer, ¿de verdad le iba a hablar de ella?

– No sé si será algo común de tu país, pero me ha puesto la mano en la pierna, bastante arriba de la pierna.

– ¿Qué? – Su amiga sabía perfectamente que eso era ir muy rápido con japonés, pero por lo visto no le importaba lo más mínimo. Tom se rio.

– No, no es común por lo que veo. Y además creo que pretendía que la siguiese a la habitación.

– Te ha gustado, ¿eh? – Quiso hacer como la que no le daba importancia a pesar de morirse de los celos.

– Es guapa – Soltó aire por la nariz con lo que pretendía ser una risa sarcástica. Pues ya estaba todo dicho – Una pena que Gussan te haya gustado a ti, ya está casado.

– Pues sí, es una pena – Sintió cómo el chico la miraba y cómo la rabia hablaba por ella – Pero los demás no están casados, ¿no? Y Mabo es muy guapo.

– Ah, no, no están… – Escucharon a Taichi llamarles desde la cocina – ¿Entramos?

– No – No se movió a pesar de que él se puso de pie. Sentía ganas de gritarle – Me voy a quedar un rato, vete tú si quieres. Tiene que haber regresado ya a la mesa mi amiga también y querrá seguir tocándote.

No entendía por qué se estaba comportando así pero es que ya le daba igual, estaba celosa. Celosa y dolida. Se había hecho ilusiones y sabía que era su culpa pero le costaba retener sus sentimientos. Tom se quedó de pie a su lado y no se marchaba, así que miró hacia arriba. La observaba con el ceño fruncido, y cambió la expresión por una sonrisa extraña, apagada, para nada como las del día anterior. Se dio la vuelta, entrando en la cocina. Menuda había liado, ¿para qué le había preguntado si le gustaba? Se lo había buscado ella sola. Resopló y se dejó caer, sentándose en el escalón, espantando al gato y metiendo la cabeza entre las piernas, entrelazando las manos en su nuca. Le había salido todo al revés y ahora se creía que a ella le gustaba Mabo. Pero bueno, a él le gustaba su amiga, tampoco es que tuviera nada que hacer. Además era normal que le gustase, si era preciosa… Sintió que alguien andaba a su lado.

– ¿Estás bien, Ko chan? – Gussan se había sentado a su lado – ¿Qué ocurre?

– Nada, cosas mías – fingió una sonrisa, pero él le miró alzando una ceja – ¿Qué haces aquí fuera?

– No sé qué ha pasado pero Nagase también está muy serio, ¿qué te ha dicho? ¿Te ha ofendido? A veces es demasiado descarado.

– No me ha ofendido, quizás yo si le he hablado en un tono que no debería – se arrepentía por momentos de lo que le había dicho. Qué tonta y que impulsiva era.

– ¿Os habéis peleado?

– No exactamente…

– Creo saber qué pasa – Sí que era una pena que estuviese casado, de no ser por eso se habría fijado en él. Era muy lindo – A ti te gusta Nagase y estás celosa.

– ¿Te has enterado de la conversación? – Gussan se rió

– No, pero tenías la decepción pintada en la cara cuando tu amiga se sentó a su lado y no les has quitado la vista de encima en toda la cena.

– ¿Tanto se nota?

– No si no te fijas, y por él no te preocupes, es más bien lento.

– Bueno, tengo motivos para estar celosa…

– No te creas, no le está prestando mucha atención. No sé qué ha pasado pero ella ya ni se le acerca. Y si a él le hubiese gustado nos habríamos dado cuenta todos. No sabe ocultar lo que piensa y siente.

Eso cambiaba mucho las cosas, ahora sí que estaba arrepentida de lo que le había dicho. Resopló otra vez, maldito fuese su carácter impulsivo. Le escucharon llamar a Gussan desde la cocina.

– Venga, anímate, He traído sake. Me han dicho tus amigas que no bebes pero te tenía que preguntar de todas maneras.

– Puedo probarlo, pero un poco solo.

– ¡Oe! – Nagase, era su nombre de verdad así que ahora se tenía que acostumbrar a él, salió a la terraza – ¿Qué hacéis ahí los dos solos?

– Hablar – Gussan se levantó sacudiéndose los pantalones – Convence a Ko-chan de que venga con nosotros – Se metió en la cocina y cuando pasó tras Nagase le guiñó un ojo a la chica.

– Venga – Le dijo él. No le puso sostener la mirada, no se sentía contenta. Todo el asunto había hecho que su ánimo se esfumase. Aun así se puso de pie.

– Lo siento – Se inclinó brevemente ante el – No debería haberte hablado en ese tono.

– No seas tonta, no pasa nada. – Alzó las cejas pensando para sí misma que sí, pasaban, muchas cosas y en muy poco tiempo – No mires al suelo, mírame a mí.

La chica alzó la vista, se había acercado a ella tanto que se sobresaltó. Nagase soltó una breve risita dejando salir el aire por la nariz. Le agarró de la barbilla y se inclinó hacia ella, mirándola más de cerca. Sentía que se hundía en sus ojos negros.

– Creía que las occidentales no eran tan tímidas, ¿tus amigas son la regla y tú la excepción?

– No soy tímida, solo soy educada – podía sentir su cálido aliento rozando sus labios pero no le iba a dejar cachondearse de ella. Se apartó de él empujando su mano – No voy por ahí rozando piernas ajenas sabiendo que puedo ofender, lo siento, no soy así. Si es lo que te gusta ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

– Todo depende de la que sea extrovertida conmigo – se irguió, molesto con ella – Y que no te quepa duda de que si me gusta algo lo consigo. Deberías darte prisa en entrar – se dio la vuelta hacia la cocina – O tu amiga te va a quitar a Mabo.

– Pero, ¿no te hacía caricias a ti? ¿Qué pasa? ¿Ha perdido el interés? – Se acababa de disculpar y de nuevo estaba siendo de lo más borde. La boca le perdía de una manera desastrosa.

– No creo, es solo que se ha dado cuenta de que ella no me interesa. No sé qué te pasa, ayer eras mucho más agradable.

– Pues lo siento mucho si no te gusta lo que ves.

– Claro que me gusta lo que veo, baka – La miraba con una mano en la puerta de la cocina – Eso te intenté decir ayer, que me encanta lo que veo – Le miró con desconfianza, él se encogió de hombros – Pero si el que te gusta es Mabo qué se le va a hacer.

– ¡No, no, no! Él no me gusta – Al ver que ella se le acercaba se paró a medio paso, girándose y mirándola con los brazos cruzados y las cejas levantadas.

– ¿En qué quedamos?

– Es que… mira, déjalo. Da igual. Lo siento mucho – Se estaba liando ella sola y le estaba liando a él, no sabía cómo no le había mandado ya a la mierda – Estoy un poco confusa.

– Ya me doy cuenta. Vente adentro de una vez y deja de liarme – La agarró de la mano y tiró de ella hasta la cocina.

 

3

Al verla entrar, Shigeru le dio un vasito muy pequeño. Lo olisqueó, era un olor tremendamente fuerte. Sus amigas se reían a carcajadas, una de ellas tenía pinta de empezar a estar borracha. Menos mal que era fin de semana y temprano porque no era normal la que estaban montando. Todos se lo estaban pasando de miedo pero si no fuese por Gussan y Nagase no tendría ningunas ganas de estar allí. Se bebió de un golpe lo que le habían dado y se arrepintió al momento de sentirlo bajar por la garganta. Se moría, era demasiado fuerte para ella.

– ¡Tengo una idea buenísima! – exclamó Mabo mientras Gussan le daba golpecitos en la espalda pidiéndole perdón – ¡Strip Poker! – Sus amigas recibieron con alegría la proposición – Pero vámonos a nuestra habitación mejor.

– No sé qué pretende este tío – Gussan negaba con la cabeza, riéndose.

– Yo creo que es bastante evidente – Le dijo ella – Si te sientes incómodo siempre nos podemos ir a charlar si quieres. Escuchó el chasquido de lengua de Nagase.

– ¿Se te olvida que está casado?

– Ah, lo siento, la conquisté sin darme cuenta – Gussan le puso una mano en el hombro, mirando a Nagase con una sonrisa. Él los miró poniendo morritos, caminando hacia la habitación. Gussan se rio – Está celoso. Si de verdad tienes interés, yo que tú intentaba algo y ya. Mañana no estaremos aquí.

Intentaban ir por los pasillos sin hacer ruido, lo cual le pareció una tontería porque una vez dentro siguieron haciendo el mismo escándalo que escaleras abajo. Es más, Nagase cogió la guitarra y empezó a tocarla. Era otra vez una canción que no conocía. Mabo cogió dos lápices y se puso a fingir que tocaba la batería. Eran unos payasos… Tan pronto como cogió el instrumento volvió a quedarse embelesada mirándole. Se concentraba muchísimo, ajeno a las bromas de su alrededor, a las cosas que le decían, a todo. Una de sus amigas se acercó a ella y le puso la mano debajo de su boca, como si recogiese la baba que se le caía al mirarle. Todos los demás se rieron escandalosamente mientras ella se ponía como un tomate.

– ¿Qué pasa? – preguntó Nagase. Era verdad que era lento para las cosas

– ¿Jugamos o no? – propuso Taichi con una baraja de cartas francesas en la mano. Tanto ella como Gussan se negaron.

– Sois unos aburridos – Su amiga, la que tenía interés en Nagase, se acercó a él – Vamos, deja eso y vente a jugar – fue a agarrar la guitarra del mástil para que él se levantase de donde estaba, pero el chico le apartó las manos.

– No hace falta que toques la guitarra – contestó un poco borde, dejando a su amiga contrariada – Ya voy.

– La guitarra no se toca – aconsejó Mabo – Creo que sería mejor que le tocaras otra cosa que se enfadaría menos.

– Lo tendré en cuenta – Le sonrió a Nagase, que le devolvió la sonrisa a pesar de decir que no le gustaba. Le disgustó verlos tan compenetrados.

– ¿De verdad no vas a jugar, Ko-chan? – Le preguntó. Ella negó con la cabeza – Una pena…

Misteriosamente, su amiga además de seguir tonteando con Nagase como si ella no estuviese a la vez de que tonteaba con Mabo, perdía muy frecuentemente. A causa de ello ya se había quedado solo con el sujetador y los pantalones puestos, y a los 5 chicos se les iba la mirada hacia sus pechos. Lo veía una reacción normal porque eran más grandes que la media japonesa, pero a la vez le daba rabia porque los suyos sí que eran grandes. Taichi perdió un par de veces, pero Nagase se llevaba la palma. No sabía poner cara de poker y siempre le pillaban los faroles. Se había quedado en calzoncillos porque no se había quitado los zapatos. Parecía que le gustaba quitarse ropa. Eso era algo que tenía en común con su amiga, que perdió de nuevo. Cuando se dispuso a quitarse los pantalones cortos bajo la atenta mirada de Nagase, ella se puso de pie.

– ¿Dónde vas? – preguntó Gussan.

– Me voy a la ducha, no estoy cómoda aquí – susurró.

– Qué poco te gusta la gente, pero ¿vuelves luego?

– No lo sé, por si acaso no te veo me alegro muchísimo de haberte conocido.

– Y yo a ti, me llevo un buen recuerdo. Antes de irte déjame aquí escrita tu dirección de correo electrónico y si alguna vez visitas Japón de nuevo estas invitada a mi casa.

Era un encanto de persona, su mujer era muy afortunada de tenerle. Casi sin que ninguno lo notara se escabulló. Cogió una muda y las toallas de su dormitorio y una vez en el baño, mientras se desnudaba, se miró en el pequeño espejo. Entendía perfectamente que mirase a su amiga en vez de a ella, por muy grandes que tuviera los pechos no tenía el cuerpo tan bonito ni unos rasgos tan perfectos. Se metió en la ducha, que tenía pintada a la mitad una franja opaca para que no se viera a través, aunque realmente no servía de mucho. Abrió el grifo y lo puso hacia el agua caliente. Daba igual la época del año, a ella le gustaba darse las duchas ardiendo. Dio un sobresalto cuando le pareció escuchar que llamaban a la puerta.

– ¡Esta ocupado! – Cerró el grifo agudizando el oído.

– ¿Ko-chan? – preguntaba Nagase desde el otro lado, ¿qué coño quería? – ¿Te estás duchando? ¿Estás bien? Te has ido de repente y—

– ¡Si! ¡Ahora salgo!

– ¿Has echado el pestillo?

– ¡Claro que sí! – El pestillo… se acordó de lo que dijo. Cuando entre el humo vio que la puerta se abría se encogió en el sitio. Buscó la toalla, pero la había dejado apoyada en el lavabo en vez de en el borde de la ducha – ¿¡Qué haces?!

– ¿Tú qué crees? – Cerró la puerta y echó de nuevo el pestillo, tirando y empujando para asegurarse de que no se abría. Limpió el vaho del cristal de la mampara de ducha y la miró desde afuera. A esa distancia podía ver todo su cuerpo, la franja de pintura no servía de nada. Se le iba a salir el corazón por la boca.

– ¡Lárgate! – Se tapaba como podía con sus manos, pero estaba mojada y no podía evitar que le viera los pechos.

– Solo me queda por quitarme la ropa interior – Abrió la puerta de la ducha. No le miraba el cuerpo, la miraba a los ojos – Solo hace falta que me lo pidas y me la quito.

– No, ¿Qué haces? ¿Pero no estabas—

– Shhh – Se acercó muchísimo a ella poniéndole un dedo en los labios – ¿Me la quito o no? – Le agarró una de las manos y le hizo tocar su miembro.

No pudo evitar mirar hacia abajo, parecía que lo de que los asiáticos la tenían pequeña era una mentira después de todo… No es que fuese lo más grande que se había encontrado pero no estaba mal. Nada mal. Observó su cuerpo, sudoroso debido al calor que hacía en la ducha. A pesar de su constitución delgada, estaba fuerte, con los calzoncillos tan bajos que se le marcaban los oblicuos con toda claridad. Dejó de taparse a sí misma y le pasó las manos por el pecho, le miró a la cara y él seguía mirándola a los ojos. Esa lascivia escondida de su mirada ahora se le hizo evidente. No la tocaba, no le miraba el cuerpo, solo a los ojos.

– ¿Por qué no me tocas? ¿Por qué no me miras?

– No quiero ofenderte – Le dedicó una sonrisa de medio lado que le hizo tragar saliva – Ya te he dicho que no era mi intención y no pienso hacerlo.

– No me ofendes, puedes hacer lo que quieras.

– ¿Lo que quiera? ¿Estás segura de lo que estás diciendo?

– Tan segura de eso como de que te tengo delante

La agarró de los hombros y la empujó contra la pared de la ducha, que a diferencia de ella, estaba helada. Mantuvo sus manos allí, observando su cuerpo con detenimiento, despacio, parándose aquí y allá. Fue deslizando un dedo despacio por su cuerpo. Ella tenía las manos apoyadas en la pared de la ducha mientras ese dedo rozaba sus pezones, su cintura, su ombligo y sus caderas. Se llevó ese mismo dedo y uno más a su boca y lo lamió, mirándola a los ojos. Tenía unos labios gruesos, apetecibles, que rozó con los suyos sintió al tiempo que sus dedos calientes rozaban su entrepierna muy suavemente. Gimió brevemente, jadeando, clavándole las uñas en los hombros y el pecho. A modo de respuesta, le metió la lengua en la boca, besándola apasionadamente. La agarró de la nuca y aunque los besos eran fieros su mano seguía deslizándose con esa lentitud placentera. Con la misma humedad que salía de entre sus piernas, deslizó sus dos largos dedos dentro de ella muy despacio. La agarró del trasero con la otra mano, penetrándola con sus dedos profunda pero lentamente.

No podía dejar de gemir contra su boca, mordiéndole los labios y acercando las caderas a su mano, No quería que parase, ni ahora ni nunca, y sin embargo lo hizo para arrodillarse frente a ella, poniéndose una de sus piernas sobre su hombro. Le rozó levemente con la punta de la lengua, de abajo arriba, de arriba abajo, hacia los lados. Le acariciaba el clítoris con sus dedos mientras se abría paso en su vagina con su lengua. La chica se retorcía de placer, mordiéndose los dedos. Le temblaban las piernas, le costaba estar de pie. Al escucharla gemir con más intensidad la agarró de las caderas, lamiendo su cuerpo con ansias, centrándose en su clítoris. Llegó al orgasmo agarrándole del pelo e intentando, en vano, no gemir muy fuerte su nombre. Se puso en pie y le mordió los pezones, mirándola a los ojos de nuevo. Entonces fue ella la que se agachó ante él, bajándole los calzoncillos y dejando al descubierto una enorme erección. Se excitó solo de verla.

Sin tocarla con las manos, posó la punta de su lengua en la base, subiéndola muy despacio, mirándole a los ojos. Tenía la boca entreabierta y la miraba con la respiración agitada, agarrándola del pelo y apartándoselo de la cara. Cuando llegó al glande lo lamió en círculos suavemente. Respiró agitadamente cuando se la metió casi entera en la boca, doblándose hacia delante, exhalando aire bruscamente. Movía su cabeza despacio, jugando con su lengua, sus labios y con su mano, observando de vez en cuando su gesto de placer. Sentirle tan excitado en su boca la excitaba a ella también. Empezó a susurrar. Al principio no le escuchaba, pero cuando empezó a apretarle contra el entendió lo que le estaba diciendo.

– Me corro… Ko chan…

– Eso me gustaría verlo – Usó su mano en una caricia rápida, suave y constante, centrándose bajo su glande y mirándole con la boca abierta.

Abrió la boca gimiendo al sentir también su lengua y se dejó llevar. Cuando llegó al orgasmo la obligó a metérsela en la boca y la chica le dio placer como él quería. Gemía, con la espalda arqueada hacia atrás, agarrándola del pelo. Abrió el agua mientras la chica lo escupió todo en el suelo de la ducha. La levantó agarrándola por los hombros. La miró sonriente y empezaron a reírse a carcajadas.

– Me habría gustado haber seguido de otra manera, pero como te estaba gustando tanto…

– ¿Y quién dice que hemos acabado? – La abrazó de espaldas, besándole en el cuello – Esto ha sido solo el principio. Ahora nos vamos a ir a tu habitación y entonces sí que te voy a hacer lo que quiera, como me has dicho que haga.

– Pero… las chicas…

– Están con los demás y piensan quedarse hasta tarde. Además, tú tienes la llave.

Se giró y le miró sonriente. Se ducharon tocándose, besándose y mirándose. Él se quedó embobado al verla enjabonarse los pechos. Ella se reía de su expresión. Al terminar se dieron cuenta que la poca ropa que él tenía, que eran los calzoncillos, estaban empapados en el suelo de la ducha. Cogió una de las dos toallas de la chica y después de pasársela el por el pelo se la puso en la cintura. Salieron de allí riéndose, con las toallas en el cuerpo pero sin nada debajo. Casi se dan de bruces con Gussan, que acababa de salir del cuarto. De hecho aún tenía la puerta abierta.

– ¿Qué estáis haciendo? – Les miró asombrado, entre risitas.

– ¡Buenas noches! – Nagase se despidió pasando por delante de la puerta sin pararse a hablar con ellos. Cuando la vieron a ella pasar detrás solo con la toalla, sus amigas empezaron a reírse a carcajadas

– Si os queréis acostar lo siento mucho pero ahora mismo… no.

– No te preocupes pásatelo bien, nosotras estamos entretenidas – Volvían a tener ropa puesta, por lo visto habían desistido.

– ¿Dónde está—

– Se ha ido con Mabo y no ha vuelto.

– ¡Ko chan! – Nagase la llamaba desde dentro del dormitorio sonriendo, le dio la espalda y se quitó la toalla cuando le perdió de vista.

Se despidió de sus amigas y se fue corriendo a saltitos hacia el cuarto. No se terminaba de creer su suerte, desde luego estaba aprovechando el viaje. Entró en la habitación y cerró con pestillo. No se había dado la vuelta cuando sintió cómo le tiraba de la toalla dejándola desnuda. La empujó contra la puerta del cuarto de espaldas a él, agarrándola de los pechos y mordiéndole el cuello. Volvía a tener una erección como la de antes, la sentía apretarse contra ella. Bajó una de sus manos y jugueteó de nuevo con la entrepierna de la chica, empapándose los dedos y jadeándole en el oído. Cuando estuvo lo suficientemente mojada, pasó esa dura erección entre sus muslos, rozándose con su sexo sin penetrarla. La agarraba de las caderas, frotándose a su trasero.

            Consiguió librarse de él empujándole con su cuerpo, se dio la vuelta y le vio apoyado en una de las literas. Le puso las manos en los hombros y le obligó a sentarse, con la espalda apoyada en la pared. En esos momentos agradecía que las literas fuesen altas porque si no se habrían dado en la cabeza con la cama de arriba. Se sentó a horcajadas sobre él, pasando la lengua entre sus labios. Le apretó del trasero pero ella le quitó las manos de encima y se las agarró contra la cama. Con el propio peso de su cuerpo fue dejando que la penetrara muy despacio. La miraba a los ojos, jadeando, excitado y susurrando lo muchísimo que le gustaba. Le notaba entrar en ella, sentía a la perfección su roce, apretándosela e intentando que fuese más intenso. Movía despacio sus caderas, sin dejarle que le penetrase del todo. Nagase echó la cabeza hacia atrás,  gimió roncamente con los dientes apretados, se liberó de las manos de la chica y clavándole los dedos en las caderas y espalda la penetró hasta el fondo.

            Con un gemido tembloroso le hizo lamer y morder con pasión sus pechos. Al tener los pies apoyados en el suelo se impulsaba para penetrarla profundamente, en cortas y brutales embestidas. Los dos gemían, se besaban, se mordían y se miraban, concentrados en lo que estaban sintiendo. La abrazó y la puso bajo su cuerpo. Agarró las manos de la chica por encima de su cabeza y entrelazó los dedos con los de ella siguiendo con ese vaivén de caderas, ahora suave. Parecía que iba a disminuir la velocidad y sin embargo la aumentaba, haciendo que gritase, que gimiese y le pidiese más entre lamentos. Estaba agotada pero quería más y él parecía no tener fin. La puso de espaldas y se tumbó sobre ella, que apenas podía respirar debido a su peso. Sin siquiera levantarle el cuerpo de la cama, le separó las piernas y después de jugar un rato dentro de ella con sus dedos, le tocó el turno a su miembro. No medía sus embestidas, simplemente se la follaba siguiendo sus instintos. Le dolió, pero le gustó tanto al mismo timepo que no le dio lugar a quejarse, solo a gritar su nombre.

– Quiero que grites más, quiero que no puedas pensar en ningún otro hombre en tu vida cuando folles – Le susurró él.

No podía articular palabra pero sin duda, si seguía a ese ritmo, iba a conseguir lo que se proponía. Pasó una de sus manos por debajo del cuerpo de la chica, y presionó con dos dedos su clítoris, haciéndola gritar aún más. Salió de ella bruscamente y le dio la vuelta en la cama poniéndola boca arriba. La besó y la puso sobre él. La chica movía las caderas, rozándole con su polla entre los labios mayores. No sabía qué le gustaba más, controlarle o ser controlada. La miraba con deseo y a ella le encantaba sentirse deseada. Con ayuda de su mano, metió de nuevo el miembro de Nagase en su cuerpo, moviéndose despacio y rítmicamente, agarrándose el pelo con ambas manos. Estaban empapados en sudor. Cerraba los ojos, la miraba, los volvía a cerrar gruñendo de placer y los abría mordiéndose los labios. Cuando ella aceleró el ritmo la agarró fuertemente de las caderas y tensó todos los músculos del cuerpo, gimiendo que se corría entre dientes, apretándola tan fuerte que le hizo llegar al orgasmo al mismo tiempo que a él. Al acabar se dejó caer sobre él, que le puso una mano en la nuca y la besó profunda y lentamente, jadeando contra su boca. Se quedó tumbada en su pecho en silencio un buen rato, escuchando cómo su corazón iba latiendo cada vez con más normalidad. De no ser porque le estaba acariciando la espalda habría pensado que estaba dormido.

– Siento mucho tener que moverte, pero necesito un cigarro.

– ¿Vas a salir ahora? – Estaba tan relajada que no tenía ganas de moverse en absoluto

– Ni de coña – La empujó hacia el lado tumbándola en la cama y besándola antes de estirarse sobre ella a la cama de al lado, la de su amiga, para robarle un cigarro del paquete de tabaco que se había dejado allí. Se tumbó boca arriba a su lado y se lo encendió.

– Espero que no salte la alarma…

– No te preocupes por eso. ¿Dónde vais mañana?

– Mañana ya nos vamos de aquí, a Tokyo.

– Nosotros tenemos que trabajar otra vez, me quedaría en este hostal un mes más – La miró con una sonrisa – Pero solo nos han dado unos días.

– Tiene que ser genial trabajar con amigos de hace tanto tiempo.

– Nos conocimos trabajando.

– ¿Tanto tiempo llevas en el mismo trabajo? Pero tenías que ser muy joven cuando empezaste

– 15 años tenía… cómo pasa el tiempo.

– ¿Se puede saber de qué trabajáis?

– Mañana te lo digo, ahora vamos a dormir.

– ¿Vas a dormir conmigo?

– ¿No quieres?

– ¿No te molesta?

– Me encanta dormir acompañado y hace muchísimo que no tenía una compañía tan buena.

– Vale, pero abre el pestillo antes, digo yo que tendrán que entrar a dormir.

Se levantó y abrió el pestillo, pegando una carrerita de vuelta a la cama. La chica se puso de espaldas a él, dejándose abrazar. Le puso la mano entre los pechos, entrelazando sus dedos con los suyos. Le retiró el pelo de la cara a la chica y le dio besos por el cuello.

– Te voy a echar de menos…

– Yo sí que te voy a echar de menos – Y es que lo sabía, había sido solo una noche pero estaba tan bien a su lado…

Se despertó la primera, cosa rara en ella. Abrió los ojos y el corazón le dio un salto en el pecho al verle profundamente dormido. Estaba apoyado en un lado, mirando hacia ella, con los labios entre abiertos. Le apartó los mechones de pelo que le caían por la cara y se quedó mirándole un buen rato. Se sentó en la cama para mirar a su alrededor, sus amigas no estaban. ¿Se habrían quedado con los chicos? Le daba exactamente igual. Escuchó un ruidito. La miraba con los ojos entrecerrados por la luz que se colaba por debajo de las cortinas. La hizo tumbarse a su lado y a pesar del calor que hacía, la cogió entre sus brazos. Le puso las manos en el pecho y hundió la cara en su cuello, le daba igual el calor, estaba tan cómoda…

– Que bien hueles – Le susurró – Hacía un montón de tiempo que no dormía tan bien.

– ¿Crees que nos volveremos a ver?

– Eso espero. Si voy a tu país, espero que estés dispuesta a verme de nuevo.

– Por supuesto – Sintió cómo su mano bajaba por su espalda y la agarraba del trasero, apretándose contra ella. Sonrió al notar su erección mañanera.

Se tumbó sobre ella, besándola despacio. Era increíble lo rápido que se excitaba cuando estaba con él, nunca le había pasado con ningún otro hombre. Hicieron el amor de nuevo, pero esta vez despacio, tranquilos, disfrutándose. Y aunque despacio los orgasmos eran continuos, se movía tan bien y la miraba de tal manera que no podía más que dejarse llevar. Se miraban a los ojos, besándose y no le llevó mucho tiempo llegar al orgasmo a él tampoco. Se abrazó fuerte a su espalda cuando le sintió fluir dentro de ella, le encantaba verle morirse de placer y sentirle dentro cuando le ocurría. Tendría que ir a una farmacia para solucionar lo mucho que perdía la cabeza a su lado, pero es que se negaba a dejar de sentirle en su interior.

– No puedo más – Se rio boca arriba en la cama – Estoy reventado

– No me extraña – Se sentó en la cama y buscó su ropa interior y la de él – Lo único que tienes aquí es esto – Le tiró los calzoncillos encima.

– No pasa nada, salgo con la toalla y ahora te la doy.

Tras ducharse sin más incidentes, le despidió en la puerta de la habitación y se marchó a hacer las maletas porque en unas horas tendrían que abandonar la habitación. Le daba pena en cierta manera separarse de él, le iba a echar bastante de menos. Había sido una experiencia increíble, no la iba a olvidar nunca. Bajó a la cocina a desayunar, Nagase ya estaba allí. Desayunaron juntos y al poco tiempo aparecieron los demás chicos y sus amigas en la cocina.

– ¿Una buena noche? – preguntó una de sus amigas en su idioma dándole un codazo.

Se miraron cómplices y rieron juntas. Conforme se iba acercando la hora de irse, más se acercaba él a ella. No paraba de darle besos en la mejilla y a cada momento estaba oliendo su pelo. Gussan tenía la cámara en la mano y las grabaron a todas mientras desayunaban y bromeaban, incluidas las escenas cariñosas con Nagase. Cuando una de sus amigas se dio cuenta de la hora y de que tenían que dejar las habitaciones, suspiraron los dos a la vez. Se miraron y se rieron. Se despidieron de todos, intercambiado correos electrónicos. Nagase incluso le dio su número de teléfono y ella el suyo. A la hora de escribir su nombre puso “Ko-chan” y entre paréntesis le escribió su nombre real. La miró y lo dijo en voz alta, haciendo que la chica sonriese ampliamente. Justo cuando se iban a ir, se le quedó mirando, con una sonrisa triste en la cara. Se fue hacia ella y la abrazó.

– Gracias por lo de ayer – Susurró en su oído. Sabía que no la iba a besar delante de todos y sabía que iba a lamentarse de no hacerlo.

– Gracias a ti, si vienes me avisas. Si vengo, te lo digo, ¿vale?

Asintió y finalmente la dejó marchar. Se sentía extraña, le costaba creer que ya no le iba a ver más en bastante tiempo. Cuando estaban cerca de la estación de tren se dio cuenta de que se le había olvidado preguntarle de qué trabajaban. Le tuvo realmente intrigada…menudo despiste. De repente, una de sus amigas se paró ante una tienda de música.

– ¡No me lo creo! – Señaló el escaparate – ¡Son ellos! – Al mirar al póster que señalaba vio que se trataba de una foto de 5 chicos, y en medio estaba el.

– No puede ser… ¿Son famosos?

– ¿Te estás quedando conmigo? – Se metió en la tienda de música y empezó a buscar cd’s del grupo. TOKIO se llamaba, ¡y había muchísimos! Se acercó a una chica que los estaba mirando – Perdona que te pregunte, pero no los conozco, ¿son muy famosos?

– ¿TOKIO? ¡Claro que sí! – Ahora lo entendía todo.

– ¿Cuál es su CD más nuevo?

La chica le dio uno que se llamaba “17”. Sin pensárselo dos veces se lo compró. En el tren sacó el ordenador portátil y metió el CD. Fueron todo el camino escuchando las canciones y viendo videos de ellos en Internet. Después de todo no iba a ser la última vez que le viese.

 

Parte 2

1

Al fin tenía los pies de nuevo en suelo nipón. Estaba cansada, pero tan contenta que podría dar saltos de alegría. El camino desde el avión hasta la salida de la terminal le pareció infinito. Mientras esperaba pacientemente a que la gente delante de ella fuese andando y presentando sus documentos de identidad, fue revisando los papeles de donde se iba a quedar, la dirección y el nombre que ya casi se sabía de memoria. Y comprobó de nuevo tener la entrada del concierto. Como se le perdiese le daba algo, en esos momentos era lo más preciado que tenía. Nadie sabía nada del viaje, fue casi un impulso y no se lo pensó dos veces cuando vio que tenía el dinero. Bueno sí, una persona sí que lo sabía, y se moría de ganas por verle. No le vio más que una vez en su vida pero después mantuvo el contacto con él. Cuando al fin pasó la parte de más atasco se dio prisa para coger cuanto antes un taxi al hotel y descansar. Tenía que recuperar fuerzas para estar perfecta al día siguiente por la mañana. Solo llevaba una pequeña mochila de viaje a la espalda, por lo que pudo pegarse una carrerita hasta la salida. Iba directa a la calle cuando sintió que la agarraban del brazo. Al ver a Gussan no se lo pensó dos veces y le dio un abrazo enorme.

– ¡Por fin! – Le dio golpecitos incómodos en la espalda, agarrándose la gorra que tenía puesta.

– Lo siento, no he podido evitarlo – Estaba incluso más guapo – Han sido los 4 meses más largos de mi vida.

– ¿Qué tal el viaje?

– Más largo aún, más bien interminable. La batería del portátil murió enseguida y la del mp3 al poco tiempo. Pero merece la pena pasar ese sufrimiento.

– Ven, te voy a presentar a mi mujer.

Fue tras él hasta la salida de la terminal y se pararon frente a un monovolumen con pinta de nuevo. De él salió una mujer muy bonita, con una sonrisa más bonita aún. No la había conocido nunca en persona pero Gussan le hablaba tanto de ella que casi como si la conociese.

– Estás exactamente igual que como te recuerdo – La miró por el espejo retrovisor.

– Lo he hecho a propósito, tengo el mismo corte de pelo y mañana pienso llevar la misma ropa que aquella vez.

– Tengo una buena sensación de todo esto…

– ¿No deberías de estar descansando? Mañana tienes un concierto.

– Tengo toda la tarde de hoy, la noche y mañana por la mañana para relajarme, no te preocupes.

– Te he traído esto – Su mujer le pasó un bento que ella cogió con ansias – Me dijo que te encantó mi comida.

– ¡Muchas gracias! No era necesario. Oye, Gussan, él… ¿Sabe algo? ¿Se lo has dicho?

– No, he hecho lo que me dijiste y no se lo he dicho más que a ella. Se van a llevar una sorpresa enorme. Por cierto, ¿tienes la entrada?

– Si claro – Volvió a comprobar que estaba en su sitio.

– Se la puedes regalar a alguien, esa no vale.

– ¿Cómo? – Se le formó un nudo en la garganta, no le podía decir eso a un día del concierto – Su mujer sacó del bolso unos papeles y se los dio.

– ¿Qué es esto? – Al abrirlo vio que era la entrada para el concierto, pero diferente.

– Es para que te pongas en la zona VIP, delante del todo. Así no pierdes detalle.

– ¡Pero qué susto me has dado! – Gussan dio una carcajada – ¡¡Muchísimas gracias!! No sé cómo agradecértelo…

– Nada, el tiempo que estas gastando y el dinero solo por vernos lo compensa todo.

– ¿Y esto? Son títulos de vuestras canciones, ¿no?

– Exacto, es lo que vamos a tocar en el concierto.

– De verdad, Gussan, esto es… te daría un abrazo pero no quiero provocar un accidente – Llegaron antes de lo que ella se pensaba y aunque se despidió, Gussan insistió en acompañarla para ayudarla con el registro en el hotel.

– Este es un poco mejor que el último ¿eh? – Rieron al coger la llave.

– No cambio el otro por nada del mundo – Guardaba muy buenos recuerdos de su anterior experiencia con ellos, con uno en concreto – Gussan, sé que ha estado muy ocupado, pero, ¿crees que le hará ilusión volver a verme o le dará igual?

– Para serte sincero, nunca sé lo que pasa por la cabeza de este tío, pero yo diría que se va a alegrar. A pesar de que no habléis a menudo.

– Por no decir que no hablamos – En los últimos meses apenas le había contestado los correos, y si lo hacía era con mensajes rápidos y poco más – En el peor de los casos, al menos os veo en directo.

– Mañana procura estar pronto allí, creo que ya hay algunas chicas en la puerta, no eres la única con entrada VIP.

Se despidió de él, subió a su habitación, se dio una ducha y se metió en la cama con el ordenador portátil a comerse el bento, que estaba de muerte. Tenía cerca de 50 gigas de “TOKIO” en su ordenador además la discografía completa del grupo. Pasó lo que quedaba de tarde escuchando las canciones de la lista, viendo los videos y los making off. Se acostó con el ordenador en la mesita de noche y como sabía que no iba a poder conciliar el sueño, se tomó una pastilla para dormir, programando una alarma a las 6 de la mañana. El concierto no era hasta las 9 de la noche, pero quería estar pronto, como le dijo Gussan. Puso a reproducir todos los videos del grupo y mirándolos tocar y cantar para ella se quedó dormida.

A la mañana siguiente le costó un poco arrancar pero las ganas de verlos le hizo levantarse. Se vistió, cogió lo esencial y se fue del hotel. En recepción pidió un taxi que la  llevó hasta la puerta del Budokan. El recinto era bastante más grande de lo que se esperaba. Ya había unas cuantas chicas en la puerta, comiendo bentos y con botellas de agua. Junto a ellas se situaron unos guardias de seguridad, que más bien estaban allí para evitar que entraran como unas locas que para defenderlas. Se sentó junto a ellas y esperó. La miraban, curiosas de ver a una extranjera en la cola de un concierto. Probablemente se preguntarían si se había equivocado o si sabía lo que estaba haciendo. Al pasar las horas la cola iba aumentando considerablemente y se dio cuenta de que la mayoría de ellas venían juntas, pero había una a su lado que estaba aparentemente sola. Sacó de su mochila un cartel, unos rotuladores y se quedó pensativa.

– ¿Es para ellos? – le preguntó. Ella asintió, sonriendo con timidez.

– El problema es que no sé qué poner…

– ¿Es para todos o para uno en especial?

– Bueno… – Se rio con una mano ante su boca – La verdad es que Matsuoka san me gusta mucho.

– Mabo, ¿eh? ¿Por qué no pones arriba su nombre y abajo el estribillo de ‘Love You Only’?

– ¡Me encanta! ¿Me ayudarías, si no es molestia?

– ¡Claro que sí! – Así mataba el tiempo – ¿Cómo te llamas?

– Urusawa Midori

– Llámame Ko chan, es más fácil para ti que mi nombre real.

Estuvieron un buen rato entretenidas en que la pancarta quedara perfecta. Las otras chicas, al verlas, se acercaron a admirar cómo había quedado. Eran todas muy agradables, aunque a Midori no se le veía muy contenta con ellas cerca. Comprobó una vez más que tenía su entrada. Siguieron hablando del grupo, de anécdotas de los chicos, de lo que les gustaba de ellos, de todo. Conforme se iba acercando la hora se iba poniendo más nerviosa. Se extrañó al escuchar su teléfono, era Gussan.

– No digas mi nombre en voz alta – fue lo primero que le advirtió.

– Vale, ¿qué pasa? ¿Algún problema?

– Para nada, era para preguntarte que tal estaba todo.

– Ah, muy bien y muy lleno de gente.

– ¡Eso es bueno! Ya queda menos y para ti menos aún. Me han dicho que los que tengan entrada VIP entráis antes. Y además tenéis pase al backstage, aunque tú lo ibas a tener de todas formas.

-¿En serio? ¡Eso es genial! Oye, ¿puedo pedirte un último favor? ¿Puedo llevar a una acompañante?

– Pero no tiene entrada vip, ¿no? – Hice un ruidito de fastidio – Vale, dime un momento el número de serie de tu entrada que se me ha ocurrido una cosa – No estaba muy segura de para qué, pero ella se lo dijo igualmente – A ver qué puedo hacer.

– Gracias, gracias, ¡muchas gracias!

– Naaada, nada – escuchó a través del teléfono unas carcajadas tremendamente familiares

– ¿Está ahí? – Se pasó la mano por la frente sintiendo los nervios retorcerle el estómago.

– Sí, ¿te lo paso? Espera un segundo.

– ¡No! Se va a dar cuenta de que estoy aquí.

– ¡Anda ya! – Agarraba el móvil con fuerza, era la primera vez que hablaban en semanas. A causa de la sobredosis de ver fotos y videos suyos tenía la sensación de que le faltaba un suspiro para enamorarse de él, enamorarse de verdad. Al escuchar su voz grave preguntando quién era se quedó de piedra.

– Hola – No sabía qué más decir. Midori la miraba extrañada.

– ¿Quién eres? Tu voz me suena muchísimo…

– Soy yo, ¿Ya no te-

– ¡¡¿Ko Chan!!? Perdona por no haber hablado contigo en este tiempo, he estado muy ocupado con lo del CD nuevo, los programas y la gira – Gussan también y había tenido tiempo para ella. Le sonaba a excusa.

– No pasa nada – Ahora que conseguía hablar con él no se iba a poner a discutir – ¿Cómo estás?

– Preparándome, esta noche tenemos un concierto.

– Lo sé, de vuestra gira, me lo dijiste.

– Ojala pudieras vernos, vamos a tocar las mejores canciones. A ver si puedo hacer que lo graben – se moría de ganas de decirle que estaba más cerca de lo que él creía pero no quería perderse su cara cuando la mirase desde el escenario en primera fila.

– ¿Sigue en pie lo de venir a mi país cuando acaben los conciertos?

– No lo sé – No se esperaba que le contestara eso… no se lo esperaba para nada. Él era el primero ilusionado con la idea, “¿qué está pasando?” – De verdad estoy muy ocupado.

– No pasa nada, pero espero verte pronto.

– Yo también, añoro tu olor – Cerró los ojos y aguantó las ganas de dar un grito de los mismos nervios que le apretaban el pecho. En su lugar, respiró hondo.

– Yo también te echo de menos, Nagase san… – Midori la miró de inmediato, sospechando. Tenía la boca muy grande, aunque bien podía ser otro Nagase.

– Tengo que dejarte, en 2 horas salgo a cantar. Espero poder conectarme y hablar contigo pronto.

Colgó el teléfono. La chica se quedó mirándolo aún con el corazón acelerado. Su voz… recordaba cómo le susurró, recordaba como cantaba con su guitarra, recordaba como gemía. Guardó el teléfono y le dio un buen sorbo a la botella de agua, echándose aire con la mano. A esa hora había tal cantidad de gente haciendo cola que daba miedo. Cuando quedaba ya una hora para entrar, la ansiedad flotaba en el ambiente. Estaban todas de pie, pegadas a la valla que las separaba de la entrada del budokan. Un hombre, con unos papeles en la mano y un megáfono, se acercó a ellas.

– Las propietarias de las entradas VIP con el siguiente número, por favor preséntense con su entrada al frente de la cola – Dijo tres números y uno de ellos correspondía con el suyo – Bien, pueden entrar con un acompañante que tenga una entrada normal a la zona VIP, pero solo uno.

– ¡Urusawa san! – Llamó a Midori, que la miró curiosa – ¡Ven aquí, corre, coge todas tus cosas y ven!

– ¿Qué pasa? – fue corriendo, abriéndose paso entre la gente que se le había puesto delante.

– Vamos, entras conmigo en la zona VIP.

– ¿¡Cómo?! – La cara de la chica era pura alegría.

Una vez revisaron su entrada, las dejaron pasar. Eran las primeras puesto que las demás estaban teniendo serios problemas para elegir acompañante. El recinto por dentro se veía inmenso. Había multitud de gradas y tuvieron que cubrir una gran distancia corriendo hasta ponerse en primera fila, en el centro. De fondo tenían puesta música del grupo, lo que las puso más nerviosas aún.

– ¡Esto es genial! – Daba saltos en el sitio, mordiéndose el labio.

– Reserva energías, te van a hacer falta.

– Mira, ahí está su batería, desde aquí le voy a ver perfectamente. Y ahí está el teclado de Taichi, el bajo de Gussan y las guitarras de Nagase y Shigeru.

– Esa es la de Nagase – Se acordaba perfectamente de verla de cerca – Está justo delante nuestra.

– Realmente te gusta, ¿eh?

– Sí… – Miró hacia atrás, las otras chicas todavía no entraban – Los conozco.

– ¿Cómo dices?

– Que los conozco en persona, el año pasado me los encontré sin saber que eran famosos y estuve con ellos una noche entera.

                Le contó por encima lo que pasó hacía unos meses, omitiendo todo lo que le pasó con Nagase, claro, eso ella no tenía por qué saberlo. Era demasiado personal. Justo cuando acabó de contarle empezaron a entrar todas las chicas con las entradas VIP. Agradeció más que nunca estar junto a la valla, las sentía empujar estando en primera fila así que no se quería ni imaginar cómo tenía que ser estando en el centro. Tanto ella como Midori se agarraban de la valla, contagiándose con los nervios de todas las demás. Cuando apagaron las luces el griterío fue ensordecedor. Pero aun así escuchaba sus propios latidos a toda pastilla. Vio unas sombras en el escenario. Se escucharon las primeras notas, se encendió la luz. Y allí estaba el, mirándola a los ojos.

 

2

La canción que empezó a sonar era ‘Hikari no Machi’. Tocaba la guitarra, emocionado, con una sonrisa en el rostro. Se había dejado el pelo un poco más largo y lo tenía bajo una gorra, como casi siempre. Llevaba una camiseta con el logo de Harley Davidson negra y unos pantalones vaqueros rasgados. Cuando la miró por primera vez dudaba mucho que la hubiese siquiera visto con los focos dándole en la cara, pero su mirada se le clavó hasta lo más hondo. Tocaron 2 canciones y pararon para un descanso, para dedicarle unas palabras al público. Nagase se sentó en el suelo justo delante de ellas y se tiró una botella de agua por encima, haciendo que todas gritasen y estirasen los brazos para tocarle. Se reía mientras Shigeru les daba las gracias por estar allí. Nagase pasó la mirada por el público, desde el extremo derecho y cuando llegó a ella, se paró con una expresión de sorpresa en el rostro diciendo “¡AH!” y la señaló mirando a Gussan con la boca abierta. Gussan dio una carcajada y la saludó con la cabeza, ella le saludó con la mano dando saltitos. Taichi también la vio y le dijo algo a Mabo a gritos, que se puso de pie para mirar por encima de la batería y le sonrió. A Midori casi le daba algo. Nagase se puso en pie y se preparó para tocar la siguiente canción, ‘Archive’. Antes de empezar a tocar le guiñó un ojo, se moría de ganas por darle un abrazo.

Se paseaba por el escenario, acercándose a Gussan y a Shigeru. Hacían y decían tonterías, provocaban al público mostrando de vez en cuando un poco más de carne de la que se le vería normalmente. Gussan incluso se quitó la camiseta. Todas se volvían locas y era normal… De vez en cuando se acercaba hasta donde estaban y se ponía a cantarle a ella y a las chicas de alrededor. Al llegar a una balada, ‘Kimi dake ni’, se sentó en el borde del escenario con las piernas colgando junto con Shigeru y Gussan, que cantaban con él. La cantó casi entera mirándola a los ojos y dejándola totalmente embobada. 2 horas y media después, cuando acabó el concierto, se despidieron, sudorosos y cansados pero sonrientes. Cuando Mabo se acercó al público para saludar, le dio la impresión de que Midori iba a explotar de la emoción. La miró y le saludó, entonces Midori alzó la pancarta para que la viese. Mabo se quedó leyéndola y después de dar una carcajada fue corriendo hacia la batería y le dio una de las baquetas a la chica, guiñándole un ojo. Midori la agarró del brazo y empezó a zarandearla, dando grititos de la emoción.

– ¡Ha sido increíble! La mejor experiencia de mi vida.

– Ha sido un gran concierto, pero no te muevas de aquí, ahora viene lo mejor.

– ¿Lo mejor? ¿Cómo?

La gente empezaba a irse del recinto, solo se quedaron las que tenían entradas VIP y alguna que otra curiosa. Todas esperaban con cámaras de fotos en las manos. El mismo señor que se acercó a ellas cuando estaban en la cola apareció de nuevo, pidiéndoles que le enseñaran las entradas. Menos las invitadas, todas las que no tenían entrada especial tuvieron que irse. A las demás las llevaron al backstage. Todo eran risas y grititos nerviosos, Midori la agarraba tan fuerte del brazo que le estaba incluso haciendo daño.

– Ruego por favor que intenten mantener la calma todo lo posible – Pidió el señor parándose ante una puerta – Si alguna se excede será expulsada del grupo.

Las chicas asintieron, aunque con las caras que tenían mucho caso no le estaban haciendo. El señor abrió la puerta y pasaron todas detrás. Allí estaban los chicos, con el pelo mojado y toallas por encima de los hombros. Gussan seguía sin camiseta, era un provocador, se preguntaba qué pensaría su mujer… probablemente no le diese más importancia. Las chicas se arremolinaron en torno a ellos pidiéndoles fotos y dándoles la mano. Ella se quedó atrás esperando y Midori permaneció a su lado aún agarrada de su brazo.

– Prefiero esperar a que se vayan las demás.

– No se van a ir, no seas así. Venga, vamos – tiró de ella y se acercó a Mabo.

– ¡Oe! ¿Qué haces tú aquí? – En cuanto la vio, despidió a una de las chicas y se acercó a ellas dos. Midori le iba a partir la mano – ¿Y desde cuándo estás aquí?

– Desde ayer, chulo asqueroso – Se alegraba muchísimo de verle. Lo de hablarse mal era una broma privada entre ellos – Habéis estado increíbles.

– Gracias – miró a Midori sonriente – Tú eres la chica de la pancarta – Ella asintió, mirándole extasiada.

– ¿Te importa que te haga una foto con ella?

– ¡Claro que no! – agarró a la chica de la cintura  – ¿Eres amiga de Ko-chan? – Le preguntó cuando se echaron la foto.

– Sí…  no… la he conocido aquí. Me llamo Urusawa Midori.

– Midori chan, qué nombre más bonito.

Los dejó charlando, parecía que Mabo estaba interesado en ella, eso era bueno, muy bueno para Midori. Con un poco de suerte esa noche la chica no dormía en su casa. Una vez que las otras fans se fueron dispersando fue saludando a Shigeru, a Taichi y a Gussan, al que dio un abrazo dándole las gracias de nuevo. Llegar hasta Nagase era imposible, estaba totalmente rodeado de chicas, así que se quedó charlando con Gussan mientras se hacía unas fotos más.

– Ha sido increíble, ha estado perfecto. Tu voz en directo es mucho más bonita.

– Gracias, me alegro de que te haya gustado.

– Ahora vamos a cenar, vístete  – Le dijo Taichi a Gussan empujándole – Te vienes, ¿no?

– ¡Vale! No molesto, espero… – Estaba loca de contenta.

– Midori, tú también te vienes – Casi le ordenó Mabo. No iba a quejarse.

El señor regordete de siempre les dijo a las fans que ya tenían que irse, pero los miembros de la banda dejaron claro que tanto ella como Midori se quedaban. Todas las demás las miraron con incomprensión, y eso que había chicas realmente preciosas… Definitivamente tenía una suerte que no se lo creía.

– ¡Por fin! Creía que no iban a dejar de echarme fotos. Algunas se han echado hasta tres seguidas – Nagase la miró sonriendo ampliamente.

Y sin embargo algo en su mirada era extraño. No se pudo aguantar, se abalanzó sobre él pasándole los brazos por el cuello, poniéndose de puntillas y abrazándole fuertemente. Al principio, entre risas nerviosas, le puso las manos en los hombros, un poco tenso, pero ella no pensaba soltarle hasta que no le devolviese el abrazo. Ko chan sonrió cuando pasó las manos hacia su espalda relajándose, hundiendo la cara en su pelo, inspirando profundamente y apretándola contra él. Mabo aprovechó ese momento extraño para presentarle a Midori, (que miraba la escena con la boca abierta), al resto del grupo de manera oficial. Cuando se separaron, ella le miró sonriente, él también le sonreía, pero seguía siendo una sonrisa extraña.

– Te he echado de menos – Le susurró, mirando su boca.

– ¿Si? Bueno, ya estás aquí, ¿vamos a comer? – Le revolvió el pelo con la mano y se volvió hacia los demás chicos, saludando a Midori.

No entendía nada. No se había imaginado así su reencuentro, a lo mejor era la impresión que le daba a ella pero estaba raro. “¿Qué era eso de revolverle el pelo? ¿Qué era un perro o una niña pequeña?” A pesar de que la había abrazado bastante fuerte hacía un momento, era como si huyera del contacto con ella, tanto físico como visual. Caminaron hacia el restaurante y en el trayecto el apenas se le acercaba, casi no la miraba y cuando la miraba veía algo raro en sus ojos. Quizás, se dijo a sí misma, es que pretendía que reaccionara como un occidental cuando no lo era, pero es que hacía cuatro meses se había mostrado totalmente diferente. Incluso le dio la impresión de que le apenó separarse de ella en el hostal…

– Deja de darle vueltas a lo que sea que le estas dando vueltas – Gussan le dio un empujoncito – Ya me he dado cuenta yo también de que está raro.

– Si. No sé, creo que le pasa algo y no sé si es conmigo u otra cosa.

– Taichi me ha dicho exactamente lo mismo hace un momento – miró hacia atrás, Taichi iba retrasado del resto mirando algo en su teléfono.

– Oye, ¿qué crees que le pasa? – Señaló a Nagase con la cabeza.

– ¿Tú también te has dado cuenta? No sé, lo veo raro, pero no sé por qué. De lo que sí me he dado cuenta es que de vez en cuando se va solo a hablar por teléfono y cuando vuelve está serio, hasta que al rato se le pasa y vuelve a ser el.

– ¿Desde cuándo le pasa eso? – Preguntó ella muerta de curiosidad.

– Cuando volvimos del viaje en el que nos conocimos estaba siempre de buen humor, contento. Como cosa de dos meses después se le pasó un poco la euforia pero es desde hace un mes y algo que está tan raro…

Lo que le había dicho Taichi no le dejaba las cosas nada claras. Entraron en el restaurante, tenía pinta de caro así que esperaba que pagasen ellos, traía lo justo. Cenaron una comida tan deliciosa que durante unos instantes incluso se olvidó de lo que estaba pensando. Midori se volvió mucho más desinhibida con el tiempo, incluso llegó a bromear con ellos. Mabo no le quitaba ojo de encima, estaba segura de que esa noche la chica no dormía en su casa o al menos no dormía sola. Le gustaría poder decir lo mismo pero Nagase estaba ausente, más serio de lo normal. Apenas se reía, apenas la miraba y ya no digamos hablarle. Y ninguno parecía darse cuenta, excepto Gussan que de vez en cuando se le quedaba mirando. Al terminar de comer se levantó con la excusa de ir a la parte de atrás, que tenía una terracita para los fumadores.

– Deberías ir a hablar con él – Le sugirió Gussan – A ver si le sacas algo. Y no seas mal pensada.

– ¡Cállate imbécil!

Solo habían pasado cuatro meses pero le apreciaba mucho más que a mucha gente que conocía de toda la vida. Se levantó, hecha un manojo de nervios, y fue hacia la terraza. Se lo encontró mirando algo en el móvil, serio. Cuando la vio dio un respingo y guardó el teléfono. Lo guardó muy rápido. Ya se estaba empezando a imaginar que estaba pasando.

– ¿Mucha presión? – Preguntó ella apoyándose en la barandilla junto a él, mirando al jardincito zen que tenían montado.

– Sí, muchas cosas en las que pensar.

– Lo que me da pena es no ser yo una de ellas –  Nagase la miró pero ella no le miró a él – Si lo hubiera sido habríamos hablado más a menudo.

– Ko chan… lo siento…

– No pasa nada, lo entiendo, el trabajo es trabajo – Se dio la vuelta dejando caer la espalda en la barandilla y mirándole a la cara – Tampoco es que sea yo alguien importante.

– No te equivoques – La miraba muy serio, incluso un poco agobiado – No son así las cosas.

– ¿Entonces cómo son? – Abrió la boca para decir algo pero miró al frente dándole una calada al cigarro, ¿qué coño le pasaba? ¿Por qué no le decía las cosas a las claras? – Nagase san – Le agarró de la mano que tenía el cigarro, girándole un poco hacia ella y haciendo que la mirase – Me gustas muchísimo y he hecho este viaje prácticamente por verte, dime que no me he equivocado.

Se quedó mirándola con una expresión angustiada. La chica se acercó más a él y le puso una mano en la mejilla, mirando sus labios. Nagase tiró el cigarro a un lado abrazándola por la espalda, y casi levantándola del suelo le dio un beso lento y profundo. Le parecía una eternidad desde la última vez que saboreó sus besos y sintió su ardiente lengua quemar la suya. Desde aquella vez en el hostal, cada vez que olía el humo de un cigarro se acordaba de él. Le pasó los brazos por el cuello y le acarició la nuca y los pequeños rizos que se le formaban. Con un chasquido de lengua dejó de besarla, quedándose con su frente apoyada en la de ella y los ojos cerrados.

– Nagase, ¿qué es lo que va mal?

– Esto, esto está mal.

– Y si está mal, ¿por qué se siente tan bien?

– Yo… – Se separó de ella, apoyando los codos en la barandilla y hundiendo la cara en sus manos – No puedo estar contigo.

– ¿Por qué no me has dicho que estás con otra chica? Me habría venido con otra mentalidad – Nagase la miró con la culpabilidad pintada en la cara.

– Habíamos cortado cuando pasó lo que pasó hace cuatro meses, bueno, más bien ella había cortado conmigo y en ti encontré un apoyo.

– Pero ahora ella ha querido arreglar las cosas y como yo no estaba y no sabías si me ibas a ver de nuevo lo has arreglado.

– No es tan sencillo…

– Es de lo más sencillo, yo soy la que viene de fuera, no pinto nada metiéndome en tu vida privada, solo te iba a traer problemas. Da igual, lo entiendo.

Se dio la vuelta y se metió en el restaurante de nuevo, pero no fue a la mesa, fue al servicio. Se lo tendría que haber imaginado, ella fue un polvo desde el despecho de que le dejaran, desfogó con ella y a saber si no estaba pensando en la otra mientras se lo hacía a ella. Y la acababa de besar porque le costaba tener la polla en los pantalones. Ahora, en frío, le parecía totalmente de adolescente su mentalidad de que él la iba a estar esperando con los brazos abiertos, al fin y al cabo fue un polvo de un día, nada más. Sí, después hablaron, pero desde la distancia nada es real si la relación no tiene una base sólida, eso lo sabía hasta el más tonto. Cuando sintió que se tranquilizaba y que finalmente iba a mantener las lágrimas a raya volvió al salón. Nagase no estaba.

– ¿Y bien? – Gussan susurró inclinándose hacia ella, que no contestó – Dime algo, no me dejes con la duda mujer.

– No quiero… ahora no puedo. Luego, cuando estemos tranquilos.

– ¿Ha sido borde contigo?

– No, no, para nada – No dijo nada más porque con el rabillo del ojo vio que Nagase se sentaba de nuevo en su asiento, resoplando. Le lanzó una breve mirada, estaba más serio que antes – Gussan, me voy al hotel, espero verte estos días cuando descanses del concierto.

– Espera, te pido un taxi.

– No hace falta, ya lo hago yo.

– Tú déjame acompañarte afuera.

Asintió porque era tan cabezota que no había manera de convencerle de que quería estar sola. Midori apenas reparó en que se iba, así de acaramelada estaba con Mabo, y tanto Shigeru como Taichi estaban borrachos. Fuera caía un poco de humedad y aunque se avecinaban nubes no tenía sensación de frío. No se veía la luna, una lástima. Y fue tras ese pensamiento tan aparentemente tonto cuando se empezó a sentir verdaderamente triste.

– ¿Qué pasa? – Le preguntó Gussan tras pedirle el taxi.

– Nada, es que soy la tercera en discordia por lo visto…

– ¿Tiene novia? ¿La misma de antes? – La chica se encogió de hombros.

Le sorprendió un escalofrío. Y estaba cansada, muy cansada. Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a salir. Gussan la abrazó y ella se dejó consolar, agradeciendo tener a alguien como él en esos momentos. Miró hacia la puerta del bar y le vio allí plantado, frunciendo el ceño al darse cuenta de lo que estaba pasando. Se puso derecha y respiró hondo porque no quería que la viese así, su orgullo era mayor que la pena que sentía. Tan pronto llegó el taxi, se subió dándole al conductor la dirección. Al mirar atrás vio a Nagase salir corriendo del bar hacia el coche, y que Gussan le paró cogiéndole por un brazo. Le dio una patada a un cubo de basura y volvió a entrar en el bar, tirando la gorra al suelo con rabia y pasándose una mano por el pelo.

 

3

No entró en el hotel al llegar porque no creía poder soportar estar sola en su cuarto, por lo que se fue a dar una vuelta. No pensaba que le fuera a ocurrir pero ahora se arrepentía de haberse ido sola de viaje. Pero es que esto no era lo que iba a pasar, para nada, esto no estaba en sus planes. Y no se explicaba cómo no se le había pasado la posibilidad por la cabeza. Se compró una cerveza en una tienda que abría las 24 horas y se sentó en el parque de al lado de la casa a bebérsela. Odiaba sentirse usada, ya le había pasado demasiadas veces y con demasiados hombres, jamás se habría imaginado que le iba a pasar con el también. El sonido de su teléfono la sobresaltó en el silencio del parque.

– Soy yo, Gussan, ¿estás bien? ¿Has llegado al hotel?

– Si, gracias por preocuparte. No estoy en el hotel aún, pero estoy cerca.

– No es aconsejable que estés sola en la calle a estas horas, Tokio no es tu ciudad.

– Ya lo sé, pero no pasa nada, desde aquí veo al guardia de seguridad del hotel – era mentira pero no quería preocuparle.

– Nagase dice que quiere hablar contigo.

– Pero yo no quiero hablar con él.

– ¿Estás segura?

– Segurísima, en esa relación sobro. Y tú te vas a poner de mi lado porque esa tía, sea quien sea, no te gusta. Pero la realidad es que él debe estar con la que más le guste y si hoy me ha rechazado las cosas están bastante claras – estaba llorando de nuevo, pero esta vez eran lágrimas de rabia que le ardían en los ojos.

– Sigo pensando que eso no tiene por qué ser así necesariamente.

– ¡Entonces no entiendo nada!

– Mira, ahora, vete a dormir. Hazte un té en el hotel, date una ducha y relájate. Mañana lo piensas todo con más tranquilidad, cuando estés más despejada.

– Mañana no voy a tener las cosas más claras sino todo lo contrario. Ha sido una decepción demasiado grande.

– Me da rabia no poder hacer nada…

– No está en tu mano cambiar lo que él siente. Deja de preocuparte.

– Mañana te recojo y te saco de ese hotel. Te vienes a mi casa, ¿vale? Y te presento a mis hijos. Ahora descansa – De fondo escuchó a Nagase decir “¿Es ella? ¡Dame el teléfono!”

 – ¡Ni se te ocurra, Gussan! – escuchó cómo este le decía que no a Nagase y un forcejeo seguido de un montón de ruidos.

– ¿Dónde estás? – Era Nagase, y su voz supuso un impacto mayor del que esperaba. Como siempre – Déjame hablar contigo, tengo que verte, quiero verte.

– ¿Sabes qué es lo peor de todo? Que voy a soñar contigo y sé que voy a pensar en ti hasta que me duerma.

– Por favor, no llores Ko chan…

– No me llames así – La chica le colgó y apagó el teléfono.

Se encogió en el sitio y dejo salir toda su frustración. La tensión de verlos, los nervios, el cansancio y la pena; se le acumuló todo en lo que resultó ser un llanto descontrolado. Hacía mucho que no lloraba así. Cuando se calmó no sabía qué hora era, solo sabía que hacía más frío. Estaba lloviendo y no se había dado ni cuenta. ¿Desde cuándo estaba allí y desde cuándo estaba bajo la lluvia? Dio una carrerita hasta el hotel, entró enseñándole al guardia de la puerta la identificación y cansada, subió las escaleras hasta el segundo piso. Al llegar al pasillo de su habitación el corazón le latió tan fuerte que hasta le dolió. Nagase estaba sentado en el suelo del pasillo, con la espalda apoyada en la puerta de su cuarto, empapado, con el pelo ondulado por la cara y dormido. Se acercó a él despacio, sin saber qué hacer. Pasó la tarjeta por el lector de la puerta que se abrió de par en par con el peso de Nagase. Cayó de espaldas contra el suelo, dándose un cabezazo. Se lo merecía, por no decirle nada de su novia en todo ese tiempo. Evidentemente se despertó y al verla se levantó de inmediato. Abrió la boca para decir algo pero ella le cortó.

– Vete a tu casa, te vas a resfriar

– Déjame hablar contigo.

– No hay nada que hablar.

– Si, déjame explicarme.

– Que no quiero saber nada – No podía mirarle, no se sentía con fuerzas.

– Por favor – La agarró de los hombros, mirándola con esos ojos que le provocaban tantas emociones que se sentía sobrepasada – Ko chan, por favor.

– ¡Que no me llames así! – Le agarró de los brazos y los quitó de sus hombros bruscamente.

Se metió en su cuarto y cerró la puerta de un portazo, o al menos era lo que pretendía porque Nagase apoyó su cuerpo contra la puerta y no la dejo cerrarla. Es más, se metió en la habitación y cogiéndola de las muñecas le besó fuerte en los labios. Ella luchaba por soltarse, llorando y furiosa, no quería que la tocara, no quería estar con él. Pero, ¿a quién quería engañar? Sí quería, claro que quería, era lo único que quería. Pasó de intentar empujarle a agarrarle de la camiseta mientras él la besaba con esa boca tan atractiva.

– Lo siento, lo siento mucho Ko chan – La miró a los ojos de nuevo.

– No me digas que lo sientes, no pidas que siga como si nada y me quede con los momentos felices si al final te vas a ir con la otra. No quieres dejarla pero quieres follar esta noche conmigo. Y no, no va a pasar – Se separó de él, empujándole –  Así que vete, ya tengo bastante por hoy.

– No me voy a ir con ella – intentó acercarse para limpiarle las lágrimas, pero ella se echó hacia atrás, furiosa.

– ¡No me mientas tan descaradamente! ¡No te despegas de ese teléfono, ella te importa! – Tras mirarla fijamente durante unos segundos se sacó el teléfono del bolsillo y lo pisó varias veces con furia. La dejó un poco impresionada, pero se recompuso rápido – ¡Como si no tuvieras dinero para comprarte otro!

– ¡No quiero estar con ella! – No distinguía si estaba cabreado, dolido o qué – ¡Estaba con ella porque no soporto esta situación!

– ¿Qué situación? ¿No follar? Eres increíble, la poca verg—

– ¡¡TE QUIERO!! – De nuevo ese salto en los latidos de su corazón, se quedó petrificada. Le dijo “aishiteru”, una palabra que un japonés no dice a la ligera.

– No me digas… no digas esas cosas. Hay ciertos límites que no se deben cruzar.

– No estoy jugando, deja que me explique.

Nagase se dio la vuelta y cerró la puerta de la habitación. La agarró de las manos y se sentó en la cama con ella. Ya no sabía qué pensar, pero que se explicara con lo que fuera que tenía que explicarse. Antes de empezar a hablar se pasó la mano por la frente, resoplando. Y ahora también dudaba de si esas gotas eran por la lluvia o por sudor.

– Nunca me he sentido con una mujer como contigo. Puedo ser yo sin miedo a hacer el ridículo, sin miedo a que me mires mal o me pongas una mala cara. Contigo todo es fácil, me siento bien, es todo muy natural a tu lado. Y bueno, eres… adoro tu cuerpo y tu cara es preciosa – Sentía que se estaba sonrojando. No sabía si era verdad lo que le estaba diciendo pero la miraba tan intensamente que hasta lo parecía – Y tu olor, no sabes cómo lo he echado de menos. En cuanto te he olido todo lo que tenía planeado se ha desmoronado.

– ¿Qué tenías planeado? – estaba intentando ser fría pero no sabía si iba a poder.

– Decirte que estaba con otra mujer, que no podía estar contigo. Pero no es verdad. Estoy con ella porque no soporto saber que existes, que estás ahí y que te encantaría estar conmigo pero que vives en la otra punta del mundo. Y ahora que te tengo delante lo único que puedo pedirte es que, por favor, no te vayas de nuevo.

– ¿Pero qué estás diciendo? Nagase…

– Quédate conmigo, quédate a mi lado, te lo pagare todo. Una casa, la comida, no te preocupes por el trabajo no te hará falta trabajar – fui a interrumpirle pero no me dejó – Ya te lo he dicho, te quiero, quiero estar contigo – Resopló, mirando al techo y pasándose las manos por la cara, murmurando sin mirarla – Quizás tú no quieres después de todo esto, y lo entendería.

– ¿Qué yo no quiero? – abrió su portátil, encendido de la noche anterior, solo tuvo que presionar una tecla para mostrarle su fondo de pantalla. Era una foto de Nagase, sonriendo. – Me acuesto pensando en ti, me levanto pensando en ti. No paro de hablar de ti, tengo a todo el mundo aburrido con un grupo de música extranjero del que no entienden nada. Incluso mis amigas, las que conociste, me dicen que me calle cuando empiezo a hablar de ti. Pero de repente dejaste de hablarme, así que vine al concierto con la esperanza de pasar unos días como aquel que pasamos en el hostal, totalmente ilusionada, y me encuentro con que estás rarísimo y que apenas quieres tocarme. Que no me hablas, que no me miras, y me entero de que estas con otra. Me he pegado tanto rato llorando en el parque que se me han empapado hasta las bragas con la lluvia, ¿y me preguntas que si quiero estar contigo? Es lo único que quiero, pero tú—

Se levantó de la cama y le puso las manos en la cara besándola dulcemente. Se quedó mirándola sonriendo, esta vez sí sonreía como antes, sí se le veía contento, pero adormilado, y sudoroso. Se llevó una mano a los ojos, frotándoselos y sentándose en la cama.

– Estoy cansado, lo siento.

– ¿Cansado? – La chica le puso los labios en la frente – ¡Estas ardiendo! Túmbate, ahora mismo llamo a Gussan.

– No… quiero estar contigo.

– Y voy a estar contigo, no me voy, idiota. – Le sonrió y cerró los ojos, poniéndose un brazo sobre ellos. La chica encendió el teléfono de nuevo, tenía varias llamadas perdidas suyas – Gussan, siento llamarte tan tarde.

– ¡Ko chan! – exclamó sin poder esconder su voz de dormido – ¿Estás bien? ¿Por qué apagaste el teléfono? Estuve a punto de ir al hotel.

– Pero mandaste a Nagase, ¿no?

– Ah, lo siento, me insistió muchísimo. Se puso insoportable.

– No pasa nada, no te preocupes. Pero se ha puesto malo, tiene fiebre o eso creo porque está ardiendo.

– Ahora mismo os llevo al hospital – Le escuchó quejarse y a su mujer preguntar qué pasaba.

– ¿Al hospital? ¿No es un poco exagerado?

– Puede ser, pero es donde va a estar mejor atendido. Antes que un hotel…

– Pero no salgas ahora, es tarde. Ya llamo un táxi.

– No pasa nada. Dame 15 minutos.

Le seguía pareciendo excesivo pero bueno, eran famosos y tenían dinero, que hiciesen lo que quisiesen. Nagase respiraba aceleradamente, ella le tapó con la sábana. Aún no sabía muy bien si confiar en sus palabras, no sabía si le estaba diciendo todo eso para follar o porque de verdad quería estar con ella. Si era lo segundo estaba dispuesta a dejarlo todo. Al fin y al cabo nada le ataba en su país, ni siquiera tenía trabajo en ese momento y ya había pensado antes en la idea de vivir en Japón. Fue al baño y mojó la toalla de las manos en el agua fría de la ducha. Volvió corriendo y se la puso en la frente.

– Que calor tengo – Intentó quitarse la sábana de encima pero ella no le dejó.

– Espera, ahora mismo se te pasa – Le quitó los calcetines y le sacó los pies por fuera de las mantas.

– Esto es rarísimo, si yo no me pongo malo nunca…

– Eso es que ya te iba tocando – Le dio la vuelta a la toalla, ya se había puesto caliente por el otro lado.

Volvió a mojar de nuevo la toalla y al volver puso en el ordenador, a un volumen suave, “Love you only”. La cantó no muy fuerte, la gente estaría durmiendo al fin y al cabo y además le daba un poco de vergüenza cantar solo para él. Nagase sonreía tranquilamente, agarrado de su mano. El sonido del teléfono rompió la tranquilidad del ambiente. Le pidió a Nagase que se pusiera en pie y salieron de la habitación, él apoyado en ella y a ella costándole andar bajo su peso. Gussan la ayudo a meterle en el coche, lo tumbaron en el asiento de atrás y ella se sentó de copiloto. Antes de arrancar le advirtió que si vomitaba, lo limpiaba él. Obtuvo un débil quejido por respuesta. Llegaron rapidísimo al hospital, metieron a Nagase por urgencias y, suponía ella que porque era quién era, le pasaron enseguida a una habitación para el solo. Le inyectaron un gotero para mantenerlo hidratado y le dieron medicamentos para bajarle la fiebre. Mientras tanto, ella esperaba fuera hablando con Gussan. Le contó lo que pasó.

– Te lo dije, te dije que las cosas no eran como tú pensabas.

– Bueno, no vayas tan rápido que todavía no sé qué creerme…

– Que desconfiada eres, es increíble.

– Muchísimo, no lo sabes tú bien – Una señora mayor pero aún atractiva se acercó a ellos. Gussan se levantó y la saludó cordialmente.

– Misuzu san, no hacía falta que vinieses hasta Tokio. Está bien solo tiene un poco de fiebre.

– Es mi hijo, tengo que cuidar de el – ¿Su madre? – Además, ya estaba en la ciudad. Esta no es tu mujer, ¿no Yamaguchi kun? – La miró de arriba abajo.

– No, es una amiga. – Se la presentó y ella la saludó todo lo cortésmente que pudo.

– ¿Sabe tu mujer que estas con ella?

– Claro que sí, no te preocupes por eso, también la conoce. – La mujer entró en la habitación tras dedicarle una mirada un tanto desconfiada.

– No le gusto, no le gusto nada.

– No sé de qué te extrañas, ¿has visto las pintas que llevas? – La verdad es que tenía la ropa y el pelo echo un asco. Entre el concierto, la lluvia, y todo lo que había pasado no había tenido tiempo para mirarse. – Y además, que no se te olvide que no eres de aquí.

– Que mala primera impresión – Se rio con él.

– Bueno, ya tendrás otra oportunidad la próxima vez que la veas – Ojala se diera esa situación. Mientras soñaba despierta escuchó a Gussan maldecir por lo bajo.

– ¿Qué pasa? – Le señaló con la cabeza hacia la izquierda del pasillo. Una chica muy bonita venía casi corriendo hacia donde estaban. Miró a Gussan – No será…

– ¿Dónde está? – Preguntó ella. Gussan señaló al interior y se quejó cuando no le dio ni las gracias.

– Es… – Suspiró, sintiéndose derrotada – Es súper guapa.

– Venga ya, todo lo que tiene de guapa lo tiene de estúpida. No tiene personalidad ninguna – Susurró – Se pasa todo el día diciendo que él no tiene tiempo para ella y le hace comprarle cosas carísimas. Como casi cualquier japonesa en realidad.

– Pero es muy, muy guapa – Se estaba viniendo abajo. Si ya su autoestima de por sí no era muy estable, ahora que había visto a su novia era ausente.

– Tú tienes el doble de cosas buenas que ella, conectas mejor con él y no eres para nada fea. Además, aquí, con ese cuerpo, ella es la que debería de estar acomplejada – escucharon voces airadas dentro de la habitación, se levantaron alarmados y entraron.

La madre de Nagase estaba en pie, enfrentándose a la chica. Las miraba fastidiado, con aspecto descompuesto y es que una pelea no era lo que necesitaba en esos momentos. Cuando los vio en la puerta les hizo gestos para que saliesen pero las otras dos les vieron. La que era su novia señaló a la chica.

– Dime que no es esta – Notó rabia en su voz, hablando entre dientes.

– Sigo sin saber qué haces aquí, te dije por teléfono hace unas horas qu—

– ¡Vete ya! ¡Deja de molestarle de una vez! – Le ordenó su madre.

– Señora, esto no es asunto suyo.

– ¿Cómo? – Misuzu la miró de tal manera que la veía capaz de pegar a la chica. Nagase se llevó una mano a la cara, resoplando

La otra se volvió hacia Nagase, negando con la cabeza y caminando hacia él. Levantó la mano y le dio un bofetón. A Ko chan se le cruzaron los cables, “Noooo, no, no, no. No has hecho eso” le dijo en su idioma, sin ser consciente de que no la entendía. Y no lo pensó, se fue hacia la chica con decisión.

– ¡Ko-chan! – Gussan la intentó agarrar del brazo, pero no la alcanzó.

– No te atrevas a volver a tocarle, puta – La empujó contra la pared, plantándose entre ella y Nagase.

 

4

– Ko chan… – Susurró Nagase. Se había sentado en la cama incluso. Había dejado a la otra chica apoyada contra la pared, con los ojos como platos.

– ¿Tu sabes quién soy? – Le preguntó, como si fuese evidente.

– Me importa una mierda quien seas, no le vas a volver a tocar.

– ¿Y qué derecho tienes tu sobre él? ¿Eh? ¿Quién te crees que eres?

– No sé si tengo algún derecho, lo único que sé es que te vas a largar cagando leches si no quieres que te parta la cara. – escuchaba la risita suave de Gussan de fondo.

La chica la miró espantada, agarró su bolso y se fue de la habitación a toda velocidad. Entonces se dio cuenta de dónde estaba, del país en el que estaba y de que probablemente había metido la pata hasta el fondo. Misuzu la miraba impactada y la expresión de Nagase estaba entre la impresión y el miedo…

– ¡Lo siento mucho! – Se inclinó ante la señora – Lo siento, no debería…lo siento.

– Menudo carácter – La mujer le puso una mano en el hombro, ella se levantó mirándola. – Gracias por quitarle esa lagarta de encima a mi hijo. Me has ahorrado pasar el bochorno de tener que echarla.

– Eso no quiere decir que justifique lo grosera que has sido.

– Lo sé, lo siento – Se inclinó de nuevo.

– Misuzu chan – Gussan le puso una mano en el hombro – Es tarde, te llevo a casa.

– ¡No voy a dejar a Tomo kun solo! – escondió una sonrisa de mala manera – ¡No sé de qué te ríes! Tu madre te llama también algo parecido, estoy segura.

– Tatsu chan – La voz atontada de Nagase le hizo sonreir. La miraba con esa risita estúpida que te da cuando tienes sueño.

– ¿Estás mejor? – Preguntó ella acercándose.

– Ya no me duele la cabeza, al menos – Le cogió la mano y tiró de ella y le hizo ponerla en su nuca – ah, que fresquita…

– Estás ardiendo todavía – cerró los ojos, ella le acarició la cara con el pulgar haciéndole sonreír. Se giró al darse cuenta de que nadie hablaba.

– Yamaguchi san, cuando vuelva del servicio llévame a casa. – La señora salió de la habitación y Gussan la miró con un gesto de aprobación.

– Te has acercado a Nagase, no te ha dicho nada, y además se va, ¿eso es que confía en ti?

– Sí, es algo bueno – Nagase abrió los ojos mirándola con una sonrisita – Por cierto, ¿dónde has aprendido a hablar así? Parecías la hija de un yakuza.

– Una noche que estuve hablando con Mabo me enseñó unas cuantas cosas – Los dos se rieron, Gussan a carcajadas y Nagase como podía.

– No hagáis tanto ruido – Les riñó Misuzu al volver del servicio – Hay gente durmiendo. Tomo chan, descansa y cómete el bento que te he traído.

– ¿De verdad te ha dado tiempo a hacer un bento? Ve con cuidado.

Sabía que no era costumbre en Japón, pero ella se quería despedir de él como tenía que ser, y Gussan, que ya la conocía, abrió los brazos riéndose. Le encantaba abrazarle, tenía unos brazos fuertes y siempre le daba unos abrazos cálidos a pesar de morirse de vergüenza. Al ver el contacto físico, Misuzu miró a Nagase un poco alarmada, pero le hizo un gesto con la mano para que no se preocupase. Miró a la señora sin saber qué hacer y se despidió inclinándose ante ella.

– Vaya con cuidado.

– Cuida bien a mi hijo, si mañana está peor no te quiero ver más por aquí – Se dio la vuelta y se fue. La chica se volvió hacia Nagase con cara de circunstancia, y él se limitó a reírse.

– No es tan peligrosa como parece.

– Calla y duerme, que si no tu madre me mata mañana.

– Métete aquí conmigo.

– No seas tonto, tienes que descansar – Se sentó en el sillón junto a la cama.

Nagase suspiró y cerró los ojos, apretando su mano. No tardó mucho en quedarse dormido, con una expresión tranquila. Se le pasaron los minutos mirándole, absorta del mundo, disfrutando lo que llevaba con ganas de hacer desde que se separó de él 4 meses atrás. Pero inevitablemente a ella también le entró sueño, se echó hacia atrás en la silla y rebuscó en su bolso. Dentro tenía el reproductor de música, así que se puso los cascos y se relajó en la incómoda silla del hospital. Prácticamente toda la música era de TOKIO, y se quedó dormida sin apenas darse cuenta. Lo último que llegó a ver era que estaba amaneciendo. Y los rayos de luz la despertaron de nuevo, además de alguien que estaba ante la ventana cerrando la cortina. Abrió los ojos, aún con la música puesta, lo que quería decir que solo había podido dormir un par de horas, tres como mucho. Nagase se sentó en el borde de la cama, mirándola con el pelo hecho un desastre. Ya no tenía el gotero puesto y su expresión era adormilada aunque más sana. Esbozó media sonrisa y apoyándose en los posa-brazos del sillón, besó sus labios con cariño. Le dijo algo pero con la música no le escuchó.

– ¿Qué? – Se quitó los auriculares, atontada.

– Que gracias por quedarte aquí, ¿qué escuchas? – El gesto que puso al escuchar la música que seguía sonando en sus cascos le encantó, concentrado y serio. Guapísimo –TOKIO, ¿por qué no me extraña?

– ¿Estás mejor? – El chico miraba al suelo, concentrado en la canción. Alzó los ojos y los clavó en los suyos. Se le cogió un pellizco en el estómago y el pecho al mismo tiempo – ¡no hagas eso! – Sus latidos retumbaban en sus oídos.

Puso el reproductor de música en la mesa de noche, se le veían las intenciones a distancia. La miraba con las ganas de sexo pintadas en la cara. Se acercó a ella y la cogió de un brazo, tumbándola en la cama para después tumbarse a su lado. La chica se sentó, pero él la tumbó de nuevo.

– Nagase, espera, tengo que hablar contigo… – Se limitaba a sonreír, mirándola muy de cerca y apoyado en el brazo – En serio, no quiero hacer nada sin hablar…

Se inclinó sobre ella y le susurró al oído muy despacio y rozándole con los labios: “Kamone, kamone, koi kamone pitari ata-chau kamone”. Al mismo tiempo que seguía cantándole en susurros, mientras ella se olvidaba de que respirar también consistía en exhalar aire, metió la mano por debajo de su fina camisa de tirantes y por debajo del sujetador. No se podía mover, por más que su cerebro le diese la orden de moverse. Tenía que aclarar las cosas pero su cuerpo no le hacía caso, estaba excitándose de manera bestial y a pasos agigantados. Su voz grave, su respiración haciéndole cosquillas, la sensación húmeda que le ponía los pelos de punta cada vez que se pasaba la lengua por los labios para cantar la siguiente frase, sus dedos bajando por su cuerpo hacia donde estaba deseando que fuesen… todo era placentero pero una tortura a la vez. Le quitó el botón a los pantalones cortos que llevaba y metió la mano dentro de ellos, acariciándola por encima de las braguitas húmedas. Subió el brazo que le quedaba más cerca de él y le agarró del pelo mordiéndose los labios y con los ojos cerrados, disfrutando del momento. Cuando se quiso dar cuenta, ya había llegado a la frase final de la estrofa, que pronunció más despacio que las demás mientras introducía sus largos dedos en su humedecida entrepierna.

            Los movía despacio, pero profundamente, y en lugar de cantarle le empezó a besar el cuello, dándole bocados esporádicos. La chica le agarró más fuerte del pelo y le obligó a besarla profundamente, lascivamente, liberando todo el deseo que tenía acumulado por él desde aquella vez. De repente, paró de besarla y le sacó la mano de los pantalones a toda velocidad, dejándola confusa. La empujó fuera de la cama y le señaló la silla, a la vez que se tapaba hasta arriba y se hacía el dormido. En ese momento llamaron a la puerta. No se había enterado de que venía alguien con la emoción del momento. Se dejó caer en la silla, después de ponerse el botón del pantalón  a toda prisa, haciéndose la dormida. Al menos, la habitación estaba en penumbra. Sintió a alguien acercarse a Nagase. Cuando consideró que su respiración se había calmado un poco, abrió los ojos.

– Ah, siento despertarla pero venía a ver su estado – Susurró la enfermera.

-No, no, está bien, ¿necesita que abra las cortinas?

– No es necesario, no quiero despertarle. Aún tiene la temperatura un poco alta – tuvo que aguantar la risa al pensar que lo que estaba era cachondo – ¿por qué no tiene puesto el gotero?

– No se… quizás se lo quitó el… – La enfermera suspiró.

– Vigílelo de cerca y si le sube la temperatura más de lo normal no dude en avisarme.

– De acuerdo, muchas gracias.

Una vez se marchó, la chica se levantó de la silla y se acercó hasta la puerta, echando el pestillo. Se dio la vuelta y le vio destapado y sin nada puesto excepto la ropa interior. La bata del hospital estaba en el suelo. La tenía tan dura que se le iba a salir de los calzoncillos negros que llevaba puestos. Se quitó la camiseta, acercándose despacio a él, que se la comía con la mirada. Volvió a desabrochar sus pantalones, dejándolos caer en el suelo. Se soltó la trenza despeinada que llevaba puesta desde el día anterior y dejó que el pelo le cayese por la espalda. Le dio la espalda y se quitó el sujetador, tirándolo hacia atrás. Le escuchó reírse y también escuchó un ruidito que le era familiar. Se giró un poco para mirarle sin que él le viera aún los pechos, se masturbaba, mirándola, pasándose la lengua por los labios. La chica le sonrió con picardía y se inclinó hacia delante de espaldas a él, bajándose las braguitas despacio. Giró la cara para mirar su reacción y se sorprendió cuando se le echó encima. La agarró de las caderas y la atrajo hacia él, sentándose en la cama y sentándosela a ella encima. Se agarró la erección, levantando un poco las caderas de la chica y se rozó con ella, empapándose ambos. La penetró gruñendo de placer, acariciando su clítoris. Los dedos de su otra mano fueron a parar a su boca, para que no hiciese ruido al gemir cada vez que tenía un orgasmo, aunque era un poco inevitable. Ella se movía despacio, sintiéndole dentro, sudando, escuchando todos los gemidos y ruiditos de placer que el hacía, que la excitaban el doble. Le mataba que le susurrase lo mucho que le gustaba de esa manera, le mataba que susurrase su nombre.

            La agarró de los muslos, quitándosela de encima y empujándola en la cama. La puso boca arriba y se inclinó sobre ella lamiéndole la entrepierna. Sus enormes manos se apoyaban en sus piernas, manteniéndoselas abiertas y volviéndola loca con su lengua. Le rozaba despacio, brusco despacio y más brusco aún, gimiendo contra su empapada piel. Le pareció escuchar que llamaban a la puerta pero le dio igual. Nagase se bajó de la cama para quitarse los calzoncillos que aún tenía puestos. Dieron una carcajada al ver el desastre de manchas blanquecinas de flujo en la tela negra. La chica se echó hacia el lado y acarició su miembro muy lentamente. Lamió de abajo a arriba mientras le miraba. Tragó saliva observándola darle placer, con la boca entreabierta. Sus gemidos roncos y lentos la estaban volviendo loca. Se inclinó hacia adelante y mientras ella seguía jugando con su lengua, le empezó a rozar a ella también con su mano. Aunque le parecía imposible cada vez se le ponía más dura, la sentía inmensa en su boca, sobre todo porque él se apretaba contra ella. Cuanto más la tocaba, más se excitaba y más salvajemente le lamía su erección, hasta que el la agarró del pelo, separándola. Se tumbó sobre ella, agarrándola de las piernas de rodillas en la cama y la penetró despacio. Ella le pedía más, más rápido y más profundo. Él le clavaba los dedos en los muslos, embistiéndola con los dientes apretados. Le tumbó encima suya, besándole y clavándole las uñas en la espalda. Nagase le pasó las manos por el pecho, cuello, espalda y piernas, para después abrazarla con fuerza, besándola entre gemidos. Se preguntaba hasta cuándo podrían seguir así. Pero Nagase hundió la cara en su cuello, dando un gemido larguísimo, poniendo todo su cuerpo en tensión. Le sintió más dentro de ella que nunca, se sintió feliz. El chico la miró, ambos jadeaban. Le dio un tierno beso y se dejó caer a su lado, sudando a chorreones.

– No te vayas, no te vayas nunca – La abrazó, oliendo su pelo.

– ¿Me ves con intención de dejarte solo? – Al mirarle a la cara, le pasó un dedo apartándole el pelo de la mejilla.

– No sé por qué te he echado tanto de menos, esto no es propio de mí. No tenía ni ganas de tocar la guitarra.

– Eso no me lo creo… – Escuchó que llamaban a la puerta preguntando si estaban bien – Debería abrir.

– Me has dicho que no te ibas a ir – Iba a contestarle pero le puso la mano en la boca, volviéndose a tumbar sobre ella – Ah, ah… nada…

– ¿Otra vez? – Se rio ella, encantada al sentir el peso de su cuerpo.

– Vamos a ver qué pasa.

El teléfono empezó a sonar en la mesa de noche, las enfermeras llamaban a la puerta, pero el mundo no existía más allá de la cama. El mundo tenía que esperar en ese momento perfecto, un sueño del que no pensaba despertar sola. El teléfono dejo de sonar justo cuando ella empezaba a gemir de nuevo. Las enfermeras desistieron, finalmente se habrían dado cuenta de lo que estaba pasando. Y ella se moría de placer junto a él, y ¿qué importaba el mundo cuando su mundo estaba dentro de ella?

 

 

Parte 3

1

Se despertó otra vez sola a pesar de que aún no había amanecido. No es que le molestara, después de todo no podía quejarse, pero le gustaba mucho más despertarse acompañada. Sabía que tenía cosas que hacer, además sabía qué tenía que hacer exactamente porque se aprendía sus horarios de memoria. Miró el despertador y se estiró, siempre se despertaba antes de la alarma… en unas horas se tenía que ir a trabajar, y ese pensamiento fue el que le hizo levantarse con alegría de la cama. Miró a los pies de esta y para variar se encontró con otro regalo. Ya no sabía cómo decirle que no necesitaba un regalo diario, que no por eso le iba a querer más porque era imposible quererle más de lo que ya le quería. Pero si le gustaba regalar cosas tampoco se iba a negar, tonta no era.

            Cogió el paquete y la nota que tenía encima, “Como te quede igual de bien que en mi imaginación vamos a tener que parar de grabar el programa porque vamos a tener un accidente con la asistente de cámara.” Se rio, suponiendo lo que había dentro del envoltorio. Lo abrió y lo primero que pensó es que era imposible que se pusiera eso para trabajar. Era un jersey de mangas largas, rojo oscuro, que dejaba un hombro al descubierto. Pero iba a tener frío con eso. Se lo probó y le quedaba perfecto, no sabía cómo lo hacía pero toda la ropa que le compraba siempre le quedaba como un guante. Y se sorprendió también de que era más abrigado de lo que se pensaba, le iba a dar una oportunidad… Abrió el armario y se puso unos pantalones vaqueros, los más cómodos que tenía, y unos botines que le sirvieran para andar por todo tipo de terreno. A saber dónde terminaba al final del día… Guardó su pijama y el de él, que para variar estaba tirado en el suelo de cualquier manera. No sabía cómo se las había apañado para tenerlo todo limpio cuando vivía solo. Se pegó la camiseta de su pijama a la nariz y aspiró profundamente, adoraba su olor corporal. Sin colonias, sin desodorantes, sin cremas, él.

Salió del dormitorio, entrando en el cuarto de las guitarras y apagando el ordenador que se había dejado encendido. Se dio una ducha rápida y desayunó lo primero que pilló en la cocina. Mirando a su alrededor se dio cuenta de que ya habían tenido sexo en todos los lugares posibles de la casa y en los imposibles también. Siempre tenía ganas y si no era él quien empezaba, siempre estaba dispuesto por muy cansado que estuviese. Entendía que a más de una japonesa esa idea no le gustase y se terminase cansando, pero ella no, siempre la cogía por sorpresa y en los sitios más inesperados. Tuvo que empezar a tomar anticonceptivas porque cuando empezaba no paraba, no atendía a razones. Tanto era así que la noche anterior tuvieron que parar porque estaba ella en el ordenador hablando por Internet con su gente, cuando apareció él levantándola de la silla y cogiéndola en peso para llevársela a la cama. Perdió el equilibrio mientras ella le besaba con ganas quitándole la camisa y casi tira las guitarras. La dejó caer al suelo tan bruscamente que casi tiraba otra guitarra. Y allí estaban los dos agarrando las guitarras y riéndose a carcajadas porque a él se le habían caído los pantalones. Al final terminaron desnudos en el suelo.

Suspirando, metió lo que había usado en el lavaplatos. En la mesa del salón había dejado preparada la noche anterior su maleta con todo lo necesario, suponía que las tiendas de campaña ya las llevarían otros porque nadie le dijo nada de que llevase una propia. Se puso el abrigo y salió de la casa con la mochila a la espalda y esperando no dejarse nada cuando empezó a sonar su teléfono.

– Ko chan, te llamo para recordarte que no te vayas para el estudio, que hoy nos vamos.

– Tranquilo, me he acordado.

– ¿Lo llevas todo? ¿No te dejas nada?

– Soy diez veces más organizada que tú, ¿qué me estás preguntando? – Se rio entrando en el taxi que venía a recogerla – Ya voy en camino, enseguida estoy allí.

– Tendrías que tener un coche…

– ¡Ni se te ocurra! ¿Conducir? ¿Y al revés? No gracias.

– Como quieras, ahora te veo.

Nunca había un te quiero, pero es que entre que él era japonés y que su relación no era pública… A veces no le gustaba la idea de tener que esconderse, pero lo que él le decía era cierto. No quería tener que estar escondiéndose de cámaras y tener que responder cosas que no quisiese. De todas maneras, también le dijo que tarde o temprano se terminaría enterando todo el mundo, que era cuestión de tiempo. De momento lo sabían sus familias y parecía que Misuzu san no la odiaba después de todo. Se bajó del taxi y fue casi corriendo hacia la estación de trenes. Vio a los técnicos de sonido de siempre y a los camarógrafos, que la saludaron sonrientes. Era un buen ambiente de trabajo, todos se llevaban bien y como eran puestos fijos no existía la competencia. Se llevaba especialmente bien con uno de ellos, Ken san, el más mayor de todos. Ella era su asistenta de cámara, aunque realmente trabajaba a lo que le ordenasen, así que tenía que ir corriendo de un sitio a otro cada vez que la llamaban. Y además era la traductora cuando la necesitaban. Tenía que agradecerle tanto que la enchufase en ese puesto… Aunque fuese la chica para todo, era un trabajo genial porque disfrutaba de su compañía casi todos los días y además tenía su dinero propio y no tenía que depender de él.

– ¿Soy la última? No me digas que me estabais esperando…

– No, faltan los protagonistas principales, como siempre – Ken le sonrió nada más verla.

– ¿No están aquí todavía?

– Que va, estaban grabando un anuncio para un programa de la televisión promocionando el single nuevo y como siempre se han entretenido. Pero ahí están.

Los vio venir con ropa de deporte puesta y los chaquetones, tenían pinta de todo menos de estrellas de J-pop. Para variar se estaban riendo a carcajadas de cualquier cosa, o de Shigeru, que era lo más común. Ella sospechaba que los compañeros del trabajo se empezaban a oler algo de lo que tenía con Nagase… no era normal tratar a alguien del equipo técnico con tanta confianza. Y es que no era solo él, eran los cinco. Se intercambiaron saludos y deseos de una buena jornada de trabajo, (aún le costaba adaptarse a tantas formalidades), y entraron en el tren que les llevaría hasta el campo.

– A ver, que yo me entere – Taichi se sentó el primero – Nos vamos al campo, a ver si sobrevivimos solos una noche entera sin ayuda de nadie, ¿no?

– Creo que es lo más fácil que nos han planteado hasta la fecha – Mabo, como siempre, iba de sobrado.

– Bueno, no te precipites, a ver con qué nos encontramos, y espero que por lo menos haya fruta o algo que llevarse a la boca – Shigeru parecía preocupado de verdad. No les iban a dejar sin ningún alimento.

– No nos vais a dejar pasando hambre, ¿a que no? – Nagase la miró dándole con un dedo en el cachete. Eran estas cosas las que se suponía que no podía hacer en público y aun así…

– A mí no me mires que yo hago lo que me ordenan – Señaló a los cámaras, haciéndoles reír.

El tren les iba a llevar casi a la otra punta de la isla, a Hiroshima, más concretamente a Miyajima, donde acamparían y dormirían esa noche. Se sentía afortunada de poder ir con ellos a estas cosas que antes se tenía que limitar a ver desde la pantalla del ordenador. Hacía siete meses no sabía ni quién era, y ahora era su vida entera. Empezaron a guardarlo todo y a sentarse, le daba rabia que los técnicos se sentaran en un lado y ellos en otro, aunque estuvieran en los asientos contiguos. Pensándolo bien tenía sentido, pero igualmente, le daba rabia. No hacía calor, pero sabía que como se dejase el chaquetón puesto se iba a morir de frío al bajarse del tren, así que se lo quitó. Se dio cuenta de que todos la miraban, algunos más descarados que otros, al fin y al cabo era la única chica en el grupo y tenía dos atributos que rara vez se veían en Japón. Nagase no se dio cuenta porque estaba guardando sus cosas en el compartimento de arriba de sus asientos, de espaldas a ella.

– ¿Puedes echarte a un lado? – Le tiró de la capucha del chándal.

– Perdona – Giró la cara para mirarla. Se quedó con lo que estaba guardando en la mano, observando su jersey nuevo con las cejas arqueadas.

– Gracias – Se puso de puntillas e intentó poner el chaquetón con todas sus cosas en la parte de arriba, pero no llegaba.

– Espera – Se situó tras ella y lo guardó sin problemas. La chica se dio la vuelta sonriendo. Él tenía las dos manos apoyadas en el compartimento sobre su cabeza y la miraba desde arriba con esa sonrisa de lado que le ponía – Mejor de lo que me imaginaba – Susurró.

– ¿Si? Gracias, pero como siempre, no hacía falta.

– A mí me alegra el día – Bajó una mano rozándole sin querer un pecho – No sabes cuánto.

La chica se rio y se fue hasta su asiento, dejándole de pie y de espaldas a ella. Las primeras tomas del programa fueron en el tren bala, no haciendo nada en particular, sino más bien haciendo lo de siempre; Hablando y contándose sus cosas. Normalmente, solo con eso terminaban riéndose a carcajadas, incluido el equipo técnico. A las dos horas de viaje empezaron a adormilarse, era lo más normal teniendo en cuenta que eran las siete de la mañana. Incluso los del equipo empezaron a roncar. Ella miró hacia donde estaban sentados los chicos, Nagase estaba dormido entre Shigeru y Gussan con los brazos cruzados y la barbilla apoyada en el pecho.

– Eh, ponte aquí – Le sugirió Gussan entre susurros. Se puso un dedo ante los labios para que guardase silencio.

– Está todo el mundo dormido. Mira, me voy al servicio y si quieres te pones. Ya me dirás qué prefieres, si dormir junto a ese tío o junto a él.

Se quedó dudando unos instantes pero es que tenía frío y él siempre estaba calentito… Se levantó y se sentó a su lado, mirando a su alrededor. Taichi se sentó frente por frente a Shigeru, los dos apoyados en la ventana. No estaba dormido y cuando la vio sentarse alzó las cejas varias veces y se rio bajito para no despertar a los demás. Cuando Gussan llegó del baño le hizo una foto a Mabo, que dormía junto a Taichi con la boca y las piernas abiertas de par en par. Le sonrió y se sentó en el que antes era su sitio, sacando un libro. Miró a Nagase, no le veía la cara porque la gorra que tenía puesta se la tapaba, así que la levantó un poco. Al darle la claridad, encogió la nariz y abrió un ojo. Al verla sonrió y ella inevitablemente le devolvió el gesto. Nagase le acarició la mejilla con las yemas de los dedos. Ella cerró los ojos y dejó caer la cabeza en su hombro, sintiendo su mano acariciarle la cintura y apretarla contra él. Como hacía siempre, le olió el pelo. Le hacía comprarse el mismo champú que se compraba en su país porque decía que en ella olía especialmente bien. Estaba tan a gusto y tan calentita que se quedó dormida en el acto. La despertaron tras lo que le parecieron horas unas risitas por lo bajo, se puso derecha y lo primero que vio fue la sonrisa de Nagase, solo que demasiado cerca. Dio un respingo y miró a los del equipo técnico, seguían dormidos.

– ¿Dónde estamos? – Sacó un espejito para arreglarse el maquillaje.

– Quedarán unos minutos para llegar – Shigeru sonreía. Todos lo hacían.

– Estabas cómoda ¿eh? – Mabo le dio una patadita en el pie.

– Estabas hablando – Nagase se rio un poco avergonzado.

– Ay no… – Últimamente le había dado por hablar en sueños, lo que no se podía creer era que lo hubiese hecho en ese momento – ¿Qué he dicho?

– No quieres saberlo – Le contestó riéndose aún más.

– “No” – dijo Mabo imitándola – “En la cocina no que vamos a partir los platos, baka” – Todos pegaron una carcajada y ella se rio, pero más de la vergüenza que de otra cosa.

– Y luego has dicho algo en tu idioma así que no se ha entendido, pero parecías contenta, a lo mejor os fuisteis al dormitorio.

– Cállate imbécil – Nagase le dio un empujón porque ya se habían despertado los del equipo.

– ¿Estabas soñando con algo que pasó anoche? – le preguntó Gussan.

– Lo siento – dijo ella con una mano ante la boca mirando a Nagase, se moría de vergüenza, literalmente.

– No pasa nada, de todas maneras no puedes evitar hablar o no en sueños. Y no – Le dijo a Gussan – Eso no ha pasado nunca. De momento nunca me ha parado, si se ha tenido que romper algo se ha roto.

– Las guitarras no – Murmuró ella, levantándose de su lado al ver que el tren se detenía para coger sus cosas.

Los chicos se quedaron un poco confusos mientras ella y Nagase sonreían. Conforme se iban acercando a la isla más se asombraba de lo bonita que era. Era la primera vez que estaba allí y solo la había visto en películas y series. Ella tenía entendido que era un parque natural pero por lo visto les habían dado permiso, bajo la supervisión de un guía claro. Agradecía enormemente que el viaje en barco fuese tan corto, le mareaban muchísimo. La isla era preciosa, aunque no le dio tiempo de mirar el paisaje porque tenía que ir atenta a lo que le ordenaban sus jefes. Había veces que se olvidaba que estaba trabajando, pero es que se lo pasaba tan bien… Llegaron a una parte un poco más urbanizada en la que les estaba esperando el guía, o más bien tenía que decir la guía, era una chica. Y muy bonita. Junto a ella había unas maletas que suponía que eran las casetas de campañas de todos, ya que tenían sus nombres puestos.

– Bienvenidos a Miyajima, soy Umiko.

– ¿Eres nuestra guía? – Le preguntó Shigeru

– Si, bueno, más que guía la que os va a decir donde podéis y donde no podéis estar, así como qué podéis y qué no podéis comer. Los ciervos son sagrados así que ni se os ocurra tocarlos.  Y bueno, en estas zonas del mapa no podéis estar, si miráis un momento por favor… – Ya estaban como niños pequeños sin hacer caso, a pesar de la edad que tenían – Y ahora, si me acompañáis os muestro la zona donde vais a acampar.

Se empezaron a meter campo a través, tenía que ir pendiente de lo que le decían que hiciese, de ayudar a todos los técnicos si tenían un problema y de no tropezarse con las ramas. Al final llegaron a un claro del bosque en el que soltaron las maletas y las casetas. Había una caseta para dos de los chicos y otra para tres. Y había una para cada dos miembros del equipo técnico, pero teniendo en cuenta las circunstancias y que las casetas de ellos eran más bien grandes, (para meter los materiales que no pudieran mojarse en caso de lluvia), llegaron a la conclusión de que lo mejor era dejarle la más pequeña a ella, aunque la más pequeña seguía siendo enorme. Y lo agradeció muchísimo, no le hacía gracia dormir con ninguno de ellos. Las casetas eran de las que nada más abrirse ya estaban montadas, otra cosa que agradecer, pero las de los chicos no. Las de los chicos eran de las antiguas, suponía que para que les fuera un poco más difícil la experiencia. Los grabaron montándolas, gritándose los unos a los otros y desesperándose un poco.

Hubo un momento en el que Mabo le tiró el martillo a Shigeru y le dio en el pie, lo que hizo que todos se partieran de risa. Acordaron meterse en la misma caseta Mabo, Shigeru y Gussan porque estos dos últimos ocupaban menos sitio que Mabo, y dejaron al más bajito que era Taichi con el más grande, que era Nagase. Cuando terminaron de montar las casetas casi las deshacen al meterse dentro para meter las colchonetas en las que iban a dormir. Mientras grababan esas escenas, Ken le dijo a la chica que montase la suya rápidamente y que siguiera ella grabando al terminar. Sacó su caseta, que se montó sola al sacarla, solo le tuvo que poner las piquetas y el colchón que se parecía bastante a un futón. Estaría cómoda y además le habían dado mantas bastante cálidas. Algunos del equipo de rodaje se quejaron diciendo que ellos no tenían por qué quedarse, que podían irse a un hostal por la noche, pero como no sabían qué podía pasar y se tenían que quedar con las cámaras, no les quedó más que callar y aceptar la situación.

Salió de su caseta, que era enorme para ella sola, para coger sus cosas y dejarlas dentro. Vio que los chicos se habían metido en las suyas, pero a Nagase se le salían los pies. Era demasiado pequeña para él, lo que hizo que todos se riesen a carcajadas. Le quiso cambiar el sitio a Mabo, pero este se negó porque entonces sería él quién tendría los pies fuera. Riéndose, la chica se metió en su caseta y dejó sus cosas en una esquinita de esta. Si ya hacía frío, no se quería imaginar después…le encantaría dormir con él, aunque con tanta gente desconocida cerca era una locura. Dentro de la caseta se estaba bien en realidad, se las apañaría. Se quitó el chaquetón para moverse con más libertad dentro, ya se lo pondría antes de salir. Estaba sacando su ropa de dormir para guardarla bajo las mantas cuando vio que alguien se acercaba a la puerta de la caseta.

 

2

– Tadaimaaaa – Nagase estaba en la puerta de su caseta y había una cámara tras él.

– ¿Qué haces? – Le dijo ella susurrando y empujándole de los hombros hacia fuera.

– ¿Qué manera es esa de recibirme? ¡Ay! – Se tropezó con el pie en el borde de la caseta al entrar y se cayó dentro de cualquier manera, tirándola a ella de lado también – ¡Aquí sí entro entero!

– Pero… ¡Quítate los zapatos! Ohg, da igual – Se puso boca abajo y se tapó la cara con las manos mientras se escuchaban las carcajadas de Mabo y de Gussan desde fuera. Ken estaba con la cámara en la puerta de la caseta, riéndose también. Estaba segura de que lo sabía todo.

– ¡Buenas noches! – Nagase echó al cámara fuera de la caseta, a pesar de que este le estaba protestando, y cerrándola se volvió a tumbar junto a ella – ¿De verdad creías que ibas a dormir sola?

– Claro que sí, estoy trabajando – Le susurró un poco desesperada, mirándole.

Seguía tumbada bocabajo, con una mano de Nagase en la espalda. Se echó la gorra hacia un lado y le dio un beso a la chica en el hombro que le quedaba al descubierto, mirándola a los ojos. Sintió que algo saltaba en su estómago, no se le iba esa sensación por más tiempo que pasara cada vez que la miraba fijamente. Se acercó a ella y le dio un breve y cariñoso beso, le encantaba sentir la calidez de sus gruesos labios, el sabor que tenían, el roce esporádico de su lengua… o no tan esporádico. Comenzaron a besarse con tanta ansia como la primera vez, le costaba hasta respirar. Le metió la mano por debajo del jersey acariciándole la espalda y acercándola a él. Ella le quitó la gorra para besarle mejor y para agarrarle del pelo, le encantaba agarrarle del pelo. Al besarle tan intensamente, hacía unos ruiditos graves que la excitaban muchísimo. Le pasó una pierna por la cintura y se tumbó sobre ella, que a pesar de tener puestos pantalones vaqueros notó su erección. Se les estaba yendo de las manos, pero no se dio cuenta de hasta dónde se les escapaba el asunto hasta que él le pellizcó un pezón y dio un gemidito involuntario.

– Uy – Rio él. Le pegó con las manos en los hombros mientras Mabo y Gussan se partían de la risa fuera de la caseta.

– Si es que estás loco, vamos a salir antes de que esto llegue más lejos – Susurró ella quitándoselo de encima, muy a su pesar.

– Ahora voy, que no puedo moverme por tu culpa. Y cámbiate de jersey, es difícil mirarte sin ponerme nervioso.

– Fue idea tuya – salió de la caseta, poniéndose el chaquetón entre risas.

– ¿Ya? ¡Nagase, que rapidez! – Le dijo Mabo haciendo que este pegase una carcajada. Lo estaban grabando todo las cámaras, aunque ella suponía que ya lo harían de forma y manera que no se viese esa parte a la hora de emitirlo.

– Toma – Le dijo Ken dándole la cámara, pesaba una barbaridad. No entendía cómo podía ir muchas veces corriendo detrás de los chicos con ese peso encima – A ver si también se me mete a mi alguien…

Ken le guiñó el ojo y se fue a preparar su caseta y la de los demás. Ella se limitó a encender la cámara, roja como un tomate. Les grabó decidiendo que iban a dormir Mabo y Taichi en una caseta, Gussan y Shigeru en la otra y Nagase con ella pero no dijeron su nombre, solo en la caseta más grande. Umiko, la guía, acababa de llegar y se acercó a ellos. Por lo visto tenían que hacer una serie de pruebas por separado para abastecerse, les dio unos planos de por dónde tenían que ir y un walkie-talkie a cada grupo de dos, (Mabo decidió ir por libre, según él, de otra manera sería demasiado fácil), por si la necesitaban que se pusieran en contacto con ella.

– En mi vida había tenido tanta facilidad para que una chica me diese su teléfono – bromeó Shigeru haciéndoles reír – O lo que sea esto

– Bueno, espero que no haya ningún problema – Umiko miraba mucho a Nagase. Y lo comprendía pero… – Usadlo solo si es necesario. Ya nos veremos.

– ¿No te quedas aquí a dormir con nosotros? – Cuando Nagase le hizo esa pregunta, los celos amenazaron con salir, deseando perderla de vista.

– ¿Qué pretendes? – Le dijo Gussan riéndose – En todo caso tú no eres el que tendría que preguntárselo

– ¡Ah! ¡No! No iba… lo siento – Umiko le sonrió tontamente y ella pensó que como no le quitase esa sonrisa perfecta la arrastraba por los pelos.

– No pasa nada, no me molesta – Claro que no, no le importaba en absoluto.

Justo en ese momento, Ken le pidió que le diese la cámara, ya había acabado de montar su caseta y tenía que seguir él grabando. Y lo agradecía, le quemaba la sangre ver como esa le ponía caritas a Nagase. La mandaron a revisar que en las mochilas llevaran agua y lo que iban a necesitar para seguir a los chicos con las cámaras por la isla. Se iban a tener que separar, esperaba que la dejaran en el grupo de Nagase, que iba con Shigeru, pero si no podía ser… Los escuchaba hablar con Umiko y cómo ella les reía las gracias tontamente. El problema principal estaba en que su autoestima nunca había sido gran cosa y menos al tener delante a esa tía tan preciosa: tenía una larga melena castaña, estaba más delgada que ella pero tenía unos pechos del tamaño perfecto y sus labios gruesos hasta a ella le parecían seductores.

– Como sigas así vas a reventar la botella – Le dijo Gussan riéndose, arrodillándose a su lado y soltándole la mano de la botella. La estaba apretando con toda la rabia que le daba la situación y sus propios pensamientos.

– No es nada, vete anda, que estamos trabajando.

– Relájate, hemos parado un poco para poner las cosas en orden antes de irnos, ¿qué te pasa que estás tan enfadada?

– Ya sabes lo que me pasa, no me preguntes como si fueras tonto, es evidente – Le señaló con la cabeza hacia donde estaba Umiko.

–  Hemos entrevistado a chicas mil veces más bonitas que ella y nunca ha pasado nada.

– Pero es que tú estás enamorado de tu mujer…

– Ah, ¿Nagase no está enamorado? – Se quedó callada mirando la botella de agua. Desde luego con que la quisiera la mitad de lo que ella le quería a él se conformaba, pero nunca se había hecho a la idea de que estuviera enamorado – No te veo muy segura.

– Puede ser… quizás solo sea atracción física lo que tenemos. Bueno lo que él siente.

– ¿Se lo has preguntado?

– No, me acabo de dar cuenta de que lo pienso. Es que no me había planteado nada de esto hasta que no me lo has dicho.

– Vaya, pues lo siento, pero es algo digno para plantearse.

– No, no, si está bien. Estas cosas hay que tenerlas en cuenta.

Hasta el momento se había limitado a vivir al momento, a lo que sentía, y no se había parado a pensar nada de eso. Cerró la mochila y se levantó, estirándose. Nagase la vio levantarse y le sonrió acercándose a ellos dos.

– ¿Qué tienes ahí?

– Es para cuando tengamos que salir corriendo detrás vuestra, que siempre terminamos con la lengua fuera – Le dijo ella ocultando los pensamientos que le estaban rondando por la cabeza

– A ver en qué resulta esto, porque se supone que el que no consiga comida de la casa de alguien en una hora se tiene que buscar la comida en el bosque – Se quejó Gussan.

– No pasa nada, yo no voy a pasar hambre – Nagase le dio un pellizco en el trasero discretamente.

– Estate quieto… – Ahora no se le iba de la cabeza la idea de que solo la quería para lo que la quería y no tenía ánimos para nada de eso. Él se quedó mirándola extrañado.

– ¿Qué te pasa? – Gussan se apartó sin que se notase, dejándolos a los dos hablando solos.

– Nada – fingió una sonrisa a pesar de no saber hacerlo.

– Mentira, nunca me habías rechazado así.

– Pero es que estamo—

– Independientemente de quien esté delante, nunca lo haces, ¿qué te pasa? Hace un momento tu actitud era más que buena.

– No es el momento para hablar de esto.

– Como quieras, pero no me mientas. Si te pasa algo, dímelo.

– Vale – Le puso las manos en los hombros alejándole de ella porque se estaba acercando mucho.

– Oye – Le puso los dedos en la barbilla, haciendo que le mirase a los ojos – Quita esa cara

– ¿Qué cara? – Le daba la sensación de que como siguiese mirándola a los ojos tan cerca iba a mandar la discreción a tomar por saco – Es la cara que tengo.

– Me gusta más tu cara feliz, me hace feliz a mí también. Y si no veo tu cara feliz no soy yo feliz, así que cambia esa cara – suspiró y fingió una sonrisa de nuevo – No me convences.

– Pues lo siento, pero ahora mismo estoy un poco molesta

– Me gustaría saber qué he hecho – Se alejó de ella, desistiendo con un suspiro. En el fondo le dolió que dejase de intentar animarla pero es que ella tampoco le estaba poniendo las cosas fáciles – Luego hablamos.

Se dio la vuelta y se fue con los demás. Ella se quedó con las maletas, las cogió y se acercó al grupo, dándole una a cada uno de los miembros del equipo. Ahora estaba peor que antes y no es que le pudiera echar las culpas a nadie, al fin y al cabo eran películas que se montaba ella sola en su cabeza. Pero es que tampoco podía evitarlo, si era así de insegura lo era y punto, porque al fin y al cabo todo lo que tenía era un ataque de celos. Se dijo a sí misma que era una tontería, que tenía que controlarse y tenía que confiar en él. Se obligó a sonreír de verdad. Al girarse hacia el grupo los encontró hablando con Umiko. Nagase se reía a carcajadas. Le iba a costar controlar los celos más de lo que pensaba.

Se pusieron en marcha, Umiko se fue a su casa o donde fuera, pero se fue lejos y era lo que importaba. El grupo partía del mismo sitio pero después tenían que dividirse. Al final la pusieron con Taichi y Gussan porque Ken dijo que se Negaba a correr detrás de Nagase o Mabo, tenían las piernas muy largas. Por suerte los chicos se lo estaban tomando con calma, confiaban en sus caritas de niños buenos para conseguir lo que querían y la verdad es que no les fue nada mal y más teniendo en cuenta de que había pocas casas en la isla y que no podían pedir nada a alguna casa en la que ya hubiese pedido comida alguno del otro equipo. En un punto de ese camino se encontraron de frente con Mabo, un tanto desesperado porque no había conseguido dar con ninguna casa en la que inspirase confianza y cuando lo hacía, ya habían estado ellos antes. La hora se le pasó volando, se reunieron para ver que los que más consiguieron fue su grupo, seguidos de Nagase y Shigeru y el último Mabo. Se tenían que apañar con lo que tenían para almorzar y cenar, cosa que no les agradó mucho.

– ¿Y ahora qué hacemos? – Taichi puso en orden todo lo que tenían.

– Yo que sé, llama a Umiko – Le dijo Shigeru a Nagase.

– Umiko chaaaaaan – La llamo este por el walkie talkie.

– Tomoya kuuuuuun – respondió ella, haciendo que todos se riesen. A ella no le pareció gracioso, ni siquiera ella le llamaba Tomoya.

– ¿Nos podrías decir qué tenemos que hacer ahora, Umiko chan?

– Por supuesto Tomoya kun – La bromita se estaba alargando demasiado.

– Voy al servicio, senpai –  Ken no le puso pegas.

Vio que había un punto de información turística cerca y aprovechó para quitarse de en medio, no tenía necesidad de ver como su supuesto novio, porque ni siquiera podía llamarle eso en público, tonteaba con otra en su cara. Estaba cabreadísima, con lo contenta que estaba por la mañana siempre tenía que aparecer una lista que lo estropeaba todo. Aunque realmente no era culpa de ella, era Nagase el único que estaba metiendo la pata, o a lo mejor era ella la histérica y Nagase no estaba haciendo nada malo, ¡pero es que no podía soportarlo! Cuando pasaron unos minutos salió del baño, intentando no estar enfadada, intentando controlarse.

– Ya sé qué te pasa – La voz de Nagase la sobresaltó, la estaba esperando fuera del baño, serio y con los brazos cruzados – Y que sepas que es una estupidez.

 

3

No tenía ganas de hablar del tema, no en ese momento. Le iba a decir cosas que no quería decirle porque estaba enfadada. Y es que nunca se había enfadado con él, nunca la había visto así y no sabía cómo iba a reaccionar.

– ¿Has hablado con Gussan? – Le preguntó ella.

– No, he visto tu cara cuando estaba hablando con Umiko san.

– ¡Ah! ¿Ahora es san? ¿Pero no era Umiko chan?

– ¡Déjalo ya! Me ofende que te pongas celosa – Siempre que tenían un dilema se acercaba a ella, pero se alejó.

– ¿Que te ofende? Perdóname pero creo que es bastante normal que me ponga celosa.

– No, no es normal. Con la que estoy es contigo, ¿no?

– Mira déjalo, estamos trabajando, ya hablamos luego.

Nagase hizo el intento de agarrarla por la muñeca pero ella se escabulló de su lado apartándole bruscamente y caminando hacia el grupo. Ya era bastante tarde así que iban a volver al campamento a comer lo que habían recogido. Cuando llegaron, Umiko estaba allí, enseñándoles cómo tenían que hacer una hoguera exactamente para evitar incendios. Mabo dijo que era inútil, que ellos ya sabían hacer un fuego pero ella igualmente se quedó. Gussan activo su modo “padre cocinero” y se puso a hacer parte de su comida y la de Taichi. Los del equipo se turnaron para comer bajo las angustiadas y hambrientas miradas de los miembros del grupo. Le daba un poco de pena no poder darles nada, pero así eran las cosas… Además, cuando Gussan terminó su comida tenía bastante buena pinta. El problema vino cuando tanto Shigeru como Nagase intentaron hacer de comer y casi se les quema todo.

– A ver, déjame a mí – Umiko se situó junto a ellos para hacerles la comida.

– ¡Muchas gracias! – Shigeru respiró aliviado entre risas.

– ¿Pero eso no es hacer trampa? – protestó Mabo.

– Lo que te pasa es que quieres que una chica te haga de comer a ti también.

– Hace mucho tiempo que no hago de comer para un chico – comentó Umiko.

– ¿Y eso? ¿No tienes novio? – Le preguntó Nagase

– No – La muchacha le miró con la intención pintada en la cara. Cuando él le sonrió de esa manera pícara, se sintió peor que mal.

– Eso no me lo creo…

– Nos toca comer – Le dijo Ken en susurros para que no saliera en la cámara. Se fue con él, furiosa, rabiosa, ofendida, muerta de celos.

Abrió el bento y empezó a engullir lo que tenía delante, realmente no estaba disfrutando de la comida. No quería ni mirarles, ni oírles, ni saber nada. Quería que pasara el día cuanto antes para irse a casa y entonces hablarían. Ya lo creía que iban a hablar, por los codos. Y si no quería hablar pues tenían un problema. Cerró el bento y lo guardó, no le pasaba la comida por la garganta y menos escuchándola hablar con él. Lo metió en la maleta de malas maneras y se metió en la caseta. Sacó de su mochila el reproductor de música y se tumbó allí hasta que la llamaran de vuelta al trabajo. El problema era que casi todas las canciones eran de TOKIO, y claro, casi todas cantadas por Nagase. Lo apagó y lo tiró con furia a una esquina de la caseta. Desde allí les escuchaba, así que optó por salirse y darse una vuelta por el bosque.

– Ko chan, ¿Estás bien? – Ken se acercó a la caseta al verla salir.

– Si, ¿por qué? ¿Tengo mala cara?

– Es que estás muy seria, y sola. Y siempre estás dándoles vueltas a estos locos.

– No es nada, son cosillas mías.

– ¿Tuyas solo? ¿Le has visto la cara a Nagase san? – señaló al grupo, pero Nagase no estaba por ninguna parte. Ni Umiko. Definitivamente quería irse a casa – Ah, ahí está.

– Esto es… – estaba alejado del resto del grupo, fumándose un cigarro con ella, hablando con ella a solas – Y luego dice que es una estupidez…

– Necesito que vayas al pueblo, ¿puedes acercarte y comprar unas cuantas cosas para los chicos?

– Si, dime qué necesitas y ahora vengo.

– Tómate tu tiempo – Le dijo Ken después de darle la lista con las cosas que les hacía falta – No vas a hacer mucha falta por aquí y así te despejas – En ese momento, Nagase miró hacia donde estaban, echando el humo del cigarro mientras Umiko le contaba algo.

La chica negó con la cabeza y se alejó de allí. Sí que era verdad que necesitaba despejarse, necesitaba pensar con tranquilidad. No quería sacar conclusiones precipitadas. Podían pasar varias cosas: una, en el peor de los casos, que él estuviese realmente tonteando con esa tía en su cara, cosa que no pensaba tolerar; otra podía ser que se lo estuviera inventando todo y él no fuese con segundas intenciones; y la última que se le ocurría es que él, al ver que ella se había puesto celosa quisiera darle más celos aún con la intención de dejar claro que así era su forma de ser. Realmente esperaba que fuese lo segundo. Fue relajadamente hasta el centro y compró lo que le pidieron: tabaco, pilas, una revista, una almohada para Ken, (tenía una edad y no podía dormir en cualquier parte), y por inercia, compró unos dulces que venían cubiertos de leche condensada.

Se dio cuenta cuando estaba en la caja, los cogió porque a Nagase le gustaban mucho y siempre que los veía, se los compraba. Realmente le encantaba cualquier cosa que tuviese leche condensada por encima, incluida ella. Le empezaron a llegar recuerdos, uno detrás de otro, y se empezó a poner triste. No quería estar enfadada. Cuando llegó al campamento era prácticamente de noche, se había tomado con tranquilidad el ir y venir. Allí no había nadie aún, suponía que seguían grabando por ahí y se sintió mal. No debía mezclar los sentimientos con el trabajo, aunque trabajase con él no podía hacer esas cosas. El trabajo era trabajo. Fue repartiendo por las casetas lo que le habían pedido y en las casetas de los chicos, fue metiendo, ahora que no la veía nadie, dos bollitos en cada una para que se los comiesen luego.

– ¿Estás mejor? – Umiko la pillo de lleno dejando los bollos en la caseta de Mabo y Taichi. Se volvió y, haciendo de tripas corazón, le sonrió.

– Estoy bien, solo había ido al centro.

– Ah, creí que te encontrabas mal

– No, no – Si pretendía ser su amiga no iba a conseguir nada.

– Debe ser genial trabajar con ellos.

– Si, la verdad es que me encanta mi trabajo.

– Nagase es tan perfecto – suspiró. Para no sacarle los ojos en un ataque de ira, se dio la vuelta y se fue hacia la hoguera que seguía encendida. Suponía que para eso se había quedado ella ahí – Me muero de la envidia

– ¿Envidia de qué? – A lo mejor se estaba poniendo muy borde, pero le daba igual.

– De su novia.

– ¿Qué sabes tú de su novia? – Se sentó frente al fuego, empezaba a hacer frío.

– No mucho, me la ha nombrado por encima. Debe ser una chica espectacular para estar con él, ¿no crees?

– Hmm… – Eso no se lo esperaba.

– De todas maneras creo que es para darme celos. Es la primera vez en mi vida que me rechazan, lo que le hace más tentador, ¿nunca has pensado en intentarlo con él?

– Prefiero no hablar de esas cosas.

Para salvarla de la situación, los demás hicieron acto de presencia. Umiko se les acercó, toda perfecta ella deshaciéndose en sonrisas por una broma que no alcanzó a oír. Le paso una mano por el brazo a Nagase, que se limitó a mirarla sonriendo. Dejaron de grabar durante un ratito para que descansaran todos antes de cenar. Nagase pasó por su lado sin mirarla y se metió en la caseta. Sin embargo, los del equipo técnico le dieron las gracias por las cosas que necesitaban.

– ¿Y esta almohada? – preguntó Ken.

– Sé que tienes problemas de cuello, así que pensé que te iba a venir bien.

– Muchísimas gracias, eres muy buena chica.

– Nada, gracias a ti – Ken era lo más parecido a un padre que tenía en esos momentos, le apoyó y confió en ella desde el principio a pesar de ser novata y extranjera.

– ¡Ko chan! ¿Dónde has estado metida toda la tarde? – Le preguntó Taichi dándole con una ramita.

– ¡No me pinches! Fui a comprar unas cosillas que hacían falta.

– ¡Arigato Ko-chaaan! – gritó Mabo desde dentro de su caseta. Taichi la miró extrañado y fue corriendo a ver qué se encontraba.

– ¿Por qué no vas a hablar con él? – sugirió Gussan susurrando y sentándose a su lado.

– Porque todavía estoy trabajando, ya hablaremos al volver – Desde la caseta, escuchó a Taichi gritando “UMAI” con la boca llena. El pobre no pensaba las cosas…

– Yo creo que de esta noche no pasa, Nagase está molesto también.

No le dijo nada, prefería no decir nada. Umiko hablaba con Mabo, igual de tonta que se ponía con Nagase. Por lo visto se iba a quedar a dormir porque estaban montando una caseta más. Y como ella era tan divina se la montaban, no la montaba ella, no fuera a ser que se le partiese una uña o algo. Volvieron a grabar de nuevo, esta vez ella tenía una de las cámaras porque no había hecho nada en toda la tarde y se sentía mal. Además, eran unos planos fáciles, no tenía que moverse mucho. Nagase salió de la caseta, con un gorro de lana en lugar de la gorra de siempre, y se prepararon para cenar lo que les quedó del almuerzo. Esa vez Umiko cocinó para todos y como Mabo apenas tenía comida, Gussan y Taichi le dieron un poco de la suya. Al acabar de cenar, Ken le preguntó si ella quería comer algo, pero no se le apetecía. Era cierto que Nagase estaba inusualmente callado, pero aun así, de vez en cuando hacía bromas y se reía con los demás y con Umiko que por supuesto, no le quitaba ojo de encima. Siguieron charlando alrededor de la hoguera, contándose cosas y ellos grabándolo todo. Desde luego, sin le negaba haber tonteado con Umiko tenía pruebas en video de que mentía… Comenzaron a contar anécdotas del grupo y sin saber cómo, empezó a aparecer en ellas. Mabo la llamó.

– Ko chan, vente con nosotros – Ella negó con la cabeza pero Ken le quitó la cámara.

– Ve anda… por un día no pasa nada.

– Para los que no lo sepáis – dijo Gussan cuando ella se sentó a su lado, entre él y Shigeru. Nagase le quedaba frente por frente, con la hoguera de por medio – Esta chica era nuestra fan antes de trabajar con nosotros.

– Lo sigo siendo.

– Nos conocimos de casualidad, ¿verdad?

– Tengo muchísima suerte de estar con vosotros tanto tiempo.

– Hablas muy bien japonés para no ser de aquí – Umiko volvía a ser agradable y a ella volvía a molestarle.

– Lo estudié durante varios años y los meses que llevo viviendo aquí me han servido de mucho para mejorarlo, pero no hay manera de que hable sin acento.

– ¿Y tienes novio?

– Sí… bueno, o eso creo – intentó que no se notara mucho pero miró a Nagase, quería ver su reacción. Miraba el fuego, serio. Pensó que si Umiko estaba loca por él era lo más normal. No terminaba nunca de asimilar que fuese tan atractivo y que quisiera estar con ella.

– ¿O eso crees? – Mabo parecía ofendido – ¡Claro que tienes novio! Pero el imbécil no quiere decirlo en público – Los demás del grupo se rieron, menos Nagase.

– ¿Es famoso o qué? – Umiko estaba de lo más cotilla.

– Preferiría no hablar más del tema…

– Parece que fue hace dos días la primera vez que te vimos, ¿eh? ¿Dónde fue? – Le preguntó Shigeru.

– En la cocina del albergue.

– Ah… esas vacaciones me encantaron, estuvimos muy tranquilos y además como no sabíais quiénes éramos estábamos más cómodos todavía.

– Es verdad, entonces no sabías que éramos famosos – recordó Gussan – Fue una buena manera de conocernos.

– Fueron las mejores vacaciones de mi vida – admitió ella, sonriendo un tanto triste.

– Seguro que desde esos días no miras las duchas de un hotel con los mismos ojos –Mabo dio una carcajada acompañado de los demás. Tanto los cámaras como Umiko estaban un poco perdidos.

– ¿Por qué? – preguntó esta, haciendo que se riesen más aún.

– No me acuerdo muy bien, tengo que decir que habíamos bebido mucho sake y—

– ¡No lo cuentes! – Se moría de la vergüenza, todo el mundo prestaba absoluta atención a lo que contaba. Nagase miraba a Taichi con las cejas levantadas.

– Yo juraría que les vimos pasar por delante de la puerta con solo una toalla puesta y riéndose.

– ¿¡Con solo la toalla!? – preguntó Umiko bajo un “¿EHHH?” general de los miembros del equipo – ¿Con quién? ¿Qué pasó?

– Lo que pasó en el hostal allí se queda.

– Uy, de eso nada, anda que no trajo cola después. Mira dónde estás, no se quedó ahí ni mucho menos. A más de uno le ha cambiado la vida – comentó Gussan.

– ¡Ah!, si no lo vais a contar no nos dejes con la curiosidad – Se quejó Umiko – ¿Hace frío o es cosa mía? – Se intentó acercar a Nagase pero este se levantó y miró el reloj.

– Creo que nos deberíamos de ir a dormir, que mañana tenemos que hacer muchas cosas

– Tienes razón – asintió Shigeru – La verdad es que estoy cansado

– Espera, espera un momento – Mabo agarró a Nagase de la chaqueta del chándal – ¿A ti qué te pasa que llevas toda la tarde rarísimo? Siempre te acuestas el último.

– ¿Eh? ¿No puedo estar cansado?

– Es verdad lo que dice Nagase – Gussan salió al rescate – Vamos a acostarnos ya – Los chicos se levantaron, sacudiéndose las ramitas que se les había pegado en el pantalón. Los del equipo dejaron de grabar y se despidieron hasta la mañana siguiente.

– ¿No te acuestas? – Gussan le puso la mano en el hombro al ver que se quedaba sentada.

– No, me voy a quedar un ratito más aquí.

– ¿Quieres que me quede? No tengo sueño aún.

– No hace falta, de verdad, acuéstate.

– Vale pero abrígate que está empezando a hacer frío. Y por cierto, las cosas se solucionan hablando – susurró con una sonrisa.

– Ahm, Nagase san, ¿no decías que no cabías en tu caseta? – Umiko se le acercó dando una carrerita – Mi caseta es la más grande, si quieres… – Se dijo a sí misma que mejor era si no apartaba la mirada del fuego, porque como les mirase no sabía si iba a controlar las ganas de arrastrarla de los pelos hasta la playa.

– No, gracias, voy a dormir aquí.

– Buenas noches entonces, y buenas noches a ti también – La miro sonriente – Por cierto… ¿Tú donde duermes?

– Ahí – señaló su caseta, que le quedaba a la espalda. La cara de Umiko era un poema.

– Pero ahí duerme él…

– Ya lo sé. Pero es que es mi caseta

La chica le dedicó una sonrisa extraña, se dio la vuelta y se metió en su tienda. Eso había sido un guantazo sin manos. Pero a pesar de esa pequeña satisfacción aún seguía con el malestar de lo que había pasado. Se sentía fatal por haber discutido con él y le daba miedo meterse en la caseta y que siguiera enfadado con ella. Si no quería hablar con ella… Estaba empezando a sentirse realmente triste cuando le escuchó trastear a sus espaldas, maldiciendo y quejándose. Notó que estaba detrás de ella y le sintió sentarse a su espalda. Se había sentado con las piernas extendidas, dejándola a ella en medio, y le rodeó los hombros con los brazos tapando a ambos con la misma manta. Entonces sí que le entraron ganas de llorar; cuando él la empujó hacia atrás para que apoyara la espalda en su pecho, se sintió venirse abajo. Cogió la manta y se tapó la cara reteniendo un sollozo que luchaba por salir hasta que sintió que las ganas de llorar se iban. Nagase le olió el pelo, como de costumbre, y le dio un beso en la mejilla.

– No me gusta estar mal contigo – Le susurró en el oído – Odio verte así.

– Ya… – La apretó fuerte contra él.

– Siento si he hecho algo que te moleste, pero tienes que creerme, no lo hice con ninguna intención.

– No lo parecía.

– Oye, mírame – giró a la chica, poniendo las dos piernas sobre su pierna derecha y haciendo que su espalda se apoyara sobre su pierna izquierda. Le pasó una mano por detrás de la espalda – Lo siento, siento hacerte sentir mal – La miraba con ojos tristes, no sabía ya si estar enfadada o no.

 

4

Nagase le puso la mano derecha en su cara, ella la apretó contra su mejilla cerrando los ojos. Le quería tanto… no podía estar enfadada con él, es que era imposible. Y esos ojos… parecía que se iba a poner a llorar de un momento a otro, pero eso no podía ser, él no lloraba. No porque fuera un tipo duro ni nada de eso, simplemente las lágrimas no le salían nunca por muy triste que estuviese.

– Tengo miedo – admitió ella.

– ¿De qué? Ko chan, estoy contigo – La apretó contra su pecho, abrazándola.

– De que no me quieras – Antes de que pudiera hacer nada por evitarlo se dio cuenta de que era ella la que estaba llorando – De que me dejes.

– Pero, a ver – Nagase se rio ante tal declaración – Con lo bien que estábamos esta mañana, ¿cómo se te puede pasar por la cabeza la idea de que voy a dejarte?

– Porque – miró hacia las casetas y bajó la voz – Porque te has hecho muy amigo de Umiko, con todas esas bromitas. Y encima ella te ha llamado Tomoya y no le has dicho nada. Es más te has reído, hablasteis dos solitos mientras fumabas y encima a ella el encantas y tontea descaradamente y–

– Oye, ya, para. Dime la verdad, si Umiko hubiese sido una chica fea, ¿habrías reaccionado igual?

– No se trata de si es guapa o no, se trata de que es perfecta.

– No es perfecta

– No la has mirado bien

– ¿Quieres que la mire bien?

– ¡No! – Le dio un manotazo en el hombro haciéndole reírse. La chica chasqueó la lengua – ¿No hay manera de hablar en serio contigo?

– Es difícil pero se puede – La miró a la cara, levantándosela con los dedos puestos en su barbilla – No te quiero ver llorando por mi otra vez.

– ¿Por qué te gusto? ¿Qué sientes por mí?

– Ya te expliqué lo que sentía por ti en el hotel, y aunque estaba malo con fiebre era verdad. Eres con la única que puedo ser yo y siempre te estás preocupando por mi. Además del físico, que es evidente que me gusta…

– Nagase, yo estoy enamorada de ti.

– Ya lo sé.

– Se sincero conmigo, ¿tú me quieres? Sé que los japoneses no sois de decirlo en voz alta pero necesito escucharlo.

– Te quiero mucho, idiota – La chica se mordió el labio mirándole a los ojos.

Ella le puso una mano en la cara y le besó en los labios. Él la abrazaba, pasándole la mano por la cintura. Escuchó unas risitas y a Taichi decir “voy a llorar…”. Dejó de besarle y miró a las casetas viendo a los cuatro asomados y aplaudiendo flojito para no despertar a los demás. Nagase se quitó los zapatos y se los tiró, haciendo que se rieran a carcajadas.

– ¿Nos vamos a la caseta? – Le propuso Nagase.

– Si anda, antes de que salgan todos otra vez.

– ¿Qué pasa? – Umiko se asomaba desde su caseta con un pijama puesto y sonriente al escuchar las risas de los demás justo cuando se pusieron de pie.

– Nada, charlas nocturnas – Mabo la miró con chulería – ¿No tienes frío durmiendo ahí solita?

– Bueno, yo… – Umiko miró a Nagase descaradamente, no desistía, desde luego era constante con lo que quería – Sí, estaría mejor acompañada.

– ¿Lo dices por mí? – Le preguntó Nagase, Umiko sonrió tontamente.

– ¿No te cansas? – No pudo más, tuvo que contestarle – Porque yo me estoy empezando a cansar.

– ¿Cansarme? – Umiko la miraba asombrada – Nagase le puso una mano en el hombro.

– No, no me callo, ¿no te ha dicho ya que tiene novia? ¿Qué pretendes?

-¿Y a ti qué más te da?

– ¿Que qué más… ¡Mira, estarás buenísima pero eres un poco imbécil!

– Oye, vámonos a dormir, déjalo ya – Él se puso entre las dos, Umiko había salido de la caseta. Nagase la empujó por los hombros hacia su tienda de campaña.

– ¡Nagase kun! No me has contestado – Por encima de su hombro, vio a Umiko agarrándole de la mano y tirando de él hacia su lado – ¿De verdad no vienes? Tu novia no tiene por qué enterarse, no le hagas caso a esa.

– ¡¡Me cago en-

– Buenas noches Umiko – Nagase se soltó de su mano, empujando a Ko chan lejos de Umiko.

– No me empujes – La agarraba por los hombros para que se metiera en la caseta pero ella no quería. Lo que quería era despellejar a esa lagarta. La empujó dentro y le quitó los zapatos mientras ella se tumbaba, resoplando y rabiosa. Cerró la cremallera, para mirarla con un chasqueo de lengua.

– No merece la pena, no seas tonta.

– ¿Por qué no le has dicho que soy tu novia?

– Ko chan…

– No, dime – Se sentó mirándole a los ojos – ¿Por qué? Se lo deberías de haber dicho cuando me ha despreciado de esa manera.

– ¿Quieres que lo sepa? ¡Corre, ve a decírselo! – Le señalaba la puerta de la caseta – ¡Y si te quieres pegar con ella allá tú, pero me parece una estupidez!

Se quitó el gorro, la chaqueta y los calcetines, quedándose con los pantalones del chándal y una camiseta negra de mangas cortas. La chica le miraba meterse entre las mantas de espaldas a ella sin saber qué pensar. No entendía su arrebato furioso. Molesta por lo que acababa de pasar se quitó el chaquetón y cogió el pijama. Se quitó los vaqueros y se puso los pantalones de tela. Cuando se quitó el jersey y se quedó en sujetador, Nagase se volvió.

– ¿No entiendes que estamos en un programa de televisión? Mañana tenemos que seguir rodando con ella y no se puede notar que ha pasado algo.

– Lo único que entiendo es que no le dices las cosas claras y que ella cada vez se lanza más contigo. Mañana ten cuidado porque a lo mejor te mete la lengua en la boca mientras le dices que es sorprendente que no tenga novio.

– ¿Pero qué dices?

Se puso la camiseta del pijama y se acostó de espaldas a él. Se sentía fatal pero no veía justo que a ella le dijese esas cosas cuando era la que menos culpa tenía. La conocía poco si pretendía que se quedase quieta mientras que la imbécil esa quería  llevárselo a la cama. Nagase la agarró del hombro y la miró desde arriba con el ceño fruncido. Estaba apoyado en el brazo izquierdo y fue a quitarle el pelo de la cara cariñosamente con la otra mano, pero ella giró la cara. Si le dejaba hacerle cariños le iba a perdonar todo. Le puso la mano derecha en la cara a la chica y se la giró, obligándola a mirarle.

– Vamos a ver, ¿yo quién soy?

– ¿Qué clase de pregunta es esa?

– Respóndeme – puso los ojos en blanco y suspiró.

– Nagase Tomoya, el cantante de TOKIO y actor cuando te da por ahí.

– Vale. Pues no entiendo cómo sabiendo eso, no tienes en mente que tengo muchas fans, y aunque la mayoría no se van a atrever a hablarme en la vida las hay como Umiko que hacen lo imposible con tal de que me fije en ellas. Y yo no puedo ir diciéndoles que se alejen de mí porque le daría mala imagen al grupo y a mí como idol.

– O sea, que me estás diciendo que mientras esté contigo tengo que aguantar verte tontear con tus fans, ¿no?

– Más o menos, sí.

– No voy a hacer eso… – apartó su mano bruscamente y estaba dispuesta a girarse, pero le puso la mano en el hombro y no podía moverse.

– Pues es como son las cosas. La mujer de Gussan nunca le ha puesto problemas.

– Ya, porque ella no será celosa o porque le dará igual. Suéltame.

– No, eso no es así. La diferencia entre vosotras es que ella sabe que Gussan jamás la engañaría porque le quiere. Porque es la única mujer que le importa en este mundo por más mujeres que se le pongan delante.

– Eso no lo puede saber. A lo mejor un día encuentra a una chica más bonita y se enamora también de su forma de ser y se acabó.

– Entonces podría pensar yo lo mismo de ti, ¿no?

– Venga ya, no seas ridículo.

– Ah, ¿a ti no puede pasarte pero a mi si? En el trabajo no paras de encontrarte con otros famosos y de una edad más cercana a la tuya. Y encima eres fan de ellos también: Yamapi, Toma kun, Oguri Shun, Kamenashi Kazuya, Akanishi Jin y puedo seguir con una lista interminable.

– Pero eso… tú sabes que nadie me gusta como tú, aunque me entusiasme encontrarme con ellos.

– No te entusiasmas, te pones a dar saltitos y a sonreír como nunca cuando los ves. La primera vez que viste a Shun me agarraste tan fuerte del brazo que casi me hiciste daño.

– ¿Estás celoso? – No le respondió, en su lugar abrió la boca y volvió a cerrarla, mirando hacia el lado y pasándose la lengua por los labios, con el ceño más fruncido aún – No me lo puedo creer.

– Pues yo tampoco puedo entender tus celos.

– ¡Mis celos tienen toda la lógica del mundo! – Dejó de hablar bajito, se le acabó la paciencia – ¿Tú te has visto? Como me has recordado, muchas gracias, tienes un montón de fans locas por follarte y esa Umiko es una de ellas. ¡Y lo veo de lo más lógico, no las culpo de nada! Pero tú te limitas a charlar y a tontear en mi cara, ¿y no quieres que me ponga celosa? Y más siendo ella tan perfecta.

– ¿Se puede saber qué me va a dar ella que no me des tú? – Mientras ella estaba hecha una fiera, él estaba de lo más tranquilo.

– Ella es mucho más bonita, más desenvuelta, tiene el cuerpo perfecto y además tiene que ser una guarra en la cama, ¡no hay más que verla! – Ante todo pronóstico, Nagase dio una carcajada.

– Mira, voy a desmontar tu teoría: Como ella las he visto a montones; no tiene el cuerpo perfecto porque el cuerpo perfecto lo tienes tú, que parece que hoy te has ido de casa sin mirarte en el espejo; no me sirve de nada que sea tan desenvuelta si luego no tiene tema de conversación, solo habla de ella misma y en fin… lo de que es una zorra en la cama me parece una estupidez teniendo en cuenta que tú nunca tienes fin y nunca me has dicho que no. Al revés, parece que te llevas todo el día esperando. Estoy seguro de que si ahora me acerco más de la cuenta se acaba la conversación.

– No, ahora estamos hablando

– Pues yo me he cansado de hablar – Se tumbó prácticamente encima de ella, pasándole la mano desde la cintura hasta la pierna, agarrándosela con fuerza.

– ¡No! – Le empujó justo cuando iba a besarla – ¡No me parece bien que yo me tenga que quedar mirando mientras tonteas con otra! ¡Lo siento pero no puedo!

– Te doy cariño, te doy sexo, te trato con respeto, vivimos juntos, te regalo cosas casi todos los días y aun así te pones celosa de la primera que se me acerca. ¡Es que no lo entiendo! No sé qué hacer ni qué decirte para que te lo creas.

No quería mirarle a la cara porque se iba a dejar llevar y toda la pelea que estaban teniendo no iba a servir para nada si no lo resolvían. Notó que Nagase se quedó mirándola, no decía nada y no se movía. Eso era lo peor que podía hacer porque no tenía ni idea de qué estaba pensando, le aterraba la idea de que se enfadase con ella, así que terminó por mirarle. Chasqueó la lengua y se pasó la mano por los ojos.

– Mira, me da igual todo, me da igual lo que digas. Esto solo se resuelve de una manera.

Se sentó y se quitó la camiseta de un tirón. Se giró hacia ella y sin darle tiempo a reaccionar la agarró de las piernas y se tumbó entre ellas, sobre su cuerpo. La chica le puso las manos en los hombros intentando alejarle, aunque en cuanto rozó sus labios con los suyos sabía que era una batalla perdida. La besaba dulcemente, muy despacio, y la desnudaba conforme la iba cubriendo de besos por todas partes. Le quitó la camiseta, dejándola de nuevo en sujetador, aunque no duró mucho con el puesto. Con un movimiento rápido se lo quitó de un tirón y le agarró ambos pechos con sus enormes manos mientras le metía la lengua en la boca. La chica le agarró del pelo y de la nuca mientras saboreaba sus besos y disfrutaba del doloroso placer que sentía cuando le pellizcaba los pezones. Nagase bajó rozándole con los labios, mirándola con deseo, con esos ojos oscuros que le hacían perder la razón.

            Le bajó los pantalones y las braguitas y le dio pequeños bocados y besos en sus piernas, muy cerca de su sexo y sin parar de mirarla a los ojos. Al verla tan excitada sonrió, y pasó su lengua despacio de su pierna derecha a la izquierda. Pero evidentemente, se paró en medio, matándola del placer. Sabía que no podía hacer nada de ruido porque lo que la separaba de los demás era simplemente unos trozos de tela y estaba viendo que le iba a costar muchísimo. Y más aún cuando sintió los dedos curiosos de Nagase introducirse en su interior mientras seguía lamiéndola con fiereza. Subió hasta besarla en la boca de nuevo, sin sacar los dedos de su cuerpo, tocándole el pecho y la cara, moviendo las caderas al ritmo de su mano. Sacó los dedos de su cuerpo bruscamente y casi simultáneamente sintió la presión que hacía su miembro para entrar en ella. Cuando finalmente la penetró tuvo que apretar su boca contra su hombro, él le jadeaba en el oído. Le sentía moverse dentro de ella, muy despacio, desde la presión que hacía al entrar hasta el pinchazo cuando la penetraba profundamente una y otra y otra vez. Apoyaba las manos en el suelo de la caseta, ella le apretaba el trasero con la intención de que la penetrara más profundo aún. Se puso de rodillas, inclinado hacia adelante y agarrándola de las caderas, moviéndose más bruscamente. Era increíble el placer que le daba sentirle enorme y caliente dentro de ella,

– Di mi nombre – Le pidió en susurros mirándola a través de una maraña de pelo rizado.

– Nnn…

– Quiero oírte… mi nombre…no Nagase… mi nombre.

– To… – iba a gritar, como hablase iba a terminar gritando. Entonces aceleró el ritmo, pero no disminuyó la brusquedad lo que hizo que la chica se mordiese el labio con fuerza y se agarrase de las mantas. Se inclinó sobre ella y la besó.

– Aishiteru… – jadeaba roncamente, entre dientes – Aishiteru, Ko chan.

– Tomoya… – No lo pudo evitar y gimió.

Se incorporó, echando la cabeza hacia detrás con los músculos de su cuerpo en tensión mientras ella se agarraba de la manta y se mordía un dedo para no gritar más. Y al sentirle fluir dentro de ella no pudo reprimir el gemido de placer que luchaba por salir. Ninguno de los dos se reprimió; él en tensión, ella curvando la espalda. Nagase se dejó caer a su lado, sonriendo y agarrando la manta para taparse.

– Tápate antes de que se te enfríe el sudor.

– ¿Crees que estarán ya dormidos? – Le preguntó cuando fue capaz de respirar con normalidad.

– Alguno que otro nos habrá escuchado, es inevitable – La chica resopló – Y a los demás los hemos despertado casi seguro

– No te rías, me da vergüenza…

-Venga ya, todos saben que estamos juntos, salta a la vista – La besó, se besaron durante un buen rato de una manera tan tierna que se sentía derretirse.

– Tengo hambre – dijo ella sentándose de repente y cogiendo el bento mientras él se reía – Follar siempre me da hambre.

– ¿Me das un poquito?

Se comieron juntos lo que quedaba del bento, desnudos y tapados con la manta. Pensó que ya se preocuparía de los problemas de celos más tarde, en esos momentos solo quería estar con él. Se puso el chaquetón y se colocó al revés en la caseta, con la cabeza por fuera para fumarse un cigarro. La chica hizo lo mismo pero antes cogió una cosa de la maleta. Le observó contemplar las estrellas mientras el humo ascendía de sus labios.

– Toma, el postre – susurró. La miró tras echar todo el humo.

– ¿Cuándo has comprado esto? – Se le iluminó la cara al ver el bollito – Solo por esto me casaría contigo.

– Cómetelo después del cigarro que si no, no lo vas a disfrutar. Ahí dentro tienes una bolsa entera, te los compré esta tarde.

– Estas son las cosas que más me gustan, estar así contigo.

– Ojalá pudiesemos estar así siempre – Nagase le dio un beso en la frente y siguió fumando, mirando el bollito como el que tenía un tesoro entre sus manos.

 

 

5

A la mañana siguiente les despertó Gussan riéndose a carcajadas mientras Taichi gritaba algo incomprensible. Nagase se incorporó totalmente despeinado y solo con los calzoncillos puestos. Abrió la caseta y sacó la cabeza gritando con lo que ella llamaba ‘su voz de yakuza cabrón’.

– ¡¡Algunos intentamos dormir!! ¿Pero qué… – Se quedó callado unos instantes y se volvió a meter en la caseta riéndose a carcajadas.

– ¿Qué pasa? – preguntó ella, poniéndose el sujetador y la parte de arriba del pijama.

– ¡Asómate corre!

La chica sacó la cabeza fuera poniéndose de rodillas en la caseta y vio que la tienda de Taichi y Mabo estaba totalmente aplastada. Un ciervo la pisoteaba tan tranquilo, comiéndose lo que quedaba del bento de unos de los cámaras. Gussan y Shigeru reían a carcajadas de la cara de Taichi, y Mabo estaba sentado y fastidiado, frotándose los ojos y bostezando. Ken y otro cámara, (que seguro que llevaban despiertos un buen rato), los grababan también entre risas.

– Estaba dormido y de repente vimos que algo enorme estaba intentando entrar – explicó Taichi mirando al ciervo de lejos.

– Eso te pasa por dejarte la cremallera abierta – Mabo le tiró una rama.

– ¡Un ciervo! – Umiko acababa de salir, perfectamente arreglada.

– Pero si no hacen nada Taichi no tengas miedooaaahhmn – La chica dio un respingo y un gritito que sonó casi como un gemido. Y es que Nagase le estaba rozando con las yemas de los dedos por encima de las bragas desde atrás. Al mirar a su espalda, le vio dentro de la caseta mirándola sonriente y agarrándose la erección de las mañanas por encima de la ropa interior – Estate quieto – Le susurró. Negó con la cabeza y le hizo gestitos para que se acercase mientras que escuchaba a los demás reírse de ella y a Mabo imitándola.

– Vente, uno rápido antes de salir – Tiró de su brazo y la acercó a él, ambos de rodillas en la caseta. La agarró del trasero y la besó profundamente mientras echaba sus braguitas hacia un lado con sus dedos.

– No, no, no, no – La cogió en peso y se la sentó sobre las piernas, sacándose su miembro de los calzoncillos y penetrándola bruscamente. Se quejó y la mandó a callar, besándola de nuevo, agarrándola de las caderas y moviéndose despacio – Están todos ahí fuera, las cámaras… – Los escuchaba reírse y los sentía moverse fuera de la tienda, que ni siquiera estaba cerrada del todo.

– No voy a parar, no hasta volverte un poco loca – Se la quitó de encima y la puso de espaldas a él, apoyada en el suelo de la caseta. Le bajó la ropa interior y agarrándola de los pechos volvió a entrar en ella violentamente. La chica mordió la manta para amortiguar sus jadeos, no tuvo solo un orgasmo, tuvo varios y muy intensos. Nagase la masturbaba a la vez que la penetraba y no podía siquiera pensar. Y el más intenso lo sintió cuando él llegó al orgasmo también, casi tumbado sobre ella, susurrándole al oído lo muchísimo que le gustaba e intentando no hacer ruido, dándole un bocado tremendo en el cuello.

– ¡Woo! – Se tumbó boca arriba riéndose – Menos mal que están haciendo un montón de ruido ahí fuera, ¿eh?

– No hagas estas cosas – jadeaba, sentándose y recogiéndose el pelo.

– No he podido evitarlo, te he visto de espaldas y—

– Cállate ya – Se vistieron entre risas, ella se tuvo que cambiar de ropa interior y mientras tanto, Nagase se comió los dos últimos bollitos. Al salir de la caseta, ella se fue enseguida junto a Ken y los demás, huyendo de las cámaras.

– ¿Has desayunado? – preguntó Ken.

– No, pero no pasa nada, come tú algo primero y dame ese cacharro – cogió ella la cámara mientras su senpai desayunaba.

– ¡Heeey, mira quien es! “Tomoya kuuuuun” – Mabo se reía a carcajadas, imitando sus gemidos. Se habían enterado de todo, se moría allí mismo de la vergüenza.

– ¡Cállate imbécil! – Nagase le dio una patada – ¿Dónde están mis zapatos?

– Por ahí andarán, que nos los tiraste ayer – Taichi bostezó, rascándose la barriga – ¡Aaaah! Tengo hambre…

– ¡Tadaaaa! – Umiko sacó de su tienda  bentos para los chicos – Los he preparado yo.

– ¿Comida de verdad? ¡Por fin! – Mabo le quitó el bento de las manos, como casi todos ellos. Nagase lo cogió y le sonrió brevemente, sentándose en el suelo. Umiko, que estaba inusualmente callada.

– Nagase san, ¿no te gusta? – le preguntó al ver que apenas estaba comiendo.

– No, es que no tengo mucha hambre.

– ¿Cómo vas a tener hambre? – murmuró Gussan guiñándole el ojo – Te has llevado toda la noche comiendo – Nagase dio tal carcajada que se atragantó con el arroz.

– Dame, ya he terminado – Ken le quitó la cámara, riéndose también – llévale agua que se muere – Cogió una de las botellas de agua y se agachó junto a Nagase, que a pesar de toser sin parar no podía dejar de reírse.

– Gracias Ko chan, aguántame esto – Ahora que tenía el bento cerca se dio cuenta de que estaba muerta de hambre – Come si quieres, no puedo más.

– Ehm… – miro a Ken que le hizo un gesto positivo con la mano – Gracias.

– Venga, siéntate – La agarró por un hombro y la sentó a su lado.

– ¿Habéis dormido bien? – Preguntó Taichi – Estos colchones son mejores que los de mi cama. Si no fuera por el ciervo…

– Yo si – dijo Shigeru – Pero ha habido un momento de la noche que Gussan se ha pensado que era su mujer y me ha dado un abrazo.

– A mi me duele todo – dijo Mabo cuando dejo de reírse – He tenido que dormir un poco encogido, estas casetas son muy pequeñas.

– Pues yo he dormido de maravilla – Nagase se estiró con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¡Vete a la mierda! – Mabo empezó a tirarle todo lo que tenía a mano con la ayuda de Taichi. Ella se echó hacia el lado riéndose para que no le diese nada de rebote.

Desmontar el campamento fue bastante más fácil que montarlo. Sin embargo, a ella le costó más desmontar su caseta porque tenía que doblarla y no sabía muy bien cómo. Después de darle infinitas vueltas, Gussan se le acercó para ayudarla.

– A ver, déjame, tengo una igual. Me la llevo cuando me voy a la playa con mi familia.

– Gracias, me estaba volviendo loca…

– ¿Se solucionó todo?

– Más o menos, ¿puedo hacerte una pregunta personal? – Le hizo un gesto con la mano para que hablase – ¿Alguna vez se ha puesto tu mujer celosa de tus fans?

– Ah, sí, muchísimas veces, sobre todo al empezar a estar juntos. Pero con el tiempo se dio cuenta de que era una tontería. El seguirle el juego a las fans es simplemente porque si les decimos que no…

– Ya, ya, da mala imagen.

– No seas tonta, está loco por ti. Cuando no está contigo se lleva todo el tiempo en las nubes, y si le habla alguien de ti se puede llevar horas con el mismo tema.

Una vez ella vio cómo se guardaban las casetas y un poco más tranquila con lo que Gussan le había dicho, fue a guardar las demás. Le llevó un buen rato, pero en ese tiempo estuvieron grabando como los chicos apagaban el fuego y recogían toda la basura que pudiesen haber dejado. Ella fue hacia su maleta y comprobó que no se dejaba nada mirando a su alrededor. A pesar de las risas y el ruido de los chicos, aquel lugar era precioso y tremendamente tranquilo. Anduvo un poco y miró entre unos árboles que le quedaban detrás para encontrarse con la ladera de una pequeña colina. Un río pasaba a lo lejos y se veían algunos ciervos andando por allí.

– Tiene que ser bonito ver esto nevado, ¿verdad? – Nagase la abrazó por la espalda.

– La verdad es que sí, en unos meses estará todo cubierto de nieve.

– A lo mejor en unas semanas solo, depende del frío. Y hace bastante ya.

– Ahora mismo no tengo – apretó sus brazos con cariño, y al soltarse se dio la vuelta, mirándole sonriente – ¿No piensas ponerte bien esos pelos? – Le intentó peinar un poco con los dedos.

– Ahora me pongo el gorro y asunto resuelto. De todas maneras, sé que te gusto más así.

– ¡Nagase san, nos vamos! – Umiko se acercó con su espectacular sonrisa.

– Ah, vale. – Le contestó. Se volvió hacia ella, revolviéndose el pelo, sonriente. Umiko no les quitaba la vista de encima, impaciente por que volvieran con los demás. Claramente no le gustaba nada que estuvieran ellos dos solos – Ven aquí.

– ¿Qué haces? – Le puso las manos en la cintura y le dio un beso de lo más tierno. Ella no le iba a decir que no y menos delante de Umiko, pero es que resultaba que les estaban grabando.

– Te prometo que vamos a venir solos cuando esto esté nevado – Le pasó el dorso de la mano por la mejilla – Pero nos quedamos en un hotel.

– Mejor en un hostal.

– Con ducha comunitaria.

– Eso mismo – Se rieron y se dieron la vuelta para encontrarse a una perpleja Umiko.

Y no abrió más la boca en lo que quedaba del día, solo para despedirse de ellos y para preguntar cuándo se iba a emitir el programa, que era justo la noche siguiente. La vuelta la hicieron de lo más tranquilo, sin cámaras grabando y sin trabajar. Iban bromeando, echando cabezaditas en el tren y, para su alegría, Nagase estaba de lo más cariñoso. No la soltaba ni un momento y le daba igual quien pudiera estar mirando. Cuando se bajó del tren se adelantó y llamó por teléfono, hablando sin parar de la estación al taxi.

– Ko chan, no me puedo ir a casa contigo, tengo cosas que hacer esta noche.

– ¿Vienes luego?

– Voy a intentarlo pero no lo sé. De todas maneras mañana tengo el día libre hasta la noche que hacemos el programa, así que si no te veo esta noche te veo por la mañana.

– ¿Pero dónde vas?

– Tengo prisa. Cuando abras los ojos estaré allí – Se fue casi corriendo.

Un tanto confusa le dijo al taxista la dirección de su casa, e igual de confusa se duchó, cenó, y se metió en la cama. Se le pasaron por la cabeza todas las posibilidades, llamó a Gussan pero no estaba con él y decía que no tenía idea de dónde podía estar. No quiso llamarle a él directamente porque no quería atosigarle, pero estaba dándole vueltas al asunto sin parar. Esa noche le costó muchísimo esfuerzo dormirse. A la mañana siguiente estaba allí, como le dijo. La despertó la puerta del armario cerrándose, él le miró con el pelo mojado de la ducha y unos pantalones vaqueros puestos. Se tumbó en la cama junto a ella, besándola tiernamente.

– Buenos días

– Hola…

– ¿Qué te pasa?

– Que he dormido fatal, ¿dónde has estado?

– Haciendo cosas.

– ¿Qué cosas?

– Cosas mías – La chica le miraba con desconfianza, no le gustaba nada ese secretismo – Te he comprado una cosita para que te la pongas esta noche – Ahora la situación le gustaba menos aún.

– ¿Pero no tenemos el programa esta noche?

– Sí, pero quiero verte con esto puesto – era muy parecido al jersey rojo, pero en vez de un jersey era un traje abrigado de lana que le llegaría más o menos hasta las rodillas. Pero la parte de arriba era idéntica a la del jersey – Lo vi anteayer y pensé en comprártelo pero no estaba seguro. Me dije a mí mismo después de verte con el jersey que tenía que verte con esto puesto. Venga, levántate y vístete que nos vamos a comer con los chicos y luego al trabajo.

La mañana le pasó un tanto extraña. Nagase estaba más activo de lo normal y no paraba quieto. En el almuerzo se reía mucho y miraba el teléfono móvil a cada momento. Se apartó del grupo al recibir una llamada hablando durante un buen rato. Al volver cogió la chaqueta y le dio un pellizco en la mejilla.

– Me tengo que ir, nos vemos en el estudio.

– ¿Qué? ¡Pero donde vas! – Se levantó pero él ya había salido. Gussan la agarró del brazo, sentándola de nuevo – ¿Sabéis que le pasa?

– Ni idea – Taichi se encogió de hombros – No te preocupes, te terminarás enterando tarde o temprano. Seguro que no es nada malo.

Los chicos seguían charlando pero ella no prestaba atención a nada. La situación se estaba poniendo cada vez más rara, ya no entendía nada de lo que estaba pasando. Antes de que se diera cuenta iban camino al plató y estaba ayudando a Ken a montar las cámaras y a comprobar que todo estaba bien.

– ¿No te da curiosidad saber cómo han montado el video esta vez?

– No – respondió ella – Como siempre supongo…

– Ten en cuenta que ha habido muchas escenas en las que se os ve de lo más cariñoso.

– Si, pero no es la primera vez.

– Nunca ha sido tan descarado.

– ¿Qué me intentas decir? ¿Qué lo van a poner en directo? Lo dudo mucho, Nagase no quiere.

Ken se encogió de hombros y siguió a lo suyo. El público empezó a llegar y le dijeron que avisara a los chicos de que en diez minutos tenían que salir. Llamó a la puerta del vestidor y cuando le dieron permiso para pasar les informó de la situación. Asintieron y se fueron hacia el plató, Nagase le dio un beso en la mejilla antes de salir. Estaba guapísimo con el pelo recogido y esa barbita que últimamente se dejaba, pero se sentía resentida con él, así que no le pudo sonreír.

– ¡No te enfades conmigo! – Le pidió, alejandose por el pasillo dando una carrerita.

Al mirar hacia la mesa antes de cerrar la puerta vio que se había dejado el teléfono. Lo cogió y se lo llevó, pero antes de meterse en el plató se le ocurrió una estupidez. Una estupidez de las que arrepentirse. Miró las últimas llamadas de Nagase, una era Gussan. Las otras eran de Umiko y las horas coincidían con la hora a la que llamo ayer y a la que se fue del restaurante esa mañana. Entró en el plató y se fue hacia él, aún no habían empezado a grabar.

– ¿Eran cosas de trabajo las de ayer y esta mañana?

– ¿Por qué tantas preguntas?

– Toma, te lo habías dejado en la mesa. Guárdatelo cerca no vaya a ser que Umiko chan te llame de nuevo.

– No, Ko chan, no es—

– Cállate, no me hables en lo que te queda de día. Por lo menos.

Se dio la vuelta y se puso junto a Ken entre enfadada y triste, no le había mentido exactamente pero sí le ocultaba cosas. Reteniendo lo que sentía se centró en su trabajo. Presentaron el tema del día y llamaron a la invitada especial, y casi se cae de espaldas al ver a Umiko entrando en el plató. La entrevistaron muy brevemente y pasaron a poner los videos. Salía más veces de las que ella quisiese pero como ya se esperaba cortaron las escenas comprometidas. No salió nada del tren, nada de cuando se metió en su caseta, (salió metiéndose en la caseta pero no se dijo nada de que ella estuviese dentro), y por supuesto nada de los celos. Pero sí se vio claramente como Umiko le hacía ojitos y le ponía sonrisas de lo más tontas. Pudo ver las cosas que se perdió ese día, se notó bastante el antes y el después de la pelea con Nagase en el ánimo de este en los videos. De la conversación de la noche lo pusieron todo, incluso cuando cenó con ellos por lo que estaba oficialmente en la televisión japonesa. Algunas chicas del público la señalaban, dándose cuenta de que era ella, pero no se vio nada sospechoso.

            Sin embargo, tras las escenas del problema de Taichi con el ciervo se vio a Nagase sacar la cabeza por la caseta y tras meterse dentro riéndose, sacaron que ella estaba con él y en pijama. No podía ser más evidente. Se llevó una mano a la boca avergonzada mientras que las chicas del público gritaban de asombro. Los chicos se partían de risa y Nagase sonreía un tanto avergonzado. Lo que no se esperaba para nada es que sacasen el momento en el que se besaron. No lo sacaron directamente, salían de fondo mientras le hacían un plano a Taichi diciendo tonterías, pero ella los vio, y vio a Umiko quedarse de piedra. Justo ahí acabo el video y Mabo, dando espectáculo como siempre, se levantó.

– ¡Un momento! ¿He sido el único que ha visto algo raro en las escenas finales?

– Yo creo que también lo he visto – Shigeru sonreía, a ella se le iba a salir el corazñon por la boca.

– Poned otra vez el momento en el que sale Taichi casi al final – pusieron el video – ¡Ahí, ahí detrás, ese es Nagase con Ko chan! – El público daba grititos, la señalaban, ella no sabía dónde meterse.

– Espera, ¡espera! Puedo explicarlo – Nagase no paraba de reírse, nervioso – Aaaaahm… la conozco, bueno la conocemos, desde hace 7 meses, ¿No? – Los chicos asintieron – Y bueno, me gustaría decir hoy, creo que es el momento adecuado, que es mi novia más o menos desde entonces, unos meses después – Le daba la impresión de que las chicas del público le iban a asesinar allí mismo.

– ¡No puedes hacer estas cosas en directo! – gritó Mabo.

– ¡Claro que puedo! Y, ehm – No paraba de reírse, estaba histérico – Ayer al volver de Hiroshima se me ocurrió una cosa y quedé con Umiko san, que por eso está aquí hoy. Hablando con ella me comentó que su familia tenía un negocio y en un impulso me volví a Hiroshima a comprar una cosa. Y necesito… – Se levantó del asiento y fue hacia ella, que negaba con la cabeza. Una cosa era trabajar detrás de las cámaras y otra muy diferente era ponerse delante – Ven conmigo por favor.

– Nagase… ¿Qué es esto? – Le tendió la mano y ella se la agarró, histérica, andando tras él sin saber a dónde le iba a llevar.

La puso justo delante de la mesa de las entrevistas y después de dar una carcajada nerviosa, mirando a los demás que le animaban en susurros, e hincó una rodilla ante ella. Las fans del público no paraban de gritar, él no paraba de reírse y a ella se le iba a salir el corazón por la boca. Temblaba entera, no se podía creer lo que estaba haciendo y menos en directo. Los chicos se echaron hacia delante para ver mejor. Nagase la llamó por su nombre, mirándola a los ojos.

– No he dormido apenas esta noche por encontrarte esto y como me digas que no va a ser el fin de mi carrera, así que hazme el favor de decir que quieres casarte conmigo – abrió un joyerito que tenía guardado en los pantalones. Dentro había un anillo de lo más sencillo, pero era precioso.

– ¿No hay orden de arresto? – murmuró ella con voz temblorosa.

Al principio todos se quedaron mirándola sin entender, hasta que se escuchó de fondo  a alguien del público decir “Unubore Deka?” y Nagase empezó a reírse con los demás chicos, tapándose la cara con la mano.

– ¡¡En serio, dime…!!

– ¡Claro que sí! – Nagase la abrazó cogiéndola en peso.

– Te voy a hacer la mujer más feliz del mundo – Susurró en su oído.

– No vas a tener que esforzarte mucho.

Las chicas del público la iban a matar definitivamente. Los chicos les daban las felicidades, incluida Umiko. La agarró de las piernas y se la llevó en volandas del plató, ahora como su futura mujer.

– ¿¡Dónde vas?!

– A celebrarlo

– Pero el programa…

– Me da igual.

En la salida de atrás del estudio, le estaba esperando su moto y un chico con dos cascos. Le dio uno a ella y se montó. Le pasó los brazos por la cintura y le apretó fuerte. No sabía a dónde la llevaba, pero no le importaba. Ese iba a ser su primer y no el último viaje como la prometida de Nagase Tomoya. Con la promesa de felicidad aun flotando en el aire, fueron juntos a toda velocidad y riendo a carcajadas de las calles de una ciudad cuyo nombre significaba muchísimo para ella. Era ya su casa, su vida, su futuro y su todo: Tokio.

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